El pasado viernes 15 de julio de 2016, el Ministro del Poder Popular para Educación, Dr.Rodulfo Pérez, designó al Dr.Luis Bonilla- Molina, Director Nacional por Venezuela ante el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC) de la UNESCO.
El LLECE, según la UNESCO, es una red de directores nacionales de evaluación educativa de América Latina y el Caribe para producir información y conocimiento que retroalimente la política educativa, por medio de sus reportes de estudios que reflejan el estado de la calidad de la educación en la región.
Es de resaltar, que Venezuela entró como país miembro al LLECE, el días jueves, 30 de julio de 2015, cuando hubo la presentación de los resultados del Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (TERCE), que tuvo como foco, levantar la información que permita la identificación de los factores que se asocian con los aprendizajes y, a partir de ello, generar insumos para alimentar la toma de decisiones, el diseño y el mejoramiento de políticas y prácticas en educación.
Actualmente, el LLECE está integrado por diecinueve (19) países, como: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela y además del estado mexicano de Nuevo León, que han participado en las tres evaluaciones PERCE (1997), SERCE (2006) y TERCE (2013), exceptuando a Bolivia, Cuba, El Salvador y Venezuela por su reciente incorporación.
Sabemos que con el Dr. Bonilla al frente de ésta gran labor, Venezuela participará con criticidad, soberanía, independencia y sin desdibujarse de su proyecto de nación “Plan de la Patria”, pero sí, aprovechando los resultados pertinentes para pontenciar el sistema educativo venezolano y fortalecer la integración regional.
Felicidades Dr. Luis Bonilla- Molina, confiamos en su sabiduría para llevar con éxito esta designación.
América del Sur / Brasil / 17 de julio de 2016 / Por: Juan Francisco Villar Caño, coordinador del equipo de MMCC de AI Andalucía.
El próximo 5 de agosto Río de Janeiro se convertirá en el centro de todas las miradas. Ese día 12.000 deportistas se juntarán en Brasil para celebrar el gran acontecimiento deportivo del planeta: los Juegos Olímpicos. Sin embargo, ese día, miles de brasileños no podrán asistir a este evento que pretende ser el símbolo de la unidad de los pueblos. Ese día miles de brasileños, jóvenes negros de las favelas en su mayoría, no estarán allí porque habrán muerto a manos de la policía.
En Río de Janeiro las muertes a manos de la policía son moneda corriente. Según Amnistía Internacional, solo entre 2006 y 2015 murieron unas 8.000 personas como consecuencia de operaciones policiales; de ellas, más de 4.500 en la capital. Es un triste récord, pero lo más triste es quizás que, aunque entre 2007 y 2013 el número de víctimas descendió, las grandes celebraciones deportivas organizadas en Brasil han disparado de nuevo las cifras. Con la celebración del Mundial de Fútbol en 2014 el número de homicidios como consecuencia de la intervención policial aumentó en un 39,4 % y, desde entonces, Río de Janeiro sigue batiendo sus propios records. Con un aumento de 11,2 % en 2015 con respecto a 2014 una de cada 5 homicidios de ese año fue un homicidio a manos de la policía. Y en este año olímpico de 2016 más de 100 personas, la mayoría varones negros jóvenes, han muerto ya durante las operaciones policiales.
Brasil tiene que apostar definitivamente por la formación de su policía para convertirla en una policía que garantice la seguridad de los ciudadanos, y no en uno de los culpables del aumento de la inseguridad ciudadana. Sin embargo, parece que no está siendo así. En esta situación, en estos días previos al inicio de los Juegos Olímpicos, el gobernador de Río de Janeiro ha emitido un decreto que autoriza recortes y que puede suponer recortar en servicios básicos para la población y en formación para las fuerzas de seguridad que se desplegarán en las favelas. “La decisión de recortar en servicios sociales y seguridad en vísperas de las Olimpiadas de Río resulta no sólo sorprendente, sino también increíblemente inquietante, especialmente teniendo en cuenta el pésimo historial de Río en lo que se refiere a homicidios y muertes a manos de la policía”, ha manifestado Atila Roque, director de Amnistía Internacional Brasil, para quien ahora no es el momento de recortar en seguridad, sino de invertir más y mejor para garantizar que las fuerzas de seguridad tengan la formación adecuada para prevenir las violaciones de derechos humanos a los que están acostumbrados en Brasil.
