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En un año la pandemia desnudó la crisis capitalista y las desigualdades

Por: Aram Aharonian 

Ya ha transcurrido un año desde el comienzo de la crisis y, lamentablemente, todavía no tenemos un plan de acción mundial. Hace ya un año que vivimos en una pandemia, que colocó en el centro todo aquello que hasta entonces estaba en la periferia y visibilizó el vínculo umbilical entre la crisis capitalista y la socioecológica, los supuestos modelos de desarrollo y la salud, dejando a la intemperie las enormes desigualdades sociales entre personas y entre países.

La pandemia del COVID-19 es incomparable con otras: sabemos que cambiará el mundo, pero no tenemos certezas cómo ni hacia dónde. En esta pandemia de incertidumbres, famosos filósofos como Slavoj Zizek, Byung-Chul Han o Giorgio Agamben arriesgaron predicciones que variaban entre el fin del capitalismo, variopintas teorías conspirativas y futuros sombríos de más aislamiento e individualismo.

Todas estas predicciones tienen algo en común: carecen de evidencias. Seguramente no haya un modelo único de sociedad para después de la peste y, entonces, lo que harían falta son pensamientos serios y fundados con perspectiva histórica y social. Porque no cabe duda de que el mundo será muy distinto y los problemas fundamentales serán el desempleo, el hambre y la necesidad de alimentar a millones y millones en todo el orbe.

Pero sin ideas ni imaginación responsable y rigurosa es imposible pensar soluciones progresistas que permitan construir sociedades más equitativas y mejor preparadas para combatir no solo epidemias sino otros problemas, con especial atención a los más necesitados y urgidos en un mundo instalado en la derecha y con fuertes tendencias irracionalistas y autoritarias, con destellos xenófobos y discriminatorios..

En lo que respecta a nuestra América Lapobre, la debacle económica amenaza con terminar de hundir los avances conseguidos y también el futuro de una región que ha perdido los caminos de la integración y unidad, más que necesarias en épocas de crisis económica, social, sanitaria, ambiental, máxime cuando dos técnicos del Fondo Monetario Internacional presagian el apocalipsis para mediados del año próximo.

Entonces,  cuando los gobiernos piensan que lo peor ya ha pasado, tras una campaña exhaustiva de vacunas y paquetes billonarios de reactivación económica, el mundo, de repente, se enciende: hay batallas campales en cientos de ciudades, y los edificios en llamas se proyectan en millones de pantallas de televisión. Los gobiernos caen en elecciones tumultuosas, señalan Philip Barrett y Sophia Chen,  en su informe Las repercusiones sociales de las pandemias (enero del 2021).

Allí señalan que una pandemia “pone de manifiesto las fracturas ya existentes en la sociedad: la falta de protección social, la desconfianza en las instituciones, la percepción de incompetencia o corrupción de los gobiernos”. Lo dice el FMI: Amén

Pandemia de obviedades

La pandemia nos ha llenado de obviedades. La primera lección que debemos aprender es que debemos invertir más en nuestros sistemas de salud pública, sobre todo después del escándalo de los negociados de las trasnacionales farmacéuticas  y el acaparamiento de las vacunas por los países más ricos, que parecen no tener en su vocabulario la palabra solidaridad o creen que ésta sólo se trata de un sindicato polaco anticomunista.

La segunda, es que aunque todos los seres humanos somos huéspedes potenciales del virus, éste no es democrático en dos aspectos fundamentales, ya que supone un mayor riesgo para algunas personas y  sus impactos económicos no se sentirán por igual en todas las partes del mundo, recayendo sobre todo sobre los países en desarrollo.

La crisis ha demostrado el grave peligro que supone el ocaso del multilateralismo y la desunión mundial. Se han perdido muchas vidas debido a la incapacidad de los líderes mundiales -y de cada país- para trabajar juntos. Quedó al desnudo lo fracturado que está el sistema internacional y reveló lo peligrosa que es esta situación.

¿Será que la naturaleza está poniendo a prueba nuestro sistema de respuesta global para ver cómo podríamos manejar algo mucho peor en el futuro?, se preguntan algunos románticos. La forma en que hemos manejado la pandemia nos quita esperanza de que estemos capacitados, de que podamos manejar algo un poco más complicado como el cambio climático o el aumento de la influencia de la inteligencia artificial.

Los optimistas esperan que la pandemia haya servido como campana de atención para la humanidad. Hay un nacionalismo mal entendido y difundido: el nacionalismo significa cuidar a tus compatriotas; no odiar a los extranjeros. Si todos los países cooperaran existe la posibilidad de que la covid-19 sea la última gran pandemia de la historia. Si…

En el centro de la pandemia

América Latina, que suma apenas un ocho por ciento de la población mundial, se convirtió en el epicentro de la pandemia, con más muertes en el mundo. Y, paralelamente se fue produciendo una relegitimación o retoro a un Estado fuerte, pese a gobiernos neoliberales. Este retorno demuestra también –y paralelamente- un repliegue hacia agendas nacionales y no regionales o multilaterales.

El Covid-19 provocará el cierre de 2,7 millones de empresas en América Latina y el Caribe, y la pérdida de unos 8,5 millones de puestos de trabajo, advirtió la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). La pandemia magnificó los problemas estructurales que arrastraba la región y el choque del distanciamiento y cierre de actividades se comió siete años de avances regionales en materia de desarrollo social.

El regreso a las clases presenciales de escolares y liceales en varias de nuestras capitales estuvo tensionado por muchísimas dudas y una única certeza: nada es igual que antes. Las formas de convivir entre niños, familias y docentes se redefinen día a día, y cambian de escuela en escuela. ¿Cómo se aprende y se enseña cuando el futuro a corto plazo no ofrece garantías? Problemas edilicios, malabares pedagógicos, reencuentros, expectativas y nuevas formas de vincularse a la distancia

En general, ante la pandemia, nuestros Estados apostaron a intervenir a través de políticas públicas sanitarias, económicas y sociales, pero la pandemia desnudó las limitaciones estructurales y coyunturales. El covid-19 puso en el centro los debates sobre las urgencias de una transición económica, ecológica y social, que trascendió de los planteos de activistas e intelectuales –incluso algunos de ellos elaborados años atrás- a la agenda pública.

Y las reuniones por internet promovieron debates y manifiestos de científicos, intelectuales y académicos, que abarcaban desde el cambio climático y una agenda verde, hasta una renta básica universal y la condonación de la deuda externa de los países pobres.

Desde la academia se insiste en que la pandemia generó cambios importantes en la conciencia colectiva en América Latina y la expansión de un ambientalismo popular en varios países. Pero lo cierto es que el virus acentuó aún más las desigualdades sociales y territoriales existentes y dejó un cóctel explosivo, con ingredientes como el hacinamiento y la falta de acceso a la salud, la insuficiencia de la estructura sanitaria, el desempleo,  la informalidad, la brecha de género, la pobreza creciente.

Este año de pandemia nos ha llenado de metáforas y conceptos con los que tratamos  de catalogarla,  pero siempre conservado el lenguaje político de la metáfora bélica, la alusión a la guerra contra el virus, que sirvió para ocultar y desdibujar las causas estructurales de la crisis, apuntando sólo a los síntomas, con lo que se esperaba lograr la cohesión social frente al daño, ante un enemigo invisible y desconocido.

Mientras seguimos con el barbijo puesto y el temor (¿o terror?) en nuestros corazones, la pandemia marcó un repliegue generalizado a las agendas nacionales, relegando o poniendo en discusión el valor del  multilateralismo y los liderazgos mundiales, debido a la realidad comprobada de la falta de estrategias cooperativas e internacionalistas.

En el último año, en plena emergencia, la paralización de las actividades económicas se tradujo en una reducción de 7% de la emisión de gases de efecto invernadero, a pesar de que el neoextractivismo no cesó sino que se aceleró como apuesta de los gobiernos a la exportación agrícola y minera en busca de divisas que apuntalaran una reactivación económica en esta etapa que algún publicista vende como “la nueva normalidad”.

La crisis produjo estallidos sociales en varios países de la región, pero no cayó ningún gobierno. Los que pagaron los desastres de sus gobiernos fueron los ministros de salud, cargo que se convirtió como el más inestable desde la aparición de la covid-19 hace ya más de un año. Perú, Ecuador, Bolivia y República Dominicana han cambiado de titular de la cartera de Salud al menos tres veces en los últimos de doce meses. En Argentina y Perú, la vacunación con privilegios tumbó a los ministros.

Desde el 26 de febrero de 2020, cuando se registró el primer caso de coronavirus en Latinoamérica, una veintena de ministros de sanidad –que habían ganado gran capacidad de gasto y por ende poder político- han debido abandonar sus cargos. Las causas, desde divergencias políticas hasta fallos estratégicos, desde corrupción en la compra de insumos y medicinas hasta en el proceso de distribución y aplicación de las vacunas

Había una vez algo llamado trabajo

Millones y millones de personas sin trabajo en todo el mundo. Gente que muere de hambre, que mendiga, más delitos, más violencia, esperanzas rotas y sueños destrozados. Más de cien millones de personas se verán ahogados en  la pobreza extrema, informa el Banco Mundial. Otra década perdida para América Latina, y van…

Según un informe de la CEPAL sobre el rol de las cuidadoras durante la pandemia, la misma en Latinoamérica dejará a 118 millones de mujeres viviendo en la pobreza, lo que implica un 22% más que en 2019. En este mismo informe se detalla que 15,2% de las mujeres quedaran desempleadas, seis puntos más que en 2019.

