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Un jardín en el desierto: Operadores penitenciarios en Uruguay

Son las ocho de la mañana y en la esquina de Cabildo y Nicaragua las puertas ya están abiertas. Una señora que transita por la vereda se detiene y le pregunta al guardia si en el lugar sigue funcionando la cárcel de mujeres. El guardia, con cara de perplejidad, le explica que la cárcel no funciona como tal desde 2011 y que actualmente es el Centro de Formación Penitenciaria (Cefopen). Así inicia una conversación de vereda cuya temática tal vez continúe extendiéndose hasta otro vecino, otras familias, otros barrios, otros pueblos.

Es diciembre y la generación actual de estudiantes en el curso de formación inicial de operadores penitenciarios grado 1 acaba de egresar: 141 en Montevideo y 100 en el interior del país. En el Cefopen se desarrollaron las clases teóricas, que abarcan desde contenidos normativos de la legislación correspondiente y conocimiento sobre el nuevo Código del Proceso Penal hasta formación en aspectos de seguridad penitenciaria, género, adicciones, salud integral, abordaje de las emociones, autocuidado e intervención socioeducativa, entre otros temas. El enfoque de derechos humanos atraviesa la formación como eje esencial para los objetivos del trabajo en contexto de encierro.

Al finalizar la formación inicial, los operadores, así como los policías y funcionarios en general, tienen la oportunidad de asistir a los cursos de educación permanente que surgen de la propuesta y el enfoque del centro. Estos responden a necesidades que emergen mediante evaluaciones, así como del relevamiento de propuestas de los propios estudiantes y funcionarios.

La actividad en la ex cárcel de Cabildo no sólo consiste en las aulas pobladas y activas, la sala de informática, el anfiteatro para conferencias, la presentación de libros, las mesas interinstitucionales, sino también en el constante movimiento de los docentes y coordinadores que cada día se disgregan hacia las unidades penitenciarias de todo el país.

Es común que aquellos que trabajan en este contexto, al encontrarse en un cumpleaños, una reunión familiar o con amigos, tengan que contestar la pregunta “¿qué hace un operador penitenciario?”, ya que una amplia mayoría de la ciudadanía desconoce la existencia de este rol y cree que en las cárceles únicamente trabajan policías.

Hoy en día en las unidades penitenciarias podemos encontrar una microsociedad laboral muy grande: maestros, profesores, artistas, educadores, médicos, enfermeros, referentes religiosos, psicólogos, abogados, estudiantes de facultad y técnicos de diversas áreas y disciplinas. A dicho conjunto debemos sumar no sólo a las personas privadas de libertad y los funcionarios policiales, sino a las familias que pertenecen a la realidad de un contexto en el que cada día trascurre la vida de las personas.

Inmersos en esta red se encuentran los operadoras penitenciarios. No portan arma. Usan un uniforme que los identifica. Han sido formados para trabajar en equipo y para cumplir diversas funciones que hacen a la cotidianidad de la cárcel, pudiendo realizar trámites administrativos, procedimientos de seguridad y de operatividad para los movimientos necesarios de las personas privadas de libertad, así como procurar que se concrete toda actividad que dignifique la vida de dichas personas, que favorezca la convivencia y que asegure el pleno desarrollo de capacidades vitales. El operador penitenciario es un facilitador de oportunidades. Se forma y se prepara para trabajar en un ámbito complejo, donde las tensiones son del día a día, provocadas muchas veces por la escasez de recursos o por las dificultades propias de trabajar en un contexto en el que se ha encerrado a aquellos y aquellas que han cometido delitos; personas que no sólo quedan excluidas de la libre circulación, sino que ven afectado su propio plan vital, transformándose el encierro en su nueva realidad. El operador penitenciario se forma para crear y desarrollar proyectos capaces de motivar, sostener y transformar. Es un articulador entre lo que comúnmente escuchamos nombrar como “el adentro y el afuera”, buscando que las consecuencias del encierro no provoquen el aislamiento y la reincidencia. El operador penitenciario es un profesional que planifica, observa, coordina, ejerce, comunica, educa y aprende.

Comprender que el delito es parte de la trayectoria vital de la persona y que la persona es parte del entramado social exige que aquellos que trabajan en la cárcel desarrollen la empatía que les permita, en un marco de seguridad, acompañar procesos personales y grupales que habiliten posibilidades de formar espacios de reflexión y de acción.

La filósofa contemporánea Martha Nussbaum afirma: “Desarrollar políticas que sean de verdad pertinentes para un amplio abanico de situaciones humanas supone atender a diversos factores que afectan la calidad de vida de una persona: significa preguntarse, en cada ámbito, ¿qué son las personas en general, y cada una de ellas en particular, realmente capaces de hacer y de ser?”. Esto nos hace pensar en las capacidades educativas, laborales, emotivas, sociales que una persona privada de libertad posee. Incluso nos hace pensar en las capacidades de las instituciones para generar oportunidades de desarrollo de todo ciudadano, en toda circunstancia. Y, por qué no, nos hace pensar en las capacidades de toda una sociedad, de pretender para todo ciudadano no sólo la pena correspondiente a los daños que genere, sino la posibilidad de que sus derechos humanos no sean violados y su trayectoria vital encuentre espacios de restauración que lo habiliten a vivir en paz con otros y consigo mismo. Tal vez influidos por cierto pensamiento confuciano, queriendo humanizar los lugares de la sociedad que encierran, busquemos liberar una conciencia objetiva más justa y virtuosa, confiando esencialmente en que es posible hacerlo.

Leticia Terán es docente y licenciada en Filosofía. Integra la coordinación académica del Cefopen.

Fuente: https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2020/1/un-jardin-en-el-desierto-operadores-penitenciarios-en-uruguay/

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Rodrigo Arocena: “la educación universitaria no puede pensarse como un privilegio de algunos”

Por: La Diaria. 

