El profesorado de la educación pública no universitaria del País Valencià ha optado para suspender temporalmente la huelga indefinida comenzada el 11 de mayo a partir de este viernes, 12 de junio. Es una “interrupción estratégica” que permite no hacer huelga, pero continuar con acciones de protesta y retomar el paro en cualquier momento sin previo aviso, han indicado los sindicatos STEPV, CCOOPV y UGTPV. La suspensión puede ser tan solo el adelanto de un nuevo curso todavía más conflictivo al que podrían sumarse más sectores sociales. Vicent Maurí y Moisés Vizcaino hacen balance.
«La huelga indefinida del profesorado valenciano ha dejado una huella profunda. Más allá de su interrupción, nadie podrá borrar el que se ha construido durante estas semanas.»
La huelga indefinida del profesorado valenciano ya forma parte de la historia de las grandes movilizaciones sociales de nuestro país. Veintitrés días ininterrumpidos de lucha, de asambleas, de manifestaciones, de concentraciones y de debates colectivos han dejado una impronta que va mucho más allá del resultado de una consulta o de la evolución de una negociación. Han representado una auténtica lección de dignidad, compromiso y unidad.
Hay que empezar dando las gracias. Gracias al profesorado valenciano, que ha sostenido con valentía una huelga indefinida en circunstancias difíciles, asumiendo costes personales y económicos para defender un bien común. Gracias a sus asambleas, espacios de democracia real donde cada voz ha contado y donde se han tomado las decisiones más importantes. Gracias a los sindicatos que han sabido construir una plataforma unitaria y poner los intereses de la educación pública por encima de cualquier otra consideración.
Pero también hay que dar las gracias a la comunidad educativa y a la sociedad valenciana. Las familias, los movimientos sociales, las entidades cívicas, las asociaciones de barrio y tantas personas anónimas han hecho suya esta lucha. La respuesta social ha sido inmensa. Del sur al norte del País Valencià; del interior a la costa; en las grandes ciudades y en los pueblos pequeños; en los barrios obreros y en las zonas rurales. En todo el territorio se han multiplicado las muestras de apoyo y solidaridad. También han llegado mensajes de apoyo desde otros territorios del Estado y desde el ámbito internacional, conscientes que la defensa de la educación pública es una causa que transciende fronteras.
La acampada educativa se ha convertido en uno de los símbolos más potentes de este conflicto. Un espacio de resistencia, de debate y de construcción colectiva que recuerda otras grandes experiencias de defensa de los servicios públicos. Resulta inevitable pensar en la mítica Carpa Blanca argentina, aquella escuela itinerante que se convirtió en un referente internacional de la lucha por la educación pública en los noventa del siglo pasado. Hoy, salvando todas las distancias, el profesorado valenciano ha demostrado que la perseverancia y la convicción continúan siendo herramientas imprescindibles para transformar la realidad.
Esta huelga no ha sido una reivindicación corporativa. El profesorado ha levantado la voz para denunciar una situación insostenible que afecta directamente la calidad del servicio público educativo. La recuperación del poder adquisitivo perdido es una reivindicación legítima, pero las reivindicaciones van mucho más allá: reducción de ratios, incremento de plantillas, disminución de la carga burocrática, mejora de las infraestructuras educativas y defensa efectiva de la lengua. En definitiva, la defensa de una educación pública digna, equitativa y de calidad.
Los datos de la consulta realizada al profesorado refuerzan todavía más la legitimidad de este movimiento. Han participado 30.238 docentes, una cifra extraordinaria que evidencia el grado de implicación y conciencia colectiva del profesorado valenciano. El resultado ha sido claro y contundente: 26.217 docentes, el 87% de las personas participantes, han rechazado la propuesta de acuerdo global presentada el 9 de junio, considerándola insuficiente para dar respuesta a las reivindicaciones planteadas desde el inicio del conflicto.
Entre las personas que han votado en contra del acuerdo, se ha abierto un nuevo procedimiento de decisión para determinar los pasos siguientes. También aquí el profesorado ha dado un ejemplo de responsabilidad democrática. De las 26.217 personas consultadas, 17.633 (67%) han optado para interrumpir o desconvocar la huelga, mientras que 8.584 (33%) se han mostrado partidarias de mantenerla. Es importante entender el significado de este resultado: no expresa una renuncia a las reivindicaciones, sino la voluntad mayoritaria de explorar otras vías de acción y de negociación después de haber protagonizado una de las movilizaciones educativas más importantes de las últimas décadas.
El profesorado valenciano ha demostrado que es posible conjugar firmeza en las reivindicaciones con responsabilidad colectiva. Un docente, un voto. Asambleas abiertas, debate permanente y decisiones adoptadas democráticamente. Esta es, también, una de las grandes victorias de este proceso.
Por eso, el profesorado se ha convertido en un ejemplo para el conjunto de la clase trabajadora y para el país. En un momento en que a menudo se pretende imponer la resignación y el individualismo, miles de docentes han demostrado que la movilización sostenida, la participación democrática y la unidad continúan siendo instrumentos útiles para defender derechos y conquistar mejoras.
También es necesario señalar las responsabilidades políticas. La Consellería de Educación, encabezada por la consellera Ortí, y el president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, han desaprovechado la oportunidad de resolver el conflicto desde el primer momento mediante una negociación real. Demasiado a menudo han optado por la dilación, la descalificación o la presentación de propuestas insuficientes, en lugar de escuchar las legítimas demandas de un colectivo que sostiene uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad.
Todavía están a tiempo de rectificar. Tienen en sus manos la posibilidad de poner fin al conflicto con una negociación sincera que den respuesta a las reivindicaciones del profesorado. Se trata de asumir una responsabilidad institucional ineludible: garantizar unas condiciones laborales dignas para quienes educan y aseguran una educación pública de calidad para todo el alumnado.
La huelga indefinida del profesorado valenciano ha dejado una huella profunda. Más allá de su interrupción, nadie podrá borrar lo que se ha construido durante estas semanas: una red de solidaridad y de apoyo mutuo que ha recorrido el país, una comunidad educativa movilizada y una sociedad valenciana que ha apoyado a sus docentes.
El profesorado ha hablado con claridad en las aulas, en las calles y en las consultas. El mensaje ha estado inequívoco: sus reivindicaciones son justas y necesarias. Ahora corresponde a la Consellería de Educación y al presidente Pérez Llorca escuchar este clamor y abrir, de una vez por todas, una negociación real que doy respuesta a unas demandas que constituyen una exigencia colectiva para garantizar una educación pública valenciana, digna, inclusiva y de calidad.
Porque la educación no se negocia a la baja. La dignidad del profesorado y el derecho del alumnado a una educación pública de calidad no pueden quedar subordinados a excusas presupuestarias ni a intereses ideológicos y partidistas.
La huelga indefinida del profesorado valenciano es, sobre todo, una lección de dignidad y de compromiso. Y las lecciones más importantes son aquellas que dejan huella y abren caminos. Este país necesita más ejemplos como este: personas dispuestas a organizarse, a perseverar y a luchar por el bien común. El profesorado valenciano lo ha hecho. Y merece el reconocimiento, el respeto y el apoyo de toda la sociedad.
Lecciones de una huelga valenciana indefinida histórica
Moisès Vizcaino
La suspensión de la huelga indefinida de los docentes puede ser tan solo el adelanto de un nuevo curso todavía más conflictivo al que podrían sumarse más sectores sociales
Después de un mes de huelga indefinida, ayer 10 de junio, los docentes aprobaban en una consulta suspender la huelga a partir del día 12 al mismo tiempo que rechazaban la última propuesta de acuerdo de la Consellería de Educación en manos del PP con apoyo de Vox. Este resultado deja en empate la partida.
La impresionante movilización de la enseñanza pública, con una huelga valenciana indefinida histórica, tanto por seguimiento como por duración y un apoyo del conjunto de la comunidad educativa y de buena parte de la sociedad sin precedentes, en defensa de una educación pública de calidad y en valenciano, no ha conseguido doblar el enrocamiento de un Consell que se había puesto como objetivo derrotar y humillar los docentes.
Sus tácticas dilatorias de la negociación y el enrocamiento de sus posiciones, encabezadas por la consellera Ortí responsable política directa de la mano del president Llorca, han acabado funcionando y se ha desconvocado la huelga de los docentes sin conseguir sus objetivos. Dentro del PP puede haber la tentación de ver la situación como una victoria, con la complicidad y el acuerdo parcial pactado por los sindicatos ANPE y CSIF. “Hemos chafado a los sindicatos como hizo Margaret Thatcher con los mineros y hemos abierto el camino en una nueva era de hegemonía conservadora”, deben de pensar.
Este, sin embargo, es un análisis muy peligroso y que les puede salir muy caro. La negativa de los docentes a aceptar las migas que les ofrecía la Conselleria es un detalle importante que demuestra que los docentes no han sido vencidos. Lo más probable es que el próximo curso vuelvan de nuevo las protestas. Podemos entender que difícilmente tendrán la forma de una nueva huelga indefinida, pero el malestar generado por la situación de la mayoría de los centros que afecta directamente a los alumnos y familias y a todo el personal público docente y no docente, sumado al que ha provocado la actitud prepotente y autoritaria del Consell y todas las reivindicaciones exigidas, no se diluirán por arte de magia. Ni tampoco las asambleas de los docentes, motor fundamental de la movilización, de la Coordinadora d’Assemblees Docents del País Valencià y de Docents en Vaga.
Además, este malestar no es exclusivo de la educación. La situación en sanidad es similar, así como en otros servicios públicos y, si nos alejamos del sector público, la sensación de que la cuestión de la vivienda es “insostenible” cada vez es más masiva y transversal.
De hecho, a pesar de algunos esfuerzos de hacer confluir este conjunto de reivindicaciones con la huelga de la educación, resulta obvio que ha faltado un último esfuerzo en esta dirección y los sindicatos no han tenido la capacidad de convertir la huelga docente en un paro generalizado, como mínimo, al sector público valenciano, y, lógicamente, comprendemos esta situación. Con este panorama, lo más probable es que el próximo curso -año electoral- venga caliente. Si sindicatos y movimientos sociales son capaces de hacer confluir las diferentes luchas en un gran movimiento popular, al PP se le puede hacer muy larga la legislatura.
Porque el desastre de la Dana nos ha dejado ya una serie de lecciones de gran valor y una forma colectiva de movilizarse, como han hecho desde las principales asociaciones de las víctimas Associació Víctimes de la DANA 29 Octubre 2024, Associació Víctimes Mortals DANA 29-O y Associació de damnificats per la dana de l’Horta Sud, y desde el Acord Social Valencià. La primera es que la capacidad de mentir, hacerse el sordo y mantenerse impertérrito ante la protesta ciudadana de este Consell es inmensa. Pero, también, que si el pueblo valenciano tiene la resiliencia y dignidad suficientes como para hacer caer a Carlos Mazón, también la tiene para hacer caer a la consellera de Educación y el Consell del PP-Vox entero.
Por: Aldo Casas | Ariel Petruccelli | Eduardo Lucita | Juan Pablo Casiello
En el mundo entero, y no solamente en la Argentina, el capitalismo se halla inmerso en una época de crisis profunda y multifactorial. Nos hallamos en medio de una transición, pero nadie sabe a ciencia cierta hacia dónde. Es probable, de hecho, que haya varios destinos posibles. Para la izquierda revolucionaria ello entraña la posibilidad que, de los actuales fuegos, resurja como el ave Fénix el horizonte del socialismo. A escala global, sin embargo, no parece ésta la opción más a la mano. Pero en los momentos de crisis las cosas se aceleran y posibilidades inverosímiles hasta poco tiempo atrás se vuelven atractivas e incuso factibles. Y siempre hay circunstancias peculiares. Que la dirigente trotskista Myriam Bregman se encuentre en Argentina entre las figuras políticas con mejor imagen y el FIT-U con una creciente intención de voto es un fenómeno que no se puede ignorar. La crisis del gobierno y la parálisis, las disputas intestinas y el giro a la derecha del peronismo parecen no tener fin. Desde hace varias semanas en el conjunto de la izquierda de nuestro país se debate cómo intervenir sobre este fenómeno político. Los autores de este texto hemos participado en estos intercambios con dos Cartas Abiertas. Aquí quisiéramos desarrollar algunos aspectos de nuestro análisis de la situación y lo que nos parece una vía de acción posible y fructífera.