Alrededor de 13 millones de mujeres en nuestra región vieron desaparecer sus empleos o limitarse su desarrollo laboral por la pandemia de Covid-19, que exarcebó las brechas de género en los mercados de trabajo de la región, señaló la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Dos mil millones de personas, más del 61 por ciento de la población empleada en el mundo, se ganan la vida en la economía informal sin acceso al diálogo social; el 58 por ciento de las mujeres y el 63 por ciento de los hombres del mundo trabajan en la economía informal.

Aquí también las mujeres, tienen muchas más probabilidades que los hombres de pertenecer a los segmentos más vulnerables de la economía informal como trabajadores domésticos, trabajadores a domicilio o trabajadores familiares auxiliares, lo que significa que tienen poca o ninguna protección contra el despido y poco acceso a la protección social, incluida la licencia de enfermedad remunerada.

La pandemia ha puesto de manifiesto amplias deficiencias y desigualdades en el mundo del trabajo, y las ha acentuado. Las mujeres, los jóvenes y los trabajadores del sector informal, que se encontraban en una situación muy desfavorable antes de que comenzara la crisis, han padecido algunas de sus peores consecuencias.

Por otro lado, ha aumentado la concienciación pública sobre la labor, a menudo compleja e infravalorada, de determinados grupos, en particular los trabajadores de los sectores sanitario y de atención social y los servicios de limpieza, así como los trabajadores domésticos, cuya labor ha sido y sigue siendo primordial para superar la pandemia.

Y como si todo esto fuera poco, la ONU informa que más de 30 millones de personas en más de tres docenas de países, están a solo un paso de la declaración de hambruna y 10 millones de ellas se encuentran en grave riesgo de morir de hambre. Pero la causa principal de esta situación no es la pandemia, que ha acelerado procesos de empobrecimiento en el mundo entero, sino que se trata de una consecuencia directa de los conflictos armados vigentes y que ni siquiera el coronavirus detuvo.

¿Futuro?

No, no habrá una recuperación rápida, posiblemente –dicen los optimistas- una recuperación frágil y débil. Es que estamos sufriendo el fuego de la crisis capitalista. Tantas esperanzas hechas añicos, hambre y miseria no por causa de un virus, sino para recuperar la rentabilidad del capitalismo.

Lo cierto es que no podemos respirar,  no es sólo el covid… el capitalismo nos está matando.

Fuente e imagen: Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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Covid, vuelta a clases y el apocalipsis de julio de 2022

Por: Aram Aharonian

América Latina vio hace un año cumplir sus peores presagios: un brasileño que llegó de Italia daba positivo en Sao Paulo el 26 de febrero de 2020 por covid-19 y hacía saltar las alarmas en la región, con sistemas de salud –quizá- más frágiles que en Europa. Desde entonces, 21 millones de latinoamericanos se han contagiado y casi 700.000 han muerto.

Hoy, el llamado a la vuelta presencial a las aulas de clases pareciera ser un común denominador de muchos de los gobiernos en América Latina, que han pautado el mes de marzo para esta convocatoria. La propaganda oficial, encubierta con un discurso de legitimación con narrativas de Unesco y Unicef,  trata de esconder los enormes intereses mercantiles que subyacen detrás de esta convocatoria.Cuidados. Unas 16 provincias ya publicaron en sus sitios web las medidas para la reapertura escolar.

Mientras, la debacle económica amenaza con lastrar los avances conseguidos y el futuro de una región que ha perdido los caminos de la integración y unidad, tan necesarias en épocas de crisis económicas, sociales, sanitarias, ambientales.

Pero no cante victoria: Dos sesudos técnicos del Fondo Monetario Internacional dibujaron el escenario posible de la pospandemia en julio de 2022, cuando los gobiernos piensan que lo peor ya ha pasado, tras una campaña exhaustiva de vacunas y paquetes billonarios de reactivación económica: el mundo, de repente, se enciende, hay batallas campales en cientos de ciudades, y los edificios en llamas se proyectan en millones de pantallas de televisión. Los gobiernos caen en elecciones tumultuosas. Apocalipsis el año que viene.

Philip Barrett y Sophia Chen, técnicos del FMI,  en su informe Las repercusiones sociales de las pandemias (enero del 2021) señalan que una pandemia “pone de manifiesto las fracturas ya existentes en la sociedad: la falta de protección social, la desconfianza en las instituciones, la percepción de incompetencia o corrupción de los gobiernos”.

A partir de un análisis de millones de artículos de prensa publicados desde 1985 en 130 países, el FMI elaboró un índice de malestar social que permite cuantificar la probabilidad de una explosión de protestas como consecuencia de la pandemia. Los técnicos relacionan los casos de estallidos sociales con 11.000 diferentes acontecimientos ocurridos desde los años ochenta: desastres naturales como inundaciones, terremotos o huracanes, así como epidemias.

Los expertos descubren “una relación positiva y significativa” entre desastres, epidemias y estallidos sociales. Muchos lo entendimos por experiencia o instintivamente, pero lo interesante del análisis del FMI es la relación cronológica que identifica entre las epidemias y los estallidos sociales, donde hay un importante efecto retraso de hasta dos años, que separan el momento álgido de la epidemia de las rebeliones.

Seguimos sufriendo

Un total de 20.747.458 casos de Covid-19 han sido registrados en América Latina y el Caribe. Brasil es el país más afectado por esta pandemia en la región, con alrededor de 10,5 millones de casos confirmados y 254 mil muertos. Colombia se ubica en segundo lugar, con más de 2,2 millones de infectados y casi 60 mil decesos.  México y Argentina registraron poco más de dos millones de contagios, con 185 mil y 52 mil decesos, respectivamente.

La llegada de las primeras vacunas ofrece esperanza pero la desigualdad en el acceso a más lotes, el reto logístico y la lentitud en su distribución, además de la corrupción, invitan a la precaución. Además, las nuevas variantes evidencian que el virus está lejos de controlarse en la región epicentro mundial de la pandemia. “Quiero enfatizar que ciertamente no estamos fuera de peligro”, aseveró la directora general de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa F. Etienne.

El impacto de un año de pandemia se centró en las mujeres, los alumnos pobres, en la clase media y por supuesto, en la gente que tenía comorbilidades y la gente mayor. Esos son los grandes perdedores en la región.  Un impacto recrudecido en Centroamérica, que tuvo que hacer frente a la crisis sanitaria y al embate de los huracanes Eta e Iota en octubre y noviembre, con gente en refugios sin poder aislarse. La Cepal advirtió que cerrarán 2,7 millones de empresas en América Latina y se perderán unos nueve millones de empleos.

La educación

Volviendo a la educación y la pandemia, las condiciones materiales de vida de la población estudiantil y docente fueron y siguen estando seriamente afectadas por la covid-19.  Muchas familias han sufrido sus estragos  y ahora los gobiernos, sin que previamente se haya vacunado a docentes y estudiantes, pretenden la reapertura general o parcial de las escuelas, lo cual atenta contra el derecho humano a la vida.

La precariedad de las condiciones de bioseguridad y los limitados o inexistentes apoyos institucionales para garantizar los protocolos que ella conlleva pueden derivar en una tragedia que afectará fundamentalmente a los trabajadores de la educación y, sobre todo, a les hijes de las familias de menos recursos, señala Otras voces en Educación.

En toda América Latina y el Caribe los sueldos y salarios docentes se han deteriorado mientras, aprovechando la precaria capacidad de movilización del magisterio, se atacan conquistas sociales importantes.

Fuente e imagen: http://estrategia.la/2021/03/01/covid-vuelta-a-clases-y-el-apocalipsis-de-julio-de-2022/

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Covid, vuelta a clases y el apocalipsis de julio de 2022

Covid, vuelta a clases y el apocalipsis de julio de 2022

Aram Aharonian 

América Latina vio hace un año cumplir sus peores presagios: un brasileño que llegó de Italia daba positivo en Sao Paulo el 26 de febrero de 2020 por covid-19 y hacía saltar las alarmas en la región, con sistemas de salud –quizá- más frágiles que en Europa. Desde entonces, 21 millones de latinoamericanos se han contagiado y casi 700.000 han muerto.

Hoy, el llamado a la vuelta presencial a las aulas de clases pareciera ser un común denominador de muchos de los gobiernos en América Latina, que han pautado el mes de marzo para esta convocatoria. La propaganda oficial, encubierta con un discurso de legitimación con narrativas de Unesco y Unicef,  trata de esconder los enormes intereses mercantiles que subyacen detrás de esta convocatoria.

Mientras, la debacle económica amenaza con lastrar los avances conseguidos y el futuro de una región que ha perdido los caminos de la integración y unidad, tan necesarias en épocas de crisis económicas, sociales, sanitarias, ambientales.

Pero no cante victoria: Dos sesudos técnicos del Fondo Monetario Internacional dibujaron el escenario posible de la pospandemia en julio de 2022, cuando los gobiernos piensan que lo peor ya ha pasado, tras una campaña exhaustiva de vacunas y paquetes billonarios de reactivación económica: el mundo, de repente, se enciende, hay batallas campales en cientos de ciudades, y los edificios en llamas se proyectan en millones de pantallas de televisión. Los gobiernos caen en elecciones tumultuosas. Apocalipsis el año que viene.