Al mismo tiempo crece la persecución de las protestas y de quienes defienden los derechos de los cariocas. Efectivamente, tampoco está siendo fácil para los defensores y defensoras de los derechos humanos que desempeñan un papel clave en la protección de estos derechos en las favelas. Estos hombres y mujeres que denuncian abusos policiales y ejecuciones extrajudiciales, han sido hostigados, intimidados y amenazados por policías en más de una ocasión, con el único fin de impedir que denuncien violaciones de derechos humanos. En las últimas dos semanas de abril y la primera de mayo de 2016, agentes del 41º Batallón de la Policía Militar amenazaron a líderes comunitarios locales y a defensores y defensoras de los derechos humanos que han denunciado homicidios y abusos cometidos por la policía en la favela de Acari. Los policías militares le dijeron a una defensora de los derechos humanos de Acari que dejara de dar información a “esta gente de derechos humanos” y a otro que supiera que en la siguiente operación que iban a efectuar, los policías “no iban a ser amables e irían tras ellos”. Una vez más, la reacción ante la denuncia no es la búsqueda de la solución sino la persecución de quien denuncia.
Las autoridades deportivas internacionales deben urgentemente introducir los derechos humanos en sus agendas. El deporte debería buscar el acercamiento y el conocimiento entre los pueblos y las personas, servir para enriquecernos con su valoración del esfuerzo y el trabajo bien hecho y por eso mismo, las posibilidades de negocio, de creación de grandes infraestructuras, no deberían estar nunca por encima de las posibilidades de conocimiento mutuo o la mejora de los derechos de toda la población. La realidad, tozuda, nos demuestra sin embargo que no siempre es así. Eventos como los próximos Juegos Olímpicos o el Mundial de Fútbol de Qatar arrojan muchas dudas sobre el respeto a los derechos humanos alrededor de ellos.
América del Sur / Argentina / 17 de julio de 2016 / Por: Crónica.com
El objetivo es la generación de carreras que profesionalicen al sector. La iniciativa busca brindarles herramientas a los trabajadores y a los que deseen ingresar a la actividad.
El gobierno provincial se encuentra trabajando en la generación de distintos cursos y carreras relacionadas al sector de la pesca, fomentando nuevos profesionales y la formación del personal del sector.
Por ello la Secretaría de Pesca, a cargo de Alberto Gilardino, comenzó a dialogar con los responsables del Centro de Formación Profesional de Rawson dependiente del Ministerio de Educación, con el objetivo de planificar la oferta de carreras que permitan profesionalizar al sector.
Nuevas ofertas educativas
Al respecto el subsecretario de Pesca, Adrián Awstin, indicó que «hemos dialogado específicamente con el área responsable del Centro de Formación Profesional para crear nuevas carreras».
«Luego de un trabajo en conjunto notamos la necesidad de cubrir esta demanda porque no existe ninguna carrera vinculada con la pesca, por ejemplo de manipulador o clasificador de langostinos o anchoítas o de filetero» y agregó que «ellos tienen que aprender solos o a través de algún amigo porque no existe una formación profesional para este tipo de tareas», detalló el funcionario provincial.
Awstin remarcó que «estamos impulsando desde la Secretaría de Pesca estas carreras, para poder tener un mejor control de calidad en los productos pesqueros» y además «para ofrecer tanto al personal que ya trabaja en el sector como a los jóvenes nuevas ofertas académicas relacionadas a la pesca».