En los regímenes políticos capitalistas democrático-liberales parece haberse producido, en los últimos años, un cambio significativo. Durante décadas estos regímenes sirvieron como un poderoso dique de contención para todo tipo de radicalización política, consolidando bolsones enormes de electorados estables que daban solidez al sistema y hacían poco probable tanto los cambios repentinos de las preferencias políticas o electorales cuanto las rebeliones por abajo. Los levantamientos tenían lugar característicamente en países no democráticos (ejemplo típico: la primavera árabe).Hubo excepciones (como la Argentina de 2001), pero el panorama general era que las democracias liberales constituían un puntal de estabilidad. Eso se ha ido desmoronando en la última década, en la que han proliferado levantamientos y protestas callejeras de diferente tipo que incluso han tumbado gobiernos constitucionales (como el de Nepal hace pocos meses), como así también se ha visto virajes electorales rápidos y profundos o la aparición recurrente de outsiders como Bukele en El Salvador, Castillo en Perú o de la Spriella en Colombia. Milei es un caso extremo de esta tendencia. Sin embargo, en ningún caso, hasta ahora, se ha roto de manera inequívoca con los parámetros neoliberales consolidados durante el último medio siglo, ni mucho menos con las bases capitalistas de la economía (aún más antiguas). La fuerte inestabilidad de los gobiernos no da necesariamente lugar a una inestabilidad equivalente del sistema político en sí mismo, y hasta ahora no ha amenazado a las relaciones de propiedad. El descontento es casi universal, pero la emergencia de alternativas es la gran ausencia. Los virajes políticos de las últimas décadas no han alterado las dinámicas sociales y económicas capitalistas más profundas. Las políticas focalizadas no han podido contrarrestar la precariedad, la informalización y la miseria universales. Las compensaciones simbólicas de la política posmoderna se tornan crecientemente vacuas ante las duras realidades de la vida material en lo que hace a empleo, ingresos, vivienda, salud,educación o degradación ambiental. Las tibias estatizaciones (allí donde la hubo) no han podido frenar los vendavales de la economía global. Los derechos tantas veces proclamados –“con la democracia se come, se cura y se educa”- se vuelven cada vez más papel mojado. La falta de una alternativa al capitalismo liberal que resulte creíble y atractiva para las grandes mayorías es el gran vacío que, en buena medida, caracteriza la política actual en nuestros países.
El interrogante es: ¿cómo transitar del descontento que se palpa y la inestabilidad que se acrecienta hacia un cambio político y social verdaderamente estructural y significativo?
La inestabilidad política en nuestras sociedades se da sobre un trasfondo que no se puede ignorar ni minimizar, y que es mucho lo que debe a los cambios tecnológicos, culturales y sociales operados en las últimas décadas. Las redes sociales y los nuevos dispositivos tecnológicos permiten una difusión masiva de ideas a bajo costo, de manera descentralizada y no fácilmente controlada por los Estados y las corporaciones privadas. Esto puede ser aprovechado por la izquierda, que siempre tuvo dificultades para acceder a los grandes medios de comunicación. Pero, en contrapartida, el anegamiento de la arena pública con basura digital, noticias falsas, exceso de emoción y minimización de los argumentos y de la razón no favorece en lo más mínimo a la izquierda socialista. La ultraderecha siempre se basó en una radicalización discursiva y emocional que ocultaba un conservadurismo social destinado a mantener e incluso acrecentar el poder y la riqueza de los ricos y poderosos. La emocionalización y la virtualización de la vida social generan inestabilidad política, fenómenos virales y cambios súbitos en las preferencias electorales o simpatías momentáneas. Pero, paralelamente, tienden a socavar el alcance y la solidez de las fuerzas políticas (fenómeno reforzado por la mercantilización acelerada de los últimos años y la importancia creciente concedida a los aspectos más privados de la vida personal). El desafío para la izquierda argentina en la hora actual es aprovechar un vaivén favorable que se registra en el estado de ánimo de grandes sectores sociales para propiciar una politización más consciente, consistente y organizada, que haga posible un cambio revolucionario. Un cambio que, para ser genuino, demanda una participación tan masiva como autoconsciente.
En nuestra primer Carta Abierta propusimos que, a partir de la creciente simpatía en torno a Myriam Bregman, se conformaran “Comités de base por un gobierno de trabajadores”. La propuesta fue tomada parcialmente por el PTS, la organización que Myriam integra, en una convocatoria que acompañamos con nuestras firmas. Sin embargo, la implementación concreta de los comités parece haber sido encaminada en una dirección bastante diferente a la que proponíamos y a lo que daba a entender la convocatoria “Vos hacés falta”. El llamado a conformar los comités se ha concentrado casi exclusivamente en la construcción de “un partido de la nueva clase trabajadora”, y los comités han estado integrados en la mayoría de los casos por militantes del PTS y activistas independientes, con exclusión no sólo de los otros partidos que integran el FIT-U, sino de muchas otras organizaciones sociales y políticas que, en principio, son favorables a un “gobierno de trabajadores”. No podemos dejar de señalar que esta vía de actuación puede mantener a miles de personas alejadas de los comités, socava la unidad del FIT-U (un activo que la mayor parte de sus simpatizantes valoran positivamente), pone trabas a su posible desarrollo como un genuino movimiento de masas y cierra casi por completo las puertas a una posibilidad inédita: que la izquierda pueda influir sobre trabajadores y jóvenes peronistas disconformes con la orientación cada vez más derechista del Partido Justicialista (PJ) y la burocracia sindical, traccionando a una parte significativa de ellos hacia posiciones revolucionarias.La construcción del partido revolucionario (tarea cuya importancia no desmerecemos) puede (y debe) desarrollarse fortaleciendo y consolidando un movimiento de masas, necesariamente más amplio y plural.
No tenemos una posición rígida sobre las formas de organización política revolucionaria más conveniente en el presente. Pero a la luz de la configuración actual de la izquierda política, del movimiento sindical y del variopinto espectro de muy disímiles movimientos sociales, consideramos que los comités de base (y en esto consistía nuestra propuesta inicial) deberían ser un espacio democrático de masas capaz de concentrar a todas las fuerzas en principio favorables a la idea genérica de un “gobierno de trabajadores”, para emprender conjuntamente aquellas tareas en las que estamos de acuerdo: enfrentar al gobierno de Milei; apoyar a las luchas sociales y sindicales en curso; difundir el ideario socialista y la perspectiva revolucionaria; debatir a partir del programa del FIT-U un programa de gobierno de emergencia mucho más detallado. Paralelamente a estas tareas de lucha y propaganda conjuntas, pensamos que el espacio de los comités (o instancias paralelas relacionadas o no con los mismos, como foros, paneles, mesas redondas, talleres, etc.) podría servir para estudiar, conversar o debatir el amplio espectro de cuestiones tácticas, estratégicas organizativas e intelectuales que atañen a un cambio revolucionario.
Insistimos entonces con nuestro planteo inicial: debemos asumir con audacia la posibilidad de debatir con miles de personas para avanzar en la construcción de una alternativa gubernamental de los trabajadores y trabajadoras que haga posible una salida a la crisis opuesta a la que nos proponen Milei, el PJ y todas las variantes del sistema.
Los comités de base pueden ser la gran herramienta para esta tarea, a condición de que sirvan para desarrollar y coordinar las luchas de resistencia a las políticas oficiales y den un marco político y organizativo a la creciente bronca popular.
La apuesta es inmensa. Ningún colectivo, por pequeño que sea, y hasta ningún militante individual que quiera sumarse puede quedar afuera. Necesitamos grandeza, firmeza y unidad. De nuestra parte no tenemos dudas: si rodeada de las principales figuras públicas del FIT-U y de referentes de los distintos movimientos sociales y/o sindicales que en los últimos años han estado dando la pelea, Myriam Bregman diera una conferencia de prensa convocando a la conformación de comités de base podríamos aglutinar a decenas de miles de personas dispuestas a militar por una alternativa revolucionaria.
Las migraciones son un campo de estudio que ha adquirido especial relevancia en el marco del capitalismo como sistema mundo. Así como el capitalismo no es una inteligencia centralizada, su naturaleza es altamente sensible a la innovación, sufriendo adaptaciones en cada una de las revoluciones industriales. Estas adaptaciones han impactado a las dinámicas migratorias, como parte estructural y funcional a su metabolismo. El desplazamiento corporal entre territorios por parte de capas de la población, especialmente en los periodos Taylorista y Fordista -extendidas al presente-, generó dinámicas de control biopolítico y explotación que han sido ampliamente estudiadas por la teoría migratoria. La llegada de la tercera revolución industrial y la apertura del periodo posfordista, a partir del auge de lo digital-virtual ha producido el emerger de nuevas formas de dominación, control, acumulación, explotación y reproducción. La sustitución de la centralidad fabril por la metrópolis y la sociedad como fábrica ampliada, y la centralidad del obrero social como sujeto político que expande la concepción de proletariado industrial, han dado origen al cognitariado y el precariado, la producción de mercancías inmateriales basadas en la apropiación de subjetividades, emociones, la captura de datos y flujos de información, que han hecho aparecer nuevas dinámicas de trabajo, riqueza y plusvalía. En ese contexto, el capitalismo cognitivo está produciendo formas de migración que exceden las concepciones clásicas de movilidad corporal, las cuales subsisten y se solapan con las formas clásicas de migración. El propósito de este trabajo es explorar la migración cognitiva como nuevo campo de estudio de la teoría migratoria, para lo cual resulta de especial interés la producción intelectual de la escuela operaria y el posoperaismo, así como las distinciones entre capitalismo digital y capitalismo cognitivo, tecnofeudalismo y capitalismo renovado, las teorías del lenguaje y la comunicación como valor y el impacto de la internacionalización educativa en este reacomodo. Se trata de estudiar las nuevas formas de apropiación del trabajo vivo -incluida la migración- que ocurren a partir de la aceleración de la innovación digital-virtual en el marco del capitalismo cognitivo.
Palabras claves: migración cognitiva – trabajo vivo – biopolítica — lenguaje, emociones y subjetividades – sedentarismo corporal — trabajo en el capitalismo cognitivo/digital
Introducción
En la teoría clásica de las migraciones el desplazamiento corporal tiene una centralidad importante. Para Ravenstein (1885;1889), la migración es un proceso de redistribución espacial de la población, derivado de desigualdades económicas, que se estructura con patrones regulares o “leyes migratorias”, introduciendo los factores de atracción—repulsión —push-pull— que toman cuerpo en regularidades empíricas como dirección, distancia, género, profesión u oficio, entre otras. Décadas después, Everett Lee (1966), explica la migración como resultante de la interacción entre factores de expulsión, atracción, destacando los obstáculos intervinientes (distancia, costos, leyes migratorias, idioma, reconocimiento de estudios), a partir del concepto de selectividad migratoria (edad, educación, género, aspiraciones), con una visión dinámica que incorpora los factores subjetivos (positivos, negativos, neutros), medios y características individuales, formalizando el modelo push-pull, valorando el peso de las decisiones individuales. Serían Gino Germani (1971) y Wilbur Zelinsky (1971) quienes enfatizarían la relación entre migración y modernización capitalista, abordando etapas históricas de movilidad, al valorar la migración como un proceso transicional mediado por relaciones estructurales como el crecimiento socioeconómico, propio del desarrollo desigual y combinado (NOVACK, 1974) del capitalismo tardío (MANDEL,2023). Estas premisas empalmarían con los trabajos de Harris y Todaro (1970) centrado en el modelo económico de migración rural-urbana —propios de la perspectiva marxista de oposición ciudad/campo en el capitalismo— introduciendo el empleo y la precarización laboral como variables estructurales. Siempre serían cuerpos desplazándose.
Esto facilitaría el encuentro entre las perspectivas sociológicas y demográficas, como lo evidencian los trabajos de Joaquín Arango (2007) —desplazamiento con cambio de residencia significativo y cierta permanencia— y Simmons (1991) —cambios en residencia, mercado laboral y relaciones sociales—cuya influencia sigue marcando a una parte importante de la reflexión migratoria. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2019) incluso va más allá, al entender a los migrantes como personas que se desplazan fuera de su residencia habitual, independientemente de la causa o estatus. El desplazamiento corporal continúa teniendo especial centralidad.
Los enfoques críticos en los inicios del posfordismo, si bien generan un giro epistemológico — crítica al reduccionismo económico —mantienen la idea de cuerpos en desplazamiento, como lo evidencian los trabajos de Massey (1993) que integran los niveles micro, meso y macro para desarrollar su tesis de redes migratorias y causación acumulativa. Por su parte, Stephen Castles y Mark Miller (2009) ampliaría el horizonte al incorporar el impacto generacional y los vínculos institucionales que se generan. Luego vendrían los estudios interseccionales que mantendrían el encuadre de movilidad corporal.
Nuestra perspectiva evoluciona a partir de los aportes de Inmanuel Wallerstein (2004) — sistema mundo capitalista y división centro-periferia— y muy especialmente las ideas de Marx (2011) respecto a la influencia del desarrollo tecnológico en la organización social. Así como el fuego marcó un antes y después en la civilización, lo digital marca un giro copernicano en la estructura económica, política y social de los cuales, con la Inteligencia Artificial solo estamos viendo la punta del iceberg (Kurzweil,2024). Sin embargo, cuando avanzamos en el estudio del posfordismo y la migración, comprendemos que la perspectiva centro—periferia pierde centralidad y que el marxismo necesita ampliarse para comprender la complejidad económico-social-cultural-laboral propia del inicio de la transición entre tercera y cuarta revolución industrial (radicalidad posfordista).
