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Salvar la educación para salvar al país

Por: Antonio Pérez Esclarin.

 

El gobierno ha sido muy exitoso en destruir las dos palancas para el progreso de los pueblos: el trabajo y la educación. El autodenominado Presidente Obrero ha logrado el milagro de que ningún trabajador pueda vivir hoy con su salario, entre ellos los educadores de todos los niveles, que hemos sido condenados a llevar una vida de miseria e indigencia. De este modo, el gobierno ha logrado imponer esa mentalidad perversa de que no merece la pena estudiar o trabajar, pues no son puertas para el ascenso social.

De ahí que escuelas, liceos y universidades, no sólo se están quedando sin profesores que abandonan en masa la educación en busca de un trabajo o un lugar donde puedan vivir dignamente, sino también se están quedando sin alumnos, que no le ven sentido a estudiar y esforzarse pues bachaqueando cualquier producto pueden ganar un sueldo muchas veces superior al de sus profesores. ¡Y para qué estudiar una carrera de cinco años si con unos cursitos de unas pocas horas y voceando la fidelidad al Psuv me van a permitir trabajar como Maestro!

El regreso a clases está siendo muy difícil no sólo para los maestros sino para los alumnos y sus familias. Aterra enterarse de los precios; ya no sólo de los uniformes, zapatos y libros, sino de cosas tan elementales como un sacapuntas, un lápiz o un cuaderno. Y a las legítimas protestas, se responde con golpes. ¡Pobre país que manda a sus colectivos a golpear a las maestras!

Pero no podemos abandonar la educación si queremos que el país resurja de sus cenizas. Es urgente que todos colaboremos en su salvación, condición para lograr un país próspero y en paz.

Estamos en la sociedad del conocimiento, y a nivel mundial, hay un consenso generalizado de que la educación es el medio fundamental para combatir la violencia, construir ciudadanía y lograr un desarrollo sustentable. Por ello, si bien es cierto que el nuevo año escolar se presenta lleno de problemas y dificultades, los genuinos educadores no podemos permitir que los problemas nos agobien, nos desanimen y nos derroten. Necesitamos todos sacudirnos el pesimismo y los miedos, convertirnos en personas corajudas, valientes, resilientes, creativas, capaces de asumir con entusiasmo nuestra misión de educadores y entender y vivir nuestro trabajo como un medio fundamental para producir vida abundante para todos, empezando por nosotros que debemos exigir un salario y unas condiciones de vida coherentes con la importancia de nuestra labor.

Son tiempos para cultivar la pedagogía de la esperanza comprometida y del amor hecho servicio. La decisión de los que hemos optado por quedarnos no puede convertirse en un acto de resignación y de lamentaciones, sino que tiene que ser una actitud decidida que se traduzca en trabajar por derrotar la resignación y el miedo, y afianzar la resiliencia, el compromiso y la solidaridad.

Para la reconstrucción de Venezuela, los educadores somos más necesarios e importantes que los economistas, los políticos y los militares. Por ello, si bien la crisis del país ha originado el colapso de la educación, debemos trabajar con firmeza por salvarla y trabajar con dedicación y entrega por una educación de calidad para todos que ponga los cimientos para una Venezuela próspera, productiva y en paz. Eso va a exigir educadores de calidad, dispuestos a dar lo mejor de sí mismos, que, a pesar de los problemas, asumen su trabajo con entusiasmo, responsabilidad y creatividad.

Fuente del artículo: https://diariodelosandes.com/site/salvar-la-educacion-para-salvar-al-pais/

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La Educación Popular en tiempos de neoliberalismo y populismos autoritarios y corruptos ¿Hacia una nueva refundación?

