Teorías de la conspiración: el peligro de caer en la manipulación y la intolerancia

Artículo original de 

LA SITUACIÓN EMPEORA Y LA IGNORANCIA EN ESTA ERA DE LA INFORMACIÓN SE HA CONVERTIDO EN UNA NORMA, AL TIEMPO QUE EL ESCEPTICISMO Y LA REBELDÍA SE DIRIGEN CONTRA TODO LO CIENTÍFICO.

De esta manera, el sentido de la vida, el origen primigenio de la Humanidad, la muerte… son preguntas transcendentales que se van repitiendo a lo largo del tiempo y en todas las sociedades. Sin embargo, con el surgimiento del método científico y el desarrollo de las ciencias modernas se crea un nuevo paradigma que afronta estos interrogantes a través de un método de investigación, recolección de información, análisis, comprobación y replicación de datos que se ha demostrado ser, al menos de momento, la mejor forma de obtener conocimiento.

Asimismo, gracias a los avances científicos logrados con estas herramientas, se ha arrojado algo de luz sobre las incógnitas más transcendentales que se han ido fraguando con el devenir de las épocas, generando un enorme avance en los últimos cien años. Así, la ciencia moderna ha ido ganando terreno a otras formas que, históricamente, han tenido las culturas de encontrar respuestas.

El auge de las pseudociencias y de la conspiración

Por tanto, podría decirse que existen dos enfoques diferentes que afrontan las cuestiones vitales de la Humanidad. Por un lado, la ciencia; por otro, el pensamiento más subjetivo y abstracto ligado al mito y a la fábula que tiene su máxima expresión en las religiones, pero que puede reflejarse en otro tipo de creencias.

Los científicos, en otras palabras, son cazadores de mitos; se esfuerzan por sustituir imágenes de secuencias factuales, mitos, creencias y especulaciones metafísicas no comprobables sobre la base de la observación de hechos por teorías, es decir, modelos de interrelaciones susceptibles de control, comprobación y corrección mediante observaciones de hechos – Elias, Nortbert (1999), Sociología fundamental, p. 62

Hoy en día, los discursos religiosos han ido perdiendo fuelle en contraposición a una ciencia cada vez más creciente que ha acabado asentándose como hegemónica en las explicaciones sobre el funcionamiento de las leyes físicas, del papel de los seres humanos (y los seres vivos en general) en La Tierra y el propio universo, el origen de las especies, etc.

Reproducción de una calavera con un mapa craneal basado en la frenología, considerada una pseudociencia desde hace décadas
Reproducción de una calavera con un mapa craneal basado en la frenología, considerada una pseudociencia desde hace décadas

En las explicaciones sobre la realidad social, económica y política, también ha ocurrido esto, y las ciencias sociales, jurídicas o económicas se han consolidado como paradigmas predominantes en cuanto a las explicaciones sobre el funcionamiento de la sociedad.

No obstante, la modernidad se caracteriza también por el surgimiento de unos discursos acientíficos o pseudocientíficos, los cuales, han cubierto el espacio que las explicaciones religiosas y míticas antes ocupaban casi en su totalidad. Estos nuevos discursos son altamente flexibles y conjugan diferentes aspectos: místicos, científicos, históricos… y acaban generando un relato que no se apoya en las premisas de comprobación, experimentación y análisis.

En definitiva, no se basan en el método científico, ni están contrastados, ni se apoyan en datos objetivos. De este modo, las conceptualizaciones ligadas al pensamiento abstracto, las fábulas, mitos o leyendas que a través de las metáforas o las moralejas intentan transmitir valores, o en cierto grado, obtener una explicación sobre ciertos fenómenos, no tienen una dimensión negativa en su origen y cumplen una función. Al igual que la ciencia, intentan arrojar luz donde nuestro entendimiento solo vislumbra sombras e incertidumbre.

Los peligros de los discursos pseudocientíficos

Protesta contra el confinamiento en Queen's Park, Canadá, para detener el avance del coronavirus. Negacionistas del coronavirus afirman que la pandemia es una conspiración para reducir las libertades. Autor: Michael Swann, 25/04/2020. Fuente: Flickr
Protesta contra el confinamiento en Queen’s Park, Canadá, para detener el avance del coronavirus. Negacionistas del coronavirus afirman que la pandemia es una conspiración para reducir las libertades. Autor: Michael Swann, 25/04/2020. Fuente: Flickr

La ciencia ha demostrado ser un método mucho más fiable a la hora de acercarse a la verdad y, por tanto, la herramienta más eficaz para perseguir el conocimiento y, en general, mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población.

Por otro lado, los relatos pseudocientíficos actuales se presentan como potencialmente peligrosos, ya que siembran una dosis plena de ignorancia. El efecto de estos es claramente alejar a las personas de la realidad y, además, son en cierto modo más atractivos que los discursos sometidos a la objetividad científica, ya que muchos de ellos ofrecen explicaciones absolutas y simples a problemas altamente complejos.

De esta forma, a través de las nuevas tecnologías su expansión ha sido global, encontrando discursos de estas características no solo en las redes o en Internet (su sitio predilecto) sino también en medios más tradicionales como programas de televisión o de radio.

A pesar de esto, las pseudociencias y discursos basados en la conspiración no son exclusivos de la época actual, ya que fueron usados por regímenes totalitarios.

Tal fue el caso del nazismo alemán en los años 20 y 30 a través de su teoría antisemita, la cual se engloba dentro de la teoría de la conspiración judía y que tiene sus raíces siglos atrás. Un buen ejemplo del antisemitismo en épocas pasadas puede ser la obra de La isla de Monopantos (1650), un alegato antisemita del famoso escritor español Francisco de Quevedo, aunque se pueden encontrar obras similares, incluso más antiguas.

Siguiendo la estela de las conspiraciones en España, hay que mencionar la conspiración judeo-masónica-comunista internacional, la cual fue un discurso fundamental del imaginario franquista y uno de los relatos principales de propio dictador, Francisco Franco, y sobre el que apoyó toda su agenda política y social de clara inspiración fascista.

No obstante, los relatos pseudocientíficos y las creencias basadas en la conspiración no implican únicamente al ámbito político. Personalidades carismáticas, determinados grupos o incluso personajes poco conocidos se han apoyado en estos relatos para aprovecharse de la gente y llevar a cabo complejos timos que no tienen otro objetivo que usar debilidades psicológicas y emocionales por interés personal, ya sea en forma de dinero, adulación, sexo…

Algunos ejemplos de esto último pueden verse en las famosas terapias alternativas, en las sectas o en las estafas piramidales.

Las teorías de la conspiración y la extrema derecha

Seguidor de Trump con una camiseta QAnon roja, la conspiración de moda en Estados Unidos. Autor: Marc Nozell. Fuente: Flickr (CC BY 2.0).
Seguidor de Trump con una camiseta QAnon roja, la conspiración de moda en Estados Unidos. Autor: Marc Nozell. Fuente: Flickr (CC BY 2.0).

En la actualidad, existe una discursiva renovada de estas premisas, unos discursos que se expanden a través de Internet y que se entremezclan con bulos y “fake news” y demás productos comunicativos, formando parte de la gran oleada de desinformación y manipulación que azota el mundo hoy en día.

Partidos políticos de extrema derecha han absorbido estos relatos a su favor, unos discursos que les sirven muy bien para completar su argumentación basada en la creación del “chivo expiatorio”, ya que la extrema derecha utiliza un modus operandi en el cual siempre se culpabiliza a uno o varios colectivos a través de la figuración de estos como un “otro, extraño y dañino”.

Por tanto, las teorías de la conspiración le vienen como anillo al dedo para argumentar y generar este relato inculpatorio: así, la culpa de todo la tienen los judíos, los comunistas, los republicanos, las feministas, los musulmanes, los indígenas… el discurso es simple, adaptable y eso lo hace peligroso, ya que, además, cuenta con la baza de ofrecer una verdad absoluta hacia problemáticas sociales complejas y difíciles de comprender.

Es mucho más fácil creer que si no tienes trabajo es culpa de un inmigrante, hacia el cual además ya has generado prejuicios basados en estereotipos racistas, que comprender cómo son las dinámicas económicas, sociales y laborales dentro de la sociedad capitalista y cómo eso puede tener como consecuencia que pierdas tu empleo. Incluso sin necesidad de acudir al argumento sociopolítico: es más fácil echar la culpa a otro que asumir cierta responsabilidad por el hecho de que no encuentres un empleo.

