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Malawi: Resurgence of killings and abductions of persons with albinism spells a dangerous escalation

Malawi: Resurgence of killings and abductions of persons with albinism spells a dangerous escalation

The resurgence of killings and abduction of persons with albinism in Malawi, with the attempted abduction of a 12-year-old and the killing of 26-year-old last week, shows  a dangerous escalation for the safety of this vulnerable group, Amnesty International and the Association of Persons with Albinism said today.

The latest attempted abduction of a 12-year-old girl and the missing body of Saidi Dyton are a chilling reminder of how life has become dangerous for persons with albinism in Malawi,

A 12-year-old girl with albinism narrowly survived abduction by two unknown assailants who  broke into her home in Machinga district on 3 February, while the body of Saidi Dyton is still missing following the arrest of three suspects who confessed to his killing on 27 January.

 

“The latest attempted abduction of a 12-year-old girl and the missing body of Saidi are a chilling reminder of how life has become dangerous for persons with albinism in Malawi,” said Muleya Mwananyanda, Amnesty International’s Deputy Director for Southern Africa.

“People with albinism are simply not safe in Malawi, whether in their homes or on the street. These attacks are fuelled by a culture of impunity which has been gone on for past related crimes. Malawian authorities must swiftly move to bring suspected perpetrators of these latest crimes to justice in fair trials.”

People with albinism are simply not safe in Malawi, whether in their homes or on the street. These attacks are fuelled by a culture of impunity which has been gone on for past related crimes

In the past four months alone, there have been seven recorded attacks against people with albinism in the country, ranging from killings, tampering of graves, attempted abductions and physical violence. Amnesty International has consistently called for thorough and transparent investigations into these crimes, and accountability for the murders of people with albinism. Cases of attacks on this vulnerable group remain largely unresolved.

The number of reported crimes against people with albinism in Malawi is estimated at approximately 170 cases, including more than 20 murders since November 2014.

The government of Malawi has an obligation under domestic and international human rights law to protect people with albinism and ensure justice to the victims of the attacks and killings

“The government of Malawi has an obligation under domestic and international human rights law to protect people with albinism and ensure justice to the victims of the attacks and killings,” said Menard Zacharia, Executive Director of the Association of Persons with Albinism.

“Authorities must intensify their investigations to finalise all outstanding cases, including apprehending the fourth suspect in Saidi’s case and find his body.”

Fuente de la Información: https://www.amnesty.org/en/latest/news/2021/02/malawi-resurgence-of-killings-and-abductions-of-persons-with-albinism-spells-a-dangerous-escalation/

 

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Malawi: Trabajadoras sexuales en marcha de protesta en Lilongwe – ‘Brindamos servicios esenciales’

Las trabajadoras sexuales marcharon en las calles de la capital, Lilongwe, contra la decisión del gobierno de imponer un toque de queda nocturno y el cierre de bares que, según dicen, tienen serias implicaciones económicas en sus vidas.

Piden al gobierno que revise las decisiones y les permita operar normalmente, diciendo que brindan «servicios esenciales».

Las protestas se interrumpieron después de que el comisionado del distrito de Lilongwe se negó a recibir su petición y los obligó a acudir al Ayuntamiento de Lilongwe.

La directora ejecutiva de la Asociación de Trabajadoras Sexuales, Zinenani Majawa, dice que las protestas callejeras en curso en Lilongwe también están destinadas a llamar la atención sobre los problemas públicos de ese estigma relacionado con el trabajo sexual.

Ella, en particular, menciona el abuso policial de las trabajadoras sexuales como un elemento destacado en la lista.

Majawa dice que los agentes de policía abusan sexualmente de las prostitutas.

Fuente: https://allafrica.com/stories/202101280551.html

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La migración juvenil del campo a la ciudad daña la agricultura de Malawi

Reseñas/África/Malawi/27 Agosto 2020/rebelion.org

 Las familias del distrito rural de Chiradzulu, en el sur de Malawi, comienzan a preparar sus fincas para la próxima temporada del cultivo de maíz, y Frederick Yohane, de 24 años, es un joven ocupado.

Todas las mañanas labora con sus dos hermanos en la tierra familiar donde cultivan maíz y frijoles de árbol (Cajanus cajan), mientras en las tardes trabaja como jornalero en granjas vecinas, a fin de obtener el dinero que le hace falta para cubrir las necesidades de su familia.

