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Oulouy baila para reivindicar la lucha contra el racismo y el cuidado del medio ambiente

El bailarín marfileño de hip hop y danzas urbanas, con residencia en Barcelona, gira por Europa con dos coreografías que reivindican la negritud y la preservación de la naturaleza. Aquí nos habla de sus raíces africanas y de lo adquirido de Lima a Londres

¿Cómo puede bailarse la violencia? Esta es, quizá, la pregunta que naturalmente surge en cualquier espectador frente a la plasticidad de Oulouy, en Black (Negro), una puesta escénica de danza urbana, sobre fondo de imágenes históricas que denuncian la segregación racial, con la que actualmente gira por España y el exterior. Solo, el resto es oscuridad, su cuerpo se retuerce, recortando el paisaje hecho de persecución, cuerpos linchados, porras policiales o asfixia, así como de manifestaciones de resistencia. Y, sin embargo, la danza del breaker resulta de una elegancia y una belleza ligeras, que alivian el peso de la historia, ese que carga sobre sus hombros cualquier africano o afrodescendiente en este presente que afortunadamente se sacude lastre. Un lastre de racismo que, a veces, cae a plomo con un arte inigualable, como en este caso.

Black –que se vio una semana atrás en el Teatro Fernán Gómez de Madrid y se verá el próximo 6 de mayo, en el Centre Cívic Sagrera La Barraca, en Barcelona– es una de las dos piezas coreográficas que Oulouy expone a ojos nuevos durante esta primavera. La otra puesta con la que también se presenta en estos días es The Very Last Northern White Rino (El último rinoceronte blanco del norte), dirigida por Gastón Core, sobre la amenaza de extinción que pende sobre los últimos individuos de una especie de rinocerontes única en África oriental (próximas actuaciones, fechas y lugares, aquí).

¿Quién es Oulouy? Podría ser la siguiente pregunta que se formule el mismo espectador boquiabierto frente a su danza conmovedora, hecha de calle de asfalto, pero también de intimidad. Su nombre es Yao Dapre Georges Nicol (él mismo nos escribe su nombre completo en un mensaje), nació en 1990, en Costa de Marfil y salió de Abiyán, con casi 12 años, el mismo día en que se producía un golpe de Estado que sumió a su país en unos años turbulentos. De hecho, a causa de la revuelta militar de septiembre de 2002, el avión que había reservado su padre para llevárselo a vivir con él a Europa, no despegó aquel día y tuvo que esperar a una reprogramación de vuelos. Sin embargo, Francia, que era el país donde su padre trabajaba desde hacía tiempo como ingeniero, seguiría allí, en la misma geografía de la vieja metrópolis, para los descendientes de las excolonias del África Occidental. En París creció Oulouy, que es el nombre artístico que el bailarín de break dance escogería más de diez años después, ya viviendo en Barcelona, su primera elección propia.

En Barcelona, durante años, fue uno de los chavales de la explanada del MACBA o en el ‘Arc de Triomf’, que, frente a los altavoces portátiles, intercambiaban destrezas del ‘coupé decalé’ y de los zapateos sudamericanos

“Siempre había bailado, pero recién en España dejé la empresa de marketing con la que me había instalado, junto con mi socio, y empecé a bailar profesionalmente”, nos confiesa Oulouy (en Instagram: @enfantdesbois), también codirector del festival I Love This Dance. Su tono risueño, al otro lado del teléfono, contrasta con ese hombre de gesto profundamente serio que baila la violencia en Black. En el diálogo, recorre sintéticamente su vida, de la que forman parte la música y un vínculo natural con su cuerpo, el footwork –la especialidad del trabajo con los pies que es de sus ejercicios preferidos– y la infancia vivida en distintas ciudades de Costa de Marfil. Quizá por eso también conoce bien de qué culturas étnicas proviene y cuál es su lengua honda, materna (en su caso, la baouléaunque tenga raíces adjoukrou), junto con la danza, que siempre lo ha acompañado.

Oulouy, en un momento del espectáculo 'Black'.
Oulouy, en un momento del espectáculo ‘Black’.ÁFRICA MOMENTS

“El baile es el idioma escondido del alma”, nos advierte, mientras recuerda con gracia su asombro ante el cambio de protocolos educativos que conoció al llegar a Francia. Allí vio que los escolares podían hablar a los profesores casi de igual a igual, sin recibir una colleja, algo habitual en las escuelas primarias marfileñas en su memoria, en cuyas aulas había una autoridad incontestable. “En Costa de Marfil, el maestro te podía dar una colleja y, luego, cuando se enteraba tu padre, te daba otra”, ríe Oulouy. Lo cuenta sin acritud porque dice entender que esto forma parte de la cultura y que nunca le molestó. Tras el instituto, estudió una carrera informática y siguió consagrando todo el resto del tiempo a las danzas urbanas y al hip hop, que lo llevaron a Londres, a aprender en la House Dance. Pero en el cuerpo traía las danzas zulúes y los ritmos congoleños, y en lugar de camuflarlos, los incorporó a su estilo.

En Barcelona, durante años, fue uno de los chavales que se encuentran en la explanada del MACBA o en el Arc de Triomf; chicos y chicas de todos lados, –españoles, latinoamericanos, marroquíes y otros africanos– que, frente a los altavoces portátiles, intercambiaban destrezas del coupé decalé y de los zapateos sudamericanos. Poco a poco, Oulouy empezó a dedicarse a la danza como profesión y a dar clases.

