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Nemonte Nenquimo: «la estrella» waorani que ganó el premio Goldman

Fuentes: Mongobay/Doménica Montaño

Nemonte Nenquimo, una mujer waorani de 35 años, lideró el proceso legal que suspendió la explotación petrolera que amenazaba a su comunidad. Por esa victoria, ha sido reconocida como una de las activistas por los derechos indígenas más importantes del mundo. Su lucha es difícil y su figura divide incluso a activistas y líderes indígenas. Sin embargo, su risa cautiva a todos.

Nenquimo es una de las seis ganadoras del premio Goldman 2020. En septiembre fue reconocida por TIME como una de las 100 personas más influyentes del mundo y el 24 de noviembre, la BBC la incluyó en su lista de las 100 mujeres inspiradoras e influyentes en el mundo.

Si la esperanza pudiera reírse, sonaría como la risa de Nemonte Nenquimo. Ya sea a través de la pantalla de un computador o el parlante de un teléfono celular, el fuerte sonido de su carcajada parece una invitación de amistad imposible de ignorar, así como su lucha por la Amazonía. Nemonte Nenquimo, una mujer indígena waorani de 35 años, ha encabezado la protesta de su gente para que el Estado ecuatoriano respete los territorios y los derechos de las nacionalidades indígenas amazónicas.

En 2016 creó la Alianza Ceibo para atender las necesidades de comunidades a’i kofan, siona, siekopai y waorani. En 2019 encabezó la demanda que suspendió el proyecto de explotación petrolera del bloque 22 en la provincia de Pastaza, un foco de biodiversidad, que a la vez es fuente de petróleo. Esa es la defensa territorial a la que se ha avocado Nemonte Nenquimo, nombre melódico como una sonaja. La victoria legal que obtuvo podría sentar un precedente sobre la explotación petrolera en la Amazonía ecuatoriana y ha conquistado la atención del mundo entero.

Una lideresa de renombre internacional

A Nemonte Nenquimo acaban de darle el premio Goldmanel mayor reconocimiento ambiental que se entrega a nivel mundial. Antes que ella, lo recibieron personajes como: Alberto Curamil, Luis Jorge Rivera, Berta Cáceres, Ruth Buendía y Francia Márquez.

Nemonte Nenquimo, lideresa Waorani de la Amazonía ecuatoriana, con su hija Daime. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo, lideresa Waorani de la Amazonía ecuatoriana, con su hija Daime. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

Curamil lo recibió en 2019 por dirigir a su comunidad mapuche en la detención de la construcción de dos proyectos hidroeléctricos en el sagrado río Cautín de Chile. A Márquez le fue entregado en 2018 por organizar a las mujeres afrocolombianas de La Toma y detener la extracción ilegal de oro en sus tierras ancestrales. En 2016, Rivera lo recibió por liderar una campaña para establecer una reserva natural en el Corredor Ecológico Noreste de Puerto Rico. Cáceres fue galardonada en 2015, un año antes de su asesinato, por emprender una campaña que presionó con éxito al mayor constructor de represas del mundo para que se retirara del proyecto de Agua Zarca. Y en 2014, Buendía lo recibió por unir al pueblo Asháninka en una campaña contra las represas a gran escala en Perú.

A Nemonte Nenquimo, cuyo nombre en wao tereo, su lengua materna, significa estrella, y a quien sus amigos más cercanos llaman Nemo, le entregan el Goldman de 2020 por la defensa de su territorio —específicamente por la victoria legal para evitar la explotación de los pozos petroleros en el bloque 22  de la Amazonía ecuatoriana—. “Ese premio no es para mí, es para todos porque solita no hubiera llegado”, dice Nenquimo, moviendo sus ojos inquietos, pintados con semillas de achiote, con un español fluido y a través de una pantalla —símbolo de estos tiempos pandémicos—.

Su esposo, Mitch Anderson, un estadounidense ambientalista  y director de la organización Amazon Frontlines, dice que el Goldman es una oportunidad para mostrarle al planeta la lucha de los pueblos indígenas: es la tercera vez que un activista ecuatoriano lo gana. En 1994 lo recibió Luis Macas por dirigir una lucha pacífica por los derechos indígenas y en 2008 lo recibieron Pablo Fajardo y Luis Yanza por liderar, durante décadas, el caso por daños ambientales causados por la operación petrolera de Chevron-Texaco en la Amazonía Norte del Ecuador.

Nemonte Nenquimo en su comunidad. Foto: Sophie Pinchetti, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo en su comunidad. Foto: Sophie Pinchetti, Amazon Frontlines.

Este reconocimiento ha vuelto a poner a Nemonte Nenquimo en el centro de las páginas de los medios, de los feeds de las redes sociales y de los horarios estelares de los noticieros. Hace unas semanas, el actor Leonardo DiCaprio escribió en la revista Time unos breves párrafos de por qué Nenquimo es una de las 100 personas más influyentes del mundo. En ese entonces, la lideresa indígena dijo que le llamaba la atención que el reconocimiento fuese solo para ella. “Los occidentales son egoístas y siempre reconocen solo a una persona”, dice Nenquimo, mientras deja ver el pequeño espacio entre sus dientes delanteros, por encima de su quijada en punta.

El rostro de una lucha colectiva

Abre sus ojos cafés para decir que la cultura waorani privilegia el colectivismo y ella siente que ni el Goldman, ni la presencia en la prestigiosa lista de Time, se los ha ganado ella sola. “Yo represento a millones de personas indígenas que luchamos por la naturaleza. Si me reconocen a mí, nos están reconociendo a todos”, afirma mientras reconoce lo abrumador que resulta estar en la mirada del planeta entero.

Nemonte Nenquimo asegura que le cansan las cámaras, la atención, los mensajes de WhatsApp y las llamadas. Cuando siente que ya no puede con la presión, se refugia en la naturaleza y se desconecta de todo y de todos. “Me gusta ir a donde hay cascadas. El golpe de la cascada saca el malestar y los malos pensamientos. Me ayuda a aclarar la mente, me fortalece”. Para ella, esa es su terapia: ir a la selva, pensar y respirar.

Nenquimo creció en Nemonpare, una pequeña comunidad waorani donde viven no más de 10 familias grandes, y que está a dos días de caminata de Puyo, la capital de la provincia de Pastaza. Cuando nació, los funcionarios del Registro Civil, arquetipo estatal de la cultura mestiza, no quisieron inscribirla como Nemonte. Su hermano Oswaldo —a quien todos llaman Opi— dice que le pusieron Inés “para complacer a los blancos mestizos. Un nombre de cédula”. Pero en casa siempre fue Nemonte. La tía de su papá le puso ese nombre porque al verla supo que era “como una estrella y quería que llevara su sabiduría y su cultura”, dice Opi. Para él, aunque haya personas que critiquen a su hermana por el nombre de Inés, Nemonte siempre será ‘Nemo’ porque es el espejo de su esencia interior.

Nemonte Nenquimo es presidenta de la Conconawep desde diciembre de 2018. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo es presidenta de la Conconawep desde diciembre de 2018. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

En Nemonpare, entre los onkos —casas triangulares de troncos y palmas entretejidas— y las trochas hacia la selva, Nemonte Nenquimo vivió su infancia y adolescencia. Le gustaba sentarse con los abuelos —pikenani en wao— y cantar. “No podía estar quieta”, recuerda entre risas su hermano Oswaldo. Era la tercera de diez hermanos, y la primera mujer de todos ellos. “Fui como una mamá. Aprendí a cuidar y proteger a mis hermanos, a mis animalitos y a la naturaleza”, dice la lideresa indígena.

