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El Salvador: Los jóvenes hablan del cambio climático en Diálogos del Bicentenario

América Central/El Salvador/22-08-2021/Autora: Evelia Hernández/Fuente: www.elsalvador.com

A través de una tertulia impulsada por Unicef, Clacso, Glasswing, ConTextos y Fusal, nueve jóvenes expusieron sus posturas y preocupaciones frente a la problemática del medio ambiente.

Nueve jóvenes alzaron su voz y expusieron su preocupación frente a las situaciones que enfrentan en su comunidades debido al cambio climático.

La participación de los jóvenes se realizó a través de la iniciativa denominada: “Es Hora de la Niñez”, desarrollado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

“Es Hora de la Niñez” se desarrollada en el marco de los Diálogos del Bicentenario y que busca que la niñez y la adolescencia se expresen sobre diversos temas e incentivarlos a ser agentes de cambio en la sociedad salvadoreña.

El evento se desarrolló a través de Facebook Live sobre “La niñez y el cambio climático”; en el conversatorio, los jóvenes señalaron las problemáticas medio ambientales que existen dentro de sus comunidades, evidenciaron un aumento de la tala de árboles, falta de agua potable, cambios en la temperatura, amenazas de inundaciones y derrumbes.

Además de la destrucción de la flora y fauna, sequías que afectan a los agricultores, contaminación, mal tratamiento de desechos sólidos, falta de recolección de basura, son parte de las problemáticas que identificaron los jóvenes.

“Las empresas deberían tener un corazón verde, no un corazón de piedra, un corazón ecológico, amigable con el medio ambiente. Las empresas deben tener la conciencia ya que el medio ambiente es muy importante en el aspecto cultural, social y religioso”.

Fernando Castellón, originario de Apopa

Los adolescentes que participaron fueron: Symon Hernández ( de Santa Ana), Paula Umaña ( Jucuapa, Usulután), Fernando Castellón (Apopa), Anderson Martínez ( San Salvador), Rolando Escobar (Sonsonate), Elisa Polío (Morazán), Iris Guzmán (La Libertad) Joselyn Flores y Anderson Godínez, (Ciudad Arce).

Los jóvenes que forman parte del programas de Glasswing y ConTextos sugirieron a los empresarios que realicen acciones para minimizar el impacto climático, concienciando a la población a través de sus productos o desarrollen campañas.

“El rol que pueden tomar las empresas que tenga acciones amigables con el medio ambiente (…) si no afectará a muchas personas”, manifestó Joselyn Flores.

Mientras que Anderson Martínez recordó que el país se encuentra en estrés hídrico y que muchas zonas en el territorio hay escasez de agua. “Es inevitable, el deterioro del medio ambiente se dará, pero no por eso vamos a dejar de actuar, hay que retrasarlo el mayor tiempo posible. Si maltratamos al medio ambiente, no esperemos que este nos recompense de buena manera”, dijo Rolando Escobar.

A través del conversatorio, los adolescentes hicieron un llamado a los demás jóvenes para que se sumen y desarrollen pequeñas acciones para generar cambios dentro de su comunidad.

”Somos la primera generación capaz de acabar con la pobreza y la última que puede poner fin a los impactos adversos del cambio climático”.

Anderson Martínez, San Salvador

Entre la alternativas que promovieron está recolección de basura en parques, no botar basura en las calles, recoger las mascarillas que encuentre tiradas en la calle, ahorro de energía eléctrica, coordinar acciones con las alcaldías para hacer limpieza, reciclar, entre otras alternativas.

Los jóvenes también destacaron la importancia de la educación en el hogar. Y la importancia de reiterar en los centros educativos la educación ambiental.

“Se debe educar y amar la naturaleza desde el hogar, a través del ejemplo”, destacaron los jóvenes.

“El cambio climático afecta nuestra salud y para evitar tantas enfermedades que se dan por tanto cambio en el clima. Yo creo que deberíamos de pensar en nosotros y los demás para ver el futuro que tenemos planeado porque si no hacemos nada (detener el impacto) por tener un mejor país o un mejor mundo no vamos a lograr ni la mitad de los sueños que tenemos”.

Joselyn Flores, La Libertad

El espacio de participación para los jóvenes es promovido por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), ConTexto, Glasswing Internacional y Fundación Salvadoreña para la Salud y el Desarrollo (Fusal).

Jimmy Vásquez, especialistas en Políticas Sociales de Unicef, destacó que la iniciativa se está desarrollando para crear políticas que tengan en cuenta las propuestas de la niñez y de los adolescentes.

“Los adultos no hemos tenido la sensibilidad necesaria para incluir la voz de las niñas, niños y adolescentes en temas que le compete como son la educación, medio ambiente, en la familia, migraciones, el uso de la tecnología, las redes sociales y otros”, reflexionó Vásquez.

Además de destacar la importancia de invertir en iniciativas que desarrollen las competencias de los adolescentes.

Fuente e Imagen: https://www.elsalvador.com/noticias/nacional/cambio-climatico-jovenes-unicef-es-hora-de-la-ninez-clacso/870956/2021/

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Desde Reino Unido, Jeremy Corbyn: La crisis climática es una cuestión de clase

Que los científicos de todo el mundo declaren una alerta roja para la humanidad es grave.

El informe del IPCC habla por sí mismo: se registraron los cinco años más calientes de la historia reciente, se triplicó el aumento del nivel de los mares y el hielo ártico y los glaciares siguen retrocediendo.