Además, dos veces por semana va en bicicleta a los mercados cercanos para vender pollos que compra en los pueblos de los alrededores y así obtener más recursos.

Esta ha sido su vida desde que tenía 16 años cuando su padre sufrió un derrame cerebral que le paralizó la pierna y el brazo izquierdos. Yohane terminó la escuela secundaria en 2014, dos años después de que su padre se enfermara. Pero no llegó a aprobar los exámenes finales.

Sin un certificado de estudios secundarios, él siguió la ruta de otros muchos jóvenes de este distrito (municipio) rural que viajan a Blantyre, la capital comercial de Malawi, en busca de trabajos precarios, principalmente como ayudantes en tiendas asiáticas o como vendedores ambulantes.

«A través de un amigo, encontré trabajo en una ferretería propiedad de un indio. Pero el dinero no era bueno comparado con lo que ganaba en el pueblo. Así que trabajé dos meses y regresé», dijo a IPS.

Yohane no planea volver a buscar trabajo en esa u otra ciudad. Está convencido que puede ganar más dinero en su pueblo, aunque tenga que trabajar más duro para construirse un buen fututo.

«Además, soy el hijo mayor. Mi padre ya no puede trabajar. Mi madre pasa gran parte de su tiempo cuidándole. Así que los tres hermanos trabajamos en el campo», explicó.

La familia de Yohane es una entre millones que en Malawi dependen del trabajo familiar para mantener sus granjas.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indica que en Malawi la agricultura ocupa a 80 por ciento de la población de 17,5 millones de habitantes. De esa población, alrededor de 75 por ciento son agricultores que explotan pequeñas fincas familiares.

Sin embargo, al igual que en el resto de África, Malawi sufre una alta tasa de migración del campo a la ciudad, principalmente de jóvenes que buscan una vida mejor en las ciudades.

Cuando los jóvenes, que constituyen la mayoría de la población de Malawi, migran a los centros urbanos, la productividad de las explotaciones agrícolas familiares decae, según un  estudio encargado por el Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA).

En el marco de su programa de Mejora de la Capacidad en la Aplicación de Evidencias Científicas (CARE, en inglés), el IITA trabaja con jóvenes investigadores en África para analizar cómo potenciar el empleo y reducir la pobreza y promover la participación de los jóvenes en los agronegocios y la economía agrícola y no agrícola.

Dentro de ese programa, el investigador Emmanuel Tolani hizo un estudio en dos distritos de Malawi,  Zomba y Lilongwe, conocidos por su alta producción de maíz, el cultivo básico en este país sin salida al mar del sureste de África.

El estudio de CARE se centró en un análisis comparativo entre los hogares donde los jóvenes habían emigrado a los centros urbanos y aquellos donde los jóvenes habían permanecido en sus localidades rurales.

Según el informe final,  titulado «Juventud en movimiento: efectos sobre el bienestar en los hogares de origen», la investigación encontró que los hogares con jóvenes que migraron a las urbes,  producían cada una 13 sacos de 50 kilogramos menos de lo que habrían cosechado si esos jóvenes se hubieran seguido trabajando en la explotación familiar.

«Esto se puede (atribuir) al hecho de que la migración de los miembros jóvenes del hogar estaba provocando una pérdida de mano de obra para la producción agrícola que no fue compensada con mano de obra contratada, utilizando las remesas recibidas (por parte de ellos)», indica el documento.

En el estudio, Tolani recomienda la introducción de actividades generadoras de ingresos entre los hogares rurales para reducir la necesidad de que los hogares busquen otros medios para diversificar sus ingresos, como fomentar la migración de jóvenes.

Timilehin Osunde, responsable de comunicación del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (Fida) y del proyecto de CARE en Nigeria, dijo a IPS que la falta de un entorno adecuado para la agroindustria, la búsqueda de oportunidades educativas y el acceso a servicios y recursos se encuentran entre los factores que provoca el éxodo de los jóvenes del campo a las ciudades en África.

A lo largo de los años, Malawi ha diseñado e implementado programas destinados a mejorar las condiciones sociales y económicas en las zonas rurales, con la intención de contener esa migración interna.

