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¿Cuál es el siguiente paso en las aulas de Singapur, uno de los países con la mejor educación del mundo?

Asia/Singapur/

Singapur encabeza los rankings internacionales de calidad educativa.

Pero la siguiente etapa para optimizar su sistema educacional, va más allá.

Además de mantener el buen rendimiento académico, quiere enfocarse en que los alumnos mantengan una actitud positiva y tengan resiliencia.

Lim Lai Cheng, directora de la Universidad de Gerencia de Singapur, explica a continuación por qué el carácter es tan importante como las calificaciones.

No es fortuito que en las últimas cinco décadas Singapur haya desarrollado uno de los mejores sistemas educativos del mundo.

El camino al éxito siempre se ha centrado en las credenciales académicas, basadas en la meritocracia y el acceso igualitario.

El sistema educativo centralizado que existe en el país ha ayudado al desarrollo de la cohesión social, al establecimiento de un sentido de unidad entre las escuelas y al fomento de una filosofía que valora el esfuerzo y que muchas naciones envidian.

Pero el objetivo que fue el punto de partida en 1965, no es el mismo que existe en 2017.

SingapurDerechos de autor de la imagenISTOCK
Image captionLa calidad del sistema educacional en Singapur ha sido reconocida internacionalmente.

Diagnóstico

Las escuelas se han vuelto muy competitivas. Las familias privilegiadas tienen más posibilidades de apoyar a sus hijos con clases extracurriculares en matemáticas, inglés, baile y música.

Quienes no pueden hacerlo, dependen de la motivación de sus niños y los recursos que tiene la escuela para poder equipararse.

Esta brecha social continúa aumentando porque las directrices que han generado el reconocimiento del sistema educativo -basado en la meritocracia- ya no promueven la movilidad social que originalmente buscaban.

Por esto se está tratando de modificar cualquier elemento en el sistema que obstruya la cohesión social.

No será suficiente desarrollar una fuerza de trabajo altamente capacitada que pueda insertarse en la economía global.

El siguiente paso será, entonces, asegurar que Singapur pueda crear una sociedad más equitativa que, al mismo tiempo, pueda capacitarse en los requerimientos de la nueva economía digital.

Época de cambio

Las políticas gubernamentales se están alejando de la obsesión poco saludable de padres y alumnos de obtener buenas notas e ingresar en las mejores escuelas. Y se están enfocando en la importancia de los valores.

Padre con su hijoDerechos de autor de la imagenISTOCK
Image captionEl desarrollo de ciertos rasgos personales es tan importante como la excelencia académica.

A las escuelas se les ha alentado a eliminar exámenes, particularmente en los primeros años de escolarización, y a concentrarse en el desarrollo integral del niño.

«Diarios de reflexión» y «Anotaciones acerca del carácter» se han convertido en recursos educativos en muchas escuelas primarias, permitiéndole a los padres entender el progreso personal y social que realizan los niños.

Muchas escuelas también han incorporado al pénsum[plan de estudios] el enfoque de bienestar integral promulgado por Martin Seligan, director del Centro de Psicología Positiva de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos.

Según este modelo, la mejor escolaridad es la que incluye inculcar en los niños valores, enseñarlos a interactuar con otros, plantearse metas y trabajar para lograr alcanzarlas.

Promueve una cultura de solidaridad y confianza en la escuela. Estimula el desarrollo de emociones positivas, la resiliencia, el estado de conciencia plena (mindfulness) y un estilo de vida saludable.

Empatía y responsabilidad social

El nuevo currículo, en la educación primaria, contempla la importancia del tiempo que los niños pasen con sus padres y que éstos les inculquen los valores adecuados.

SingapurDerechos de autor de la imagenISTOCK
Image captionEl objetivo en Singapur es promover la igualdad social.

En la secundaria se promueve el programa «valores en acción», que tiene como objetivo promover la empatía, la responsabilidad social y la participación ciudadana en la comunidad.

Por ejemplo, los estudiantes trabajan en proyectos que ayuden a ancianos, a inmigrantes y a niños que se encuentran en instituciones de cuidado diario.

También se contempla la consideración del entusiasmo y la resiliencia para la admisión de alumnos en las mejores escuelas y universidades.

Para promover la igualdad, también se está tratando de distribuir los recursos de forma equitativa en todas las escuelas y de rotar a los directores, de manera que los más experimentados puedan ayudar a las escuelas que se encuentran rezagadas.

Otras medidas incluyen prestar más atención a estudiantes que tienen dificultades con el tema académico y fortalecer la capacitación técnica y vocacional.

A los medios y a las escuelas con mejor reputación se les ha instado a no «exhibir» sus logros académicos, tampoco a sus alumnos más exitosos.

Lim Lai Cheng, directora de la Universidad de Gerencia de Singapur
Image caption«Se está buscando el próximo modelo educativo en Singapur», Cheng afirma que las políticas educativas estatales están cambiando.

Más capacitación

Se puso en práctica una iniciativa llamada Habilidades Futuras, que le otorga a todos los singapurenses de más de 25 años US$350 para seguir capacitándose y desarrollar sus intereses.

También hay una base de datos que tiene al menos 10.000 cursos a los que pueden acceder los nacionales para especializarse en ciertas áreas o poner en práctica sus aficiones.

En las escuelas hay asesores que orientan a los estudiantes y los ayudan a descubrir sus habilidades y fortalezas. Tienen experiencia en diferentes áreas laborales, por lo que también exploran opciones profesionales para el futuro de los alumnos.