A los 15 años se escapó. Sin el permiso de sus padres, se fue hasta la capital del país, Quito, para estudiar en una escuela misionera. “Quería aprender español. A esa edad era muy curiosa de saber el mundo occidental”, dice. Pronto se dio cuenta que ese mundo que algún día le llamó la atención no era lo que imaginaba. “El ambiente era triste. Mi corazón era de volver a mi familia”, recuerda con una voz que se pasea entre la culpa y la nostalgia. Tres años después de vivir en Quito, volvió a su casa.

Ahora que asumió su rol como lideresa waorani, Nemonte Nenquimo viaja por todo el mundo: San Francisco, Ginebra, Río de Janeiro, Nueva York. “Yo escuchaba que Nueva York era muy bonito y que los ecuatorianos se iban allá para hacer una vida mejor”, dice del otro lado de la videollamada. “Pero yo no vi nada mejor, la gente ahí no vive bien, no vive tranquila”, asegura. Por eso, siempre vuelve a casa. “Donde sea que me reconozcan como líder o donde sea que me vaya, nada me va a cambiar. Amo quien soy, una mujer waorani”, afirma. Cuando sale a recorrer el mundo para contar su lucha, es como si llevara consigo su casa.

Una constante lucha por la naturaleza

En 2010 se vinculó a un proyecto de la Asociación de Mujeres Waorani de la Amazonía Ecuatoriana (AMWAE) que buscaba detener el comercio de carne silvestre. En ese entonces, los indígenas waorani cazaban guantas, huanganas, pecarís, y chorongos dentro del Parque Nacional Yasuní para venderlos en el mercado de la comuna Pompeya, al pie del río Napo, al norte de la Amazonía. Las especies se estaban extinguiendo y, además, el comercio de carne silvestre podía ser profundamente problemático: tal como se comprobó con la aparición del COVID-19, la enfermedad causada por un nuevo coronavirus que salió de un mercado de venta de carne silvestre en China.

Nemonte Nenquimo después de una larga audiencia en el tribunal provincial en Pastaza, en la Amazonía ecuatoriana, abril 2019. Foto: Sophie Pinchetti, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo después de una larga audiencia en el tribunal provincial en Pastaza, en la Amazonía ecuatoriana, abril 2019. Foto: Sophie Pinchetti, Amazon Frontlines.

Ana Puyol, exdirectora de la Fundación EcoCiencia, estuvo involucrada en la iniciativa que planteaba reemplazar la venta de carne silvestre por prácticas sustentables. Así conoció a Nemonte Nenquimo y cuando la recuerda, piensa en su carcajada. “Era como si tuviera la risa muy cerca de ella siempre”, dice Puyol. También recuerda que, aunque los diálogos sobre la carne silvestre eran difíciles, Nenquimo siempre encontraba una forma de transmitir esperanza y alegría.

Como si le hubiera contado una anécdota graciosa, Puyol se ríe cuando le pregunto cuál es su principal recuerdo de Nemonte Nenquimo. “Su risa es increíble, siempre que la pienso me la imagino con su gran sonrisa. Hasta en el día más duro, siempre nos hacía reír”.  “Nemonte es una luz”, agrega.

La ganadora del Goldman 2020 recuerda los tiempos del proyecto junto a la AMWAE. Bajo la guía de la lideresa waorani Manuela Ima, las mujeres no solo lograron detener el comercio de carne silvestre sino que crearon un programa para hacer y vender artesanías y chocolates, y así ser más independientes. Nenquimo aprendió mucho de ellas.

Las Waorani cantan antes de entrar en la sala de audiencia para la lectura de la sentencia waorani en el tribunal provincial en Pastaza, en la Amazonía ecuatoriana (2019). Foto: Mitch Anderson, Amazon Frontlines.

Las Waorani cantan antes de entrar en la sala de audiencia para la lectura de la sentencia waorani en el tribunal provincial en Pastaza, en la Amazonía ecuatoriana (2019). Foto: Mitch Anderson, Amazon Frontlines.

Sin embargo, la lideresa produce afectos divididos: muchos waorani no la consideran una mujer waorani de verdad porque su mamá es sápara —otra de las 11 nacionalidades indígenas de la Amazonía ecuatoriana—.

Pero Nenquimo dice que nunca se ha sentido menos waorani. “Yo considero ser mujer wao como mi papá. No sé nada de la cultura de mi mamá. En lo más profundo soy mujer waorani”, asegura con determinación.

En 2013 empezó a trabajar en la construcción de un sistema de agua lluvia limpia para su comunidad y allí conoció a Mitch Anderson, que llevaba dos años trabajando en la Amazonía de Ecuador. Los dos tenían una lucha en común por la dignidad de los pueblos indígenas y trabajaban juntos en proyectos para apoyar a las familias y a los niños. Así, en algún punto —que ninguno de los dos recuerda con exactitud— se enamoraron y se casaron.

Sin embargo, para algunas personas del mundo indígena su relación es problemática. Manuela Ima dice que, en la Asociación de Mujeres Waorani de la Amazonía Ecuatoriana, Nemonte Nenquimo nunca podrá ser lideresa porque “para serlo tendría que estar casada con un wao y no lo está”. Alicia Cahuiya, otra lideresa waorani, dice que muchos en su comunidad no están de acuerdo con que una lideresa waorani esté con un “gringo”.

“Mi pareja respeta mi cultura y mis decisiones. Es alguien que tiene mucho respeto, mucho valor, y siempre está conmigo trabajando para proteger el territorio waorani”, asegura Nenquimo. Oswaldo, su hermano, se ríe y recuerda que cuando lo conocieron, pensaron:“¿Gringo aprenderá a vivir en la selva?”. Para responder esa pregunta lo llevaron a cazar con un machete y una escopeta. Regresaron 15 horas después con varios animales y Anderson les demostró por qué ‘Nemo’ se había enamorado de él —era diferente—.

Nemonte Nenquimo en casa preparándose para ir a pescar, comunidad de Nemonpare, Pastaza, Amazonía ecuatoriana. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo en casa preparándose para ir a pescar, comunidad de Nemonpare, Pastaza, Amazonía ecuatoriana. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

En mayo de 2015, nació Daime Omere Anderson Nenquimo, la hija de la pareja. Daime significa arcoiris en wao tereo. Su llegada se convirtió en otra razón para que su madre insistiera en la protección de su territorio y su cultura. Quiere dejarles a sus hijos un ambiente sano, agua limpia, aire puro, y una selva como en la que ella creció: “sin petroleras y sin contaminación”.

Una victoria “histórica”

Mientras construían los sistemas de agua lluvia, en 2013, Nemonte Nenquimo y otros líderes de los pueblos a’i kofan, siona, siekopai y waorani notaron que compartían muchas cosas —resistencias, luchas y visiones—, y que juntos podían hacer más. En 2016 crearon la Alianza Ceibo, una organización que trabaja por la selva, la cultura y el bienestar de las cuatro nacionalidades indígenas. Un proyecto que también les ha traído reconocimientos y alegrías.

En junio de 2020, la alianza ganó el Premio Ecuatorial, un reconocimiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que premia iniciativas innovadoras para proteger la biodiversidad y enfrentar el cambio climático. Aunque Nemonte Nenquimo lideró Alianza Ceibo hasta 2018, ese trabajo marcó el inicio de su camino como la reconocida defensora del ambiente y los pueblos indígenas que es hoy.

Nemonte Nenquimo y la comunidad waorani en una marcha. Foto: Mateo Barriga, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo y la comunidad waorani en una marcha. Foto: Mateo Barriga, Amazon Frontlines.