Los aportes de Alejandro Portes (1997) —migrantes que mantienen vínculos simultáneos entre países—, Nina Glick Schiller (1992) — redes sociales que atraviesan fronteras nacionales—, Hein de Haas (2021) —impacto de las políticas globales en la migración—nos permitieron ampliar el horizonte, al punto de problematizar los límites del concepto migratorio clásico, que circunscriben las dinámicas de movilidad al desplazamiento de cuerpos, en medio de una creciente influencia de lo digital—virtual deslocalizado—desterritorializado en el mundo del trabajo, el afecto y las relaciones sociales posfordistas. Esto implica, entender la migración en su relación con las revoluciones industriales en el marco del capitalismo, subrayando que el mercado no se desarrolla de manera lineal ni homogénea en todos los lugares, siendo el posfordismo el detonante de nuevas formas de sociabilidad, trabajo, aprendizaje y de aproximación a otros territorios distintos al que se habita en términos corporales. El posfordismo inicia un peligroso proceso de disociación masiva entre cuerpo y mente, de lo cual el scroll digital es solo una de sus expresiones.
La evidencia empírica —y la propia experiencia académica de los autores— nos ha colocado en la disyuntiva de entender y explicar el hecho de vivir en un lugar —tradicional o como resultado de desplazamiento corporal migratorio— desde el cual, ahora, se tiene que trabajar de manera virtual, en tres o cinco países durante el breve periodo de veinticuatro horas, con distintos patrones y leyes de empleo digital, teniendo que adaptarse a cada uno de ellos. Esto comporta no solo aprender culturas sociales y organizacionales diferenciadas, sino saltar entre ellas en un breve espacio temporal, teniendo que adaptar comportamientos y desempeños, con un gran componente cognitivo de movilidad mientras el sedentarismo corporal se hace creciente.
Advertimos que no pretendemos decir que las migraciones que implican desplazamiento físico han desaparecido o perdido su valor de estudio, sino destacar que se están dando nuevos fenómenos migratorios que exceden la tradición conceptual—interpretativa, los cuales deben ser estudiados, analizados y comprendidos. Ambos fenómenos coexisten y muchas veces se entrecruzan o solapan, destacando la importancia de actualización permanente de los estudios migratorios.
Producción, innovación tecnológica y migración
Desde el punto de vista de la gestión de la producción, el capitalismo industrial ha tenido cuatro grandes momentos. El primero de expansión y empirista, entre 1760—1910, el segundo el taylorista entre 1910—1930, el tercero el fordista entre 1930 y mediados de los setenta, y el cuarto el posfordismo desde mediados de los setenta hasta el presente. Estos no son periodos estancos, que cortan e invalidan los otros momentos, desarrollándose de manera desigual y combinada (NOVACK; 1974) en las distintas regiones y entre países. Incluso, en la égida posfordista aún subsisten de manera relevante dinámicas fordistas o tayloristas en algunos países y territorios, eso sí en línea de convergencia hacia el modelo hegemónico. La innovación científico—tecnológica juega un papel central en estas dinámicas (especialmente lo digital—virtual), junto a la globalización neoliberal y la financiarización de la economía.
El postfordismo es el resultado de las tensiones de la lucha de clases a partir de la tercera revolución industrial, la tendencia creciente a la automatización, la crisis de sobreproducción (saturación del mercado, cambios en los patrones de consumo, inflación, crisis del petróleo) con caída del consumo, pero sobre todo, es una adaptación del capitalismo —producción, reproducción, explotación y acumulación — a la inusitada aceleración de la innovación, así como la acumulación exitosa de mecanismos de lucha de la clase trabajadora en el fordismo.
El término posfordismo surge de los debates sobre la caracterización del fordismo (Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, 1934), así como los planteamientos de la Escuela de la Regulación Francesa respecto a la crisis del fordismo (AGLIETTA, M; 1979) y se profundiza con las discusiones sobre los efectos de la regulación en la acumulación, expuestos en lo trabajos de BOYER (2001) — crisis del fordismo, transformación hacia nuevas formas de acumulación—, así como las reflexiones de JESSOP (1991) —condensación de relaciones sociales, el Estado como configurador de las condiciones de acumulación— y LIPIETZ (1993) – paso del fordismo al posfordismo, regulación internacional, división internacional del trabajo—; mientras que en otros círculos marxistas, neomarxistas y posmarxistas el posfordismo se introduce con fuerza al analizar las transformaciones del capitalismo tardío, esfuerzo en cual juega un papel central la Revista Marxism Today.
La escuela operaria italiana, posfordismo y migraciones
La llamada Escuela Operaria Italiana (operaismo), surgió en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo XX en Italia, como corriente marxista heterodoxa, cuyos aportes y debates que llevaron a su evolución, son de singular importancia para nuestra comprensión de nuevas formas de migración que incluyen la migración cognitiva.
Los aportes de Ranierio Panzieri (1931—1964), especialmente con los artículos “los usos socialistas de la investigación obrera” (1961) y su “Tesis sobre el control obrero” (1961) le impondrían un sello metodológico a esta escuela fundando los Quaderno Rossi (1959—1964) e introduciendo la metodología de encuesta obrera. Por su parte, Mario Tronti (1931—2023), autor de “Operari e Capitale” (1966) y fundador de la Revista Classe Operaria(1964—1967), propondría la teoría de la clase en conflicto activo, autonomía política de la clase obrera y criticaría el papel de los partidos comunistas, aspectos centrales para comprender las nuevas opresiones y abordar el posfordismo. Finalmente, Sergio Bologna desarrollaría el concepto de trabajo autónomo, composición de clase avanzada, ruptura con el obrero masa—fordista (1977; 2006), sustanciales para nuestra perspectiva de los estudios migratorios.
El surgimiento de esta escuela es importante, porque ocurre en la convergencia de dos elementos sustantivos para las dinámicas migratorias: la llegada y expansión de la tercera revolución industrial, y el fin del periodo fordista. En este sentido, resulta significativo el diálogo que sostiene Brett Neilson (2013) con el operaismo en materia de migraciones.
Esta escuela operaria invierte la lógica del análisis clásico marxista, señalando que no es el capital el que organiza al trabajo, sino las luchas obreras las que obligan al capital a transformarse. En esta perspectiva, las luchas de la clase trabajadora en el periodo de gestión fabril empirista obligaron a las clases dominantes a implementar el taylorismo como modelo de organización del trabajo, así como las formas de lucha de los trabajadores en el contexto de la revolución bolchevique resultaron ser uno de los elementos que facilitaron el arranque y despliegue del periodo fordista. En consecuencia, el posfordismo, el trabajo inmaterial y la movilidad laboral (incluida las migraciones) constituyen respuestasdel capital a las luchas que escenifica el trabajo vivo en el periodo de las posguerras mundiales. Es más fácil controlar a los trabajadores si la producción se limita a lo que se requiere (Justo a Tiempo), se externaliza y terciariza una parte importante de la producción de mercancías para disminuir el peso del encargo social (outsourcing), a partir de las experiencias de explotación/acumulación exitosas (benchmarking) y la precarización se justifica con los modelos de mejora continua (calidad total), que van facilitando que las antiguas corporalidades laborales se distancien, aunque su fuerza productiva, ya sea desconcentrada y deslocalizada, física o cognitiva, haga sinergia y link entre la producción de mercancías inmateriales y materiales.
En Operai e Capitale (1966) Mario Tronti coloca como elementos centrales de análisis el Trabajo vivo, las formas como el capital reacciona a la autonomía obrera y la fábrica como lugar del conflicto político. En ese sentido, las migraciones son asumidas como mecanismos de disciplinamiento salarial y respuestas a la conflictividad en los centros de trabajo. El migrante aparece como un trabajador desarraigado, más fácil de explotar.
Para Tronti, el trabajo vivo es una actividad humana concreta, construcción social, por lo tanto colectiva, que produce valor, pero que no se agota en el capital, porque es movimiento, subjetividad, conflicto y potencia política. Esta mirada resultaría de gran relevancia para entender las implicaciones del paso del fordismo al posfordismo, tanto en el trabajo como en las dinámicas migratorias.
Raniero Panzeri (1972) enfatiza en el cuestionamiento a la supuesta neutralidad de la tecnología, destacando que la maquinaria incorpora relaciones de poder que no siempre se explicitan. En consecuencia, la migración laboral acompaña la reorganización tecnológica, y el trabajador migrante es integrado como fuerza de trabajo subordinada a la racionalidad técnica del capital.
El pos—operaismo
Como resultado de la crisis del operaismo a finales de los sesenta y en los setenta, del siglo veinte, surgió el pos—operaismo o autonomismo marxista, a partir del llamado Otoño Caliente (1969), la represión estatal y disolución de Potere Operario en Italia. La ideal central de esta escuela es que el obrero—masa industrial se desplaza hacia el trabajo inmaterial, el capitalismo cognitivo, la biopolítica y la multitud como estructura social difusa. Sus teóricos desarrollan la noción de posfordismo como forma de acumulación centrada en trabajo cognitivo e industrias flexibles (VIRNO, P.; 2001), trabajo inmaterial y capitalismo cognitivo (LAZZARATO, M;1997) de primer orden para desarrollar la noción de cognitariado y trabajar las migraciones cognitivas.
Pero serían los trabajos de Antonio Negri (1979;2020) los que le darían un sello al posoperaismo, al destacar la crisis del fordismo, el emerger del obrero social y la autonomía del trabajo respecto a la fábrica. Para Negri, la ciudad se convierte en la fuente de la producción y el consumo interactuando, haciendo que la vieja fábrica industrial no tenga la centralidad en la reproducción social que tenía hasta ahora en el fordismo. En el campo de las migraciones esto implica una comprensión de la movilidad del trabajo vivo, al formar parte el migrante del obrero social, así como de las respuestas del capital que fomentan la precarización, la segmentación jurídica y el control de fronteras. El trabajo productivo que permite la acumulación del capital deja de estar localizado en la fábrica industrial, convirtiendo a la sociedad en la fábrica productiva por excelencia.
Por su parte, Sergio Bologna (2006) enfatiza en la crisis del empleo estable, y las formas de dominación y control que toman el trabajo autónomo y precarizado. Al apoyarse el posfordismo en la movilidad permanente de la población —migraciones en sentido amplio— obligada a disputar un lugar en las nuevas formas de gestionar el trabajo, se crea la figura de trabajo autónomo forzado, caracterizado por elementos como la normalización de la subcontratación, elementos relevantes en la migración cognitiva.
Surge entonces un debate sobre nuevas tipologías de mercancías y el trabajo inmaterial. Maurizzio Lazzarato (1997) aporta la idea que la producción de conocimiento, afectos y comunicación están dando origen a formas de trabajo que van más allá del trabajo material. Por su parte, Christian Marazzi (2009) aborda la centralidad del lenguaje y la comunicación en las nuevas formas de acumulación, trabajo inmaterial y reproducción ampliada del capital.
El trabajo inmaterial se refiere a las formas de trabajo posfordista que no producen objetos físicos tangibles —al estilo de la fábrica industrial— sino mercancías intangibles que involucran conocimiento, comunicación, emociones y relaciones sociales, que se presentan como información, servicios —no existentes en los periodos empírico, taylorista y fordista o redefinidas en esta nueva fase— y experiencias. Se trata de un trabajo que produce subjetividades (Lazzarato;1997), identidades, afectos, estilos de vida y formas de relación, además de convertir al lenguaje en mercancía de amplia circulación (Marazzi, 2009). El obrero social no solo fabrica “cosas” sino que fabrica al trabajador mismo a través de su labor, comunicación y emociones, y la sociedad en su conjunto se ha convertido en una fábrica posfordista.
Aquí surge otra novedad, la tendencia a la expansión del trabajo no remunerado sobre el remunerado, en la lógica de acumulación capitalista. La llegada del internet, los buscadores web y las redes sociales creó la necesidad de una materia prima, los datos y la circulación informacional, que se produce, extrae y estratifica mediante el uso masivo no remunerado en estas plataformas digitales, presentado como momentos de ocio, disfrute y diversión para legitimar su no remuneración. Millones de seres humanos conectados a la internet y las redes sociales producen datos e información, trabajando al unísono, creyendo que están en modo ocio. La obtención de datos permite optimizar los modelos de Justo a Tiempo, Outsourcing, Benchmarking y Calidad Total, redireccionando no solo la producción sino el consumo, gestionando la creación de necesidades. El trabajo remunerado en este esquema digital—virtual pasa a ser el mínimo necesario para mantener la estructura funcional y garantizar su orientación a los fines del capital; esto explica en buena medida los niveles de acumulación de ganancia de la industria tecnológica. En esa perspectiva la migración cognitiva aparece como nuevo fenómeno, que potencia la acumulación limitando el impacto de los modelos clásicos de movilidad corporal.
Esto adquiere especial relevancia cuando analizamos el trabajo de los migrantes, especialmente en las llamadas economías creativas, la gig economy (Uber, Deliveroo), donde participa en labores de plataformas, servicios y trabajo inmaterial precario y deslocalizado. Estas economías creativas adquieren dinámicas trasnacionales que fomentan la internacionalización del modelo. El capital, en este contexto, gestiona la movilidad como recurso productivo y producción diferencial de ciudadanía.