Pero nada de esto es nuevo. Los científicos adoptaron un tono urgente porque vienen haciendo esta misma advertencia hace décadas y todas las intervenciones que buscaron evitar el calentamiento global fracasaron.

En efecto, Exxon, una de las empresas petroleras más grandes del mundo, predijo el cambio climático en los años 1970 y luego se dedicó a negar públicamente su existencia durante décadas.

El sistema político y económico en el que vivimos no genera accidentalmente el cambio climático: está en su propia naturaleza, recompensa a los agentes contaminantes más nocivos y a los que obtienen superganancias mediante las prácticas extractivistas.

Este es nuestro legado histórico. En el Reino Unido, las fortunas de la época imperial surgieron sobre todo del petróleo extraído en el Golfo Pérsico. De hecho, en los años 1950, Gran Bretaña promovió un golpe de Estado con el único fin de preservar las ganancias de la Anglo Iranian Oil Company (AIOC). Luego, AIOC se convirtió en British Petroleum, empresa que sigue enviando cientos de millones de toneladas de carbono a la atmósfera en el Golfo de México y en el mar Caspio. Las instituciones financieras de Londres, especializadas en la administración de las ganancias petrolíferas, gestionan una buena parte del dinero que genera el combustible fósil en todo el mundo.

Se avecinan más desastres

Aun cuando argumentan que están empezando a tomar medidas, los gobiernos de todo el mundo siguen actuando en función de las redes del combustible fósil.  Boris Johnson llegó a imitar el lenguaje de la Revolución Industrial Verde que desarrollamos en el Partido Laborista. Pero imita solo las palabras, no las acciones. En junio, el Comité contra el Cambio Climático del Reino Unido demostró que, de mantener el ritmo actual, el gobierno ni siquiera logrará alcanzar sus tristemente humildes objetivos.

En 2019, durante el Día del Trabajador, como líder de la oposición logré presentar un proyecto en el parlamento para que Gran Bretaña declarara la emergencia climática: fuimos el primer parlamento del mundo en hacerlo. Estaba y estoy convencido de que el Partido Laborista y nuestro movimiento en general deben tomarse muy en serio la crisis climática y medioambiental.

Si este sistema no encuentra ninguna oposición, pronto comprobaremos cómo aumenta rápidamente el ritmo de los incendios, las inundaciones y las sequías. Es lo que estamos viendo en Australia, Siberia, Columbia Británica, África del Este, California y una buena parte de Europa. Durante este siglo, las grandes tormentas aumentaron su frecuencia en un 40%. Las más intensas son 75% más fuertes que las de los años 1950 y los huracanes son cada vez más comunes.

Pero no son solo las consecuencias físicas de estos eventos las que deben preocuparnos: son también las políticas. En Grecia, la austeridad, la desregulación y la negligencia de los bomberos multiplicaron el impacto de los terribles incendios desatados en Eubea. En Texas, a comienzos de año, el Estado habilitó a las empresas energéticas a que aumentaran los precios de la electricidad de emergencia y las deudas de los ciudadanos son impagables.

Y tanto en EE. UU. como en la UE, los gobiernos están invirtiendo en tecnología de control y equipamiento militar para atacar a los refugiados que genera la crisis ambiental. Esos miles de millones de dólares que se gastan en intervenciones militares y drones en el Mediterráneo son el dinero que no se gasta en la transición verde y que ingresa al circuito de rentabilidad de la industria de la guerra, profundamente anclada en la economía fósil. El parlamento británico está debatiendo un terrible proyecto de ley sobre nacionalidad y fronteras, que pretende ilegalizar el salvamento de refugiados en el océano, es decir, que plantearía un desacuerdo de base con el derecho marítimo universal.

El increíble aumento de los presupuestos militares de los países más poderosos indica que estos se preparan para el conflicto, no para la cooperación. Esa es la forma en la que piensan lidiar con la emergencia climática. Estas soluciones falsas aumentarán nuestros padecimientos en general, aunque, como siempre, favorecerán a unos pocos y castigarán a la mayoría, entre los que se cuentan tanto los pobres a los que se les inundan sus casas en Inglaterra como los que mueren huyendo de África del Norte.

El cambio es posible

Pero no tiene que ser así y debemos actuar con esperanza, no con miedo. Los científicos nos dicen con precisión forense lo que sucederá con el nivel de los mares, la escasez de agua y la biodiversidad en caso de que la temperatura aumente 1,5, 3 o 5°C. Con todo, el motivo por el que no pueden predecir la magnitud del calentamiento es que es imposible predecir nuestras decisiones. Como nos recuerda el IPCC, estas últimas siguen corriendo por nuestra cuenta.

Y si avanzamos contra los poderosos y nos deshacemos de los incentivos que el sistema otorga a quienes queman el planeta, las cosas pueden ser distintas. Esto implica que los trabajadores de todo el mundo se movilicen a favor de la aprobación de un Green New Deal global en la COP 26 de este año. El proyecto debería ser capaz de eliminar el carbono de la atmósfera, de llevar dinero a los bolsillos de los trabajadores y enfrentar la injusticia y la desigualdad en el Sur Global. No existe ninguna ciudad del mundo que no se beneficiaría de un transporte público verde, de la reforestación de los bosques, del uso de energías renovables a nivel local y de los empleos que generarían las nuevas industrias verdes.

El cambio climático, la pobreza y la desigualdad, el enorme y riesgoso fracaso colectivo que representa la falta de vacunas contra el COVID-19 en los países más pobres, son todas consecuencias de un sistema que prioriza a los multimillonarios por sobre el resto de la humanidad. La crisis climática y medioambiental es una cuestión de clase. Es la gente más pobre de los barrios obreros, de las ciudades contaminadas y de las islas situadas a una altura cercana nivel del mar la que sufre las consecuencias más graves de la crisis.