La ciencia es una vacuna contra los charlatanes del mundo que explotarían tu ignorancia – Neil deGrasse Tyson, astrofísico y divulgador científico

Existe, por tanto, una realidad oculta en las grandes teorías conspirativas, ya que en muchos casos pueden parecer inofensivos pasatiempos o deliberaciones. Sin embargo, cuando se utilizan con intencionalidad manipulativa para describir la realidad social pueden ser desastrosas. Un claro ejemplo se ha visto en las manifestaciones de negacionistas del coronavirus que se han dado en multitud de países, como en España, Estados Unidos o en Alemania, y que están poniendo en jaque la estabilidad en Países Bajos.

La utilización de estos relatos para sembrar incomprensión y odio alejan a la ciudadanía de la realidad. Además, perjudican claramente a los sistemas democráticos, ya que una ciudadanía que se guíe a través de estos discursos no va a poder tomar decisiones de manera coherente.

Ejemplo de esto se puede observar en el auge de la ultraderecha en todo el mundo, donde se ha producido una aceptación por un porcentaje importante de la ciudadanía de discursos populistas y anticientíficosDonald Trump (EUA), Jair Bolsonaro (Brasil), Jeanine Áñez (Bolivia), Santiago Abascal (España), (Italia)… son algunos ejemplos de líderes políticos que se apoyan en pseudociencias y en conspiraciones para divulgar sus ideas: racismo, ultranacionalismo, clasismo, machismonegacionismo del cambio climático, etc.

Uno de los ejemplos más célebres y más comentados últimamente es la teoría QAnon, que para algunos se parece cada vez más a un culto sectario, y que defiende que Donald Trump es el héroe que detendrá a una supuesta red de pedofilia encubierta por la élite del Partido Demócrata y progresista de Estados Unidos gracias a un plan maestro. QAnon a asentado las bases teóricas de la línea política de Trump, incluyendo las acusaciones de fraude electoral.

De esta manera, que dichos discursos calen en un porcentaje considerable de la población pone en una situación de posibles riesgos y problemáticas sociales muy graves. Las teorías conspirativas (o, coloquialmente, conspiranoicas) pueden conducir a un estado colectivo de paranoia e irrealidad, a menudo denominado posverdad.

Acontecimientos como el ocurrido el 6 de enero de 2021, con el asalto al Capitolio por parte de grupos de extrema derecha partidarios de Donald Trump, representa un ejemplo de las consecuencias que estos pensamientos pueden tener en la consecución de acciones violentas e irracionales a gran escala.

Sin embargo, el asalto al Capitolio palidece al lado de decisiones políticas que han conducido a la eugenesia o el genocidio y que se han apoyado en falsas creencias deliberadamente difundidas entre la población. Siempre se pone de ejemplo en este caso el Holocausto, pero esto se ha dado en muchas otras ocasiones a lo largo de la Historia.

Confrontando las creencias pseudocientíficas y las teorías basadas en la conspiración

Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, durante reunión Donald J. Trump, ex presidente de Estados Unidos. Ambos se han apoyado en teorías de la conspiración para obtener apoyo popular. Autor: Alan Santos / PR. Fuente: Flickr (CC BY 2.0.)

Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, durante reunión Donald J. Trump, ex presidente de Estados Unidos. Ambos se han apoyado en teorías de la conspiración para obtener apoyo popular. Autor: Alan Santos / PR. Fuente: Flickr (CC BY 2.0.)

 

En definitiva, enfrentar este problema pasa principalmente por dos factores fundamentales. En primer lugar, unos medios de comunicación comprometidos con la veracidad. Esto no significa que tenga que haber un recorte en la pluralidad de la información, pero sí que quizá se deberían excluir debates inocuos y absurdos sobre temas hace cientos de años superados: La Tierra no es plana y existen además miles de evidencias científicas que lo corroboran. El debate planteado por el terraplanismo es totalmente vacío y es uno de los ejemplos más evidentes de debates absurdos llevados a cabo por las pseudociencias.

En segundo lugar, más importante si cabe, la educación. No hay herramienta más liberadora que la capacidad crítica de discernir y analizar de una manera objetiva la información, y eso, solo se consigue a través de la educación. Educación en valores científicos, pero también humanísticos, donde las ciencias humanas tienen igual o más que decir sobre esta perspectiva.

Volviendo al terraplanismouna encuesta publicada en 2018 revelaba que solo el 66% de la juventud estadounidense entre 18 y 24 afirmaba con rotundidad que La Tierra no era plana. Es decir, casi 3 de cada 10 jóvenes tenía dudas sobre este hecho. Además, la creencia de que hay una conspiración alrededor de ocultarle a la gente “la verdad” sobre la forma del planeta cada día tiene más adeptos pese a lo absurdo que es.

Por lo tanto, se debe enseñar a la gente a pensar por sí misma. Aunque sea un tópico, sigue siendo utópico. Es más, la situación empeora y la ignorancia en esta era de la información se ha convertido en una norma, al tiempo que el escepticismo y la rebeldía se dirigen contra todo lo científico.

Así pues, hace falta un sistema educativo que no se dedique concienzudamente a educar futura mano de obra, si no a ciudadanos libres con herramientas básicas para saber desenvolverse dentro de la compleja realidad social de la que forman parte activamente.

Hablamos a los niños de Papá Noel y el ratoncito Pérez por razones que creemos emocionalmente sólidas, pero los desengañamos de esos mitos antes de hacerse mayores. ¿Por qué retractarnos? Porque su bienestar como adultos depende de que conozcan el mundo realmente como es. Nos preocupan, y con razón, los adultos que todavía creen en Papá Noel – Carl Sagan, El mundo y sus demonios, 1997, p. 229

Enlaces, fuentes y bibliografía:

– Artículo original de Sociología Inquieta: Las conspiraciones: el peligro de caer en la manipulación y en la intolerancia

– Carl Sagan, (1997), El mundo y sus demonios.
– Elias, Nortbert (1999) Sociología fundamental.

Fuente e imagen: https://nuevarevolucion.es/teorias-de-la-conspiracion-el-peligro-de-caer-en-la-manipulacion-y-la-intolerancia/

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Nuevas tendencias del conocimiento frente a la modernidad y los dominios del saber

Nuevas tendencias del conocimiento frente a la modernidad y los dominios del saber

 

Freddy Guerra Herrera

C.I 8369512

Freddyguerrah @gmail.com

Tlf. 04141915503

 

Resumen

La producción del conocimiento está siendo transitada en medio de una crisis que cuestiona la razón y el pensamiento filosófico, liberando un debate entre lo moderno y lo posmoderno, así como otras formas de pensamiento. La vida del planeta se siente amenazada por la agresión permanente del capitalismo que ha impuesto su visión del mundo y del ser humano. Pudiera decirse que una crisis existencial del modernismo ataca la naturaleza humana. Por lo que en este artículo  está basado en la reflexión de autores reconocidos universalmente como Luis Damia, Heidegger, Berman, Morín, Nicolescu, Foucaul, Gadamer y Maffesoli, entre otros. Quienes van tejiendo la urdimbre del conocimiento en atención a otras formas de pensamiento, en función de esas nuevas tendencias en los dominios del saber, relacionadas al hombre y el nuevo arte de vivir. Con esta nueva corriente del pensamiento se han desarrollado estrategias con lo se pretende tratar al ser humano desde una perspectiva de interconexión, que le permita penetrar en estas nuevas formas de conocer. Por cuanto la realidad y sus niveles de percepción son múltiples y complejos. Y la cultura del hombre está llena de signos que la alimentan y la determinan. Por lo que el verdadero espíritu de la transdisciplinariedad va más allá de todo lo que se está haciendo. La meta camina hacia la autotransformación y la creación de un nuevo arte de vivir.

Palabras claves: Tendencias, Pensamiento, Conocimiento, Modernidad,  Dominios del Saber.

 

        

Introducción

Entramos a la sociedad del conocimiento, caracterizada por la importancia que tienen los avances científicos y tecnológicos, en todos los sectores del saber, así como en todas las grandes  decisiones entre  naciones. Se exige que el ser humano desarrolle al máximo su inteligencia y su creatividad para enfrentar los cambio y las innovaciones que exigen los nuevos tiempos.

