Entrevista a Donald Johanson: “Aún somos nómadas, pero presos entre paredes y rutinas”

06 de Noviembre 2016/Fuente: La Vanguardia/Autor: LLUÍS AMIGUET

Edad? Vivo en el aquí y ahora. Lucy también vivía así. Crecí en Connecticut, donde un antropólogo judío huido de Hitler me hizo soñar con descubrir al antepasado del hombre. Nuestro cerebro aún es cazador recolector, por eso hoy vivir encerrados nos causa angustia. Colaboro con CosmoCaixa

Aún escucha a los Beatles?

Me encantan. Y a menudo también me pongo Lucy in the sky with diamonds, la canción que sonaba día y noche en el campamento donde descubrimos a la australopiteco en aquel barranco de Afar, en Etiopía.

¿Cuántos años tenía Lucy al morir?

Suponemos que no más de 13.

Usted ha vivido ya como varias Lucys.

Lo importante es que voy aprendiendo a vivir conectado al entorno y al instante como Lucy.

¿Cómo vivía Lucy?

Sus circunstancias no eran en absoluto envidiables, pero me gustaría olvidarme del pasado –es irremediable– y del futuro –es impredecible– sin temer la muerte –es irremediable e impredecible– para apreciar el aquí y ahora, lo único que realmente tenemos.

Pues ya son muchas cosas.

Es el kit imprescindible para que los sapiens logremos que nuestras vidas valgan la pena. Y no crea que es fácil.

¿Por qué?

Porque nuestro cerebro, y nuestro cuerpo con él, aún evoluciona al ritmo glacial, lentísimo que describió Darwin…

Pero nuestra tecnología va muy deprisa.

En cambio, la evolución cultural humana ha avanzado más en los últimos cien años que en los tres millones que han pasado desde que vivió Lucy. Y sigue acelerándose.

¿El progreso causa un desajuste?

Provoca un desbarajuste entre la evolución genética de nuestro cerebro y nuestros cuerpos y la evolución cultural que hemos creado. Estamos desbordados por esa aceleración tecnológica que nos separa del entorno y el momento, y nos provoca angustia.

La tecnología no es obligatoria.

Una vez se consigue un avance tecnológico, es imposible abandonarlo, como sucedió con la agricultura, que empobreció las vidas de los humanos –sólo hay que mirar los fósiles–, pero no tenía retorno: no podíamos volver atrás.

De eso hace ya mucho.

Muy poco. La agricultura y las ciudades sólo hace 12.000 años que existen, por eso nuestro cerebro aún es el de un nómada cazador recolector y no ha tenido tiempo para adaptarse a trabajar encerrado obedeciendo rutinas.

Pues aquí estamos: cogiendo el metro.

Nuestros cuerpos son los evolucionados para la vida al aire libre en el momento, pero nos encerramos entre paredes lamentando lo que pasó y temiendo cada día lo que puede pasar.

El aire acondicionado también mola.

Pero cuando tenga problemas en su vida, dé un paseo por el bosque y su cerebro conectará con el entorno y el instante, como el primate que aún es usted, y verá qué lejos quedan los problemas de su trabajo.

Hemos de desaprender mucho aún.

Pero no todo, porque cuando nacemos nuestro cerebro no es una página en blanco, sino que ya tiene escritas algunas habilidades y predisposiciones heredadas.

Esa es una teoría controvertida.

Sí, pero quien tiene razón es el fundador de la sociobiología, mi amigo Ed Wilson. ¡Nacemos, como él ha demostrado, ya con tendencias y habilidades innatas e individuales!

Lo entrevisté aquí, pero reconoció que hay discrepancias al respecto.

El otro día escuché a un pianista excepcional, genial…¡De 12 años!…¡Tiene predisposición genética para la música! En cambio, Stephen Jay Gould decía que al nacer nuestro cerebro es como una página en blanco. No lo comparto. Cada uno ya nace con ciertas aptitudes.

¿Los genes son inteligencia y capacidad de adaptación heredada?

Complementados con la cultura.

¿Usted nació con genes de antropólogo?

Yo nací con genes predispuestos al conocimiento y a la aventura, sí, y además tuve la suerte de evolucionar culturalmente con una escuela pública primaria entonces magnífica.

¿Y unos padres cultos?

Mi madre era señora de la limpieza muy inteligente y mi padre murió cuando yo tenía tres años. Tuve la suerte de tener un vecino pionero de la antropología, Paul Leser, un judío huido de Alemania que hablaba sueco conmigo tras haberse exiliado en Estocolmo.

¿Y llegó a su vecindario?

Y me dejó libros maravillosos que me hacían soñar con descubrir al antepasado del hombre. Vi, como ya apuntaba Darwin, que los monos africanos se nos parecen mucho más que los asiáticos, así que había que ir a África.

Y fue usted para desenterrar a Lucy.

Y a su mensaje: no sabemos por qué se interrumpió la cadena evolutiva entre los australopitecos y nosotros. Parece que un gran cambio climático los exterminó. Fueron un punto de bifurcación en nuestra evolución.

Mal presagio.

Temo que nuestra especie, que ya ha perdido la conexión con la naturaleza, acabe como los dinosaurios tras destruir el planeta.

¿Progresamos hacia la destrucción?

Somos primates y por tanto gregarios. Hay muy pocos líderes y a menudo lo son sólo por las circunstancias. Y los científicos más lúcidos tenemos que serlo: debemos actuar ya.

¿Cómo?

Explicando la ciencia para que conozcamos nuestro planeta y podamos amarlo, porque no destruiremos lo que amamos.

Fuente de la entrevista: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20161104/411563500058/aun-somos-nomadas-pero-presos-entre-paredes-y-rutinas.html

Fuente de la imagen: http://www.lavanguardia.com/ra/lowres/GODO/LV/p3/WebSite/2016/11/04/Recortada/img_fgomez_20161027-193807_imagenes_lv_propias_fgomez__l2o6775-kh2C-ECQVAIBKUKOLO2S6-992×558@LaVanguardia-Web.jpg

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