Maturana y un nuevo convivir para Chile

Por: Andrés Kogan Valderrama

El reciente fallecimiento de Humberto Maturana Romesín, el pasado 6 de mayo, no solo es la partida de uno de los científicos más importantes del siglo XX, sino quizás una de las figuras sentipensantes más emblemáticas en lo que refiere a crítica del racionalismo moderno.

Sus investigaciones junto a Francisco Varela, en la década de los 70, lo llevó a construir la teoría de la autopoiesis, la cual lo pudo llevar a ganar el premio nobel, al plantear la idea revolucionaria de que los sistemas vivos se producen a sí mismos, dejando en jaque la idea  de objetividad de la ciencia y la autonomía de la razón.

En lo que respecta a su influencia, ha sido crucial su aporte a distintos campos del saber, como son los casos de la educación, comunicación, cibernética, antropología, sociología, psicología y las ciencias de la vida, en donde autores como Niklass Luhmann, Vittorio Guidano, Gregory Bateson y Fritjof Capra, entre muchos otros, han planteado lo fundamental que han sido sus aportes para el desarrollo de un constructivismo radical, cuestionador de las tradicionales dualidades modernas, como lo son objeto-sujeto, cuerpo-mente, razón-emoción, salud-enfermedad, cultura-naturaleza.

De ahí que su mirada siempre haya sido transdisciplinaria, posracionalista y muy crítica de concepciones del mundo reduccionistas provenientes de la ciencia objetivista y de filosofías antropocéntricas. No por nada, su desarrollo de una biología del conocer y del amor en los últimos años que vivió, en estrecha colaboración con Ximena Dávila en el Instituto de Formación Matríztica, buscaba incesantemente situarse desde un paradigma relacional y amoroso, en donde la empatía, el cuidado, la reflexión desapegada de certezas, la confianza y la convivencia democrática fueron sus horizontes hasta el día de su muerte.

Asimismo, es imposible no nombrar a quizás su máximo referente, su propia madre, Olga Romesín, de formación aymara, con quien aprendería que lo más importante en la vida es el colaborar y el compartir en comunidad. Por eso su fuerte crítica al fundamentalismo de grandes ideologías totalizantes, supuestamente liberadoras, que derivarían en la práctica en meras doctrinas que han imposibilitado la reflexión y a un buen convivir.

Es desde ese lugar, que Maturana manifestó siempre su crítica a modelos políticos centrados en la competencia, en la negación del otro, a través del racismo, machismo, clasismo, y de un desapego completo de la Madre Tierra, como si fuéramos los únicos seres vivos, lo cual nos tiene en una crisis climática que está poniendo en riesgo la condiciones mínimas de vida en el planeta.

No es casualidad por tanto, que durante el estallido social de octubre del 2019 en Chile, que derivaría en una histórica revuelta popular en el país y un inédito proceso constituyente, Maturana haya planteado que “El llamado estallido social fue una queja por no ser visto. Porque el Estado no estaba cumpliendo con el compromiso fundamental de ocuparse por el bienestar de toda la comunidad. Y esto tiene que ver con el trasfondo de esta cultura centrada en la competencia” (1).

Esta fue una de las últimas reflexiones que planteó Maturana sobre lo que estaba ocurriendo en Chile antes de morir, la cual sintoniza y se entrelaza completamente con lo que vienen planteando los distintos movimientos sociales en Chile (feminista, indígena, socioambiental, regional, estudiantil), en tanto no solo una crítica al modelo neoliberal y al fundamentalismo de mercado que se impuso en dictadura y se profundizó en los últimos 30 años, sino también en la búsqueda de un nuevo Estado y sociedad, centrado en la colaboración y en la confianza.

Por lo señalado anteriormente, con la elección de constituyentes el 15 y 16 de mayo en Chile, se abre una nueva posibilidad de construir un país distinto, en donde nos pensemos por primera vez el tipo de convivir que queremos tener, sin exclusiones, donde la interculturalidad, sustentabilidad, la diversidad sexual, la equidad de género, el derecho a la diferencia y los buenos vivires, se concreten en un nuevo marco institucional, que permita vincularnos de otra manera.

Han sido décadas de abusos, maltratos y abandono del Estado a sus ciudadanos y al resto de los seres vivos, por lo que tomar en serio las reflexiones de Humberto Maturana Romesín, puede ser un buen aporte para construir un horizonte más democrático.

1: https://www.cnnchile.com/pais/humberto-maturana-democracia-frases-estallido-social_20210506/

Fuente: El autor escribe para OVE

Imagen: https://www.flickr.com/photos/arselectronica/6108753288

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Distopía transhumanista para un mundo pospandemia

Por: Andrés Kogan Valderrama

A propósito del anuncio de una nueva neurotecnología elaborada por la empresa Neuralink llamada Moonshot, luego que se experimentara con un cerdo, implantándole un chip en el cráneo para conectarlo a una computadora y medir así su actividad cerebral, se ha abierto una discusión mundial sobre las posibilidades y peligros sobre este tipo de prácticas para el futuro de la humanidad.