Por: Antonio Pérez Esclarín

Me pregunto si en los nuevos contextos que estamos viviendo, de triunfo hegemónico del neoliberalismo y surgimiento de los populismos autoritarios que en América Latina olvidaron la ética más elemental y han sido devorados por la corrupción y el afán de mantenerse a toda costa y a cualquier precio en el poder, llegando incluso a asumir conductas dictatoriales y muy represivas, no deberíamos emprender de nuevo un profundo proceso crítico y autocrítico pues muchas de estas experiencias pretendidamente populares y progresistas, asumieron el discurso de la Educación Popular, discurso que quedó en eso, en mero discurso, pues las prácticas emprendidas han ido con frecuencia en dirección radicalmente distinta. Por ello, la fidelidad a los oprimidos nos obliga a apearnos de nuestros presupuestos y esquemas mentales, a una profunda autocrítica, para ser capaces de interpretar al mundo tal cual es, en sus dimensiones macro y micro, objetivas y subjetivas, y en sus interrelaciones.

La corrupción y la impunidad son dos caras de la misma moneda, y un factor que acentúa la crisis de representatividad. El sistema político que sostiene la dominación está sustentado en la corrupción, que ha permeado los diferentes niveles del aparato del Estado, volviendo a sus agentes en fundamentalistas del statu quo y en rehenes de sus estafas.

Por ello, pienso que, de nuevo, hay que enfatizar la dimensión ética y pedagógica sobre la dimensión política que se ha ido vaciando de auténtico sentido. De ahí la necesidad de recomponer el campo de lo político en el cual operamos. No solo tenemos que afirmar lo educativo: también tenemos que iniciar un proceso de relectura de la manera como entendimos lo político en el pasado, y la manera cómo en diversas oportunidades acompañamos la política de izquierda como aquella política coherente con el proyecto de transformación hacia el que apunta la E.P.; sin darnos cuenta, en diferentes ocasiones, que muchos de los comportamientos de estas izquierdas, y algunas de sus acciones, fueron en contravía de lo que se planteaba a nivel del discurso.

En esa mirada voluntarista de la intencionalidad política, abandonamos el deber ser de la E.P.: solo nos importaba saber que se buscaba el cambio social y que se enfrentaba al estado capitalista; los medios no importaban mucho. El pensar lo metodológico nos alertó sobre los medios, pero nunca fuimos capaces de ir más allá de esa crítica. Quizás la reflexión de futuro sobre el poder que buscamos construir -y del cual cada vez son más excluidas las personas, los grupos y las instituciones del campo popular-, nos permita decir con más precisión cuáles son esos componentes básicos a partir de los cuales hoy podemos hablar de mantenernos en un horizonte de transformación social; un horizonte dotado de una ética de cambio en donde estén incluidos los sectores populares con los cuales trabajamos y donde la opción no siga siendo únicamente la de los ilustrados.

Esto significa repensar las nuevas formas de hacer política que requiere que los educadores populares pensemos con rigor cómo realmente exigir y construir una radicalización de la democracia como condición de futuro para los sectores populares. Esto va a exigir un esfuerzo sistemático para desterrar de nuestras relaciones personales, y en la vida de nuestras organizaciones, los enquistamientos autoritarios, burocráticos, las prácticas machistas, todas las formas de discriminación de la diversidad ideológica, étnica, sexual, religiosa.

Si bien debemos repensar las nuevas formas de hacer política, es también urgente y necesario que repensemos y analicemos nuestras prácticas pedagógicas. La pedagogía de la Educación Popular es una pedagogía del diálogo y no del discurso monolítico; de la pregunta y no de las respuestas preestablecidas. Es una pedagogía de lo grupal y de lo solidario, frente a las que reproducen el individualismo y la competencia. Es una pedagogía de la libertad frente a las que refuerzan la alienación; de la democracia y no del autoritarismo; de la esperanza, frente a las que afirman el fatalismo histórico. Es una pedagogía que acepta el diálogo con los saberes provenientes de las diversas ciencias sociales y de los distintos pensamientos que promueven la liberación, como la Teología de la Liberación, los feminismos, la ecología, y el pensamiento proveniente de la resistencia indígena, negra y popular. Es una pedagogía del placer, frente a las que escinden el deseo de la razón. Es una pedagogía de la sensibilidad, de la ternura, frente a las que enseñan la agresividad y la ley del más fuerte, como camino para la integración en el capitalismo salvaje. Es una pedagogía que incorpora los sentimientos, las intuiciones, las vivencias, involucrando en el proceso de conocimiento al conjunto del cuerpo. Apela por ello, como parte del proceso de aprendizaje, al arte, al juego, al psicodrama, y al contacto directo con experiencias prácticas producidas en la vida social.

