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Al sur del sur de este mundo: un gran triunfo socioambiental contra el extractivismo

ANIVERSARIO DE “EL CHUBUTAZO” (ARGENTINA)

El presente relato busca dar a conocer lo que fue una gesta popular en defensa del agua y del territorio en una partecita del mundo, Chubut, en el sur de la actual Argentina pero que desde la visión mapuche es Wallmapu, sin fronteras entre los Estados. Tal como lo iré narrando, se trató de una pueblada, por lo que solo podrán encontrar aquí una ínfima parte de semejante historia, una mirada tan personal como política, una más del montón, un pedacito de pueblo. Ese que protagonizó El Chubatazo. Voy a empezar de atrás para adelante.

Luchar sirve

Por esas vueltas de la vida y oportunidades que te da la militancia, en noviembre de 2025 me encontraba en Ámsterdam, en la Escuela de formación ecosocialista de la IV Internacional. Corría el tercer día y la conferencia versaba sobre ecosocialismo. Me tocó exponer en el debate grupal respecto a cuestiones de la lucha socioambiental. En mi intervención hice referencia a la lucha en Chubut, mi provincia, donde el pueblo le ganó la pulseada a una poderosa alianza entre el Estado y las multinacionales. Siempre me emociono cuando hablo de eso, siempre lo cuento con orgullo.

Cuando terminé de hacer uso de la palabra miré mi teléfono. Tenía un mensaje: “Sobreseidxs… Les mando un abrazote compañerxs”. Quedé helada y las lágrimas comenzaron a brotar sin control. No sabía que el cúmulo de emociones y tensiones era tan grande, hasta que empecé a sentirlo en el cuerpo tras el mensaje. Necesitaba compartirlo, porque si algo hemos aprendido de la militancia es a compartir las malas y las buenas, recién ahí todo es más real. Mi compa sentado al lado mío pudo leer el mensaje y me abrazó, compartiendo mi emoción. Al terminar el día, esos abrazos se multiplicaron con el grupo de latinoamericanxs (y un vasco) quienes ya sabían de mi situación y la lucha en mi pueblo. Agradezco haber estado con ellxs en un momento tan importante.

¿Qué significaba ese sobreseimiento, cuál era el motivo de la causa?  Junto a cuatro compañerxs, atravesamos un proceso de judicialización a lo largo de casi cinco años. El gobierno trasladó un conflicto social y político al terreno de la justicia, para intentar individualizar referentes y atomizar la lucha, buscando condenarnos por pelear contra la megaminería. Las asambleas de Comunidades de Chubut presentaron en diciembre de 2020, por segunda vez, un proyecto de Iniciativa Popular (mecanismo de democracia directa que habilita nuestra constitución para impulsar desde abajo proyectos de ley). El primero, presentado en 2014 había sido manipulado por los diputados, quienes modificaron artículos sensibles, cambiando el sentido de la ley, pretendiendo así habilitar la megaminería. Se generó en esa oportunidad un hecho de corrupción escandaloso que trascendió por lo burdo: en plena sesión, fue captado a través del ojo afilado de una compañera fotógrafa, el momento exacto en el que el diputado Muñiz recibía directivas de una minera por mensaje de texto. La empresa redactaba directamente los artículos que debían ser modificados. Así de fuerte fue la presión de las multinacionales y la obediencia corrupta y fraudulenta de los legisladores provinciales.

El pueblo pudo ver con claridad cómo operan sus verdugos. Finalmente aprobaron ese proyecto modificado, lejos de ser el que presentó el pueblo, convirtiendo la Iniciativa Popular en una zonificación minera encubierta. Las asambleas siguieron la lucha presentando acciones judiciales que, en enero de 2016, lograron la derogación de esa “ley trucha”.

El segundo proyecto fue militado a pulmón en todo el territorio, más de 40 mil firmas se recolectaron en una provincia con 600.000 habitantes, fue una contundente expresión de voluntad popular. Se pretendía prohibir la megaminería en Chubut, porque si bien contamos con una ley provincial que no habilita la minería metalífera a cielo abierto ni el uso de cianuro, sí se admite la zonificación previa aprobación de la legislatura. La zonificación es el mecanismo utilizado para crear zonas de sacrificio, es una planificación del territorio por parte del Estado en donde lo fragmentan para poder regular el uso del suelo y las actividades que allí se permiten. De esta manera las multinacionales y gobiernos operan con toda su estructura para comprar voluntades y extorsionar a la gente.

