¿A qué edad debería comenzar la educación ambiental y quién tendría que impartirla?

Entrevista/15 de septiembre de 2016/Fuente: huffingtonpost

Durante la primera quincena de septiembre más de ocho millones de estudiantes no universitarios inician el nuevo curso escolar. Son niños que empezarán las clases con un «déficit de naturaleza», termino acuñado por el periodista americano Richard Louv en su libro Last Child in the Woods. Es cierto que el creciente distanciamiento del ser humano respecto a su medio natural está provocando en los más jóvenes graves dificultades de adaptación. Además, la falta de contacto con el mundo natural está también en la base del grave «analfabetismo ecológico» que padecen los más jóvenes aumenta sus niveles de estrés y no favorece el desarrollo de una conciencia ecológica que promueva una cultura de sostenibilidad para el planeta.

En El Huffington Post hemos preguntado a varios expertos sobre juventud y educación ambiental: ¿cuándo debería comenzar este tipo de materia? ¿Quién debería impartirla y dónde? ¿Qué papel tiene la familia dentro de este proceso educativo?

Susana Calvo, jefa de servicio de coordinación de educación ambiental del Organismo Autónomo Parques Nacionales, considera que la Educación Ambiental (EA) en los jóvenes debe comenzar en la infancia. «Si esperas a que sean jóvenes será más difícil captar su interés. Creo que el aspecto más interesante sería el establecer los objetivos, o sea, para qué se hace».

«Los primeros valores y la base de la educación nacen en la familia», asegura Calvo.

Calvo considera que la sensibilización es un término débil, que no lleva muy lejos y que la EA debe estar enfocada hacia lo concreto, «qué se puede hacer». Por eso recomienda «partir de las ideas y conocimientos previos de un determinado grupo, y desde ahí ver cuáles son sus intereses y sus posibilidades de acción. Las recetas generales son de poca utilidad y últimamente ha faltado centrarse en lo concreto. Eslóganes como Salvar el Planeta o que Hemos roto el equilibrio de la naturaleza no sólo son banales, sino poco exactos desde el punto de vista científico».

La jefa de servicio del OA Parques Nacionales asegura que «los primeros valores y la base de la educación nacen en la familia. Creo que es clave crecer en un entorno familiar que favorezca el respeto tanto por lo natural como por lo urbano. También hay que mencionar los aspectos sociales, es decir, prestar atención a los aspectos socioambientales, que es lo que se dice cuando se habla de la EA actual».

Para María Pérez, profesora titular de Ecología de la Universidad Pablo Olavide, la Educación Ambiental «es una materia obligatoria para todo ciudadano desde el mismo momento en que nace, y alberga una importancia incluso superior a otras materias que se nos inculcan de forma oficial y reglada, pues de esta depende nuestra supervivencia».

Pérez explica que desde el mismo momento en que un nuevo ser es engendrado, socialmente se crea ante los padres y el nonato toda una parafernalia de signos orientados a aculturarlo y a hacerlo uno más del grupo. Eso pasa por crear un ambiente agradable donde recibirlo y acomodarlo, ropa adecuada para la criatura en cada momento, juguetes más o menos educativos, y a medida que crece se dedica un gran esfuerzo a la enseñanza del lenguaje, expresiones propias de cada familia, de cada grupo, modales, rutinas higiénicas, por no hablar de modos de supervivencia en un mundo más o menos hostil. Sin embargo, «de lo que parece que nos hemos olvidado los aculturadores es de que la hostilidad del medio la creamos nosotros mismos. Del mismo modo que para un Neandertal fue elemental limpiar su cueva y respetar los ciclos biológicos de las especies vivas que le servían de sustento, para un Homo Sapiens Sapiens del sigo XXI, el conocimiento de su entorno —el de todos, no sólo el suyo y el de su familia o grupo—, de los valores que nos aporta y de la necesidad de preservarlo debería serle inculcado desde que nace», insiste la profesora de la UPO.

La Educación Ambiental alberga una importancia incluso superior a otras materias que se nos inculcan de forma oficial y reglada. De esta depende nuestra supervivencia», asegura María Pérez.