En definitiva, la Educación Popular seguirá teniendo hoy vigencia y sentido si reivindica, entre otros, los siguientes principios: la necesidad de cultivar la esperanza comprometida en la transformación de las estructuras injustas y del ejercicio autoritario del poder en las relaciones macro, meso y micro; esperanza que se convierte en denuncia y anuncio creativo de propuestas diferentes, modelos diferentes, relaciones diferentes; la necesidad de recuperar la ética y la solidaridad militantes, que exigen una gran coherencia entre proclamas y prácticas, pues más que de ser un revolucionario profesional, se trata de ser un revolucionario en la profesión; el estudio crítico de la realidad local, nacional y mundial, frente a la pretensión de imponer un pensamiento único; la necesidad de leer críticamente la avalancha de una información sin límite e improcesable, en su mayoría creada y recreada por los centros hegemónicos, junto al derrumbe de las certezas absolutas, y el surgimiento de la era de la postverdad, donde ya no interesa la verdad, sino la manipulación de los sentimientos y las conciencias, que ha llevado a un surgimiento de los populismos autoritarios de derecha y de izquierda; el fomento de la crítica y la autocrítica para reconocer excesos, limitaciones e incoherencias; y la necesidad de una humildad a toda prueba, alejada por completo de las posturas dogmáticas, que respeta y valora la diversidad de propuestas y experiencias y busca la articulación de todos aquellos que no aceptan este mundo y afirman que otro «Mundo es posible y necesario», como lo vienen afirmando los participantes del Foro Social Mundial, que desde el año 2000 aglutina cantidad de grupos y movimientos que buscan la transformación de este mundo inhumano.

Fuente: https://www.aporrea.org/educacion/a271279.html

 

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Aula de Papel: Educación productiva

Antonio Pérez Esclarín 

Sustituir la cultura rentista por una cultura de la productividad y el emprendimiento, va a suponer profundos cambios en la actual educación que enseña a reproducir más que a producir; a responder, repetir y copiar  más que a preguntar, innovar y crear. Hay que pasar del aprender repitiendo al aprender creando. La escuela actual, raíz y fruto de una sociedad rentista y subsidiada, debe dar paso a una escuela productiva, germen de una sociedad de productores y emprendedores.

Detrás de cada milagro económico de países que lograron  superar la miseria, aparece siempre un pueblo que tomó  en serio su capacitación y formación e hizo del trabajo responsable y bien remunerado el medio fundamental para levantar el país. En Venezuela necesitamos con urgencia una educación que siembre el valor del trabajo, de las cosas bien hechas, de la responsabilidad, de la productividad. Pero no se trata de señalar la importancia del trabajo o proclamar la necesidad de producir. Ni es suficiente poner unos talleres o conucos escolares y pensar que con eso está resuelto el problema. Es algo mucho más complejo y difícil. Se trata de entender que toda actividad educativa debe ser una actividad productiva, lo que va a suponer asumir el trabajo como un valor fundamental y optar por una pedagogía activa, del hacer, y por unos determinados valores como puntualidad,  esfuerzo, creatividad, participación, innovación, responsabilidad, búsqueda de la excelencia en todo. No es cuestión de decirle al alumno que sea curioso, creativo, trabajador, servicial…, o hacerle recitar las características de la curiosidad, la creatividad o el servicio; sino de insertar esos valores en la práctica educativa, de modo que se vivan en la cotidianidad. Si queremos alumnos curiosos, críticos, creativos, trabajadores, emprendedores…, la labor educativa tiene que ejercerse en un ambiente que promueva la curiosidad, la criticidad, la creatividad, el trabajo, el emprendimiento… De ahí que el énfasis tiene que ser no sólo educar para el trabajo, sino educar en y para el trabajo, en y para la productividad, en y para el emprendimiento. De nada sirve predicar la creatividad con una pedagogía penetrada por la rutina, la repetición, las copias. No es congruente proclamar la criticidad con una pedagogía que impone el pensamiento y favorece las respuestas iguales. No sirve alabar el trabajo y luego perder el tiempo, suspender clases por cualquier motivo, o dedicarse a actividades rutinarias e improductivas. Sólo se aprende a trabajar, trabajando, y a producir produciendo.