Tras el 25 de mayo de 2020, cuando George Floyd murió asesinado bajo una rodilla policial en una calle de Minesota (EE UU), el panorama mundial de la negritud cambió de repente; surgió el movimiento #BlackLivesMatter y la adhesión fue inmediata, desde todos los rincones de la Tierra. “Eso unió a comunidades que no tenían la misma experiencia frente al racismo, porque en Francia no vienen de la esclavitud y, en cambio, hay cosas cotidianas, no tan frontales, a las que uno no les daba tanta importancia, que cobraron fuerza”, explica el artista. Como lo suyo es la danza y el freestyle, comenzó a improvisar en homenaje a Floyd, y así surgieron los primeros pasos de Black, una obra concebida en un primer momento para el certamen Burgos-Nueva York de danzas urbanas, en su edición de 2020, del que finalmente salió con un segundo premio y 2.000 euros en el bolsillo.

Tras el galardón de Burgos, vinieron una gira con los finalistas, la producción de Africa Moment y, entre otros, el Festival Grec, que lo impulsaron a continuar alimentando ese trabajo. Para Oulouy, no solo fueron las coreografías –en este caso, ensayó únicamente determinadas transiciones para dar lugar a la improvisación en los durantes– sino que se abocó él mismo al montaje de un vídeo que muestra imágenes sobre canciones. Una de ellas es la desgarradora Strange Fruits, que popularizó Billie Holiday en los años 30, para hablar las personas negras que aparecían colgadas de los árboles de los estados del sur de Estados Unidos, como “frutos extraños”. Él eligió la versión de Nina Simone, que canta descarnadamente aquello de que la sangre de esa gente teñía hojas y raíces: en ese pasaje, el bailarín prefiere quedarse tirado en el suelo, “porque ese tema me remueve mucho y me cuestiono, y prefiero no bailarlo, respirarlo y dar al público más aire para proyectarse y pensar”.

A Oulouy no le cabe duda de que todos los estados de ánimo pueden bailarse: “Ese es, justamente, el viaje de las danzas urbanas que permiten la improvisación, de donde puede surgir rabia o tristeza, porque hay movimientos que permiten canalizar esas emociones que cuesta expresar con la boca”, asegura.

En algunos movimientos de Black, el espectador puede incluso evocar ritmos del folklore sudamericano, como el malambo. Oulouy asiente, porque en Perú aprendió el zapateo afroperuano. “He ido muchas veces a América del Sur, en particular, a Lima y a Cincha, donde uno se siente más en casa que en Europa, especialmente por el vínculo de la gente con la música y el baile, o con las comidas (el mafé es como el pollo con maní) y donde se sienten cosas parecidas a las de África: esa opresión o afección mental que se plasma en un sentimiento de inferioridad con respecto a Europa, o en las propias segregaciones basándonos en las distintas gradaciones del color de piel”. También sucede en el Caribe, según ha podido comprobar: “En la República Dominicana les dicen ‘rubias’ a las mujeres con piel un poco más clara”, comenta.

No obstante, ahora estamos en otra época. En efecto, Oulouy cree que muchas cosas han cambiado gracias a que los chicos y chicas negras ven que otros como ellos logran cosas sin cambiar lo que son y quizá a esto ayuden redes como Instagram. Y, por supuesto, todo es diferente después de episodios tan dolorosos como el de George Floyd, que los ha hecho unirse en un orgullo nuevo: “Somos negros, ¿y qué?”, concluye.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/africa-no-es-un-pais/2022-05-05/oulouy-baila-para-reivindicar-la-lucha-contra-el-racismo-y-el-cuidado-del-medio-ambiente.html

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Opinión | El ritual escolar: La reconstrucción del ritual

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Los componentes del ritual escolar, por ancestrales que sean, se ven día a día puestos a prueba por la realidad cotidiana.

En este mundo complicado, la escuela recurre a sus componentes más antiguos y perdurables para fungir como cohesionador social. Esos componentes conforman un ritual ancestral que desde la antigüedad ha encontrado la forma de preservarse. En él, el aprendizaje es vivido como juego; la comunidad que lo conforma funciona como un verdadero laboratorio de roles sociales donde se experimenta con todas las formas de relación a que da pie la cultura; además, como punta de lanza de lo anterior, va el llamado a la verdad, al cual todos los miembros de esa comunidad responden como objetivo común, fluyendo unidos, no de manera homogénea sino con energía muchas veces turbulenta. Esta energía encuentra su cauce gracias a un cuarto componente del ritual: la disciplina, que envuelve y da forma; no una forma estática sino dinámica, un cauce móvil y cambiante, firme y a la vez flexible, cuyo principal atributo es contener a la comunidad creativamente.

Además de estos cuatro componentes, hay otro elemento que insiste en tocar a la puerta y participar de ese ritual legendario. Estoy hablando de la comunicación humana. Darle el lugar que reclama puede desatar polémica. Byung-Chul Han (el ya imprescindible filósofo coreano) habla de los rituales orientales como hechos meramente formales que unen a una comunidad sin necesidad de que entre sus miembros medie la comunicación. Se basan en la repetición de gestos milenarios cuyo significado, si alguna vez lo hubo, se ha perdido en el tiempo.

A los occidentales nos es difícil concebir que haya seres humanos que se reúnan sin que entre ellos circule ningún mensaje (para empezar, el de la voluntad de estar juntos). Sin duda nos identificamos plenamente con aquella visión que a mediados del siglo XX decretó categóricamente que Todo comunica (todo absolutamente, ya sea de forma consciente o inconsciente); además hemos hecho profundamente nuestra la idea de que la comunicación abre entre nosotros una oportunidad de avance y crecimiento. La visión de Han y la de que todo comunica, cada una con sus aciertos, muestran la necesidad de cuestionarnos los alcances de una comunicación que nos impulsa siempre hacia adelante, así como los de la repetición, que nos convoca hacia el pasado, al origen.