Planteo esto, ya que lo que aspira esta empresa del multimillonario Elon Musk, es generar neurodispositivos que permitan hacer lo mismo con seres humanos, y así llevar a las computadoras nuestros propios pensamientos, sentimientos, emociones y experiencias, para ser descargados en la red por cualquier persona y en todo momento.

Si bien este anuncio de Musk pareciera ser sacado de una película de ciencia ficción, se enmarca dentro del llamado discurso transhumanista, que nace en Estados Unidos en la década de los 80, y que ha sido impulsado tanto por el Foro Económico Mundial, por instituciones como Humanity Plus y personas como Raymond Kurzweill, Nick Bostrom, Max Moore, Vernor Vinge, Natasha Vita- More, James J. Hughes, David Pearce, los cuales pretenden transformar a los homo sapiens en verdaderos metahumanos o cyborgs, a través de la fusión entre humanos y máquinas.

Es decir, construir un mundo en donde el sufrimiento humano y sus límites biológicos dejen de existir para siempre, gracias al desarrollo tecnológico, el cual es fetichizado por todos ellos, al punto de creer en la posibilidad de la inmortalidad de esta nueva especie por crearse en el futuro.

De ahí que piensen, que a través de la inteligencia artificial, nanotecnología, clonación, robótica, ingeniería genética, las distinciones entre los humanos y máquinas o entre la realidad física y virtual serán algo por superar inevitablemente, en pos de un mundo en donde el progreso tecnocientífico sea la única alternativa posible para vivir.

Por ello, que este contexto de pandemia por el Covid-19, sea visto como una oportunidad y no una amenaza para este discurso, ya que el desarrollo de la inteligencia artificial y big data se han usado para elaborar diferentes software y app que han permitido detectar este nuevo virus y estudiar su comportamiento.

Se podrá decir que estas nuevas biotecnologías han aportado a la prevención y diagnóstico del Covid-19, desde un punto de vista médico. No obstante, esto ha ido acompañado de nuevas formas de control político y económico, a través de nuevos algoritmos y chips, producidos por grandes empresas de inteligencia artificial, provenientes de Silicon Valley y de China, como lo son Alphabet, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft, Banjo. DJI, IBM y Alibaba, las cuales están almacenando millones de datos de las personas.

Asimismo, al poner el foco en “vencer al Covid 19”, lo que se hace es invisibilizar las causas estructurales de fondo de las grandes pandemias, las cuales tienen relación con un proceso histórico de colonización al mundo de la vida, exacerbado con la hegemonía de la civilización occidental, la cual desde la revolución industrial en adelante, ha generado condiciones mucho mas favorables para la liberación de patógenos, a través de la desforestación, el tráfico animal, la pérdida de biodiversidad y el desarrollo de la agroindustria intensiva.

En consecuencia, el transhumanismo lo que busca es cumplir el sueño especista, a través de la imposición de una cuarta revolución industrial de carácter informática y neurocientífica, para dejar atrás así al mundo natural del cual pertenecemos junto al resto de los seres vivos e ir más allá de cualquier tipo de limitación biológica existente, evidenciada con el contagio masivo en la pandemia actual.

Frente a todo esto, que el transhumanismo sea una verdadera distopía para un mundo post pandemia, al creer estar por sobre los ecosistemas y por fuera de la Madre Tierra, desde una concepción de la evolución que está convencida en la existencia de un individuo racional, desconectado de la Naturaleza y de la comunidad, y con una inteligencia lógico-matemática infinita por desarrollar.

Además, estas miradas futuristas no se dan cuenta que los seres humanos somos lo que somos, gracias a un proceso de interdependencia con el resto de los seres vivos desde hace miles de años. Se podrá decir que nuestra relación y experiencia con las máquinas es innegable también en los últimos dos siglos, pero no por eso se va caer en reduccionismos y determinismos tecnológicos.

Por eso, que las alternativas al transhumanismo no deban venir tampoco desde un nuevo tecnoprogresismo moderno, que solo crítica los peligros de la mercantilización de la inteligencia artificial y la imposición de un neoliberalismo digital, sin cuestionar las bases racionalistas y antropocéntricas que la sostienen.

En otras palabras, el discurso tecnoprogresista plantea igualmente ideas cerebrocéntricas, como los neuroderechos, por ejemplo, los cuales siguen creyendo de manera cartesiana que la mente está dentro del cerebro y que funcionamos como máquinas.

Desconociendo así, que la mente, como bien plantearon en su momento los neurocientíficos posracionalistas Francisco Varela y Humberto Maturana, no es algo localizable físicamente, sino el resultado inmanente de múltiples relaciones y experiencias de vida en diferentes contextos.

Lo que se trata por tanto, no es solo regular desde los Estados a las nuevas neurotecnologías y dispositivos digitales, sino de interconectar mundos solidarios y sostenibles, que se sitúen desde un horizonte del Buen Vivir y no desde un Vivir Mejor de carácter tecnocapitalista, para dejar atrás así un discurso transhumanista que va dirigido finalmente a una elite económica, política e intelectual, que quiere superar nuestra condición de seres vivos para salvarse de la catástrofe socioambiental.