Una educación en y para el trabajo y la productividad debe enseñar a aprovechar bien el tiempo, a buscar calidad en los productos, a valorar al trabajo y al trabajador, y despreciar a los parásitos que viven sin trabajar, es decir, que viven del trabajo de los demás. Debe premiar a los productores eficientes y combatir la mentalidad limosnera que espera que  se lo regalen todo sin poner como contraparte el esfuerzo y el trabajo. Cuánta falta nos hace tomar en serio el clamor de Simón Rodríguez: “Yo no pido que me den, sino que me ocupen; que me den trabajo. Si estuviera enfermo, pediría ayuda. Sano y fuerte debo trabajar. Sólo permitiré que me carguen a hombros cuando me lleven a enterrar”.

Fuente del articulo: https://diariodelosandes.com/site/aula-papel-educacion-productiva.html

Fuente de la imagen: http://www.elauladepapeloxford.com/wp-content/uploads/20

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Superar la pedagogía de la pobreza

ANTONIO PÉREZ ESCLARÍN

El gran desafío de la educación venezolana es aumentar la calidad, de modo que proporcionemos a todos los alumnos las competencias esenciales, productivas y ciudadanas, para que se incorporen activamente en la sociedad y puedan exigir y ejercer sus derechos esenciales. El derecho a la educación va más allá del acceso, ya que exige que ésta sea de calidad y logre que todas las personas desarrollen al máximo sus talentos y capacidades, y adquieran el hambre de aprender. Lamentablemente, los supuestos avances en la cobertura y la dotación de libros y canaimas no han sido acompañados de un mejoramiento de la calidad de la educación, especialmente la que se ofrece a los estudiantes más vulnerables, por lo que su admisión a la educación no ha supuesto necesariamente acceso a un conocimiento que les permita participar en igualdad de condiciones en la actual sociedad del conocimiento, acceder al mundo laboral y ser ciudadanos de pleno derecho. En consecuencia, el principal desafío en Venezuela es avanzar hacia una mayor igualdad en la calidad, que garantice a todos los aprendizajes esenciales.

Calidad para todos exige superar la “pedagogía de la pobreza”, es decir, pensar que para los pobres basta con un currículo poco exigente, y egresar alumnos  sin las competencias necesarias para seguir aprendiendo o ejercer una profesión adecuadamente. Se trata de nivelar hacia arriba, y no solo de retener en el sistema educativo y egresar a los estudiantes a costa de una menor calidad de los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Esto significa, entre otras cosas, velar porque los procesos de promoción no se transformen en un desincentivo para el desempeño docente. Hay que revisar muy profundamente las actuales políticas de evaluación y prosecución,  pues se trata de que los alumnos aprendan lo que tienen que aprender y no meramente que vayan pasando de un grado a otro. Si los alumnos saben que, hagan lo que hagan, van en definitiva a pasar, ¿para qué esforzarse en estudiar? Pareciera que estamos olvidando que estudiar y aprender suponen esfuerzo, dedicación, responsabilidad.
Un ambiente agradable 
Para mejorar la calidad hay que trabajar para que los alumnos se sientan a gusto y bien atendidos en su escuela, de modo que aprendan de manera óptima lo que necesitarán para su vida. Necesitan, pues, una escuela en la que se viva en un ambiente agradable pero exigente, en el que los docentes y directivos garanticen un bienestar colectivo, en un clima de respeto mutuo, de gran tolerancia ante lo diverso y de cero tolerancia ante la agresividad y la violencia. La calidad va a exigir, sobre todo, trabajar para lograr maestros y profesores con vocación de servicio, orgullosos de su profesión, con expectativaspositivas de sí mismos y de cadauno de sus alumnos, motivados y que disfrutan enseñando, en formación permanente, ya no para engordar currículos, sino para desempeñar mejor su labor y servir con mayor eficacia a los alumnos, sobre todo a los más carentes y necesitados. Todas las investigaciones coinciden en que la variable más importante para una educación de calidad es contar con directivos y docentes de calidad.

