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La razón, la ciencia, el humanismo y el progreso según Pinker

Canadá/16 de Junio de 2018/El Cultural

Paidós publica En defensa de la Ilustración, el último ensayo de Steven Pinker, que desde su postura de defensor de los valores ilustrados nos propone una reveladora visión del progreso humano

En general, el optimismo no se considera interesante, y a menudo se ve como una ingenuidad. En 1828, el filósofo optimista John Stuart Mill escribió: «He observado que un gran número de personas no admiran como a un sabio a aquél que conserva la esperanza cuando los demás desesperan, sino a quien desespera cuando los demás conservan la esperanza». Un siglo antes, el Cándido de Voltaire había atacado lo que su autor denominaba «optimismo», es decir, la idea leibniziana de que, en el mejor de los mundos posibles que es el nuestro, todo acabará bien. Después de sufrir un desastre tras otro, Cándido decide que el optimismo no es más que «la manía de insistir en que todo va bien cuando las cosas van mal».

Sin embargo, se puede alegar -y Steven Pinker (Montreal, 1954) lo hace- que la filosofía que satiriza Voltaire en su obra no es en absoluto optimismo. Si uno piensa que este ya es el mejor de los mundos, no queda más que aceptarlo. Un verdadero optimista diría que, aunque la vida humana nunca será perfecta, podemos mejorarla en algunos aspectos fundamentales si nos ponemos manos a la obra, por ejemplo, perfeccionando las normas de edificación y las predicciones sismológicas de manera que en los terremotos muera menos gente. No es lo «óptimo», pero es mejor.

El desquite de Cándido que se toma el optimista es uno de los placeres que atraviesan la obra de Pinker En defensa de la Ilustración, continuación de su libro de 2011 Los ángeles que llevamos dentro. En él, el autor recopilaba bases de datos para apoyar su afirmación de que la vida humana no ha empeorado, como muchos parecen pensar, sino que es más segura, sana, larga, próspera, instruida, tolerante, satisfactoria y menos violenta a escala mundial. Su nuevo libro sostiene la misma idea basándose en estadísticas actualizadas, y añade dos elementos más. En primer lugar, se fija en el reciente aumento del populismo autoritario, en particular en la figura de Donald Trump, un hecho que ha llevado a algunos a sentir más desesperación que nunca.

Para Pinker, el propio catastrofismo es un riesgo, al centrar la atención en los peores desenlaces posibles y sucumbir al pánico

En segundo lugar, aviva la polémica con una estimulante defensa de las cuatro grandes ideas que se mencionan en el subtítulo: progreso, razón, ciencia y humanismo, este último definido no tanto en el sentido de no teísmo (aunque el autor también lo defiende), sino como «la meta de llevar al máximo el auge de todo lo humano, ya sea la vida, la salud, la felicidad, la libertad, el conocimiento, el amor o la riqueza de las experiencias». ¿Quién podría oponerse? Si bien en algunos círculos el humanismo se considera trasnochado, o inalcanzable, Pinker quiere que lo reconsideremos.

Gran parte del libro consiste en reflexiones filosóficas basadas en pruebas, con gráficos que muestran el aumento de la esperanza de vida en el mundo, el descenso de las enfermedades mortales, un nivel educativo y un acceso a la información como nunca hasta ahora, un mayor reconocimiento de la igualdad de las mujeres y los derechos LGTB, y así sucesivamente, llegando incluso hasta los datos que muestran que, actualmente, los estadounidenses tienen una probabilidad 37 veces menor de morir víctimas de un rayo que en 1900 gracias al perfeccionamiento de las previsiones meteorológicas y la ingeniería eléctrica, y a una mayor conciencia de la seguridad. Los avances en materia de salud han mejorado enormemente la condición humana. El autor cuenta que su frase favorita de todas las escritas en inglés procede de Wikipedia, y dice: «La viruela era una enfermedad infecciosa provocada por dos variantes del mismo virus: Variola major y Variola minor«. Lo que le gusta de ella es la palabra «era».

Optimismo como necesidad

Más adelante añade que podría haber terminado cada capítulo afirmando: «No obstante, todos estos avances peligran si Donald Trump se sale con la suya». El trumpismo amenaza con dar marcha atrás al mundo en casi cualquier apartado de la vida, especialmente con sus intentos de desmantelar las estructuras internacionales que han hecho posible el progreso, como la paz y los tratados comerciales, la asistencia sanitaria, los acuerdos sobre el cambio climático, y la conciencia generalizada de que las armas nucleares no se deberían utilizar jamás. Ahora todo esto está en juego. Pinker incide sobre todo en los riesgos de ignorar o pasar por alto los sistemas que reducen la probabilidad de una guerra nuclear.