Así que su preparación al salir de la escuela va mucho más allá de lo que aprenden en los exámenes.

Se trata de un enfoque con énfasis en los valores y la personalidad que trata de fortalecer el vínculo entre la escuela y el hogar.

Se trata de la búsqueda del próximo modelo educativo en Singapur.

Fuuente: http://www.bbc.com/mundo/noticias-39208576

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The United States’ War on Youth: From Schools to Debtors’ Prisons

Henry A. Giroux

If one important measure of a democracy is how a society treats its children, especially poor youth of color, there can be little doubt that American society is failing. As the United States increasingly models its schools after prisons and subjects children to a criminal legal system marked by severe class and racial inequities, it becomes clear that such children are no longer viewed as a social investment but as suspects. Under a neoliberal regime in which some children are treated as criminals and increasingly deprived of decent health care, education, food and  housing, it has become clear that the United States has both failed its children and democracy itself.

Not only is the United States the only nation in the world that sentences children to life in prison without parole, the criminal legal system often functions so as to make it more difficult for young people to escape the reach of a punishing and racist legal system. For instance, according to a recent report published by the Juvenile Law Center, there are close to a million children who appear in juvenile court each year subject to a legal system rife with racial disparities and injustices. This is made clear by Jessica Feierman, associate director of the Juvenile Law Center in her report «Debtors’ Prison for Kids? The High Cost of Fines and Fees in the Juvenile Justice System.» In an interview with the Arkansas Times, Feierman said:

Racial disparities pervade our juvenile justice system. Our research suggests that we can reduce those disparities through legislative action aimed at costs, fines, fees, and restitution … In every state, youth and families can be required to pay juvenile court costs, fees, fines, or restitution. The costs for court related services, including probation, a «free appointed attorney,» mental health evaluations, the costs of incarceration, treatment, or restitution payments, can push poor children deeper into the system and families deeper into debt. Youth who can’t afford to pay for their freedom often face serious consequences, including incarceration, extended probation, or denial of treatment — they are unfairly penalized for being poor. Many families either go into debt trying to pay these costs or forego basic necessities like groceries to keep up with payments.

 According to the report, sometimes when a family can’t pay court fees and fines, the child is put in a juvenile detention facility. Such punitive measures are invoked without a degree of conscience or informed judgment as when children are fined for being truant from school. In her article in Common Dreams, Nika Knight pointed to one case in which a child was fined $500 for being truant and because he could not pay the fine, «spent three months in a locked facility at age 13.» In many states, the parents are incarcerated if they cannot pay for their child’s court fees. For many parents, such fines represent a crushing financial burden, which they cannot meet, and consequently their children are subjected to the harsh confines of juvenile detention centers. Erik Eckholm has written in The New York Times about the story of Dequan Jackson, which merges the horrid violence suffered by the poor in a Dickens novel with the mindless brutality and authoritarianism at the heart of one of Kafka’s tales. Eckholm is worth quoting at length:

When Dequan Jackson had his only brush with the law, at 13, he tried to do everything right. Charged with battery for banging into a teacher while horsing around in a hallway, he pleaded guilty with the promise that after one year of successful probation, the conviction would be reduced to a misdemeanor. He worked 40 hours in a food bank. He met with an anger management counselor. He kept to an 8 p.m. curfew except when returning from football practice or church. And he kept out of trouble. But Dequan and his mother, who is struggling to raise two sons here on wisps of income, were unable to meet one final condition: payment of $200 in court and public defender fees. For that reason alone, his probation was extended for what turned out to be 14 more months, until they pulled together the money at a time when they had trouble finding quarters for the laundromat.

Not only do such fines create a two-tier system of justice that serves the wealthy and punishes the poor, they also subject young people to a prison system fraught with incidents of violent assault, rape and suicide. Moreover, many young people have health needs and mental health problems that are not met in these detention centers, and incarceration also fuels mental health problems.

Suicide rates behind bars «are more than four times higher than for adolescents overall,» according to the Child Trends Data Bank. Moreover, «between 50 and 75 percent of adolescents who have spent time in juvenile detention centers are incarcerated later in life.» Finally, as the «Debtors’ Prison for Kids Report» makes clear, kids are being sent to jail at increasing rates while youth crime is decreasing. The criminal legal system is mired in a form of casino capitalism that not only produces wide inequalities in wealth, income and power, but it also corrupts municipal court systems that are underfunded and turn to unethical and corrupt practices in order to raise money, while creating new paths to prison, especially for children.

Debtors’ prisons for young people exemplify how a warfare culture can affect the most vulnerable populations in a society, exhibiting a degree of punitiveness and cruelty that indicts the most fundamental political, economic and social structures of a society. Debtors’ prisons for young people have become the dumping grounds for those youth considered disposable, and they are also a shameful source of profit for municipalities across the United States. They operate as legalized extortion rackets, underscoring how our society has come to place profits above the welfare of children. They also indicate how a society has turned its back on young people, the most vulnerable group of people in our society.

There is nothing new about the severity of the American government’s attack on poor people, especially those on welfare, and both political parties have shared in this ignoble attack. What is often overlooked, however, is the degree to which children are impacted by scorched-earth policies that extend from cutting social provisions to the ongoing criminalization of a vast range of behaviors. It appears that particularly when it comes to young people, especially poor youth and youth of color, society’s obligations to justice and social responsibility disappear.

