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La pelea política por la educación en Buenos Aires sume a las escuelas en la incertidumbre

Un fallo judicial habilita la asistencia a los centros educativos en la capital argentina, que iban a permanecer cerrados durante dos semanas por decreto presidencial

La polarización política de Argentina se ha trasladado a la educación. Muchas escuelas privadas de la ciudad de Buenos Aires abrieron hoy sus puertas. Otras las abrirán mañana. En la mayoría de las públicas no recibieron alumnos porque casi todo el personal docente se sumó a la huelga convocada después de que un fallo judicial habilitase este domingo las clases presenciales, que habían regresado al modo virtual por dos semanas por decreto presidencial. La pelea por la educación en la capital entre el jefe de Estado de Argentina, el peronista Alberto Fernández, y el alcalde de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, del opositor Juntos por el Cambio, ocurre en medio de una segunda ola de la covid-19 con récord de casos y tiene en el horizonte las elecciones legislativas del próximo octubre. Las posturas enfrentadas se replican además entre familias e instituciones educativas, sumidas en la incertidumbre.

“Hola Juli, ¿vos sabés si hoy tenemos clases? Me parece que no…”, le decía un niño a su compañera de grado mientras sus padres llamaban al timbre de la escuela pública Mariano Acha a las nueve de la mañana, a la espera de que alguien les diese información. La directora salió a explicar lo que llegaría por correo también minutos después: los maestros que no estaban de huelga este lunes darían clases por Zoom. El martes, de no haber un fallo judicial contrario u otra medida de fuerza, la escuela reabriría. A dos cuadras de distancia, un jardín de infantes privado recibía a los bebés después de tomarles la temperatura, aunque faltó casi un tercio de quienes están anotados.

“Es como estar en medio de una pelea de papás separados: los dos tironeando para su lado, sin escucharse, y los pibes en medio”, se lamentaba la madre de Julieta de vuelta a casa, “Si cierran las escuelas, que cierren también los bares y los restoranes, que cierren todo, porque a medias no sirve y yo ya no sé qué decirle a mi hija”.

El número de casos positivos por coronavirus no ha dejado de aumentar desde mitad de marzo, en especial en el área metropolitana de Buenos Aires (Amba), la zona más densamente poblada del país, con más de tres millones de niños y adolescentes en edad escolar. El 21 de marzo, se registraron 8.160 nuevos contagios. Tres semanas después, la cifra era ya más del triple: 29.472. Ante esta escalada, el Ejecutivo de Fernández anunció el miércoles nuevas restricciones para frenar la circulación de personas y reducir la curva epidemiológica, entre ellas la suspensión de las clases presenciales en el AMBA.

En vídeo, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, anuncia el cierre de las escuelas en Buenos Aires y el endurecimiento del toque de queda. FOTO: DPA / EUROPA PRESS | VÍDEO: EPV

Un día después, Rodríguez Larreta, del partido del expresidente Mauricio Macri, advirtió que llevaría esa decisión ante la justicia por considerar que las escuelas no son un foco de contagio. Según los datos oficiales, entre el 17 de marzo y el 12 de abril se infectó el 0,71% de la comunidad educativa. Colectivos de padres convocaron a cacerolazos, protestas y abrazos frente a las escuelas para exigir que se mantuviesen abiertas y celebraron el fallo dictado anoche por la Cámara de Apelaciones de la ciudad de Buenos Aires. “Es un orgullo poder anunciar que mañana [por hoy, lunes] las escuelas van a estar abiertas”, dijo el domingo por la noche el alcalde de la capital tras obtener un fallo favorable.

“Lo que hicieron es un estrago jurídico”, sentenció el presidente argentino al conocer el dictamen. “No hagamos política con la pandemia. Tiene que ver con la salud, no con una elección, no con serles simpáticos al electorado”, agregó este lunes al presidente en medio de un acto sobre nuevas inversiones en infraestructuras de salud pública y un bono extraordinario para el personal sanitario de 6.500 pesos (66 dólares).

El Ministerio de Sanidad argumenta que ha crecido un 25% el uso de transporte público desde el inicio de las clases presenciales, a finales de febrero, y que el número de casos del grupo de población en edad escolar ha aumentado por encima de la curva epidemiológica de la población general. “La presencialidad en escuelas puede implicar un bajo riesgo individual, pero alto riesgo colectivo, según el análisis epidemiológico”, destaca la cartera sanitaria.

La disputa está en manos de los tribunales. El Gobierno ha recurrido el fallo ante la Justicia federal, pero será la Corte Suprema quien tenga la última palabra. El máximo tribunal argentino se ha declarado competente este lunes y ha dado cinco días al Gobierno para que aporte pruebas sobre la necesidad de suspender temporalmente las clases presenciales. Hasta entonces, la polémica permanecerá abierta, con padres que aplauden la apertura de las escuelas y otros que juntan firmas para pedir que sus hijos puedan permanecer en casa y asistir a clase de forma virtual.

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2021-04-19/la-pelea-politica-por-la-educacion-en-buenos-aires-sume-a-las-escuelas-en-la-incertidumbre.html

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Entrevista a Matthew Huber: «La crisis climática es una lucha de clases»

Por: Astrid Zimmermann, Alexander Brentler 

¿Salvar el clima con menos crecimiento? El geógrafo Matt T. Huber cree que esta forma de combatir la crisis ambiental está equivocada. Los debates en torno al consumo consciente no llevan a ningún lado: solo la democratización de la economía puede salvarnos del colapso ecológico.

Nuevas crisis, nuevos problemas, nuevos actores, nuevas relaciones de poder: la cuestión climática muta constantemente, y lo cambia todo. Necesitamos, entonces, innovar en los conceptos que se toman para entenderla. Al menos ese es el consenso. Pero Matt T. Huber argumenta que eso no es cierto. Para realmente hacer frente a la crisis climática, debemos poner la mira en la reactivación de una vieja reivindicación marxista: la democratización radical de la producción.

Matthew Huber es geógrafo e investiga en la Universidad de Syracuse (Nueva York) sobre las conexiones entre el clima, la energía y el capitalismo. Actualmente está escribiendo un libro que entiende la crisis climática como un conflicto de clases (cuyo título provisional es Climate Change as Class War: Building Socialism on a Warming Planet) que será editado por Verso Books.

Alexander Brentler y Astrid Zimmermann, de Jacobin Alemania, hablaron con él sobre las razones por las que la lucha de clases y la lucha climática deben ir juntas, por qué los llamamientos al decrecimiento son engañosos y cómo podríamos pensar una alternativa socialista.

AZ / AB

Existe una narrativa muy persistente en el discurso sobre el medioambiente, según la cual la crisis climática es una responsabilidad compartida. La posición que tú planteas es que se trata, de hecho, de un conflicto de clases y que, por tanto, debemos tratarlo como tal. De ahí, afirmas que tenemos que situar la política medioambiental en el punto de la producción. Tal vez podría explicar un poco más lo que quieres decir exactamente con esto y hablar de las implicaciones para la estrategia política.