En la mayor parte de los países, las universidades preparan las condiciones para lograr este objetivo. En Monagas así como en  el resto del país, el Estado venezolano está dando respuesta  a esta necesidad, en función del desarrollo estratégico del pueblo con el que está comprometido, en la construcción del socialismo Bolivariano y el desarrollo de una nueva ética para el servidor público, como el arte de vivir con la mayor suma de felicidad.

El Doctorado en Ciencias para el Desarrollo Estratégico, ofrecido por la Universidad Bolivariana de Venezuela, centra su enfoque en torno a los asuntos más relevantes que tienen lugar hoy el debate intelectual contemporáneo, relacionado con el conocimiento científico en todos los dominios del saber.  Con el propósito de generar procesos de reflexión en torno a la matriz epistemológica que caracteriza la racionalidad científica moderna y sus formas de expresión en el conocimiento socioeducativo.

          Estos puntos para la reflexión y discusión, han sido orientados por el orden moderno del saber y el discurso sobre la ciencia y el conocimiento científico. Además de las formas emergentes del conocimiento y los nuevos equipamientos epistemológicos en el mundo de hoy, para la gente de hoy.

 

Artículo

Voy a comenzar este artículo con una breve reflexión  de lo que a mi entender implica la modernidad, tomando en cuenta la visión de reconocidos autores, cuyo pensamiento a influido en esta era contemporánea, de la que somos protagonistas, donde la humanidad anda como confundida,  hasta  desconcertada,  ante el derrumbe y falsedad de las contradicciones y abusos de la razón.

Con  este cuestionamiento actual de la razón  va también la crisis y el debate sobre el sentido y motivo de ser de la Filosofía. Porque se sabe que en ambas, desde hace siglos, existe como un encubrimiento  y en la actualidad se dice que somos testigos de su crisis y discusión, con la necesidad de su redefinición.

Desde esta perspectiva,  el destino de la razón y la Filosofía es el destino del hombre mismo y ya en la actualidad se libra un debate entre lo moderno y posmoderno, esa lucha e indefinición respecto a la concepción del hombre y la razón, ha generado ese debate.

Esta especie de transición a la modernidad, asume como premisa el paradigma que afirma que las sociedades históricas desarrollan una larga evolución en el tiempo, que va desde una cultura tradicional hacia una cultura moderna y que esa transición se continúa con el paso desde una cultura moderna a una cultura con otras formas de pensar.

Es bueno decir, tal como lo plantea Luis Damia, que esto no se trata de cambios lineales, ni de cambios automáticos y que el paso desde un estadio de desarrollo a otro, tampoco se produce en forma continua, sino que generalmente se logra a través de saltos, retrocesos y aceleraciones del tiempo histórico.

Por lo que en la modernidad, según el filósofo Alemán Martin Heidegger (2007), asume que el porvenir reemplaza al pasado y racionaliza el juicio de la acción asociada a las personas. La modernidad entonces viene a ser, esa posibilidad política y reflexiva de cambiar las reglas del juego de la vida social.

La modernidad es también, según la pluma de este  escritor,  el conjunto de las condiciones históricas materiales que permiten pensar la emancipación conjunta de las tradiciones, las doctrinas o las ideologías heredadas, y no problematizadas por una cultura tradicional.

Se trata, según esta visión,  de un proceso de carácter global de una realidad y características distintas a las precedentes etapas históricas, en la que lo económico, lo social, lo político y lo cultural se interrelacionan, se integran y avanzan a ritmos desiguales, hasta terminar por configurar la moderna sociedad burguesa, el capitalismo y una nueva forma de organización política.

De ahí que culturalmente, la modernidad es caracterizada por formas de conocimiento  asociadas al capital y a los aparatos administrativos del Estado, lo que el filósofo Alemán Jurgen  Habermas, (2008). Desde su discurso,  describe como una creciente racionalización del mundo. Pero que filosóficamente, la modernidad implica, según el pensamiento de Michel Foucault, (1981). La emergencia de la noción del hombre como fundamento de todo conocimiento del mundo, separado de lo natural y lo divino.

Tengo entendido, que estas tendencias más recientes, ha traído grandes consecuencias que implican un diálogo abierto con todos los saberes. Esta tendencia supera las expectativas de la modernidad y se vincula como el movimiento de la postmodernidad. En este movimiento, la ciencia al igual que el resto de los saberes culturales, buscan la verdad.     Lo que hace pensar, que no podemos hoy invalidar ningún conocimiento. Al contrario, más bien procurar entender las  semejanzas que hay entre todas las formas del saber.

Pero como todo momento histórico tiene sus sombras y sus luces, voy a referirme a las luces o aportes culturales que la modernidad nos ha dejado como herencia y que le ha dado fuerza a estas ideas,  por sus logros  fundamentales, entre los que destacan los grandes descubrimientos científicos, la industrialización de la producción y su consecuente alteración demográfica y urbanística, que  originó  la consolidación de Estados Nacionales, aparecen los medios masivos de comunicación, la imprenta, se desarrollan los movimientos sociales y políticos, entre otros grandes logros.

La participación  en la constitución de un mercado mundial capitalista. La racionalidad a la par de los avances tecnológicos y científicos, contribuyó a delinear el espejismo del progreso ilimitado como respuesta a los múltiples interrogantes de la humanidad.

Sin embargo, como lo dicen expertos en el tema, la sociedad global ha ido  presenciando el derrumbe de los avances de la modernidad, precisamente por lo que está aconteciendo en el clima cultural contemporáneo, como  los ataques a los ideales revolucionarios,  guerras mundiales, el holocausto, la proliferación nuclear y la acentuación de la marginalidad.

Debo agregar, que en la actualidad, la concepción sobre el hombre y la razón, sobre la historia y el conocimiento en general, han sido trastocados, alterados de tal suerte que, ha entrado en escena el claro debate  entre la modernidad y otras formas de pensar.

Sin embargo, debo  plantear lo que a juicio de muchos expertos han dado por llamar crisis del pensamiento moderno y que la cultura del siglo XX tiene como uno de sus ejes principales; me refiero al discurso de la crisis de la modernidad.

Este decadente modelo de dominación mundial llamado Modernidad, tiene radicada su crisis en la imposición,  de una tendencia cultural dominante originada  en Occidente que actúan alterando, transformando y destruyendo las culturas y sociedades del mal llamado tercer Mundo,  imponiendo cambios en las economías y la institucionalidad de los países pobres y terminando con la diversidad cultural y social de los pueblos.

Esta radicalización de la modernidad se desarrolla en el mundo uniformando a todos los países con una misma cultura, con los mismos valores, con el mismo consumo, pero al mismo tiempo produciendo la exclusión y marginación, de la mayor parte de la humanidad, que no tiene la tecnología más moderna, que no puede competir en el mercado mundial, condenándolas a la miseria, el desamparo y el hambre.

Como nunca antes en la historia universal, la imposición sin contrapeso de un proyecto uniforme y globalizante, amenaza con tanta violencia la existencia misma de la vida sobre el planeta.

Esta misma sociedad, en medio de esta crisis de la modernidad se vio con la legitimidad de imponer su visión del mundo y del hombre como única alternativa ante la agresión permanente del capital internacional, que en definitiva, no fue capaz de escapar a la lógica de la dominación, no fue capaz de reconocer la enorme riqueza, que contienen las múltiples cosmovisiones de los pueblos y naciones pobres del planeta.

Es aquí donde uno se pregunta ¿Qué pudiera estar pasando con los nuevos horizontes epistémicos? Porque algo se debe estar moviendo en el ambiente cultural contemporáneo, sobre todo aquello que pudiera estar estimulando otras formas de pensamiento.

Ante este planteamiento, hay que ser sincero en decir que una confusión existencial pudiera estar  atacando  al ser humano y creo que ese es el signo de lo que pudiera estar  pasando en este momento.

Como ha dicho el filósofo y escritor estadounidense Marshal Berman, (2000).  Este otro modo de pensar es una parádoja, porque es la unión en la desunión,  lo que nos arroja a la vorágine de la permanente desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de la ambigüedad y la angustia.

El hombre actual ha perdido el sentido de lo grave, es un sujeto receptivo y pasivo de información, que le invade hasta lo íntimo y que permanece envuelto en relaciones superficiales con sus semejantes y con las cosas.