Pero tenemos la capacidad de cambiar esta situación. En 2019, de la noche a la mañana, los estudiantes que se manifestaron contra el cambio climático cautivaron la imaginación y la atención de todo el mundo. Si ellos pueden, nosotros también. Nuestra respuesta a la alerta roja debe ser el compromiso en nuestros barrios, en las instituciones políticas, en las escuelas y en las universidades, en nuestros lugares de trabajo y en nuestros sindicatos, con el fin de exigir y lograr un planeta habitable y un sistema que ponga la vida humana y el bienestar en primer lugar.

Fuente: https://vientosur.info/la-crisis-climatica-es-una-cuestion-de-clase/

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Solidaridad más que nunca

Por: Dinorah García Romero

Superar una solidaridad coyuntural y con matices teatrales. Se ha de posibilitar una solidaridad pensada, que incida en la mejora de dimensiones sustantivas del desarrollo de la sociedad haitiana.

La República Dominicana se caracteriza por tener relaciones cercanas y solidarias con la mayoría de los países de la región y de otras esferas geográficas del mundo. Con los regímenes del continente que se inscriben en el círculo del socialismo, como el caso de Cuba, Nicaragua y Venezuela, la relación es más distante y fríamente calculada. La relación de la  República Dominicana con los tres países antes mencionados es frágil, comparada con la relación que los últimos gobiernos han exhibido con China. En el marco de las relaciones con otras naciones, se destaca la relación con Haití. Dos países en una misma isla, que, a pesar de las luchas históricas entre ambos, trabajan de forma continua para fortalecer sus respectivas identidades. Desarrollan esfuerzos para abrirle espacio al diálogo y ponerlo en ejecución en un clima de respeto y acogida. Esto ocurre a pesar de los esfuerzos de algunos sectores de las dos naciones por crear una relación tóxica entre el pueblo haitiano y el pueblo dominicano.

En este sentido, centramos nuestra atención en el momento que vive la sociedad haitiana. En el 2021, en un  corto período  se ha visto afectada por dos terremotos de gran magnitud: el terremoto político generado por el magnicidio del presidente de la República y el terremoto de magnitud 7,2 acaecido el 14 de agosto del año en curso.  Este último fenómeno agrava la situación de pobreza, de indefensión e inestabilidad política y social. A los acontecimientos actuales, se unen los problemas irresueltos generados por el terremoto de 2010. La herencia de este terremoto: alto índice de personas sin hogares e infraestructura pendiente de reparación.  Esta situación está por encima de las posibilidades del país afectado y requiere de la solidaridad de las naciones de América Latina y el Caribe.  Requiere, también, la colaboración de los países y de las personas que se han beneficiado de la riqueza natural y de la condición de empobrecimiento de ese país. Es necesario desplegar solidaridad más que nunca. Ya el discurso se agotó, ahora se impone la ayuda real aun en medio de los riesgos y de la peligrosidad presentes en el territorio haitiano.

El fortalecimiento de la solidaridad no es algo fortuito. Ha de ser una solidaridad focalizada y acompañada de un interés por el bienestar de la población de ese país. Este requiere que sus amigos y aliados decidan, de una vez y por todas, un apoyo sistemático que les permita fortalecer la institucionalidad, la democracia y la atención a las necesidades de la población. Es preciso repensar la solidaridad con un país con un empobrecimiento estructural. No abogo por una sustitución pura y dura del trabajo y de los esfuerzos que les toca a los haitianos. No. Lo que planteo es que se ha de superar una solidaridad coyuntural y con matices teatrales. Se ha de posibilitar una solidaridad pensada, que incida en la mejora de dimensiones sustantivas del desarrollo de la sociedad haitiana. En el ámbito de la solidaridad, se ha de cambiar la misma práctica ante fenómenos críticos. Se espera que el componente creativo y el contexto favorezcan la búsqueda de estrategias de solidaridad más duraderas en el tiempo y más consistentes en las acciones. Es un imperativo cualificar la solidaridad. Esta se ha de acompañar de apoyo a programas y proyectos orientados al fortalecimiento de la madurez política, socioeducativa y económica de Haití. Solidaridad más que nunca, salvando la soberanía del país hermano y con perspectiva más integral e innovadora.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/solidaridad-mas-que-nunca-8975738.html

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“Es hora de pensar en medidas que permitan un desarrollo sostenible en la región”

Por: Karina Batthyány

Hoy, a propósito, de un documento que se acaba de presentar en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) titulado “La paradoja en la recuperación en América Latina y el Caribe. Crecimiento con persistentes problemas estructurales: desigualdad, pobreza, poca inversión y baja productividad”. Este documento toca varios de los aspectos que hemos estado conversando en nuestras columnas de los miércoles. Para comentar el documento, que es muy amplio, elegí tres o cuatro cosas que creo es oportuno que las comentemos.

Lo primero, que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe elevó la estimación de crecimiento promedio para la región el 2021 a 5.2%. Esto es algo interesante, bueno, y que muestra un rebote desde lo que fue la contracción de 6.8% (estoy hablando siempre de producto bruto) anotada en 2020, que obviamente fue como causa del impacto de la pandemia. Entonces, tenemos un primer dato que es positivo. Se estima, para decirlo en un lenguaje más llano, un crecimiento económico de nuestra región del 5% en este 2021. Pero esta expansión o etapa de crecimiento no va a alcanzar para asegurar un crecimiento sostenido y la propia CEPAL dice por los impactos sociales de las crisis y los problemas estructurales que nuestra región tenía y que se han agudizado durante la pandemia. ¿Qué problemas estructurales? Entre otros, la desigualdad como hemos mencionado aquí en varias oportunidades, y que estos problemas obviamente se han agudizado y se van a prolongar en la etapa de recuperación.