Fuente: https://rebelion.org/distopia-transhumanista-para-un-mundo-post-pandemia/

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Manifiesto del Movimiento al Buen Vivir Global.

Por: Andrés Kogan Valderrama

El Movimiento al Buen Vivir agrupa y entrelaza a personas, colectivos y movimientos sociales que abrazan o tienen como horizonte el Buen Vivir, como otra vía a las corrientes eurocéntricas y reduccionistas que han dirigido el mundo desde hace 500 años.

El fracaso de todas las concepciones oscurantistas y proyectos contra natura ha llevado a buscar otros caminos, entre ellos, la experiencia acumulada de los pueblos indígenas o milenarios, quienes han estado en este continente por lo menos 20.000 años, los cuales tienen mucho que ofrecer y compartir.

El quiebre y ruptura colonizadora impuesto por la monarquía no logró terminar con los pueblos ancestrales, los que han pervivido y resistido, unos mejor que otros o a diferentes niveles. Desde ahí, nos levantamos en medio de la noche para abrir y expandir la luz, como nos dijeron nuestros abuelos que deberíamos hacerlo después de 500 años. Somos los herederos, continuadores y tejedores de todas estas sabidurías, prácticas y valores; enarbolando el Buen Vivir en las distintas lenguas, formas, y colores de Amaruka o del Abya Yala.

Somos un movimiento plural, cobijado por la diferencia y la diversidad, característica propia de la naturaleza y de la cual es parte el ser humano, y cuyo sentido de existir es el encontrar el equilibrio y la armonía entre sus diferentes lados y posiciones, para evitar caer en cualquier tipo de dogmatismo o fanatismo. La oposición es la constante de la vida humana y natural, la que genera desencuentros, disputas, peleas, y ante ello, la herramienta es la conciliación y el acuerdo basado en el principio de “armonía de complementarios”.

Totalmente diferente al paradigma civilizatorio que busca anular o eliminar al oponente o disímil, posición y actitud que básicamente destruye y que genera continuamente guerra, muerte, destrucción, violencia, dolor. Somos conscientes de que no es fácil vivir en armonía y equilibrio (buen vivir), pero tenemos la perspectiva, las herramientas y los conocimientos para responder desde esta filosofía complementaria, para buscar siempre restablecer la estabilidad y mantener la equidad como las fuentes primordiales de una vida sustentable y simbiótica.

En este sentido, queremos visibilizar, potenciar y consolidar estas ontologías, epistemologías, axiologías y hermenéuticas, para reconstruir nuestras vidas personales y comunitarias. Las cuales nos permitan encontrar otro estilo de vida, a partir de otro modo de entender la realidad, y de establecer otras relaciones a las impuestas por la civilización y particularmente por la plandemia del capitalismo. Entendemos que la civilización surgió como un proyecto para romper con la madre tierra y para controlar a todo lo femenino de la vida. La civilización se separó de la naturaleza y la catalogó de inferior y procedió a objetivarle e instrumentalizarle. Lo mismo hizo con la mujer, la sensibilidad, la afectividad, la sexualidad, las diosas, los pobres de Europa; hasta llegar a hacerlo con los pueblos de otros lares, de otros colores, y de otras cosmovisiones y filosofías, en los últimos 500 años.

Luego de más de 2000 años de ello, en Europa y en todo el mundo se han levantado las mujeres, las diversidades sexuales, las espiritualidades, los pueblos indígenas de todos los colores de la madre tierra, para decir que no queremos más patriarcalismo, machismo, racismo, clasismo, sexismo, homofobia, xenofobia, aporofobia, nacionalismo, curdismo; para ningún ser humano ni pueblo. Como así mismo, no más extractivismo, ecocidio, tortura, agresiones a los demás seres de la madre tierra, que constituyen y hacen posible la vida en este planeta, y a los cuales consideramos nuestros hermanos pues, nos sentimos otro miembro más de la naturaleza y del cosmos sagrado.

No cuestionamos solamente al clasismo, ya que es tan solo una parte de la conflictividad social sino, otra serie de factores fundacionales, estructurales y paradigmáticos, con la denominada civilización o más concretamente con el paradigma homogenista y supremacista. Las diferencias entre los promotores del capitalismo y del socialismo-comunismo son básicamente diferencias de clase pues, ambos comparten los mismos presupuestos conceptuales sobre la realidad, la naturaleza, la ciencia, la cultura, la sociedad. Y nosotros nos desmarcamos de todo ello pues, manejamos otros principios, valores y categorías.

Aspiramos a una descolonización de las corrientes provenientes del eurocentrismo de izquierda, para poder avanzar a cambios profundos en la humanidad y no quedarnos en simples cambios epidérmicos, tal como hemos visto en todos estos años que tan solo han sido puros gatopardismos, esto es, simples cambios de piel para que todo siga igual. Ambas tendencias hegemónicas, básicamente pretenden cambios económicos pero dejan inalteradas las concepciones e instituciones creadas por el reduccionismo y la pandemia civilizatoria.