Philip Barrett y Sophia Chen, técnicos del FMI,  en su informe Las repercusiones sociales de las pandemias (enero del 2021) señalan que una pandemia “pone de manifiesto las fracturas ya existentes en la sociedad: la falta de protección social, la desconfianza en las instituciones, la percepción de incompetencia o corrupción de los gobiernos”.

A partir de un análisis de millones de artículos de prensa publicados desde 1985 en 130 países, el FMI elaboró un índice de malestar social que permite cuantificar la probabilidad de una explosión de protestas como consecuencia de la pandemia. Los técnicos relacionan los casos de estallidos sociales con 11.000 diferentes acontecimientos ocurridos desde los años ochenta: desastres naturales como inundaciones, terremotos o huracanes, así como epidemias.

Los expertos descubren “una relación positiva y significativa” entre desastres, epidemias y estallidos sociales. Muchos lo entendimos por experiencia o instintivamente, pero lo interesante del análisis del FMI es la relación cronológica que identifica entre las epidemias y los estallidos sociales, donde hay un importante efecto retraso de hasta dos años, que separan el momento álgido de la epidemia de las rebeliones.

Seguimos sufriendo

Un total de 20.747.458 casos de Covid-19 han sido registrados en América Latina y el Caribe. Brasil es el país más afectado por esta pandemia en la región, con alrededor de 10,5 millones de casos confirmados y 254 mil muertos. Colombia se ubica en segundo lugar, con más de 2,2 millones de infectados y casi 60 mil decesos.  México y Argentina registraron poco más de dos millones de contagios, con 185 mil y 52 mil decesos, respectivamente.

La llegada de las primeras vacunas ofrece esperanza pero la desigualdad en el acceso a más lotes, el reto logístico y la lentitud en su distribución, además de la corrupción, invitan a la precaución. Además, las nuevas variantes evidencian que el virus está lejos de controlarse en la región epicentro mundial de la pandemia. “Quiero enfatizar que ciertamente no estamos fuera de peligro”, aseveró la directora general de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa F. Etienne.

El impacto de un año de pandemia se centró en las mujeres, los alumnos pobres, en la clase media y por supuesto, en la gente que tenía comorbilidades y la gente mayor. Esos son los grandes perdedores en la región.  Un impacto recrudecido en Centroamérica, que tuvo que hacer frente a la crisis sanitaria y al embate de los huracanes Eta e Iota en octubre y noviembre, con gente en refugios sin poder aislarse. La Cepal advirtió que cerrarán 2,7 millones de empresas en América Latina y se perderán unos nueve millones de empleos.

La educación

Volviendo a la educación y la pandemia, las condiciones materiales de vida de la población estudiantil y docente fueron y siguen estando seriamente afectadas por la covid-19.  Muchas familias han sufrido sus estragos  y ahora los gobiernos, sin que previamente se haya vacunado a docentes y estudiantes, pretenden la reapertura general o parcial de las escuelas, lo cual atenta contra el derecho humano a la vida.

La precariedad de las condiciones de bioseguridad y los limitados o inexistentes apoyos institucionales para garantizar los protocolos que ella conlleva pueden derivar en una tragedia que afectará fundamentalmente a los trabajadores de la educación y, sobre todo, a les hijes de las familias de menos recursos, señala Otras voces en Educción.

En toda América Latina y el Caribe los sueldos y salarios docentes se han deteriorado mientras, aprovechando la precaria capacidad de movilización del magisterio, se atacan conquistas sociales importantes.

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.

Fuente: http://estrategia.la/2021/03/01/covid-vuelta-a-clases-y-el-apocalipsis-de-julio-de-2022/

Fuente de la Información: https://rebelion.org/covid-vuelta-a-clases-y-el-apocalipsis-de-julio-de-2022/

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20 años no es nada o el reverdecer del Foro Social Mundial

Por: Aram Aharonian
Fuentes: CLAE / Rebelión – Foto: Ciranda.net

Es difícil explicar a aquellos que no lo vivieron, cómo era nuestro mundo al inicio del milenio, dos décadas atrás, cuando la tecnología digital aún estaba en pañales, y la luz de la esperanza se prendía detrás de la consigna de “otra mundo es posible” en la lucha contra el neoliberalismo y la globalización capitalista.

Hace dos décadas convergían algunos acontecimientos que marcaban el signo progresista latinoamericano en el comienzo del nuevo milenio. En la última semana de enero de 2001, más de doce mil personas se daban cita en la sureña ciudad brasileña de Porto Alegre, en el primer Foro Social Mundial, como contraparte del Foro Económico Mundial (FEM), también llamado Foro de Davos, donde se reúnen los principales líderes empresariales, políticos conservadores, así como periodistas e intelectuales obsecuentes, con el fin de marcar el ritmo de la economía mundial. Eran momentos de agitación, de banderas rojas, del renacimiento de la lucha, de asumir la necesidad de rejuvenecer el pensamiento crítico, tener objetivos concretos, comunes y compartidos.

Con el nuevo siglo, comenzamos a reverdecer los viejos sueños (la lucha siempre fue la misma), con la apuesta del Foro Social Mundial, en la sureña Porto Alegre, donde convergieron pensadores, trabajadores, movimientos sociales, organizaciones civiles, sindicatos, estudiantes, campesinos, académicos… y hasta políticos, pese a la oposición de algunos de los organizadores.Ya en el primer FSM, en esos cinco escasos días (entre el 25 y el 30 de enero de 2001) que despertaron a nuestras izquierdas (o al progresismo antineoliberal, si prefiere)  se fue discutiendo, debatiendo, consensuando, la nueva agenda soberana de los pueblos, los diversos caminos que nos dejaron entrever, aunque fuera por unos años, que ese otro mundo necesario, también era posible.

El mismo día de la inauguración del primer Foro Social Mundial, el 25 de enero de 2001, comenzaba su vida el portal Carta Maior en su lucha por la democracia en la información, por los valores democráticos y por una sociedad más igualitaria y justa.

En Venezuela ya gobernaba (desde 1999, tras imponerse en las elecciones con el 56% de los sufragios) Hugo Chávez, imponiendo reformas estructurales en camino a la democracia participativa bolivariana, con una nueva Constitución, con la nacionalización real del petróleo y la distribución de su renta a través de programas (misiones) públicos y de bienestar social.

Mientras, en Brasil asomaba la candidatura de Lula, un dirigente metalúrgico al frente del Partido de los Trabajadores, para ser el próximo presidente. Lo importante es que desde el primer FSM fueron recurrentes los debates en torno al poder, las formas o vías para hacerse de él y el cómo ejercerlo.

Al segundo FSM, también en Porto Alegre, del 22 de enero al 5 de febrero de 2002: acudieron más de 12.000 delegados, representando a gente de 123 países y 60.000 asistentes. Se llevaron a cabo 652 talleres y 27 conferencias.

En poco más de un año se modificó la escena política mundial con su abierta oposición a las políticas y a las consecuencias sociales negativas de la globalización económica neoliberal como al rol decisivo que en ella desempeñan las principales instituciones y agencias internacionales.

Formado por viejos y nuevos movimientos sociales, ONGs, redes de acción cívica y colectivos políticos y sociales con las más diversas concepciones, intereses, señales de identidad y recursos, el activismo trasnacional emergente logró rediseñar la cartografía de la política y conquistó el reconocimiento político del propio establishment económico y político. Ello, gracias a la legitimidad que fueron adquiriendo las manifestaciones de masa, los foros alternativos y las campañas que se organizaron, como la anulación de la deuda externa de los países en desarrollo.

Uno no puede dejar de recordar las manifestaciones contra la cumbre de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, en el corazón del imperio (29 de noviembre al 3 de diciembre de 1999), donde más de 40 mil personas convocadas principalmente por sindicatos, ecologistas, profesionales, campesinos y ciudadanos comunes, lograron hacer fracasar la llamada Ronda del Milenio, en ,lo que dio por calificar como el inicio de la nueva etapa del movimiento antiglobalización.

Seattle  fue el momento culminante de un arduo proceso de convergencias progresivas y también precarias entre numerosas redes, organizaciones, movimientos y movilizaciones, alimentadas por las manifestaciones europeas contra el desempleo y del primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad contra el Neoliberalismo convocado por el zapatismo.

La amplia capacidad de movilización social alcanzada  en Seattle se repitió en Québec y Génova y mostró un movimiento heterogéneo, global, no doctrinario,  que lograba  establecer lazos con la opinión pública a través de la incorporación de temas y preocupaciones diversas en torno de dos ejes básicos: el rechazo a la transformación de todas las actividades humanas en mercadería, y la exigencia de democracia frente al poder fortalecido de los mercados .

Volviendo al FSM

Entre el segundo y tercer foro, se produjo el golpe de Estado del 2 de abril de 2002, en Venezuela, que fue detenido por el pueblo que repuso a Chávez en el palacio presidencial. En el golpe, que intentaba cortar de cuajo la experiencia democratizadora y socializante,  participó  toda la derecha, la policía y mandos castrenses, y contó con el apoyo expreso de los gobiernos de Estados Unidos y España.