Siempre de acuerdo a las proyecciones de la CEPAL, para el año 2022 en América Latina y el Caribe se habla de un crecimiento promedio menor al 3%, es decir, del 2,8 o 2,9 en promedio. Entonces, 5,2% para el 2021, allí ya se empieza a ver en la previsión para el año próximo una desaceleración de este “rebote” que podríamos llamar. ¿Por qué rebote? Porque el año anterior 2020 hubo una caída en estos números que permitió el rebote a 5 puntos en 2021, pero ya para el año próximo se prevé que esto sea menor al 3%.

Entonces, si miramos estos números, no podemos anticipar ni proyectar que la dinámica de bajo crecimiento que venía en América Latina y el Caribe antes de la pandemia (que era la tendencia previo a 2020), no podemos anticipar que esto vaya a cambiar. Es decir, vamos a seguir, a volver a esa dinámica de bajo crecimiento en la que ya estamos instalados como región antes de la pandemia. ¿Por qué nuevamente? Por estos problemas estructurales que limitan el crecimiento de nuestra región y, como ya dije, se agudizaron durante la pandemia.

¿De qué problemas estructurales estamos hablando? Estamos hablando de los problemas vinculados a las causas o los elementos que están por detrás de las desigualdades. En ese sentido, este documento que acaba de presentar la CEPAL nos muestra, además, que la tasa de crecimiento actual no es sostenible y se pronostica que volvamos a crecimientos o trayectorias más mediocres que no permitan recuperar totalmente el empleo y que tengan mayores consecuencias o mayor deterioro en términos ambientales.

Allí estamos hablando, además, del impacto de la pobreza que lo hemos mencionado en otras columnas y ese impacto de la pobreza especialmente para las mujeres y para las personas mayores. Recordemos que esta crisis de la pandemia ha llegado a nuestra región en un momento de estancamiento y con una crisis justamente de largo plazo en empleo, inversión, diversificación productiva sostenible, es decir, que no deteriore aún más el medio ambiente.

Solo para recordarles también que estas proyecciones se ubican en una región que ha sido de las más afectadas por el coronavirus. Último dato disponible: al 30 de junio la región latinoamericana y caribeña acumulaba más de 1.260.000 muertos (digamos 1.300.000) por causas del Covid-19, representando un tercio de los fallecimientos mundiales cuando en realidad nuestra región sólo es el 8% de la población mundial. Y recordemos también las enormes brechas de vacunación que observamos hoy dentro de América Latina y el Caribe y a su vez la brecha general entre nuestra región latinoamericana y caribeña y las regiones de los países desarrollados.

Todo esto nos vuelve a hacer reflexionar sobre algunos de los puntos que planteamos en nuestra columna pasada, donde nos referimos a las alternativas para la región latinoamericana y caribeña, que las habíamos colocado a propósito del documento de trabajo para la CELAC. Entonces, ¿de qué alternativas estamos hablando? Una vez más, de esas políticas que se necesitan para una recuperación en nuestra región, pero para una recuperación transformadora, no una recuperación que continúe profundizando las brechas y las desigualdades: políticas industriales, políticas tecnológicas, que permitan impulsar el crecimiento de sectores más intensivos en tecnología y generadores de empleo de calidad, reestructurar los sistemas de salud, los sistemas de educación, sostener las transferencias que algunos países latinoamericanos están realizando como transferencias de emergencia por la pandemia y, más aún, plantear el ingreso básico o la renta básica como la queramos llamar de manera universal para nuestra región. Asegurar el acceso a la canasta básica de alimentos, asegurar también el acceso a la conectividad que es un problema hoy en nuestros países, plantear el tema de la deuda externa y la necesidad de una nueva arquitectura financiera a nivel internacional. Es decir, distintas medidas que realmente permitan en lo que queda de 2021 y en el 2022 (que como ya vimos no hay una proyección de gran crecimiento para nuestra región) empezar a cambiar las cosas.

Allí un tema especial que quiero dejar para la próxima columna, que también se menciona en este informe que estamos haciendo referencia hoy, es la cuestión ambiental. Este informe (CEPAL) nos llama la atención sobre el impacto ambiental que se observa en nuestra región. Dice: Si bien hubo una cierta recuperación en los momentos más duros de la pandemia de mayor confinamiento, particularmente en lo que tiene que ver con la calidad del aire, la reducción de las emisiones de gas en efecto invernadero, ya no lo estamos observando a partir de que se retoma la actividad de 2021.

Entonces, empecemos a pensar en medidas que permitan un desarrollo sostenible y por lo tanto un desarrollo que no tenga impactos tan fuertes a nivel medioambiental con lo que estamos observando hoy y todos los días en nuestra región.

