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Los estudiantes chilenos retoman las clases y su rol clave en las protestas

Redacción: Diario Libre

Más de 620.000 estudiantes retomaron este miércoles las clases en Chile tras el periodo estival, en un mes de marzo en el que se prevé que protagonizarán múltiples protestas en contra del Gobierno en el marco de la crisis social que vive el país desde hace veinte semanas.

Los 1.516 colegios que abrieron hoy sus puertas en la Región Metropolitana, la más poblada del país y en la que se ubica Santiago de Chile, estaban expectantes a lo que podría ocurrir dentro y fuera de las aulas, después de que en octubre varios centros tuvieran que poner fin a las clases de forma anticipada debido a las manifestaciones que copaban al país.

Precisamente el Instituto Nacional, un centro históricamente combativo, fue uno de los centros que hace cuatro meses anticipó su fin de curso, situación que se repitió en el 8 % de los colegios, según informó el Ministerio de Educación a finales de noviembre.

LOS ESTUDIANTES, PRECURSORES DEL ESTALLIDO SOCIAL

La madrugada del 18 de octubre de 2019, los estudiantes llamaron a ‘evasiones masivas’ (entrar sin pagar) en el metro de Santiago para protestar contra el aumento de la tarifa.

Ese hecho acabó siendo la chispa que prendió las movilizaciones en Chile, provocando una revuelta sin precedentes por un modelo económico más justo y que ha dejado episodios de violencia extrema y al menos una treintena de fallecidos.

La socióloga de la Universidad de Chile Sofia Donoso explicó a Efe que los jóvenes han cumplido ‘un rol clave’ en ‘repolitizar’ y ‘removilizar’ la sociedad civil durante los últimos veinte años, con importantes manifestaciones en 2001, 2006 y 2011.

Donoso señaló que ‘no llevaban consigo el trauma y el miedo’ de los que crecieron bajo la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), quienes eran más ‘moderados’ en la presión que ejercían sobre el Gobierno.

‘En la coyuntura actual, en el marco del episodio político, social e institucional más importante desde 1990, los estudiantes claramente no se van a restar’, aseguró la investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES).

RETORNO A LA ‘NUEVA NORMALIDAD’

El pasado lunes -conocido como ‘súper lunes’ por dar inicio a la actividad escolar, laboral y legislativa tras el letargo vacacional-, las movilizaciones dieron el pistoletazo de salida a un mes de marzo que se prevé intenso.

Según el Ministerio del Interior, la reactivación de las protestas dejó 283 detenidos y 28 sucesos ‘muy graves’, con barricadas, ataques a cuarteles policiales y enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad a lo largo del país.

Miembros de la comunidad educativa temen que se puedan repetir episodios como el que se vivió el 5 de noviembre en el Liceo 7, donde dos alumnas de secundaria resultaron heridas por disparos de escopetas antidisturbios en el interior de un instituto público.

‘Los funcionarios tienen miedo porque los establecimientos quedan gaseados, cosa que afecta a su salud y también a la parte psicológica’, detalló a Efe Fabiola Romero, secretaria del gremio AFESA, que reúne funcionarios de la educación en Santiago.

Romero participó este miércoles en una convocatoria del Comité Educacional de la Coordinadora Feminista 8M ante el Ministerio de Educación, en la que dedicaron al jefe ministerial cánticos como ‘¡se necesita, de forma urgente, una educación feminista y disidente!’.

¿UNA PRECAMPAÑA EN LAS CALLES?

A falta de un mes y medio para el histórico plebiscito del 26 de abril, en el que los chilenos están llamados a decidir si quieren una nueva Constitución que sustituya a la actual, aprobada en 1980 bajo la dictadura, las protestas servirán para tomar el pulso a los colectivos más movilizados a favor de una nueva Carta Magna.

Sin embargo, la socióloga Sofía Donoso recordó que históricamente los jóvenes chilenos han participado más en marchas y otras acciones ‘no convencionales’ que a ejercer su derecho a voto.

‘Mi impresión es que esta vez puede que se entienda la envergadura del desafío y se sumen más jóvenes, pero muchos no creen en las instituciones y como consecuencia creen que no vale la pena ir a votar’, sostuvo.

En esta línea, la vocera de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Aces) de Chile, Isidora Godoy, criticó el acuerdo político por el plebiscito por contar ‘solamente con los intereses de los poderosos’.

La Aces protagonizó un fuerte boicot contra la prueba de acceso a la universidad de Chile, que consideran que segrega a los estudiantes en función del poder adquisitivo de las familias.