Grandes proyectos mineros se encuentran ubicados en la meseta de nuestra provincia, donde las comunidades son pequeñas, alejadas de las grandes ciudades y en las que hace años vienen generando condiciones desfavorables para las personas que allí viven, con la intención de despoblar esa zona y presentar proyectos extractivistas como salvadores de esa crisis que ellos mismos diseñaron. El mismo día que la Iniciativa Popular ingresó para ser tratada en la legislatura provincial, entró también por parte del gobierno de Mariano Arcioni –quien era gobernador en ese entonces- el proyecto de zonificación minera.

A partir de ese momento comenzaron a correr los dos; por un lado, el del pueblo, por otro el del poder económico. En mayo de 2021, lxs diputadxs decidieron que nuestro proyecto no merecía siquiera un tratamiento serio dentro del recinto y lo rechazaron. El malestar de quienes habíamos militado la Iniciativa Popular, fue inmenso, nos habían arrebatado en cuestión de segundos la posibilidad de que se haga ley la voluntad del pueblo que gritaba a través de este proyecto que el extractivismo no es el modelo a seguir.

La decisión de las asambleas de toda la provincia estaba tomada, si nos tiraban a la basura la Iniciativa Popular, se cortaban las rutas. Y así fue. En Trelew, junto a vecinxs de Puerto Madryn, Rawson y el valle inferior de Chubut, cortamos la ruta nacional número 3 durante tres días. Fue una acción importante, la gente se acercaba, familias enteras tomaron parte, recibimos donaciones permanentes para sostener la medida. Las banderas a favor del agua y del territorio flameaban en lo alto. El clima era de bronca pero también de alegría, esa alegría que nos da saber que cuando arremeten contra el pueblo, éste contesta y esa respuesta es con los métodos de lucha que históricamente en Argentina hemos empleado cuando de defender o conquistar derechos se trata: el piquete, el corte de ruta, la manifestación en la calle. Toda la provincia se movilizó y esto potenciaba cada una de las acciones.

Pasados tres días, el gobierno montó un operativo de desalojo desmedido. Esa noche, cuando ya la represión era inminente, se realizó una asamblea en la ruta y se eligieron cuatro intermediaros para negociar con las fuerzas represivas y dar una salida organizada. El resto se movería a un costado de la cinta asfáltica y armaría un cordón humano para resguardar a cada vecinx.

Entre esas cuatro personas elegidas estaba yo, lo cual fue un verdadero reconocimiento de toda esa multitud que protestaba dignamente por nada más ni nada menos que la defensa del agua. Todo salió tal cual lo acordado. Ver tanta organización popular desplegada haciéndole frente a semejante operativo fue un orgullo. El gobierno llevó hasta el último policía de la provincia a la ruta. Todas las divisiones estaban presentes con los oficiales de altos mandos, incluyendo al propio ministro de seguridad, Federico Massoni.

En sus ojos, en sus cuerpos, en sus movimientos y en su respiración, podía verse que lo que querían era reprimir y llevarse la mayor cantidad posible de detenidxs. Pero la asamblea contestó con calma y con mucha organización. La justeza del reclamo, el deseo de defender el agua y el territorio potenciaba nuestra convicción. Finalmente, de todas las personas que nos encontrábamos esa madrugada solo pudieron llevarse a tres detenidas, porque era factible realizar semejante despliegue policial sin apresar a alguien. Acompañamos en la comisaría, como siempre, hasta lograr la liberación de estxs compañerxs.

A partir de esa madrugada del 9 de mayo de 2021, empezó la causa en la justicia federal que recién hoy tiene un cierre favorable para nosotros y nosotras. Nos individualizaron por haber sido quienes firmamos el acta de desalojo. Aun cuando dicha acción cargó sobre nuestras espaldas una pesada causa judicial, consideramos que hicimos lo correcto poniendo al frente la necesidad de resguardar la seguridad de todxs lxs vecinxs. La alternativa era una represión desbocada de incalculables costos para la organización popular.