El tercer FSM fue celebrado nuevamente en Porto Alegre, en enero de 2003, cuando Lula ya era presidente y Néstor Kichner se presentaba como candidato del peronismo renovador en Argentina. Hubo muchos talleres en paralelo, incluyendo, por ejemplo, el taller «La vida tras el capitalismo», que proponía una discusión enfocada a las posibilidades participativas de diferentes aspectos de las estructuras sociales, políticas, económicas y de comunicación. Allí se presentaron varios panales sobre Comunicación y democracia y comunicación popular (incluso se cubrió el evento con un pool de diferentes colectivos).

No obstante que en el Comité Internacional del FSM se manifestaron algunas reticencias, el presidente venezolano concurrió  invitado por la Central Unica dos Trabalhadores (CUT) y el Movimiento dos Sem-Terra (MST), así como por el Partido Socialismo e Liberdade (PSOL) para participar de actividades paralelas al FSM.

Chávez aseguró entonces que en el FSM se está construyendo una alternativa al modelo neoliberal y salvaje que amenaza con acabar nuestro planeta. “Si nosotros no acabamos con el neoliberalismo, el neoliberalismo acabará con nosotros”, sentenció en el anfiteatro de la Asamblea Legislativa de Porto Alegre, rodeado de dirigentes de la izquierda brasileña y regional.

Y así, el Foro, pese a que algunos de sus “dirigentes” no lo deseaban, fue sumando flautistas de Hamelín, más allá de intelectuales convocantes de multitudes como José Samanago y Eduardo Galeano, o la figura del octogenario excura belga Francois Houtart, fundador del Centro Tricontinental, caminando apurado, de foro en asamblea, lleno de libros en sus manos.

Allí, recuerda Flavio Aguiar, como vimos acontecer décadas después, fueron pactados muchos de los caminos que nos permitieron vislumbrar aquel “otro mundo posible”. Chávez, Lula, Evo, Correa, Fernando Lugo, Pepe Mujica, entre otros pasaron por las ediciones del FSM, construyendo los pasos de una agenda soberana en el continente

Y queda en nuestra retinas el acto en el Gigantinho, donde todos ellos, micrófono en mano desde la tarima central,  se sumaron a los artistas y al público, cantando juntos las canciones populares de nuestra América Lapobre.

Media Watch Global y Telesur

Como resultado de algunas de las conclusiones del 2002,  en el Foro del 2003 fue presentado en sociedad el Observatorio Mundial de Medios (Media Watch Global), que se proponía, sin censurar, lograr el predominio de la ética en el periodismo y evitar la manipulación informativa o política de los grandes medios.

“No crean que la manipulación política es un problema solamente del Tercer Mundo”, señaló entonces el fundador de Inter Press Service, Roberto Savio -uno de los propulsores, junto al director de Le Monde diplomatique Ignacio Ramonet y el director de Carta Maior, Joaquim Palhares-,  de la flamante organización. Se anunció que tendrá su sede central en París, y al menos representaciones en Venezuela y Brasil.

Una veintena de periodistas y militantes altermundistas viajaron de inmediato a Caracas, donde se estableció el capítulo venezolano (liderados por la revista Question), que tuvo su desarrollo, coordinando observatorios de medios durante elecciones presidenciales en Bolivia, Chile, Nicaragua, El Salvador, Venezuela, entre otros países.

Una de las preocupaciones mayores que teníamos aquellos comunicadores que participábamos en el FSM era la poco difusión que se lograba no solo sobre los foros, los participantes, la agenda que se trataba y sus conclusiones.

En los foros de comunicación comenzamos a hablar de la necesidad de tener una televisora latinoamericano-caribeña, para poder ver el mundo desde el sur, a socializar el proyecto que traíamos tras la Asamblea de la Federación Latinoamericana de Periodista en La Habana, lo que finalmente, pocos años después, se llamaría Telesur.

Socialismo, el ALCA, no confundir al enemigo,

EL FSM volvió a Porto Alegre en enero de 2005 (tras un paseo por Bombay en 2004), y Chávez fue la gran atracción de los miles de participantes, que colmaron el estadio Gigantinho (dentro y sus alrededores). Quizá fue el foro que quedó más marcado en nuestras retinas, donde Chávez dio un giro a la revolución bolivariana, cuando se manifestó abiertamente por el socialismo, sorprendiendo a muchos.

En su segunda visita a una reunión del FSM en Porto Alegre, Chávez  hizo hincapié en que había una nueva correlación de fuerzas en América Latina y en el mundo, y que Estados Unidos ya no puede imponer su voluntad.

Asimismo, en el Foro, Chávez paró de lleno el malestar de muchos militantes contra Lula, por un proyecto de reforma sindical de su gobierno y a su decisión de asistir también al Foro de Davos. “No confundir al enemigo: Lula es un socio, un compañero en esta lucha”.

Unos días después, en el Teatro Ateneo (hoy ND) de Buenos Aires (a donde viajó desde Porto Alegre), Chávez también defendió a Néstor Kichner, abucheado por algunos de los presentes, apelando al Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos, esa es la ley primera”. Remarcó la necesidad de tener en claro quién es el enemigo y de trabajar por la unidad para la integración.

ALCArajo

En Porto Alegre se consolidó el No al ALCA, un amplio movimiento político-social llevado adelante por gobiernos, partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales de todo el continente americano, con el fin de oponerse al proyecto estadounidense del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA),

El movimiento se opuso a la regla del libre comercio  (free trade) como reguladora de las relaciones internacionales, sosteniendo que promovía la desigualdad y la pobreza, y propuso en cambio un orden internacional basado en criterios que permitieran achicar las asimetrías, como el comercio justo (fair trade), la integración económica regional y subregional y la complementación productiva.

El 5  de noviembre de 2005, cuando se reunió la IV Cumbre de las Américas en la balnearia ciudad argentina de Mar del Plata, para poner en marcha el ALCA, se produjo un histórico enfrentamiento entre los gobiernos que defendían el acuerdo ,con el presidente de EEUU George Bush a la cabeza, y aquellos que se oponían, liderados por los presidentes Lula da Silva, Néstor Kirchner y Hugo Chávez, que tuvo como resultado la paralización definitiva del ALCA..

Ya Telesur estaba en el aire e impidió que se invisibilizara tanto la reunión de la OEA (¡cómo olvidar las caras de Gorge Bush y su socio mexicano Vicente Fox!), como las multitudinarias movilizaciones populares bajo la consigna de “ALCA-rajo”, con Evo, con Maradona, con el pueblo en las calles marplatenses.

En 2006, el FSM se mudó a Caracas. Allí en la inauguración, Chávez señaló: «Solo apuntando al poder pudiéramos comenzar a transformar el mundo. No lo podemos hacer con este foro ni con cien más. Sirven de ayuda, son imprescindibles, pero a eso hay que acompañarlo con una estrategia hacia el poder, si no, no tendría sentido». Bien claro: en enemigo no está derrotado, la lucha continúa hasta la toma del poder (y no solo del gobierno).

En enero de 2007 el FSM se mudó a Nairobi, en plena África, y ahí estuvimos con Telesur, comprendiendo in situ que los problemas de africanos, asiáticos, latinoamericanos y caribeños era básicamente los mismos: la explotación capitalista y sus consecuencias. Este foro nos mostró los problemas de los pueblos africanos y enfatizó la necesidad de dar voz a sus 850 millones de personas.

En 2009, el FSM volvió a Brasil, a la nordesteña Belem do Pará, en plena Amazonia, impulsado por Carta Maior, abordando el tema principal de la preservación de todo el patrimonio natural aún existente en el planeta. En enero de 2010 volvió a Porto Alegre, Brasil, y se abrió con el lema “Diez años después: desafíos y propuestas para otro mundo posible”, peor el impulso ya había decaído..

Aquí estamos y a eso vamos

Veinte años después, el FSM, en formato virtual, vuelve a trabajar por otro mundo cada vez más necesario, cuando se habla del eventual fin de la humanidad.

Y quienes seguimos en la lucha por otro mundo imprescindible, la necesidad de aunar agendas, criterios, luchas; de intercambiar estudios, investigaciones; de renovar el pensamiento crítico, muchas veces estancado en viejos dogmas y en perspectivas de mundos que ya no son, continuamos peleando para que el mensaje se imponga en el imaginario colectivo mundial.

Somos conscientes de que esta guerra cultural, ideológica, la vamos perdiendo por goleada y hoy por hoy la idea de otro mundo posible y para todos  no logra imponerse en el imaginario colectivo. El mundo pospandémico, para el que debemos prepararnos, será muy diferente al que hasta ahora conocimos.

Hoy la continuidad de FSM depende de la elaboración de una agenda anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal, partiendo de una relación del pensamiento crítico y estratégico; una forma de deliberación que supere el actual déficit democrático de su Comité Internacional y, sobre todo, de enamorar a las nuevas generaciones para luchar por un mundo mejor, ya que ellos serán quienes puedan disfrutar…o padecer. Ellos serán lo que podrán reverdecer el Foro.

Perdón, ¿20 años no es nada?

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.

http://estrategia.la/2021/01/26/20-anos-no-es-nada-o-el-reverdecer-del-foro-social-mundial/

Foto de portada: El Foro Social Mundial celebra sus 20 años con una edición virtual. Foto: Ciranda.net

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20 años no es nada o el reverdecer del Foro Social Mundial

20 años no es nada o el reverdecer del Foro Social Mundial

Aram Aharonian |

Es difícil explicar a aquellos que no lo vivieron, cómo era nuestro mundo al inicio del milenio, dos décadas atrás, cuando la tecnología digital aún estaba en pañales, y la luz de la esperanza se prendía detrás de la consigna de “otra mundo es posible” en la lucha contra el neoliberalismo y la globalización capitalista.