El trumpismo amenaza con dar marcha atrás al mundo en casi cualquier apartado de la vida. Ahora todo esto está en juego

Dicho esto, sostiene que el propio catastrofismo es un riesgo. Con ello se refiere a la tendencia pesimista a centrar la atención en los peores desenlaces posibles y a sucumbir al pánico. El populismo autoritario se ha alimentado de la sensación de que todo va mal, de que la delincuencia y el terrorismo están fuera de control, de que la inmigración es catastrófica y de que el mundo ha perdido su brújula ética de manera desastrosa. Al mismo tiempo, el miedo y la desesperación también hacen estragos en la oposición. En general, es más probable que la gente actúe de manera constructiva si piensa que los problemas tienen solución o que ya se han hecho avances y que estos se pueden ampliar. Como dice el autor, si tenemos en cuenta que todavía no hemos hecho saltar el mundo por los aires en una guerra nuclear, la postura más acertada es «averiguar qué hemos hecho bien, de manera que podamos hacer más de lo que sea». Ser optimista no quiere decir apoltronarse y relajarse. El autor cita al economista Paul Romer, que distingue el «optimismo complaciente» del niño que espera que le lleguen los regalos del «optimismo condicional» del niño que quiere una casa en un árbol y consigue la madera y los clavos para construirla. Quienes piensen que una casa en un árbol es algo imposible, o que en cualquier momento llegará alguien y la echará abajo es poco probable que coja el martillo.

El libro también va a atraer algunos martillazos, ya que contiene afirmaciones que pueden molestar casi a cualquiera. Cuando no ataca a la derecha populista, Pinker la emprende contra los intelectuales de izquierdas. El autor se muestra especialmente cáustico con los editorialistas de los periódicos que, en 2016, se precipitaron a proclamar la muerte de los valores de la Ilustración y el advenimiento de la «posverdad». Sus objetivos (un poco demasiado amplios) incluyen a los profesores de Humanidades, a los posmodernos, a los políticamente correctos y a cualquiera que tenga algo agradable que decir de Friedrich NietzscheAl parecer, los intelectuales «progresistas» consideran que el progreso es malo, afirma, y rechazan por burda o ingenua «la idea de que deberíamos aplicar nuestra razón colectiva a perfeccionar el progreso y reducir el sufrimiento».

En defensa de la ilustraciónes un libro excelente, oportuno, abundante en datos y elocuente en su defensa de un humanismo racional

Progreso antiporgresista

De hecho, puede que ya haya indicios de un cambio de estado de ánimo, como muestran los trinos de optimismo que llegan desde diferentes direcciones. El músico David Byrne acaba de lanzar un proyecto web titulado Reasons to Be Cheerful (Razones para estar alegre), que celebra las iniciativas positivas en el ámbito de la cultura, la ciencia, el transporte y el compromiso ciudadano, entre otros. Quartz, una página web de periodismo económico acabó 2017 con una lista de enlaces alentadores a las buenas noticias del año, como la retirada del leopardo de las nieves de las especies en peligro de extinción, la provincia de Pakistán que había plantado 1.000 millones de árboles a lo largo de los dos años anteriores en respuesta a la inundaciones de 2015, el espectacular descenso del número de afectados por la dracunculiasis (de 3,5 millones de casos en 1986 a solamente 30 en 2017), y el lento pero constante aumento del número de mujeres diputadas en todo el mundo, desde el 12% de 1997 al actual 23%.

En una ocasión, Bertrand Russell afirmó que mantener la esperanza puede ser difícil. En las páginas finales de su autobiografía, que contienen el relato de sus muchos años de activismo, decía: «Conservar la esperanza en nuestro mundo apela a nuestra inteligencia y a nuestra energía. Con frecuencia, lo que les falta a los que desesperan es la energía». El libro de Steven Pinker está lleno de vigor y vitalidad, y se propone infundir una energía similar a sus lectores.

Su autor cita un estudio del «sesgo de negatividad» según el cual un crítico que pone un libro por los suelos «es considerado mejor crítico que uno que lo elogia». Pues yo voy a correr ese riesgo. En defensa de la Ilustración me parece un libro excelente, escrito con lucidez, oportuno, abundante en datos y elocuente en su defensa de un humanismo racional que, mira por dónde, resulta de lo más interesante.

