Una pedagogía crítica y feminista en las aulas

Por: Enric Llopis

En las aulas puede distinguirse un currículum que los pedagogos denominan “explícito”. Aparece en las leyes y decretos educativos, guías escolares y libros de texto. Todavía se encuentran contenidos sexistas. Un estudio realizado en el año 2000 por la profesora Nieves Blanco, de la Universidad de Málaga, sobre 56 manuales del primer ciclo de la ESO mostraba el desequilibrio. Se desprendía de la investigación que el 95% de los personajes relevantes en la historia de la humanidad fueron hombres. Algo parecido ocurre en los cuentos. Los niños son independientes, fuertes, curiosos e inclinados a la aventura. En “Blancanieves” y “La Cenicienta” ellas desempeñan el rol de madres, esposas o amas de casa. Salvo cuando contravienen las normas, ya que entonces asumen el papel de malévolas brujas y madrastras. La discriminación no tiene efectos precisamente neutrales en el aula: “Deja a las niñas y jóvenes sin referentes ni modelos en los que reconocerse; además distorsiona la historia, invisibiliza a las mujeres y menosprecia las tareas ‘feminizadas’”, afirman Silvia Cortés Mollà, Aina González Naya, Belén Magdalena Mora y María Pérez Paterna en el artículo “Venim d’un silenci. Caminem cap a la desnaturalització”.

Las autoras provienen del Magisterio, la sociología especializada en cuestiones de género y la Educación Social, además de participar –o haber tomado parte- en el activismo político. En el texto citado dan cuenta de un currículum “oculto”, pero que está muy presente en los colegios e institutos. Así, “se espera de las niñas que no insulten, de lo contrario se las puede castigar”; a los niños se les reprochará, en cambio, que sean melindrosos. Los estudios realizados hace dos décadas por J. Wright ya punteaban la discriminación de género en la Educación Física. Podía observarse en el lenguaje de los profesores, que reservaba a los chicos la perseverancia, la habilidad y la rudeza. El uso de los epítetos por parte de los adultos refuerza estas diferencias. “Fuerte”, “valiente” y “campeón”, frente a “guapa”, “preciosa” y “princesa”. El artículo defiende un modelo Coeducativo, que en la clase muestre a mujeres como Madame Curie, científica, Premio Nobel y descubridora de la radiactividad; a la escritora Simone de Beauvoir o a Rosa María Gálvez, una de las dramaturgas fundamentales del siglo XVIII. Y que en los colegios se otorgue el justo valor a los trabajos de cuidado, limpieza e higiene, sobre los que se asienta la economía convencional y que contabiliza en el PIB.

Se trata de uno de los siete artículos que integran el libro de 200 páginas “(In)visibles. Les nostres análisis pedagògiques”, publicado en 2017 por Espai Editorial Caliu, coordinado por Anna Muñoz i Gil y presentado el 11 de marzo en la Librería La Repartidora de Valencia. Los textos reflexionan, desde un punto de vista crítico y feminista, sobre Pedagogía; además defienden la Coeducación. El texto “Venim d’un silenci” defiende la introducción en el aula de modelos “alternativos”: hombres que realicen tareas del hogar, cuiden a otras personas y se abran a la sensibilidad y los afectos. También apuesta por romper con el amor romántico e incorporar toda la diversidad de identidades, por ejemplo el transgénero. Hay cuentos que marcan el camino en la reversión de los estereotipos sexistas: “La cenicienta que no quería comer perdices”, de Nunila López y Myriam Cameros; o “El príncipe ceniciento”, de Babette Cole, entre otros. “Hemos de enseñar a los chicos a participar en los juegos de las chicas, y dar valor a las canciones y costumbres que tradicionalmente han practicado ellas”, destacan las cuatro autoras. Jugar a la cuerda, a las muñecas…

