Ines Dussel y su reflexión sobre los mediod digitales en Educación: “No podemos hablar de estos temas con ingenuidad”

Por Revista Saberes

—¿Cuánto cambió nuestra forma de pensar el mundo, en tanto sujetos mediatizados y en diálogo con los diferentes medios y plataformas digitales? 

—En primer lugar, habría que decir que estamos mediatizados desde antes de la llegada de Internet. La prensa, el cine, la radio y la televisión trajeron cambios que modificaron las relaciones sociales y las formas de conocimiento. Con internet llegó otro gran cambio, y aún más, con la llegada del celular y la portabilidad: ese aparato que era una cámara de fotos, una máquina de escribir, nos permitía comunicarnos y enviar y recibir datos. Pero lo digital trajo algo más: la presencia creciente de algoritmos en nuestro día a día y esto, según estudios recientes, atomiza nuestra vida y condiciona las formas de conocer porque nos indican qué ver y dónde detenernos y buscar.

¿Se encuentran preparados los docentes y alumnos para incorporar los saberes que demanda lo digital?

—Lo digital —con la experiencia de Conectar-Igualdad— ya está incorporado en las escuelas, pero todavía hay dificultades en relación a cómo construir un orden de trabajo pedagógico, un interés por el estudio y por la conversación común. Debemos preguntarnos cómo respondemos al desafío que implican las nuevas formas de atención, más fragmentarias y efímeras. Me refiero a cómo creamos condiciones para ver qué producen las tecnologías en relación a la sociabilidad y al vínculo con los conocimientos. Habría que revisar la idea que la información es equiparable al conocimiento y que, a la hora de investigar, alcanza solo con buscar en internet y lograr una distancia crítica respecto a lo que nos ofrece y permite ver.

¿Cuáles son las discusiones respecto a la inclusión o no de, por ejemplo, los celulares en el aula? 

—Si partimos del concepto de que tanto docentes como alumnos tenemos concepciones mediadas por las tecnologías, ya no es una opción dejarlas afuera sino integrarlas y trabajarlas como contenido. La discusión principal con los celulares es cómo hacer para que haya una tarea que organice una comunicación común, porque muchas veces distraen, dificultan o fragmentan la conversación. Aun así, los docentes han ido encontrando modos para que los chicos hagan actividades con ellos en la clase o llegan a acuerdos sobre cómo y en qué momento usarlos. Dicho esto, me parece importante entender que las plataformas digitales son medios de comunicación y que, como tales, implican lenguajes, intereses, géneros y soportes específicos. De ahí la importancia de pensarlas como objetos de estudio.

—¿Podrías dar un ejemplo?

—Si estoy a cargo de Historia puedo ver cómo cambiaron las nociones de la disciplina, de temporalidad, de secuencia cronológica y de verdad; poner más énfasis en los procesos y no en fechas y datos —eso  que antes llamábamos “la información”— y plantear la historia a ras del suelo, como un proceso que hacen muchos sujetos y no solamente “los héroes”. Y abrir la discusión acerca de la posverdad, el anonimato y la responsabilidad o ética que plantean. Tengo que tener en cuenta cuáles son hoy las condiciones del pensamiento histórico, qué saberes traen mis alumnos y la disponibilidad enorme de fuentes y perspectivas a las que acceden a través de los medios digitales, que están cambiando las formas de producción y de transmisión del conocimiento histórico. No da lo mismo cualquier enunciado. No digo que haya que volver a la idea positivista de la verdad revelada, absoluta y objetiva, pero me gustaría recordar a Hannah Arendt cuando decía que la verdad intenta dar cuenta de una existencia, es decir, que tiene una preocupación por lo real.

—El planteo es que deberíamos poner en debate la posverdad…

—En el caso de las disciplinas escolares, es necesario lograr acuerdos provisorios dentro de la comunidad más especializada. Que los historiadores, por ejemplo, puedan ponerse de acuerdo en que un buen relato histórico se caracteriza por chequear y hacer un uso cuidadoso y crítico de las fuentes, confrontar con otras versiones disponibles. Hasta tanto tengamos un acuerdo mejor sobre qué es “la” verdad, podemos hacer acuerdos colectivos. Un profesor no puede contar la historia solo desde la perspectiva que le interesa, sino que debe seguir ciertos procedimientos y métodos de producción de los enunciados. Lo mismo vale para otras disciplinas como las Ciencias Naturales. En un contexto en el que las plataformas digitales prometen resolver las cosas de una manera fácil, económica y con poco esfuerzo, la escuela tiene que hacer un esfuerzo mayor, en el sentido que señala José van Dijck —una holandesa crítica de los medios digitales— cuando habla de lo difícil pero importante. La escuela debería ser el espacio de lo difícil pero importante.