-Me quedaba pensando: qué sensación de oportunidad perdida que tengo por lo menos cuando iba escuchando los datos que ibas dando… Porque da la sensación que de la tragedia de la pandemia había un marco para pensar en lógicas alternativas, escuchaba los números y me daba la sensación de una posibilidad perdida o por lo menos no sé si perdida por completo. Porque entiendo que todavía son cuestiones que están en discusión, pero daría la sensación que no se está aprovechando a fondo para pensar en formas alternativas de salir y planteos diferentes… -No. Por eso es bueno insistir en esas alternativas que ya hemos planteado muchas veces aquí en InfoCLACSO, pero hay que insistir en tratar de construir esas alternativas. Y no mencioné solamente para ahorrarnos el mal trago… Durante la columna los últimos datos de pobreza, pero ya que tú lo traes en tu mención, la tasa de pobreza extrema en nuestra región alcanzó ya el 12.5% de la población y la de pobreza es 33.7%, es decir, superó a una de cada tres latinoamericanos y latinoamericanas viviendo en esta situación. Y lo mismo el crecimiento cuantitativo en lo que es inseguridad alimentaria, ya sea inseguridad moderada o grave, que alcanza a más de 40% de la población latinoamericana. Y eso es un crecimiento de casi 7 puntos en relación a la situación pre-pandemia: 44 millones de personas más en inseguridad alimentaria en nuestra región.

“Es hora de pensar en medidas que permitan un desarrollo sostenible en la región”

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“El capitalismo sobrevive gracias al desarrollo geográfico desigual”

El geógrafo David Harvey reedita el ensayo Espacios del capitalismo global (Akal)

“El neoliberalismo ha fracasado en cuanto a estimular el crecimiento económico mundial”, afirma el geógrafo marxista David Harvey.

Se basa en los datos del Banco Mundial. La tasa de crecimiento per cápita del PIB mundial se situó en torno al 3,5% anual en la década de 1960, y descendió a un promedio del 2,4% en los años 70; asimismo la tasa de crecimiento se redujo -aún en mayor medida- en las décadas posteriores: incremento medio del 1,4% en los años 80, del 1,1% en los 90 y sobre el 1% en la década de 2000. Sin embargo el neoliberalismo ha supuesto un gran triunfo en la restauración del poder de clase de las élites dirigentes, subraya el teórico social británico.

Otro “éxito” neoliberal puede apreciarse en el aumento de las desigualdades. En el libro Espacios del capitalismo global. Hacia una teoría del desarrollo geográfico desigual, reeditado por Akal en abril, Harvey se apoya en el análisis de Gérard Duménil y Dominique Lévy (Neo-Liberal Dynamics: A New Phase? 2004).

Respecto al 1% de la población más rica de Estados Unidos, escriben los dos economistas, “antes de la Segunda Guerra Mundial, esos hogares recibían alrededor del 16% de la renta total. Ese porcentaje cayó rápidamente durante la guerra y, en la década de 1960, se había reducido al 8%, una meseta que se mantuvo durante tres décadas. A mediados de la década de 1980 se disparó repentinamente, y para fines de siglo alcanzó el 15%. En cuanto a la riqueza total, la tendencia es en general idéntica (…)”.

David Harvey es profesor de Antropología y Geografía en el Graduate Center de la City University of New York (CUNY) y director del Center of Place, Culture and Politics de la citada universidad. Considera, en Espacios del capitalismo global, que la restauración del poder de clase que implica el neoliberalismo puede observarse como un proceso continuado de “acumulación por desposesión”.

En este proceso se insertan las privatizaciones que, por ejemplo en el caso de India, según las investigaciones de la escritora y activista Arundhati Roy, han llevado a que la tierra, los bosques, el agua o el aire acaben en manos de empresas (“un proceso de despojo bárbaro a una escala que no tiene paralelo en la historia”).

Y también se integra la llamada financiarización, que se caracteriza por unas formas “especulativas” y “depredadoras”, sostiene Harvey (el geógrafo económico Peter Dicken señala en el libro Global Shift que las transacciones financieras en los mercados internacionales pasaron de 2.300 millones de dólares en 1983 a 130.000 millones en 2001).

Otro factor mencionado por David Harvey, en el contexto de la acumulación por desposesión, es la “trampa de la deuda”. Las crisis de la deuda, poco frecuentes en los años 60 del siglo XX, proliferaron en las décadas de 1980 y 1990, de manera que muy pocos países del Sur estuvieron exentos. Ejemplos claros fueron la bancarrota y subsiguiente ajuste estructural en México (1994) o la crisis financiera de los países asiáticos, en 1997-1998, con epicentro en Indonesia, Corea del Sur y Tailandia.

A la acumulación privada contribuyeron, además, las redistribuciones estatales en sentido contrario al de la época de hegemonía socialdemócrata en Europa. El autor de Guía de El Capital de MarxSenderos del Mundo; o Marx, El capital y la locura de la razón económica cita el ejemplo de la privatización de la vivienda social en Gran Bretaña, durante la presidencia de Thatcher (1979-1990), que precipitó la especulación y las tendencias gentrificadoras; o la privatización de los ejidos en México, en los años 90, con un fuerte impacto sobre la población campesina.

El ensayo de Akal aborda también la diversidad en los movimientos de rechazo al neoliberalismo. Los movimientos obreros continuaron activos, pese a los ataques que sufrieron en los países del Norte y que los debilitó; en la década de los 80 cobraron vigor en Sudáfrica y Corea del Sur, con un potencial muy notable –destacado por Harvey- en Indonesia y China. Formas muy diferentes a las tradicionales adquirió la rebelión zapatista, a partir de enero de 1994, que no trató de conquistar el poder estatal. Muchas de las organizaciones de izquierda se reunían en el Foro Social Mundial.

La segunda parte del libro está dedicada al desarrollo geográfico desigual en el seno del capitalismo. Una de las ideas en las que insiste David Harvey es la inserción material de los procesos sociales en la “trama de la vida”. Es lo que ocurrió con la quiebra de la empresa Enron (finales de 2001) y la crisis energética en California, que se tradujo en restricciones y un incremento del precio de la electricidad que afectó a los usuarios.