En Occidente, hay quienes han comprendido que ellos también son presas del colonialismo eurocéntrico, materialista, positivista, racionalista, dogmático; y han levantado los saberes y prácticas de sus ancestros indígenas, poniendo como referente a los “Bienes Comunes”, los que están en la misma onda del Buen Vivir. Y lo mismo está sucediendo en el África (Ubuntu) y en el Asia; es decir, en todo el planeta. Consecuentemente, no se trata de experimentar nuevas aventuras ni de regresar al pasado, sino de aprovechar la vivencia acumulada de los pueblos indígenas de todo el mundo, como asimismo lo positivo de la autodenominada “civilización”.

Entendemos que el axioma derecha-izquierda es un dogma colonial, impuesto al mundo por el monoteísmo político para dividir a los seres humanos, pero al mismo tiempo, sabemos que es una manera bajo la cual la mayoría de seres humanos se manejan actualmente dentro de estos términos y códigos para tomar posiciones dentro del capitalismo. En este sentido, nos ubicamos a la izquierda, sin embargo, somos críticos de la izquierda, especialmente de la izquierda ortodoxa, institucional, electorera, instrumentalista. Y fuera de esta dicotomía hegemónica, nos inscribimos en la “alteridad” a todo el pensamiento único o monárquico o eurocentrado. Por tanto, no abogamos por un cambio civilizatorio sino por una trans-civilización, para salir de todo el modelo antropocéntrico, antropomórfico, geocéntrico, monista, cartesiano, cosificador, que creó el imperio greco-romano y su paradigma centralizado en la razón instrumental.

En este sentido, dejamos claro que el Buen Vivir no es un modelo de desarrollo ni una alternativa al desarrollo, como lo presentaron deformadamente los progresistas. El Buen Vivir es un sistema socio-político-espiritual, que reproduce al sistema de la naturaleza, es decir, de la vida, en una versión y aplicación humana. Tampoco es solo un proyecto cultural, sino que es un paradigma integral aplicable a todos los elementos que hacen la vida social y natural. Queremos construir un mundo vital, recíproco, complementario, correspondiente, mutual, en donde “quepan todos los mundos”, como dicen los zapatistas.

Abogamos por disminuir las desigualdades, pues entendemos que las inequidades son las que generan o son el caldo de cultivo para la explotación, la pobreza, la delincuencia, la enfermedad, el sufrimiento. Nuestra propuesta es reducirla al mínimo posible entre los seres humanos, como de igual manera con los demás seres de la vida. Mientras para la derecha el centro es el capital, para la izquierda es el hombre, para la alteridad es la vida en su conjunto. Por tanto, consideramos que lo comunitario debe estar sobre lo público-estatal y lo privado. Y de esta manera, también salir del binarismo entre el privatismo y el estatismo, poniendo a lo comunitario (cooperativo, asociativo, grupal, colectivo) como otro ente fundamental y primordial sobre la economía y la propiedad. Todo ello dentro de un Estado plurinacional, como la posibilidad de compartir y de convivir entre multiplicidades y heterogeneidades; muy diferente al estado unicista, homogeneizador, piramidalista, represor, que nos gobierna actualmente.

En nuestro movimiento practicamos la biocracia o el consenso y nada se decide o se hace por que gana la mayoría sobre la minoría, como en la democracia. Buscamos el acuerdo, la conciliación, la mediación, la compensación; para salir de toda forma de competencia que es el principio rector del eurocentrismo de derecha e izquierda. Nos interesa más construir el mundo nuevo que destruir el capitalismo. Nos interesa más vivir ya en otro mundo, que dedicarnos más a la toma del poder. Nos gusta más los proyectos colectivos de producción regenerativa y de nuevas formas de vida, que dedicar todo nuestro tiempo a la lucha electoral. Nos preocupa más las acciones de resistencia cotidiana frente al desarrollismo y al neoliberalismo, que poner nuestro empeño en la lucha armada para asaltar el poder, para posteriormente dedicarnos a defenderlo convirtiéndonos en dominadores y autoritarios que buscan retener ese pingue poder político. Por tanto, nos anima más la “rebeldía social” que genera una vida nueva, que las revoluciones armadas y las elecciones democráticas, pero igual, asumimos posiciones frente a estos escenarios que se presentan, apoyando o criticando a los políticos profesionales y a los partidos políticos que son presentados como los únicos entes de dirección pública y social.

De esta manera, no somos otra fuerza más de la izquierda, sino que marcamos encuentros y distancias, abriendo otros caminos que puedan ser posibilidades reales de cambios profundos y no nuevos espejismos que se dan la vuelta en lo mismo. Buscamos dar esperanza a todos quienes no ven en los partidos políticos mecanismos de cambio, para generar otros procesos desde la alteridad y alejados de las prácticas conocidas y fracasadas. En última instancia, lo que hacemos es sistematizar las experiencias de rebeldía de distintos pueblos en el mundo, para ofrecer guías y luces a quienes todavía no pueden ver que hay algo más allá de lo que nos ofrece el pensamiento hegemónico y supremacista.

