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Atilio Borón analiza semejanza entre el Chile de 1973 y el Brasil de 2016

Por: Atilio Borón

El pensador argentino analiza los limites do Estado burgués en América Latina y las semejanzas entre ambos golpes

Después de 43 años del golpe de Estado en Chile que derrocó al gobierno de Salvador Allende, el pensador latinoamericano Atilio Borón conversó conBrasil de Fato para leer, a la luz del proceso chileno, los recientes acontecimientos que violentan el orden democrático en América Latina.

Según el sociólogo argentino, los cambios constitucionales emprendidos por los gobiernos de Hugo Chavez, en Venezuela; Evo Morales, en Bolivia; y Rafael Correa, en Ecuador, crearon un nuevo orden institucional que permitió a los lideres hacer las reformas necesarias para mejorar la calidad de vida de la población.

Sin embargo, la victoria electoral de Mauricio Macri, en Argentina, y el reciente impeachment de la presidenta Dilma Rousseff, en Brasil, marcan las flaquezas de los procesos de estos países, que mantuvieran la estructura del Estado burgués. Esas fragilidades fueron aprovechadas por los Estados Unidades en la tentativa de recobrar su posiciones en el escenario internacional.

“Yo creo que Lula cayó víctima de su postura tecnocrática. Él mandó al pueblo a sus casas y, cuando los lobos fueron a atacar a Dilma ella abrió la ventana y no tenia a nadie. Confió e hizo alianzas con sectores del poder que claramente iban a traicionarlo. Hasta un ciego podría verlo”, evaluó.

Brasil de Fato – ¿Qué enseñanzas dejo el golpe en Chile en septiembre de 1973? ¿Cómo la experiencia chilena nos ayuda a pensar el proceso actual que vivimos en América Latina? ¿Y como los procesos de hoy nos ayudan a repensar nuestra historia como pueblo latinoamericano?

Atilio Borón – Yo creo que el golpe en Chile fue una tragedia que de alguna forma anunció lo que sucedería después en la mayoría de los países de América Latina. Brasil ya había tenido el golpe en 1964, Argentina también, en 1966. Pero el de Chile, en 1973, fue otra cosa. Fue un experimento radical de terapia de “shock” que sería aplicado en el resto de los países de América Latina y, también, en algunos países del capitalismo avanzado.

La experiencia chilena fue una experiencia muy desigual, en relación a otras regiones. El gobierno de Salvador Allende fue manteniendo el marco institucional del Estado burgués. O sea, no hubo reforma de la Constitución. Simplemente hubo un debate en torno de la posible interpretación de ciertas clausulas de la Constitución que le impidió al gobierno de Allende avanzar en políticas de nacionalización, control de precios e intervenciones de los mercados.

Pero [Allende] no hizo lo que hicieron los venezolanos, los bolivianos y ecuatorianos. Ellos crearon un nuevo orden constitucional, una nueva institucionalidad, introduciendo las reformas necesarias para mejorar la calidad de vida de la población.

¿Qué podemos aprender? En principio, un Estado burgués con una Constitución burguesa, con relaciones capitalistas de producción, con fuerte peso de grandes corporaciones y con la presencia de grandes empresas multinacionales y trasnacionales, impone límites mucho estrechos. Y, cuando los cambios trascienden, van más allá de los límites, el proceso democrático entra en una zona de riesgo y rápidamente es eliminado por los agentes de la conservación social, o sea, de las clases dominantes.

En contextos económicos muy complejos, inevitablemente, se generan esos procesos, porque la burguesía provoca sabotajes permanentes, las “huelgas de la burguesía”. Ellos dejan de invertir, comienzan las fugas de capitales y se entorpece el proceso productivo en todo los niveles, provocando un gran malestar de la población. Eventualmente, se prepara la base social para una revuelta fascista.

Esa fue la reacción chilena en 1973. Y yo creo que fue aprendida por Chávez y, después de él, por Evo y por Correa. Porque la primera cosa que ellos hicieron fue ampliar el marco institucional de los procesos transformadores en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Fue muy significativo, muy importante. Introdujeron innovaciones que potenciaron el protagonismo popular, el refrendo revocatorio, hasta el reconocimiento, en el caso de Bolivia, de formas de gobierno de los pueblos originarios.

Entonces, yo creo que sí, hay un cierto aprendizaje. Pero no en todo lo países. Argentina, Brasil y Colombia continuaron transitando por las vidas de la institucionalidad democrática propia del liberalismo. Y esa es la fuente de muchos problemas.

Entonces, ¿en términos regionales, podemos decir que este avance de la derecha, desde el golpe el Honduras hasta el reciente impeachment de Dilma, nos encuentra mejor posicionados?

Mira, la experiencia chilena fue única, porque, en aquel momento, Argentina estaba regresando al peronismo, que tuvo corta vida y terminó en un gran cataclismo. Hubo un repique en Bolivia – recuerde que, en el año 1971, Bolivia inauguró un breve proceso de radicalización popular sobre el comando de Juan José Torres y de la Asamblea Popular Boliviana, pero Torres terminó depuesto rápidamente y fue asesinado en Buenos Aires. También mataron al general Carlos Prats Gonzalez en Chile. O sea, era un contexto muy diferente al actual.

Los procesos actuales se dan en un momento en que se acentuó el proceso de decadencia del imperialismo norteamericano. En la segunda mitad de la década de 1990, algunos hablaban del inicio de un nuevo siglo americano. Y, lejos de eso, fue el inicio de una lenta y persistente decadencia de los Estados Unidos.

Algunos de nosotros advertimos esta decadencia, pero éramos dejados de lado por cuestiones ideológicas. Hoy, cuando se consulta la literatura especializada de los geoestrategas, de los pensadores del imperio, entre los cuales los más importantes son [Henry Alfred] Kissinger y [Zbigniew Kazimierz] Brzezinski, los dos argumentaron que los Estados Unidos ya no son la potencia que fue en el pasado.

Los pronósticos económicos llevan a concluir de que en 2030 la economía norteamericana representará apenas el 18 % del producto bruto mundial, y la de china, el 28%. Y esta decadencia se ve también en la creciente impotencia de los Estados Unidos. Eso se muestra cuando un pequeño país de América del Sur, como Ecuador, da asilo diplomático a Julian Assange, de Wikileaks, y, además de eso, obliga la salida de las tropas inglesas de su embajada!

En el pasado, eso habría provocado la invasión de los marines en Ecuador, y habría detenido y asesinado al presidente Rafael Correa, como hicieron en 1982, com Maurice Bishop, en la Isla de Granada.

Después, el debilitamiento de los Estados Unidos es un dato inocultable. Hoy, ellos tienen enemigos tan fuertes como la URSS – Rusia por una lado y China, por el otro. Entonces, ¿qué sucede? Cada vez que los Estados Unidos se encuentran problemas en el contexto mundial, ellos retroceden para reafirmar su dominación sobre América Latina. Eso acontece en los años 70 y está sucediendo ahora.

Los Estados Unidos quieren frenar el ciclo de los gobiernos progresistas y avanzar en la conformación de una nueva América Latina, totalmente blindada, donde no exista ningún gobierno que dispute su hegemonía. Mientras tanto, los pronósticos del Pentágono se preparan para 20 o 30 años más de guerra. Está asegurada la retaguardia.

Y, por eso, se lanzó a fomentar la destitución de esos gobiernos, a crear una nueva derecha en América Latina. En Argentina, lo hizo muy claramente, y, en Brasil, han fortalecido los vínculos con el PSDB [partido de derecha]. En este proceso, Fernando Henrique Cardoso tuvo un papel fundamental.

¿Cuál es el significado de Brasil en términos geopolíticos? ¿Por que este último golpe fue en Brasil?

Por varios motivos. Primero, Brasil es el país que mayor peso en la región de América Latina y el Caribe, y eso nos permite decir que, para donde se inclina Brasil, se inclina América Latina.

