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Libro : Gassan Kanafani «Tres novelas para descargar del más destacado literato palestino»

Gassan Kanafani: tres novelas para descargar del más destacado literato palestino

Tres relatos fundacionales de la literatura palestina de los años sesenta de un joven escritor y periodista, autor brillante y prometedor, nacido en Acre Palestina en 1936 y asesinado en Beirut por los servicios secretos israelíes en 1972, cuando contaba 36 años de vida, Tres relatos de emigración y exilio, de una actualidad pasmosa, desalentados pero con fuerte voluntad de resistencia y ansias de vida, en ocasiones sobrecogedores.

En Hombres en el sol hay una evasión, una huida, de la amarga y cruda realidad. La búsqueda de una solución individual lleva a la muerte, que es aquí una prolongación de la derrota, una muerte aceptada pasivamente, con resignación, sin lucha.

En Lo que os queda se vislumbra ya el esbozo de una toma de conciencia. La búsqueda de una solución, aunque siga siendo de forma individual, representa ya un intento de liberación. No hay resignación ante la muerte sino se lucha y hasta se mata, aunque haya que morir después, justamente para seguir viviendo.

Um Saad representa la etapa superior de la toma de conciencia, la solución colectiva que se traduce en la lucha armada.

 

Este autor atrapará tu atención a través de estas tres novelas.

Descarga el libro aquí: https://palestinalibre.org/upload/Las_Tres_Novelas_de_Gassan_Kanafani.pdf

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Entrevista: Yo escribo para comprender

Yo escribo para comprender

José Saramago

ENTREVISTA

Omar Valiño – La Jiribilla.- Omar Valiño: José, en su obra convive una vitalidad hija de la experiencia cotidiana con, a su vez, una gran profusión de conceptos, ideas, experiencias de pensamiento, pero, ¿José Saramago se considera más hijo del camino que de la filosofía y la experiencia libresca?

José Saramago: Bueno, yo creo que esas cosas no se pueden decir, porque uno no tiene la posibilidad de medir a lo largo de una vida, y de una vida larga como la mía, en qué porcentaje influyeron las lecturas y en qué porcentaje las experiencias vitales, no hay ninguna posibilidad. El hecho de que con veinticuatro o treinta y dos o cuarenta y siete años yo haya leído a un determinado autor o filósofo o ensayista o novelista o lo que fuere y que pensara o pudiera pensar que en ese momento algo había cambiado, en el sentido de que eso había tomado un lugar importante para todo lo que viniera después, en lo que se refiere no solo a la vida, sino también al trabajo mío, yo creo que no se puede determinar. Esto es una amalgama, es decir, todo esto está unido, fundido, y uno se orienta en esa especie de bloque donde hay de todo, cosas que se han vivido, cosas que se han imaginado, experiencias auténticas, experiencias, digamos, imaginadas, aunque una experiencia imaginada no es una experiencia, evidentemente. Las lecturas, los sentimientos, todo eso, los sueños, ilusiones, frustraciones, todo lo que ocurra a lo largo de una vida se va uniendo en lo que yo podría quizás llamar una especie de núcleo duro o, al contrario, maleable, plástico de la personalidad de cada uno y cuando llegue la hora de expresar algo, de intentar narrar una historia o algo así, uno se encuentra. En el fondo es como quien entra en un archivo enorme con muchos cajones y todo eso, y va buscando lo que le interesa, con la diferencia de que, en este caso, como tú ves, tiene que ver con la memoria,

normalmente uno no necesita buscar, buscar en un sentido activo de buscar. Cuando lo necesita, si la memoria funciona como tiene que funcionar, la memoria lo presenta, si es que lo tiene, claro. Pero después hay que encajar todo eso en una obra que tiene que ser coherente y que no puede ser, digamos, el caos, ¿no?

O.V.: Yo diría que esas experiencias, esa búsqueda encuentra muchos personajes, sin duda, de una gran elaboración literaria, pero cuyos referentes pudieran estar en una realidad que, a su vez, es muy coherente con la expresión de su pensamiento fuera de la literatura. ¿Le parecería que es así?

J.S.: Eso es cierto, porque en el mundo, por ejemplo, si miramos los títulos no de todas mis novelas, pero sí de algunas de ellas, nos encontramos con eso, con títulos que, en principio, no parecen de novelas y que muestran muy claramente que hay una tendencia del autor que se manifiesta ahí, que se manifestará después en la obra que se propone escribir. Hay una tendencia, digamos, reflexiva, casi didáctica, como si en el fondo yo fuera un maestro frustrado, que no ha llegado a serlo por cantidad de razones, y que a la hora de escribir una obra literaria hay, digamos, una intención; no es que yo esté intentando siempre introducir la moraleja de las cosas, que yo esté intentando dar lecciones éticas al lector, porque no se trata de eso, por otra parte todo se equilibra o reequilibra con el uso permanente de la ironía, digamos del humor, y, por lo tanto, aunque yo hable de una didáctica, eso no quiere decir que yo soy un señor muy aburrido que está ahí para dar lecciones al lector. Lo que pasa es que hay realmente en mí una tendencia reflexiva.

A la hora de escribir una novela, que en principio no es más que una historia que uno está contando para distraer al lector, yo no solo tengo que reflexionar sobre lo que estoy contando, sino también sobre la forma en que lo estoy contando. Y si vamos a los títulos, mire que yo tengo una novela que se llama Manual de pintura y caligrafía, tengo otra que se llama Memorial del convento, hay algo aquí siempre como anterior a la novela o coincidiendo con el nacimiento de la idea que ya lleva esa novela, como que yo imaginara algo que es una forma, digamos, desde un punto de vista didáctico, una forma expositiva. Y tienes la Historia del cerco de Lisboa, que es un título para un libro de historia, no para una novela. Sin hablar de El evangelio según Jesucristo, y después tienes dos obras más, que asumen así claramente la intención ensayística, de ese propósito reflexivo, como son Ensayo sobre la ceguera, o, más recientemente, Ensayo sobre la lucidez. No quiere decir que yo sea un filósofo, bueno, que no lo soy, hay que decir, tengo bastante claro la diferencia que hay entre lo que soy y el filósofo que me gustaría ser. Pero de todas maneras yo creo que todo ser humano puede ser un filósofo si lo quiere, es decir, si usa su capacidad de pensar, de razonar, de entender las cosas y mirar lo que está por detrás de aquello que parece. Todo tiene una fachada y todo tiene el otro lado, y en el fondo filosofar es intentar ver lo que pasa del otro lado. Y para eso no se necesita ser un filósofo, un creador de un sistema de explicación del universo, para intentarlo al menos. Y por eso es que yo digo que cualquiera, todo ser humano es un filósofo, todo ser humano piensa. Y, si no piensa, me parece que sería mejor que pensara.

O.V.: Suele usted afirmar, sin embargo, que la responsabilidad, la tarea del escritor no termina cuando coloca la última palabra o el último punto de una narración o de un texto cualquiera. ¿Cómo ve, a lo largo del tiempo, la responsabilidad del escritor, y si le parece que esa responsabilidad es la misma o es otra en el mundo de hoy?

J.S.: Mire, yo no creo que el escritor, como escritor, tenga una responsabilidad particular por el hecho de que sea un poeta o un dramaturgo o un novelista. La responsabilidad de la que estamos hablando es otra, y es común al novelista, al dramaturgo y al poeta, común a él y a los ciudadanos normales, corrientes, que no son ni poetas ni dramaturgos. Entonces, yo prefiero decir que mi responsabilidad y mi actividad fuera de la acción estrictamente literaria, es la responsabilidad del ciudadano que yo soy. Porque, desde mi punto de vista, no hay modo de separar al autor del ciudadano que es. No es para decir, aquí acaba la responsabilidad del autor y empieza la del ciudadano o al revés, aquí acaba la responsabilidad del ciudadano y empieza la responsabilidad del autor.Es que a donde va uno, el otro está, el otro va. Cuando tú dices que pones el último punto final, qué es lo que pasa, yo diría que no pasa nada, esa obra es un momento de mi vida, es un momento de mi trabajo y responde, digamos, a un determinado momento de mis preocupaciones políticas, sociales, ideológicas, filosóficas, si quieres, para usar esta palabra, y en esa obra se va a reflejar mi postura en relación a ellas. Insisto, no para dar lecciones al lector, sino, sencillamente, para entender en mí mismo por qué. A veces preguntan, ¿y tú por qué escribes?,  y García Márquez decía, yo escribo porque quiero que la gente me quiera bien. Bueno, esa es una respuesta como otra cualquiera. Y luego hay otra respuesta mucho más ambiciosa, que uno escribe porque en el fondo no se quiere morir y tienes esa ilusión, esa idea de que con la escritura, con lo que queda, de alguna forma seguirás vivo, por lo menos en la curiosidad y el interés de los lectores. Pero, claro, esto tampoco durará mucho, entonces yo prefiero decir que yo escribo para comprender, sencillamente. Yo escribo para comprender. Y, si me preguntan, bueno y usted escribe un libro, ¿y ha comprendido? Algunas cosas sí, otras no, algunas cosas yo las había entendido de una manera determinada, hoy las entiendo de otra forma, y como no podemos llegar nunca a comprender totalmente esto, y cuando digo esto, es todo, pues cada obra es un intento de acercarse al conocimiento y de alguna forma si la obra intenta contestar algo, lo que ocurre invariablemente es que la obra añade a lo que teníamos que entender su propia parte, es decir, la obra misma que intenta comprender va a complicar lo que se quiere entender porque es una visión determinada que antes no existía y,

por tanto, como no existía no se pensaba en ella, pero a la hora de existir, pues encaja en todos los conjuntos de esa maraña, en la red de preguntas que nos rodea y de la que, a la vez, intentaba ser respuesta, acaba por convertirse en otra pregunta.

O.V.: Y si yo le diera una vuelta de tuerca a esto último que me decía, ¿se trataría de comprender qué, de entender qué?

J.S.: Bueno, mire, el preguntar es lo mismo, que es la cosa más difícil que hay, porque a la vez que nosotros sabemos quiénes somos, es muy fácil decir sí, sabemos quiénes somos, tenemos un nombre, hemos nacido en una fecha determinada, tenemos una actividad personal, tenemos ideas políticas, ideológicas y todo eso, nos gusta la carne y nos gusta el pescado, o al revés, y todo eso construye una identidad, una identidad un poco a lo Frankestein, en trocitos, nosotros estamos hechos de trocitos, esa idea de una identidad: YO. ¿Pero quién soy yo? ¿Y cuándo es que yo he sido yo? Porque la vida se alarga y se alarga, y ¿hay un momento en esa vida en la que el yo queda definido para siempre, no hay más cambios?, ¿o la vida es cambio constante? Entonces el yo no existe, yo no puedo decir nada de mí que sea una cosa perentoria, que esté ahí, aquí en bloque, esa piedra, incluso esa piedra está sujeta a romperse, a fragmentarse, todo eso. Esto no es incompatible con la búsqueda de una coherencia personal, y eso en el fondo es la única cosa que nosotros podemos más o menos acercar a la idea de un yo. Si yo soy coherente, pero tampoco se es coherente en todo, no se puede mantener uno en la misma línea, bien, pero en el fondo uno va en la misma línea, tal vez una línea ondulante, la línea recta no existe en la naturaleza y tampoco existe en el ser humano. Por tanto, si tú me preguntas, ¿comprender qué?, te diría en primer lugar: intentar comprenderse a sí mismo en cada momento, no para tener de sí mismo una imagen fija, que se queda ahí, y que tú en cada momento de tu vida digas este soy yo. Puede haber pasado cuarenta años sobre esa imagen, yo no estoy hablando de una foto, hablo de la imagen que tú tienes de ti mismo. Este soy yo. No, no puedes. Puedes decir, este era yo. Hoy no eres así, no porque te salgan unas canas o por esto o por aquello. Es que dentro de ti hay un proceso continuo de cambio. Si tú cam­bias dentro de lo que más o menos imaginas ser, pues entonces has obtenido una coherencia que te permite identificarte a ti mismo en cada momento. Pero si estamos bien de mente y se vuelve loco, qué es lo que se ha roto allí. Es la misma persona, tiene el mismo nombre, qué es lo que se ha roto.

O.V.: Sin embargo, la identidad es un concepto trabajado a lo largo de su obra, si pienso, por ejemplo…

J.S.: Sí, pero para cuestionarlo. Para cuestionar, no para decir ahora ya lo tengo claro.

O.V.: Por ejemplo, si pienso en Todos los nombres o en El hombre duplicado, asocio ese pensamiento en torno a la identidad, en términos también críticos, en cuanto la identidad del hombre de hoy se pierde en un mundo homogeneizador y homogeneizado. ¿Tienen que ver también esas reflexiones con esa perspectiva?