Si tú como nosotros, sientes el llamado de la Madre Tierra de aflorar toda la potencia y locura creativa para juntos construir el mundo que queremos para nuestros hijos. Si tú como nosotros, sientes la urgencia de tomar acción para construir un mundo de cuidado a todas las formas de vida. Si tu como nosotros, está cansado de la pandemia del capitalismo súmate al buen vivir.

Página web: https://buenvivir.global/

Escríbenos: elbuenvivir@riseup.net

Miembros fundadores:

Isabel Álvarez (Argentina)

Marcelo Fernández (Argentina)

Jorge Parra (Argentina)

Fernando Fava (Argentina)

Janete Schubert (Brasil)

Tercio Jacques (Brasil)

Vilmar Alves Pereira (Brasil)

Nicolas Van Caloen (Canadá)

Carlos del Valle (Chile)

Andrés Kogan Valderrama (Chile)

Carlo Zarallo (Chile)

Aura Isabel Mora (Colombia)

Carlos Duque (Colombia)

Omar F. Giraldo (Colombia)

Alexandra Ríos (Colombia)

Alix Amado (Colombia)

Pablo Dávalos (Ecuador)

Diego Velasco (Ecuador)

Alfredo Pérez B. (Ecuador)

Silvia García (Ecuador)

Marco Andrade (Ecuador)

Atawallpa Oviedo Freire (Ecuador)

Fabián Espinosa (Ecuador)

María Fernanda Andrade (Ecuador)

Patricia Mendieta (Ecuador)

Julio Lojano (Ecuador)

Pablo Yépez (Ecuador)

Arturo Alvarez (México)

Samuel Cielo (México)

Cricia Ochoa (Perú)

Francisco León (Perú)

Emiliano Terán Montavani (Venezuela)

Andrés Kogan Valderrama. Sociólogo. Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable. Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea. Doctorando en Estudios Sociales de América Latina. Integrante de Comité Científico de Revista Iberoamérica Social. Director del Observatorio Plurinacional de Aguas www.oplas.org. Miembro del Movimiento al Buen Vivir Global https://buenvivir.global/

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Fotografía: Rebelión.

Fuente e Imagen: https://insurgenciamagisterial.com/manifiesto-del-movimiento-al-buen-vivir-global/

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La violencia prohibicionista contra las mujeres

Por: Andrés Kogan Valderrama

Día a día somos testigos de noticias referentes a mujeres asociadas a delitos relacionados con drogas. Bajo estos delitos, se encuentra una problemática de grandes proporciones, marcada por los estigmas y las brechas ocasionadas por el impacto de la desigualdad de género y machismo que se reproduce en el mundo de las drogas, en la cual las políticas antidrogas no hacen más que perpetuar una realidad donde las mujeres son las más perjudicadas.

Según el documento “Mujeres, políticas de drogas y encarcelamiento”, elaborado por la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) de la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) y el Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas (IDPC), el número de mujeres encarceladas ha aumentado entre el 2000 y el 2015 un 51, 6%, mientras que en los hombres ha aumentado un 20% (1).

Con respecto a mujeres encarceladas por delitos relacionados con drogas, las cifras son alarmantes en países como Costa Rica (75,46%), Argentina (65%), Brasil (60,63%), Perú (60,6%) y Chile (57,2%), lo que evidencia cómo la violencia patriarcal se reproduce también dentro del sistema penitenciario.

Una violencia patriarcal con respecto a las drogas, que comenzó  con el período prohibicionista, al comienzo del siglo XX en Estados Unidos, a través de políticas punitivas sobre distintas sustancias desde los diferentes Estados, las cuales sirvieron para estigmatizar y perseguir a distintos grupos de personas. Uno de esos grupos fue el de las mujeres, las cuales al ser inferiorizadas históricamente, han tenido que sufrir la violencia policial y de organizaciones criminales, quienes han usado la amenaza y el terror como medios para imponerse al otro.

Es por ello que las mujeres han pasado a ser un botín de guerra o una propiedad para grandes carteles de drogas, en donde sus líderes han buscado mostrar su hombría a través del uso de los cuerpos de las mujeres como recurso disponible.

Asimismo, las mujeres han sido puestas por esas mismas organizaciones criminales, en roles inferiores (como el de transporte de drogas), exponiéndolas a riesgos y consecuencias dramáticas, que van desde el abuso, violación, encarcelamiento y la propia muerte.

En consecuencia, la llamada guerra contra las drogas, ha generado que millones de mujeres sean víctimas de un proceso de disputa por el control territorial, entre grandes traficantes y brigadas antinarcóticos, que al centrarse en las drogas, han descuidado completamente la vida de las mujeres.

Por otra parte, las mujeres consumidoras de drogas, han tenido que soportar grandes estigmas. La idea machista de que las mujeres por naturaleza no debieran asumir riesgos y que son los hombres por tanto quienes debieran hacerlo, ha hecho que las consumidoras sean mucho más castigadas, discriminadas y aisladas de la sociedad.