Fuente: http://www.elcultural.com/revista/letras/La-razon-la-ciencia-el-humanismo-y-el-progreso-segun-Pinker/41169

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España: Paro y fracaso escolar ralentizan el avance de las familias más pobres

España/16 de Junio de 2018/Diario Sur

Los niños nacidos en hogares con menos ingresos tardan hasta cuatro generaciones en alcanzar el nivel medio de los países desarrollados

El ascensor social se ha quedado atascado en España. La movilidad entre los diferentes segmensos familiares que representa ese aparato no funciona aún al ritmo de lo que lo hace en los países más desarrollados, aunque se encuentra en mejor estado que en otros territorios similares de la OCDE. Así lo indica el último informe de esta organización que titular ‘¿Un ascensor social roto? Cómo promover la movilidad social’.

En ese texto se indica que los niños nacidos en una familia con pocos recursos tardarían al menos cuatro generaciones en alcanzar el ingreso promedio del país. En esa misma situación se encuentran otros vecinos europeos, como Grecia, Bélgica o los Países Bajos, así como potencias como Canadá y Japón. Sin embargo, hay territorios donde esa convergencia entre hogares se alcanza en apenas dos generaciones, como Dinamarca, o en tres, como ocurre en los nórdicos Noruega, Finlandia y Suecia.

El informe de la OCDE achaca a dos realidades netamente españolas que impiden una aproximación más rápida entre las rentas familiares con diferentes ingresos. Por una parte se encuentra el «alto nivel de paro de larga duración». El desempleo es, en muchos estratos sociales, un problema crónico, sobre todo a raíz de la última crisis económica. El texto señala que «las personas desempleadas que toman un trabajo tienen menos posibilidades de ascender en la escala de ingresos ya que muchas veces acceden a contratos de corto plazo».

Además, el sistema educativo juega, según la OCDE, un papel importante para determinar el correcto funcionamiento del ascensor social. Y es que, a pesar de las «mejoras» de los últimos años, España sigue teniendo «la mayor incidencia de abandono escolar temprano de la Unión Europea», reza el documento. El ratio de ese fracaso escolar se aproxima al 20% de los estudiantes y, además, sus habilidades «son bajas», especialmente entre los jóvenes.

Fuente: http://www.diariosur.es/economia/paro-fracaso-escolar-20180616003230-ntvo.html

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Colombia: Balance y declaración de la CRES 2018: Del optimismo a la desilusión

Colombia/16 de Junio de 2018/Observatorio de la Universidad de Colombia

 Terminó la III Conferencia Regional de Educación Superior en Córdoba -Argentina- con más silencios que aplausos y ninguna ovación, tras la lectura de la Declaración de Córdoba que no presenta ningún desafío ni propuesta novedosa ni sustancialmente diferente de las planteadas en la Conferencia de 2008, en Cartagena. La situación política y fiscal de la universidad pública argentina opacó la realidad de otros países, incluido el colombiano, cuyos rectores asistentes concluyeron que si bien Colombia tiene dificultades, hace tiempo se superó la excesiva ideologización política y se han logrado desarrollos más técnicos y de calidad.

Ver el texto del preámbulo de la Declaración de Córdoba al final

La gran expectativa que significó reunir a los más importantes directivos de la región en educación superior, terminó en un debate más ideologizado que técnico, sin propuestas concretas ni desafíos reales para los sistemas de educación superior como el colombiano.

Pedro Hernández Guajardo, director de IESALC – UNESCO; Francisco Tamarit, coordinador de la Conferencia, y el rector anfitrión de la Universidad Nacional de Córdoba, Hugo Juri, dieron lectura de la que llaman hasta ahora propuesta de una declaración, que será “pulida” en próximas semanas, y caracterizada por ser un llamado endogámico a la gratuidad universal de la educación superior, las plenas libertades el acceso libre y el reconocimiento a la diversidad en todas sus expresiones.

Uno de las frases inspiradoras del Movimiento Reformista de Córdoba, de 1918, cobró vigencia: “Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”. La pregunta es si, de darse, la solución de esos “dolores” (financiamiento, libertades, cogobierno, participación política…) se asegura que la universidad latinoamericana responda adecuadamente a los retos de la educación superior de esta época.