Para este marzo, hacen un llamado a los adolescentes chilenos a formar parte de lo que denominan ‘mochilazos estudiantiles’: protestas, fugas de institutos o tomas de centros educativos.

‘Salgamos a las calles, no la abandonemos, no nos dejemos guiar por los tratados que ha sacado el Gobierno. Desconfiamos de la institucionalidad porque nunca nos ha solucionado ninguna de nuestras demandas’, concluyó Godoy.

Fuente: https://www.diariolibre.com/actualidad/internacional/los-estudiantes-chilenos-retoman-las-clases-y-su-rol-clave-en-las-protestas-HF17473026

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Redacción: wwwhatsnew

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(Vídeos) Bolivia: Cuerpos de seguridad del gobierno de facto lanzó gases sobre una escuela primaria en El Alto

Redacción: Aporrea

EN EL MARCO DE UNA REPRESIÓN A UNA PROTESTA DE VECINOS EN LA LOCALIDAD DE SENKATA, LA POLICÍA GASEÓ UNA ESCUELA PRIMARIA AFECTANDO A LOS NIÑOS QUE SE ENCONTRABAN EN EL ESTABLECIMIENTO.

05.03.20 – Con motivo de cumplirse 35 años de la fundación de El Alto, el Senado del gobierno de facto de Bolivia decidió trasladar este jueves una sesión de la cámara alta a Senkata para rendir homenaje a la ciudad lindera a La Paz. Ante esta situación, vecinos y vecinas que decidieron realizar una protesta, fueron brutalmente reprimidos por la policía.

El uso indiscriminado y excesivo de la fuerza policial terminó gaseando la escuela primaria 25 de julio afectando a los niños que se encontraban en el lugar. La represión sucedió luego que los manifestantes le gritaron “asesinos “ a los legisladores y le pegaron carteles en sus autos con reclamos y pedidos de justicia.

https://twitter.com/i/status/1235649252409384960

El 19 de noviembre del año pasado, en Senkata, las Fuerzas Armadas y la policía dispararon balas de plomo asesinando a diez personas para romper un piquete que bloqueaba la salida de camiones de una planta de hidrocarburos.

Dos días después, una multitud que se dirigía a La Paz con los féretros de los asesinados por la represión policial y militar, fue nuevamente agredida. Al llegar a la plaza Murillo, frente a la sede de gobierno, se toparon con tanquetas de la policía que les impidieron el paso y los reprimieron con gases.

Cabe recordar que, en esos días inmediatos al golpe de Estado que derrocó a Evo Morales, la autoproclamada presidenta, Jeanine Añez, emitió un decreto en el que liberó de “responsabilidad penal” a los agentes de seguridad que participen “en los operativos para el restablecimiento del orden y estabilidad pública”.

Fuente: https://www.aporrea.org/internacionales/n352947.html
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El vídeo de una niña de seis años esposada aviva el debate sobre el arresto de menores en Florida

Redacción: El País

Kaia Rolle fue detenida en su escuela de Orlando y llevada a comisaría por una rabieta.

La pequeña Kaia Rolle, de seis años, no entendía para qué eran las abrazaderas de plástico que llevaba uno de los dos policías que se había presentado en su escuela. «Son para ti», el respondió el agente, y la niña rompió a llorar.

La escena, grabada en vídeo por una cámara policial, corresponde al inédito arresto de la menor el pasado mes de septiembre en un centro de educación preescolar e infantil de Orlando (Florida). La familia de la niña, que había denunciado que la pequeña había sido detenida y esposada, divulgaron los vídeos la semana pasada para apoyar una propuesta de nueva ley estatal que impediría el arresto de niños, presentada por dos senadores demócratas el pasado enero.

Según recoge CNN, que cita las declaraciones escritas del director, el subdirector y dos trabajadores de la escuela, las imágenes se tomaron a las 8.10 de una mañana una mañana de septiembre, tras agarrar una rabieta la pequeña porque quería usar sus gafas de sol en clase. El subdirector la condujo a un despacho de la escuela. «Kaia se volvió agresiva y me golpeaba con las manos en el pecho y el vientre. Yo la sostuve agarrándola por los antebrazos», señaló el responsable de la escuela.