Descomposición

Los componentes del ritual escolar, por ancestrales que sean, se ven día a día puestos a prueba por la realidad cotidiana. Con respecto al juego, por ejemplo, todo lo que los alumnos estudian en la escuela (y que podría ser fuente de gran placer) amenaza con volverse aburrido y desanimar al más entusiasta (David Strogatz, divulgador ameno como pocos, coloca a las matemáticas que se aprenden en la escuela en el lado “serio” de esa disciplina, dejándolas fuera del lado lúdico, cultivado en espacios más divertidos).  También el ejercicio de roles sociales, que podría volvernos verdaderos expertos en las relaciones con los demás, se vuelve con frecuencia una interacción artificial, cuando no cruel, capaz de vulnerar nuestras habilidades sociales. Asimismo, el llamado a la verdad ―que nos conduce por el camino del conocimiento, revelándonos los límites de éste y ayudándonos a convivir con la incertidumbre― se nos ofrece, en cambio, como llamado a la ley universal, única forma verdadera de saber, la cual nos promete un mundo terminado, una verdad definitiva. En este mundo de propósitos fijos, la disciplina puede volverse mordaza inflexible, y en muchos casos (cada vez más) látigo para autoflagelarse, auto-encauzarse e impedirse a uno mismo el proceso natural de transitar entre lo claro y lo oscuro, lo recto y el descentrado, la rutina y la aventura, la protección y el riesgo.

El sexto componente

Los humanos somos seres antinómicos: de cada cosa admitimos dos o más verdades opuestas. Esto más o menos lo podemos sobrellevar en nuestras relaciones humanas, opiniones políticas y creencias religiosas, y en materia de filosofía y arte; sin embargo, se vuelve verdaderamente catastrófico cuando nos topamos con que incluso en el campo de las ciencias exactas existen leyes mutuamente excluyentes. Tal es el caso de las de la física cuántica y la física clásica, que siendo opuestas entre sí, han sido demostradas ambas (los científicos afirman que es cosa de tiempo el que se resuelva esta antinomia y se recomponga la unidad de lo existente, pero como explica el premio Nóbel de Física, Eugene Wigner, nada garantiza que las antinomias científicas desaparezcan algún día).

Edgar Morin ―en un esforzado intento por rescatar nuestra racionalidad― desarrolla la teoría de la complejidad, partiendo del hecho de que nos hallamos en un archipiélago de certezas rodeados de un océano de incertidumbre. Para él ―así lo entiendo― los seres humanos podemos usar esas escasas certezas para construir balsas con las cuales aventurarnos en un mar cuyas leyes nos son desconocidas (empresa que, al menos para mí, guarda gran parecido con la Odisea homérica). Søren Kierkegaard ―quizás más realista, aunque parezca broma decirlo― habla de saltos de fe en el vacío, gracias a los cuales el vasto mar se vuelve navegable; una imagen parecida ―en este caso circense― es aquella de “salta y aparecerá la red”, que algunos atribuyen a la sabiduría zen.

Por su parte, Erich Fromm piensa que sólo el Amor (misteriosa fusión entre realidades distintas sin que pierda lo esencial cada una) puede relevar a la razón cuando ésta se encuentra con sus límites; según él, si la razón es verdaderamente razonable, entrega de forma voluntaria la estafeta del conocimiento a ese invisible relevo. Si, siguiendo estas ideas, damos al amor un lugar entre los componentes del ritual, hallamos en él la capacidad de recomponer la esencia de lo escolar cuando ésta se enfrenta a una cotidianeidad muy poco familiarizada con la incertidumbre.

Para dejar claro que en mi visión el amor dista mucho de ser un sentimiento exclusivamente protector y debilitante, quiero recurrir en primer lugar a la imagen de él como una fuerza capaz de cuestionarlo todo; cuestionarlo hasta sus últimas consecuencias, sin destruirlo, sino al contrario, afirmando infinitamente su integridad dentro de un proceso de diálogo. Así, frente a un tipo de enseñanza/aprendizaje que aspira al dominio de la realidad y a la acumulación de certidumbre en aras del perfecto conocimiento, el amor pone de realce el valor que tiene el aprendizaje por sí mismo, como juego, descubriendo en lo improductivo una poderosa fuente de sentido para nuestra vida (el no hacer, el no intervenir sobre la realidad para modificarla, es la base de una de las filosofías más antiguas y vigentes en nuestros días: el taoísmo; si el lector no reconoce la actualidad de este nombre, piense en uno de sus conceptos fundamentales, el de YinYang). El amor nos consuela y nos permite aflojar las fuerzas ahí donde la frustración de no ser seres completos, de ser un todo al que le falta algo, nos aterroriza.

A la vez, el amor cuida de que no renunciemos a todo saber productivo y hagamos del juego una nueva adicción: la adicción de participar, es decir, de sentirnos parte de la comunidad y perder en ella nuestra individualidad, ansiosos de seguir participando siempre; de perdernos en el significado del todo y sacrificar lo nuestro. El amor nos reactiva y nos aparta de la necesidad de dispersarnos en el conjunto para deshacernos por fin de esa obligación que tanto nos persigue: la de ser alguien. Es bien sabido que la premisa que sostiene el éxito de los casinos es que la gran mayoría de los jugadores sólo quiere ganar para seguir participando. En cambio, el buen jugador tiene un plan para sí, que le permite retirarse. El amor es un vaivén entre un yo que se encierra cada vez más en su potencial interno y un yo que anhela extraviarse en un juego infinito.