Posteriormente, Lazzarato trabajaría la formación y fractura del Estado, guerra civil nacional y Estado, y el estado de guerra civil mundial (2019), en la cual la migración es el resultado de la conmoción continuada producto de la decadencia del modelo de organización del poder propio del Tratado de Westfalia. Para Berardi (2017;2023; 2025) esto es sintomático de la superación de la democracia como sistema político ideal de la burguesía, propio del periodo liberal, paradigma disminuido en la égida neoliberal, amenazado de ser sustituido por formas autoritarias de gobernanza en el iliberalismo.
Paolo Virno (2001) amplía los elementos del posfordismo a la crisis del Estado, con la desaparición de la noción de pueblo — consenso mínimo — y el resurgimiento de la categoría multitud, la irrupción del General Intellect y el lenguaje como fuerza productiva. En Virno (2001) la migración revela el carácter nómada del trabajo vivo en el posfordismo, afectado por la fractura del Estado, la pluralidad inmanente a las multitudes y el Estado de guerra civil mundial (Lazzarato, 2019).
Por eso, para Sandro Mezzadra (2001;2013) el capital no bloquea la migración, sino que la modula, la segmenta, porque la mano de obra diferenciada constituye una ilegalidad funcional, como acto de autonomía del trabajo. Esto no ocurre sin resistencias, contradicciones y conflictos, en todo el espectro de las clases sociales; mientras los trabajadores de plataformas luchan porque se le reconozcan sus derechos y formas de organización sindical propias del periodo fordista, las burguesías pujan por eliminar los residuos del Estado de Bienestar, especialmente los derechos adquiridos, contrataciones colectivas, modelos integrales de seguridad social y la elevación de la edad de jubilación. Lejos de desaparecer la lucha de clases, adquiere nuevas formas y expresiones en el posfordismo y en el medio se amplían los modelos migratorios funcionales a la reproducción y acumulación del capital, dando paso al surgimiento de la migración cognitiva.
Incluso en el periodo iliberal que encarna la segunda presidencia de Donald Trump con su “cierre de fronteras”, “expulsión de la migración” y declaración de que la “era de las migraciones llegó a su fin”, eso genera conflictos con las burguesías nacionales norteamericanas, especialmente las sureñas que ven amenazada su producción porque los locales no están dispuestos a cubrir las vacantes de trabajo material repetitivo. Pero la expulsión física de los migrantes no elimina los puestos de trabajo inmaterial, sino que profundiza las condiciones de precariedad laboral en las que se produce. Sin embargo, Mezzadra no cierra el círculo del análisis del capitalismo cognitivo en el plano de las migraciones, dejando pendiente el análisis de las migraciones cognitivas.
En el tránsito de la tercera a la cuarta revolución industrial, la diferencia entre trabajo material e inmaterial se hace cada vez más evidente. Ambos existen, pero con tendencia al creciente impacto del segundo por la automatización, robotización, uso masivo de inteligencia artificial y manejo de datos. Eso agudiza el control fronterizo selectivo (Neilson, 2013) en la fábrica ampliada que se ha convertido el mundo, mientras unos tienen que desplazarse de territorio para trabajar, otros pueden laborar para otros territorios -en plural- desde el propio lugar habitual de residencia, en modelos migratorios combinados, ya sea de maquila o cognitivos. El capitalismo neoliberal necesita sujetos móviles, parciales y desiguales, donde la ciudadanía se convierte en un instrumento de trabajo regular y su negación en desregulación (trabajo esclavo). Brett Neilson intenta actualizar la escuela operaria llevando la fábrica a la noción de frontera, el obrero masa al migrante precarizado, la logística posfordista a nuevos niveles de autonomía del trabajo vivo.
En ese contexto llega la cuarta revolución industrial, la inteligencia artificial y el análisis de metadatos, con el discurso iliberal que construye una narrativa del migrante como el salvaje anti—civilización, peligro para la normalidad social, engendro que encarna no solo la antítesis del éxito, sino que coloca en riesgo su logro por parte del no-civilizado. Entonces ¿realmente se acabaron las migraciones? ¿el capitalismo cambió su naturaleza en este sentido? ¿o tenemos que ver las nuevas formas que toma la migración en tiempos de aceleración de la innovación?
Régimen predictivo, sedentarismo corporal y migración cognitiva
El desarrollo desigual y combinado (NOVACK; 1974) del capitalismo tardío (MANDEL, 2023) hace que sobrevivan varios mundos en un mismo tiempo histórico. Las dos primeras revoluciones industriales trajeron la ilusión de desarrollo y cubrimiento de las necesidades básicas —agua potable, electricidad— para toda la población del mundo. Pero, en 2022 había 685 millones de personas sin acceso a la electricidad, un aumento de 10 millones respecto al año anterior, siendo África subsahariana la región que concentra el 80% de ese déficit mundial (AIE; IRENA; UNSD; World Bank; OMS; 2025). Ese mismo año, se registraron dos mil millones de personas —el 26% de la población mundial— carentes de agua potable gestionada de forma segura (UNESCO, 2023), con 2,1 millones que no cuentan con servicios básicos de agua potable (OMS; UNICEF, 2025). Ello, a pesar de la llegada de la informática y la robótica —tercera revolución industrial— las redes sociales, internet y los metadatos de la cuarta revolución industrial. Solo el uso diario de inteligencias artificiales como ChatGpt, Gemini, Grook o DeepSeck, hacen un uso descomunal de electricidad y agua. Estudios (Business Energy UK, 2025; IEEE Spectrum, 2025; Epoch AI, 2025; Google Cloud Blog, 2025; NPR & otros reports locales; 2024—2025; Estudios en arXiv y reportes de DeepSeek, 2025) muestran que, por ejemplo, ChatGpt con 2.5 mil millones de consultas diarias consume 148—150 millones de litros de agua y 40—47 millones de kwh de electricidad, Grook para el funcionamiento diario de su data center en Memphis consume 1—5 millones de galones de agua para su enfriamiento. Es decir, el uso de la tecnología de punta refleja las desigualdades en el acceso para cubrir las necesidades básicas de millones de seres humanos. Ese es el desarrollo desigual y combinado del capitalismo tardío. Esto se refleja en las migraciones, que pueden ser simultáneamente dinámicas propias de la dos primeras revoluciones industriales, la tercera o cuarta revolución industrial. En este punto nos concentraremos en el modelo de migraciones de la cuarta revolución industrial.
Una parte de los estudios posfordistas en su impacto en la compresión de las migraciones, exigen analizar lo digital—virtual como campo de expresión de inusitadas maneras de migrar, fenómeno que apenas comienza a ser visualizado. Se trata de lo que denominamos como migración cognitiva. Veamos de que se trata.
El desplazamiento del trabajo vivo de la fábrica a la metrópolis (NEGRI; 2020), reconfiguraron la forma de entender la producción y la inserción de la migración, trayendo nuevas categorías como cognitariado y precariado. Insistimos, lo nuevo no suprime lo tradicional, sino que construye una dialéctica que es necesario comprender para estudiar las dinámicas migratorias.
La Teoría del Capitalismo Cognitivo es sustancial en los debates del operaismo y posoperaismo italiano. Yann Moulier—Boutang es reconocido como uno de los principales formuladores del término, postulándolo como expresión de una nueva fase del capitalismo.
El capitalismo cognitivo es un régimen de acumulación en el cual el conocimiento, la innovación y la cooperación social se convierten en las principales fuentes de valor, sustituyendo progresivamente a la centralidad del trabajo industrial material (MOULIER—BOUTANG, 2007, p. 33)
Para MOULIER—BOUTANG (2007) el conocimiento es un bien no rival, cuyo uso por parte de un sujeto no impide su uso simultáneo por parte de otros —característica opuesta a los bienes materiales— haciendo que el conocimiento pueda reproducirse y circular sin agotarse. Esta condición tensiona la lógica estructural clásica del capitalismo, el mercado y la circulación de mercancías, que necesita escasez para valorizar. Esa es la razón por la cual el conocimiento no sea aún reconocido jurídicamente como cualquier otra mercancía clásica, porque ello demandaría normas legales y políticas especiales y específicas, pero ello no impide su concreción en los procesos de trabajo y acumulación. Sin embargo, fenómenos crecientes como la bibliometría académica y los rankings apuntan a construir hegemonía cultural y social para avanzar en esa dirección.
Por otra parte, dado que el conocimiento es por naturaleza común, tiene un carácter expansivo y cooperativo, el capitalismo se ve forzado a crear mecanismos artificiales de apropiación privada para permitir la captura de valor, proceso que para Moulier—Boutang se constituye en una privatización intencionada de carácter institucional y jurídica. Estos dispositivos, paradójicamente frenan la innovación, no crean conocimiento, restringen la circulación de novedades e intentan convertir un bien común en fuente de renta. La burguesía necesita controlar los flujos de innovación para poder garantizar la captura de la ganancia, lo cual potencia la contradicción entre innovación y reproducción ampliada. Al intentar controlar estos flujos de innovación el capital crea mecanismos institucionales que desaceleran la producción de innovación, pero eso no evita que por los márgenes o fuera de ellos, la innovación siga un curso que potencia las contradicciones inter capitalistas por su control. Esto se expresa en fenómenos como las idas y vueltas en políticas públicas educativas sobre la lectura física—analógica versus la lectura digital, que vemos cada cierto tiempo en formas de compras masivas de equipos de conexión con fines educativos por parte de gobiernos que luego son reorientadas hacia la lectura en libros, o trabajo en aulas sin dispositivos algorítmicos; ello refleja pujas por el control de la ganancia derivada de la innovación y no diferencias estratégicas de orientación porque quienes las encarnan son factores ideológicos pertenecientes al espectro del estatus quo del sistema, no fuerzas antisistema. Otro ejemplo, es la bibliometría universitaria, montada sobre dispositivos de reconocimiento que demandan citas de fuentes para sustentar ideas y propuestas, que por la complejidad de su reconocimiento y circulación, terminan promoviendo la reproducción más que la producción de lo nuevo, la tradición por encima de la innovación. Cómo cuesta que la academia acepte ideas nuevas, si estas no son la ampliación de formulaciones engendradas por otros y masificadas en los sistemas de indexación que marchan a la velocidad de las dos primeras revoluciones industriales, creando un sin sentido, una especie de Mito de Sisifo renovado.
Las nuevas formas de migración y la informalidad laboral adquieren especial centralidad en el posfordismo. El capital tecnológico y de la innovación necesita promoverlas para escapar de los controles que frenan la aceleración de la innovación. Surge la necesidad de la migración cognitiva como expresión de esta realidad, pero también abre puertas a ideas extravagantes como las propuestas de virtualización total de los sistemas escolares, para potenciar la captura de presupuestos y excedentes usados en la agenda social.
Esta dinámica se aprecia con las políticas de internacionalización universitaria orientadas a la bibliometría, la acreditación para el aseguramiento de la calidad, los rankings o clasificaciones, los modelos de movilidad académica y reconocimiento de estudios formulados a partir del Proceso de Bolonia, que han entrado en una especie de dinámica de Uróboro donde la repetición y la tradición, revestidas de gramática nueva, en realidad impiden la ampliación de la innovación.
Se genera un desplazamiento de la explotación hacia la captura de externalidades sociales. Para MOULIER—BOUTANG (2007) en el capitalismo cognitivo la explotación ya no se basa principalmente en la extracción de plusvalía dentro del tiempo de trabajo medido, sino en la captura de esas externalidades producidas por la cooperación social. Estas externalidades se expresan en lenguaje, cultura, redes sociales, innovación colectiva, afectos y comunicación. Si bien el capital no organiza directamente estas actividades, como en el modelo fabril, se apropia de sus resultados convirtiéndolos en valor económico mediante plataformas —al estilo del trabajo no remunerado como scroll digital masivo por parte de usuarios o la monetización marginal en TikTok— marcas y derechos de propiedad intelectual (que actúan como imposición artificial de escasez).
La idea de capitalismo cognitivo tiene un impacto directo en los estudios migratorios y la noción de migración cognitiva que ampliaremos más adelante. Los estudios migratorios son increpados para superar la visión clásica del trabajo material del migrante y los conceptos de mano de obra calificada, incorporando términos y conceptos como migraciones altamente calificadas, circulación de saberes, migración académica y científica, trabajadores digitales y de plataformas, nómada digital, entre otras.
Otro elemento novedoso es la migración como infraestructura del conocimiento global, que hace que los países centrales importen fuerza de trabajo cognitiva ya formada, como mecanismo de externalización de los costos en materia de educación, salud y reproducción social. En este sentido, al capitalismo centrado en plataformas y lo virtual—digital como eje de acumulación, le resulta “más económica” la migración cognitiva trasnacional que la migración solo de cuerpos de un territorio a otro; la migración cognitiva eleva exponencialmente la desterritorialización facilitando la sobre explotación laboral.
En la lógica de HARVEY (2004), “la movilidad del trabajo cognitivo constituye una forma de acumulación por desposesión del conocimiento producido en otros territorios” (MOULIER—BOUTANG, 2007, p. 141). De igual manera, adquiere relevancia para los estudios migratorios la precarización y segmentación del migrante cognitivo en contextos de frontera productiva (MEZZADRA y NEILSON;2001;2013) y subjetivación (LAZZARATO;1997), así como la “reorganización de las relaciones centro—periferia en torno al control del conocimiento y de los derechos de propiedad intelectual” (VERCELLONE, 2007, p.27).