J.S.: Sí,  creo que está bastante claro y no solo en lo que está escrito allí, sino también en la forma; porque, mira, cuando, por ejemplo, en el Ensayo sobre la ceguera no hay nombres, los personajes no tienen nombre, eso no resulta de un capricho del autor, que ha pensado que así sería original. No, es sencillamente la expresión de esa tendencia al anonimato en la que nos estamos convirtiendo, y que tiene distintas expresiones, vamos a ver, los nombres se repiten, me puedo llamar Fulanito, puede tener el nombre que yo tengo, y aun así no somos la misma persona, pero se pueden confundir cuando estamos en un lugar los dos y te llaman por el nombre, tenemos que mirar si te están llamando a ti o si me están llamando a mí, pero si me llaman por el nombre de la tarjeta de crédito, te aseguro que solo uno de nosotros puede contestar, porque lo que realmente identifica hoy, por lo menos, en una cierta parte, digamos, de lo que es el mundo, lo que nos identifica es la tarjeta de crédito, porque eso no se repite, la única cosa que no se repite. En la penúltima de mis novelas escritas, que es el Ensayo sobre la lucidez, y mucho más en la última, que todavía no está publicada y que se llama Las intermitencias de la muerte, incluyo los nombres de las personas no alfabetizadas con letras minúsculas, porque cuando nosotros abrimos un libro y miramos, encontramos que hay una escala gráfica, digamos de valores, los personajes aparecen con su nombre en letra mayúscula y, por tanto, con una identidad, aún no ha dicho nada, no ha hecho nada, pero ya tiene derecho a la mayúscula y por tanto ahí tú sabes que está un personaje, una persona. Pero si la tendencia actual es a que se diluya cada vez más en un espejo de invisibilidad y acabamos, vamos acabando todos, por tornarnos más o menos invisibles, entonces puede que haya otras formas, digamos, de expresar algo como eso, pero yo he elegido una, es decir el nombre no se escribe con mayúscula. El señor Wagner, por ejemplo, si yo hablo de él pues aparece con letra minúscula la inicial y esto, digamos, porque en el fondo, a la vez, yo creo que no se reflexionaría tanto sobre la identidad si la tuviéramos segura, definida, es precisamente porque la identidad se está perdiendo, nos estamos diluyendo, hay algo típico que se nos está yendo de las manos.

Y luego si salimos de la identidad personal y pasamos a la identidad colectiva, eso se complica mucho más, porque cuando se habla, por ejemplo, de la identidad de un pueblo, no se está hablando de nada, porque si eso fuera cierto significaría que la identidad es algo permanente. Pero no, no es así. Entonces yo prefiero sustituir el concepto de identidad por el concepto de generación, generaciones capaces de luchar, de trabajar, de tener proyectos, ideas.

Hablar de la identidad de un pueblo es lo mismo que hablar de la identidad de las nubes, unas veces tienen una forma, otras tienen otra, otra vez están ausentes, otra se deshacen en agua. Es decir, a dónde lleva esto, a un escepticismo radical. No, no, no, aunque a veces dicen que soy no solo un pesimista, sino un escéptico radical. No, es sencillamente mirar el mundo como es, o como a mí me parece que es. Y cómo los hechos, por lo menos si yo no me equivoco en la interpretación de estos hechos, me dan la razón todos los días. Digamos, el mundo existe, en este momento, y siempre, se convirtió en algo impenetrable, incluso impenetrable a la propia reflexión. Es decir, el mundo no se detiene, el mundo, la sociedad mundial, todo eso que ocurre. Nada se detiene. También es cierto que antes tampoco se detenía. No el paso del tiempo que siempre pasa igual, pero los cambios, las transformaciones sociales, eran lentísimos y tú tenías tiempo para llegar a la mitad de la vida estudiando algo que en el fondo no había cambiado mucho. Pues ahora, en veinticuatro horas tú te das cuenta de que el objeto de tu atención, de tu estudio, se convirtió en algo que ya no es, entonces el mundo exige una atención fija, continua y nosotros no tenemos los medios para unir quizá dos ideas, o dos informaciones que a lo mejor aclararían muchas cosas, pero a veces no hay ni la posibilidad, ni el tiempo.

O.V.: Pero yo diría que en su caso se han cumplido dos privilegios para observar ese proceso histórico que, se puede decir así rápidamente, ha sido, incluso, temporalmente, el siglo XX, una larga vida y una perspectiva crítica muy aguda con respecto a esos procesos. No sé si se atrevería a intentar contestarme dónde hallaría claves de cómo el mundo, cómo los procesos históricos, fundamentalmente del capitalismo, han logrado esa situación que me describía usted hace un momento.

J.S.: Bueno, vamos a ver. En el caso concreto –las coordenadas son idénticas para todo el mundo–, en el caso concreto de mi propio país, casi se puede decir que el siglo xix entró en el siglo xx hasta 1950 o algo así. De alguna forma, nosotros hemos vivido ciento cincuenta años en el siglo xix. Y se podría decir lo mismo en relación con el siglo xx, digamos que más o menos haciendo una no coincidencia entre el tiempo que pasa y los hechos que se supone que tendrían que pasar, a la luz de lo que ha ocurrido en este país y en otros. Si tú me haces esa pregunta, no me es fácil contestar fuera de lo que soy, un portugués, porque un inglés o un alemán o un ruso y también un cubano, lo verían de una forma distinta. Pero como de todos modos uno siempre hace ese esfuerzo para comprender lo que pasa alrededor nuestro, yo creo que en este momento no hay muchas ideas que nos permitan no solo entender lo que pasa, cómo imaginar, tener de alguna forma una previsión de lo que puede pasar.

Esencialmente, creo que faltan ideas, faltan ideas nuevas y tenemos la tendencia, porque eso nos tranquiliza, de usar ideas que no es que hayan perdido vigencia, sino que ya no tienen suficiente aplicación sobre los hechos de la actualidad. No es que la actualidad no pueda ser leída a la luz, digamos, de esas ideas, lo que pasa es que las ideas están ahí, pero de alguna forma han perdido en gran parte su capacidad transformadora. Están ahí como construcciones mentales que aplicadas a un tiempo podrían dar una idea justa, precisa, de lo que pasaba entonces, pero ahora hay una incoincidencia entre lo que esas ideas descifraban en la realidad de entonces, no digo que hay una incoincidencia total, pero hay una incoincidencia en relación con la realidad. Y nosotros no hemos generado ideas nuevas, ya ahora hablo sobre todo de la izquierda, porque, como a veces digo, la derecha para gobernar no necesita ideas, no las tiene, solo la confundiría, mientras que la izquierda para gobernar, para hacer lo que quiera, lo que sea, necesita ideas y no las tenemos, en la izquierda se multiplican lo que yo llamo las operaciones de cosmética, donde cualquiera está diciendo, mira, mira, seguimos siendo izquierda, pero ya no lo somos como éramos antes, somos como hay que ser ahora y ser izquierda, ahora, acaba con no saber en qué consiste. Como sabemos, todos dicen que hay que hacer una política de centro y es algo sencillo, porque en el centro están los votos que quieren captarse, nada más. De alguna forma yo creo que estamos cruzando un cerco, en lo que tiene que ver con las ideas.

Estamos masticando y remasticando ideas, muchas de ellas generosas, capaces de transformar el mundo desde entonces, pero que ahora no se presentan con mucha capacidad. Y porque se ha introducido en nuestras mentes esa idea nueva de que si no consumes no eres nada, si no consumes tú, no eres nadie. Y eres tanto más, cuanto más eres capaz de consumir. A partir del momento en que el ser humano se mira a sí mismo como un consumidor, todas, todas sus capacidades disminuyen, porque todas van a ser puestas al servicio de una mayor posibilidad de consumir. Esto es igual en todo el mundo. Aquí a lo mejor no lo notáis tanto, pero esta es la característica. Eso es lo que me ha llevado a escribir una novela que todavía no está publicada aquí, que se llama La caverna, y cuyo protagonista central es un shopping center. Yo te recuerdo un hecho: una mujer hace unos años, en España, dejó como expresión de su última voluntad que sus cenizas fueran esparcidas en un centro comercial, en un shopping center porque, según ella, allí es donde había vivido las horas más felices de su vida. Cuando un ser humano, cuando la alienación, la enajenación de un ser humano puede llegar a considerar que dentro de un centro comercial se han vivido las horas más felices de una vida humana, ¿a dónde hemos llegado, no? ¿A dónde estamos siendo todos empujados por la televisión? Acabaremos viviendo todos dentro de un shopping center.

O.V.: No, eso es lo que dice en La caverna. Considero que podríamos hablar, por separado, de tres novelas suyas, las últimas, que cada una es una metáfora o una penetración del mundo en que vivimos, con respecto a los mismos problemas, pero centrándolo en uno más que en otro. Ensayo sobre la ceguera yo pensaría que es una metáfora sobre la sinrazón humana actual; La caverna, sobre el mercado y Ensayo sobre la lucidez, sobre el mito de la democracia. Le propongo hablar de cada una de ellas, repito, por separado. Lo podríamos hacer en su orden. En Ensayo sobre la ceguera, en esa ciudad, excepto una mujer, todos quedan sin la posibilidad de ver, como decía es una metáfora sobre la condición

irracional o la sinrazón de este planeta de hoy. ¿Por qué?

J.S.: Hombre, digamos, la vida está organizada toda ella, no exclusivamente, claro, pero está organizada toda ella en función del sentido de la visión. Todo, todo está hecho, en gran parte, porque los otros sentidos tienen su lugar, el oído y todo eso, pero fundamentalmente la vida está organizada en función de que podemos ver, esto es lo obvio, y algo no tan obvio, aunque fácilmente demostrable, se supone que la vida está organizada en función del hecho de que somos seres racionales. Y eso no significa que todo lo que hacemos sea racional, o sea, razonable. Pero, bueno, sin la razón el mundo no sería lo que es, si siguiéramos siendo monos, aunque un poquito evolucionados, no pasaría nada, no estaríamos aquí con esa cámara, nada de eso. Lo que pasa es que la pérdida de la visión en Ensayo sobre la ceguera, como has dicho, es una metáfora. No vale la pena discutir si las personas están o no están ciegas, sencillamente ellas no pudieron ver, no pudieron ver ahora, pero puedo decir que no están más ciegas ahora de lo que estábamos antes; la posibilidad de comprender el mundo en que estábamos viviendo, queda reducida, muy reducida, por una cantidad de motivos conocidos, por el modo como está organizada la sociedad, los medios de información, todo, todo nos lleva a una visión deformada o por lo menos incompleta de la realidad, que por otra parte no tiene una sola imagen.

Entonces cuando pierden la visión, en el fondo, aunque no lo digo, pero por todo lo que hacen, la conclusión es obviamente esa: que esa racionalidad que nos había llevado a vivir en una ciudad organizada como normalmente se organizan las sociedades humanas hoy, era a la vez producto de la razón y de la sinrazón, y eso es el retrato mismo de la sociedad en que vivimos. Aparentemente organizada porque somos seres racionales, conocemos lo que conviene, lo que no conviene y todo eso. Parece que eso sería suficiente para una vida equilibrada, digamos. No quiero ahora, digamos, hablar de palabras mayores, como fraternidad, solidaridad, todas esas cosas que son muy hermosas, pero si estamos hablando de esto, es mejor no confundir las cosas. Lo que pasa en Ensayo sobre la ceguera, en el fondo, es una experiencia debida no a la casualidad. Posiblemente ocurrió que en un momento determinado todo el mundo se volvió ciego, se puede decir que ya lo estaban, pero ahora van a vivir en directo, por decirlo así, la experiencia de no entender, de no ver y preguntarse a sí mismos cómo es que hemos llegado a esto. Resultado: como yo no soy el escritor que todo lo termina con una moraleja, con una experiencia para el mundo, la única cosa que está allí es que cuando la mujer del médico al final recupera la visión, y mira al cielo y lo ve blanco y piensa que después, justo cuando todos están recuperando la visión, ella la va a perder, baja los ojos y la última frase de la novela es que la ciudad todavía estaba allí. Es decir, es como si la ciudad les estuviera preguntando: ¿habéis aprendido con la lección?, ¿vamos a repetir lo mismo, infinitamente?, ¿somos incapaces, en el fondo, somos incapaces de vivir juntos? Porque lo más importante es que el ser humano es un animal gregario, tenemos que vivir juntos, pero no hemos aprendido a vivir juntos, por un lado no podemos vivir si no vivimos juntos, y por otro lado no sabemos cómo vivir juntos. En el fondo, un trazo así muy general, aunque no será explícito, pero es lo que Ensayo sobre la ceguera quiere decir. Si lo ha logrado, ya es otra cosa.

O.V.: Sin duda lo logró, muy en profundidad. Siguiendo esa misma perspectiva, la idea de La caverna sería que esa caverna platónica que se va a descubrir bajo el gran shopping center, querría decir que de la escisión propuesta por Platón entre alma y cuerpo, este mundo de hoy ha promovido la complacencia en uno de los dos sentidos, en una de las dos vías de ese hombre cortado por el hacha platónica.

J.S.: Para la metáfora de La caverna, Platón solo me ha servido, objetivamente; no es que yo no sepa qué es lo que ha pretendido realmente Platón con esa metáfora, pero a mí me sirvió el hecho concreto, con independencia de qué es la realidad, la realidad exterior, esto o aquello. Apartándome de todo eso, a mí lo que me interesó fue una coincidencia extraña o no tan extraña –por lo menos Platón no podía haber pensado en ella–, que es la importancia de la imagen en nuestra civilización. Lo que Platón dice es que esas personas que estaban allí confundieron las sombras que pasaban al fondo de la caverna con la realidad, creían que esa era la única realidad; en el caso de mi novela, cuando se encuentra, cuando se descubre que debajo del shopping center está la caverna de Platón, esa caverna que Platón imaginó con las personas sentadas, atadas, mirando la pared del fondo, donde normalmente ya no estaban pasando imágenes, es muy similar, se parece mucho a la situación en que nos encontramos delante de la pantalla de un televisor, es igual, con la diferencia de que –son siempre complicadas las cosas–, la imagen de la televisión tiene una función doble, la primera función es, aparentemente, enseñarte algo, pero la segunda función es ocultar lo que te ha enseñado. La misma imagen que está diciendo, mira lo que ocurrió, tú lo recibes nada más que como un mensaje, pero esa imagen que muestra la realidad también la borra, la diluye, por el hecho de que inmediatamente te pondrá una otra imagen que no tenga nada que ver con aquella, que te agrede en el sentido de que tú quisieras seguir tú mismo reflexionando o pensando, o simplemente sintiendo la emoción, lo que sea, que esa primera imagen en el teatro no te permita ni la ilusión ni la reflexión, porque te la tiran inmediatamente con otra imagen que no tiene nada que ver, que muchísimas veces es su contrario y tú eres bombardeado a lo largo de un día por una casi infinita secuencia de imágenes y, al final de tu día, no sabes qué es lo que has visto, es decir la misma imagen que te enseña la realidad borra la realidad, porque todo se convierte en imagen, en imágenes que se van anulando unas a las otras. Eso es lo que yo pretendo.