 

El ex rector de la Udelar y asesor de Daniel Martínez dijo que los cupos han servido para mantener “a las élites en su poder».

En Maldonado, y en el marco de la presentación de diez propuestas de educación del equipo que asesora a Daniel Martínez, el ex rector de la Universidad de la República (Udelar) Rodrigo Arocena fue consultado acerca de la polémica que generaron las declaraciones del candidato blanco, Luis Lacalle Pou, en el libro Once rounds, del periodista Alfredo García.

Allí Lacalle Pou manifestó, entre otras cosas, que es necesario ir “hacia un proceso de acceso distinto” a la Udelar. “Me parecen justos y lógicos los mecanismos de ingreso y selección”, sentenció, en referencia a los cupos. Luego de la divulgación de estos dichos, el candidato y su equipo plantearon que se trata de una opinión personal y “filosófica”, que no está incluida en el programa de gobierno del Partido Nacional.

No obstante, Arocena fue consultado y respondió que el tema de los cupos “no es algo que el país no conozca”, ya que en 1984, a la salida de la dictadura, el planteo de suprimirlos fue una de las “reivindicaciones democratizadoras por excelencia”.

“Si yo he tenido una familia que me apoyó en mis estudios y provengo de un hogar de clase media-alta, y mi vecina proviene de otro hogar, de condiciones más difíciles, entonces es probable que si hay cupos yo entre y ella no. Y diez años después yo voy a estar ganando mejor sueldo que ella y ella va a tener problemas ocupacionales. Entonces, si queremos apostar a la igualdad hay que decirles no a los cupos”, reflexionó Arocena.

En su opinión, Uruguay se acerca a un “cruce de caminos” entre profundizar “la democracia social y política que nos caracteriza” y un “terreno de incertidumbre”.

“Es el momento en que este bendito país igualitario apueste a generalizar el acceso a la enseñanza terciaria para todos y todas a lo largo de toda la vida, pero para todos, con una filosofía social igualitaria, no pensando la educación terciaria o universitaria como un privilegio de algunos”, agregó Arocena. Según dijo, este tipo de limitaciones en el acceso a la educación universitaria “han mantenido a las élites en su poder durante gran parte de la historia en gran parte del mundo”.

“No pongan cupos, de ninguna manera pongan cupos. No piensen que después de hacer una educación media democrática lo que viene es una educación terciaria elitista y antidemocrática”, concluyó el matemático.

Repliegue

El candidato nacionalista explicó ayer por qué sus asesores no darán más entrevistas hasta las elecciones nacionales, en el marco del ciclo de entrevistas organizado por Zonamérica. Si bien Lacalle Pou dijo que “hasta ayer o anteayer hubo una salida masiva de los técnicos” y recordó que estuvo “dos horas con 40 minutos en el PIT-CNT, con siete u ocho asesores”, explicó que “la regla ahora es concentrar en el candidato a presidente y la candidata a vicepresidente, y eventualmente en la coyuntura, volver a abrir a los técnicos a materias específicas”, respondió.

El Observador había informado más temprano, en base a fuentes del equipo de campaña nacionalista, que el Partido Nacional busca poner el foco en la fórmula presidencial y no en algunas de las declaraciones de asesores que generaron polémica, como los dichos de Azucena Arbeleche acerca de que les había pedido a las calificadoras de riesgo que no le bajaran la nota crediticia al país.

La decisión del nacionalista fue criticada por varios integrantes del oficialismo. “Cuando un capitán del cuadro le tiene confianza al equipo no le pone mordaza”, dijo el ex rector de la Udelar durante el acto en Maldonado. Martínez también aprovechó para cuestionar la decisión de su contrincante y escribió en su cuenta de Twitter que su equipo siempre está “para los medios y la opinión pública”. Luego afirmó que seguirá comunicando sus propuestas educativas, porque sus equipos “sí están facultados para desarrollarlas y explicar a la ciudadanía qué futuro vota. Es de responsabilidad decir hacia dónde vamos. Porque las certezas se construyen en base a hechos y no palabras”. Ramón Méndez, asesor del candidato oficialista, le escribió por Twitter a Pablo da Silveira, asesor del candidato nacionalista: “Ahora entiendo por qué 4 medios intentaron hacer un debate entre vos y yo sin éxito. ¿Hay un programa oculto? ¿Lacalle Pou no confía en sus técnicos? Si no son capaces de salir a defender sus ideas, es porque no están preparados”.

El “manual” del “elitista”

Este viernes el candidato nacionalista dijo que el rector de la Udelar, Rodrigo Arim, usó un “manual” al tratarlo de “elitista” y “neoliberal”. “Le faltó oligarca y alguna cosa más”, afirmó en un acto llamado “Zona de encuentro”, organizado por Zonamérica, según recogió Montevideo Portal.

Lacalle Pou dijo que hace un tiempo se reunió con Arim y conversaron sobre las políticas de cupos. “¿Por qué hay cupos? Porque el mundo va rumbo a necesitar determinadas profesiones. Y la universidad es financiada por todo el país”, afirmó, y reiteró que tan sólo se trató de una reflexión personal.

En las declaraciones que hizo a la diaria el miércoles, el rector mostró su “preocupación” por los planteos de Lacalle Pou y explicó que con los cupos se profundizan los “sesgos negativos” de las personas que acceden a la educación terciaria superior. Para Arim, “los mecanismos selectivos no son objetivos ni razonables”. Gastón González, secretario de Arim, aclaró ayer de tarde, en su cuenta de Twitter, que en realidad el rector nunca trató de “neoliberal y elitista” al candidato blanco, sino que esa referencia parecería aludir a las declaraciones que hizo el jueves en la diaria el dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay Mauro Conti.