Modeling Schools After Prisons

We live at a time in which institutions that were meant to limit human suffering and misfortune and protect young people from the excesses of the police state and the market have been either weakened or abolished. The consequences can be seen clearly in the ongoing and ruthless assault on public education, poor students and students of color. Schools have become, in many cases, punishment factories that increasingly subject students to pedagogies of control, discipline and surveillance. Pedagogy has been emptied of critical content and now imposes on students mind-numbing teaching practices organized around teaching for the test. The latter constitutes both a war on the imagination and a disciplinary practice meant to criminalize the behavior of children who do not accept a pedagogy of conformity and overbearing control.

No longer considered democratic public spheres intended to create critically informed and engaged citizens, many schools now function as punishing factories, work stations that mediate between warehousing poor students of color and creating a path that will lead them into the hands of the criminal legal system and eventually, prison. Under such circumstances, it becomes more difficult to reclaim a notion of public schooling in which the culture of punishment and militarization is not the culture of education. Hope in this instance has to begin with a critical discourse among teachers, students, parents and administrators unwilling to model the schools after a prison culture.

Many schools are now modeled after prisons and organized around the enactment of zero tolerance policies which, as John W. Whitehead has pointed out, put «youth in the bullseye of police violence.» Whitehead argues rightfully that:

The nation’s public schools — extensions of the world beyond the schoolhouse gates, a world that is increasingly hostile to freedom — have become microcosms of the American police state, containing almost every aspect of the militarized, intolerant, senseless, overcriminalized, legalistic, surveillance-riddled, totalitarian landscape that plagues those of us on the «outside.»

Not only has there been an increase in the number of police in the schools, but the behavior of kids is being criminalized in ways that legitimate what many call the school-to-prison pipeline. School discipline has been transformed into a criminal matter now handled mostly by the police rather than by teachers and school administrators, especially in regard to the treatment of poor Black and Brown kids. But cops are doing more than arresting young people for trivial infractions, they are also handcuffing them, using tasers on children, applying physical violence on youth, and playing a crucial role in getting kids suspended or expelled from schools every year.

The Civil Rights Project rightly argues that public schools are becoming «gateways to prisons.» One estimate suggests that a growing number of young people will have been arrested for minor misbehaviors by the time they finish high school. This is not surprising in schools that already look like quasi-prisons with their drug-sniffing dogs, surveillance systems, metal detectors, police patrolling school corridors, and in some cases, police systems that resemble SWAT teams.

While there has been a great deal of publicity nationwide over police officers killing Black people, there has been too little scrutiny regarding the use of force by police in the schools. As Jaeah Lee observed in Mother Jones, the «use of force by cops in schools … has drawn far less attention [in spite of the fact that] over the past five years at least 28 students have been seriously injured, and in one case shot to death, by so-called school resource officers — sworn, uniformed police assigned to provide security on k-12 campuses.»

According to Democracy Now, there are over 17,000 school resource officers in more than half of the public schools in the United States, while only a small percentage have been trained to work in schools. In spite of the fact that violence in schools has dropped precipitously, school resource officers are the fastest growing segment of law enforcement and their presence has resulted in more kids being ticketed, fined, arrested, suspended and pushed into the criminal legal system.

In 2014 over 92,000 students were subject to school-related arrests. In the last few years, videos have been aired showing a police officer inside Spring Valley High School in Columbia, South Carolina throwing a teenage girl to the ground and dragging her out of her classroom. In Mississippi schools, a student was handcuffed for not wearing a belt, a black female student was choked by the police, and one cop threatened to shoot students on a bus.

Neoliberalism is not only obsessed with accumulating capital, it has also lowered the threshold for extreme violence to such a degree that it puts into place a law-and-order educational regime that criminalizes children who doodle on desks, bump into teachers in school corridors, throw peanuts at a bus, or fall asleep in class. Fear, insecurity, humiliation, and the threat of imprisonment are the new structuring principles in schools that house our most vulnerable populations. The school has become a microcosm of the warfare state, designed to provide a profit for the security industries, while imposing a pedagogy of repression on young people.

According to the US Department of Education Office for Civil Rights, a disproportionate number of students subject to arrests are Black. It states: «While black students represent 16% of student enrollment, they represent 27% of students referred to law enforcement and 31% of students subjected to a school-related arrest.»

Too many children in the Unites States confront violence in almost every space in which they find themselves — in the streets, public schools, parks, and wider culture. In schools, according to Whitehead, «more than 3 million students are suspended or expelled every year.» Violence has become central to America’s identity both with regards to its foreign policy and increasingly in its domestic policies.  How else to explain what Lisa Armstrong revealed in The Intercept: «The United States is the only country in the world that routinely sentences children to life in prison without parole, and, according to estimates from nonprofits and advocacy groups, there are between 2,300 and 2,500 people serving life without parole for crimes committed when they were minors.»

The predatory financial system targets poor, Black and Brown children instead of crooked bankers, hedge fund managers, and big corporations who engage in massive corruption and fraud while pushing untold numbers of people into bankruptcy, poverty and even homelessness. For example, according to Forbes, the international banking giant HSBC exposed the US financial system to «a wide array of money laundering, drug trafficking, and terrorist financing … and channeled $7 billion into the U.S. between 2007 and 2008 which possibly included proceeds from illegal drug sales in the United States.» Yet, no major CEO went to jail. Even more astounding is that «the profligate and dishonest behavior of Wall Street bankers, traders, and executives in the years leading up to the 2008 financial crisis … went virtually unpunished.»