«Ya estamos trabajando en diferentes proyectos que pretendemos impulsar, y para eso estamos realizando un importante trabajo articulado con el Ministerio de Educación», concluyó Awstin.
América del Norte / Estados Unidos / 17 de julio de 2016 / Por: Ashley A. Smith
A couple of weeks after Michael Brown was shot and killed by police officer Darren Wilson in Ferguson, Mo., in 2014, Wesley Bell told his students his class wouldn’t shy away from discussing the incident.
Bell, a criminal justice professor at St. Louis Community College, found that the real-life incident became a focal point in teaching his students the importance of law enforcement officers becoming a part of the communities they serve.
Since that time, Bell and the criminal justice department at the college have partnered with several law enforcement agencies to increase community policing, which refers to law enforcement where officers establish relationships with the people in the communities they work in, and which encourages diversity within those departments. STLCC proctors independent police exams for a nearby suburban department that was looking to increase diversity among its ranks but had been accused of discrimination in hiring. Other police departments near the college are looking to the campus for help with building community policing.
But St. Louis isn’t alone in having training programs that are changing or having an impact on the type of policing that happens in the community. Colleges, especially those with criminal justice programs that directly lead into law enforcement or police academies housed on their campuses, have been working to address concerns that have arisen in light of the Black Lives Matter movement as they prepare the next generation of police officers. With the recent police shootings of black men like Alton Sterling in Baton Rouge, La., and Philando Castile in Falcon Heights, Minn., criminal justice instructors are preaching more cultural and racial sensitivity in their courses.
In Ohio, there are changes taking place in the state-mandated curriculum for how police officers are trained. Those changes focus on using communication and building relationships as the main method of policing. Columbus State Community College has already been focusing on that type of policing within its criminal justice program and the police academy housed on campus.
«We’ve increased the emphasis on procedural justice concerns and trying to make students aware that every individual has implicit bias whether they know it or not, and to take stock of the preconceived conceptions they have and guard against the dangers of implicit bias,» said Daniel Hare, coordinator of the police academy and assistant professor of justice, safety and legal studies at Columbus State.
Hare said they try to train future officers to be more approachable and personable by using a «community bank» approach. Essentially, officers make positive «deposits» into the community by being more visible, beyond negative incidents like arrests or investigations, as a way to build positive relationships.
«It takes several positive encounters or deposits to overcome even a minor negative deposit, and the more our students utilize and practice that mind-set the better for all involved parties,» he said.
There are obviously laws and procedures that a police officer has to work within, but the goal is to get trainees to understand that they have to have a good relationship and dialogue with the citizens they police, Hare said, adding that the instructors accomplish this through training scenarios.
«Officers or soon-to-be officers will be confronted with someone who is upset or dissatisfied, and the officer has to use communication skills and not necessarily the tools on their duty belt or, heaven forbid, lethal force,» Hare said. «The strong emphasis is on communication and using the mouth and hands.»
Hare said these changes aren’t a direct result of some of the police shootings, but due to realizing that there was a lack of training around communication or bias.
«For better or worse that lack [of training] has opened the eyes of many educators and those overseeing the curriculums,» he said. «You can train an individual on rote process and muscle memory, but you have to explain to them the need for understanding in law enforcement.»
In Baltimore, the county police academy is housed at the Community College of Baltimore County and the campus also provides academics for a few other police agencies, including two police academies at the Maryland Public Safety Education and Training Center. The city experienced its own upheaval and series of protests following the death of Freddie Gray last year after he was arrested by police officers. A few years ago, the criminal justice program created an ethics and diversity in criminal justice course that is mandatory for students.
Dennis Seymour, dean of the School of Justice at CCBC, said that course has helped faculty members and students talk about each of the incidents, including the Gray case.
«It’s a difficult time to be a police officer, and understanding the underpinning of the cultural and racial issue is key to making them successful and safe,» he said.