—¿Qué otra recomendación les harías a los educadores para incorporar los medios digitales a la clase?

—Partir de algunas preguntas y desde lo que cada uno enseña, analizar cómo está cambiando el conocimiento con los medios digitales y en función de eso trabajar en concreto. En relación a los cambios en las formas narrativas, el caso de los memes es muy interesante. Implica hacer operaciones complejas, de crítica y de distancia respecto a un texto que circula y sobre el que se hace una broma, un comentario. Hay un trabajo intertextual, de lectura entrelíneas. Como en general son burlas, vale la pena abordarlos para pensar qué se puede convertir en una burla y qué resiste un poco más. Los docentes no tenemos que plegarnos a lo mismo que hacen los medios, sino producir operaciones de reflexión crítica. Antes de emitir una sanción moral, podemos ver cómo funcionan. Para hacer un buen meme, puedo ponerme a estudiar. Son espacios que permiten expandir las formas y los contenidos de lo que enseñamos y entrar más en diálogo con la sociedad contemporánea.

¿Cómo acompaña la escuela, por ejemplo, cuestiones que suceden en la nube como el ciberbullying, el sexting y el grooming? 

—No son cuestiones fáciles de abordar. Cuando en la escuela hay un buen clima, se puede hablar de tensiones y situaciones como el sexting; pero en otros casos, aparece la censura y el escándalo. Son temas que desafían a los adultos y no solo a los docentes. Si hablamos de sexting, una cosa es cómo lo tramita la familia, en un espacio más íntimo y cuidado, y otra, en un espacio público, que involucra relaciones de poder, aspectos legales y personas que son empleados públicos en el sentido más amplio de la palabra. Es esperable trabajarlo desde la ESI (Educación Sexual Integral) pero también desde un espacio de educación mediática y digital, para poder plantear esta tensión entre la autonomía, la libertad individual y la ética; cómo se relacionan, se cuidan y cuidan a los demás. La noción de lo público, lo privado y lo íntimo fue cambiando con las épocas. De ahí la importancia de abrir espacios de diálogo y  de trabajo con los chicos. Los docentes debemos saber cada vez más sobre estas cuestiones, tanto desde un punto de vista pedagógico como legal. Trabajamos con menores de edad y hay que redoblar la cautela y el cuidado, ser responsables del lugar que ocupamos como adultos.

¿Cuál es tu opinión sobre la enseñanza de la robótica en la escuela? 

—Me parece bien enseñar los fundamentos de la programación; ver qué puede hacer la robótica y discutir en qué ámbitos se está introduciendo: si queremos que el trabajo de los médicos se vuelva más robotizado o no, por ejemplo. Analizar qué ganamos y qué perdemos: hacernos preguntas éticas, políticas y epistemológicas. Hay diversos modos de introducir los medios digitales, lo que no puede faltar es la pregunta acerca de cómo y para qué los traemos a la escuela; qué queremos producir con ellos. No traigo Facebook al aula para que los alumnos sean mejores posteando, sino para que tengan una reflexión crítica, entiendan lo que el medio permite o no, en qué enriquece o limita sus posibilidades expresivas. Preguntarse qué produce  a nivel ético y político y ahondar, por ejemplo, en la cuestión de la privacidad y el manejo de los datos. Y todo esto lleva a otras discusiones interesantes como los fenómenos recientes de Cambridge Analytics o la posverdad. Ya no podemos hablar de estos temas con ingenuidad, como los veíamos hace diez años, sino como procesos sociales y culturales que están sucediendo y sobre los cuales debemos estar atentos.

