Por: Egbert Méndez Serrano
Las siguientes palabras se externaron en la presentación del libro de Crónicas intempestivas. Historia del ascenso del EZLN, realizada en el Café Galería La Resistencia, en el Centro de la Ciudad de México, el día 17 de enero de 2026.
¿Sabía Edipo que al negar su destino se acercaba más a él?, ¿sabía Robespierre que al pedir la guillotina terminaría en ella?, ¿sabían los bolcheviques que su obra terminaría en una infame dictadura burocrática, haciéndolos pasar por el paredón?
Cuando Pedro salió a su ventana
no sabía, mi amor, no sabía
que la luz de esa clara mañana
era luz de su último día
¿Sabían los guerrilleros cubanos, que luego del catastrófico Combate de Alegría de Pio, vencerían al ejército de Batista?, ¿sabían los estudiantes que la Huelga de 1999 contendría el aumento de cuotas en la UNAM?
Cuando Juan regresaba a su lecho
no sabía, oh alma querida
que en la noche lluviosa y sin techo
lo esperaba el amor de su vida
En nuestras luchas, pequeñas y grandes, ¿sabremos si resultarán en lo que nos propusimos originalmente?, ¿nos reinstalarán después de ser despedidos por exigir derechos laborales?, ¿lograremos detener al imperialismo norteamericano y al sionismo israelí?

En Crónicas intempestivas. Historia del ascenso del EZLN busqué colocar al lector en los pies de los protagonistas para que se acercaran a las voluntades en juego, para tratar de entender por qué hicieron esto y no lo otro. Y en qué contexto se daba ese actuar, qué límites estructurales los dominaban sin saberlo y que nadie podía saber sino hasta pasada la tormenta, post festum. El búho de Minerva emprende el vuelo al caer la noche.
Y las causas lo fueron cercando
Cotidianas, invisibles
Sin embargo, contra todo nihilismo y determinismo, la libertad es un riesgo que corren los pueblos a pesar de no saber si la conseguirán, alguien encontró una buena frase para ese impulso: “La historia como hazaña de la libertad”.
Y el azar se le iba enredando
Poderoso, invencible
El porvenir no deviene del acontecimiento, fortuito y azaroso, sino de condiciones determinadas que abren un abanico de opciones de cierto alcance. La humanidad hace su historia, sí, pero desde ciertas circunstancias históricas. Hay una conexión interna entre la necesidad determinante y la posibilidad, la libertad puede ser vista como la lucha contra esa determinación.
Cuando analizamos el pasado, buscamos el porqué y si lo encontramos con éxito, vemos la conexión interna de unos procesos con otros, encontramos razones de cómo un evento devino en otro. ¿Era necesario el levantamiento armado del 1 de enero de 1994? Si nos pudiéramos parar en 1987, que es el ejercicio narrativo que hago en el texto, se puede notar que no, porque siempre hubo una tensión por contener el levantamiento tanto por parte del EZLN como por las FLN. Pero mientras más nos acercamos al 1 de enero, se va notando la imposibilidad de lograrlo, hasta que se vuelve inevitable y emerge la voluntad de las comunidades indígenas, por lo demás, mostrando que la historia no la hacen las vanguardias, sino los pueblos.
Ese ejercicio narrativo también me sirvió para no caer en los juicios y análisis fáciles, de querer ver las decisiones que se fueron tomando como una desviación de una supuesta línea correcta, como si se pudiera saber al 100 % a dónde nos van a conducir nuestras acciones colectivas. Si corro atrabancadamente nadie se sorprendería de mi posterior caída; pero aún si soy un corredor con técnica y entrenamiento no tengo garantías de que me pueda caer incluso fatalmente. Aquí se trata de un caso analógicamente parecido. Gente que se prepara lo mejor que puede, dentro de su contexto histórico, pero el futuro le es incierto y como quiera asume el riesgo.

Ahora, quitando ese ejercicio narrativo —de imaginar que estamos en 1987—, viendo fríamente el pasado, decimos que los eventos que se sucedieron después son necesarios unos de otros, esto pasó por esto otro, porque ya pasó. No obstante, no podemos usar ese criterio para el futuro, a menos que creamos en una especie de destino manifiesto, de determinismo.
Hago esa distinción entre pasado y futuro porque lo que aquí estoy analizando es el pasado. No estoy prediciendo qué va a pasar en el futuro, si acaso —sólo si acaso— doy posibles elementos de las circunstancias historias de las que partimos para hacer nuestro futuro. Y es ahí donde puede surgir la crítica, crítica de lo que es, de lo que no nos parece, de lo que queremos cambiar. Si se impide el saber de las circunstancias históricas determinadas, no hay crítica o es artificial, y se hace un cuento a modo. Quiero contribuir a ese saber. Voy a decir algo duro (tápense los oídos si no lo quieren oír): increíblemente no lo he visto en treinta años, lo veo de manera fragmentada, accidentada, muchas veces con enfoques neorrománticos, insuficientes. A veces ese ocultamiento es comprensible y justificable, otras veces definitivamente no.
Este texto nació de la búsqueda, por allá de 1999, cuando nos surgían miles de preguntas que esperábamos contestaran mi madre o mi padre, ¿qué había pasado?, ¿qué estaba pasando con el movimiento neozapatista? A ellos los habían reclutado en 1979 y en los ochentas se hicieron militantes de tiempo completo. En 1989 a mi padre le encomendaron formar la escuela guerrillera del EZLN, en la Selva Lacandona, mi madre se incorporó poco tiempo después. Tenían que dar formación académica a milicianos e insurgentes. Una vida sumamente difícil, de muchos sacrificios.
En ese año, 1999, no tenía muchos recursos intelectuales, tenía una formación más de tipo doctrinal. Luego, como muchos marxistas, pasé por un periodo ilustrado, en mi caso leyendo a Althusser y Poulantzas; en cuanto a las corrientes románticas, siempre me causaron mucha desconfianza —hasta la fecha—, de la desilusión se pasaron a los partidos del Estado. Un periplo de aproximadamente diez años, me hicieron buscar alternativas sin abandonar al maestro Karl Marx. Hasta que por fin encontré una salida en el marxismo hegeliano, propuesta del profesor Carlos Pérez Soto y me hice de otro gran maestro, llamado Jorge Guillermo Federico. Fue ahí que comencé a tener mejores recursos analíticos.
En 2017 elaboré un primer borrador, fueron varios bloques de preguntas que le haría a mi fuente testimonial, con la que llevaba veinte años platicando una y otra y otra vez sobre los acontecimientos que le tocaron vivir y que aquí van a encontrar. Pero fue hasta 2021, después una travesía militante, activista e intelectual, en la que está inmersa mi vida, que logré ordenar, sintetizar y sobre todo dar algunas respuestas —no todas—, porque esa es obra colectiva. La vida, la lucha y la desventura están condensadas en este libro.
Cuando acabe este verso que canto
Yo no sé, yo no sé, madre mía
Si me espera la paz o el espanto;
Si el ahora o si el todavía
Gracias por escucharme
Fuente de la información: https://insurgenciamagisterial.com
Fotografía: Norberto Soto Sánchez






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