María Pérez considera que se ha dejado pasar la oportunidad, a lo largo de numerosas generaciones, de reconocer estas necesidades, eludiendo la responsabilidad familiar y dejándola recaer en las instituciones educativas y en los medios sociales. Por eso insiste en que «la sociedad tiene que esforzarse en recuperar el tiempo perdido y promover que nuestros jóvenes aprendan y aprehendan el valor del medio que nos sustenta desde el minuto primero en que son escolarizados, no dejando para mañana lo que debió de hacerse ayer, y la familia aquí es crucial. Los mayores, en un porcentaje superior al deseable, han olvidado enseñar a los más jóvenes aquello que nuestros ancestros entendían como razones de supervivencia».

La profesora de Ecología comenta que estamos viviendo una paradoja ya que «los niños adquieren en los colegios y en actividades de carácter social la importancia y necesidad de reciclar, no contaminar, no incendiar un bosque, o simplemente no matar un insecto porque desconocemos su valor, y ellos son quienes están actuando de maestros de sus mayores. La esperanza reside en los más pequeños, que crecerán con estos valores integrados en sus vidas y volverán a ser los mentores de sus descendientes, como nunca debió dejar de ser».

EDADES DISTINTAS, LECCIONES DIFERENTES

La Educación Ambiental para José Antonio Corraliza, catedrático de psicología social y ambiental de la Universidad de Córdoba, es un conjunto muy variado de recursos educativos para promover valores, creencias y comportamientos proambientales. En este sentido considera que la EA «no tiene edad pero sí tienen edad las estrategias que se utilizan en la educación ambiental» e insiste en que «utilizar una estrategia de adoctrinamiento en los niños pequeños es inadecuada».

Corraliza asegura que las fases de la Educación Ambiental podrían ayudar a plantear los contenidos de la asignatura en los colegios. Serían cuatro niveles:

  1. Conseguir que los niños tengan emociones positivas sobre la naturaleza. Para ellos es muy importante establecer contacto con elementos naturales como el paisaje, la vegetación, los árboles, el agua, etc. Hoy los programas escolares están demasiado cargados y no hay tiempo para promover el contacto fuera del aula, algo que se soluciona poniéndoles un vídeo o con el ordenador. «Nosotros defendemos el contacto directo con la naturaleza».
  2. Una vez que hemos creado una relación positiva, se deben establecer hábitos proambientales, como por ejemplo cuidar un huerto, ahorrar agua, controlar el consumo de papel «pero no pretendiendo adoctrinarles sobre el tema sino creando hábitos».
  3. El tercer nivel lo encontramos a partir de los 12 años y es el de promover conciencias proambientales, es decir, que los niños busquen las razones de lo que hacen.
  4. En el cuarto nivel se busca promover estilos de vida proambientales, crear contextos donde integrar valores, creencias y emociones.

Según el catedrático de psicología ambiental, es muy importante el orden: no podemos empezar culpando a los demás y diciéndoles ‘qué malo eres, no respetas la naturaleza, gastas mucha energía pidiendo que te lleven siempre en coche’. Muchos niños no tienen autonomía suficiente para recibirlo y lo importante es que la educación ambiental utilice estas estrategias adaptadas a la edad, al nivel de desarrollo psicológico para alcanzar una cultura proambiental y que no sólo trate de «promover comportamientos aislados como muchas veces sucede y que si no se hace bien pueden producir ecofatigas, es decir la sensación de para qué vas a hacer algo si no puedes hacer nada».

El profesor recuerda que la escuela es una agencia de socialización que compite con otras muchas como la familia, los medios, los videojuegos «que van definiendo el curriculum oculto, es decir los contenidos que los niños aprenden no sólo porque se lo enseñan sino porque están implícitos en las actividades de su vida diaria». Así, la frecuencia de contacto que los padres tienen con la naturaleza influirá mucho en los tipos de relación que los niños establecen con la misma. «La familia determinará valores, emociones y sentimientos, para bien y para mal y debería ser el escenario que posibilite el desarrollo de los hábitos prombientales que los niños han aprendido».

Fuente: http://www.huffingtonpost.es/2016/09/14/ninos-educacion-reciclaje_n_11989524.html

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