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Consideraciones en torno a la batalla mediática en América Latina

Por: Atilio Boron

En las ciudades de La Paz y Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, los días 27 y 28 de septiembre del corriente año tuvo lugar un seminario internacional para discutir el tema objeto de la presente nota. El evento reunió a un conjunto de analistas bolivianos e internacionales y también a dirigentes y militantes de los movimientos sociales de ese país para analizar una de las armas más virulentas de la contraofensiva lanzada por el imperio: la batalla mediática. Contó con la presencia de intelectuales bolivianos como Emilio Rodas, Hugo Moldiz y Katu Arkonada, y Gisela López, Ministra de Comunicación del Estado Plurinacional de Bolivia, en representación del gobierno boliviano. A estos se sumaron Randy Alonso Falcón (Cubadebate), Luis Hernández Navarro (La Jornada, México y TeleSUR), Érika Ortega Sanoja (corresponsal de RT en Venezuela), Otavio Antunes (Fundación Perseu Abramo de Brasil), Carlos Antonio Lozada (prensa FARC, Colombia), Juan Manuel Karg (Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad), Luis Bruschtein (Página/12) y el autor de esta nota.

Imposible reseñar la variedad de asuntos tratados a lo largo de dos días de intensos debates, estimulados además por sendas reuniones con el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera. No obstante, a la hora de señalar las principales conclusiones de este evento hubo un amplio consenso acerca de los graves riesgos que la intensificación de la contraofensiva imperialista -con su tropa de asalto mediática a la cabeza- entraña para la viabilidad misma de la democracia y la autodeterminación nacional en América Latina y el Caribe. El objetivo del desenfreno de Washington es inocultable: “restaurar las condiciones vigentes en esta región en vísperas del triunfo de la Revolución Cubana” como reza el documento final firmado por los participantes del encuentro. [1]

Instrumentos de esta iniciativa son las continuas presiones desestabilizadoras –a veces francamente destituyentes- que el gobierno de Estados Unidos ha venido ejerciendo en estos años con alevosía y perversidad en comunión con sus clientes locales. Blanco preferido de la agresión ha sido la Venezuela bolivariana, pero esta política también se ha aplicado, de modo apenas más disimulado, sobre todos los gobiernos progresistas del continente sin excepción. El reciente endurecimiento del bloqueo a Cuba impulsado por Donald Trump reitera la vigencia de esta pertinaz ofensiva contra la isla rebelde. Otras herramientas de esta estrategia son los mal llamados “golpes blandos” en donde una pandilla de jueces, legisladores y medios de comunicación derrocan “legalmente” y sin apelar a la intervención de las fuerzas armadas a gobiernos desafectos: Honduras en 2009, Paraguay en 2012 y Brasil en 2016 son otros tantos hitos de esta siniestra política, aparte de las tentativas fracasadas en Bolivia en 2008 y Ecuador en 2010. El asalto al poder de la derecha en Brasil en 2016 fue ejecutado por una cuadrilla de corruptos y mafiosos orquestados casualmente por la embajadora estadounidense Liliana Ayalde, la misma que dirigió el “golpe express” en contra de Fernando Lugo en Paraguay en 2012 (resuelto en menos de 24 horas) y que hoy se desempeña como jefa civil del Comando Sur. La involución democrática que padece la Argentina actual bajo el gobierno de Mauricio Macri y la intensificación de la presencia militar estadounidense en el área son otras tantas dimensiones de la guerra de reconquista lanzada por Washington con la ilusión de cerrar el desafiante paréntesis abierto con el triunfo de la Revolución Cubana el 1º de Enero de 1959.

El detenido examen de las distintas experiencias nacionales realizado en el seminario reveló que en fechas recientes la manipulación mediática y la absoluta irresponsabilidad de los medios de comunicación hegemónicos alcanzaron niveles sin precedentes en la región. De hecho, los grandes oligopolios multimedios que pululan en Nuestra América culminaron su inmoral tránsito desde el periodismo a la propaganda, abandonando la misión de ofrecer información verídica y objetiva para asumir, en cambio, el rol de agentes organizativos de los “partidos del orden”. Por lo tanto es inexacto referirse a ellos como “órganos periodísticos” porque han sufrido una mutación genética que los ha convertido en vergonzantes oficinas de propaganda de la derecha vernácula y sus amos estadounidenses. Conscientes de la verdadera estafa que esto implica para la opinión pública insisten en autodenominarse como “periodismo independiente”, aunque hacen cualquier cosa menos actuar como periodistas y honrar el derecho a la información. En su abominable involución su tarea ahora es atrofiar y adormecer la conciencia de la ciudadanía, idiotizarla con burdos programas de “entretenimiento” o transmisiones deportivas y descargar sobre el público un torrente de noticias maliciosamente tergiversadas y eternamente descontextualizadas y que se presentan como si fueran la obra de un “periodismo independiente, serio, objetivo, respetable”. Sin embargo lo que hacen estos medios es difundir una propaganda destinada a mantener a la población en la pasividad, sometida y obediente a los mandatos de sus dominadores y ahondar su despolitización para que la política termine siendo un monopolio de las clases dominantes.

Sin embargo, la degradación intelectual y moral de las masas es sólo una parte de la misión de estos grandes medios pseudoperiodísticos. Ante la debilidad de las fuerzas políticas de la derecha estos asumen las funciones propias de un partido del orden, tal como Antonio Gramsci lo advirtiera en sus clásicos estudios sobre el Risorgimento italiano. Y en línea con esa nueva función política fijan los lineamientos fundamentales que la derecha deberá llevar a la práctica en materia de política y economía doméstica así como el alineamiento internacional (es decir, sometimiento total a los dictados de Washington) que las fuerzas restauradoras deberán seguir para erradicar la plaga izquierdista, progresista o populista según los casos que se ha apoderado de América Latina y el Caribe. Su tarea incluye también la elaboración de la agenda concreta de trabajo de las organizaciones políticas de la derecha regional; el entrenamiento de sus cuadros y militantes; la fabricación y promoción publicitaria de sus candidatos y, por último, a través de sus imponentes aparatos comunicacionales, la manipulación de la opinión pública para que aquellos prevalezcan en las elecciones.

En este escandaloso escenario, líderes y gobiernos populares son víctimas de permanentes campañas de calumnias y difamaciones tendientes a satanizar a sus principales dirigentes, agigantar los problemas que enfrentan en sus países a la vez que ocultar cuidadosamente la tragedia que aflige a otros. Así, las mortales amenazas a la libertad de expresión se encuentran en Venezuela, no en México, en donde once periodistas fueron asesinados en lo que va del año y más de un centenar desde principios de siglo. Para esas agencias de propaganda Nicolás Maduro es sin duda alguna un contumaz dictador, y Michel Temer, el mafioso que usurpó la presidencia de Brasil, un prudente estadista. Las víctimas fatales de las “guarimbas venezolanas” de este año son una prueba escandalosa del despotismo del “régimen”, y fueron noticia en primera plana, día a día durante más de cuatro meses; pero los 120.000 que murieron en México en la fútil “guerra contra el narcotráfico” fueron invisibilizados al igual que los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Del mismo modo, esa prensa que no ahorra adjetivos para descalificar a los gobiernos progresistas nada dice sobre los más de veinte líderes de las FARC-EP asesinados en los últimos meses en el marco del actual “proceso de paz” de Colombia, para ni hablar de los casi doscientos militantes de base asesinados en el último año y medio y los siete millones de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico. En la Argentina los medios hegemónicos apelan a miles de argucias y falsedades para ocultar que un joven ciudadano, Santiago Maldonado, fue aprehendido por la Gendarmería y desde entonces está desaparecido; o que hay una parlamentaria del Mercosur y líder de un importante movimiento social, Milagro Sala, que hace casi dos años está en prisión sin haber sido condenada por ningún delito. Casos como estos que hemos reseñado se multiplican a lo largo y a lo ancho de toda la geografía latinoamericana y caribeña pero estos trágicos acontecimientos no llegan a ser noticias porque la misión de los grandes medios es precisamente impedir que esto se sepa, o si tal cosa es imposible hacer todo lo posible para minimizar su visibilidad o inventar alguna que otra noticia espectacular que distraiga la atención de la ciudadanía y se olvide del otro tema. ¡Imagínense cual habría sido la reacción de esos medios de propaganda si el gobierno de Nicolás Maduro hubiera enviado a la Guardia Nacional Bolivariana a secuestrar las urnas del ilegal referendo convocado por la MUD el pasado 16 de julio y hubiera maltratado y golpeado a casi un millar de votantes como este domingo 1º de octubre lo hizo el gobierno de Mariano Rajoy durante la realización del referendo en Catalunya! La noticia habría sido primera plana mundial durante días y días, y los escribas de la derecha habrían literalmente incendiado el continente con las denuncias en contra de tan brutal atropello a lo que ellos mismos conciben como la esencia de la democracia. No ocurrirá lo mismo con las tropelías perpetradas por el gobierno de Rajoy; nadie dirá, como lo hacen con incurable estulticia de Maduro, que “Rajoy es un dictador.” Esas agencias de propaganda del imperio y la derecha protegen a sus mandaderos, hicieran lo que hicieren.

