Chile: Jugar… ¿Para qué?

Jugar… ¿Para qué?

Por Alixon Reyes

Tema baladí. ¡Claro! Cómo no serlo si todas y todos damos por sobreentendido que las y los niños juegan. Y juegan porque sí, y, porque ¡Eureka!, ‘ahora’ todos sabemos que aprenden al hacerlo.

Hubo un tiempo en el que el jugar era magnético, atrayente, no tenía un por qué. Ese tiempo perduró hasta iniciada la escolarización. Desde ese momento en lo sucesivo, el juego dejó de concebirse desde el tiempo kairológico, para convertirse en esclavo del tiempo cronos, sí, de ese que espabila apenas suena el timbre, apenas llega el maestro, apenas se declara la competencia, apenas se presenta la evidencia.

Cuando antes se jugaba por placer, ahora se juega por conveniencia, por obligación, y porque es útil… La escuela lo comprendió hace rato. Y cuando antes el juego no tenía cabida en la escuela porque implicaba para esa lógica comercial y empresarial que el mismo era una pérdida de tiempo, pues, ahora, ha sido cooptado y reconvertido en un mecanismo más de la maquinaria capacitadora que necesita el mercado, a propósito de una escuela adocenada y arrodillada a los dictámenes del mercado. Hay dos versiones de la escuela que se tensionan, una, la que forma y educa para la autonomía, para la vida en democracia, para la constitución de subjetividades, y otra versión, aquella que entrena y capacita para la domesticación y la docilidad, para la uniformidad de criterios y el desarrollo de habilidades que se miden sobre la balanza que dicta patrones de rendimiento, eficacia y efectividad. Bien lo dice Graciela Scheines, antes el apotegma dictaba que ‘la letra con sangre entra’, ahora se ha convertido en un ‘la letra con juego entra’.

Organismos como la UNICEF alertan y sostienen que el juego, en su más pura esencia (autotélica, por supuesto), se encuentra en peligro de extinción. Investigadores, observatorios y otros centros de investigación afirman que, en el caso chileno, niños y niñas ya no consideran que el juego sea tan importante en la vida. En Chile y otros países de América Latina, se ha documentado la disminución de frecuencia y tiempo de juego en niños y niñas, y ni qué decir del juego parental.

Ante esto, la escuela responde empleando el juego como un mecanismo de control y regulación biopolítica. Y es que a veces parece hasta inútil discutir estos temas, porque de forma impresionante, se ha masificado la idea de que hacerlo así, esto de emplear el juego como un mecanismo didáctico, es ejemplar, porque ello conduce al aprendizaje. Sin negar que se aprende jugando, es preciso destacar que la experiencia autotélica es precisamente la víctima principal en medio de esta vorágine de cooptación de lo que entienden como productivo, como lo útil y como lo que es rentable. Y, ¡vaya que el juego y la experiencia del jugar se han convertido en rentables!

Ya lo decía Antoine de Exupery, en su obra majestuosa ‘El Principito’… “Lo esencial es invisible a los ojos”. Podemos tenerlo frente a nuestros ojos, rozándonos la cara, provocándonos el estornudo, y somos inmutables ante lo que ocurre.

Lo que no vemos es que esta lógica de mercado que se embolsilló a la escuela hace rato y que la constituyó en uno de sus más serviles aliados, está encontrando todos y cada uno de los resquicios de autonomía y libertad que aún se mantienen en emergencia. El juego es uno de ellos. Bien lo afirma Henry Giroux cuando alude a la inocencia robada, esa que ocurre a propósito de una lógica que convierte todo en negocio, en comercio, en producto, mercancía, vaciando del sentido de la vida todo lo que toca.

La política pública en Chile no favorece el resguardo de la experiencia lúdica del juego desde una perspectiva autotélica. De hecho, parece ser un tema importante, pero no tan importante como para ocupar la preocupación de la agenda pública, y menos aún de la agenda política.

La política pública chilena pregona defender el derecho al juego, pero al juego desde la esfera de la utilidad, la productividad y la rentabilidad. Juego que, además, exalta la competencia en detrimento de la comunidad y la compartencia; juego que se piensa como sacralizado y que, por último, anestesia la libre creación, la espontaneidad, la imaginación en libertad.

Hoy, ante el proceso leudante de una anunciada actualización curricular para enseñanza básica y enseñanza media en Chile, estamos ante una oportunidad importante para detener la ambición de esta especie de Midas… Amanecerá y veremos, dicen por ahí.

Alixon Reyes

Académico de la Universidad Adventista de Chile

alixdavid79@gmail.com

Fuente de la Información: https://www.lemondediplomatique.cl/jugar-para-que-por-alixon-reyes.html#tout-en-haut

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Alixon Reyes

Doctor en Educación. Profesor de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Coordinador del Núcleo de Investigación en Pedagogía del Movimiento “Prof. Darwin Reyes”. Investigador PEII e investigador del Centro Nacional de Investigaciones Educativas (CNIE-MONAGAS)

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