La Declaración de Córdoba considera que la educación superior debe ser un medio de igualización y no de mantenimiento de privilegios y reitera muchos de los postulados planteados por Declaración de Cartagena, hace 10 años.

Frente a los ojos de terceros, la impresión es que la educación superior latinoamericana, en el periodo comprendido entre 2008 y 2018, hubiera experimentado una década perdida y de retrocesos en la región; como si la universidad privada no existiera o toda fuera de pésima calidad o mercantilista, y si la universidad pública no hubiera sido capaz de avanzar en sus procesos de financiamiento y relacionamiento con el Estado y su único rol fuera el de sobrevivir para dar educación gratuita, reconocer las diferencias de todos y crear una cultura investigativa, patrimonial y de conocimiento única de la región, con un carácter más local que universal (así entienden la pertinencia).

La inevitable, imperativa e innegable presencia y protagonismo de la virtualidad y las nuevas tecnologías parecen no haber “tocado” a la universidad latinoamericana, que -a la luz de la declaración- se niega a avanzar en la materia, así como en la aceptación plena e impulso de éstas, de las reformas curriculares,de  la evolución postgradual, de la revisión de los tiempos de los planes de estudios, de la movilidad internacional, del reconocimiento de títulos, de la articulación con el sector productivo, de una ciencia y tecnología con impacto mundial, y de la evolución en indicadores de calidad, entre otros aspectos.

En cambio, en lo que se reiteró la Declaración y los debates de la Conferencia fue en ratificar la educación superior como un bien social y un derecho humano que el Estado tiene la responsabilidad de garantizar a través de la gratuidad y el acceso universal. Esto conlleva, adicionalmente, a pedir no sólo la matrícula libre y la revisión, o eliminación, de mecanismos de acceso, sino también a que haya becas para el sostenimiento de los estudiantes.

Claramente la educación con cobro, las alianzas universidad – empresa, las consultorías, la investigación financiada por terceros, las universidades privadas con lucro, los rankings, e incluso hasta la incidencia del inglés en el desarrollo académico, son vistas como “demonios” del neoliberalismo que hay que expulsar de la Universidad.

El plan de acción que acompaña la declaración resulta siendo un listado de buenas intenciones (promover, propugnar, fomentar, fortalecer..) sin respuesta precisa al cómo, así como algunos de sus enunciados, más ideológicos que técnicos (“cambiar las relaciones históricas de poder en la región, sin una transformación de conocimientos”) o más genéricos y obvios que de concreciones efectivas: articular sistemas virtuales y educación a distancia; homologar y reconocer trayectos educativos, impulsar la acreditación regional…

Como se preveía, la Declaración, que incluso fue matizada por petición de algunos rectores y sectores de la universidad privada, tiene un estilo de mendicidad hacia los estados y exigencia permanente, que no consulta la realidad fiscal de la región, los problemas técnicas, la opinión del sector productivo, ni la dinámica de los gobiernos.

Con menos pretensión, afirman algunos, la Declaración de Salamanca de hace pocas semanas, avanzó más al reconocer y llamar la atención a la universidad sobre la perentoria necesidad de cambiar ella misma, pues reconoce la urgencia de implementar cambios frente a los desafíos del entorno.

Tal vez, por eso mismo, el Ministerio de Educación Nacional de Colombia no se movió a participar en la CRES. Salvo una funcionaria asistente, ni la ministra Giha ni la viceministra Ruiz se decidieron a ir al encuentro de ministros de Educación que se organizó en la Conferencia.

En síntesis, la declaración de la tercera CRES poco aporta para la definición de un norte claro de la educación superior colombiana.

Preámbulo de la Declaración de Córdoba

Mujeres y hombres de nuestra América, los vertiginosos cambios que se producen en la región y en el mundo en crisis nos convocan, a luchar por un cambio radical por una sociedad más justa, democrática, igualitaria y sustentable.

Hace un siglo, los estudiantes reformistas proclamaron que “los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan” y no podemos olvidarlo, porque aún quedan y son muchos, porque aún no se apagan en la región la pobreza, la desigualdad, la marginación, la injusticia y la violencia social.

Los universitarios de hoy, como los de hace un siglo, nos pronunciamos a favor de la ciencia desde el humanismo y la tecnología con justicia, por el bien común y los derechos para todas y todos.