La calidad exige también  que la necesaria dotación esté al servicio de la pedagogía, pues la experiencia demuestra que no es suficiente la dotación de recursos (incluyendo los textos y las computadoras) o proporcionar alimentación a los alumnos sin una transformación de la pedagogía y una reorientación de las actividades y tiempos escolares.

pesclarin@gmail.com

@pesclarin

www.antonioperezesclarin

Fuente: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/superar-pedagogia-pobreza_678791

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Educación crítica

Por: Antonio Pérez Esclarín

En los inicios de un nuevo año escolar, quiero insistir en la imperiosa necesidad de una educación crítica. Frente a la creciente colonización de las mentes y la tentación de uniformar a la población e imponer un pensamiento único; frente a la proliferación de autoritarismos que no toleran las ideas diferentes, y el surgimiento de dogmatismos y absolutismos, que pretenden aparecer como los únicos dueños de la verdad; la educación debe orientarse a formar personas críticas, capaces de pensar con su cabeza, de pensar el país y el mundo  para poder contribuir a transformarlos. Según Paulo Freire, “la función principal de la educación es formar  personas libres y autónomas, capaces de analizar la realidad que les rodea, y transformarla mediante su participación libre y responsable”.

Educar requiere hoy, más que nunca, formar hombres y mujeres pensantes y reflexivos, con cabezas bien formadas que no se dejen arrastrar por órdenes, slogans o propagandas, para ser capaces de enfrentar las tormentas económicas, sociales, éticas y políticas que nos castigan sin misericordia. Hoy no es suficiente enseñar a conocer: hay que enseñar a razonar y argumentar. Por ello, necesitamos una  educación que promueva el análisis crítico de la realidad que vivimos y capacite para reconstruir y reinventar a Venezuela.

Crítica que debe ser, primero que nada, autocrítica permanente como medio esencial para cambiar, para transformarse y superarse. Autocrítica como medio para alcanzar la autonomía intelectual y moral. Nadie supera sus debilidades si no comienza por reconocerlas. En palabras de Pascal, “la grandeza de un hombre consiste en reconocer su propia pequeñez”. Autocrítica para aceptar y superar las limitaciones e incoherencias, que lleve a un testimonio coherente, valor esencial en estos tiempos de tanta retórica y palabrería, de tanta mentira, de tanto relativismo ético y doble moral, de tanto juzgar y culpar al otro sin ver las propias carencias, incoherencias  y contradicciones.

Ciudadanos  comprometidos
Venezuela necesita de ciudadanos  comprometidos con caminos de cambio, críticos y autocríticos, que hablan lo que creen, viven lo que proclaman, testimonian el compromiso con el país nuevo que pretenden. Esta actitud de crítica, autocrítica y búsqueda de coherencia, supone, entre otros, el valor de la humildad, para aceptar como igual al otro diferente, para considerar la diversidad como riqueza, para reconocer que uno no es el dueño de la verdad.