Es por eso, que en el momento de buscar tratamiento por uso problemático de drogas, las mujeres sientan más culpa y vergüenza que los hombres, ante el rol reproductivo y doméstico que se las ha impuesto por siglos, en donde el ser madres y serviles al hombre se volvió una obligación.

No es casualidad por tanto, que las mujeres tiendan a consumir más drogas legales que ilegales, ya que se presupone, desde el discurso patriarcal, que las mujeres son por esencia más obedientes y menos rebeldes.

Por todo lo señalado, la violencia prohibicionista existente, de más de 100 años de historia, se traduce en una violencia encubierta contra las mujeres.

(1) Descarga el informe: https://www.oas.org/es/cim/docs/womendrugsincarceration-es.pdf

Fuente: https://rebelion.org/la-violencia-prohibicionista-contra-las-mujeres/

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Las bases neolíticas, coloniales e industriales de las grandes epidemias

Por: Andrés Kogan Valderrama

La aparición de este Covid-19, se sostiene históricamente tanto por la Revolución Neolítica, la Conquista de Abya Yala como por la Revolución Industrial, ya que todas ellas comparten un creciente desapego con la Naturaleza, lo que ha generado, entre otras cosas, la liberación de nuevos patógenos y la pérdida de vida de humanos y no humanos. Es por esto, que esta nueva emergencia sociosanitaria (civilizatoria) nos abre la posibilidad de sentar las bases para una nueva transición socioaecológica, que sea una alternativa frente a la aparición de un nuevo Estado Sanitario, centrado en una delirante guerra antropocéntrica contra estos nuevos virus.

Es así como con la aparición de la agricultura y la ganadería con las primeras grandes civilizaciones antiguas (Mesopotamia, Egipto, China, Grecia, Roma), marcará un quiebre profundo en cómo los seres humanos se vincularán con la Tierra en el futuro a nivel global, al pasar de sistemas de vida nómades a sedentarios, en donde se producirán los primeros incrementos demográficos, los cuales generarán las condiciones óptimas para la aparición de nuevas epidemias.

Si bien durante el periodo paleolítico anterior, marcado por sistemas de vida de subsistencia (cazadores-recolectores), existían enfermedades infecciosas también, la aparición de grandes ciudades y la densidad poblacional generó hacinamiento entre las personas propiciando el contagio. Esto a diferencia del periodo paleolítico anterior, en donde los humanos al conformarse por pequeños grupos y estar en constante desplazamiento, las infecciones no se propagaban.

No es casualidad por tanto que las nuevas epidemias masivas hayan coincidido con la aparición de una nueva forma de ser y de vivir de los seres humanos en estas grandes civilizaciones, de corte antropocéntrico y patriarcal, que supondrá una separación cada vez mayor con el resto de los seres vivos pero también entre hombres y mujeres, dejando a la Naturaleza como algo externo a una Cultura masculinizada. Un especismo androcéntrico que sentará las bases de lo que hoy conocemos como Antropoceno y que nos tiene en medio de una emergencia sociosanitaria.

Es así como la llamada domesticación hacia otros animales y otros grupos naturalizados, como las mujeres por ejemplo, no hizo otra cosa que intentar controlar los ciclos de la Naturaleza, lo que trajo consigo una explotación acumulativa de esta, llevando a nuevas fuentes de infección y liberación de patógenos. De ahí que la llamada zoonosis, fue el resultado de una convivencia jerárquica entre humanos y el resto de los animales, cada vez más desconectada de los territorios.

Es por esto que la aparición de las primeras grandes epidemias (peste de Atenas, peste de Agrigento, peste de Siracusa, peste de Egina), tengan relación con un proceso de desapego de las nuevas ciudades a los ciclos vitales, a través de la construcción de grandes Estados los cuales a través de la apropiación de grandes extensiones de territorios profundizaron el hacinamiento y la desigualdad entre las personas, siendo la peste negra (1347-1351) un momento crítico para la sobrevivencia de lo que hoy conocemos como Europa.

Asimismo, la aparición de las grandes pandemias modernas como tal, fueron el resultado de la formación de un nuevo sistema mundo moderno-capitalista y del predomino de una civilización particular (occidental), la cual solo pudo instaurar su hegemonía a nivel mundial luego de la Conquista de Abya Yala y la imposición de un sistema de vida en donde el centro de la vida estuvo puesto en la explotación y acumulación de mercancías, a partir de un uso extractivista de la tierra y del resto de los animales.

Un proceso de colonización en la región, el cual estuvo marcado no solo por el asesinato de personas a través de la esclavitud y las guerras, sino por llevar patógenos y enfermedades a los distintos pueblos, alterando así sus equilibrios ecosistémicos y sanitarios. Es así como desde la llegada de Cristóbal Colón, quien junto al resto de su tripulación cayeran enfermos de gripe, se iniciará un proceso en las denominadas Antillas (1492-1518), que dejará vivos a 15.600 personas de 3.770.000.