That ethics and diversity course, for instance, addresses the cycle of how focusing on minorities, especially black and Latino men, who are perceived to be criminal results in higher arrest rates for those people, which makes the minority group look more criminal and continues the negative perceptions of law enforcement, he said, adding that it’s not only misperceptions of black people, but Muslims and transgender people, too.
«With shock we watched the videos of people being murdered. These aren’t just television shows — these are real life situations, and we’re not immune from all of that,» said CCBC President Sandra Kurtinitis. «We have people here with prejudices and people here who are racists and people here with guns. All the things that we wish weren’t around, but we have to work hard to channel it in the direction that translates into all lives matter. How that translates into criminal justice curriculum and Baltimore County Police Academy and our own public safety officers, I think there’s a relationship between the environment we establish and then what happens in the training of people who must execute the law.»
Seymour started his career in law enforcement in the 1960s and said the way future police officers are being trained today when it comes to cultural and racial sensitivity is different from when he was in the academy.
«I don’t think we really got to issues in minority communities. We were teaching our perceptions of the racial and cultural and minority situation as opposed to the real situations,» he said. «Today, especially since the civil rights movement in the 1960s and 1970s, we’re really hearing the issues from people through peaceful protest. It’s difficult to hear and invaluable to understand where people are coming from.»
But the shooting of 12 police officers, five of whom were killed, in Dallas last week has made the issue more difficult, Seymour said.
Student Interest in Law Enforcement
There is some concern that the negative perceptions surrounding police will affect whether students choose that career path.
Seymour said his college hasn’t seen an effect on enrollment just yet because of the police shooting incidents. But if there are people who ultimately decide it isn’t the career for them, that’s fine, too, he said, adding that there may be families looking at what happened in Dallas and persuading young people not to go down this career path.
«There are still ample applicants here in the state of Maryland, and these folks are the cream of the crop. I wouldn’t be accepted in law enforcement today with the criteria they hold for people,» he said. «So we’ve got good folks coming into the profession here. Much better than decades ago, although that’s not always the case with all departments.»
Enrollment to become peace officers — the state of Ohio’s term for law enforcement officers — through Columbus State has dwindled because of negative perceptions around police, Hare said, adding that he doesn’t have specific numbers, but there does seem to be more interest from minority students.
Back at St. Louis Community College, Bell, the criminal justice professor, said it’s been a «mixed bag» when it comes to students interested in a career in policing.
«In general, we’ve seen a decrease in young people getting involved in law enforcement, which, after the last few years you could understand that sentiment,» he said. «But I’ve been able to have these constructive conversations and we’ve talked about improving police departments. I emphasize that if you have a concern with policing that’s more incentive to get involved. I’m seeing more of my students after those conversations at least consider getting involved.»
Para evitar este daño irreparable es necesario educar a los niños a temprana edad sobre cómo reconocer un abuso sexual. Así, logramos empoderarlos y de pasada, debilitamos a los abusadores. ¿Cómo hablar este tema tan difícil con los niños? Leyéndoles cuentos.
Las estadísticas son alarmantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que 1 de cada 5 niños son víctimas de violencia sexual, incluido el abuso sexual, y que esto afecta a niños de todas las edades, razas, clases sociales y religiones. Generalmente se da en entornos cercanos y de confianza, es decir, con tíos, abuelos, primos mayores, profesores, sacerdotes, vecinos o amigos de los padres.
Sabemos que como padres no es fácil abordar este tema con nuestros hijos cuando son muy pequeños, porque tenemos miedo a sexualizarlos a muy temprana edad, a pervertir su infancia, a inculcarles la desconfianza en los mayores, y, en resumen, a presentarles la idea de que el peligro puede estar cerca, cuando lo único que queremos es proteger su inocencia e infancia, criándolos en base a la confianza, el amor y la seguridad.