Resisting Criminalization of School Discipline and Everyday Behavior

Violence against children in various sites is generally addressed through specific reforms, such as substituting community service for detention centers, eliminating zero tolerance policies in schools, and replacing the police with social workers, while creating supportive environments for young people. The latter might include an immediate stoppage to suspending, expelling and arresting students for minor misbehaviors. Legal scholar Kerrin C. Wolf has proposed a promising three-tier system of reform that includes the following:

The first tier of the system provides supports for the entire student body. Such supports include clearly defining and teaching expected behaviors, rewarding positive behavior, and applying a continuum of consequences for problem behavior. The second tier targets at-risk students — students who exhibit behavior problems despite the supports provided in the first tier — with enhanced interventions and supports, often in group settings. These may include sessions that teach social skills and informal meetings during which the students «check in» to discuss how they have been behaving. The third tier provided individualized and specialized interventions and supports for high-risk students — students who do not respond to the first and second tier supports and interventions. The interventions and supports are based on a functional behavior assessment and involve a community of teachers and other school staff working with the student to change his or her behavior patterns.

Regarding the larger culture of violence, there have also been public demands that police wear body cameras and come under the jurisdiction of community. In addition, there has been a strong but largely failed attempt on the part of gun reform advocates to establish policies and laws that would control the manufacture, sale, acquisition, circulation, use, transfer, modification or use of firearms by private citizens. At the same time, there is a growing effort to also pass legislation that would not allow such restrictions to be used as a further tool to incarcerate youth of color. In short, this means not allowing the war on gun violence to become another war on poor people of color similar to what happened under the racially biased war on drugs. And while such reforms are crucial in the most immediate sense to protect young people and lessen the violence to which they are subjected, they do not go far enough. Violence has reached epidemic proportions in the United States and bears down egregiously on children, especially poor youth and youth of color. If such violence is to be stopped, a wholesale restructuring of the warfare state must be addressed. The underlying structure of state and everyday violence must be made visible, challenged and dismantled.

The violence waged against children must become a flashpoint politically to point to the struggles that must be waged against the gun industry, the military-industrial-academic complex, and an entertainment culture that fuels what Dr. Phil Wolfson describes in Tikkun Magazine as «fictive identifications» associated with «murderous combat illusions and delusions.» Violence must be viewed as endemic to a regime of neoliberalism that breeds racism, class warfare, bigotry and a culture of cruelty. Capitalism produces the warfare state, and any reasonable struggle for a real democracy must address both the institutions organized for the production of violence and the political, social, educational and economic tools and strategies necessary for getting rid of it.

Americans live at a time in which the destruction and violence pursued under the regime of neoliberalism is waged unapologetically and without pause. One consequence is that it has become more difficult to defend a system that punishes its children, destroys the lives of workers, derides public servants, plunders the planet and destroys public goods.  Americans live in an age of disposability in which the endless throwing away of goods is matched by a system that views an increasing number of people — poor Black and Brown youth, immigrants, Muslims, unemployed workers and those unable to participate in the formal economy — as excess and subject to zones of social and economic abandonment. As Gayatri Spivak rightly observes, «When human beings are valued as less than human, violence begins to emerge as the only response.» At issue here is not just the crushing of the human spirit, mind and body, but the abandonment of democratic politics itself. Violence wages war against hope, obliterates the imagination, and undermines any sense of critical agency and collective struggle.

Sites of Resistance

Yet, resistance cannot be obliterated, and we are seeing hopeful signs of it all over the world. In the US, Black youth are challenging police and state violence, calling for widespread alliances among diverse groups of young people, such as the Movement for Black Lives (M4BL), worker-controlled labor movements,  the movement around climate change, movements against austerity and movements that call for the abolition of the prison system among others. All of these are connecting single issues to a broader comprehensive politics, one that is generating radical policy proposals that reach deep into demands for power, freedom and justice. Such proposals extend from reforming the criminal legal system to ending the exploitative privatization of natural resources. What is being produced by these young people is less a blueprint for short-term reform than a vision of the power of the radical imagination in addressing long term, transformative organizing and a call for a radical restructuring of society.

What we are seeing is the birth of a radical vision and a corresponding mode of politics that calls for the end of violence in all of its crude and militant death-dealing manifestations.  Such movements are not only calling for the death of the two-party system and the distribution of wealth, power and income, but also for a politics of civic memory and courage, one capable of analyzing the ideology, structures and mechanisms of capitalism and other forms of oppression. For the first time since the 1960s, political unity is no longer a pejorative term, new visions matter and coalitions arguing for a broad-based social movement appear possible again.

A new politics of insurrection is in the air, one that is challenging the values, policies, structure and relations of power rooted in a warfare society and war culture that propagate intolerable violence. State violence in both its hidden and visible forms is no longer a cause for despair but for informed and collective resistance. Zygmunt Bauman is right in insisting that the bleakness and dystopian politics of our times necessitates the ability to dream otherwise, to imagine a society «which thinks it is not just enough, which questions the sufficiency of any achieved level of justice and considers justice always to be a step or more ahead. Above all, it is a society that reacts angrily to any case of injustice and promptly sets about correcting it.»