Las diez medidas del Frente Amplio para la educación

  1. Plan de universalización de la educación inicial y la enseñanza media.
  2. Extensión del tiempo educativo: 90 centros de primaria, 120 de educación media, 65.000 alumnos.
  3. Segunda fase del Sistema de Protección de las Trayectorias Educativas, con énfasis en el acompañamiento en las zonas más vulnerables.
  4. Carrera Docente Universitaria: titulación de 90% del profesorado de secundaria en el próximo quinquenio e integración de la formación docente al sistema universitario.
  5. Uruguay Proyecta: articulación de experiencias de enseñanza basadas en proyectos.
  6. Reforma del bachillerato, con propuestas para jóvenes que comienzan su experiencia laboral.
  7. Coordinación de las políticas de enseñanza para privados de libertad.
  8. Creación de cinco polos lingüísticos regionales.
  9. Extensión del Plan Ceibal a toda la enseñanza media.
  10. Avance en la descentralización de la Udelar.

Fuente del artículo: https://ladiaria.com.uy/articulo/2019/10/rodrigo-arocena-la-educacion-universitaria-no-puede-pensarse-como-un-privilegio-de-algunos/

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La OCDE analiza las tendencias globales que el sistema educativo debería tener en cuenta los próximos años

Por: La Diaria

Globalización, democracia, seguridad, envejecimiento y cambio de patrones culturales son abordados en un informe.

Cada dos o tres años, técnicos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) elaboran un informe en el que analizan las principales tendencias de cambio a nivel social, político y económico que impactan en la educación. Pocos días atrás, el organismo publicó el informe de 2019, bajo la premisa de que “examinar el futuro de la educación a la luz de las tendencias globales es clave” para el “desarrollo pleno de los individuos como personas, ciudadanos y profesionales competentes”. El informe sostiene que en el mundo actual, “complejo y en rápida transformación”, estar atento a las tendencias globales “podría implicar actualizar” contenidos educativos y volver a “imaginar las formas de prestación del servicio, incluyendo la reorganización de los entornos de aprendizaje formal e informal”.

De todas formas, el texto señala que a la hora de pensar la educación en el largo plazo se debe tener en cuenta las tendencias actuales, “pero también pensar en las distintas formas en que estas pueden evolucionar en el futuro”. El informe de la OCDE se centra en tendencias a nivel “panorámico” del sistema educativo y no se concentra “en el nivel ‘micro’ de los individuos y las familias”. Al contrario de ediciones anteriores, en las que se dedicaba un capítulo exclusivo para hablar de las tendencias vinculadas al desarrollo tecnológico, esta vez aparecen transversalmente en todos los capítulos.

Según se sintetiza en el resumen ejecutivo de la publicación, en el primer capítulo se habla de un “desplazamiento” del “centro de gravedad global” hacia Asia, gracias a “economías gigantes emergentes” como China e India. En este sentido, se analiza que “la globalización facilita la aparición de redes y comercio transnacionales”, sumado a que “la movilidad transfronteriza ha aumentado” gracias a los avances en materia de transporte y comunicaciones. Por su parte, se señala que “el crecimiento económico ha permitido a muchas personas salir de la pobreza”, lo que resulta en “la expansión de la clase media global”. No obstante, se señala que “la globalización también presenta nuevos desafíos: niveles de consumo crecientes, uso insostenible de los recursos y, para algunos, un sentimiento de haberse quedado atrás”.

El informe afirma que “la educación tiene un papel importante que desempeñar en equipar a los estudiantes con las competencias necesarias para progresar en el futuro global”. En relación con los nuevos desafíos señalados, se sostiene que el sistema educativo “puede desempeñar un papel en la lucha contra el cambio climático y la desigualdad”, aunque se admite que “la educación sola no es suficiente”.

Otras áreas

En materia de ciudadanía y democracia, el informe advierte que indicadores como la participación electoral han caído en muchos países y que “la creciente desigualdad y la brecha entre áreas rurales y urbanas crean desequilibrios en términos de oportunidades de vida y acceso a los servicios básicos”. Más allá de que se afirma que la digitalización facilitó el acceso a la información, lo ha hecho “sin garantías sobre la calidad del contenido disponible online”. “De hecho, la ubicuidad de las redes sociales ha facilitado la difusión de inexactitudes y mentiras, y existe una creciente preocupación por los algoritmos y ‘burbujas’ digitales que sólo confirman nuestras creencias existentes”, cuestiona el documento. Según continúa, la combinación de estos elementos se conecta “con preocupaciones sobre la disminución de la confianza y el creciente malestar político y social”. Por lo tanto, afirma que la educación “es importante para fomentar la ciudadanía democrática y mejorar la participación cívica y social”.

El análisis también recuerda que “la seguridad” es un derecho humano y establece que, para garantizarlo, los países se enfrentan a desafíos cada vez más complejos. El cambio climático y las “redes terroristas” son señalados especialmente, al tiempo que se advierte sobre la ciberseguridad: “Una gran cantidad de datos confidenciales se almacenan en servidores de todo el mundo, y el robo de datos y las filtraciones tienen importantes consecuencias económicas, sociales y políticas. Quién controla qué datos (individuos, empresas o gobiernos) también es un tema de debate”. Pese a que se señala que hubo una disminución en las tasas de criminalidad, el informe indica que las personas perciben un mayor nivel de riesgos. En ese sentido, considera que la educación puede “ayudar a comprender, prevenir y mitigar los riesgos que amenazan la seguridad” y “a distinguir entre riesgos percibidos y riesgos reales”, además de “preparar mejor a los ciudadanos para resistir frente a la adversidad”.