Pero, aunque suene cliché, la frase «más vale prevenir que lamentar», en este caso es la gran clave. ¿Por qué? Porque los abusos pueden cometerse a cualquier edad, y porque, si los niños no saben de antemano qué es lo que está permitido que otras personas hagan con su cuerpo, jamás lo verán como un acto abusivo, y será mucho más fácil que el abusador los someta por períodos prolongados a esta violencia tan dañina.
En cambio, un niño que sabe qué es lo que es normal y qué no, estará más alerta y ante un eventual abuso, lo reconocerá rápidamente y podrá negarse, incomodarse o molestarse frente a este hecho, y comunicarlo a sus seres de confianza a tiempo, o al menos impedir que el abusador cometa el abuso. La mayoría de los abusadores actúa en base a la confianza que tiene con el niño, aprovechándose de su inocencia e ignorancia frente al tema.
¿Cómo tratar directamente estos temas tan complicados, sin ser tan explícitos? ¿Cómo llegar a la sensibilidad de nuestros hijos y hacerlos entender qué está bien y qué mal respecto a sus cuerpos, sin violentarlos con el lenguaje? ¿Cómo lograr que interioricen el tema del abuso y que sepan que es tan malo como el maltrato físico o sicológico?
Una buena forma de hacerlo es a través de cuentos infantiles creados por psicólogas especialistas, que enseñan el tema mediante un lenguaje directo y sencillo, acompañado de lindas ilustraciones que potencian el contenido y captan rápidamente la atención de los menores. Aquí les dejamos algunas recomendaciones para diferentes edades.
1. Kiko y la Mano: para niños pequeños
Este cuento infantil español se ha convertido ya en un clásico, y es material pedagógico para muchos jardines infantiles y escuelas públicas de Europa. Cuenta con una serie de materiales, llamados La Regla del Kiko, que incluye una guía, un cuento, un video y carteles, elaborados por el Consejo de Europa, para ayudar a los padres y educadores a explicar a los niños dónde otras personas no pueden tocarles, cómo reaccionar y a quién dirigirse para pedir ayuda.
Kiko, entonces, es un personaje que llega para combatir la violencia sexual contra los niños con una regla importantísima basada en tres ideas fundamentales: su cuerpo le pertenece sólo a él, existen secretos buenos y malos, y formas de tocar buenas y malas.
Los personajes son dos: Kiko y una mano, y la historia se basa en los tipos de contactos que van teniendo ambos, evidenciando así los que están permitidos y los que no, de forma clara y directa.
Aquí pueden leer el cuento, y le dejamos también el video.
2. Ojos Verdes: para niños entre 6 y 12 años
Este libro de la psicóloga española Luisa Fernanda Yágüez, cuenta la historia sobre un niño y su vecino adulto, y la relación secreta que mantienen.
Todo empieza cuando Alex, el niño, va en búsqueda de su pelota perdida y llega a una gran casa con un jardín maravilloso y se encuentra con Max, el entrenador de básquetbol del colegio, que resulta ser su vecino. Max le ofrece enseñarle a jardinear, siempre y cuando fuese un secreto. Y, al ser un conocido, Alex no ve el riesgo en esto y se somete a esta relación que termina en abuso. Por ende, el libro enseña que no se puede mantener secretos con adultos, aunque sean personas conocidas.
Este libro busca entregar a los niños una herramienta para enseñarles a hacerse respetar, para prevenir así tanto el maltrato como el abuso infantil. «Una excusa para que niños y niñas, y mayores, entablen un diálogo sobre el derecho de cualquier persona a decir no ante situaciones que nos disgustan o hacen daño», señala Isabel Olid, autora del cuento.
Además, Olid, junto a la Asociación de Red de Ayuda a Niños Abusados, en colaboración con la Editorial Fineo, elaboraron un Programa de prevención de maltrato y abuso sexual infantil para acompañar el mensaje del cuento, mediante herramientas didácticas que permite que los niños se reconozcan en situaciones de maltrato y abuso y sepan cómo reaccionar.