MH

Actualmente estoy terminando la redacción de un libro sobre la clase y la política climática. En un principio, solo quería volver a los fundamentos de una política de clase marxista y, a medida que he ido profundizando, me he dado cuenta de que este enfoque en las relaciones de producción es, en cierto modo, intrínsecamente ecológico. Es así porque la forma en que producimos nuestra existencia como sociedad es una cuestión ecológica. Cuando empiezas a pensar en el problema ambiental de esa manera, lo primero que te das cuenta es que la clase capitalista es la clase que posee y controla los medios de producción. Por lo tanto, también empiezas a pensar en su responsabilidad en la crisis climática. Está muy arraigado en el discurso ambiental dominante la idea de contabilizar las emisiones y el carbono en términos de consumo. Se trata de que, por ejemplo, si tomas un vuelo, esas emisiones son tuyas y eres responsable de ellas.

Pero en ese análisis están ausentes las personas que controlan esas industrias y se benefician de ellas. Así que incluso los análisis más progresistas, como aquel de Oxfam, llaman a este fenómeno «desigualdad de carbono». Aun si nos centráramos en los más ricos y en su huella de carbono, y demostráramos que el 10% más rico del planeta es responsable de más del 50% de las emisiones, seguiríamos examinando apenas los hábitos de consumo de los ricos y su estilo de vida (que, por supuesto, suelen ser atroces y repugnantes).

Lo que no nos preguntamos es: a) ¿Quién mantiene el consumo de los ricos? Si los ricos vuelan, hay una industria aérea que se beneficia de ello. Pero también, b) ¿Qué hacen esos ricos para generar el dinero que les permite consumir como lo hacen? Quizá trabajen en un banco. ¿Qué hace ese banco? ¿Cuál es el impacto del banco en el clima? ¿No es más importante que cualquier estilo de vida o elección de consumo en la que participe una persona rica? Tal vez la persona rica trabaje para una multinacional química. ¿No debe esa actividad estar en el centro de nuestra preocupación, de responsabilidad política? ¿Y no deberíamos centrarnos más en lo que ocurre en el lado de la producción de todo esto? Porque las emisiones, a fin de cuentas, son una red relacional de actores que hicieron posible esa emisión. Así que cuando conduces tu coche, no eres solo tú; son las compañías de automóviles, las compañías petroleras, las compañías de neumáticos las que se han beneficiado del suministro de esa mercancía.

Para mí, no es muy útil la forma en que moralizamos sobre el consumo. La gente, en su mayoría, solo satisface sus necesidades. Claro, mucha gente puede tener un sentido de las necesidades realmente desordenado en el que, en mi país, sienten la necesidad de conducir algo como una 4×4. Pero eso no es nada comparado con la forma de actuar de los capitalistas, donde su necesidad es ganar dinero y seguir haciéndolo. Esa es, para mí, la patología que está en el centro de la crisis climática: la gente que gana dinero, la gente que se beneficia del sistema, y particularmente las formas de producción más intensivas en carbono. Esto incluye no solo la producción de combustibles fósiles, sino también muchas otras formas de producción intensivas en carbono, como el cemento, el acero, los productos químicos y, sobre todo, la electricidad.

Pero centrarse en la producción también nos lleva a pensar de otra manera sobre el papel de la clase trabajadora en todo esto. También en este caso hay que volver a los fundamentos. ¿Qué es la clase obrera en el marco marxista? Es una clase de personas que están separadas de los medios de producción. De nuevo, en un sentido ecológico, eso solo significa que es una clase de personas que son incapaces de sobrevivir a partir de cualquier relación directa con la producción –sobre todo, la propia tierra–, por lo que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo en el mercado por un salario. Así que, para la clase trabajadora, la cuestión ecológica es una cuestión de supervivencia: ¿Cómo nos ganamos la vida en esta cosa llamada mercado? ¿Y cómo obtenemos una cantidad de dinero suficiente para sobrevivir en esta increíblemente insegura economía capitalista neoliberal?

En un nivel fundamental, la definición de Marx del proletario es una persona que está separada de la tierra, separada de las condiciones ecológicas de la vida misma. Si empezamos a pensar la cuestión ambiental a partir de una política de la clase trabajadora, en última instancia, debería tratarse de dos cosas. En primer lugar, obviamente dar a la clase trabajadora más seguridad material sobre las necesidades básicas de la vida: alimentos, energía, atención sanitaria y más. En segundo lugar, también deberíamos pensar en dar a esta clase trabajadora que ha sido separada de los sistemas ecológicos un poder democrático popular sobre nuestra relación social con el medio ambiente. Porque ese es el problema fundamental: no tenemos ningún poder sobre lo que está ocurriendo con nuestras relaciones metabólicas con la naturaleza. Somos impotentes. Por eso nos sentimos tan mal respecto al cambio climático. Simplemente sigue ocurriendo y no hay nada que podamos hacer al respecto. El objetivo fundamental, por tanto, debería ser ganar poder democrático sobre la producción para que podamos empezar a dar forma a nuestra relación con la naturaleza y detener esta crisis, que se está saliendo de control.

AZ / AB

También ha señalado que si bien hay un renacimiento del marxismo medioambiental en las últimas décadas, esa corriente tiende a situar la crisis ecológica fuera de la producción y que es esta concepción la que nos aleja de entender la política climática como política de clase. Irónicamente, esta variedad de marxismo se hizo popular en un momento en el que el neoliberalismo triunfaba a nivel mundial, en que nuestra sociedad se reestructuraba bajo parámetros decididamente de clase. ¿De dónde viene esta disonancia?

MH

Me gusta citar a Warren Buffett, una de las personas más ricas de Estados Unidos, que dijo en 2006: «Sí, por supuesto que tenemos una guerra de clases y es mi clase la que la está ganando». Eso básicamente resume tres décadas de inmensa consolidación del poder de la clase capitalista sobre la clase trabajadora, un proceso que se ha producido desde los años 70. Así que lo dijo muy bien: había mucho entusiasmo y energía en torno a los llamados nuevos movimientos sociales, y por una buena razón. Realmente estaban planteando poderosas críticas a la sociedad en líneas medioambientales, feministas y antirracistas.

En el ámbito medioambiental, Ted Benton, por ejemplo, decía: «Estas luchas no son como las que se dan en el punto de producción. Eso es lo que les importaba a los viejos obreros de las fábricas. Pero ahora somos ecologistas y nos preocupa esta reproducción más amplia de la vida fuera de la fábrica». Hasta cierto punto, eso es cierto, porque a un nivel fundamental, los sistemas ecológicos son en los que se basa la producción capitalista. Marx lo demostró cuando los llamó «regalos gratuitos de la naturaleza» para la producción capitalista. Si quieres cortar un árbol, tienes que depender de todos estos sistemas hidrológicos y microbios del suelo y todo lo demás fuera de la forma de la mercancía que son parte integral de esas mercancías que se producen. Así que esos «regalos gratuitos de la naturaleza», esos sistemas ecológicos, son cruciales para la producción, y están siendo destruidos sistemáticamente por el capitalismo.