(*) Inés Dussel es Licenciada en Ciencias de la Educación, magíster en Ciencias Sociales y doctora en Educación. Es profesora investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav, en México y es la directora de la Especialización en Educación y Medios Digitales del ISEP. Dirigió el área Educación de Flacso, Argentina desde el 2001 al 2008.

Fuente: https://revistasaberes.com.ar/2019/10/no-podemos-hablar-de-estos-temas-con-ingenuidad/

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La formación digital de los padres es esencial para la educación en nuevas tecnologías de los niños

13 Agosto 2017/Fuente:abc /Autor:S. F. Madrid

Los jóvenes vienen pisando fuerte y las nuevas tecnologías no suponen para ellos ninguna barrera porque han convivido casi desde que nacieron con ellas y forman parte de su día a día. Estas nuevas tecnologías que nos ayudan diariamente y que han logrado que podamos estar conectados a la red las 24 horas del día pueden ser también perjudiciales. Smartphones, redes sociales…. facilitan multitud de tareas todos los días, además de mantener en contacto instantáneamente a las personas. Pero si no se usan correctamente pueden acarrear multitud de problemas, por ello los padres deben empaparse de este nuevo entorno para saber qué pueden estar haciendo sus hijos cuando están frente a la pantalla de su smartphone.

Ahora que es época de vacaciones para los más pequeños, qué hacer con todo su tiempo libre supone un problema para muchas familias. Los teléfonos móviles se convierten en una de las principales vías de ocio para los menores; aplicaciones como Facebook aumentan su uso en un 67% en los meses de verano. Y en esta situación es donde puede venir el problema. Son generaciones nativas digitales para los que las redes sociales y la tecnología de los smartphones no guardan ningún secreto. Pasar horas hablando con amigos, con desconocidos, enviar fotos comprometidas o utilizar aplicaciones no recomendadas para su edad son algunos de los problemas que pueden derivarse de hacer un mal uso de los teléfonos móviles.

Para evitar estas situaciones es necesario que los padres tengan consciencia del peligro que puede suponer no educarles es este ámbito. Enseñarles qué tipo de aplicaciones no son adecuadas para ellos y por qué no deben dar demasiada información en las redes sociales debe ser una conversación a mantener entre padres e hijos.

La educación digital es fundamental en esta era tecnológica. Los padres no pueden obviar este aspecto. Hoy en día es más fácil que nunca hablar con desconocidos y, además, con las nuevas tecnologías ni siquiera es posible ver el aspecto físico de quién está al otro lado de la pantalla. Enseñar a los niños los peligros que conlleva el no saber con quién se está hablando y a quién se le está ofreciendo una información íntima es vital para aprendan a dar un buen uso a su teléfono móvil.

Pero no sólo los problemas vienen de la posibilidad de hablar con extraños, una adicción tan temprana a los teléfonos móviles conlleva problemas de déficit de atención y otro tipo de efectos que perjudican el correcto crecimiento de los más pequeños. Por ejemplo, hasta un 73% de los menores ha utilizado alguna vez el móvil durante la madrugada en días de colegio, un dato que refleja cómo también afecta a las horas de sueño.

Por estos motivos, los padres deben conocer las nuevas tecnologías, sus principales redes sociales o informarse sobre qué aplicaciones no son adecuadas. Además, establecer un tiempo de uso adecuado del smartphone debe ser una máxima para poder guiar a los niños en el buen uso del teléfono móvil desde el conocimiento de la herramienta sobre la que se pretende enseñar. Para poder impartir educación digital es fundamental conocer el entorno de las nuevas redes y estar bien informados, si no, será imposible transmitirles una buena formación a los niños.

Los smartphones pueden resultar unas excelentes herramientas para la educación de los más pequeños, además de ayudar a los padres a poder contactar con ellos cuando sea necesario. Para ello hay que educarles en positivo y no demonizar los terminales. Estar al tanto de la actividad de los menores con el móvil es importante al igual que conocer estas tecnologías porque permite dar una buena educación digital a los niños.

Fuente de la noticia: http://www.abc.es/familia/educacion/abci-formacion-digital-padres-esencial-para-educacion-nuevas-tecnologias-ninos-201708122156_noticia.html

Fuente de la imagen: http://www.abc.es/media/familia/2017/08/13/padres-formacion-digital-kfGC–620×349@abc.jp

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