El libro muestra a la protagonista Estela, una niña pequeña, en dos escenarios diferentes que involucran maltrato o abuso con personas cercanas: el primero es sobre maltrato físico con su mejor amiga del colegio y el segundo sobre abuso sexual con un tío.
El gobierno chileno, a través del Ministerio de Justicia, el año 2012 publicó tres libros como guía básica de prevención del abuso sexual infantil:
Cata, Benja y su Hada Madrina es el primer libro, destinado a niños menores de seis años, que enseña los límites de las demostraciones de cariño de una persona de confianza, representada por un hada madrina.
Cata, Benja y Pincho es el libro destinado a niños entre 6 y 12 años, y explica a través de un amigo, lo que significa directamente el abuso sexual, por qué es malo, y que nadie puede tocarlos de manera indebida, incluidas las personas de confianza como: tíos, primos, abuelos, vecinos, etc. Enseña que no deben existir secretos con adultos y que siempre deben contarle a sus padres aquello que les molesta.
Cata y Benja online es el último libro destinado a adolescentes y que explica los abusos que se pueden cometer a través de internet y cómo evitar exponerse de forma online ante desconocidos. La historia está basada en la conversación por el chat de Facebook entre dos amigos, quienes van exponiendo lo peligroso que es entablar relaciones con personas desconocidas a través de internet, explicándolo mediante lenguaje juvenil y casos puntuales que supuestamente le pasaron a otros amigos cercanos.
1. Creer al niño/a: con tipos de respuesta: «Gracias por confiar en mí Y contármelo, así puedo ayudarte a solucionarlo».
2. Hacerle sentir orgulloso por haberlo contado: con tipos de respuesta: «Has sido muy valiente al contármelo y estoy muy orgulloso/a de ti».
3. Decirle que no es culpable: con tipos de respuesta: «Tú no has hecho nada malo», «No es culpa tuya».
4. Asegurarle que no le ocurrirá nada malo: con tipos de respuesta: «Ahora que me lo has contado, puedes estar tranquilo porque esto no volverá a ocurrir».
5. Decirle que saldrá adelante: con tipos de respuesta: «Aunque ahora estés un poco triste, todos te vamos a ayudar a que te sientas mejor».
6. Expresarle afecto con tipos de respuesta: «Te quiero y estaré junto a ti siempre que me necesites».
7. Mantener la calma: no hablar al niño nunca con demasiada carga emocional, trasmitiendo nuestro desasosiego y preocupación.
8. Asegurarse de que el menor no ha sufrido heridas, y en el caso de que las haya sufrido, acudir a un médico.
9. Proteger a la víctima: impedir que el abusador pueda volver a acceder al menor. Y el mejor método es la DENUNCIA.
¿Qué otros métodos de prevención ante el abuso sexual conoces tú?
Asia / Turquía / 17 de julio de 2016 / Por: Telesur
Los funcionarios de la Unesco analizan la situación para definir si se puede dar curso o no a la agenda tras los hechos de Turquía.
Las Unesco suspendió su reunión de este domingo tras el intento de golpe de Estado que se registró en Turquía este viernes.
El organismo se reuniría en Estambul para tratar una veintena de candidaturas a la lista de Patrimonio de la Humanidad.
“La 40 sesión del Comité del Patrimonio Mundial está suspendida hasta nueva notificación” señala un comunicado de la Unesco publicado en su portal web.
El responsable de prensa de la entidad, George Papagiannis, informó que “los encuentros se han suspendido para la jornada de hoy y estamos evaluando la situación. No abandonamos Turquía, estamos en los hoteles y valorando si la situación de seguridad permite continuar o no”.
En cuanto a los preparativos, se tenía previsto que la representante de la Unesco en México Nuria Sanz, decidiera incluir el archipiélago de Revillagigedo, en la costa del pacífico mexicano en la lista de lugares naturales Patrimonio de la Humanidad.