En ese sentido, en el capitalismo cognitivo la migración no es solo efecto del subdesarrollo, sino una condición estructural de la acumulación contemporánea, en la cual el conocimiento que es producido socialmente es apropiado de manera privada. En este contexto, la movilidad cognitiva se convierte en un recurso productivo de carácter estratégico.
Esto postula diferencias con el trabajo material o clásico. El concepto de Trabajo Inmaterial plantea que se entiende como “la actividad que produce el contenido informacional del mercado” (LAZZARATO, 1997, p. 18), “no solo mercancías, sino también subjetividades, relaciones sociales y formas de vida” (LAZZARATO, 1997, p.20). Para Negri y Hardt (2001) el trabajo inmaterial es biopolítico, mecanismo para producir directamente lo social y se expande más allá del espacio de la fábrica.
En consecuencia, “el trabajo inmaterial se torna en el principal productor de valor en el capitalismo cognitivo, aunque todavía su medición escape de las categorías clásicas de tiempo de trabajo” (MOULIER—BOUTANG, 2007, p.45), conectando trabajo inmaterial con conocimiento común y captura de externalidades sociales. El sujeto del trabajo inmaterial es el cognitariado.
En la Teoría Crítica de la Internacionalización Universitaria el cosmopolitismo (POPKEWITZ;2009) y el reordenamiento de prioridades educativas del capitalismo en cada revolución industrial resultan fundamentales. Así la migración calificada —académica y estudiantil— aparece modulada por las políticas de internacionalización hegemónicas (BONILLA—MOLINA, L. et al, 2025). Esto adquiere especial relación con el cognitariado como categoría analítica.
El término cognitariado es acuñado en Europa a finales de la década de 1990 e inicios del siglo XXI en el contexto de los debates sobre el ocaso del fordismo, la expansión del posfordismo, el capitalismo cognitivo, y la centralidad del conocimiento, la información y la comunicación en la producción de valor. Estas discusiones fueron marcadas por la influencia del operaismo y posoperaismo italiano, la economía política marxista crítica y los estudios sobre trabajo inmaterial. Yan Moulier—Boutang es considerado como el principal teórico del cognitariado, al articular el término a la teoría del capitalismo cognitivo.
El cognitariado designa a la nueva clase trabajadora cuya principal fuerza productiva es el conocimiento, la creatividad y la cooperación social, sometida a formas renovadas de explotación y precarización (MOULIER—BOUTANG, 2007, p.83)
Es decir, el cognitariado pasa a ser el proletariado del conocimiento, compuesto por trabajadores cognitivos, comunicacionales y afectivos, quienes laboran en situaciones de precariedad, flexibilización y marcos globalizados que trascienden los antiguos conceptos de fronteras nacionales.
Negri y Hardt (2001) amplían el concepto al señalar que “trabajo inmaterial produce no solo mercancías, sino relaciones sociales, lenguajes y formas de vida” (HARDT; NEGRI; 2001, p. 290). Es decir, el cognitariado es la expresión concreta de la multitud productiva, el sujeto del general intellect marxista adaptado a la nueva realidad concreta del posfordismo y la cuarta revolución industrial. Por su parte, Maurizio Lazzarato (1997) aporta en la comprensión del contenido del trabajo del cognitariado al señalar que “el trabajo inmaterial implica la producción de subjetividad y de cooperación social (LAZZARATO, 1997, P. 18), siendo un productor de valor más allá de los límites de la fábrica y la propia metrópolidelimitada por fronteras, cuya sociabilidad está marcada por su integración a redes globales de información. Carlo Vercellone profundiza en la dimensión económica del término al puntualizar que “en el capitalismo cognitivo, el conocimiento deviene en la principal fuerza productiva, desplazando al tiempo de trabajo abstracto como medida exclusiva de valor” (VERCELLONE, 2007, P. 15).
El concepto de cognitariado tiene un impacto directo en los estudios migratorios, especialmente al desplazar el foco clásico de la migración laboral, más allá del encuadramiento industrial productivo y las nociones de mano de obra barata, incluyendo la migración altamente calificada, la circulación de talentos, la movilidad académica y los trabajadores de plataformas digitales. La migración se torna constitutiva de la producción cognitiva, e incluye formatos intermitentes de desplazamiento y sedentarismo corporal.
Desde la perspectiva de los estudios del cognitariado, los Estados centrales atraen trabajo cognitivo ya formado, externalizando los costos de educación, formación especializada y reproducción social. Insistimos, en este sentido, “la movilidad del cognitariado es una forma de acumulación por desposesión del conocimiento” (MOULIER—BOUTANG, 2007, p. 141).
El cognitariado migrante se enfrenta a visas temporales —incluidas las de nómadas digitales— reconocimiento desigual de títulos, ciudadanía limitada. En el caso de desplazamiento físico, la frontera opera como filtro de cualificación y dispositivo de control salarial, en concordancia con las ideas de fronteras productivas de Mezzadra y Neilson, así como de la subjetivación de Lazzarato. Desde la teoría crítica este fenómeno migratorio aparece como fuga de cerebros y circulación desigual de saberes, ya que “el capitalismo cognitivo reorganiza la dependencia en torno al control del conocimiento” (VERCELLONE, 2007, p.27).
En el caso de la migración cognitiva con sedentarismo corporal, esto multiplica las posibilidades de precarización laboral multifactorial, debido a los desarrollos desiguales de normativas jurídicas entre los países en los cuales se trabaja de manera virtual-digital, la inexistencia de marcos jurídicos que garanticen la igualdad de derechos para quienes no están formalmente registrados en los sistemas nacionales migratorios, haciendo que la frontera opere como un dispositivo de limitación a la exigencia de igualdad de ciudadanía.
El emerger del cognitariado como categoría analítica permite comprender que la migración no es solo exclusión por pobreza, sino una estrategia de vida en las nuevas condiciones estructurales del capitalismo cognitivo, para el cual la movilidad es una fuente de valor y, en consecuencia, objeto de control político.
f.
Precariado
El debate sobre los límites de clase del concepto de cognitariado dio origen a otro término, el de Precariado. La concepción de precariado surge a comienzos del siglo XXI en el contexto de crisis del empleo fordista y del Estado de Bienestar Keynesiano, la expansión creciente del empleo flexibilizado, temporal y desregulado, la financiarización de la economía que excede los parámetros de la teoría del valor, la reconfiguración de la ciudadanía y las modificaciones en los know-how laborales. El precariado describe una nueva concepción estructural del trabajo. Fue formulada inicialmente por Guy Standing al señalar que “el precariado es una clase en formación, caracterizada por la inestabilidad crónica en el trabajo, los ingresos, la identidad ocupacional y los derechos sociales” (STANDING, 2011, p. 7).
Para Standing, el precariado está sometido a siete carencias de seguridad: empleo, ingresos, representación, tiempo, habilidades, protecciónsocial e identidadlaboral. Otros autores amplían el término al incorporar la idea de precarización como proceso histórico (CASTEL;1998), inseguridad social y marginalidad (Wacquant;2001) y precariedad como forma de gobierno, en la perspectiva foucaultiana (LOREY; 2015).
El término precariado no debe ser visto como excluyente de cognitariado, sino como una diferenciación que coloca a la lucha de clases en el centro (cognitariado) o como un elemento menor (precariado). La noción de precariado procura describir la condición jurídica y material bajo la cual se produce el trabajo basado en conocimiento, comunicación y creatividad, es decir, la forma social (de clase) de existencia del cognitariado. No obstante, Standing apunta que el precariado no es una fracción del proletariado ni del cognitariado, sino una clase distinta, con intereses fragmentados, Identidades inestables y potencial político ambivalente, haciendo aparecer el término cognitariado como demasiado optimista, mientras que el precariado es epicentro de vulnerabilidad, desposesión e inseguridad existencial.
Los migrantes pasan a ser población en movilidad sometida a formas precarias en el mercado laboral, no como negación eventual sino como proceso estructural. En los estudios migratorios el precariado puede aparecer como ciudadanía diferencial y de estatus migratorio (visas temporales, trabajo informal, deportabilidad, derechos laborales limitados), precarización, racialización y género (raza, género, movilidad precaria, trabajo, mostrando que la precariedad se distribuye diferencialmente), precariedad global o regional (trabajo en cadenas globales de valor) y opresiones identitarias.
Capitalismo digital o tecnofeudalismo como marco de estudio migratorio
Las coincidencias y diferencias entre los conceptos de cognitariado y precariado, se han ampliado, trasladado y reconfigurado en los últimos años alrededor de la polémica que discurre entre Cédric Durand (tecnofeudalismo) y Evgeny Morozov (capitalismo digital), alimentados por debates más sectoriales como capitalismo de las plataformas (SRNICEK;2017) o capitalismo de la vigilancia (ZUBOFF;2019).
Surge entonces un matiz en el debate, entre capitalismo cognitivo y capitalismo digital. Como señalamos capitalismo cognitivo es un concepto desarrollado por corrientes del marxismo crítico vinculadas a la escuela operaria italiana, que sirve para describir un modo de acumulación de capital en el cual el conocimiento, la información y la creatividad se convierten en fuentes centrales de valor, haciendo que la producción intelectual, afectiva y comunicacional se conviertan en factores claves para la generación de plusvalía y la reproducción ampliada.
El capitalismo digital es en diferencia un concepto que tiene pretensiones más amplias, con menos perspectiva de la clase trabajadora. Se usa en sociología y economía política para describir el régimen de acumulación y dominación en el que la actividad social y económica se organiza alrededor de la producción, intercambio, control de información y datos, mediante tecnologías digitales. En este enfoque analítico lo sustantivo consiste en establecer la relación del capitalismo actual con las redes digitales y plataformas, la centralidad de los datos como recurso económico y la penetración de las lógicas del mercado en aspectos de la cotidianidad mediados por lo digital—virtual. En esta perspectiva Christian Fuchs (2024) habla de analizar el asunto con una crítica dialéctica económico social, mientras Zuboff (2019) acuña el término capitalismo de la vigilancia, añadiéndolo la dimensión de control a las de explotación y la acumulación, y Tiziana Terranova (2004) redefine el término “trabajo libre” para explicar cómo los usuarios generan valor de manera no remunerada en plataformas digitales.
La noción de capitalismo digital impacta en los estudios migratorios al analizar el trabajo cognitivo altamente calificado y el trabajo digital precarizado de individuos y grupos poblacionales que se desplazan o laboran en marcos de sedentarismo corporal. Esto nos lleva a pensar la importancia de estudiar no solo los movimientos físicos de fuerza de trabajo, sino la movilidad de capacidades cognitivas en el trabajo digital (algo de especial interés para nuestra perspectiva), la fragmentación del mercado laboral digital conforme al estatus migratorio y la precariedad laboral de los migrantes.
El debate entre Cédrid Durand y Evgeny Morozov tiene sus orígenes en discusiones que ocurren desde mediados de la segunda década del siglo XXI en el marco de la consolidación del llamado capitalismo de las plataformas, el creciente poder monopólico de las Big Tech GAMAM (Google, Amazon, Meta, Apple, Microsoft), antes GAFAM, la financiarización de la economía digital y el aparente agotamiento explicativo de las categorías clásicas del capitalismo industrial. Si bien ambos autores comparten la crítica radical al neoliberalismo digital, divergen en la caracterización del modo de producción emergente.
Morozov no queda atrapado en la distinción entre capitalismo cognitivo o capitalismo digital, sino que se sitúa de manera crítica ante ambos, así como respecto a la idea de precariado. Morozov critica el solucionismo tecnológico, se concentra en analizar a empresas como Google, Amazon o Facebook en su modelo de acumulación y organización laboral, advirtiendo que la idea de capitalismo cognitivo puede ser mal interpretada, ocultando que sigue habiendo explotación en el posfordismo, solo que mediada digitalmente. El trabajo no desaparece sino se reconfigura y la innovación no implica progreso social. En síntesis, Morozov, aún con sus prevenciones, puede considerarse como un teórico del capitalismo cognitivo, pero en sentido afirmativo respecto a la lucha de clases y las mutaciones del capital.
Durand y Morozov coinciden en considerar que el capitalismo digital no puede entenderse solo como un nuevo sector económico, porque las plataformas reorganizan la producción, circulación, construcción de subjetividades y gobernanza del sistema. Pero difieren en la forma como esto afecta al capitalismo.
La tesis central de Cédrid Durand es que el capitalismo digital ha dado lugar a una mutación histórica regresiva, que no puede explicarse adecuadamente como “capitalismo avanzado”, sino como tecno—feudalismo (DURAND, 2020, p.17). Desde esta mirada, el tecnofeudalismo se caracteriza por el control privado de infraestructuras digitales esenciales (nubes, plataformas, datos), predominio de la renta sobre la ganancia productiva, dependencia estructural de los Estados, usuarios y trabajadores, subordinación del mercado a las relaciones de acceso y permiso.
