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Venezuela tras el terremoto: Tragedia, colonia y metamorfosis política

Por: Luis Bonilla-Molina

Venezuela vive una tragedia histórica. El mundial de futbol había logrado desplazar de los grandes medios de comunicación internacional la situación colonial que ha impuesto Estados Unidos sobre Venezuela desde el 3 de enero, mientras una parte importante de la izquierda continental y mundial agradecía esta salida del foco mediático, porque ya no encontraban argumentos para justificar la entrega que hace la Junta de administración colonial del país a los designios de Trump. Esta Junta de Administración Colonial está liderada por los hermanos Rodríguez (Delcy, Jorge) y Diosdado Cabelllo.

El 1 de mayo de 2026 será recordado como el momento en el cual comenzó a diluirse la ilusión que tenían amplias capas de la población trabajadora, respecto a que el nuevo momento político anunciado por la dupla Delcy-Trump, permitiera mejorar sus condiciones salariales y materiales de vida. El salario mínimo siguió anclado en menos de 0,4 de dólar mensual y la bonificación de los ingresos –sin incidencia salarial– no alcanzó los 200 dólares mensuales, además que estos bonos no les llegan a todos los trabajadores y trabajadoras. Mientras ocurría esto, el dólar se volvía a disparar (actualmente superior a los 745 bolívares), incentivando la inflación en un país donde cada producto de la cesta básica puede llegar a costar dos o tres veces más que la media regional.

Venezuela, de la mano de Marco Rubio volvió al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial; aunque el Delcinato pretenda justificarlo como la única posibilidad de recuperar los 5000 millones de dólares retenidos por el FMI y que corresponden a Venezuela, la realidad es que esto implica un nuevo ajuste estructural de la economía. El antecedente más reciente de un paquete de medidas económicas y políticas contra la clase trabajadora, que no tenía nada que envidiar de las recetas neoliberales, lo aplicó Maduro, entre 2018-2025. Pero lo peor es que los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello,guardan absoluto silencio sobre el mantenimiento de las sanciones y el bloqueo de las cuentas internacionales de Venezuela que ha aplicado Estados Unidos desde el primer gobierno de quien ahora definen como socio, Donald Trump.

El 13 de mayo de este año, el gobierno venezolano daba a conocer el inicio de la reestructuración de la deuda venezolana en diálogo con el FMI, estimada para ese momento en 170 000 millones de dólares, cifra que contrasta con los 82 000 millones de dólares de ingresos que tendrá el país en 2026, según estimaciones del propio organismo multilateral. El 26 de mayo Delcy Rodríguez anunciaba la creación de la Comisión Presidencial para la Reestructuración y Reingeniería del Gobierno, para hacerlo más eficaz, es decir, una reforma del Estado al estilo de las recomendaciones del FMI, centrada en achicar el Estado con el pretexto de hacer más eficiente el gasto público.

El 24 de junio, horas antes de desencadenarse la tragedia telúrica, el Financial Times anunciaba que el gobierno venezolano daría a conocer el monto de la deuda externa del país, reestimada en unos 240 000 millones de dólares, cifra que compite con la que originó la crisis de la deuda en Grecia, el país más endeudado de la Eurozona. Esta cifra explica la prisa de la Junta de administración colonial por reestructurar el gobierno y hace presumir despidos, cierre de instituciones públicas y la intensificación del corralito sobre el salario de la clase trabajadora local.

En Venezuela la relación trabajo-salario ha llegado a lo que algunos expertos del tema consideran como nueva esclavitud, o la desaparición del salario real y su sustitución por el concepto de ingresos (bonificaciones), como parte de la estructura económica local, causando la pérdida de derechos adquiridos, la precariedad de los montos por vacaciones, aguinaldos (treceavo mes) o la imposibilidad de contar con una pensión de jubilación que permita comprar por lo menos un remedio en las farmacias.

Con una nueva ley de Hidrocarburos, aprobada en modo fast track por el parlamento colonial de los hermanos Rodríguez y compañía, se reducen los ingresos petroleros venezolanos por barril, de 10 a 1,7 dólares, algo que hace añorar la ley del sector aprobada por la socialdemocracia en la década de los cuarenta del siglo XX. Todo parece indicar que, a corto plazo, se abre paso a una profundización trágica del ya conocido colapso de todos los servicios públicos. En solo una década (2014-2024) Venezuela perdió los elementos más palpables de la modernidad institucional burguesa, entrando a una fase deretorno a la pre-modernidad, a tal punto que la oferta electoral de 2024 se centró en la posibilidad de garantizar agua potable, electricidad, transporte público, seguridad policial, horario semanal en las escuelas y universidades que solo abrían sus puertas durante dos días.

Aunque parezca increíble, la diáspora migratoria, calculada en unos seis millones de venezolanos y venezolanas, ha logrado con sus remesas ayudar a solventar la crisis de ingresos, pero no hay dinero que logre mantener poder adquisitivo ante el avance desenfrenado de la inflación.

Un elemento importante, solo explicable como parte de la derrota histórica de la revolución bolivariana, es la simpatía que tuvo en la mayoría de la población la captura, secuestro y encarcelamiento en Estados Unidos de la pareja presidencial Maduro-Flores. A diferencia de 2002 cuando la población se volcó a las calles y derrotó el golpe de Estado contra Hugo Chávez Frias, en esta oportunidad solo se observaron menguadas concentraciones administradas por la cada vez más reducida base social del Madurismo, que en su liderazgo mutó rápidamente al Delcinato colonial. Las simpatías por la operación militar gringa tenían que ver con la situación material de vida de la clase trabajadora y el silogismo interpretativo que hacían: “si la desaparición del salario y la precariedad de la situación material de vida como efecto de las sanciones norteamericanas, tiene un origen en la rivalidad entre Maduro y Trump, si Maduro ya no está eso va a cambiar para mejor”. El común de la población pensó que se levantarían las sanciones, Venezuela podría vender libremente el petróleo y los ingresos permitirían mejorar su situación económica. Pero lo que ha ocurrido es el mantenimiento de esa precariedad e incluso su empeoramiento, lo que está convirtiendo las simpatías en desencanto y molestia con los gringos, aunque ello todavía no se torna en un movimiento antiimperialista con influencia de masas.

El panorama resulta por lo menos desolador.

Terremotos
Pero cuando se pensaba que las cosas no podían empeorar más, la realidad terminó por demostrar lo contrario. Dos terremotos, de 7.2 y 7.5 en la escala de Ritcher, sacudieron Caracas y el litoral de La Guaira el 24 de junio, un evento sísmico que los expertos califican como un “doblete”. Decenas de edificios colapsaron, otros quedaron inhabitables o con severos daños, siendo La Guaira ubicada frente al mar, la zona más afectada. Miles de muertos y cifras aún no estimadas de desaparecidos revelan la magnitud de la catástrofe.

Como en una película de horror, las primeras horas no contaron con la presencia del Ejército y los altos funcionarios en el escenario de los terremotos. Solo bomberos locales, defensa civil y un numero cada vez más creciente de ciudadanos y ciudadanas asumió por su cuenta la atención a las víctimas. Junto a la infraestructura colapsada por el terremoto, quedó sepultado el discurso de la alianza cívico-militar como motor del cambio en Venezuela.

Pero en política no hay vacío que se sostenga; por ello, un mar de manos y cuerpos solidarios construyó una cadena humana de auxilio, haciendo llegar desde todos los rincones del país medicinas, alimentos, ropas, enseres y herramientas rústicas para ayudar a rescatar a las personas atrapadas. Los equipos pesados de salvamento tardaron más de 36 horas en llegar, al tiempo que lo comenzaban a hacer las brigadas internacionales de ayuda, quienes fueron el motor de la labor humanitaria técnicamente calificada y testigos de lo que ocurría allí.

Casi todo el litoral de La Guaira quedó reducido a escombros, cayendo por igual urbanismos construidos por el sector privado como por el gobierno. Las denuncias de las y los afectados, quienes habitaban en apartamentos y casas de interés social entregadas por el gobierno nacional, muestran imágenes de errores estructurales de fabricación que demandan una investigación pública para determinar su certeza y eventuales responsabilidades.

Ante el abandono gubernamental continuado que siguió a las horas y días de la tragedia, la respuesta fue contundente de parte de la gente sencilla. Inmediatamente ocurrida la tragedia –lo cual contrasta con la inoperancia gubernamental– se generó una marea de solidaridad ciudadana, que se negaba a entregar los víveres y medicinas al gobierno porque desconfiaba de que llegarían a las víctimas. Caravanas, tras caravanas de motorizados voluntarios y autoorganizados conformaron un puente permanente de auxilio. La tardía respuesta oficial fue además torpe, pretendiendo detener esta marea solidaria, pero los retenes, alcabalas y piquetes policiales-militares de contención fueron superados, traspasados e ignorados por la ciudadania. Esta situación de rebeldía popular también expresaba profunda desconfianza en todas las formas institucionales e incluso en las organizaciones políticas, confiando solo en lo que hacían y entregaban directamente, de sus manos a los afectados. La consigna de “solo el pueblo salva al pueblo” comenzó a ser repetida por la gente de distintas inclinaciones ideológicas.

Muy pocos políticos se atrevieron a estar directamente en el lugar del desastre, desalentados quizá por el rechazo captado en cámaras para las redes sociales, que generó la visita de Jorge Arreaza (excanciller e integrante de la dirección del PSUV) y Nicolas Maduro Guerra (hijo de Maduro) a quienes la ciudadanía abucheó e increparon por la inoperancia del gobierno y los problemas de las viviendas sociales que cedieron ante los terremotos.

Al final, el gobierno estableció refugios y albergues para las personas afectadas, ubicadas en distintos lugares de Caracas, con la promesa de reubicarlos en viviendas en los próximos meses. Pero aún hoy, centenares de familiares buscan en solitario a sus seres queridos atrapados entre los escombros, contando básicamente con la ayuda de voluntarios, vecinos y movimientos sociales. La colonización no solo viola la soberanía territorial y democrática, sino que está diluyendo los remanentes de un proceso revolucionario que prometió romper con la lógica neoliberal y colocar la institucionalidad al servicio de la gente.

Cronología de la colonización
La burguesía es enemiga del socialismo, independientemente del discurso ideológico que asuma para acumular riqueza. Por eso, en la medida que se consolida la nueva burguesía bolivariana (2002-2017), bajo la dirección de Maduro procura recuperar la relación con los Estados Unidos y reconciliarse con la vieja burguesía existente antes del proceso Bolivariano, con quienes se habían quebrantado los lazos a partir del golpe de Estado de 2002. Entre 2018-2023 Maduro fue el artífice de este reencuentro por partida doble, y sus operadores políticos fueron Delcy Rodríguez (diálogo y reconciliación con la patronal FEDECAMARAS), y Jorge Rodríguez (negociaciones con la oposición con una agenda permanentemente guiada por los EE UU que evidenció las limitaciones del sector de María Corina Machado). Diosdado Cabello operó –y lo sigue haciendo– como la garantía de control interno, intervención de los instrumentos políticos y represión a las organizaciones de la clase trabajadora).

Ahí comenzó el proceso de colonización, en la claudicación Madurista, en la derrota histórica del movimiento contradictorio que se denominó revolución bolivariana. Maduro construyó el camino para lo que luce como una traición para facilitar la colonización abierta a partir del 3 de enero. Incluso los poscoloniales, como Ramón Grosfoguel y sus colegas, quienes habían cerrado filas en la defensa del Madurismo, hoy han roto abiertamente con el liderato colonial (Delcy-Jorge Rodríguez y Diosdado) por la grosera y espantosa entrega que se está haciendo del país a los gringos y el sionismo.  El 3 de enero y los hechos posteriores, son el desenlace de la traición a la revolución bolivariana que inició Maduro.

Los sucesos en cascada que han conformado la situación colonial son:

Enero: Intervención, Captura y Control Inicial de Activos

• 2 de enero de 2026. Anuncio militar: El presidente Donald Trump anuncia públicamente que las Fuerzas Armadas de EE. UU. llevarán a cabo operaciones en territorio venezolano.
• 3 de enero de 2026. Operación militar e incursión: tropas estadounidenses ejecutan un despliegue militar sobre Caracas. ataque militar de los Estados Unidos a Venezuela, con absoluta inoperancia de las fuerzas armadas, policiales y el liderazgo político local. Captura, secuestro y encarcelamiento de Maduro y Cilia Flores en los Estados Unidos. Trump anuncia que EE UU dirigirá temporalmente a Venezuela, precisando que ha hecho un acuerdo con la línea de sucesión en el mando en Caracas, quienes le han prometido “que no cometerán los mismos errores de Maduro”. La legitimidad de origen del gobierno venezolano comienza a residir en la bota militar gringa.
• 3 de enero (por la tarde); Anuncio de tutela: La Casa Blanca anuncia que EE. UU. «administrará» de manera directa los asuntos de Venezuela y la gestión de sus recursos naturales mientras se establece la transición con la administración interina encabezada por Delcy Rodríguez.
• 4 de enero. Consolidación del nuevo esquema colonial. Reuniones conjuntas del departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Guerra
• 5 de enero. Juramentación de la presidenta interina Delcy Rodríguez por intermedio de una norma extra constitucional. Su encargaduría excede los límites constitucionales por falta absoluta (30 días) o temporal (máximo 6 meses). El marco jurídico sobre la forma y tiempo de la presidencia en Venezuela, ahora lo determina la Casa Blanca, el Departamento de Estado, la Secretarías de Guerra y Energía y la Central de Inteligencia Americana. Maduro y Cilia Flores aparecen en la corte de Nueva York
• Delcy Rodríguez abandona públicamente el antiimperialismo y lo sustituye por la llamada Diplomacia de paz.
• Estados Unidos confirma que tendrá una política extraordinaria para la protección de los activos de Venezuela, conforme a los intereses de la potencia agresora.
• 6 de enero de 2026. Plan de gobernanza interina: Sectores del Departamento de Estado y de la CIA establecen la coordinación estratégica con sectores de la administración local (Plan de tres fases) bajo supervisión de Washington.Comienzan reuniones con sectores empresariales norteamericanos que puedan vincularse a la explotación del petróleo venezolano en la nueva condición.
• 7 de enero. Estados Unidos comienza conversaciones para la reapertura de su Embajada en Caracas.
• 9 de enero de 2026. Orden Ejecutiva de Control de Activos: Trump firma la Executive Order titulada «Safeguarding Venezuelan Oil Revenue for the Good of the American and Venezuelan People». La administración Trump crea la figura de los Foreign Government Deposit Funds en el Departamento del Tesoro de EE. UU., canalizando allí todos los ingresos derivados de la venta de petróleo y recursos naturales venezolanos para protegerlos de acreedores e intervenir en su distribución.Se informa que Estados Unidos se quedará con un porcentaje de las ventas petroleras para resarcir los supuestos daños causados por Venezuela.
• Cumbre Petrolera en la Casa Blanca: Trump se reúne con ejecutivos de 17 grandes empresas energéticas (Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips, Valero, entre otras) para coordinar inversiones de más de $100.000 millones bajo protección federal y control estadounidense de las ventas petroleras.
• Primera Visita Diplomática: Arriba a Caracas una delegación técnica y de seguridad del Departamento de Estado de EE UU para iniciar la evaluación previa a la reapertura de la Embajada estadounidense.
• 15 de enero. Visita del director de la CIA, John Ratcliffe, quien es recibido y acompañado por el General González López, quien semanas después sustituiría a Padrino López al frente del Ministerio de la Defensa de Venezuela.
• 28 de enero de 2026. Mecanismo de Control Presupuestario: el secretario de Estado, Marco Rubio, comparece ante el Senado de EE UU y detalla que la administración interina de Delcy Rodríguez debe someter su presupuesto mensual a la aprobación de Washington. Se confirma la implementación de un bloqueo/cuarentena naval para controlar la comercialización internacional del crudo venezolano directamente por EE. UU.
• 29 de enero. Se publica en Gaceta oficial extraordinaria la ley de Hidrocarburos, que había sido aprobada en primera discusión el 22 de enero y en segunda discusión el 29 de enero.
• 31 de enero. Llegada de Laura Dogu, primera encargada de negocios de Estados Unidos en Caracas desde los eventos del 3 de enero. Ella sería sustituida en abril por John Barrett, actualmente en funciones.

Febrero: Reestructuración Energética y Visitas del Gabinete

• 10 de febrero. Estados Unidos emite una licencia general que autoriza nuevamente actividades de exploración y producción de petróleo y gas en Venezuela.
• 11 y 12 de febrero de 2026. Visita de Alto Nivel: El secretario de Energía de EE UU, Chris Wright, realiza una visita oficial a Venezuela, reuniéndose en el Palacio de Miraflores con Delcy Rodríguez. Inspecciona campos petroleros y las instalaciones operadas por Chevron en el país. (Estuvieron presentes ejecutivos de Chevron y Repsol). El 12 de febrero se produce visita a la Faja Petrolífera del Orinoco.
• Se difunde la Reforma del Marco Legal Petrolero: Coincidiendo con la visita, se reforma la la legislación hidrocarburífera venezolana que elimina el monopolio estatal de PDVSA, cediendo el control operativo y la comercialización al sector privado e inversionistas estadounidenses e internacionales. Se suprimen impuestos, se disminuyen las regalías que recibirá Venezuela y se crean condiciones de explotación petrolera prácticamente similares a las mineras durante la colonia española.
• 14 de febrero. Equipos estadounidenses realizan evaluaciones sobre puertos petroleros, logística de exportación y terminales marítimos.
• 18 de febrero. Visita del general Francis Denovan (Comando sur) y del subsecretario Josph Humire, quienes son recibidos por la presidenta interina y el “alto mando militar venezolano”. Los puntos de agenda fueron narcotráfico, terrorismo, seguridad regional, migración, cooperación militar, implementación del denominado “plan de tres fases”. El 19 de febrero el gobierno venezolano anuncia la firma de acuerdos en estas materias.
• 20 al 23 de febrero. Equipos técnicos comenzaron la implementación de los acuerdos alcanzados el 18 y 19 de febrero en materia de cooperación policial, intercambio de inteligencia, seguridad fronteriza y coordinación migratoria.

Marzo: Restablecimiento Diplomático y Normalización Institucional

• 4 de marzo. Visita del secretario del interior Doug Burgum
• 13 de marzo – 19 de marzo. Publicación de las licencias generales 49A, 52 y 5V. La licencia 52 se considera uno de los documentos más importantes emitidos respecto a Venezuela en 2026, mediante la cual autoriza transacciones financieras y comerciales que antes estaban prohibidas con PDVSA y con cualquier empresa donde esta tiene una participación del 50% o más.
• 19 de marzo de 2026: Reapertura de la Embajada de EE UU: se reanudan formalmente las operaciones de la Embajada de Estados Unidos en Caracas (Unidad de Asuntos Venezolanos). El Departamento de Estado flexibiliza las advertencias de viaje (Travel Advisory pasa a Nivel 3) para personal autorizado y contratistas.
• Estados Unidos realizó un traslado de 100 millones de dólares en oro de Venezuela a este país.

Mayo:

• 23 de mayo. Estados Unidos, con autorización de la Junta de administración colonial dirigida por Delcy Rodríguez permite un ejercicio militar norteamericano de evacuación de su embajada, que es en realidad una muestra de poderío e intimidación a la colectividad. Este ejercicio con aviones, helicópteros y tropas en la ciudad de Caracas fue realizado por el Comando Sur, el cuerpo de Marines de los EE UU y organismos de emergencia local bajo su mando.

Junio: Supervisión Militar y Evaluación Estratégica

• 3 de junio de 2026. Visita del jefe del Estado Mayor Conjunto: el General Dan Caine, máxima autoridad militar de las Fuerzas Armadas de EE UU, quien viaja a Caracas en visita oficial, mantiene reuniones con mandos militares e integrantes del gobierno interino para revisar los planes de estabilidad regional, seguridad de infraestructuras críticas y el avance del plan de tres fases dispuesto por la Casa Blanca. Visita la sede reabierta de la Embajada de EE UU en Caracas.
• 11 de junio. Tropas norteamericanas, con la utilización de drones y misiles, realiza un ataque cinético puntual dentro del territorio venezolano, dirigido por el Comando Sur, en el cual se destruye una vivienda y se produce la ejecución extrajudicial de Héctor Guerrero, sindicado de ser el líder del llamado Tren de Aragua. Esta operación se realizó con el conocimiento de la Junta de administración colonial.
• 25 de junio de 2026. Marco Rubio, después de los terremotos, mantiene contactos de seguimiento directo con la administración en Caracas para coordinar asistencia de emergencia y supervisión continua de las relaciones bilaterales.

Julio: Consolidación de la Gestión y Balance de Políticas

• 23 de julio de 2026. Designación y Declaración de Tutela Energética: en un acto público, Donald Trump reafirma de forma explícita que el secretario de Energía, Chris Wright, encabeza la ejecución directa de la política energética y económica sobre Venezuela.
• Trump subraya que EE UU ejerce el derecho sobre la gestión económica y los rendimientos petroleros del país tras la intervención.
• 24 de julio de 2026. Donald Trump declara que “Venezuela no está lista para elecciones y dice que Delcy Rodríguez está haciendo un trabajo fantástico”.

Bases norteamericanas-israelíes
Los terremotos que sacudieron a Venezuela han resultado ser el pretexto ideal para que Estados Unidos decidiera desplegar fuerzas de élite, tropas y más de 3000 funcionarios militares en el país con el pretexto de “conducir” la reconstrucción económica y material posterremotos. Se trata en realidad de nuevas formas de presentar el establecimiento de bases militares en el país, en el marco de la Estrategia de Seguridad Nacional anunciada por Trump en noviembre de 2025. Esto se complementa con los enfoques y las Estrategias acordadas en la reunión del Comando Sur, la Secretaría de Guerra, el Departamento de Estado y ministros de la defensa de la región, en la llamada Cumbre del “Escudo de las Américas” en marzo de este año. Para rematar, el 20 de julio de 2026 Marco Rubio presenta el documento titulado “Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI”, que de conjunto renuevan los peores aires del marcartismo.

Como siempre, la estrategia gringa va de la mano de las iniciativas israelíes, por ello, también en los días siguientes a los terremotos, la Junta de administración colonial presidida por Delcy Rodríguez suscribió acuerdos de cooperación militar, técnica y financiera con integrantes del Estado Mayor sionista.  En la firma de los acuerdos estaba presente el uruguayo israelí Roni Kaplan, con rango de capitán, portavoz de las fuerzas de defensa de dicho país para la prensa internacional hispanohablante y asiática, desde junio de 2012, quien vive en Jerusalén.

Esta presencia norteamericana-israelí pareciera presagiar la intención de extender en el tiempo la situación colonial que vive Venezuela desde el 3 de enero.

El mundo al revés
En Venezuela todo puede ocurrir, y el realismo mágico de Gabriel García Márquez hace de las suyas. Después del 3 de enero pareciera que toda la realidad política hubiese entrado a otra dimensión.  María Corina Machado promotora de la invasión norteamericana a Venezuela, fue descartada por Trump como relevo presidencial en el corto plazo, y ahora permanece estacionada en Panamá, anunciando que en cualquier momento podría volver al país, mientras el mandatario norteamericano le advierte que no cuenta con su autorización.

A estas alturas, nadie parece acordarse del llamado Cartel de los Soles, excusa que usó la administración Trump para realizar la operación militar del 3 de enero contra la soberanía venezolana. Las acusaciones de narcotráfico no recaían solo sobre Maduro y Cilia Flores, sino también sobre otras figuras que hoy permanecen en el poder con la habilitación gringa. Otro de los acusados de pertenecer a este cartel -y por quien Estados Unidos ofrece veinticinco millones de dólares de recompensa– se reúne en Caracas a cada rato con el director de la CIA, el encargado de negocios o el jefe del comando Sur. Y como si lo inusitado no tuviera límites en el folclore político venezolano, ahora Diosdado Cabello se muestra defensor del inquilino de la Casa Blanca, atacando a los influencers que cuestionan a Trump. Los argumentos formales y las fronteras esperadas de la política  se diluyen, ante el peso de la economía colonial del petróleo.

Por otra parte, la otrora radical antiimperialista en los escenarios de Mercosur Delcy Rodríguez, ahora como presidenta interina invita a los israelíes a contribuir con la reconstrucción económica de Venezuela. Los israelíes, expertos en demoliciones son convocados ahora para reconstruir la infraestructura y economía del país, para lo cuál una delegación de oficiales militares de alto rango se instaló en Caracas y al sur del país, donde están localizados los yacimientos de oro.

Cuando el surrealismo político pareciera llegar a su fin, el eterno ministro de defensa de la administración de Maduro, Vladimir Padrino López, declara que él se dio cuenta de la operación militar del 3 de enero, pero ante la superioridad militar y tecnológica desplegada por los gringos le ordenó a los pilotos y militares venezolanos que no actuaran para evitar pérdidas humanas, desacatando las órdenes de su superior (Maduro) quien lo había colocado al frente de la defensa de la soberanía nacional. En cualquier país decente eso ameritaría un juicio por traición a la patria, pero lo que recibió fue una mudanza de cartera y ahora es el flamante ministro encargado de la agricultura de la colonia en la que él contribuyó a convertir a Venezuela.

Y como si estuviéramos frente al mundo fantástico de Alicia en el país de las maravillas, el actual ministro de la Defensa de Venezuela, el general Gustavo González López, sigue pronunciando ante sus subalternos el saludo de “Chávez vive, patria socialismo o muerte” mientras coordina agendas de trabajo con el director de la CIA o generales gringos, quienesahora se pasean por el territorio venezolano como si fueran criollos.

Los antinorteamericanos son ahora amigos del imperio, y los proinvasión sufren sus rigores porque “el diablo paga mal a quien bien le sirve”. Desde afuera esto no se ve nítidamente y desde adentro se vive como comedia griega trágica. Como si se tratara de una obra de Kafka, comenzamos a ver sin disfraces a los “Undgeziefer” o bichos monstruosos caminando por las paredes de la política, con el valor humano  reducido a la utilidad y el peso de la deshumanización burocrática.

Panamá: La reunión de la oposición liderada por María Corina Machado
En mayo de este año, la dirigente opositora María Corina Machado –con la participación del presidente Mulino– realizó una reunión con el conjunto de las oposiciones que la acompañan, especialmente con la Plataforma Unitaria Democrática, pero también con sectores de izquierda que se le han sumado. El resultado fue un documento que confirma lo que venimos señalando desde el 2024, la estrategia de Estados Unidos y la que ella encarna se distancian, porque mientras la administración Trump quiere fomentar una convivencia entre todos los factores políticos pronorteamericanos, incluido el Delcinato colonial, la líder derechista quiere un gobierno de reseteo que expulse a quienes hoy le han garantizado a los Estados Unidos construir una situación colonial en Venezuela. Los términos resolutivos del encuentro en Panamá parecieran indicar que la oposición que ella lidera quiere ir a por todo, sin medir las turbulencias que ello puede generar. Este error de cálculo y estrategia política la mantiene al margen del poder en Venezuela, a pesar de ser la ficha ideológicamente más afín a los intereses imperiales. Hasta que no se concrete un acuerdo de élites y María Corina Machado acepte una reconciliación de la vieja y nueva burguesía, los caminos al palacio de Miraflores parecieran estarle bloqueados.

Si ella persiste en esta línea de acción el único camino que le quedaría es enfrentar a los Estados Unidos e intentar liderar un polo nacionalista burgués, algo que parece altamente improbable. Lo más seguro es que termine aceptando una cumbre Delcy-María Corina que allane el camino a un pacto de élites de carácter pronorteamericano. Pero es a ella a quien le corresponde desojar la margarita.

Dinorah la enviada del Pentágono
Como lo advertimos, después de la reunión de Panamá, el Departamento de Estado, confirmando la línea colonial, designó sin eufemismos ni disimulos a la señora Dinorah Figueroa como vocera de los intereses norteamericanos en una transición pactada con el Delcinato. Figueroa viene de ser la presidenta de la Asamblea Nacional de 2015 de mayoría opositora, pero en sus tiempos de universidad compartió banderas con Jorge Rodríguez. Ahora vuelven a reencontrase el actual parlamento y el opositor de 2015 para avanzar en la elección de un nuevo Consejo Nacional Electoral, integrantes del Tribunal Supremo de Justicia y elecciones tuteladas, que expresan el modelo colonial de transición tutelada, que además podría convertir la participación de María Corina Machado en una nueva carrera de obstáculos, esta vez no fomentada por Maduro sino por Trump.

El 1 de agosto nacerá el sietemesino. El trabajo de esta nueva instancia colonial se iniciará el 1 de agosto, con la misión de construir la arquitectura jurídica, institucional y política para sostener y mantener en el tiempo la situación colonial en Venezuela. Ya prácticamente nadie duda de ello, cualquier convocatoria a elecciones será para garantizar gobernabilidad de la colonia. Solo los venezolanos organizados podrán revertir esa situación.

La izquierda persiste
En los últimos meses ha resurgido el tejido social de la izquierda que estaba roto en torno a las polémicas sobre Chavismo o Madurismo. Pero aún siegue siendo débil. Mientras un sector –el minoritario– seguimos apostando por la preservación de nuestra identidad y la construcción de un instrumento político amplio e incluyente, otros sectores siguen en la disyuntiva de qué hacer en torno a María Corina Machado y su coalición. Incluso, factores que en 2024 apoyaron abiertamente a Edmundo González Urrutia, ahora señalan que el propósito es evitar que llegue María Corina Machado al poder, mientras otros –que parecieran ser mayoría aún– hablan de la necesidad de garantizar que la líder opositora participe en elecciones; eso sí, con matices. Muchos señalan que no votarían por ella pero que se le debe garantizar su participación. En lo que sí parece coincidir toda la izquierda no madurista, ni afín a la junta de administración colonial, es en que el rescate de la soberanía electoral pasa necesariamente por la recuperación de la soberanía territorial.

¿Qué hacer? La táctica para salir de la situación colonial
Hay quienes hablan de protectorado y no de colonia, a pesar de que Venezuela ha perdido su capacidad de vender su petróleo y riquezas, no controla el flujo del dinero del comercio exterior ni tiene autonomía para determinar con quien negocia, y la legitimidad de su gobierno depende de una fuerza de ocupación extranjera, en este caso del imperialismo. Pero este no es un debate académico ni intelectual.  Esto tiene que ver con las correlaciones de fuerza y la táctica. ¿Hasta dónde se puede ampliar el abanico de alianzas sin perder la independencia de clase en función de recuperar la República? ¿Cuáles son las formas de lucha e instrumentos de organización de la clase trabajadora para lograr la liberación nacional? ¿Cómo combinar la lucha por una nueva independencia de la República con la perspectiva socialista y democrática? Todas estas interrogantes están atravesadas por la necesidad de explicar de forma paciente y didáctica a los trabajadores y trabajadoras y al pueblo en general que el desastre en el que se convirtió la revolución bolivariana no es el socialismo por el que luchamos como horizonte histórico, y que el socialismo es bienestar, justicia social y salarial, ampliación de las libertades de opinión, organización y protagonismo ciudadano. Una tarea nada fácil para los y las revolucionarias venezolanas del presente. En consecuencia, debemos entrar al debate sobre la situación de Venezuela no como una abstracción, sino en asociación directa con la táctica de resistencia que conlleva la caracterización que se haga.

En este momento, estamos sumados a la campaña de recolección de fondos que impulsa la Corriente COMUNES para asistir a una comunidad de La Guaira y al radio FM comunitaria Voces antimperialistas. La recomposición de la izquierda venezolana deberá ocurrir a partir de lo territorial y las luchas concretas, estando convencidos que como dijo Voltaire, todo cambio comienza desde un centro.

Conclusión
Desde nuestra perspectiva, la revolución Bolivariana excede ampliamente los tiemposchavista- madurista, porque en realidad esos periodos fueron solo momentos convergentes de décadas de resistencias antisistema acumuladas, y que siguen en la actualidad intentando reorganizarse más allá de la debacle colonial. La expropiación de los símbolos y discursos de la izquierda, para colocarlos al servicio de un proceso policlasista ambiguo, que terminó en derrota, con el agravante de confusión para la población sobre el sentido y orientación real de una estrategia anticapitalista, obligará a la izquierda venezolana a repensarse, renovarse y construir nuevos códigos, imágenes y formas de articular instrumentos políticos con lucha social cotidiana. Si no lo logra quedará atrapada en el espejo roto del fracaso de la revolución bolivariana.

Venezuela no es un callejón sin salida sino un lugar donde todo es posible. Hasta ahora Estados Unidos ha logrado una situación privilegiada, en la cual tiene marcadas casi todas las cartas del juego político. La oposición de derecha liderada por María Corina Machado, la derecha que ha pactado desde hace años con el Madurismo (“alacranato”), y la junta de administración colonial (los Rodriguez y Cabello) están alineados con los intereses de los Estados Unidos. Pero la antipatía antinorteamericana comienza a crecer, subterránea y lentamente, aunque aún no se exprese en formas organizativas clásicas, sino como el murmullo que anuncia la crecida del río. Todo pareciera anunciar un incremento de la tensión que pondrá a la hora del día no la premisa rosaluxemburguista de Socialismo o barbarie, sino la de Democracia o Dictadura. La nueva izquierda comienza a reorganizarse, saliendo de su laberinto, ojala y los tiempos le permitan ser factor determinante en la salida democrática y popular a esta crisis.

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Derechos humanos, estatuto colonial y unidad antiimperialista

Por: Luis Bonilla-Molina 

El secuestro como régimen de justicia internacional
El 3 de enero los venezolanos despertamos con el estruendo de las explosiones, el rugir de los helicópteros artillados y el zumbido de aviones de última generación. Por primera vez en la historia de Suramérica, Estados Unidos invadía directamente el territorio de una de nuestras naciones, secuestraba al presidente y su esposa, dejando caos y destrucción en menos de dos horas de operaciones. Los partidarios del ataque norteamericano para desplazar al Madurismo del poder, despertaron de la ingenuidad de creer que el ataque gringo solo afectaría a quienes estaban al frente del gobierno; los más de 100 muertos eran todos hijos e hijas de trabajadores, gente común, no murió ningún rico, como siempre son los pobres quienes sufren las consecuencias de la guerra. El dolor por la pérdida de vidas humanas nos unió a todos los venezolanos.