Existe un descrecimiento sobre lo público, sobre lo colectivo y sobre el compromiso social y humano. Es evidente, que en la actualidad se da una confusión existencial del ser humano, porque de alguna manera, ya no se reconocen valores últimos. Existe diversidad de juegos de lenguajes, existen variados paradigmas que fragmentan la realidad.  Y esto es un síntoma de que otro modo de pensar está surgiendo, como repuesta a lo que pasa en este tiempo cultural que nos ha tocado vivir.

Ahora, podemos apreciar lo interesante de este nuevo pensamiento que viene emergiendo, haciendo suyo las nociones de complejidad y de transdiciplinariedad en tiempo real, cuando los procesos de integración del saber están teniendo lugar, como resultado del desarrollo de la ciencia y la técnica, y la necesidad de una nueva forma de pensamiento que garantice la existencia de nuestro Planeta Tierra y  la humanidad,  encontrando respuesta en los procesos inter, multi y transdiscipliarios.

Al respecto se ha escrito mucho y se continúa escribiendo, incluyendo la búsqueda de conceptos que viabilicen la transdisciplinariedad, pues predomina una formación disciplinaria, tanto en la investigación como en las demás áreas del saber.

Algunos autores, de referencia, como el filósofo y sociólogo francés Edgar Morín, (1994). Conciben la transdisciplinariedad  como una visión del mundo que busca ubicar al hombre y a la humanidad en el centro de nuestra reflexión, y desarrollar una concepción integradora del conocimiento.

Esta nueva corriente de pensamiento ha desarrollado tres pilares fundamentales como son: los niveles de realidad, la lógica del tercero incluido y la complejidad, a partir de lo cual, Morín pretende fundar una metodología que aborde la cuestión humana y del conocimiento desde una perspectiva de interconexión.  Teniendo  presente que una visión totalizadora y completa de lo humano y del conocimiento son imposibles, dada la incertidumbre y la incompletud fundamental que caracteriza a estos  fenómenos.

Por supuesto, se requiere  según  Morin,(1994).  De un necesario aval cultural para poder integrar los saberes, y así acercarse con más profundidad a la verdad. Por eso los fundamentos filosóficos, por su aprehensión cosmovisiva, contribuyen a la integralidad de estos cambios, a la articulación de saberes, los cuales son insoslayables para poder penetrar con profundidad en estas nuevas formas de conocer.

Citando al reconocido Físico Rumano, Basarab Nicolescu,(1996). La visión transdisciplinaria es una perspectiva que propone considerar una realidad multidimensional estructurada en múltiples niveles, que sustituya la visión de una realidad unidimensional del pensamiento clásico.

Según este autor, los diferentes niveles de comprensión resultan de la interpretación armoniosa del conocimiento de diversos niveles de realidad y de los diferentes niveles de percepción. Pero, la realidad y sus niveles de percepción son múltiples y complejos.

La realidad es una unidad abierta que engloba al sujeto, al objeto y a lo sagrado, que serían tres facetas de una sola y misma realidad. Porque para  Nicolescu,(1996). La realidad reducida al sujeto destruyó a las sociedades tradicionales; la realidad reducida al objeto conduce a los sistemas totalitarios, y la realidad reducida a lo sagrado conduce a los fanatismos e integrismos religiosos.

En definitiva, la transdisciplinariedad para Nicolescu,(1996). Es vista como una actitud que implica un cambio espiritual equivalente a una conversión del alma. Y para tener acceso a esta cualidad, implica romper con la creencia de que la totalidad se limita a la realidad sensible que vemos y percibimos con nuestros sentidos, además  de evitar el lenguaje de la comodidad, y romper con un modo de vida  convencional.

Otro autor que  persiguió la génesis del sujeto moderno, en la base de nuestro saber actual fue el Filósofo e Historiador Francés, Michel Foucault, (1987). Dándonos a conocer los pliegues de su epísteme moderna. Con una visión arqueológica y genealógica del conocimiento, como nueva racionalidad, nos muestra que su arqueología de las ciencias humanas, describe el momento histórico de la emergencia del hombre, así como anuncia su pronto y esperado hundimiento.

Este método arqueológico, utilizado por Foucault, (1987). Señala que el código de la cultura sólo nos es accesible a través del estudio del lenguaje y de los discursos. Se trata de un método discursivo. Es el discurso el que conforma los objetos de las ciencias. Y la experiencia de orden es una experiencia en que las cosas son puestas en la claridad de la palabra.

La arqueología del saber asigna un lugar interior al sujeto que habla desde un discurso, mientras los individuos siguen creyéndose soberanos de unos derechos y poseedores de unas libertades que la sociedad reprime.

Con esta misma racionalidad, Michel Foucault, en Las Palabras y Las Cosas, (1981).  Nos pasea por un circuito genealógico cuyo objetivo es ubicar las diferentes etapas evolutivas de los signos y del saber, hasta llegar a la sacralización de los mismos. En su planteamiento se recoge la idea de un hombre que es y se hace a través del lenguaje.

La cultura donde ese hombre está inmerso está impregnada por signos que la alimentan y la determinan. Cada una de las cosas que rodea al hombre y todo lo que existe dentro y fuera de él tiene nombre y significado.

En concreto, aquello que constituye la cultura con la cual se identifica el hombre, es nombrado. Todo significa algo y ese algo se convierte en mediador entre el sujeto y su mundo. Dentro de este marco referencial Foucault, (1987). Nos hace entender que el lenguaje no tiene otro lugar que no sea la representación.

Vemos como la aplicación al contexto, basta a menudo, para advertir sí una palabra es significativa de una realidad o si la describe en su sentido. Como podemos apreciar, para Foucault, el mundo está constituido por signos. Son esos signos los que el mismo hombre tiene que traducir para poder conocer, para acceder al saber.

Desde esta lógica de sentido, el hombre está sometido a la realización de un ejercicio constante de interpretación. Esta práctica comienza por las palabras, las cuales tiene que llegar a descifrar para capturar lo que ellas quieren decir.

De hecho, es una búsqueda continua la que inicia todo aquel que quiera saber lo que dicen los signos, lo que denotan los significantes. Ciertamente, lo que realmente se plantea es una labor hermenéutica.

Entendiéndose como hermenéutica, el proceso mediante el cual se pueden descifrar los signos para buscar la semejanza en lo semejante;  razonamiento manejado muy bien por  Gadamer, (2004). Cuando hace suyo el carácter hermenéutico del conocimiento, frente a estas nuevas formas de conocer.

Este  método hermenéutico o exégesis es también el rescate del sentido oculto, la reconstrucción del lenguaje descifrable que oculta, el poder decir otra cosa de lo que se dice en la palabra, que tiene una pluralidad de sentidos. Interpretándonos a nosotros mismos, cuando la interpretación es siempre algo inacabado.

Además, que para poder interpretar hay que conocer las palabras y los contextos de uso. Dice Foucault,(1987).  Que  la lengua no es caprichosa, obedece a un orden de palabras y signos que representan las cosas mediante las cuales el mundo está conformado y estructurado. Esa es la importancia capital del lenguaje.   

En este orden de ideas,  interesa mostrar la argumentación desconstructiva de un pensador importante en la actualidad, como es Michel Maffesoli, que nos propone pensar el mundo desde una lógica argumentativa distinta, a la que ha denominado “de la razón sensible” y que implica un tipo de aprehensión poético-científico del mundo, haciendo suya la experiencia del proceder estético.

Este Sociólogo Francés Michel Maffesoli,(1997). Defiende un modelo de sociedad postmoderna donde se diluyen los valores centrales de la racionalidad y la propia idea de democracia, por saturación y desgaste de los paradigmas previos.

Surgen, pues, condiciones para una nueva dimensión de reacomodo en un mundo pluricultural de individuos que tienden a alcanzar la plenitud emotiva de acuerdo con un nomadismo cultural de los individuos y la formación de nuevos complementos sociales,  a modo de nuevas tribus, donde la tecnología, en especial Internet, aparece como una respuesta para el encuentro planetario de las nuevas formas de comunidad.

La razón, como ley suprema, está, a juicio de Maffesoli, (1997) en plena regresión. La razón y los valores modernos del progreso estarían ocultando otras formas de plenitud social, basadas en el arraigo emotivo a lo cercano y la apertura comunicativa con realidades geográficas lejanas, pero emotiva y simbólicamente próximas.