Cuando yo hace un rato dije que acabaríamos viviendo todos en un shopping center, yo no tengo ninguna duda de ello, no tengo ninguna duda. Mira, el shopping center es hoy el único lugar seguro que hay en la Tierra, limpio, iluminado, odorífero, todo lo que está allí es hermoso, agradable, te invita, estás en el paraíso, sencillamente. El shopping center es la imagen del paraíso, aunque tú no puedas comprar nada porque no tienes dinero, a ellos les da igual, lo importante es que tú entres, porque si hoy no tienes, mañana tendrás quizá y algo acabarás comprando. Aquí en el mundo, plagado de enormes shopping center, porque date cuenta en el fondo que no hay una diferencia, no existe una gran diferencia entre un shopping center y una calle con comercios de esto y de lo otro, porque en un lugar se compra y en el otro también se compra, pero hay una diferencia total: mientras que en la calle tú eres una persona entre tantas otras, en el shopping center cada uno de los que se encuentra allí solo se mira a sí mismo, los que pasan, los que compran no tienen nada que ver con él, porque las reglas cambiaron, es el mundo del individualismo total. Entonces fuera del shopping center está todo, la violencia, la basura, todo, la contaminación, y dentro, el aire filtrado, la tranquilidad, la seguridad casi invisible pero presente, si a alguien se le ocurre robar, se lo llevan con la misma sutileza con que se llevan un cadáver de un hotel, nadie se da cuenta nunca que salió el cadáver de un huésped y que se murió, desaparece sin que te des cuenta. Es un mundo que se rige por otra razón, pero también por algunas otras razones que podemos entender como cómicas, grotescas, hay mucho de grotesco en el mundo de hoy. Umberto Eco decía, y yo estoy muy de acuerdo con él, que vendrá un ser humano nuevo, que tendrá muy poco que ver con nosotros por su mentalidad, sobre todo, luego por todo lo que se supone que vendrá seguramente, seres que están hechos por ingeniería genética, pero sobre todo por la mentalidad, porque, y esto lo digo yo –no recuerdo que Eco lo haya dicho–, nosotros somos los últimos descendientes de la Revolución Francesa, de la Enciclopedia, del Iluminismo, hemos intentado desde entonces, en poco más de dos siglos y hemos fracasado –porque a esta altura hemos fracasado–, construir un mundo sobre la razón, que no excluya las emociones, los sentimientos, pero que esté fundamentalmente asentado en la razón, y hemos fracasado.

O.V.: José, y sin ese mundo dominado por el shopping center, que no es solo una proyección, en buena medida es ya un mundo real, esa otra novela, la última conocida suya, que es Ensayo sobre la lucidez, de alguna manera propone una particular protesta contra el mito de la democracia. En Ensayo sobre la lucidez frente a unas elecciones en las que –como apuntaba ahorita– izquierda y derecha se juntan en el centro, la gente decide votar en blanco. ¿Le parecería esa la solución?

J.S.: Bueno, si yo tuviera realmente una solución y si pudiera convencer a la gente, a toda la gente, o a una mayoría, de que mi solución es la buena, pues yo entraría en la historia, tendrían que inventar otro Premio Nobel, no de Literatura, no sé de qué. Mira, para mí lo tengo muy claro, es decir esa protesta, yo en la novela casi la llamo rebelión, pero una rebelión distinta, no hay una célula organizadora, no hay un aparato, no hay agentes, no hay consignas, no hay nada de lo que normalmente se supone indispensable en un movimiento, en un gran movimiento de masas. Definitivamente, la gente un día, llamada a votar, y sin ponerse de acuerdo, como si simultáneamente estuviera harta de lo que había pasado hasta entonces, durante generaciones, va y vota en una primera votación setenta y no sé cuánto por ciento de los votos en blanco, y en la segunda votación aparece un ochenta y tres por ciento en blanco. En todos los países esto lo reconocen, el voto en blanco, se toma como un voto nulo, incluso en el caso de que haya un grupo que defienda el voto en blanco, se considera fuera de partido, se toma como algo un poco caprichoso por parte de los electores, en una palabra no se toma en serio, pero no se toma en serio porque normalmente es un uno por ciento, un dos por ciento de votos en blanco, y bueno ya está. Pero si mañana llegara en Europa al ochenta y tres por ciento de mi ficción, si mañana aparece el quince o el veinte por ciento de votos en blanco, el sistema no tendrá más remedio que cambiar, porque sería una revolución, una auténtica revolución. Porque el sistema llamado democrático tiene una dependencia directa del voto, sin voto no hay realmente sistema democrático, será otra cosa, pero si mañana me encuentro con un porcentaje alto, relativamente alto, todo el sistema democrático queda puesto en tela de juicio, porque el voto en blanco no es una abstención. Para la abstención hay cantidad de explicaciones, está lloviendo y la gente no salió a votar porque estaba lloviendo, o no estaba lloviendo y la gente se fue a la playa, estamos hartos de escuchar explicaciones, que los políticos las tienen todas, y las usan según los momentos y las circunstancias. Para el voto en blanco no hay ninguna justificación que no sea la única: que la gente salió para ir a votar, ha ido a votar y ha dicho, sin palabras, esto no me sirve, esto no me gusta. Punto, nada más.

El problema central de nuestro tiempo es el problema de la democracia, en el sentido muy claro, rotundo, de que esta democracia no es una democracia, porque los ciudadanos no pueden hacer más que quitar un gobierno y poner otro en su lugar, no pueden realmente influir en lo que influye verdaderamente en sus vidas, que es el poder económico, las instituciones que determinan nuestras vidas como el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y todo eso, que no son instituciones democráticas porque no las hemos votado, vivimos en una situación casi esquizofrénica. Tenemos una participación democrática en la vida del país, que consiste en votar, en quitar un gobierno y poner otro, y todo se queda ahí y lo que es absurdo es que el ciudadano no puede llegar a los auténticos centros de poder, porque los gobiernos se transformaron todos en comisarios políticos del poder económico. Si esto no encuentra una solución, si la democracia no tiene ningún instrumento para controlar el poder económico, sus abusos y sus crímenes, por qué tenemos que seguir llamando a esto una democracia, es una plutocracia, gobierno de los ricos y que tiene a su servicio todo, incluso a los gobiernos. Bush es un títere, no es más que un títere y la equivocación está –y todo se hace para que aceptemos esa falsa conclusión–, en pensar que el poder lo tiene el pueblo y que el fin del mundo está en manos del señor Bush. Pero no está, al señor Bush le dicen lo que tiene que hacer en cada momento y no es la Condolezza Rice, tampoco es el señor Cheney, es mucho más, mucho más arriba. Entonces, somos manipulados, somos engañados todos los días y seguimos como corderitos inocentes hablando de democracia como si fuera una realidad, en las instituciones sí, no tengo duda, están ahí, tribunal, parlamento, todo eso, pero tenemos que preguntarnos para qué sirve eso.

O.V.: José, por último, en su obra hay una gran reflexión sobre el lenguaje, sobre el lenguaje mismo, en primera instancia, literario, pero lo asocio ahora a que su justísimo Premio Nobel del 98 le catapultó definitivamente a ser una figura mediática, que es escuchada en el mundo. Desde esa perspectiva, digamos, ética o moral, ¿cómo usa ese poder que tiene en las manos?

J.S.: Mira, entre un señor que estaba en el mundo antes del Premio Nobel, yo, y el señor que sigue afortunadamente, que está en el mundo después del Premio Nobel, no hay ninguna diferencia, ninguna diferencia. Que me hayan convertido a mí en personaje mediático, yo para eso no he hecho nada. Y cuando digo que no hay ninguna diferencia, es que en el fondo lo que yo estaba haciendo y estaba diciendo antes era mutatis mutandis, es lo que estoy haciendo y lo que estoy diciendo ahora. Lo que pasa es obvio, ¿no? Si tú estás diciendo algo que llega a algunas personas que están más cercanas o un medio que tiene una cierta difusión, pues es así y tienes que contentarte, que darte por satisfecho. Pero si llega un día en que te conviertes en Premio Nobel y, a partir de ahí, no solo es el hecho de que te conviertas en Premio Nobel, porque hay Premios Nobel, escritores importantísimos de los que no se habla, y no se habla de ellos porque no participan, no intervienen, pero algunos sí, algunos sí, efectivamente. Estoy pensando ahora, por ejemplo, digamos en Soyinka, por ejemplo, y hay otros, pero eso ocurre porque antes tampoco intervenían y no era por el hecho de que le habían atribuido el Premio Nobel, y decían, ahora hay que cambiar, no, van a seguir igual. No quiere decir que por el hecho del Nobel uno pueda decir una tontería, la más rematada tontería del mundo, yo, por ejemplo, y que dé la vuelta al mundo en diez segundos, ya está, se acabó, todo el mundo sabe que el señor José Saramago ha dicho una tontería, pero a veces algunas cosas que dice no son tonterías o por lo menos piensa que no lo son. Y esa es la diferencia. No es por el Nobel, el Nobel no torna activista a una persona que, por temperamento, o por lo que sea, no nació para eso. Tú no podías pedir a Fernando Pessoa, por ejemplo, suponiendo que le daban el Nobel, que se transformara en el apóstol de esto o de aquello. No, seguiría siendo él, seguiría siendo así con su Ricardo Reis, con su Alberto Caeiro, todo ese mundo que había creado. tontería, la más rematada tontería del mundo, yo, por ejemplo, y que dé la vuelta al mundo en diez segundos, ya está, se acabó, todo el mundo sabe que el señor José Saramago ha dicho una tontería, pero a veces algunas cosas que dice no son tonterías o por lo menos piensa que no lo son. Y esa es la diferencia. No es por el Nobel, el Nobel no torna activista a una persona que, por temperamento, o por lo que sea, no nació para eso. Tú no podías pedir a Fernando Pessoa, por ejemplo, suponiendo que le daban el Nobel, que se transformara en el apóstol de esto o de aquello. No, seguiría siendo él, seguiría siendo así con su Ricardo Reis, con su Alberto Caeiro, todo ese mundo que había creado. Ahora, en el caso mío, si yo intervenía antes, si yo he participado en Portugal en la vida política y en la clandestinidad, si soy, todavía sigo siendo, militante de un partido revolucionario, qué es lo que no podía ocurrir, que gane el Premio Nobel y yo, por prudencia, diga el pasado, pasado está y ahora tranquilo, no, no valía la pena. Y no es por decir que no quiero avergonzarme de mí mismo, es que sencillamente no puedo. Es decir, la lluvia cae porque no tiene otro remedio, la lluvia no sube, cae, no tiene otro remedio. Uno es como es, aunque vuelvo a decir esto, plantearía el problema de la identidad, si uno se reconoce en esos cambios, en esa línea ondulante que es la vida. Si uno reconoce en sí mismo una coherencia, pues eso es como un bastón en el que puedes apoyarte hasta que no tengas más remedio, porque ya no tienes más fuerza que dejar caer el bastón e irte al otro barrio.

O.V.: Yo creo que hay que agradecerle a José Saramago haber usado ese poder en favor de las causas más justas de este mundo que tanto le preocupa. Muchas gracias por esta entrevista, por haber conversado con nosotros.

Julio de 2005

Fuente de la Información: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/yo-escribo-para-comprender/

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CLADE: 30 años de la Convención sobre los Derechos del Niño, a celebrarse el 20 de noviembre, invitamos a todos/as para celebrar un Día de Acción Regional por la Educación.

Por: CLADE 

En el marco del aniversario de 30 años de la Convención sobre los Derechos del Niño, a celebrarse el 20 de noviembre, invitamos a todos/as para celebrar un Día de Acción Regional por la Educación.

Este momento de agenda pública es especialmente relevante, teniendo en cuenta que el Comité de los Derechos del Niño de la ONU (CDN) hizo un llamado a los Estados que firmaron la Convención, para que presenten promesas renovadas y compromisos claros con el cumplimiento de este tratado, dando un plazo hasta el 20 de noviembre. En nuestra región, hasta el momento, apenas contestaron Chile y Ecuador. UNICEF también hizo un llamado similar a los Estados.