Es imposible contar en este artículo todo lo que vivimos en ese corte de ruta. Hasta el día de hoy al charlar con compañerxs y rememorar esos días, aparecen nuevas historias. Muchos sentires y aprendizajes quedaron grabados en la memoria de quienes fuimos parte de esa acción, un hito en la historia de la lucha socioambiental de Chubut. Y es muy importante que se conozca lo sucedido en dichas jornadas, pues fue esa la antesala a un acontecimiento aún más grande y popular. La lucha continuó. El proyecto de zonificación minera avanzaba y sería aprobado en diciembre del mismo año. La maniobra era clara y lo advertimos, sin Iniciativa Popular lo que venía era el desembarco de la megaminería en la provincia.

El Chubatazo

En Argentina los fuertes levantamientos obrero-estudiantiles que se multiplicaron a partir de 1969 fueron denominados como “azos”. Puebladas que enfrentaron dictaduras militares como el Cordobazo, el Rosariazo, el Tucumanazo, el Trelewazo de 1972 y otros.

En nuestra provincia se produjo el primer Chubutazo en 1990 como respuesta a la fuerte crisis social y económica durante el gobierno de Néstor Perl. Producto de estas revueltas populares el gobernador se vio obligado a dimitir. Este hito histórico sentó un importante precedente para las luchas y resistencias venideras, plasmando en la memoria colectiva lo que un pueblo puede conseguir cuando se levanta.

Mariano Arcioni ejerció su mandato como gobernador entre 2017 y 2023. La provincia se encontraba atravesando una fuerte crisis producto de sus políticas de ajuste y la nula gestión en beneficio del pueblo. El nivel de conflictividad era muy alto. Podían verse protestas masivas en salud, en educación, entre los trabajadores judiciales y los de vialidad también. Era habitual encontrar ministerios tomados, rutas cortadas, carpas de la unidad (acampes permanentes de varios sectores estatales que se unificaban en una misma acción) y una fuerte y constante presencia en la calle sobre todo del sector de trabajadorxs estatales.

En 2019, luego de una gran movilización que tenía a docentes como actor central, dos trabajadoras de dicho sector mueren en un accidente de ruta volviendo a sus ciudades, tras participar de esta movilización en la capital provincial. La respuesta popular al dolor e impotencia que produjeron dichas pérdidas, fue la de prender fuego esa misma noche a la Legislatura de la provincia. El malestar crecía y lxs trabajadorxs no encontraban respuestas a los reclamos. En medio vino la pandemia y el pago escalonado de los sueldos produjo el insólito cuadro en el que personal de salud estuvo tres meses sin cobrar. Todo eso en el marco de una escalada represiva y fuertes controles. Incremento de la presencia policial en las barriadas y movilizaciones, llegando incluso a las detenciones arbitrarias y torturas de compañerxs del movimiento “No a la Mina”. El contexto era de profundo hartazgo.

En ese marco el miércoles 15 de diciembre del 2021, en una sesión extraordinaria de la Legislatura chubutense, se aprobó el proyecto de zonificación minera que abría las puertas a la destrucción y saqueo de nuestro territorio. Éramos muy pocas personas fuera del recinto quienes seguíamos en tiempo real la sesión. Cuando comunicaron la aprobación del proyecto la tristeza fue absoluta y nuestros cuerpos se sintieron derrotados. Nos abrazamos y lloramos juntxs, no sabíamos bien cómo seguir.

Comenzamos a comunicar por las redes lo que había sucedido y de pronto empezó a llegar gente, más y más gente. Se sentía la bronca y no de manera individualizada, era furia colectiva. De pronto la legislatura estaba llena y esa rabia comenzó a tomar cuerpo. En cuestión de unas pocas horas había cientos de personas gritando desde las entrañas contra los funcionarios entreguistas.

La chispa se había encendido, así comenzaba el segundo Chubutazo. La policía no sabía bien qué hacer, se les notaba el susto en sus rostros. Quedaron arrinconados sobre las escaleras, su objetivo era impedir el paso hacia el interior de la Legislatura y cuidar a lxs diputadxs que acababan de condenarnos a la muerte, incluso la suya propia. Esas vallas que pretendían alejarnos, de pronto fueron arrancadas y las colocamos en la parte trasera, por ahí donde querían huir lxs cobardes. Entre gases lacrimógenos y comenzando la represión, se fueron nomás en sus camionetas de lujo, esos que hasta el día de hoy son recordados como el peor cuerpo legislativo de la historia. Funcionales a un gobierno que solo causó daño y dolor a nuestro pueblo.