En suma, la historia corrigió a Karl Marx y ahora los medios -no de comunicación sino de “in-comunicación” y desinformación, o al decir de Noam Chomsky, medios de “confusión de masas”- han reemplazado a la religión para convertirse en “el opio de los pueblos”. Esta involutiva mutación fue precozmente reconocida por Gilbert K. Chesterton en 1917 al decir que los medios “son por su misma naturaleza, los juguetes de unos pocos hombres ricos. El capitalista y el editor son los nuevos tiranos que se han apoderado del mundo. Ya no hace falta que nadie se oponga a la censura de la prensa. No necesitamos una censura para la prensa. La prensa misma es la censura. Los periódicos comenzaron a existir para decir la verdad y hoy existen para impedir que la verdad se diga.” Sus palabras son una vibrante radiografía de la situación de la escena mediática en el mundo de hoy. Sin quitar o poner una coma retratan la situación de los medios en Latinoamérica.

La estrategia concertada de los grandes conglomerados de la comunicación -coordinada desde Estados Unidos por ejemplo a través del Grupo de Diarios de América, con sede en Miami- impone una asfixiante uniformidad de temas, noticias y opiniones en todos los países del área. El GDA dice lo que hay que informar y lo que no debe ser informado. Dice también qué es lo que hay que opinar, quiénes deben hacerlo y cómo. Basta con recorrer las páginas de los principales periódicos de la región o los programas televisivos con mayor audiencia para comprobar, por ejemplo, que hace mucho tiempo la principal noticia procedente del exterior (cuando no la única) es, invariablemente, Venezuela. Para la canalla mediática un mundo tan convulsionado como el actual tiene un solo punto de referencia, y es lo que ocurre en la tierra de Bolívar y Chávez. ¿Hay riesgo de una guerra termonuclear en la península norcoreana? ¿Que la OTAN desplegó sobre la frontera rusa el mayor contingente de fuerzas militares desde la Segunda Guerra Mundial? ¿Siria es desangrada por unos terroristas creados por Occidente? ¿El jihadismo aterroriza a Europa y amenaza con expandirse por todo el mundo? ¿El presidente de Estados Unidos, que controla el mayor arsenal nuclear del planeta, es caracterizado por la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos como una personalidad emocionalmente inestable e inepta para desempeñar un cargo de tanta trascendencia? ¿Miles de muertos en Yemen por la agresión de una alianza formada por Saudiarabia, Israel y las potencias occidentales? Nada.Todas estas cosas son nimiedades. La noticia es Venezuela; las secciones “internacionales” de la prensa latinoamericana sólo hablan de ese país, como si no existiera ningún otro en el mundo. Puede haber alguna que otra ocasional referencia a noticias del ámbito internacional, pero “la noticia” del exterior, la que precipitará un aluvión de editoriales y notas de opinión será siempre la situación venezolana. Decíamos que esto no es casual, sino que obedece a una estrategia consciente y de alcance regional. Por eso quienes hemos participado en el seminario exhortamos a los gobiernos y los movimientos sociales y las fuerzas políticas progresistas latinoamericanas y caribeñas a dar pasos hacia la conformación de una vasta red de alcance continental capaz de enfrentarse a las mentiras, tergiversaciones y manipulaciones de las oligarquías mediáticas neocoloniales de la región. Existen en Latinoamérica valiosas expresiones de un periodismo fiel a su misión de informar con objetividad. Pero, hasta ahora, se trata de iniciativas aisladas que será necesario integrar y coordinar para desarrollar una estrategia común capaz de enfrentarse al poderío de las oligarquías mediáticas que abruman a nuestros pueblos. Como recomendaba Martí, “plan contra plan”. Si el de ellos es una coordinación continental de mentiras y calumnias el nuestro debe serlo para hacer que la verdad aparezca con todas sus luces.

El seminario concluyó manifestando su apoyo a la propuesta de los movimientos sociales de Bolivia de respaldar la repostulación del presidente Evo Morales Ayma a un nuevo mandato, denunciando además el escandaloso doble rasero del “periodismo independiente” que saludó el reciente triunfo de la Canciller alemana Angela Merkel para iniciar un cuarto turno de gobierno mientras que agravia y condena sin atenuantes al presidente Evo por tratar de hacer lo mismo en Bolivia. En un caso se trata de la capitalización de la experiencia adquirida por largos años de gobierno y la maduración que éstos le otorgan a una estadista como la Merkel. En el otro, expresión de una turbia aspiración a eternizarse en el poder y destruir la democracia destruyendo el crucial principio de la alternancia en el poder. Los participantes del evento manifestaron asimismo su beneplácito ante la iniciativa de declarar el 9 de Agosto “como el “Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad”, conmemorando la fecha en la que Estados Unidos arrojó su bomba atómica sobre la indefensa ciudad de Nagasaki y se comprometieron a promover su lanzamiento oficial el año próximo. Son crímenes que ponen en jaque la supervivencia misma de la especie humana y ante los cuales la indiferencia se convierte en complicidad. En síntesis: este magnífico seminario permitió refinar el diagnóstico sobre la escena mediática en América Latina y el Caribe, aquilatar los perniciosos efectos del creciente control de la información y los medios de comunicación en manos de oligarquías neocoloniales y profundamente refractarias ante las exigencias de la democracia y, por último, comenzar a diseñar una propuesta para establecer en Nuestra América un nuevo orden informativo internacional compatible con los anhelos emancipatorios y democráticos de nuestros pueblos.

Fuente: http://rebelion.org/noticia.php?id=232217

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Bombas Molotov, las buenas y las malas

Por: Atilio Boron

En su acelerado proceso de putrefacción moral, los voceros de la derecha y la prensa hegemónica de la Argentina se rasgan las vestiduras ante la escalada violenta que viene teniendo lugar en los últimos días en el marco de las protestas por la desaparición forzada de Santiago Maldonado. En la ciudad de Buenos Aires y en El Bolsón los actos recordatorios al cumplirse un mes de tan deplorable suceso culminaron con graves enfrentamientos entre algunos grupos desprendidos de multitudinarias y pacíficas manifestaciones–en el caso de Buenos Aires, reuniendo a varios centenares de miles de personas en la Plaza de Mayo- y las fuerzas de seguridad. Los manifestantes se habían convocado para expresar su repudio ante la desaparición forzada del artesano a manos de la Gendarmería Nacional, a la escandalosa indiferencia del gobierno nacional –difícil de distinguir de un activo encubrimiento del crimen- y a la no menos desvergonzada actitud de la Justicia federal, que en sus averiguaciones demostró una ineptitud que se parece demasiado a la complicidad. Sería ingenuo ignorar que algunos de los desmanes y destrozos de ayer viernes fueron inducidos -e inclusive ejecutados- desde algunos oscuros rincones del aparato estatal (vulgo: “servicios”) con el objeto de desviar el foco de atención de la ciudadanía. Por eso no fue casual que poco después de ocurridos los principales titulares de la prensa, la radio y la televisión de la oligarquía mediática fuesen los incidentes y no la tenebrosa falta de información acerca de dónde está Santiago Maldonado y cuya desaparición constituye un crimen de lesa humanidad.