Pero al teorizar constantemente la ecología como algo externo a la producción se pierde de vista algo importante. Si queremos saber quién es el responsable de la destrucción de estos sistemas externos, bueno, una vez más, tienes que mirar a la gente que controla el punto de producción, la gente que se está beneficiando de la producción. Si empiezas a pensar de esa manera, empiezas a recordar que también hay un montón de trabajadores en ese punto de producción que tienen poder estructural e influencia en virtud de su trabajo, porque pueden negarse a trabajar o ir a huelga, presionando así a las élites.

AZ / AB

Respecto a ese punto sobre el poder estructural, hubo un artículo ayer en el Washington Post de un grupo de investigadores que realizaron un análisis empírico de los movimientos de protesta del siglo XX y XXI. La única variable crucial para el éxito fue la participación de la clase trabajadora industrial. ¿Supongo que eso no le sorprende?

MH

Sí, lo he visto. No me sorprende. Eso también es un problema, porque gran parte de la clase trabajadora industrial está vacía, al menos, en los países que son más responsables históricamente del cambio climático. Así que es necesario volver a tener una solidaridad internacional entre los trabajadores, porque si miras lo que Marx llamó «la morada oculta» de la producción, gran parte de ella ya no está en el norte global. Gran parte está en China, obviamente, pero también en muchos otros países del sudeste asiático y en América Latina.

La crisis climática es consecuencia de nuestros métodos de producción. Últimamente me ha interesado mucho entender que el núcleo de la crisis climática puede resolverse a través del sistema eléctrico. La gente lo llama la estrategia de electrificar todo, limpiar la electricidad, pero luego electrificar partes de la economía que no son eléctricas. He estado pensando mucho en cómo los trabajadores del sector de la energía eléctrica y del sector de los servicios públicos tienen una inmensa influencia y presencia allí mismo, en el punto de producción del propio sistema que, si podemos transformar, catalizará –con suerte– una transformación más amplia de todo el sistema energético. Y, lo que es aún más significativo, en Estados Unidos (y me imagino que en la mayoría de los países) la empresa de electricidad ya es una de las más sindicalizadas de la economía. Así que existe una base de poder estructural e institucional con la que el movimiento climático debe comprometerse más.

AZ / AB

Cuando imaginamos esta transición a la energía limpia o a la energía verde, también queda claro que hay ciertos sectores en los que la pérdida de empleos va a ser un problema. En este momento, desafortunadamente, es principalmente la derecha la que está formulando la política climática como una cuestión de clase, siempre que hacen campaña para asegurar puestos de trabajo en industrias dañinas para el medio ambiente. La perspectiva más prometedora de la izquierda para cortar esta aparente contradicción entre la política climática y la seguridad laboral, es un Green New Deal con garantía de empleo. ¿Cómo comunicamos esto de forma convincente a una clase trabajadora industrial que ha tenido la experiencia de quedar al margen de los grandes cambios estructurales? A veces hay un escepticismo comprensible hacia esta oferta, porque casi parece que es demasiado buena para ser verdad: todo el mundo consigue un trabajo en el sector de la energía verde, bien remunerado, sindicalizado y será un trabajo gratificante.

MH

Me parece que al hablar de una «transición», la gente piensa que lo tenemos todo resuelto. Como si fuera una mera transición. Pero tienes razón, es un reto difícil en general. El problema es que en Estados Unidos, al menos, la expansión de las energías renovables, que es significativa, incluso se dispara. Todo el mundo habla de lo baratas que son ahora y todo el mundo está muy entusiasmado, pero, por desgracia, está siendo impulsada por el pequeño capital. Pequeño capital renovable que está descentralizado y a pequeña escala. Ya sabes, todo el mundo sueña con esta economía de energía renovable descentralizada mientras que en realidad está sucediendo, pero está siendo impulsada por esta clase pequeño burguesa de pequeños capitalistas renovables. Estas industrias no están sindicalizadas. Son casi totalmente antisindicales y los trabajos en este sector no están especialmente bien pagados.

Creo que si queremos ganarnos a los sindicatos tendremos que intentar atraer más inversiones dirigidas por el sector público, un programa público de construcción de energía verde con una garantía de empleo, pero también con una garantía de que estos proyectos públicos van a contratar a trabajadores sindicalizados y emplear a trabajadores sindicalizados para la construcción de este sistema de energía limpia. Porque si nos limitamos a dejar que el mercado lo haga, en primer lugar, no nos decarbonizaremos a la velocidad o la escala que necesitamos, pero en segundo lugar, seguirá sin ser algo bueno para los sindicatos. De hecho, la gente de las centrales eléctricas argumenta que estos desarrollos de energía renovable están destruyendo sus puestos de trabajo.

Desgraciadamente, creo que demasiados ecologistas tienen esta especie de sentimiento sobre los paneles solares y los parques eólicos, como si fueran intrínsecamente naturales y buenos. La gente no está pensando lo suficiente en las relaciones sociales de producción de quién va a controlar estos recursos de energía renovable, cómo se va a determinar la inversión. ¿Podemos tomar el control público de esa inversión de forma que podamos atraer a los sindicatos y ampliarlos? Si lo hacemos, entonces se empieza a construir una base más amplia para ese tipo de programa energético. Pero por el momento se está haciendo de esta manera salvaje, con altos niveles de volatilidad en el mercado, dependiendo de los subsidios públicos y de los créditos fiscales para el desarrollo de las energías renovables. Así que no hay mucho entusiasmo en la base social en torno a este tipo de desarrollo descentralizado y desordenado. De hecho, hay mucha resistencia a ella en las zonas rurales.

AZ / AB

Otra cosa que me preguntaba, cuando mencionaba los sistemas de energía limpia y la producción de estos sistemas de energía limpia, es cómo se relaciona esto con la cuestión de la extracción de recursos. Es obvio que dependerá de la extracción de ciertos recursos naturales y que la mayoría de ellos se encuentran en el Sur Global. Los países que son muy ricos en estos recursos rara vez se benefician de ellos y, en su mayoría, solo se convierten en objeto de relaciones comerciales muy explotadoras con el norte. E intentar recuperar sus recursos, como ocurrió (o al menos se intentó) en Bolivia, ha resultado sumamente difícil. Entonces, ¿cómo afectaría esta transición el orden mundial?

MH

Absolutamente. Estoy seguro de que has oído hablar de mi compañera de los Socialistas Democráticos de América, Thea Riofrancos, que ha trabajado mucho en la extracción de litio en Chile. Ella tiene algunas ideas realmente interesantes sobre la solidaridad internacional a lo largo de las cadenas de suministro. De nuevo, probablemente sea molesto para algunas personas, pero cada vez que empiezo a pensar en la crisis climática, empiezo a pensar en formas muy básicas, casi aburridas y obvias, de la vieja escuela del pensamiento socialista marxista. Y eso te lleva a algunas conclusiones. Obviamente, el programa socialista de la vieja escuela consistía en que los trabajadores del mundo se unieran. Se trataba de la solidaridad internacional. Creo que la solidaridad de los trabajadores es crucial, porque hay trabajadores a lo largo de estas cadenas de suministro que son, digamos, explotados de forma desigual.