Pero hasta ahora, la migración desde las áreas rurales a las urbes no ha disminuido. La Comisión Nacional de Planificación de Malawi atribuye esto a lo que dice son «inconsistencias en la implementación de políticas entre regímenes políticos».

Este argumento ha ocupado un lugar destacado en el discurso del desarrollo en Malawi, de modo que motivó el establecimiento de la Comisión Nacional de Planificación. Establecida mediante una ley vigente desde 2017, el mandato de la Comisión es garantizar la continuidad de las políticas de desarrollo en todas las administraciones políticas.

Por otro lado, Osunde observa que muchos programas de desarrollo rural en África han fracasado porque fueron diseñados por responsables políticos sin incluir a la parte involucrada: la juventud rural.

«A menudo se implementan con un enfoque ascendente en lugar de utilizar un enfoque ascendente», aseguró la especialista de Fida y CARE

Para ayudar a los gobiernos africanos a detener la marea de la migración de jóvenes del campo a la ciudad, el IITA está implementando una serie de programas específicos de agricultura, además del CARE.

Por ejemplo, el Programa Comenzando Temprano para Ellos,  destinado a cambiar la mentalidad de los jóvenes en las escuelas primarias y secundarias proporcionándoles conocimientos básicos de agricultura para orientarlos hacia carreras relacionadas con esa actividad, dijo Osunde.

IITA también implementa el proyecto Empoderando a los Jóvenes, que brinda oportunidades para aquellos subempleados, motivándolos a establecer empresas agrícolas y mejorar sus habilidades en la agroindustria.

El programa “ayuda a crear un entorno empresarial propicio al promover políticas dirigidas por jóvenes y proporciona una red de comunicación que brinda información agrícola muy necesaria a otros jóvenes involucrados en la agroindustria», explicó Osunde.

Otro proyecto del IITA, el de Jóvenes Agroemprendedores, pretende cambiar las percepciones de los jóvenes en África sobre la agricultura y hacerles percibir que es una actividad apasionante y que puede ser muy gratificante económicamente.

«Dado que la agricultura en África sufre en gran medida las percepciones negativas entre los jóvenes debido a la monotonía que implica, las ganancias financieras insuficientes y la escasez de infraestructura básica, los programas para la juventud de IITA tienen como objetivo cambiar la percepción entre esos jóvenes, así como crear recursos para que comiencen negocios agrícolas en el continente”, explicó la experta.

Osunde precisó que todos ellos son programas específicos para los jóvenes rurales que Malawi puede adoptar para atraer a los jóvenes a la agroindustria.

El director general de la Comisión Nacional de Planificación de Malawi, Thomas Munthali, dice que actualmente están estudiando las zonas donde puedan establecerse proyectos financiables que desarrollen jóvenes del área rural, como una forma de reducir su abandono del campo.

«La idea es crear urbes secundarias en esas zonas basadas en su potencial de tierra cultivable, minería y turismo. Estas se convertirán en centros industriales que ofrecerán trabajos decentes sostenibles y servicios socioeconómicos como en las ciudades», dijo Munthali.

Sin esperar a que esos programas para los jóvenes rurales cristalicen, Yohane ya ha decidido quedarse en su pueblo. Y sueña en grande.

«Cosechamos suficiente maíz para nuestra alimentación. Pero tenemos que ganar dinero. Por eso estamos planeando alquilar otro terreno este año donde podamos cultivar más maíz para la venta”, explicó sobre sus planes.

Para ello, explicó, no necesita contratar mano de obra, pero sí para más adelante, cuando espera comprar más tierra “en la que podamos hacer una agricultura comercial seria”.

Fuente e imagen tomadas de: https://rebelion.org/la-migracion-juvenil-del-campo-a-la-ciudad-dana-la-agricultura-de-malawi/

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En Malawi abrirán la primera escuela de Drones de África

Abrirá en Malawi, de la mano de Unicef y el Instituto Virginia Tech, y quiere ampliar la experiencia en el continente en el uso de esta nueva tecnología con fines humanitarios

Africa/Malawi/elpais.com

En 2021, los drones serán habituales en los cielos africanos. La primera Academia Africana de Drones y Datos (ADDA, en sus siglas en inglés) abrió sus puertas el pasado 13 de enero en Lilongwe (Malawi). La iniciativa busca promover el uso de esta nueva tecnología en programas que impactarán de forma positiva en las vidas de niños y jóvenes. «Los servicios humanitarios y para el desarrollo en África y otros lugares pueden beneficiarse significativamente de su aplicación», aseguró Henrietta Fore, directora ejecutiva de Unicef. «La ADDA será fundamental para equipar a los jóvenes con las habilidades que necesitan para utilizarla en beneficio propio y de sus comunidades».

