Unesco aprueba informe sobre lengua mapoyo presentado por Venezuela

América del sur/Venezuela/Prensa Latina

El Comité de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco aprobó hoy el informe periódico sobre la tradición oral de la lengua mapoyo, presentado por Venezuela, informó el ministro de Cultura, Ernesto Villegas.

A través de un mensaje difundido en la red social Twitter, Villegas envió sus felicitaciones, luego de recibir la información por parte del jefe de la delegación del Gobierno bolivariano Benito Yrady, en la reunión de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), celebrada en Bogotá, Colombia.

La tradición oral mapoyo fue inscrita en 2014 en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia.

De acuerdo con una nota publicada en el portal de la Unesco, actualmente los principales depositarios de las tradiciones orales y de su simbolismo son los miembros más ancianos de la comunidad.

Sin embargo, existen factores que ponen en peligro la transmisión a las nuevas generaciones, tales como la emigración de los jóvenes mapoyos en busca de mejores oportunidades en el plano educativo y económico.

A lo anterior se suma la influencia del sistema público de educación formal en los jóvenes mapoyos escolarizados, el cual no fomenta el uso de su lengua materna, reseña la Unesco.

Este 2019 se celebra el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, proclamado por la Asamblea General de Naciones Unidas debido al peligro de desaparición de esos idiomas.

Ante la necesidad de preservar estas formas de comunicación para el desarrollo de los países, la ministra venezolana para los Pueblos Indígenas, Aloha Núñez, ratificaba que frente al desespero de las clases políticas dominantes, las comunidades originarias responden con la alegría de quien reconoce al empoderamiento social como la mejor garantía para avanzar.

Fuente: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=327270&SEO=unesco-aprueba-informe-sobre-lengua-mapoyo-presentado-por-venezuela
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La tradición oral Mapoyo, un patrimonio de la humanidad con sólo seis hablantes del idioma

Venezuela/América del Sur/Reportaje: Carla García

Originalmente, los mapoyo relataban su historia en la lengua wanai, pero, poco a poco, la colonización fue imponiendo un nuevo idioma hasta que sólo quedaron seis hablantes y su tradición oral se vio amenazada. El riesgo de perder su cultura ancestral detonó en estos indígenas venezolanos la determinación de defenderla a toda costa, por lo que empezaron a trabajar en su recuperación.

Había una vez un lugar muy cerca del Orinoco donde el tiempo era diferente y sólo existía ligado a la luz y al sol, donde el origen de la vida era un cerro y donde nada era más importante que la naturaleza, porque ella guardaba los símbolos y permitía subsistir. En ese lugar, la gente se reunía para relatar a la comunidad sus experiencias y así mantenerlas vivas como parte de su historia.

Ese sitio todavía existe, está en Venezuela y se llama Los Pijiguos, en el estado de Bolívar. Los Pijiguos está habitado por un pueblo descendiente de los caribe: el mapoyo o wanai, que continúa transmitiendo de generación en generación su cosmogonía, conocimientos, historia y cultura a través de relatos que van contando los sabios, es decir, las personas de más edad.

Originalmente, los relatos se hacían en la lengua wanai, pero, poco a poco, la colonización fue imponiendo un nuevo idioma hasta que sólo quedaron seis hablantes y su tradición oral se vio amenazada.

El riesgo de perder su cultura ancestral detonó en los mapoyo la determinación de defenderla a toda costa, por lo que empezaron a trabajar en su recuperación. Así, en 2007 se incorporó a la escuela del pueblo el primer maestro bilingüe. Su lucha pronto contó con el apoyo del Gobierno venezolano, que acudió a la UNESCO para que se reconociera la tradición oral de ese pueblo en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial y se apoyara su preservación.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura no sólo la inscribió en la Lista en 2014, sino que declaró que requería medidas urgentes de salvaguardia e inició un programa conjunto con las autoridades venezolanas para elaborar material didáctico y un sistema de escritura wanai que se utilizaría en las escuelas de la comunidad.