Los partidarios del gobierno, quienes habían creído la retórica que un ataque norteamericano al suelo patrio sería equivalente a un nuevo Vietnam para los gringos, tuvieron que vivir la vergüenza de presenciar la mayor derrota y humillación sufrida por el Ejército venezolano en su historia, incluso de consecuencias más nefastas que la pérdida de la primera república ante los españoles, porque en ese momento rápidamente se reorganizó la resistencia y retomó la lucha por la independencia nacional. Esto no ocurre hoy. Por el contrario, vergonzosamente la cúpula militar afirma que lo que ha ocurrido es el triunfo de la diplomacia por encima de las armas, en una aceptación tácita de los intentos de convertir a la República en Colonia. El ataque norteamericano no solo ocurrió sin bajas en sus filas, sino que ello les permitió amenazar con un segundo ataque más letal, haciendo que el discurso de la cúpula militar abandonara rápidamente toda la jerga antiimperialista para entrar en la narrativa de un nuevo momento político. Hoy muchos venezolanos se preguntan si en medio de la difícil situación económica, son necesarias unas fuerzas armadas de este tipo, si se justifica el volumen de gasto militar en un país cuyos maestros deben ir a dar clases con la zuela de sus zapatos rota.

Pero ese día también se disolvió el orden jurídico internacional, como si uno de los misiles usados hubiese impactado las bases de la convivencia, el derecho y los órganos jurisdiccionales multilaterales de administración de justicia. El presidente Maduro y la diputada Cilia Flores, su esposa, fueron esposados, secuestrados y trasladados a Nueva York, violando la inmunidad de sus cargos y sometiéndolos a la justicia de un país que no es el propio. Esposados, con signos de haber sufrido violencia en su captura, fueron mostrados como trofeos de guerra, convertidos en prisioneros y leídos los cargos por parte de un tribunal que defiende las leyes norteamericanas y para quienes Venezuela es solo un lugar geopolítico. Comienza el juicio y se habla de la necesidad del debido proceso, como si se tuviera que dotar de legitimidad un acto de violación del derecho internacional. La única opción humanitaria de un secuestro es la liberación, no existe otra.

Y no se trata de una defensa de Maduro, cuyo gobierno ha sido la peor desgracia para la clase trabajadora en la historia republicana, un régimen que intervino, copto y sometió a decisiones judiciales a todas las direcciones de los partidos de izquierda, ilegalizó el derecho a huelga, borró la noción de derechos adquiridos como parte de la administración de las negociaciones colectivas, destruyó el salario llevando el mínimo a solo 0,4 de dólar mensual y colocó como techo máximo de ingreso los 160 dólares mensuales (bonificados, no salariales), no permitió desde 2018 la legalización de sindicatos autónomos y proscribió de hecho el derecho a huelga. Si bien las sanciones económicas afectaron la economía y los ingresos del país, el drama de la clase trabajadora inicia antes de 2017, año en el que se imponen las Medidas Coercitivas Unilaterales contra el comercio internacional venezolano. Lo que ha ocurrido los últimos años es una brutal transferencia de la riqueza nacional al sector financiero bancario, la vieja y la nueva burguesía bolivariana. En la misma proporción que aumentaron los ingresos al país por la venta extraordinaria de petróleo a los Estados Unidos debido a la guerra en Ucrania, caían los ingresos salariales; la curva de ingresos del país ha sido inversamente proporcional a la caída del salario y los ingresos para la clase trabajadora.  Pero Maduro, es ante todo un venezolano, un latinoamericano, que solo debe ser juzgado en su país y bajo las leyes nacionales. Es el pueblo venezolano quien debe decidir su futuro político, recuperar la democracia y el estado de derecho, nunca potencia extranjera alguna.

¿Como es arriba es abajo?
Es imposible solicitar el cumplimiento del derecho internacional para el presidente Maduro, sin revisar la situación jurídica de la clase trabajadora y los ciudadanos en general en el país. Solo en el último año más de dos mil personas han sido detenidas por el delito de opinar contra el gobierno, acusados de incitación al odio y conspiración contra el Estado. Ser opositor en Venezuela es un riesgo para la libertad personal, para la tranquilidad familiar y la vida.

El ministro del interior, justicia y paz Diosdado Cabello Rondón, denominó y popularizó como tum tum (tocar la puerta), la operación policial que en las madrugadas llega a las casas de residencia de los opositores, sin orden judicial ni medida cautelar alguna, sin acusación formal de cargos, y se los lleva detenidos, secuestrados. Y ahí comienza el drama de los familiares, quienes recorren todos los lugares de reclusión, estaciones policiales, juzgados y fiscalías, pidiendo información de los suyos, recibiendo como respuesta “no tenemos información sobre ese caso”. Muchos pasan en situación de desaparición forzada semanas y hasta meses, hasta que se reconoce que están detenidos, sin formularles cargos. Incluso en casos como el de Enrique Márquez (excandidato presidencial y vocero del Frente Democrático Popular), se llegó a señalar luego de varios meses de desaparecido, que “no estaba detenido, sino invitado a conversar”. En la inmensa mayoría de los casos no se le permite designar abogado privado que les defienda e intente encontrar el expediente, sino que se le asigna un abogado de oficio, es decir un profesional del derecho que trabaja para el gobierno que le detuvo.

Esta condición calificada por los familiares de los detenidos como secuestro –la misma denominación que hoy se defiende sobre el estatus jurídico del presidente Maduro– la han vivido mujeres, menores de edad y ciudadanos trabajadores. Un caso es más insólito que el otro; Félix Gustavo Montoya, un hombre de 72 años, jubilado, fue detenido en Calabozo, estado Guárico, acusado de traición a la patria por hacer grafitis contra el gobierno; Luis Óscar Rondón Rodríguez, detenido el 29 de julio de 2024 (después de las elecciones), sus familiares señalan que fue golpeado, por el delito de estar en el lugar equivocado; Juan Valero un trabajador del sector eléctrico, preso hace un año sin causa comprobada; Juan Francisco Alvarado, estudiante de comunicación social,  fue detenido por reportar fallas en su comunidad a través de la propia App creada por el gobierno para esos fines, condenado a 15 años de cárcel; son centenares de casos de detenciones arbitrarias, de sentencias desproporcionadas y sin fundamento, de juicios sin el debido proceso, de detenciones sin orden judicial ni acusación formal, sin garantías procesales, ocurridas en su mayoría desde el 29 de julio de 2024. Muchos de los detenidos solo habían colocado una publicación crítica al gobierno en sus redes sociales y estados de apps, algo común en cualquier lugar del planeta.

Antes del 3 de enero el gobierno no reconocía que había presos políticos (gente común detenida por opinar contra los resultados electorales o las políticas del gobierno), políticos presos (el arcoíris opositor) y ciudadanos aún en condición de desaparecidos. Bastó que el presidente Trump, luego de anunciar su pretensión de convertir a Venezuela en colonia, pidiera el cierre del Helicoide (sitio de reclusión de prisioneros opositores al gobierno, lugar que ha sido objeto de denuncia por aplicarse tortura) y la libertad de los presos políticos, para que el presidente de la asamblea nacional, Jorge Rodríguez, hablara de una liberación masiva de más de 400 detenidos –ahora dice que llegan a 626– y el estudio de más casos. No obstante, el Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales advertía este 23 de enero de 2026, que los excarcelados, con libertad condicional, solo llegan a los 172 ciudadanos. Otras organizaciones de derechos humanos y gremiales, como Provea, Laboratorio de Paz, Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, Espacio Público, COFAVIC, así lo confirman.

El Foro Penal, ONG de derechos humanos, denuncia que en el marco de los eventos post 3 de enero de 2026, el número de detenidos se ha incrementado como resultado de la aplicación del artículo 5 del Decreto de Conmoción Externa que se publicó después del secuestro de Maduro y su esposa. Es decir, se está aplicando una especie de puerta giratoria, mientras unos son liberados, otros son detenidos. Los cargos suelen ser incitación al odio, traición a la patria o conspiración. Desde la publicación del decreto, autoridades militares, policiales y funcionarios de inteligencia disfrazados de colectivos, revisan en las calles los celulares en búsqueda de alguna crítica al gobierno, que resultan evidencias vinculantes a alguna de las causas señaladas. Muchos ciudadanos salen a las calles sin teléfono móvil para evitar ser objeto de detención arbitraria.

Enrique Márquez (detenido por más de un año), Nicmer Evans (politólogo, director del medio de comunicación alternativo Punto de Corte y exmilitante de Marea Socialista) y una larga lista de presos han comenzado a ser liberados, pero siguen siendo mucho más los detenidos por razones políticas. Permanecen retenidos centenares de dirigentes sociales y sindicales, habitantes de los barrios cuyo único delito fue colocar un post en el que criticaban a Maduro, muchos de ellos nombres sin gran reconocimiento en los medios de comunicación, invisibles al ojo mediático, cuyas madres, esposas e hijos en estos momentos hacen vigilia frente a los sitios de reclusión. Surgentes una ONG que ha denunciado ampliamente el ataque norteamericano sobre Venezuela, señala que las luchas de las madres por la libertad de sus hijos presos, es cada vez mayor, demandando una auténtica amnistía general y liberación de todos los detenidos.

Sería un acto de cinismo político, solicitar el debido estado de derecho para el presidente Maduro, sin exigir lo propio para los miles de venezolanos que viven en carne propia el desamparo de la ley. Un acto de racionalidad e inteligencia política del cuarteto que dirige el gobierno interino (Delcy y Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino), liderado por Delcy Rodríguez, sería abrir las puertas de los sitios de reclusión de todos los presos políticos. Este sería un gesto que contribuiría a alimentar el sentimiento nacional antiimperialista.  Es momento de unidad, basada en la Constitución y las leyes que nos hemos dado los venezolanos, de superar el abuso del Estado para enfrentar al enemigo de la patria.

La polarización: Estrategia para ocultar a la oposición de izquierda
El cerco naval y militar norteamericano sobre las costas venezolanas que viene ocurriendo desde agosto de 2025, el manejo de los medios de comunicación internacional y el soft power gringo de los últimos años, ha pretendido mostrar a Venezuela como una nación dividida entre Bolivarianos (Chavistas y Maduristas) versus la derecha democrática. La polarización tiene el propósito de ocultar la existencia de la oposición de izquierda, es decir, sacar de la ecuación política de solución al conflicto, a la izquierda. Y en el plano mediático en buena medida lo han logrado, porque hoy muchos se asombran cuando les hablamos que en Venezuela la izquierda real no es madurista.

La razón de este ocultamiento deliberado, en el que coinciden imperialismo y gobierno venezolano, es que las clases dominantes saben que va a ser muy complejo restituir el nivel de vida material e ingresos salariales de la población a los niveles que tenía en 2013 o 1982, como lo han prometido en los últimos tiempos, especialmente después de la violación de la soberanía por parte de las fuerzas militares norteamericanas, lo cual coloca el descontento, la rebeldía y la conmoción social en el horizonte de la política nacional. Aislar a la izquierda procura evitar que pueda llegar a tener influencia en un escenario de este tipo.

En los últimos años, aún en un marco de limitación severa de las libertades políticas, se ha venido construyendo un amplio campo de oposición de izquierda, aún no unificado pero que coincide en lo sustantivo, del cual forman parte el PCV dignidad, el PPT, la corriente COMUNES, Marea Socialista, el Partido Socialismo y Libertad, el Bloque Histórico y muchos movimientos más. A la par, la clase trabajadora ha venido recomponiendo sus instrumentos de organización y lucha especialmente a partir del Comité Nacional de los Trabajadores en Lucha (CNCTL) y el acuerdo unitario que finalmente firmaron todas las centrales sindicales el 12 de diciembre de 2025.

Esa realidad le preocupa a la burguesía (tanto cuarto republicana como de la quinta república) y Estados Unidos, quienes han bloqueado la difusión de sus actividades en los grandes medios y su presencia sufre los rigores de la exclusión algorítmica en las redes sociales. Tanto el gobierno de Maduro –y ahora el de Delcy Rodríguez– así como Estados Unidos cuando se refieren a la oposición lo hacen solo mencionando a la derecha, tanto la coptada por el gobierno como la que lidera María Corina Machado. Asumen que, si evitan que se difunda la existencia de la oposición de izquierda, esta desaparecerá. Tremendo error de cálculo, la izquierda tiene una enorme experiencia de sobrevivencia en condiciones autoritarias, dictatoriales, y ha comenzado a recomponer su relación con el movimiento social que resiste a la polarización.

Pero la negación sobre la existencia de una oposición de izquierdas en Venezuela no es solo una posición del gobierno, el imperialismo norteamericano, las derechas locales y mundiales, sino que un sector de la izquierda global ha preferido no darse por enterada, para vivir la comodidad binaria, dotando al Madurismo de una condición revolucionaria y antiimperialista que abandonó en los hechos hace mucho tiempo. La verdad es que el gobierno venezolano hace tiempo perdió su carácter de izquierda, aunque mantenga elementos retóricos, mientras aplica un paquete neoliberal y negocia con los Estados Unidos. La cúspide de esta dualidad esquizoide han sido los encuentros, en Caracas, la ciudad bombardeada, por parte de la presidenta encargada y el alto gobierno venezolano con el director de la CIA, precisamente la persona encargada de diseñar el ataque del 3 de enero y el secuestro de Maduro.

Es terrible que la izquierda geopolítica mundial no comprenda que lo importante es estar con quienes viven el drama de la clase trabajadora, no sacar cuentas de cuantos gobiernos se identifican de derecha y cuantos como progresistas; la política del común no es un juego de monopolio. De hecho, mientras quien dirige la burocrática y patronal Central Bolivariana Socialista de los Trabajadores (CBST) nunca ha dirigido una huelga en defensa de la clase trabajadora, decenas de dirigentes sindicales de base en Venezuela están hoy prisioneros o tienen medidas restrictivas de libertad, solo por atreverse a exigir aumentos de salarios y derecho a huelga, algo que la izquierda hace en cada lugar del mundo. Estamos seguros de que, en sus países los militantes de esas organizaciones geopolíticas de izquierda jamás aceptarían callar, ante el despojo salarial o la represión al movimiento social. Triste papel el que encarna esa izquierda geopolítica, que por omisión consciente contribuye a ocultar que existe una oposición de izquierda en Venezuela.

La urgencia de una plataforma mundial antiimperialista desde los intereses de la clase trabajadora
Difícil tarea la de los revolucionarios en este periodo, organizar la resistencia ante los avances del fascismo y la ultraderecha, construir coincidencias y articulaciones antiimperialistas a escala global, sin ocultar la situación real de la clase trabajadora venezolana. Impulsar unidad de acción, exigiendo restitución de los derechos democráticos mínimos para la clase trabajadora, porque al final, al único que le favorece que los trabajadores no se organicen autónomamente, es al capitalismo y al imperialismo. En este esfuerzo de unidad en la diversidad estamos comprometidos y trabajando.

Derechos humanos, estatuto colonial y unidad antiimperialista

 

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Recolonización trumpista y las resistencias por venir

Por: Luis Bonilla Molina 

Durante los últimos meses insistimos en que el propósito que tenía la administración Trump era el control político, económico y militar del petróleo, las riquezas minerales de Venezuela y el manejo de los datos de comportamiento de la población para instaurar el régimen de control predictivo sobre el país, para lo cual la colocación de bases militares gringas en la patria de Bolívar estaba en el horizonte. Pero nos quedamos cortos al pensar que para lograrlo a Estados Unidos le bastaba colocar al frente del gobierno venezolano a María Corina Machado (MCM) y Edmundo González Urrutia (EGU), dos personajes históricamente aliados de la Casa Blanca, con liderazgo social, pero de absoluta incapacidad para gobernar un país tan escindido como Venezuela. El propio 3 de enero, día del ataque militar contra Venezuela y secuestro del presidente Maduro junto a su esposa, Donald Trump “bajó de la nube” a la oposición de derechas venezolana y señaló que MCM “no era respetada en el país” y quedaba excluida de la “transición”.

Donald Trump afirmó que a partir de ese momento Venezuela sería gobernada por él y su equipo más cercano, el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el subjefe del gabinete Stephen Miller, el director de la CIA John Ratcliffe y el general Dam Caine del estado mayor conjunto, abriendo una situación de amenaza colonial, real, tangible e inusitada sobre Venezuela. Lo que ha ocurrido los días siguientes lo confirma.

La nueva compañía Gipuzcoana

La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas fue la sociedad mercantil española fundada en 1728, que operó en Venezuela entre 1730-1785, como parte de la relación colonial con Venezuela. Sus propósitos principales fueron: controlar el comercio exclusivo entre España y Venezuela, exportando productos (cacao, tabaco, algodón, índigo y cueros) e importando mercancías europeas (herramientas, tejidos, vinos, etc.), combatir el contrabando holandés, inglés y de otras naciones, así como orientar el desarrollo económico local para incrementar las ganancias de la Corona española.

Lo que plantea Trump para Venezuela es una nueva situación de control territorial y comercial que recuerda a esta empresa colonial. Pero lo hará con otra figura más moderna, la embajada norteamericana, por eso la prisa con la que ha anunciado de reabrir la representación diplomática norteamericana en Caracas. La embajada gringa cumplirá ese papel, solo que ahora será para la apropiación del petróleo, oro, tierras raras y otras riquezas, así como para seguir capturando sobre el terreno datos e informaciones, vitales para el pleno desarrollo del modelo predictivo de control basado en tecnologías de punta.

Recientemente, Karoline Leavitt, la portavoz de la Casa Blanca ha afirmado que «en este momento tenemos la máxima influencia sobre las autoridades interinas de Venezuela», mientras Marco Rubio sentenció que «Venezuela no puede mover petróleo a menos que le permitamos hacerlo». Esto ha sido complementado con la declaración de Trump que indica que «Delcy Rodríguez se ha comprometido a solo comprar productos estadounidenses», mientras existen rumores de amenazas sobre dirigentes del gobierno como Diosdado Cabello para disciplinar su debida obediencia al gobierno de Delcy Rodríguez.

Las tres fases de la colonización

El 5 de enero por la noche, Donald Trump anunció su regalo de reyes para Venezuela: Estados Unidos tomaría a la fuerza 30-50 millones de barriles de petróleo venezolano. El 7 de enero, el secretario de Estado Marco Rubio anunció las tres fases de recolonización de Venezuela. La primera fase, tomar por asalto en el corto plazo la producción petrolera disponible, hasta alcanzar los 50 millones de barriles de petróleo. No se trata de una compra forzada a Venezuela, sino del anuncio del robo público de la riqueza venezolana, usando su poderío militar y esperando poca oposición local.

La segunda fase, asumir el papel de administrador colonial, vendiendo Estados Unidos directamente en el mercado mundial el petróleo venezolano, abrogándose el uso y administración del botín de guerra. Para suavizar el impacto comunicacional de esta violación al orden comercial capitalista, Marco Rubio señaló que EEUU administraría esos recursos para la reconstrucción de Venezuela y los intereses norteamericanos. Obviamente, quieren recuperar parte del gasto militar generado en los meses de bloqueo naval en el sur del caribe, y usar los propios recursos de Venezuela para reparar la infraestructura petrolera que será ahora usada para la extracción colonial del petróleo por parte de compañías petroleras convocadas por la administración Trump.

Tercera fase, iniciar la transición gubernamental venezolana, que pareciera ser el anuncio de evaluar a partir del comportamiento post agresión del 3 de enero, qué hacer con el gobierno de Caracas liderado por Delcy Rodríguez, así como el momento de construcción de las representaciones políticas (con gente buena) que le garanticen el sostenimiento de su relación colonial con el país.

Marco Rubio sabe que no podrá convertir una República en una colonia sin resistencia local, por lo que esto augura una etapa en la cual el poderío militar-policial y de inteligencia norteamericano tendrá un papel protagónico, seguramente aspirando lograr colaboración de las fuerzas militares-policiales locales, algo que está por verse.

Protectorado o gobierno nacionalista

El gobierno venezolano que se instaló el 3 de enero deberá superar algunas tormentas interiores, para demostrar que tiene la fuerza necesaria para contener al imperialismo o asumir un rol colaboracionista. En cualquiera de los escenarios necesita consolidar su capacidad de gobernar.

La posibilidad de cohesionar una amplia unidad nacional contra el coloniaje gringo pasa por superar el trauma de la captura y secuestro de la pareja Maduro-Flores, ocurrida con poquísima resistencia militar, lo que ha generado la sombra de la traición interna. Localizar y hacer creíble quienes encarnaron esta felonía es un desafío de la actual administración bolivariana. Esto se vincula a la urgencia de elevar la moral de las fuerzas armadas nacionales, quienes sufrieron decenas de bajas (al igual que los 32 combatientes cubanos del entorno presidencial) sin que pudieran hacer lo propio con las fuerzas invasoras.

Por otra parte, Donald Trump, como parte de una estrategia o realidad objetiva (el tiempo lo dirá) ha señalado reiteradamente que el gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez está colaborando con su administración y “no quiere cometer los mismos errores de Maduro”. La presidenta encargada Delcy Rodríguez ha desmentido tímidamente estas afirmaciones, eso sí, señalando que el petróleo que salga de Venezuela, lo hará en condiciones de venta y pago comerciales ordinarias. Esta ambigüedad, entendible porque aún se está saliendo del impacto del despliegue y acciones militares del 3 de enero, debe ser superada, ya sea para organizar la resistencia anticolonial, o para sumir el rol de junta de administración colonial. Hacemos votos para que la decisión sea la primera.

El sentimiento nacionalista recorre el país, pero no encuentra una dirección política clara que lo encauce. La izquierda venezolana, especialmente el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y la Corriente Comunes han expresado de manera nítida su oposición a los intentos coloniales de la administración Trump, a la par que señalan al Madurismo (del cual formaba parte hasta hace poco Delcy Rodríguez) de llevar al país a esta terrible situación, con la aplicación de un programa anti-clase trabajadora y liquidador de las libertades democráticas mínimas para quienes deseen organizarse de manera autónoma. Pero un frente nacionalista capaz de cambiar la actual situación defensiva no puede ser solo construido con la izquierda radical. La posibilidad de una resistencia efectiva a la agresión militar y coloniaje norteamericano pasa por construir un amplio frente nacional, que no tenga una política de dos aguas frente al imperialismo. El gobierno de Delcy Rodríguez aún no ha mostrado que quiera asumir hasta sus últimas consecuencias ese rol.

Las tareas revolucionarias

Hasta el 2 de enero la principal tarea de los revolucionarios era recuperar las libertades democráticas mínimas que le permitieran a la clase trabajadora opinar y organizarse para enfrentar la ofensiva imperialista y la deriva autoritaria del gobierno madurista. A partir del 3 de enero, y después de los anuncios de la Casa Blanca de convertir a Venezuela en una colonia gringa, la prioridad pasa a ser la defensa de la independencia nacional con el más amplio régimen de libertades políticas para las fuerzas patrióticas. Los hechos dirán si la situación evoluciona hacia una etapa de liberación nacional.

No puede existir duda alguna respecto a impulsar la más amplia unidad de acción, con todas las fuerzas políticas y sociales que coloquen la soberanía y la independencia nacional como la prioridad en esta etapa. Es momento de centrarnos en las coincidencias en torno a la defensa de la nación, su soberanía e independencia.

Luis Bonilla-Molina es profesor universitario e investigador en pedagogía y ciencias sociales. Integrante del Consejo Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), integrante de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la educación (CLADE) y director de investigaciones de Otras Voces en educación.

https://luisbonillamolina.com/2026/01/08/venezuela-recolonizacion-trumpista-y-las-resistencias-por-venir/

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La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

Luis Bonilla-Molina

América Primero!! Es la expresión que condensa la actitud imperialista, neofascista y neocolonial norteamericana en el presente. La Declaración de Trump de este martes 16 de diciembre de 2025 es una profundización radical en la ofensiva imperialista sobre Venezuela. Ya no quiere “perseguir cárteles de droga”, ni producir un simple cambio de régimen, sino que exige el control absoluto por parte de Estados Unidos del petróleo venezolano, demandando la “devolución de territorios” que no es otra cosa que cambiar la condición de dependencia por una relación territorial neocolonial. Estados Unidos amenaza con anexar parte o la totalidad del territorio venezolano, algo sin precedentes y de una significación dramática.

Esta confesión de parte en las intenciones de los Estados Unidos nos debe convocar a la conformación de un amplio frente internacional contra la ofensiva imperialista a Venezuela, que con la movilización y denuncia en todos los rincones del orbe, evite este desafuero gringo de tomar posición de la soberanía territorial venezolana.

Los hechos

En noviembre de 2025 la administración de Trump publicó el documento titulado Estrategia de Seguridad Nacional, en cuyas 57 páginas -versión en español- define sus prioridades, énfasis, propósitos y curso de acciones. Reivindicando y relanzando la Doctrina Monroe, este documento es un texto pragmático, una hoja de ruta para el momento político de construcción de un reordenamiento capitalista global, en el cuál Estados Unidos necesita afianzar su poder porque pretende dirigir esta transición.

La Estrategia de Seguridad Nacional tiene continuidades imperiales que hemos venido analizando en ensayos recientes, pero también las particularidades propias de un momento histórico singular en el cuál otros países capitalistas le disputan la supremacía económica (China), el equilibrio militar (Rusia), el eje de la innovación que se ha vitalizado en lo que se  denomina como la región Indo-Pacífico, y Europa ya no tiene posibilidades ni capacidades para seguir siendo su anillo de seguridad y contención en Eurasia. Es imposible comprender el giro iliberal y neofascista de la administración Trump sin vincularlo a estas dinámicas. Se equivocan terriblemente quienes caracterizan el momento como una simple etapa de liderazgo divergente en el imperio.

El nuevo orden mundial que puja por nacer es increíblemente capitalista y militarista, y Estados Unidos aspira no solo a ser parte de él, sino a seguir siendo la nación hegemónica. No hay un contrapeso de Estado anticapitalista en este tablero, aunque la revolución de los de abajo sigue apareciendo en el horizonte como posibilidad. En ese reacomodo, el control de la energía y los insumos para la innovación (petróleo, uranio, litio, tierras raras) juegan un rol central.  Estados Unidos no quiere repetir la historia del declive del imperio español ante el británico, quiere estar al frente de los cambios geopolíticos que acompañan a la cuarta revolución industrial.

La administración Trump ha definido claramente sus prioridades territoriales en lo que denomina el hemisferio occidental, una especie de frontera ampliada que incluye a toda Latinoamérica y el caribe, Canadá y Groenlandia.  En ese escenario Venezuela adquiere un valor estratégico, por sus riquezas minerales -la mayor reserva de petróleo, potencialidad de tierras raras en la zona sur/Orinoco- biodiversidad -agua y reserva genética- además de una situación militar privilegiada al norte de Suramérica, al sur del Caribe con fachada al Atlántico, a escasos kilómetros del Canal de Panamá que le permite acceso al Pacífico. Estados Unidos no quiere compartir estos privilegios con China, Rusia ni ninguna nación emergente. Es decir, Venezuela para los norteamericanos, como sentencia de la Doctrina Trump. Desde la apertura de la relación abierta neocolonial de Estados Unidos con Venezuela, después del bloqueo europeo a las costas venezolanas (1902-1903), su mediación para la solución del impasse -justificada en el marco de la Doctrina Monroe- y el golpe de Estado liderado por Juan Vicente Gómez -que por lo menos EEUU avaló- este es un giro sin precedentes de violación a la soberanía territorial y política.

Para lograrlo, desde agosto del 2025 se ha generado el más impresionante desplazamiento militar y de tropas conocido en la región por décadas. El ataque a botes de pescadores, acusados de ser “mulas” del narcotráfico, ha sido la melodía trágica de presentación de su ofensiva sobre Venezuela que se recrudece cada día. La intervención del espacio aéreo venezolano, con NOTAM emitida por la autoridad de tráfico aéreo norteamericano y la orden presidencial directa de Trump de prohibir los vuelos hacia el país, fue escalada con la piratería marítima de captura y confiscación de un buque petrolero. Este 16 de diciembre, el propio Donald Trump ha declarado que le exige a Venezuela que “le devuelva el petróleo, tierras y otros activos a Estados Unidos. Es decir, ha declarado públicamente su decisión de apoderarse de las reservas petroleras y el deseo de colonizar directamente parte del territorio venezolano.

Eso solo lo puede lograr mediante la ocupación militar directa del territorio, colocando bases militares. Pero quiere hacerlo con el menor costo posible, en términos de pérdida de vidas de soldados gringos, gastos operativos e impacto político. Por eso, la decisión de confiscar todos los barcos petroleros no autorizados por el Departamento del Tesoro norteamericano es otra escalada para asfixiar al gobierno de Maduro y crear las condiciones para su caída, ya sea por implosión interna, golpe de Estado desde el mismo Madurismo para iniciar una transición pactada en los términos de la Estrategia de Seguridad Nacional, o como resultado de una “operación quirúrgica” que permita colocar en el poder a la dupla Edmundo González Urrutia (EGU)– María Corina Machado (MCM). La asfixia económica del país pareciera ser la herramienta ideal para concretar cualquiera de estas iniciativas coloniales. Estaríamos hablando del riesgo de una hambruna sin precedentes para la población venezolana.

La colocación de bases militares norteamericanas en territorio venezolano le permitiría establecer una relación colonial cercana a las reservas petroleras, asegurándose la exclusividad de su acceso. En un país como Venezuela, en el cuál incluso su aliado histórico Rómulo Betancourt no aceptó la colocación de bases militares gringas en el territorio, por los efectos que tendría el nacionalismo criollo en la voluntad electoral del pueblo, esto solo es posible lograrlo con una larga transición caótica -que prolongue y aunque parezca increíble, eleve la miseria y tragedia de las condiciones materiales de vida de la población vividas en el periodo madurista- algo que cada vez aparece de manera más nítida en la ofensiva gringa.

El daño colateral inmediato se está sintiendo en Cuba, imposibilitada de recibir el auxilio venezolano en materia de combustible y petróleo para su economía y el mantenimiento del sistema eléctrico. Estados Unidos apuesta por un efecto dominó en la región, que produzca la “carambola” de desplazar de un solo golpe a los gobiernos de Caracas, La Habana y Managua.  Es decir, el posicionamiento es para el control total del llamado hemisferio occidental.

Adicionalmente, usando los avances tecnológicos de última generación, en captura y procesamiento de datos, Estados Unidos avanza en la puesta en marcha del régimen de control predictivo al disponer de una información extremadamente valiosa sobre el comportamiento de la población -del hemisferio occidental en general y Venezuela en particular- ante su despliegue militar en el Caribe sur. Por eso, la clínica de rumores y contra informaciones que genera día a día en las redes sociales, para incentivar respuestas de la población, poderlas segmentar y clasificar, para la construcción de sus escenarios de acción.  Estamos viviendo la primera ofensiva militar regional con tecnología, técnica y propósitos propios de la cuarta revolución industrial, por lo cual resulta terriblemente limitada su interpretación con las claves paradigmáticas de las tres primeras revoluciones industriales.

La transición imposible

María Corina Machado (MCM) tiene un liderazgo indiscutible entre la población venezolana, incluso en sectores que históricamente apoyaron al Chavismo. Eso se lo debe en buena medida a Maduro, quién en su afán de polarizar para evitar la consolidación de una oposición de izquierda, ha jugado el juego que más le conviene a MCM. Pero liderazgo -de MCM- socialmente arraigado, no es lo mismo que capacidad para gobernar, especialmente si es errado el diagnóstico que se tiene de la crisis venezolana y el camino de su superación. La apuesta de MCM es el impulso de un gobierno iliberal que continué y profundice las políticas neoliberales aplicadas por Maduro, especialmente implementadas a partir de 2018. Su estrategia de liberalización absoluta de la economía del mercado como fórmula para generar empleo, la coloca de espaldas al problema central del venezolano en el corto plazo, salarios y retorno de condiciones materiales de vida mínimamente decentes. La “bonanza post madurista”, de una economía sin sanciones, MCM la piensa en clave de privatizaciones, flexibilización del empleo y atracción de capitales internacionales, solo posible manteniendo bajos salarios.

Estados Unidos lo sabe, por eso su apuesta por una transición de EGU-MCM, para abrir paso a la larga transición caótica que le permita instalar su relación abiertamente colonial con el territorio y las riquezas venezolanas.  De hecho, MCM lo ha dicho en reiteradas oportunidades, que la “recuperación de Venezuela” exigirá niveles más profundos de cooperación con Estados Unidos.

Los errores de cálculo del Madurismo

El antiimperialismo del Madurismo tiene los límites de su sobrevivencia en el poder. El Madurismo no es de izquierda, mucho menos revolucionario. Desde la guerra de Ucrania ha procurado un acuerdo estratégico con Estados Unidos, canjeando petróleo a cambio de permanencia en el poder, cabalgando la posibilidad de levantamiento de las criminales Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) aplicadas con fuerza por Estados Unidos contra Venezuela desde el año 2017. El problema es que ahora la administración Trump quiere ir mucho más allá.

El gobierno de Maduro ha sido una desgracia para la población y la clase trabajadora venezolana. No solo en términos salariales y de condiciones materiales de vida, sino en restricción de libertades democráticas básicas, como derecho a opinar, libertad de expresión, posibilidades de organizarse autónomamente en sindicatos y partidos políticos, arraigo territorial y desarrollo humano integral. Maduro ha sido un terminator de los avances ocurridos en el periodo chavista y un profundizador de sus errores. Ningún venezolano vivo ha conocido peor gobierno que el de Maduro.