En segundo lugar, porque Brasil siempre fue aliado estratégico de los Estados Unidos. No se olvide que Brasil fue elegido por los Estados Unidos para desarrollar empresas siderúrgicas después de la Segunda Guerra Mundial, con crédito aprobado por ellos.

Y, en tercero, porque Brasil es un emporio de recursos naturales. Los Estados Unidos tienen mucho interés en controlar la Amazonia y el acuífero Guarani y, para eso, precisan tener presencia en el país. Ahora, también van a tener presencia en Argentina y desde allí pretenden controlar la parte sur del acuífero Guarani.

Sin contar con el petróleo. ¿Sabes cuándo se movilizó la 4º Tropa de los Estados Unidos, que estaba desactivada desde hacia más de 50 años? Dos semanas después de Lula anunciar el descubrimiento del pré-sal. ¿Usted cree que eso es casualidad? No! Es reacción. Entonces, claro que Brasil es muy importante.

Y, además, preservaron las riquezas del consenso progresista, o sea, los errores cometidos por los gobiernos del PT [Partido de los Trabajadores] que, por ejemplo, no avanzaron en la profundización de la reforma agraria en un país con una estructura agraria absolutamente anacrónica. Fueron gobiernos que desmovilizaron su base popular.

[Nicolás] Maduro [presidente de Venezuela] no cae simplemente porque cuando él grita tiene un montón de gente en las calles. Y eso es una situación económica mucho más compleja que la de Brasil.

Yo creo que Lula cayo víctima de su postura tecnocrática. Él mandó al pueblo para sus casas y, cuando los lobos fueron a atacar a Dilma, ella abrió la ventana y no tenía a nadie. Confió e hizo alianzas con sectores del poder que claramente iban a traicionarlo. Hasta un ciego podría verlo.

Fuente: http://brasildefato.com.br/2016/09/12/atilio-boron-analiza-semejanza-entre-chile-de-1973-y-brasil-de-2016/

Traducción: María Julia Giménez

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La tragedia brasileña

Por: Atilio Boron

No está demás recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple “conveniencia”, admisible en la medida en que no interfiriese con el “libre mercado”, que es la no-negociable necesidad del sistema.

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Una banda de “malandros”, como canta el incisivo y premonitorio poema de Chico Buarque -“malandro oficial, malandro candidato a malandro federal, malandro con contrato, con corbata y capital”- acaba de consumar, desde su madriguera en el Palacio Legislativo de Brasil, un golpe de estado (mal llamado “blando”) en contra de la legítima y legal presidenta de Brasil Dilma Rousseff. Y decimos “mal llamado blando” porque como enseña la experiencia de este tipo de crímenes en países como Paraguay y Honduras, lo que invariablemente viene luego de esos derrocamientos es una salvaje represión para erradicar de la faz de la tierra cualquier tentativa de reconstrucción democrática. El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo mediante el cual la democracia en Brasil, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una descarada plutocracia animada por el sólo propósito de revertir el proceso iniciado en el 2002 con la elección de Luiz Inacio “Lula” da Silva a la presidencia. La voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el “povao” admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde “populista” desde el Planalto. Por supuesto que esta conspiración contó con el apoyo y la bendición de Washington, que desde hacía años venía espiando, con aviesos propósitos, la correspondencia electrónica de Dilma y de distintos funcionarios del estado, además de Petrobras. No sólo eso: este triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva estadounidense para acabar con los procesos progresistas y de izquierda que caracterizaron a varios países de la región desde finales del siglo pasado. Al inesperado triunfo de la derecha en la Argentina se le agrega ahora el manotazo propinado a la democracia en Brasil y la supresión de cualquier alternativa política en el Perú, donde el electorado tuvo que optar entre dos variantes de la derecha radical.

No está demás recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple “conveniencia”, admisible en la medida en que no interfiriese con el “libre mercado”, que es la no-negociable necesidad del sistema. Por eso era (y es) ingenuo esperar una “oposición leal” de los capitalistas y sus voceros políticos o intelectuales a un gobierno aún tan moderado como el de Dilma. De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. Menciono apenas unas pocas. Primero, cualquier concesion a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocios y a los medios de comunicación más reaccionarios. Segundo, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los canales institucionales del estado sino también por “la calle”, el turbulento mundo plebeyo. Y el PT, desde sus primeros años de gobierno, desmovilizó a sus militantes y simpatizantes y los redujo a la simple e inerme condición de base electoral. Cuando la derecha se lanzó a tomar el poder por asalto y Dilma se asomó al balcón del Palacio de Planalto esperando encontrar una multitud en su apoyo apenas si vió un pequeño puñado de descorazonados militantes, incapaces de resistir la violenta ofensiva “institucional” de la derecha. Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el PT no hizo.

Conclusión: cuando se hable de la crisis de la democracia, una obviedad a esta altura de los acontecimientos, hay que señalar a los causantes de esta crisis. A la izquierda siempre se la acusó, con argumentos amañados, de no creer en la democracia. La evidencia histórica demuestra, en cambio, que quien ha cometido una serie de fríos asesinatos a la democracia, en todo el mundo, ha sido la derecha, que siempre se opondrá con todas la armas que estén a su alcance a cualquier proyecto encaminado a crear una buena sociedad y que no se arredrará si para lograrlo tiene que destruir un régimen democrático. Para los que tengan dudas allí están, en fechas recientes, los casos de Honduras, Paraguay, Brasil y, en Europa, Grecia. ¿Quién mató a la democracia en esos países? ¿Quiénes quieren matarla en Venezuela, Bolivia y Ecuador? ¿Quién la mató en Chile en 1973, en Indonesia en 1965, en el Congo Belga en 1961, en Irán en 1953 y en Guatemala en 1954?

Fuente: http://kaosenlared.net/la-tragedia-brasilena/

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BREXIT, la Unión Europea y la OTAN

Atilio Borón

Londres fuera de la Unión Europea, no de la OTAN

El triunfo del Brexit en el referendo abre múltiples interrogantes. La mayoría de los analistas, sobre todo en la prensa hegemónica internacional, ha puesto el énfasis en el examen de sus consecuencias sobre los mercados, su exacerbada volatilidad y la cotización de las principales monedas. Sin restarle importancia a este asunto creemos que este énfasis economicista está lejos de apuntar a lo más significativo.

Los mercados son entidades veleidosas, siempre sujetos a esa “exuberante irracionalidad” denunciada por Alan Greenspan, el ex jefe de la Reserva Federal de Estados Unidos, de modo que pronosticar su derrotero una vez consumada la salida del Reino Unido de la UE es un ejercicio ocioso y condenado al fracaso, inclusive si las predicciones se hacen para el corto plazo. Mucho más importante es ponderar lo que la decisión del electorado británico significa en términos políticos: un golpe si no mortal pero sin duda muy duro a un proyecto comunitario que cuando adquirió una connotación social y política progresista fue secuestrado, tergiversado y prostituido por la oligarquía financiera europea. Con la deserción de Londres –un divorcio litigioso y no consentido, al decir de algunos- la UE pierde a la segunda economía y al segundo país en población, lo que debilita a una Europa que, con la estructuración supranacional pergeñada por Bruselas, trató de reposicionarse en términos más protagónicos en el turbulento tablero de la política internacional. Si con el Reino Unido en sus filas la UE no era más que un aburrido segundo violín en el concierto de naciones, con los británicos afuera su gravitación global disminuye aún más vis a vis China, Rusia y los nuevos centros de poder internacional.

No fue casualidad que haya sido Angela Merkel quien mostró la mayor preocupación por el éxodo británico al exhortar a los gobiernos europeos a “mantener la calma y la compostura” ante la mala noticia. Se comprende su actitud: la canciller alemana fue quien con más fuerza impulsó el avance por la senda autodestructiva seguida por la UE en los últimos años. Convirtió al acuerdo pan-europeo en un apéndice de la gran banca, sobre todo alemana; combatió con meticulosidad germana los resabios del proyecto original, que tenía como metas la construcción de una Europa Social y de Ciudadanos; fortaleció a la conservadora burocracia de la Comisión Europea e hizo del Banco Central Europeo (BCE) el perro guardián de la ortodoxia financiera impuesta sin miramientos sobre todos los gobiernos del área. Mientras el neoliberalismo se batía en retirada de América Latina y el Caribe en medio de las ruinas que había dejado a su paso fue la Merkel quien lo revivió en Europa, incorporando al Fondo Monetario Internacional como participante activo en la gestión macroeconómica de los estados y dando origen, junto a la Comisión Europea y el BCE a la infame troika que poco después, como insaciable  plutocracia, se convertiría en el verdadero gobierno de Europa arrojando por la borda cualquier contenido democrático.