Hace dos décadas convergían algunos acontecimientos que marcaban el signo progresista latinoamericano en el comienzo del nuevo milenio. En la última semana de enero de 2001, más de doce mil personas se daban cita en la sureña ciudad brasileña de Porto Alegre, en el primer Foro Social Mundial, como contraparte del Foro Económico Mundial (FEM), también llamado Foro de Davos, donde se reúnen los principales líderes empresariales, políticos conservadores, así como periodistas e intelectuales obsecuentes, con el fin de marcar el ritmo de la economía mundial. Eran momentos de agitación, de banderas rojas, del renacimiento de la lucha, de asumir la necesidad de rejuvenecer el pensamiento crítico, tener objetivos concretos, comunes y compartidos.

Con el nuevo siglo, comenzamos a reverdecer los viejos sueños (la lucha siempre fue la misma), con la apuesta del Foro Social Mundial, en la sureña Porto Alegre, donde convergieron pensadores, trabajadores, movimientos sociales, organizaciones civiles, sindicatos, estudiantes, campesinos, académicos… y hasta políticos, pese a la oposición de algunos de los organizadores.Ya en el primer FSM, en esos cinco escasos días (entre el 25 y el 30 de enero de 2001) que despertaron a nuestras izquierdas (o al progresismo antineoliberal, si prefiere)  se fue discutiendo, debatiendo, consensuando, la nueva agenda soberana de los pueblos, los diversos caminos que nos dejaron entrever, aunque fuera por unos años, que ese otro mundo necesario, también era posible.

El mismo día de la inauguración del primer Foro Social Mundial, el 25 de enero de 2001, comenzaba su vida el portal Carta Maior en su lucha por la democracia en la información, por los valores democráticos y por una sociedad más igualitaria y justa.

En Venezuela ya gobernaba (desde 1999, tras imponerse en las elecciones con el 56% de los sufragios) Hugo Chávez, imponiendo reformas estructurales en camino a la democracia participativa bolivariana, con una nueva Constitución, con la nacionalización real del petróleo y la distribución de su renta a través de programas (misiones) públicos y de bienestar social.

Mientras, en Brasil asomaba la candidatura de Lula, un dirigente metalúrgico al frente del Partido de los Trabajadores, para ser el próximo presidente. Lo importante es que desde el primer FSM fueron recurrentes los debates en torno al poder, las formas o vías para hacerse de él y el cómo ejercerlo.

Al segundo FSM, también en Porto Alegre, del 22 de enero al 5 de febrero de 2002: acudieron más de 12.000 delegados, representando a gente de 123 países y 60.000 asistentes. Se llevaron a cabo 652 talleres y 27 conferencias.

En poco más de un año se modificó la escena política mundial con su abierta oposición a las políticas y a las consecuencias sociales negativas de la globalización económica neoliberal como al rol decisivo que en ella desempeñan las principales instituciones y agencias internacionales.

Formado por viejos y nuevos movimientos sociales, ONGs, redes de acción cívica y colectivos políticos y sociales con las más diversas concepciones, intereses, señales de identidad y recursos, el activismo trasnacional emergente logró rediseñar la cartografía de la política y conquistó el reconocimiento político del propio establishment económico y político. Ello, gracias a la legitimidad que fueron adquiriendo las manifestaciones de masa, los foros alternativos y las campañas que se organizaron, como la anulación de la deuda externa de los países en desarrollo.

Uno no puede dejar de recordar las manifestaciones contra la cumbre de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, en el corazón del imperio (29 de noviembre al 3 de diciembre de 1999), donde más de 40 mil personas convocadas principalmente por sindicatos, ecologistas, profesionales, campesinos y ciudadanos comunes, lograron hacer fracasar la llamada Ronda del Milenio, en ,lo que dio por calificar como el inicio de la nueva etapa del movimiento antiglobalización.

Seattle  fue el momento culminante de un arduo proceso de convergencias progresivas y también precarias entre numerosas redes, organizaciones, movimientos y movilizaciones, alimentadas por las manifestaciones europeas contra el desempleo y del primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad contra el Neoliberalismo convocado por el zapatismo.

La amplia capacidad de movilización social alcanzada  en Seattle se repitió en Québec y Génova y mostró un movimiento heterogéneo, global, no doctrinario,  que lograba  establecer lazos con la opinión pública a través de la incorporación de temas y preocupaciones diversas en torno de dos ejes básicos: el rechazo a la transformación de todas las actividades humanas en mercadería, y la exigencia de democracia frente al poder fortalecido de los mercados .

Volviendo al FSM

Entre el segundo y tercer foro, se produjo el golpe de Estado del 2 de abril de 2002, en Venezuela, que fue detenido por el pueblo que repuso a Chávez en el palacio presidencial. En el golpe, que intentaba cortar de cuajo la experiencia democratizadora y socializante,  participó  toda la derecha, la policía y mandos castrenses, y contó con el apoyo expreso de los gobiernos de Estados Unidos y España.

El tercer FSM fue celebrado nuevamente en Porto Alegre, en enero de 2003, cuando Lula ya era presidente y Néstor Kichner se presentaba como candidato del peronismo renovador en Argentina. Hubo muchos talleres en paralelo, incluyendo, por ejemplo, el taller «La vida tras el capitalismo», que proponía una discusión enfocada a las posibilidades participativas de diferentes aspectos de las estructuras sociales, políticas, económicas y de comunicación. Allí se presentaron varios panales sobre Comunicación y democracia y comunicación popular (incluso se cubrió el evento con un pool de diferentes colectivos).

No obstante que en el Comité Internacional del FSM se manifestaron algunas reticencias, el presidente venezolano concurrió  invitado por la Central Unica dos Trabalhadores (CUT) y el Movimiento dos Sem-Terra (MST), así como por el Partido Socialismo e Liberdade (PSOL) para participar de actividades paralelas al FSM.

Chávez aseguró entonces que en el FSM se está construyendo una alternativa al modelo neoliberal y salvaje que amenaza con acabar nuestro planeta. “Si nosotros no acabamos con el neoliberalismo, el neoliberalismo acabará con nosotros”, sentenció en el anfiteatro de la Asamblea Legislativa de Porto Alegre, rodeado de dirigentes de la izquierda brasileña y regional.

Y así, el Foro, pese a que algunos de sus “dirigentes” no lo deseaban, fue sumando flautistas de Hamelín, más allá de intelectuales convocantes de multitudes como José Samanago y Eduardo Galeano, o la figura del octogenario excura belga Francois Houtart, fundador del Centro Tricontinental, caminando apurado, de foro en asamblea, lleno de libros en sus manos.

Allí, recuerda Flavio Aguiar, como vimos acontecer décadas después, fueron pactados muchos de los caminos que nos permitieron vislumbrar aquel “otro mundo posible”. Chávez, Lula, Evo, Correa, Fernando Lugo, Pepe Mujica, entre otros pasaron por las ediciones del FSM, construyendo los pasos de una agenda soberana en el continente

Y queda en nuestra retinas el acto en el Gigantinho, donde todos ellos, micrófono en mano desde la tarima central,  se sumaron a los artistas y al público, cantando juntos las canciones populares de nuestra América Lapobre.

Media Watch Global y Telesur

Como resultado de algunas de las conclusiones del 2002,  en el Foro del 2003 fue presentado en sociedad el Observatorio Mundial de Medios (Media Watch Global), que se proponía, sin censurar, lograr el predominio de la ética en el periodismo y evitar la manipulación informativa o política de los grandes medios.

“No crean que la manipulación política es un problema solamente del Tercer Mundo”, señaló entonces el fundador de Inter Press Service, Roberto Savio -uno de los propulsores, junto al director de Le Monde diplomatique Ignacio Ramonet y el director de Carta Maior, Joaquim Palhares-,  de la flamante organización. Se anunció que tendrá su sede central en París, y al menos representaciones en Venezuela y Brasil.

Una veintena de periodistas y militantes altermundistas viajaron de inmediato a Caracas, donde se estableció el capítulo venezolano (liderados por la revista Question), que tuvo su desarrollo, coordinando observatorios de medios durante elecciones presidenciales en Bolivia, Chile, Nicaragua, El Salvador, Venezuela, entre otros países.

Una de las preocupaciones mayores que teníamos aquellos comunicadores que participábamos en el FSM era la poco difusión que se lograba no solo sobre los foros, los participantes, la agenda que se trataba y sus conclusiones.

En los foros de comunicación comenzamos a hablar de la necesidad de tener una televisora latinoamericano-caribeña, para poder ver el mundo desde el sur, a socializar el proyecto que traíamos tras la Asamblea de la Federación Latinoamericana de Periodista en La Habana, lo que finalmente, pocos años después, se llamaría Telesur.

Socialismo, el ALCA, no confundir al enemigo,

EL FSM volvió a Porto Alegre en enero de 2005 (tras un paseo por Bombay en 2004), y Chávez fue la gran atracción de los miles de participantes, que colmaron el estadio Gigantinho (dentro y sus alrededores). Quizá fue el foro que quedó más marcado en nuestras retinas, donde Chávez dio un giro a la revolución bolivariana, cuando se manifestó abiertamente por el socialismo, sorprendiendo a muchos.