Centenares de imágenes dan cuenta de la agresión con bombas Molotov a gendarmes en El Bolsón, ataques con piedras y objetos contundentes a la policía en Buenos Aires, a comercios y edificios públicos y algunos privados, la erección de barricadas en la avenida de Mayo la quema de contenedores. En un alarde de mala fe y mendacidad, la derecha ahora condena sin atenuantes las tácticas violentas que durante tres meses celebraran como una esperanzadora manifestación de la vitalidad de la sociedad civil en … Venezuela. Las bombas Molotov arrojadas por los mercenarios contratados por el ala fascista de la oposición venezolana en contra de la Guardia Nacional Bolivariana no eran tales sino luminosas antorchas de libertad. La destrucción del espacio público y la propiedad privada en las calles de Venezuela eran saludables síntomas de la rebeldía de un pueblo contra la “dictadura” de Maduro. Pero ahora, en la Argentina de los presos políticos y de la criminalización de la protesta social, aquí se convierte en imperdonable pecado lo que allá era una excelsa virtud. Las Molotovs que en Venezuela prendían fuego a los agentes del orden y destruían guarderías infantiles, centros de salud, edificios públicos y privados y autobuses urbanos eran la expresión de un noble impulso democrático que se despertaba de su prolongado letargo. Aquí, la misma actitud, los mismos hechos son condenados como una conducta deleznable e incivilizada de hordas criminales que no respetan ni la ley ni el orden. Molotovs buenas, Molotovs malas.

Este doble discurso esta perversa dualidad de criterios revela el talante (in)moral de los supuestos representantes de la “democracia” y el “republicanismo” en la Argentina. En realidad y a pesar de sus reclamos no son ni lo uno ni lo otro; ni demócratas ni republicanos. Son simples ideólogos y propagandistas al servicio de los grandes poderes corporativos y de un estado de cosas insostenible, donde ocho individuos detentan tanta riqueza como la mitad de la población mundial. Gentes que ejemplifican con incomparable elocuencia la prostitución del periodismo -que por eso mismo ha dejado de serlo- y la absoluta capitulación de la “intelligentzia” liberal de este país degradada hoy a la condición de una cuadrilla de mentirosos seriales. Unos y otros tienen por misión ofuscar el entendimiento de la opinión pública, ocultar los oscuros negociados de las grandes corporaciones y sus representantes en el Estado, blindar mediáticamente a los gobernantes de turno y, en fin, distraer y embrutecer al demos con un aluvión de mentiras y toda suerte de vulgaridades televisivas –la infame cultura del “entretenimiento” urdida en Estados Unidos para mejor controlar a su población- que le impida al pueblo pensar, adquirir conciencia de su situación y luchar por la construcción de un mundo mejor.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=231059

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Carta Abierta a los colegas de CLACSO sobre la situación imperante en Venezuela.

Por: Atilio Boron

Estimados colegas: días pasados llegó a mis manos una solicitud elaborada por el Grupo de Trabajo de CLACSO sobre «Ciudadanía, organizaciones populares y representación política» en donde se «demandan a los actuales directivos de CLACSO una condena pública a la deriva dictatorial que ha tomado el régimen madurista en Venezuela, así como la exigencia del restablecimiento del Estado de Derecho, la libertad de los presos políticos, y el fin de la represión a las protestas populares.»

Dada la trascendencia del tema planteado por este pedido y la muy preocupante tendencia del mundo de las ciencias sociales a adoptar cada vez con más frecuencia posturas conservadoras en relación a las luchas populares y las experiencias progresistas y de izquierda en América Latina y el Caribe es que me parece oportuno compartir estas dos breves reflexiones sobre el asunto.

Primero, es indudable que hay una tragedia en curso en Venezuela, y que si no se detiene su dinámica -como, felizmente, está comenzando a suceder debido a la convocatoria a elecciones de gobernadores y alcaldes- la escalada de la violencia ​podría llegar a tener un desenlace aún más sangriento que lo que hemos visto en los últimos meses. Sin embargo, no creo que sea una contribución positiva a este fin una presentación como la que hacen los integrantes del GT ​en la cual se omite la imprescindible referencia a la génesis de esta desgraciada situación. Por muchas críticas que merezca el gobierno de Nicolás Maduro no fue este quien inició este horrendo espiral de violencia que hoy agobia a Venezuela. La verdad histórica es que esta fue producto de la decisión de la fracción extremista y violenta de la oposición (cuyos líderes tuvieron activa participación en el frustrado golpe de estado de Abril del 2002) de alterar por la fuerza el orden constitucional vigente en Venezuela primero en febrero del 2014 (mediante una operación sugestivamente llamada​ «La Salida») y más recientemente a partir de abril del corriente año con una potenciada apelación a tácticas violentas que, en su conjunto, configuran el delito de sedición que en Estados Unidos, por ejemplo, es un crimen federal purgado con largos años de cárcel e inclusive con pena de muerte. Hemos visto en ese país con asombro y consternación desmanes y atrocidades como pocas veces, si alguna, se han registrado en la historia de América Latina y el Caribe. Por ejemplo, quemar vivas a personas sospechosas de simpatías chavistas. Sería largo y ocioso enumerar los crímenes en los cuales incurrió una oposición deseosa -como lo declararan una y otra vez sus líderes- de acabar con el gobierno de Maduro, a cualquier precio y sin atenerse a la normativa vigente. Tentativas que, como lo confirman sucesivas declaraciones del Director de la CIA, Mike Pompeo; el Secretario de Estado, Rex Tillerson y el propio presidente Donald Trump fueron estimuladas, amparadas y financiadas por el gobierno de Estados Unidos. Y este es un dato que debería servir para dividir claramente las aguas de la política porque, por más críticas que puedan dirigirse en contra de un gobierno democráticamente electo como el de Nicolás Maduro es éticamente inadmisible cohonestar los planes del imperio para derrocarlo.

Hacer eso es cruzar una “línea roja” que jamás debería ser traspasada por quienes deberían saber que sin autodeterminación nacional la democracia y la soberanía popular se convierten en inocuas entelequias. Desgraciadamente, en la solicitud que el GT eleva a las autoridades de CLACSO no parece haber consciencia de este problema. Por el contrario, se perfila un sesgo muy claro que se traduce en una visión ofuscada y maniquea en donde el demiurgo de la maldad es el gobierno, mientras que la fracción terrorista de la oposición que organizó violentas “guarimbas”, saqueos, asesinatos y que propició que incendiaran maternidades y escuelas y prendieran fuego a personas ni es mencionada en su petición o se la (mal) representa como si fuera una oposición democrática respetuosa de las leyes y la institucionalidad vigentes y como si el imperialismo no tuviera nada que ver en esta situación. Coincido en que no se puede seguir ignorando la tragedia en curso en Venezuela, y también creo que sólo un planteamiento equilibrado -en donde las responsabilidades de la oposición y del gobierno sean adecuadamente sopesadas- podría ser conducente al logro de los objetivos que el GT se propone. El debate sobre la génesis, desarrollo y perspectivas de la crisis venezolana es una obligación impostergable de los científicos sociales de la región. Pero esto supone la capacidad para examinar esta delicadísima situación desde diferentes ángulos y no sólo desde una de las dos partes en conflicto, la oposición, como claramente se revela en la solicitud del GT.