It is precisely such a collective spirit informing a resurgent politics within the Black Lives Matter movement and other movements — a politics that is being rewritten in the discourse of critique and hope, emancipation and transformation. Once again, the left has a future and the future has a left.

Copyright, Truthout

http://www.truth-out.org/news/item/38044-america-s-war-on-youth-from-schools-to-debtors-prisons

 

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Sudáfrica: Zuma recalls childhood battles to pitch education trust

Sudáfrica/Febrero de 2017/Fuente: News 24

RESUMEN: La batalla de la infancia del presidente Jacob Zuma con la educación lo inspiró para crear una confianza para educar a niños desaventajados, así dijo a los políticos y a los líderes negros en Ciudad del Cabo el viernes. Zuma se movió en su estado de ánimo tranquilo y alegre, mientras los simpatizantes se reunían para recaudar fondos para estudiantes y estudiantes universitarios desaventajados.

President Jacob Zuma’s childhood battle with education inspired him to create a trust to educate disadvantaged children, he told politicians and black business leaders in Cape Town on Friday.

Fresh from the State of the Nation travails with red hard hats and pepper spray in Parliament on Thursday night, Zuma moved into his calm, cheerful mood as supporters came together to raise funds for disadvantaged scholars and university students.

Sponsors and contributors to the fund include Cell C, Transnet, MMI Holdings, and Brian Molefe in his personal capacity. They raised R36m over the last few years.

“I experienced a life without education,” Zuma told the audience. He encouraged them to donate to the trust.

“It was very tough. I then took a decision to educate myself in one of the most poverty-stricken areas called Nkandla, which is now so popular.”

As a youngster in rural KwaZulu-Natal, Zuma said he dreamed of being a teacher, pastor, and lawyer before he moved into politics.

“I tried to educate my siblings, which was interrupted very rudely by the apartheid system by arresting me. I still learn up to this day,” he said.

“I can distinguish between the good thing from the bad thing. I can analyse what happened in Parliament.”

Zuma said the late president Nelson Mandela had refused to allow him to work as an MEC in KwaZulu-Natal as he was supposed to be a Cabinet minister in the first dispensation. Zuma said he persuaded Mandela to allow him to bring peace to the province. He consented.

It was as MEC of economic affairs and tourism in the province that he thought of the education trust. His premier gave him R500 000 as part of the Reconstruction and Development Programme (RDP) budget to use with haste to start building the province.

Zuma said education was always his number one goal. His fund was eventually called the JG Zuma RDP Education Trust, inspired by the RDP.

“The system of apartheid disempowered the majority deliberately by design,” he said. “That is what has made us behind others. It is the black children that are on drugs. They are delaying the RDP, the reconstruction of the country.

“Education is a passion we all need to deal with the bigger picture of the country,” he said.

“We need a skilled labour force and skilled citizenry who can create jobs – it can happen.

“Even the #feesmustfall crisis is important to look at rather than just criticise – what can we do?” he said.

“It is the country’s national investment. You will produce the citizens that will make this country proud.

“We want to make our citizens empowered so they participate in a rich and prosperous South Africa.”

Fuente: http://www.news24.com/SouthAfrica/News/zuma-recalls-childhood-battles-to-pitch-education-trust-20170210

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La innovación educativa contra las desigualdades: identificando objetivos desde la investigación

Por: Alex Paniagua

No se trata de innovar en el aula para hacer frente a la pobreza y el impacto del contexto familiar en términos absolutos, sino de abordar aquella pobreza que se presenta en términos educativos específicos y sobre la que la investigación nos da claves .

¿Puede la innovación educativa, en el centro y el aula, combatir las desigualdades sociales? Esta es la pregunta que se formulaba el seminario internacional organizado por la Fundación Jaume Bofill en abril pasado y que volverá a estar presente en el próximo seminario de este mes en torno al programa de Escuela Nueva 21. Mediante esta pregunta, el seminario de entrada conseguía ligar el concepto de innovación, a menudo muy criticado por simplista y despolitizado (como acertadamente argumentaba Jaume Funes) con la resolución de un problema central: que la escuela no funciona para muchos -demasiados- alumnos.

Como ya nos avisó Jean Anyon, la escuela no es el origen de la pobreza ni de los salarios bajos y, por tanto, la escuela sola no los resolverá. Pero cuidado, porque una cosa es luchar contra las desigualdades de origen y otra muy diferente incidir en la producción de las desigualdades educativas que se derivan. Y es que desigualdades sociales y educativas, a menudo empleadas de manera sinónima, no son lo mismo. La investigación es persistente y nos sigue mostrando cómo, en función del grupo socioeconómico al que se pertenece, el paso por la escuela se traduce en diferencias de resultados o de trayectorias educativas posteriores. Ahora bien, no es menos cierto que la investigación y la experiencia también muestran que hay centros -y aulas- que, en condiciones igualmente complejas, obtienen resultados diferentes. De aquí se desprende una idea fundamental que ha sido otra vez expuesta con datos PISA 2012: hay una parte de las desigualdades educativas derivadas del contexto socioeconómico que son resultado de unas oportunidades curriculares desiguales. Es decir, la escuela tiende a ofrecer menos oportunidades para aprender (Opportunitiy To Learn, OTL) a aquellos alumnos de menos estatus socioeconómico.