Desde ahí en adelante, que las guerras junto a la aparición de virus como la viruela, el sarampión y otros, le quitara la vida a 55 millones de personas en toda Abya Yala, dejando a solo 6 millones de sobrevivientes, lo que puede verse como una verdadera conquista militar y viral de parte de las distintas monarquías e imperios de occidente, quienes se beneficiaron enormemente de este etnocidio producido para la extracción de minerales y fortalecer así sus economías de acumulación mercantil.

No obstante, será con la denominada Revolución Industrial desde el siglo XVIII, heredera de la Revolución Neolítica y de la Conquista de Abya Yala, que la liberación de patógenos y la crisis sanitaria llegará a su punto más alto, como consecuencia de una transformación económica, científica y tecnológica, sostenida filosóficamente por el racionalismo y mecanicismo, que llevará al extremo la separación entre cultura y naturaleza, en donde occidente (Norte de Europa y Estados Unidos) dejarán atrás una economía rural, dando paso a un modo de producción y sistema de vida urbano, generando una verdadera explosión demográfica sin precedentes.

Un proceso que irá acompañado de cada vez mayor sobreexplotación de los bienes comunes de países y regiones más empobrecidos y no industrializados, como lo son África y América Latina, en donde la desforestación, el monocultivo y la ampliación de la frontera agropecuaria para producir carne, serán la forma de sostener en términos alimentarios a las economías centrales, descuidando completamente las consecuencias socioambientales, en donde la liberación de nuevos patógenos serán uno de ellos.

Consecuencias socioambientales que han traído grandes pandemias modernas, como lo fue la primera entre 1816- 1826 en la India, China y el Mar Caspio, la cual marcará una pauta a las siguientes, como lo fueron, entre muchas otras, la denominada gripe española (1918-1919), la gripe asiática (1957), la gripe de Hong Kong (1968), la gripe rusa (1977), la gripe aviar (2003), la gripe porcina (2009-2010) y esta nueva Covid-19, la cual tiene a los gobernantes y a las elites en el mundo sin saber muy bien qué hacer ante su enorme capacidad de contagio.

En definitiva, la aparición de este Covid-19, se sostiene históricamente tanto por la Revolución Neolítica, la Conquista de Abya Yala como por la Revolución Industrial, ya que todas ellas comparten un creciente desapego con la Naturaleza, lo que ha generado, entre otras cosas, la liberación de nuevos patógenos y la pérdida de vida de humanos y no humanos. Es por esto, que esta nueva emergencia sociosanitaria (civilizatoria) nos abre la posibilidad de sentar las bases para una nueva transición socioecológica, que sea una alternativa frente a la aparición de un nuevo Estado Sanitario, centrado en una delirante guerra antropocéntrica contra estos nuevos virus.

Fuente e imagen: https://iberoamericasocial.com/las-bases-neoliticas-coloniales-e-industriales-de-las-grandes-epidemias/

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Ecomasculinidades alternativas al patriarcado extractivista

Por: Andrés Kogan Valderrama

A propósito de una nueva conmemoración del día internacional de la mujer trabajadora, el 8 de marzo, se intentará realizar un repaso de como se ha construido una masculinidad hegemónica en todo el planeta, la cual ha sido heredera de un sistema patriarcal, nacido en Mesopotamia hace 10.000 años, que con la irrupción del capitalismo histórico ha colonizado globalmente la sexualidad humana y la manera cómo nos relacionamos con los territorios.

Es así como distintas investigadoras feministas han situado al periodo neolítico como el comienzo de un sistema patriarcal, que construyó una idea binaria de género (hombre-mujer), la cual ha sostenido por siglos unos roles específicos, que responden a la aparición de la agricultura y ganadería, que revolucionó completamente el modo como convivimos en el planeta, ya que al buscar controlar los ciclos, nos comenzamos a separar cada vez más de él. Esto a diferencia del periodo paleolítico anterior, en donde los seres humanos al ser nómades, nos relacionábamos de manera más dinámica e interdependiente con los ecosistemas.

No es casualidad entonces, que a partir de estos roles de género construidos con la aparición de la agricultura y ganadería, la mujer haya quedado reducida a una idea de naturaleza dominable, mientras que el hombre a una idea de cultura dominante, en donde la violencia física y sexual fueron las primeras formas de sometimiento hacia las mujeres. Es por esto que la prostitución aparece en aquel período de tiempo, ya que necesitó de una ontología binaria para sostenerse y justificarse históricamente. En consecuencia, el androcentrismo y el antropocentrismo aparecieron juntos en el periodo neolítico.

Es desde ahí en adelante, que el cuerpo de la mujer pasó a ser considerado un lugar en donde el hombre podía controlar y apropiárselo, así como con la naturaleza a través de la agricultura, pero también domesticarlo, como lo ha hecho con la ganadería, animalizando de esa manera lo femenino. Es decir, el cuerpo de la mujer pasó a ser un recurso natural a poseer y para satisfacer las necesidades de un hombre que poco a poco se fue apropiando de lo común.

A su vez, a partir de ahí se fue constituyendo una masculinidad hegemónica, la cual con el racionalismo griego, se fortaleció con la aparición de un nuevo binarismo, razón-emoción, heredero de la separación cultura-naturaleza, en donde el hombre tendría el privilegio de razonar, mientras que la mujer no. En otras palabras, el hombre pasó a tener el monopolio de la reflexión y la posibilidad de discusión en el ámbito público, en donde se tomaban las decisiones de la polis, siendo un espacio privilegiado solo para ellos.