Jairo García Bastidas, un joven luchador social mapoyo y participante en los esfuerzos de revitalización, señala que fue así como su pueblo ingresó a un proyecto de Estado para, en conjunto con la comunidad, reforzar, salvaguardar y mantener, la cultura viva de los wanai.

Jairo, quien es nieto del cacique mapoyo, explica que los maestros utilizan los materiales creados con la participación de todos para enseñar a los niños en la escuela.

“Son herramientas pedagógicas que facilitan el conocimiento de la lengua materna de acuerdo con la edad”, dice.

La recuperación de una tradición y un idioma es compleja e involucra a muchos actores. La ministra de los Pueblos Indígenas de Venezuela, Aloha Núñez, destaca la labor de varios ministerios e instituciones gubernamentales para rescatar la tradición oral y la lengua wanai.

“Hemos hecho un trabajo especialmente con las autoridades indígenas, con los abuelos y abuelas y con un líder que aún preserva y mantiene gran parte de la lengua wanai, un idioma que prácticamente estaba perdido. Hemos estado haciendo un esfuerzo para recuperarla y poderla plasmar en diferentes instrumentos educativos que nos permitan enseñar a los más pequeños por los menos las palabras más usadas referentes a la salud o las palabras principales del idioma”, apunta.

© Centro de la Diversidad Cultural, 2013. Con permiso de la UNESCO
Un maestro del proyecto para recuperar la tradición oral y la lengua mapoyo

La espada de Bolívar

Uno de los grandes orgullos de los mapoyo es su historia de pueblo combativo que llegó a luchar al lado de Simón Bolívar por la independencia de Venezuela, según consta en la memoria colectiva y lo demuestra la espada que el libertador les regaló como prueba de la entrega de los territorios que les pertenecían ancestralmente.

Jairo García Bastidas aduce que en la crónica de la historia venezolana da cuenta de la gran batalla de los ancestros wanai.

“Lucharon a favor de nuestros patriotas de aquel entonces, el general Paez y el libertador Simón Bolívar para liberar los espacios invadidos por el yugo español. Aquí hubo una gran batalla, fuerte, se perdieron muchas vidas de nuestros abuelos para liberar el territorio porque utilizaban a los mapoyo como esclavos y los adoctrinaban a religiones ajenas a su cultura. Esa batalla ocurrió en 1815, como evidencia viva tenemos una espada, una lanza que ha pasado por las generaciones de los diferentes caciques. “

Pese a que esa espada simbolizaba la entrega de sus territorios, los mapoyo debieron esperar casi dos siglos para que se oficializara la decisión de Simón Bolívar. Fue hasta el Gobierno de Hugo Chávez que se reconoció la entrega del territorio mapoyo.

Inspirados por ese pasado de lucha, los wanai empezaron a trabajar arduamente en la revitalización de su identidad cultural, en la cual el idioma es clave.

Semilla y frutos

Su plan comenzó con dos horas de clases diarias de wanai en todos los grados de educación primaria y, junto con el maestro y los padres, los niños empezaron a elaborar láminas con las frases más usadas en mapoyo y español. Además, se realizaron danzas y se dramatizaron rituales. Poco después, los niños aprendieron a entonar el himno nacional en su lengua.

Esta labor sembró la semilla de la enorme tarea de rescate, reconoce la ministra de los Pueblos Indígenas.

“Es importante destacar que ya había un trabajo que venía haciendo la comunidad y que a través de la UNESCO, se le ha dado mayor facilidad para poder sacarlo adelante.”

Jairo García Bastidas detalla el funcionamiento en la escuela del programa de recuperación del idioma y la cultura.