Segundo, no puedo dejar de señalar que el requerimiento del GT parece ignorar que hay varias tragedias en curso en Nuestra América, y sería bueno que conscientes de la situación los colegas también exigieran una toma de posición ante ellas, cuyo costo medido en vidas humanas -si es que se acepta este criterio como uno de sus indicadores de la crisis- es muchísimo más oneroso que el que se registra en la República Bolivariana. Solicitar a las autoridades que se pronuncien sobre la situación de Venezuela está bien, si se hace con ecuanimidad; pero ¿qué decir de los 200.000 muertos ocasionados por la «guerra contra las drogas en México», los más de 28.000 desaparecidos en ese país, los ocho periodistas asesinados en lo que va del año, las fosas comunes que periódicamente aparecen ante la luz pública, la atrocidad perpetrada en Ayotzinapa, el fraude sistemático de sus procesos electorales? ¿Y qué decir de la violencia sin fin que enluta a Colombia, que en poco más de un año sufrió el asesinato de unos 150 líderes sociales sin que esta sangría mereciese una línea en los principales medios de comunicación como tampoco la mereció el desplazamiento forzado de más de siete millones de campesinos expulsados de sus tierras por el paramilitarismo​? ¿O de la violencia descargada sobre los pueblos de Honduras y Paraguay luego de los «golpes blandos» perpetrados en el 2009 y 2012 respectivamente? ¿O del «golpe blando» tramado por una gavilla de bandidos en el Congreso brasileño, instalando en la presidencia de ese país a uno de los personajes más corruptos y más odiados de la política brasileña? ¿O de los presos políticos que si hay en Argentina (Milagro Sala es solo la más famosa) y el caso de Santiago Maldonado, desaparecido por la Gendarmería Nacional
en un ataque a una comunidad Mapuche en Esquel​? Hablar sobre Venezuela y callar sobre todo lo demás es una actitud​ reñida con la necesaria ecuanimidad que debemos observar los científicos sociales.

​Ojalá que estos comentarios sirvan para estimular un debate largamente postergado en el campo de las ciencias sociales y las humanidades.

Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=230509&titular=acad%E9micos-y-procesos-emancipatorios-en-am%E9rica-latina-

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Publicistas del imperio

Por: Atilio Boron

Evidentemente, las crisis enseñan. Hacen caer las máscaras de quienes aparecían ante los ojos del público como “periodistas” –serios, independientes, bien informados– y los revela como lo que son: agentes de propaganda, publicistas de los grupos dominantes para quienes este es el mejor de los mundos posibles. Un mundo en donde ocho individuos tienen más riquezas que la mitad de la población mundial y el 1% más rico tiene más que el 99% restante del planeta. Para quienes están en la cima de esa pirámide pretender cambiar este mundo es una locura y una amenaza a sus intereses y privilegios. Por eso organizan una legión de publicistas disfrazados como “periodistas” o “académicos” que se encargan de engañar a la gente sea mintiendo u ocultando lo que el común de los mortales no debe jamás saber. ¿El mensaje? El mismo que propalara Margaret Thatcher: este el el mundo que hay, no hay otro, “no hay alternativas”.

La desesperación por abortar cualquier pretensión de cambio, cualquier aspiración a construir una sociedad más justa, humana, amigable con la naturaleza es tan grande que en su edición del 8 de Agosto el periódico conservador La Nación publica las opiniones de dos de sus habituales colaboradores perpetrando sendos exabruptos que los descalifican para seguir posando como analistas políticos. Andrés Oppenheimer en la edición impresa comienza con un título que anticipa la sutileza de su escrito: “Maduro es un dictador”. Y pocas horas después, en la edición online de ese mismo diario, Loris Zanatta, un historiador italiano especializado en el estudio del nacionalismo católico y el peronismo, ganado por su ofuscación levanta la apuesta de su colega y de un plumazo Maduro ya no es un dictador sino un déspota que preside un estado totalitario.

En épocas normales jamás me habría ocupado de personas que dicen lo que estos dos publicistas. Pero vivimos en un mundo que se acerca temerariamente a su autodestrucción, “tiempos interesantes” según la conocida maldición china que inspiró a Eric Hobsbawm, y en épocas como esta quien calla otorga. Lo que transmiten los editorialistas de La Nación no son ideas sino como dijera Octavio Paz (ese sí que era un intelectual fuera de serie, lástima que involucionó hacia la derecha) simples “ocurrencias”, casi el grado cero de la capacidad de simbolización de los humanos. A ambos los reprobaría en un examen y les exigiría que antes de presentarse nuevamente leyeran con mucho cuidado algunos de los textos clásicos en la teoría y la filosofía políticas antes de volver a hablar de dictaduras y totalitarismos. Leer a Carl Schmitt, Sheldon Wolin, Franz Neumann, Hanna Arendt, Max Weber, Barrington Moore, Giorgio Agamben, Domenico Losurdo, Perry Anderson, Juan Linz y, entre nosotros, a Gino Germani para no incurrir en papelones como los que me veo obligado a comentar.

Creo que es una falta de respeto para con los lectores hablar de dictadura apelando al Diccionario de la Real Academia Española o al Merriam-Webster. A falta de teóricos reconocidos y respetables en el campo de la ciencia política Oppenheimer cita una autoridad extravagante: el Asesor de Seguridad de Donald Trump, H. R. McMaster, quien según nuestro autor estuvo en lo cierto cuanto declaró que Maduro “no sólo es un mal líder: ahora es un dictador”. McMaster no parece demasiado calificado para dictar cursos de teoría política o hablar de estos temas. En medio siglo de profesión su obra jamás la he visto citada en los textos que estudian el tema. Es un general del ejército con un doctorado en historia de Estados Unidos y un rudo crítico de las “políticas blandas” aplicadas por la Casa Blanca en Vietnam, cosa que lo pinta de cuerpo entero. Haber destruido un país y matado a más de tres millones de vietnamitas reflejan la escandalosa “blandura” de Washington para este troglodita.

Pero las opiniones del imperio no se discuten sino que se acatan y entonces si McMaster lo dijo Maduro “debe ser” un dictador y Oppenheimer se apoya en la autoridad del general para fundamentar su conclusión. Extraño dictador, como señalaba Eduardo Galeano a propósito de Chávez, en un país donde su “dictadura” convocó a 21 elecciones y las dos que perdió fueron inmediatamente aceptadas por el “dictador”, mientras que la oposición “democrática” nunca reconoció sus 19 derrotas. Dictador que acaba de convocar nuevas elecciones para alcaldes y gobernadores, y que si la oposición -que dice contar con la mayoría del apoyo popular- se presenta puede ganarlas sin ningún problema. Que según el ex presidente James Carter el dictador de marras cuenta con un sistema electoral que es de los mejores del mundo, más transparente y confiable que el de Estados Unidos. Que acepta que funcione una Asamblea Nacional que tiene tres “diputruchos” y que desobedeció la orden del Tribunal Superior de Justicia de convocar a nuevas elecciones para reemplazarlos con diputados legalmente electos. Que admite que el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, visite al Jefe del Comando Sur de Estados Unidos rogándole que envíe tropas a Venezuela para restaurar el orden, regrese al país sin ser molestado, convoque a conferencias de prensa para denunciar al “dictador”, continúe con su investidura parlamentaria y su actividad política hasta el día de hoy y nadie lo haya denunciado por lo que en la Argentina sería un gravísimo delito de infame traición a la patria. Que tiene que vérselas con un enjambre de medios de comunicación opositores que hicieron de la mentira y la difamación su modo de ejercer el periodismo.

Si Maduro es un dictador entonces don Andrés tendrá que acuñar alguna nueva categoría teórica para asignar en su tipología a demócratas tan eminentes como el golpista e hipercorrupto Michel Temer; Juan Manuel Santos, que cierra sus ojos antes los siete millones y medios de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico y los asesinatos diarios de líderes sociales; Enrique Peña Nieto, que preside sobre una inmensa pila de cadáveres, además de los 43 chicos de Ayotzinapa y los 8 periodistas asesinados en lo que va del año; Horacio Cartes y su abierta complicidad con los negocios del narco y nuestro Mauricio Macri, con Milagro Sala como presa política, el activista y defensor de los pueblos originarios Santiago Maldonado como “desaparecido” y la tentativa de nombrar dos jueces de la Corte Suprema por decreto. Si Maduro es un dictador, que por favor me diga como caracterizaría a estos personajes y el sistema que han montado para ejercer su poder. La ciencia política le estará muy agradecida.