A partir de ese momento se desata la rabia, porque lo que habían hecho no tenía precedente, no podía ser aceptado así no más y por lo tanto vivenciamos una de las mayores muestras de dignidad y lucha de la historia de Chubut. Esa primera noche pasó de todo, se llevaron detenidas a dos compañeras a las cuales arrestaron de manera clandestina dentro de la misma Legislatura. La tensión crecía, la gente se multiplicaba. Resistimos una represión de casi seis horas, esa noche nadie durmió. La solidaridad de la gente de Rawson fue increíble, nos abrían las puertas de sus casas para que nos resguardemos de la represión, nos atendían con preocupación.

Yo recuerdo haberme desmayado en plena represión por los gases lacrimógenos y por un tiro de bala de goma que me dio en la frente. Fui socorrida por compañerxs que, a riesgo de ser apresados, decidieron no dejarme y me arrastraron fuera de esa primera línea. Fui asistida dentro de la casa de una vecina que nos ayudó con todo su amor.

Para el jueves, las convocatorias fueron masivas en toda la Provincia. En la Capital, Rawson, se prendió fuego todo. La casa de gobierno, el tribunal superior de justicia, patrulleros de la comisaría, edificios públicos del poder estatal, todo ardía.

De pronto esas calles que nos habían visto marchar pacíficamente durante tantos años, se poblaron de rabia y de la habilitación social a romper todo. La bronca acumulada de tantos laburantes que la veníamos pasando muy mal, de tantos pibes que sufrían la violencia policial en sus barrios, explotó con la gota que rebalsó el vaso: el atrevimiento de aprobar una ley que nos condenaba a más miseria y muerte. Todo eso se vio durante siete días en una batalla campal en la que, a pesar de la brutal represión, la gente no dejaba de sumarse a las movilizaciones.

Fuimos trinchera, con piedras y algún que otro cartel que se volvió escudo para resistir y enfrentar las balas. Hubo marchas pacíficas donde cientos de familias participaban con cantos y frases ingeniosas en banderas, pero también se sucedieron momentos en donde la bronca se expresaba con acciones directas. Porque cuando los gobiernos violentan, el pueblo responde como puede y lo hace en legítima defensa. No hay acto más soberano y digno que una rebelión popular.

El lunes 20 de diciembre del 2021 se cumplían veinte años de aquella rebelión popular en el marco de una crisis política, económica, social e institucional que pasó a la historia como Argentinazo. Bajo el lema “que se vayan todos” el pueblo argentino se rebeló contra el gobierno de Fernando De La Rúa que se vio obligado a renunciar. En aquellas jornadas del 2001, la sangrienta represión policial se llevó la vida de treinta y ocho personas y dejó un saldo de cientos de heridos. Diciembre siempre nos duele, pero también nos invita a continuar por el camino de tantxs que dejaron su vida luchando.

En pleno Chubutazo y con la memoria del Argentinazo que nos ardía en el pecho, se cortó una ruta nacional, esa misma que meses antes nos había visto peleando por la Iniciativa Popular. Fue un corte duro, masivo, complejo.

En plena acción, los rumores de la derogación de la ley de zonificación minera comenzaron a aparecer. El sector de la pesca que se encontraba presente a través de su sindicato, también recibió la noticia de que no se aprobaría una ley que perjudicaba a lxs trabajadorxs del sector. Después de varias horas, se levantó el corte y marchamos desde la ruta hacia el centro de la ciudad de Trelew. Se realizó un acto en la plaza y se convocó a movilizar al día siguiente nuevamente en Rawson. Acto seguido se prendió fuego el diario prominero de la provincia (Diario El Chubut). Cómplice de las multinacionales y funcional al poder, ese medio había tenido una responsabilidad central en el lobby minero. El pueblo tenía identificados a sus enemigos e hizo justicia.

El martes 21, a siete de días de su aprobación, la Legislatura de la provincia derogó la ley de zonificación minera. El pueblo triunfó. Es inexplicable la sensación que nos atravesó ese día. Éramos muchxs, los abrazos y las lágrimas brotaban de nuestros cuerpos cansados, lo habíamos logrado. Distintos gobiernos habían intentado aprobar la ley, Arcioni finalmente logró cumplir con el pacto de poder. Pero la fiesta les duró siete días. No pudieron contra el pueblo.