En medio de estas condiciones de ofensiva imperialista Maduro continúa con su línea de acción autoritaria y de supervivencia del sector de la nueva burguesía que representa. Una ofensiva imperialista como la desatada desde agosto de 2025 en el sur del Caribe solo se puede enfrentar con un gran frente nacional antiimperialista resultante del consenso mínimo nacionalista, pero esto pasa por revertir sus propias políticas, generando la libertad de los presos políticos -entre los que se cuentan dirigentes sociales, progresistas y de izquierda- amnistía general para todos los enjuiciados, presos y quienes son objeto de medidas restrictivas, devolución de los partidos políticos a sus legítimos militantes, y una reorientación de los menguados ingresos nacionales hacia sueldos y salarios. Pero ha hecho todo lo contrario, ha profundizado la represión, aumentado el número de detenidos y enjuiciados, profundizado la caída del salario y la concentración de la riqueza en unas pocas manos. Hace todo lo contrario a lo que la lógica demanda, porque su compromiso no es con el pueblo sino con el sostenimiento de un modelo de acumulación que favorece a los ricos.

La retórica de Maduro no se corresponde con lo que socialmente ocurre. Para el ciudadano común, el ataque norteamericano es fundamentalmente contra Maduro, y no hay razones para defenderlo. Ante este panorama, el desespero de la sobrevivencia ha hecho pensar a amplias capas de la población que una salida de Maduro, por cualquier vía, sería el inicio de la recomposición de la situación de oprobio en la cual se vive. Para el común de la población la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos poco importa, porque Maduro disolvió la esperanza en un mañana mejor.

Se trata de un panorama complejo para las fuerzas nacionalistas, progresistas y quienes no han renunciado a la identidad de izquierda, negándose a colocarse bajo la dirección de EGU-MCM o la aceptación del desgobierno madurista.  Lo significativo es que el país vive hoy, desde el mundo del trabajo y la clase trabajadora, iniciativas de despolarización a partir de la construcción de un programa mínimo de defensa del salario y las libertades democráticas básicas. La interrogante es si darán los tiempos para construir un polo autónomo para otra transición posible.

¿Qué hacer?

Continuar apostando -y trabajando- por la constitución de un polo político autónomo de los y las trabajadoras, apoyando sin reservas iniciativas como la conformación este 12 de diciembre del Acuerdo Unitario de 6 centrales sindicales, federaciones, gremios y sindicatos por el rescate del salario. Un evento como este, en medio de las tensiones militares en el Caribe, habla del instinto de la clase trabajadora ante cualquier escenario en el corto y mediano plazo.

Aunado a ello, se debe profundizar la campaña por una Amnistía General, que libere a todos los detenidos, enjuiciados y sometidos a medidas restrictivas, abriendo camino al encuentro de múltiples voces para pensar la soberanía nacional en tiempos de ataque imperialista. Exigir la devolución de los partidos, sindicatos y federaciones sindicales a sus legítimas representaciones.

Cualquier diferencia con Maduro, partido político o personalidad, no puede servir de excusa para no desarrollar un auténtico antiimperialismo, eso sí desde los intereses de la clase trabajadora. Todas las fuerzas democráticas, progresistas, populares y de izquierda deben denunciar y enfrentar la ofensiva norteamericana sobre Venezuela, lo que no significa de modo alguno defender al gobierno de Maduro. La salida del Madurismo debe ser una decisión y proceso soberano del pueblo venezolano, liderado por su clase trabajadora. En este sentido, son días de impulso de una política antiimperialista sin dobleces ni dudas.

Sea frente a Maduro, EGU-MCM o cualquier gobierno, la clase trabajadora debe defender su autonomía y reafirmar que solo su capacidad de lucha le permitirá salir del actual drama. Los y las revolucionarias debemos con humildad y decisión abonar en este sentido y dirección. En esta dirección la conformación de un frente antiimperialista internacional puede contribuir a conjurar el rostro horrible de la guerra y la recolonización territorial. Avancemos en esa dirección.

La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

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Paradigma disciplinar una grieta sin cerrar en la epistemología universitaria

Cuando escasea el sentido común los problemas aumentan: ¿a quién favorece el engaño sobre la supuesta superación del paradigma disciplinar por parte de la universidad?

                                      Por  Luis Bonilla-Molina[1]

  1. Introducción: Seamos Realistas: pidamos lo imposible

La universidad, históricamente hablando, ha sido el espacio privilegiado para el pensamiento crítico comprometido con la justicia social, la igualdad económica y la inclusión. En distintos momentos ha sido el espacio que ha guiado conquistas importantes de la sociedad. Lamentablemente, en las últimas décadas la ofensiva del capital sobre las instituciones de educación superior (IES) resultó de tal magnitud que ha invisibilizado muchas de estas luchas e incluso generado retrocesos impensables hace 50 años.

En la resistencia anticolonial, los procesos de independencia, la construcción de las repúblicas, el surgimiento de los Estados nacionales, el desarrollo de la democracia y el auge de la progresividad de los derechos, la universidad jugó un papel estelar. La revolución cubana hecha por universitarios, las revueltas del ´68, las batallas antineoliberales de las últimas cuatro décadas, evidencian que la rebeldía sigue estando presente. Este trabajo lo inscribimos en esa perspectiva, y como hemos pensado en dedicar un artículo de la serie sobre La Universidad,al tema de las resistencias anticapitalistas, en esta oportunidad nos concentraremos en mostrar otras aristas de la arquitectura de la ofensiva del capital sobre la educación universitaria, especialmente alrededor de los intentos por la superación del paradigma disciplinar en la construcción de conocimiento, ciencia y tecnología.

  • 2. Los tres momentos del capitalismo industrial en materia de políticas universitarias

El capitalismo en su relación con la construcción de conocimiento tiene tres momentos paradigmáticos. Primero, de carácter disciplinar propio de las dos primeras revoluciones industriales, segundo, de exigencia transdisciplinaria a partir de la tercera revolución industrial y el tercero, en el cual aspira alcanzar convergencia heurística en la transición a la cuarta revolución industrial.

Si analizamos las políticas educativas, con la metodología de los estudios comparados internacionales, en los marcos temporales de las primeras revoluciones industriales (1760/1780 – 1870/1914), tercera revolución industrial (1961) y la transición a la cuarta revolución industrial (2011 –  ), sin que esta última aún se haya expresado en toda su potencialidad en el modo de producción capitalista, podemos tener una comprensión mas precisa de la racionalidad de las propuestas del capitalismo para el sector universitario.

Esto se debe a la epistemología del capitalismo industrial, para quien existe una relación inmanente del conocimiento con la innovación científica-tecnológica y esto solo tiene sentido en la medida que contribuya a la reproducción simbólica y material de la lógica producción-mercado-ganancia. En consecuencia, cuando se produce un giro en la espiral de innovación se modifican las exigencias del capital para la producción de conocimiento, y esto adquiere forma de políticas públicas para el sector educación.

El asumir esta perspectiva analítica, permite entender en otra dimensión, sentido y direccionalidad eventos como la reforma de Córdoba (1918), los ciclos y localización de la expansión universitaria reciente -especialmente después de la segunda guerra mundial- y la cultura evaluativa institucional (a partir de 1961), potenciada a partir de la égida neoliberal (bibliometría, acreditación, rankings, modelo de movilidad académica-estudiantil y propósito del reconocimiento de títulos y estudios a escala internacional), el paradigma STEM, los acuerdos de Bolonia y los contornos que ha tomado la internacionalización universitaria.

Uno de los elementos centrales de las tensiones instaladas a partir de la tercera revolución industrial tiene que ver con el paradigma hegemónico para la construcción de conocimiento -disciplinar- y la necesidad que tiene el capitalismo de transformarlo, inicialmente en transdisciplinario y ahora en convergencia heurística. En el primero de los casos generó desde 1961 una fisura paradigmática que no fue -ni es- aprovechada por los sectores anticapitalistas críticos de la disciplinariedad para abrir paso a otra universidad posible, generándose una anomalía sin precedentes, propia de la existencia de una brecha epistémica:   si bien el capitalismo y el anticapitalismo critican el paradigma disciplinar, la escuela y universidad transdisciplinaria no ha nacido en el largo periodo de sesenta años que ha permanecido abierta esta grieta.

Parafraseando a Gramsci respecto al pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad (2011), diríamos que los sectores progresistas y anticapitalistas han contado con el optimismo desbordado de la voluntad para enfrentar las políticas del capital en torno a la educación superior en el marco de la tercera revolución industrial, pero ha fallado la fuerza del pesimismo del intelecto para comprender la dimensión de las tareas a acometer para enfrentarlo. Uno de las causas de este vacío se debe a la precaria vinculación analítica entre revoluciones industriales y políticas universitarias. Por eso, el esfuerzo para encontrar las claves interpretativas que contribuyan a salir del marasmo del intelecto, no puede ser confundido con desesperanza, todo lo contrario, es un triunfo de la voluntad consciente, un tributo a la utopía de otra universidad posible desde la fuerza de la deconstrucción de la dominación.

  • 3. Enfoque disciplinar: la nostalgia por lo que fue exitoso (primera y segunda revolución industrial)

Para el capitalismo industrial de las dos primeras revoluciones industriales, el conocimiento adquiere características de elemento dinamizador de las ganancias, especialmente cuando se relaciona con la innovación tecnológica a ser usada en la optimización de los tiempos y resultados de producción de mercancías, así como la extracción de plusvalor. En ese sentido, el capital procura la mejora, no la irrupción de un nuevo modelo productivo, y esta “optimización” fue vista en sus inicios, como un proceso que iba desde “las partes hacia el todo”. Los cambios bruscos convocaban a la prudencia, los progresivos se iban evaluando en su desempeño para evitar quiebres en las cadenas productivas.

En el marco de las dos primeras revoluciones industriales, cuando ocurrían “saltos” inusitados en el ritmo de la creatividad, esto demandaba la elaboración de prototipos y ensayos limitados, para que su implementación y efectos se pudieran escalar, a partir de la demostración de su eficacia en la mejoran de la producción. Solo entonces la innovación se podía generalizar. En consecuencia, era más confiable la mejora progresiva de las partes, para prevenir posibles daños en el todo.

La especialización disciplinar se convierte en el paradigma preferido del capital en el periodo de las dos primeras revoluciones industriales. La necesidad de incentivar la innovación y transferencia de la misma al modo de producción, puede ser explicada inicialmente por la cercanía con la ruptura del modelo feudal de acumulación, más tarde por la aspiración incesante de ampliar los márgenes de ganancia.

La especialización implica una visión maquinal de la innovación, en la cual hay que ver el objeto de estudio como un artefacto, al cual aproximarse delimitando un área de trabajo específica, en procura de mejorar la totalidad de su funcionamiento. En ese sentido, la división de campos de conocimiento como disciplinas resultó de especial utilidad.

Un tornillo rediseñado, elaborado con un material más liviano, pero doblemente resistente, podría prevenir los desajustes de la máquina. La tarea, como ejemplo, se le encarga por separado a disciplinas distintas para construirle viabilidad y confiabilidad a la mejora, disminuyendo el error de implementación a su mínima expresión, aunque el error experimental fuera inevitable. Para la localización de los nuevos materiales y sus procesos de extracción se comisiona a la geología, su combinación y aleaciones a la ingeniería química, la calidad requerida de los materiales a la ingeniería industrial, el rediseño de la máquina para el nuevo acople a la mecánica especializada, el ajuste de los procesos humanos de producción de mercancías a las ciencias del desarrollo organizacional y la sociología del trabajo. Se trataba a su vez del control de las partes fragmentadas, la compartimentación del ensamblaje de las mismas.

Cada disciplina fue construyendo su sello de identidad“corporativa” expresado en paradigmas teóricos, métodos, lenguajes y criterios de validación propios, que permitían además la acumulación sistemática y coherente de conocimientos.

Esta lógica también se extendió a la estructura social, con una epistemología maquinal de lo humano y las relaciones societales, profundizando el humanocentrismo que subordinaba la vida animal y la naturaleza, a la mejora de la maquinaria colectiva dividida en clases sociales.

Para conjurar el riesgo de crear una “torre de babel” en el campo de la innovación, se le construyó hegemonía académica a la normalización de un método de comunicación unificado para los procesos de investigación, experimentación y presentación de resultados, que es lo que hoy conocemos como método científico. Esto garantizaba la interoperabilidad de las innovaciones y la construcción de interfases entre las disciplinas.

Todo el mundo sabe hoy, que no se construye conocimiento siguiendo una receta mecánica, sino que la creatividad es un proceso caótico invadido por el error, en el cual el acierto es el nuevo incluido, dinámica a la que se le procura justificación teórica y procedimental, estableciendo protocolos para replicar los logros, aunque todo ello sea presentado a la inversa, como si la teoría conociera por anticipado los resultados de la experimentación o el análisis prospectivo a los hechos concretos de una coyuntura social específica.  Todo se invirtió, pero no era de buenos modales académicos alzar la voz al respecto. El método científico es más una ruta para la comunicación de resultados que para la creación disruptiva.

Además, en las dos primeras revoluciones los ciclos de innovación tenían particularidades que favorecían el enfoque disciplinar. La teoría de las ondas largas de la innovación (kondratieff, 1984) plantea una duración de 60-65 años del ciclo de cada una de las dos revoluciones industriales. Dentro de ellas, Carlota Pérez (2003) distingue el ciclo especulativo o de instalación de la innovación (20-30 años), y la fase de despliegue o estabilización (20-30 años), mientras que Joseph Schumpeter (1939) adiciona la idea de destrucción creativa que se refiere al periodo de obsolescencia y renovación tecnológica, que puede variar en cada caso. La tendencia en las dos primeras revoluciones industriales fue a la introducción progresiva de la innovación sustantiva que aparecía cada 15-20 años.

En ese sentido, el conocimiento que se aprendía en la universidad, podía ser usado por largos periodos en la sociedad y los sitios de trabajo, cuyo manejo prestigiaba, al gozar de permanencia y estabilidad en ciclos de 20 años cuando menos. Lo que aprendía un biólogo, físico, químico o profesor universitario, le resultaba útil por un periodo largo de tiempo, sin que ello perdiera el barniz de innovación y conocimiento de punta. Estos ritmos de permanencia se expresaron en protocolos y procesos institucionales.

Eso facilitó la adopción del diseño organizacional (estructura, funcionamiento, evaluación institucional) que hoy consideramos como propio e inamovible de las universidades, cuando en realidad existía una mayor variabilidad al respecto, antes del surgimiento del capitalismo industrial.  Las universidades naturalizaron el modelo de organización por facultades, escuelas, departamentos, centros de investigación, observatorios y líneas de investigación que favorecían el enfoque disciplinar de trabajo, construyendo una idea de tradición universitaria -haciendo analogía con las ideas de Hobsbawn,1983- que en realidad era un invento, para institucionalizar el paradigma disciplinar.

Este enfoque organizacional cuando había resultado útil en experiencias previas a la hegemonía alcanzada en el capitalismo de las dos primeras revoluciones industriales, se debía a que ocurría en universidades relativamente pequeñas, si consideramos los estándares actuales de número de estudiantes y profesores por IES. La masificación de las universidades y la matrícula universitaria, ocurrida en el marco del periodo liberal del capitalismo de las dos primeras revoluciones industriales, terminó calcificando el paradigma disciplinar como estructurante de la gestión institucional, haciendo impensable un modelo organizacional universitario distinto al de facultades, escuelas, departamentos, centros, observatorios y líneas de investigación. El adagio popular dice “si quieres crear un problema funda un departamento”.

En síntesis, las dos primeras revoluciones industriales, en el capitalismo tardío (Mandel,2023) y el desarrollo desigual y combinado (Novack,1965) de su implementación, no solo construyó hegemonía académica para el paradigma disciplinar en la construcción de conocimiento e innovación, sino que posibilitó la estructuración de un desarrollo organizacional universitario que hiciera posible su expansión en todas las esferas de las Instituciones de Educación Superior (IES). Esta estructura funcional se convertiría paradójicamente en el mayor obstáculo para poder cumplir con las demandas del capital, de renovación del paradigma de construcción de conocimiento en la tercera revolución industrial.

  • 4. Lo transdisciplinario: ¿mentirle al espejo? (tercera revolución industrial)

La llegada de la tercera revolución industrial (1961) complejizó el asunto, por cinco razones básicas. Primero, la incorporación de la programación virtual y la robótica a la producción industrial, hecho que implicaba una ampliación del paradigma mecánico newtoniano propio de las dos primeras revoluciones industriales; ello comportaba tensionar los límites de las viejas disciplinas e hibridar campos que habían permanecido estancos. La fusión entre robótica, programación, ingeniería de procesos, dinámicas de innovación y reordenamiento del know-how para la generación de mercancías exigía procesos cada vez más complejos de integración disciplinar. Por ejemplo, un video juego (mercancía) demanda el trabajo integrado de la psicología, programación, diseño gráfico, antropología, cálculo, ciencia de los algoritmos, legislación, administración, neurociencia, entre otros campos, no solo en su producción sino para impulsar las innovaciones que sustentan la acumulación de capital (ganancias).

Segundo, los ciclos de innovación al interior de cada revolución industrial comenzaron a acortar los tiempos de la espiral creativa, pasando de 20 a 15-10 años, luego a 6, y ahora se habla en muchos campos del conocimiento de giros de 1 a 3 años. La generación que hemos laborado los últimos cincuenta años en las universidades, hemos conocido la aceleración de la innovación de manera singular. Por ejemplo, en la presencia cada vez más efímera de algunos artefactos y su rápida obsolescencia: de las computadoras de escritorio con discos de memoria externos, con capacidad limitada, se pasó rápidamente de los disquetes de 8 pulgadas con capacidad de 80 KB (1971), a los de 5-1/2 con capacidad entre 110 KB y 1.2 MB (1976), hasta llegar a las memorias portátiles de varios TB y el almacenamiento en la nube, saltando del celular fijo al móvil analógico, y de éste al celular digital, los primeros dispositivos con mensajería de texto, las redes sociales hasta la Inteligencia Artificial generativa en dispositivos como Alexa.

Tercero, los modelos de gestión empresarial, implementados en las dos primeras revoluciones industriales (Taylorismo-Fayolismo, Fordismo) resultaban obsoletos para incorporar de manera expedita los productos de la inusitada aceleración de la innovación en la mejora continua de la producción de mercancías. Los modelos posfordistas comenzaron a expresar la pérdida de interés por las titulaciones y los enfoques disciplinares, porque las novedades en la tercera revolución industrial eran en buena medida el resultado de la integración de múltiples campos de estudio y para su implementación resultaban insuficientes las simples experticias disciplinares. Surge la necesidad de gestión transdiciplinaria del conocimiento, como se manifestó en la Conferencia Internacional sobre Crisis Mundial de la Educación (1967), donde el capitalismo hace pública y notoria la demanda de otra forma de construir saber, que trascienda los protocolos disciplinares.

La presión sobre la academia comenzó a hacerse cada vez más evidente, como lo demostró el Informe Faure (1973) generado por UNESCO, especialmente en su capítulo 2, dando inicio al drama cognitivo colectivo de los académicos, quienes deberían superar el enfoque disciplinar para la gestión de los procesos de generación de conocimiento e innovación; el problema era ahora ¿cómo hacerlo?  Las décadas de los setenta y ochenta marcaron la búsqueda de formas, maneras, caminos para lograrlo, pero todas las iniciativas reformadoras chocaban con las estructuras institucionales formalizadas para la gestión de la enseñanza y el aprendizaje. La UNESCO promovió el llamado pensamiento complejo (Morín,1990) para intentar destrancar el juego, pero cambiar la arquitectura funcional que hacía posible generar y reproducir conocimiento universitario disciplinar, implicaba afectar relaciones de poder internas y externas. La solución “salomónica” fue dejar el edificio organizacional prácticamente intacto -en algunos casos con cambio de denominaciones o adición de otras instancias- y asumir la transdisciplinariedad como “eje transversal” para la producción de conocimiento; denominación bonita, pero con serios problemas para su operabilidad concreta en la lógica que demandaba el modo de producción capitalista de la tercera revolución industrial. Muchos de los intelectuales progresistas y antisistema se entregaron a esta solución mágica, que terminó siendo una capitulación del pensamiento crítico, sin efectos prácticos posibles.

Paradójicamente, la izquierda educativa que propugnaba la superación de la perspectiva disciplinar, terminó prisionera del paradigma funcional universitario que le impedía construir una propuesta alternativa antisistema; las soluciones no procuraban escapar del influjo del modelo de facultades y escuelas disciplinares.

El neoliberalismo de los ochenta y noventa encontró una solución práctica para el atasco, privatizar la investigación universitaria y extraer una parte importante de los laboratorios y centros de investigación del ámbito universitario, pasándolos ahora a la tutela y financiamiento empresarial.  Más que la formación profesional, lo que le interesaba al capitalismo neoliberal era la aceleración de la innovación, el control de su transferencia y su implementación de la manera más eficiente bajo enfoques que trascendieran la disciplinariedad. Todo pareciera indicar, que en términos empíricos el capital desarrolló formas pragmáticas inter y multidisciplinarias para mantener la aceleración de la innovación y su transferencia a los circuitos de acumulación de ganancias.

Cuarto, la externalización de la innovación universitaria. En el proceso de intentar impulsar la transición del paradigma disciplinar al transdisciplinario, el capitalismo pareciera haber perdido la esperanza en la capacidad auto reformadora de la universidad. Aunque la mayoría de universidades iniciaron en los setenta y ochenta del siglo XX un proceso de actualización de su visión y misión, contemplando la transdisciplinariedad como paradigma emergente, la realidad fue que la distancia entre el decir y el hacer fue -y es- descomunal. No se puede pretender surcar los cielos con las “plumas y cera de abeja de Ícaro”, se requiere una infraestructura adecuada para ello, y el modelo organizacional universitario hegemonizado en las dos primeras revoluciones industriales (facultades, escuelas, departamentos, etc.) le imposibilitaba a la universidad escapar de la isla disciplinar de “Creta”. Mientras el “sol” de la aceleración de la innovación derretía las alas de Ícaro, haciendo evidente la falsación del cambio de paradigma, el “minotauro” capitalista optó por impulsar la externalización de las dinámicas que requería, dejando a la academia prisionera de la tentativa de Dédalo.  Esto ha hecho, por ejemplo, que la mayoría de avances en el área tecnológica y otros campos ocurran fuera de la universidad, lo que debería encender todas las alarmas académicas; por suerte no se trata de tierra arrasada, porque la universidad mantiene su capacidad de inventiva, lo que hay que recuperar es su potencia expansiva y contrahegemónica.

Quinto, las empresas del área tecnológica, que se convirtieron incluso en el gran boom de acumulación en la era de la financiarización de la economía, construyeron una nueva cultura para la creación y gestión de la innovación a partir de dinámicas inter, multi y transdisciplinarias. Más que la titulación, comenzaron a primar las habilidades y competencias para trabajar en equipos inter/multi/trans disciplinarios que construían dinámicas pragmáticas que potenciaban la generación de conocimiento que contribuyera a la aceleración de la innovación. Cuando había que fortalecer las capacidades de actuación bastaba la formación adelantada en espacios empresariales, lejos del ruido y los tumultos académicos. Por supuesto, que en todos los equipos había profesionales titulados, pero la preminencia de este criterio para la selección, comenzó a parecer sobrestimado. De la explosión del gerencialismo posfordista de los setenta, ochenta y noventa se pasó al declive de los gerentes como tribu especializada en la conducción, surgiendo una etapa en la cual los creadores y propietarios, no solo de las start-up sino de las grandes corporaciones, pasaron a ser sus propios gerentes. La tendencia fue que los CEOs-propietarios ahora lideraran los equipos creativos.

Desde el mundo empresarial la universidad adquirió una nueva centralidad en la reproducción del sistema, la difusión de novedades para la orientación del consumo (ganancia + renta), mediante las dinámicas inherentes a la cultura evaluativa neoliberal (bibliometría, acreditación, rankings, movilidad académica y reconocimiento de estudios). Este giro facilitaría la adopción de lo que hoy se promociona como la gran novedad para las instituciones de educación superior: las micro credenciales o la micro acreditación.

Al no lograr romper la universidad con el peso de la tradición inventada del paradigma disciplinar, se inicia un peligroso periodo de inestabilidad estructural de todo su aparato institucional. Incluso la Universidad Multidiversidad Mundo Real Edgar Morín, tan promocionada como génesis de nuevos arquetipos funcionales no logro trascender ni convertirse en un prototipo de la nueva universidad por surgir. En ese largo periodo de vaciamiento de la potencialidad reformadora universitaria (1961-2011), se evidencia una nueva vuelta de tuerca en las revoluciones industriales. La llegada de la cuarta revolución industrial encuentra a la universidad con saldo deudor (paradigma transdisciplinario) y ahora se le demanda un nuevo viraje paradigmático.

  • 5. La convergencia heurística: ¿si no hablamos de ello no ocurrirá? (transición a la Cuarta revolución industrial)

En el 2011 se anunció en Hanover Alemania el pronto desembarco de la cuarta revolución industrial (Schwab, 2016). El horizonte de cambio previsto contemplaba unos veinte años, es decir su pleno despliegue está previsto alrededor de 2030. No se trataba de un simple giro concéntrico, sino que ahora la espiral se distanciaba de la transdisciplinariedad para exigir nuevas formas de convergencia entre campos del conocimiento. Sus voceros -cuarta revolución industrial- hablaban de nuevas formas de pensamiento y generación de conocimiento requerido, pero no terminaban -ni lo hacen aún- de darle forma conceptual a ese requerimiento, comunicando solo sus expresiones operativas.

La academia, de manera temeraria pareciera haber dejado vacío e inerte el terreno de esta convocatoria a pensar un nuevo paradigma de conocimiento. Es como una pulsión colectiva de fuga, que pareciera expresar el síndrome cognitivo que, si no se habla de ello, el evento no ocurrirá. Como en el amor y la política -en este caso educativa- no existe espacio vacío y este suele ser llenado por otros actores, ideas y deseos. Son las bancas de desarrollo, el multilateralismo, las corporaciones tecnológicas y los consultores corporativos quienes comienzan a rasgar el velo de lo emergente. En ese sentido, invitamos a salir de la inercia y retomar la iniciativa.

Convergencia heurística

A partir del estudio de las demandas epistemológicas emergentes que acompañan a la cuarta revolución industrial, especialmente en lo relacionado a las dinámicas de aprendizaje en contextos de creciente aceleración de la innovación, hemos hecho una aproximación conceptual, en lo que hemos denominado como la convergencia heurística, paradigma emergente para la construcción de conocimiento en la transición a la cuarta revolución industrial.

Si bien, la convergencia heurística no es un término normalizado, estandarizado ni incorporado aún al tesauro educativo, nos sirve para intentar expresar la demanda creciente de trascender los límites de la transdisciplinariedad. La convergencia heurística tiene dos componentes base, el primero la convergencia que no es sumatoria sino integración y complementariedad según sea el caso; el segundo, la heurística entendida como estrategia de descubrimiento y construcción de sentido.

En consecuencia, la convergencia heurística puede interpretarse como un concepto emergente, asociado a la integración de diversas heurísticas -métodos o estrategias basadas en la experiencia o el razonamiento práctico- con el propósito de alcanzar una solución mucho más precisa, eficiente, robusta, ante problemas complejos derivados de la aceleración de la innovación. Aparece como un nuevo paradigma cognitivo, pedagógico y epistémico, que trasciende integrando, la disciplinariedad, multidisciplinariedad, interdisciplinariedad y transdisciplinariedad, para responder a las demandas de habilidades blandas, pensamiento crítico creativo y abordaje contingente de los problemas de la relación conocimiento-tecnología-producción.

La convergencia heurística conserva del paradigma disciplinarel rigor analítico y la profundidad metodológica, trascendiéndolo de su encierro epistemológico, su compartimentación del saber, conservando la coexistencia entre múltiples saberes propios de la multidisciplinariedad, expandiéndose más allá de sus límites al posibilitar el diálogo real entre saberes, manteniendo la articulación entre disciplinas propias de la interdisciplinariedad, superando la dependencia respecto a los marcos académicos formales; finalmente, está llamada a convocar y contener los saberes extra académicos que comportan la transdisciplinariedad.

El fundamento heurístico de la convergencia paradigmática, está lejos de entenderse como una fusión de partes, es más bien una integración dinámica y cambiante, que procura abordar la incertidumbre sin necesidad de certezas absolutas, facilita el establecimiento de múltiples entradas y puntos de contacto inter paradigmático, postula el aprendizaje desde el error, la experimentación, el diálogo y la intuición, favoreciendo procesos de pensamiento emergentes, propios de la activación del pensamiento lateral y divergente.

La convergencia heurística pareciera ser un camino para el desarrollo de las llamadas habilidades blandas, al facilitar pensamiento crítico (funcional, pragmático, consensual a partir del contraste de diversas perspectivas), creatividad (conexión inusual de ideas), comunicación efectiva(traducción y mediación entre lenguajes disciplinares y experenciales), colaboración (negociar significados y metas), resolución de problemas complejos (abordar situaciones reales desde enfoques múltiples), adaptabilidad (aprender en entornos no lineales y cambiantes) y empatía(integrar saberes comunitarios). Su abordaje desde una perspectiva emancipadora procura ser antídoto al instrumentalismo del productivismo economicista.

En Inteligencia Artificial Generativa (IAG) se habla de algoritmos heurísticos (algoritmos genéticos[2], búsqueda tabú[3] o recocido simulado[4]) y metaheurísticas híbridas, reglas heurísticas para la toma de decisiones, verdad común (múltiples perspectivas agrupadas en torno a un consenso).

La cuestión central no consiste en esperar la definición del capital, sino en procurar su propia elaboración desde el campo alternativo, trascendiendo el carácter defensivo y reactivo. Estamos ante la inminente apertura de una nueva grieta paradigmática, que es urgente aprovechar. No podemos repetir la experiencia del pasado, donde no usamos la oportunidad para avanzar en el terreno de lo empírico, conceptual, operacional y la arquitectura organizacional. Tenemos un breve espacio para ello, pues la cuarta revolución industrial tiene formato de fábricas 4.0 y estas aún no han encendido el interruptor que marcará su inicio pleno. En la transición acelerada entre la tercera y cuarta revolución industrial, estamos obligados a pensar lo alternativo en clave de los de abajo.

Hablar del inicio de una quinta o sexta revolución industrial como si fuera un proceso que se está construyendo objetivamente en este momento, es una mirada tecnologicista y desconectada de la relación entre innovación y modo de producción (mercancías, ganancias, gobernabilidad, reproducción). La producción inmaterial aún es marginal, sus cadenas productivas aún estás estrechamente asociadas a la materialidad de la producción y los mecanismos para la generación de plusvalor adicional son en la mayoría de casos experimentales o inestables. Lo que asedia en el presente a la universidad es el inminente desembarco de la cuarta revolución industrial en la producción programada de mercancías y ganancias a escala global[5].

Lo abstracto y lo concreto

Hay demasiado ruido en el salón, lo cual dificulta identificar con nitidez los distintos tonos de muchos de los discursos que están apareciendo. Uno de los debates más interesantes es el que están librando sobre tecnofeudalismo como crítica de la economía digital, Cédric Duran (2025) y Evnegy Morozov (2025). Básicamente Durand plantea que la economía digital es una regresión al modo de acumulación previo al capitalismo, en el cual las ganancias de las grandes corporaciones tecnológicas está signada fundamentalmente por la extracción de la renta de los usuarios conectados y las pequeñas empresas del campo virtual, mientras que Morozov señala que las corporaciones digitales operan en la lógica del mercado capitalista, invirtiendo en innovación, compitiendo por mercados y obtenidos ganancias (no solo renta); Durand considera que los dueños de corporaciones actúan con la lógica terrateniente, copando territorios, y en vez de fomentar la innovación priorizan el control de datos y plataformas, generando una economía basada en la dependencia, mientras que Morozov responde que las empresas tecnológicas son actores capitalistas clásicos, como una evolución del capitalismo hacia la hiper concentración y financiarización, que tiene a la innovación como uno de sus componentes centrales, y no estamos ante una vuelta al pasado.

Este debate no es ajeno a las políticas universitarias en la transición a la cuarta revolución industrial. En la lógica de Morozov, para mantener el ritmo de la innovación, el capitalismo digital requiere crecientes volúmenes de inversión que están sobrepasando incluso la capacidad de la especulación financiera, razón por la cuál vuelve su mirada sobre los fondos públicos, especialmente los destinados al sector de educación. La virtualidad, los modelos híbridos de enseñanza y el metaverso se constituyen en mecanismos de captura de fondos públicos mediante la venta especulativa (valor inflado, ganancia especulativa) de servicios digitales-virtuales; esta voracidad por la captura de recursos para la inversión en innovación está creando un horizonte de riesgo para la educación presencial universitaria, la estabilidad docente y la vuelta al paradigma de instrucción (en este caso remota).

Desde nuestro punto de vista Morozov acierta al definir que los dueños de corporaciones no quieren tener ninguna relación de vasallaje que le signifique dependencia, sino que apuestan por la más feroz competitividad en la esfera social, a partir de lo cual ellos puedan poner en marcha la maquinaria de absorción de ganancia con parámetros que incluyen renta (datos).

En cualquiera de los casos, que tengan razón Durand o Morozov, lo que se deriva de la lectura de sus planteamientos es que se aproxima un tsunami sobre las instituciones que expresan las ideas liberales, progresistas y socialistas de progresividad de derechos, entre ellas las universidades y, desde mi punto de vista, la presencialidad es un obstáculo para los fines iliberales. Por ello, los modelos híbridos, tal y como se están estructurando de manera creciente en la cotidianidad universitaria, son una peligrosa concesión al capitalismo digital que coloca en riesgo la universidad que conocemos. Lo abstracto se muestra en lo concreto, los debates sobre la naturaleza actual del capitalismo en la superestructura tienen correlato en la estructura.