El académico británico también subraya “los efectos de las crisis fiscales y las políticas de ajuste estructural en México, Argentina, Mozambique, Indonesia, Tailandia y Corea, que alteraron profundamente la vida cotidiana de casi toda la población en esos países”.

Rechaza, por tanto, que pueda considerarse un “mundo de la vida” aislado de las relaciones sociales capitalistas y la circulación del capital; asumir lo contrario supondría, además, alejarse de las enseñanzas de Marx sobre la investigación materialista histórica. En este contexto, Harvey valora especialmente las aportaciones del sociólogo Henri Lefebvre respecto a la transformación de la cotidianidad y de Gramsci sobre el “sentido común”.

El geógrafo atribuye gran importancia -para el estudio del desarrollo geográfico desigual- a los problemas planteados por el ecologismo; pero también tienen relevancia factores como la productividad agrícola, la disponibilidad de petróleo, la reducción en el coste y en el tiempo del transporte de mercancías o la exportación de excedentes de capital y mano de obra.

En esencia, la acumulación por desposesión –en sus diferentes grados- contribuye al desarrollo geográfico desigual y a que el sistema genere una apariencia de estabilidad. David Harvey cita el caso de “la destrucción en el siglo XIX de la industria textil artesanal india, muy desarrollada, para facilitar las exportaciones británicas baratas de tejidos de algodón”; o de la desindustrialización de numerosas regiones tradicionales en las décadas de 1980 y 1990. Por otro lado se despliegan las diferentes potencias hegemónicas de acumulación, sean las ciudades-Estado italianas (Venecia y Génova), Países Bajos, Gran Bretaña o Estados Unidos.

Pero el despojo de las poblaciones también deriva hacia movimientos de resistencia. “La lucha palestina por la restauración del derecho a la tierra y el agua es fundamental para comprender el conflicto de Oriente Próximo y se conecta con luchas geopolíticas más amplias sobre la dinámica de acumulación de capital dentro de la región”, escribe el autor de Espacios del capitalismo global.

Otra línea de investigación observaría cómo el surgimiento de unos centros de acumulación de capital “exitosos”, en los que se fabrican bienes de exportación global, pueden marcar los criterios de organización tecnológica, sindical y costes laborales en otras regiones del planeta; o incluso condicionar la desindustrialización de estas. El autor menciona el caso del Delta del Río de las Perlas, en el centro de Cantón (sur de China).

“El capitalismo supone un desarrollo geográfico desigual”, sostiene David Harvey. El investigador publicó en 2003 Paris, Capital of Modernity y unos años antes, en 1982, The Limits to Capital. En las dos obras abordaba, desde una perspectiva marxista, la acumulación de capital en el espacio y el tiempo y, por otra parte, las transformaciones urbanísticas en la capital francesa durante el II Imperio (1852-1870), lo que le permitió ahondar en la comprensión de la Comuna de 1871.

En el último apartado del libro, Harvey reflexiona en torno al “espacio” como palabra clave. “La concepción absoluta (del espacio) puede ser del todo adecuada para cuestiones de límites de propiedad y determinaciones de fronteras, pero no me ayuda en absoluto respecto a la pregunta de qué es la Plaza de Tiananmen, la Zona Cero de Manhattan o la Basílica del Sacré Coeur de París”, afirma. Por esta razón, en su trabajo de geógrafo extiende el uso de esta categoría al espacio-tiempo absoluto, relativo y relacional.

Fuente: https://rebelion.org/el-capitalismo-sobrevive-gracias-al-desarrollo-geografico-desigual/

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Estudiantes de Brasil demandan la dimisión de Bolsonaro

Exigen más recursos para educación, la intensificación de la vacunación anticovid y que se amplíe la ayuda de emergencia.

Integrantes de la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) de Brasil y de otras organizaciones juveniles realizan este miércoles una movilización nacional, a través de la cual reclaman una educación pública de calidad y exigen la dimisión del presidente Jair Bolsonaro.

En mensajes difundidos a través de la red social Twitter, la UNE informa que la movilización estudiantil forma parte de la campaña Fuera Bolsonaro, cuya cuarta manifestación se produjo el 24 de julio pasado.

Los actos previstos para este miércoles coinciden con el Día del Estudiante en Brasil y con el aniversario 84 de la fundación de la UNE. En ellos también toman parte la Unión Brasileña de Estudiantes de Bachillerato (UBES), la Asociación Nacional de Estudiantes de Posgrado (Anpgl) y la Unión de Juventudes Socialistas (AJS).

En la convocatoria a esta jornada de lucha se denuncian los recortes presupuestarios en las universidades. De acuerdo con la presidenta de la organización estudiantil, Bruna Brelaz, en medio de la pandemia urge reforzar la educación, pero el Gobierno opta por desecharla. Eso es inaceptable, subrayó.

La líder juvenil también critica que el Ejecutivo no implemente políticas para hacer más inclusivos los procesos educativos. Además, cuestiona que el Ministerio de Educación no disponga de proyectos de inversión ni de propuestas para adecuar los centros docentes para el regreso seguro a clases presenciales.

Además de sumarse a la demanda de que Bolsonaro sea destituido por su gestión ante la pandemia y otras razones, la UNE también exige que se destinen más recursos a la educación.

Otras reivindicaciones suyas son la intensificación de la vacunación contra el coronavirus, la ampliación a 600 reales (106 dólares) de la ayuda de emergencia destinada a trabajadores informales, desempleados y familias pobres, y que no fueran privatizadas las empresas Eletrobras y Correos.