“Hay un plan por grados dentro del lapso académico y para finales del año escolar se genera un trabajo final para ver cómo ha evolucionado la rehabilitación del idioma en los niños de diferentes niveles. El año escolar se cierra con representaciones relacionadas con la cultura, que es uno de los primeros temas que se abordan en el ciclo”, dice Jairo.

Con apoyo de la UNESCO, estos trabajos se han reforzado y, a partir de 2014, la comunidad mapoyo, con la ayuda de una lingüista, elabora el primer diccionario bilingüe español-wanai/wanai-español.

Los esfuerzos están dando frutos.

© Centro de la Diversidad Cultural, 2013. Con permiso de la UNESCO
Niña mapoyo escuchando un relato.

Bibliotecas vivientes

“Hemos avanzado más de cuatro años con los sabios, los abuelos, los docentes, la familia completa de la comunidad para mantener nuestra cultura indígena del pueblo mapoyo. Hoy día, nuestra lengua materna no sólo se rehabilita entre los niños con el programa intercultural bilingüe, sino que se hace dentro de la comunidad con el proyecto de oralidad.”

Pero, ¿qué es la oralidad? “Como nuestros abuelos le van transmitiendo los saberes ancestrales a nuestra juventud, a los niños, con el conocimiento que tienen las madres, los padres, todo lo que hace lo cotidiano del pueblo mapoyo”, abunda.

Como parte del objetivo de preservar la tradición oral, las historias también han empezado a registrarse por escrito, agrega Jairo.

“Podemos decir que las bibliotecas vivas son nuestros abuelos, vamos compartiendo con ellos y haciendo las redacciones para transmitirlas a través de la escuela, a través de otro proceso de intercambio con la comunidad. Es la mejor forma, ya que tenemos muy pocos hablantes.”

Según el censo de 2011, para ese año había 423 indígenas mapoyo, 210 hombres y 213 mujeres. De entonces a la fecha, la población ha crecido y suma unos 600.

Los wanai son optimistas y confían en que su labor y el compromiso de su comunidad produzca a mediano plazo muchos más hablantes de todas las edades, especialmente jóvenes. Hoy, dos de los hablantes son mayores de 70 años y los otros cuatro rondan los 40.

La lengua y la naturaleza

El pueblo mapoyo sabe que la supervivencia de la lengua significa entre otras cosas la conservación de su filosofía de respeto a la naturaleza.

El territorio donde viven los mapoyo es rico en recursos naturales: hay bauxita, oro, diamante, uranio, coltán…pero para los wanai, la mayor riqueza es el agua que nutre el paisaje y les permite sobrevivir.

“Para el indígena mapoyo, el territorio es parte de su cuerpo. Cuidarlo, protegerlo es lo más importante y esto está en consonancia con la interculturalidad. A nuestra comunidad llega la educación sistemática del Estado, pero nosotros estamos equilibrando que un niño, aunque pueda manejar, por ejemplo, una computadora, no desconozca la propia vida cultural ni la condición del pueblo wanai”, subraya Jairo.

En este Año Internacional de las Lenguas Indígenas, la ministra Núñez comparte la percepción de los idiomas originarias como elemento integral de la cultura de los pueblos y las valora como herencia ancestral e instrumento de defensa de los pueblos indígenas.

“Es el método que nos ha permitido subsistir durante tantos años. Por eso es sumamente importante su rescate, revitalización y fortalecimiento. En medio de una globalización y de tantos medios y métodos tecnológicos se va perdiendo a veces el contacto con nuestras raíces y es fundamental mantener ese contacto, esa identidad, esa cultura y, por supuesto, los idiomas indígenas que son parte de nuestro autorreconocimiento como pueblos y comunidades indígenas en Venezuela.”

