Ezequiel Reyes Carrillo, el normalista rural

Por: Luis Hernández Navarro
Volví a nacer, dijo el maestro rural Ezequiel Reyes Carrillo a la asamblea nacional de la CNTE el 12 de junio de 1982. No exageraba. Unos meses antes, a finales de 1981, cerca de la Central Camionera de la Ciudad de México, fue secuestrado por agentes de la Dirección Federal de Seguridad, encabezada por Miguel Nazar Haro. Durante cuatro meses estuvo desaparecido y fue torturado. La incesante movilización magisterial lo rescató con vida.

No tuvo la misma suerte el profesor Juan Carlos Mendoza Galóz, fundador de escuelas populares en Ciudad Nezahualcóyotl, como la Niños Héroes, en la colonia Sol. Tampoco Austreberta Hilda Escobedo, compañera de lucha de Juan, levantada por la policía un día después. Ellos continúan desaparecidos.

Ezequiel nació el 10 de abril de 1950, en San Miguel Tlaixpan, Texcoco. Ironías de la vida, un 10 de abril fue asesinado Emiliano Zapata, y a Cheque sus compañeros lo llaman Zapata, en parte por su profuso bigote negro.

Reyes Carrillo estudió en la Escuela Normal Rural de Tenería, adonde entró con el aval de una carta del ejido. Allí entabló estrecha amistad con Misael Núñez Acosta, asesinado por pistoleros a sueldo contratados por el SNTE, 11 meses antes de que él fuera secuestrado. Como estudiante, se ganaba la vida con un grupito musical llamado Coco Seco y sus Estrellas, que interpretaba canciones de la Sonora Dinamita en ferias de los ranchitos y en un hotel de lujo de Ixtapan de la Sal.

A Zapata, además de la influencia de la revolución cubana, le tocó vivir en Tenería el movimiento estudiantil-popular de 1968. “Nos fuimos a la huelga –cuenta. Agarrábamos un autobús y veníamos a México a las marchas. Estuvimos en la que partió del Museo de Antropología y muchas más. Éramos un contingente pequeño, pero participamos abiertamente. Y salíamos a informar a las rancherías.”

Ezequiel se ve a sí mismo y los maestros rurales de su generación como producto de los viejos profesores cardenistas. Esa fue la corriente ideológica que los formó y en la que adquirieron un lenguaje común. En la escuela, la mayoría de los catedráti­cos estaban más o menos cortados por esa tijera; se habían formado en el periodo del general o bajo su influencia. Imbuían a los estudiantes de ese espíritu de lucha, de com­bate y de atender las necesidades de las comunidades. Ese era el pan de cada día.

Los normalistas rurales estaban preparados para ir al campo a trabajar. No sólo dar clases en la escuela, sino en los poblados, como líderes comunitarios, para organizar las necesidades del pueblo, hacer cooperativas y exigir que el gobierno proporcionara servicios básicos. “La política cardenista para las normales rurales consistía en formar líderes de la comunidad –asegura. Por eso, muchos egresados de esas escuelas son líderes comunitarios.”

En Tenería se impartía una educación muy apegada a la tierra. Tenían una granja con 300 pollos y gallinas ponedoras que daban huevos diario; vacas; terrenos para sembrar, y como 300 hectáreas de maíz o de frijol. Cada tarde, los jóvenes iban a labrar y cuidar los animales. Eran, a un tiempo, estudiantes y campesinos.

Los alumnos sufrían grandes precariedades en la escuela. Tenían como presupuesto para las raciones diarias de desayuno, comida y cena, 4.50 pesos. La dieta de los caballos del Séptimo Regimiento de Caballería, cerca de la escuela, era de 35 pesos al día. Sigue siendo igual, remarca Zapata.

Cuando Ezequiel se recibió de maestro se fue a enseñar a Veracruz, donde organizó un grupo peticionario de tierra en Misantla. Luego se incorporó a la Unión Campesina Independiente. En Martínez de la Torre, el pueblo indignado con el cacicazgo, incendió el palacio municipal. Las autoridades lo acusaron a él de la sublevación y lo arrestaron. Pero más tardó la policía en encarcelarlo que los campesinos en sacarlo. A un tractor cañero le amarraron unas cadenas y derrumbaron las rejas.

Ezequiel participó en la Unión de Comuneros Emiliano Zapata de Michoacán y en la fundación de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala; con unos 30 maestros egresados de normales rurales (y otros de normales urbanas) formó la Coordinadora Regional de Centros de Educación Básica en el corredor Netzahualcóyotl-Ecatepec, integrada por más de 30 escuelas; asesoró luchas obreras en Tapetes Luxor, Sosa Texcoco, Aceros Ecatepec, Fontana, Panam; acompañó luchas urbano-populares como la de la Coalición de Colonias de Tulpetlac, y organizó la disidencia magisterial democrática antes de que naciera la CNTE, de la que forma parte.

También egresado de la Normal Superior, Reyes Carrillo cree que el normalismo está muy arraigado entre los maestros rurales. “Es que la normal es algo muy especial. Es como el Poema pedagógico, de Makárenko. Tú forjas la escuela, eres parte de ella, no te lo dan todo. Y participar en la construcción de tu propia educación es fenomenal. La mayoría está muy orgulloso de su institución.”

Desde su experiencia de vida, satisfecho de su paso por Tenería, Ezequiel ve a las actuales movilizaciones de Mactumactzá y Teteles como parte de la resistencia de casi un siglo de las normales rurales por su sobrevivencia. Siempre ha sido así. Sus demandas son viejas y justas. “Ninguna represión –advierte– detendrá la lucha del normalismo. Y menos del rural, que es una herencia de las fuerzas revolucionarias zapatistas, villistas y cardenistas”.

Twitter; @lhan55

https://www.jornada.com.mx/2021/06/15/opinion/015a1pol

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Luis Hernández Navarro

Columnista y Analista Político, diario la Jornada