En el vídeo, la niña aparece sentada en una oficina de su escuela, calmada, mientras una trabajadora del centro le lee una tarea de un libro. En ese momento, uno de los dos agentes que acaba de entrar en la estancia, dice: «Vale. Va a tener que venirse con nosotros». La mujer le indica a Kaia que tiene que irse con ellos. «Levántate y ven aquí», le insta el agente. «¿Para qué es eso?», pregunta la niña, refiriéndose a las abrazaderas que usa la policía como esposas. «Son para ti», responde el policía. Y en ese momento la menor rompe a llorar. «No, no quiero que me ponga las esposas. No me las ponga», suplica, mientras pide ayuda.

«Vámonos», insiste el agente. «Quiero quedarme en la escuela. Acabo de llegar», replica la pequeña que pide que la dejen en la escuela mientras que el policía y el agente que lleva la cámara la acompañan hacia la salida del edificio. Al tiempo, el agente que lleva la cámara le dice a la pequeña que le diga, mientras van en el coche de la policía, qué ha pasado. «No quiero entrar en un coche de policía», asegura entre sollozos la menor. «¿No quieres? Pues tienes que subirte», le dice el policía de la cámara. «Por favor, no, denme otra oportunidad», suplica la menor. Uno de los policías la mete en el coche mientras la pequeña llora y pide que, por favor, la dejen irse.

El agente que detuvo a la menor, Dennis Turner, arrestó a otro niño de seis años el mismo día en otro incidente, y ha sido expulsado del cuerpo policial. El agente estaba destinado al cometido de atención a las escuelas. La policía de Orlando difundió un comunicado en el que recordaba que el arresto de menores de 12 años es posible, pero requiere la aprobación del denominado «comandante de vigilancia». Esa aprobación no tuvo lugar en el caso de la pequeña Kaia, y la policía la condujo de regreso a su escuela.

La abuela de la menor asegura que a la menor «le han robado la infancia» y añade que su nieta no se separó de ella la primera semana y media tras el arresto. La primera vez en que la acompañó a la escuela tras el incidente, la pequeña comenzó a sollozar porque vio a un policía por el camino. Kaia, afirma su familiar, sigue teniendo pesadillas sobre su arresto.

Fuente: https://elpais.com/internacional/2020/03/02/mundo_global/1583136296_525169.html

 

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Sin dinero para motel o condones: la crisis restringe la sexualidad de los jóvenes venezolanos

Redacción: El País

Los anticonceptivos, durante años escasos, resultan demasiado costosos debido a la hiperinflación.

Sin plata para ir a un motel, John y Amanda deben arreglárselas para tener sexo en casa de sus padres. Además, la falta de dinero para anticonceptivos y el miedo a quedarse solos por la migración limitan la sexualidad de los jóvenes venezolanos.

John Álvarez, de 20 años, y Amanda Aquino, de 19, estudian derecho en la Universidad Central de Venezuela, donde es común ver parejas besándose y acariciándose en pasillos y jardines. Pero ellos, más recatados, prefieren refugiarse en el cuarto de John, en el primer piso de su casa en un barrio popular de Caracas, mientras sus padres y su hermana menor duermen en la planta baja. Cuando «en casa no hay nadie (…), es un poquito mejor», confiesa junto a su novia de rizos teñidos de amarillo, incómoda al abordar el tema.

Tener sexo sin familiares rondando es una suerte esquiva para ellos, que en dos años de noviazgo nunca han visitado un motel. Tendrían que pagar 10 dólares por seis horas de privacidad, que saldrían de sus esporádicas y modestas mesadas. Prefieren destinar ese dinero a comida.

Independizarse es «irreal», afirma el joven, en una economía devastada en la que la depreciación de la moneda ha provocado que 50% de las transacciones comerciales se realicen en dólares, según la firma Ecoanalítica.

El éxodo de unos 4,5 millones de personas fuera del país también contribuye a la posibilidad de encontrar pareja

Sin embargo, el acceso al dólar se reserva a una minoría en la que a veces encaja Carlos Rodríguez, el típico soltero en busca de aventuras pero condenado, a los 31 años, a vivir con sus papás en el cuarto de su infancia.

De pelo y barba cuidados, este diseñador gráfico llega a desembolsar 100 dólares en una cita, sumando cena, tragos, taxis y motel. «Si la llevo para un matadero, no gasto mucho», explica, refiriéndose a hoteles «de mala muerte», su última opción. Pero solo se puede dar ese «lujo» en los «buenos meses», cuando reúne unos 400 dólares diseñando a destajo. Si no, espacia sus escapadas hasta por dos meses.