Fuente: https://news.un.org/es/story/2019/08/1460411

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Los maestros de la vida: Un encuentro con los saberes populares

Keyla Isabel Cañizales

Existen seres que están predestinados a dejar huellas; personas que con su ejemplo inspiran a otros. Sin necesidad de recurrir a conceptos y definiciones provenientes de algún diccionario, un “maestro/maestra” debería ser: “ese ser capaz de causar ese impacto en las personas”. Estableciendo como punto de partida esta atrevida concepción, a través de estas líneas compartiré algunas de las experiencias que son el resultado de los encuentros con lo que fueron esos “maestros de la vida”

Cuando inicie este ejercicio de introspección, la pregunta que me formulaba era ¿Qué maestra/o ha marcado mi vida?. Comencé a reflexionar sobre mis vivencias a lo largo de todos los niveles en que he estado estudiando; de repente como por arte de magia, recordé un episodio en mi época de bachillerato (nivel medio) cuando mi profesor de historia universal nos hizo la siguiente pregunta ¿Cuál es la persona que usted más admira?. Me vi sentada en mí pupitre escuchando atentamente lo que decían cada uno de mis compañeros de clase, quienes nombraban a personajes de diversas áreas, desde protagonistas de la historia como Simón Bolívar y Juana de Arco, hasta artistas y deportistas famosos. Cuando llego mi turno le respondí de manera espontánea: “Mi Abuela”; ante mi respuesta el profesor bastante extrañado me pregunto: ¿Tu Abuela, cuéntame porque la admiras?, le dije sin titubear: Porque es una mujer que se vino de su pueblo sin conocer a nadie y sabe muchas cosas.

En consecuencia, esa primera persona que identifique como una “maestra de la vida” fue mi Abuela o como me gusta decirle mi “Mama Elba”. El recuerdo de ese episodio en mi salón de clase, desencadeno un proceso de indagación en mi memoria buscando específicamente ese “sabe muchas cosas”, y les confieso que es imposible plasmar todo lo que recordé. Por ello, haciendo un esfuerzo de filtrado intelectual de todas las escenas, palabras y vivencias con esa “maestra”, les comparto algunas. Esa maestra se caracterizaba por esa sapiencia ancestral que provenía de la intuición y de su experiencia personal, desde allí compartía sin temor y sin egoísmo sus “saberes”; los cuales estaban desde como curar un golpe, tratar la amigdalitis, hasta eliminar un dolor de barriga. Sin contar las clases de historia, música, cocina, economía, política, ecología y valores que magistralmente transmitía, dejando siempre impresionados a sus interlocutores, a pesar de cómo decía ella “yo conozco la O por lo redondo”, indicando muy humildemente su condición de analfabeta.

Más allá del amor infinito que evidentemente siento por ese ser tan maravilloso, descubrí que cada día de su vida de diversas maneras y métodos, sin siquiera conocer lo que es un “modelo instruccional” o un “espacio dialógico”, ella desde la praxis estaba literalmente aplicando el “aprender haciendo” con esta pupila, y de primera mano corroboro que estos saberes se han mantenido y prolongado a lo largo de mi vida al punto de encontrarme transfiriendo ese conocimiento a otros.

En este paseo por el baúl de mis recuerdos, llego a mi mente el segundo personaje. Un vecino a quien llamaban “Marrufo”, un adulto mayor de aproximadamente 70 años. El de vez en cuando se acercaba a mi casa para conversar con mi Mama Elba; el verlos sentados conversando para mí era una experiencia fascinante, siempre los escuchaba de manera muy atenta, pues todos esas historias eran impresionantes. Los temas de conversación eran variados desde los acontecimientos durante la época de Pérez Jiménez y Juan Vicente Gómez, además de toda la evolución del pueblo, sus habitantes y no podían faltar todas aquellas vivencias de sus años mozos. Esas conversaciones me permitieron escuchar y entender muchas cosas que viendo en perspectiva eran temas polémicos y muy profundos para una adolescente. Ahora que ando por el camino de la enseñanza, me doy cuenta que me encontraba en un espacio educativo con enfoque holístico, basado en saberes populares, intuición, historia, situaciones y experiencias, en definitiva todo un legado de conocimientos para abordar la vida.