Las relaciones de poder se materializan asimismo en la arquitectura de colegios e institutos. Lo analizan la maestra especializada en Educación Física Anna Gil-Mascarell Garcia y el profesor de la Universitat de València Daniel Martos Garcia, quienes centran su investigación en el patio escolar. Los campos deportivos –sobre todo de fútbol y baloncesto- se sitúan en un lugar central de los patios. “Los ocupan mayoritariamente chicos mayores, mientras que en el entorno hallamos sobre todo a grupos de chicas sentadas”, explican los docentes. En las zonas traseras se advierte una mezcla de chicas mayores, grupos mixtos y alumnos de menor edad. Esta distribución remite a los procesos primarios de socialización, en los que se prepara a los niños para el espacio público y a ellas para los ámbitos íntimo y doméstico. La jerarquización de lugares se extiende a las actividades, entre las que se impone el fútbol. Todo apunta, en resumen, a una primacía de la actividad física intensa frente al mero sentarse y charlar. R.W. Connel se refirió en 1997 a una “masculinidad hegemónica”. Gil-Mascarell Garcia y Martos García concretan esta idea en el día a día del patio, donde “las personas con actitudes más masculinizadas ocupan más espacios amplios y céntricos, mientras aquellas personas más ‘feminizadas’ se quedan en la periferia y en espacios muy reducidos”. Concluyen que las niñas pequeñas son las más vulnerables, y defienden como estrategia Coeducativa los juegos cooperativos y la expresión corporal.

La militante del movimiento feminista Beatriu Casanova Sanz y la maestra y psicopedagoga Silvia Cortés Mollà abordan la doble invisibilización de las mujeres con “otras capacidades”, aquéllas con un grado excepcional de rendimiento en una o varias disciplinas. Buena parte del alumnado con “otras capacidades” y superdotado no es objeto de diagnóstico, lo que hace difícil el desarrollo de su potencial e incluso les lleva a engrosar las listas de fracaso escolar. “Una alumna superdotada se convierte en casi invisible”, apuntan los autores del texto, pese a que la LOMCE de 2013 (“Ley Wert”) les incluya entre los grupos con necesidades educativas especiales. Las reflexiones se acercan a la realidad poliédrica del aula. La maestra de Música Clara Martínez Delgado critica el poder con el que se reviste al libro de texto: “Transmiten aquello que el Estado –bajo la influencia de las grandes editoriales- decide qué se ha de aprender”. En el caso de la Música, además de la falta de referencias a mujeres compositoras, los manuales adoptan una perspectiva eurocéntrica; y cuando tratan de aproximarse a la diversidad cultural, en muchos casos lo hacen desde una “perspectiva de turista”. Además la escuela y el libro de texto, sostiene Martínez Delgado, desconsideran el componente “Político” y “transgresor” de la cultura popular.

En los años 70 se abrió camino una nueva concepción de las Ciencias Sociales. En cuanto a la Historia, se puso en cuestión el método –memorístico y enciclopédico- con el que se impartía la asignatura. En las nuevas tendencias –principalmente la interpretación marxista de la Historia- se formaron profesores a quienes algunos autores han caracterizado como “Generación del 68”. Nacieron entre la segunda mitad de los años 40 y principios de los 50, y consideraban la Historia como una herramienta para forjar ciudadanos críticos. Tal vez por eso hayan tenido que enfrentarse a señalamientos como “ser de izquierdas” o “adoctrinar” al alumnado. Poco a poco, se ha ido produciendo en los seminarios de Geografía e Historia de los centros educativos un relevo generacional.

Anna Muñoz Gil ha investigado, a partir de seis casos, en torno al profesorado de Historia en el ámbito del País Valenciano. En las aulas todavía impera el manual, de manera que los debates, el cinefórum o los comentarios de texto sobre la actualidad se limitan a actividades coyunturales. La autora concluye que se produce una disonancia entre la percepción que de sus clases –interesantes y participativas- tiene el profesor, y la realidad en las aulas, caracterizada por la rutina, la memorización y la escasa participación de los alumnos.

Pero el enseñante ha de afrontar no sólo la transmisión de conocimientos, sino el incremento de las ratios, las reducciones salariales y de plantilla, una mayor responsabilidad en la transmisión de valores (ante la inhibición de las familias) y la precariedad laboral, en un sector caracterizado por la división en dos grandes categorías: trabajadores funcionarios e interinos. “En el curso 2012-2013 se daba una presencia del 46,7% de mujeres directoras en los centros de Primaria y un 31,8% en los de secundaria”, destaca Anna Muñoz Gil. Uno de los principales elementos discriminatorios es la carga que representa la tríada de roles: mujer, madre y ama de casa. El libro de la Editorial Caliu se completa con una introducción de la profesora de Ciencias Sociales y miembro de los Movimientos de Renovación Pedagógica del País Valenciano, Àngels Martínez Bonafé; la aportación de Diana Santana Martín sobre un huerto escolar en la Amazonía peruana, como herramienta para el empoderamiento de la mujer y la infancia; y un artículo de Carla Aparici Pérez, sobre una experiencia de cooperación educativa en Ghana.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=223996

Comparte este contenido:

Enric Llopis

Periodista