En suma, en una sociedad cada vez más envejecida el informe de la OCDE señala que “las personas mayores y más sanas viven y trabajan durante más tiempo”, mientras que “tienden a ser relativamente más ricas, en promedio, creando nuevos mercados de productos y servicios dirigidos a sus necesidades específicas”. Entre los “riesgos” que trae el envejecimiento, se nombra el aumento de enfermedades crónicas como la diabetes y la demencia. Si bien se señala que “la digitalización puede ayudar a abordar muchos de los riesgos relacionados con una mayor fragilidad y dependencia”, se advierte que, al mismo tiempo, “facilita amenazas dirigidas específicamente a las personas mayores, como el fraude digital”. Por lo tanto, el texto sostiene que la educación, “a menudo considerada algo para los jóvenes, puede beneficiar a los adultos mayores” si se plantea preguntas como de qué forma “promover una cultura de aprendizaje a lo largo de toda la vida”.

Con respecto a los aspectos culturales del mundo actual, el informe niega que se esté viviendo en un mundo más individualista y establece que, por el contrario, el sentido de pertenencia a distintos grupos y organizaciones está cambiando, pero no desapareciendo. “Los patrones de trabajo y vida evolucionan a medida que disminuyen las tasas de matrimonio, más mujeres ingresan en el mercado laboral y más hombres desempeñan un papel activo en la crianza de los hijos. Los mercados digitales diluyen fronteras de espacio y tiempo, conectando más fácilmente a compradores y vendedores, pero transformando también nuestro modelo de consumo, donde cada vez más pagamos por el acceso a los bienes (por ejemplo, libros, música) en vez de obtenerlos en propiedad. También la sostenibilidad y las elecciones éticas tienen un peso progresivo en nuestros hábitos de consumo, por ejemplo, en el uso de vehículos eléctricos u otros intentos de reducir nuestro impacto sobre el planeta”, se analiza. En este contexto, se afirma que “la educación juega un papel crucial en equipar a las personas con las habilidades, los conocimientos y las actitudes necesarias para prosperar en sus vidas personal y profesional”. En suma, afirma que el sistema educativo debe “adaptarse” a la creciente digitalización y “evolucionar para aprovechar las herramientas y las fortalezas de las nuevas tecnologías”, además de abordar “posibles abusos como el fraude, el robo de identidad o el ciberacoso”.

Fuente: https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2019/2/la-ocde-analiza-las-tendencias-globales-que-el-sistema-educativo-deberia-tener-en-cuenta-los-proximos-anos/
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Crónicas del aula: la niña siria

Por: Helena Modzelewski /La Diaria

En su biografía de Facebook, mi amigo Gabriel, el maestro, publica la foto de una escena cotidiana del aula que llama mi atención. Un niño, de quien vemos apenas la nuca, blande un lápiz sobre los renglones de un cuaderno. Una niña, a su lado, de pie, nos da la espalda de su túnica blanca impecable (hasta diría que almidonada, si esa práctica siguiera vigente), lleva sus rulos castaños atados en dos colitas y sostiene un cuaderno similar entre sus manos. El rostro apenas ladeado hacia su compañero, y la atención que este pone al papel, y al lápiz que parece a punto de moverse, nos hace imaginar que ella le está dictando. Al pie de esta foto, Gabriel ha escrito: “Trabajo cooperativo, enriquecimiento mutuo. Alumna de Siria apoya en escritura a su compañero de clase”.

Revive en mi mente un tema que hace tiempo ha perdido protagonismo en los medios de prensa: ¿qué fue de las familias sirias? Gabriel se excusa diciendo que no sabe la respuesta a esa pregunta tan grande, pero sabe la historia mínima que desde el privilegio de su aula le ha sido confiada. Me la cuenta. Para mí, en todo caso, no hay forma de conocer “a lo grande”. Al igual que el zorro de El principito, estoy convencida de que sólo se conoce lo que se domestica. Es probablemente la única forma de conocer íntegramente: el caso particular, la ternura, la mirada a los ojos.

Alentado por mi interés me cuenta. Samira tiene seis años, está en primero y tiene un nivel académico alto, en la franja superior del promedio. Toda su escolarización tuvo lugar en Uruguay, ya que cuando llegó con uno de los contingentes de familias sirias, fue ubicada de acuerdo con su edad en el nivel inicial. Su español es perfecto, y es además bilingüe, porque en su casa se habla árabe. Le gusta jugar a las maestras, y por eso siempre está ayudando a sus compañeros a completar tareas que se les hacen difíciles.

¿Cómo es ser el maestro de una niña proveniente de una realidad tal? Los ojos de Gabriel se iluminan en el desafío de la búsqueda de palabras. “Estimulante, divertido, y a veces, incluso, sencillo”, me dice sonriendo. Como el día que conoció a la mamá de Samira. Es sabido que en los primeros años de escuela, por seguridad, los maestros entregan a cada niño en manos de sus padres. Es una tarea que cuesta trabajo al comienzo del curso, porque los maestros no conocen a los padres y tienen que ir preguntando, asociando, procurando fijar en sus mentes rostros de adultos junto a nombres de niños. “Con Samira no tuve ningún problema”, me dice en tono bromista, “la reconocí por los ojitos entre el pañuelo que le cubría toda la cabeza”. Es una mamá joven, muy preocupada por su niña. Cuando Gabriel envió el primer comunicado en el “cuaderno viajero”, ella se presentó sin falta al día siguiente: “Vengo a que me explique personalmente”, le dijo en un perfecto español con un dejo de acento, “porque hablo y entiendo, pero no leo español”. Fue una de las instancias en las que Gabriel se enfrentó a la realidad de que las diferencias culturales requerían un trato diferencial. Ahora, cuando necesita comunicar algo, mientras que los demás niños lo llevan por escrito, él se lo dice a Samira oralmente para que lo cuente en casa.