La III Conferencia Regional de Educación Superior de América Latina y el Caribe, refrenda los acuerdos alcanzados en las Declaraciones de la Reunión de la Habana (Cuba) de 1996, la Conferencia Mundial de Educación Superior de París (Francia) de 1998, y de la Conferencia Regional de Educación Superior celebrada en Cartagena de Indias (Colombia) en 2008, y reafirma el postulado de la Educación Superior como un bien público social, un derecho humano y universal y un deber de los Estados. Estos principios se fundan en la convicción profunda de que el acceso, uso y democratización del conocimiento es un bien social, colectivo y estratégico esencial para poder garantizar los derechos humanos básicos e imprescindibles para el buen vivir de nuestros pueblos, la construcción de una ciudadanía plena, la emancipación social y la integración regional solidaria latinoamericana y caribeña.

Reivindicamos la autonomía que permite a la universidad ejercer su papel crítico y propositivo frente a la sociedad sin que existan límites impuestos por los gobiernos de turno, creencias religiosas,  el mercado o  intereses particulares. La defensa de la autonomía universitaria es una responsabilidad ineludible y de gran actualidad en América Latina y el Caribe y es, al mismo tiempo, una defensa del compromiso social de la universidad.

La educación, la ciencia, la tecnología y las artes deben ser así un medio para la libertad y la igualdad, garantizándolas  sin distinción social, género, etnia, religión ni edad.

Pensar que las tecnologías y las ciencias resolverán los problemas acuciantes de la humanidad es importante pero no suficiente. El diálogo de saberes para ser universal ha de ser plural e igualitario, para posibilitar el diálogo de las culturas.

Las diferencias económicas, tecnológicas y sociales entre el norte y el sur y las brechas internas entre los Estados no han desaparecido sino que han aumentado. El sistema internacional promueve el libre intercambio de mercancías, pero aplica excluyentes regulaciones migratorias. La alta migración de la población latinoamericana y caribeña muestra otra cara de la falta de oportunidades y la desigualdad que afecta, sobre todo, a las poblaciones más jóvenes. La desigualdad de género se manifiesta en la brecha salarial, la discriminación en el mercado laboral y en el acceso a cargos de decisión en el Estado o en las empresas. Las mujeres de poblaciones originarias y afrodescendientes son las que muestran los peores indicadores de pobreza y marginación.

La ciencia, las artes y la tecnología deben constituirse en pilares de una cooperación para el desarrollo equitativo y solidario de la región, basadas en procesos de consolidación de un bloque económicamente independiente y políticamente soberano.

Las débiles regulaciones de la oferta extranjera han profundizado los procesos de transnacionalización y la visión mercantilizada de la educación superior, impidiendo cuando no cercenando, en muchos casos, el efectivo derecho social a la educación. Es fundamental revertir esta tendencia e instamos a los Estados de América Latina y el Caribe a establecer rigurosos sistemas de regulación de la educación superior y de otros niveles del sistema educativo.

Frente a las presiones por hacer de la Educación Superior una actividad lucrativa es imprescindible que los Estados asuman el compromiso irrenunciable de regular a las instituciones públicas y privadas, cualquiera sea su modalidad y promoviendo la diversidad institucional, para hacer efectivo el acceso universal, la permanencia y la titulación de la educación superior, atendiendo a una formación de calidad con inclusión, diversidad y pertinencia local y regional.

De manera similar al año 1918, actualmente “la rebeldía estalla” en América Latina y el Caribe, y en un mundo donde el sistema financiero internacional concentran a las minorías poderosas, y empuja a las grandes mayorías a los márgenes de la exclusión, la precariedad social y laboral.

Con todo y los enormes logros que se han alcanzado en el desarrollo de los conocimientos, la investigación y los saberes de las universidades y de los pueblos, un sector importante de la población latinoamericana, caribeña y mundial, se encuentra sin acceso a los derechos sociales básicos, al empleo, a la salud, al agua potable o a la educación. En pleno siglo XXI millones de niños, jóvenes, adultos y ancianos, están excluidos del actual progreso social, cultural, económico y tecnológico. Aún más, la desigualdad regional y mundial es tan pronunciada, que en muchas situaciones y contextos existen comunidades que no tienen acceso a la educación superior, porque ésta aún sigue siendo un privilegio y no un derecho, como anhelaron los jóvenes en 1918.

En el Centenario de la Reforma, no somos ajenos al sufrimiento humano ni al mandato de la historia. No podemos seguir indiferentes al devenir del orden colectivo, a la lucha por la verdad heroica y al anhelo trascendente de la libertad humana. La Educación Superior debe constituirse desde los liderazgos locales, estatales, nacionales e internacionales, tal y como ahora están aquí representados plenamente.