Cuando está de cacería en Tinder, la popular aplicación de citas, Jhoanna pregunta sin rubor a sus potenciales amantes por su «capacidad» económica. No por interés, dice, sino porque está acostumbrada a costear la mitad de los gastos en una sociedad en la que los hombres suelen pagar las cuentas. Así, evita malentendidos. Tiene un principio: nunca paga habitaciones de motel o condones, esta última una condición no negociable. «Sin gorrito no hay fiesta», sentencia.

Tatuajes que cubren brazos y manos y un maquillaje marcado disimulan sus 37 años de edad en Tinder, donde pasa cuatro horas semanales ojeando el «catálogo». En su pequeño cubículo de oficina con vista al acomodado sureste caraqueño, la publicista espera algún match y encontrar pareja.

La tasa de embarazo precoz en Venezuela alcanzó 95 por cada 1.000 jóvenes en 2018

«Lo que tiene que llegar, llega», cree. Prefiere encuentros casuales, pues considera que sus opciones se redujeron por la migración de unos 4,5 millones de venezolanos debido a la crisis. Es consciente del peligro de salir con desconocidos en un país que registró 57 homicidios por 100.000 en habitantes en 2017, nueve veces la tasa mundial, según la ONU. «Sabemos a lo que nos arriesgamos», asegura.

Algunos jóvenes también recurren a Instagram y Grindr para tener sexo casual. Así nació la relación de Daniel Landaeta y Jorge Álvarez, que se conocieron en un portal gay hace casi tres años. Terminaron enamorados y viviendo juntos.

Comparten un apartamento de interés social que les entregó el Gobierno socialista dentro del mayor complejo militar del país, donde se sienten respetados. Aunque, temiendo burlas, evitan agarrarse de manos o besarse en la calle, explica Jorge, un arquitecto de 38 años. «Hay homofobia, pero muy mínima», reconoce despreocupado Daniel, de 28 y contador.

Paradójicamente, la diáspora fue un respiro para Oriana García y Antonio de Muro. Ocuparon el apartamento donde creció el joven de 24 años, después de que su familia emigró a España. «Vivimos como casados», afirma risueña Oriana, de 21 años, en la habitación principal de paredes verdes, adornada con retratos familiares.

Anidaron, pero el problema son los anticonceptivos, durante años escasos y ahora demasiado costosos por la hiperinflación. Estudiante universitaria, Oriana compra tratamientos cubanos cada tres meses en el mercado negro por cuatro dólares. Hoy, las farmacias ofrecen cajas de tres condones por dos dólares y anticonceptivos importados de cinco a ocho dólares para un mes.

Franyercis Reyes no puede cubrir estos montos con un ingreso mínimo de 6,7 dólares mensuales. En octubre pasado se colocó un implante, cuyo costo multiplicaba por siete su sueldo. «Es más efectivo hacer un solo gasto», estima esta cajera de supermercado de 18 años en un centro de planificación familiar de Caracas, donde incluso menores hacen fila desde la madrugada para adquirir anticonceptivos económicos. La tasa de embarazo precoz en Venezuela alcanzó 95 por cada 1.000 jóvenes en 2018, según la ONU.

El aborto, que está penalizado en el país, se practica clandestinamente. Para Amanda, tener una sexualidad activa o una simple cita está fuera de toda normalidad en la otrora potencia petrolera. «Es muy complicado ir al cine, pasear, comerse un helado», se lamenta. Para ella y John, un «noviazgo normal» es simple fantasía.

Fuente: https://elpais.com/internacional/2020/02/14/mundo_global/1581672778_589984.html
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María Tambilla: “Aquí la pobreza es el pan de cada día”. Perú

Redacción: La República

Desigualdad que duele. María Tambilla forma parte del 98% de mujeres que realizan trabajos no remunerados en el país. La población femenina lleva a cabo labores sin pago pero que aportan a la economía US$ 136 mil millones.

“La desigualdad económica está fuera de control”. Es el contundente mensaje de Oxfam en su último informe denominado Tiempo para el Cuidado. La problemática de la que ahora todos hablan tras el éxito de la película coreana Parasite (en la que se critica las diferencias sociales con algo de humor negro) está aumentando también en la sociedad peruana, y son las mujeres quienes más la padecen.

Solo basta acercarse (o viajar) un poco: Las mujeres en el distrito más pobre del país, Chetilla (Cajamarca), sobreviven con solo S/ 100 al mes. Así lo retrata Juana Quispe Vásquez (80). Ella junto con María Tambilla son agricultoras que deben cuidar la casa cuando sus hijos salen a estudiar o a trabajar.