Aparece aquí una nueva razón social, la razón sensible, o naturaleza emocional de los lazos sociales. La sociabilidad nace a través de los sentidos, del hedonismo, del disfrute del tiempo, de la ética relativa de la estética, de la proyección orgánica del individuo sobre su entorno como instancia volitiva de elección y comunicación.

En esencia, Maffesoli, (1997).  Contrapone lo que entiende como matrices de la postmodernidad a las relaciones regladas por la racionalidad. En su paradigma postmoderno aflora lo invisible del individuo, la razón interna  la mística negada por el reduccionismo racionalista.

La proyección mediática de Maffesoli y el carácter intuitivo de muchas de sus propuestas, marcan puntos de heterodoxia para la comunidad científica. El pensamiento parece liberado de la realidad compleja del planeta y se proyecta a modo de utopía socioemotiva, con una espontaneidad auto organisativa de la sociedad compleja y de un sincretismo policultural que va hacia la preocupación ecológica como centro del nuevo paradigma.

El verdadero espíritu de la transdisciplinariedad va más allá de todo lo que prácticamente se está haciendo hasta el presente: su meta o ideal no consiste sólo en la unidad del conocimiento, que es considerada como un medio, sino que camina hacia la autotransformación y hacia la creación de un nuevo arte de vivir. Por ello, la actitud transdisciplinar implica la puesta en práctica de una nueva visión.

            Levantada esta información con la que   hemos  reflexionado, sobre un tema tan amplio y  debatido como  la Modernidad, frente a nuevas tendencias del pensamiento, quisiera expresar mi criterio, como  doctorante, orientado hacia el rescate y replanteamiento del discurso moderno.

Porque considero que las ideas de la modernidad en el caso particular de sociedades como la nuestra, deben  ser revisadas, esto significa que, la modernidad debe de ser superada pero no cancelada.

En pocas palabras, el hombre de nuestras latitudes debe rescatar lo mejor y  eliminar lo peor, los errores a que condujo la modernidad en otros países y regiones. No se trata de resistencia, oposición o indiferencia ante el discurso moderno de pensadores, algunos referidos    en este artículo,  sino de su replanteamiento y rescate en lo que a sus formas de pensamiento se refiere, con una conciencia  que el hombre y su razón, el conocimiento y la historia, juegan otro papel en estos  últimos tiempos.

Posiblemente, las corrientes filosóficas actuales son y representan un claro ejemplo del replanteamiento y búsquedas,  de lo mejor del discurso que heredamos de la modernidad y que actualmente se analiza y debate desde  nuevas perspectivas.

Necesitamos por lo tanto, la construcción de una Filosofía para el inicio de una nueva época, en que se termine la confusión y crisis existencial del ser humano a través de su desenmascaramiento, del hallazgo y conocimiento auténtico de su identidad.

Así, llegamos a la conclusión, más no al final del tema, porque el problema fundamental contemporáneo no es el descrédito de las ideologías y la crisis de la diversidad de corrientes de pensamiento; Ni lo es tampoco la formación de nuevos bloques y mercados mundiales, formados por el imperialismo capitalista, en el que unos cuantos países se disputan la hegemonía económica y política.

Tampoco  es lo relativo a los grandes conflictos políticos y bélicos que mundial o regionalmente se enquistan y trascienden y mucho menos lo es el referido a las implicaciones de los grandes y asombrosos inventos y descubrimientos que la ciencia y la técnica nos está aceleradamente proporcionando.

No, en estos tiempos de cambio, el problema fundamental del hombre contemporáneo, es el de las contradicciones y confusión existencial de su ser mismo. Es el problema de su naturaleza, de su cultura y valores.

La idea predominante en la actualidad es que todo significa y tiene un sentido y que por lo tanto, ese objeto, sujeto, hecho, acto, fenómeno o proceso, no es sólo susceptible de explicaciones sino también de interpretaciones y reflexiones. He aquí la gran importancia del análisis y rescate que se pude hacer de la modernidad por un lado y del discurso posmoderno por otro.

Se hace entonces necesario, vislumbrar la posibilidad de la construcción de una propia y auténtica filosofía, la superación del debate de la modernidad, frente a la llamada posmodernidad y de la confusión existencial del ser, a partir de la redimensión de lo vernáculo y el renuevo moderno a partir de lo nuestro. Lo cual equivale a sentar las bases de un nuevo paradigma, que responda a nuestra cultura y formas de pensamiento, con originalidad y enfocado hacia un desarrollo estratégico.

 

Referencia Bibliográficas

 

Martin Heider, ¿Qué se Significa Pensar?, Temas pensamiento ontológico, Alemania,  2007.

Marshall Berman, Todo lo Solido se Desvanece, la experiencia de la modernidad, Academia Edu, 2000.

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Gadamer, La Hermeneutica Filosófica, Revista Electrónica cinética,  N 24,

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Michel Maffesoli, La Razón Sensible,  Una  visión intuitiva del mundo contemporáneo, 1997.

Autor: Freddy Javier Guerra Herrera

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La Modernidad y el Robo de la Consciencias Históricas de los Oprimidos

Por: Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo

INTRODUCCIÓN

Recientemente en una manifestación antichavista en Venezuela marchaba un hombre con apariencia humilde con su hijo sobre los hombros vestido de capitán América, el manifestante cargaba un letrero que decía “Capitán América, nuestro futuro depende de usted”. La imagen del oprimido manifestándose con las imágenes construidas por el opresor puede ser una excelente alusión al tema de la presente comunicación “La Modernidad y el robo de la conciencia histórica del oprimido”.

El oprimido solicitando

La intervención del opresor.

Muchos otros representantes de la derecha neoliberal en América Latina, que es el territorio del planeta que más intervenciones de EUA ha sufrido a lo largo de su historia, marchan cargando los símbolos del imperialismo cultural norteamericano; estatuas de la libertad, personajes de películas, héroes míticos de las pantallas, etcétera.

En rededor de este tema hay muchas preguntas para orientar el análisis ¿Cargarían los oprimidos los estandartes de su opresión si tuviesen conciencia de que trabajan para sus opresores? ¿Es la actitud abyecta una opción consciente de los oprimidos, o se llega a ese estado a partir de la anulación de la capacidad crítica sincrónica con la incapacidad de reconocer a su verdadero enemigo histórico?

En el presente trabajo abordaremos el proceso el robo de la consciencia histórica de los oprimidos a lo largo del proceso histórico que denominamos modernidad. Abordaremos en primer lugar la propia definición de modernidad y luego algunas de sus características con énfasis en el robo de la memoria histórica.

DESARROLLO

Creemos que, en primer lugar, la participación de las construcciones culturales e ideológicas de la dominación como actores en procesos sociales de contrarrevolución no es casual, es parte del proceso de la penetración ideológica del poder del capitalismo en la aniquilada consciencia de los explotados. Según expresa el articulista:

(…), el mensaje del cartel «Capitán América, mi futuro depende de ti» nos produce inquietud, zozobra, lástima, repugnancia. Y es que revela el efecto tan hondo y devastador de la maquinaria de dominación cultural sobre la subjetividad de la gente. Si ese hombre de pueblo (digamos que es eso: un hombre de pueblo) decidió hacer un doble llamado al Capitán América, por vía del disfraz de su hijo y del cartel, es un ejemplo digno de estudio.[1]

Planteamos como hipótesis de este trabajo el hecho de que esta abyección ha tenido un proceso de construcción histórica a lo largo de todo el período conocido como modernidad.

De la modernidad se ha dicho mucho. Pretendemos desarrollar un acercamiento a ella desde una dimensión que se nos presenta muy atractiva, esto es: la modernidad pensada como el robo sistemático de la consciencia histórica de los oprimidos con instrumentos cada vez más sugestivos subliminales e integrados a su realidad vital, y, por ende, ocultos a su propia conciencia de explotados.

Primero tendremos que detenernos necesariamente en lo que se ha denominado modernidad en sí. Sin embargo, conviene de antemano que dejemos claro que no es posible referirse a un sistema conceptual desde una postura aséptica. Todos los hombres al referirnos al mundo lo hacemos desde una plataforma de partida que condiciona la manera de ver a ese mismo mundo que pretendemos criticar. No es posible ser un observador o un analista neutro o pretender hacerlo desde la distancia pues toda distancia establece, como distancia en sí, dimensiones que dependen en sí mismas del distanciamiento.