Desde estos posicionamientos, será posible llevar a cabo una nueva e histórica transformación de la educación superior desde el compromiso y responsabilidad social, para garantizar el pleno ejercicio al derecho a la educación superior pública, gratuita y de amplio acceso.

En consonancia con el cuarto Objetivo de Desarrollo Sustentable (ODS) de la Agenda de Desarrollo adoptada por la UNESCO (2030), instamos a los Estados a promover una vigorosa política de ampliación de la oferta de educación superior, la revisión en profundidad de los procedimientos de acceso al sistema, la generación de políticas de acción afirmativas —con base en género, etnia, clase y capacidades diferentes— para lograr el acceso universal, la permanencia y la titulación.

En este contexto, los sistemas de educación superior deben pintarse de muchos colores, reconociendo la interculturalidad de nuestros países y comunidades, para que la educación superior sea un medio de igualación y de ascenso social y no un ámbito de reproducción de privilegios. No podemos callarnos frente a las carencias y dolores del hombre y de la mujer, como sostuvo Mario Benedetti con vehemencia, “hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”.

Hace un siglo los estudiantes Reformistas denunciaron con firmeza que en una Córdoba y en un mundo injusto y tiránico, las universidades se habían convertido en el “fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil”. Ha pasado el tiempo y ese mensaje cargado de futuro nos interpela y nos atraviesa como una flecha ética, para cuestionar nuestras prácticas. ¿Qué aportamos para la edificación de un orden justo, la igualdad social, la armonía entre las Naciones y la impostergable emancipación humana?; ¿Cómo contribuimos a la superación del atraso científico y tecnológico de las estructuras productivas?; ¿Cuál es nuestro aporte a la forja de la identidad de los pueblos, a la integridad humana, a la igualdad de género y al libre debate de las ideas para garantizar la fortaleza de nuestras culturas locales, nacionales y regionales?

Es por eso que creemos fehacientemente que nuestras instituciones deben comprometerse activamente con la transformación social, cultural, política, artística, económica y tecnológica que es hoy imperiosa e indispensable. Debemos educar a los dirigentes del mañana con conciencia social y con vocación de hermandad latinoamericana. Forjemos comunidades de trabajo donde el anhelo de aprender y la construcción dialógica y crítica del saber entre docentes y estudiantes sea la norma. Construyamos ambientes democráticos de aprendizaje, donde se desenvuelvan las manifestaciones vitales de la personalidad y se expresen sin límites las creaciones artísticas, científicas y tecnológicas.

La educación superior a construir debe ejercer su vocación cultural y ética con la más plena autonomía y libertad, contribuyendo a generar definiciones políticas y prácticas que influyan en los necesarios y anhelados cambios de nuestras comunidades. La educación superior debe ser la institución emblemática de la conciencia crítica nacional de nuestra América.

Las instituciones de educación superior están llamadas a ocupar un un papel preponderante en la promoción y fortalecimiento de las democracias latinoamericanas, rechazando las dictaduras y atropellos a las libertades públicas, a los derechos humanos y a toda forma de autoritarismo en la región. Expresamos nuestra solidaridad con las juventudes, de nuestra América y del mundo, cuya vida celebramos, y reconocemos, en sus luchas y anhelos, nuestras propias aspiraciones a favor de la transformación social, política y cultural.

La tarea no es simple, pero es grande la causa e ilumina el resplandor de su verdad. Se trata, como profetizó el Manifiesto Liminar, de mantener alto el “sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad”.

Mujeres y hombres del continente, miremos hacia el futuro y trabajemos sin pausa en la reforma educacional permanente, en el renacer de la cultura y de la vida de nuestras sociedades y pueblos.

Fuente: http://universidad.edu.co/utemporal/balance-y-declaracion-de-la-cres-2018-del-optimismo-a-la-desilusion/
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México: Educación deficiente, causa de baja movilidad social

México/16 de Junio de 2018/Jornada

Uno de cada dos mexicanos que nace en la pobreza, permanecerá en esa misma condición toda su vida, señaló un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el cual atribuye a factor educativo la falta de movilidad social en el país.

La organización señaló que el patrimonio y la ventajas de los padres en México juegan un papel fundamental para subir en la escala de ingresos, pero de acuerdo con una encuesta realizada, el 55 por ciento de los mexicanos consideraron que el “estatus y la comodidad de los niños”, como uno de los tres mayores riesgos de largo plazo.