Posteriormente, con la aparición de las grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islamismo), la mujer pasó a inferiorizarse desde un punto de vista teológico, en donde Dios tomó la forma masculina hegemónica, así como también sus propios profetas (Moisés, Juan el Bautista y Mahoma). De ahí que por ejemplo con la formación de la cristiandad, se termina por reforzar más aún el sistema patriarcal, a través de un relato bíblico en donde la dicotomía alma-cuerpo volvió a profundizar la lógica binaria proveniente de Mesopotamia y Grecia.

No obstante, no sería hasta la invención de América en 1492, que el patriarcado se globaliza definitivamente, al insertarse en un nuevo sistema mundo moderno colonial capitalista, en donde los procesos de racialización y mercantilización del cuerpo de la mujer fueron claves para inferiorizar a millones de mujeres negras, indígenas, despojando a millones de ellas de sus territorios. Esto luego de la denominada caza de brujas, que significó también un genocidio intraeuropeo a miles de mujeres.

Es así como el patriarcado junto al extractivismo van entrelazados, ya que el cuerpo de la mujer es visto de la misma forma que los bosques, montañas, ríos, mares, al ser todo parte de la naturaleza, por lo que al hombre le da derecho conquistar y explotar sin ningún tipo de límite alguno, en nombre de categorías históricamente androcéntricas y eurocéntricas, como lo son el progreso, el desarrollo, la democracia, la revolución, etc.

Unas categorías que han colonizado incluso a muchos feminismos, los cuales siguen poniendo al movimiento feminista europeo como el más avanzado en la lucha contra el patriarcado, siendo que existen muchos otros tipos de feminismo invisibilizados, provenientes desde el sur global, los cuales entrelazan el patriarcado con el racismo y el antropocentrismo.

No es casualidad entonces que desde estos feminismos coloniales, se sostenga la idea del 8 de marzo como día internacional de la mujer a nivel universal, siendo que si bien responde a una experiencia trágica de muerte de 140 mujeres trabajadoras calcinadas en una fábrica textil en Estados Unidos, deja de lado otras experiencias de lucha fuera de occidente.

Ante este escenario, que los feminismos territoriales, ya sea decoloniales, poscoloniales, anticoloniales, anarquistas, comunitarios, ecológicos, tienen mucho que decir al respecto, al plantear todos ellos una defensa de los cuerpos-territorios. Es el caso de grandes pensadoras y luchadoras como Vandana Shiva, Silvia Rivera Cusicanqui, María Lugones, Silvia Federici, Rita Segato, Yuderkys Espinoza, Donna Haraway, Raquel Gutiérrez, Marisol de la Cadena, Isabelle Stengers, María Galindo, Adriana Guzmán, Alicia Moncada, Esther Pineda, Maristella Svampa, Máxima Acuña, Berta Cáceres, Francia Márquez, Yayo Herrero, Esperanza Martínez y tantas otras que han cuestionado el impacto del extractivismo no solo en los ecosistemas sino en los propios cuerpos de las mujeres, frente al patriarcado minero, patriarcado forestal, patriarcado petrolero, patriarcado energético, etc.

Sin embargo, estos feminismos territoriales no han ido acompañados mayormente de planteamientos críticos desde lo que podría llamarse como masculinidades alternativas, las cuales si bien en los últimos 20 años han tenido un fuerte desarrollo en todo el mundo, en tanto crítica a la construcción de una masculinidad hegemónica, dentro de un sistema hetero-patriarcal, no han cuestionado su relación con el antropocentrismo. En consecuencia, pareciera que en el campo de los estudios sobre masculinidades, se han quedado situados mayormente desde miradas de carácter eurocéntricas, las cuales no han permitido entrelazar la construcción del género con la construcción de la naturaleza.

En otras palabras, su crítica a una masculinidad hegemónica, en donde al hombre se le asocia con características como la agresividad, racionalidad, independencia, protección, éxito, virilidad, liderazgo, compañerismo, entretención, en desmedro de una idea de mujer emocional, frívola, manipuladora, sumisa, tierna, empática, intuitiva, sensible, aburrida, no ha ido acompañada con un cuestionamiento a otros procesos cosificantes, como lo son el antropocentrismo y el racismo, los cuales se vienen generando desde hace siglos también. Por consiguiente, el faloceno no se puede entender de manera separada a procesos cómo el antropoceno y capitaloceno, ya que todos ellos se sostienen de manera articulada.

En definitiva, se hace necesario generar eco-masculinidades alternativas que no solo cuestionen la violencia del género existente, sino también a un proceso patriarcal extractivista en curso No por nada las principales defensoras de los territorios son en la actualidad mujeres y no hombres, muchas de ellas asesinadas, por lo que la despatriarcalización en estos tiempos más que una opción se vuelve una necesidad para preservar la vida entre todas y todos.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=265381

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