Si hablamos ahora del ejercicio de los roles sociales, el amor conoce, respeta y cuida de los otros; es capaz de alegrarse con ellos y acompañarlos hasta precipicios insospechados o de responderles con un enojo y un rechazo desmesurados, sin jamás destruirlos. El amor de quien educa permite que el estudiante se desarrolle en todos sentidos, con sus múltiples emociones, ideas, intenciones, palabras, y ofrece a todas ellas una motivación y un resguardo. Protege y da libertad. Está atento, cuida. Responde por lo que el estudiante ha hecho. Y le pone límites (a veces drásticos y hasta dramáticos) para permitirle detenerse (en el caso del bullying, el amor ―atento y cuestionador― identifica no sólo la agresión explícita sino también la agresión pasiva, que puede ser tan destructiva como la otra).

Con respecto al llamado a la verdad, el amor ―como hemos dicho― permite que al conocimiento se le valore por sí mismo, como juego, y también como motivo de unión. El juego es aglutinante y el intercambio social es confrontador; por su parte, el llamado a la verdad hace que la energía de ambos se canalice y confluya hacia un punto: nos reúne, vuelve a tender entre nosotros un lazo unificador, no para vigorizar el ansia de conocer (ni ninguna otra ansia) sino para permitirnos compartir con los demás nuestro conocimiento, en el entendido de que toda verdad es común. En este diálogo, la ciencia ―que siempre ha querido otorgarnos verdades comunes― es perfectamente bienvenida como uno más de sus participantes. En realidad, todos podemos acudir a él; el llamado sólo pide de cada uno de nosotros “autenticidad”, es decir, correspondencia entre el pensar, el sentir y el actuar.

(Continuará…)

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/ritual-educativo-reconstruccion-del-ritual

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Documental sobre la presencia cubana en África nominado para premio en importante festival de EEUU

«Cuba en África», del realizador etíope-estadounidense Negash Abdurahman, competirá en la categoría al Mejor Cortometraje Documental del 30 Festival Panafricano de Cine y Artes (PAFF) de Los Ángeles, California.

El documental Cuba en África, del realizador etíope-estadounidense Negash Abdurahman, fue nominado en la categoría al Mejor Cortometraje Documental del 30 Festival Panafricano de Cine y Artes (PAFF) de Los Ángeles, California, según informan medios oficiales en la Isla.

La cinta, de 22 minutos de duración, está incluida entre las 44 obras que compiten este año en seis categorías en el prestigioso evento cinematográfico, que tiene lugar en esa ciudad estadounidense del 19 de abril al 1 de mayo, de acuerdo con un reporte de la agencia Prensa Latina (PL).

«La lista de películas de este año refleja los tiempos en los que nos encontramos. Muchos se centran en cuestiones de justicia social como la igualdad de género, las relaciones entre la policía y la comunidad y las normas de estilo de vida cambiantes», dijo el gerente general de PAFF, Asantewe Olatunji, citado por el medio.

Varios de los filmes del PAFF 2022 se centran en personajes y héroes conocidos y, a veces, en otros cuyas «historias contadas por su propia gente brindan una nueva perspectiva de la historia y una visión de nuestro mundo» añadió Olatunji, según la agencia de noticias.

Cuba en África tuvo su premiere en La Habana el pasado 1 de abril, y entre sus méritos está la capacidad de conectar desde el primer momento con los sentimientos, llega al corazón, asegura la fuente.

Abdurahman afirmó, de acuerdo con PL, que solo fue el mensajero que mostró la historia no contada de más de 420 000 cubanos, entre soldados, maestros, ingenieros, médicos, enfermeros…, muchos de los cuales dieron hasta lo más preciado y precioso: sus vidas por la independencia de África.

Es así como transcurren frente al espectador importantes momentos de la misión internacionalista revolucionaria de Cuba de 1976 a 1991, decisiva para ganar la soberanía de Angola y Namibia y asegurar el desmantelamiento y la derrota del apartheid en Sudáfrica, recuerda el medio.

El relato cobra vida en la voz de algunos de los protagonistas y comienza en Angola con un hilo conductor que narra, en detalle y desde diferentes perspectivas, la presencia de los internacionalistas cubanos en el continente africano, precia PL.

El documental se basó en una exhaustiva investigación del autor, quien superó muchos obstáculos para lograr su objetivo, y de esta forma la epopeya de Cuba en África llegó a la pantalla, recuerda la publicación.

La nota de PL destaca que «la perspectiva humana destaca en este material audiovisual que tiene como bandera la verdad. Una verdad silenciada o tergiversada en los grandes medios de comunicación. Se ha hecho durante tantos años y es muy difícil cambiar eso en un solo día, expresó a Abdurahman a PL.

PAFF es el festival de cine afro-americano más grande de Estados Unidos, y en esta ocasión regresa al Cinemark Baldwin Hills, de Los Ángeles, para proyecciones presenciales.

Se exhibirán más de 200 películas de 55 países, en 18 idiomas, que incluyen 58 estrenos mundiales y 32 norteamericanos. Muchos títulos también estarán disponibles virtualmente, asegura PL.

Fuente: https://oncubanews.com/cultura/documental-sobre-la-presencia-cubana-en-africa-nominado-para-premio-en-importante-festival-de-eeuu/

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La sociedad se acomoda en la indiferencia, como en un confortable sillón.

Por: Carolina Vásquez Araya

La sociedad se acomoda en la indiferencia, como en un confortable sillón.