Cuando terminó su periodo dirigiendo la alianza, Nenquimo viajó desde Puyo hasta Nemonpare para visitar a su mamá. Allí, en una asamblea donde todos los candidatos eran hombres, la joven indígena se convirtió en la primera presidenta del Consejo de Coordinación de la Nacionalidad Waorani de Pastaza (Conconawep).

Desde ese puesto comenzó su lucha más importante, la cual había sido iniciada por la comunidad en 2012. En ese año, un grupo de técnicos de la entonces Secretaría de Hidrocarburos del Ecuador hizo una supuesta consulta sobre la explotación del bloque petrolero 22, que ocupa unas 200 mil hectáreas en la Amazonía ecuatoriana  —cerca de la mitad de la extensión de Quito—, y  es uno de los 13 proyectos de la llamada “Ronda Suroriente” que el gobierno ecuatoriano planeaba licitar a empresas nacionales e internacionales.

Según Gilberto Nenquimo, líder de la Nacionalidad Waorani del Ecuador (NAWE), la consulta de 2012 “fue una trampa”. El líder asegura que gente del gobierno llegó en helicópteros a varias comunidades waorani, les regalaron botellas de Coca-Cola y alimentos enlatados, y les dijeron que firmaran un papel que decía que el gobierno iba a trabajar para proteger la Amazonía. Los waorani firmaron, pero no sabían que el gobierno utilizó las firmas para decir que los indígenas estaban de acuerdo con la explotación petrolera.

Siete años después de la supuesta consulta, en 2019, Nemonte Nenquimo encabezó la acción legal contra el Estado ecuatoriano por ese “engaño”. La demanda decía que el Estado violentó el derecho del pueblo waorani de Pastaza  a la consulta previa, libre e informada sobre el plan de explotación del bloque 22.  Según la Constitución, antes de siquiera explorar la presencia de recursos no renovables en territorios indígenas, se debe hacer una consulta obligatoria y oportuna. Si la comunidad no da su consentimiento, no se puede explotar ese territorio.

Nemonte Nenquimo con miembros de su comunidad waorani. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo con miembros de su comunidad waorani. Foto: Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines.

María Espinosa, una de las abogadas que apoyó el proceso legal, cuenta que preparar la demanda tomó dos años y recuerda un día en la casa de Nemonte Nenquimo en Nemonpare. “Estábamos ahí todos hablando con varias mujeres wao sobre el territorio y el valor que tiene para ellas y entonces Nemonte empezó a cantar”, dice Espinosa en una llamada telefónica. “Nos transmitió algo que sentí como un mensaje poderoso”, dice la abogada. En ese momento Espinosa supo que estaban yendo por buen camino y tenían que seguir adelante.

Andrés Tapia, comunicador de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae), recuerda a Nemonte Nenquimo con su hija siempre al lado. “Iba con ella a las marchas, a las asambleas y a las audiencias”, dice Tapia. Para Nenquimo, tener una hija pequeña nunca ha sido un impedimento para luchar. Al contrario, va con ella a todas partes porque quiere que “aprenda sobre su cultura y su lucha”. Mientras hablo con Mitch Anderson vía Zoom, Daime de cinco años, vestida de princesa, se acerca tímida a la pantalla y me saluda en inglés. Me cuenta que extraña a su mamá y dice: “I want to be like her” (quiero ser como ella).

Julio de 2019 fue el mes de la dicha waorani. La Corte Provincial de Pastaza determinó que la supuesta consulta de 2012 hecha a las comunidades no cumplió con estándares nacionales e internacionales. La decisión no solo protegió a las 200 mil hectáreas del bloque 22 sino también a las más de 4 millones de hectáreas de selva que se querían subastar con el proyecto Ronda Suroriente. Carlos Mazabanda dice que la victoria marcó un precedente para que todos los pueblos y nacionalidades indígenas del país puedan exigir que se respeten sus territorios y sus vidas.

Cuando Nemonte Nenquimo piensa en la decisión de los jueces, simplemente sonríe.

[Foto: Nemonte Nenquimo es la ganadora del Premio Goldman para Sudamérica y América Central. Jerónimo Zúñiga, Amazon Frontlines]

Fuente: https://es.mongabay.com/2020/11/nemonte-nenquimo-gana-premio-goldman-indigenas-waorani-ecuador/

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Una advertencia sobre el clima y el riesgo de colapso social

Fuentes: The Guardian [Foto: EPA]

Traducido por Eva Calleja

Científicos y académicos, entre ellos el Profesor Gesa Weyhenmeyer y el Profesor Will Steffen sostienen que debemos debatir la amenaza de perturbaciones sociales para prepararnos para ellas.

Es el momento de tener estas difíciles conversaciones, para poder reducir nuestra complicidad en los daños”, dicen los firmantes.

Como científicos y académicos de todo el mundo, hacemos un llamamiento a los políticos para que aborden el riesgo de perturbaciones e incluso de colapso social.  Después de cinco años de fracasos en la reducción de emisiones según el Acuerdo por el Clima de Paris, ahora debemos enfrentarnos a las consecuencias. Aunque las medidas audaces y justas para recortar las emisiones y secuestrar carbono de manera natural son esenciales, investigadores en muchas áreas consideran que el colapso social es un escenario probable durante este siglo.  Existen distintas opiniones sobre el lugar, el alcance, el momento, la permanencia y la causa de estas perturbaciones, pero la manera en la que las sociedades actuales explotan a las personas y a la naturaleza es una preocupación común.  Solo si los políticos comienzan a debatir esta amenaza de colapso social podríamos comenzar a reducir su posibilidad, su velocidad, su gravedad y sus daños a los más vulnerables, y a la naturaleza.

Algunas fuerzas armadas ya ven el colapso como un escenario importante. Los sondeos muestran que ahora hay mucha gente que espera el colapso social.  Desgraciadamente, esa es la experiencia de muchas comunidades en el sur global.  Sin embargo, no se informa adecuadamente en los medios, y está casi ausente del dialogo en la sociedad civil y en la política. La gente a quienes les preocupan los temas medioambientales y humanitarios no deberían desanimarse al debatir los riesgos de perturbaciones o de colapso social. Las especulaciones mal informadas sobre los impactos en la salud mental y en la motivación no sostendrán un debate serio.  Eso tiene el riesgo de traicionar a miles de activistas cuya anticipación al colapso es parte de su motivación para presionar por un cambio en el clima, en la ecología y en la justicia social.

Algunos de nosotros creemos que una transición a una sociedad nueva podría ser posible. Eso implicará actuaciones audaces para reducir los daños al clima, a la naturaleza y a la sociedad, que incluyan preparativos para las perturbaciones en la vida cotidiana. Estamos unidos al creer que los intentos de reprimir el debate sobre el colapso entorpecen la posibilidad de esa transición.

Hemos vivido lo difícil que es emocionalmente reconocer el daño que se está causando, además de la creciente amenaza a nuestra propia forma de vida.  También conocemos el gran sentimiento de hermandad que puede surgir.  Es el momento de tener estas difíciles conversaciones, para poder reducir nuestra complicidad en los daños, y sacar el mejor provecho de un futuro turbulento.

Profesor Gesa Weyhenmeyer Universidad de Uppsala

Profesor Will Steffen Universidad Nacional Australiana

Profesor Kai Chan Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas

Profesor Marjolein Visser Universidad Libre de Bruselas

Profesor Yin Paradies Universidad de Deakin

Profesor Saskia Sassen Universidad de Columbia

Profesor Ye Tao Universidad de Harvard

Profesor Aled Jones Universidad AngliaRuskin

Doctor Peter Kalmus Científico climático

Doctor Yves Cochet Antiguo Ministro de Medioambiente francés

Doctora Marie-Claire Pierret Universidad de Estrasburgo

Reverendo doctor Frances Ward Iglesia de St Michael

otros 246

Fuente: https://www.theguardian.com/environment/2020/dec/06/a-warning-on-climate-and-the-risk-of-societal-collapse?