Los griegos, donde se inventó la democracia, pueden dar fe de la furia destructiva de la troika de la UE, que al caerse la hoja de parra de su hueca palabrería democrática puso en evidencia los alcances de la descomposición del viejo proyecto europeo, atado de pies y manos al servicio del capital.

Esta Europa de las clases dominantes, burocrática y empresarial es la que recibió un mazazo brutal desde el Reino Unido y no hay razón alguna para lamentarse por ello. La UE que acompañó a Washington en todas sus tropelías y todos sus crímenes en el escenario internacional ahora recoge los amargos frutos de su complicidad con los que EEUU perpetrara en Oriente Medio. Era obvio que la destrucción causada en Irak, Libia y ahora Siria provocaría una incontenible marea de refugiados que tienen sólo un lugar adonde dirigirse: Europa.

Washington puede alegremente incurrir en tales atrocidades porque está protegido por dos océanos que lo convierten en un destino inalcanzable para quienes huyen del infierno que desata con sus drones, misiles y unidades de combate. Pero Europa, en cambio, está ahí nomás. Y ese torrente humano activó y potenció los peores instintos xenofóbicos y racistas en buena parte de las poblaciones europeas que pretenden, vanamente, ponerse a salvo de las consecuencias de su pasado colonialista y su presente como compinches del imperialismo norteamericano.

Por eso la xenofobia fue un componente decisivo del triunfo del Brexit, saludada con euforia por un racista probado y confeso como Donald Trump y los representantes de la derecha en casi toda Europa, con Marine Le Pen a la cabeza. No sería de extrañar que lo ocurrido en el Reino Unido precipitara un “efecto dominó” en donde diversos países tengan que someter su permanencia en la UE al veredicto popular. La derecha en Francia y en Holanda ya está hablando de ello, y en otros países ya hay quienes lo están pensando. La crisis puede inclusive tornar inevitable un nuevo plebiscito en Escocia para decidir sobre su permanencia en Gran Bretaña. Los escoceses quieren permanecer en Europa y votaron  en ese sentido en el referendo de días pasados. Uno de los coletazos del Brexit podría llegar a ser una Escocia independiente y la desaparición de la Gran Bretaña tal como hoy la conocemos.

Para concluir: lo bueno de esta situación es que el debilitamiento de la Unión Europea resta fuerzas al imperialismo norteamericano, del cual aquella es su aliada histórica fundamental. Y esta es una gran noticia para los pueblos del mundo que luchan para librarse del yugo de la dominación imperialista. Sin embargo no se debe olvidar que hoy por hoy el pacto atlantista europeo-norteamericano pasa menos por la UE que por la OTAN.

Esto es así tanto en el terreno doméstico, habida cuenta de la creciente militarización en la represión de la protesta social en Europa; como en el ámbito internacional, donde el saqueo a otros pueblos reposa cada vez más en la eficacia disuasiva de las armas. Fue por eso que el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, se apresuró a tranquilizar a sus socios diciendo que la salida británica de la UE no implicaba abandonar la OTAN, de lejos, la más importante expresión del crimen organizado a nivel mundial. Y en tiempos tan convulsionados como estos para la burguesía imperial eso es lo que cuenta.

Que Londres pegue un portazo y se retire de la UE es un problema, porque ahora la armonización de políticas entre Estados Unidos y Europa se torna más complicada por la división entre el Reino Unido y los demás países europeos, y las heridas que deja este “divorcio no consentido” entre quienes antes formaban parte de una misma institución supranacional. Pero mucho más grave sería que el electorado británico decidiera salirse de la OTAN, lo que obligaría al imperio a repensar y redefinir su estrategia de guerra a espectro completo a escala global. Por ahora no hay peligro de que tal cosa vaya a ocurrir.

Pero el mundo está cambiando muy rápidamente y las sólidas certezas de antaño parecen estar comenzando a volatilizarse.

Fuente del articulo: http://www.atilioboron.com.ar/2016/06/brexit-la-union-europea-y-la-otan.html

Fuente de la imagen:https://1.bp.blogspot.com/-lMKJg1O-SrA/V28UMl_bdoI/AAAAAAAAKMw/V4rUYd2oxhE8QiRkk5sftXobTykJ02LDACLcB/s400/brexit.jpg

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Matar por matar

Por Atilio Borón

En el imaginario colectivo de gran parte del mundo la sociedad norteamericana es la sociedad ideal. Según esa construcción más que ideológica mitológica, una verdadera proeza de la industria cultural de ese país, los Estados Unidos son una sociedad abierta, de intensa movilidad social, pletórica de derechos, igualitaria, amante de la paz, los derechos humanos, la justicia y la democracia. Una sociedad, además, que se ha arrogado una misión supuestamente encomendada por la Providencia para difundir por todo el mundo el mensaje mesiánico y salvífico que redimiría a la humanidad de sus pecados y sus miserias. Pero esa imagen nada tiene que ver con la realidad. Estados Unidos es una sociedad profundamente desigual, en donde el diferencial de ingresos y riquezas entre los más ricos y los más pobres asumió, en el último cuarto de siglo, ribetes escandalosos y jamás vistos en su historia.

Una sociedad que a siglo y medio de la abolición de la esclavitud sigue estigmatizando y persiguiendo a los afroamericanos con una virulencia que, desde que uno de ellos, Barack Obama, asumió la presidencia de la república no hizo sino crecer. Hacía décadas que policías blancos no mataban a tantos negros en las calles de Estados Unidos. Una sociedad que presume de ser democrática cuando los más brillantes intelectuales de ese país no dudan en caracterizarla como una obscena plutocracia.

Pero sobre todo, Estados Unidos es una sociedad enferma, con una proporción de adictos a toda clase de drogas que no tiene parangón a escala mundial y que constituye el gran estímulo para el negocio del narcotráfico; y con una propensión al asesinato indiscriminado de niños en una escuela, de personas en un cine, de afroamericanos que concurren a su iglesia, de gente que acude a un shopping, de estudiantes que concurren a sus clases en la universidad o de gays que van a un bar con sus amigos y que, de repente, entra uno de estos psicópatas armados hasta los dientes y comienza a disparar sin ton ni son, al voleo, matando por matar. Y no son hechos aislados sino rasgos profundos y reiterativos de una patología social. Un reportaje de la BBC indica que en el año 2015 hubo en Estados Unidos 372 balaceras masivas, que mataron un total de 475 personas e hirieron a 1.870.

La de Orlando, el asesinato masivo más importante de la historia norteamericana, agrega 50 más a esa lista ominosa y 53 heridos, algunos de ellos de extrema gravedad. Un problema crónico que se retroalimenta con los crímenes interminables que la Casa Blanca perpetra sin pausa en Medio Oriente y Asia Meridional, lo que despierta en algunos un incontrolable deseo de venganza. Según el New York Times el atacante en bar de Orlando habría llamado al 911 de la Policía poco antes de efectuar su ataque y manifestó su lealtad el Estado Islámico. Testigos aseguran que antes de comenzar a disparar gritó «Alá es grande», aunque hay que tener cuidado con estas informaciones.

Más allá de estas dudas, el matar por matar, o matar para vivir un momento de celebridad, como el cretino que acabó con la vida de John Lennon en Nueva York, o matar a cualquiera para vengar los crímenes de Estados Unidos en su cruzada contra el Islam (como parecería ser la motivación en este caso) se ha convertido en una constante histórica y un síntoma del nivel de locura que prevalece en una sociedad que pretende erigirse como el non plus ultra de nuestro tiempo cuando en realidad es una formación social afectada por una grave patología que, poco a poco, va destruyendo los fundamentos mismos de cualquier convivencia civilizada.