Detalló que la educación de los padres tiene un gran impacto en el resultado de sus hijos, pues cada año adicional de educación de los progenitores está vinculado con 6 meses adicionales para sus vástagos.

Aunque el promedio en México es alto, pues en el resto de los países integrantes de la OCDE es de 5 meses, en las nuevas generaciones está disminuyendo.

Agregó que el 48 por ciento de las personas cuyos padres se encontraban en la quinta parte mas pobre de la población en términos de estatus socioeconómico terminan ellos mismos con el mismo nivel, mientras que solo el 4 por ciento de ellos alcanza al 20 por ciento de la población con mayores ingresos.

En México, el 52 por ciento de los niños cuyos padres tienen un nivel socioeconómico mas alto logra alcanzar un estatus socioeconómico más alto, mientras que el 3 por ciento cae al 20 por ciento inferior en la escala de ingresos.

Indicó que México tiene un desempeño bajo en comparación con otros países miembros de la OCDE en materia de movilidad educativa intergeneracional, así como en movilidad de ingresos a lo largo de la vida para subir en el escalafón de ingresos.

Destacó que los altos niveles de pobreza e informalidad, las bajas tasas de participación femenina en el mercado laboral, la insuficiente calidad educativa en las áreas menos favorecidas y la exclusión financiera son factores cruciales para entender la movilidad social en el país.

A nivel América Latina los resultados son similares, mientras que en los países nórdicos de Europa la movilidad social es más alta.

Señaló que los mexicanos tienen menos oportunidades de caer del 20 por ciento inferior de la distribución del ingreso a la parte media de la misma en comparación con Brasil, China, Indonesia y Sudáfrica, es decir, que tiene hay mayor persistencia en los niveles de ingreso más bajos.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2018/06/15/educacion-de-padres-determina-nivel-socioeconomico-de-hijos-7325.html

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Paraguay: Drogas y deserción escolar

Paraguay/16 de Junio de 2018/ABC

 La droga que causa mayor deserción escolar en Paraguay es la marihuana. Según datos de la Senad, 7 de cada 100 alumnos de entre 12 y 18 años alguna vez la probó y 4 de ellos la fuman habitualmente. Destacan la necesidad del acompañamiento familiar.

La marihuana es la droga que más “autoexpulsa” a los adolescentes de las instituciones educativas, según Graciela Barreto, directora de la oficina de Reducción de la Demanda de la Secretaría Nacional Antidrogas, Graciela Barreto. “Siete de cada 100 alumnos de colegio alguna vez probó marihuana; cuatro de ellos ya la consumen habitualmente y uno de ellos es mujer”, detalló esta mañana en contacto con ABC Cardinal.

Barreto explicó que numerosos adolescentes dejan de ir al colegio una vez que se convierten en fumadores habituales de marihuana, una de las drogas cuyo principal efecto secundario es la apatía y el desgano. “La marihuana es la que más conflictos en el comportamiento nos está generando; genera mucha deserción”, agregó.

En ese contexto, destacó que la problemática va acompañada de la “autoexpulsión” de sus casas. “Los primeros cinco meses los padres ni se dan cuenta”, afirmó.

La representante de la Senad dijo que han cambiado el método de intervención en los colegios, debido a que las charlas grupales ya no brindan resultados y hasta se convierten en una pérdida de tiempo. Por ese motivo, los funcionarios de la entidad trabajan con los referentes de las instituciones educativas: maestros, empleados administrativos y familiares de los adolescentes.

Destacó que el principal problema justamente es la falta del acompañamiento de los padres o familiares de los alumnos, ya que a las reuniones convocadas asiste un porcentaje ínfimo. Además, aseguró que los chicos solo escuchan a las personas cercanas a su entorno y, a la hora de decidir si drogarse o no, recuerdan solo lo que les dijeron sus padres o seres queridos sobre las consecuencias.

Entre las causantes, destacó en primer lugar los problemas del hogar, ya que los estudiantes siempre alegan consumir las drogas para huir de ellos. Es seguido por la curiosidad, la presión de los amigos y la soledad. Esta última causante suele derivar luego en los suicidios, agregó.

Barreto advirtió además que las drogas no distinguen clases sociales y que en cualquier institución educativa, sin importar su nivel económico, puede haber grandes cantidades de consumidores.