 

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Sobre el mito de la inteligencia artificial y el futuro que no vendrá

Fuentes: La paradoja de Jevons [Un dibujo del siglo XIII de una grúa de tracción humana].

Según un informe del Ministerio de Igualdad, menos del 25% del personal investigador en IA son mujeres. De hecho, los hombres representan un 88% de las personas que participan en el diseño y desarrollo de IA. Pero aún no existe un estudio que analice la interseccionalidad en este campo —¿cuántas mujeres gitanas trabajan diseñando algoritmos?—.

En marzo el gobierno de Aragón anunció el lanzamiento de un canal de Telegram para resolver dudas sobre el coronavirus. El canal incorporaba un chatbot, es decir, un algoritmo de inteligencia artificial (IA) programado para interactuar en una conversación. De esta manera —argumentaba el gobierno local—se liberarían líneas telefónicas de atención a la ciudadanía, colapsadas en aquel entonces por el desconocimiento y miedo generalizado del inicio de la pandemia. Escépticas, por las limitaciones que la IA realmente tiene, nos pusimos a conversar con este bot.

Paradoja de Jevons: – Tengo fiebre.

COVID19AragonBot: – Los síntomas más comunes de la COVID-19 son 🤒fiebre, cansancio y tos seca. […].

Paradoja de Jevons: – ¿Qué es la hidroxicloroquina?

COVID19AragonBot: – La verdad es que no te he entendido, intenta preguntarme por: ¿Qué hago con mi ropa cuando llego a casa? […].

Paradoja de Jevons: – Vaya, parece que el equipo desarrollador no ha tenido en cuenta una respuesta ante uno de los fármacos más polémicos de la pandemia. Sigamos. Me encuentro sola.

COVID19AragonBot: – En mi opinión, tener ratos de soledad te ayuda a crecer.

Paradoja de Jevons: – Díselo a mi vecina del cuarto, 83 años, sin ningún familiar que se pueda hacer cargo de ella y en medio de esta pandemia, la cual los medios la bombardean cada día recordándole que es presa fácil para este virus.  Tiene suerte de que no sepa utilizar Telegram.

El lunes 30 de noviembre volvimos a probar la aplicación.

Paradoja de Jevons: ¿Qué es la hidroxicloroquina?

COVID19AragonBot: …

Paradoja de Jevons: Tengo fiebre.

COVID19AragonBot: …

Paradoja de Jevons: – Crónica de una muerte anunciada. Otro capítulo más en el libro de “Mitos de la inteligencia artificial”.

En los últimos años, hemos visto una gran cantidad de soluciones basadas en esta tecnología dispuestas a proclamarse salvadoras (en los casos más optimistas) o facilitadoras (en los casos más realistas) de nuestro día a día. Este efecto tecnosolucionista se ha pronunciado durante la pandemia. IAs que dicen resolver dudas a la ciudadanía, que detectan coronavirus en imágenes de rayos X, que identifican si una persona lleva puesta la mascarilla o que detectan si el personal respeta la distancia de seguridad en sus puestos de trabajo. De hecho, un reciente artículo del MIT explica cómo “la IA se ha convertido en el juguete roto de la investigación científica”. En muchos casos, tanto gobiernos como medios de comunicación se sienten atraídos por estas soluciones tecnológicas inteligentes. Pero tal y como hemos visto en el ejemplo del chatbot, la IA está lejos de cambiar radicalmente nuestras vidas.

Entonces, ¿quién ha creado este mito?, ¿debemos temer a la IA?, ¿cuál es el futuro que no vendrá?

Todo mito tiene un inicio

En 1996, la empresa lBM creó DeepBlue, un algoritmo programado para jugar ajedrez. La compañía retó a Kasparov, considerado el mejor jugador de ajedrez de la época. El primer intento salió mal, pues Kasparov venció a la máquina. No obstante, un año más tarde la máquina venció al humano. Veinte años más tarde, la compañía DeepMind, la cual fue comprada posteriormente por Google, desarrolló AlphaGo, otro algoritmo entrenado para jugar al Go. Tal y como hizo IBM con Kasparov, DeepMind invitó a Lee Sedol, considerado uno de los mejores jugadores del momento. ¿El resultado? AlphaGo venció a Sedol en cuatro de las cinco partidas. Más allá de las diferencias técnicas entre DeepBlue y AlphaGo, en ambos casos la prensa se hizo eco del hito histórico que supuso. La IA batiendo al humano a un juego inteligente. Fue así como, poco a poco, grandes corporaciones, universidades y gobiernos fueron introduciendo el concepto en sus agendas.

A pesar del progreso remarcable que la IA ha traído en ciertos aspectos, muchas organizaciones se aprovechan de la confusión general que existe sobre este concepto, vendiendo proyectos basados en esta tecnología cuando realmente son solo marketing.

Hoy en día, el mito se ha ido propagando aún más debido al proceso de datificación en el que estamos sumergidas. Uno de los talones de Aquiles de la IA es que se alimenta de datos para ser “inteligente”. Necesita datos para aprender y encontrar patrones en ellos a la vez que consume una ingente cantidad de recursos energéticos al requerir, también, de mucha potencia de cálculo. En el caso del chatbot del Gobierno de Aragón, el sistema necesita un conjunto de reglas diseñadas por la programadora para saber qué contestar al interactuar con una persona. En lenguaje de programación esto se traduce a un conjunto de condicionales, tales cómo: “Si aparece el concepto “fiebre”, entonces responde con este texto de los síntomas comunes del coronavirus”. A pesar de que los chatbots ofrecen ventajas veneradas por el dogma económico imperante (disponibilidad 24/7, reducción de mano de obra, etc.), sus desventajas son mucho más limitantes como hemos demostrado al inicio de este artículo.

Entonces, ¿son estos algoritmos tan inteligentes como se cree? ¿Es realmente la inteligencia artificial, inteligente?

¿Qué tipo de inteligencia tiene la inteligencia artificial?

La palabra “inteligencia” proviene del verbo en latín intellegere que significa comprender o percibir. No existe en la academia un consenso a la hora de definir este concepto, ni de establecer cuántos tipos de inteligencia existen. En un reciente artículo publicado por Skynet Today, varios académicos del campo definen la IA como la ciencia de crear máquinas inteligentes. Pero, si no existe una definición general de inteligencia, ¿podemos tener una definición de inteligencia artificial? La respuesta es sí, pero esta poco tiene que ver con la inteligencia humana. Por ejemplo, el grupo de expertos de la Comisión Europea la define como:

“Sistema de software (y posiblemente también hardware) diseñados por humanos que, dado un objetivo complejo, actúan en una dimensión física o digital percibiendo el entorno mediante el análisis de datos, ya sean estructurados o no estructurados, razonando sobre el conocimiento, o procesando la información, derivada de estos datos y decidir la mejor o las mejores medidas a tomar para alcanzar el objetivo fijado. Los sistemas de IA pueden utilizar reglas simbólicas o aprender un modelo numérico, y también pueden adaptar su comportamiento analizando cómo el medio ambiente se ve afectado por sus acciones anteriores”.