Fuente: http://www.aporrea.org/internacionales/a229433.html.

Imagen tomada de: http://img.yoyopress.com/uploads/pistola1-630×300.jpg

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Asalto al poder en Brasil

michel_temerPor Atilio Boron

Una pandilla de bandidos tomó por asalto la presidencia de Brasil. La integran tres actores principales: por un lado, un elevado número de parlamentarios (recordar que sobre unas dos terceras partes de ellos pesan gravísimas acusaciones de corrupción), la mayoría de los cuales llegó al Congreso por una absurda legislación electoral que permite que un candidato que obtenga apenas unos pocos centenares de votos acceda a una banca gracias a la perversa magia del “cociente electoral”.

Tales eminentes naderías pudieron destituir provisionalmente a quien llegó al Palacio del Planalto con el aval de 54 millones de votos. Segundo, un Poder Judicial igualmente sospechoso por su connivencia con la corruptela generalizada del sistema político y repudiado por amplias franjas de la población del Brasil. Pero es un poder del Estado herméticamente sellado a cualquier clase de contraloría democrática o popular, profundamente oligárquico en su cosmovisión y visceralmente opuesto a cualquier alternativa política que se proponga construir un país más justo e igualitario.

Para colmo, al igual que los legisladores, esos jueces y fiscales han venido siendo entrenados a lo largo de casi dos décadas por sus homólogos estadunidenses en cursos supuestamente técnicos pero que, como es bien sabido, tienen invariablemente un trasfondo político que no requiere de mucho esfuerzo para imaginar sus contornos ideológicos.

El tercer protagonista de esta gigantesca estafa a la soberanía popular son los principales medios de comunicación de Brasil, cuya vocación golpista y ethos profundamente reaccionario son ampliamente conocidos porque han militado desde siempre en contra de cualquier proyecto de cambio en uno de los países más injustos del planeta. Al separar a Dilma Rousseff de su cargo (por un plazo máximo de 180 días, en el cual el Senado deberá decidir por mayoría de dos tercios si la acusación en contra de la mandataria se ratifica o no), el interinato presidencial recayó sobre un oscuro y mediocre político, un ex aliado del PT convertido en conspicuo conspirador y, finalmente, infame traidor: Michel Temer.

El PMDB puede tener con Michel Temer, ex-vicepresidente de Dilma, su tercer presidente de la República, sin el voto ciudadano. El primero fue José Sarney, vice de Tancredo Neves, elegido indirectamente por el Congreso. Itamar Franco, asumió después del proceso de juicio político contra Fernando Collor. Temer, es hoy el ilícito e ilegítimo “presidente interino” luego del golpe contra la Presidente Dilma Rousseff. Desgraciadamente, todo hace suponer que en poco tiempo más el Senado convertirá la suspensión temporal en destitución definitiva de la gobernante, porque en la votación que la apartó de su cargo los conspiradores obtuvieron 55 votos, uno más de los exigidos para destituirla. Y eso será así pese a que, como Rousseff reconoció al ser notificada de la decisión senatorial, pudo haber cometido errores pero jamás crímenes. Su límpido historial en esa materia resplandece cuando se le contrasta con los prontuarios delictivos de sus censores, torvos personajes prefigurados en la Ópera del Malandro, de Chico Buarque, cuando se burlaba del “malandro oficial, el candidato a malandro federal y el malandro con contrato, con corbata y capital”. Ese malandraje hoy gobierna Brasil.

La confabulación de la derecha brasileña contó con el apoyo de Washington –¡imaginen como habría reaccionado la Casa Blanca si algo semejante se hubiera tramado en contra de alguno de sus peones en la región! En su momento Barack Obama envió como embajadora en Brasil a Liliana Ayalde, experta en promover golpes blandos, porque antes de asumir su cargo en Brasilia, en el cual se sigue desempeñando, seguramente que de pura casualidad había sido embajadora en Paraguay, en vísperas del derrocamiento institucional de Fernando Lugo. Pero el imperio no es omnipotente y para viabilizar la conspiración reaccionaria en Brasil suscitó la complicidad de varios gobiernos de la región, como el argentino, que definió el ataque que sus amigos brasileños estaban perpetrando en contra de la democracia como un rutinario ejercicio parlamentario y nada más. En suma, lo ocurrido en Brasil es un durísimo ataque encaminado no sólo a destituir a Rousseff, sino también a derrocar a un partido, el PT, que no pudo ser derrotado en las urnas, y a abrir las puertas para un proceso contra el ex presidente Lula da Silva que impida su postulación en la próxima elección presidencial. En otros términos, el mensaje que los malandros enviaron al pueblo brasileño fue rotundo: ¡no se les vuelva a ocurrir votar por el PT o una fuerza política como el PT!, porque aunque ustedes prevalezcan en las urnas nosotros lo hacemos en el Congreso, la judicatura y en los medios, y nuestro poderío combinado puede mucho más que sus millones de votos.

Grave retroceso para toda América Latina, que se suma al ya experimentado en Argentina y que obliga a repensar qué fue lo que ocurrió, o preguntarnos, en línea con el célebre consejo de Simón Rodríguez, dónde fue que erramos y por qué no inventamos, o inventamos mal. En tiempos oscuros como los que estamos viviendo, guerra frontal contra el gobierno bolivariano en Venezuela, insidiosas campañas de prensa en contra de Morales y Correa, retroceso político en Argentina, conspiración fraudulenta en Brasil. En tiempos como esos, decíamos, lo peor que podría ocurrir sería que rehusáramos efectuar una profunda autocrítica que impidiera recaer en los mismos desaciertos. En el caso de Brasil, uno de ellos, tal vez el más grave, fue la desmovilización del PT y la desarticulación del movimiento popular que comenzó en los primeros tramos del gobierno de Lula y que, años después, dejaría a Rousseff indefensa ante el ataque del malandraje político. El otro, íntimamente vinculado con el anterior, fue creer que se podía cambiar a Brasil sólo desde los despachos oficiales y sin el respaldo activo, consciente y organizado del campo popular. Si las tentativas golpistas ensayadas en Venezuela (2002), Bolivia (2008) y Ecuador (2010) fueron repelidas, fue porque en esos países no se cayó en la ilusión institucionalista que, desgraciadamente, se apoderó del gobierno y del PT desde sus primeros años.

Tercer error: haber desalentado el debate y la crítica al interior del partido y del gobierno, apañando, en cambio, un consignismo facilista que obstruía la visión de los desaciertos e impedía corregirlos antes de que, como se comprobó ahora, el daño fuera irreparable. Por algo Maquiavelo decía que uno de los peores enemigos de la estabilidad de los gobernantes era el nefasto rol de sus consejeros y asesores, siempre dispuestos a adularlos y, por eso mismo, absolutamente incapacitados para alertar de los peligros y acechanzas que aguardaban a lo largo del camino. Ojalá que los traumáticos eventos que se produjeron en Brasil en estos días nos sirvan para aprender estas lecciones.

Tomado de http://www.jornada.unam.mx/2016/05/14/opinion/018a1mun

Fuente de la imagen: http://i1.wp.com/www.conelmazodando.com.ve/wp-content/uploads/2016/05/La-presidenta-de-Brasil-Dilma-Rousseff-izda.-y-su-vicepresidente-Michel-Temer..jpg?resize=480%2C240

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Guía para el “golpe blando”

Por Atilio A. Boron

24.4.2016

Hola, comparto una reflexión, en tono satírico, sobre los «golpes blandos». Espero que les guste.