En su segunda visita a una reunión del FSM en Porto Alegre, Chávez  hizo hincapié en que había una nueva correlación de fuerzas en América Latina y en el mundo, y que Estados Unidos ya no puede imponer su voluntad.

Asimismo, en el Foro, Chávez paró de lleno el malestar de muchos militantes contra Lula, por un proyecto de reforma sindical de su gobierno y a su decisión de asistir también al Foro de Davos. “No confundir al enemigo: Lula es un socio, un compañero en esta lucha”.

Unos días después, en el Teatro Ateneo (hoy ND) de Buenos Aires (a donde viajó desde Porto Alegre), Chávez también defendió a Néstor Kichner, abucheado por algunos de los presentes, apelando al Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos, esa es la ley primera”. Remarcó la necesidad de tener en claro quién es el enemigo y de trabajar por la unidad para la integración.

ALCArajo

En Porto Alegre se consolidó el No al ALCA, un amplio movimiento político-social llevado adelante por gobiernos, partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales de todo el continente americano, con el fin de oponerse al proyecto estadounidense del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA),

El movimiento se opuso a la regla del libre comercio  (free trade) como reguladora de las relaciones internacionales, sosteniendo que promovía la desigualdad y la pobreza, y propuso en cambio un orden internacional basado en criterios que permitieran achicar las asimetrías, como el comercio justo (fair trade), la integración económica regional y subregional y la complementación productiva.

El 5  de noviembre de 2005, cuando se reunió la IV Cumbre de las Américas en la balnearia ciudad argentina de Mar del Plata, para poner en marcha el ALCA, se produjo un histórico enfrentamiento entre los gobiernos que defendían el acuerdo ,con el presidente de EEUU George Bush a la cabeza, y aquellos que se oponían, liderados por los presidentes Lula da Silva, Néstor Kirchner y Hugo Chávez, que tuvo como resultado la paralización definitiva del ALCA..

Ya Telesur estaba en el aire e impidió que se invisibilizara tanto la reunión de la OEA (¡cómo olvidar las caras de Gorge Bush y su socio mexicano Vicente Fox!), como las multitudinarias movilizaciones populares bajo la consigna de “ALCA-rajo”, con Evo, con Maradona, con el pueblo en las calles marplatenses.

En 2006, el FSM se mudó a Caracas. Allí en la inauguración, Chávez señaló: «Solo apuntando al poder pudiéramos comenzar a transformar el mundo. No lo podemos hacer con este foro ni con cien más. Sirven de ayuda, son imprescindibles, pero a eso hay que acompañarlo con una estrategia hacia el poder, si no, no tendría sentido». Bien claro: en enemigo no está derrotado, la lucha continúa hasta la toma del poder (y no solo del gobierno).

En enero de 2007 el FSM se mudó a Nairobi, en plena África, y ahí estuvimos con Telesur, comprendiendo in situ que los problemas de africanos, asiáticos, latinoamericanos y caribeños era básicamente los mismos: la explotación capitalista y sus consecuencias. Este foro nos mostró los problemas de los pueblos africanos y enfatizó la necesidad de dar voz a sus 850 millones de personas.

En 2009, el FSM volvió a Brasil, a la nordesteña Belem do Pará, en plena Amazonia, impulsado por Carta Maior, abordando el tema principal de la preservación de todo el patrimonio natural aún existente en el planeta. En enero de 2010 volvió a Porto Alegre, Brasil, y se abrió con el lema “Diez años después: desafíos y propuestas para otro mundo posible”, peor el impulso ya había decaído..

Aquí estamos y a eso vamos

Veinte años después, el FSM, en formato virtual, vuelve a trabajar por otro mundo cada vez más necesario, cuando se habla del eventual fin de la humanidad.

Y quienes seguimos en la lucha por otro mundo imprescindible, la necesidad de aunar agendas, criterios, luchas; de intercambiar estudios, investigaciones; de renovar el pensamiento crítico, muchas veces estancado en viejos dogmas y en perspectivas de mundos que ya no son, continuamos peleando para que el mensaje se imponga en el imaginario colectivo mundial.

Somos conscientes de que esta guerra cultural, ideológica, la vamos perdiendo por goleada y hoy por hoy la idea de otro mundo posible y para todos  no logra imponerse en el imaginario colectivo. El mundo pospandémico, para el que debemos prepararnos, será muy diferente al que hasta ahora conocimos.

Hoy la continuidad de FSM depende de la elaboración de una agenda anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal, partiendo de una relación del pensamiento crítico y estratégico; una forma de deliberación que supere el actual déficit democrático de su Comité Internacional y, sobre todo, de enamorar a las nuevas generaciones para luchar por un mundo mejor, ya que ellos serán quienes puedan disfrutar…o padecer. Ellos serán lo que podrán reverdecer el Foro.

Perdón, ¿20 años no es nada?

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.

http://estrategia.la/2021/01/26/20-anos-no-es-nada-o-el-reverdecer-del-foro-social-mundial/

Foto de portada: El Foro Social Mundial celebra sus 20 años con una edición virtual. Foto: Ciranda.net

Fuente de la Información: https://rebelion.org/20-anos-no-es-nada-o-el-reverdecer-del-foro-social-mundial/

 

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2021, un año para reorganizar las prioridades de la humanidad

La covid-19 seguirá marcando la agenda global, pero el incremento de la pobreza, el hambre y la desigualdad, junto con el cambio climático, no pueden quedar aparcados por más tiempo, según siete expertos en desarrollo.

Dejamos atrás un 2020 que estaba llamado a ser el definitivo en el progreso del mundo. La ONU bautizó al período que comenzaba como la Década de la Acción con la mirada puesta en 2030, cuando se deberían conseguir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): acabar con el hambre y la pobreza extrema, erradicar la violencia de género y disminuir la desigualdad, garantizar educación de calidad para todos los niños y trabajos dignos para los adultos, asegurar el acceso universal a la sanidad y seguir habitando el planeta sin destruirlo definitivamente. Pero el virus SARS CoV-2 lo cambió todo.

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La covid-19 ha truncado vidas, ha puesto al límite los sistemas sanitarios ―incluso de las naciones más ricas―, ha destruido empleos y sumido en la miseria a millones de personas. Por primera vez desde 1990, el desarrollo humano ha retrocedido. Los derechos de las mujeres han quedado invisibilizados, pese a que ellas son las que más sufren las consecuencias de la pandemia. Y la lucha contra el cambio climático ha quedado en suspenso. Este 2021 tiene que ser el año en que la humanidad venza al virus y recupere la senda del avance hacia un mundo más justo, pacífico y sostenible. Así lo defiende un grupo de expertos en desarrollo sostenible que exponen cuáles serán, en su opinión, las prioridades para este año que comienza.

¿Cuáles cree que deberían ser las tres prioridades en materia de desarrollo? Esta es la pregunta planteada a siete especialistas: Ángeles Moreno Bau, Secretaria de Estado de Cooperación Internacional; Olivier Longué, director general de Acción Contra el Hambre; Franc Cortada, director general de Oxfam Intermón; Leire Pajín, presidenta de la Red Española de Desarrollo Sostenible (REDS); Andrés Rodríguez Amayuelas, presidente de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo; Antoni Plasència, director general de ISGlobal; y Gustavo Suárez Pertierra, presidente de Unicef España.

1. Los problemas de siempre (pero peor)

Destacan los expertos la urgencia de abordar las consecuencias socioeconómicas de la pandemia, que son en definitiva los problemas que ya arrastraba la humanidad, pero exacerbados por la crisis sanitaria. Son el hambre, la pobreza, la desigualdad, el acceso a la educación y la sanidad universal.

“La irrupción de la pandemia por el coronavirus supone que, de nuevo, llueva sobre mojado en los países de renta baja y media en todo el mundo, y de manera más destacada en el continente africano y en América Latina”, subraya Plasència. “Las prioridades de apoyo al desarrollo deben adaptarse al contexto, en un complejo equilibrio entre la atención a las nuevas necesidades y a las ya existentes, y atendiendo a los compromisos de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. En su opinión, 2021 tiene que ser el año en el que a la par que se asegura “una adecuada cobertura vacunal frente al coronavirus para los grupos prioritarios”, se refuercen los programas frente a “las otras pandemias” como el VIH, la malaria, la tuberculosis, las neumonías y diarreas infantiles. Para ello, remata, hay que “fortalecer los sistemas de salud, en especial la atención primaria y comunitaria, la vigilancia epidemiológica y las capacidades de preparación ante los riesgos emergentes globales, tanto de origen infeccioso, como medioambiental y climático”.

No ir a la escuela expone a los niños ante una enorme vulnerabilidad

La covid-19 ha interrumpido muchos servicios clave y ha ejercido una presión sin precedentes en los sistemas de salud. “Muchos niños y niñas se han quedado expuestos al hambre, a enfermedades y sin centros de salud a los que acudir para ponerse una vacuna, obtener un tratamiento contra la malaria o la neumonía, dos de las enfermedades más mortales para la infancia”, expone Suárez Pertierra. Pero las consecuencias de la pandemia van mucho más allá de lo sanitario, anota Longué. “Hay que pensar que para 2.000 millones de trabajadores informales en el mundo (en los países más pobres constituyen más del 80% de la población activa) el confinamiento ha supuesto una reducción drástica de sus ingresos”. Por eso, dice, “hay mucho tejido económico que reconstruir y es urgente dar prioridad a los más desprotegidos y a quienes ven peligrar su alimentación diaria por esta crisis”.