Regresando al sabio consejo de las páginas del diccionario, podemos establecer con cierta certeza que “la ética se relaciona con el estudio de la moral y de la acción humana. Que su concepto proviene del término griego ethikos, que significa “carácter”. Que una sentencia ética es una declaración moral que elabora afirmaciones y define lo que es bueno, malo, obligatorio, permitido.” Es decir, se trata de una cualidad supuestamente intrínseca del ser humano como parte de una sociedad dentro de la cual tiene responsabilidades y compromisos.

Por ello resulta incomprensible y decepcionante la realidad del entorno social y cultural en países del tercer mundo como los nuestros, en donde predomina el egoísmo, la pérdida de sensibilidad humana y la indiferencia con tal de eximirse de participar en acciones capaces de restablecer el orden, proteger los valores, luchar contra la injusticia y propiciar la construcción de marcos legales sólidos y estables. En América Latina hemos experimentado la violencia política, pero también hemos recuperado libertades a partir de movimientos ciudadanos que han sido capaces de revertir el curso de la historia y darnos otra esperanza de progreso y paz.

Esto significa que cuando la sociedad se mantiene alerta y consciente de su papel, es capaz de transformar un sistema de represión y muerte en uno de desarrollo y esperanza. Por esta razón, cuando uno de nuestros países cae en la aceptación del abuso constante de sus entes más poderosos, provoca un terrible desasosiego; una sensación de náusea, un golpe en pleno esternón. Es ahí en donde se manifiesta el desinterés por el destino de un país y de una sociedad de la cual pretendemos desvincularnos emocionalmente para refugiarnos en nuestro pequeño espacio de dudosa seguridad. ¿Cómo no dudar de si este conglomerado humano tiene un corazón que late bajo esa coraza de indiferencia?

Las noticias aparecen, se repiten durante algunos días abundando en detalles nuevos, y luego nada. Simplemente hay otra, tan impactante como la anterior, minuciosamente descrita con ese lenguaje profesional que practicamos a diario los periodistas elevándolo a las alturas de la perfecta esterilización emocional. Todo pasa y el olvido se instala pronto. ¿Acaso tenemos la culpa de haber anestesiado la conciencia colectiva? Ha de ser así: una cuestión de clase, color o tono de voz, un rasgo del carácter o un gen oculto en un minúsculo infinitesimal cromosoma, porque de otro modo sería simple maldad.

¿Es que esta comunidad humana sabe lo cara que resulta la indiferencia? ¿Sabrán las niñas raptadas por una red de trata que había vecinos conscientes de su situación pero no intervinieron porque no era asunto suyo? ¿Quizás pensaban que pertenecían a quienes las explotan así como otros creen que los niños abusados les pertenecen a padres que los torturan?

La denuncia no es una cultura socialmente aceptada, es una de las ataduras de la historia, en donde la ética se disuelve. La idea de ser responsable en la construcción de una sociedad justa no termina de calar en mentes ni corazones almidonados de prejuicios. Si no se actúa para rescatar a una víctima de violencia, menos aún para rescatar a un país de la corrupción. Más fácil es hacerlo para reclamar por el estruendo de una fiesta. Menos comprometedor. Mucho menos.

Somos reflejo de nuestros valores, pero también de nuestros prejuicios.

Fuente de la información e imagen: https://insurgenciamagisterial.com

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Informe sobre estado de la educación artística en Chile revela brechas para potenciar esta actividad

El Coordinador para Chile de Cultura de la UNESCO se refirió al diagnóstico publicado esta semana luego de diez años de trabajo y abordó sus conclusiones, cuando desde la Organización advierten sobre las persistentes inequidades que impiden el desarrollo de la educación artística en el país.

El diagnóstico “Voces de la Educación artística en Chile. Análisis de un proceso participativo” publicado recientemente por el Foro Nacional de Educación Artística, realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) con el apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile, reflejó una serie de brechas de la educación artística que afecta a la población más vulnerable del país.

Específicamente, en el informe se detallan cuatro brechas que deben subsanarse para potenciar esta especialidad y se refieren, en primer lugar, a la existencia de problemas de acceso desigual a la cultura y a la educación artística; seguido por un sesgo centralista en la toma de decisiones que afectan, principalmente, a las regiones del país; un tercer aspecto aborda las brechas disciplinarias de las artes; y, en cuarto lugar, el hecho de que el sistema educativo en Chile presenta debilidades estructurales para el desarrollo de esta materia artística.

En conversación con Diario y Radio Universidad de Chile, el Coordinador para Chile de Cultura de la UNESCO, Nicolás del Valle, explicó que este Foro se cultiva en el marco de esta colaboración entre la Unesco y el Estado chileno a través de sus Ministerios de Educación y Cultura, luego de un proceso de más de una década destinado a promover la educación artística en el sistema educativo formal, pero también en los ámbitos de educación no formal asociados a los espacios culturales como museos, bibliotecas, archivos, centros culturales, festivales del tipo culturales, entre otros casos.

“Este trabajo de más de diez años coincide con el llamado de la Unesco, a nivel global, para conmemorar la Semana Internacional de la Educación Artística en todos los países. En este contexto, el Estado chileno liderado, en ese entonces, por el Ministerio de Educación y el Consejo Nacional de las Culturas y de las Artes tomó esa convocatoria de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, y comenzó a celebrar la Semana de la Educación Artística en mayo de cada año. Y eso termina en que, este año 2022, se cumplen diez años de esa conmemoración”, detalla del Valle.

Nicolás Del Valle - UNESCONicolás del Valle.