Por ello, hoy más que nunca, necesitamos educadores, que estimulen la pregunta, que promuevan el análisis crítico de programas, discursos, propagandas, propuestas y hechos; de las actitudes autoritarias, dogmáticas, o vacías de significado. La pregunta y la duda, más que la respuesta, constituyen lo medular en los procesos educativos. Tener preguntas es querer saber algo, manifestar hambre de aprender. En consecuencia, la educación más que enseñar a responder preguntas, debe enseñar a preguntar respuestas. Es lo que repetía Simón Rodríguez: “Enseñen a los niños a ser preguntones, para que pidiendo el porqué de lo que se les manda hacer, se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos”. También resultan iluminadoras las palabras de ese poeta y maestro cubano, José Martí: “Como la libertad vive del respeto y la razón se nutre de lo contrario, edúquese a los jóvenes en la viril y salvadora práctica de decir sin miedo lo que piensan y oír sin ira ni mala sospecha lo que piensan otros”.

Fuente: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/educacion-critica_674110

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La Formación docente en Fe y Alegría (Parte II/III)

Formar docentes que enseñen a ser

Toda propuesta formativa debe pretender en primer lugar construir la identidad de educador. La mayoría de los docentes ejercen su profesión como meros dadores de clases y programas, sin haber tenido la oportunidad de asomarse a las honduras de lo que significa educar. La propia sociedad, si bien en ciertas oportunidades y celebraciones, se monta en la retórica para hablar del maestro como apóstol y forjador de futuro, considera la profesión docente entre las menos atractivas y valoradas y trata a los docentes como ciudadanos de segunda categoría. La mayoría de los propios docentes tienen de sí mismos una muy baja percepción y eligieron su profesión porque se les cerraron las puertas de otras que consideraban más atractivas y gratificantes. De ahí la necesidad de trabajar con los docentes la construcción de su identidad como personas y como educadores.

Ser maestro, educador, es algo más complejo, sublime e importante que enseñar biología, lectoescritura, electricidad o historia. Educar es alumbrar personas autónomas, libres y solidarias, dar la mano, ofrecer los propios ojos para que otros puedan mirar la realidad sin miedo. El quehacer del educador es misión y no simplemente profesión. Implica no sólo dedicar horas, sino dedicar alma. Exige no sólo ocupación, sino vocación.

Cuentan que una vez entró un niño en el taller de un escultor. Por un largo rato estuvo disfrutando ante la cantidad de cosas asombrosas del taller, herramientas, bocetos, pedazos de escultura desechados…, pero lo que más le impresionó fue un enorme bloque de piedra en el centro del taller. Era una piedra tosca, llena de magulladuras, desigual, traída en un penoso recorrido desde la lejana sierra. El niño estuvo acariciando con sus ojos la enorme piedra, y al rato, se fue. Volvió al taller el niño a los pocos meses, y vio sorprendido que, en el lugar de la enorme piedra, se erguía un hermosísimo caballo que parecía quererse liberar de la fijeza de la estatua para ponerse a galopar. El niño se dirigió al escultor y le dijo: «¿cómo sabías tú que dentro de esa piedra se escondía ese caballo?»

Educar viene del latín, educere, que significa sacar de adentro. Es educador quien no ve en cada alumno la piedra tosca y desigual que ven los demás, sino la obra de arte que se oculta adentro y entiende su misión como el que ayuda a limar las asperezas, a curar las magulladuras, el que contribuye a que aflore el ser maravilloso que todos llevamos en potencia.

La educación implica una tarea de liberación y de responsabilización.

El educador tiene una irrenunciable misión de partero de la personalidad. Es alguien que entiende y asume la trascendencia de su misión, consciente de que no se agota en impartir conocimientos o propiciar el desarrollo de habilidades y destrezas, sino que se dirige a formar personas, a enseñar a vivir con autenticidad, es decir, con sentido y con proyecto, con valores definidos, con realidades, incógnitas y esperanzas. La vocación docente reclama, por consiguiente, algo más importante que títulos,cursos, diplomas, conocimientos y técnicas. Presupone una madurez honda, coherencia de vida y de palabra. Esta coherencia es imposible sin un cuestionamiento permanente del propio proyecto de vida y de los valores que lo sustentan.