En este contexto, para el día 20 de noviembre y más allá, nos gustaría invitarlas/os a sumarse a las siguientes líneas de acción:

Mensajes y diálogo con autoridades

Enviar mensajes y cartas a sus gobiernos o dialogar con autoridades en sus países, demandando que contesten a los llamados del CDN y de UNICEF. En estas comunicaciones, pueden destacar sus demandas y recomendaciones para la educación y otros derechos previstos en la Convención (en el caso de Chile y Ecuador, sería importante verificar qué fue presentado y hacer incidencia al respecto, especialmente confrontando los compromisos de los gobiernos con las realidades);


Twittazo por el derecho a la educación

Participar el día 20 de noviembre, en 3 diferentes horarios (11:00, 16:00 y 21:00 – horario GMT-3), de un Twittazo por el derecho a la educación, compartiendo en estos horarios, por Facebook, Twitter e Instagram, mensajes sobre el derecho a la

educación con el hashtag #LaEducaciónQueNecesitamos y etiquetando a la CLADE (@redclade en Facebook y Twitter; @red.clade en Instagram)


Diálogo Virtual

Mira este diálogo virtual, que fue transmitido por el canal de Youtube de la CLADE. Con la presencia de autoridades y activistas de América Latina y el Caribe, se discutieron los desafíos y propuestas para la garantía del derecho humano a la educación y al cuidado en la primera infancia en la región.

El evento marcó el lanzamiento de la campaña “Derechos desde el principio: educación y cuidado en la primera infancia”.


Participar de LaEducaciónQueNecesitamos para el Mundo que Queremos

La iniciativa tiene por objetivo reunir las voces y propuestas de adolescentes y jóvenes de la región, sobre cómo debe ser la educación para un mundo mejor. Pueden apoyar divulgando la iniciativa a colectivos de estudiantes y jóvenes con los que tengan contacto para que se sumen; otra posibilidad es, en cada país, crear espacios de diálogos con estudiantes, adolescentes y jóvenes, recogiendo y divulgando sus opiniones, o invitar a que lo hagan directamente, desde la elaborac

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“La institucionalización del discurso salvacionista permite que las mujeres inmigrantes sean explotadas en el trabajo de cuidados”

“La institucionalización del discurso salvacionista permite que las mujeres inmigrantes sean explotadas en el trabajo de cuidados”

Entrevista a Sara Farris

Sara Farris es una socióloga italiana que trabaja en la Universidad de Londres. Sus trabajos se centran especialmente en las teorías sobre género, raza y en la reproducción social. Se inscribe en el feminismo marxista y en la investigación sobre interseccionalidad.

En 2017 publicó el libro In the Name of Women’s Rights. The Rise of Femonationalism (aún no ha sido editado en español), donde le pone nombre al uso, la instrumentalización más bien, de la retórica de la igualdad de género por parte de la derecha y de algunos sectores que se autodenominan feministas para apuntalar políticas racistas e islamófobas. Su interés se dirige sobre todo a analizar la base económica que hay detrás de los discursos salvacionistas, aquellos que apuntan la responsabilidad de salvar a las mujeres inmigrantes del patriarcado de sus culturas, porque lo que persiguen en realidad es mantener a estas mujeres en el trabajo de cuidados con condiciones muy precarias. El pasado mes de junio Sara Farris estuvo en Madrid y aprovechamos la oportunidad para conversar con ella sobre algunos temas que desarrolla en su libro y sobre otros que tienen gran interés para el feminismo en la actualidad.

Ángeles Ramírez: ¿Cuáles son los orígenes, tanto teóricos como de práctica activista, de la reproducción social y por qué es interesante esta perspectiva teórica para el feminismo actual?

Sara Farris: La problemática de la reproducción social es muy antigua dentro del movimiento feminista, aunque encontramos diferencias en los distintos periodos. Para el movimiento de mujeres trabajadoras de finales del siglo XIX y principios del XX –los años de Clara Zetkin y Rosa Luxemburg, aunque Rosa Luxemburg no se describía a sí misma como feminista–, para las feministas marxistas de entonces, lo importante era que las mujeres estuvieran en las fábricas como los hombres, que fueran trabajadoras como ellos. No creo que en aquel momento hubiese mucha discusión sobre la reproducción social. De alguna manera, era un problema que estaba implícito, pero la idea dominante era que las mujeres se unieran a la lucha de los hombres porque todos juntos iban a hacer la revolución y era importante estar en los sindicatos y en las fábricas. En el libro Las sin parte. Matrimonios y divorcios entre el feminismo y el marxismo, Cinzia Arruzza discute esto, el origen del feminismo en el movimiento obrero.

La reproducción social se convirtió en un tema central para el feminismo y el marxismo en los años sesenta y setenta [siglo XX]. Muchas autoras, como Sue Ferguson y otras feministas canadienses, ubican los orígenes de esta problemática en la publicación del artículo de Margareth Benson sobre el trabajo reproductivo, no recuerdo la fecha exacta de su publicación, pero a finales de los sesenta. De manera general, por reproducción social se entendía las tareas que hacen las mujeres para reproducir la fuerza de trabajo y para reproducir la vida en general, también para reproducir la sociedad, etc. En el feminismo marxista ha habido dos corrientes en torno a este problema: por un lado, las feministas de la autonomía, como Mariarosa Dalla Costa, Selma James o Silvia Federici, piensan que la reproducción social genera plusvalía porque produce a los trabajadores, que son una mercancía y, por otro lado, existe una corriente ligada a Lise Vogel que piensa que la reproducción social no produce plusvalía pero que, aún así, es crucial para la reproducción del capitalismo.

Obviamente es una división muy académica, pero lo importante para nosotras es comprender que toda esta discusión que hubo en los setenta fue muy importante para el feminismo, sobre todo en Europa, pero también en Estados Unidos, porque muchas mujeres, incluso las mujeres de clase trabajadora, eran amas de casa y hacían mucho trabajo reproductivo. No todas ellas, está claro, pero sí la mayoría. Y era así porque en este periodo específico del capitalismo, que es el fordista, se establecía que los hombres iban a la fábrica y que las mujeres se quedaban en casa. Muchas feministas, incluso las feministas liberales, se unieron bajo la idea de que trabajar era muy importante para las mujeres y que la reproducción social era algo que necesitaba ser valorizado, pero también que las mujeres no deberían hacer todo este trabajo. Con diferencias profundas entre las feministas marxistas y las feministas liberales, porque para las liberales la reproducción social es importante, pero lo más importante para las mujeres es ir a trabajar; en cambio, para muchas feministas marxistas, el trabajo no era el horizonte de la liberación, aunque, aún así, era importante trabajar. Pero sí que hubo momentos de unidad dentro del movimiento feminista.

Hoy, desde mi punto de vista, la situación es parcialmente diferente porque ahora muchas mujeres, sobre todo en los países europeos, trabajan fuera de casa. Obviamente, se siguen encargando de la reproducción social, pero el fenómeno que estamos viendo emerger es otro. Ahora mucho trabajo reproductivo está siendo remunerado, son mujeres migrantes quienes lo realizan y no solo las contratan las familias de clase media. Cada vez más familias pobres y de clase trabajadora lo están haciendo y de distintas maneras: porque el Estado otorga alguna ayuda a las familias, a veces porque no hay otra elección y también porque el trabajo de las mujeres migrantes es muy barato. Así que creo que mucha de la discusión sobre el trabajo reproductivo tiende aún a centrarse sobre el trabajo gratis de las mujeres, especialmente las mujeres blancas, pero creo que es importante reconocer que el trabajo de la reproducción social está cambiando de muchas formas, está siendo mercantilizado y cada vez más está siendo realizado por mujeres racializadas.

Á. R.: Me gustaría preguntarte ahora por tu libro y por el concepto femonacionalismo que empleas para explicar el uso que hacen los sectores de derechas, y también una parte del feminismo, de ideas que refuerzan la islamofobia y el racismo. ¿Podrías explicar qué significa y qué novedad introduce con respecto a otras aproximaciones feministas, como la de Lila Abu-Lughod o Saba Mahmood?

S. F.: Como has dicho, el concepto femonacionalismo describe la instrumentalización de los derechos de las mujeres por parte de los partidos de derechas y de algunas feministas para ir en contra de las personas migrantes, especialmente de las personas musulmanas. El femonacionalismo es el resultado de una convergencia entre diferentes fuerzas políticas que son, en realidad, opuestas. Y es una convergencia que ha sido posible en los últimos veinte años debido al auge de la derecha y el aumento del racismo en toda Europa y, en general, en el llamado mundo occidental.

Con el concepto femonacionalismo, como ya hicieron otras autoras como Abu-Lughod o Saba Mahmood, describo la manera en que las mujeres musulmanas en particular son esas mujeres que necesitan ser salvadas, rescatadas, por salvadores blancos. Como digo, lo que analizo ha sido analizado por otra gente, pero la novedad de mi contribución es que, primero, introduzco este término de femonacionalismo, para el que me inspiré mucho en el trabajo de Jasbir K. Puar, y el concepto de homonacionalismo. Aunque con una lectura diferente, porque ella es más deleuziana y yo me inscribo en una aproximación feminista marxista. Creo que es importante contar con un término que pueda describir de manera sucinta en qué consiste esta instrumentalización de los derechos de las mujeres.

La otra novedad, que creo que no ha sido muy discutida, tiene que ver con la base de la economía política de todo esto, porque creo que la mayoría de los discursos y de las descripciones de este fenómeno son muy culturalistas. Obviamente, son aportaciones muy importantes y no creo que sean secundarias; no digo que la economía política sea lo más importante, porque este fenómeno se debe a muchas razones culturales e incluso psicoanalíticas, con un legado colonial fuerte. Sin embargo, también es fundamental comprender las razones político-económicas y es lo que intento explicar. Analizo cómo las mujeres migrantes y las mujeres musulmanas son más toleradas que los hombres debido a que en este momento ellas son muy útiles para el sector de la reproducción social, para el sector mercantilizado de la reproducción.

Un ejemplo que siempre pongo es el de Italia. En 2009, la Liga Norte llevó a cabo allí una enorme regularización de migrantes ilegales, pero en realidad regularizaron solo a mujeres, las mujeres que realizaban trabajo doméstico, cuidadoras de ancianos, etc. Su argumento era que no iban a regularizar a hombres porque violan a las mujeres o porque son criminales. Se regularizó solo a las mujeres porque tienen un importante rol en nuestra sociedad, están cuidando de nuestras personas mayores. Y con esta medida, de alguna forma, estaban haciendo un favor a todas esas familias de clase media que las contratan, entre las que tienen muchos votantes, pero también a familias trabajadoras que pagan a una inmigrante. A los estados les conviene más tener a una mujer migrante haciendo las tareas propias del Estado del bienestar, como el trabajo de cuidados, en lugar de que sea el propio Estado quien lo pague y quien provea recursos para el cuidado. Resumiendo, este es el aspecto político-económico que destaco.

Rebeca Martínez: Quería preguntarte también por otros trabajos tuyos. En tus investigaciones se aprecian dos tendencias: la primera, que otorgas un lugar central al análisis de la intersección entre clase, raza y género; la segunda, que de fondo –al menos es mi impresión– siempre está presente la clásica tensión dialéctica clásica entre estructura y superestructura. El concepto de femonacionalismo que acuñas podría entenderse, de hecho, como un ejemplo donde opera esta tensión, puesto que intenta explicar la relación que existe entre políticas racistas y sexistas, como las que has descrito antes, y el modelo productivo. En un artículo que publicaste en la revista Viewpoint Magazine aparece de nuevo esta tensión. Mientras que muchas feministas marxistas buscan comprender la interrelación entre género, raza y clase en el nivel más estructural, analizando cómo dialogan el trabajo productivo y el reproductivo, en ese artículo tú apuntas que las raíces de esta intersección están en la formación del Estado-nación, que es el nivel político, o superestructural si queremos. ¿Puedes profundizar en este aspecto?

S. F.: Me gusta que hayáis leído ese artículo. Fue exclusivamente una aportación acerca de una de las tesis de Cinzia [Arruzza]. Una de las cosas que intentaba responder ahí fue ¿podemos explicar dentro del marco marxista la opresión de las mujeres? ¿Podemos hacerlo buscando en las categorías marxistas más estructurales? Es una discusión muy compleja y aún estoy trabajando en ello.

Hay una tendencia en el marxismo, representada por David Harvey, Ellen Meiksins Wood, Terry Eagleton y otros marxistas, que dice que las categorías marxistas de la explotación son ciegas al género, que cuando Marx habla de explotación no habla específicamente de mujeres o de hombres, porque ni el género ni la raza de la gente explotada importan. La respuesta de algunas feministas a esto ha sido: bien, puede que no necesitemos que estas categorías atiendan a la opresión, pero es importante mirar a la historia. Lo que intento hacer yo en ese artículo (aunque, honestamente, fue solo una tentativa) es decir: no creo que debamos separar historia y estructura, creo que es importante que las entendamos juntas de una manera dialéctica. Lo que decía era que la construcción del Estado-nación, históricamente, pero también estructuralmente, podría ayudarnos a comprender desde un punto de vista marxista la forma en que el capitalismo explota a las mujeres de una manera específica. La razón que apunto es que, y también Marx escribe sobre ello, el capitalismo necesita la forma de Estado-nación, porque el Estado es el principal organizador de las relaciones capitalistas. Así que lo que sugiero es que quizás deberíamos mirar más de cerca al Estado y su conexión con la explotación capitalista para, precisamente, comprender la opresión de las mujeres en el capitalismo, histórica y también estructuralmente.