Es muy fácil que algunos trabajadores del norte tengan mejores condiciones a costa de la extracción de materias primas superexplotadas en el Sur Global. Por otra parte, la clase capitalista tiene mucha solidaridad internacional. Y por eso es capaz de encontrar estas áreas donde hay recursos minerales y simplemente extraerlos con enormes rentas y beneficios, dejando los residuos y la destrucción para las comunidades. Es un problema del poder capitalista, que tiene demasiado y lo utiliza para superexplotar a estas comunidades rurales marginadas del Sur Global.

Estas comunidades están siendo desplazadas, pero también hay trabajadores en esas minas, trabajadores en el punto de producción. A veces ni siquiera son locales, sino que son traídos de otras partes del mundo. Pero esos trabajadores tienen poder, y tenemos que empezar a pensar en cómo organizamos no solo a los trabajadores de la fábrica de paneles solares, sino también a los trabajadores de la mina que está extrayendo el litio u otros materiales. Mientras la clase obrera sea derrotada globalmente, no va a tener ese tipo de contrapoder que necesitamos para hacer frente al poder incontrolado del capital en todo el mundo. Así que, por desgracia, todo esto nos lleva al difícil imperativo de organizar el poder de la clase trabajadora.

AZ / AB

Tienes un artículo en el que se presenta una alternativa a las llamadas perspectivas de decrecimiento. Esta cuestión del extractivismo aparece constantemente cuando hablamos de crecimiento o decrecimiento. Si nos quedamos en el contexto de América Latina, en Ecuador parece que el tema del extractivismo realmente es lo que está fracturando a la izquierda. Por un lado, bajo el gobierno de Correa, grandes franjas de la población han salido de la pobreza. Se fomentó un gran crecimiento porque se industrializó el país y se ampliaron las infraestructuras. Pero, por otro lado, todo esto hizo necesario el aumento de la extracción de recursos con todas las consecuencias negativas que esto tiene para las comunidades del lugar. ¿Dirías que éste es tal vez un ejemplo en el que la preocupación por el medio ambiente, por un lado, y el crecimiento económico, por otro, están enfrentados?

MH

De nuevo, creo que Thea podría responder la pregunta mucho mejor que yo. Otra cosa desafortunada de la situación allá es que están exportando mucho de sus materias primas a China, que es lo que les está dando dinero que luego puede fluir hacia la infraestructura. Estoy más alineado con la perspectiva de que la izquierda necesita comprender cómo construir poder. Necesitamos ejercer el poder si vamos a ser capaces de construir una economía política alternativa. Así que simpatizo bastante con los proyectos de la Marea Rosa, estos proyectos hicieron poder y lo han mantenido.

Lamentablemente, en muchos casos, ese poder estaba sustentado en la extracción de petróleo, gas, minerales, etc. Y cuando hay extracción, a menudo hay comunidades que son desplazadas o envenenadas. Para mí, la cuestión es si la izquierda puede empezar a construir instituciones capaces de integrar mejor a las comunidades locales en sistemas democráticos que puedan realmente dar forma a cómo se produce la extracción, que incluso tengan la capacidad de decir: «En realidad, no, no vamos a tener la extracción aquí porque esto es demasiado importante para nosotros como comunidad».

En el capitalismo, obviamente, estas comunidades no tienen voz. El capitalismo no es una democracia. Las empresas hacen todo este lavado de cara verde donde tratan de decir que la comunidad está participando en los proyectos. Pero eso no es una verdadera configuración democrática de la producción, que es lo que quieren los socialistas. Me gustaría pensar que si la izquierda en América Latina hubiera sido capaz de aprovechar el poder que había construido y ampliarlo de esa manera, tal vez podrían haber creado estructuras de extracción que no fueran tan destructivas y antidemocráticas, estructuras que sí tuvieran en cuenta las preocupaciones de las comunidades locales. En última instancia, cualquier socialista va a querer que la producción sea siempre democrática para integrar al mayor número posible de personas en las decisiones sobre cómo se desarrolla. Tal vez incluso se podrían ponderar más las voces democráticas cuando se encuentran en las comunidades afectadas por la extracción, probablemente deberían tener más voz sobre estos procesos que las personas que se encuentran en las ciudades. Deberíamos encontrar formas de crear instituciones democráticas que puedan dar forma a la producción de manera que tenga más sentido para la comunidad, que es realmente donde se produce.

AZ / AB

¿Se podría decir que no es lo mismo la defensa del decrecimiento que estar en contra del desarrollo per se? Me parece que a veces, en estos debates, cuando la gente intenta defender su posición, básicamente dicen que no se trata en absoluto de recortar el PIB y hacer que todo el mundo viva mal, sino que afirman que solo quieren reducir las industrias que son perjudiciales y limitar el uso de la energía en el Norte. Hasta dirían que en realidad quieren fomentar el crecimiento en el Sur Global. ¿Es sólo una confusión semántica, o son proyectos políticos muy diferentes el decrecimiento y el tipo de modernismo socialista que usted propone?

MH

Lo primero que puedo decir es que una cosa que me frustra del decrecimiento es que a menudo dicen cosas como: «Bueno, en realidad lo que queremos es reducir el consumo del Norte Global y aumentarlo para el Sur Global». Pero para mí, el conflicto de clases no es territorial en ese sentido. No es como si en el Norte Global a todo el mundo le fuese muy bien y los únicos explotados estuviesen en el Sur Global. Hay una increíble desigualdad dentro del Norte Global. Así que, de nuevo, si empiezas a pensar en la situación global como un conflicto entre el capital y la clase trabajadora, o incluso lo que Mike Davis llamó el proletariado informal, que es mucho más numeroso que la clase trabajadora proletaria tradicional (por no hablar de las clases campesinas y los pueblos indígenas y todos estos grupos subalternos), hay mucha gente a la que no le va bien.

En mi país, algo así como el 70% de los estadounidenses casi no tienen dinero en el banco, la gente está muriendo por falta de insulina, por falta de atención sanitaria básica, y millones de personas están pasando hambre a raíz de esta pandemia. En la estela del neoliberalismo, las masas tienen tantas dificultades económicas que no tiene sentido decir, «sí, simplemente vamos a reducir el consumo en el Norte Global». Bueno, ¿y qué pasa con toda esa gente que no puede comer en el Norte Global? Ese es uno de mis grandes problemas con el decrecimiento.

Como has dicho, a veces es solo semántica. Yo veo la cuestión así: ¿Vas a ganar apoyo predicando vivir con menos? Si tu bandera es decrecimiento, en medio de una época de austeridad ya devastadora, ¿cómo vas a construir el tipo de entusiasmo popular masivo para tu programa?

Cuando les planteas estas cuestiones, siempre dicen:  «No, pero queremos todas estas cosas buenas, como una semana laboral más corta. Queremos tener más tiempo». Hay cosas que sí quieren aumentar, en realidad, con las que estoy de acuerdo. Jason Hickel habla de desmercantilizar los servicios básicos y de la expansión del sector público de los bienes básicos, y estoy de acuerdo con eso. Pero todo eso es una expansión de la actividad económica. Es ofrecer más a la clase trabajadora, pero lo que invoca toda la idea del decrecimiento es que inicialmente vas a pensar menos.