Si lo de Oppenheimer es un exabrupto, lo de Zanatta ya se inscribe en otra dimensión: un disparate en donde Chávez termina siendo peor que Videla o Pinochet. Decir que por obra del “líder totalitario” Maduro (émulo “sudaca” de Hitler o Stalin, según este distinguido profesor) se ha “eliminado la política” en Venezuela, o que en ese país las elecciones “son rituales plebiscitarios llamados a ratificar la unidad del pueblo” habla de una ceguera que sólo un fanatismo desatado puede ocasionar. Porque, ¿cómo explica don Loris que la oposición haya obtenido la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional? ¿También Hitler y Stalin tuvieron parlamentos con una mayoría absoluta en contra? No recuerdo haber leído algo así. ¿La política eliminada de Venezuela? ¡Pero si ese país es probablemente el más politizado del mundo! Seguramente de América Latina, Estados Unidos, Canadá y de toda Europa. Tal vez en algún país de Asia o África haya alguno más politizado que Venezuela, pero tengo la sana costumbre de no hablar de lo que no sé. Me pregunto: ¿habrá alguna vez visitado Venezuela el profesor Zanatta, parándose a conversar con la gente común y corriente en una esquina de Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto? Y, el colmo del disparate, afirmar “que el chavismo, el castrismo y el peronismo clásico, al igual que sus antepasados, no son dictaduras simples, sino fenómenos totalitarios” constituye una aberración teórica e histórica que delatan los efectos tóxicos de algunas sustancias sobre el cerebro de las personas y que las desconecta por completo de la realidad, proyectándolas hacia las capas superiores de la estratósfera.

Mi maestro y director de tesis doctoral, Gino Germani, se estará revolviendo en su tumba al escuchar tan solemne disparate contra el cual luchó toda su vida. Nunca fue peronista pero combatió sin piedad a quienes veían en ese movimiento una re-encarnación de los totalitarismos europeos. Volver con esa cantinela a estas alturas de la historia es un error tan grosero que la Universidad de Bologna debería someter a su profesor a un jurado académico y apartarlo de su cargo por mala praxis, por el imperdonable pecado de confundir ciencia con propaganda. Pecado en el que también incurre con fruición su colega en La Nación, Andrés Oppenheimer.

Una versión abreviada de este artículo fue publicada en Página/12: http://www.pagina12.com.ar/55804-publicistas-del-imperio

Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=230163

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Venezuela: La oposición redobla la apuesta

Por: Atilio Boron

Sólo espíritus ingenuos pueden desconocer que la oposición venezolana está instrumentando una estrategia a dos puntas para derrocar al presidente constitucional de ese país. Un sector optó por desatar la violencia en sus variantes más aberrantes como forma de instalar la imagen de una “crisis humanitaria” -producto del desabastecimiento planificado de productos de primera necesidad y la orgía de ataques, saqueos, “guarimbas”, incendios a personas vivas y atentados con “bombas molotov” a escuelas y hospitales- que sirva como preludio a una invasión no menos “humanitaria” del Comando Sur y, aplicando la receta utilizada en Libia para derrocar y linchar a Gadafi, producir el ansiado “cambio de régimen” en Venezuela. Hay un sector de la oposición que no concuerda con esa metodología porque barrunta que el final puede ser una guerra civil en donde las masas chavistas, quietas por ahora, salgan a dar batalla y pongan fin al enfrentamiento infligiendo una aplastante derrota a los golpistas. Pero esta ala de la oposición, llamémosla institucional o dialoguista (aunque en realidad no sea ni lo uno ni lo otro) estuvo durante estos meses sometida a la intimidación o lisa y llana extorsión de la fracción violentista que juzgaba como una incalificable traición el sólo hecho de sentarse a negociar con el gobierno una salida no violenta a la crisis.

Pero ahora las cosas parecen cambiar, y para mal. ¿Por qué? Porque al parecer las estrategias de ambas fracciones se han unificado bajo la batuta que desde Estados Unidos lleva el Comando Sur (el binomio terrorista formado por el Almirante Kurt Tidd y la ex embajadora en Paraguay y Brasil en tiempos de golpe de estado Liliana Ayalde). Debido a ello los sectores “dialoguista” han convocado, para este próximo domingo 16 de Julio, a un plebiscito o «consulta soberana» que no es otra cosa que la antesala de un golpe de estado porque en dicho ejercicio se le preguntará a la ciudadanía si quiere o no un cambio total e inmediato de gobierno y, simultáneamente, decretar la ilegitimidad de la legal y legítima convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente programada para el día 30 de Julio y que ha registrado ya más de cincuenta y cinco mil candidaturas en todo el país. Pero la oposición no quiere esperar todo ese tiempo y mucho menos competir en una elección con todas las reglas. Por eso montó este ejercicio absolutamente informal, sin ningún tipo de garantías ni registros; ni padrones electorales ni normas de recuento y fiscalización pública, en un país en donde, según lo asegurara el ex presidente James Carter, el sistema electoral es más transparente y confiable que el de Estados Unidos. Es más, según lo afirmara Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, una vez que las improvisadas mesas receptoras de votos terminaran su recuento y se proclamara el resultado del plebiscito –que obviamente darían el triunfo a quienes votaron derogar de inmediato al gobierno de Maduro – las actas serían quemadas para evitar futuras represalias del chavismo y, de paso, cualquier tipo de verificación independiente. Además, dijo que “el único requisito para poder emitir su opinión en la consulta popular es presentar su cédula de identidad, vencida o no, en cualquiera de los puntos soberanos” y, sin decirlo, dejó entrever que los ciudadanos podrán votar cuántas veces quieran y donde deseen. [1] Va de suyo que el gobierno bolivariano, como cualquier otro, desconocerá esta patética pantomima lo cual provocará la furiosa protesta de los antichavistas que, atizados por la propaganda de la derecha golpista, se sentirán estafados en su voluntad escalando a nuevos niveles de violencia la confrontación que ya azota al país. [2] 

Los autoproclamados defensores de la democracia y la república en nuestros países (así como el impresentable Secretario General de la OEA) han expresado su simpatía ante este estallido anómico que celebran como si fuera un venturoso florecimiento del protagonismo de la sociedad civil en Venezuela siendo que no es más que una siniestra maniobra para desatar una crisis que abra la puerta a una invasión del Comando Sur, eventualidad que es reconocida explícitamente por algunos personajes más moderados de la MUD, como el ya mencionado Ochoa Antich. Habrá que ver qué sucede este próximo domingo [nota escrita antes del 16 de julio] en Venezuela, y también cuál podría ser la repercusión en nuestros países. Quienes han manifestado su complacencia con esta iniciativa golpista de la oposición antichavista –políticos del establishment latinoamericano y la “prensa corrupta”, como la designara el ex presidente Rafael Correa- harían bien en pensarlo dos veces. No vaya a ser que aparezcan quienes, inspirados en el ejemplo venezolano, decidan también ellos convocar a una “consulta soberana” para preguntarle a la ciudadanía, ante la grave crisis que afecta a nuestros países, si Mauricio Macri, Michel Temer o Enrique Peña Nieto deben o no continuar ejerciendo la presidencia.