Los marcos cognoscitivos permean nuestros modos de pensar, influyen sobre nuestros conceptos de la causalidad y guían nuestras percepciones sensoriales. En todo momento nos encontramos inmersos en un sistema cognoscitivo que organiza la forma en que conceptualizamos el mundo material a nuestro alrededor.[2] p. 25

La cita anterior reafirma lo que estamos diciendo. Nadie está fuera de la cultura, el distanciamiento cultura no existe pues estamos dentro de ella todos, todo el tiempo. Es por ello que cuando hablamos de modernidad estamos en el entendido que lo hacemos desde las posibilidades y desde las limitaciones que nuestro recorrido cultural nos autoriza. Entendamos por recorrido cultural las vivencias que llenan nuestra subjetividad y las vivencias que llenaron las subjetividades de los que nos educaron.

Para acercarnos a una definición de modernidad apelaremos desde los inicios a un universal, un proceso que emerge de incontables eventos causales y casuales como la llegada de los castellanos al Anáhuac pero que se despliega en universales irrevocables como la instalación de la cosmovisión jadeo cristiana en tierras de lo que se denominó Nuevo Mundo. Nuevo Mundo en referencia al viejo mundo, a lo que ya existía, a lo conocido.

Nuevo mundo se refiere a nosotros, que seríamos para ellos los otros, siempre nos han definido desde un supuesto epistémico. Echevarría al referirse a la modernidad lo hace desde un ya universal: “(…) la modernidad capitalista como esquema civilizatorio universal.” Porque debemos reconocer que el capitalismo nace para los otros, para incluir a los otros en su lógica. El capitalismo modernizador no es, como se ha dicho excluyente, es todo lo contrario incluyente y, además igualador. La modernidad es el pensamiento que se hegemoniza en el proceso de desarrollo del capitalismo. La modernidad reconoce al otro, reconoce la diferencia, pero ni la respeta ni la reverencia, la integra así aniquilándola.

Algunos autores defienden que nosotros a diferencia de los castellanos no reconocíamos la otredad por no tener la experiencia de ella. En este sentido Bolívar expresa que:

Los indígenas no podían percibir en el Otro una otredad o alteridad independiente. Una «soledad histórica», la falta de una «experiencia del Otro», según la explicación materialista de Octavio Paz, había mantenido incuestionada en las culturas americanas aquella profunda resistencia oriental a imaginar la posibilidad de un mundo de la vida que no fuera el suyo. La otredad que ellos veían en los españoles les parecía una variante de la mismidad o identidad de su propio Yo colectivo, y por tanto un fenómeno perfectamente reductible a ella (en la amplitud de cuya definición los rasgos de la terrenalidad, la semi-divinidad y la divinidad pertenecen a un continuum). p.25[3]

Para los autores de este trabajo la dificultad no estaba en no reconocer la otredad porque en el territorio conocido como Anáhuac existía una enorme variedad de naciones reconocidas por su lengua en primer lugar y por toda la diversidad de producción material y cultural que subyace debajo de la producción lingüística. Vivíamos rodeados de otredades de diversas dimensiones e importancia. Sin embargo, coincidimos con este autor en que no teníamos la noción de la aniquilación del otro. A las naciones Tainos que poblaban las Antillas mayores y menores, según ya hoy se conoce, las conquistaban como a palomitas por su carácter bondadoso y gentil y por su falta de experiencias en la batalla y en el asesinato del otro.

Entonces modernidad sería inclusión, igualación, aniquilación de la diferencia por el arte de incluirla en lo propio de manera violenta. Toda la historia de la modernidad es la historia de la inclusión violenta del otro en su propia lógica, digamos ya acá, una lógica que es esencialmente depredadora. Esto es, no se violenta por el amor a la violencia sino con el objetivo superior y económico de despojar. Incluir para depredar sería su objetivo. Es la maquinaria económica sometiendo a la cultura a su lógica de capitalización. En esta dirección del análisis modernizarse sería sinónimo de someterse; de ser obligadamente incluido en la lógica del otro, del incluyente.

Algunos autores intentan lanzar luces de hermandad a este proceso de sometimiento del mundo por el capital que en lo esencial estuvo lleno de crueldades e imposiciones al que identificamos con la ideología de la modernidad: “Uno de ellos es Roger Bastide (1978: 12). En vez del concepto de sincretismo, habla de una interpenetración de las civilizaciones, un proceso dinámico que continua hasta nuestros días.”[4] Citado por Silvia Marcos, p. 26.

No estamos negando la realidad objetiva de que las culturas de la modernidad y las que fueron sometidas a su lógica no hayan intercambiado en muchísimos aspectos y dimensiones de lo humano. Pero ha de reconocerse que este intercambio no se dio entre iguales pues una cultura estaba por debajo de la otra, dígase que ella no intercambió a ella se le obligó. Incluso el intercambio dura hasta nuestros días con la misma lógica que llegó porque el despojo aún no se ha detenido. La lógica depredadora del capitalismo sobre nuestro territorio es más cruenta. Tal y como expresa Michel:

El derecho que se formula como «de vida y muerte» es en realidad el derecho de hacer morir o de dejar vivir. Después de todo, era simbolizado por la espada. Y quizá haya que referir esa forma jurídica a un tipo histórico de sociedad en donde el poder se ejercía esencialmente como instancia de deducción, mecanismo de sustracción, derecho de apropiarse de una parte de las riquezas, extorsión de productos, de bienes, de servicios, de trabajo y de sangre, impuesto a los súbditos. El poder era ante todo derecho de captación: de las cosas, del tiempo, los cuerpos y finalmente la vida; culminaba en el privilegio de apoderarse de ésta para suprimirla. p.164[5]

Es claro que la Modernidad cuyo inicio lo ubican los especialistas en el año de 1492 dado que en el comienza la depredación de las culturas que se desarrollaron en lo que hoy se conoce como América Latina y el Caribe, es un proceso objetivo de dominación que venía ya antecedido por una lógica, una ética y una epistemología del despojo. Para la autora de este trabajo el despojo cultural o el epistemicidio como se le conoce es solidario y sincrónico con la aniquilación de la conciencia histórica.

Algunos elementos de interés para este análisis de lo que es la modernidad para los habitantes de estas tierras se encuentra en un documento firmado por el rey de Castilla en el año 1912 y que se conoce como “Leyes de Burgos”. En estas leyes el rey intentaba “organizar” el trato con los indios y establecer los derechos que estos tenían bajo la dominación española. Nótese que estos son derechos otorgados y reconocidos por la figura que te despoja de la libertad, del territorio, de la cultura y de las riquezas. En estas Leyes de Burgos el rey establecía que para que los indios dejaran su vida corrupta deberían tener sus casas cerca de las casas de los castellanos para que aprendieran de aquellos las costumbres cristianas. Ya el propósito mismo porta un desprecio por lo ajeno, por lo otro, por lo que no se comprende. Estas leyes de Burgos organizan el epistemicidio que hoy vemos claramente: establecen que se construyan en estos poblados, construidos por la fuerza: las encomiendas; una iglesia con una campana para llamar a los indios a orar y que se les aplicara un examen cada 15 días para ver lo que habían aprendido. Se controlaba con exámenes quincenales el avance de la hegemonía cultural, se media y evaluaba con objetividad la efectividad del trabajo ideológico.

Estas leyes evidencian que la conquista estaba acompañada de la imposición de un tipo de pensamiento que la justificaba para lo cual necesitaban borrar la memoria histórica de los pueblos, como se conoce a la par con la construcción de las igliesias se quemaron los códices.

Es por ello que defendemos la idea de que la Conciencia histórica sería, entre otros aspectos, la posibilidad real de reconocer al verdadero enemigo histórico. El pobre vestido de Capitán América sería un ser que no reconoce a su enemigo histórico y, por ende, se ubica en la trinchera de este, dispuesto a pelear sus batallas y a morir defendiendo su propio estado de explotación. En la historia humana los hombres siempre se han inventado muchísimos enemigos en función de intereses particulares y mezquinos sin percatarse que el enemigo común lucra con su falta de memoria histórica y de unidad.

No estamos diciendo acá que todo lo que la modernidad despoja en el hombre se inaugura con ella precisamente en el año 1492. El despojo, que sería como el rasgo distintivo de todas las sociedades divididas en clases sociales, tiene su historia anterior a esta fecha. La modernidad capitalista lleva al despojo a su más alta expresión, a su más desarrollada sofisticación. Es el hombre alejado de sí mismo, enemistado con su propia naturaleza, producto del despojo sistemático y sistémico; aquello que Carlos Marx denomina enajenación.