«Todos los días cuido la casa y recibo ciencito soles nomás. Acá todos somos pobres y ya no hay gente para que trabajen la tierra», dice Juana, una mujer quechuahablante que se muestra desconfiada ante tantas promesas de gobiernos que nunca llegaron.

María, aunque se muestra contenta de trabajar en la chacra, es consciente de que lo que gana es lo «único que tiene para vivir». «Pero a veces se pierden las cosechas. La neblina jode la siembra de papa. Yo cuido la casa y no sé si me hubiera dedicado a trabajar en otra cosa. Aquí la pobreza es el pan de cada día», relata a La República.

Más trabajo, menos pago

Y en el ámbito urbano la desigualdad hacia la mujer también está presente. Con jornadas laborales que pasan las 10 horas al día, y sin contrato por escrito, las trabajadoras del hogar son el otro grupo que no conoce la inclusión: perciben en promedio S/ 500 al mes, cuenta Leddy Mozombite, presidenta de la Federación de Trabajadoras del Hogar, gremio que representa a casi medio millón de mujeres dedicadas a esta actividad en el país.

Mozombite vivió en carne propia cómo fue llegar a Lima a los 14 años para emplearse como trabajadora del hogar «cama adentro» donde no existen ni domingos ni feriados.

Pero hay otra situación que afecta a casi el 98% de mujeres en el país: dedican cerca de 400 millones de horas a la semana a trabajos no remunerados, como el cuidado de los hermanos, hijos, enfermos o ancianos; a buscar agua o limpiar el hogar.“Lamentablemente el capitalismo promueve y se aprovecha de creencias sexistas que restan autonomía a la mujer y dan por hecho que ellas ocuparán este tipo de trabajo”, explica el informe de Oxfam.

Invisibilizadas

Armando Mendoza, economista y vocero de Oxfam en Perú, señala que la situación económica de la mujer es la misma que hace diez años. “La brecha salarial no se ha movido”, advierte. (Hoy Perú ocupa el puesto 87 de entre 187 economías en el índice de igualdad de género, según el PNUD, 2019).

Una explicación es que no han surgido políticas públicas que reconozcan los trabajos de cuidado como una labor que aporta a la economía, pese a que la organización con sede en Reino Unido ha resaltado que “no tener en cuenta el valor social del trabajo de cuidados más allá de lo económico es el hecho de que, sin este trabajo, nuestra economía se colapsaría por completo”, advierte.

¿Por qué? Leddy Mozombite lo explica bien: «Las trabajadoras del hogar remuneradas o no, somos las que permitimos que otros estudien, trabajen y realicen su vida económica. Cuando cuidamos a un bebé, debemos protegerlo, incluso cuando hay un temblor y, pese a ello, menos del 10% accede a un seguro», comenta.

Y el trabajo no remunerado tiene un valor en la economía mundial: según Oxfam asciende a US$ 10.008 millones al año.

En Perú, según cálculos de Mendoza, bordearía los S/ 136 mil millones al año. «Es lo que las mujeres en el país dejan de ganar en conjunto por realizar actividades del hogar que no son reconocidas. El monto es equivalente a casi el 20% del PBI», anota.

¿Camino a la OCDE?

Una de las promesas del Gobierno fue que al 2021 el Perú ingrese al selecto grupo de países de la OCDE, pero alcanzar ese objetivo demandará una drástica reducción de la desigualdad.

Y todo parece estar lejos de la meta, al menos, en esa materia. El informe del 2019 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), “Más allá del ingreso, más allá de los promedios y más allá del presente”, reveló que está surgiendo una nueva generación de profundas desigualdades en desarrollo humano en el país.

Frente a ello, el pedido de mujeres como Juana Quispe desde Cajamarca es que el Gobierno llegue a sus pueblos. Mientras que las trabajadoras del hogar piden que el nuevo Congreso apruebe el dictamen de una nueva ley que garantice los derechos fundamentales para ellas en el marco del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que Perú ratificó en 2019.

Combatir la elusión

Y mientras unos viven con menos de S/ 100 al mes, las grandes fortunas logran eludir hasta el 30% del pago de impuestos (según Oxfam), reduciendo así la recaudación fiscal y la posibilidad de que el Tesoro Público pueda destinar más recursos para cerrar las brechas sociales.

Estos mecanismos que utilizan para tener menor carga fiscal los ha ayudado −además− a tener rentabilidades anuales de sus riquezas de 7,4% en los últimos 10 años.