La UNE es considerada una de las organizaciones juveniles más visibles en la campaña Fuera Bolsonaro. Entre sus prioridades para este periodo se encuentra movilizar a los estudiantes en temas relevantes como el incremento de las tasas de retención y la reducción de los índices de deserción escolar.

A propósito de ello, este martes la organización presentó ante el Supremo Tribunal Federal (STF) un recurso para reabrir la inscripción con exención a estudiantes que durante 2020 no pudieron cumplir el plazo de justificación debido a la Covid-19.

Este recurso, denominado Argumento de Incumplimiento de un Precepto Fundamental, fue presentado con el coauspicio del Partido de los Trabajadores y otras fuerzas políticas y, según medios locales, beneficiaría a millones de estudiantes de bajos ingresos.

Fuente: https://www.telesurtv.net/news/estudiantes-brasil-movilizacion-fuera-bolsonaro-20210811-0008.html

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Hambre y pandemia: «Las consecuencias son bastante dramáticas» en América Latina, según FAO

El hambre se había logrado reducir a casi la mitad entre 2000 y 2015 en América Latina y el Caribe, pero la pandemia significó un retroceso histórico en esa lucha. Maya Takagi, líder de Programas Regionales de la FAO, habló con Sputnik sobre cómo afrontar el hambre en una región altamente empobrecida.
El hambre se había logrado reducir a casi la mitad entre 2000 y 2015 en América Latina y el Caribe, pero la pandemia significó un retroceso histórico en esa lucha. Maya Takagi, líder de Programas Regionales de la FAO, habló con Sputnik sobre cómo afrontar el hambre en una región altamente empobrecida.
La pandemia empobreció a millones de latinoamericanos y caribeños, con la pobreza, se agravó el hambre y la malnutrición. Maya Takagi, líder de Programas Regionales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura —FAO, por sus siglas en inglés—, señaló que a finales de 2020, el 30% de la población de América Latina se encontraba en situación de pobreza.
La pobreza ascendió a 209 millones —22 millones de personas más que en 2019, según datos de la la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de ONU (CEPAL)—, en una población de 670 millones de personas.
Además, del total de personas pobres, 78 millones se encontraron en situación de pobreza extrema, ocho millones más que en 2019. En las áreas rurales, la pobreza rural aumentó en seis millones de personas, casi la mitad de ellas en situación de pobreza extrema.
—Comprobamos que la crisis sanitaria efectivamente aumentó la pobreza y pobreza extrema en la región, y que llevó el hambre a casi los mismos niveles de dos décadas atrás. ¿Cuáles cree han sido las más graves consecuencias sociales y económicas del aumento brusco del hambre, y cuáles prevé en el futuro cercano?
(…) Como el ingreso es la única forma de acceder a la alimentación, hubo un incremento de la inseguridad alimentaria. La incidencia de inseguridad alimentaria moderada o grave alcanzó a un 40,4% de la población en 2020, lo que representa un aumento de 6,5 puntos porcentuales con relación a 2019, según datos 2021 de la CEPAL. Sin las políticas de apoyo a los ingresos y a la alimentación, las tasas serían aún mayores.
Esto se puede explicar por el serio impacto en los niveles de pobreza y empleo que ha tenido la pandemia en la región, y por el alto precio que tienen las dietas. Las condiciones económicas, los desequilibrios estructurales (ingresos, activos y recursos) y la falta de políticas amplias de protección social son las principales causas del hambre y malnutrición en la región, las que interactúan, además, con desastres y crisis que hacen más difícil salir de este círculo vicioso.
Las consecuencias son bastante dramáticas. Además de la ampliación de la pérdida de vidas por cuenta del hambre, hay consecuencias de largo plazo para las familias en la recuperación de sus capacidades de ingreso, hay en el efecto de las deficiencias nutricionales y de salud en padres y niños que afectan sus capacidades laborales y de educación. Es como volver a un ciclo de vulnerabilidad con consecuencias de largo plazo. Es un quiebre en la tendencia de que los hijos tengan mejores condiciones de ingreso que sus padres o abuelos. Y millones de familias ahora están en esta condición. Hace 20 años que no teníamos este número de personas en pobreza extrema. (…)
—En una región en la que antes de la pandemia no faltaba comida, sino dinero para comprarla: ¿Cómo lograr que las personas accedan a una dieta nutritiva con menos dinero aún que antes?
En el informe mundial de FAO del Estado de la Seguridad Alimentaria en el Mundo, el SOFI 2020, se concluyó que las dietas saludables son cinco veces más caras que las dietas suficientes en calorías. Y también que nuestra región es la más cara en el mundo para la alimentación de dietas saludables. Algunas razones que explican esta desigualdad: problemas de disponibilidad, accesibilidad, oportunidad, educación y hábitos alimenticios, inocuidad y variabilidad de precios según estacionalidad.
Entre las medidas a implementar:
-Se deben articular los programas de transferencia de ingreso con educación alimentaria, así como otras medidas que favorezcan a la mayor disponibilidad de alimentos frescos y saludables.

-En el marco de prácticas de comercio regional e internacional, se deben privilegiar alimentos nutritivos, y negociar acuerdos que faciliten el comercio intrarregional.

-Otras medidas, implican promover las compras públicas, comprar directamente de los productores, para así acortar las cadenas y disminuir los costos de logística.

-Estimular la utilización de medios digitales de comercialización de los productos de las pequeñas y medianas empresas (pymes) y de las cooperativas locales.