Si los sempiternos custodios de la democracia y las instituciones republicanas en Argentina, Brasil o México convalidan –sea abiertamente o con su silencio cómplice- la payasada que se escenificará este próximo domingo en Venezuela no deberían sorprenderse si al cabo de un tiempo una iniciativa similar fuese propuesta para ser llevada a la práctica en estos países. Para nadie es un misterio que la legitimidad de sus gobiernos está profundamente cuestionada –la estafa post electoral del macrismo, el golpe de la cleptocracia en el Brasil, la abismal crisis política y social en México- y que la crisis económica y las políticas de ajuste han intensificado a tal extremo la explotación y los padecimientos de las masas populares que sería temerario descartar una violenta irrupción de rebeldía plebeya, misma que encontraría en una “consulta soberana” como la que próximamente se realizará en Venezuela, el pretexto ideal para tratar de poner fin, antes de tiempo, a gobiernos repudiados por la gran mayoría de sus ciudadanos.

Notas:


[1] Ver las declaraciones de Borges en http://www.notiminuto.com/noticia/cuadernos-electorales-seran-quemados/#

[2] Esto motivó la reacción de un dirigente de la MUD, Enrique Ochoa Antich, quien hizo pública su negativa a participar de la consulta porque, según sus palabras, desencadenaría “más fractura y más violencia, incluso una guerra civil, financiada desde el exterior e incluso con una intervención extranjera.” Ver su reveladora nota titulada “Por qué no votaré el 16” en http://puntodecorte.com/no-votare-16/

Fuente:https://www.rebelion.org/noticia.php?id=229210

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La canalla mediática y la violencia

Por: Atilio Borón

¿Qué son estas imágenes? ¿Denuncian la feroz represión del “tirano” Maduro? No. Es la que se ejerce en el Chile democrático –aquella tan publicitada “feliz copia” del Pacto de la Moncloa– contra manifestantes pacíficos que no levantan barricadas o guarimbas, no queman vivas a personas rociándolas con gasolina y prendiéndoles fuego, no arrojan bombas incendiarias contra jardines infantiles y hospitales, no destruyen autobuses por centenares, no saquean comercios ni depósitos de alimentos ni fabrican obuses caseros para atacar a las fuerzas del orden, ni disponen de francotiradores para escarmentar a quien intente atravesar la guarimba u oponerse a sus tropelías. Son gentes que salen a la calle a protestar, sin ningún tipo de armamento; en muchos casos niños mapuche y en otros estudiantes y mujeres reprimidos –con la brutalidad que demuestran las imágenes que acompañan esta nota– por los Carabineros que, a diferencia de la Policía Nacional Bolivariana, no tienen prohibición para llevar armas de fuego. Son imágenes estremecedoras que hablan de los límites a que llega la violencia represiva en un país cuyo gobierno se permite dar lecciones de democracia y derechos humanos a Caracas.

Con perversión, la canalla mediática oculta esta realidad y pone el grito en el cielo y vomita una catarata de insultos cuando el autor de estas líneas le dice al gobierno del presidente Nicolás Maduro que debe intervenir con todo el rigor de la ley para evitar la metástasis de la violencia. Esta es concienzudamente ejecutada por la fracción terrorista de la oposición en cumplimiento del programa elaborado por el Comando Sur para derrocar a Maduro y sintetizado en un documento cuyo título lo dice todo: “US Southcom Operation “Venezuela Freedom”, American Strategy to Overthrow the Maduro Government”. [1]Pese a ser minoritaria aquella fracción, apoyada sin reservas por el Comando Sur y su jefa civil, Liliana Ayalde (la tenebrosa ex embajadora de Estados Unidos en Paraguay y Brasil cuando se perpetraron ambos golpes de Estado), tiene intimidados e inmovilizados con sus sicarios a los sectores de la oposición conscientes del catastrófico desenlace que puede tener la crisis y proclives a buscar una salida política a la misma. Pero estos se ven imposibilitados de hacerlo porque serían considerados traidores por los violentos que han dado muestras de estar dispuestos a hacer cualquier cosa, inclusive matar a opositores renuentes a acompañarlos en su orgía de sangre y destrucción.

Con su interminable cadena de “posverdades” y “plusmentiras”, como acertadamente lo señalara Fernando Buen Abad, los medios de comunicación hegemónicos se convirtieron en cómplices y, en cierto sentido, autores intelectuales de la destrucción y las muertes que ha provocado la ofensiva de los vándalos, presentados ante el público como la valiente y pacífica oposición democrática enfrentada a la cruel tiranía de Maduro. Nada nuevo: repiten la operación que hicieran, por ejemplo, en Nicaragua cuando los mercenarios que atacaban al recién instalado gobierno sandinista fueron glorificados como virtuosos “combatientes por la libertad”. Lo mismo en Libia, con los mercenarios implantados en Bengasi para dar inicio a la demolición de ese país. Medios que aplauden o exigen la “mano dura” contra la protesta social en Chile, o en Argentina o Brasil, pero que con infinita inmoralidad califican de “brutal represión” a la prudente y cuidadosa contención que con gases lacrimógenos y cañones de agua hace el gobierno bolivariano para controlar a quienes saquean, destruyen y matan. Exigen, y esto también está en el Plan del Comando Sur, que el estado desentienda de su obligación de preservar el orden público y deje a la sociedad, indefensa e inerme, a merced de terroristas y sicarios.

Totalmente subordinados a las ambiciones imperiales lo que estos medios buscan con su escandalosa manipulación (des)informativa es sembrar el caos y la anarquía, provocar una crisis humanitaria y la disolución de toda la trama social, instalando en Venezuela una suerte de bárbaro “estado de naturaleza” hobbesiano en donde el hombre sea el lobo del hombre. Acuciada por el malhumor social que provoca el desabastecimiento programado de bienes esenciales (igual que en el Chile de Allende) y el terror de la violencia ciega, la sociedad se desintegra y se repliega sobre un feroz individualismo tipo “sálvese quien pueda”. Destruido o paralizado el estado y, por consiguiente, desaparecida la institución que salvaguarda el orden público, nada podría ya frustrar la obsesión norteamericana de apoderarse, para siempre, del petróleo venezolano. Este es el plan, un plan concebido a escala planetaria para dejar a los pueblos indefensos ante la voracidad imperial que se arroja sobre ellos para despojarlos de sus riquezas. Es lo que Washington hizo en Libia e Irak, y lo que ahora quiere hacer en Venezuela, sede de la mayor reserva petrolera del planeta. Por eso la oposición cipaya y sus peones mediáticos alientan la violencia y procuran inmovilizar con sus chantajes al gobierno de Maduro, para que finalmente reine el caos. En los papeles, el plan parece perfecto. Pero en la patria de Bolívar, Zamora y Chávez, el imperialismo y sus compinches se encontrarán con la horma de sus zapatos. Chávez no pasó en vano y el bravo pueblo chavista y su gobierno sabrán, con ejemplar heroísmo, triunfar en esta batalla decisiva para su futuro como nación independiente y soberana.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=228869

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Temer, el abismo y después

Por: Atilio Boron

Una visita a Río de Janeiro me dio la oportunidad de conversar con numerosos amigos, militantes sociales y colegas que participaron en el estupendo seminario internacional que organizara la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) junto con otras instituciones académicas, en conmemoración del primer centenario de la Revolución Rusa. De esos fructíferos intercambios con mis interlocutores brota el siguiente diagnóstico sobre la situación brasileña, que me permito compartir con mis lectores.