El “capitalismo murió; fue sustituido por un sistema de feudos digitales” (VAROUFAKIS, 2023, p. 12), en ese sentido, “las Big Tech funcionan como señores feudales que controlan los medios de acceso a la vida económica y social” (DURAND, 2020, p. 42). Para Cédric la analogía feudal no es metafórica sino estructural, al entenderla como homologación de infraestructura con feudo, acceso con vasallaje y renta digital con tributo. Durand es crítico de la lectura optimista del capitalismo cognitivo —Moulier—Boutang, Lazzarato— que, según él, subestiman el papel de la renta monopolista y de la dependencia infraestructural (DURAND, 2020, p. 63).
Por su parte, Morozov (2025) critica la idea que estamos regresando a la Edad Media o que el capitalismo digital representa una ruptura ontológica con el capitalismo histórico, asumiendo que el discurso del tecnofeudalismo oculta que estamos ante un capitalismo profundamente contemporáneo y aun plenamente capitalista. Morozov subraya que hablar de renta y servidumbre digital, subestima que la economía digital sigue siendo capitalista en términos tradicionales con infraestructura, acumulación de capital y explotación a través de las plataformas, que no erradica el mercado. Para Morozov la renta digital es solo un aspecto del capitalismo, no su definición histórica, mientras que para Durand la prevalencia de la renta infraestructural es la condición definitoria de una nueva etapa regresiva. Morozov señala que el uso de metáforas medievales (señores, vasallos o siervos) pueden crear confusión a la hora de estudiar la economía digital, ya que el capitalismo no ha muerto sino evolucionado, conservando sus dinámicas básicas (mercado, competencia —aunque imperfecta— acumulación y plusvalía, aunque con nuevas formas infraestructurales (MOROZOV, 2025).
Este debate es de especial importancia para entender el sistema capitalista en el presente, la forma como organiza el trabajo y las migraciones, pero sobre todo para comprender la articulación interpretativa entre movilidad como desplazamiento de corporalidades y migración cognitiva con sedentarismo corporal.
La migración cognitiva: la disociación esquizoide
Hasta ahora, las migraciones habían sido vistas como desplazamientos de corporalidades físicas, paso de cuerpos humanos por corredores migratorios e inserción sociolaboral de los mismos en los territorios de llegada. Las categorías de capitalismo cognitivo y capitalismo digital desafían esas premisas, porque ahora no es necesario desplazar los cuerpos para conseguir un empleo, incluso quienes se desplazan por razones humanitarias (refugio, asilo político) terminan trabajando para empresas e instituciones que se localizan en territorios geográficos distintos a los que le acogieron, porque la realidad del empleo digital ha hecho mutar al concepto de frontera.
Un profesor universitario que huye de la guerra en Siria y llega a un país de Latinoamérica sin traer en su maleta las notas y el título de doctor debidamente apostillado, termina siendo parte del cognitariado precarizado que da clases en línea para varias universidades de Latinoamérica, viviendo ocho o diez horas de su día frente a una pantalla, debiendo aprender la cultura, costumbres y conocimientos de los países donde están ubicadas las universidades para las que labora. La educación trasnacional se convierte en funcional a este modelo de trabajo y acumulación.
Los cuerpos físicos son sometidos a un sedentarismo corporal resultante de su condición de anormal y estatus migratorio precario (sin título reconocido) en el país de acogida, con la doble condición de migrante cognitivo explotado por las instituciones de otros países (cognitariado). Sus cuerpos “amarrados a una silla en un territorio, se “desconectan” de sus mentes que saltan en un día entre territorios, países, empleos y condiciones de trabajo variantes.
Los jóvenes frelancer dedicados a la generación de contenidos en las redes sociales de múltiples países en un mismo tiempo real, viven esas presiones migratorias de idiomas, perspectivas mercantiles, diferencias de escalas salariales, hegemonía política y religiosa, teniendo que aprender a hacer una especie de Chanel surfing o Chanel hopping mental como rasgo del trabajador en condición de migrante cognitivo.
Esto implica un giro en la propia definición de ruptura esquizoide presente en la Teoría de Deleuzze y Guattari (1972), que organizaba los cuerpos sin órganos, unificando las mentes en un inconsciente maquínico esquizoide. En Anti—Edipo: capitalismo y esquizofrenia (1972), Deleuzze y Guattari proponen el esquizoanálisis como alternativa crítica al psicoanálisis tradicional y su correlato en la sociología. El foco se desplaza de la interpretación del comportamiento social del sujeto individual y la familia (complejo de Edipo), al proceso de producción del deseo como máquina social y productiva (DELEUZE; GUATTARI, 1972). Deseo del que precisamente necesita apropiarse el capitalismo cognitivo para generar valor mediante la comunicación, emociones y subjetividades.
En este sentido, la ruptura esquizoide está referida a las dos formas radicalmente diferenciadas de subjetivación de la realidad social. La primera, la subjetivación estructurada por la normatividad psicoanalítica que produce lo neurótico en términos societales, y la subjetivación esquizoide —de especial interés para comprender la migración cognitiva— entendida como proceso de desterritorialización del cuerpo y la mente, donde el deseo puede escapar de las estructuras de codificación social y familiar; lo que parece haber ocurrido en el capitalismo cognitivo es que el cognitariado es atrapado por la subjetivación estructurada y el trabajo inmaterial se convierte en nuevas forma de neurosis social.
Esto lleva a la idea de cuerpos sin órganos (en este caso mente sin cuerpo), que para Deleuze y Guattari (1972) eran las formas de existencia y deseo que no estuviesen organizadas jerárquicamente por órganos y funciones estructurales, pero al ocurrir la ruptura entre mente y cuerpo en la migración cognitiva, las mentes ahora son directamente incorporadas a la producción de valor a través de la creatividad, la interacción digital, la colaboración en redes y la atención dirigida a la producción.
Este desplazamiento no es un asunto técnico, sino subjetivo, porque los trabajadores del cognitariado no operan como sujetos definidos por roles fijos, sino que se les exige capacidad de adaptación, flexibilidad, creatividad, atención, conectividad permanente, inteligencia emocional, empatía con la armonía laboral. Esto plantearía la posibilidad —que debe ser estudiada en la migración cognitiva— que la identidad laboral y la subjetividad desborden los marcos fijos de los formatos laborales y migratorios, reconfigurando procesos múltiples, rizomáticos y conectivos que escapen de la dominación y captura de toda creatividad.
Este proceso no es visto solo como una patología, sino como una ruptura con las dualidades (yo/otro – mente/cuerpo) que permite que el esquizo se convierta en sujeto nómada. Para Berardi (2023), el cognitariado y el trabajo cognitivo, implican no solo inteligencia, sino nervios tensos por la atención constante y ojos fatigados por pantallas, donde “cada residuo de materialidad y concreción desaparece de la operación laboral, y solo quedan las abstracciones simbólicas” (BERARDI, 2023, p.58).
En el trabajo digital, la aceleración de los ritmos genera pánico como psicopatología social, que proviene de la “expansión constante del ciberespacio respecto a las capacidades limitadas del cerebro individual y del cibertiempo” (BERADI, 2005, p.62). Las tecnologías cognitivas, como las redes sociales y la Inteligencia Artificial (IA) se convierten en fuente novedosa de modulación de los deseos hacia la competencia, sometiendo el espíritu libre del trabajo lo cual agrava la alienación, haciendo al esquizoide cognitivo un ser no revolucionario, sino capturado por patologías como el pánico y la depresión endémica.
Esto impacta a los estudios migratorios al reconceptualizar la migración entre la dualidad de autonomía nómada y las líneas de fuga que desafían la biopolítica estatal, versus la captura cognitiva para aumentar la acumulación en el marco del capitalismo digital. En el primero de los casos, la migración es vista como nomadología, movilidad social que resiste la segmentación rígida del Estado (DELEUZE y GUATTARI. 1987, p. 211), pero en la segunda esta vocación nómada es funcional a la dominación y producción de valor, planteando un campo interesante: los estudios de resistencias anticapitalistas en las migraciones.
El trabajo digital disuelve los límites “naturales” entre trabajo y vida, al incorporar al individuo no como una identidad fija, sino como un flujo de datos, intensidades, efectos de atención que se cruzan en redes algorítmicas.
Esto implica algunas novedades para los estudios migratorios. Los desplazamientos humanos ya no pueden ser vistos solo como movilidad territorial o laboral, sino también como procesos de movilidad de intensidades, habilidades, redes y flujos de datos.
Por otra parte, la migración cognitiva implica una reorganización comprensiva de los cuerpos y las mentes, conforme se insertan en redes globales e inciden en los dispositivos normativos de identidad nacional, ciudadanía, refugiado, asilado, ilegal.
No podemos ver el estudio de la migración cognitiva como un punto y aparte de la teoría sociológica en migraciones, ello sería absolutamente errado. De lo que se trata es de entender las similitudes históricas y las singularidades de coyuntura, en la forma como el modo de producción capitalista incorpora las migraciones a su lógica de mercado y reproducción ampliada en el posfordismo. Insistimos esto no hace desaparecer las formas clásicas de producción, reproducción y migración, sino que las amplía, e intercambia centralidad según el desarrollo tecnológico y las necesidades específicas del mercado.
Esto abre un nuevo campo de estudios migratorios que requiere recuperar la tradición analítica —ninguna teoría migratoria resulta suficiente para comprender y explicar esta nueva realidad, lo contrario requerimos de todo el arsenal teórico acumulado— a la par que se incorporan nuevas categorías y perspectivas.
El capitalismo en el largo periodo liberal concibió a la migración como cuerpos en movimiento que debían ser disciplinados para ser usados en la producción para elevarse el excedente, la plusvalía, la ganancia. La reproducción simbólica y material, la opresión de los cuerpos, la biopolítica y el biopoder, el mercado de trabajo segmentado, la movilidad controlada, los dispositivos normativos de identidades, la farmopornografía y la necropolítica, entre otras mostraron la multiplicidad de rostros de la opresión para los migrantes. Pero cada una de ellas no negaba ni superaba a la otra, por el contrario, eran como ”capas de una cebolla” que nos permitían comprender la complejidad de los estudios migratorios.
En el periodo neoliberal, la psicopolítica, infocracia y los estudios sobre el emprendimiento en el marco del capitalismo permiten entender las dinámicas migratorias, en contexto de liberalización de controles evidentes, con el propósito de entender las formas de dominación más profundas, con lugar de enunciación en los propios individuos.
La disminución de los ciclos de innovación científico—tecnológica ha hecho que en solo cinco décadas el neoliberalismo le ceda protagonismo al iliberalismo, y el régimen predictivo aparece como una forma de organización social, con profundo impacto en el tema del trabajo vivo, las migraciones y la acumulación de ganancias.
Pero, debido al desarrollo desigual y combinado del capitalismo tardío, esto ocurre de manera diferencial entre países, e incluso al interior de cada uno de ellos. Es decir, las formas liberales y neoliberales de la migración no desaparecen de “in su facto” por la llegada del iliberalismo, sino que sobreviven de manera diferencial en los territorios, aumentando la complejidad de los estudios migratorios. Un migrante latinoamericano, que se desplaza, por ejemplo, de Venezuela a México, Panamá o Perú, puede vivir en “carne propia” los controles migratorios del periodo liberal, las exigencias de autogestión de la vida del neoliberalismo y las demandas de disociación de cuerpo y mente del iliberalismo posfordista, viviendo en su desplazamiento, de manera simultánea, las formas de opresión de los periodos liberal, neoliberal e iliberal.
Nuestra perspectiva es que solo un corte transversal —y no solo longitudinal— de la “cebolla migratoria” nos permite explicar la complejidad de los fenómenos migratorios en el presente. Esto, en el marco de un capitalismo que es profundamente impactado por cada revolución industrial y que asume —ya sea de manera propia o como respuesta a las luchas de los trabajadores— formas de gestión empresarial que terminan convirtiéndose en modelos de gestión de la vida; el taylorismo, fordismo y los esquemas posfordistas actúan en este sentido. Ese es el énfasis de nuestro de trabajo investigativo en el campo de las migraciones. —
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A fines del año 2025, el recién electo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, promulgó el Decreto Supremo 5503 para congelar el salario docente y el presupuesto educativo. La medida detonó una rebelión civil que mantiene hoy más de 60 bloqueos de caminos en todo el territorio boliviano. La norma también establece el incremento en el precio de los combustibles, la flexibilización para la venta de tierras comunales, el retorno al Fondo Monetario Internacional (FMI) y la entrega de recursos naturales estratégicos como el litio a corporaciones transnacionales.
El perfil de la gestión educativa profundiza el conflicto bajo la dirección de la ministra de Educación, Beatriz Elena García de Achá, oriunda de La Paz. La funcionaria es economista graduada en la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, y posee una maestría en Administración de Empresas (MBA) por la Universidad de Georgetown, en Washington. García de Achá presidió el Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible en Bolivia (CEDES), organismo que reúne a corporaciones locales de nafta, gas, minería y agronegocio. En el año 2012, fundó la firma i3 impacto social, creadora de iniciativas como Tecnológicas o Warmis Poderosas —warmi significa mujer en lenguas quechua y aymara— para otorgar becas técnicas en sectores populares. La ministra ejerce además como docente en la Universidad Católica Boliviana San Pablo, de carácter privado. Actualmente, el Gobierno y los sindicatos sostienen una disputa estadística: el Ministerio de Educación afirma que Bolivia destina el histórico el 8% del Producto Bruto Interno (PBI) al sector, mientras que las federaciones docentes denuncian un recorte real que sitúa la inversión cerca del cuatro por ciento.