La idea de OTL, propuesta inicialmente por Carroll en 1963, enfatiza algo obvio: cuanto más tiempo el alumnado pasa expuesto al contenido formal que debe aprender (actividades curriculares), más aprende. Ahora bien, como la investigación educativa nos ha mostrado desde hace muchos años, hay unas diferencias muy notables en el tipo y cantidad de contenido que se enseña al alumno en función del tipo de escuela, de aula y de profesor. Por un lado, la segregación entre escuelas, dentro de las escuelas y dentro de las mismas aulas a partir de los grupos de nivel genera una adaptación curricular a la baja que hace que el alumnado (muy a menudo el de origen socioeconómico bajo) reciba menos contenido curricular riguroso o adecuado a su edad. Pero, por otra parte, las expectativas del profesorado y su capacidad para vincular cada alumno con los contenidos que se enseñan también explican esta diferencia de oportunidades individuales.

Así, en 2012, el Informe PISA abordaba, por primera vez, estas oportunidades para aprender a partir de preguntar a los alumnos sobre la periodicidad en que estaba expuesto a conceptos clave del contenido curricular relacionadas con el nivel educativo que le correspondería . De esta manera es posible calcular lo que se denomina diferencias de OTL, que no es otra cosa que la distancia, en términos de cantidad de tiempo, entre aquellos alumnos más expuestos a contenidos curriculares y los que menos.

Como se puede observar en la Figura 1, todos los países de la OCDE muestran diferencias de OTL entre el grupo de alumnos de estatus socioeconómico más alto y los que tienen un estatus más bajo, que es especialmente más notable cuando se mide entre escuelas. Aunque la relación entre estas diferencias de OTL y de resultados (performance gap) no es totalmente proporcional (por ejemplo, México tiene más del doble de diferencias de OTL que Polonia y en cambio menor diferencias de resultados), la regresión nos muestra una clara relación entre mayores diferencias de oportunidades para aprender y mayores diferencias de resultados.

Font: Schmmidt et al., 2015. “The role of Schooling in perpetuating educational inequality: an International perspective.” Educational Researcher, 44, 7: 371-386
Fuente: Schmmidt et al., 2015. “The role of Schooling in perpetuating educational inequality: an International perspective”. Educational Researcher, 44, 7: 371-386

La existencia de diferencias de OTL ligadas a las diferencias socioeconómicas se convierte en un punto de partida clave desde donde empezar a traducir las desigualdades sociales en mecanismos escolares concretos que perpetúan la desigualdad educativa. De esta manera podemos minimizar el peso de la clase social, no para relativizar, sino para comprender qué papel juegan las escuelas directamente.

Como se puede ver en la Tabla 1, una parte importante del impacto del nivel socioeconómico sobre la diferencia de los resultados escolares viene dada por el impacto indirecto de la clase social, que no es otra cosa que el impacto de las decisiones que se originan en las escuelas como respuesta a las diferencias sociales. La variación de la importancia de este impacto indirecto en los diferentes países nos viene a reafirmar la maleabilidad de esta variable, que es directamente atribuible, a diferencia del impacto directo, a factores de acción educativa, como es el caso de estas diferencias de OTL. Esto significa que las escuelas podrían, en promedio, paliar hasta un 37% de las desigualdades educativas asociadas a la clase social a partir de equilibrar las oportunidades para aprender del alumnado.

Efecto estimado total, directo e indirecto del estatus socioeconómico por país. Fuente: Schmmidt et al., 2015. “The role of Schooling in perpetuating educational inequality: an International perspective.” Educational Researcher, 44, 7: 371-386.
Efecto estimado total, directo e indirecto del estatus socioeconómico por país. Fuente: Schmmidt et al., 2015. “The role of Schooling in perpetuating educational inequality: an International perspective.” Educational Researcher, 44, 7: 371-386.

El desarrollo de este tipo de variables en las futuras evaluaciones y la inclusión de otras nuevas (por ejemplo, TALIS incluirá el análisis de vídeos de prácticas de aula en su próxima edición) permitirán tener más información sobre cómo incidir de manera más cuidadosa en lo que pasa dentro de los centros y, por tanto, generar conocimiento sobre cómo emprender su mejora. Es en esta ventana de oportunidad que la investigación nos ofrece dónde se debe continuar enmarcando la idea de innovación educativa. No se trata de intentar innovar en el aula para hacer frente a la pobreza y el impacto del contexto familiar en términos absolutos; esta es una tarea que difícilmente la escuela (sola) podrá emprender. Se trata de abordar aquella pobreza que se presenta en términos educativos específicos. Poderla medir, en este caso, a partir de las diferentes exposiciones al contenido curricular, nos sitúa en una buena posición para combatirla desde la innovación. Esta es una tarea que no podemos eludir.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2016/11/22/la-innovacion-educativa-contra-las-desigualdades-identificando-objetivos-desde-la-investigacion/

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Los NNATs y el trabajo digno en Paraguay

Por: Vanessa Pérez y Raúl García

En Paraguay, donde en 2012 se dio el penúltimo Golpe de Estado de América Latina mediante el sistema de “golpe blando” inaugurado tres años antes en Honduras y reinstalado hoy en Brasil, viven casi siete millones de personas. El gobierno de Horacio Cartes, electo por el miedo, la cooptación y la ignorancia, ha profundizado la pobreza y la migración campo-ciudad mediante sus políticas aliadas con empresas transnacionales que se enriquecen a costa de la usura y el agrotóxico. img_3474Son muchas las voces que están en lucha por la dignidad en este lugar del mundo, a pesar de que son identificadas, perseguidas, encarceladas y, cientos de veces, muertas. En un país donde los cinturones de pobreza, el hacinamiento en las cárceles, la vigilancia y la injusticia en los tribunales crece cada día más, encontramos centenares de niños, niñas y adolescentes trabajando. Y no es por gusto, sino por necesidad. De la recaudación de estas manos infantiles depende, en la mayoría de los casos, el sustento familiar. Por estas latitudes, al igual que por muchas otras en el planeta, la infancia no es solo juego, sino un compendio, en el mejor de los casos, de supervivencia, trabajo, educación y entretenimiento.