Y señala que otro ámbito que se abordó en el Foro “radica en los severos impactos socioeconómicos de la pandemia del Covid-19 sobre el sector educativo y el sector cultural en específico”. Además, el Coordinador para Cultura agrega que “la Unesco ya ha constatado, primero a nivel global pero también a nivel nacional, que los impactos han sido muy severos. En ese sentido, era necesario revisar y diagnosticar de manera colaborativa con las personas, las comunidades y los agentes interesados cuál era la situación de la educación artística en concreto luego del impacto de esta pandemia”.

Además, Nicolás del Valle menciona que un tercer antecedente para elaborar este informe “es que, justamente, el 2022 pierde la vigencia el documento de Política Nacional de Cultura, que es entre 2017 y 2022. Al mismo tiempo, las políticas sectoriales relacionado con lo audiovisual, libros, fomento al lector, entre otras, también tienen que ser reformuladas para los próximos años”.

En ese sentido, sostiene que estos hechos presentan “una ventana de oportunidad para proveer algunas orientaciones de política pública y toma de decisiones en el marco de esta reformulación de las políticas nacionales, para poder concebir y poner de relieve el rol y el papel que cumple la educación artística”.

Y en cuanto a las brechas disciplinares de las artes, el documento señala que éstas también afectan la educación artística en el país. En ese sentido, profundiza sobre la valoración política y social de las artes, y sostiene que la figura del artista es inferior en Chile, si se compara con otras profesiones u oficios, lo que se refleja en la precariedad, bajos salarios, la informalidad de los contratos laborales, la ocupación intermitente y, como un resumen de lo anterior, la falta de seguridad social y laboral, a pesar de algunos avances en la materia.

En la misma línea, en el informe también se critican los bajos recursos que son destinados al financiamiento de las artes y la cultura en el país, que reflejan una asimetría en el valor de las disciplinas, situación que se agrava con el rol secundario que las artes, actualmente, tienen en el currículo, en la cultura escolar y en el diálogo con las comunidades. En ese sentido, existe un vacío el relación a los métodos de evaluación de la educación artística, y una brecha entre las disciplinas que priorizan, principalmente, las artes musicales y visuales.

UNESCO - Voces de la educación artística en Chile 2Fotografía: “Voces de la Educación artística en Chile. Análisis de un proceso participativo”

En las conclusiones finales, los participantes de la investigación apuntan a que los cambios políticos y sociales que actualmente atraviesa el país son instancias que proporcionan una oportunidad única para el mejoramiento de la institucionalidad cultural y del sistema educativo, que permita el cumplimiento de sus objetivos y el desarrollo sostenible.

Asimismo, destacan que la Convención Constitucional posee las facultades que permiten reconocer a la educación artística como un derecho garantizado por el Estado de Chile, así como el carácter pluricultural de la Nación. Incluso, señalan que el Proceso Constituyente es una oportunidad para la autonomía y para que las regiones de país elaboren, de manera específica e individual, contenidos educativos que se ajusten a sus territorios e identidades locales.

En este contexto, los documentos resultantes del proyecto tienen como objetivo informar la discusión pública, y al ser consultado sobre un eventual rol del Proceso Constituyente que permita revalorizar la educación artística, Nicolás del Valle señala que “evidentemente estos documentos puedan informar la toma de decisiones al interior de la Convención Constitucional. Son insumos para la discusión pública para tomadores de decisión en diferentes ámbitos”, y agregó que esta importancia se rige “no solamente en un Gobierno central ni en los Gobiernos regionales o locales, sino también tomadores de decisiones en un espacio cultural, en un establecimiento educativo o también en la elaboración de normas en la propia Convención Constitucional”.

Incluso, el Coordinador para Chile de Cultura de la Unesco destacó que estos documentos “reconocen a la educación artística como un derecho cultural, como un elemento clave”, y aseguró que éstos no sólo reconocen el derecho a la educación como un derecho social, sino también al conjunto de derechos culturales que se encuentran en estamentos normativos a nivel internacional.

“Esto también es interesante porque, primero, se promueve a la educación artística como un derecho universal y, segundo, también se promueve como un factor necesario para poder realizar el derecho social de la educación”, subraya Nicolás del Valle, y añade que “estos documentos proveen de una visión, de un paradigma educativo en torno a la educación artística, y esta concepción de la educación artística está asociada a un enfoque de derechos. Es una concepción de la educación mucho más integral que actualmente está siendo considerada por los convencionales al interior de la Convención”.

Fuente: https://radio.uchile.cl/2022/02/11/informe-sobre-estado-de-la-educacion-artistica-en-chile-revela-brechas-para-potenciar-esta-actividad/

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Praxis emancipadora congelada

Son muy extensas y diversas las bibliografías especializadas; son incontables las convenciones, asambleas y convenios internacionales; abundan las reuniones nacionales, las leyes y los acuerdos… se ha dicho mucho, muchísimo. Una y mil veces ha quedado de manifiesto la importancia y la trascendencia de garantizar el derecho de los pueblos a una Cultura y Comunicación libres, diversas y soberanas; se ha advertido el peligro de la dependencia y la infiltración en estructuras de la vida social tan sensibles y estratégicas y se ha subrayado la prioridad política acuciante que va expandiéndose geopolíticamente tratándose de la expresión de los pueblos genuina, compleja y multicolor. Y sin embargo crece la monopolización de las herramientas de producción y de las semánticas. Crece el control sobre los canales de distribución y sobre las instituciones educativas. El modelo odioso del “discurso único” ha dado pasos agigantados desde el final de la Segunda Guerra Mundial y lo que debiera haberse consolidado como derecho inalienable, se ha reducido a mercancías. Sálvense todas las excepciones.