Washington ha modernizado sus prácticas intervencionistas. La vieja metodología de lanzar a sus carniceros de uniforme y charreteras para acabar con los gobiernos que no eran de su preferencia ha sido declarada obsoleta y, por lo tanto, fue discontinuada. En consonancia con las nuevas teorizaciones de Joseph Nye y sus discípulos ahora la Casa Blanca apuesta por la eficacia del “poder blando”. Los viejos golpes de estado con sus militares de torva mirada y métodos brutales han cedido lugar a formas más sutiles pero no por eso menos eficaces de ejercer la violencia contra sus enemigos. La extensa nómina de líderes de movimientos sociales, campesinos e indígenas; de militantes de base y de periodistas muertos y desaparecidos después de los “golpes blandos” en Honduras (2009) y Paraguay (2012) o como práctica sistemática en países con gobiernos de derecha, como México, Colombia y Perú demuestra con elocuencia que el soft power es apenas otra manera de reprimir a los disconformes. El carnicero abandona su delantal ensangrentado y se viste con un traje de colección para continuar con su faena.

Estados Unidos tiene, como es sabido, muchas agencias de inteligencia. Tan es así y tan secretas son ellas que uno de los debates más tórridos (no álgidos, porque no son fríos sino bien calientes) que alteran los nervios de los burócratas, militares y políticos de Washington es si su número es 16 o 17. Aunque parezca increíble ni ellos parecen saber a ciencia cierta cuantas son. En todo caso, en lo que a los ciudadanos comunes y corrientes nos concierne, las chances de que haya alguna filtración de las agencias de seguridad se multiplican por 16 o 17. Antes había que esperar alguna falla en los dispositivos de seguridad de la CIA; hoy son muchas las que pueden experimentar filtraciones, con lo cual las probabilidadades de acceder a información antaño rigurosamente vigilada se acrecientan significativamente.

La sátira política es casi tan vieja como la política. Allí donde el gobernante o los dominadores oprimían a sus pueblos o acallaban las voces del disenso la sátira era el camino por el cual se abría camino la resistencia y la protesta. En la Grecia clásica las obras  de Aristófanes, comenzando por “Las Nubes”, marcan el glorioso inicio de una larga tradición que llega hasta nuestros días. Maquiavelo y Tomás Moro apelaron también a este artificio para decir y nombrar lo que no podía ser dicho o nombrado. Lo que sigue es una tentativa de transitar por ese mismo camino para entender, con la ayuda del humor, lo que está sucediendo en América Latina.

Días atrás la suerte me sonrió: recibí una comunicación de un hacker que, compadecido ante las persistentes intrusiones en mi cuenta de correo electrónico y en las redes sociales, me hizo llegar una filtración de una de aquellas agencias de inteligencia, pero sin decirme de cual. Se trataba de un breve pero muy didáctico compendio con las instrucciones que uno de los jefes le envió a un agente destacado en algún país de la región para destituir a un gobierno desafecto a Washington, seguramente una feroz dictadura. Su contenido resumía el voluminoso manual operativo (en la jerga de la Comunidad de Inteligencia esto se llama S.O.P., por  standard operating procedures ) con el que esas instituciones instruyen a sus agentes y al cual estos deben ceñirse para cumplir con la misión de sembrar la libertad y la democracia que Dios le encomendó al pueblo de los Estados Unidos. A continuación glosaré sus principales directivas.

Primero -decía el mensaje al agente- no se equivoque. Como por razones de seguridad no lo enviamos directamente a su país “target” sino que lo hacemos circular por varios para confundir a los agentes de la contrainteligencia comunista al llegar asegúrese bien que está en el país correcto y frente al gobierno que tiene que ayudar a derrocar. Si no conoce bien la región podría debilitar a un gobierno amigo de Estados Unidos y eso sería imperdonable para la agencia. Si tal cosa llegara a ocurrir tendría suerte si para castigarlo lo enviasemos a Corea del Norte a seguir los pasos de Kim Jong-un, un “mother fucker” que despacha a quienes le caen mal tirándolos a una jaula repleta de perros hambrientos. Recuerde que nuestros vecinos del sur son muy complicados. Hubo uno que dijo que “en América Latina lo que es no parece, lo que parece no es, y todo es como si lo fuera”. (Nota de AB: el remitente del mensaje ignoraba que quien acuñó esa frase fue el sociólogo y economista brasileño Ruy Mauro Marini). Por eso –sigue el mensaje- tenga cuidado. Desconfíe de los discursos. Los latinos son buenos para discursear. No se asuste si escucha a un jefe o jefa de estado pronunciar un discurso virulentamente antinorteamericano. Es muy probable que sea un buen amigo nuestro que, por debajo de la mesa, esté negociando con Washington alguna prebenda o un acuerdo que precisa ser cubierto por una espesa cortina de altisonantes ataques verbales a nuestro país. Ha habido muchos casos de esos. Y no confíe en los que  se deshacen en elogios a nuestro modo de vida y nuestras instituciones. Si sobreactúan su admiración es porque la DEA les descubrió un chanchullo, están a punto de perder las elecciones o ser derrocados por una revuelta popular y están preparando su dorado exilio en nuestro país.

Para no equivocarse siga estas pocas reglas: fíjese si el gobierno que le fue asignado para destituir se adhirió al ALBA, versión tropical de la Internacional Comunista de Stalin; averigüe como votó en Mar del Plata cuando hundieron el ALCA en el 2005. Si se plegó a la arenga antinorteamericana de Chávez es el enemigo a vencer; si no lo hizo es uno de los nuestros. Otro criterio: fíjese si el gobierno ha desarrollado un programa nuclear. Los latinos son muy vengativos y traicioneros, y lo más probable es que algo aparentemente inocente, concebido supuestamente para usos pacíficos, sea una pantalla para cubrir un acuerdo bélico con países como Irán o Corea del Norte. Por eso: si tiene un programa nuclear usted está en el lugar correcto y póngase a trabajar de inmediato. Si no lo tiene conecte su GPS y recalcule su trayectoria. Otro: vea si ese país lanza o no satélites al espacio exterior. Si lo hace, como lo hizo la Argentina hace poco, su inconfesable finalidad es facilitar a rusos y chinos el monitoreo satelital de los desplazamientos de la Cuarta Flota por el litoral latinoamericano.

Ultimo criterio: abra bien los ojos y vea si hay un número inusual de chinos o rusos en el lugar en que se encuentra. En Latinoamérica hay negros, indios y mestizos, y unos pocos blancos que quieren ser como nosotros, como lo comprobó uno de nuestros asesores: Samuel P. Huntington, de Harvard. Si hay muchos chinos estamos en problemas. Son muy ladinos y arteros, y dan cobertura a sus tropas tras fachadas aparentemente inocentes. Por ejemplo, pequeños supermercados barriales cuya finalidad bélica se oculta contratando paraguayos, bolivianos y peruanos supuestamente encargados de la venta de frutas, hortalizas y carnes. Ingénieselas para penetrar en la trastienda de esas pequeñas fortalezas y seguramente encontrará un impresionante arsenal militar de última generación destinado a abastecer a la base que ya han instalado en el sur de la Argentina.

En Perú la soldadesca china se esconde tras una sospechosa cantidad de “chifas”, restaurantes que ofrecen una comida china barata mezclada con exóticos e indigeribles productos de la gastronomía local. Los chifas parecen inofensivos pero no lo son: toda esa gente, desde los cocineros a los meseros, sacarán a relucir sus armas ni bien Beijing dé la voz de mando para atacrnos. Por eso, ni se le ocurra ir a comer allí. En Lima hay muchos Kentucky Fried Chicken y McDonald’s como para arriesgarse a morir envenenado o apuñalado en caso de que la contrainteligencia de los asiáticos haya detectado sus movimientos. En estos dos países, Argentina y Perú, los chinos aplicaron la metodología insurreccional de un resentido social italiano que aconsejaba destruir nuestras sociedades mediante la estrategia de guerra de posiciones: en la política, la cultura y también en el comercio minorista. Los supermercados o los chifas son la fachada que oculta un plan siniestro de dominación mundial.