Este no es una abstracción academicista, que esté a la espera de la voluntad de cambio de la universidad. Todo lo contrario, se han puesto en marcha un conjunto de iniciativas cuya epistemología podría resumirse en la frase “la universidad se transforma de manera rápida o va a desaparecer por obsolescencia social”. Veamos algunas de estas propuestas que intentan hacer transferencia del plano económico-político al académico, las cuales se desarrollan en el plano superestructural, estructural y concreto: crisis universitaria, paradigma STEM y STEM+A, llamados a la reducción de las titulaciones, microcredenciales, Inteligencia Artificial Generativa para la superación de los estilos de pensamiento rutinarios, formación desde las empresas, giro de 180 grados en el desarrollo organizacional, desmantelamiento de los modelos fordistas de seguridad social. .

Lo estable y lo cambiante: la tecnología se innova día a día

Eric Sadín (2022) explica de manera lúcida el impacto de la aceleración de la innovación en su giro conminatorio de la técnica. Desde la pasión perturbadora de los humanos por crear dobles de sí mismos (IAG), pasando por la idea de tecnologías de la perfección, hasta aterrizar en las interfases ergonómicas (tecnología como prótesis humana) y llegar a externalizar el régimen de la verdad, todo procura integrar aceleración de la innovación con ganancia. Estaríamos entonces, entrando a una especie de psicoesfera (Berardi, 2022) de la época viral (lo digital transforma el entorno psíquico colectivo).

Esta transformación está diluyendo percepciones institucionales y culturales, proceso que ocurre de forma más nítida en las nuevas generaciones. La adaptación del mundo universitario al sistema, el acople perfecto a la cultura evaluativa neoliberal (bibliometría, acreditación, rankings, esquemas neoliberales de movilidad académica y protocolos de reconocimiento de títulos) está haciendo que lo académico pierda toda referencia épica ante los jóvenes, y se convierta exclusivamente en espacio de formación. Esta claudicación del mundo universitario respecto a la utopía, paradójicamente rompe los vínculos de afectividad con las nuevas generaciones -rebeldía encapsulada- y vacía la presencialidad como dimensión necesaria para hacer posibles los sueños intergeneracionales de cambio. Si la universidad es solo para formarse, entonces se pueden buscar otras alternativas como la virtualidad, piensan muchos jóvenes. Es decir, la universidad, producto del impacto de la cultura digital en el marco de la aceleración de la innovación está siendo asediada de manera liquidacionista por el corporativismo tecnológico y sectores de la población, que otrora le consideraban algo singular.  Por increíble que parezca, la lógica del mercado y las ganancias está empujando la universidad a la virtualidad con todas las consecuencias que ello trae.

Crisis de lo universitario para proveer, prever y actualizarse

El Informe Faure (1972/1973) fue la continuación discursiva de los debates de la Conferencia Internacional sobre la Crisis Mundial de la Educación Superior (1967). Al definir la problemática por la que atravesaban los sistemas escolares y universitarios, el informe Aprender a ser: el mundo de la educación hoy (1972) señala que han perdido su capacidad de anticipar el futuro, facilitar la información que requiere el presente en el marco de la aceleración de la innovación y tienen dificultades para socializar en tiempo prudencialmente rápido el conocimiento de punta.

Esta síntesis del Informe Faure, revisada cincuenta años después, expresa de manera contundente la lógica del capital sobre la noción de crisis educativa. Los informes “La Educación encierra un tesoro” (1996) de Delors, “Replantear la educación: ¿hacia un bien común mundial?” (2015), “Reimaginar juntos nuestros futuros. Un nuevo pacto social por la educación” (2022) expresan intentos por actualizar los elementos de la falta de sincronía en la esfera de la innovación, de la educación con el modo de producción capitalista.

Eso ha hecho, que no solo las empresas, sino incluso gobiernos poderosos como el de los Estados Unidos, hayan entrado en conflicto abierto con la UNESCO. La “razón política” de la administración Trump de retirarse del organismo multilateral (2025), es justificada con el argumento que no está en el interés nacional, especialmente porque su foco discurre en aspectos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), pero en realidad tiene que ver con los tiempos que requiere el multilateralismo para diseminar orientaciones estratégicas del centro capitalista, algo que ocurre más a los ritmos y velocidades de las dos primeras revoluciones industriales que a los que impone el presente de la financiarización globalizadora y el reposicionamiento imperial gringo. Esto se complementa con sus políticas sobre el sector universitario local, lo que refiere a una política estructural orientada a repensar el rol de la formación profesional en la economía.  Este “cisma” debería ser una campanada de alerta, superando la lectura superficial que lo presenta como tremendismos trumpianos.

Síntesis paradigmática: STEM – STEM+A

El paradigma STEM se fue construyendo en los Estados Unidos, en el marco de la disputa de la guerra fría, especialmente en la década de los sesenta cuando se hace evidente el impacto de la tercera revolución industrial en el modo de producción capitalista. Pero sería en la década de 1990 del siglo XX, cuando la National Science Foundation (NSF) acuña el acrónimo STEM como nuevo paradigma formativo, que procura focalizar el trabajo de los sistemas escolares y las IES en la potenciación de la aceleración y diseminación de la innovación científico tecnológica, asociada a la generación de plusvalor y ganancias. Luego vendría el STEM+A que incorpora las artes (diseño) como complemento.

El STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) como prioridades educativas, resume las nuevas demandas del capital en materia económica y tecnológica (informática, inteligencia artificial, biotecnología, entre otras), las crecientes competitividades internacionales(EEUU, China, Sudeste Asiático, Unión Europea),así como las brechas de habilidades para el empleo (especialmente en áreas técnicas), el emerger del paradigma transdisciplinar como requerimiento para la producción de conocimiento y tecnología que muta progresivamente a la convergencia heurística (integrando ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), el reposicionamiento del pensamiento crítico (orientado a la aplicabilidad) y los enfoques pragmáticos en la relación con las ciencias sociales(interoperabilidad, gobernabilidad, reingeniería social).

Al impular la formación en las llamadas habilidades del siglo XXI, la promoción de la innovación tecnológica, el rediseño de la formación laboral, la renovación del interés por la ciencia “útil” para el modo de producción y el fomento de nuevas relaciones sociales a partir de la introducción de los temas de inclusión, ello tiene una expresión concreta en las políticas para el sector universitario. Inicialmente esto se expresó en las reformas curriculares (90s y siglo XXI), el financiamiento de agendas de investigación centradas en el STEM (especialmente a través de los órganos nacionales de Ciencia), potenciando la internacionalización de las instituciones de educación superior (mediante la bibliometría, acreditación, rankings, nuevos modelos de movilidad académica y reconocimiento de estudios) pero luego ha ido tomando forma con los mecanismosexternalizados de micro aprendizaje y micro acreditación. Todo esto potenciado con el renovado ímpetu del espíritu competitivo intra e interinstitucional que fue alineando las políticas universitarias a escala global.

El STEM se mide con indicadores de calidad, impacto, pertinencia, innovación y eficiencia, empalmando con las orientaciones de la cultura evaluativa neoliberal.

Obsolescencia de las titulaciones: ¿escenarios de reducción de número de profesiones?

El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) viene insistiendo en sus Future of Jobs Report sobre la obsolescencia de las titulaciones (proyecta que el 39% de las habilidades actuales quedaran obsoletas para 2030), la necesidad de reforzar el enfoque de competencias en permanente actualización, ir más allá de la transdisciplinariedad como paradigma para el aprendizaje, la producción de conocimiento y la generación de tecnología, así como un nuevo modelo de colaboración público-privado (currículos asociados a requerimientos del mercado, racionalización de las titulaciones ofrecidas).

En el caso de las competencias el WEF postula que se sustituyan los títulos específicos por sistemas de formación fundamentados en las micro credenciales, la recapacitación (reskilling) y la mejora de habilidades (upskilling), procurando la adaptación continua de la fuerza laboral, sin que tenga que pasar por largos procesos de titulación, que además implican importantes erogaciones de presupuesto público.

Esto implica una crítica frontal a tres aspectos: a) el modelo disciplinar que no ha logrado ser cambiado en casi sesenta años (1967-2025) de intentos desde el sistema, b) los problemas derivados de estructuras funcionales petrificadas para la formación profesional (facultades, escuelas, departamentos), c) la lentitud con la cual las universidades incorporar paradigmas nuevos, algo que pretende ser ocultado con la circulación de información novedosa. El capital promueve un modelo ecléctico profesional, algo que resulta muy difícil de lograr con los actuales paradigmas formativos del mundo universitario.

La pregunta es ¿este espíritu conservador de la universidad contribuye a la transformación social?  La respuesta tiene que ser ambigua, porque si bien lo que ocurre es una forma de resistencia a la hegemonía del economicismo empresarial en las IES, proceso en el cual los hijos de la clase trabajadora y sectores populares aún tienen la posibilidad de asistir a la universidad pública, también es cierto que ese mismo espíritu conservador cada vez contribuye de manera más precaria a los proyectos emancipatorios.

Modelo de movilidad académica y estudiantil

La internacionalización universitaria como constante en la historia de Latinoamérica y el Caribe (Bonilla-Molina; Goes y otros; 2025), ha contado con la movilidad académica y estudiantil como una dinámica que le ha sido propia. Sin embargo, al llegar la globalización neoliberal este proceso se reconfigura y amplia, entre otras razones debido a:

  1. La necesidad que tiene el capitalismo de desterritorializar la formación profesional, en un contexto de aceleración inusitada de la innovación, para intentar trascender el proceso de atasco catastrófico entre las necesidades del modo de producción en general y la formación para la innovación que discurre en las universidades, las ideas de cambio que proponía el sistema y la solidificación de las estructuras organizacionales convocadas a hacerlo, la urgencia de los requerimientos empresariales y la lentitud de los cambios institucionales. Los flujos externos, podrían ser un catalizador de la flexibilización institucional;
  2. El escalamiento de la movilidad académica, sin precedentes de fomento institucional activo respecto a periodos anteriores, apuntaba -y lo sigue haciendo- a procurar una formación menos disciplinar, mucho más multi e interdisciplinaria, que posibilitara pensar y construir nuevos protocolos que abrieran paso a desarrollos organizacionales post disciplinares. La movilidad académica se asume como catalizador de la interdisciplinariedad en la transición a la convergencia heurística;
  3. Romper con el paradigma disciplinar no era solo un cambio de método, sino una ruptura epistémica, algo que podía ser facilitado y hacerse permeable mediante los encuentros multiculturales. Además, la idea de esta mudanza paradigmática ocurría en la lógica centro periferia, inicialmente al interior de los Estados Unidos, la propia Unión Europea y, luego desde los países de ingreso alto como polos de atracción para los estudiantes de naciones de ingresos medio y bajo;
  4. El enfoque de empleabilidad y competitividad que promueve el neoliberalismo a través de la cultura evaluativa institucional. Así, la movilidad académica se expresa e impacta a los restantes componentes de la medición y jerarquización que da identidad a la etapa de la internacionalización: acreditación, bibliometría, rankings y reconocimiento de estudios;
  5. Usando el desarrollo tecnológico, se amplia el impacto mediante la combinación de modelos de movilidad académica presencial, híbrida y virtual, en estos últimos casos fue posible escalar las experiencias a partir de la pandemia del COVID-19. Se diversifica y amplia la movilidad;
  6. Se instaura otro modelo de fragmentación y modularidad que procura abrirle paso a la convergencia heurística, algo que se expresaría luego en las micro credenciales y los micro aprendizajes, instrumentos normativos (Convenio de Lisboa -1997; Proceso de Bolonia -1999; Erasmus+ -2014- Recomendación del Consejo de la UE sobre micro credenciales -2022-; Europass y EUDIW), instrumentos evaluativos (Estándares y directrices para la garantía de calidad -ESG 2015-; Evaluación basada en los resultados de aprendizaje; Rankings y Métricas; Verificación Digital -European Digital Identity Wallet – EUDIW);

En síntesis, el modelo de movilidad académica hegemónico en la actualidad, forma parte de las iniciativas para producir un quiebre paradigmático en la universidad, aunque la institución siga pensando que eso se inscribe en el prestigio histórico de la formación profesional.

Proceso de Bolonia

El llamado Proceso de Bolonia (1999) ha sido un esfuerzo por crear y fortalecer el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), como práctica a escalar a nivel planetario. Sus antecedentes fueron la Declaración de la Sorbona[6] (1998), el Programa Erasmus[7] (1987), el Sistema Europeo de Transferencia de Créditos -ECTS- (1989), las exigencias de la globalización neoliberal y la mundialización cultural capitalista.  En especial, la Declaración de la Sorbona sirvió de inspiración para la creación de los Estándares y Directrices para la Garantía de Calidad (ESCG), el Suplemento al Título universitario, la tendencia a la estandarización de los créditos por ciclos de formación profesional (pregrado, maestría, doctorado), y la micro acreditación.

El Proceso de Bolonia será muy importante para imponer el modelo de movilidad académica (docente, estudiantil y otros sectores) que se viene convirtiendo en central dentro de la cultura evaluativa neoliberal. Es a partir de Bolonia que la movilidad académica logra construir el performance y características que le permitan acoplarse con la acreditación universitaria, los rankings, la bibliometría y los estándares para el reconocimiento de estudios y títulos profesionales.

El mejoramiento de la empleabilidad es uno de los motivos centrales de este proceso, procurando alinear la educación superior a los requerimientos del mercado laboral.  El mayor desafío en este sentido es romper con la matriz disciplinar, algo que corre el riesgo de desdibujarse en la maraña procedimental.

En este sentido, el Proceso de Bolonia asume también el enfoque de mercado educativo, procurando captar la demanda de formación de los estudiantes de Asia, Estados Unidos y Latinoamérica. Esto implica convertir al EEES en un lugar atractivo para aprender y titularse en un contexto de aceleración de la innovación, las demandas de ruptura con la matriz disciplinar y la hegemonía del paradigma STEM. Por ello, el proceso de Bolonia va de la superestructura del sistema educativo a la estructura universitaria, construyendo consensos “por arriba” que se legitiman “por abajo” en la esfera operacional.  En ese sentido, la competitividad adquiere los contornos de las demandas empresariales y las herramientas de la cultura evaluativa neoliberal.

El alcance del Proceso de Bolonia involucra a más de 4.000 instituciones de educación superior, llegando a más de 38 millones de estudiantes de manera directa, pero marcando el horizonte de las reformas del sector a escala global, mediante el impulso de un sistema comparable de títulos, la adopción del Sistema Europeo de Transferencia y Acumulación de Créditos (ECTS), acuerdos de movilidad estudiantil que involucran cada vez a más instituciones de educación superior (IES) y  el reconocimiento de cualificaciones.

Su implementación ocurre mediante Conferencias Ministeriales (cada 2 a 3 años), herramientas comunes para el EEES (ECTS, Suplemento al Título, Marco de Cualificaciones QF-EHEA, Estándares de Calidad para Instituciones), Programas de financiación, especialmente para la movilidad académica y proyectos específicos como MICROBOL, CertiDigital y DC4EU. En la actualidad, el foco central de atención del Proceso de Bolonia lo constituyen la Digitalización y las micro credenciales, el fortalecimiento de las dinámicas asociadas y el apoyo a proyectos emergentes como el Plan Microcreds (que involucró a 41 universidades participando en 2024).

A partir de las crisis migratorias y las humanitarias por guerras, el Proceso de Bolonia ha desarrollado acuerdos e instrumentos normativos como la Comunicación de Tirana (2024), para favorecer la movilidad de personas con discapacidades o de entornos desfavorecidos, que ha implicado una nueva mirada sobre el tema de refugio, asociado a la captación de talento humano en situaciones de precariedad de trabajo y vida.

El Convenio de Lisboa (1997/1999) ha facilitado avanzar en procesos de reconocimiento de títulos y micro credenciales en el EEES. La salida del Reino Unido (Brexit) no ha significado hasta ahora una ruptura con el Proceso de Bolonia.

El Proceso de Bolonia no puede ser visto como un caso aislado o singular, sino como parte del rompecabezas sistémico para superar la brecha epistémica entre producción de conocimiento e innovación universitaria y modo de producción.

Micro aprendizajes, micro acreditación y micro credenciales

Las micro credenciales se han puesto de moda en los últimos años, pero la mirada fragmentada y super especializada, propia del paradigma disciplinar, limita las posibilidades de comprenderla en el marco de una estrategia integrada de reorientación de la formación profesional y laboral en la transición a la cuarta revolución industrial.

Las micro credenciales, micro acreditación y micro aprendizajes son las denominaciones que se han adoptado, normalizado y se procura estandarizar para los procesos de certificaciones digitales asociados a la validación de conocimientos, competencias formativas, habilidades adquiridas a través de experiencias delimitadas por su utilidad pragmática, que se realizan en el ámbito académico, empresarial o extra institucional.

Uno de los procesos más acabados en esta orientación es el Sistema Europeo de Transferencia de Créditos (ECTS), que se constituye a partir del reconocimiento de un determinado número de horas de trabajo[8], como crédito educativo. El ECTS creado en 1989 -en plena égida del neoliberalismo- ha sido parte del Programa Erasmus de la Unión Europea (UE) para fortalecer el modelo de movilidad estudiantil en esa región. El propósito construir mecanismos flexibles de reconocimiento formativo, debido a la rigidez y lentitud de algunos sistemas escolares y subsistemas universitarios para producir las transformaciones que requería el modo de producción en el marco de la aceleración de la innovación, propia de la tercera revolución industrial en el periodo 1971-2025.

El ECTS establece parámetros de medición, comparación y reconocimiento del trabajo académico inter y extra universitario. En el marco del Proceso de Bolonia (1999) evolucionaría a un sistema de acumulación y transferencia integrado, que sería la base para el impulso de la externalización radical de la formación profesional (2021). Los resultados de los procesos formativos bajo este esquema, que en promedio ponderan un crédito en 25-30 horas de trabajo, son medibles y alineados con los parámetros del Marco Europeo de Cualificaciones (EQF).

Todas las directrices del proceso están contenidas en la Guía ECTS[9], el Course Catalogue[10], Learning Agreement[11], Diploma Supplement[12] y el Transcript of Records[13]. Uno de los propósitos no declarados del sistema es ampliar la base disciplinar de la formación, abriéndose a modelos inter, multi, transdisciplinarios y de convergencia heurística, aspecto que tanto ha costado desarrollar en cada universidad, entre otros elementos por el peso de la falsa tradición académica, las relaciones de poder y la microfísica para la construcción de conocimiento heredada de las dos primeras revoluciones industriales.

Entre 2020-2022 se adelantó el proyecto de Micro-credentials linked to the Bologna Key Commitments (MICROBOL), con financiamiento de Erasmus+KA3 para mejorar la precisión de las herramientas del Proceso de Bolonia, a partir del cual se evaluó el sistema ECTS, los Marcos de Cualificaciones (QF-EHEA[14] y EQF) y los Mecanismos de Garantía de Calidad(ESG), concluyendo la necesidad de mayor flexibilización, especialmente para incluir aprendizajes no formales.

El ECTS tiene un gran alcance geográfico, especialmente en los 48 países que forman parte del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), así como otros de Asia, Turquía, Latinoamérica, entre otros, y organismos como UNESCO. Es aplicado a la formación profesional (pregrado), maestría y doctorados, así como programas completos y modulares de micro aprendizaje.  Desde 2025, CertiDigital[15] y DC4EU[16] facilitan certificaciones digitales de ECTS.

Como todo proceso en la lógica del capital que tiende a la homogenización internacional, la European University Association (EUA) y el Grupo[17] Crue[18]-RUEPEP[19] de España están avanzando en la normatividad para la estandarización de los procesos de micro acreditación, algo que facilitaría su expansión y consolidación en Latinoamérica (expansión neocolonial de centro a la periferia).

El Instituto para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) de la UNESCO se ha convertido en uno de los principales promotores de los micro aprendizajes y la micro acreditación, como parte de los énfasis de coyuntura del organismo multilateral.

En la perspectiva de la convergencia heurística para la construcción de conocimiento, la micro acreditación se alinea en la medida que:

  1. Rompe los esquemas de autonomía universitaria que partían del paradigma de cambio formulado desde adentro. Es decir, externalizan los procesos de toma de decisión, revestidos de aparente autonomía del sector universitario, cuando en realidad su lugar de enunciación es el campo de la economía, producción y generación de ganancias, en las dinámicas de transición de la tercera a la cuarta revolución industrial;
  2. Avanzan en la transferencia político-económica como transferencia educativa, legitimando la trasnacionalización del cambio educativo;
  3. Evitan la conflictividad institucional, al crear una cultura de la inevitabilidadde la alienación debido al peso de la innovación;
  4. Abren marcos institucionales distintos que orienten el aprendizaje y el reconocimiento de los mismos, superando las trabas burocráticas institucionales de los modelos organizacionales basados en facultades, escuelas, departamentos, propios del paradigma disciplinar para la construcción de conocimiento. Emerge una nueva institucionalidad supranacional que trasciende los organigramas instituidos, con marcos que permiten evolucionar a partir de la inter, multi y transdisciplinariedad;
  5. Posibilitan el ensamblaje de experiencias de aprendizaje que diluyen las barreras de los campos disciplinares, lo cual posibilita la reingeniería curricular desconcentrada, propia del paradigma de la convergencia heurística;

Sin embargo, el riesgo es que:

  1. Al ser quienes lo implementan, profesionales formados por el paradigma disciplinar, está dinámica termine estancando su propósito de trascenderlo;
  2. La externalización del lugar de enunciación de la micro acreditación facilita el giro hacia el modelo de empleabilidad empresarial y sus lógicas corporativas de financiamiento, lo cual hace que cada vez más se materialicen procesos de homogenización al paradigma STEM, pérdida creciente de real libertad y autonomía académica, parámetros de validación que tiendan al productivismo, competencia y jerarquización;
  3. El pensamiento crítico se reconfigure como elemento de funcionalidad, es decir para la operabilidad de la formación recibida;
  4. Al ser precaria o nula la participación de las organizaciones docentes de base, los sindicatos y gremios de trabajadores de la educación, las organizaciones estudiantes y el movimiento social pedagógico, en los procesos de construcción de propuestas -porque se les convoca en algunos casos a legitimarlas- esto puede terminar aumentando la distancia de la universidad con los requerimientos ciudadanos que exceden la empleabilidad;

Empleabilidad como apellido del derecho humano a la educación

En la tercera Conferencia Mundial de Educación Superior (CMES,2022) se terminó de legitimar el complemento restrictivo para el derecho a la educación. El movimiento social pedagógico internacional había logrado posicionar el paradigma del derecho humano a la educación a lo largo de la vida, que comportaba la exigencia a los estados nacionales de garantizar el acceso oportuno a sistemas escolares y universitario. Esto implicaba, acceso a cualquier edad -aunque existieran modalidades para ello- independientemente del origen social, creencia religiosa o política, color de piel e incluso si era nacional, migrante o refugiado. La educación era desde estos principios una herramienta para la construcción de ciudadanía crítica en cualquier momento de la vida.

En la CMES 2022 se habló del derecho humano a la educación a lo largo de la vida para la empleabilidad, abriéndose peligrosamente a la razón económica. La expresión última de esta variante sería que se te garantiza el derecho a educarte siempre y cuando compruebes que lo aprendido te va a servir para acceder a un lugar de trabajo. Esta perspectiva es la que subyace en iniciativas como la que realiza Google y que ya comienzan a plantearse Meta y otras empresas. La forma como construye hegemonía este camino de espinas sin rosas, es la micro acreditación.

La forma como la racionalidad economicista toma cuerpo en el derecho a la educación tiene su expresión máxima en las exigencias del Contralor General de la República de Panamá (2025), al plantearle a la Universidad de Panamá (UP) revisar – ¿o excluir? – los casos de los estudiantes mayores de 30 años que cursan estudios en esta institución, porque ello -a juicio del contralor- constituyen despilfarro de recursos públicos o una muestra de uso ineficiente para la empleabilidad. Claro ello ocurre en el marco de un conflicto social generalizado, en el cuál los estudiantes universitarios tuvieron un protagonismo especial en la defensa de la soberanía y defensa de los regímenes solidarios de seguridad social.

A veces, los agregados limitan y no amplían derechos, eso lo deberíamos tener claro a la hora de las disputas desde una perspectiva de los excluidos, pobres y las clases subalternas. El derecho humano a la educación debe ser a lo largo de la vida para la ciudadanía integral crítica.

Formación para la empleabilidad en las propias empresas

Las dificultades para iniciar una transición sostenida del paradigma disciplinar al transdisciplinario, y ahora a la convergencia heurística, está haciendo que se multipliquen las iniciativas de formación corporativa de la fuerza laboral.

En el año 2008 se crea La Universidad de la Singularidad (SU, por sus siglas en inglés). No es una universidad formalmente establecida, porque asume una estructura funcional distinta a las IES clásicas, hecho que seguramente no le permitiría su acreditación formal. Tiene un diseño organizacional de centro de investigación que complementa con formación.

Creada por Ray Kurzweil -el gurú del transhumanismo y director de ingeniería de Google- y Peter Diamandis, su actividad central no está orientada al gran público sino a los decisores nacionales e internacionales. Parten de la premisa que uno de los problemas que impidió evolucionar del paradigma disciplinar al transdisciplinario, transformar el organigrama centrado en facultades y la cultura de compartimentación de saberes, se debió a la incapacidad que había tenido el liderazgo para comprender las dimensiones, alcance y sentido del cambio propuesto. Al evidenciar que el giro de la cuarta revolución industrial va a ser mucho más drástico, enfatizan en la formación de alto nivel. Sus estudiantes son candidatos a ministros, directores de departamentos, jefes de organizaciones políticas, tecno-políticos en general. En la actualidad su actividad abarca más de 70 países.

Los antecedentes que llevaron a justificar la creación de la Universidad de la Singularidad son el cambio tecnológico exponencial (tasas de aceleración que desafían los marcos universitarios), la necesidad de liderazgo adaptativo (brecha entre líderes lentos formados en paradigmas disciplinares versus pensamiento disruptivo, ágil y colaborativo), inspiración en la singularidad tecnológica (punto de transformación del concepto humano) y modelo Silicon Valley (emprendimiento innovación rápida, impacto global, ruptura de estructuras educativas rígidas).

En consecuencia, procuran educar e inspirar a líderes, emprendedores y organizaciones, abordar desafíos globales, fomentar ecosistemas colaborativos y sustituir los arquetipos disciplinares para la generación de innovación. En su visión del trabajo creativo, de enseñanza y aprendizaje, postulan una matriz transdisciplinaria y convergente, sistémicay heurística para la construcción de conocimiento asociado a la creación.

Es decir, Singularity University (SU) es un proyecto del capital para garantizar una adecuada, oportuna y eficiente gestión del cambio en general y universitario en particular. Esto se complementa con otras iniciativas de formación empresarial de la fuerza de trabajo de base.

El 17 de julio de 2025 la revista Forbes publicó un trabajo de Jason Wingard sobre la promesa de Google de crear una fuerza laboral de educación superior. En este artículo señala que “las grandes tecnológicas no están esperando a la educación superior: la están remplazando”. Solo dos días antes Google había anunciado la iniciativa en el marco de la Cumbre de Energía e Innovación de Pensilvania, con el lema “AI Works for América”, la cual tiene previsto desarrollarse en los cincuenta estados de la unión.  El autor se pregunta ¿qué sucede cuando empresas como Google dejan de publicar anuncios de empleo y comienzan a construir su propia fuerza laboral desde cero?

Unos años atrás, el Ex – CEO de Google Eric Schmidt publicaba su libro “Cómo trabaja Google” (2015), en el cual destaca como puntos claves la cultura de la innovación, la contratación estratégica de talento excepcional(habilidades técnicas, creatividad y alineación cultural con la empresa), toma de decisiones basadas en datos, estructura organizativa flexible, visión a largo plazo, para lo cual han establecido una gestión colegiada mediante un triunvirato conformado por los fundadores de Google Sergey Brin, Larry Page y el propio Eric Schmidt. En su libro destaca, las dificultades crecientes que tenía la empresa para ubicar profesionales con capacidad adaptativa, creativa y que acompañara la evolución interna. La clave para Schmidt es la cultura de la innovación, algo que cada vez ve más distante en la formación universitaria clásica y se vincula a lo que hemos denominado como convergencia heurística.

Desde esta visión corporativa, para Schmidt existe un desajuste entre la educación universitaria y las demandas del mercado, producto de las dificultades que tiene los egresados para desarrollar aprendizaje continuo y flexible, especialmente por el impacto de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en la educación, elementos que conflictúan con los esquemas de meritocracia y evaluación basada en resultados que implementan las empresas tecnológicas. Se podría contrargumentar que la universidad tiene una función social y su tarea no es complacer al sector empresarial de la innovación, lo cual es una verdad a medias, porque quienes dicen eso suelen suscribir los acuerdos de los gobiernos para colocar la empleabilidad como eje central de las instituciones de educación superior. Más aún, si revisamos la estructura curricular de la mayoría de carreras profesionales, a pesar que existen principios de responsabilidad y compromiso social, el eje lo tiene la formación para el empleo.

Se necesita romper con cierta hipocresía conceptual que usa lo social cuando se quiere parecer progresista, mientras se avanza en la transformación de la extensión como una ventana para la obtención de financiamiento mediante la venta de servicios, dejando cada vez a un lado la energía y focalización que requiere la transformación social. Como lo señalamos, elementos de la cultura evaluativa neoliberal (bibliometría, acreditación, ranking, modelo de movilidad académica y políticas de reconocimiento de título) cada vez producen una alineación mayor de las instituciones de educación superior con las demandas del mercado y no de la ciudadanía. Claro que existen resistencias, voces de denuncias, hitos significativos de protestas ante esta dinámica, pero no se ha logrado revertir la tendencia.

Wingard (2025) afirma que Google procura darles a sus estudiantes una oportunidad real de empleo y desarrollo profesional, algo que hoy no ofrecen los sistemas universitarios, precisando que “no es altruismo, es dominio del mercado”. La posición de este analista resume la lógica de una parte importante de la dirección empresarial del presente, especialmente del campo tecnológico.

La formación profesional que hoy se desarrolla desde las universidades, formalmente está pensada para la empleabilidad, pero en realidad lo hace desde los principios, esquemas y estereotipos de las dos primeras revoluciones industriales, la administración pública y el diseño de puestos de trabajo gubernamentales, lo cual no es equivocado per se. El problema es que -en los últimos dos casos- el eje de las reformas estatales que impulsó desde los ochenta del siglo XX el neoliberalismo, propició el achicamiento del Estado, poniendo de relieve la potencialidad del emprendimiento y la autogestión de la vida, así como el carácter dinámico y cambiante de los puestos de trabajo en el sector privado de la economía. Las tensiones que esto generó condujeron a un esquema de adaptabilidad de las IES, procurando conseguir un punto intermedio, entre los requerimientos de los sectores público, privado y la ultra flexibilización del emprendimiento; el resultado un híbrido que no complace a casi nadie.

Además, a pesar de la moda de formación gerencialista en las universidades que conocimos en los 70s. 80s y 90s, en las últimas dos décadas el manejo de datos, la inteligencia artificial generativa y los modelos de gestión abierta han operado un cambio sustantivo en la noción clásica de gestión, algo que pareciera no haber tomado debida nota la universidad.

Lo que hoy vemos, expresado en la iniciativa de Google en Pittsburg, pareciera ser es un movimiento que tiende a expandirse, abriendo de manera nítida una nueva fase escalada de la formación profesional en las propias empresas.  Si solo fueran un grupo atolondrado de CEOs corporativos quienes estuvieran impulsando este movimiento, quizá no tendríamos tanto de que preocuparnos. Pero este es un discurso que ha permeado a instancias como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), como se evidencia en la entrevista que Juan David Olmos le hiciera a la especialista en educación de ese organismo Mercedes Mateo (2019), que encabeza con la frase “el diploma universitario se está quedando obsoleto”. Señala Mateo que a diferencia del pasado cuando la estabilidad en un puesto de trabajo era parte de la cultura laboral, hoy un egresado universitario puede tener un promedio de “15 empleos distintos en su vida … eso quiere decir que cada tres o cuatro años, más o menos debe inventarse, actualizar sus competencias y adaptarse a las exigencias de un mundo cambiante” (Revista semana, 4 de julio de 2019). Agrega que las competencias blandas son requeridas y que la formación en ese sentido es precaria, citando el Informe de Manpower Group de ese año que indicaba que el 50% de las empresas no encuentran el personal que requieren, a pesar de contar con profesionales que si deberían poseerlas.

Las ideas de Mateo sugieren varias cosas. Primero, la disposición de las grandes empresas de asumir el diseño y los costes de la formación en competencias y habilidades que las universidades no enseñan, lo cual auspicia la tentación empresarial de tomar las riendas de la formación profesional y calificada que requieren. Segundo, la demanda de competencias y habilidades es cambiante, lo cual implica el rediseño de la formación continua y la puesta en marcha de procesos de validación de títulos cada 3 a 6 años; esta actualización ha pretendido ser impulsada en las IES con el formato de la Bibliometría, pero como lo comentamos en el artículo anterior eso no se ha logrado. Tercero, en la transición entre el modelo profesional actual a cargo del sector universitario hacia el autogestionado por las empresas, la micro acreditación y las micro credenciales aparecen como la interfase, que puede lograr no solo pivotear el problema sino hacer traspaso del lugar de ejecución de la formación para el empleo.  Cuarto, el impacto político y social de esto es tremendo, por lo cual se requiere el emerger de nuevos actores políticos que lo pongan en marcha, es decir una ola neoconservadora, iliberal que disipe cualquier rasgo en el ADN social asociado al Estado de Bienestar Keynesiano. Eso lo encarna el auge de la ultraderecha, con gobiernos como el de Milei y Trump que disuelven y reconfiguran el ministerio de educación o el departamento de Educación, rompiendo con más de 100 años desde que comenzaron a constituirse y expandirse en la región, como expresión -en distintas medidas y con desarrollos desiguales- del derecho humano a la educación. Los ataques de Milei y Trump a las universidades, no son desafueros personales sino parte de una política estructural de desmantelamiento de los sistemas escolares y universitarios, como lugar de enunciación de la formación profesional.  Quinto, el rol de la universidad está siendo transformado de lugar para la docencia, investigación y universidad a sitio para la validación de los micro aprendizajes obtenidos fuera de su esfera; no es lo mismo acreditar aquello que ha sido parte de la formación que otorgar micro credenciales a procesos que incluso no se realizan en universidades; aunque hoy el porcentaje de micro créditos es bajo, se corre el riesgo de ir ampliándose la banda. Sexto, todo esto requiere una externalización de los mecanismos de validación de la micro acreditación, haciéndolos parecer universitarios, cuando en realidad están localizados fuera de su esfera.