A fines de agosto de 2016 una gavilla de bandidos del Congreso brasileño –varios de los cuales ya están en la cárcel condenados por delitos de corrupción- perpetró con la complicidad de la prensa canalla –con la Red Globo a la cabeza- y con el auspicio de la clase dominante y de “la embajada” un golpe de Estado que presentaron a la opinión pública como si fuera el resultado de un “juicio político” y depusieron de su cargo a la presidenta Dilma Rousseff. [1] Esta había derrotado al candidato de la “derecha dura” en el balotaje de noviembre del 2014, Aécio Neves, pero lo hizo en nombre de un gobierno que -en un acto que sólo puede calificarse como suicida- había desmovilizado y desorganizado al instrumento político que lo había instalado en el Palacio del Planalto, el PT. Privada de ese apoyo Dilma no tuvo fuerzas para resistir el chantaje de los mercados y del partido derrotado en las urnas y a la semana de asumir su segundo turno presidencial tuvo que designar un gabinete en el cual los cinco principales cargos quedaron en manos de integrantes del equipo de Neves, lo cual no podía sino terminar por desmoralizar y desarmar ideológica y políticamente quienes un par de meses antes habían ratificado su confianza en ella. La designación del cavernícola economista neoliberal de la Universidad de Chicago Joaquín Levy como ministro de Hacienda marcó la total y definitiva sumisión de su gobierno ante el capital financiero. Por eso, cuando la asociación ilícita que se había apoderado del Congreso brasileño decidió eyectarla de su cargo nadie acudió en su auxilio y las calles y plazas de Brasil quedaron vacías. Un gobierno que había sido electo por más de 54 millones de brasileños fue incapaz de movilizar a unos pocos miles de sus partidarios para detener la conspiración de los mafiosos sentados en las bancas parlamentarias.

Conclusión: la alianza político electoral que el PT sellara con los enemigos de clase, representados sobre todo por el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño, surgido en los años de la dictadura y partido del por entonces vicepresidente Michel Temer) y con otras fuerzas políticas de la derecha representantes del agronegocio y los evangélicos más reaccionarios; el continuismo (si bien con algunos atenuantes en materia de política social) del paradigma macroeconómico neoliberal instalado durante el gobierno de Fernando H. Cardoso y la ingenua ilusión de creer que por llegar al gobierno una fuerza política conquista el poder tuvieron el lamentable remate que era de esperar, y Dilma fue su víctima. Una verdadera desgracia, para el pueblo brasileño y para todos los de Nuestra América. Desgracia que no fue el inexorable veredicto del destino sino producto de una acumulación de gruesos errores y extravíos políticos que arrancan desde el primer turno presidencial de Lula. Temas, por otra parte, archiconocidos, por lo que no viene al caso referirlos una vez más en esta breve nota.

Dicho lo anterior, lo más preocupante ahora es la ausencia de una alternativa política para poner fin a un gobierno tan reaccionario como el de Michel Temer. En principio Lula podría triunfar si se procediera a un llamado anticipado a elecciones directas, pero para eso se requeriría una enmienda constitucional que un Congreso corrupto hasta la médula no está dispuesto a aprobar. Recuérdese que el zar de la industria frigorífica mundial, Joesley Batista, afirmó haber comprado en los últimos veinte años la voluntad política de más de 1800 dirigentes políticos entre senadores, diputados federales, estaduales, intendentes y concejales, y no fue el único en hacer aportes para obtener favores legislativos o de las autoridades. Lo que se baraja entonces es la posibilidad de que se designe a un notable de la vida pública brasileña para que concluya el mandato de la fórmula Rousseff-Temer y se convoque a elecciones en octubre del año próximo para elegir al próximo presidente. Hay algunos candidatos, pero el ambicioso Fernando H. Cardoso ya se autopostuló, aunque su nombre suscite intensas polémicas y movilice viejos rencores en su propio partido, el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) y las demás fuerzas de la derecha. Claro que si la presión de la calle alcanzara inéditas cotas de movilización popular no sería imposible que, ante el temor de un derrumbe de la frágil institucionalidad democrática, los delincuentes del Congreso (no todos, porque obviamente hay unas pocas honrosas excepciones) podrían ceder posiciones y habilitar el llamado a elecciones en los próximos meses. Menos probable sería una convocatoria para una nueva asamblea constituyente, tema tabú para los gobiernos de derecha de América Latina. Por supuesto que si tal cosa llegara a ocurrir el aparato judicial brasileño, socio inseparable de la derecha más reaccionaria del país, pergeñaría todo tipo de maniobras leguleyas para inhabilitar a Lula e impedirle postularse para ejercer cualquier cargo público en los próximos diez años y, de ese modo, sacarlo “legalmente” de la competencia electoral. O sea, un “golpe preventivo”.

Suponiendo que el miedo a un desborde pre-insurreccional convenza a la pandilla del Congreso de otorgar luz verde a la enmienda constitucional y se autorice el llamado a elecciones presidenciales anticipadas, lo que quedaría en pie, según mis informantes, es la incógnita acerca de si Lula, en caso de ganar las elecciones, trataría de hacer algo diferente a lo hecho durante su gestión presidencial anterior o si se contentaría con repetir lo actuado en el pasado. Porque si fuera para hacer lo mismo -y cometer los mismos errores que resultaron en la caída de Dilma: sometimiento al gran capital, desmovilización política y sindical, oídos sordos a los reclamos populares- el resultado final podría ser una crisis peor aún que la de estos días y la clausura, por mucho tiempo, de cualquier alternativa de izquierda. Tendría sentido un retorno de Lula si es que se propusiera desmontar el infernal predominio del capital financiero [2] , del agronegocio, de los sectores industriales paulistas agrupados en la FIESP, de la prensa canalla que envilece y envenena día a día a su pueblo y si, además, redefiniera la inserción internacional del Brasil rompiendo su escandalosa dependencia neocolonial de Estados Unidos promovida por Temer. [3] En caso contrario su regreso al Planalto sólo serviría para agudizar las contradicciones que hoy desgarran a la sociedad brasileña. No sería exagerado extender este razonamiento también a un eventual retorno de Cristina Fernández de Kirchner a la presidencia de la Argentina, tema sobre el cual ya nos ocupamos en su momento y volveremos a hacerlo próximamente. En ambos casos la pregunta pertinente es: ¿retornar para hacer qué? Repetir lo bueno, en ambos casos, es urgente y necesario. Pero no lo es menos realizar una profunda autocrítica para evitar caer en los mismos desaciertos que provocaron, tanto en uno como en otro país, desenlaces tan deplorables como la inesperada victoria electoral de Mauricio Macri o el incontestado “golpe blando” de Michel Temer.

La urgencia de encontrar una salida a la crisis es vertiginosa si se toma en cuenta que el nivel de aprobación popular del presidente Michel Temer es inexistente en la medida en que oscila entre un 2 y un 4 por ciento y que los poderes fácticos que dominan Brasil ya han decidido soltarle la mano. [4] ¿De qué lo acusan? No de ser un corrupto, delatado pública e irrefutablemente por la grabación del ya mencionado Joesley Batista. Eso es lo de menos. Su pecado ha sido su ineptitud para sacar las leyes que la derecha necesita: desmontar la legislación laboral procedente del varguismo y el “trabalhismo” brasileño y de los mejores años del PT –restableciendo jornadas laborales de 12 horas e instalando la precarización del trabajo- y establecer un nuevo régimen previsional que requeriría 49 años ininterrumpidos de aportes para acogerse al beneficio jubilatorio con lo que, de hecho, acabarían con la jubilación como derecho para la enorme mayoría de la población brasileña, situación que en los hechos ya existe en algunos países de la región. Pero sería injusto negar la saña antipopular del usurpador: logró aprobar una absurda –e inviable- enmienda constitucional (la PEC 55) que congela el gasto público en educación y salud por los próximos veinte años, hasta el 2036, y al igual que su colega argentino está atacando sin piedad a las universidades públicas algunas de las cuales padecen un retraso salarial de varios meses. [5] En un alarde de incompetencia la Cancillería brasileña, otrora considerada una de las más profesionales del mundo, ofuscada por su patológica obsesión por atacar al presidente Nicolás Maduro cometió un error que sin duda figurará imbatible en el libro de records Guinness. Al referirse al inminente viaje de Temer a Rusia (programado para el 20-21 de Junio) el sitio web de Itamaraty anunció, textualmente, que el presidente se dirigiría a la “República Socialista Soviética de Rusia” para entrevistarse con Vladimir Putin. La increíble gaffe permaneció en pantalla durante 22 minutos hasta que un tsunami de burlas de los críticos del gobierno advirtieron a los funcionarios del ministerio de su grosero error y corrigieron la información. Un botón de muestra de la situación que hoy permea en el gobierno.