Para escribir este artículo también me interesé por una parte de El Capital donde Marx discute sobre el ejército industrial de reserva y hay un pasaje, al que yo no había prestado nunca atención, donde Marx dice algo como –y cito de memoria–: el ejército de reserva no es homogéneo, así que el capital tiende a explotar a la gente de manera diferente de acuerdo a si su capacidad de trabajo es superior o inferior. Y con esto se refiere a gente como los niños y las mujeres, pero también a las personas a las que no se puede explotar más. Así que él ya está haciendo una diferenciación entre los explotados. No es verdad que las categorías de Marx sean ciegas al género, porque comprende que hay una distinción entre las personas que son explotadas. Así que diría que la categorización del ejército industrial de reserva es muy importante para comprender la opresión de las mujeres y esta categoría del ejército de reserva está ligada históricamente al Estado-nación, porque mucha gente que compone esta reserva han sido inmigrantes, no nacionales.

Para mí no es tanto una cuestión de distinguir entre estructura y superestructura en ese sentido que apuntas. Al menos no lo había pensado así. Es una discusión de cómo entendemos la opresión de las mujeres y la racialización de la gente desde una perspectiva marxista en términos teóricos estructurales de hecho.

R. M.: ¿Por qué el Estado-nación, en su momento fundacional, ve ya a las mujeres como reproductoras solamente? ¿De dónde crees que viene esa marca sexista ya en aquellos momentos?

S. F.: Esta ha sido una de las discusiones más importantes dentro del feminismo marxista. Si leemos el material de los años setenta y ochenta, todas las feministas marxistas hablan de esto. Me interesé por esta literatura porque estoy escribiendo algo sobre esto y me quedé impresionada por la cantidad de material que se escribió en la década de los setenta. Hubo mucho intercambio entre las feministas marxistas, mucho más que ahora. Mi impresión es que hay diferentes teorías, incluso dentro del feminismo marxista, sobre el origen de la opresión de la mujer. Por ejemplo, uno de los intercambios más interesantes para mí fue el que hubo entre Michele Barrett, que escribió Women’s oppression today, y Johanna Brenner a principios de los ochenta. Creo que la posición de Brenner es muy interesante. Según ella, entre el feudalismo y el capitalismo se produjo un cambio importante para las mujeres. Primero, hay que aclarar que nadie dice que no hubiera opresión antes. La discusión es, más bien, comprender las diferentes formas de opresión en los diversos periodos históricos y en los distintos modos de producción.

Según Johanna Brenner, en el feudalismo, debido a que la forma de producción era agraria, las mujeres tenían más flexibilidad y libertad, especialmente en los periodos de tiempo en los que estaban dando pecho, criando a sus niños o cuando estaban embarazadas, porque si trabajaban en el campo, por ejemplo, aún podían hacer un descanso para alimentar al niño o para cocinar y hacer las tareas en casa. Según Brenner, la introducción de las fábricas impuso una división absoluta entre las tareas domésticas y el lugar de trabajo, lo que creó desventajas para las mujeres, porque, obviamente, cuando las mujeres están embarazadas o están criando no pueden ir a trabajar a la fábrica tan fácilmente y, para ella, esto fue clave para mantener a las mujeres en un rol secundario e inferior, apartadas de la organización de los trabajadores y de los sindicatos. Y esto hace que las mujeres de clase trabajadora sean inferiores a los hombres de clase trabajadora. En ese sentido, debido a la manera en que está organizada la producción en el capitalismo, hay una forma específica de opresión para las mujeres de familias de clase trabajadora.

Por supuesto, lo que también tiene que reconocerse es que no es solo el proceso de producción, sino que toda la infraestructura ideológica contribuye también a la opresión de las mujeres, porque en el Estado-nación las mujeres son las reproductoras biológicas. Es muy importante que las mujeres se encarguen de la reproducción de los trabajadores, de la reproducción de la próxima generación de trabajadores, de soldados, etc.; por eso, el Estado siempre controla el cuerpo de las mujeres y la reproducción. La gran pregunta es cómo los elementos económicos interactúan con los elementos políticos dictados por el Estado, con el Estado-nación más específicamente. Es una reflexión muy compleja.

También es muy importante discutir estos aspectos históricamente en el sentido de que creo que hay diferencias entre lo que ocurría, por ejemplo, en los inicios del capitalismo a finales del siglo XVIII, lo que ocurría en la década de los veinte del siglo XX y lo que ocurre ahora. Creo que tenemos que mirar a los diferentes estadios del capitalismo y la manera en que la producción ha interactuado con el Estado-nación.

R. M.: ¿Y qué papel juega en todo esto el patriarcado? La editorial Ménades ha reeditado recientemente en España el libro El contrato sexual de Carole Pateman. Pateman sostiene que el contrato social, definitivo para la creación del Estado-nación, se asentó sobre el contrato sexual, del que no suelen hablar nunca ni los contractualistas clásicos ni las teorías sociológicas actuales. Su tesis abre vías de reflexión interesantes que nos llevan a pensar que el patriarcado no es solo una reminiscencia del pasado como se piensa muchas veces, algo perteneciente a un sistema antiguo donde predominaba la relación entre el amo y los esclavos y entre el amo y sus mujeres. Al contrario, el patriarcado es aquí y ahora. Todas las instituciones propias del Estado-nación son patriarcales, la expresión del patriarcado moderno. Tengo la impresión, y me gustaría conocer tu opinión, de que muchas veces, desde las aportaciones que se enmarcan en el feminismo marxista, el análisis del patriarcado es secundario. Que, de alguna manera, el análisis del capitalismo ensombrece al del patriarcado.

S. F.: Efectivamente, creo que la conexión con Carole Pateman es fundamental. Dentro del feminismo marxista tenemos la tendencia, incluso desde la teoría unitaria, a dar prioridad al análisis del capitalismo. Estoy de acuerdo, creo que es verdad. De hecho, si preguntas a muchas feministas marxistas que se adhieren a la teoría unitaria dirían que el capitalismo es como un cuerpo humano en el que la explotación de clase es el corazón y el racismo y el sexismo son los otros órganos. Por supuesto, todo es importante para el funcionamiento del organismo, pero el corazón es la explotación de clase.

Quizás tenemos que cambiar esa metáfora, porque no creo que el símil con el organismo sea útil en realidad. Creo que si concebimos el capitalismo, el patriarcado y el racismo como parte de un organismo estamos suponiendo una jerarquía. Es más, no creo que debamos concebirlos como sistemas separados, porque esto es lo que hace la interseccionalidad: por aquí está el capitalismo, aquí el racismo, aquí el sexismo y entonces se cruzan, como si estuvieran separados. Creo que es más útil entenderlos como un todo, como una totalidad. Por ejemplo, David McNally tiene un fabuloso artículo en el libro Social Reproduction Theory, de Tithi Bhattacharya, donde intenta hacer esto. Cuando discute sobre la interseccionalidad, una de las cosas que dice es precisamente que necesitamos entenderla no como sistemas separados sino como una totalidad y lo hace de una forma hegeliana. Creo que esta aproximación es muy interesante y fructífera, pero también muy difícil de comprender. Primero, porque creo que el concepto de totalidad en Hegel es muy complejo. Estamos muy acostumbrados a pensar en categorías separadas y, en ese sentido, tener una teoría de la totalidad sin pensar en categorías es uno de los desafíos más difíciles. No sé exactamente qué significa en lo concreto, pero lo importante para mí es cambiar esa metáfora y acabar con la jerarquía. Estoy de acuerdo en que el patriarcado es muy importante para comprender el capitalismo y viceversa.

Á. R.: Vamos a volver ahora a tu libro. Señalas que el discurso salvacionista está relacionado con la economía política. Que este discurso es útil para mantener a las mujeres musulmanas y a las no occidentales en el trabajo reproductivo. Sin embargo, cuando pienso en el perfil de las mujeres marroquíes o musulmanas en España, también en Portugal y creo incluso que en Italia, vemos que no se corresponde con el de trabajadoras domésticas, sino que más bien son amas de casa. Sé que es muy difícil conocer esto, incluso atendiendo a los datos, porque muchas mujeres trabajan en la economía informal, pero me gustaría que indagáramos un poco más en esta cuestión.

S. F.: Entiendo a lo que te refieres, es una cuestión importante. De hecho, es una de las dificultades con las que me encontré cuando intentaba dar un sentido a todo esto. Diría dos cosas: primero, que cuando hablo de femonacionalismo no estoy hablando de la instrumentalización de los derechos de las mujeres solo en el contexto de las campañas antimusulmanas, sino en el contexto más amplio de campañas antiinmigración. Porque la representación de las mujeres no blancas (más específicamente, mujeres no occidentales) como víctimas no solo afecta a las mujeres musulmanas, sino que afecta a las mujeres no occidentales de manera más general. Un ejemplo que suelo poner, también en el libro, es el de las mujeres del Este, que son blancas y cristianas, y durante los años noventa fueron descritas como víctimas de la prostitución. Si recordáis, hubo una campaña enorme contra la inmigración del este de Europa y una de las cosas que usaron fue la idea de que los hombres traficaban con mujeres, las mujeres eran las esclavas. Así que la idea de que las mujeres no occidentales son víctimas de la violencia patriarcal está muy difundida, no son solo las mujeres musulmanas.

Á. R.: Sí, pero el concepto de femonacionalismo se refiere sobre todo a las mujeres musulmanas, por eso me interesa indagar en esa especificidad. Con el concepto de homonacionalismo ocurre igual, se refiere sobre todo a la población musulmana. No sé si referirse en específico a las musulmanas es muy forzado.

S. F.: Sí, comprendo lo que dices. Y eso era precisamente lo que quería evitar, forzar el argumento. Por eso, una de las razones para incluir a las mujeres musulmanas fue observar los programas de integración cívica, y estos programas se dirigían especialmente a migrantes que venían por la reunificación familiar. Y en los últimos veinte años la reunificación familiar en Francia, Italia y los Países Bajos (no puedo hablar de España porque no conozco el contexto español) era mayoritariamente de musulmanes, por diferentes razones políticas e históricas. Y lo que ocurre con los programas de integración es que empujan a las mujeres a aceptar trabajos que están relacionados con el cuidado de mayores.

Hay muchos ejemplos sobre esto, uno de ellos en el contexto de los Países Bajos. Allí es muy frecuente que los programas municipales inciten a las mujeres musulmanas, mujeres turcas y marroquíes, que son las comunidades más grandes, a empezar a trabajar cuidando a personas mayores. En el sector de la reproducción social sobre todo, porque hay mucha demanda para trabajar allí. Así que creo que tienes razón en que hasta hace unos años quizás muchas mujeres musulmanas no trabajaban mucho en la reproducción social, pero quiero apuntar una cosa en este sentido. Hay mucha menos investigación sobre mujeres musulmanas haciendo el trabajo de cuidados porque la mayoría de la investigación se hace sobre mujeres de Latinoamérica, de países del este de Europa o de Filipinas.

En el año 2003 hice mi tesis sobre mujeres de Bangladesh, Sri Lanka y Perú que vivían en Roma y muchas mujeres de Bangladesh, que son mujeres musulmanas, hacían trabajos domésticos. Recuerdo que me decían que nunca estarían como internas, debido a sus obligaciones familiares, pero sí que hacían trabajo de cuidados. Por eso, mi impresión es que hay menos investigación sobre estas mujeres en nuestros círculos académicos, al menos los de estos países, porque no conozco mucho del contexto español.

Pero lo que intento decir es que el femonacionalismo también opera a través de estos programas de integración como una forma de institucionalizar el discurso y están forzando a muchas mujeres musulmanas a coger trabajos de este tipo.

Y otra cosa en relación con esto. En un país como Italia, que quizás es más parecido a España, es verdad que las mujeres musulmanas han estado menos presentes en el sector de cuidados durante muchos años, porque había muchas mujeres de Europa del Este, también de Latinoamérica, mujeres cristianas en general, porque muchos empleadores quieren mujeres cristianas. Sin embargo, creo que la situación está cambiando, al menos en Italia. En Francia, la mayoría de las trabajadoras domésticas o trabajadoras de la reproducción social son musulmanas, porque es la mayoría inmigrante en el país.

Á. R.: Cuando en tu libro hablas de mujeres que emplean el discurso del femonacionalismo mencionas a Hirsi Ali, Marine Le Pen, Fadela Amara, Oriana Fallaci, Elisabeth Badinter. Identificas a muchas de estas mujeres como feministas, pero en realidad hay dudas sobre esto. Por ejemplo, Oriana Fallaci no se identifica como feminista y las feministas activistas no reconocerían a estas mujeres como feministas. Mi pregunta es ¿por qué ellas? ¿No sería interesante ampliar esta investigación hacia el movimiento feminista para contrarrestar este discurso?

S. F.: Es verdad que, por ejemplo, Oriana Fallaci no se identifica a sí misma como feminista, aunque jugó un papel importante en Italia en los setenta, con la defensa del derecho al aborto o del divorcio. Pero el resto sí. Fadela Amara, Hirsi Ali…, se identifican ellas mismas como feministas. Para mí, lo importante aquí es reconocer que no hay un feminismo solamente, sino muchos feminismos, porque, por ejemplo, también hay una tradición feminista entre las mujeres de derechas. Por eso, creo que es importante insistir en que hay feminismos, en plural, porque esta es la historia del feminismo en realidad, que viene de diferentes tradiciones políticas. De hecho, la tradición feminista liberal ha sido la más fuerte históricamente, la más visible. Así que no creo que debamos sorprendernos si son racistas, porque incluso las mujeres del movimiento sufragista en los años veinte eran racistas. Por ejemplo, si lees lo que escribían sobre las mujeres en las colonias, vemos que, efectivamente, no eran cosas agradables. Así que tenemos que reconocer que existen diferentes tipos de feminismo y que hay estas trazas de colonialismo en el feminismo occidental.