Marrufo a pesar de su avanzada edad, aún trabajaba él era encargado de cuidar una casona antigua, la cual cada vez que veía me fascinaba por lo hermoso de sus jardines y sentía mucha curiosidad de ver cómo era por dentro. Un día para mi sorpresa Marrufo me dijo ¿Quiere ir conmigo a conocer la casona?, recuerdo que mire a mi Mama Elba y ella sonrió y me dijo: Claro vamos”.

Cuando me encontré dentro de la casona (la cual es patrimonio de la ciudad donde vivo), se pueden imaginar mi emoción, caminaba por esos jardines hermosos, tocaba las puertas gigantes y me deleitaba con las aves que revoloteaban entre los arboles del lugar. Pero eso no terminaba allí, me tenían una sorpresa aun mayor, me llamaron y abrieron las puertas internas de la casa, era primera vez en mi vida que podía conocer algo como eso. Marrufo se dio a la hermosa tarea de mostrarme cada habitación, me indicaba quien había ocupado el espacio y explicaba cada una de las cosas que se encontraban en ese lugar. Al llegar a la sala que era amplia y muy hermosa habían muchos cuadros de personas, de las cuales me dijo con mucha seguridad, el nombre, fecha de nacimiento, que actividad hacia y cuando falleció cada uno de ellos. Luego nos fuimos a la capilla, pues para la época todas las casonas tenían su propia iglesia, allí recorrí esos muros, y Marrufo me decía con cara de orgulloso esta capilla solo abre una vez al año, para que la gente pueda entrar y eso es el 04 de diciembre que es el día de Santa Bárbara.

Como pueden apreciar, de primera mano conocí la historia de unos de los fundadores de la ciudad, eso es algo que nunca olvide. En ningún libro se encuentra reflejada toda la experiencia que significo estar presente en donde ocurrieron los acontecimientos, ver las paredes que guardaban tantas vivencias y tener la oportunidad en primera fila de una visita guiada por ese “maestro” llamado Marrufo.

Los maestros que nos da la vida son infinitos, solo debemos estar atentos para empezar a descubrir esos maravillosos tesoros que se encuentran escondidos detrás del don de la palabra, ese aprendizaje que solo sucede a través de la transmisión oral, el cual está impregnado de inocencia, sabiduría, amor por lo vivido, y en especial en esas ganas de compartir con el otro.

Definitivamente, los espacios de enseñanza y aprendizaje, no solo se encuentran en los ambientes formales y estructurados, aprendemos en cada lugar, en cada momento y con la persona que menos imaginemos, pero eso solo ocurre si estamos atentos, si escuchamos, y me permito afirmar si observamos. Porque la vida se escribe cada día.

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Tradiciones orales en la era digital: “El reto más difícil es aprender a escucharnos”

El investigador uruguayo Néstor Ganduglia destaca la importancia de narraciones y relatos orales en la memoria colectiva y su importancia en la sociedad actual.

Por Redacción LAVOZ / 11/04/2016

Las tradiciones orales tienen y han tenido una gran importancia en la historia de los pueblos. Aunque en medio de la revolución digital, la sociedad moderna caracterizada por el acceso inmediato y los contactos mediados por aparatos, va relegando su importancia.

Néstor Ganduglia, investigador uruguayo de temas relacionados a culturas populares en Latinoamérica y orador del último TEDx Córdoba, hace hincapié en lo que estas “narraciones mágicas” significan para una comunidad y el gran reto que tenemos en la era posmoderna para que estas no mueran.

“Las leyendas, mitos e historias orales mantienen vivos los aprendizajes de la comunidad construyendo conocimientos, saberes y valores que enriquecen la experiencia de cada generación y que se heredan a la siguiente. Si no aprendemos de ellas, cada generación vive como si fuera la primera”, asegura el investigador, en diálogo con La Voz. 