La prioridad, para el presidente de Unicef España, debe ser “lograr que todos y cada uno de los niños y niñas vuelvan a clase”. El cierre de las escuelas durante los momentos más críticos de la pandemia afectó a más de 1.000 millones de estudiantes. “Y los más vulnerables se llevaron la peor parte porque no tuvieron acceso al aprendizaje a distancia”, destaca. “Muchas escuelas en África y Asia están abriendo gradualmente, pero en América Latina, el 38 % de los países aún tienen que decidir cuándo será el regreso a clase. Y ya se anticipa que millones de niños de todo el mundo no volverán nunca. Concretamente, 5,9 millones en Asia y 5,3 en África subsahariana, según estimaciones de Unicef. “Estamos ante una crisis de educación. No ir a la escuela expone a los niños ante una enorme vulnerabilidad”.

2. El cambio climático

“Somos la última generación que puede frenar las peores consecuencias del calentamiento global y se nos está acabando el tiempo”, recuerda Rodríguez Amayuelas. “Nuestra casa está en llamas y no hay tiempo que perder. Y es una cuestión que tiene profundas repercusiones en las condiciones de vida de miles de millones de personas en el planeta. Precisamente las que más están sufriendo estas consecuencias son las que menos responsabilidad tienen en el calentamiento global”. Así lo confirma el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en su último informe que mide el progreso de los países en relación con la presión que ejercen sobre el planeta.

Somos la última generación que puede frenar las peores consecuencias del calentamiento global y se nos está acabando el tiempo

No solo estamos viviendo una terrible pandemia, estamos en medio de una emergencia climática. “Con un incremento de la presencia de gases de efecto invernadero en la atmósfera o de las temperaturas; huracanes y tormentas de una fuerza nunca vista…”, recuerda Suárez Pertierra. “Si no logramos revertir esta situación, condenaríamos a la infancia de hoy y a las generaciones venideras a un mundo de destrucción, miseria e inestabilidad. Hay que actuar ahora”, pide.

A Rodríguez Amayuelas, de hecho, le gustaría ver en 2021 “compromisos ambiciosos en la reducción de los gases de efecto invernadero y medidas decididas para frenar la pérdida de biodiversidad”. “Caemos en la tentación de pensar en insectos, peces o aves cuando hablamos de biodiversidad, pero las variedades de plantas o animales adaptadas a su medio y que sirven de alimento a la especie humana, también están en peligro”, describe.

3. Acceso universal a la vacuna contra el SARS CoV-2

Coinciden los expertos en subrayar que, una vez conseguida la proeza de desarrollar en tiempo récord varias vacunas contra la enfermedad que ha cambiado al planeta, este debe ser el año de suministrarla equitativamente a las personas en riesgo, vivan donde vivan. “Es un objetivo concreto: que en 2021 todos los países tengan acceso a la vacuna y tratamientos contra la covid-19. Lo tenemos que lograr”, apunta Pajín.

Es un objetivo concreto: que en 2021 todos los países tengan acceso a la vacuna y tratamientos contra la covid-19

“En la actual situación, en 2021 el mundo rico estará mayoritariamente vacunado y avanzando en su recuperación, aunque de forma muy limitada al ser la covid-19 todavía un riesgo en la mayor parte del planeta. Mientras tanto, el mundo en desarrollo tendrá que esperar, sufriendo la prolongación de los efectos sanitarios y económicos del aislamiento y las limitaciones comerciales hasta 2024″, denuncia Cortada. “Esto es inaceptable: la recuperación debe ser universal y la prioridad debe centrarse en las personas que lo necesitan, no en los derechos de compañías farmacéuticas o en los privilegios de los países más ricos”, agrega.

Desde Unicef aseguran que en 2021 quieren suministrar y distribuir 2.000 millones de dosis de vacuna y casi 750 millones de tests y tratamientos en los países con pocos recursos. En este sentido, Moreno Bau comenta que la estrategia covid en España tiene como foco “el acceso universal y distribución de las vacunas”. Por eso, el país ha contribuido con 50 millones de euros al fondo COVAX AMC, una herramienta multilateral y multi-actor para garantizar la adquisición y suministro de vacunas para las naciones que no pueden permitirse competir en el mercado. Sin embargo, España se ha posicionado, junto con la Unión Europea y los países más ricos del planeta, en contra de liberalizar las patentes de las inmunizaciones y medicamentos contra la covid-19. Una petición que India y Sudáfrica han planteado en la Organización Mundial del Comercio como vía para incrementar la capacidad de producción y reparto de las vacunas y tratamientos, y que aún está por dirimirse.

Además, los países ricos “han acaparado el 75% de las dosis disponibles”, indica Rodríguez Amayuelas. “Lo que impedirá que la vacunación en los países más empobrecidos no empiece, como pronto, hasta 2022″. Por eso, insiste en la necesidad de una distribución equitativa, de no hacerlo “tarde o temprano, el virus nos acabará volviendo”.

4. Derechos Humanos

El último informe de Cívicus pone de manifiesto que las libertades civiles han sido las grandes perjudicadas de la gestión gubernamental del coronavirus en todo el mundo. “Remover los obstáculos para conseguir el disfrute efectivo de los derechos humanos para todas las personas en todo el mundo” es una de las prioridades que deben tenerse en cuenta en este año que comienza, según Rodríguez Amayuelas. “Sin libertad, participación o transparencia no se pueden erradicar las causas de la pobreza, la desigualdad o la insostenibilidad global. Un cambio en la posición de la UE en relación con el tratado vinculante de derechos humanos y empresas de Naciones Unidas, y la aprobación de una ley de debida diligencia en el estado español sería pasos adecuados en esta dirección”, opina. En palabras de Cortada, una de las cuestiones ineludibles en 2021 debe ser “proteger los derechos humanos evitando que la desigualdad y el nacionalismo imperen en la respuesta a la crisis”.

Amnistía Internacional también lo ha denunciado. Muchos gobiernos han hecho de su capa un sayo y han aprovechado para reprimir aún más a los ciudadanos, incluso a aquellos ya retenidos o encarcelados, advertía en su informe Atreverse a defender los derechos humanos durante una pandemia de agosto de 2020. En su estudio, la ONG identificó que 131 personas en todo el mundo habían sido víctimas de hostigamiento, enjuiciamiento, homicidio o encarcelamiento bajo pretextos relacionados con la covid-19. “La legislación sobre noticias falsas, las restricciones de la circulación, la menor protección policial y la mayor intolerancia a la crítica han dado lugar a una nueva oleada de represión en todo el mundo contra quienes han denunciado irregularidades en el sector sanitario o han señalado respuestas inadecuadas a la pandemia”, indicaban.

5. Gobernanza global frente a nacionalismos

“Hay que reforzar y fortalecer los mecanismos de gobernanza global. La pandemia ha puesto de manifiesto la importancia de tener una herramienta de respuesta conjunta. Los retos son comunes y no tenemos instrumentos suficientemente operativos para responder”, solicita Pajín. “Se trata de ceder soberanía hacia arriba, que haya gobiernos globales que puedan tomar decisiones”, explica.

En este apartado, Moreno Bau da relevancia a los deberes en casa: “Todas nuestras prioridades pasan por una primera urgencia: la reestructuración institucional, jurídica y financiera del sistema de la Cooperación Española, algo absolutamente imprescindible para adecuarnos a la realidad la Agenda 2030 y la transversalidad de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Esta reforma, dice, está ya en marcha y su deseo es que esté lista a finales de 2021. “España es un socio confiable y clave del sistema multilateral, pero hay que actualizarse. En realidad, todo el engranaje de la cooperación internacional está cambiando para ser capaz de afrontar los nuevos desafíos del cambio climático, la salud global, las migraciones o la pobreza”, puntializa.

“Los gobiernos de los países afluentes van a recibir mucha presión interna para atender al fuerte impacto socioeconómico negativo y a las expectativas de sus poblaciones, en competencia con sus compromisos de apoyo al desarrollo”, recuerda Plasència. La primera respuesta a la covid-19 “ha ofrecido señales esperanzadoras”, considera Cortada. Pero al mismo tiempo ha evidenciado la incapacidad de constituir en un Gobierno global “que establezca la recuperación como prioridad por encima de los beneficios de grupos particulares”.

Esa es, insiste Pajín, una tarea urgente para este año, aunque el populismo y el nacionalismo representan una amenaza. Coincide Cortada: “Nuestros Gobiernos han tenido una visión nacionalista, y de forma tácita, han permitido que prevalezca el interés particular y los beneficios de grupos de interés muy poderosos sobre el bien común, la protección de la salud pública y las ayudas a las personas y países más vulnerables afectados por la covid-19. Cambiar la dirección de esas decisiones, y que se privilegien los bienes comunes, desde un nuevo multilateralismo es el mayor reto del 2021″.