Sólo quien reconoce sus limitaciones,sus propias contradicciones, sus carencias, y las acepta como propuestas de superación, de crecimiento, es decir, de formación, será capaz de recibir amor y podrá darlo, será capaz de aprender y por ello de educar. El que cree que lo sabe todo, el que se coloca con autosuficiencia frente al alumno, el que piensa que no necesita de los demás, será incapaz de establecer una verdadera relación comunicativa, será incapaz de entender la necesidad de su propia educación, será por ello, incapaz de educar.La personalidad del docente, su manera radical de ser y de estar en el mundo y con los demás, las palabras que hace y no tanto las palabras que dice, son el elemento clave de la relación educativa. Como ya dijimos antes, uno explica lo que sabe o cree saber, pero uno enseña lo que es. Si eres generoso, estás enseñando y promoviendo la generosidad. Si eres inquieto, preocupado, ávido de saber, transmites ganas de aprender. Si eres superficial y vano, comunicas trivialidad. Si vives amargado y te la pasas quejándote, enseñas desconfianza, amargura, pesimismo.

Evidentemente, que si un docente es capaz de captar la trascendencia de su misión, y se percibe ya no como un mero dador de objetivos y rutinas, como alguien que ayuda a pasar exámenes y avanzar de un curso a otro, sino como un educador que ilumina caminos, fragua voluntades, recuperará su autoestima y se entregará a vivir apasionadamente su profesión y su misión.

  1. Cf. Peter Drucker (1994), La Sociedad Postcapitalista
  1. George, S. (1992), «La dette se paie en nature», Le Monde Diplomatique, París, Junio. En Miguel Soler Roca, «Una Esperanza de futuro», Cuadernos de Pedagogía, N° 249, Julio Agosto, 1996.
  1. Boff, Leonardo (1995), «¿El Cristianismo ayuda a la humanidad a salir bien del S. XX?». Fe y Política, N° 10.
  1. Miguel Soler Roca (1996), «Una Esperanza de futuro», Cuadernos de Pedagogía, N° 249.
  1. Cf. Antonio PérezEsclarín (1995), «El Docente necesario», Movimiento Pedagógico, N° 7.
  1. Citado por Fernando Alvarez Uría (1995), «Escuela y Subjetividad», Cuadernos de Pedagogía, N° 242.
  1. Cf. «La importancia de las preguntas» (1996), Cuadernos de Pedagogía, N° 243.
  1. Cf. Marco Raúl Mejía (1995), Escuela en el Fin de Siglo. Cinep, Bogotá.
  1. Cf. Antonio Leal (1995), «La política en el fin de siglo. Democracia y derechos de ciudadanía». La Piragua, N° 10.
  1. Cf. Diego Palma (1993), «La construcción de Prometeo. Educación para una democracia latinoamericana». Tarea, CEAAL, Santiago.
  1. Cf. Carlos Calvo (1993), «¿Crisis de la Educación o crisis de la Escuela?», en Jorge Osorio y Luis Weinstein (de), El corazón del Arco Iris, CEAAL, Santiago.
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Contenidos educativos y libros de texto

La configuración de los contenidos educativos, tanto en el Estado como en las administraciones, tiene que ver con la diversidad de los libros de texto

Por ANTONIO MONTERO ALCAIDE

Revisar la naturaleza de los contenidos educativos, conocer las distintas formas o características de los libros de texto e, incluso, debatir sobre la gratuidad de los mismos darían argumento para el análisis, pero será cuestión de aplicarlo, sin perder ese marco, a la diversidad de libros de texto, para una misma área o materia, en función de los contenidos que establecen las distintas administraciones educativas en España.