Existen organizaciones que dan protección, formación y un espacio de encuentro e intercambio a los Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores (NNATs). En el Paraguay encontramos a la CONNATs, Coordinación Nacional de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores. Hablamos con algunas de las voces colaboradoras: Fran, Sergio, Gladys, Eli. “Como Coordinación Nacional de grupos de NNATs organizados, asumimos a través de acciones concretas nuestro rol para exigir el cumplimiento real de los derechos de los niños y niñas, denunciamos las violaciones de los derechos humanos e incidimos en la instalación de políticas sociales que apunten a un cambio social”, afirman. Pudimos ver cómo ayudan a desarrollar las capacidades personales, grupales, laborales y culturales de los NNATs sorteando los obstáculos del día a día, y dotándolos a estos de un protagonismo que pocas veces se da en la infancia.

En la terminal de autobuses de Asunción se puede encontrar a los_mg_3387niños lustrabotas. Un grupo de niños y adolescentes de entre 11 y 17 años que trabajan en turnos de mañana o tarde durante 6 horas, descansando un día completo a la semana. Todos ellos cuentan con el consentimiento familiar y están escolarizados. Diariamente se dirigen a su lugar de trabajo con una sonrisa dispuestos a compartir con sus compañeros y educadores, quienes les ayudan con las tareas escolares, les orientan y les ofrecen formación. Hablan como adultos detrás de su joven apariencia: “nosotros estamos así por el sistema capitalista, que es un modelo que se basa en la desigualdad y la explotación del hombre por el hombre”, nos cuenta Walter Bogado, delegado Nacional de los NNAts.

img_3900En el mercado de Abasto están los vendedores de fruta y verduras. Ellas y ellos se ubican en la orilla de la carretera esperando un ómnibus donde subirse a vender. Otros ayudan a sus padres en los puestos o salen a los alrededores a ofrecer sus productos. Sin apenas tiempo libre, el mercado se vuelve la única escuela de muchos de estos rostros. El carácter perecedero de los alimentos determina un objetivo: vender todo en el día. Cuando eso se consigue, la jornada se da por finalizada. A veces pueden pasar muchas horas hasta conseguirlo. Sin embargo, la ayuda de estos niños y niñas es inestimable para sus familias, “sin él tendría que trabajar mucho más, no podría salir adelante”, declara una de las madres.

_mg_3883Tanto en la terminal como en el mercado están acompañados por  colaboradores que en algún momento también fueron NNATs. Además, tienen apoyo escolar, alimentación y momentos de ocio y formación, aunque ciertamente, debido al espacio físico donde trabajan, hay importantes diferencias. La amplitud del mercado complica la tarea de protección, por eso es esencial la cooperación de las familias. En la terminal el espacio es limitado y los guardias ayudan también a que los niños no sean acosados, algo que sucede más de lo deseado, de ahí la ausencia de integrantes mujeres en el grupo, aunque no se descarta su inclusión.

Los NNATs de la terminal se reúnen los sábados e intercambian ideas, curiosidades, plantean preguntas y reciben una formación inestimable. En el mercado tienen una radio donde durante dos días a la semana realizan un programa que se escucha en todo el recinto, informando acerca de los derechos que tienen los NNATs. De esta manera se teje toda una red de concientización que genera las bases para la construcción de otra sociedad. En la mano de las nuevas generaciones está la comprensión de una realidad que en la actualidad aparece manipulada por los medios de comunicación. En un planeta donde se privatiza el derecho al techo y al agua no puede calar el sueño americano de si tengo suerte y trabajo mañana seré rico. Miles de jóvenes licenciados que no encuentran empleo en lo que estudiaron demuestran que no es cierto, que este sistema impone el individualismo y la competencia como forma descarnada para salir adelante. Es así como se sigue viviendo, apartando la mirada de las casas de madera contrachapada que invaden el centro a la salida del parlamento y la universidad, desbordada y a veces inundada la periferia, conocida por ello como “los bañados”. Algunos estudiantes asuncenos no ven esas cosas, “las tienen delante y no las ven”, declara Jorge Lara, profesor de la universidad.