«Si a ese 1% más rico de la población se le incrementa el impuesto que grava a la riqueza en 0,5%, en los próximos 10 años permitiría recaudar fondos necesarios para crear 117 millones de puestos de trabajo», refiere el documento como una recomendación global.

Pero frenar la elusión es solo una de las medidas, en una serie de políticas que deben apuntar a generar un sistema menos sexista, dice Mendoza: Si antes de la maternidad la brecha de género es de 10%, luego de ser mamá se eleva a 50%, «y no hay una política de Estado para combatir estas diferencias laborales hacia la mujer».

“Políticas que deben complementarse con acceso a la educación, a la asesoría legal, a lactarios en el trabajo, a la cobertura del seguro para ellas”, anota. ¿Nos ponemos a trabajar?

El problema en cifras. ¿Cómo actuar?

En el 2010, el valor del trabajo no remunerado que afecta a mujeres valía S/ 60 mil millones. Diez años después, asciende a S/ 136 mil millones.

Para los especialistas, la gradual incorporación de las mujeres al mercado laboral no se ha traducido en una distribución más equitativa de las labores domésticas y de cuidado familiar.

Políticas o leyes que reconozcan las labores de cuidado como trabajo, donde las empresas también se involucren, sería un paso a un país más equitativo.

Las cifras

5 h en promedio al día dedica la mujer a labores del hogar. Los varones, la tercera parte del tiempo.

30% de impuestos es lo que las grandes fortunas eluden.

Fuente: https://larepublica.pe/economia/2020/02/23/mujeres-pobres-en-peru-desigualdad-economica-de-genero-en-la-sociedad-peruana-oxfam-ocde/

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El éxodo en Siria, una profunda herida de guerra en las escuelas

Redacción: France 24

La de Siria es una guerra que ya cumple nueve años, pero el desplazamiento interno registrado desde diciembre de 2019 es el mayor del conflicto. Más de 900.000 personas han sido obligadas a movilizarse de sus pueblos y lo más preocupante es que el 80% de los desplazados son mujeres y niños. En Idlib, un lugar que acogía a tres millones de personas, se concentra la ofensiva. Algunos de los que han huido ya habían sido desplazados en otros momentos del conflicto.

Sin eventos deportivos, ni clases en las escuelas, el estadio y algunos colegios de la ciudad de Idlib son ahora refugio para los desplazados que huyen de los bombardeos en Siria.

Los refugios oficiales ya no tienen espacio para recibir a más personas. «Huimos de nuestras aldeas por la intensidad de los bombardeos. Vinimos a Idlib, donde la gente nos alojó por un corto período, antes de que nos trasladaran a este campamento. Aquí la vida es muy difícil, hace frío, faltan medicamentos y no hay baños», asegura Ahmed Fadel, uno de los desplazados que se aloja en el estadio de la ciudad.

La historia es similar en las escuelas abandonadas y en una antigua prisión. «Nos refugiamos en la prisión y dejamos nuestras cosas aquí, aunque no sea un lugar adecuado para vivir. Hay 75 familias, tres de ellas por habitación. Tenemos un brote de leishmaniasis y compartimos baños comunes», cuenta Abu Ahmad.

El éxodo es desbordante y los campamentos no dan abasto, por eso los vehículos y unas cuevas se han convertido en el lugar seguro para varias familias. Cocinan y duermen en sus camiones como lo revela Abu Mahmoud: «Algunos de nosotros vivimos en la mezquita, algunos en nuestros autos. Dormimos en nuestro vehículo para asegurarlo. No hay lugar para poner una carpa», asegura.

Quienes la están pasando peor son un grupo pequeño de familias que vive, literalmente, debajo de la tierra, en una de las cuevas que hay en la región.

En esa búsqueda por un lugar seguro, otros desplazados caminaron hasta la frontera con Turquía, pero allí, un muro de hormigón los detuvo. «¿Por qué está ese muro turco ahí?, ¿es para evitar que las familias entren? Hay mujeres y niños, hay personas mayores. ¿Por qué no dejan entrar a los niños? Los hombres pueden quedarse aquí y pelear, pero a los niños y a las mujeres, déjenlos entrar», pide Abu Sham, en Atma, zona de la frontera con Turquía.

+ Y el dato de migración de la semana: la imagen de miles de refugiados en Turquía que caminan hacia la frontera con Grecia para intentar cruzar la frontera, esto luego de que el Gobierno turco dijera que abriría las puertas para que los refugiados viajen hacia la Unión Europea.

Fuente: https://www.france24.com/es/20200305-migrantes-siria-refugiados-guerra-idlib

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