Esta lógica, que se presenta como requerimiento sectorial, tiende a transformar la ontología y epistemología universitaria, abriendo paso a nuevos paradigmas de la formación profesional que pueden cambiar radicalmente lo que hoy conocemos como universidad.

Renovación del desarrollo organizacional y un nuevo know-how para la empleabilidad

En 1961 el reconocimiento social del docente era superior al actual, aunque los salarios siempre hayan sido bajos para la digna tarea que desempeña. En estas seis últimas décadas se han agregado asignaturas, eliminado o fusionadas otras, pasando de la pizarra para trabajar con tiza, a la acrílica con marcadores, las proyecciones dinámicas y ahora las aplicaciones con inteligencia artificial. El timbre escolar sigue sonando con el mismo tono y los uniformes escolares no han cambiado mucho, los bloques horarios no se diferencian mucho a los del pasado e inexplicablemente sigue existiendo la comisión de disciplina. Ingresé a la educación primaria en 1967 y el organigrama institucional colgado en la ofician del director sigue siendo el mismo, aunque desde ese momento a la actualidad, varios de ellos han fallecido después de ocupar el cargo. Las materias se organizan y se facilitan por disciplinas, la lámina del sistema solar no se enteró del periodo en el cuál Plutón fue degradado a planetoide, los libros de texto hablan poco del fitoplancton dejándole toda la tarea de preservar el oxígeno a las plantas.

En la década de los ochenta ingresé a la universidad formadora de docentes, donde el paradigma disciplinar había escalado al punto de fragmentar la pedagogía. La didáctica se enseñaba separada del currículo, la evaluación de la gestión del aula y la planificación era normativa. La innovación se abordaba como recursos instruccionales y la curricularización de la formación dejaba poco margen para integrar y crear, a pesar que estaba de moda la correlación de objetivos, transversalidad e integralidad.  No se enseñaba el impacto de los modelos de gestión empresarial en la docencia, aunque luego en la maestría de gerencia estudiáramos a Goleman, Peter Senge y la gestión de calidad total. En el pregrado, maestría y doctorado pensar en sistemas escolares y universitarios alternativos parecía un disparate, pero eso sí todo el mundo procuraba ser un docente informado.

De esta rutina, recién comenzó a ocurrir una fuga masiva de la matrix disciplinar con la pandemia del covid-19, aunque era patético el papel de los coordinadores de departamento supervisando el cumplimiento (cumplo y miento) de los horarios por medio de pantallas, como si lo presencial y virtual tuvieran los mismos ritmos y metódicas de trabajo. Eso sí, la pandemia sacudió a las universidades, pero como suele ocurrir después de un terremoto, de lo que se trata es de hacer control de daños, reconstruir para volver a lo conocido.

Lamentablemente, el sector empresarial, bancas de desarrollo, las grandes corporaciones tecnológicas y espacios como el WEF fueron quienes comenzaron a hablar de un nuevo performance pedagógico, de un nuevo know-how docente. Nuevamente las demandas de transformación implicaban una transferencia de lo político-económico a lo educativo.

Una integración de las características más solicitadas de know-how docente son las competencias digitales integradas y críticas (en sentido pedagógico), con manejo suficiente de plataformas, inteligencia artificial generativa, datos masivos (big data), realidad aumentada, sesgos algorítmicos, ciberactivismo educativo; el pensamiento sistémico y heurístico, para trascender el paradigma disciplinar y alcanzar una comprensión abierta y compleja de la realidad; aprendizaje permanente (lifelong learning), donde la formación continua es realmente a diario y el saber docente es abierto a nuevas, sin afirmaciones concluidas, haciendo manejo creativo de la incertidumbre; capacidad de colaboración sincrónica y asincrónica, presencial, virtual o híbrida; uso pedagógico de datos (data literacy) para el análisis de patrones de desempeño escolar y anticipación de dificultades, personalización del aprendizaje y toma de decisiones situadas; innovación didáctica continua que permita la creación de secuencias pedagógicas, evaluación alternativa (gamificación, portafolios digitales), microaprendizajes y manejo adecuado del error en la experimentación; gestión del conocimiento y creación colectiva  para superar la lógica de consumo de ideas, conocimientos y paradigmas; capacidad de comunicación multicanal y multimodal para diversificar la interacción con los estudiantes, entre otros.

Cuando hago el trabajo de recuperación de expectativas de know-how laboral, claramente me doy cuenta que estas superan las capacidades institucionales de la media de universidades, por razones que van desde la desinversión gubernamental hasta las rutinas como expresión del que hacer. Por supuesto que en la lógica del capital el compromiso social no aparece, ni la lucha de la universidad por la justicia social, la ecología y la igualdad de género. Es como si las IES fueran simples extensiones de la fábrica, empresa u oficina de los CEOs tecnológicos. Pero el capital sabe que en la medida que avancen las dinámicas de la cultura evaluativa neoliberal (bibliometría, acreditación, rankings, modelo de movilidad académica y reconocimiento de títulos) será mucho más fácil suprimir el pensamiento crítico anti sistema. El problema es que por ese camino podemos llegar al delete de la propia universidad presencial.  

  • 6. Conclusión

La universidad quisiera “pasar agachada” en esta situación, como el alumno que no estudió y trata de hacerse invisible para que no le pregunten en el interrogatorio y verse afectado en la calificación, o el niño que juega al escondite tapándose la cara con su pequeña mano pensando que todo se cuerpo está oculto, o peor aun asemejando a los mentalistas de la nueva era, quienes piensan que, si no se habla del tema … ello no ocurrirá.

Claro que es posible transformarla, pero ello demanda un equilibrio creativo entre voluntad y conocimiento. Paradójicamente la universidad pareciera contener más voluntades que experticia, respecto a cómo producir un quiebre a las lógicas de producción y reproducción disciplinares.

Precisamente, por distintas razones, desde lo empresarial pero también desde lo popular y clasista la disciplinariedad es algo que había que superar, como ahora lo es la ampliación del paradigma transdisciplinario para dar paso a la convergencia heurística. El problema es que para avanzar tenemos que pensar la universidad “patas arriba” saliendo de la comodidad de lo conocido.  ¿nos atrevemos?

Lista de referencias

Berardi, F (2022) El tercer inconsciente: la psicoesfera en la era digital. Caja Negra Editores. Argentina

Durand, C (2025) Tecnofeudalismo: crítica de la economía digital. Ediciones La Cabra. Argentina

Faure y otros (1971) Aprender a ser: el mundo de la educación hoy. Ediciones UNESCO. Paris. Francia.

Gramsci, A. (2011) Selección de escritos. Ediciones porrua. México.

Kondratieff, N. (1984). The long Wave Cycle. Ediciones Richardson & Snyder. NY. Estados Unidos.

Mandel, E. (2023) Capitalismo tardío. Ediciones Sylone. España

Mateo, M. (2019) El diploma universitario está quedando obsoleto. Entrevista para la revista Semana, 4 de julio de 2019.

Morin, E. (1990) Introducción al pensamiento complejo. Ediciones UNESCO. Francia

Morozov, E. (2025) ?La tecnología digital nos está llevando de vuelta a la edad media? Otras Voces en Educación. Venezuela

Novack, G (1965) Uneven and Combined Development in History. Pioneer Publisher. Estados Unidos

Pérez, C (2003) Technological revolutions and financial: the dynamics of bubbles and golden ages. Elgar. Londres

Sadin, E (2020) La inteligencia artificial o el desafío del siglo: anatomia de un anti humanismo radical. Caja Negra Argentina

Schmidt, E. & Rosenberg, J. (2015). Como trabaja Google. Editorial Aguilar. España.

Wingard, J. (2022) The College devaluation crisis. Market disruption, diminishing rol, and an alternative future of learning. Stanford Business Book. Estados Unidos

Wingard, J. (2025) Google Building The Workforce Hogher ed Promised – But Never Delivered. Edition digital de Forbes del 17 de julio de 2025.


[1] Profesor visitante en la Universidad Federal de Sergipe (UFS) de Brasil. Director de Investigación del Centro Internacional de Investigación Otras Voces en Educación. Integrante del Movimiento del Congreso Mundial contra el Neoliberalismo Educativo

[2] Técnicas que simulan el proceso de selección natural, a partir de un baremo de posibles soluciones cuyo uso evoluciona a partir de las distintas generaciones de eventos de selección, cruce y mutación digital.

[3] Es una técnica de orden interactivo, que comienza con una solución, procurando mejorarla al compararla con otras soluciones similares, con memoria de corto plazo que no permite (tabú) aproximarse a soluciones ya exploradas.

[4] Simulación que permite aceptar las peores soluciones con carácter temporal, escapando de la entropía de la decisión óptima no lograda.

[5][5] Esto no es solo un problema productivo, si básicamente de geopolítica del poder, porque previo se deben resolver el impacto de las fábricas 4.0 en los flujos de dinero y su impacto en la fianciarización de la economía.  Estos procesos se expresan hoy en las tensiones comerciales entre EEUU-China, EEUU-Unión Europea, Europa-Rusia, EEUU-BRICs, entre otros. Mi hipótesis de trabajo es que estas tensiones tienden al acuerdo, no a la resolución por la vía de una nueva guerra a escala global, lo cual no descarta guerras locales como parte de estas tensiones.

[6] Firmada por los ministros de educación de Francia, Italia, Alemania y Reino Unido, plantea la urgencia de armonización de la arquitectura de los sistemas de educación superior, la promoción de la movilidad estudiantil y profesional, el reconocimiento de cualificaciones y créditos, el fortalecimiento de la competitividad europea, la cooperación y la promoción de la calidad educativa, una identidad europea en la educación superior. Desde nuestra perspectiva, la Declaración de la Sorbona es una respuesta de países europeos con pretensión hegemónica, al curso Latinoamericanista que venía teniendo los debates previos y deliberaciones de la Conferencia Mundial de Educación Superior, especialmente en temas como autonomía y libertad de cátedra, financiamiento público de la educación superior, la educación como derecho humano, entre otros. Es una lectura de ensamblaje con la globalización neoliberal, no de resistencia.

[7] El Programa Erasmus, acrónimo de las European Región Action Scheme for the Mobility of University Students, inició el 15 de junio de 1987, con énfasis en el modelo de movilidad académica de la cultura evaluativa en la era neoliberal. En 2014 evolucionó a Erasmus+, operando en ciclos plurianuales (actualmente 2021-2027). Procura promover la competitividad mediante la promoción de la movilidad educativa (profesores, estudiantes, personal administrativo), mejorar la calidad educativa y los indicadores de la cultura evaluativa en la educación superior (calidad, pertinencia, innovación, impacto y eficiencia), aumentar las posibilidades de empleabilidad de los egresados, promover la internacionalización de la educación superior, apoyar el aprendizaje permanente mediante el modelo de micro credenciales. Erasmus financia proyectos vinculados como MICROBOL, CertDigital y el DC4EU, a partir d ellos cuales propuso un Marco Común Europeo para Microcredenciales. El programa de Erasmus de Alianzas para la Innovación de Erasmus+ desarrolla e implementa una estrategia con las empresas privadas para el desarrollo de micro credenciales de interés para el sector generador de mercancías y servicios. Erasmus promueve el Europass con tecnología Blockchain. Un tema de especial atención para la próxima Conferencia Ministerial del EEES (2027) serán las micro credenciales.

[8] Por ejemplo, una materia o asignatura con 6 créditos ECTS puede estar conformada por 30 horas de trabajo presencial en las aulas, 60 de estudio individual, 30 de prácticas y 30 de estudio para las pruebas, para un total de 150 horas acreditables.

[9] La versión más reciente a la que hemos tenido acceso es a la de 2015

[10] Catálogo de asignaturas, em el cuál están contenidos los programas, asignaturas, resultados de aprendizaje y créditos ECTS por institución.

[11] Es el acuerdo de aprendizaje o contrato entre el estudiante, la institución de origen y la de destino, donde se especifican los cursos a desarrollar y su valor en términos de créditos reconocidos. Los modelos de maestría y doctorado interinstitucionales han popularizado y fortalecido este modelo.

[12] Suplemento al título donde se detallan las competencias adquiridas y los créditos ECTS, para posibilitar la comparación de cualificaciones.

[13] Registro oficial de las calificaciones, así como de los créditos obtenidos por cada uno de los estudiantes. Durante la Conferencia Mundial de Educación Superior (2022) de Barcelona, organizada por UNESCO, el debate se centró en los mecanismos de registro, siendo prácticamente aceptado sin mayores resistencias el curso de la micro acreditación. Por ejemplo, los alemanes mostraban resistencias respecto al uso del Blockchain para estos fines, mientras algunos países asiáticos y latinoamericanos lo veían con simpatía.

[14] Calidad de la Microacreditación en el Área Europea de Educación Superior

[15] Proyecto de universidades españolas junto a universidades europeas para la promoción de la digitalización de credenciales, su interoperabilidad, la integración con ECTS, la portabilidad de micro credenciales en sistemas como el European Digital Identify Wallet (EUDIW), la calidad asociada al ESG, a partir de las Recomendaciones del Consejo de la Unión Europea sobre Micro credenciales (2022).

[16] El Digital Credentials for Europa (DC4EU) es un proyecto de 24 meses (2023-2025) que involucra a 80 organizaciones del espacio europeo de universidades y más (Ucrania, Noruega, entre otras), centrado en implementar el European Digital Identity Wallet (EUDIW). Su propósito avanzar en infraestructura sólida y confiable para la implementación de las micro credenciales, la interoperabilidad y escalamiento del sistema, el fortalecimiento del modelo de movilidad estudiantil y académica, el logro de estándares de privacidad y confianza, la estandarización de procesos. El DC4EU usa como referencia la micro credencial ECTS de 1 crédito equivalente a 25-30 horas de trabajo.

[17] El Grupo Crue-RUEPEP no es una entidad formalmente establecida, sino la expresión de un esfuerzo de convergencia para la normalización y estandarización de la micro acreditación orientada a la empleabilidad.

[18] Agrupación de universidades españolas

[19] Red Universitaria de Estudios de Posgrado y Educación Permanente. Se reúne de manera anual, siendo la asamblea del 26 de marzo de 2025 en la Universidad de Oviedo su cita más reciente. Suele trabajar con la agencia española de acreditación ANECA y los espacios universitarios europeos.

Paradigma disciplinar una grieta sin cerrar en la epistemología universitaria

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El premio Nobel de la Paz 2025: Más allá del desconcierto

Por: Luis Bonilla-Molina

El otorgamiento del premio Nóbel de la Paz a María Corina Machado (MCM) ha desatado un inusitado debate en las redes sociales. Sin embargo, los argumentos en favor y contra están más cargados de emocionalidad que de reflexión profunda. ¿Será que solo es posible acercarse a la realidad venezolana desde el maniqueísmo de la polarización?

Evidentemente, la comprensión de las implicaciones del otorgamiento de este premio, demandan una lectura estructural, para comprender los alcances de la operación política detrás del mismo. Solo así se pueden fundamentar los posibles cursos de acción y de convergencia con la ofensiva militar, mediática y de captación masiva de datos que está ocurriendo en el caribe durante los últimos meses. Nuestro llamado es a superar el simplismo interpretativo -propio de la propaganda política polarizada- así como las lecturas geopolíticas que resultan funcionales a la propia lógica de poder que llevó al otorgamiento del premio Nóbel de la paz 2025.

Por supuesto, nuestra posición rechaza cualquier pretensión de Estados Unidos de intervenir militarmente y con labores de inteligencia (CIA) en Venezuela, en eso no puede haber duda alguna. Lo que queremos subrayar en este artículo, es la necesidad de construir un antiimperialismo desde la clase trabajadora, que supere engañosos discursos de izquierda que se ocultan detrás de una visión geopolítica que minimiza las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora, y las limitaciones del actual régimen de libertades políticasexistentes en el país.

El premio Nóbel de la Paz: ¿eterna estrategia del soft power capitalista?

En términos históricos, Estados Unidos a la par que desarrolla su estrategia económica y militar de dominación, pone en marcha dispositivos de control y hegemonía de orden cultural. El soft power (Joseph Nye,1990) consiste en la capacidad norteamericana para influir en las correlaciones de fuerza geopolítica y las conductas sociales, mediante la atracción ideológica disimulada hacia un discurso o enfoque, privilegiando la persuasión en vez de la fuerza y la coerción directa; es decir, que el dominado asuma como propia una postura.

En ese sentido, históricamente el premio Nóbel ha cumplido varios roles; primero, cooptar liderazgos y alinearlos con las operaciones de consenso -liberal, neoliberal o iliberal- desplazando los discursos y acciones lo más lejos posible de aquellos posicionamientos que se asocian a la lucha de clases. La retórica de la reconciliación nacional suele ocupar un papel central en esta orientación. Segundo, neutralizar proyectos antiimperialistas, haciéndolos ver como opciones radicales, no civilizadas ni adecuadas al presente, hasta llegar a homologar soberanía y libertad con peligro inusitado para la seguridad nacional de los EEUU. La intención, aislar socialmente a los movimientos que cuestionan la propiedad privada y el poder del capital. Tercero, reforzar la hegemonía cultural occidental propia de las naciones del norte poderoso. Cuarto, usar la moral humanitaria como arma ideológica -desde la perspectiva Gramsciana- para justificar acciones que impliquen uso desproporcionado de la fuerza. Quinto, naturalizar la dominación del capital financiero global, mostrando la estabilización de los mercados como signo distintivo de paz duradera. Eso es fácilmente comprobable al revisar la mayoría de las circunstancias y resultados del otorgamiento del galardón noruego. Veamos.

En 1983 (Lech Walesa) y 1989 (Mijail Gorbachov) el premio Nóbel operó como un dispositivo para acelerar y legitimar la transición del bloque soviético al capitalismo, protegiendo al liderazgo que lo garantizaba. Después del desmantelamiento de la URSS, Polonia sería integrada a la OTAN, consolidando la frontera oriental del bloque atlántico. El discurso de Gorbachov sobre apertura y transparencia sirvieron de marco para la transición al capitalismo en los países soviéticos. Estos discursos, legitimados por el premio Nóbel, facilitaron imponer la paz del mercado, garantizandola entrada de Rusia a los procesos de reproducción del capital mundial, a tal punto que hoy, se ha convertido en un factor dinamizador de la potencial creación del Grupo de los Tres (G3), en el marco de la reconfiguración que está ocurriendo de las relaciones de poder internacional emanadas del fin de las guerras mundiales. La guerra de Ucrania y las provocaciones con drones a las otrorainviolables naciones europeas, forma parte de ese nuevo orden mundial que puja por emerger y consolidarse. Los premios Nóbel a Walesa y Gorbachov fueron parte de la construcción de hegemonía capitalista global y deconsolidación del poder imperial norteamericano, mediante dinámicas de rostro suave. Una vez que avanzaron en sus propósitos los galardonados pasaron a ser figuras menores.

En 1991 el premio Nóbel le fue asignado a Aung San SuuKyi -Myanmar- en el marco de la publicitada transición democrática que ocurría en Birmania, promovida por Occidente como ejemplo de resistencia pacífica, es decir, evitando perder el control del capital ante una revuelta popular. El ascenso al poder de Myanmar significó el triunfo del neoliberalismo político y económico, sobre los modelos nacional progresistas asiáticos. De hecho, al llegar al poder, se alineó con el capital occidental, liberalizando sectores estratégicos, a la par que reprimía a las minorías étnicas como los rohinyás. En consecuencia, el premio fue un mecanismo para consolidar el bloque burgués interno que posibilitara la apertura del país a las corporaciones internacionales energéticas y occidentales, luego de décadas de “aislamiento” de los circuitos globales del mercado y el capital trasnacional.

Años después, luego de iniciado el evidente proceso de desmantelamiento de la OLP, se produjeron los acuerdos de Oslo, entre Israel y Palestina, cuya legitimidad fue laureada con el premio Nobel 1994, compartido entre Shimon Pérez, Yitzhak Rabin y Yasser Arafat. Los acuerdos, que crearon una “autoridad Palestina” desdibujaron el carácter antiimperialista de la causa palestina, subordinando la lucha nacional a una administración dependiente de la ayuda internacional. El surgimiento de Hamas, contra esa lógica, era un efecto previsible, que impulsaba el plan estratégico israelí de aplastar posteriormente al pueblo palestino, barrer a los territorios ocupados y llegar al actual genocidio en Gaza. El camino al genocidio de Gaza se construyó a partir de la legitimación de los acuerdos de Oslo, con el premio Nóbel. El premio Nóbel 1994 marcó la escenificación del consenso neoliberal post guerra fría en Palestina.

Barack Obama, recibió en 2009 el premio Nóbel de la Paz, solo meses después de asumir la presidencia de los Estados Unidos, como expresión de los esfuerzos para relegitimar el liderazgo del país del norte, luego de los desastres causados en Irak y las evidencias de torturas en Guantánamo. La administración Obama consolidó el modelo de guerra híbrida de nuevo tipo con el uso de drones con fines militares (Somalia, Yemen, Pakistán), la invasión y destrucción de Libia (2011), bombardeos en Siria e Irak con el pretexto de atacar a ISIS, el impulso de golpes blandos como el de Honduras en 2009 (Zelaya), la expansión de bases militares en África (AFRICOM) y Oriente Medio, golpe de Estado en Egipto (a Mohamed Morsi), golpe de Estado en Ucrania (Euromaidán, 2014), así como los intentos de reordenar el sistema imperial después de la crisis financiera de 2008. El premio Nóbel otorgado a Obama, se convirtió en una operación simbólica de hegemonía, intentando presentar el liderazgo neocolonial norteamericano como ético, y no como coerción imperial. Algo que intento hacer en 2025, sin lograrlo, la administración Trump, porque era mucho más útil el manejo geopolítico en torno a Venezuela. El dictamen del jurado noruego no se dio por diferencias de Europa con la administración Trump, como se ha pretendido hacer ver, porque Europa está ya lo suficientemente arrodillada para tener un gesto de rebeldía de este tipo, sino porque Venezuela es prioridad en la coyuntura de reordenamiento imperialista.

En 2016 el premio Nóbel le fue otorgado a Juan Manuel Santos, ex ministro de Defensa de Álvaro Uribe Vélez, quien había sido responsable de la política de “seguridad democrática” y de la ampliación de las bases militares norteamericanas en suelo colombiano. Como responsable de la cartera de defensa dirigió la operación de rescate a Ingrid Betancourt y 15 personas más, la masacre en Ecuador de combatientes de las FARC -17 guerrilleros- en la que murió Raúl Reyes (Operación Fénix, 2008). Como presidente (2010-2018) realizó la operación Sodoma (2010) que abatió al comandante Jojoy (Víctor Julio Suárez), la operación Odiseo (2011) en la cual murió Alfonso Cano máximo líder de las FARC en ese momento. Sus acciones militares de exterminio abrieron paso, por la vía militar, a la posibilidad de la negociación política. En consecuencia, el propósito del premio Nóbel 2016 fue dotar de un manto internacional de legitimidad al acuerdo de paz con las FARC-EP, que como señalamos había sido precedido de operaciones armadas de asesinato a líderes de esa agrupación. Estados Unidos garantizaba con ello, la puesta en marcha de una narrativa de paz que disimulaba las cláusulas de un acuerdo que alejaba las posibilidades de un cambio radical, especialmente respecto al dominio de la burguesía colombiana y sus relaciones coloniales con los norteamericanos. El proceso de paz, si bien disminuyó formalmente las expresiones de laguerra interna, no modificó la estructura económica de acumulación de riqueza por un pequeño sector, ni rompió con el control oligárquico de la tierra, que había motivado el levantamiento armado décadas atrás. La “paz”, legitimada con el premio Nóbel, fue la condición necesaria para atraer inversión extranjera directa, especialmente en minería, hidrocarburos y agronegocios, afianzando el modelo neoliberal en ese país.

    Esta ruta “geopolítica” se confirmaría en 2019, cuando se le otorgó el premio a Abiy Ahmed de Etiopía, por el acuerdo de paz con Eritrea y la apertura democrática que encabezaba. Esto cerraba el ciclo de intervenciones norteamericanas que llevaron a la superación del régimen izquierdista del DERG (gobierno militar provisional de Etiopía, 1974-1991) y el periodo de inestabilidad generado desde la ofensiva militar del llamado Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etiope que derribó a Mengistu Haile Mariam. En realidad, el galardón servía para relegitimar al gobierno de ese país que se alineaba con la estrategia gringa y del FMI para el cuerno de África. La administración Abiy (2018 –    ) lo que ha hecho es promover la privatización de empresas públicas(telecomunicaciones, aerolíneas, energía, transporte, logística y puertos), impulsando reformas promercado que insertaran a Etiopía en la lógica del capital financiero global(mega proyectos como la represa Grand EthiopianRenaissance Dam), a la par que mediaba para conjurar el riesgo de cualquier cambio radical. El gobierno de Abiy se ha reorientado hacia la neoliberalización (operación de bancos extranjeros, creación del mercado de valores)), el impulso de reformas macro económicas con préstamos internacionales (FMI y otros), apertura del tipo de cambio y flexibilización de la economía, el despojo de lo comunal mediante la acumulación por desplazamiento de la población urbana pobre como resultado del cambio de usos del suelo. Después de otorgársele el premio Nóbel, la guerra de Tigray(2020) puso en evidencia que la paz alcanzada, en realidad era un dispositivo de recomposición del poder estatal que favoreció a las élites asociadas al capital trasnacional y los intereses de Washington. El control del mar rojo (puertos de Yibuti y Eritrea) y la contención de la expansión comercial China, son parte del análisis entre líneas de las razones reales de otorgamiento de este premio.

El año 2025 se le otorga a María Corina Machado, por lo cuál no debería ser una sorpresa respecto al propósito que ello persigue. Para explicar quién es la ganadora de este galardón, haré una síntesis del articulo que en 2024 escribiera junto a Leonardo Bracamonte titulado “Venezuela: ¿Quién es María Corina Machado?”.

María Corina Machado: más allá del iliberalismo

María Corina Machado es una militante del iliberalismopolítico, la ultraderecha y el odio fascistoide a todo lo que se aproxime a la izquierda política. Evidentemente es la encarnación criolla del surgimiento mundial de la ultraderecha. Ello no niega ni pretende ocultar los alcances de su liderazgo, construido al calor de la asimilación al estatus quo de un importante sector de la derecha venezolana, los catastróficos errores del Madurismo y su habilidad para asumir las tres grandes aspiraciones populares del presente: dignificación salarial -salario mínimo mensual actual es inferior a un dólar- conforme a la media regional, retorno de los migrantes para la reunificación de las familias, así como libertad de opinión y organización para las inmensas mayorías que viven del trabajo. Sin embargo, cuando revisamos su programa de gobierno 2023 encontramos que estas banderas cuando tocan a los intereses del capital se diluyen o están ausentes en su contenido, por lo que su liderazgo está construido sobre una base ideológica nítida. Es un liderazgo real, negarlo no contribuye al análisis político ni a la construcción de alternativas, aunque como dice Fernando Mires “MCM era líder de un movimiento nacional pluri social y pluri – ideológico, que hoy ha sido convertido en un movimiento pro – Trump … que en vez de sumar fuerzas, han restado” (red X, 13/10/2025).

En los últimos dos años Machado ha emergido como líder indiscutible de una parte importante de la oposición venezolana. En las primarias de la oposición para las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, obtuvo un apoyo abrumador (93%) de los electores que acudieron a esta escogencia, hecho que ocurrió antes de ser inhabilitada por la administración de Maduro, lo que le impidió postularse como candidata presidencial, actuando en consecuencia como jefa de campaña de Edmundo González Urrutia, la llamada “candidatura tapa” de la oposición para las elecciones del 28J-2024.

Por primera vez en 25 años una candidatura de la derecha logró una importante adhesión, no sólo en los sectores tradicionales opositores, sino también en sectores populares y de izquierda que estaban cansados del autoritarismo de Maduro y de la eliminación de canales democráticos para la escogencia de representación. Machado no solo encarna una oposición -tanto al chavismo como al madurismo- sino un proyecto político burgués alineado con el capital trasnacional, con importancia geopolítica, que busca ejercer liderazgo institucional y estatal si se dieran las condiciones.

María Corina Machado tiene raíces claras en la burguesía tradicional venezolana. Su familia empresarial viene de antaño: la Electricidad de Caracas y otros emporios. Se ha construido una imagen pública basada en mérito, esfuerzo individual, valores empresariales, una familia modelo, contraste con lo que se describe como clientelismo, redes de favoritismo y corrupción estatales, que son vistos como centrales en el modelo rentista venezolano.

Su liderazgo no se basa en estructuras partidarias fuertemente institucionalizadas, sino más bien en organizaciones sociales vulnerables, agrupaciones de la sociedad civil, y una alta dosis de personalismo, de “caudillismo”. Durante los años del chavismo y madurismo, Machado ha sido una figura recurrente en la oposición, muchas veces optando por posiciones insurreccionales (intentos de derrocar al gobierno, denuncia de dictadura, etc).  Uno de los episodios relevantes fue su participación en el referendo revocatorio de 2004 con la organización Súmate; se señala que Súmate habría recibido financiamiento de instancias estadounidenses, y Machado fue acusada de conspiración, aunque sin consecuencias legales.

Ya en 2002, Machado había firmado el “decreto de salvación nacional” durante el golpe contra Chávez, en nombre de la sociedad civil. Ese episodio sirve para ilustrar su temprana participación en esfuerzos de derrocamiento institucional del chavismo.
Su oposición es de clase, de hecho, en su programa de gobierno (2023-2024), denominado “Venezuela: tierra de gracia. Libertad, Democracia y prosperidad”, propone una transición hacia un Estado pequeño, economía de libre mercado, propiedad privada, reducción del aparato burocrático, meritocracia, justicia liberal, garantía para la inversión privada nacional e internacional. Plantea un “acuerdo nacional” para superar el madurismo / bolivarianismo, como forma de resetear el pacto social venezolano contenido en la Constitución de 1999. Uno de los ejes de su propuesta es el federalismo, entendido como desconcentración del poder, distribución de recursos hacia regiones, creación de espacios de acumulación capitalista regional, superar el “desequilibrio del control central”, para construir nuevas relaciones de poder basadas en el capital.

En el trabajo que escribimos con Bracamonte (2024), se destacan seis ejes de su programa de gobierno anunciado en 2023, cada uno con medidas para corto, mediano y largo plazo. En las bases políticas para la convivencia postula la independencia de los poderes, contrapesos, simplificación burocrática, profesionalización de la función pública,
restablecimiento del equilibrio institucional, legitimación de poderes legislativo y judicial, recuperación de garantías jurídicas.

Respecto a la reestructuración del Estado señala la necesidad de achicar el Estado conforme al modelo neoliberal, reorganizar el sistema federal, digitalizar los procesos administrativos (“E-gov”), establecer la carrera de servicio civil meritocrático, reentrenamiento de los trabajadores públicos que “deseen” someterse al nuevo modelo de gestión.

Para la estabilización expansiva de la economía, propone unmarco económico y financiero estable, respeto a la propiedad privada, separarse de los vínculos públicos que regulan divisas y financiamiento, ajustes fiscales, acuerdos con organismos internacionales como FMI/BM, cambio de deuda por activos, privatización de empresas estatales (incluyendo PDVSA) y servicios públicos esenciales.

Su estrategia de desarrollo económico, social y culturalplantea la urgencia de planes de salud integral, educación con énfasis técnico-científico (STEM), vouchers educativos, reformas curriculares para remover el ideario bolivariano, sistema de seguridad social con componentes privados, flexibilización laboral, vocación de inclusión basada en lapropiedad privada y el mercado.

Defiende el llamado desarrollo sostenible fundamentado eneconomía verde mediante la promoción de energías limpias, negocios ecológicos compatibilizados con la inversión privada, formalización regulatoria de sectores extractivos, cambio de deuda pública por iniciativas verdes.

En política exterior, su esfuerzo se concentra en el retorno de la migración, a partir de la recuperación del rol del país en la división del trabajo internacional propia de la globalización neoliberal. Su enfoque de relaciones internacionales pragmáticas se fundamenta en la profesionalización del servicio exterior (nueva burocracia formada para la lógica del capital) y la inserción en organismos internacionales como la OCDE, que le permitan captar inversiones extranjeras.

La campaña de primarias de la oposición le dio visibilidad y legitimidad. A pesar de su inhabilitación, sus mensajes, recorrido por el país, discurso de esperanza, crecieron en resonancia. Se construyó una imagen de víctima debido a las torpes acciones del gobierno (negación de inscripción, inhabilitaciones, limitaciones para su movilización en el país). Esa narrativa ha potenciado su liderazgo.  Ha logrado captar el apoyo no solo de sectores de derecha tradicionales, sino también de capas más amplias que antes apoyaban a Maduro, incluyendo gente golpeada por las sanciones, migrantes, sectores populares que sienten el deterioro de los servicios, de la economía.

 Aunque Machado presenta un proyecto neoliberal explícito, muchas de esas ideas no se debatieron ampliamente durante la campaña, lo que facilitó que su programa real permaneciera en gran parte oculto, o al menos poco divulgado. De hecho, públicamente no aborda con claridad las demandas populares de la clase trabajadora, sindicatos, protestas laborales, derechos sociales: su énfasis es más en garantías jurídicas para el mercado, propiedad, estado pequeño. Las políticas sociales aparecen más como promesas o dimensiones publicitarias.