También creo que cae en la trampa del propio PIB, que mide las sociedades en su conjunto. Cuando el PIB aumenta, eso debe significar que toda la sociedad va bien. Pero el agregado no capta la increíble desigualdad dentro de una nación o una sociedad. Y aunque a algunas personas les va fantásticamente bien en nuestra sociedad, a la gran mayoría no. No es más o menos, es menos para unos pocos y más para muchos. Tenemos que volver a ese tipo de análisis de clase que dice, no, es la pequeñísima minoría de capitalistas la que necesita decrecer. Necesitan menos, necesitan mucho menos. Tenemos que gravarlos más, tenemos que erosionar su poder sobre la riqueza y tenemos que crear más para las masas que están sufriendo.

AZ / AB

¿Crees que la situación de clase del movimiento ambientalista también tiene que ver con no prestar atención a la producción y a los detalles tecnológicos específicos? ¿Estamos perdiendo el conocimiento práctico de la clase trabajadora en la transición energética por no poner el foco en una política de clase trabajadora?

MH

Sí, es un punto muy importante. Puede que no funcione, pero me ha entusiasmado la idea de intentar poner el foco en los sindicatos en el sector eléctrico, ya que van a ser muy importantes en esta transición de descarbonización.

Muchos de esos trabajadores se clasificarían más como clase profesional porque tienen títulos, son ingenieros. Tienen un enorme conocimiento del punto de producción. Algunos de los sindicatos también representan a los trabajadores más manuales, los trabajadores de mantenimiento que hacen el trabajo más duro en esos sistemas de servicios públicos, como los trabajadores de línea, que es realmente un trabajo muy peligroso. Pero hay un conocimiento increíble allí. Y eso, de nuevo, se remonta a un viejo tropo socialista marxista de que, ya sabes, son los trabajadores los que mejor conocen el sistema. Ellos son los que lo mantienen en funcionamiento. Son los que lo mantienen, y si algún día pudieran realmente dirigirlo, sería mejor.

Pero para la clase profesional, que tradicionalmente se define como la gente que hace trabajo mental o de conocimiento en la llamada «economía del conocimiento», la producción es más bien un objeto de conocimiento y estudio. Y sus conclusiones suelen ser: «Bueno, mira toda la destrucción que conlleva esto, mira lo malo que es», en lugar de estar presente y querer transformar ese sistema. No pretenden entender cómo todas nuestras vidas dependen realmente del funcionamiento de esos sistemas, y que en realidad tenemos que pensar en transformarlos en lugar de descartarlos.

AZ / AB

Cuando hablamos del clima, muchas veces se discute como si fuera una cuestión de conocimiento. O aceptas este conocimiento o lo niegas; tienes este conocimiento y entiendes lo que es el cambio climático y esto ya por sí te va a politizar. Pero hemos visto que eso no es cierto. ¿Cómo salimos de esta situación? ¿Cómo nos movilizamos por una política climática de izquierdas?

MH

Obviamente, creo que la ciencia es importante. Cuando se defiende un tipo de modernismo socialista como el que yo defiendo, se debería tomar un momento y decir: «¿No es asombroso que nuestra especie entienda estos sistemas como el clima; que sepamos que estamos en esta crisis hasta el punto en que lo estamos? ¿Que conozcamos las formas en que estos gases interactúan con la atmósfera de manera que están provocando estos efectos?». Así que la ciencia en sí misma es realmente sorprendente.

Pero, como dicen, cuando se hace política sobre si se cree o no en la ciencia, se aleja a mucha gente que podría no entender la ciencia o no querer entender los complejos procesos bio y geoquímicos. Y también conduce a un gran problema entre los creyentes liberales de la ciencia, que es que miran por encima del hombro y son bastante soberbios con las masas. Eso es simplemente contraproducente.

También existe esta teoría liberal del cambio que asume que si las masas entendieran la ciencia, entonces la acción seguiría naturalmente. Este modo de análisis parece sugerir que lo peor que hace la industria de los combustibles fósiles es difundir la negación del clima, cuando lo que hacen es controlar materialmente nuestro sistema energético.

Creo, y muchos otros lo han dicho, que el movimiento climático gira en torno al Green New Deal, encontrando una mejor articulación de estas políticas. Si hacemos que la política climática se centre en mejorar las cuestiones materiales de tu vida, no tenemos que explicarte el efecto invernadero, no tenemos que convencerte de la urgencia científica. Solo tenemos que decir que esto es algo que te va a dar trabajo, que va a desmercantilizar tu electricidad y que va a ir en contra de esa empresa de servicios públicos que odias y que te está estafando y subiendo los precios. Si construimos el movimiento en torno a mejoras materiales directas, visibles y fáciles de entender, crearemos una base de apoyo popular porque eso es lo que sabemos que funciona políticamente. Sabemos que cuando se implementan programas que son universales y beneficiosos para las masas, se vuelven inmensamente populares.

Pero tenemos que reconocer que no podemos limitarnos a darle cosas a la clase trabajadora y así comprar su apoyo para ganar una transición de descarbonización. Creo que también tenemos que pensar en cómo ganar a la clase trabajadora para una visión más amplia de la crisis climática como algo real que tenemos que tomar en serio; algo que debe unirnos como especie, pero también como países y partidos políticos, para resolver. Y si vamos a hacerlo, creo que debemos revivir la idea de la producción y la inversión democrática: que la forma en que producimos las cosas que necesitamos debe ser algo en lo que la sociedad tenga voz y control. Tenemos que establecer ese vínculo y mostrar cómo esa democracia es ecológica. La gente debería sentir que forma parte de un proyecto democrático más amplio para resolver realmente esa crisis mediante la democratización de nuestros recursos productivos. Eso también debería formar parte de estas políticas. Que no se trate solo de darte cosas, sino de convertirte en un agente de transformación de todo el sistema. Y como la clase trabajadora es la gran mayoría de cualquier sociedad capitalista, tiene que ser el núcleo de cualquier visión democrática de la política climática.

Astrid Zimmermann es editora de Jacobin Alemania.

Alexander Brentler es colaborador de Jacobin Alemania.

Fuente: https://jacobinlat.com/2021/04/22/la-crisis-climatica-es-una-lucha-de-clases/

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España: Seis de cada diez personas del mundo son usuarios de internet

Seis de cada diez personas del mundo son usuarios de internet

MADRID |

A principios del mes de abril, en el mundo había más de 4.700 millones de personas con conexión a internet, 330 millones más que hace un año, según un informe que recopila datos de más de 200 países y que avanza que en España ya hay 42,5 millones de personas usuarios de la red.

Según estos datos, una de cada seis personas en el mundo está conectada a internet, aunque con una distribución desigual: 9 de cada diez vive en el norte y el oeste de Europa y en América del Norte, y 3 de cada 4 personas del este de África sigue sin estar conectadas.

Además, las redes sociales siguen ganando adeptos y ya son 4.330 millones de personas las que usan estas plataformas en todo el mundo, el 55% de la población mundial, y 500 millones de nuevos usuarios en el último año, según las cifras del informe Digital 2021 de la plataforma de administración de redes sociales Hootsuite y We Are Social, que cada año analiza las tendencias digitales a nivel global y de redes sociales.