Quería decir algo más con respecto a la investigación dentro del feminismo activista. Sí, tienes razón, es algo que debería haber hecho en el libro. Una de las cosas que intento hacer en la actualidad es atender más esto. Porque sí, estas mujeres que abanderan el discurso antiislamista son las que reciben más espacio en los medios, son las más mainstream. Pero hay mucha oposición a lo que dicen, muchos grupos de mujeres en todos estos países, de mujeres musulmanas, colectivos feministas, antirracistas… Hay mucha oposición, pero tienen menos acceso a los medios, así que en ese sentido tienen menos visibilidad. Es muy importante, por tanto, hablar más sobre estas feministas.

Rebeca Martínez es investigadora en comunicación y Ángeles Ramírez es profesora de Antropología en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Consejo Asesor de viento sur

Fuente de la Información: https://vientosur.info/spip.php?article15291

 

 

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El Consejo Interuniversitario Nacional de Argentina repudia el golpe de Estado en Bolivia

El Consejo Interuniversitario Nacional de Argentina repudia el golpe de Estado en Bolivia

Desde el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) de Argentina queremos expresar nuestra solidaridad con el pueblo boliviano y nuestro firme rechazo al golpe de estado que se llevó a cabo en el hermano país, donde se forzó las renuncias del presidente constitucional Evo Morales Ayma y el vicepresidente Álvaro García Linera.

Asistimos con mucha preocupación al regreso de la tutela sobre nuestras democracias por parte de las fuerzas armadas y de seguridad que, de esta manera, subvierten su función constitucional y le dan la espalda a las decisiones de nuestros pueblos. Además, la actitud violenta de grupos que han desoído los llamamientos internacionales y del propio gobierno de Bolivia conmociona y avasalla todas las normas y principios de la vida democrática en la región latinoamericana.

Queremos instar al inmediato cese de hostilidades contra el pueblo y reclamar la inmediata salida a través de la vía constitucional, con democracia y respeto total a las leyes.

Solicitamos que los presidentes elegidos democráticamente en América Latina y el mundo condenen estas prácticas antidemocráticas y contribuyan al reestablecimiento del dialogo y la paz social en el país hermano, con todas las garantías para que el pueblo pueda elegir con libertad.

Fuente de la Información: https://www.nodal.am/2019/11/el-consejo-interuniversitario-nacional-de-argentina-repudia-el-golpe-de-estado-en-bolivia/

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Intelectuales, artistas y personalidades de todo el mundo se suman a campaña contra la represión en Chile

Las reconocidas feministas Judith Butler y Silvia Federici; importantes personalidades de los Derechos Humanos como Adolfo Pérez Esquivel, premio nobel de la paz, Nora Cortiñas de Madres de la Plaza de Mayo; y diputados de distintos países se sumaron a la campaña.

El pasado fin de semana en los Encuentros #FueraPiñera organizado por las y los trabajadores del Hospital Barros Luco y el Encuentro de sectores movilizados convocado por el Comité de Emergencia y Resguardo de Antofagasta, se decidió impulsar una campaña internacional contra la represión en Chile. Este viernes un compañero más murió en el marco de las movilizaciones, esta vez en plena Plaza Italia.

La campaña exige el fin a la represión, juicio y castigo a todos los asesinos de manifestantes, acabar con la agenda represiva del gobierno, libertad a los presos por movilizarse, y por el derecho a la protesta.

En Chile a la campaña se han sumado artistas como Anita Tijoux, el actor Pablo Schwartz y Nestor Cantillana. Además de múltiples personalidades y organizaciones de Derechos Humanos, sociales y políticas.

La campaña ha tenido impacto internacional. Reconocidas feministas como Judith Butler y Silvia Federici se sumaron a la campaña. También adhirieron Adolfo Pérez Esquivel, premio nobel de la paz y Nora Cortiñas de Madres de la Plaza de Mayo de Argentina.

También se han sumado diputados como Vidal Aragonés, diputado en el Parlamento de Cataluña por la CUP, Nicolás del Caño, ex candidato a presidencial en Argentina y diputado nacional, o Stéfanie Prezioso, miembro de la Cámara de Diputados del Parlamento Federal de Suiza.

Intelectuales como Robert Brenner, profesor de historia de la UCLA en Estados Unidos, Ricardo Antunes, autor y sociólogo de la Universidade Estadual de Campinas, Michael Löwy, también se han sumado.

Cientos de personas en todo el mundo han adherido a través del formulario virtual. Revisa abajo las principales firmas:

*Chile*

 

  •  Anita Tijoux, artista chilena
  •  Pablo Schwartz, actor chileno
  •  Nestor Cantillana, actor chileno
  •  Javier Rebolledo, periodista y escritor
  •  Víctor de la Fuente, director edición chilena de Le Monde Diplomatique
  •  Gustavo Burgos, abogado, director revista El Porteño
  •  Edgard Garrido, fotoperiodista, Premio Pulitzer 2019
  •  Rodrigo Karmy, académico de la Universidad de Chile, Centro de Estudios Árabes
  •  Leonora Reyes, académica Universidad de Chile, Centro de Estudios Pedagógicos
  •  Dauno Totoro Navarro, dirigente del Partido de Trabajadores Revolucionarios
  •  Nicolás Bustamente, ex dirigente ferroviario FCAB Antofagasta
  •  Maria Rivera, abogada Defensoría Popular
  •  Andrés Figueroa Cornejo, periodista y vocero del Congreso de los Pueblos Chile
  •  Miguel Fonseca, trabajador Social, Académico y Activista de DDHH
  •  Cesar de Vicente Hernando, Investigador de teatro político español
  •  Ivonne Peralta, presidenta Asociación de Observadores de DDHH, ODDH.
  •  Raul Encina, vocero Asociación de Observadores de DDHH, ODDH.
  •  Víctor Osorio, periodista
  •  Ivan Cabezas, periodista
  •  Itayreé Acle, Fuerza de Bases, FDB Chile
  •  Cecilia Parra, Fuerza de Bases, FDB Chile
  •  Clara Pérez, periodista
  •  Eugenia Prado Bassi, escritora y editora
  •  Carlos Oyarce, Sindicato SGS Minerals Antofagasta
  •  Fenats Hospital Barros Luco Trudeau
  •  Centro de Estudiantes Liceo 7 de Santiago
  •  Comisión Chilena Pro-Derechos Juveniles (Codeju)
  •  Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP)
  •  Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR)
  •  Movimiento Internacional de Trabajadores (MIT)
  •  Corporación de Derechos humanos 4 de Agosto
  •  Agrupación de Víctimas de Violencia Policial
  •  Asociación de Observadores de DDHH, (ODDH)
  •  Tarea Urgente, Colectivo Artístico.*Estados Unidos*
  •  Judith Butler, Professor of Comparative Literature, UC Berkeley.
  •  Silvia Federici, co-founder of the International Feminist Collective.
  •  Zahra Ali, socióloga y antropóloga, Rutgers University
  •  Etienne Balibar, Department of French & Institute for Comparative Literature and Society, Columbia University
  •  Jeff Goodwin, Professor of Sociology, New York University.
  •  Suzi Weissman, Professor of Politics, Saint Mary’s College of CA, Jacobin Radio
  •  Robert Brenner, Professor of History, UCLA.
  •  Charles Post, Professor of Sociology, Graduate Center and BMCC, CUNY.
  •  Dr. Sue Ferguson, Professor Emeritus, Wilfrid Laurier University, Brantford, Canada.
  •  Kevin B. Anderson, Professor of Sociology, Political Science and Feminist Studies at University of California, Santa Barbara.*Francia*
  •  Mathilde Allain, investigadora CREDA-IHEAL, Université Paris III Sorbonne Nouvelle
  •  Eric Alliez, filósofo, Université Paris 8
  •  Emmanuel Barot, philosophe, Université Toulouse Jean Jaurès
  •  Luc Capdevila, historiador, Université de Rennes
  •  Alice de Charentenay, profesora de literatura, Université Paris 1 – Panthéon Sorbonne
  •  Philippe Corcuff, sociólogo y politólogo, Institut d’Etudes Politiques de Lyon
  •  Laurence De Cock, historiadora
  •  Sabine Dupuy, socióloga
  •  Jules Falquet, socióloga y feminista, Université Paris Diderot
  •  Eric Fassin, sociólogo, Université Paris 8
  •  Alain Frappier, escritor y dibujante
  •  Désirée Frappier, escritora y guionista
  •  Franck Gaudichaud, historiador y politólogo, Université Toulouse Jean Jaurès
  •  Yvette Marcela García, socióloga, Université de Strasbourg
  •  Michèle Guillemont, profesora de literatura, Université de Lille
  •  Anouk Guiné, profesora de asuntos internacionales, Université Le Havre Normandie
  •  Nathalie Jammet-Arias, historiadora, Université Paris Nanterre
  •  Fanny Jedlicki, socióloga, Université de Rennes 2
  •  Alvar de la Llosa, historiador, Université Lyon 2
  •  Michael Löwy, sociólogo, Centre National de la Recherche Scientifique
  •  Germaine Mandelsaft, traductora
  •  François Martinez, historiadora, Université Paris 8
  •  Olivier Neveux, profesor de historia y estética, Ecole Normale Supérieure de Lyon
  •  Willy Pelletier, sociólogo, Coordinador general de la Fondation Copernic
  •  Roland Pfefferkorn, sociólogo, Université de Strasbourg
  •  Matthieu Renault, filósofo, Université Paris 8
  •  Hélène Roux, socióloga
  •  Sébastien Rozeaux, historiador, Université Toulouse Jean Jaurès
  •  Jean Baptiste Thomas, historiador, Ecole polytechnique, París
  •  Alexis Yannopoulos, profesor de literatura, Université Toulouse Jean Jaurès*Argentina*
  •  Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, SERPAJ
  •  Nora Morales de Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora
  •  Elia Espen, Madre de Plaza de Mayo línea fundadora
  •  Madres de Plaza de Mayo, Filial Neuquén y Alto Valle
  •  Marcela Brizuela de Ledo, Madres de Plaza de Mayo la Rioja
  •  Sergio Maldonado, Hermano de Santiago Maldonado
  •  Myriam Bregman, Abogada causas lesa humanidad CEPRODH
  •  Roberto Gargarella, jurista, constitucionalista
  •  Miss Bolivia, Cantante
  •  Paula Maffia, Música
  •  Verónica Llinás, Actriz
  •  Laura Azcurra, Actriz
  •  Graciela Sslim, Artista
  •  Camila Ramírez, Actriz
  •  Hernán Cassibba, Músico
  •  Mariel Fernández, Actriz
  •  Guillermo Roldán, Músico
  •  Flora Alkorta, Guionista, Comediante
  •  Verónica Lorca, Guionista. Comediante
  •  Franco Vergara, Bajista de Yamarada Mou
  •  Guillermo Martinez, Escritor
  •  Enzo Maqueira, Escritor
  •  Claudia Piñeiro, Escritora
  •  Gabriela Cabezón Cámara, Escritora
  •  Maria Ines Krimer, Escritora
  •  Elsa Drucaroff, Escritora
  •  Claudia Aboaf, Escritora
  •  Bibiana Ricciardi, Escritora
  •  Celina Eibuszyc, Escritora
  •  Laureano Asoli, Escritor
  •  Luciano Deraco, Editor
  •  Julieta Obedman, Editora
  •  Marcela Ojeda, Periodista
  •  Rocío Ricaurte, Periodista
  •  Mariana Sidoti, Periodista
  •  Natalia Gelós, Periodista
  •  Alejandro Horowicz, Ensayista, profesor de Sociología, UBA
  •  Adriana Meyer, Periodista. Docente UBA
  •  Mercedes D’Alessandro, Economista
  •  Candelaria Botto, Economista
  •  Celeste Mac Dougall, Docente. Integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al aborto
  •  Claudia Damiani, Red de Profesionales de la salud por el Derecho a Decidir
  •  Soledad Deza, Mujeres x Mujeres. Católicas por el derecho a decidir, en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito
  •  Andrea Lucero, Socorristas en Red
  •  Florencia Freijo, Politóloga
  •  Sol Bajar, Editora de Género de La Izquierda Diario. Periodista. Docente
  •  Ana Carolina Luz, Periodista. Investigadora
  •  María Laura Bretal, Feminista y militante de Derechos humanos
  •  Danila Suárez Tomé, Filósofa. Feminista
  •  Ro Ferrer, Ilustradora. Feminista
  •  Daniel Gorbeña, ATE Conicet
  •  Natsumi Shokida, Economista. Feminista
  •  Ricardo Palmadessa, Arquitecto, fotógrafo y docente. FADU/UBA
  •  Alejandro Agresti, Director de cine, escritor.
  •  Juan Imassi, Director de Cine. Profesor ENERC INCAA
  •  Gustavo Pecoraro, Escritor. Periodista
  •  Sergio Ezequiel Martínez, Filosofo
  •  APDH, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Argentina
  •  APDH Neuquén
  •  Asociación Abogados Laboralistas
  •  Asociación de ex Detenidos y Desaparecidos
  •  Asociación de ex detenidos y familiares de desaparecidos de la dictadura Regional Ledesma Jujuy
  •  Asociación Madres y Familiares de detenidos desaparecidos Jujuy
  •  Hermanos de Desaparecidos por la Verdad y la Justicia
  •  Encuentro militante Cachito Fukman
  •  Graciela Ledo, Querellante contra Cesar Milani y Esteban Sanguinetti
  •  Margarita Noia, Secretaria de Derechos Humanos de CTA Autónoma Capita
  •  Oscar Schaller, Ex detenido y querellante de César Milani
  •  Liliana Mazea, Abogada causa Lesa Humanidad
  •  Daniel Straga, Abogado causas DDHH
  •  Liberpueblo
  •  Carlos Zamboni, Abogado Federación Aceitera y FOCRA
  •  Diana Kordon, Coordinadora del Equipo Argentino de Trabajo e Investigación psicosocial (EATIP)
  •  Gustavo Oreste Gallo, Defensor Público de Minoridad Ciudad de Buenos Aires
  •  Julio Avinceto, Agrupacion HIJOS La Plata – Argentina
  •  Mariana Soledad Alvarez, Abogada
  •  Patricia Walsh, Hija de Rodolfo Walsh
  •  Victoria Moyano Artigas, nieta restituida por Abuelas de Plaza de Mayo.
  •  Alejandrina Barry, Hija de desaparecidos,Directora Comisión contra la Violencia Institucional legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. CEPRODH
  •  Clara Petrakos, Hija de desaparecidos
  •  María Inés García, Hija de desaparecidos, querellante causa Esma
  •  Marta Ungaro, Hermana de Horacio Ungaro desaparecido en la noche de los lápices
  •  Manuela Carricondo, Hija de desaparecidos, CEPRODH
  •  Pablo Silvestri, Hijo de asesinado por la Triple A
  •  Marcelo Roldán, Hijo de desaparecido
  •  Juan Contrisciani, Hijo de desaparecido
  •  Fabián Troitero, Hijo desaparecidos
  •  Jorge Sobrado, Exdetenido desaparecido
  •  Gervasio Diaz, H.I.J.O.S Alto Valle
  •  Gloria Pagés, Hermana de desaparecidos
  •  Andrea Robles, Hija de asesinado por la Triple
  •  Mariano Esteban Pinedo, Nieto de Rodolfo Walsh
  •  Sobrevivientes de Ford, Comisión Campo de Mayo
  •  Demian Konfino, Escritor, Abogado por los Derechos Humanos Barrio Mugica
  •  Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires
  •  Hernan Mansilla, Abogado
  •  Alejandro Schneider, Docente (UBA-UNLP)
  •  Ana Villar, Docente e investigadora
  •  Paula Varela, Docente e Investigadora (UBA/CONICET)
  •  Juan Duarte, Docente UBA
  •  Javier Waiman, Docente UBA
  •  Manuel Riveiro, Docente UBA/UNAJ Argentina
  •  Ariel Aramayo, Docente universitario /UNLP
  •  Ezequiel Adamovsky, Historiador (CONICET, Argentina) . Hernán Camarero, Historiador, Universidad de Buenos Aires/CONICET
  •  Corina Luchía, Historiadora UBA-CONICET
  •  Federico Holik, Investigador/CONICET
  •  Alejandro Sosnovsky, Investigador/CONICET
  •  Juan Manuel Martin, Profesor de Historia / Poder Popular
  •  Ioram Kaplan, Psicólogo
  •  Eric Sigwald, Psicólogo – CONICET
  •  Alejandro Vainer, Psicólogo/Revista Topía
  •  Pablo Bonavena, Sociólogo
  •  María Luciana Nogueira, Becaria CONICET/Docente
  •  Luján Calderaro, Becaria UBA
  •  Luciana Ghermandi, Bióloga
  •  Jorgelina Franzese, Bióloga
  •  Verónica Diaz Villanueva, Bióloga CONICET
  •  Lucia Castello, Bióloga, investigacion post-doctoral en CONICET
  •  Gabriela Gleiser, Bióloga/CONICET
  •  Adriana Ruggiero, Bióloga/CONICET-UNCo
  •  Esteban Balseiro, Biólogo, CONICET-UNComahue
  •  Mercedes Fernanda López Cantera, Docente – UBA
  •  Diego Ceruso, Investigador/UBA/Conicet
  •  Valeria Susana Ojeda, Investigadora (bióloga) CONICET
  •  Marina Arbetman, Investigadora CONICET
  •  Rosario Escobar, Investigadora en Didáctica de la Física – Docentes e Investigadores de Izquierda
  •  Constanza Cattaneo, Laboratorio de Investigación del Grupo interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán
  •  Mariela Cecilia Lazzaletta, Lic. en Psicología
  •  Florencia Zerman, Lic. en Psicología
  •  Magali Rodriguez, Licenciada en Historia
  •  Rodolfo Elbert, Profesor e Investigador (UBA-Conicet)*Brasil*
  •  Ricardo Antunes, autor e sociólogo, professor da Universidade Estadual de Campinas
  •  Omar Ribeiro Thomaz, professor de Antropologia da Universidade Estadual de Campinas
  •  Gonzalo Rojas, professor de ciência política da Universidade Federal de Campina Grande
  •  Marcello Ferreira dos Santos «Pablito», Diretor do Sindicato dos Trabalhadores da Universidade de São Paulo
  •  Adriano Brant Favarin , Diretor do Sindicato dos Trabalhadores da Universidade de São Paulo
  •  Claudionor Brandão, Diretor do Sindicato dos Trabalhadores da Universidade de São Paulo
  •  Fernanda Peluci, diretora eleita do Sindicato dos Metroviários de São Paulo
  •  Felipe Guarnieri, diretor da Federação Nacional de Metroviários
  •  Filipe Amorim, representante eleito na comissão de saúde dos metroviários de São Paulo
  •  Larissa Regina Ribeiro, representante eleito na comissão de saúde dos metroviários de São Paulo
  •  Maira Machado, Diretora da APEOESP – Sindicato dos Professores do Ensino Oficial do Estado de São Paulo
  •  Luciana Vizzotto, conselheira estadual da APEOESP – Sindicato dos Professores do Ensino Oficial do Estado de São Paulo
  •  Tassia Arcênio, representante sindical no Conselho Municipal de Educação de Contagem – Minas Gerais
  •  Carolina Cacau, representante dos estudantes no Conselho Universitário da Universidade Estadual do Rio de Janeiro
  •  Isa Santos, Centro Acadêmico de Serviço Social da Universidade Estadual do Rio de Janeiro
  •  Luisa Matos, Centro Acadêmico de Serviço Social da Universidade Estadual do Rio de Janeiro
  •  Samyr Rangel, Centro Acadêmico de Geografia da Universidade Estadual do Rio de Janeiro
  •  Luno dos Santos – Coordenador do Centro Acadêmico Dionísio, Teatro/UFRGS
  •  Flávia Telles – coordenadora do Centro Acadêmico de Ciências Humanas do IFCH-Unicamp
  •  Diana Assunção – pelo Movimento Revolucionário de Trabalhadores
  •  Iuri Tonelo – Editor chefe das Edições Iskra*Suiza*
  •  Stéfanie Prezioso, Consejera nacional, Miembro de la Cámara de Diputados del Parlamento Federal*Estado Español*
  •  Vidal Aragonés, Diputado en el Parlamento de Cataluña por la CUP.
  •  Marcelo Expósito, artista y crítico cultural. Ex diputado y ex secretario del Congreso en las Cortes españolas por En Comú Podem.
  •  Cristina Viano, profesora, Universidad Nacional de Rosario, Argentina
  •  Alejandro Sánchez Berrocal. Investigador en el Instituto de Filosofía del CSIC y la UNED, Madrid.
  •  Massimo Modonesi. Historiador y sociólogo.
  •  Chato Galante. Luchador antifranquista. Miembro de La Comuna, expresos del franquismo. Integrante de la Querella contra los crímenes del franquismo.
  •  Andrea Benites Dumont, Asociación Cachito Fukman, Madrid.
  •  Lucía Nistal, investigadora de la UAM, referente de la plataforma Referendum UAM.
  •  Santiago Lupe, historiador, referente de la CRT.
  •  Verónica Landa, historiadora, Pan y Rosas Estado español.
  •  Josefina L. Martínez, historiadora y periodista, Madrid.
  •  Diego Lotito, periodista, Izquierda Diario.es
  •  Cynthia Burgueño, historiadora, Barcelona.
  •  Asier Ubico, delegado sindical Telepizza, Zaragoza.
  •  Ivan Ubico, delegado sindical Telepizza, Zaragoza.*Italia*
  •  Angelo d’Orsi, Profesor Depto. Estudios Históricos -Universidad de Turín.
  •  Graciela Desimoni, designer
  •  Aurora Meloni, comunicadora pública
  •  André Ammon, docente