Otra de esas situaciones de fricción de culturas sucedió en la celebración del Día del Libro. Habían invitado a las familias a participar en un “té literario”. La mamá de Samira no asistió. Luego explicó que no había podido porque estaban en Ramadán y ella no podía tomar té. Gabriel se lamenta de no haberle dicho que la mención del té en la invitación era simplemente una cuestión “de marketing”, y que lo central del evento era la lectura colectiva. Samira tampoco puede comer jamón, que procede del cerdo. La escuela es de tiempo completo, por lo que comparten en el comedor la hora del almuerzo, y si hay algún trozo de jamón, Samira lo aparta y no lo come. Algunos de los demás niños se quejaron al comienzo, porque a ellos no se les permite desechar comida por cuestión de gustos. Los maestros se vieron en la peculiar situación de explicar requerimientos religiosos con los que los uruguayos no estamos familiarizados, y eso pareció satisfacerlos. Ya nadie protesta. El mundo puede ser increíblemente simple para los niños. Los compañeritos hablan de Siria como si fuera un país cercano, familiar, y las costumbres musulmanas ya no son tan misteriosas.

En realidad, “no pueden quejarse”, me dice Gabriel, “¡si hasta tienen show!”. En algunos recreos, Samira pide permiso para bailar frente a su público infantil. Con actitud desfachatada y su vocecita aguda pide: “Maestro, poneme música”. Su canción favorita es “Despacito”. Se dispone llamando a sus compañeros: “Ustedes siéntense en el piso que les voy a bailar”. Pero si cierran mucho el círculo: “Acá tan cerca no, que es el escenario”. Me la imagino tal como Gabriel me la describe, una amalgama inaudita, como una fotografía que, mostrada fuera de contexto, no tendría sentido alguno: una niña de rasgos árabes, vestida en nuestra tradicional túnica blanca con moña azul, mueve sus caderas y sus brazos en una seductora danza oriental al ritmo de un son latino. Un cuadro incomprensible, incluso impredecible, si alguien se hubiera atrevido a imaginarlo una década atrás. Un tesoro más en la historia de un país pequeñísimo cuya población se ha conformado de inmigrantes desde su fundación misma.

En este Mundial, con los niños y maestros deteniendo las clases para mirar los partidos de Uruguay, ya no es tan homogénea ni evidente la hinchada. Todos quieren saber a quién alienta Samira. “A Egipto”, indicó antes del primer partido, porque “hablan árabe, como en mi casa”. Pero después del triunfo, contagiada por la alegría del entorno, olvida su origen y dice que es celeste.

Una vez más en nuestra historia estamos de brazos abiertos, y los niños son nuestros principales maestros. Contrastando con un padre que, durante las inscripciones, murmuró: “Recibimos como unos giles a estos tirabombas”, los niños sólo saben de curiosidad y sorpresas. Gabriel los escuchó hace poco hablando de la serie de películas Chucky. Competían por quién había visto más: “Yo vi hasta la más vieja, la Chucky 1” decía alguien. “¡Yo vi la Chucky 50!”, intervino Samira. “¡No existe!”, le increparon en coro los demás. Y la respuesta que los deja mudos, intrigados, inquisidores: “En Siria, sí”.

Fuente: https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2018/6/cronicas-del-aula-la-nina-siria/

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La desigualdad de género mata

Por. La Diaria

En 2017 hubo cerca de 3.000 femicidios en América Latina y el Caribe, según informe de la CEPAL.

La mayoría de los asesinatos de mujeres que tienen lugar en América Latina y el Caribe son femicidios. Esta es una de las principales conclusiones de un informe del Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que reveló que 59% de las mujeres asesinadas en 2017 en la región murieron por su condición de género.En el mismo documento, el organismo asegura que “al menos” 2.795 mujeres fueron víctimas de femicidio en 23 países de América Latina y el Caribe en 2017. El énfasis en el “al menos” refiere a que el registro se realizó en los países en donde estas cifras están disponibles, por lo que el número real probablemente sea mayor.

En los países de la región con datos disponibles, 57,6% los femicidios son cometidos por alguien con quien la mujer asesinada tenía o había tenido una relación de pareja, detalla el estudio. Hay dos excepciones: El Salvador, donde esto sucede en 6% de los casos de femicidios, y Honduras, donde esta cifra es de 18%.

La situación de El Salvador en relación a los derechos de las mujeres es, en general, una excepción. En este país centroamericano, el fenómeno de femicidio “alcanza una extensión que no encuentra paralelo en ningún otro país de la región”, afirma la CEPAL. Allí, la tasa de femicidios por cada 100.000 mujeres fue de 10,2 en 2017. De hecho, Amnistía Internacional asegura en su informe 2017-2018 que “los elevados índices de violencia de género siguen haciendo de El Salvador uno de los países más peligrosos para las mujeres”.

Le sigue Honduras, que en 2016 registró una tasa de 5,8 femicidios por cada 100.000 mujeres. En Guatemala, República Dominicana y Bolivia también se observaron altas tasas para 2017, iguales o superiores a dos casos cada 100.000. En la región, sólo Venezuela, Panamá y Perú registran tasas inferiores a uno cada 100.000.

A la hora de comparar la situación de América Latina y el Caribe con otros continentes, la CEPAL resalta la dificultad que plantea la diferencia de criterios a la hora de registrar femicidios. Pone como ejemplo a los países de la Unión Europea, que sólo registran en sus estadísticas regionales las cifras de mujeres asesinadas por sus parejas en el ámbito privado, lo que supone desafíos en la comparación con el indicador que publica la CEPAL, que también incluye los asesinatos de mujeres que tienen lugar en el espacio público.