La directiva de la Senad precisó también que en el país se perciben “consumos muy evidentes de marihuana, de crack y de alcohol”, esta última sustancia habitual entre un 52% de los paraguayos entre 12 y 18 años, según datos publicados por la agencia EFE ayer.

Fuente: http://www.abc.com.py/nacionales/la-marihuana-causa-de-desercion-escolar-1712314.html

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Colegios rurales, la injusta asignatura pendiente de Colombia

Colombia/16 de Junio de 2018/Notimérica

El acceso a los servicios en las zonas rurales de un país siempre es más complicado. Este es el caso de Colombia, un país en el que la educación pública en las zonas urbanas cosecha mejores resultados que en las zonas rurales.

Según datos del Índice Sintético de Calidad Educativa (ISCE), llevado a cabo por el Ministerio de Educación del país, en el que se evalúa el progreso, el desempeño, la eficiencia y el ambiente de los centros escolares, en determinadas zonas rurales se encuentran los colegios con peores resultados.

 Las diferencias en acceso y calidad educativo siguen siendo inmensas en Colombia si comparamos las zonas más urbanizadas con aquellas más rurales. Según el documento ‘Reflexiones innegociables en educación básica y media para 2018-2022’, publicado por la Fundación Empresarios por la Educación, en 2015 había más de 5 millones de menores fuera del sistema educativo nacional, lo que se corresponde con un tercio de los menores del país.

De estos cinco millones de niños, niñas y adolescentes que no acudían al colegio, el 40 por ciento vivían en zonas rurales –dato preocupante teniendo en cuenta que están menos pobladas–, la mayor parte de ellas afectadas por el conflicto armado. A pesar del Acuerdo de Paz, las consecuencias de décadas de guerra se mantienen.

Las diferencias educativas dentro del mismo territorio son preocupantes. El ISCE revela datos como la media de años que los menores permanecen dentro del sistema educativo colombiano, una media de 9,6 años en el caso de las zonas urbanas y de 5,5 años en las zonas rurales. El documento detalla que «un niño de la ciudad está recibiendo más de un 50 por ciento adicional de educación que uno del campo».

Las cifras de abandono escolar también son preocupantes: el doble de menores en primaria y secundaria abandonan el colegio. De hecho, el informe recoge que el 13,8 por ciento de los menores entre 12 y 15 años que viven en zonas de campo no van al colegio.

Las diferencias en las cifras se reflejan también en los servicios básicos con los que cuentan los centros educativos, incomprensibles dentro del mismo estado. Ejemplo perfecto de esto es el hecho de que solo el 37 por ciento de los colegios rurales cuentan con agua potable, mientras que en las ciudades la cifra es del 100 por cien.

Si se pone el foco en otros servicios, como el acceso a internet, ocurre lo mismo: el 91 por ciento de los centros en áreas urbanas cuentan con él mientras que en el caso de colegios rurales solo son el 53 por ciento. Lo mismo ocurre con la electricidad o la línea telefónica, factores que aumentan la brecha entre el campo y la ciudad.

 El mayor índice de pobreza en las zonas rurales, el inmenso impacto que ha tenido el conflicto armado y cierta dejadez por parte de los diferentes gobierno ha supuesto que la brecha entre ricos y pobres se asocie a rural-urbano, una brecha que no deja de crecer. «Se estima que de seguir al mismo ritmo de los últimos años, Colombia pasará a ser el país con mayores brechas entre ricos y pobres para finales del próximo gobierno», incluye este documento.

Estas diferencias repercuten en que los resultados de los estudiantes en las zonas urbanas y en las rurales disten mucho de estar cerca. La subdirectadora de la Fundación ExE, Luz Emith Castro, ha declarado que este es el reflejo de la desigualdad que sufre el país: «Tenemos una deuda histórica con la ruralidad. Las condiciones educativas de las zonas abandonadas por el Estado y afectadas por el conflicto armado son críticas.  Estamos profundizando iniquidades y condenando a generaciones completas a condiciones de pobreza estructural, y eso tiene que cambiar».

 La situación de la educación en el campo es precaria, lo que produce una brecha social y económica que no ha hecho más que crecer. La promoción de políticas de desarrollo integral se hacen fundamentales para la mejora de la situación del campo, una deuda que el estado arrastra desde hace décadas y la que, con la entrada de un nuevo presidente en La Casa Nariño este domingo 17 de junio, podría tener solución.

Fuente: http://www.notimerica.com/sociedad/noticia-colegios-rurales-injusta-asignatura-pendiente-colombia-20180616003446.html

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