La noche de este viernes Turquía fue sacudida por una violenta intentona golpista, iniciada por un grupo de militares, que ha dejado a menos unos 194 muertos y más de mil cien heridos. El Gobierno turco afirma que ya ha recuperado el control del país.
«Se dan muchos casos de ‘bullying’ en colegios en los que la mayoría de lo que las víctimas han sufrido no lo han contado», mantiene Eva Sancho, directora del Colegio Público Integral Sansomendi de Vitoria
La prevención de la violencia desde la primera infancia fue el tema sobre el que ofreció este miércoles una ponencia en la sede de Afundación la directora del IPI Sansomendi de Vitoria, Eva Sancho Longas, dentro del primer curso del verano programado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo dedicado a las medidas para el cuidado y la mejora de la convivencia escolar. La docente defendió la aplicación de métodos preventivos desde el comienzo de la escolarización y alertó contra los comportamientos violentos entre menores que permanecen «ocultos» sin denunciarse.
–¿A partir de qué edad empiezan a manifestarse comportamientos violentos en los alumnos de los centros de enseñanza?
-Hemos puesto en marcha una actuación de éxito como el modelo dialógico de prevención y resolución de conflictos, que incluye la socialización preventiva de la violencia y de la violencia de género en particular. Somos seres sociales y hay que socializarse en la no violencia desde el nacimiento mismo. El lema de nuestro colegio, que personalmente me parece muy bonito, es que queremos ser violencia 0 desde los 0 años. Eso lo resume todo.
–¿Qué violencias se suelen advertir en la primera infancia?
-No planteamos nuestros métodos por haber detectado casos de violencia, pero casos delicados ocurren en todos los centros; el que diga que en el suyo no pasan, miente. La prevención debe hacerse desde el principio. Los niños tienen que acostumbrarse a que la violencia no nos gusta. Se trata de vaciar de atractivos cualquier acto que pueda ser violento y de dárselos a actividades que no lo son. Tampoco hay que trivializar actos que puedan ser irrelevantes, como por ejemplo que un niño tire a otro del pelo. Eso si vuelve a pasar hay que contarlo. Hay que construir espacios donde no haya actos como agresiones verbales y fomentar el sentimiento de la amistad, muy importante. Lo empezamos desde abajo en nuestro centro, desde los 2 hasta los 16 años.
–¿Qué comportamientos son más difíciles de advertir?
-En los centros escolares, aunque en general en la sociedad, lo más preocupante es lo que queda oculto. Un niño le da a otro una colleja y los observadores no dicen absolutamente nada. Al principio no pasa nada, pero poco a poco se repite y sí pasa algo, y al hablar con los niños y con las niñas ves que no les gusta. Eso hay que romperlo. Hemos trabajado mucho el concepto de chivato y de valiente. Nuestros alumnos tienen muy claro que quien denuncia algo es el valiente. La denuncia no la hacen los chivatos sino los valientes. Quien es buen amigo es también el valiente.
–¿El silencio es lo más preocupante?
-Hay que trabajar mucho para que esas cosas salgan a la luz. Nadie puede tolerar que tengan que darle una colleja, pongo el mismo ejemplo. Se han dado muchos casos de bullying (debo decir que en nuestro colegio no se ha producido ninguno) en los que al analizar todo lo ocurrido la mayoría de lo que las víctimas han sufrido no se ha contado, o quienes sí lo han contado no decían nada cuando lo sufrían. Lo callan y luego estallan.
–¿Cuál es el cometido de los educadores y de las familias en la prevención?
-Todo es un trabajo conjunto. Todo lo que se plantea en el colegio en el programa de prevención de violencia no lo hacen los profesores por un lado y las familias por otro, porque no hay familias que no quieran un espacio sin violencia. De todas formas, los trabajos que se hacen en el colegio los niños los llevan luego a su entorno y los educadores hablan con las familias sobre estos temas.
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