Es decir, la IA se basa en un código informático que utiliza datos para analizarlos con técnicas puramente estadísticas y decide la mejor forma de realizar una tarea propuesta (ganar al ajedrez, detectar gatitos en imágenes, etc.). Además, también puede incluir una máquina física, ya sea en forma de robot, dron, automóvil, etc., la cual se alimenta del código y procesa sus órdenes. Una de las claves de la IA es la capacidad computacional que existe hoy en día para procesar datos. Y es esa capacidad la que hace que se hayan definido como inteligentes. En el caso del DeepBlue o AlphaGo, el código fue lo suficientemente inteligente para procesar gran cantidad de datos, realizar cálculos rápidamente y tomar el mejor movimiento en cada estado de la partida. Una tarea que al ser humano le resulta imposible. Y por ello, consideramos a lo artificial, inteligente.

Una de las claves de la IA es la capacidad computacional que existe hoy en día para procesar datos. Y es esa capacidad la que hace que se hayan definido como inteligentes.

Una de las grandes limitaciones de la IA es la generalización. Volviendo otra vez al caso del programa de ajedrez, si pusiéramos a jugar DeepBlue al Go no sabría por dónde empezar, pues las reglas del juego son totalmente diferentes. Y lo mismo si pusiéramos a jugar AlphaGo al ajedrez. De hecho, este efecto de falta de generalización también se demuestra en el Covid19AragonBot. Cuando le preguntamos qué es la hidroxicloroquina, no nos entiende y nos sugiere que le preguntemos otra pregunta la cuál seguramente formará parte de su conjunto de reglas o condicionales. Y hasta con tareas más asequibles, como distinguir un pájaro en una fotografía y encontrar un verbo en una frase. No existe aún un sistema inteligente que sea capaz de generalizar y resolver ambas tareas a la vez con gran precisión.

A pesar de lo lejos que nos encontramos de conseguir una IA generalizada, simplemente la idea teórica de que seremos capaces de construirla contribuye a su mito. No obstante, actualmente deberemos conformarnos con sistemas inteligentes que nos recomiendan la soledad para crecer en plena pandemia o confunden la cabeza de un árbitro con un balón.

El futuro que no vendrá

Pero que la IA confunda la cabeza de un árbitro con un balón no es el peor escenario distópico que se nos puede ocurrir. El problema que existe hoy en día con la IA y su mito reside en tres aspectos fundamentales: (1) el oligopolio de las big tech en el almacenamiento de datos y su consumo energético, (2) la poca diversidad que existe dentro de los equipos de investigación, y (3) la inyección de financiación en estrategias y proyectos de IA y la brecha digital.

Uno de los negocios más rentables de la última década es el almacenamiento en la nube. Este servicio consiste en ofrecer servidores que se encuentran en sitios remotos, a muy baja temperatura, para almacenar ingentes cantidades de datos. De hecho, se estima que Google, Amazon, Facebook y Microsoft almacenan un total de 1200 petabytes, es decir, algo más de 1200 millones de gigabytes. Y es que dentro de la comunidad tecnológica, pocas veces se cuestiona el consumo energético que esto supone. De hecho, se estima que el centro de datos utilizado para entrenar el algoritmo GPT-3, el famoso sistema que genera textos artificialmente, tiene un coste energético equivalente a un viaje de ida y vuelta a la Luna. Es más, se estima que su coste está entre 8,5 y 10 millones de euros. Un precio que pocas universidades públicas pueden permitirse. ¿Al servicio de quién estará la innovación en IA en los próximos años? Pero el problema no es solo la cantidad, también lo es el tipo de datos. Muchos gobiernos, y compañías privadas que ganan contratos públicos, utilizan servicios de estas big tech para almacenar sus datos. De hecho, Pedro Sánchez tuvo una reunión en 2019 con directivos de Amazon para contratar servicios de almacenamiento. Y es que Amazon tiene un departamento exclusivo para políticas públicas, en las que ofrecen no solo servicios de almacenamiento, también de inteligencia artificial y ciberseguridad. ¿Podemos entonces imaginarnos el futuro que no vendrá si estas big tech siguen haciendo su oligopolio más poderoso y hermético?

De hecho se estima que el centro de datos utilizado para entrenar el algoritmo GPT-3, el famoso sistema que genera textos artificialmente, tiene un coste energético equivalente a un viaje de ida y vuelta a la Luna.

Según un informe del Ministerio de Igualdad, menos del 25% del personal investigador en IA son mujeres. De hecho, los hombres representan un 88% de las personas que participan en el diseño y desarrollo de IA. Pero aún no existe un estudio que analice la interseccionalidad en este campo —¿cuántas mujeres gitanas trabajan diseñando algoritmos?—. Sasha Costanza-Chock muestra en su libro Design Justice un simple ejemplo del impacto que esta falta de diversidad tiene en nuestras vidas. Explica cómo las personas trans tienen mayor probabilidad de ser etiquetadas como peligrosas, al cruzar el sistema de seguridad de los aeropuertos estadounidenses. Al no tener un cuerpo normativo, el sistema detecta irregularidades, por lo que pasan a ser chequeadas por el personal de seguridad — con la consiguiente confusión que eso conlleva. Costanza-Chock argumenta que esto es debido al equipo de ingenieros que diseñaron la tecnología, el cual poco tuvieron en cuenta el colectivo trans y los cuerpos no normativos. La tecnología es política, y la mayoría de sistemas basados en IA reproducen desigualdades estructurales, pues están dominados por una mayoría masculina, blanca, cisgénero y capacitista.

Estas desigualdades, o sesgos, seguirán repitiéndose mientras se sigan omitiendo otras realidades y no se cuestione al servicio de quién están.

El gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado esta misma semana la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial. En un acto retransmitido por el canal de Moncloa, el presidente anunció la inyección de 600 millones de euros, entre el periodo 2021-2023, repartidos en 6 ejes estratégicos. Durante todo el evento se dió mucho énfasis a la relación entre IA y el mundo corporativo: “España como nación emprendedora”, “emprendimiento digital”, “desarrollo de métricas de éxito que conecten universidades con el sector privado”. Y este hecho se ve reflejado en el reparto del pastel: de los 600 millones, 400 serán destinados a los ejes de investigación y tejido empresarial. Tan solo 8 millones serán destinados establecer un marco ético y normativo que refuerce derechos y libertades, el cual debería convertirse en un eje vertebral. A pesar de esta inyección de financiación, ¿cómo podemos pensar en implementar una estrategia nacional de IA, si aún tenemos que reducir la brecha digital y asentar las bases de la digitalización? Por ejemplo, el sistema de cita previa online del SEPE ha colapsado varias veces este año debido a la cantidad de personas en ERTE entrando al sistema. La página web de la Generalitat también colapsó hace unas semanas, después de anunciar la ayuda de 2000 euros para autónomos con bajos ingresos. En cuanto a la brecha digital, parte de la España vaciada sigue aún sin conexión a Internet y aún existen barrios de ciudades como Granada con cortes de luz.

A pesar de esta inyección de financiación, ¿cómo podemos pensar en implementar una estrategia nacional de IA, si aún tenemos que reducir la brecha digital y asentar las bases de la digitalización?

A puertas de empezar el nuevo año 2021, y lejos de ver el fin de esta pandemia, gobiernos, corporaciones y universidades seguirán anunciando a bombo y platillo tecnologías basadas en IA para combatir la COVID-19, y así inyectar un poco de optimismo en los ya desgastados ánimos de la población. Esto lo podemos ver claramente en el documento de la Estrategia Nacional que comentábamos anteriormente. En el Apéndice 2, el gobierno analiza el papel de la IA en esta pandemia de la siguiente forma:

La Inteligencia Artificial está jugando un importante papel en la respuesta a la crisis. Se está aplicando para poner a punto nuevos tratamientos y vacunas, para analizar diversas versiones del genoma del virus y caracterizar la respuesta del sistema inmunitario […] Se han desarrollado múltiples apps para teléfonos inteligentes que puedan servir para minimizar el contacto humano, apoyar el autodiagnóstico y detectar exposiciones con riesgo de contacto”.