Machado no reconoce la existencia o papel de la “nueva burguesía”, hablando solo de gente corrupta, como si la vieja burguesía no se hubiera construido a partir del asalto a la renta petrolera. Esta incapacidad para dialogar con la nueva burguesía limita su capacidad para construir un acuerdo interburgués amplio, algo que obstaculiza su intención de propiciar una transición ordenada del poder. Su radicalidad discursiva -insurreccionalismo, oposición frontal, postura dura ante el madurismo- le granjea apoyo, pero también crea márgenes de conflictividad política que son riesgosos en términos de estabilidad institucional o diálogo político. Allí reside su talón de Aquiles más importante, porque asume partido por uno de los sectores burgueses en disputa, alejando la posibilidad de estabilización política y económica.

Machado tiene fuertes lazos con la vieja burguesía venezolana (empresarial, propietaria de medios de producción).  También existe su vinculación con el capital extranjero u organizaciones internacionales, diplomáticas. Invitaciones, premios, reconocimientos externos forman parte de su carrera.

En 2005 María Corina Machado y George W. Bush se reunieron de manera pública, para divulgar una agenda común sobre democracia y derechos humanos, situación política nacional, el futuro de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Venezuela, geopolítica del petróleo. Veinte años después pareciera que los acuerdos de esa reunión se busca concretarlos.

EE.UU. y otras potencias internacionales miran con interés su liderazgo, como una posible opción de transición, aunque con cautela. Una transición liderada por Machado y su alianza (MCM-EGU), tendría que lidiar con contradicciones entre su programa neoliberal y las expectativas sociales populares. Su éxito dependería de su capacidad de construir un consenso más amplio, de negociar con otras facciones de la burguesía, incluyendo la nueva burguesía, y de manejar tensiones sociales, algo que parece poco probable. Sin embargo, las torpezas del madurismo en el manejo de la situación interna y las relaciones internacionales -incluso en el bloque progresista con Boric, Lula, Petro y el fallecido Pepe Mujica- han abierto la tentación imperial de forzar una transición.

María Corina Machado representa no solamente una oposición al madurismo desde el electoralismo, sino un proyecto ideológico-militar-institucional de continuidad neoliberal explícita al giro operado en ese sentido por el Madurismo, pero de integración a las formas iliberales que promueve actualmente la administración Trump. El programa de MCM está sustentado en los intereses de la vieja burguesía, del capital trasnacional, del libre mercado, de la reducción del Estado. La práctica política de MCM procura la liquidación de la nueva burguesía. Su liderazgo tiene una base material concreta, la urgencia social de millones que han sufrido el deterioro material, los efectos de las sanciones, la inflación, la migración durante el periodo madurista (2014-2025). Machado se convierte en representante de ese descontento, aunque con un programa que busca rescatar los intereses del capital, no los derechos sociales. La ilusión de que Machado, si llegara al poder, representaría una salida progresista o democrática para los sectores populares, es engañosa: su proyecto tiene diferencias reales de fondo con iniciativas de justicia social, y está inserto en la lógica de restauración burguesa en el paso del neoliberalismo al iliberalismo.

La crisis que precede al premio Nóbel 2025 

Venezuela vive desde 1983 una crisis estructural del modelo de acumulación burgués rentista -basado en el petróleo, el extractivismo y la importación- y de representación política -que surgió en 1958- de la cual no ha podido salir a pesar de las recetas neoliberales (CAP,1988), la rebelión popular (1989), los alzamientos militares (4F y 27N, 1992), el gobierno de amplia base (Caldera,1994), el periodo chavista (1999-2013) y la égida del Madurismo (2013-2025).

El inicio de la crisis nacional coincidió con el desembarco de la globalización neoliberal, la financiarización de la economía global y el auge de la tecnopolítica como sustituto de las premisas ideológicas globales. Esta combinación de factores locales e internacionales comportaba la necesidad de un nuevo modelo de acumulación burguesa que combinara capital local con internacional, inversión concreta con financiarización especulativa a partir de la renta petrolera, así como un nuevo modelo de mediación partidista que superara las premisas fordistas, los modelos de seguridad social y liberalizara las relaciones entre las clases sociales. Eso implicaba no solo el emerger de nuevos paradigmas políticos sino la creación de una nueva generación de liderazgo, algo que no sería aceptado pasivamente por quienes habían ostentado el poder. Para colmo, la burguesía venezolana, parasitaria por su forma rentista de acumulación carecía de la suficiente experiencia para insertarse en el competitivo mercado internacional que promovió la globalización, lo cual agudizaba la crisis.

El esfuerzo singular realizado por el Chavismo (1999-2013) por superar la crisis a partir de una agenda social y de democratización de la riqueza -que nunca llegó a ser una revolución anticapitalista, pero tenía elementos progresivos en ese sentido- chocó con el surgimiento de una nueva burguesía, con intereses propios de clase, que en el periodo 2013-2025 frenó y disolvió la radicalidad acumulada.

La candidatura de Chávez (1996-1998) implicó una convocatoria al desarrollo de un capitalismo humano, una tercera vía, que superara el dominio de la vieja burguesía, no que la eliminara; por ello, sectores de la vieja burguesía -representados por Miquilena y otros- le acompañaron hasta el golpe de estado de 2002. A partir de ese momento la revolución bolivariana vive una dualidad que marcaría su dramático desenlace. Por una parte, el impulso de un proyecto nacional popular comunal, de construcción depoder popular -aunque siempre conducido y controlado por el partido- así como del llamado socialismo del siglo XXI (a partir de 2025), y por el otro, el surgimiento de una nueva burguesía al calor del viejo modelo rentista e importador. El auge de los precios del petróleo contribuiría en esa direccióndual, que fomentaba una novedosa forma de policlasismo.

La crisis financiera de 2009-2010 en Venezuela, que involucraba a figuras claves del chavismo, ahora como propietarios de Bancos, evidenció que el proyecto neo burgués estaba en marcha. Entre 2009 – 2012 se hizo inocultable la confrontación creciente, aunque de baja intensidad, entre los dos caminos del proceso bolivariano, el comunal y el burgués. Chávez quien aspiraba a ser el mediador entre ambos -hay quienes señalan que su apuesta estratégica sería a favor de lo popular nacional, pero no hay forma de comprobarlo- se enfermó y terminó muriendo, dando paso a una sucesión sobrevenida o contingente(Maduro) que no contaba con el liderazgo, ni la correlación de fuerzas internas para continuar sosteniendo los hilos de mediación propios de un proyecto policlasista de masas.

Por eso, la llegada de Maduro al poder inaugura una nueva fase, el madurismo, que apuesta por la supremacía del programa neo burgués, la subordinación y posterior liquidación del proyecto comunal nacional popular. El socialismo del siglo XXI queda reducido a un eslogan, que mantiene habilitada la solidaridad de sectores de la izquierda internacional incapaces de captar la crisis estructural del capitalismo rentista venezolano, pero que a lo interno se convierte en un terminator de las posibilidades reales delsocialismo entre las masas; para el ciudadano común el socialismo del siglo XXI pasa a ser representado por el autoritarismo, la falta de libertades políticas, el deterioro sin precedentes de las condiciones materiales de vida, la fracturación de las familias debido a la explosión migratoria por razones económicas y la pérdida de esperanza en el papel garante de derechos básicos del Estado. El daño del madurismo a las posibilidades de una alternativa socialista a la crisis venezolana son enormes y sus secuelas son aún impredecibles.

El Madurismo es una forma de gobierno orientada por la nueva burguesía, surgida a partir del golpe de Estado de 2002. Ante la carencia de un liderazgo fuerte como el de Chávez, el Madurismo construye una identidad difusa a partir de las correlaciones de fuerzas internas, con varios liderazgos que tributan al liderazgo central. Pero se equivocan quienes no reconocen la capacidad que ha tenido Maduro de construir su propia forma de liderazgo y hacerlo funcional al sostenimiento en el poder, su debilidad la ha convertido en fortaleza alrededor de lo que denomina alianza cívico-militar-policial.

El madurismo ha tenido tres grandes momentos. El primero, entre 2013-2017 se concentró en disolver los remanentes de las representaciones políticas de la vieja burguesía, interviniendo -fundamentalmente de manera indirecta- los partidos políticos de derecha y reprimiendo de manera contundente las revueltas callejeras impulsadas por ese sector político, con un saldo preocupante en materia de derechos humanos (especialmente en 2017). A la par, logrófragmentar a la derecha política, constituyendo de manera nítida el campo de los llamados “alacranes”, sectores de la derecha que decían mantenerse en oposición al gobierno,pero que negociaban -y ahora más que nunca- tras bastidores con éste. La fracción de la vieja burguesía que escapó -y se resistía- a esta asimilación fue el que aparece representado por María Corina Machado (MCM), que venía de ser un liderazgo minoritario en las simpatías del electorado opositor (2%-5%), pero que comenzó a perfilarse en ese periodo como la única oposición real de derecha.

En este periodo el madurismo aísla a los liderazgos individuales dentro del PSUV y el gobierno que pretendían sostener la agenda gubernamental del periodo chavista (Giordani, Navarro, Márquez y otros), a la par que aleja a factores claves del modelo chavista de acumulación y liderazgo policlasista (Ramírez, Rodríguez Torres, entre otros). Esto va construyendo al madurismo como un sector con identidad propia, diferenciada de su tronco de origen, el chavismo.

El segundo momento del madurismo, se produce en el periodo 2018-2024, en el cual privilegia el sometimiento de la izquierda que comenzaba a distanciarse de su orientación política (PPT, Tupamaros, Redes, PCV y otros). El abandono de la agenda social era justificado por la aplicación de las medidas coercitivas unilaterales (MCU), de impacto significativo a partir de 2017, que sí bien afectaron de manera sensible los ingresos del país, resultabaninsuficientes para explicar el impacto liquidador en el programa nacional popular y de justicia social que había estado en el centro de lo político en el periodo chavista. El salario mínimo mensual -marcador de las pensiones de unas cinco millones de personas- cae hasta llegar a la actualidad a niveles nunca vistos -casi medio dólar norteamericano al mes- mientras el salario promedio está en 15-20 dólares mensuales. El otorgamiento de bonos extra salariales -unos 120 dólares mensuales- no logra ni de lejos compensar la inflación generalizada que coloca los productos y servicios básicos en un valor dos o tres veces superior a la media latinoamericana. Las remesas enviadas por los ocho millones de migrantes logran atenuar el drama de sobrevivencia de quienes permanecen en el país. El dinero de la venta de activos como casas, automóviles, tierras que posee la clase media y profesionales se usa para la subsistencia diaria, ocurriendo un nuevo modelo de acumulación de propiedades a precios de mercado inmobiliario depreciado.

En 2018 el gobierno de maduro genera el decreto 3332 que reforma la Ley Orgánica del Trabajo, limitando el derecho a huelga y las convenciones colectivas de trabajo, a la par que emite el memorándum 2792 que implica un golpe sin precedentes al mundo del trabajo, abriendo camino al abaratamiento estrepitoso de la fuerza laboral venezolana. Todo ello ocurre a la par que se interviene por la vía judicial a todos los partidos de izquierda, se persigue a dirigentes sindicales y sociales, produciéndose un giro autoritario muy importante en el madurismo.

En este periodo se inician negociaciones con la administración norteamericana, primero secretas y luego públicas. Este acercamiento tiene como propósito recomponer las relaciones con la potencia imperialista norteamericana, usando al petróleo como moneda de cambio para superar el efecto de las MCU. Para ello, procura mostrarse como un gobierno capaz de propiciar el encuentro entre la vieja y nueva burguesía, restaurando el orden burgués, abriendo con ello una nueva etapa de gobernabilidad.

Varios obstáculos se le presentan a esta iniciativa. Primero, el modelo de acumulación de la nueva burguesía seguía siendo rentista, importador y extractivista -al igual que el de la vieja burguesía-  lo que significaba que no se habían logrado superar los elementos constitutivos de la crisis estructural capitalista local iniciada en 1983. Estados Unidos no está interesado en reeditar el modelo de relaciones económicas y comerciales con Venezuela propias del periodo liberal burgués, sino que apuesta por la combinación de relaciones neoliberales e iliberales que le permitan mayor captura de la renta y traslado de los efectos de sus crisis estructurales a la periferia capitalista. A pesar de un público y notorio acuerdo del madurismo con la patronal FEDECAMARAS, sigue habiendo un sector rebelde de la vieja burguesía, que está por la liberalización total de la economía, y que pretende ser representado por María Corina Machado.

Segundo, el giro madurista ha erosionado de manera significativa su base social y electoral, lo que limita sus posibilidades de producir una mediación efectiva en un marco de libertades democráticas; de hecho, la mejora de ingresos por venta de petróleo a partir de la guerra de Ucrania, marcó una brutal transferencia de recursos a la burguesía financiera -formato de control cambiario- así como a los esquemas de acumulación por importación, especulación y la propia corrupción (como el caso de PDVSA cripto), pero no mejoró las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora ni recompuso el salario.

Tercero, si bien la administración Biden pareció navegar en este curso de acción promovido por el madurismo, -especialmente a partir de la guerra de Ucrania, con el retorno de Venezuela como fuente confiable de suministro de petróleo- el gobierno de Trump apuesta por colocar el tema Venezuela dentro de la agenda de reposicionamiento neocolonial de Estados Unidos en la región.

Cuarto, al limitar la posibilidad de una alternativa de izquierda al madurismo, así como la cooptación de una parte importante de la derecha (alacranes), el madurismo ha terminado fortaleciendo la legitimidad del liderazgo deMaría Corina Machado, quien se ha venido erigiendo como representación de la real oposición al madurismo. La torpeza del madurismo, al atacar a la izquierda que podría ser un factor de equilibrio que le permita incluso negociar en mejores términos, muestra la identidad ideológica de la nueva burguesía con el sector que le adversa de la vieja burguesía.

Para la vieja y nueva burguesía lo sustancial es promover la polarización, que saque de la ecuación cualquier proyecto de carácter popular nacional o socialista auténtico. La polarización Maduro-MCM le favorece al régimen madurista y a los Estados Unidos, porque abona a conjurar cualquier posibilidad de salida radical y auténticamente antiimperialista, manteniendo el control de una solución burguesa a la crisis venezolana.

El tercer momento del madurismo, comienza con las elecciones del 28 de Julio de 2024. Maduro era consciente que el desastre generado con su agenda política, había permitido aglutinar todo el rechazo a su gestión en la persona de María Corina Machado, pero eso le parecía menos peligroso que surgiera un polo de masas a su izquierda, porque eso colocaría en riesgo los intereses de la nueva burguesía que representa. No es cierto que el electorado venezolano giró a la derecha, sino que la imposibilidad de construir una referencia electoral distinta a la polarización funcional al madurismo y los Estados Unidos, hizo que amplios sectores de electores que se oponían al paquete de ajuste estructural del gobierno, no tuvieran otra salida que votar por la única opción que aparecía viable y nítidamente contraria a lo que estaba ocurriendo. Incluso un sector de la izquierda fue atrapada en esa ilusión, desertando de ella solo cuando se encontró con la amenaza militar norteamericana contra Venezuela. La desconfianza del electorado sobre las otras opciones de derecha y centro político, en su mayoría infiltradas por el madurismo mediante la forma del alacranato político, afectó injustamente incluso a expresiones con evidentes grados de libertad del madurismo, como la que representaba Enrique Márquez y su partido centrados.

En este tercer momento, el Madurismo ha intentado llegar a un acuerdo con los Estados Unidos, basado en el petróleo y las riquezas minerales venezolanas. El problema es que pareciera habérsele agotado el tiempo para ello, porque ahora la agenda iliberal del trumpismo y el surgimiento de un nuevo orden mundial capitalista, demandan un nuevo papel de Venezuela en esta reconfiguración.

Trump desata tormenta en el Caribe

La administración Trump trabaja por un reposicionamiento imperial en la región. En ese sentido, Venezuela juega un papel estelar en su estrategia. Todo pareciera apuntar que Trump a diferencia de Biden -quien apostaba por dejar hacer mientras Estados Unidos obtuviera el petróleo venezolano- quiere un control territorial, político y militar de Venezuela, para usarlo como ejemplo de su estrategia de hegemonía ideológica iliberal y de neo anticomunismo.

Para ello sigue una ruta clara. Primero, a sabiendas que el Madurismo está en un proceso de mostrarse funcional a los intereses norteamericanos, acusa a Maduro y la dirigencia madurista de narcotraficantes -cártel de los soles- apostando no por integrar sino por debilitar al gobierno venezolano, aprovechando las vacilaciones del madurismo para construir una situación aún más favorable al norte.

Segundo, al promover la imagen de narcotraficantes del madurismo -aunque sin pruebas objetivas- procura mostrar al progresismo como un sector en degeneración delincuencial, y actúa como diluyente de eventuales resistencias anti norteamericanas a una intromisión militar de cualquier tipo; las resistencias anti invasión comienzan a ser presentadas como rezagos de bandas criminales.

Tercero, al desplazar embarcaciones, equipamientos y tropas de combate al caribe, muestra su supremacía militar regional, presionando para lograr una transición del poder en Venezuela con el menor coste posible y de gran impacto geopolítico regional. Se procura en primera instancia crear divisiones en el madurismo, que faciliten su desplazamiento del poder por parte de liderazgos castrenses internos que abran las puertas a un escenario Grenada (golpe de Estado interno y posterior intervención militar norteamericana).

Cuarto, ataca de manera desproporcionada botes de pescadores acusándolos de ser parte de la logística del narcotráfico, para acostumbrar a la opinión pública regional a operaciones militares abiertas con daños colaterales en términos de vidas humanas.

Quinto, promueve la sucesión de María Corina Machado -directamente o en un primer momento a través de Edmundo González- como gobierno que abra las puertas a la solución iliberal de la crisis estructural iniciada en 1983. Estados Unidos es consciente que un eventual gobierno de María Corina Machado sería inestable, porque sus medidas económicas y políticas le generarían una rápida pérdida de popularidad y harían su mandato inestable, poniendo en peligro los intereses norteamericanos.  A sabiendas que MCM ha dicho en reiteradas oportunidades que pedirá el apoyo, incluso militar de Estados Unidos, el objetivo estratégico de los gringos pareciera ser promover su llegada al poder, para que abra paso a una “situación haitiana” en la cual la inestabilidad del gobierno lleve a MCM a pedir la ocupación extranjera del territorio, posibilitando la colocación de bases militares permanentes en Venezuela que garanticen el control más directo de las reservas petroleras.  Después de eso MCM pasaría a ser una ficha prescindible en el tablero norteamericano.

Sexto, la criminalización de las eventuales resistencias a este curso de acontecimientos demandaría el sostenimiento de un estado de excepción continuado en Venezuela (post ataque militar norteamericano), algo que encaja perfectamente en la agenda política iliberal de Trump. Esto buscaría evitar el reagrupamiento de las fuerzas progresistas, democráticas y de izquierda, conjurando el peligro de una revolución en Venezuela.

Por eso, el otorgamiento del premio Nóbel a María Corina Machado, debe ser visto como parte de una estrategia imperialista para controlar de manera mucho más directa a las riquezas de Venezuela.

La tragedia del madurismo es que la única salida para su sobrevivencia en el poder, estaría dado por retomar la agenda popular nacional que decidió sepultar desde 2014, el abandono del programa de bonapartismo burgués que pretendió implementar desde 2018, y el desarrollo de un antiimperialismo real y no solo declarativo. De hecho, el madurismo denuncia correctamente el desplazamiento de buques de guerra norteamericanos en el caribe, pero oculta el creciente número de buques petroleros que a diario surcan el lago de Maracaibo llevando oro negro a los Estados Unidos, cuya venta se produce en condiciones neocoloniales peores que las que se daban antes de la llegada de Chávez al poder. Pero, dar cinco pasos atrás en el programa neo burgués del madurismo significaría limitar su capacidad de acumular riqueza, abriendo escenarios de crisis internas en ese bloque burgués. Además, un retorno a la agenda popular nacional asustaría tanto a la nueva burguesía como a la vieja burguesía.

El dilema pareciera estar en la capacidad del madurismo de construir una correlación de fuerzas internas real que haga a los gringos ser más prudentes, algo que no se avizora por otra vía que no sea el retorno al programa chavista.  Esto adquiere carácter de emergencia dramática, a partir del el 15 de octubre de 2025 cuando el New York Times anuncia que la administración Trump habría autorizado a la CIA para el inicio de operaciones desestabilizadoras en el territorio venezolano, para el inicio de una transición al gobierno deMaría Corina Machado, ahora laureada por el premio Nóbel de la Paz. Este anuncio debe convocar a todas las fuerzas progresistas y antiimperialistas a denunciar y realizar acciones de masas que procuren detener el ataque a la soberanía nacional continental; el ataque a Venezuela es un ataque a toda la región.

¿Por qué otorgar el premio Nóbel a MCM en este momento?

Son varias las razones geopolíticas del otorgamiento del Premio Nóbel a María Corina Machado. La primera, consolidar su liderazgo local e internacional, preservándolo del desgaste por la falta de salida política que se ha dado después de las elecciones del 28-J 2024, especialmente por la recomposición que viene haciendo el Madurismo con elecciones parlamentarias y regionales en las cuales se garantizó una aparente mayoría.

Segundo, re-polarizar el debate político venezolano. Nada es más peligroso para los Estados unidos y las burguesías venezolanas -de la cuarta y quinta república- que ante el desencanto por falta de desenlace de la terrible situación generada por el Madurismo y la imposibilidad de materializar una transición ordenada para los intereses del capital, surja una corriente de masas con independencia de los intereses burgueses e imperialistas. De hecho, el último año se viene reconstruyendo de manera importante el tejido social de resistencia a las distintas formas de neoliberalismo e iliberalismo, aunque aún no tienen un carácter de movimiento de masas. El premio Nóbel a MCM procura re-polarizar el debate entre Madurismo y el sector de María Corina Machado, constriñendo el espacio para la construcción de una alternativa que no tenga afinidad con los objetivos de la Casa Blanca y el Pentágono.

Tercero, garantizar que la agenda de un gobierno de transición -o incluso de continuidad- sea el de dependencia neocolonial con los Estados Unidos. A la administración norteamericana poco le interesa la suerte del pueblo venezolano, simplemente lo usa como una ficha intercambiable en el tablero de poder imperial.

Cuarto, ante la posibilidad de inicio de operaciones de inteligencia y militar directa en suelo venezolano, por parte de los Estados Unidos, hacer aparecer su intervención como una acción a favor de la paz regional y en apoyo al liderazgo de una figura laureada por el premio noruego de la paz. Incluso, un encarcelamiento o desaparición física de MCM en este curso de acontecimientos, serviría de mayor justificación para la intervención militar norteamericana en Venezuela.

En este sentido, el premio Nóbel de la Paz 2025 es parte de la estrategia para consolidar el papel de los Estados Unidos en la región

Las tareas de los revolucionarios 

Difícil momento para quienes encarnan la lucha anticapitalista en Venezuela. Sin duda alguna la denuncia a cualquier intento de ataque o invasión norteamericana a Venezuela está en la primera línea del posicionamiento y accionar político.  Pero ello no puede generar la esperanza que la sobrevivencia del régimen neo burgués de Maduro permita el desarrollo de un gobierno que facilite las dos condiciones necesarias para un cambio desde la perspectiva de la clase trabajadora: mejora en las condiciones materiales de vida y de libertades políticas para organizarse en sindicatos y partidos de izquierda, que puedan trabajar, opinar y movilizarse con amplias garantías. Esta dualidad plantea el desafío de construir una antiimperialismo más allá de lo geopolítico, un anti imperialismo desde la realidad de quienes viven del trabajo. ¿Se podrá hacer?

Un eventual gobierno de María Corina Machado no solo sostendría la agenda anti popular empezada por el madurismo sino que la profundizaría. De hecho, María Corina Machado no ha dicho que su llegada al poder significaría retornar al derecho de organizarse libremente a los trabajadores en sindicatos, el derecho a huelga y movilización de la clase obrera, sino que ha hablado de un programa de ajuste estructural de carácter iliberal que permita la salida a la crisis burguesa iniciada en 1983 a partir de recetas del mercado.

Entonces, ¿a quien apoyar? Es la pregunta que se suele hacer, ante la confusa situación venezolana. La respuesta no puede ser otra que a la clase trabajadora y sus intereses, sin ello, cualquier antiimperialismo es vacío y funcional al reordenamiento burgués en Venezuela.

El premio Nobel de la Paz 2025: Más allá del desconcierto

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Paradigma disciplinar: una grieta sin cerrar en la epistemología universitaria

Cuando escasea el sentido común los problemas aumentan: ¿a quién favorece el engaño sobre la supuesta superación del paradigma disciplinar por parte de la universidad?

                                        Luis Bonilla-Molina[1]

  1. Introducción: Seamos Realistas: pidamos lo imposible

La universidad, históricamente hablando, ha sido el espacio privilegiado para el pensamiento crítico comprometido con la justicia social, la igualdad económica y la inclusión. En distintos momentos ha sido el espacio que ha guiado conquistas importantes de la sociedad. Lamentablemente, en las últimas décadas la ofensiva del capital sobre las instituciones de educación superior (IES) resultó de tal magnitud que ha invisibilizado muchas de estas luchas e incluso generado retrocesos impensables hace 50 años.

En la resistencia anticolonial, los procesos de independencia, la construcción de las repúblicas, el surgimiento de los Estados nacionales, el desarrollo de la democracia y el auge de la progresividad de los derechos, la universidad jugó un papel estelar. La revolución cubana hecha por universitarios, las revueltas del ´68, las batallas antineoliberales de las últimas cuatro décadas, evidencian que la rebeldía sigue estando presente. Este trabajo lo inscribimos en esa perspectiva, y como hemos pensado en dedicar un artículo de la serie sobre La Universidad,al tema de las resistencias anticapitalistas, en esta oportunidad nos concentraremos en mostrar otras aristas de la arquitectura de la ofensiva del capital sobre la educación universitaria, especialmente alrededor de los intentos por la superación del paradigma disciplinar en la construcción de conocimiento, ciencia y tecnología.

  • 2. Los tres momentos del capitalismo industrial en materia de políticas universitarias

El capitalismo en su relación con la construcción de conocimiento tiene tres momentos paradigmáticos. Primero, de carácter disciplinar propio de las dos primeras revoluciones industriales, segundo, de exigencia transdisciplinaria a partir de la tercera revolución industrial y el tercero, en el cual aspira alcanzar convergencia heurística en la transición a la cuarta revolución industrial.

Si analizamos las políticas educativas, con la metodología de los estudios comparados internacionales, en los marcos temporales de las primeras revoluciones industriales (1760/1780 – 1870/1914), tercera revolución industrial (1961) y la transición a la cuarta revolución industrial (2011 –  ), sin que esta última aún se haya expresado en toda su potencialidad en el modo de producción capitalista, podemos tener una comprensión mas precisa de la racionalidad de las propuestas del capitalismo para el sector universitario.

Esto se debe a la epistemología del capitalismo industrial, para quien existe una relación inmanente del conocimiento con la innovación científica-tecnológica y esto solo tiene sentido en la medida que contribuya a la reproducción simbólica y material de la lógica producción-mercado-ganancia. En consecuencia, cuando se produce un giro en la espiral de innovación se modifican las exigencias del capital para la producción de conocimiento, y esto adquiere forma de políticas públicas para el sector educación.

El asumir esta perspectiva analítica, permite entender en otra dimensión, sentido y direccionalidad eventos como la reforma de Córdoba (1918), los ciclos y localización de la expansión universitaria reciente -especialmente después de la segunda guerra mundial- y la cultura evaluativa institucional (a partir de 1961), potenciada a partir de la égida neoliberal (bibliometría, acreditación, rankings, modelo de movilidad académica-estudiantil y propósito del reconocimiento de títulos y estudios a escala internacional), el paradigma STEM, los acuerdos de Bolonia y los contornos que ha tomado la internacionalización universitaria.

Uno de los elementos centrales de las tensiones instaladas a partir de la tercera revolución industrial tiene que ver con el paradigma hegemónico para la construcción de conocimiento -disciplinar- y la necesidad que tiene el capitalismo de transformarlo, inicialmente en transdisciplinario y ahora en convergencia heurística. En el primero de los casos generó desde 1961 una fisura paradigmática que no fue -ni es- aprovechada por los sectores anticapitalistas críticos de la disciplinariedad para abrir paso a otra universidad posible, generándose una anomalía sin precedentes, propia de la existencia de una brecha epistémica:   si bien el capitalismo y el anticapitalismo critican el paradigma disciplinar, la escuela y universidad transdisciplinaria no ha nacido en el largo periodo de sesenta años que ha permanecido abierta esta grieta.

Parafraseando a Gramsci respecto al pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad (2011), diríamos que los sectores progresistas y anticapitalistas han contado con el optimismo desbordado de la voluntad para enfrentar las políticas del capital en torno a la educación superior en el marco de la tercera revolución industrial, pero ha fallado la fuerza del pesimismo del intelecto para comprender la dimensión de las tareas a acometer para enfrentarlo. Uno de las causas de este vacío se debe a la precaria vinculación analítica entre revoluciones industriales y políticas universitarias. Por eso, el esfuerzo para encontrar las claves interpretativas que contribuyan a salir del marasmo del intelecto, no puede ser confundido con desesperanza, todo lo contrario, es un triunfo de la voluntad consciente, un tributo a la utopía de otra universidad posible desde la fuerza de la deconstrucción de la dominación.

  • 3. Enfoque disciplinar: la nostalgia por lo que fue exitoso (primera y segunda revolución industrial)

Para el capitalismo industrial de las dos primeras revoluciones industriales, el conocimiento adquiere características de elemento dinamizador de las ganancias, especialmente cuando se relaciona con la innovación tecnológica a ser usada en la optimización de los tiempos y resultados de producción de mercancías, así como la extracción de plusvalor. En ese sentido, el capital procura la mejora, no la irrupción de un nuevo modelo productivo, y esta “optimización” fue vista en sus inicios, como un proceso que iba desde “las partes hacia el todo”. Los cambios bruscos convocaban a la prudencia, los progresivos se iban evaluando en su desempeño para evitar quiebres en las cadenas productivas.

En el marco de las dos primeras revoluciones industriales, cuando ocurrían “saltos” inusitados en el ritmo de la creatividad, esto demandaba la elaboración de prototipos y ensayos limitados, para que su implementación y efectos se pudieran escalar, a partir de la demostración de su eficacia en la mejoran de la producción. Solo entonces la innovación se podía generalizar. En consecuencia, era más confiable la mejora progresiva de las partes, para prevenir posibles daños en el todo.

La especialización disciplinar se convierte en el paradigma preferido del capital en el periodo de las dos primeras revoluciones industriales. La necesidad de incentivar la innovación y transferencia de la misma al modo de producción, puede ser explicada inicialmente por la cercanía con la ruptura del modelo feudal de acumulación, más tarde por la aspiración incesante de ampliar los márgenes de ganancia.

La especialización implica una visión maquinal de la innovación, en la cual hay que ver el objeto de estudio como un artefacto, al cual aproximarse delimitando un área de trabajo específica, en procura de mejorar la totalidad de su funcionamiento. En ese sentido, la división de campos de conocimiento como disciplinasresultó de especial utilidad.

Un tornillo rediseñado, elaborado con un material más liviano, pero doblemente resistente, podría prevenir los desajustes de la máquina. La tarea, como ejemplo, se le encarga por separado a disciplinas distintas para construirle viabilidad y confiabilidad a la mejora, disminuyendo el error de implementación a su mínima expresión, aunque el error experimental fuera inevitable. Para la localización de los nuevos materiales y sus procesos de extracción se comisiona a la geología, su combinación y aleaciones a la ingeniería química, la calidad requerida de los materiales a la ingeniería industrial, el rediseño de la máquina para el nuevo acople a la mecánica especializada, el ajuste de los procesos humanos de producción de mercancías a las ciencias del desarrollo organizacional y la sociología del trabajo. Se trataba a su vez del control de las partes fragmentadas, la compartimentación del ensamblaje de las mismas.

Cada disciplina fue construyendo su sello de identidad “corporativa” expresado en paradigmas teóricos, métodos, lenguajes y criterios de validación propios, que permitían además la acumulación sistemática y coherente de conocimientos.

Esta lógica también se extendió a la estructura social, con una epistemología maquinal de lo humano y las relaciones societales, profundizando el humanocentrismo que subordinaba la vida animal y la naturaleza, a la mejora de la maquinaria colectiva dividida en clases sociales.

Para conjurar el riesgo de crear una “torre de babel” en el campo de la innovación, se le construyó hegemonía académica a la normalización de un método de comunicación unificado para los procesos de investigación, experimentación y presentación de resultados, que es lo que hoy conocemos como método científico. Esto garantizaba la interoperabilidadde las innovaciones y la construcción de interfases entre las disciplinas.

Todo el mundo sabe hoy, que no se construye conocimiento siguiendo una receta mecánica, sino que la creatividad es un proceso caótico invadido por el error, en el cual el acierto es el nuevo incluido, dinámica a la que se le procura justificación teórica y procedimental, estableciendo protocolos para replicar los logros, aunque todo ello sea presentado a la inversa, como si la teoría conociera por anticipado los resultados de la experimentación o el análisis prospectivo a los hechos concretos de una coyuntura social específica.  Todo se invirtió, pero no era de buenos modales académicos alzar la voz al respecto. El método científico es más una ruta para la comunicación de resultados que para la creación disruptiva.