WhatsApp es la plataforma preferida para más del 24% de los internautas, seguida de Facebook (22%) e Instagram (18%), pero Facebook sigue siendo la red social más utilizadas (casi 2.800 millones de personas, 57 millones más que hace solo tres meses), seguida de YouTube con casi 2.300 millones y WhatsApp con 2.000 millones.

Además, el mundo tiene 5.270 millones de usuarios únicos de móviles (97 millones más en un año), lo que supone que dos tercios de todas las personas del planeta tiene un teléfono móvil.

En el caso de España, el informe precisa que desde enero de este año, hay 42,5 millones de personas con conexión a internet (144.000 más que hace un año), el 91% por ciento de toda la población española.

Además, en España hay 37,4 millones de usuarios de redes sociales (8 millones más que en enero de 2020), que representan el 80% de la población española.

Por último, el informe avanza que en España hay 54,4 millones de líneas de teléfono móvil (el 0,6% más que hace un año) en un país de 46,7 millones de habitantes.

Fuente de la Información: https://www.lostiempos.com/tendencias/tecnologia/20210422/seis-cada-diez-personas-del-mundo-son-usuarios-internet

 

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Ecuador: Violencia contra la mujer: ¿un asunto privado o de la sociedad?

Violencia contra la mujer: ¿un asunto privado o de la sociedad?

Por Lautaro Ojeda Segovia.

Cada 72 horas ocurre un femicidio en Ecuador. Es el dato más sintomático de la violencia sistemática contra la mujer que gran parte de la sociedad se niega a ver. Todavía está arraigada una cultura machista que dictamina el rol de las mujeres y su comportamiento en la sociedad.
A mediados de marzo, la Asociación de Mujeres por la Equidad de Género presentó en la Asamblea Nacional un dato preocupante: entre enero y febrero ocurrieron 20 femicidios en Ecuador, lo que provocó que 11 niños quedaran en la orfandad. El colectivo dijo que urgen reformas en el sistema judicial porque muchas veces los jueces encargados de condenar estos delitos se convierten en agresores, pues culpan a las mujeres de su desgracia. Pero no solo son los jueces, es toda la sociedad que no quiere ver la violencia contra la mujer. Y esto quizá pase con el último femicidio reportado en marzo.
Gisel Beltrán asistió, junto a dos amigas, a una fiesta en un sector camaronero de Balao, provincia del Guayas. Tras una discusión, un hombre le disparó en el rostro. El sujeto trasladó el cuerpo en una carretilla para tirarlo a uno de los canales de agua de una camaronera. El cadáver fue hallado al siguiente día, según reportó la prensa local y los colectivos feministas que recogieron versiones de los testigos.
No faltarán las personas que, en lugar de cuestionar el delito, primero culpabilicen a la joven por asistir a la fiesta. Se escandalizarán por las “altas horas de la noche”, indagarán en cómo estaba vestida. La criticarán por estar bebiendo con hombre.
Dirán que ella tuvo la culpa por provocar celos a sus amigos. Según la Asamblea General de las Naciones Unidas, “la violencia contra mujeres y niñas es una de las violaciones a los derechos humanos más sistemáticas y extendidas. Está arraigada en estructuras sociales construidas en base al género más que en acciones individuales o acciones al azar”. La OMS incluso llegó a considerar a este tipo de violencia como “un problema de salud de proporciones epidémicas”. Algunas cifras: en Ecuador, seis de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia de género. Una de cada cuatro mujeres sufre violencia sexual. Sin embargo, la violencia psicológica es la forma más recurrente (57 por ciento).
Los perpetradores son, sobre todo, esposos, novios o convivientes. El 76 por ciento de mujeres violentadas señala como responsables de las agresiones a su pareja o expareja. 
En buena medida, la sociedad todavía mira esto como un asunto privado. Un femicidio para algunos es un problema de pareja. Cuando se empieza a visibilizar que existe un patrón de comportamiento en los hombres que violentan a sus parejas, muchas reconocen que existe un problema que trasciende el ámbito privado y doméstico.
Está muy arraigado todavía el papel que debe desempeñar el género femenino, como la castidad, pureza, pudor; conceptos que suelen relacionarse con la extendida cultura machista que justifica la permanente vigilancia alrededor de la reputación de las mujeres al interior de la familia. Vigilancia que posteriormente se reproduce en esposos, convivientes, en nombre del honor familiar.
Cómo se profundiza la violencia 
Hay factores que están detrás de esta violencia y que la potencian: el uso del alcohol y sustancias psicoactivas, estrés económico, falta de comunicación en pareja, pérdida de valores familiares, infidelidad y cambio de rol por parte de la mujer. Pero la génesis está en los patrones socioculturales, relaciones inequitativas de poder entre hombre y mujer, mantenimiento de la cultura patriarcal, mentalidad machista que, en forma subconsciente o consciente, piensa que la mujer es propiedad del hombre.
Además, no faltan quienes destacan la existencia de una “erotización de la dominación” que hace que las propias mujeres generen una dependencia, en la que la violencia es parte del sistema de interrelación emocional con su pareja. Pensamiento sostenido en el “ideal” de amor romántico. Esta distorsión es compartida con el modelo de masculinidad agresiva, propio del patriarcado, según describen las investigadoras Alda Facio y Lorena Fries. Cabe enfatizar que no se trata de una violencia episódica sino estructural que pretende que las acciones de las mujeres estén bajo el control masculino, incluso la forma de vestir, generando, de esta forma, una dependencia psicológica a través del miedo y del aislamiento.
La violencia contra la mujer se ve agravada por la impunidad proveniente de la autoridad que normaliza el trato diferenciado entre hombres y mujeres. Las sanciones, en buena medida, dependerán de qué tanto la mujer corresponda al modelo de sumisión. La presión social que los medios de comunicación, la publicidad y el entretenimiento influyen sobre la apariencia femenina denotan la idea de que las mujeres tratan de verse seductoras, y esto suele ser un factor que está presente en la impunidad. Quizá así sea tratado el femicidio de Gisel Beltrán.
Según la Fundación Aldea, en Ecuador hay un femicidio cada 72 horas. Se contabilizan más de 870 casos desde que se tipificó este delito en el país en 2014. Más del 30 por ciento de las víctimas había reportado antecedentes de violencia y algunas tenían boleta de auxilio, lo que sugiere que fueron crímenes que se pudieron evitar.
Este fue el caso de Rosa, una joven de 26 años del barrio Santa Bárbara, al sur de Quito. El último fin de semana de marzo su exconviviente entró a su casa y la ahorcó con una soga, según reportó la Policía. En 2018 ella lo había denunciado por violencia familiar. Tenía boleta de auxilio. Deja dos niñas en la orfandad.
La asimétrica distribución del poder que persiste en la sociedad, el rol subordinado, la discriminación y la exclusión constituyen la causa y el fundamento de la violencia contra las mujeres en el marco de formas estructurales y de relaciones de poder inequitativas.
Fuente de la Información: https://www.vistazo.com/seccion/actualidad-nacional/violencia-contra-la-mujer-un-asunto-privado-o-de-la-sociedad

 

 

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Argentina – Vizzotti, sobre las clases presenciales: «Mayo, junio y julio serán determinantes en la evolución de la pandemia»

Vizzotti, sobre las clases presenciales: «Mayo, junio y julio serán determinantes en la evolución de la pandemia»

La ministra de Salud aclaró que la escuela es una de las actividades que más personas moviliza, y aseguró que esperan volver a un «reinicio escalonado» de las clases presenciales.

La ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, participó de Periodismo Puro, el ciclo de reportajes de Jorge Fontevecchia. En la entrevista, que se publicó este domingo 25 de abril en PERFIL, la funcionaria habló sobre diversos temas y entre ellos, se refirió a la decisión de suspender la presencialidad de las clases por 15 días, como así también sobre las perspectivas al respecto para los próximos meses.

“El invierno, mayo, junio y julio, sobre todo este mes que viene, será determinante en la evolución de la pandemia”, sostuvo Vizzotti ante la consulta de si la suspensión de la presencialidad podría extenderse por varios meses.

En ese sentido, aclaró que esa evolución “no depende solamente de las medidas del Estado nacional, que tiene el interés prioritario de preservar la salud y acompañar desde lo económico y lo social en un momento crítico”.  “Los medios tienen un rol clave. También es clave articular con las jurisdicciones y con la sociedad”, expresó la funcionaria. Y agregó: “Esperamos poder volver a un reinicio escalonado de la actividad presencial. Trabajamos con Unicef, con la Sociedad de Pediatría, con el Ministerio de Educación. Queremos que la sociedad se empodere como parte de un círculo virtuoso para que podamos sostener la presencialidad”.

“El invierno, mayo, junio y julio, sobre todo este mes que viene, será determinante en la evolución de la pandemia”, sostuvo Vizzotti ante la consulta de si la suspensión de la presencialidad podría extenderse por varios meses.

En ese sentido, aclaró que esa evolución “no depende solamente de las medidas del Estado nacional, que tiene el interés prioritario de preservar la salud y acompañar desde lo económico y lo social en un momento crítico”.  “Los medios tienen un rol clave. También es clave articular con las jurisdicciones y con la sociedad”, expresó la funcionaria. Y agregó: “Esperamos poder volver a un reinicio escalonado de la actividad presencial. Trabajamos con Unicef, con la Sociedad de Pediatría, con el Ministerio de Educación. Queremos que la sociedad se empodere como parte de un círculo virtuoso para que podamos sostener la presencialidad”.

De todas las actividades, dijo Vizzotti, “la que más personas moviliza es la escolaridad”

Consultada sobre si la vida comercial de 6 a 20, horario en el que empieza la restricción a la circulación, moviliza menos gente que las escuelas, Vizzotti aseguró: “Sin lugar a dudas”.  “Otro eje es la economía. El objetivo de estas medidas es disminuir la circulación de personas y sostener la virtualidad en las clases, no es que desaparezcan los casos. No es que nosotros el 30 de abril digamos que como hay 20mil/25mil casos, seguiremos igual todo el año”, señaló la titular de la cartera sanitaria.

En esa línea, Vizzotti aclaró que la de este año en pandemia “no es la misma lógica que en 2020”. “No se trata de esperar que bajen los casos. El objetivo es atrasar la velocidad de contagios y de ingresos de personas en terapia intensiva. Se habló de la cuarentena más larga del mundo. Pero el único lugar que estuvo en ASPO todo el tiempo fue el AMBA. A partir de mayo, junio, se fueron autorizando un número importante de actividades. No hubo restricción de la circulación. Había actividades restringidas en el mundo. Todavía lo están. Me parece importante derribar ese mito. La circulación de AMBA desde junio en adelante fue muy importante”, aclaró.

Fuente de la Información: https://www.perfil.com/noticias/politica/vizzotti-sobre-clases-presenciales-mayo-junio-y-julio-seran-determinantes-en-evolucion-de-pandemia.phtml

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Mundo: Recesión, desempleo… ¿Es la educación una solución frente a la crisis económica y social?

Recesión, desempleo… ¿Es la educación una solución frente a la crisis económica y social?

 

Ante un 2021 incierto, en el que la recuperación no se espera hasta la segunda mitad del año, la formación es una herramienta clave para recuperar la competitividad

Por EC Brands

La crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia del covid-19 ha sacudido la economía global. Ante la proliferación de los ERTE, despidos y cierres de empresas, la ciudadanía se encuentra en un momento crucial para dar un revulsivo a su carrera profesional. Algunos indicadores económicos atestiguan el golpe sufrido por la economía española: según Eurostat, el PIB cayó un 23% en el primer semestre de 2020, mientras que la subida en la segunda mitad del año se quedó por debajo del 17%. Los efectos de la contracción se han sentido en el mercado laboral, cuya tasa de paro ha subido hasta el 16%, de acuerdo con cifras del pasado enero, lo que arroja un dato cercano a los cuatro millones de desempleados. La llegada de las vacunas resulta una esperanza, pero para que la economía vuelva a reactivarse a niveles previos a marzo de 2020, es necesario llegar a las previsiones establecidas por el Gobierno (un 70% de la población vacunada de cara al verano).

Ante este escenario, Naciones Unidas ha subrayado la importancia de la educación como herramienta para impulsar la salida de la crisis. En un informe sobre el sector educativo durante y después del coronavirus, la organización hizo una llamada a gobiernos de todo el planeta para repensar la educación y acelerar cambios en el modelo de enseñanza y aprendizaje. Entre los diferentes puntos que se deben potenciar, señala la ONU, se encuentra la eliminación “de obstáculos a la conectividad”.

«Lo que parece evidente es que el mundo que nos vamos a encontrar después de la crisis no es igual que aquel en el que habíamos vivido anteriormente. Por lo tanto, las armas que teníamos no nos van a servir. Esa es la razón por la que tenemos que formarnos», explica Nacho de Pinedo, CEO de ISDI, la escuela de negocios nativa digital. «La única manera de recuperar la competitividad es adaptándonos al nuevo entorno, y no cabe duda de que este es digital». En este contexto, la oferta formativa se presenta como una alternativa para todos los profesionales que quieran avanzar, ya sea porque han perdido su trabajo o porque quieren mejorar en sus empresas, adquiriendo nuevas capacidades e impulsando la transformación digital.

La encriptación, la robotización o la inteligencia artificial serán sectores al alza durante los próximos años. (EFE)

Uno de los aspectos que la pandemia ha puesto de manifiesto es la consolidación del canal ‘online‘. Internet fue uno de los motores económicos durante los meses de encierro casero, permitiendo una cierta normalidad en los hogares mientras los comercios, oficinas y escuelas permanecían cerrados. Pero ese auge de las nuevas tecnologías durante los últimos meses ha puesto de manifiesto una importante carencia del mercado laboral español. Según un informe de Infojobs, la mitad de los trabajadores reconoció no estar formándose en competencias digitales antes de la crisis sanitaria. Esa cifra contrasta con el 65% que ya entonces afirmaba que la transformación digital y la robotización habían alterado su puesto de trabajo.