 Con los rusos su tarea será más difícil, porque a diferencia de los chinos, que son amarillos, los ruskies son blancos y por afuera se parecen mucho a nosotros. Por adentro no, porque son colectivistas (por eso Lenin y su pandilla pudieron destruir al zarismo que nos había vendido a precio razonable Alaska), borrachines y holgazanes y no creen en la democracia, la libertad  y los derechos humanos. Su única chance para descubrir a los rusos es hacerlos hablar: párelos en las calles, hágase el turista confundido y tome nota de su habla. Recuerde que Rusia es el primer gran enemigo a vencer, por su temible arsenal atómico. Cuando se desintegró la URSS gracias a la valentía de Ronald Reagan que los obligó a batirse en la “guerra de las galaxias” y a Juan Pablo II, que movilizó la religiosidad de los polacos y los convirtió en el ariete que perforó las murallas del Kremlin,  muchos creímos que habíamos derrotado a los rusos definitivamente. Nos equivocamos y como la yerba mala que renace con renovados bríos reaparecieron con más fuerza que antes de la mano de un comunista disfrazado de demócrata pero que hasta lleva el nombre de Lenin. Tenga esto en cuenta. Y una vez liquidados los rusos nos encargaremos de los fucking chinos. Para resumir: si en el país nota que hay demasiados rusos es mala señal y quiere decir que tendremos que extremar nuestros recursos para operar allí. Ponga manos a la obra siguiendo al pie de la letra estas instrucciones.

Segundo: no se deje llevar por sus impulsos mesiánicos, a pesar de la  indignación que le produzca comprobar la malignidad de los planes antinorteamericanos en ese país. Cálmese y repórtese de inmediato a nuestra embajada: allí encontrará una fenomenal base de operaciones: comunicaciones, logística, armas, contactos, informantes, vehículos, disfraces, drogas, todo lo necesario. Pero tenga cuidado al interactuar con los nativos: cuando ellos hablan de “la embajada”, o cuando escuche que la insultan, tenga presente que sólo se refieren a la nuestra y a ninguna otra. A ella le achacan las culpas de todos los males producto de su indolencia e irresponsabilidad. En su insalubre mezcla de envidia y resentimiento, los latinos no conciben otra embajada que no sea la de Estados Unidos. Evo ha elevado la crítica a “la embajada” al rango de un onceavo mandamiento de la ley de Dios, pero no le haga caso. Nuestras embajadas son indispensables para nuestra misión civilizadora. Pese a que la cobardía de Obama nos hizo retirarnos de Irak los boys de la comunidad de inteligencia y los del Pentágono lo obligaron a dejar nuestra embajada en Bagdad, con 15.000 diplomáticos. ¿Diplomáticos? En realidad el 95 por ciento de ellos son militares, mercenarios (no usamos esa palabra cargada de malos recuerdos; los llamamos “asesores”) y agentes de inteligencia como usted. En los tiempos actuales los diplomáticos valen poco o nada, son dinosaurios incapacitados de actuar en un mundo en donde lo único que cuenta es el lenguaje disuasivo de las armas.

Nuestras embajadas tienen como finalidad dar cobertura al ejército de espías, asesores, consultores políticos, neuromarketineros y activistas antigubernamentales, disimulados las más de las veces como “agregados culturales”, en realidad agitadores de la “sociedad civil” y cuya tarea es organizar la oposición. Por eso, apenas el 5 por ciento de los funcionarios que tenemos en “la embajada” son diplomáticos. El resto es gente de acción, como usted, o personal de apoyo para su labor que hablan su lenguaje y con los cuales se entenderá inmediatamente. El eclecticismo y la cobardía de nuestros diplomáticos nos costaron muy caro: perdimos la China a manos de Mao y a buena parte de Europa, por casi medio siglo, después de la Segunda Guerra Mundial. Por eso mismo perdimos Cuba a fines de los cincuenta, y de milagro no se nos fueron Indonesia y las Filipinas. Todo gracias a esos afeminados del Departamento de Estado. Por suerte Trump y la Clinton entienden esto y ya nos aseguraron un refuerzo presupuestario para enfrentar a nuestros enemigos de la única manera posible: con la fuerza.

Tercero, “la embajada” tiene muchos amigos en el país. Échele una miradita a los Wikileaks y verá como aún sin la invitación de nuestros embajadores los admiradores de Estados Unidos se desviven por ir en tropel a “la embajada” para hablar mal de su propio país y sus gobernantes, y para urdir planes sediciosos; o para rogarnos que los invadamos para acabar con la peste populista y comunista. En cada país esa lista es enorme, y puede elegir entre gente muy calificada para pasar a la acción. Acuerde con ellos y comience por lanzar una campaña de rumores. Esto es muy efectivo allá: denuncie la insoportable corrupción del gobierno y hágalo sistemáticamente y sin pausas. Promueva también una campaña denunciando el fraude de la última elección o la incompetencia de sus funcionarios. Colegas suyos están organizando el desabastecimiento de bienes esenciales para provocar el malhumor de la población.

Los latinos adolecen de un cierto fatalismo en relación al tema de la corrupción y dicen que desde 1492 en adelante todos los gobiernos fueron corruptos, salvo unas pocas excepciones (que no eran precisamente nuestros amigos). Pero si insiste con el tema y planea una buena ofensiva mediática con los principales medios de comunicación (que son todos nuestros y los coordinamos desde Washington a través del Grupo de Diarios de América, donde están los grandes baluartes de la libertad de prensa como O Globo, El Mercurio, La Nación, El Tiempo y otros) comprobará que al cabo de un tiempo se producirá una formidable mutación en la opinión pública. Mire lo que logramos en Brasil, donde uno de los principales corruptos del país, procesado y todo, con cuentas ilegales en Suiza alimentadas por el dinero sustraído a Petrobrás, es presidente de la Cámara de Diputados y encabezó la ofensiva para sacarnos de encima a una guerrillera comunista disfrazada de demócrata que desvió fondos públicos para ayudar a la tiranía de los Castro construyéndoles el megapuerto de Mariel.

Este éxito hubiera sido impensable sin la actuación constante de nuestros agentes en Brasil, apoyándose en una red de jueces y fiscales corruptos, políticos corruptos y medios de comunicación corruptos, todos ellos coordinados desde Washington. Si esto le suena mal y no le gusta la palabra “corruptos” acuérdese del filocomunista Franklyn D. Roosevelt -que creó el IRS, Internal Revenue Service, la oficina de impuestos internos para hacer lo mismo que Lenin: expropiar a los propietarios- aunque debemos reconocer que en los asuntos hemisféricos manejó la cosa con mano de hierro. Él hablaba de la “política del buen vecino” pero apoyó a todos nuestros amigos en Centroamérica, especialmente a Anastasio Somoza en Nicaragua. Y cuando algunos blandengues de esos que nunca faltan se lo reprochaban diciendo que cómo apoyaba a Somoza, que era “un hijo de puta” él replicaba diciendo: “sí, pero es nuestro hijo de puta.” Usted siga este luminoso consejo: localice a nuestros hijos de puta de hoy y trabaje codo a codo con ellos. Ningún escrúpulo moral o chicana leguleya debe obstaculizar nuestra lucha por la libertad, la justicia y la democracia.

Cuarto, piense globalmente y actúe localmente. Para lo global (no para pensar, que eso lo hacemos aquí) contáctese con José María Aznar en España y Álvaro Uribe Vélez en Colombia. El español nos prestó un enorme servicio al acompañarnos en la decisión de invadir Irak en el 2003, pese a que algo más del 90 por ciento de los españoles estaba en contra. Bush le preguntó si ese desprecio por la opinión pública podría ser un problema para él y respondió que no, que en España las encuestas tienen un margen de error muy grande, superior al de Estados Unidos, y además a los españoles les encanta que quien ejerce el poder lo haga sin retaceos, que adoran a los caudillos y les gusta la mano dura, que por eso Franco fue tan popular. Por eso se reunió con Bush en las Azores, junto al charlatán de feria Tony Blair, uno de los mentores de la “tercera vía”, y entre los tres se sacaron una foto que dio la vuelta al mundo anunciando la buena nueva: que una coalición internacional de países democráticos invadiría Irak y enviaría al verdugo de Saddam Hussein a la justicia. A diferencia de Aznar, que siguió siendo nuestro fiel amigo hasta el día de hoy y maneja los dineros de la USAID y la NED destinados a Latinoamérica, Blair parece que procesó mal lo de Irak, abandonó la política y tuvo un inesperado quiebre religioso: abandonó la Iglesia Anglicana y buscó refugio y consuelo en la Iglesia Católica. Un agente nuestro “estacionado” en la Biblioteca Vaticana asegura que la razón de la insólita renuncia del Papa Benedicto XVI fue el arrepentimiento del pontífice alemán al haber formalizado el ingreso a la Eclesia del ex premier británico.