Además, en las dos primeras revoluciones los ciclos de innovación tenían particularidades que favorecían el enfoque disciplinar. La teoría de las ondas largas de la innovación (kondratieff, 1984) plantea una duración de 60-65 años del ciclo de cada una de las dos revoluciones industriales. Dentro de ellas, Carlota Pérez (2003) distingue el ciclo especulativo o de instalación de la innovación (20-30 años), y la fase de despliegue o estabilización (20-30 años), mientras que Joseph Schumpeter (1939) adiciona la idea de destrucción creativa que se refiere al periodo de obsolescencia y renovación tecnológica, que puede variar en cada caso. La tendencia en las dos primeras revoluciones industriales fue a la introducción progresiva de la innovación sustantiva que aparecía cada 15-20 años.

En ese sentido, el conocimientoque se aprendía en la universidad, podía ser usado por largos periodos en la sociedad y los sitios de trabajo, cuyo manejo prestigiaba, al gozar de permanencia y estabilidad en ciclos de 20 años cuando menos. Lo que aprendía un biólogo, físico, químico o profesor universitario, le resultaba útil por un periodo largo de tiempo, sin que ello perdiera el barniz de innovación y conocimiento de punta. Estos ritmos de permanencia se expresaron en protocolos y procesos institucionales.

Eso facilitó la adopción del diseño organizacional (estructura, funcionamiento, evaluación institucional) que hoy consideramos como propio e inamovible de las universidades, cuando en realidad existía una mayor variabilidad al respecto, antes del surgimiento del capitalismo industrial.  Las universidades naturalizaron el modelo de organización por facultades, escuelas, departamentos, centros de investigación, observatorios y líneas de investigación que favorecían el enfoque disciplinar de trabajo, construyendo una idea de tradición universitaria -haciendo analogía con las ideas de Hobsbawn,1983- que en realidad era un invento, para institucionalizar el paradigma disciplinar.

Este enfoque organizacional cuando había resultado útil en experiencias previas a la hegemonía alcanzada en el capitalismo de las dos primeras revoluciones industriales, se debía a que ocurría en universidades relativamente pequeñas, si consideramos los estándares actuales de número de estudiantes y profesores por IES. La masificación de las universidades y la matrícula universitaria, ocurrida en el marco del periodo liberal del capitalismo de las dos primeras revoluciones industriales, terminó calcificando el paradigma disciplinar como estructurante de la gestión institucional, haciendo impensable un modelo organizacional universitario distinto al de facultades, escuelas, departamentos, centros, observatorios y líneas de investigación. El adagio popular dice “si quieres crear un problema funda un departamento”.

En síntesis, las dos primeras revoluciones industriales, en el capitalismo tardío (Mandel,2023) y el desarrollo desigual y combinado (Novack,1965) de su implementación, no solo construyó hegemonía académica para el paradigma disciplinar en la construcción de conocimiento e innovación, sino que posibilitó la estructuración de un desarrollo organizacional universitario que hiciera posible su expansión en todas las esferas de las Instituciones de Educación Superior (IES). Esta estructura funcional se convertiría paradójicamente en el mayor obstáculo para poder cumplir con las demandas del capital, de renovación del paradigma de construcción de conocimiento en la tercera revolución industrial.

  • 4. Lo transdisciplinario: ¿mentirle al espejo? (tercera revolución industrial)

La llegada de la tercera revolución industrial (1961) complejizó el asunto, por cinco razones básicas. Primero, la incorporación de la programación virtual y la robótica a la producción industrial, hecho que implicaba una ampliación del paradigma mecánico newtoniano propio de las dos primeras revoluciones industriales; ello comportaba tensionar los límites de las viejas disciplinas e hibridar campos que habían permanecido estancos. La fusión entre robótica, programación, ingeniería de procesos, dinámicas de innovación y reordenamiento del know-how para la generación de mercancías exigía procesos cada vez más complejos de integración disciplinar. Por ejemplo, un video juego (mercancía) demanda el trabajo integrado de la psicología, programación, diseño gráfico, antropología, cálculo, ciencia de los algoritmos, legislación, administración, neurociencia, entre otros campos, no solo en su producción sino para impulsar las innovaciones que sustentan la acumulación de capital (ganancias).

Segundo, los ciclos de innovaciónal interior de cada revolución industrial comenzaron a acortar los tiempos de la espiral creativa, pasando de 20 a 15-10 años, luego a 6, y ahora se habla en muchos campos del conocimiento de giros de 1 a 3 años. La generación que hemos laborado los últimos cincuenta años en las universidades, hemos conocido la aceleración de la innovación de manera singular. Por ejemplo, en la presencia cada vez más efímera de algunos artefactos y su rápida obsolescencia: de las computadoras de escritorio con discos de memoria externos, con capacidad limitada, se pasó rápidamente de los disquetes de 8 pulgadas con capacidad de 80 KB (1971), a los de 5-1/2 con capacidad entre 110 KB y 1.2 MB (1976), hasta llegar a las memorias portátiles de varios TB y el almacenamiento en la nube, saltando del celular fijo al móvil analógico, y de éste al celular digital, los primeros dispositivos con mensajería de texto, las redes sociales hasta la Inteligencia Artificial generativa en dispositivos como Alexa.

Tercero, los modelos de gestión empresarial, implementados en las dos primeras revoluciones industriales (Taylorismo-Fayolismo, Fordismo) resultaban obsoletos para incorporar de manera expedita los productos de la inusitada aceleración de la innovación en la mejora continua de la producción de mercancías. Los modelos posfordistas comenzaron a expresar la pérdida de interés por las titulaciones y los enfoques disciplinares, porque las novedades en la tercera revolución industrial eran en buena medida el resultado de la integración de múltiples campos de estudio y para su implementación resultaban insuficientes las simples experticias disciplinares. Surge la necesidad de gestión transdiciplinaria del conocimiento, como se manifestó en la Conferencia Internacional sobre Crisis Mundial de la Educación (1967), donde el capitalismo hace pública y notoria la demanda de otra forma de construir saber, que trascienda los protocolos disciplinares.

La presión sobre la academia comenzó a hacerse cada vez más evidente, como lo demostró el Informe Faure (1973) generado por UNESCO, especialmente en su capítulo 2, dando inicio al drama cognitivo colectivo de los académicos, quienes deberían superar el enfoque disciplinar para la gestión de los procesos de generación de conocimiento e innovación; el problema era ahora ¿cómo hacerlo?  Las décadas de los setenta y ochenta marcaron la búsqueda de formas, maneras, caminos para lograrlo, pero todas las iniciativas reformadoras chocaban con las estructuras institucionales formalizadas para la gestión de la enseñanza y el aprendizaje. La UNESCO promovió el llamado pensamiento complejo (Morín,1990) para intentar destrancar el juego, pero cambiar la arquitectura funcional que hacía posible generar y reproducir conocimiento universitario disciplinar, implicaba afectar relaciones de poder internas y externas. La solución “salomónica” fue dejar el edificio organizacional prácticamente intacto -en algunos casos con cambio de denominaciones o adición de otras instancias- y asumir la transdisciplinariedad como “eje transversal” para la producción de conocimiento; denominación bonita, pero con serios problemas para su operabilidad concreta en la lógica que demandaba el modo de producción capitalista de la tercera revolución industrial. Muchos de los intelectuales progresistas y antisistema se entregaron a esta solución mágica, que terminó siendo una capitulación del pensamiento crítico, sin efectos prácticos posibles.

Paradójicamente, la izquierda educativa que propugnaba la superación de la perspectiva disciplinar, terminó prisionera del paradigma funcional universitario que le impedía construir una propuesta alternativa antisistema; las soluciones no procuraban escapar del influjo del modelo de facultades y escuelas disciplinares.

El neoliberalismo de los ochenta y noventa encontró una solución práctica para el atasco, privatizar la investigación universitaria y extraer una parte importante de los laboratorios y centros de investigación del ámbito universitario, pasándolos ahora a la tutela y financiamiento empresarial.  Más que la formación profesional, lo que le interesaba al capitalismo neoliberal era la aceleración de la innovación, el control de su transferencia y su implementación de la manera más eficiente bajo enfoques que trascendieran la disciplinariedad. Todo pareciera indicar, que en términos empíricos el capital desarrolló formas pragmáticas inter y multidisciplinarias para mantener la aceleración de la innovación y su transferencia a los circuitos de acumulación de ganancias.

Cuarto, la externalización de la innovación universitaria. En el proceso de intentar impulsar la transición del paradigma disciplinar al transdisciplinario, el capitalismo pareciera haber perdido la esperanza en la capacidad auto reformadora de la universidad. Aunque la mayoría de universidades iniciaron en los setenta y ochenta del siglo XX un proceso de actualización de su visión y misión, contemplando la transdisciplinariedad como paradigma emergente, la realidad fue que la distancia entre el decir y el hacer fue -y es- descomunal. No se puede pretender surcar los cielos con las “plumas y cera de abeja de Ícaro”, se requiere una infraestructura adecuada para ello, y el modelo organizacional universitario hegemonizado en las dos primeras revoluciones industriales (facultades, escuelas, departamentos, etc.) le imposibilitaba a la universidad escapar de la isla disciplinar de “Creta”. Mientras el “sol” de la aceleración de la innovación derretía las alas de Ícaro, haciendo evidente la falsación del cambio de paradigma, el “minotauro” capitalista optó por impulsar la externalización de las dinámicas que requería, dejando a la academia prisionera de la tentativa de Dédalo.  Esto ha hecho, por ejemplo, que la mayoría de avances en el área tecnológica y otros campos ocurran fuera de la universidad, lo que debería encender todas las alarmas académicas; por suerte no se trata de tierra arrasada, porque la universidad mantiene su capacidad de inventiva, lo que hay que recuperar es su potencia expansiva y contrahegemónica.

Quinto, las empresas del área tecnológica, que se convirtieron incluso en el gran boom de acumulación en la era de la financiarización de la economía, construyeron una nueva cultura para la creación y gestión de la innovación a partir de dinámicas inter, multi y transdisciplinarias. Más que la titulación, comenzaron a primar las habilidades y competencias para trabajar en equipos inter/multi/trans disciplinarios que construían dinámicas pragmáticas que potenciaban la generación de conocimiento que contribuyera a la aceleración de la innovación. Cuando había que fortalecer las capacidades de actuación bastaba la formación adelantada en espacios empresariales, lejos del ruido y los tumultos académicos. Por supuesto, que en todos los equipos había profesionales titulados, pero la preminencia de este criterio para la selección, comenzó a parecer sobrestimado. De la explosión del gerencialismo posfordista de los setenta, ochenta y noventa se pasó al declive de los gerentes como tribu especializada en la conducción, surgiendo una etapa en la cual los creadores y propietarios, no solo de las start-upsino de las grandes corporaciones, pasaron a ser sus propios gerentes. La tendencia fue que los CEOs-propietarios ahora lideraran los equipos creativos.

Desde el mundo empresarial la universidad adquirió una nueva centralidad en la reproducción del sistema, la difusión de novedades para la orientación del consumo (ganancia + renta), mediante las dinámicas inherentes a la cultura evaluativa neoliberal (bibliometría, acreditación, rankings, movilidad académica y reconocimiento de estudios). Este giro facilitaría la adopción de lo que hoy se promociona como la gran novedad para las instituciones de educación superior: las micro credenciales o la micro acreditación.

Al no lograr romper la universidad con el peso de la tradición inventada del paradigma disciplinar, se inicia un peligroso periodo de inestabilidad estructural de todo su aparato institucional. Incluso la Universidad Multidiversidad Mundo Real Edgar Morín, tan promocionada como génesis de nuevos arquetipos funcionales no logro trascender ni convertirse en un prototipo de la nueva universidad por surgir. En ese largo periodo de vaciamiento de la potencialidad reformadora universitaria (1961-2011), se evidencia una nueva vuelta de tuerca en las revoluciones industriales. La llegada de la cuarta revolución industrial encuentra a la universidad con saldo deudor (paradigma transdisciplinario) y ahora se le demanda un nuevo viraje paradigmático.

  • 5. La convergencia heurística: ¿si no hablamos de ello no ocurrirá? (transición a la Cuarta revolución industrial)

En el 2011 se anunció en Hanover Alemania el pronto desembarco de la cuarta revolución industrial (Schwab, 2016). El horizonte de cambio previsto contemplaba unos veinte años, es decir su pleno despliegue está previsto alrededor de 2030. No se trataba de un simple giro concéntrico, sino que ahora la espiral se distanciaba de la transdisciplinariedad para exigir nuevas formas de convergencia entre campos del conocimiento. Sus voceros -cuarta revolución industrial- hablaban de nuevas formas de pensamiento y generación de conocimiento requerido, pero no terminaban -ni lo hacen aún- de darle forma conceptual a ese requerimiento, comunicando solo sus expresiones operativas.

La academia, de manera temeraria pareciera haber dejado vacío e inerte el terreno de esta convocatoria a pensar un nuevo paradigma de conocimiento. Es como una pulsión colectiva de fuga, que pareciera expresar el síndrome cognitivo que, si no se habla de ello, el evento no ocurrirá. Como en el amor y la política -en este caso educativa- no existe espacio vacío y este suele ser llenado por otros actores, ideas y deseos. Son las bancas de desarrollo, el multilateralismo, las corporaciones tecnológicas y los consultores corporativos quienes comienzan a rasgar el velo de lo emergente. En ese sentido, invitamos a salir de la inercia y retomar la iniciativa.

Convergencia heurística

A partir del estudio de las demandas epistemológicas emergentes que acompañan a la cuarta revolución industrial, especialmente en lo relacionado a las dinámicas de aprendizaje en contextos de creciente aceleración de la innovación, hemos hecho una aproximación conceptual, en lo que hemos denominado como la convergencia heurística, paradigma emergente para la construcción de conocimiento en la transición a la cuarta revolución industrial.

Si bien, la convergencia heurísticano es un término normalizado, estandarizado ni incorporado aún al tesauro educativo, nos sirve para intentar expresar la demanda creciente de trascender los límites de la transdisciplinariedad. La convergencia heurística tiene dos componentes base, el primero la convergenciaque no es sumatoria sino integración y complementariedad según sea el caso; el segundo, la heurística entendida como estrategia de descubrimiento y construcción de sentido.

En consecuencia, la convergencia heurística puede interpretarse como un concepto emergente, asociado a la integración de diversas heurísticas -métodos o estrategias basadas en la experiencia o el razonamiento práctico- con el propósito de alcanzar una solución mucho más precisa, eficiente, robusta, ante problemas complejos derivados de la aceleración de la innovación. Aparece como un nuevo paradigma cognitivo, pedagógico y epistémico, que trasciende integrando, la disciplinariedad, multidisciplinariedad, interdisciplinariedad y transdisciplinariedad, para responder a las demandas de habilidades blandas, pensamiento crítico creativo y abordaje contingente de los problemas de la relación conocimiento-tecnología-producción.

La convergencia heurística conserva del paradigma disciplinar el rigor analítico y la profundidad metodológica, trascendiéndolo de su encierro epistemológico, su compartimentación del saber, conservando la coexistencia entre múltiples saberes propios de la multidisciplinariedad, expandiéndose más allá de sus límites al posibilitar el diálogo real entre saberes, manteniendo la articulación entre disciplinas propias de la interdisciplinariedad, superando la dependencia respecto a los marcos académicos formales; finalmente, está llamada a convocar y contener los saberes extra académicos que comportan la transdisciplinariedad.

El fundamento heurístico de la convergencia paradigmática, está lejos de entenderse como una fusión de partes, es más bien una integración dinámica y cambiante, que procura abordar la incertidumbre sin necesidad de certezas absolutas, facilita el establecimiento de múltiples entradas y puntos de contacto inter paradigmático, postula el aprendizaje desde el error, la experimentación, el diálogo y la intuición, favoreciendo procesos de pensamiento emergentes, propios de la activación delpensamiento lateral y divergente.

La convergencia heurísticapareciera ser un camino para el desarrollo de las llamadas habilidades blandas, al facilitar pensamiento crítico (funcional, pragmático, consensual a partir del contraste de diversas perspectivas), creatividad (conexión inusual de ideas), comunicación efectiva (traducción y mediación entre lenguajes disciplinares y experenciales), colaboración (negociar significados y metas), resolución de problemas complejos (abordar situaciones reales desde enfoques múltiples), adaptabilidad (aprender en entornos no lineales y cambiantes) y empatía(integrar saberes comunitarios). Su abordaje desde una perspectiva emancipadora procura ser antídoto al instrumentalismo del productivismo economicista.

En Inteligencia Artificial Generativa (IAG) se habla de algoritmos heurísticos(algoritmos genéticos[2], búsqueda tabú[3] o recocido simulado[4]) y metaheurísticas híbridas, reglas heurísticas para la toma de decisiones, verdad común (múltiples perspectivas agrupadas en torno a un consenso).

La cuestión central no consiste en esperar la definición del capital, sino en procurar su propia elaboración desde el campo alternativo, trascendiendo el carácter defensivo y reactivo. Estamos ante la inminente apertura de una nueva grieta paradigmática, que es urgente aprovechar. No podemos repetir la experiencia del pasado, donde no usamos la oportunidad para avanzar en el terreno de lo empírico, conceptual, operacional y la arquitectura organizacional. Tenemos un breve espacio para ello, pues la cuarta revolución industrial tiene formato de fábricas 4.0 y estas aún no han encendido el interruptor que marcará su inicio pleno. En la transición acelerada entre la tercera y cuarta revolución industrial, estamos obligados a pensar lo alternativo en clave de los de abajo.

Hablar del inicio de una quinta o sexta revolución industrial como si fuera un proceso que se está construyendo objetivamente en este momento, es una mirada tecnologicista y desconectada de la relación entre innovación y modo de producción (mercancías, ganancias, gobernabilidad, reproducción). La producción inmaterial aún es marginal, sus cadenas productivas aún estás estrechamente asociadas a la materialidad de la producción y los mecanismos para la generación de plusvalor adicional son en la mayoría de casos experimentales o inestables. Lo que asedia en el presente a la universidad es el inminente desembarco de la cuarta revolución industrial en la producción programada de mercancías y ganancias a escala global[5].

Lo abstracto y lo concreto

Hay demasiado ruido en el salón, lo cual dificulta identificar con nitidez los distintos tonos de muchos de los discursos que están apareciendo. Uno de los debates más interesantes es el que están librando sobre tecnofeudalismo como crítica de la economía digital, Cédric Duran (2025) y Evnegy Morozov (2025). Básicamente Durand plantea que la economía digital es una regresión al modo de acumulación previo al capitalismo, en el cual las ganancias de las grandes corporaciones tecnológicas está signada fundamentalmente por la extracción de la renta de los usuarios conectados y las pequeñas empresas del campo virtual, mientras que Morozov señala que las corporaciones digitales operan en la lógica del mercado capitalista, invirtiendo en innovación, compitiendo por mercados y obtenidos ganancias (no solo renta); Durand considera que los dueños de corporaciones actúan con la lógica terrateniente, copando territorios, y en vez de fomentar la innovación priorizan el control de datos y plataformas, generando una economía basada en la dependencia, mientras que Morozov responde que las empresas tecnológicas son actores capitalistas clásicos, como una evolución del capitalismo hacia la hiper concentración y financiarización, que tiene a la innovación como uno de sus componentes centrales, y no estamos ante una vuelta al pasado.

Este debate no es ajeno a las políticas universitarias en la transición a la cuarta revolución industrial. En la lógica de Morozov, para mantener el ritmo de la innovación, el capitalismo digital requiere crecientes volúmenes de inversión que están sobrepasando incluso la capacidad de la especulación financiera, razón por la cuál vuelve su mirada sobre los fondos públicos, especialmente los destinados al sector de educación. La virtualidad, los modelos híbridos de enseñanza y el metaverso se constituyen en mecanismos de captura de fondos públicos mediante la venta especulativa (valor inflado, ganancia especulativa) de servicios digitales-virtuales; esta voracidad por la captura de recursos para la inversión en innovación está creando un horizonte de riesgo para la educación presencial universitaria, la estabilidad docente y la vuelta al paradigma de instrucción (en este caso remota).

Desde nuestro punto de vista Morozov acierta al definir que los dueños de corporaciones no quieren tener ninguna relación de vasallaje que le signifique dependencia, sino que apuestan por la más feroz competitividad en la esfera social, a partir de lo cual ellos puedan poner en marcha la maquinaria de absorción de ganancia con parámetros que incluyen renta (datos).

En cualquiera de los casos, que tengan razón Durand o Morozov, lo que se deriva de la lectura de sus planteamientos es que se aproxima un tsunami sobre las instituciones que expresan las ideas liberales, progresistas y socialistas de progresividad de derechos, entre ellas las universidades y, desde mi punto de vista, la presencialidad es un obstáculo para los fines iliberales. Por ello, los modelos híbridos, tal y como se están estructurando de manera creciente en la cotidianidad universitaria, son una peligrosa concesión al capitalismo digital que coloca en riesgo la universidad que conocemos. Lo abstracto se muestra en lo concreto, los debates sobre la naturaleza actual del capitalismo en la superestructura tienen correlato en la estructura.

Este no es una abstracción academicista, que esté a la espera de la voluntad de cambio de la universidad. Todo lo contrario, se han puesto en marcha un conjunto de iniciativas cuya epistemología podría resumirse en la frase “la universidad se transforma de manera rápida o va a desaparecer por obsolescencia social”. Veamos algunas de estas propuestas que intentan hacer transferencia del plano económico-político al académico, las cuales se desarrollan en el plano superestructural, estructural y concreto: crisis universitaria, paradigma STEM y STEM+A, llamados a la reducción de las titulaciones, microcredenciales, Inteligencia Artificial Generativa para la superación de los estilos de pensamiento rutinarios, formación desde las empresas, giro de 180 grados en el desarrollo organizacional, desmantelamiento de los modelos fordistas de seguridad social. .

Lo estable y lo cambiante: la tecnología se innova día a día

Eric Sadín (2022) explica de manera lúcida el impacto de la aceleración de la innovación en su giro conminatorio de la técnica. Desde la pasión perturbadora de los humanos por crear dobles de sí mismos (IAG), pasando por la idea de tecnologías de la perfección, hasta aterrizar en las interfases ergonómicas (tecnología como prótesis humana) y llegar a externalizar el régimen de la verdad, todo procura integrar aceleración de la innovación con ganancia. Estaríamos entonces, entrando a una especie de psicoesfera (Berardi, 2022) de la época viral (lo digital transforma el entorno psíquico colectivo).

Esta transformación está diluyendo percepciones institucionales y culturales, proceso que ocurre de forma más nítida en las nuevas generaciones. La adaptación del mundo universitario al sistema, el acople perfecto a la cultura evaluativa neoliberal (bibliometría, acreditación, rankings, esquemas neoliberales de movilidad académica y protocolos de reconocimiento de títulos) está haciendo que lo académico pierda toda referencia épica ante los jóvenes, y se convierta exclusivamente en espacio de formación. Esta claudicación del mundo universitario respecto a la utopía, paradójicamente rompe los vínculos de afectividad con las nuevas generaciones -rebeldía encapsulada- y vacía la presencialidadcomo dimensión necesaria para hacer posibles los sueños intergeneracionales de cambio. Si la universidad es solo para formarse, entonces se pueden buscar otras alternativas como la virtualidad, piensan muchos jóvenes. Es decir, la universidad, producto del impacto de la cultura digital en el marco de la aceleración de la innovación está siendo asediada de manera liquidacionista por el corporativismo tecnológico y sectores de la población, que otrora le consideraban algo singular.  Por increíble que parezca, la lógica del mercado y las ganancias está empujando la universidad a la virtualidad con todas las consecuencias que ello trae.

Crisis de lo universitario para proveer, prever y actualizarse

El Informe Faure (1972/1973) fue la continuación discursiva de los debates de la Conferencia Internacional sobre la Crisis Mundial de la Educación Superior (1967). Al definir la problemática por la que atravesaban los sistemas escolares y universitarios, el informe Aprender a ser: el mundo de la educación hoy (1972) señala que han perdido su capacidad de anticipar el futuro, facilitar la información que requiere el presente en el marco de la aceleración de la innovación y tienen dificultades para socializar en tiempo prudencialmente rápido el conocimiento de punta.

Esta síntesis del Informe Faure, revisada cincuenta años después, expresa de manera contundente la lógica del capital sobre la noción de crisis educativa. Los informes “La Educación encierra un tesoro” (1996) de Delors, “Replantear la educación: ¿hacia un bien común mundial?” (2015), “Reimaginar juntos nuestros futuros. Un nuevo pacto social por la educación” (2022) expresan intentos por actualizar los elementos de la falta de sincronía en la esfera de la innovación, de la educación con el modo de producción capitalista.

Eso ha hecho, que no solo las empresas, sino incluso gobiernos poderosos como el de los Estados Unidos, hayan entrado en conflicto abierto con la UNESCO. La “razón política” de la administración Trump de retirarse del organismo multilateral (2025), es justificada con el argumento que no está en el interés nacional, especialmente porque su foco discurre en aspectos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), pero en realidad tiene que ver con los tiempos que requiere el multilateralismo para diseminar orientaciones estratégicas del centro capitalista, algo que ocurre más a los ritmos y velocidades de las dos primeras revoluciones industriales que a los que impone el presente de la financiarización globalizadora y el reposicionamiento imperial gringo. Esto se complementa con sus políticas sobre el sector universitario local, lo que refiere a una política estructural orientada a repensar el rol de la formación profesional en la economía.  Este “cisma” debería ser una campanada de alerta, superando la lectura superficial que lo presenta como tremendismos trumpianos.

Síntesis paradigmática: STEM – STEM+A

El paradigma STEM se fue construyendo en los Estados Unidos, en el marco de la disputa de la guerra fría, especialmente en la década de los sesenta cuando se hace evidente el impacto de la tercera revolución industrial en el modo de producción capitalista. Pero sería en la década de 1990 del siglo XX, cuando la National Science Foundation (NSF) acuña el acrónimo STEM como nuevo paradigma formativo, que procura focalizar el trabajo de los sistemas escolares y las IES en la potenciación de la aceleración y diseminación de la innovación científico tecnológica, asociada a la generación de plusvalor y ganancias. Luego vendría el STEM+A que incorpora las artes (diseño) como complemento.

El STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) como prioridades educativas, resume las nuevas demandas del capital en materia económica y tecnológica(informática, inteligencia artificial, biotecnología, entre otras), las crecientes competitividades internacionales (EEUU, China, Sudeste Asiático, Unión Europea),así como las brechas de habilidades para el empleo (especialmente en áreas técnicas), el emerger del paradigma transdisciplinar como requerimiento para la producción de conocimiento y tecnología que muta progresivamente a la convergencia heurística (integrando ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), el reposicionamiento del pensamiento crítico (orientado a la aplicabilidad) y los enfoques pragmáticos en la relación con las ciencias sociales(interoperabilidad, gobernabilidad, reingeniería social).

Al impular la formación en las llamadas habilidades del siglo XXI, la promoción de la innovación tecnológica, el rediseño de la formación laboral, la renovación del interés por la ciencia “útil” para el modo de producción y el fomento de nuevas relaciones sociales a partir de la introducción de los temas de inclusión, ello tiene una expresión concreta en las políticas para el sector universitario. Inicialmente esto se expresó en las reformas curriculares (90s y siglo XXI), el financiamiento de agendas de investigación centradas en el STEM (especialmente a través de los órganos nacionales de Ciencia), potenciando la internacionalización de las instituciones de educación superior (mediante la bibliometría, acreditación, rankings, nuevos modelos de movilidad académica y reconocimiento de estudios) pero luego ha ido tomando forma con los mecanismos externalizados de micro aprendizaje y micro acreditación. Todo esto potenciado con el renovado ímpetu del espíritu competitivo intra e interinstitucional que fue alineando las políticas universitarias a escala global.

El STEM se mide con indicadores de calidad, impacto, pertinencia, innovación y eficiencia, empalmando con las orientaciones de la cultura evaluativa neoliberal.

Obsolescencia de las titulaciones: ¿escenarios de reducción de número de profesiones?

El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) viene insistiendo en sus Future of Jobs Report sobre la obsolescencia de las titulaciones (proyecta que el 39% de las habilidades actuales quedaran obsoletas para 2030), la necesidad de reforzar el enfoque de competencias en permanente actualización, ir más allá de la transdisciplinariedad como paradigma para el aprendizaje, la producción de conocimiento y la generación de tecnología, así como un nuevo modelo de colaboración público-privado (currículos asociados a requerimientos del mercado, racionalización de las titulaciones ofrecidas).

En el caso de las competencias el WEF postula que se sustituyan los títulos específicos por sistemas de formación fundamentados en las micro credenciales, la recapacitación (reskilling) y la mejora de habilidades (upskilling), procurando la adaptación continua de la fuerza laboral, sin que tenga que pasar por largos procesos de titulación, que además implican importantes erogaciones de presupuesto público.

Esto implica una crítica frontal a tres aspectos: a) el modelo disciplinar que no ha logrado ser cambiado en casi sesenta años (1967-2025) de intentos desde el sistema, b) los problemas derivados de estructuras funcionales petrificadas para la formación profesional (facultades, escuelas, departamentos), c) la lentitud con la cual las universidades incorporar paradigmas nuevos, algo que pretende ser ocultado con la circulación de información novedosa. El capital promueve un modelo ecléctico profesional, algo que resulta muy difícil de lograr con los actuales paradigmas formativos del mundo universitario.

La pregunta es ¿este espíritu conservador de la universidad contribuye a la transformación social?  La respuesta tiene que ser ambigua, porque si bien lo que ocurre es una forma de resistencia a la hegemonía del economicismo empresarial en las IES, proceso en el cual los hijos de la clase trabajadora y sectores populares aún tienen la posibilidad de asistir a la universidad pública, también es cierto que ese mismo espíritu conservador cada vez contribuye de manera más precaria a los proyectos emancipatorios.

Modelo de movilidad académica y estudiantil

La internacionalización universitaria como constante en la historia de Latinoamérica y el Caribe (Bonilla-Molina; Goes y otros; 2025), ha contado con la movilidad académica y estudiantil como una dinámica que le ha sido propia. Sin embargo, al llegar la globalización neoliberal este proceso se reconfigura y amplia, entre otras razones debido a:

  1. La necesidad que tiene el capitalismo de desterritorializar la formación profesional, en un contexto de aceleración inusitada de la innovación, para intentar trascender el proceso de atasco catastrófico entre las necesidades del modo de producción en general y la formación para la innovación que discurre en las universidades, las ideas de cambio que proponía el sistema y la solidificación de las estructuras organizacionales convocadas a hacerlo, la urgencia de los requerimientos empresariales y la lentitud de los cambios institucionales. Los flujos externos, podrían ser un catalizador de la flexibilización institucional;
  2. El escalamiento de la movilidad académica, sin precedentes de fomento institucional activo respecto a periodos anteriores, apuntaba -y lo sigue haciendo- a procurar una formación menos disciplinar, mucho más multi e interdisciplinaria, que posibilitara pensar y construir nuevos protocolos que abrieran paso a desarrollos organizacionales post disciplinares. La movilidad académica se asume como catalizador de la interdisciplinariedad en la transición a la convergencia heurística;
  3. Romper con el paradigma disciplinar no era solo un cambio de método, sino una ruptura epistémica, algo que podía ser facilitado y hacerse permeable mediante los encuentros multiculturales. Además, la idea de esta mudanza paradigmática ocurría en la lógica centro periferia, inicialmente al interior de los Estados Unidos, la propia Unión Europea y, luego desde los países de ingreso alto como polos de atracción para los estudiantes de naciones de ingresos medio y bajo;
  4. El enfoque de empleabilidad y competitividad que promueve el neoliberalismo a través de la cultura evaluativa institucional. Así, la movilidad académica se expresa e impacta a los restantes componentes de la medición y jerarquización que da identidad a la etapa de la internacionalización: acreditación, bibliometría, rankings y reconocimiento de estudios;
  5. Usando el desarrollo tecnológico, se amplia el impacto mediante la combinación de modelos de movilidad académica presencial, híbrida y virtual, en estos últimos casos fue posible escalar las experiencias a partir de la pandemia del COVID-19. Se diversifica y amplia la movilidad;
  6. Se instaura otro modelo de fragmentación y modularidad que procura abrirle paso a la convergencia heurística, algo que se expresaría luego en las micro credenciales y los micro aprendizajes, instrumentos normativos (Convenio de Lisboa -1997; Proceso de Bolonia -1999; Erasmus+ -2014- Recomendación del Consejo de la UE sobre micro credenciales -2022-; Europass y EUDIW), instrumentos evaluativos(Estándares y directrices para la garantía de calidad -ESG 2015-; Evaluación basada en los resultados de aprendizaje; Rankings y Métricas; Verificación Digital -European Digital Identity Wallet – EUDIW);

En síntesis, el modelo de movilidad académica hegemónico en la actualidad, forma parte de las iniciativas para producir un quiebre paradigmático en la universidad, aunque la institución siga pensando que eso se inscribe en el prestigio histórico de la formación profesional.

Proceso de Bolonia

El llamado Proceso de Bolonia (1999) ha sido un esfuerzo por crear y fortalecer el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), como práctica a escalar a nivel planetario. Sus antecedentes fueron la Declaración de la Sorbona[6] (1998), el Programa Erasmus[7](1987), el Sistema Europeo de Transferencia de Créditos -ECTS- (1989), las exigencias de la globalización neoliberal y la mundialización cultural capitalista.  En especial, la Declaración de la Sorbona sirvió de inspiración para la creación de los Estándares y Directrices para la Garantía de Calidad (ESCG), el Suplemento al Título universitario, la tendencia a la estandarización de los créditos por ciclos de formación profesional (pregrado, maestría, doctorado), y la micro acreditación.

El Proceso de Bolonia será muy importante para imponer el modelo de movilidad académica (docente, estudiantil y otros sectores) que se viene convirtiendo en central dentro de la cultura evaluativa neoliberal. Es a partir de Bolonia que la movilidad académica logra construir el performance y características que le permitan acoplarse con la acreditación universitaria, los rankings, la bibliometría y los estándares para el reconocimiento de estudios y títulos profesionales.