El magisterio rural y el magisterio urbano iniciaron protestas callejeras inmediatamente después de la promulgación del decreto. Los maestros rurales concentran su fuerza en las zonas de El Alto aymara y del Chapare, en Cochabamba, agrupados en la Confederación Nacional de Maestros de Educación Rural de Bolivia (CONMERB). La dirigencia de la CONMERB firmó un acuerdo con el Ministerio de Educación para recibir un bono único, nuevos ítems laborales y conexión satelital de la empresa Starlink en el campo. Sin embargo, las federaciones rurales de base de La Paz y Cochabamba rechazaron el pacto por insuficiencia y reactivaron las marchas.
Por su parte, la Confederación de Trabajadores de Educación Urbana de Bolivia (CTEUB) paralizó las principales ciudades del eje troncal: La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. En la capital del departamento de Santa Cruz, tradicionalmente distante de las huelgas del occidente del país, los maestros rompieron la tregua regional y nacionalizaron el reclamo mediante encadenamientos ante la Dirección Departamental de Educación (DDE).
Las universidades públicas se sumaron a la movilización general. La Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en La Paz, la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) en Cochabamba y la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM) en Santa Cruz paralizaron sus actividades. El Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB), organismo que agrupa a los rectores del país, calificó al decreto de incompatible con la estabilidad institucional y el bienestar democrático. Las columnas de manifestantes avanzan desde los valles de Cochabamba con la Marcha por la Dignidad Docente, desde los llanos de Santa Cruz y desde la ciudad de El Alto para confluir en la sede de gobierno en La Paz. A nivel internacional, la Internacional de la Educación América Latina (IEAL), la Federación de Docentes de Colombia y la Unión Nacional de Educadores del Ecuador emitieron comunicados de respaldo al magisterio boliviano. El conflicto forzó un quiebre político el pasado 1 de mayo, cuando la Central Obrera Boliviana (COB) decretó la huelga general indefinida.
La masiva respuesta social transformó las demandas sectoriales en una ofensiva política amplia. Las exigencias originales de un aumento salarial indexado a la inflación, la creación de ítems fiscales y el financiamiento estatal exclusivo mutaron hacia consignas nacionales. Los manifestantes exigen ahora la derogación total del Decreto Supremo 5503, la anulación de la privatización de tierras comunales, la prohibición de entregar recursos naturales al capital extranjero y la renuncia inmediata del presidente Rodrigo Paz y de la ministra Beatriz Elena García de Achá.
*Mariano Yedro es Profesor y Licenciado en Historia (UNRC) y Magister en Comunicacion y Cultura contemporánea (UNC). Docente en la UNRC. Noelia Naranjo es Licenciada en Ciencia Política y Administración Pública (UNCUYO) Especialista en Docencia Universitaria (UNLP). Docente en UNCuyo. Ambos miembros del Centro de Estudios y Formación en Política Educativa (CEFOPED), asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
Por Carolina Sturniolo, Bruno Ceschín y Fernando Rizza
La ofensiva israelí sobre Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria no puede analizarse solo en términos militares, sino que hay que indagar en su objetivo político para entender la profundidad del conflicto. Mientras el ejército de ocupación avanza sobre el control territorial por medio de la destrucción de los sistemas agroalimentarios y el ecocidio, dejando tierras arrasadas, pozos de agua inutilizados, bancos de semillas destruidos y millones de personas desplazadas, se configura un escenario donde la guerra busca el exterminio del otro, eliminando su capacidad de producir alimentos y haciendo inviable su permanencia en el territorio.
Sectores de la extrema derecha israelí y del sionismo religioso impulsan cada vez con mayor fuerza su programa político del “Gran Israel”. La doctrina toma como referencia lecturas bíblicas que reivindican un territorio que iría desde el río Nilo en Egipto hasta el Éufrates en Siria, incluyendo Palestina, Líbano, Jordania, porciones de Arabia Saudita e Irak. Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, asumió públicamente esta posición, así como figuras centrales de su coalición, como el Ministro de Finanzas Bezalel Smotrich y el Ministro de Asuntos de la Diáspora Amichai Chikli, promueven abiertamente la expansión territorial israelí sobre estos territorios, incluso afirmando que no cumplen actualmente con la definición de estado y que habría que rever las fronteras.
En Gaza, la devastación del sistema productivo es de escala histórica. Más del sesenta y siete por ciento de las tierras agrícolas fueron destruidas. También quedaron inutilizados invernaderos, granjas avícolas, establos y más de mil pozos de agua. La pesca colapsó por el bloqueo marítimo. El resultado es de más de dos millones de palestinos arrinconados en apenas 40 Km cuadrados, con un 96% de su población con inseguridad alimentaria aguda y cerca de medio millón de personas con niveles de hambre catalogados como “catástrofe”.
La destrucción no se agota en el presente. En Hebrón, en la Cisjordania ocupada, excavadoras israelíes demolieron el último banco nacional de semillas palestino. Allí se preservaban más de setenta variedades tradicionales cultivadas durante siglos. A esto se suman los más de tres millones de olivos que fueron arrancados de raíz en las últimas 6 décadas por parte del gobierno de ocupación, comprometiendo no sólo la seguridad alimentaria de la población civil en lo inmediato, sino en décadas futuras.
La presión territorial también avanza mediante los asentamientos israelíes en Cisjordania. Más de 450.000 colonos israelíes viven actualmente en territorios ocupados. El control del agua es otro instrumento central. Desde 1982, la empresa estatal israelí Mekorot administra la infraestructura hídrica bajo órdenes militares. Mientras los asentamientos ilegales mantienen abastecimiento constante, muchas comunidades palestinas enfrentan restricciones severas para perforar pozos o acceder al riego.
La situación en el Líbano muestra una dinámica similar. Según el Ministerio de Agricultura libanés, la ofensiva israelí dañó casi 56.000 hectáreas agrícolas. Los olivares, plantaciones de cítricos y cultivos de banana aparecen entre los sectores más afectados. Más de 1,8 millones de animales domésticos, como aves, ovejas, cabras y vacas murieron durante los ataques. Además, cerca del 78% de los agricultores del sur del país permanece desplazado.
A esto se suman las denuncias por fumigaciones aéreas con herbicidas en zonas fronterizas del sur libanés y sirio. Informes independientes detectaron concentraciones de glifosato hasta cincuenta veces superiores a las utilizadas habitualmente en agricultura. El impacto no termina en la pérdida de cosechas. La contaminación del suelo y de las aguas subterráneas compromete la posibilidad de recuperar la producción durante años.
En Siria, la guerra dejó una economía devastada. El Producto Interno Bruto se redujo más de un 85% desde 2011. Las tierras cultivadas cayeron un 25% y la mitad de la población debió abandonar sus hogares. Sectores estratégicos como el algodón y el pistacho quedaron profundamente afectados. Antes del conflicto, Siria figuraba entre los principales productores mundiales de algodón y pistacho. Hoy enfrenta dificultades extremas para acceder a semillas, fertilizantes y combustible.
*Carolina Sturniolo es Medica Veterinaria, integrante del CEA, Docente en la carrera de Medicina Veterinaria, UNRC. Fernando Rizza es Médico Veterinario. Columnista de NODAL, integrante del Centro de Estudios Agrarios (CEA) y Docente en la Universidad Nacional de Hurlingham, Argentina. Bruno Ceschin es Licenciado en Ciencia Política y Administración Pública. Maestrando en Desarrolo Territorial en América Latina y el Carible. Integrante del Centro de Estudios Agrarios (CEA)
Como publicábamos en el Diari La Veu el lunes por la mañana, la primera jornada de huelga indefinida a la enseñanza pública ha sido histórica y muy contundente. No solo por su seguimiento masivo -hasta el 90% según fuentes sindicales, al menos un 47% según los datos de la misma Conselleria- y por la enorme marea verde que ha desbordado los centros de València, Alacant, Castelló de la Plana y Elx.
También por el mismo proceso en sí. Hacía décadas que el País Valencià no veía como un colectivo laboral tan grande se lanzaba a desafiar al gobierno valenciano con una huelga indefinida. Una huelga, además, que no es defensiva -evitar que cierre una empresa o una pérdida de derechos- sino ofensiva -exigir mejoras- y además no es corporativa, sino que además de incrementos salariales y mejores condiciones laborales, los docentes luchan por una mejor educación para todo el mundo, de más calidad y en valenciano. Es por esto que han recibido una simpatía social mayoritaria.
Pero dejamos un poco de lado esta parte, que ya se explicó en un editorial anterior y ponemos la lupa en otro elemento. Uno de los detalles más fundamentales de la huelga docente es la enérgica organización de base, en asambleas unitarias de centro, que han tenido un papel clave, tanto al empujar a los indecisos a sumarse al paro como al explicar en las comunidades educativas las razones de esta lucha y los motivos por los cuales es tan importante para docentes, personal no docente, alumnos y familias, en definitiva, para toda la sociedad.
Una organización que -salvo todas las distancias que se quieran- recuerda la oleada solidaria y autogestionaria que siguió al desastre de la dana de octubre del 2024. Entonces como ahora, fue el pueblo quien se puso en marcha de forma autónoma, sin esperar instrucciones ni consignas, para exigir a los gobernantes que hicieron su trabajo. Entonces como ahora, estos hechos han sido una fuente de empoderamiento y concienciación a escala industrial. Son -cómo lo 15M, como el proceso soberanista catalán, como los sindicatos de vivienda, como tantos otros- de aquellos procesos que pueden tumbar gobiernos y que cambian la cultura política de un país.
Cómo dice Manel Pitarch en su artículo: “La huelga indefinida es resultado del ofuscamiento político y del desprecio a un diálogo con tino, respetuoso.” O, como opina Vicent Maurí en el suyo: “La huelga indefinida ya es una victoria moral y política ante un gobierno arrogante, autoritario y completamente alejado de la realidad de los centros educativos.”
Ya tienen razón en el Palau de la Generalitat de ponerse nerviosos con la revuelta de los docentes y del conjunto de la comunidad educativa -nerviosismo que delata la pésima carta que la consejera Carmen Ortí envió a las familias el pasado jueves- porque cada día que este conflicto crece y se enquista es un día menos que les queda en el Gobierno.
El 11 de mayo quedará grabado en la memoria colectiva del pueblo valenciano. Las trabajadoras y los trabajadores de la enseñanza, el movimiento asambleario y sindical, la comunidad educativa entera, harán historia por la dignidad, la determinación y la fuerza demostrada durante semanas de movilización y organización. La huelga indefinida ya es una victoria moral y política ante un gobierno arrogante, autoritario y completamente alejado de la realidad de los centros educativos.
La consejera de Educación, Mari Carmen Ortí, ha pasado de ser la responsable política de la educación pública valenciana a convertirse en el símbolo de la imposición, la represión y el desprecio hacia el profesorado. Su gestión solo ha aportado caos, recortes encubiertos, sobrecarga laboral, persecución sindical y una incapacidad absoluta para escuchar la comunidad educativa. Ha preferido gobernar desde los despachos, rodeada de propaganda y sumisión a los intereses privados, antes de que ir a los centros y escuchar el clamor de quien sostiene cada día la educación pública.
Y en lo alto de esta ofensiva contra los derechos sociales y laborales está el presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca. Su gobierno representa la peor cara de la política: autoritarismo, propaganda vacía y confrontación con los servicios públicos. Han querido doblegar al profesorado con miedo, amenazas y servicios mínimos abusivos e injustificables, convirtiendo un derecho fundamental como la huelga en una carrera de obstáculos antidemocrática. Los servicios mínimos impuestos no buscan garantizar ningún derecho de la ciudadanía; buscan reventar la huelga e intimidar a las trabajadoras y trabajadores. Es una práctica indigna de un gobierno que se diga democrático.
Pero han fracasado. Y fracasarán. Porque esta huelga no es solo una respuesta sindical. Es un movimiento colectivo, asambleario, profundamente democrático y nacido desde bajo. Es la respuesta de miles de docentes cansadas de la precarización, del desprecio institucional y de la destrucción progresiva de la educación pública valenciana. Es también la respuesta de familias, estudiantes y personal de los centros educativos que saben que defender la escuela pública es defender el futuro de nuestro pueblo.
Y si esta huelga está haciendo historia es, sobre todo, por una razón fundamental: la unidad sindical. La unidad construida desde la base, desde los centros, desde las asambleas y desde la voluntad compartida de hacer frente. Una unidad imprescindible que ha dejado atrás siglas y protagonismos para poner en el centro los derechos de las trabajadoras y trabajadores y la defensa de los servicios públicos. Esta es la gran fuerza del movimiento: la unidad sindical y popular.
Hay que reivindicar con fuerza esta unidad porque es la clave de cualquier victoria futura. Cuando el sindicalismo se coordina, cuando las asambleas toman la palabra, cuando la comunidad educativa avanza unida, los gobiernos tiemblan. Y esto es exactamente el que está pasando. El gobierno de la Generalitat está nervioso porque sabe que esta huelga puede abrir un nuevo ciclo de lucha social en el País Valencià.