Puede que algunas de ellas lleguen a implementarse y realmente supongan un avance científico y tecnológico. De hecho, la misma empresa de AlphaGo, DeepMind, presentó recientemente un modelo basado en IA capaz de predecir la estructuras proteicas con gran precisión. Esto podría ayudar a entender mejor el comportamiento de estas moléculas y desarrollar nuevos medicamentos. No obstante, DeepMind aún no ha publicado su código, y es que pocos estudios realizados por estas empresas privadas comparten la información para que otras investigadoras puedan replicar y validar los experimentos. Además, también tendremos que poner en cuestión el consumo energético que ello supondrá, pues como en el caso del algoritmo GPT-3, el modelo fue entrenado con procesadores de alto impacto medioambiental.

No obstante, la gran mayoría de ellas se quedarán en el tintero, como el chatbot del Gobierno de Aragón, y habrán supuesto otra inyección de dinero público a fondo perdido. Para evitarlo, tenemos que empezar a construir una masa social crítica que sepa discernir entre mito y realidad. Construir equipos diversos que se nieguen a diseñar cortinas de humo, con una moralidad sólida. Democratizar la IA. Crear un cuerpo independiente que audite algoritmos. Acompañar a personas afectadas por sistemas automáticos con herramientas legales para denunciar discriminaciones y vulneraciones. Cuestionar aplicaciones que supongan un enorme gasto energético. Acortar la brecha digital. Si esto no sucede en un futuro cercano, todo habrá servido para mantenernos entretenidas, mientras la élite siga recortando en derechos e inversión pública, a la misma vez que invirtiendo en cortinas de humo tecnológicas de aire emprendedor. La IA ha venido para quedarse, y la mayoría de sus aplicaciones estarán dirigidas a servir a dichas élites, saltándose el cumplimiento de los derechos humanos y la justicia social.

Lo estamos ya viviendo con los sistemas desarrollados en fronteras europeas y en campos de refugiados. Lo hemos vivido también con el reciente despido de Timnit Gebru, referente mundial en ética y IA, Google la ha despachado por cuestionar el consumo energético y las implicaciones éticas de una de sus herramientas.

Muchas maldecirán la IA y sus algoritmos, pero pocas verán que los verdaderos responsables son los de siempre. Bienvenidas al futuro que no nos espera.

La paradoja de Jevons. Un blog sobre ciencia y poder.
Ana Valdivia – Investigadora en King’s College London (Security Flows Project)

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/paradoja-jevons-ciencia-poder/sobre-el-mito-de-la-inteligencia-artificial-y-el-futuro-que-no-vendra

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Documento: Mujeres y niñas representan el 71% de esclavos modernos en el mundo

Las mujeres y las niñas representan el 71% de todas las víctimas de la esclavitud moderna a nivel mundial, lo que equivale a cerca de 29 millones de personas, alertó este miércoles la organización Walk Free, de la Fundación Minderoo.

Según explicó la organización internacional independiente de derechos humanos, esta tendencia sobre que las mujeres sean víctimas de la esclavitud moderna “se vuelve aún más evidente cuando se examinan las diferentes formas en las que se manifiesta”.

Lo anterior, con base en que están sobrerrepresentadas en tres de los cuatro tipos de esclavitud moderna evaluados por las Estimaciones Globales de la Esclavitud Moderna.

Así las cosas, se evidenció que mujeres y niñas representan el 58% de todas las víctimas de trabajo forzoso, el 84% de todas las participantes de matrimonio forzado y “un alarmante 99% de todas las afectadas por explotación sexual forzada”.

“De hecho, las mujeres y las niñas corren un riesgo abrumador de explotación sexual independientemente de la forma de esclavitud moderna a la que estén sometidas”, advirtió el documento.

Las cifras mencionadas muestran patrones de empleo y migración muy marcados por el género y “señalan la relevancia de patrones más amplios de abusos de derechos humanos que afectan de manera desproporcionada a mujeres y niñas”, de acuerdo con Walk Free.

Adicionalmente, el documento alerta que el riesgo de esclavitud moderna existe para mujeres y niñas sin importar el lugar del mundo donde vivan, pues “el género tiene un impacto significativo en la vulnerabilidad”.

Estimaciones mundiales de la esclavitud moderna dicen que el 73% de las víctimas en Asia y el Pacífico son mujeres y niñas; igual ocurre con el 71% en África; el 67% en Europa y Asia central, y el 63% en las Américas.

“Incluso en los Estados árabes, donde las estimaciones se ven obstaculizadas significativamente por la incapacidad de realizar un estudio adecuado de las formas de esclavitud moderna que afectan predominantemente a mujeres y niñas, casi el 40% de todas las personas que viven en la esclavitud moderna son mujeres”, explica.

 

Estos Estados tienen alrededor de 2,1 millones de trabajadores domésticos migrantes, un grupo altamente vulnerable a la esclavitud moderna, en tanto que la mayoría son mujeres que trabajan bajo el sistema restrictivo de kafala.

 

Y según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en 2018, las mujeres representaban el 53% de las víctimas de la trata en el Medio Oriente.

Esclavitud y derechos de mujeres en Colombia

El informe alertó que entre comunidades rurales e indígenas de Colombia, las niñas vulnerables son traficadas a las ciudades para el trabajo doméstico.

Esto lo hacen “engañando a las familias que viven en la pobreza con falsas promesas de ayudar a sus niñas a acceder a una mejor educación”.

Adicionalmente, Valerie Dourdin, directora de Emergencias de Save the Children Colombia, alerta: “En el país, una adolescente que queda embarazada tiene un 50% de posibilidades de no terminar nunca la escuela”.

Dijo además que este riesgo aumenta al 100% si tiene un segundo hijo antes de los 18 años.

“Sin educación y con perspectivas de empleo limitadas, a menudo lo único que se encuentra entre una madre joven y la pobreza es una pareja o matrimonio abusivo, o un trabajo precario”, agregó.

Fuente: https://www.dinero.com/internacional/articulo/esclavitud-moderna-mujeres-y-ninas-representan-son-las-mayores-victimas/308641

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África: La Coalición Mundial por Pisos de Protección Social, la OIT y Unicef ​​unen fuerzas para expandir la protección social para todos a través de una financiación sostenible

Programa conjunto para mejorar las sinergias entre la protección social y la gestión de las finanzas públicas

La Unión Europea, la Coalición Mundial por los Pisos de Protección Social, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y UNICEF presentaron hoy una asociación innovadora sobre protección social y gestión de las finanzas públicas.

El programa multinacional de 22,9 millones de euros, financiado con fondos de la Unión Europea, se desarrolló en colaboración con ocho países socios, incluidos Angola, Burkina Faso, Camboya, Etiopía, Nepal, Paraguay, Senegal y Uganda. Apoya el desarrollo de sistemas de protección social más inclusivos, sólidos y sostenibles que también puedan responder a futuras crisis. Esta nueva asociación brinda apoyo integrado a los ministerios nacionales y agencias públicas en la planificación, diseño, financiamiento e implementación de sistemas, programas y mecanismos de ejecución de protección social.

La protección social es un derecho humano y una inversión con altos rendimientos sociales y económicos; sin embargo, más de la mitad de la población mundial no tiene acceso a ninguna protección social [1], y la cobertura sigue siendo particularmente baja para los grupos vulnerables como los niños, las personas con discapacidades, mujeres y hombres que trabajan en la economía informal y migrantes.