Una narración de la comunidad Wuayuu, que Ganduglia narró en TEDx y que ejemplifica con claridad este concepto:

«Los wayuu son un pueblo que habitó por milenios una península en el mar Caribe entre Venezuela y Colombia que se llama “La Guajira”. Ellos dicen: ‘Nosotros morimos tres veces: la primera es la que ustedes conocen, la que se ve, la que se toca. Es triste y dolorosa pero ni siquiera se acerca al horror de la segunda muerte, que es cuando morimos en el corazón de la gente que hemos amado. Sin embargo, no hay nada tan frío y espantoso como la tercera muerte que es cuando morimos en la memoria de la comunidad a la que pertenecimos’. Yo mismo he tenido la fortuna de ver cómo cada wayuu se levanta todas las mañanas de su vida pensando qué va a hacer hoy para ganarse un lugar digno en el corazón y en la memoria de su gente porque esa es la única manera de vivir para siempre».

El investigador y narrador que ha dedicado su vida a rescatar y registrar miles de historias orales de comunidades y pueblos originarios, sostiene que el reto más importante que tenemos como sociedad es la de aprender a escuchar y tomar eso que escuchamos como un conocimiento tan valioso como el que aprendemos en los libros.

“Hemos sido criados en una sociedad donde el sinónimo de civilización y comportamiento ciudadano tiene que ver con el endiosamiento de las jerarquías, es decir creemos que el saber y el conocimiento sólo lo tiene el profesor, el doctor, que la autoridad la tienen los generales, los políticos y no nuestros pares como los abuelos, los paisanos, etc”.

PERÚ. Néstor Ganduglia junto a la comunidad de Chinchero (Gentileza).

Escuchando a nuestros pares se lograría “descolonizar el conocimiento”, sostenía Aníbal Quijano. Ganduglia retoma este idea y aclara: “Con esto no digo que haya que desdeñar el conocimiento científico racional y tecnológico, pero sí estamos llamados a generar síntesis nuevas entre los conocimientos populares y académicos que rompen para siempre los círculos viciosos del desarrollo desde la concepción misma de qué cosa es el progreso”.

Ciudades vs. pueblos y jóvenes vs. abuelos

En los pueblos y zonas rurales las tradiciones orales están más arraigadas que en las grandes ciudades. Y esto sucede también porque es más fácil el contacto cara a cara.

Ganduglia explica por qué en las ciudades la gente tiene menos memoria colectiva que en los pueblos. “En las ciudades es donde más se ve el desprecio sistemático a todo conocimiento que no venga de voces autorizadas que hace que despreciemos los saberes de las personas mayores, a las de las campañas y que los creamos como ignorantes, supersticiosos, etc”.

Al ser consultado sobre el rol de los abuelos y adultos mayores en nuestra sociedad, el investigador asegura que al estar inmersos en una sociedad de mercado donde este regula no sólo los bienes sino también los valores, hoy se asocia la vejez con la incapacidad para producir por lo tanto a la “inutilidad”. “No sé si existe otra cultura que desprecie de la misma manera a la gente mayor”, sentencia Ganduglia.

“Fijate que hay muchas historias que hablan sobre el encuentro con los abuelos y con sus palabras justas en momentos de dolor o de confusión. Hoy con una pastilla creemos solucionar todo. El abuelo nunca te va a contar una de sus historias porque sí, sino porque lo cree necesario en ese momento y eso forma parte de la educación y aprendizaje de una persona”, agrega.

Ganduglia hace hincapié en que es necesario “reencontrarnos con el encanto mano a mano y aprender a escuchar” para poder tomar esos conocimientos, transmitirlos a las futuras generaciones y poder vivir por siempre en la memoria colectiva de nuestra comunidad.

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/tradiciones-orales-en-la-era-digital-el-reto-mas-dificil-es-aprender-escucharnos

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