6. Financiar el desarrollo

Tener instituciones fuertes, que primen el bien común frente al particular, no es el único ingrediente para poder luchar contra a pobreza, la desigualdad, el hambre o garantizar educación y sanidad a los ciudadanos. Los fondos son igualmente necesarios. Pero “existe un riesgo evidente de que las economías más desarrolladas contraigan su ayuda y hagan un repliegue hacia dentro de sus fronteras, dejando de financiar otras crisis como el hambre masiva en África o en el sudeste asiático”, advierte Longué

Mientras los países más ricos se han ayudado a sí mismos con 11 billones de dólares, la ayuda oficial al desarrollo ha permanecido estancada

Lo mismo teme Pajín. “No se debe reducir la financiación. Ahora va a haber una reorientación de fondos hacia la urgencia, que además pone de manifiesto problemas estructurales”, reconoce. Los datos apuntan que ese repliegue se está produciendo. “Mientras los países más ricos se han ayudado a sí mismos con 11 billones de dólares, la ayuda oficial al desarrollo ha permanecido estancada y el alivio de la deuda ha sido de tan solo de 5.700 millones para los países que más apoyo necesitan”, enumera Cortada.

Rodríguez Amayuelas lo tiene claro: la financiación del desarrollo a nivel global se va a ver recortada porque los Estados van a destinar sus fondos a recuperar sus economías. “Y porque, en general, la bajada de las rentas nacionales de todos los países como consecuencia de la crisis va a suponer un menor porcentaje de ayuda al desarrollo en términos absolutos”, advierte. Moreno Bau promete que el Gobierno de España mantiene el compromiso de “elevar de manera gradual el porcentaje de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) hasta el 0,5 % de la Renta Nacional Bruta a final de legislatura”.

Y un deseo…

¿Qué le piden a 2021 los expertos a los que hemos consultado?

  • Leire Pajín (REDS): “Me gustaría que este año sea definitivo e importante en la lucha contra la violencia de género. La pandemia no debe ocultar otras tareas olvidadas como esta. Hay que volver a colocarla en el corazón de la agenda”.
  • Gustavo Suárez Pertierra (Unicef España): “Lograr la reapertura de las escuelas en condiciones de seguridad, retomar las campañas de vacunación y conseguir que los servicios sociales y sanitarios vuelvan a estar 100% operativos en todos los países del mundo”.
  • Antoni Plasència (ISGlobal): “Me gustaría que se avanzase en la cooperación al desarrollo a través de los programas de investigación, innovación y formación, con partenariados de centros y universidades de países del Norte con sus homólogos en los países del Sur global, especialmente en África y Latinoamérica”.
  • Andrés Rodríguez Amayuelas (Coordinadora ONGD): “Concitar un amplio respaldo de la sociedad española a una nueva ley de cooperación para el desarrollo sostenible que reconozca que vivimos en un mundo interdependiente y que impulse medidas radicales y de modo urgente. Es una cosa pequeñita en el contexto global, pero es en lo que podemos empujar para que sea realidad”.
  • Ángeles Moreno Bau, Secretaria de Estado de Cooperación: “Desearía que fuéramos capaces de trasladar a la ciudadanía el sentido profundo de la cooperación, ahondar en la perspectiva humana de esta profesión que, sostenida sobre imperativos éticos, supone una gran empresa de progreso y bien común”.
  • Franc Cortada (Oxfam Intermón): “Un gran acuerdo para convertir todas las vacunas covid-19 en un bien público de acceso universal, libres de patentes. Y un compromiso universal por una recuperación sostenible, justa y que priorice a las mujeres y niñas”.
  • Olivier Longué (Acción Contra el Hambre): “Nos gustaría ver un avance decisivo hacia la consecución del segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible: Hambre Cero”.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/2021-01-03/2021-un-ano-para-reorganizar-las-prioridades-de-la-humanidad.html

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Por un Pacto Ecosocial con la desobediencia

Por definición un pacto plantea un acuerdo entre dos o más partes, muchas veces solemne, donde se establece una obediencia a cumplir los puntos establecidos en lo que puede ser o no un contrato formal, en ocasiones conseguido incluso debajo de la mesa.

Tan agobiante definición puede generar confusiones, más cuando erradamente se mete en un mismo saco a todos los pactos nacidos en estos convulsos tiempos. Pese a ello, el Pacto Ecosocial del Sur no plantea un acuerdo formal para cumplir una hoja de ruta cerrada ni propone un listado de demandas dirigidas a los gobernantes. No es un pacto con el poder, ni para acceder al poder; este pacto enuncia ideas de cambio de las fuerzas sociales que lo impulsan.

Vivimos la peor crisis moderna de la humanidad; una crisis que rebasa al azote sanitario del coronavirus pues se descubren las fracturas multifacéticas y sistémicas de la civilización dominante. En medio de esa crisis, y pese al aislamiento físico, un grupo de personas sintonizadas desde hace tiempo elaboró un documento corto proponiendo -lo que a mi juicio es- un pacto con la desobediencia, buscando alternativas sistémicas y concertadas con diversos procesos sociales.

En clave de transiciones (en plural), sin olvidar el horizonte utópico, se plantean nueve puntos de acción:

  • una transformación tributaria solidaria donde “quién tiene más, paga más”; anular las deudas externas estatales y construir una nueva arquitectura financiera global, como primer paso de reparación histórica de la deuda ecológica y social contraída por los países centrales desde la colonia;
  • crear sistemas nacionales y locales de cuidado donde la sostenibilidad de la vida sea el centro de nuestras sociedades, entendiendo al cuidado como un derecho que exige un papel más activo del Estado en consulta y corresponsabilidad permanente con pueblos y comunidades;
  • salir de la trampa de la pobreza extrema con una renta básica universal que sustituya las transferencias condicionadas focalizadas de herencia neoliberal;
  • impulsar la soberanía alimentaria combinada con políticas que redistribuyan la tierra, el acceso al agua y una profunda reforma agraria, alejándose de la agricultura industrial de exportación y sus nefastos efectos socioambientales;
  • construir economías y sociedades postextractivistas para proteger la diversidad cultural y natural desde una transición socioecológica radical, impulsando salidas ordenadas y progresivas de la dependencia del petróleo, carbón y gas, de la minería, y de los grandes monocultivos, frenando la deforestación masiva;
  • recuperar y fortalecer espacios de información y comunicación desde la sociedad, actualmente dominados por los medios de comunicación corporativos y las redes sociales que forman parte de las corporaciones más poderosas de nuestros tiempos, para disputar los sentidos históricos de convivencia;
  • fortalecer la autonomía y sostenibilidad de las comunidades locales frente a la fragilidad de las cadenas globales de producción, para potenciar la riqueza de los esfuerzos locales y nacionales;
  • y, concluyendo este listado siempre preliminar, propiciar una integración regional y mundial soberana favoreciendo los sistemas de intercambio local, nacional y regional, con autonomía del mercado mundial globalizado y enfrentando al monopolio global corporativo.

Muchas de estas ideas aparecen en otros documentos elaborados en estos años, no solo durante la pandemia. La diferencia radica en que este Pacto Ecosocial propone acciones concretas a corto plazo sin olvidar las utopías y la imperiosa necesidad de construir imaginarios colectivos, para acordar un rumbo compartido de transformaciones radicales y una base para caminar con plataformas de lucha en los más diversos ámbitos de nuestras sociedades.

La crisis desnudada por la pandemia ha potenciado las desigualdades y muestra, quizás con más brutalidad que antes la incertidumbre y fragilidad de nuestro futuro, siempre en juego. Nos toca enfrentar un mundo desigual e inequitativo en extremo, plagado de todo tipo de violencias (patriarcales, racistas, extractivistas…) que aumentan aceleradamente con la pandemia. Pero también es una enorme oportunidad para (re)construir nuestro futuro desde principios básicos para una vida digna: el cuidado, la redistribución oel reparto, la suficiencia y la reciprocidad, desde bases comunitarias y autonómicas antes que estatales. En concreto, el campo principal de acción aparece en donde podemos actuar propiciando vidas mancomunadas, en espacios comunes: plurales y diversos, con igualdad y justicia, con horizontes construidos colectivamente, para resistir el creciente autoritarismo y construir simultáneamente todas las alternativas posibles.

En realidad este Pacto viene desde abajo, desde los movimientos sociales y la Madre Tierra (origen y base de todos los derechos); eso sin ocultar la responsabilidad de quienes lo redactaron. Este Pacto surge, en definitiva, desde múltiples luchas de resistencia y de re-existencia en nuestra región, incluso se sintoniza con la larga memoria de los pueblos originarios, algunas de cuyas más importantes organizaciones lo respaldan.

Así, desde esas luchas, reflexiones y realidades se propone este Pacto Social, Ecológico, Económico e Intercultural desde el Sur, desde América Latina, desde Abya Yala y Afro-Latinoamérica, proyectándolo a los sures del mundo, convocando a desobedecer y confrontar al poder para enterrar al mundo del capital y crear un mundo nuevo. Y para conseguirlo, caminando desde el aquí y el ahora, quienes escribimos este Pacto buscamos horizontes de transformación civilizatoria, en esencia postcapitalistas, tanto para superar el antropocentrismo, como la colonialidad, los racismos y el patriarcado. El fin es construir un mundo donde quepan muchos mundos -un pluriverso- pensados desde las perspectivas, deseos y luchas de los pueblos y sus derechos.-

Fuente: https://rebelion.org/por-un-pacto-ecosocial-con-la-desobediencia/

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