¿Qué son y cómo se establecen los contenidos educativos que incluyen los libros de texto? Puesto que el Pacto de Estado Social y Político por la Educación -al que parece haberse conferido naturaleza jurídica mediante un real decreto-ley de medidas urgentes para la ampliación del calendario de implantación de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce, 2013)- todavía no ha dado forma a acuerdos o documentos que adelanten la revisión o los cambios en el sistema educativo, tras la publicación de esa última ley orgánica que lo regula, deben tenerse por contenidos el conjunto de «conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes que contribuyen al logro de los objetivos de cada enseñanza y etapa educativa y a la adquisición de competencias». Así lo establece la Lomce al determinar, con el currículo, «la regulación de los elementos que determinan los procesos de enseñanza y aprendizaje para cada una de las enseñanzas» del sistema educativo.

Una primera consideración, por tanto, es apreciable: conciernen a los contenidos no solo los conocimientos, sino asimismo las habilidades, destrezas y actitudes. De modo que los libros de texto, como recurso didáctico generalmente utilizado en los centros, han de tratar estas últimas en parecida forma que a los conocimientos. Sobre todo, mediante la adecuación de las actividades y de las tareas didácticas que proponen. Todavía más si, como se afirma, los contenidos han de contribuir al logro de las competencias y estas tienen que ver con «las capacidades para aplicar de forma integrada los contenidos propios de cada enseñanza y etapa educativa, con el fin de lograr la realización adecuada de actividades y la resolución eficaz de problemas complejos». Y no debe obviarse la referencia a otro elemento destacado del currículo, los estándares de aprendizaje, ya que «concretan lo que el estudiante debe saber, comprender y saber hacer en cada asignatura».

El currículo básico, del que forman parte los contenidos, se establece en función del tipo de asignaturas y corresponde al Gobierno determinar tales contenidos del bloque de las asignaturas troncales, mientras que las administraciones educativas lo hacen en el caso de las asignaturas específicas y de las de libre configuración autonómica, circunstancia que puede explicar, entre otras, la razón de la diversidad de los contenidos en estas últimas asignaturas. Como, asimismo, otro aspecto de la elaboración de los contenidos relacionados con las asignaturas troncales: el Gobierno sólo los establece para el último curso -o, en su caso, el único- en que se imparte un área o materia, por lo que las administraciones educativas distribuyen de diferente modo los contenidos en los distintos cursos de las etapas.

Esta configuración del currículo de las áreas o materias modifica la anterior naturaleza de las «enseñanzas mínimas» -referidas, entre otros aspectos del currículo, a los contenidos- que para cada uno de los cursos de las etapas establecía el Gobierno, si bien, cabía a las administraciones educativas determinar los contenidos de las enseñanzas en su ámbito de competencia, incluyendo los fijados en las enseñanzas mínimas. Luego, razones hay para llegar a la diversidad de los libros de texto de una misma área o materia a partir del desarrollo del currículo adoptado por las distintas administraciones educativas.

Si esta es una causa principal -y al Pacto podría ocupar la definición de conocimientos básicos imprescindibles, sostenidos por su propia naturaleza en el acuerdo y el consenso-, otra debe apuntarse también: los desajustes del currículo de las enseñanzas que establecen las administraciones educativas, mucho más allá de la competencia de complementar los contenidos de las asignaturas troncales formulados por el Gobierno. En tal sentido, conviene recordar que la Alta Inspección educativa, en el ejercicio de las funciones atribuidas al Estado, tiene la competencia de «comprobar la inclusión de los aspectos básicos del currículo dentro de los currículos respectivos y que estos se cursan de acuerdo con el ordenamiento estatal correspondiente».

Contenidos educativos y libros de texto, por tanto, a la vez necesitados de las que debieran ser bondades -escepticismo aparte- del Pacto.

Fuente: http://www.diariodesevilla.es/opinion/tribuna/Contenidos-educativos-libros-texto_0_1173782977.html

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