Para demostrar que el despojo ya era anterior a la modernidad podemos poner un ejemplo de ello: el despojo de la libre esencia femenina de la mujer es un despojo que acontece mucho antes de que la modernidad se establezca. Así puede leerse en el texto de Engels “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”:

Por tanto, la monogamia no aparece de ninguna manera en la historia como una reconciliación entre el hombre y la mujer, y menos aún como la forma más elevada de matrimonio. Por el contrario, entra en escena bajo la forma del esclavizamiento de un sexo por el otro, como la proclamación de un conflicto entre los sexos, desconocido hasta entonces en la prehistoria. En un viejo manuscrito inédito, redactado en 1846 por Marx y por mí, encuentro esta frase: <<La primera división del trabajo es la que se hizo entre el hombre y la mujer para la procreación de hijos>>. Y hoy puedo añadir: el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino[6]. p.32

Como puede verse Engel y Marx hacen una aguda y fundamentada crítica a la dominación de la mujer, esto es al patriarcado, que llega de la mano de la explotación de las clases y la de la mujer al unísono. A la mujer se le expropia el derecho a la felicidad sexual a la libertad de elección de la pareja precisamente por una necesidad económica de los hombres. El matrimonio monógamo llegó como transacción económica, como acuerdo entre las partes para un fin mercantil. La mujer se convirtió en moneda de cambio para aumentar o asegurar más ganancias. El matrimonio monógamo no buscaba ni mucho menos la felicidad de la mujer, sino que su estructura servía a intereses económicos muy bien definidos.

Puede decirse que el cuerpo de la mujer es expropiado sincrónicamente a la expropiación de la tierra. Al final de este texto, Engel expone en una aclaración que el matrimonio monógamo es una de las características fundamentales de lo que posteriormente se convirtió en lo que hoy denominamos modernidad. La cita exactamente expresa:

Haré notar sencillamente que Fourier consideraba ya la monogamia y la propiedad sobre la tierra como las instituciones más características de la civilización, a la cual llama una guerra de los ricos contra los pobres. También se encuentra ya en él la profunda comprensión de que, en todas las sociedades defectuosas y llenas de antagonismos, las familias individuales (les familles incohérentes) son unidades económicas[7]. p.93

La modernidad es entonces la lógica de la explotación junto a la justificación del despojo y la barbarie. En esta batalla por la dominación as primeras víctimas fueron las mujeres. Es por ello que todos los feminismos, en opinión nuestra, debe ubicar en primer lugar al enemigo histórico contra el que enfilan sus armas. Ese enemigo, en nuestra opinión, no es en ningún caso el sexo opuesto o cierto tipo de educación sino un sistema de organización de la producción del que emerge un tipo muy específico de familia y de educación social de los sexos.

El despojo de la memoria histórica que se consolidó con la modernidad se instaló de manera muy suigéneris en leyes y formas de organización. Los documentos que guardan las memorias de la “Disputa de Valladolid” pueden ser una excelente prueba de ello. En la disputa de Valladolid se enfrentaron los argumentos de Sepúlveda y de el Padre de las casas. De un lado Sepúlveda defendiendo el derecho a evangelizar por la fuerza a los conquistados y el Padre de las Casas defendiendo la idea de evangelizarlos, pero desautorizando la fuerza y la barbarie. Ambos posturas mantenían terribles identidades: en primer lugar; las ideas eran expuestas por hombres que estaban del lado de los conquistadores; luego, se nos defendía porque se nos veía incapaces de hacerlo por nuestros propios argumentos; además, no se discutía en ningún caso el derecho de los indios a que los españoles se retiraran de nuestros territorios o que se aceptaran nuestras creencias como válidas sino que en ambas posturas, como debería ser, coincidían en la necesidad de evangelizarnos; léase, dominarnos culturalmente.

Estamos entonces intentando acercarnos a una definición de modernidad que hace énfasis en su carácter negativo, en la ruptura de la continuidad del desarrollo de las culturas que somete para imponerse. En la cita anterior de Engels y Marx se exponen dos aspectos sobre los que deseamos llamar la atención; uno es el carácter disruptor de la modernidad en el sentido de despojar y el otro es la denuncia que hacen estos filósofos a la explotación de la mujer. Podemos, repitiendo una idea ya dicha pero fundamental y sin temor a equívocos, ubicar los inicios del feminismo actual en esta toma de conciencia histórica de la importancia que tuvo la dominación de la mujer para el desarrollo de las sociedades de las clases en general y del capitalismo en particular.

De manera más explícita Engels expone que:

El estadio de la producción de mercancías, con el que comienza la civilización, se distingue desde el punto de vista económico por la introducción: 1) de la moneda metálica, y con ella del capital en dinero, del interés y de la usura; 2) de los mercaderes, como clase intermediaria entre los productores; 3) de la propiedad privada de la tierra y de la hipoteca, y 4) del trabajo de los esclavos como forma dominante de la producción. La forma de familia que corresponde a la civilización y vence definitivamente con ella es la monogamia, la supremacía del hombre sobre la mujer, y la familia individual como unidad económica de la sociedad.[8] p.45

La denuncia de la acumulación del capital como forma de explotación del hombre y de la naturaleza la elaboran Marx y Engels, denunciando a la vez, el proceso de explotación de la mujer. La constitución de la familia monógama es una necesidad económica en primer lugar y despoja a la mujer de su condición de ser con dignidad para construir una identidad femenina que se solidarice con las condiciones de expropiación que ya vienen consolidándose.

El robo de la memoria histórica de las mujeres incluye esta importante dimensión de su explotación porque al desconocer la historia de la familia monógama ella desconoce las causas primerias y esenciales de la opresión entre los géneros. Esta falta de conocimientos de la historia de la dominación femenina hace que algunas feministas ubiquen a su enemigo de genero en el otro genero y no en un sistema de relaciones de explotación que ha lucrado con el robo de su cuerpo y su libertad desde sus mismos orígenes. Este es otro argumento a favor de la tesis de que no hay Modernidad sin el robo de la memoria histórica de los oprimidos (los modernizados).

Ciertamente creemos que la modernidad arrebata también la memoria histórica a algunas mujeres para que luchen sus batallas sin dañar en un ápice al sistema de dominación, en este momento, neoliberal.

En otro orden de ideas, para los clásicos del marxismo el capitalismo en su esencia explotadora al desarrollarse y conseguir sus “progresos” refina los modos de explotación, tanto de hombres como de mujeres. En otras palabras; el desarrollo de la modernidad es el desarrollo de mejores y más refinadas formas de explotación y de robo de la conciencia histórica.

Siendo la base de la civilización la explotación de una clase por otra, su desarrollo se opera en una constante contradicción. Cada progreso de la producción es al mismo tiempo un retroceso en la situación de la clase oprimida, es decir, de la inmensa mayoría. Cada beneficio para unos es por necesidad un perjuicio para otros; cada grado de emancipación conseguido por una clase es un nuevo elemento de opresión para la otra. La prueba más elocuente de esto nos la da la introducción de la maquinaria, cuyos efectos conoce hoy el mundo entero.[9] p.92

Los esclavos modernos, si es que se nos permite la frase, a diferencia de los esclavos de la edad media, compran con su raquítico salario sus propias cadenas, las actualizan y las disfrutan.

La modernidad actualiza sus formas de dominación; las crueles y las menos drásticas. Todas han de ser reconsideradas a la luz de las experiencias históricas. Puede leerse a Victoria Ocampo cuando se pregunta qué nos deja el siglo, decir:

En Chile, más allá de cualquier deseo de siglo, más allá de las intenciones políticas de blanqueo de la historia (me refiero a su neutralización), el siglo xx chileno me parece que quedará prisionero en un relato enteramente contaminado por el golpe de Estado de 1973. El golpe será el hito visible tras el que se agrupará laberínticamente el centenario. Una ordenación circular que permitirá atisbar, con una cierta nitidez, la escalada programática de los distintos tipos de violencia que han recorrido los últimos cien años.[10]

Sin embargo, para toda la América Latina este siglo deja, además, la desmemoria. A pesar de las dictaduras y los miles de desaparecidos y asesinados en este continente, aun cuando duela decirlo, los ninguneados continúan votando por los despojadores. Una nueva versión de Pinochet gobierna Brasil con la anuencia de una parte importante de humildes trabajadores que le dieron el voto. Hoy, solo algunos pocos se salvan del capital, la mayoría corre asustada a alinearse nuevamente a las órdenes de Tío Sam. Y unos trabajadores empobrecidos piden, vestidos del Capitán América, que los EUA intervengan nuevamente en nuestras tierras arrasadas. Para este continente a la alerta martiana de unirnos como la plata en las raíces de los andes deberá continuar esperando por otros aires menos agresivos.