De todas maneras, una comparación de las tasas de femicidios registrados en el ámbito doméstico en las dos regiones muestra que Europa tiene índices más bajos. Mientras que en 2017 las tasas de “femicidios íntimos” en América Latina varían desde un máximo de 1,98 por cada 100.000 mujeres en República Dominicana a un mínimo de 0,47 en Chile, la mayor parte de los países europeos registraba a fines de 2016 tasas por debajo de 0,5.

En la última década, la gravedad del fenómeno ha obligado a 18 países latinoamericanos a modificar sus leyes para sancionar el femicidio. El primero en hacerlo, tal como señala la CEPAL, fue Costa Rica en 2007. Le siguieron en los años siguientes Guatemala (2008), Chile y El Salvador (2010), Argentina, México y Nicaragua (2012), Bolivia, Honduras, Panamá y Perú (2013), Ecuador, República Dominicana y Venezuela (2014), Brasil y Colombia (2015) y Paraguay (2016). El último fue Uruguay, el año pasado. Sin embargo, en la mayoría de los países, la reforma de la legislación no se tradujo en un cambio de la realidad. Los números están a la vista.

La medición de los femicidios, aclara la CEPAL, es “particularmente importante” para dar respuestas a las metas de la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible vinculadas a la eliminación de “todas las formas de violencia contra todas las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado, incluidas la trata y la explotación sexual y otros tipos de explotación”.

La comisión entiende que la realidad obliga a los países a emprender más acciones para erradicar la violencia de género. Por eso, establece como uno de los principales desafíos “comprender que todas las formas de violencias que afectan a las mujeres están determinadas, más allá de su condición sexual y de género, por diferencias económicas, etarias, raciales, culturales, de religión, y de otros tipos”. Sólo así, asegura, se podrá avanzar en la creación de políticas públicas integrales para su erradicación.

Además, plantea como otra línea de trabajo fundamental la sensibilización y la capacitación de los funcionarios públicos, especialmente aquellos que trabajan en la Justicia, “para mejorar los registros de femicidios y dar respuestas acordes al enfoque de derechos humanos y una cultura de igualdad”.

El organismo también contempla la creación de políticas públicas de reparación dirigidas a hijas e hijos de mujeres víctimas de femicidio, “que consideren asignaciones monetarias que permitan enfrentar los gastos cotidianos de las y los menores de edad”. Todo esto sin olvidar la necesidad de generar acuerdos interinstitucionales que permitan fortalecer el análisis de los femicidios tanto dentro de cada país como a nivel regional.
Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=249367
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La Sociedad Uruguaya de Historia de la Educación ante el cambio curricular en formación en educación

Por la Diaria

“Hacer pues, perspectiva histórica, no es hundirse en un proceso ya muerto sino buscar en muchos aspectos, las raíces de la realidad presente. […] Menospreciar el pasado por resultar ahora una etapa superada, no sólo implica desconocimiento de valores reales, sino además un injusto olvido de lo que constituye la fundamentación de las posiciones actuales, que nada tienen por cierto de definitiva”.

Julio Castro, El banco fijo y la mesa colectiva

Actualmente la formación de los educadores se encuentra en discusión. Para la Sociedad Uruguaya de Historia de la Educación (SUHE) constituye una buena noticia. Como profesores e investigadores somos conscientes de la historicidad de los procesos educativos. Esto significa que una república requiere reflexionar acerca del ajuste entre el proyecto de sociedad y los medios que se propone para realizarlo, en cada momento histórico. Cada generación, como dice Hannah Arendt, debe volver siempre a pensar cómo lograr el punto justo que hace posible que el proceso de transmisión de la cultura no se interrumpa. Esto es lo que garantiza la posibilidad de que una sociedad perdure en el tiempo, enfrentando las fuerzas de disolución que en el presente se han vuelto mucho más fuertes.

Sin embargo, algunas alertas han hecho que la SUHE se manifieste. En el marco del proceso de modificación de los planes de estudio de Formación en Educación, la desaparición de Historia de la Educación como unidad curricular es motivo de preocupación. Historia de la Educación ha formado parte del currículum de la formación docente en nuestro país por más de 100 años. La posibilidad actual de que sea sustituida como asignatura de la carrera de magisterio nos mueve a la reflexión sobre la razón de ser de esta asignatura.

Pertinencia de la Historia de la Educación para la formación en educación

¿Por qué incluir Historia de la Educación en la formación de profesionales de la educación? Esta asignatura tiene un rol eminentemente formativo, porque proporciona al futuro profesor, maestro o educador social los elementos para construir una identidad profesional por medio del conocimiento de los procesos históricos que han dado origen al oficio de educar. La importancia de esta disciplina en la formación de los educadores fue señalada con acierto por Adriana Puiggrós, quien plantea la responsabilidad particular de los profesores de Historia de la Educación en un contexto en que los vínculos intergeneracionales están fragilizados: “El caso de los profesores de Historia de la Educación es probablemente límite, ya que de ellos depende que los futuros educadores sean capaces de recoger ese hilo del tiempo/acontecimiento que teje su identidad”. (Volver a educar, 1995: 64-65).

Para Puiggrós, la Historia de la Educación es un campo que permite al educador encontrar los fundamentos que sostienen su identidad en el tiempo. La posibilidad de hacer que el proceso de transmisión de la cultura tenga lugar requiere de educadores que encuentren en el pasado las huellas de un oficio que otros antes se propusieron. Esto permite recuperar el sentido de una forma de hacer que, aunque cambia, mantiene un elemento central a lo largo del tiempo que le da sentido. Sin esta forma de anclar históricamente la formación de un educador, este queda librado a las influencia de las mismas fuerzas que se han desencadenado en el mundo que amenazan con disgregar la singularidad de cada sociedad.