¿Cuál es el panorama regional para encauzar la recuperación y lucha contra el hambre? ¿Cuáles deberían ser sus pilares?
El nivel prepandemia se alcanzaría en el 2024 si el crecimiento fuera del 1,8% (el promedio de la última década), pero se demorará 10 años si el crecimiento es del 0,3% (promedio de los últimos 6 años).
Son cada vez más las voces que señalan que la crisis sanitaria, económica y social causada por la pandemia es una oportunidad para reflexionar sobre qué tipo de respuestas se requiere para salir de una crisis de esta envergadura. Por ello, se ha señalado que para reconstruir mejor, es necesario transformar el modelo de desarrollo de América Latina y el Caribe.
Las medidas de recuperación inmediata deberían centrarse en:

-Proteger los empleos existentes, crear empleos nuevos.

-Fortalecer la red de protección social, ya sea a través de inversión directa o políticas.

Para el rescate del empleo, es fundamental rescatar las micro y pequeñas empresas, que representan más del 99,5% de las empresas en la región, y generan el 60% del empleo productivo formal (CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina) con políticas de fomento y apoyo directo.
-Así también, las medidas de protección sanitaria y social debiesen estar focalizadas en los trabajadores del sector informal, compuesto principalmente por mujeres, jóvenes, pueblos indígenas y migrantes, según datos de la ONU. Como también es fundamental mantener los programas de alimentación para niños y niñas, adultos mayores y otras personas en situación de vulnerabilidad, privilegiando la compra pública de alimentos sanos y perecibles a pequeños productores agrícolas y pescadores artesanales de la región.
(…) Las políticas e inversiones deberían facilitar la igualdad de acceso a las tecnologías, herramientas y plataformas de la información y las comunicaciones (TIC). (…)
-Por último, garantizar que los sistemas alimentarios sigan funcionando, protegiendo desde la producción de alimentos, pasando por la comercialización, el procesamiento, y el mercado local hasta llegar al consumidor, valorando productos frescos para garantizar una dieta saludable y producidos de manera equilibrada con el medio ambiente.
Esto es fundamental para tener una sociedad sana, resiliente y más protegida contra enfermedades de diversas naturalezas. Para aumentar la resiliencia de los sistemas agroalimentarios, la recuperación debería incorporar aspectos transformacionales.
—¿Cómo valora los planes de ayuda que hasta ahora han lanzado los gobiernos de América Latina y el Caribe?
Gracias a una respuesta política sin precedentes, es probable que la recesión de COVID-19 deje cicatrices más pequeñas a nivel mundial que la crisis financiera del 2008. Sin embargo, esta vez los países de bajos ingresos y las economías emergentes sufren más en comparación con las economías avanzadas, más afectadas en la crisis de 2008, según el Fondo Monetario Internacional.
Los Gobiernos de la región implementaron 263 medidas de protección social de emergencia en 2020. Estas alcanzaron a 49,4% de la población, es decir, cerca de 326 millones de personas, con un gasto adicional estimado en 86.000 millones de dólares (CEPAL). Sin esas medidas, la incidencia de la pobreza extrema habría alcanzado 15,8% y la pobreza, 37,2%, equivalentes a 98 millones y 230 millones de personas, respectivamente. (…) Gracias a ese conjunto de medidas, en 2020 unos 20 millones de personas han escapado de caer bajo el umbral de la pobreza en la región.
¿Qué pasa en Centroamérica y el Caribe, donde varios países desde antes de la pandemia ya tenían serias dificultades para alimentar a su población?
Una encuesta del Programa Mundial de Alimentos muestra que a fines de 2020 el consumo insuficiente de alimentos afectaba al 16% de la población de esos países. La principal barrera para acceder a los mercados de alimentos en esos países en el contexto de la pandemia ha sido la falta de dinero, seguida por las restricciones de viaje y la distancia física a los mercados.
Además, en respuesta a las restricciones de la pandemia, cerca del 40% de los hogares han aplicado estrategias de crisis en el consumo alimentario, tales como cambiar la dieta a alimentos menos costosos, limitar el tamaño de la porción, reducir el número de comidas, pedir alimentos prestados, o limitar la alimentación de los adultos en favor de los menores (países Bolivia, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Perú y República Dominicana).
Al empeoramiento reciente de la inseguridad alimentaria se suma que estos países llevan varios años lidiando con una doble carga de subalimentación, en la que la desnutrición (…) coexiste con el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta. La suma de esos factores estructurales (…) y la agudización de los problemas de acceso a alimentos saludables —sea por restricciones de ingresos o por la interrupción de cadenas de suministro y de los programas públicos de alimentación (escolar, por ejemplo)— tienen un impacto en las dietas regionales y en la salud de la población que va más allá del corto plazo.
(…) En Caribe en especial, el sector turístico, que es un soporte de la economía de los países esencial, fue fuertemente afectado por la pandemia, y afectó a toda la cadena de valor, desde la producción de alimentos, hasta la importación, y los empleos directos, dejando a las familias más vulnerables.
Sin embargo, después de los primeros meses de la pandemia cuando hubo inseguridad, los países de la región han podido confirmar importaciones de alimentos y avanzar en la liberación comercial. Hemos observado también mayor voluntad política para profundizar en el comercio agroalimentario intrarregional, lo que ayudaría a hacer los países importadores más resilientes ya que contarían con varios socios comerciales.
Fuente: https://mundo.sputniknews.com/20210813/hambre-y-pandemia-las-consecuencias-son-bastante-dramaticas-en-america-latina-segun-fao-1115069708.html
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