Ese día se festejó en la plaza, se bailó cumbia. Fue uno de los días más felices de mi vida. Ver arder la casa de gobierno y tras el triunfo colectivo, ver los rostros de felicidad de tantxs compas, de mi amiga, de tantxs amigxs, me quedó grabado en la retina y en el corazón para siempre.

Mientras escribo este artículo se cumplen cuatro años del Chubutazo, los recuerdos en redes aparecen día a día y vaya que da ánimo saber que este pueblo pudo tanto.

La lucha sigue

En este artículo pude contar nuestra pequeña victoria con el sobreseimiento ganado, sin embargo, este triunfo no nos puede nublar la visión. Somos conscientes de que el capitalismo seguirá avanzando sobre nuestros cuerpos y territorios, siempre vendrán por nuestros bienes comunes. Lo que para nosotrxs es territorio con vida humana y no humana que lo habita, para ellos es riqueza explotable y todas aquellas personas que se opongan a su plan de despojo serán perseguidas y castigadas, como lo son las comunidades originarias, como lo son los vecinos que lucharon en las jornadas del chubutazo.

El actual gobierno de Ignacio Torres, mientras avanza nuevamente con proyectos mineros, se ensañó con los pibes imputados por los daños materiales del Chubutazo.  Eran ocho, un día antes de conocerse la sentencia uno de estos pibes se suicidó.  Lautaro Martínez. Presente, ahora y siempre. Gracias por tu digna lucha.  Esta causa tuvo incontables irregularidades. Finalmente, sin pruebas, condenaron a seis vecinos y dos de ellos hoy están presos. En este momento se lucha por su liberación.

Después de relatar lo que fue el acontecimiento más importante de la historia reciente de Chubut, vuelvo a esa pregunta inicial sobre el significado de nuestro sobreseimiento. ¿Por qué es importante y qué significa? Desde nuestro humilde lugar sentimos que esta pequeña victoria sienta un precedente que da aliento a todas las personas criminalizadas por luchar y la forma en la que llevamos esta causa que fue de manera colectiva y con la frente en alto, muestra un camino, ya que fue dicha actitud la que nos permitió mantenernos firmes y ganar la batalla en el terreno del enemigo.

Este sobreseimiento significa para nosotrxs la posibilidad de seguir luchando con alivio y con la cabeza, el cuerpo y el corazón puesto en donde tiene que estar: en la transformación de raíz de una sociedad capitalista que nos está llevando a un callejón sin salida. Estamos siendo parte de la historia que nuestro pueblo escribe a sangre y fuego. Estuvimos presentes en momentos cruciales de la lucha por el agua, poniendo el cuerpo junto a tanta gente, fuimos gotitas de un mismo río. Desde el mar hasta la cordillera y pasando por la meseta, nuestra provincia fue cuna de importantísimas luchas en defensa de los bienes comunes.

El Chubutazo fue producto también de toda esa historia y es nuestra responsabilidad seguir la lucha, multiplicando la pedagogía constante de las asambleas socioambientales que durante años desarrollaron la conciencia de nuestro pueblo, allanando el camino para su emergencia masiva en los momentos decisivos. Este artículo tiene la humilde pretensión de aportar a otras peleas que hoy mismo se dan en tantos lugares del mundo. La correlación de fuerzas en el terreno de la lucha socioambiental suele ser muy adversa. Pero con determinación popular, organización y conciencia, los pueblos podemos ganar.

Esperamos que la experiencia del Chubutazo pueda motivar la organización y la participación en otras partes. La lucha por un mundo ecosocialista, feminista y sin fronteras, libre de toda opresión, es el faro que ordena nuestro camino. No podemos conformarnos con menos. Es posible vencer, tenemos que hacerlo. La revolución es nuestra tarea.  ¡Lucharemos hasta que todo sea como lo soñamos, por el agua y por la vida! ¡No es No!

21/12/2025

Andrea Leonett

https://vientosur.info/al-sur-del-sur-de-este-mundo-un-gran-triunfo-socioambiental-contra-el-extractivismo/

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