Por otro lado, Historia de la Educación tiene la importante función de formar conciencia histórica sobre la realidad educativa. La educación del pasado se manifiesta en las “novedades” que vamos construyendo de continuo. Las viejas formas se revelan en el acontecer presente. Es Historia de la Educación la única disciplina que permite aprehender el desarrollo de las políticas educativas en su relación con la articulación entre Estado y sociedad en el devenir histórico. No es una mera curiosidad arqueológica, sino una herramienta esclarecedora de las cuestiones educacionales del presente que permite pensar cómo los recursos del pasado pueden utilizarse en el presente para provocar los cambios en la educación que se esperan.

Para Henri Marrou, amplía nuestra perspectiva y nos despoja del sentimiento de ingenua suficiencia; para John Dewey, es la clave para entender los fenómenos presentes. Estudiar la educación del pasado habilita a comprender la realidad educativa presente como construcción y como sedimentación de la acción de muchas generaciones de docentes. Para los educadores significa la posibilidad de comprender mejor la escuela en la que trabajan, la organización de la educación a la que están sujetos. Contribuye entonces a la formación del pensamiento crítico del educador sobre su práctica y sobre el contexto dentro del cual ejerce su acción como docente. Supone esto una potente herramienta para el cambio, para pensarnos colectivamente y discutir qué queremos ser a partir de la comprensión de por qué somos como somos. No se trata tanto de encontrar recetas replicables, sino de comprender las relaciones entre los problemas que enfrentamos en la educación con los problemas que han vivido otros en otros tiempos y lugares.

Un campo en crecimiento en riesgo de ser excluido

El cambio curricular se plantea además en un momento en que la Historia de la Educación viene ganado espacios en nuestro país. En el 2016 la SUHE organizó el primer Congreso de Historia de la Educación Uruguaya, en el que se presentaron más de 100 ponencias, muchas de ellas producto de investigaciones realizadas por docentes. A principios de este año fuimos sede del Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación, al que asistieron más de 800 colegas de todo el continente, de España y de Portugal. Las publicaciones se multiplican. Nuevos temas son abordados, viejos temas se revisitan desde nuevas perspectivas. A nivel internacional, la Historia de la Educación es un campo en desarrollo en los grandes centros de investigación. Esa expansión ha sido concomitante con la renovación de la disciplina, que ha pasado de un paradigma tradicional que la identificaba con la historia de los grandes pensadores sobre la educación a un nuevo paradigma caracterizado por el análisis sociohistórico y la perspectiva de la historia total. En América Latina, el desarrollo de los estudios de Historia de la Educación se manifiesta en la multiplicación de investigaciones sobre un variado conjunto de problemas que incluyen desde la política educativa al análisis de símbolos y discursos educativos, en la integración de nuevas perspectivas teóricas y metodológicas, en la formación de sociedades y en una actividad creciente de congresos y publicaciones. En los programas universitarios de formación de docentes en América, Europa y Estados Unidos, la Historia de la Educación constituye una disciplina institucionalizada, tanto en el nivel de grado como en el de posgrado.

No parece razonable privar a los educadores en formación de nuestro país del contacto con este campo que produce conocimiento sobre la educación y sobre los propios docentes. Su exclusión del currículum de Formación en Educación podría tener además un efecto desfavorable en el desarrollo del campo a nivel nacional, dejando a la Historia de la Educación con cada vez menos espacios donde pueda ser pensada y debatida. En una futura Universidad de la Educación, la Historia de la Educación podría ser un fértil campo de investigación.

La Historia de la Educación que queremos para nuestros docentes y educadores

El cambio curricular es una oportunidad para discutir qué Historia de la Educación queremos para la formación en educación. Esta no puede consistir en una mera presentación de las doctrinas pedagógicas de pensadores –nacionales o extranjeros–. Es preciso considerar también las prácticas educativas, que pueden o no corresponderse con las doctrinas antedichas: las instituciones, la cultura escolar, los programas, los métodos pedagógicos, la formación de los educadores, los recursos económicos, etcétera. Deberían estudiarse no sólo las propuestas hegemónicas, sino también los proyectos y experiencias alternativas o truncas que se consideren relevantes y potentes para la reflexión. Sería deseable que se otorgara un mayor espacio al estudio de la educación uruguaya y latinoamericana. Tanto el pensamiento educacional como las realizaciones que lo expresen deben estar adecuadamente contextualizados en el panorama político, económico y social de cada período estudiado, tanto de nuestro país como de la región. Otra posibilidad de cambio es diseñar historias de la educación diversificadas, adaptadas al perfil de cada carrera, como ya se ha propuesto en Educación Social. Sería positivo resignificarla para ponerla a dialogar en forma más fluida con la formación específica, rever periodizaciones y enfoques historiográficos.

Para terminar, queremos insistir en que no será posible una mejora de nuestra educación si se ignora el rico patrimonio de experiencias e ideas del pasado educacional y su potencialidad para pensar el futuro.

Fuente del artículo: https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2018/9/la-sociedad-uruguaya-de-historia-de-la-educacion-ante-el-cambio-curricular-en-formacion-en-educacion/

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Crónicas del aula: la niña siria

Autora: Helena Modzelewski /La Diaria

En su biografía de Facebook, mi amigo Gabriel, el maestro, publica la foto de una escena cotidiana del aula que llama mi atención. Un niño, de quien vemos apenas la nuca, blande un lápiz sobre los renglones de un cuaderno. Una niña, a su lado, de pie, nos da la espalda de su túnica blanca impecable (hasta diría que almidonada, si esa práctica siguiera vigente), lleva sus rulos castaños atados en dos colitas y sostiene un cuaderno similar entre sus manos. El rostro apenas ladeado hacia su compañero, y la atención que este pone al papel, y al lápiz que parece a punto de moverse, nos hace imaginar que ella le está dictando. Al pie de esta foto, Gabriel ha escrito: “Trabajo cooperativo, enriquecimiento mutuo. Alumna de Siria apoya en escritura a su compañero de clase”.