Algunos países mantienen posiciones “intermedias” y tratan de avanzar con modelos de cultura y comunicación fragmentados, poco duraderos y generalmente decorativos. Otros países han liberado el terreno para que las industrias mediáticas y culturales hagan de las suyas al antojo del “mercado”. Y, los menos, han comprendido la responsabilidad de garantizar a sus pueblos una producción cultural soberana, coherente con la soberanía económica, tecnológica y política. Algunos ejercicios jurídico-políticos han elaborado leyes y reglamentos de gran valor para asegurar la libertad y genuinidad de la Cultura y la Comunicación como productos de la democracia participativa.

Pero ni con los mejores aportes se ha conseguido fundar una corriente mundial en defensa de la Cultura y la Comunicación emancipadoras y, todo lo contrario, nuestros atrasos en tales materias hoy constituyen una de nuestras más grandes debilidades y derrotas. Estamos entregando “malas cuentas”.

Ha proliferado un número enorme de buenas ideas. La UNESCO hace informes periódicos sobre iniciativas diversas y no son pocos los frentes de militancia que, aún minoritarios, se esfuerzan por impulsar un movimiento de acción directa para luchar contra la manipulación simbólica que se ejerce en los territorios de la Cultura y los latifundios mediáticos. Aquí y allá hablan los expertos, los profesores y los estudiosos. Hay discursos históricos y poemas emocionantes. Hay documentales, series televisivas y podcasts con materiales inéditos y con hallazgos estremecedores. Pero la realidad no se transforma como debiera ni en su semiosis, ni en su extensión, ni en su velocidad.

Tenemos dificultades teóricas y metodológicas. Algunos frentes fijan como meta de coyuntura la “resistencia”. Otros, más golpeados (o colonizados), abogan por la supervivencia individual y se amoldan a los subsidios, las becas, las prebendas o las canonjías. Algunos aguardan, hegelianamente, que el gobierno de los ilustrados derrame sapiencia y eso ennoblezca al pueblo. Otros francamente se entregan a la Cultura y la Comunicación de élite (como Octavio Paz y su palafrenero Vargas Llosa) y descreen en la fuerza de los pueblos como motor, incluso cultural y comunicacional, para su emancipación. No faltan los teóricos muy atentos al mundillo de las parrafadas doctas y muy indiferentes a la realidad cruda de un mundo donde sólo el 20% de los seres humanos posee la riqueza que produce el 80%. Estas “posturas”, cada una o combinadas, constituyen algunas de las “políticas” que priman en el escenario de las condiciones objetivas y subjetivas. Y a eso hay que añadir los tintes de las modas que una vez son adoradoras de las “artesanías” o de las “riquezas culinarias”; otras veces aman con pasión a las tecnologías y frecuentemente se deslumbran con la obra de algún artista o intelectual bien cotizado en los mercados. Y le llaman amor a la Cultura y a la Comunicación. Algunos elegidos cuentan con becas para lustrar sus “políticas culturales” reformistas, tarde o temprano.

De las condiciones reales de existencia de los trabajadores de la Cultura y la Comunicación, poco o nada se interesa el aparato burocrático, ni las iglesias, ni el voluntariado empresarial “culto”. No les interesa si los productores de Cultura y Comunicación ejercen plenamente sus derechos laborales o si cuentan con coberturas jubilatorias, médicas o recreativas. Si tienen apoyo para elevar los niveles semánticos, técnicos o estéticos. Si hay oportunidades y condiciones para sindicalizarse y defender, además de sus intereses laborales, los intereses de la clase trabajadora. En suma ascender al punto en que el productor de Cultura y Comunicación se conciban como clase trabajadora. Todo lo contrario la concentración monopólica en Cultura y Comunicación, como extensión práctica de la ideología de la clase dominante, se esmera puntillosamente en impedir, bloquear, disuadir o destruir toda forma de organización; en todo terreno. Eso también se ha vuelto cultura dominante.

Esto es un campo problemático, estructural y super-estructural, de primera importancia y son abundantes las advertencias sobre los peligros y las consecuencias de seguir manteniendo parque jurásico de monopolios parásitos que nos agobia y que, además de costosísimos, operan con espejismos e ilusionismos anestésicos para que las víctimas, además de financiar las máquinas de guerra ideológica del enemigo, aprenda a aplaudirles sus victorias alienantes. El colmo de los colmos. Hay “fundaciones culturales” que los gobiernos neoliberales entregaron al neoliberalismo bancario, y las usan para todo tipo de desfalcos intelectuales y financieros. Abominable.

Urge un mapa de las fuerzas en lucha por una Cultura y Comunicación emancipadoras. Urge un frente único que nos una en una batalla de trascendencia y complejidad enormes. Nos urge lo mejor de nuestra praxis pero organizada, puesta en rumbo de acción para desmantelar el aparato demencial de colonización capitalista que está atacando desde las raíces de nuestras identidades hasta formatearnos conductas, gustos serviles a la explotación económica, política, cultural y emocional. Nos urgen organización eficaz y eficiente, con instrumentos político-científicos para una Revolución Semiótica. Para la emancipación de la semiosis y la democratización de las herramientas de producción de sentido.


Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
, Director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride Universidad Nacional de Lanús. Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad. Miembro de la Internacional Progresista. Rector Internacional de la UICOM. Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social)

Fuente: https://rebelion.org/praxis-emancipadora-congelada/

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Covid-19 y una cultura resiliente

El 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud reconoció como pandemia la enfermedad ocasionada por el virus SARS-CoV-2, el terreno cultural salió de la escena tradicional y la industria del arte debió asumir nuevos derroteros.