Fuente de la Información: https://www.laizquierdadiario.com/Intelectuales-artistas-y-personalidades-de-todo-el-mundo-se-suman-a-campana-contra-la-represion-en

 

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Emma Goldman y el feminismo anarquista

Emma Goldman y el feminismo anarquista

Cuando Emma Goldman (Kaunas, 27 de junio de 1869 – Toronto, 14 de mayo de 1940), que había sido llamada por la prensa norteamericana “la mujer más peligrosa del mundo”, murió oscuramente en Canadá, un periodista llamado William Marion Reedy escribió que aquella pequeña pero formidable judía había estado “ocho mil años adelantada a su época”.

En su largo y complejo periplo, Emma causó por igual adhesiones que rechazos. Fue como se dice por aquí un “culo de mal asiento”. Tropezó con los liberales y los marxistas; se peleó con las sufragistas; apoyó huelgas y movimientos pero nunca tuvo el carné de ninguno de ellos; en Rusia acabó denunciando a los bolcheviques en el poder; se discutió con todas las izquierdas en el exilio, apoyó la revolución española pero tomó su distancia con la dirección de la CNT; colaboró en la solidaridad con la República aislada pero desde un anarquismo para el que ya había pasado su momento “clásico”. Pero quizás fue esta radical autonomía lo que acabó haciendo de ella un mito de primer orden para la izquierda insumisa norteamericana, para personajes tan emblemáticos como Howard Zinn, que le dedicó una obra de teatro –que ha sido paseada por Euskadi–, para quien Emma “nos ayudó a entender la historia, nos ayudó a entender el presente (…) Su gran pelea fue recordarle a la gente que se implicara políticamente, saliera a la calle y le hiciera saber a los políticos su opinión sobre su labor. En un país atemorizado por la palabra socialismo (…) un sistema económico que no produce cosas solo porque así gana dinero una empresa, sino porque la gente necesita ciertas cosas. La gente no debería alejarse de la palabra socialismo porque hay que ir más allá del capitalismo”. Esta fascinación se ha mostrado también desde la ópera, la literatura y el cine, en particular desde el género documental.

Desde estas evocaciones, Emma es reconocida como una de las cabezas más visibles del radicalismo norteamericano de unos tiempos en los que una parte significativa del arte y de la literatura se confundió con un movimiento obrero combativo. Un tiempo que se fue con la entrada de los USA, que asumía el liderazgo imperial durante la Gran Guerra como alternativa y superación del británico, ya en abierta decadencia. Con la Gran Guerra, ningún otro gobierno permitiría los márgenes de libertad que Emma había conocido en la preguerra; el mundo había cambiado de base y el liberalismo de la época del capitalismo “clásico” entró en el Museo de la Historia.

Aunque quizás en menor medida, Emma también resulta una presencia viva entre nosotros. Es editada, evocada como “la anarquista de ambos mundos”, como la llamó José Peirats en una obra que supuso un hito en la historia cultural del anarquismo español.

Aunque nunca fue –ni lo pretendió– lo que se dice una pensadora, sus ideas conformaron una peculiar síntesis de diversas escuelas, una suerte de anarquismo sin adjetivos, que diría el catalán Tárrida de Mármol. En sus pronunciamientos, Emma trata de dar respuestas radicales pero no trata de penetrar en los vericuetos de las contradicciones económicas y sociales. Sin embargo, sí fue una activista en el sentido más pleno de la palabra y en sus escritos se hizo eco de algunas de las concepciones más osadas y avanzadas de su época y les dio una proyección militante. A pesar de su individualismo tuvo la capacidad de identificarse con todas las causas –incluso las que causaban pavor entre sus compañeros–, y no tuvo miedo en nadar contra la corriente, por lo que resultó un personaje perturbador hasta que Hoover decidió deportarla.

Solo que las olas que encontró desde que salió de Norteamérica eran más altas y más complejas que las que había combatido hasta entonces.

En sus memorias, Emma recuerda que su rebeldía se gestó originalmente en la Rusia zarista en el seno de una familia judía. A su padre, un trabajador que vivía en el ghetto judío, lo describe como “la pesadilla de mi infancia”. Su madre, continuamente brutalizada por su marido –lo que era perfectamente legal en la legislación zarista–, tenía totalmente asumido el papel de mujer sumisa y atada a las tradiciones y costumbres, como lo demuestra el hecho de que cuando Emma empezó a menstruar a los once años, le dio una sonora bofetada y un rudo consejo: “Es lo que necesita una joven cuando se convierte en mujer, como protección contra la desgracia”.

El padre se quejaba constantemente de que Emma no hubiera sido el niño que él esperaba y preparaba para ella un destino idéntico al que conocía su madre. No tenía por qué saber nada: “Las jóvenes no tienen por qué saber demasiado”, le gritó en una ocasión, “solo deben saber preparar un buen plato de pescado, cortar bien los tallarines, y dar al hombre muchos hijos”…

Por su lado, Emma era una niña muy imaginativa. Desde muy temprana edad se planteó dedicarse a la medicina, pero no tardó en comprobar que siendo pobre y mujer, esto era prácticamente imposible.