Revive en mi mente un tema que hace tiempo ha perdido protagonismo en los medios de prensa: ¿qué fue de las familias sirias? Gabriel se excusa diciendo que no sabe la respuesta a esa pregunta tan grande, pero sabe la historia mínima que desde el privilegio de su aula le ha sido confiada. Me la cuenta. Para mí, en todo caso, no hay forma de conocer “a lo grande”. Al igual que el zorro de El principito, estoy convencida de que sólo se conoce lo que se domestica. Es probablemente la única forma de conocer íntegramente: el caso particular, la ternura, la mirada a los ojos.

Alentado por mi interés me cuenta. Samira tiene seis años, está en primero y tiene un nivel académico alto, en la franja superior del promedio. Toda su escolarización tuvo lugar en Uruguay, ya que cuando llegó con uno de los contingentes de familias sirias, fue ubicada de acuerdo con su edad en el nivel inicial. Su español es perfecto, y es además bilingüe, porque en su casa se habla árabe. Le gusta jugar a las maestras, y por eso siempre está ayudando a sus compañeros a completar tareas que se les hacen difíciles.

¿Cómo es ser el maestro de una niña proveniente de una realidad tal? Los ojos de Gabriel se iluminan en el desafío de la búsqueda de palabras. “Estimulante, divertido, y a veces, incluso, sencillo”, me dice sonriendo. Como el día que conoció a la mamá de Samira. Es sabido que en los primeros años de escuela, por seguridad, los maestros entregan a cada niño en manos de sus padres. Es una tarea que cuesta trabajo al comienzo del curso, porque los maestros no conocen a los padres y tienen que ir preguntando, asociando, procurando fijar en sus mentes rostros de adultos junto a nombres de niños. “Con Samira no tuve ningún problema”, me dice en tono bromista, “la reconocí por los ojitos entre el pañuelo que le cubría toda la cabeza”. Es una mamá joven, muy preocupada por su niña. Cuando Gabriel envió el primer comunicado en el “cuaderno viajero”, ella se presentó sin falta al día siguiente: “Vengo a que me explique personalmente”, le dijo en un perfecto español con un dejo de acento, “porque hablo y entiendo, pero no leo español”. Fue una de las instancias en las que Gabriel se enfrentó a la realidad de que las diferencias culturales requerían un trato diferencial. Ahora, cuando necesita comunicar algo, mientras que los demás niños lo llevan por escrito, él se lo dice a Samira oralmente para que lo cuente en casa.

Otra de esas situaciones de fricción de culturas sucedió en la celebración del Día del Libro. Habían invitado a las familias a participar en un “té literario”. La mamá de Samira no asistió. Luego explicó que no había podido porque estaban en Ramadán y ella no podía tomar té. Gabriel se lamenta de no haberle dicho que la mención del té en la invitación era simplemente una cuestión “de marketing”, y que lo central del evento era la lectura colectiva. Samira tampoco puede comer jamón, que procede del cerdo. La escuela es de tiempo completo, por lo que comparten en el comedor la hora del almuerzo, y si hay algún trozo de jamón, Samira lo aparta y no lo come. Algunos de los demás niños se quejaron al comienzo, porque a ellos no se les permite desechar comida por cuestión de gustos. Los maestros se vieron en la peculiar situación de explicar requerimientos religiosos con los que los uruguayos no estamos familiarizados, y eso pareció satisfacerlos. Ya nadie protesta. El mundo puede ser increíblemente simple para los niños. Los compañeritos hablan de Siria como si fuera un país cercano, familiar, y las costumbres musulmanas ya no son tan misteriosas.

En realidad, “no pueden quejarse”, me dice Gabriel, “¡si hasta tienen show!”. En algunos recreos, Samira pide permiso para bailar frente a su público infantil. Con actitud desfachatada y su vocecita aguda pide: “Maestro, poneme música”. Su canción favorita es “Despacito”. Se dispone llamando a sus compañeros: “Ustedes siéntense en el piso que les voy a bailar”. Pero si cierran mucho el círculo: “Acá tan cerca no, que es el escenario”. Me la imagino tal como Gabriel me la describe, una amalgama inaudita, como una fotografía que, mostrada fuera de contexto, no tendría sentido alguno: una niña de rasgos árabes, vestida en nuestra tradicional túnica blanca con moña azul, mueve sus caderas y sus brazos en una seductora danza oriental al ritmo de un son latino. Un cuadro incomprensible, incluso impredecible, si alguien se hubiera atrevido a imaginarlo una década atrás. Un tesoro más en la historia de un país pequeñísimo cuya población se ha conformado de inmigrantes desde su fundación misma.

En este Mundial, con los niños y maestros deteniendo las clases para mirar los partidos de Uruguay, ya no es tan homogénea ni evidente la hinchada. Todos quieren saber a quién alienta Samira. “A Egipto”, indicó antes del primer partido, porque “hablan árabe, como en mi casa”. Pero después del triunfo, contagiada por la alegría del entorno, olvida su origen y dice que es celeste.

Una vez más en nuestra historia estamos de brazos abiertos, y los niños son nuestros principales maestros. Contrastando con un padre que, durante las inscripciones, murmuró: “Recibimos como unos giles a estos tirabombas”, los niños sólo saben de curiosidad y sorpresas. Gabriel los escuchó hace poco hablando de la serie de películas Chucky. Competían por quién había visto más: “Yo vi hasta la más vieja, la Chucky 1” decía alguien. “¡Yo vi la Chucky 50!”, intervino Samira. “¡No existe!”, le increparon en coro los demás. Y la respuesta que los deja mudos, intrigados, inquisidores: “En Siria, sí”.

Fuente: https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2018/6/cronicas-del-aula-la-nina-siria/

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