Los artistas debieron plantearse un cambio radical y de primera mano que garantizara la subsistencia espiritual y económica, diera visibilidad a su trabajo y al mismo tiempo, fuera un acicate para el alma ante la alerta de una crisis mundial contra todo pronóstico.

La propagación del virus exigió cuarentenas, distanciamiento social, amenazas a los sistemas sanitarios y financieros, pérdidas de vidas humanas. Sin embargo, el caos dio paso a la innovación ante el cierre de museos, cines, teatros, la cancelación de festivales, conciertos y la diezmada vida cultural de las naciones.

Desde entonces emergieron alternativas para construir un entorno más incluyente y transversal. El confinamiento devino desafío creativo que llevó a elaborar materiales y proyectos, y profundizar en la recuperación de las artes y su nueva concepción.

Los llamados NFT (Non-Fungible Token) o cripto arte lograron efervescencia durante este tiempo, al igual que las exposiciones inmersivas, uno de los formatos con evidente alza con el cual el arte cobró una perspectiva diferente e interactiva por intermedio de sonidos, luces, imágenes y colores.

También los espectáculos con hologramas cobraron auge y adeptos, pues fue una peculiar forma de que los melómanos pudieran apreciar en la escena a sus cantantes preferidos, algunos muertos, desde la proeza tecnológica de la tercera dimensión.

La música se aferró a las nuevas tecnologías para garantizar su supervivencia. El streaming devino válvula de escape para solventar la depresión del mercado musical y mantener su vigor y solvencia.

También la danza, el teatro y la industria audiovisual se auxiliaron de mecanismos virtuales para llegar hasta los hogares de los espectadores, entretenerles e irradiar en sus pantallas la realidad desde una perspectiva optimista y conciliadora.

RESQUICIOS CULTURALES

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la Covid-19 generó una crisis de proporciones devastadoras que impacta directamente en las industrias creativas y del patrimonio y, a su vez, exacerba vulnerabilidades y desigualdades del sector.

Si bien las nuevas herramientas de comunicación permitieron emprender iniciativas culturales y artísticas, la pandemia demostró las brechas de los sistemas donde no todos tienen acceso a la conectividad, ni a la divulgada diversidad cultural.

De acuerdo con el crítico cubano Rolando Pérez, en muchos casos, sobre todo en los países del nombrado Primer Mundo, el número de ofertas no aumentó la pluralidad, sino que la manipuló y se apropió comercialmente de ella, mientras hizo disminuir las opciones de las culturas nativas.

Sobre el tema, el expresidente de Colombia Ernesto Samper Pizano, en una reunión del Grupo de Puebla dedicada a valorar las iniciativas de la cultura en pospandemia, afirmó que con esta crisis “nos anticiparon el futuro”.

Pero, ¿cómo debería ser ese futuro? Lo más importante, incluso para la cultura, es la integración de América Latina y la construcción de una ciudadanía sobre el mayor patrimonio: la diversidad, aseguró.

Por su parte el exdirector artístico del teatro Colón, Argentina, Marcelo Lombardero, aseveró que el mayor desafío de la pospandemia en términos culturales para el continente es desprenderse de la mirada neoliberal.

El neoliberalismo tiende a confundir el hecho cultural con un evento, pero el hecho cultural significa la unión de las fuerzas vivas de la sociedad en un trabajo que genera vínculos, alegó el artista e investigador.

Lombardero señaló como esencial la importancia de diferenciar el arte popular con el arte comercial llevando la mirada del multiculturalismo que permite el crecimiento y florecimiento de la cultura.

Por último, convocó a tener en cuenta el rol de las instituciones culturales, para qué, por qué y para quién están; justamente, desde una mirada de reconstrucción del tejido social.

CUBA RESILIENTE

En Cuba, este planteamiento es premisa y bandera. La pandemia potencia la innovación y el espacio virtual ofrece visibilidad a la cultura comunitaria, revela nuevos talentos, proyecta iniciativas novedosas que emergen desde los hogares, la raíz y el calor del barrio y los actores sociales.

Al decir del periodista cubano Ricardo Alonso, la cultura cubana no quedó silenciosa, sino que brilló más que nunca con luz de arte y pensamiento.

No faltó desde la comunidad el escritor, el actor, el cantante, el pintor, el bailarín o el realizador audiovisual, la canción o el poema dedicado a exaltar la voluntad y consagración de científicos y personal de salud.

Tal y como expresara el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, en los difíciles años del llamado Período Especial: La cultura es lo primero que hay que salvar. Y en 2021, salvó. El crítico Pedro de la Hoz coincide con muchos analistas en la función decisiva que desempeñó el movimiento artístico en el año que acaba de concluir.

Igualmente, reconoció que es preciso reponerse ante las limitaciones vigentes, aprendiendo de lo mucho que aún tiene por ofrecer la experiencia de hacer arte y generar cultura (en toda su dimensión conceptual) en tiempos de pandemia.

Bien pudieran servir de sumario las palabras del investigador Emilio Antonio Duarte cuando planteó que la política cultural de la Revolución cubana debe ser diseñada (y en eso trabaja) con base a la ciencia y la tecnología, teniendo en cuenta la relación dialéctica entre tradición cultural e innovación.

En su artículo sobre lecciones para una Cuba pospandemia, Duarte reiteró la necesidad de involucrar para el logro de estos fines a todos los actores sociales que enriquecen la nación independiente, soberana y su identidad cultural.

arb/yrv

(*) Periodista de la Redacción Cultura de Prensa Latina

Fuente de la información e imagen: https://www.tercerainformacion.es

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