Datos inertes o saberes vivos: Una mirada a la gestión del conocimiento científico

Por: Prof. Hayah García

Como en todo el mundo material, hay un punto de partida. Es ese algo que sirve de origen y desde el cual surgen una o muchas interrogantes que, dependiendo de la óptica, tendrán respuestas o al menos datos que permitirán realizar algún tipo de interpretación.

Al católico, por ejemplo, se le dice que hubo una génesis, el principio del mundo y la vida, una mano divina que construyó en tan solo siete días todo lo que conocemos . Sea cierto o falso, es la forma de explicar el origen del mundo desde un sistema de creencias que busca instaurarse como universal, pero que, a lo largo de más de cuatro milenios, ha visto surgir detractores como también otras interpretaciones y creencias, sin dejar de lado quienes piensan en la existencia de inteligencias provenientes de otros mundos, cuestión que no está negada ni comprobada.

El ser humano es único en el universo, hasta ahora, y posee la capacidad de razonar, discernir, reflexionar y andar por caminos propios que le permiten generar experiencias que no todos logran convertir en algo más aprovechable o en conocimiento formal.

Es así como el investigador social en su medio se plantea un problema, un conjunto de interrogantes y dependiendo de la naturaleza del mismo opta por tomar una perspectiva u otras para tratarlo. En medio de todo este proceso, a veces repetitivo, él obtiene datos, que son información inerte y desde los cuales posteriormente podrá elaborar reflexiones que se transforman en conocimiento. Cabe aquí la pregunta: si el mismo problema lo plantea otro investigador, ¿llegará a resultados o reflexiones iguales, similares o distintas? La respuesta es bien conocida, dado que el investigador social no escapa a su propio entorno y a la no neutralidad del conocimiento, pues como refiere Lev Vygotsky el conocimiento individual se construye desde la interacción social, el contexto cultural y de los cristales con los que se observe.

Se trata en sí de una construcción social y reflexiva que no solo requiere ser administrada, sino vivida y compartida para recibir la realimentación y darle otra mirada a lo ya encontrado.

Surge así lo que en algún momento se denominó gestión del conocimiento, dado que gestionamos lo que conocemos, las experiencias que pasaron a ser conocimiento, lo que percibimos desde cada uno de los sentidos, es un todo que de alguna manera va moldeando la perspectiva y cosmovisión a lo largo de la senda que se transita desde la reflexión y el discernimiento.

Es un proceso altamente complejo, refinado, crítico, transversalizado y multidimensional precisamente porque el ser humano es como un diamante en bruto, inacabado, imperfecto y en constante aprendizaje.

Esta articulación muestra que el conocimiento es un hilo infinito, que permite ser mejorado con el pasar del tiempo.

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Hayah García

Ingeniero de sistemas. Docente universitario

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