_mg_3918Nos cuentan los chicos de la terminal que algunas personas les miran mal, y cuando les ven acercarse se apartan o se molestan pues creen que van a robarles. ¿Os imagináis a esas mismas personas huyendo del vendedor de helados, de la vendedora de palomitas, del lustrabotas adulto ubicado en la plaza? ¿Cuál es la causa que genera desconfiar de un NNATs? Quizás la ausencia de análisis y reflexión del hecho en cuestión. Ese modo de actuar, extendido entre las clases medias y acomodadas que acostumbran a un tipo de consumo, habla de un tipo de sociedad. Una sociedad generadora de realidades no asumibles. Nadie quiere ver a un niño vender su fuerza de trabajo, sin embargo es una realidad, pero en lugar de abrir un espacio discursivo que busque el origen de ese hecho y lo trate sin desmerecerlo, se opta por desconfiar y huir. Es como si el cerebro chequease el instante inmediato en el que se acerca Mateo y, sin atender a su caja de lustrar, enviara la señal de ¡cuidado!, momento en el cual la señora de los zapatos negros llenos de polvo aprieta el brazo para agarrar su bolso con más fuerza. ¡Lástima! Por 3000 pesos paraguayos podría haber lucido impecables zapatos. Y es que, presos del sistema imperante, surge de todas partes la necesidad de protegerse de los desórdenes que ponen en peligro esa lujosa y cada vez más cara tranquilidad. De esta suerte el capitalismo instala el más grotesco de los mecanismos: la desarticulación del ser humano de su circunstancia. Dicha desarticulación lleva directamente a la insensibilización con cualquier tipo de injusticia y desigualdad. Anestesiado y esterilizado el nuevo sujeto postmoderno y global está preparado para afrontar la decadencia que genera el mismo sistema al haber sacrificado más del 71% de la población mundial en pos de un 21% que sirve de base para mantener ese 8%[i] de descarnados multimillonarios que tiran los dados para decidir cuál será el país con el que jugarán a la guerra más tarde. Por suerte los_mg_1692mecanismos no son perfectos y no todos son sujetos postmodernos y globalizados insensibilizados con las injusticias y las desigualdades. En el Paraguay hay los que luchan desde abajo y desde la izquierda, los que desde la prisión siguen pensando alternativas, los que siguen ocupando tierras a pesar de las muertes y encarcelamientos de dirigentes, las que se preguntan qué comemos y exigen un etiquetado que identifique los alimentos cultivados con agrotóxicos,  quienes desde su trabajo como educadoras y educadores populares quieren cambiar los barrios más desfavorecidos generados por el sistema; están los que se preguntan por qué, los que buscan respuestas y no quieren una torta como premio y pago de su voto. En el Paraguay hay muchas voces en lucha, en lucha contra la opresión y la discriminación. Y el más fiel reflejo de ello se puede encontrar en esos niños, niñas y adolescentes que dignifican el trabajo portando ese otro mecanismo de articulación entre quiénes son, qué pueden y qué deben hacer.

Notas: The Wealth Report 2015, Pirámide de la Riqueza

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217590&titular=los-ni%F1os-ni%F1as-y-adolescentes-trabajadores-y-el-trabajo-digno-en-paraguay-

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Existen en México 4.1 millones de niños que no van a la escuela, alerta Unicef

América del Norte/México/Septiembre de 2016/Fuente: SDPNoticias

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advirtió este miércoles que 4.1 millones de mexicanos menores de 17 años se encuentran fuera del sistema educativo nacional, debido principalmente a la pobreza que los obliga a trabajar desde pequeños o a mudarse a un nuevo lugar en el que sus padres han conseguido empleo.

El organismo presentó el estudio “Niñas y niños fuera de las escuelas en México”, donde se destaca que 57 jóvenes abandonas la escuela antes de concluir sus estudios de nivel medio superior. Además, lamenta que no existan programas eficientes para regresar a los infantes a las aulas, dejándole el trabajo al Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA).

Durante el evento, el subsecretario de Educación Básica del gobierno federal, Javier Treviño, reconoció que deben mejorar sus mecanismos para mantener a los jóvenes en la escuela y regresar a los desertores al poco tiempo de que abandonan sus estudios.

Teviño Cantú agregó que el gobierno ha implementado un programa de alerta temprana, en el que se detecta a niños vulnerables; además, trabajan en ampliar el sistema de becas incluido en la Cruzada Nacional Contra el Hambre.

Fuente: http://www.sdpnoticias.com/nacional/2016/09/21/existen-en-mexico-41-millones-de-ninos-que-no-van-a-la-escuela-alerta-unicef

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Libro: Radiografías de la experiencia escolar.

Ser joven(es) en la escuela
Pedro Núñez. Lucía Litichever. [Autores]
Colección Grupos de Trabajo.
ISBN 978-987-1309-19-1
Grupo Editor Universitario. CLACSO.
Buenos Aires.
Abril de 2015
 

Este libro recoge un conjunto de investigaciones realizadas por los autores en el marco del Área de Educación de la FLACSO Argentina, con la pretensión de aportar ideas que contribuyan a la reflexión sobre la experiencia juvenil en el espacio escolar. El recorrido abarca casi una década de estudios sobre la escuela secundaria, con foco en los procesos de desigualdad, los vínculos entre jóvenes y adultos, la convivencia escolar y las formas contemporáneas de participación política.
A lo largo de los capítulos se traza una radiografía explorando en los significados de la escuela secundaria, así como en las expectativas de las y los jóvenes acerca de lo que ocurre en el espacio escolar, particularmente en los aspectos que les gustan y los que cambiarían, y se indaga en las normas escolares realizando un recorrido que da cuenta de distintas formas de construcción de ciudadanía.
Los autores apelan a diferentes situaciones escolares para dar cuenta de las maneras en que se relacionan las generaciones hoy y de la construcción de experiencias escolares más gratificantes; incorporando así nuevas discusiones al necesario debate sobre ese ciclo de nuestra educación formal.

Fuente: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20160909020803/Radiografias.pdf
Imagen: http://www.clacso.org.ar/clacso/novedades_editoriales/img_tapas/1174_Tapa.gif
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