Volviendo a lo global, Aznar y su compadre Uribe son maestros consumados en eso de mover fondos de la NED y la CIA e influenciar a la opinión pública internacional. No se deje amedrantar por lo que dicen los National Archives de la George Washington University que el colombiano es uno de los cien mayores narcotraficantes de su país, que colaboró con el Cartel de Medellín, que era muy amigo de su capo, Pablo Escobar Gaviria, y que por eso, desde su banca en el Senado, se opuso a cualquier tipo de tratado de extradición que permitiera enviar a los narcos a nuestro país para someterlos a las leyes y la justicia estadounidenses. Esa información la discontinuamos en 1993 cuando advertimos que era falsa y que la había suministrado un agente cubano infiltrado en la DEA. Poco después comprobamos que la data era irrefutable pero desde arriba se nos dijo que nos olvidáramos del tema y que el hombre podría sernos útil en el futuro. ¡Y vaya si nos fue útil! Estaba predestinado a servirnos: ¡si hasta nació un 4 de Julio! En suma: cuente con ambos, con Aznar y Uribe, para lo que necesite. El español es un poco timorato, aunque rapidísimo para los negocios y para trasladar nuestros dineros de aquí para allá. Uribe, en cambio, es un hombre de acción, y si necesita ayuda tiene un verdadero ejército de combatientes por la libertad dispuestos a todo y que por eso la prensa comunista del continente los difama llamándolos “paracos” o “paramilitares.”  Y en lo que hace a la campaña en los medios avísele a Aznar o Uribe que le pidan a Don  Mario (Vargas Llosa, se entiende) que fulmine al gobierno que hay que tumbar con una de sus habituales filípicas comparando su corruptela y su despotismo con la democracia y la libertad que florece entre nosotros. Sus palabras, y hay que reconocer que el hombre habla lindo, producirá una reacción en cadena de comentarios y acotaciones en los medios, lo que rápidamente será reproducida y su impacto agrandado por toda la prensa libre de las Américas.

Don Mario es un figurón infumable, con un ego de dimensiones descomunales que ni siquiera el Premio Nobel de Literatura alcanzó a aplacar, pero es increíblemente llano y accesible a la hora de criticar a nuestros enemigos. Nomás dígale que tal o cual gobierno es populista o se reconoce como socialista para que el peruano salte al ruedo con toda la furia de su prosa. Tras él entrarán en combate peones menos brillantes, flojos de palabras pero visceralmente nuestros como su hijo Álvaro, Carlos Alberto Montaner y toda la nómina de empleados de nuestro gobierno, que muy generosamente los recompensa por su defensa de las libertades y la democracia. Del dinero no se preocupe: el Congreso aprueba anualmente partidas de varios centenares de millones de dólares que Aznar y Uribe canalizan hacia sus asociados latinos para ayudarles a crear un clima de opinión propicio al “golpe blando.”

Aparte están los dineros que aportan las transnacionales, o sea que aquí lo que sobra es el dinero y lo que falta es voluntad política para deshacernos de esos bribones. El  tono general en esta fase del proceso debe girar en torno a esta consigna: “la comunidad internacional está consternada por los ataques al periodismo independiente y a la oposición democrática.” Si la campaña prende en la opinión pública lance, siempre con sus socios locales, una segunda consigna “exigiendo la liberación de todos los presos políticos.” Entre nos le digo que no los hay porque los presos son algunos de nuestros amigos que por su afán de hacer méritos ante el Tío Sam y figurar como héroes del derrumbe del totalitarismo cometieron crímenes y los muy idiotas lo hicieron a cara descubierta, desoyendo nuestros consejos. Fueron muy estúpidos, pero la verdad es que en las cárceles nos son más útiles.

De todos modos no conviene menear demasiado el asunto de los venezolanos porque si lo que hicieron allá lo hubieran hecho en Estados Unidos –tentativa insurreccional, 43 muertos, centenares de millones de dólares en destrucción de vehículos e instalaciones públicas- ya habrían recibido una inyección letal en una cárcel de máxima seguridad de Alabama. ¡Ah, me olvidaba! Asegúrese que nuestros medios en la televisión saquen a TeleSUR de todas las grillas de las cableras. Nada menos que La Nación de Buenos Aires, uno de los decanos de la prensa seria a nivel mundial, dijo en un memorable editorial que el “modus operandi” de Telesur es “malicioso” y que el problema esencial con esa señal “no es su ideología, sino su rancio primitivismo panfletario para procesar las noticias.” Si lo dice La Nación, que de esto sabe mucho y ha sentado cátedra en materia de procesamiento de noticias, hay que creerle. Esos canallas de TeleSUR ya nos hicieron quedar como unos impostores cuando revelaron lo del relevo de Mel Zelaya, que los de la CNN y los medios amigos (entre ellos La Nación) habían ocultado cuidadosamente; y también con el affaire de Bengasi cuando liquidamos a Gadaffi, porque ellos pusieron en evidencia que no hubo bombardeo alguno de la aviación libia sobre nuestros muchachos en aquella ciudad. Si tiene dudas de cómo hacerlo hable con uno de sus colegas en Buenos Aires. Allá lo convencieron rápido a Macri y ahora las cosas están mucho mejor y los argentinos informados con objetividad e imparcialidad.

Quinto: identifique cuidadosamente a sus peones en la fase final de la campaña. ¡Aléjese de los cuarteles, olvídese de los militares! Recuerde que hace veinte años empezamos a ofrecer cursos de formación en Derechos Humanos y Democracia a jueces y fiscales de todos los países latinoamericanos. ¡Si viera lo bien que nos fue! Nos sacamos de encima a Mel Zelaya con una trapisonda de libro, y tres años después la repetimos con Fernando Lugo, un obispo tan libidinoso y mujeriego que nuestro Bill Clinton y su Mónica Lewinsky quedan reducidos a figuras como la Madre Teresa por comparación al marxista-leninista de sotana. Reclute los jueces y fiscales y también a los políticos en el congreso para organizar el juicio político. La cosa pasa por ahí: búsquenle la vuelta al presi, que algún muerto debe ocultar en su closet, alguna cuentaoffshore debe tener en algún paraíso fiscal, algunos milloncitos habrá fugado del país. La mayoría de los políticos latinos dejarían a Frank Underwood y los guionistas deHouse of Cards como inofensivos niños de pecho.

Busque en los Panamá Papers, pero tenga cuidado porque algunos de los nuestros fueron tan descuidados, para no decir estúpidos, como para dejar sus huellas digitales allí. Ningún latino, pobre o rico, es trigo limpio. No se olvide que son racialmente inferiores y por eso mismo propensos al desorden y al delito. Y cuanto más ricos y poderosos más tentados estarán en acrecentar sus fortunas por cualquier medio. Cuando los capitostes del Poder Judicial se alían con diputados y senadores, habiendo una jugosa recompensa material en el medio (que ya en parte hemos anticipado) los resultados son más devastadores de los que puedan lograr miles de soldados dirigidos por un estado mayor de ladrones incompetentes. Tampoco se olvide que hemos venido entrenando a militares y policías en Derechos Humanos y Democracia. Esta gente sabe muy bien lo que esto significa y arden en deseos de cooperar con nosotros.