El mejoramiento de la empleabilidad es uno de los motivos centrales de este proceso, procurando alinear la educación superior a los requerimientos del mercado laboral.  El mayor desafío en este sentido es romper con la matriz disciplinar, algo que corre el riesgo de desdibujarse en la maraña procedimental.

En este sentido, el Proceso de Bolonia asume también el enfoque de mercado educativo, procurando captar la demanda de formación de los estudiantes de Asia, Estados Unidos y Latinoamérica. Esto implica convertir al EEES en un lugar atractivo para aprender y titularse en un contexto de aceleración de la innovación, las demandas de ruptura con la matriz disciplinar y la hegemonía del paradigma STEM. Por ello, el proceso de Bolonia va de la superestructura del sistema educativo a la estructura universitaria, construyendo consensos “por arriba” que se legitiman “por abajo” en la esfera operacional.  En ese sentido, la competitividad adquiere los contornos de las demandas empresariales y las herramientas de la cultura evaluativa neoliberal.

El alcance del Proceso de Bolonia involucra a más de 4.000 instituciones de educación superior, llegando a más de 38 millones de estudiantes de manera directa, pero marcando el horizonte de las reformas del sector a escala global, mediante el impulso de un sistema comparable de títulos, la adopción del Sistema Europeo de Transferencia y Acumulación de Créditos (ECTS), acuerdos de movilidad estudiantil que involucran cada vez a más instituciones de educación superior (IES) y  el reconocimiento de cualificaciones.

Su implementación ocurre mediante Conferencias Ministeriales (cada 2 a 3 años), herramientas comunes para el EEES (ECTS, Suplemento al Título, Marco de Cualificaciones QF-EHEA, Estándares de Calidad para Instituciones), Programas de financiación, especialmente para la movilidad académica y proyectos específicos como MICROBOL, CertiDigital y DC4EU. En la actualidad, el foco central de atención del Proceso de Bolonia lo constituyen la Digitalización y las micro credenciales, el fortalecimiento de las dinámicas asociadas y el apoyo a proyectos emergentes como el Plan Microcreds (que involucró a 41 universidades participando en 2024).

A partir de las crisis migratorias y las humanitarias por guerras, el Proceso de Bolonia ha desarrollado acuerdos e instrumentos normativos como la Comunicación de Tirana(2024), para favorecer la movilidad de personas con discapacidades o de entornos desfavorecidos, que ha implicado una nueva mirada sobre el tema de refugio, asociado a la captación de talento humano en situaciones de precariedad de trabajo y vida.

El Convenio de Lisboa (1997/1999) ha facilitado avanzar en procesos de reconocimiento de títulos y micro credenciales en el EEES. La salida del Reino Unido (Brexit) no ha significado hasta ahora una ruptura con el Proceso de Bolonia.

El Proceso de Bolonia no puede ser visto como un caso aislado o singular, sino como parte del rompecabezas sistémico para superar la brecha epistémica entre producción de conocimiento e innovación universitaria y modo de producción.

Micro aprendizajes, micro acreditación y micro credenciales

Las micro credenciales se han puesto de moda en los últimos años, pero la mirada fragmentada y super especializada, propia del paradigma disciplinar, limita las posibilidades de comprenderla en el marco de una estrategia integrada de reorientación de la formación profesional y laboral en la transición a la cuarta revolución industrial.

Las micro credenciales, micro acreditación y micro aprendizajes son las denominaciones que se han adoptado, normalizado y se procura estandarizar para los procesos de certificaciones digitales asociados a la validación de conocimientos, competencias formativas, habilidades adquiridas a través de experiencias delimitadas por su utilidad pragmática, que se realizan en el ámbito académico, empresarial o extra institucional.

Uno de los procesos más acabados en esta orientación es el Sistema Europeo de Transferencia de Créditos (ECTS), que se constituye a partir del reconocimiento de un determinado número de horas de trabajo[8], como crédito educativo. El ECTS creado en 1989 -en plena égida del neoliberalismo- ha sido parte del Programa Erasmus de la Unión Europea (UE) para fortalecer el modelo de movilidad estudiantil en esa región. El propósito construir mecanismos flexibles de reconocimiento formativo, debido a la rigidez y lentitud de algunos sistemas escolares y subsistemas universitarios para producir las transformaciones que requería el modo de producción en el marco de la aceleración de la innovación, propia de la tercera revolución industrial en el periodo 1971-2025.

El ECTS establece parámetros de medición, comparación y reconocimiento del trabajo académico inter y extra universitario. En el marco del Proceso de Bolonia (1999) evolucionaría a un sistema de acumulación y transferencia integrado, que sería la base para el impulso de la externalización radical de la formación profesional (2021). Los resultados de los procesos formativos bajo este esquema, que en promedio ponderan un crédito en 25-30 horas de trabajo, son medibles y alineados con los parámetros del Marco Europeo de Cualificaciones (EQF).

Todas las directrices del proceso están contenidas en la Guía ECTS[9], el Course Catalogue[10], Learning Agreement[11], Diploma Supplement[12] y el Transcript of Records[13]. Uno de los propósitos no declarados del sistema es ampliar la base disciplinar de la formación, abriéndose a modelos inter, multi, transdisciplinarios y de convergencia heurística, aspecto que tanto ha costado desarrollar en cada universidad, entre otros elementos por el peso de la falsa tradición académica, las relaciones de poder y la microfísica para la construcción de conocimiento heredada de las dos primeras revoluciones industriales.

Entre 2020-2022 se adelantó el proyecto de Micro-credentials linked to the Bologna Key Commitments (MICROBOL), con financiamiento de Erasmus+KA3 para mejorar la precisión de las herramientas del Proceso de Bolonia, a partir del cual se evaluó el sistema ECTS, los Marcos de Cualificaciones (QF-EHEA[14] y EQF) y los Mecanismos de Garantía de Calidad (ESG), concluyendo la necesidad de mayor flexibilización, especialmente para incluir aprendizajes no formales.

El ECTS tiene un gran alcance geográfico, especialmente en los 48 países que forman parte del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), así como otros de Asia, Turquía, Latinoamérica, entre otros, y organismos como UNESCO. Es aplicado a la formación profesional (pregrado), maestría y doctorados, así como programas completos y modulares de micro aprendizaje.  Desde 2025, CertiDigital[15] y DC4EU[16] facilitan certificaciones digitales de ECTS.

Como todo proceso en la lógica del capital que tiende a la homogenización internacional, la European University Association (EUA) y el Grupo[17] Crue[18]-RUEPEP[19] de España están avanzando en la normatividad para la estandarización de los procesos de micro acreditación, algo que facilitaría su expansión y consolidación en Latinoamérica (expansión neocolonial de centro a la periferia).

El Instituto para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) de la UNESCO se ha convertido en uno de los principales promotores de los micro aprendizajes y la micro acreditación, como parte de los énfasis de coyuntura del organismo multilateral.

En la perspectiva de la convergencia heurística para la construcción de conocimiento, la micro acreditación se alinea en la medida que:

  1. Rompe los esquemas de autonomía universitaria que partían del paradigma de cambio formulado desde adentro. Es decir, externalizan los procesos de toma de decisión, revestidos de aparente autonomía del sector universitario, cuando en realidad su lugar de enunciación es el campo de la economía, producción y generación de ganancias, en las dinámicas de transición de la tercera a la cuarta revolución industrial;
  2. Avanzan en la transferencia político-económica como transferencia educativa, legitimando la trasnacionalización del cambio educativo;
  3. Evitan la conflictividad institucional, al crear una cultura de la inevitabilidad de la alienación debido al peso de la innovación;
  4. Abren marcos institucionales distintos que orienten el aprendizaje y el reconocimiento de los mismos, superando las trabas burocráticas institucionales de los modelos organizacionales basados en facultades, escuelas, departamentos, propios del paradigma disciplinar para la construcción de conocimiento. Emerge una nueva institucionalidad supranacional que trasciende los organigramas instituidos, con marcos que permiten evolucionar a partir de la inter, multi y transdisciplinariedad;
  5. Posibilitan el ensamblaje de experiencias de aprendizaje que diluyen las barreras de los campos disciplinares, lo cual posibilita la reingeniería curricular desconcentrada, propia del paradigma de la convergencia heurística;

Sin embargo, el riesgo es que:

  1. Al ser quienes lo implementan, profesionales formados por el paradigma disciplinar, está dinámica termine estancando su propósito de trascenderlo;
  2. La externalización del lugar de enunciación de la micro acreditación facilita el giro hacia el modelo de empleabilidad empresarial y sus lógicas corporativas de financiamiento, lo cual hace que cada vez más se materialicen procesos de homogenización al paradigma STEM, pérdida creciente de real libertad y autonomía académica, parámetros de validación que tiendan al productivismo, competencia y jerarquización;
  3. El pensamiento crítico se reconfigure como elemento de funcionalidad, es decir para la operabilidad de la formación recibida;
  4. Al ser precaria o nula la participación de las organizaciones docentes de base, los sindicatos y gremios de trabajadores de la educación, las organizaciones estudiantes y el movimiento social pedagógico, en los procesos de construcción de propuestas -porque se les convoca en algunos casos a legitimarlas- esto puede terminar aumentando la distancia de la universidad con los requerimientos ciudadanos que exceden la empleabilidad;

Empleabilidad como apellido del derecho humano a la educación

En la tercera Conferencia Mundial de Educación Superior (CMES,2022) se terminó de legitimar el complemento restrictivo para el derecho a la educación. El movimiento social pedagógico internacional había logrado posicionar el paradigma del derecho humano a la educación a lo largo de la vida, que comportaba la exigencia a los estados nacionales de garantizar el acceso oportuno a sistemas escolares y universitario. Esto implicaba, acceso a cualquier edad -aunque existieran modalidades para ello- independientemente del origen social, creencia religiosa o política, color de piel e incluso si era nacional, migrante o refugiado. La educación era desde estos principios una herramienta para la construcción de ciudadanía crítica en cualquier momento de la vida.

En la CMES 2022 se habló del derecho humano a la educación a lo largo de la vida para la empleabilidad, abriéndose peligrosamente a la razón económica. La expresión última de esta variante sería que se te garantiza el derecho a educarte siempre y cuando compruebes que lo aprendido te va a servir para acceder a un lugar de trabajo. Esta perspectiva es la que subyace en iniciativas como la que realiza Google y que ya comienzan a plantearse Meta y otras empresas. La forma como construye hegemonía este camino de espinas sin rosas, es la micro acreditación.

La forma como la racionalidad economicista toma cuerpo en el derecho a la educación tiene su expresión máxima en las exigencias del Contralor General de la República de Panamá (2025), al plantearle a la Universidad de Panamá (UP) revisar – ¿o excluir? – los casos de los estudiantes mayores de 30 años que cursan estudios en esta institución, porque ello -a juicio del contralor- constituyen despilfarro de recursos públicos o una muestra de uso ineficiente para la empleabilidad. Claro ello ocurre en el marco de un conflicto social generalizado, en el cuál los estudiantes universitarios tuvieron un protagonismo especial en la defensa de la soberanía y defensa de los regímenes solidarios de seguridad social.

A veces, los agregados limitan y no amplían derechos, eso lo deberíamos tener claro a la hora de las disputas desde una perspectiva de los excluidos, pobres y las clases subalternas. El derecho humano a la educación debe ser a lo largo de la vida para la ciudadanía integral crítica.

Formación para la empleabilidad en las propias empresas

Las dificultades para iniciar una transición sostenida del paradigma disciplinar al transdisciplinario, y ahora a la convergencia heurística, está haciendo que se multipliquen las iniciativas de formación corporativa de la fuerza laboral.

En el año 2008 se crea La Universidad de la Singularidad (SU, por sus siglas en inglés). No es una universidad formalmente establecida, porque asume una estructura funcional distinta a las IES clásicas, hecho que seguramente no le permitiría su acreditación formal. Tiene un diseño organizacional de centro de investigación que complementa con formación.

Creada por Ray Kurzweil -el gurú del transhumanismo y director de ingeniería de Google- y Peter Diamandis, su actividad central no está orientada al gran público sino a los decisores nacionales e internacionales. Parten de la premisa que uno de los problemas que impidió evolucionar del paradigma disciplinar al transdisciplinario, transformar el organigrama centrado en facultades y la cultura de compartimentación de saberes, se debió a la incapacidad que había tenido el liderazgo para comprender las dimensiones, alcance y sentido del cambio propuesto. Al evidenciar que el giro de la cuarta revolución industrial va a ser mucho más drástico, enfatizan en la formación de alto nivel. Sus estudiantes son candidatos a ministros, directores de departamentos, jefes de organizaciones políticas, tecno-políticos en general. En la actualidad su actividad abarca más de 70 países.

Los antecedentes que llevaron a justificar la creación de la Universidad de la Singularidad son el cambio tecnológico exponencial (tasas de aceleración que desafían los marcos universitarios), la necesidad de liderazgo adaptativo (brecha entre líderes lentos formados en paradigmas disciplinares versus pensamiento disruptivo, ágil y colaborativo), inspiración en la singularidad tecnológica(punto de transformación del concepto humano) y modelo Silicon Valley (emprendimiento innovación rápida, impacto global, ruptura de estructuras educativas rígidas).

En consecuencia, procuran educare inspirar a líderes, emprendedores y organizaciones, abordar desafíos globales, fomentar ecosistemas colaborativos y sustituir los arquetipos disciplinares para la generación de innovación. En su visión del trabajo creativo, de enseñanza y aprendizaje, postulan una matriz transdisciplinaria y convergente, sistémica y heurística para la construcción de conocimiento asociado a la creación.

Es decir, Singularity University (SU) es un proyecto del capital para garantizar una adecuada, oportuna y eficiente gestión del cambio en general y universitario en particular. Esto se complementa con otras iniciativas de formación empresarial de la fuerza de trabajo de base.

El 17 de julio de 2025 la revista Forbes publicó un trabajo de Jason Wingard sobre la promesa de Google de crear una fuerza laboral de educación superior. En este artículo señala que “las grandes tecnológicas no están esperando a la educación superior: la están remplazando”. Solo dos días antes Google había anunciado la iniciativa en el marco de la Cumbre de Energía e Innovación de Pensilvania, con el lema “AI Works for América”, la cual tiene previsto desarrollarse en los cincuenta estados de la unión.  El autor se pregunta ¿qué sucede cuando empresas como Google dejan de publicar anuncios de empleo y comienzan a construir su propia fuerza laboral desde cero?

Unos años atrás, el Ex – CEO de Google Eric Schmidt publicaba su libro “Cómo trabaja Google” (2015), en el cual destaca como puntos claves la cultura de la innovación, la contratación estratégica de talento excepcional(habilidades técnicas, creatividad y alineación cultural con la empresa), toma de decisiones basadas en datos, estructura organizativa flexible, visión a largo plazo, para lo cual han establecido una gestión colegiada mediante un triunvirato conformado por los fundadores de Google Sergey Brin, Larry Page y el propio Eric Schmidt. En su libro destaca, las dificultades crecientes que tenía la empresa para ubicar profesionales con capacidad adaptativa, creativa y que acompañara la evolución interna. La clave para Schmidt es la cultura de la innovación, algo que cada vez ve más distante en la formación universitaria clásica y se vincula a lo que hemos denominado como convergencia heurística.

Desde esta visión corporativa, para Schmidt existe un desajuste entre la educación universitaria y las demandas del mercado, producto de las dificultades que tiene los egresados para desarrollar aprendizaje continuo y flexible, especialmente por el impacto de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en la educación, elementos que conflictúan con los esquemas de meritocracia y evaluación basada en resultados que implementan las empresas tecnológicas. Se podría contrargumentar que la universidad tiene una función social y su tarea no es complacer al sector empresarial de la innovación, lo cual es una verdad a medias, porque quienes dicen eso suelen suscribir los acuerdos de los gobiernos para colocar la empleabilidad como eje central de las instituciones de educación superior. Más aún, si revisamos la estructura curricular de la mayoría de carreras profesionales, a pesar que existen principios de responsabilidad y compromiso social, el eje lo tiene la formación para el empleo.

Se necesita romper con cierta hipocresía conceptual que usa lo social cuando se quiere parecer progresista, mientras se avanza en la transformación de la extensión como una ventana para la obtención de financiamiento mediante la venta de servicios, dejando cada vez a un lado la energía y focalización que requiere la transformación social. Como lo señalamos, elementos de la cultura evaluativa neoliberal (bibliometría, acreditación, ranking, modelo de movilidad académica y políticas de reconocimiento de título) cada vez producen una alineación mayor de las instituciones de educación superior con las demandas del mercado y no de la ciudadanía. Claro que existen resistencias, voces de denuncias, hitos significativos de protestas ante esta dinámica, pero no se ha logrado revertir la tendencia.

Wingard (2025) afirma que Google procura darles a sus estudiantes una oportunidad real de empleo y desarrollo profesional, algo que hoy no ofrecen los sistemas universitarios, precisando que “no es altruismo, es dominio del mercado”. La posición de este analista resume la lógica de una parte importante de la dirección empresarial del presente, especialmente del campo tecnológico.

La formación profesional que hoy se desarrolla desde las universidades, formalmente está pensada para la empleabilidad, pero en realidad lo hace desde los principios, esquemas y estereotipos de las dos primeras revoluciones industriales, la administración pública y el diseño de puestos de trabajo gubernamentales, lo cual no es equivocado per se. El problema es que -en los últimos dos casos- el eje de las reformas estatales que impulsó desde los ochenta del siglo XX el neoliberalismo, propició el achicamiento del Estado, poniendo de relieve la potencialidad del emprendimiento y la autogestión de la vida, así como el carácter dinámico y cambiante de los puestos de trabajo en el sector privado de la economía. Las tensiones que esto generó condujeron a un esquema de adaptabilidad de las IES, procurando conseguir un punto intermedio, entre los requerimientos de los sectores público, privado y la ultra flexibilización del emprendimiento; el resultado un híbrido que no complace a casi nadie.

Además, a pesar de la moda de formación gerencialista en las universidades que conocimos en los 70s. 80s y 90s, en las últimas dos décadas el manejo de datos, la inteligencia artificial generativa y los modelos de gestión abierta han operado un cambio sustantivo en la noción clásica de gestión, algo que pareciera no haber tomado debida nota la universidad.

Lo que hoy vemos, expresado en la iniciativa de Google en Pittsburg, pareciera ser es un movimiento que tiende a expandirse, abriendo de manera nítida una nueva fase escalada de la formación profesional en las propias empresas.  Si solo fueran un grupo atolondrado de CEOs corporativos quienes estuvieran impulsando este movimiento, quizá no tendríamos tanto de que preocuparnos. Pero este es un discurso que ha permeado a instancias como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), como se evidencia en la entrevista que Juan David Olmos le hiciera a la especialista en educación de ese organismo Mercedes Mateo (2019), que encabeza con la frase “el diploma universitario se está quedando obsoleto”. Señala Mateo que a diferencia del pasado cuando la estabilidad en un puesto de trabajo era parte de la cultura laboral, hoy un egresado universitario puede tener un promedio de “15 empleos distintos en su vida … eso quiere decir que cada tres o cuatro años, más o menos debe inventarse, actualizar sus competencias y adaptarse a las exigencias de un mundo cambiante” (Revista semana, 4 de julio de 2019). Agrega que las competencias blandas son requeridas y que la formación en ese sentido es precaria, citando el Informe de Manpower Group de ese año que indicaba que el 50% de las empresas no encuentran el personal que requieren, a pesar de contar con profesionales que si deberían poseerlas.

Las ideas de Mateo sugieren varias cosas. Primero, la disposición de las grandes empresas de asumir el diseño y los costes de la formación en competencias y habilidades que las universidades no enseñan, lo cual auspicia la tentación empresarial de tomar las riendas de la formación profesional y calificada que requieren. Segundo, la demanda de competencias y habilidades es cambiante, lo cual implica el rediseño de la formación continua y la puesta en marcha de procesos de validación de títulos cada 3 a 6 años; esta actualización ha pretendido ser impulsada en las IES con el formato de la Bibliometría, pero como lo comentamos en el artículo anterior eso no se ha logrado. Tercero, en la transición entre el modelo profesional actual a cargo del sector universitario hacia el autogestionado por las empresas, la micro acreditación y las micro credenciales aparecen como la interfase, que puede lograr no solo pivotear el problema sino hacer traspaso del lugar de ejecución de la formación para el empleo.  Cuarto, el impacto político y social de esto es tremendo, por lo cual se requiere el emerger de nuevos actores políticos que lo pongan en marcha, es decir una ola neoconservadora, iliberal que disipe cualquier rasgo en el ADN social asociado al Estado de Bienestar Keynesiano. Eso lo encarna el auge de la ultraderecha, con gobiernos como el de Milei y Trump que disuelven y reconfiguran el ministerio de educación o el departamento de Educación, rompiendo con más de 100 años desde que comenzaron a constituirse y expandirse en la región, como expresión -en distintas medidas y con desarrollos desiguales- del derecho humano a la educación. Los ataques de Milei y Trump a las universidades, no son desafueros personales sino parte de una política estructural de desmantelamiento de los sistemas escolares y universitarios, como lugar de enunciación de la formación profesional.  Quinto, el rol de la universidad está siendo transformado de lugar para la docencia, investigación y universidad a sitio para la validación de los micro aprendizajes obtenidos fuera de su esfera; no es lo mismo acreditar aquello que ha sido parte de la formación que otorgar micro credenciales a procesos que incluso no se realizan en universidades; aunque hoy el porcentaje de micro créditos es bajo, se corre el riesgo de ir ampliándose la banda. Sexto, todo esto requiere una externalización de los mecanismos de validación de la micro acreditación, haciéndolos parecer universitarios, cuando en realidad están localizados fuera de su esfera.

Esta lógica, que se presenta como requerimiento sectorial, tiende a transformar la ontología y epistemología universitaria, abriendo paso a nuevos paradigmas de la formación profesional que pueden cambiar radicalmente lo que hoy conocemos como universidad.

Renovación del desarrollo organizacional y un nuevo know-how para la empleabilidad

En 1961 el reconocimiento social del docente era superior al actual, aunque los salarios siempre hayan sido bajos para la digna tarea que desempeña. En estas seis últimas décadas se han agregado asignaturas, eliminado o fusionadas otras, pasando de la pizarra para trabajar con tiza, a la acrílica con marcadores, las proyecciones dinámicas y ahora las aplicaciones con inteligencia artificial. El timbre escolar sigue sonando con el mismo tono y los uniformes escolares no han cambiado mucho, los bloques horarios no se diferencian mucho a los del pasado e inexplicablemente sigue existiendo la comisión de disciplina. Ingresé a la educación primaria en 1967 y el organigrama institucional colgado en la ofician del director sigue siendo el mismo, aunque desde ese momento a la actualidad, varios de ellos han fallecido después de ocupar el cargo. Las materias se organizan y se facilitan por disciplinas, la lámina del sistema solar no se enteró del periodo en el cuál Plutón fue degradado a planetoide, los libros de texto hablan poco del fitoplancton dejándole toda la tarea de preservar el oxígeno a las plantas.

En la década de los ochenta ingresé a la universidad formadora de docentes, donde el paradigma disciplinar había escalado al punto de fragmentar la pedagogía. La didáctica se enseñaba separada del currículo, la evaluación de la gestión del aula y la planificación era normativa. La innovación se abordaba como recursos instruccionales y la curricularización de la formación dejaba poco margen para integrar y crear, a pesar que estaba de moda la correlación de objetivos, transversalidad e integralidad.  No se enseñaba el impacto de los modelos de gestión empresarial en la docencia, aunque luego en la maestría de gerencia estudiáramos a Goleman, Peter Senge y la gestión de calidad total. En el pregrado, maestría y doctorado pensar en sistemas escolares y universitarios alternativos parecía un disparate, pero eso sí todo el mundo procuraba ser un docente informado.

De esta rutina, recién comenzó a ocurrir una fuga masiva de la matrix disciplinar con la pandemia del covid-19, aunque era patético el papel de los coordinadores de departamento supervisando el cumplimiento (cumplo y miento) de los horarios por medio de pantallas, como si lo presencial y virtual tuvieran los mismos ritmos y metódicas de trabajo. Eso sí, la pandemia sacudió a las universidades, pero como suele ocurrir después de un terremoto, de lo que se trata es de hacer control de daños, reconstruir para volver a lo conocido.

Lamentablemente, el sector empresarial, bancas de desarrollo, las grandes corporaciones tecnológicas y espacios como el WEF fueron quienes comenzaron a hablar de un nuevo performance pedagógico, de un nuevo know-how docente. Nuevamente las demandas de transformación implicaban una transferencia de lo político-económico a lo educativo.

Una integración de las características más solicitadas de know-how docente son las competencias digitales integradas y críticas (en sentido pedagógico), con manejo suficiente de plataformas, inteligencia artificial generativa, datos masivos (big data), realidad aumentada, sesgos algorítmicos, ciberactivismo educativo; el pensamiento sistémico y heurístico, para trascender el paradigma disciplinar y alcanzar una comprensión abierta y compleja de la realidad; aprendizaje permanente (lifelong learning), donde la formación continua es realmente a diario y el saber docente es abierto a nuevas, sin afirmaciones concluidas, haciendo manejo creativo de la incertidumbre; capacidad de colaboración sincrónica y asincrónica, presencial, virtual o híbrida; uso pedagógico de datos (data literacy) para el análisis de patrones de desempeño escolar y anticipación de dificultades, personalización del aprendizaje y toma de decisiones situadas; innovación didáctica continua que permita la creación de secuencias pedagógicas, evaluación alternativa (gamificación, portafolios digitales), microaprendizajes y manejo adecuado del error en la experimentación; gestión del conocimiento y creación colectiva  para superar la lógica de consumo de ideas, conocimientos y paradigmas; capacidad de comunicación multicanal y multimodal para diversificar la interacción con los estudiantes, entre otros.

Cuando hago el trabajo de recuperación de expectativas de know-how laboral, claramente me doy cuenta que estas superan las capacidades institucionales de la media de universidades, por razones que van desde la desinversión gubernamental hasta las rutinas como expresión del que hacer. Por supuesto que en la lógica del capital el compromiso social no aparece, ni la lucha de la universidad por la justicia social, la ecología y la igualdad de género. Es como si las IES fueran simples extensiones de la fábrica, empresa u oficina de los CEOs tecnológicos. Pero el capital sabe que en la medida que avancen las dinámicas de la cultura evaluativa neoliberal (bibliometría, acreditación, rankings, modelo de movilidad académica y reconocimiento de títulos) será mucho más fácil suprimir el pensamiento crítico anti sistema. El problema es que por ese camino podemos llegar al delete de la propia universidad presencial.  

  • 6. Conclusión

La universidad quisiera “pasar agachada” en esta situación, como el alumno que no estudió y trata de hacerse invisible para que no le pregunten en el interrogatorio y verse afectado en la calificación, o el niño que juega al escondite tapándose la cara con su pequeña mano pensando que todo se cuerpo está oculto, o peor aun asemejando a los mentalistas de la nueva era, quienes piensan que, si no se habla del tema … ello no ocurrirá.

Claro que es posible transformarla, pero ello demanda un equilibrio creativo entre voluntad y conocimiento. Paradójicamente la universidad pareciera contener más voluntades que experticia, respecto a cómo producir un quiebre a las lógicas de producción y reproducción disciplinares.

Precisamente, por distintas razones, desde lo empresarial pero también desde lo popular y clasista la disciplinariedad es algo que había que superar, como ahora lo es la ampliación del paradigma transdisciplinario para dar paso a la convergencia heurística. El problema es que para avanzar tenemos que pensar la universidad “patas arriba” saliendo de la comodidad de lo conocido.  ¿nos atrevemos?

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[1] Profesor visitante en la Universidad Federal de Sergipe (UFS) de Brasil. Director de Investigación del Centro Internacional de Investigación Otras Voces en Educación. Integrante del Movimiento del Congreso Mundial contra el Neoliberalismo Educativo

[2] Técnicas que simulan el proceso de selección natural, a partir de un baremo de posibles soluciones cuyo uso evoluciona a partir de las distintas generaciones de eventos de selección, cruce y mutación digital.

[3] Es una técnica de orden interactivo, que comienza con una solución, procurando mejorarla al compararla con otras soluciones similares, con memoria de corto plazo que no permite (tabú) aproximarse a soluciones ya exploradas.

[4] Simulación que permite aceptar las peores soluciones con carácter temporal, escapando de la entropía de la decisión óptima no lograda.

[5][5] Esto no es solo un problema productivo, si básicamente de geopolítica del poder, porque previo se deben resolver el impacto de las fábricas 4.0 en los flujos de dinero y su impacto en la fianciarización de la economía.  Estos procesos se expresan hoy en las tensiones comerciales entre EEUU-China, EEUU-Unión Europea, Europa-Rusia, EEUU-BRICs, entre otros. Mi hipótesis de trabajo es que estas tensiones tienden al acuerdo, no a la resolución por la vía de una nueva guerra a escala global, lo cual no descarta guerras locales como parte de estas tensiones.

[6] Firmada por los ministros de educación de Francia, Italia, Alemania y Reino Unido, plantea la urgencia de armonización de la arquitectura de los sistemas de educación superior, la promoción de la movilidad estudiantil y profesional, el reconocimiento de cualificaciones y créditos, el fortalecimiento de la competitividad europea, la cooperación y la promoción de la calidad educativa, una identidad europea en la educación superior. Desde nuestra perspectiva, la Declaración de la Sorbona es una respuesta de países europeos con pretensión hegemónica, al curso Latinoamericanista que venía teniendo los debates previos y deliberaciones de la Conferencia Mundial de Educación Superior, especialmente en temas como autonomía y libertad de cátedra, financiamiento público de la educación superior, la educación como derecho humano, entre otros. Es una lectura de ensamblaje con la globalización neoliberal, no de resistencia.

[7] El Programa Erasmus, acrónimo de las European Región Action Scheme for the Mobility of University Students, inició el 15 de junio de 1987, con énfasis en el modelo de movilidad académica de la cultura evaluativa en la era neoliberal. En 2014 evolucionó a Erasmus+, operando en ciclos plurianuales (actualmente 2021-2027). Procura promover la competitividad mediante la promoción de la movilidad educativa (profesores, estudiantes, personal administrativo), mejorar la calidad educativa y los indicadores de la cultura evaluativa en la educación superior (calidad, pertinencia, innovación, impacto y eficiencia), aumentar las posibilidades de empleabilidad de los egresados, promover la internacionalización de la educación superior, apoyar el aprendizaje permanente mediante el modelo de micro credenciales. Erasmus financia proyectos vinculados como MICROBOL, CertDigital y el DC4EU, a partir d ellos cuales propuso un Marco Común Europeo para Microcredenciales. El programa de Erasmus de Alianzas para la Innovación de Erasmus+ desarrolla e implementa una estrategia con las empresas privadas para el desarrollo de micro credenciales de interés para el sector generador de mercancías y servicios. Erasmus promueve el Europass con tecnología Blockchain. Un tema de especial atención para la próxima Conferencia Ministerial del EEES (2027) serán las micro credenciales.

[8] Por ejemplo, una materia o asignatura con 6 créditos ECTS puede estar conformada por 30 horas de trabajo presencial en las aulas, 60 de estudio individual, 30 de prácticas y 30 de estudio para las pruebas, para un total de 150 horas acreditables.

[9] La versión más reciente a la que hemos tenido acceso es a la de 2015

[10] Catálogo de asignaturas, em el cuál están contenidos los programas, asignaturas, resultados de aprendizaje y créditos ECTS por institución.

[11] Es el acuerdo de aprendizaje o contrato entre el estudiante, la institución de origen y la de destino, donde se especifican los cursos a desarrollar y su valor en términos de créditos reconocidos. Los modelos de maestría y doctorado interinstitucionales han popularizado y fortalecido este modelo.

[12] Suplemento al título donde se detallan las competencias adquiridas y los créditos ECTS, para posibilitar la comparación de cualificaciones.

[13] Registro oficial de las calificaciones, así como de los créditos obtenidos por cada uno de los estudiantes. Durante la Conferencia Mundial de Educación Superior (2022) de Barcelona, organizada por UNESCO, el debate se centró en los mecanismos de registro, siendo prácticamente aceptado sin mayores resistencias el curso de la micro acreditación. Por ejemplo, los alemanes mostraban resistencias respecto al uso del Blockchain para estos fines, mientras algunos países asiáticos y latinoamericanos lo veían con simpatía.

[14] Calidad de la Microacreditación en el Área Europea de Educación Superior

[15] Proyecto de universidades españolas junto a universidades europeas para la promoción de la digitalización de credenciales, su interoperabilidad, la integración con ECTS, la portabilidad de micro credenciales en sistemas como el European Digital Identify Wallet (EUDIW), la calidad asociada al ESG, a partir de las Recomendaciones del Consejo de la Unión Europea sobre Micro credenciales (2022).

[16] El Digital Credentials for Europa (DC4EU) es un proyecto de 24 meses (2023-2025) que involucra a 80 organizaciones del espacio europeo de universidades y más (Ucrania, Noruega, entre otras), centrado en implementar el European Digital Identity Wallet (EUDIW). Su propósito avanzar en infraestructura sólida y confiable para la implementación de las micro credenciales, la interoperabilidad y escalamiento del sistema, el fortalecimiento del modelo de movilidad estudiantil y académica, el logro de estándares de privacidad y confianza, la estandarización de procesos. El DC4EU usa como referencia la micro credencial ECTS de 1 crédito equivalente a 25-30 horas de trabajo.

[17] El Grupo Crue-RUEPEP no es una entidad formalmente establecida, sino la expresión de un esfuerzo de convergencia para la normalización y estandarización de la micro acreditación orientada a la empleabilidad.

[18] Agrupación de universidades españolas

[19] Red Universitaria de Estudios de Posgrado y Educación Permanente. Se reúne de manera anual, siendo la asamblea del 26 de marzo de 2025 en la Universidad de Oviedo su cita más reciente. Suele trabajar con la agencia española de acreditación ANECA y los espacios universitarios europeos.

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