También es importante destacar que esta lucha ha traspasado fronteras. La solidaridad llegada desde sindicatos y organizaciones del Estado español y de todo el mundo demuestra que lo que pasa en el País Valencià forma parte de un conflicto global entre los intereses de las élites y los derechos de la mayoría social. El apoyo de la Confederación de Educadores Americanos, de FESIDUAS, del Foro por la Educación en Iberoamérica, de la Internacional de la Educación, del sindicato francés Solidaires y de la Red Internacional de Solidaridad y Luchas es una demostración de que la lucha de las trabajadoras y trabajadores valencianos es también la lucha de millones de personas en todo el mundo contra la precariedad y el autoritarismo.
Mañana no acaba nada. Mañana empieza una nueva etapa. Esta huelga tiene que servir para extender el conflicto y la movilización a otros sectores de las administraciones públicas y del mundo del trabajo. La situación que vive la enseñanza es la misma que sufren la sanidad, los servicios sociales, el transporte público y tantos otros sectores golpeados por los recortes, la privatización y la pérdida de derechos. Hay que construir una respuesta global del conjunto de la clase trabajadora.
Por eso, el mensaje está claro y contundente: ganaremos. Ganaremos porque tenemos la fuerza de la razón y la fuerza de la unidad. Ganaremos porque ningún gobierno puede derrotar un pueblo organizado. Ganaremos porque las trabajadoras y trabajadores de la enseñanza han decidido levantarse y no volver a arrodillarse nunca más.
Las micro y pequeñas empresas (MYPES) constituyen el motor silencioso de la economía mexicana. Sin embargo, su alta tasa de mortalidad empresarial revela una crisis estructural que va más allá de la falta de capital: la ausencia de procesos sistemáticos de aprendizaje organizacional. El presente texto analiza la situación de las MYPES en México desde su caracterización y relevancia económica, pasando por sus limitaciones internas —entre ellas la carencia de estructura organizacional y la disyuntiva entre inversión en mercancía o tecnología—, hasta proponer alternativas desde la Andragogía y la Heutagogía como enfoques pedagógicos pertinentes para el perfil del empresario adulto. Se concluye que la capacitación autónoma y contextualizada no es un lujo, sino una condición de supervivencia para este sector.
Palabras clave:MYPES, capacitación, Andragogía, Heutagogía, México, economía informal.
Abstract
However, their high business failure rate reveals a structural crisis that goes beyond a lack of capital: the absence of systematic organizational learning processes. This paper analyzes the situation of the Micro and Small Enterprises (MSEs) in Mexico, beginning with their characteristics and economic relevance, moving through their internal limitations—including the lack of organizational structure and the dilemma between investing in inventory or technology—and concluding with proposals for alternatives based on Andragogy and Heutagogy as pedagogical approaches relevant to the profile of the adult entrepreneur. It concludes that autonomous and contextualized training is not a luxury, but a condition for survival for this sector.
En el entramado económico de México, las micro y pequeñas empresas (MYPES) representan una de las expresiones más vivas y contradictorias del espíritu emprendedor nacional. Son entidades que nacen, muchas veces, de la necesidad antes que de la oportunidad; que se sostienen con escasos recursos humanos, financieros y tecnológicos; y que, con frecuencia, enfrentan condiciones que rebasan su capacidad de respuesta. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2021) reporta que las micro, pequeñas y medianas empresas representan el 99.8% del total de unidades económicas del país y generan alrededor del 72% del empleo formal, constituyendo un pilar indiscutible de la estructura productiva nacional.
No obstante, esta relevancia cuantitativa contrasta con una realidad alarmante: la esperanza de vida de una MYPE en México es notablemente corta. De acuerdo con datos del INEGI (2019), el 65% de los negocios nuevos cierran antes de cumplir dos años de operación. Esta situación sugiere que el problema no reside únicamente en factores externos como la competencia o la macroeconomía, sino en la fragilidad interna de estas unidades. En este sentido, como señala Rodríguez (2020), «las MYPES son como los focos de los árboles de navidad, que prenden y apagan; o sea, abren y lamentablemente cierran sus puertas por diversas causas, entre ellas, que no hay ventas y las rentas voraces les dan el tiro de gracia». Esta metáfora captura con precisión la intermitencia de un sector que brilla con promesas de desarrollo pero que, sin las condiciones adecuadas, se apaga prematuramente.
Caracterización de las MYPES y su Valor en la Economía
Las MYPES se definen en México de acuerdo con la Ley para el Desarrollo de la Competitividad de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (2002) con base en el número de trabajadores y el sector al que pertenecen. Las microempresas son aquellas que emplean hasta 10 personas, mientras que las pequeñas empresas pueden tener entre 11 y 50 empleados en el sector comercial o entre 11 y 30 en el sector servicios. Estas empresas se concentran principalmente en el comercio al menudeo, la manufactura artesanal, los servicios de alimentación y la prestación de servicios personales, configurando un paisaje económico que opera, en su mayoría, en la informalidad o en los márgenes de ella.
Desde el punto de vista macroeconómico, las MYPES contribuyen de manera significativa a la generación de valor. Según la Secretaría de Economía (2023), estas unidades aportan aproximadamente el 52% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, lo cual evidencia su peso real en el desarrollo del país. A nivel local, funcionan como el tejido conectivo de las economías regionales: proveen bienes y servicios de proximidad, recirculan el ingreso en las comunidades y generan vínculos de arraigo territorial que las grandes empresas difícilmente pueden reproducir. No obstante, Zevallos (2003) advierte que esta importancia económica rara vez se traduce en políticas públicas robustas que atiendan las necesidades reales de estas unidades, dejándolas en una posición de vulnerabilidad estructural.
Ausencia de Estructura Organizacional y la Disyuntiva Estratégica
Uno de los rasgos más distintivos y, al mismo tiempo, más limitantes de las MYPES es la ausencia de una estructura organizacional formal. En la gran mayoría de los casos, el propietario concentra en sí mismo las funciones de dirección, operación, contabilidad, ventas y atención al cliente, es un verdadero hombre/mujer orquesta, a lo que Longenecker et al. (2012) denominan como la «trampa del trabajo operativo», en la que el empresario trabaja en el negocio, pero no sobre él. Esta superposición de roles impide la delegación, la planificación estratégica y la construcción de capital organizacional.
En este contexto, las MYPES enfrentan una disyuntiva permanente que condiciona su supervivencia: ¿o invierto en mercancía y productos de tendencia para el negocio o compro tecnología y capacitación? La mayoría opta por lo primero, bajo la lógica inmediata de que sin mercancía no hay ventas, y sin ventas no hay negocio. Sin embargo, esta decisión, aunque comprensible, aplaza indefinidamente la modernización de sus procesos. Según Huchín e Isolated (2008), la mayor parte de los empresarios de MYPES en México percibe la capacitación como un gasto prescindible antes que como una inversión estratégica, lo que perpetúa un ciclo de operación reactiva en lugar de proactiva. La brecha tecnológica, aunada a los elevados costos de arrendamiento de locales comerciales —rentas que, en palabras del propietario promedio, «les dan el tiro de gracia»—, coloca a estas empresas en una posición de fragilidad ante cualquier contingencia económica.
La Capacitación como Desafío Central en las MYPES
El problema de la capacitación en las MYPES no puede abordarse desde los mismos supuestos pedagógicos que se aplican en contextos corporativos o educativos formales. El perfil del empresario de una MYPE corresponde, en la mayoría de los casos, al de un adulto con experiencia práctica acumulada, motivaciones concretas, limitaciones de tiempo y una relación con el aprendizaje mediada por la urgencia del día a día. Flores y García (2019) señalan que los programas de capacitación diseñados para este sector frecuentemente fracasan porque reproducen esquemas escolarizados que no responden a las necesidades reales, los ritmos ni los contextos de los empresarios.
Además, la oferta institucional de capacitación para MYPES en México presenta serias limitaciones. El Fondo Nacional Emprendedor y los programas del Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM, hoy integrado a la Secretaría de Economía) han sido históricamente discontinuos, geográficamente fragmentados y escasamente evaluados en términos de impacto real (Carrillo y Zárate, 2019). Este escenario deja a una gran parte de los empresarios sin acceso a procesos formativos pertinentes, reforzando la idea de que aprender a gestionar un negocio es, para muchos, una asignatura que se cursa únicamente en la escuela de los errores propios.
Para la capacitación presencial, es muy común que los instructores contratados traigan, basado en su planeación, los materiales que utilizará en el orden que hayan establecido y llegado el momento, posterior a la presentación, ejecutan o desarrollan su planeación, el participante estará una vez más sujetado a lo que indique el instructor, se vuelve una relación vertical, en donde realmente el participante reaccionará a las indicaciones dadas por el instructor.
Con esto se pretende mencionar que no porque se haya hecho por siglos de esa manera, sea la mejor opción para llevar a cabo una capacitación. La Andragogía que es la ciencia que tiene como objeto de estudio al adulto en situación de aprendizaje (Castillo, 2023) aporta dos opciones más: usar la praxis andragógica o a la Heutagogía, considerada como una metodología andragógica.
Si se opta por la praxis andragógica, el facilitador (no instructor), presentará los contenidos del proceso formativo y basado en ellos, los participantes en equipos de trabajo decidirán de acuerdo con sus intereses y necesidades la manera en que quieran abordar los contenidos, de tal manera que se tendrán tantas formas de abordaje de los contenidos, así como cantidad de equipos de trabajo, en otras palabras, un curso se vuelve en n cursos, donde n = número de equipos.
Bajo esta praxis, existen principios que el facilitador deberá conocer, sobre todo, el principio de horizontalidad y participación, asegurando con esto una real democratización del proceso formativo en el aula, donde los participantes organizados en equipos de uno, tres o cinco realicen sus procesos de aprendizaje. Cabe hacer mención que para complementar estos principios, otros que serán de utilidad son los de evaluación, así este proceso tan importante se deberá hacerse desde la Andragogía.
Si la MYPES opta por el uso de la Heutagogía, entonces, se requerirá que el facilitador sea un experto en los temas relativos a la capacitación acordada y un poco más, la manera de trabajar con esta metodología implica que el facilitador dé el nombre del curso (no hay contenidos fijos) y los participantes, ya sea individual o en equipos de trabajo determinen qué contenidos son los que consideran de su interés para desarrollarlos en el curso. La ventaja que da esto es que realmente el proceso formativo será acorde a lo que le interese al participante. La desventaja es que si el facilitador no tiene experiencia se verá muy limitado para poder facilitar esa capacitación.
Reflexión Final
Las MYPES mexicanas no carecen de ingenio ni de resiliencia; lo que frecuentemente les falta es acceso a procesos de aprendizaje diseñados a su medida. La metáfora de los focos intermitentes del árbol de navidad describe con elocuencia una realidad que exige respuestas sistémicas: no basta con encenderlos, es necesario garantizar que el cableado —es decir, las capacidades organizacionales y formativas— sea sólido. La Andragogía y la Heutagogía ofrecen marcos conceptuales poderosos para diseñar ese cableado, siempre que se abandone la ilusión de que capacitar a un adulto emprendedor es lo mismo que enseñar a un estudiante en un aula. La sobrevivencia y el desarrollo de las MYPES depende, en buena medida, de que el sector público, las instituciones educativas y los propios empresarios asuman la capacitación no como un evento puntual, sino como un proceso continuo, situado y autónomo.
Referencias
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Carrillo, M., y Zarate, L. (2019). Evaluación de programas de capacitación para MIPyMES en México: Retos y perspectivas. Revista Mexicana de Economía y Finanzas, 14(2), 221–238.
Castillo, F. (2023). Andragogía. Procesos formativos entre adultos. 3ª Ed. Autor
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Huchín, L., y Domínguez, J. M. (2008). La capacitación en las micro y pequeñas empresas de Ciudad del Carmen, Campeche, México. Investigación y Ciencia, 16(40), 48–56.
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Knowles, M. S. (1980). The modern practice of adult education: From pedagogy to andragogy (2nd ed.). Cambridge Adult Education.
Ley para el Desarrollo de la Competitividad de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa. (2002, 30 de diciembre). Diario Oficial de la Federación. https://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/247.pdf
Longenecker, J. G., Petty, J. W., Palich, L. E., & Hoy, F. (2012). Administración de pequeñas empresas: Lanzamiento y crecimiento de iniciativas emprendedoras (15a ed.). Cengage Learning.
Mezirow, J. (1997). Transformative learning: Theory to practice. New Directions for Adult and Continuing Education, 1997(74), 5–12. https://doi.org/10.1002/ace.7401
Rodríguez, A. (2020). Realidades del emprendimiento popular en México: Entre la necesidad y la oportunidad. Ediciones UNAM.
Secretaría de Economía. (2023). Reporte del sector MIPYME en México 2023. Gobierno de México. https://www.gob.mx/se
Zevallos, E. (2003). Micro, pequeñas y medianas empresas en América Latina. Revista de la CEPAL, 79, 53–70.
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