De Pinedo explica que «hay que concienciarse de que no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época» y que, por tanto, «la digitalización va a ir a más». «Si una persona quiere reconvertirse profesionalmente, lo primero que debe tener en cuenta es qué camino dentro del entorno digital le puede encajar mejor: uno más generalista o más especializado en las tendencias de empleabilidad actuales (data o la gestión de CRM, por ejemplo). Y, una vez claro, volcarse en la formación», apunta el CEO. No hay que olvidar, además, que los fondos de recuperación se repartirán bajo la premisa de fomentar la inversión en la transformación digital y las políticas medioambientales.

«Una media de 6,5 empresas están compitiendo por cada nuevo profesional titulado en competencias técnicas de transformación digital»

 

En esa elección más generalista entran ISDI y su MIB, un máster de especialización en negocio digital que, tal y como define su CEO, es «una especie de MBA de la era digital». Impartido en Barcelona y Madrid, así como de manera ‘online’, este programa ha sido diseñado por y para un entorno digital desde su nacimiento hace 12 años. Así, durante nueve meses y un total de 450 horas, los alumnos aprenden cómo adaptarse a un mundo en constante transformación, a través de una formación centrada en la práctica. «Los alumnos meten las manos en la masa y ponen en marcha un negocio ‘online’ real durante el programa, acompañados de destacados expertos digitales del país, profesionales en activo de líderes como Google o Amazon», explica Nacho de Pinedo. Además, desde la escuela afirman que «cada año cambiamos aproximadamente un 40% del contenido y cada dos meses y medio el consejo académico se reúne y analiza qué se va a ejecutar en ese periodo, porque en la era digital el ritmo de las actualizaciones es mucho más rápido».

Sin embargo, ¿qué hace realmente diferente al MIB? Según su CEO, «el modelo de aprendizaje basado en tres ‘tracks’: el primero, el conocimiento mediante una formación holística sobre diferentes temáticas, desde estrategia digital e innovación hasta liderazgo y transformación de empresas y emprendimiento, e impartido por profesionales digitales en activo». El segundo y tercer ejes se centran en la integración de dichos conocimientos. Por un lado, el proyecto troncal, donde los alumnos se encargan de digitalizar una pyme existente, apoyándose en metodologías ágiles (aprender haciendo). Y por otro, el denominado ‘challenge’, que consiste en lanzar una empresa al mercado desde cero. «Los alumnos tienen que generar un ‘e-commerce’, lanzarlo al mercado, empezar a facturar y ganar dinero. Además de la captación de clientes, tendrán que gestionar todo el ‘back office’ y las reclamaciones o problemas que hayan podido surgir en el proceso de compra para que los clientes repitan y les recomienden», indica De Pinedo. «Al final del programa, existe la opción de cerrar la empresa y entregar el dinero ganado a una ONG o quedarse con el ‘e-commerce’ y mantener el negocio».

El mercado laboral tras la crisis

Un informe del World Economic Forum publicado el pasado mes de octubre arrojaba datos interesantes acerca del futuro del empleo. El primero, la imparable adopción de nuevas tecnologías como la computación en la nube, el ‘big data’ o el comercio electrónico, a los que había que sumar nuevas oportunidades en terrenos como la encriptación, la robotización o la inteligencia artificial. De hecho, un estudio sobre empleabilidad y talento digital publicado por la Fundación VASS y la Universidad Autónoma de Madrid estableció que “6,5 empresas están compitiendo por cada nuevo profesional titulado en competencias técnicas necesarias para que las empresas den cobertura a sus procesos de transformación digital. Un colectivo de empleadores que podría llegar a los 160.000 cuando existen poco más de 25.000 egresados universitarios y ciclos de FP”.

Los estudios afirman que hasta el 44% de trabajadores de oficina podrán hacerlo desde casa cuando regrese la normalidad. (iStock)

En este nuevo escenario, acelerado por la recesión causada por el coronavirus, el World Economic Forum advertía de los cambios que se avecinan en los mercados laborales de las economías desarrolladas de cara a 2025. Hasta el 43% de las empresas admitían que tendrán que reducir su plantilla debido a la integración de nuevas tecnologías y un 41% tenía previsto aumentar la contratación de servicios de terceros para tareas especializadas.

En la misma línea, un sector que ha visto alterada su rutina por completo es la del trabajador de oficina. Hasta el 84% de estos empleados, según el informe, está llamados a digitalizarse en su día a día de manera cuasi inmediata y un 44% cuenta ya con las herramientas para trabajar desde sus hogares. «La pandemia ha hecho mucho más evidente la necesidad del cambio. Algo que tenía que ocurrir poco a poco, en un espacio largo de tiempo, ahora debe hacerse inmediatamente. Los negocios tienen que hacer esa transformación digital y para eso necesitan profesionales que conozcan cómo era el entorno anterior y que sean capaces de dibujarles un camino para adaptarse al nuevo entorno. Y por otro, necesitan especialistas que sepan enfocarse en algunas de las áreas clave, como pueden ser data o plataformas tecnológicas, para ejecutar esta transformación», concluye Nacho de Pinedo.

Fuente de la Información: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2021-04-07/educacion-covid-19-transformacion-digital-bra_2996383/

 

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Chile: Ministro de Educación: “Están todas las condiciones” para que colegios reanuden las clases presenciales

Ministro de Educación: “Están todas las condiciones” para que colegios reanuden las clases presenciales

El secretario de Estado expresó que “la presencialidad de forma segura es fundamental para entregar una educación más completa”.

El ministro de Educación, Raúl Figueroa, volvió a referirse a la idea de retomar las clases presenciales y manifestó que en este sentido “todos los establecimientos han recibido apoyo”.

En entrevista con el diario La Estrella de Arica, el secretario de Estado señaló, así, que “se han entregado kits sanitarios, recursos y así poder mejorar las medidas de resguardo, incluso los mismos establecimientos han preparado sus planes”.

Por este motivo, sostuvo que “están todas las condiciones para que puedan dar ese paso, que insisto, es fundamental para sus alumnos”.

El ministro indicó, por otra parte, que “la evaluación es positiva porque existe un alto número de establecimientos que tienen sus puertas abiertas y en estos lugares, el proceso de incorporación de alumnos ha ido en constante aumento a medida de que las familias van verificando que en concreto los protocolos sanitarios se cumplen. A eso se incorpora el proceso de vacunación de los trabajadores educacionales”.

Con todo, el jefe de la cartera de Educación, agregó que el mayor desafío es generar confianza en la comunidad educativa. “Vemos cómo, gracias al trabajo que han hecho los mismos establecimientos, va aumentando la confianza de los apoderados y es interesante ver cómo, a medida que los colegios van abriendo, los apoderados van aumentando sus niveles de confianza”, dijo.

“La presencialidad de forma segura es fundamental para entregar una educación más completa”, agregó.

Además, aseguró que “la prolongada suspensión de clases presenciales afectó de manera lamentable los ritmos de aprendizaje a todo nivel, muy particularmente en el sector técnico profesional, donde resulta que era evidente que al suspender las clases, la formación práctica se vio muy afectada”.

Fuente de la Información: https://www.latercera.com/nacional/noticia/ministro-de-educacion-estan-todas-las-condiciones-para-que-colegios-reanuden-las-clases-presenciales/H5DUJG6GFVDW5KBA5MO4CU6PIQ/

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