Su paso por la escuela primaria resultó brillante por su inteligencia natural, pero fue también tan conflictiva que vio denegado su permiso para acceder a la enseñanza secundaria. Tenía trece años cuando su familia se trasladó a San Petersburgo, que era entonces el centro industrial e intelectual de todas las Rusias. Inmediatamente comenzó a ganarse la vida trabajando como obrera y al poco tiempo tuvo relaciones con miembros del movimiento nihilista, que conocía por aquella época su apogeo, destacando en su interior una impresionante hornada de mujeres antizaristas como Vera Figner, Vera Zasúlich, Praskovia Ivanóvskaya, Olga Liubatóvicht y Elizabeth Noválskaya.

Aunque dada su extrema juventud su intervención en el movimiento oposicionista fue ínfimo, captó claramente que en Rusia existían mujeres que vivían para ellas mismas y para la revolución, no para los hombres. Mujeres que sin dejar de ser feministas, fueron populistas y luego terroristas. Emma convirtió a estas rusas en su modelo.

Fue entonces cuando se decidió su vocación de rebelde integral en línea con el modelo aprendido. En 1884, su padre arregló a muy “buen precio” su boda y creyó con ello poder domesticar al fin a su indómita hija, pero no fue así, Emma no consintió y amenazó con tirarse al Volga si la obligaban y en un momento determinado se puso de pie en el borde de uno de sus puentes. Su padre tuvo entonces que ceder, pero las tensiones con él fueron agravándose hasta que un año después Emma pudo huir a América, la “Tierra Prometida” para tantos rusos. Se estableció en Rochester junto con su hermana mayor, que se vio abocada a vivir en unas condiciones terribles y durante un tiempo Emma se vio sola y derrotada. Encontró trabajo en una fábrica y poco tiempo después cometió la flaqueza de casarse con Jacob Kershner, un compañero suyo de trabajo, amable y cariñoso, pero a la postre un marido convencional que acabó haciéndosele insoportable. Por la misma época tuvo lugar el ahorcamiento de los Mártires de Chicago, “chivos expiatorios” del motín de Haymarket que se produjo para exigir mejoras salariales.

Había seguido el proceso en todos sus detalles, hizo campaña a favor de los inculpados y leyó todo lo que sobre la anarquía le cayó en las manos. Cuando los acusados fueron condenados a muerte, Emma se sintió como si naciera de nuevo: había que cambiarlo todo. Se juramentó dedicarse desde aquel momento a la actividad revolucionaria y lo primero que hizo fue divorciarse de su joven marido para trasladarse a Nueva York.

Allí, su condición de mujer, emigrante, joven, de origen ruso, judía, divorciada y recién llegada supuso el padecimiento de nuevas discriminaciones, lo que no le impidió, antes al contrario, comenzar a frecuentar indistintamente los medios radicales en los que conoció a Johann Most, un ex-marxista alemán (publicó una vulgata de El Capital en Alemania) que en los EEUU se había convertido en el anarquista más afín a la teoría de la “propaganda por el hecho”, o sea, la acción terrorista contra la injusticia y el Estado opresor, llegando a escribir un tratado sobre diversas maneras de ejercer dicha acción.

La personalidad y la actitud decidida de este atrajeron fuertemente a Emma durante cierto tiempo y pasó de ser su discípula a ser su amante. Esta relación no duró mucho y Emma empezó a cuestionar ambos roles. Los métodos dominantes de Johann la rebelaron y su actuación le pareció sectaria, ya que se restringía a los medios germanos y carecía de perspectiva de futuro pues no iban en función de las exigencias de las luchas de masas. Emma no estaba persuadida de la bondad de un movimiento organizado (aunque cooperó con entusiasmo al lado de los sindicalistas revolucionarios), pues pensaba que la violencia podía parecer gratuita y no como una acción justiciera clara, al servicio de los trabajadores. La ruptura entre Johann y Emma coincidió con una crisis de un sector importante del anarquismo norteamericano, y la parte que siguió el ejemplo de ella se abrió al movimiento real y rehuyó el ghetto de los diversos sectores de inmigrantes. El lugar que había dejado vacío Johann no tardó en ser ocupado y esta vez por dos hombres a la vez. Uno era Alexander Berkman, que desde entonces pasó a ser su compañero casi inseparable; el otro un pintor también de origen ruso como Berkman.

Con ellos estableció un menage a trois que transcurrió sin incidentes internos dignos de mención, pero que a los puritanos les pareció el colmo de la perversidad. Todo terminó sin embargo cuando el primero, profundamente indignado por la masacre que la patronal había ocasionado entre los obreros con motivo de la huelga de Hamestead Steel, decidió ejecutar por su propia cuenta a Henry Clay Frick, un “tiburón de la industria” y responsable de la actuación de los pistoleros de la Pinkerton que habían disparado. El asunto no era fácil, con muchas dificultades consiguieron dinero para viajar a Pennsylvania, el lugar de los hechos, pero carecían de armas. Siempre al lado de Alexander, Emma llegó hasta el punto de intentar (sin éxito) ejercer la prostitución para conseguir dinero para comprarlas. Cuando lo obtuvieron, el 12 de julio de 1892, Alexander se trasladó a Pittsburg y cumplió parcialmente su propósito, ya que el gran magnate solo resultó herido y no tardó en recuperarse. La naturaleza de clase de la justicia norteamericana se puso de manifiesto cuando Berkman, cuyo atentado no daba judicialmente para más de siete años por “homicidio frustrado”, es condenado a veintidós años de cárcel, mientras que Henry Clay Frick, responsable del asesinato de diez obreros, no tuvo ni que pasar por comisaría.

Después de este acontecimiento Emma consiguió la celebridad como incendiaria y roja. Protagonista de una gran campaña en defensa de su compañero y amante, demostró ser una soberbia oradora con una gran fuerza y convicción, aunque no pudo evitar la suerte de Berkman, que descendió literalmente a los infiernos del sistema penitenciario yanqui. Del “caso Berkman” Emma pasó a defender otras causas de la libertad y del movimiento obrero, ocasionando cada vez mayor escándalo y miedo entre los bien pensantes. El colmo de su actuación, que asombró a propios y extraños, tuvo lugar cuando asumió la defensa de León Czolgosz, un obrero de origen polaco que había causado la muerte del presidente McKinley en un atentado con una bomba. La prensa desarrollará entonces una gran campaña presentándola como la instigadora del crimen, aunque en realidad no había tenido nada que ver con éste.

Ciertamente, Emma estaba muy lejos de aprobar la actuación de Czolgosz, pero estaba convencida de que éste había actuado por indignación justiciera. Según parece, Czolgosz se había acercado a Emma en una ocasión, pero sus amigos sospecharon de él. También se especula que realizó el atentado para hacerse valer en el medio anarquista. Emma reconoció que se vio con él una sola vez, y al ser arrestada dijo: ¿Tengo yo la culpa de que un loco haga una mala interpretación de mis palabras?

Por otro lado, ¿qué era un atentado individual? Poco, si se le comparaba con la represión y la muerte de decenas de sindicalistas y trabajadores. Así, si Czolgosz era culpable, ¿qué no sería el primer representante de la patronal? En otra ocasión, cuando en plena guerra mundial un policía le habló de un atentado terrorista, le respondió que en comparación con el terrorismo que se estaba desarrollando en Europa, aquel atentado “era pura bagatela”. Con actuaciones como ésta, Emma no tardó en hacerse sumamente impopular para los poderes públicos. La policía la vigilaba constantemente, obstaculizaba siempre que podía sus actividades. Fue detenida en tantísimas ocasiones que siempre llevaba consigo un libro para no perder demasiado el tiempo en prisión. Nietzsche, Whitman, Thoreau, teórico de la desobediencia civil, y Emerson se convirtieron en parte de su lectura diaria. La prensa sensacionalista la atacó continuamente. Se la culpó de ser la instigadora de numerosas luchas obreras promovidas, a veces espontáneamente y, a veces, por los “Wobblies” (militantes del IWW); de conspirar para derrocar el gobierno constitucional; de revelar información sobre el control de la natalidad… también la tildaron de antipatriota y, por supuesto, de prostituta.

Al margen de diversas detenciones menores, purgó durante dos años en una prisión federal, donde en poco tiempo se situó a la cabeza de la lucha por la dignidad humana. Por ello desafió duramente a celadoras, policías, autoridades y tenebrosas celdas de castigo.

Su actuación se dejó sentir y logró modificar bastantes cosas, y sobre todo ganó para esta causa a otra reclusa llamada Kate O’Hara, que con el tiempo se haría famosa cuando tras salir en libertad se trasladó a California e inició desde allí una campaña de protesta contra los métodos carcelarios imperantes y con el tiempo llegó a ser directora de penales, llevando a cabo notables reformas en el sistema.

En la cuestión del feminismo se puede decir, con palabras de su admirado Nietzsche, que Goldman fue una mujer contra su tiempo: el carácter vanguardista de sus concepciones llegaron a soliviantar al mismísimo Kropotkin, el “príncipe anarquista” que la consideró excesivamente avanzada. Fue llamada por la prensa sensacionalista la “reina de los anarquistas” y simbolizó durante su época las posiciones de autonomía femenina, de amor libre, de una total falta de prejuicios… Emma llegó hasta asumir la defensa de los homosexuales, algo que casi ningún revolucionario notorio de su tiempo se atrevió a hacer. En su formación revolucionaria, Emma fue antes feminista radical que anarquista. Como dice muy bien Alix Shulman, Emma “utilizó la doctrina anarquista para explicar la opresión que padecían las mujeres, pues sabía muy bien que la raíz de semejante opresión era más profunda que las instituciones. Cuando su anarquismo entraba en conflicto con su feminismo, reaccionaba siempre como feminista. A semejanza de muchas mujeres de la izquierda actual, se rebeló cuando los hombres radicales la menospreciaban por el hecho de ser mujer… El ideario personal de Emma era bastante distinto del de las corrientes feministas entonces predominantes, entre las cuales el anarquismo no se contaba. No podía estar de acuerdo de ninguna manera con las sufragistas, ni en los medios ni en los fines; Emma no consideraba el sufragio una conquista importante y menos para formar parte de una democracia burguesa. Estaba un poco más de acuerdo con las socialistas que ponían un notable énfasis en la emancipación económica de la mujer, pero consideraba los partidos como una cadena y desconfiaba de cualquier programa político.

Para Emma era mucho más importante el factor ideológico y creía que el centro del problema radicaba en el machismo, en el hecho de que los hombres eran “tiranos inconscientes”. La sumisión femenina actuaba como un “tirano interno”.

El anarquismo es la única filosofía que aporta al hombre la conciencia de sí mismo, que sostiene que Dios, el Estado y la sociedad son inexistentes, que sus promesas son nulas y sin valor, ya que solo pueden cumplirse a través de la subordinación del hombre. El cielo debe ser un lugar terriblemente aburrido si los pobres de espíritu viven allí. Si el significado de la anarquía ha sido interpretado como el estado de mayor desorden, es por que han enseñado a la gente que sus asuntos están regulados, que ellos son gobernados sabiamente, y que esa autoridad es una necesidad. La historia del progreso está escrita con la sangre de hombres y mujeres que se han atrevido a abrazar una causa impopular, como, por ejemplo, el hombre negro al derecho de su cuerpo, o el derecho de la mujer a su alma. Muchas veces pienso que nosotros, los revolucionarios, somos como el sistema capitalista. Sacamos de los hombres y mujeres lo mejor que poseen, y después nos quedamos tan tranquilos viendo cómo terminan sus días en el abandono y la soledad.

Para que la mujer llegue a su verdadera emancipación debe dejar de lado las ridículas nociones de que ser amada, estar comprometida y ser madre, sinónimo de estar esclavizada o subordinada. Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.”

La mujer estaba educada para ejercer como tal (“Casi desde la infancia”, escribió, “las jóvenes aprenden que el más alto objetivo en la vida es el matrimonio”), estaban incapacitadas para el goce sexual, por lo cual “la vida de estas muchachas se destruye por la frustración”. En el momento en que la mujer contempla la sexualidad de igual a igual que el hombre, sistemáticamente es tratada como alguien monstruoso o enfermizo. Hasta los hombres más avanzados se sienten incómodos ante mujeres así y actúan sin excepción en plan dominante. Por eso, Emma tiene claro que la emancipación de la mujer será obra de la mujer misma: “El desarrollo (de la mujer), su libertad, su independencia, deben surgir de ella misma, y es ella quien deberá llevarlos a cabo. Primero, afirmándose como personalidad y no como mercancía sexual. Segundo, rechazando el derecho de cualquiera que pretenda mandar sobre su cuerpo; negándose a engendrar hijos, a menos que sea ella quien los desee; negándose a ser la sierva de Dios, del Estado, de la sociedad, de la familia, etc., haciendo que su vida sea más simple, pero también más profunda y más rica. Es decir, tratando de aprender el sentido y la sustancia de la vida en todos sus complejos aspectos, liberándose del temor a la opinión y a la condena pública. Solo eso, y no el voto, hará a la mujer libre”.

 

Fuente: Primeras páginas del Capítulo 8 del libro de Pepe Gutiérrez-Álvarez. Revolucionarias. Mujeres entre el feminismo y el socialismo.

Fuente de la Información: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/emma-goldman-y-el-feminismo-anarquista/

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