Una barrera clave para expandir la protección social es la falta de financiamiento adecuado y sostenible. Un informe reciente de la OIT estima que los países en desarrollo tendrían que invertir 1,2 billones de dólares adicionales [2], equivalente al 3,8% de su producto interno bruto (PIB) medio anual, para cerrar la enorme brecha de financiación de la protección social y garantizar una seguridad de ingresos mínimos. y acceso a la atención médica para todos.

«Cerrar estas brechas es necesario y alcanzable. Con una voluntad política concertada, podemos hacer que esto suceda y hacer que la protección social sea una realidad para todos», dijo Shahra Razavi, Directora del Departamento de Protección Social de la OIT.

La actual pandemia de COVID-19 y la crisis socioeconómica demuestran la pertinencia y actualidad del programa de protección social y gestión de las finanzas públicas. Con la pandemia que va a empujar a 150 millones de personas [3] a la pobreza extrema y a 150 millones de niños a la pobreza multidimensional [4], es más importante que nunca fortalecer y ampliar los sistemas de protección social para amortiguar los impactos de la crisis de los trabajadores y sus familias, y garantizar una recuperación inclusiva para todos.

Según las últimas estimaciones mundiales de la OIT, el empleo ha disminuido significativamente, medido por una reducción del 17,3 por ciento en las horas de trabajo para el tercer trimestre de 2020 en comparación con el último trimestre de 2019. Esto equivale a la pérdida de 495 millones de personas a tiempo completo. trabajos. [5] Entre los más vulnerables se encuentran los casi 1.600 millones de trabajadores de la economía informal que se ven significativamente afectados por las medidas de cierre y / o que trabajan en los sectores más afectados [6].

Para responder a las consecuencias socioeconómicas de la pandemia de COVID-19, muchos países promulgaron respuestas de protección social para apoyar a los trabajadores, los niños y las familias [7]. Sin embargo, se trata, en su mayor parte, de medidas ad hoc de corta duración. Es hora de aprovechar estas experiencias para convertir las medidas a corto plazo en sistemas de protección social a largo plazo para todos.

«La magnitud y la profundidad de las dificultades financieras provocadas por la pandemia revertirán años de progreso en la reducción de la pobreza, especialmente entre los niños y las comunidades más marginados. Las inversiones para fortalecer y ampliar la cobertura y la adecuación de los sistemas de protección social son fundamentales para revertir estas tendencias y asegurar una recuperación sostenible y evitar una generación perdida ”, dijo Natalia Winder-Rossi, Directora Asociada y Jefa Global de Política Social de UNICEF.

En Angola, por ejemplo, el proyecto apoya un diálogo nacional coordinado para la formulación de la política de protección social con costos concretos y opciones de financiamiento sostenible; en Camboya, el proyecto contribuye al desarrollo de un Paquete Familiar Integrado de transferencias de efectivo, con el objetivo de ampliar la cobertura y la adecuación de la prestación de asistencia social a lo largo del ciclo de vida. En Paraguay, el proyecto apoya la implementación del sistema de protección social ¡Vamos! proporcionando asistencia técnica al Gobierno en la gestión de las finanzas públicas y la identificación de recursos para la protección social. Además de los ocho países socios, otros países pueden solicitar servicios de asesoramiento a más corto plazo para mejorar el rendimiento de su sistema de protección social y las opciones de financiación relacionadas.

El programa contribuirá a aumentar las inversiones públicas en protección social al vincular los esfuerzos desplegados por la UE y otras organizaciones internacionales para fortalecer los sistemas de finanzas públicas y las capacidades de los países socios para aumentar los recursos nacionales para la protección social.

El programa también contribuirá a invertir mejor en los sistemas de protección social mediante la creación de una hoja de ruta común y la mejora de la coordinación entre los ministerios de finanzas, los ministerios técnicos, los interlocutores sociales y la sociedad civil en cuestiones de política de protección social y finanzas públicas.

«Trabajaremos en estrecha colaboración con las organizaciones nacionales de la sociedad civil y los sindicatos para asegurar su participación significativa en los diálogos de protección social y los procesos de toma de decisiones. Dado que el aumento de la financiación de la protección social se basa en diálogos inclusivos y la apropiación de los países, esperamos que el programa establezca un ejemplo de una nueva forma de trabajo colaborativo ”, dijo GCPSF Bart Verstraeten.

Además de apoyar la respuesta inclusiva y la recuperación en medio de la crisis de COVID-19, el proyecto también contribuirá al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 1 y 10 sobre reducción de la pobreza y la desigualdad, y la Agenda 2030 más amplia, incluidos los objetivos de igualdad de género, acceso a la salud, la educación y el empleo decente y las instituciones inclusivas en todos los niveles.

[1] https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—dcomm/—publ/documents/publication/wcms_604882.pdf

[2] https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_755546/lang–en/index.htm

[3] https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2020/10/07/covid-19-to-add-as-many-as-150-million-extreme-poor-by -2021

[4] https://data.unicef.org/resources/impact-of-covid-19-on-multidimensional-child-poverty/

[5] https://ilostat.ilo.org/topics/covid-19/

[6] https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@dgreports/@dcomm/documents/briefingnote/wcms_743146.pdf

[7] https://www.social-protection.org/gimi/ShowWiki.action?id=3417

Fuente: https://allafrica.com/stories/202012020657.html

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Perspective | Career and College Promise: A premier college access program with room for growth

Perspective | Career and College Promise: A premier college access program with room for growth

Sarah A. Deal

Inequities within our society that have persisted over decades have never been more evident than in 2020. The COVID-19 pandemic has illuminated the digital divide for learners and has laid bare the challenges that today’s college students face around ensuring their basic needs are met. In addition to the pandemic, racial injustice in America further highlights the need to eliminate equity gaps.

“Like a flash of lightning in the night, the pandemic revealed all the cracks and fissures hidden in the landscape and gave us a stark and unsparing look at the cavernous wealth and attainment gap before us in our Black and Brown urban communities, in the immigrant communities of our gateway cities and in our poor, white communities in the rural regions,” Dr. Pam Eddinger, president of Bunker Hill Community College, said in the recent Dallas Herring lecture, entitled Insights from the Pandemic: The Reckoning and the Hope at Our Nation’s Community Colleges.

To reduce inequities within our society, we have to address the root causes of these disparities. And while there are many potential solutions, wide-open access to education has long been a hallmark of the American dream — though one that is not realized for Black, Latinx, and Native American populations. North Carolina’s Career and College Promise program provides college coursework through the local community college to high school juniors and seniors. Career and College Promise increases access to the state’s higher education pipeline and has the potential to reduce college attainment gaps.

Community colleges can be a catalyst for this needed change given their open access missions, embedded nature within the community, and credential programs intended to meet the needs of lifelong learners and the local workforce. North Carolina’s Community College System (NCCCS) is uniquely positioned to achieve these aims. The 58 community colleges within NCCCS were specifically designed to be within 30 minutes of any North Carolinian, and my research confirms this is true for more than 99% of residents. Simply being located near a community college reduces barriers to access because a prospective student does not have to travel far and is likely to have more familiarity with their local college.

Another benefit of having community colleges embedded locally across the state is the partnerships between the college and the K-12 schools. These partnerships can lead to early and increased exposure for K-12 students to the college environment. Many of North Carolina’s community colleges conduct campus tours as early as eighth grade, community colleges are home to Early College High Schools, and most importantly, community colleges provide opportunities for high school students to earn college credit through the Career and College Promise program.

Within Career and College Promise, there are two pathways for students to choose from. The first is the College Transfer Pathway which consists primarily of general education courses meant to transfer to one of the University of North Carolina System (UNC) institutions. That pathway is governed by the state’s Comprehensive Articulation Agreement (CAA). The CAA is a joint effort between NCCCS and the UNC System and it establishes the foundation of course transfer between the two systems with the goal of increasing students’ degree completion through maximizing applicability of credit. While the agreement is not perfect, the CAA establishes the necessary structure and organization around successful between-system transfer. The second pathway is Career and Technical Education meant to prepare students with the knowledge, skills, and credentials to enter the workforce.