En esa actualización de las formas de dominación, hoy los golpes de estado son blandos y el pensamiento crítico es asesinado sistemáticamente en internet. En este 2019, a diferencia de otras épocas “más tristes” y “menos entretenidas” podemos admirar la caída de las bombas en tiempo real y disfrutar del linchamiento de un presidente sentados en las primeras filas. Hoy las dictaduras tienen otros discursos y se presentan en la televisión con el mayor de los descaros. Todo ello es posible porque el capitalismo y su modernidad están dispuesto dispuestos a reciclarlo todo; el capitalismo en neoliberalismo y la modernidad en postmodernidad; menos a la memoria histórica de los oprimidos. El tiempo lineal que nos propone la modernidad aleja cada ves mas a los hombres del pasado cruel impidiendo que se reconozcan en sus antecesores. El tiempo cíclico de las culturas madres nos permitía vivir nuevamente con los ancestros reeditando la memoria imprescindible para la construcción de la identidad; el tiempo lineal de la modernidad lo imposibilita porque siempre vamos hacia delante con la ilusoria noción del desarrollo alejándonos de las costumbres y de nosotros mismos.

Además de lo dicho, la modernidad ha establecido como nunca antes un tiempo para el trabajo y un tiempo para el disfrute; y este último no es otra cosa que tiempo para olvidar. El entretenimiento de la modernidad se alienó junto con el trabajo hasta el punto que hoy en día descansar es consumir y, nunca, emanciparse. Resulta muy poco frecuente que las personas identifiquen el tiempo de descanso con un espacio de conquista de mayor desarrollo subjetivo y de conciencia histórica.

Qué son sino los nuevos y sofisticados teléfonos celulares; más que herramientas del sistema de dominación cultural que arrebata el tiempo a los dominados y con ello la conciencia de su propia explotación. Las pruebas de la importancia que tuvieron los teléfonos celulares y las redes en la definición de la victoria en las antepenúltimas, penúltimas y últimas elecciones en los EUA resultan abrumadoras y preocupantes. Los celulares no son dispositivos neutros para la comunicación humana sino herramientas que posibilitan continuar educando un pensamiento único en contra de los intereses históricos de los desposeídos. Los celulares se apoderan del tiempo en el que el explotado moderno podría leer e ir conquistando la unidad y organización que les permitan destruir definitivamente al sistema de explotación que los oprime.

Es por ello que reconocemos con desprecio que este sujeto oprimido vestido con los atuendos del Capitán América, que citamos al inicio de este trabajo, está orgullosamente peleando la guerra de su opresor porque ese mismo opresor o enemigo histórico le ha robado la conciencia histórica, la capacidad de comprender su propio estado de alienación y explotación.

¿Qué sería entonces para los autores de este trabajo la conciencia histórica? Ya hemos enumerado algunos aspectos que se consideran fundamentales en la construcción de esta respuesta. Deseamos enumerar otros: en primer término; conciencia histórica sería, poder reconocer el despojo. Poder fundamentar con hechos su propio estado de alienación y ubicar, dentro del momento histórico que le ha tocado vivir cuales son los objetivos inmediatos y mediatos de su clase social.

Estamos escribiendo esto en el entendido que al reconocer el despojo al que es sometido, el sujeto pasa solidariamente de ver su explotación individual a reconocerla en los otros como una condición de explotación colectiva. Inmediatamente pasa a concebirse como parte de una clase social con la que comparte no solo el pasado y el presente sino, además, el futuro.

El despojo debe visualizarse en todas sus dimensiones históricas, haciendo énfasis en las que consideramos fundamentales, esto es: el despojo de la tierra, el despojo del cuerpo y de la memoria histórica, el despojo de los recursos espirituales y la cultura y por último el despojo de los satisfactores.

Comprender el despojo de los satisfactores es de primera importancia. En las condiciones de explotación primarias el esclavo sufría su explotación y podía ubicar a su enemigo. Nunca, en ninguna de las sociedades anteriores al capitalismo la clase dominada, expropiada o explotaba disfrutaba su propio estado de sometimiento como ahora se hace. Al despojar al esclavo de los satisfactores naturales de su existencia humana e instalar satisfactores creados por la clase explotadora el esclavo moderno comienza a sentir placer en el acto de dominación. Disfruta la producción cultural del capitalismo cuya misión esencial es despojarlo de su conciencia de explotado y lanzarlo al disfrute de un entretenimiento absurdo que lo llena de deseos mundanos por una vida en condiciones de total indignidad.

Es en este punto en el que se comprende como es que puede un humilde hombre de pueblo salir a una manifestación y pedirle al imperialismo norteamericano que lo libera del gobierno que lo libera del imperialismo.

Ahora bien, la modernidad no ha seguido un desarrollo lineal ni mucho menos. Al ser específicamente la ideología de una sociedad de explotación dividida en clases ha sufrido los rigores de las contradicciones de esas mismas clases en todos los niveles de la vida humana. Especialmente dura ha sido la lucha de la modernidad por imponer una visión de lo social, lo humano y lo cultural que oculte precisamente esa lucha a muerte entre las clases que ya habían denunciado Carlos Marx y su amigo F. Engels.

Uno de los ejemplos que se pueden citar al respecto sería la corriente estructuralista inaugurada por Lévi Strauss y que es una escuela que se consolida en Francia en los años 50 y 60 del pasado siglo y que según Gustavo Bueno es el intento de introducir el concepto de estructura en el análisis antropológico intentando dar cuenta con ello de conceptos como clases sociales y lucha de clases.

Personalmente considero que la propuesta del estructuralismo de encontrar estructuras explicativas para los fenómenos antropológicos que pudiesen aplicarse a varias culturas y que por tanto tuviesen carácter general, sin que, además, emergieran de la base económica de las que emergían las relaciones de dominación de las sociedades que investigaban no pasó más de ser una propuesta suigéneris pero poco explicativa.

Considero mucho más sólida la propuesta marxista cuando hace un análisis de los tipos de familia y su evolución y llega a la conclusión de que la familia monógama es resultado del establecimiento de un tipo de relación económica de producción que no hubiese podido evolucionar sin introducir a la familia en la propia lógica del sistema.

La modernidad entonces, para la autora de este trabajo es un complejo sistema de pensamiento que emerge de sociedades divididas en clases y pretende, en la mayor de los casos, ocultar ese estado de explotación.

CONCLUSIONES

La modernidad es un sistema de pensamiento que nace de sociedades divididas en clases y que pretende, como objetivo fundamental, hegemonizar el estado de injusticia permanente que tal sociedad produce y reproduce.

El pensamiento moderno es un pensamiento lineal, instrumental y hegemónico que no reconoce a la lucha de clases como el factor determinante de la historia y pretende sustituir la conflictividad que se genera de su estado de explotación con los conceptos de desarrollo, eficiencia, libertad y democracia. Conceptos que por demás se le han subordinado de manera acrítica.

La modernidad es un modo de pensar que se funda fundamentalmente en la perdida de la memoria histórica de los oprimidos que terminan alabando las bondades desarrollistas de un sistema que no les da esperanzas ni a los hombres ni a la tierra que aniquila bajo sus producciones innecesarias.

BIBLIOGRAFÍA

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[6] Friedrich Engels. EL ORIGEN DE LA FAMILIA, LA PROPIEDAD PRIVADA Y EL ESTADO. En soporte digital. PDF.

[7] Idem.

[8] Friedrich Engels. EL ORIGEN DE LA FAMILIA, LA PROPIEDAD PRIVADA Y EL ESTADO. En soporte digital. PDF.

[9] Friedrich Engels. EL ORIGEN DE LA FAMILIA, LA PROPIEDAD PRIVADA Y EL ESTADO. En soporte digital. PDF.

[10] Victoria Ocampo. Mery Louisse Prattno me interrumpas, las mujeres en el ensayo latinoamericano. En soporte digital. PDF.

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