No sólo nos fue muy bien en Honduras y Paraguay. Estamos a punto de obtener el premio mayor: Brasil, ¡y sin disparar un solo tiro! Sus colegas en ese país hicieron una obra maestra: sin tener nada concreto, ninguna prueba, nada, sacan del juego a dos castro-comunistas irreductibles como Lula y Dilma. Y los que tenemos en la Argentina la tuvieron todavía más fácil porque nuestros enemigos perdieron el gobierno a manos de uno de nuestros mejores amigos, pero en quién jamás habíamos pensado para la presidencia. El hombre habla muy bien el inglés, cree en la magia de los mercados pero no parece estar preparado para dirigir un país tan exótico como la Argentina, en donde gobernar no es imposible pero es inútil. Para eso se requiere de alguien con un perfil diferente y una dicción comprensible para el vulgo.

Pero Macri consiguió un buen marketinero político y llegó a la Casa Rosada y nos está dando una mano más que necesaria, como la tuvimos en la época de Menem, que nos ayudó a ganar la primera guerra del Golfo. Por eso le dijimos a Obama que ya que iba a Cuba y se desviara un poco y fuera a visitarlo, con suegra y todo. Los maricones del Departamento de Estado trataron de bloquear esta decisión diciendo que ningún presidente de Estados Unidos debe visitar a un gobierno instalado hacía pocos meses. Pero los chicos de la comunidad de inteligencia y del Pentágono les quebramos la mano a aquellos afeminados derrotistas y el presi nos hizo caso. Le dijimos que la Argentina bien valía una misa, que con el temita este de los narcos y los “paracos” Uribe se estaba desprestigiando demasiado y ya no nos servía, y que por eso Macri se había convertido en nuestro principal ariete contra el régimen dictatorial de Maduro. También le dijimos que para ganarse la simpatía de los nativos tenía que bailar un tango y tomar esa horrible y antihigiénica infusión llamada mate que aquellos bárbaros sorben todos de una misma “bombilla” rebosante de gérmenes y bacterias que se pasan unos a otros. La verdad es que los chicos de la comunidad de inteligencia todavía no se ponen de acuerdo sobre si Obama es estadounidense o keniano; o si es cristiano o un  musulmán vergonzante dispuesto a traicionarnos en cualquier momento. Pero es un actorazo, siguió nuestro guión al pie de la letra ¡y los argies quedaron fascinados con él!

Sexto: ya tiene al gobierno enemigo sitiado. Desde Washington la oposición cosechó una interminable secuencia de declaraciones manifestando la “preocupación” de nuestras autoridades y de los politiqueros del Congreso por la gravedad de los problemas que afligen al país y la necesidad de un radical cambio de rumbo. El FMI y el Banco Mundial lanzaron serias advertencias de la profundidad del abismo en que se caería a causa de la obstinación del gobierno en seguir aplicando sus políticas populistas y anti-mercado. La Unión Europea se manifestó en el mismo sentido y envió reiterados mensajes exigiendo redefinir los acuerdos comerciales desechando los residuos estatistas de los acuerdos iniciales. La SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) emitió rotundos comunicados denunciando los múltiples atropellos que sufre el “periodismo independiente” a manos del gobierno. Las federaciones económicas (industriales, agrarias, etcétera) claman al cielo exigiendo una rectificación de las políticas oficiales. Denuncie el carácter ilegítimo del gobierno y su incorregible ineficiencia, paralizado como está por el torrente de ataques procedentes desde el exterior y la creciente belicosidad de sus enemigos internos. Los gobiernos de los países vecinos hacen saber de su preocupación por los acontecimientos y la situación se descontrola por completo. Pero un gobierno, sobre todo un gobierno como el que usted debe ayudar a eliminar, no cae si  no se lo hace caer. Y para eso tiene que ganar la calle.

Repase cuidadosamente los manuales golpistas de Eugene Sharp, uno de nuestros teóricos disfrazado de académico, que codificó las  acciones desestabilizadoras de gobiernos enemigos a las que, burlonamente, bautizó como  “no violencia estratégica”. El bueno de Sharp hizo honor a su apellido y expuso en varios de sus informes para la CIA y la OTAN nada menos que 197 tácticas  “no violentas” con las cuales poner a un gobierno enemigo de rodillas. Entre ellas incluye iniciativas tan pacíficas como “establecer doble soberanía y gobierno paralelo”, acosar y abuchear a funcionarios en la vía pública, desobediencia civil y el boicot sexual y la suspensión de las relaciones sexuales habituales hasta que no caiga el gobierno y, de este modo, promover la militancia rebelde. Recuerde que la lucha contra el comunismo también se libra en la cama, y explote esa muy sensible faceta de nuestra batalla por la libertad.

Cuando todas estas condiciones están presentes la mesa está servida para la remoción del gobernante indeseable. Pero asegúrese que sus comensales tengan el aspecto apropiado. Tiene que crear un clima de derrumbe con multitudes saliendo a la calle a exigir “la salida” del gobierno enemigo. Asegúrese que  muchedumbre no esté formada sólo por nuestros amigos. Es más, dígales que se queden en casa. No sería demasiado creíble si el “tono plebeyo” que debemos darle a la destitución del gobierno (y para que el Congreso y la opinión pública en Estados Unidos aplauda nuestras acciones) fuese personificado por un prolijo y elegante desfile callejero de los ricachones de Barrio Parque y Recoleta en Buenos Aires; Vitacura y Las Condes en Santiago; Leblon e Ipanema en Río de Janeiro; o Villa Mariana en Sao Paulo; Pocitos y Carrasco en Montevideo; San Isidro y Miraflores en Lima o Tecamachalco y Las Lomas en ciudad de México. Es preciso darle calor y color populachero, y eso no se consigue con la gente de esos barrios. Si tiene dudas hable con sus colegas en la Argentina, que allá son expertos en eso.

Haga que nuestros amigos digan que el afán expropiatorio del gobierno no dejará títere con cabeza. Consulte a los de Ecuador, que hicieron un trabajo notable al movilizar al pobrerío ¡en contra de la Ley de Herencia! Fue una obra maestra de nuestros agentes y sus amigos ecuatorianos, que inundaron las calles de desheredados y desposeídos, que nada heredaron y nada pueden heredar, en contra de una ley propuesta por el castro-chavista Rafael Correa que afectaba sólo a los muy ricos del Ecuador. ¡Haga lo mismo! La estocada final contra la tiranía que estamos combatiendo tiene que ser dada por grandes movilizaciones callejeras pero para eso tiene que atraer a las clases medias, siempre propensas a actuar contra gobiernos que la han beneficiado, y al “pobretariado”, como dice el cura comunista Frei Betto.

Para eso es necesario una eficaz campaña de los medios de comunicación -que nuestros enemigos llaman “terrorismo mediático” y la verdad que no se equivocan, sólo que no toman en cuenta nuestras intenciones redentoras- mediante la cual se convenza a esos sectores desposeídos y desinformados que la voracidad del gobierno acabará por expropiarlos de sus miserables propiedades. No es sencillo pero, como lo prueba la experiencia del Ecuador, no es imposible. Una vez que tenga esa gran manifestación populachera en las calles el derrumbe del gobierno será inevitable, sometido a la doble presión de la conspiración judicial-parlamentaria y al descontento callejero de las masas. Una vez caído asegúrese que prosiga la persecución judicial y la campaña de difamaciones en contra de los personeros del anterior gobierno. No sólo hay que derrocarlos sino también mandarlos a la cárcel y humillarlos. Como hicimos con Jacobo Arbenz en la primera experiencia latinoamericana de la CIA, en la Guatemala de 1954, cuando lo hicimos desfilar por el aeropuerto en calzoncillos. Zelaya estaba sobreaviso y por eso siempre dormía con pijama y tenía el sombrero a mano, pero igual lo sacamos de la cama sin darle tiempo a que se vistiera. Como haremos con todos. El mundo libre no espera otra cosa de nosotros.

Fuente del artículo: http://www.atilioboron.com.ar/

Fuente de la imagen: http://www.contrainfo.com/wp-content/uploads/2015/02/golpes_de_estado_en_nuestra_america.jpg

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