The goal of Career and College Promise is to increase the number of completed associate and bachelors degrees for North Carolina’s residents by providing early access to college while a student is in high school. Early access to college allows students to “try on” college while in the more familiar environment of high school. Students are able to practice their new time management skills, study skills, and experience the academic rigors of college with the added support often offered by faculty and staff. College courses taken early in high school that apply to students’ associate and bachelor’s degrees also save students valuable time and money as they pursue higher education.

While these benefits are common across many dual enrollment programs, North Carolina takes further steps to broaden access. For instance, the North Carolina state legislature has recognized the value of creating a pipeline into and through postsecondary education and covers the cost of tuition for the Career and College Promise. This funding allows students to take advantage of the program without fewer financial constraints.

There are costs such as transportation, books, and supplies which are not covered by the program. However, tuition is the largest college expense, making it an important factor when thinking about how to reach low-income and historically underserved students. Career and College Promise is offered statewide, further reducing geographic barriers in access to education.

Further, the legislature has funded career coaches who are professional staff members that help high school students explore their college and career options. Community colleges across the state also have designated Career and College Promise liaisons who facilitate the delivery of the program. These factors combined not only “promise” to cover tuition but open the promise of a college education to many students who may not have considered going to college otherwise.

The benefits of Career and College Promise extend beyond increasing student access to higher education. In my own research, I found that students who participated in the program in 2015-2016 and/or 2016-2017 had a higher probability of enrolling in a North Carolina community college after high school, had higher persistence rates, had higher community college graduation rates, and had a higher college GPA when compared to students who did not participate in the program. The Career and College Promise program has all of the right components: free tuition, broad accessibility, support for students, and participation is associated with positive educational outcomes. As of the 2019-20 academic year, the program enrolls more than 70,000 students across the state.

While the foundation of the program is firmly established and there is broad support and participation in the program, Career and College Promise is not equitably reaching populations of students that are historically underserved in higher education. Relative to all North Carolina 10th graders in the 2014-2015 academic year, students who go on to participate in the College Transfer Pathway are more likely to be female (63% compared to 50%) and white (76% to 56%), to speak English at home (93% compared to 86%), and to have a higher high school GPA (4.0 on average, compared to 3.2).

In another aspect of my research that focuses specifically on historically underrepresented students, it is apparent that students that meet these criteria are more likely to participate in the Career and Technical Education Pathway. Relative to their counterparts in the College Transfer Pathway, students in the Career and Technical Education Pathway are more likely to be Black (20% compared to 11%), Latinx (11% compared to 6%), to be economically disadvantaged (48% compared to 30%) and to speak Spanish at home (11% compared to 5%).

Given we know that Black, Latinx, and low-income students are among the groups of students least likely to access higher education, it is important that state-wide marketing, recruitment, and retention policy focus on these populations so that North Carolina’s College Transfer Pathway provides postsecondary opportunities for students who may not already be college-bound. The postsecondary pipeline from the high schools through the community colleges and to the universities in North Carolina is strong, and Career and College Promise has already opened access to more than 27% of high school graduates across the state.

However, for North Carolina to fully realize the potential impact of Career and College Promise on postsecondary attainment, to reduce inequities and close postsecondary attainment gaps, the program must provide equitable access for Black, Latinx, and Native American populations.

Fuente de la Información: https://www.ednc.org/perspective-career-and-college-promise-a-premier-college-access-program-with-room-for-growth/

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Ghana: Women’s Participation in decision making: Why it matters

Women’s Participation in decision making: Why it matters

As the country goes to the polls on December 7th 2020, this is a prime opportunity for citizens to contribute towards a more inclusive and sustainable democracy in Ghana. This builds on the positive record of seven successive and generally peaceful elections that have culminated into three successful transfer of power from one party to another since 1992.

Supporting more women into decision making during this year’s election and beyond would help to reverse the currently low levels of women’s participation and representation in political decision-making processes and in other spaces at all levels.

While women constitute more than half of the country’s population (51.2%), they represent only 13.8% of members of the national parliament, and constitute less than 30% of ministers, members of the Council of State, heads of public institutions and boards. The numbers are even lower at the local level. For example, the number of women elected and appointed to Assemblies continue to decline over the years; with 10 percent in 2006, to 6 percent in 2010 and 5.4% in 2015.

As Ghana is touted as a model of democracy and good governance in Africa, leadership in this area could help to harness the power of diversity in building inclusive democracies across the continent. According to the Africa Human Development Report (2016), promoting women’s political voice and leadership will help to drive gender equality and women’s empowerment and accelerate the achievement of all the sustainable development goals. The United Nations Sustainable Development Goals (SDGs) 5 acknowledges this fact and therefore has a target to “ensure women’s full and effective participation and equal opportunities for leadership at all levels of decision making in political, economic and public life”.

There is evidence that having more women in public and private decision making increases the general level of public sector effectiveness and accountability in a country. This is particularly pertinent as the country seeks to respond and recover from the impact of COVID-19. Women are often dynamic leaders of change, who galvanize women and men to get involved, to claim their rights, and strengthen their communities to be resilient.

Unfortunately, there are still many barriers to overcome to enhance women’s participation in decision-making. The low levels of women’s participation in leadership is often attributed primarily to patriarchy or male dominance. This is a key aspect of the Ghanaian social system in which the woman’s role and status are relatively recognised to be inferior to those of the man in almost all aspects of social, political and economic life.

Custom, law and even religion have also been used to rationalize and perpetuate these differential roles to the extent that some women themselves seem to have accepted and internalized them. Other factors include limited knowledge and prioritization of Gender Equality in the leadership or governance architecture, increasing cost of doing Politics in Ghana and reduced advocacy by women’s groups and gender advocates due to limited funding and resources.

There is now an opportunity to implement the existing legal frameworks of the country that give equal opportunities for both men and women to register to vote, to exercise their franchise, and to stand to be elected for either as presidential candidates, members of Parliament or Assembly representatives in both local and national government structures. We recognise efforts by present and past governments to close the gender gap in decision making and leadership. However only modest gains have been achieved.

Women participation in decision making is not just a right, but also key to sustainable development. In a democracy, it is important that every part of the population is equally represented. Having both men and women involved in decision-making broadens the perspectives, increases creativity and innovation, diversifies the pool of talents and competences, reduces conflicts, and improves the process of decision-making. Indeed, women’s participation in decision making in general has benefits not only to women but to the general society as a whole.

Now is the time to encourage more women in decision making as they prioritise policies that improve lives for everyone including quality education, health, housing and social justice. Women in leadership are also considered to adopt more empathetic, collaborative and consensus building leadership styles that are key to inclusive national progress.

Evidence from across Africa shows that having more women as part of peacebuilding and conflict resolution efforts also contributes to more lasting peace. As they pay closer attention to people’s needs, they are inclined towards conflict prevention and collaborative solutions.

There is significant value therefore, in bringing more women around the decision-making table. This is why UNDP since 2013 has supported processes for the development of an Affirmative Action Bill and the development and launch of Ghana’s Second National Action plan this year (GHANAP II) 2020 to facilitate the implementation of UN Resolution 1325, which prioritizes women’s role in conflict resolution and peacebuilding. UNDP is pleased to continue to engage with all key stakeholders to ensure women’s equal participation in decision making across the country.

Fuente de la Información: https://www.modernghana.com/news/1047865/womens-participation-in-decision-making-why-it.html

 

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