El problema es que siendo Temer corrupto e inútil no hay muchos con mejores credenciales que él, y por ahora se lo sostiene a la espera de la aparición de un mesías de una clase dominante profundamente dividida y carente de una alternativa política viable y eficaz, capaz de obtener del Congreso las leyes que otorgarían sello legal a un retroceso en materia de derechos laborales, previsionales y sociales a la época anterior al surgimiento del varguismo en los años treintas del siglo pasado. Buena parte de los dirigentes de sus primeras líneas están procesados o en la cárcel. Por una cruel ironía de la historia la única opción bien podría ser la de uno de los ex funcionarios de la CEPAL y (arrepentidos) fundadores de la teoría de la dependencia y ex profesor de “Metodología Marxista” en los cursos de la FLACSO de Santiago de Chile en 1967, Fernando H. Cardoso. Pero aún cuando tal cosa ocurriera, el nivel de corrupción del Congreso es de tal magnitud que para obtener una ley el eventual sucesor de Temer requeriría poseer algo más que la elegancia discursiva y la sutileza argumentativa de Cardoso. Tendría que reincidir en las tramoyas de rutina y re-editar las prácticas tradicionales del intercambio de favores y la compra de votos, y la situación judicial y el clima de la opinión pública no son para nada propicios para apelar una vez más a tales estrategias.

Por lo tanto lo que parece avecinarse es el derrumbe del sistema político, ya seriamente debilitado y deslegitimado por el sinfín de denuncias y delaciones por actos de corrupción y atribulado por una probable ofensiva popular de inédita envergadura en el país. El paro nacional del 28 de abril tuvo una resonancia como tal vez nunca antes en la historia brasileña, y se vienen nuevas convocatorias. Las fuerzas de izquierda política, incluyendo un sector del ala más radical del propio PT (que había sido marginada por Lula y por Dilma, pese a lo cual en el último congreso del partido tuvo una actuación deslucida que en nada contribuyó a la necesaria autocrítica de la experiencia del gobierno petista) más un enjambre de organizaciones sindicales (principalmente la CUT (Central Única de Trabajadores, dirigida por el PT) y la CTB (Central de los trabajadores y trabajadoras del Brasil, conducida por el PCdoB) y diversos movimientos sociales entre los que sobresalen el MST (Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra), los Sin Techo y muchos otros parecen estar dispuestos a librar la batalla decisiva contra el régimen golpista y por la construcción de una genuina democracia. No obstante, allí también se encuentra una división en el campo popular entre quienes tienen como prioridad garantizar la candidatura de Lula en el 2018 y los que pretenden, antes que nada (y desentendiéndose de ese tema) poner coto a la contrarreforma de la derecha. Es un debate muy complicado y es difícil saber como será saldado. Lo único cierto es que si estas fuerzas no ganan la calle nada cambiará en Brasil.

El temor de la burguesía brasileña y sus jefes en el corazón del imperio es muy grande, porque la pertinaz recesión económica y la crisis de legitimidad que arrastra a toda la clase política, al empresariado, a los gobiernos estaduales y locales es de tal magnitud que las fórmulas tradicionales del compromiso de las oligarquías partidarias y el “jeitinho” politiquero que todo lo resolvía son dispositivos muy desgastados y demasiado débiles, que difícilmente podrían ser exitosos frente a una amenaza de la magnitud que tiene la que se yergue en la vereda de enfrente. Molecularmente se está constituyendo en Brasil lo que Lenin denominara una “situación revolucionaria”: los de arriba ya no pueden seguir dominando como antes y los de abajo (por lo menos un sector importante de ellos) no quieren seguir siendo dominados. Que esta situación desemboque en una salida revolucionaria requiere de una combinación de condiciones objetivas y subjetivas que el revolucionario ruso jamás concebía de manera mecánica o lineal, y que todo indica que aún no parecen haber madurado lo suficientemente en Brasil. Pero, sin llegar al extremo revolucionario, el desenlace de la actual crisis podría producir una radical modificación en la correlación de fuerzas que hoy opone a burgueses y proletarios, estos últimos definidos teniendo en cuenta las grandes transformaciones que el capitalismo contemporáneo operó sobre la estructura y la morfología del universo asalariado. [6] Más allá de esto, se impone aquí una vieja verdad: la solución de la crisis política brasileña no brotará del rodaje de las instituciones del Estado, de los acuerdos parlamentarios o las sentencias de los jueces sino de la dinámica del conflicto clasista, del protagonismo de la calle. Es decir, de la movilización popular y la voluntad de lucha de las clases y capas populares resueltas a poner fin al ajuste y redefinir el rumbo de la sociedad brasileña. Sólo ellas podrán resolver el endemoniado entramado de corrupción, venalidad y latrocinio que caracteriza a la clase política brasileña. Tarea difícil, muy difícil pero no imposible. Ojalá que las clases y capas populares tengan la clarividencia para discernir las vías de solución a la crisis, la organización que convierta su fuerza potencial en fuerza política real, y el valor para lanzarse a esa necesaria empresa de transformación revolucionaria y regeneración ética que tanto necesita el gran país sudamericano.

Notas:


[1] Para quienes tengan dudas acerca del protagonismo de Washington basta con recordar que quien se desempeñó como embajadora de EEUU a lo largo de toda la farsa del “juicio político” fue nada menos que Liliana Ayalde, quien también ocupara ese cargo cuando se fraguó el golpe de Estado en contra de Fernando Lugo en Paraguay. Lo que se dice, una “experta” en demoliciones de gobiernos progresistas y en articular las coaliciones necesarias para garantizar el éxito de sus planes golpistas. Regresó a su país una vez consumada la defenestración de Dilma. Ahora es nada menos que la jefa civil del Comando Sur.

[2] Téngase en cuenta que en el año fiscal 2016 el 43.9% del presupuesto federal de Brasil se destinó al pago de los intereses y la amortización parcial de la deuda pública. Consultar: http://www.auditoriacidada.org.br/blog/2017/05/31/panfleto-explicativo-consulta-nacional/ El endeudamiento del sector público y el pago de exorbitantes tasas de interés concretaron una fenomenal transferencia de ingresos a favor del capital financiero, enemigo jurado del gobierno petista.

[3] Un ejemplo: la invitación de Temer a que EEUU participe, por primera vez en su historia, en un ejercicio militar conjunto en la Triple Frontera Amazónica (Brasil, Colombia y Perú). La Amazonía había siempre estado celosamente resguardada de cualquier presencia estadounidense. Ya no más. Ver http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-39826017 así como el texto de Silvina Romano y Amílcar Salas Oroño, “Brasil y el Cono Sur en la Geopolítica Estadounidense”, disponible en http://www.celag.org/brasil-y-el-cono-sur-en-la-geopolitica-estadounidense/

[4] El 2% lo asegura “nossapolitica.net/2017/06” y el 4 % surge de una encuesta de Barómetro Político realizada por la Consultora IPSOS y que señala que el 92% de los entrevistados dicen que el gobierno avanza por un rumbo equivocado, el 75% lo califica como malo o pésimo mientras que apenas un 4% asegura que es un gobierno bueno u óptimo.

[5] La «congelación» es una medida absurda y ridícula. La población total del Brasil en 2016 era de 206 millones de personas. En veinte años más se incrementará en casi treinta millones, llegando a 234 millones para los que habrá que disponer de los mismos fondos “congelados” en materia de salud y educación del año 2016. Es decir, no más escuelas ni hospitales ni dispensarios médicos, y a repartir entre esta acrecentada población los fondos que había en el 2016. Lo que se llama una “bomba de tiempo” político. En lo que hace al retraso salarial los docentes y el personal administrativo de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ) están recién ahora cobrando sus sueldos de marzo, y fraccionados.

[6] Sobre este tema resulta imprescindible consultar la obra de Ricardo Romero Laullón y Arantxa Tirado Sánchez, La clase obrera no va al paraíso. Crónica de una desaparición forzada (Madrid:AKAL, 2016)

Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=228358

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