En 2016 se inició el primer corredor humanitario de África lanzado en Malawi para reducir el tiempo que se necesita para comprobar si los bebés que viven en zonas rurales están contagiados del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Y para seguir este impulso, la academia ampliará la experiencia en el uso de aviones no tripulados con fines humanitarios, para el desarrollo y comerciales en todo el continente a través de un curso de 12 semanas. Desde que se pusiera en marcha esta experiencia, esta nueva tecnología se ha utilizado para la entrega de suministros médicos, control de cultivos, mapeo del virus del cólera, así como la integración de drones en la respuesta y monitoreo nacional de desastres.

Los primeros estudiantes y profesores de la Academia Africana de Drones y Datos en la presentación del proyecto en Malawi.
Los primeros estudiantes y profesores de la Academia Africana de Drones y Datos en la presentación del proyecto en Malawi. UNICEF

Alrededor de 150 estudiantes recibirán formación para construir y pilotar drones en 2021, de los que 26 estudiantes de toda África se beneficiarán de una beca para sus estudios gracias a los fondos donados por aliados de Unicef. Una de ellas es Anne Nderitu, licenciada en ingeniería aeronaútica de Kenia. «Quiero trasladar el conocimiento que adquiera en este curso y mi formación en drones a proyectos que están ligados al saneamiento de aguas. Me gustaría empoderar a las comunidades urbanas que sufren inundaciones con las imágenes que se puedan recoger de la zona a través de los drones para así tener más información de las condiciones en las que viven y cómo solucionar sus problemas», explica esta estudiante de 25 años, que también ve muy útil esta nueva tecnología para las comunidades nómadas y su acceso a los medicamentos.

Más de la mitad de los estudiantes son mujeres con títulos universitarios en ciencias, tecnología o ingeniería

El plan de estudios se ha desarrollado en colaboración con el Instituto Politécnico de Virginia y la Universidad Estatal (Virginia Tech), quienes vienen trabajando con éxito desde 2017 en Malawi, en la implementación de talleres de capacitación de este tipo. El curso combinará metodologías teóricas y prácticas en la fabricación, prueba y vuelo de drones.

Para 2022, está previsto que la Academia lleve a cabo una maestría en esta tecnología sin coste de matrícula, junto con la Universidad de Ciencia y Tecnología de Malawi (DEBE), asi como un Plan de Estudios para desarrollar la capacidad local y un ecosistema favorable para el surgimiento de modelos comerciales sostenibles para el uso de drones para misiones humanitarias y para el desarrollo.

«El ADDA refleja nuestro compromiso continuo con la aplicación innovadora de tecnología y educación de drones en Malawi y la región de África», asegura Kevin Kochersberger, profesor asociado de Virginia Tech, quien dirigirá el proyecto. «Brindará a los graduados las habilidades necesarias para desarrollar su actividad laboral utilizando aplicaciones de drones en ámbitos que van desde la agricultura y la salud hasta la supervisión de los recursos naturales».

La clase inaugural ha incluido a 16 estudiantes de Malawi y 10 de toda África. Más de la mitad de los estudiantes son mujeres con títulos universitarios en ciencias, tecnología o ingeniería. La segunda promoción comenzará su formación a mediados de abril de 2020. La convocatoria de solicitudes estará abierta hasta el 26 de enero.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/01/15/planeta_futuro/1579092782_199996.html

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La primera escuela de drones en África

África/Malawi/23 Enero 2020/elpais.com

Abrirá en Malawi, de la mano de Unicef y el Instituto Virginia Tech, y quiere ampliar la experiencia en el continente en el uso de esta nueva tecnología con fines humanitarios

En 2021, los drones serán habituales en los cielos africanos. La primera Academia Africana de Drones y Datos (ADDA, en sus siglas en inglés) abrió sus puertas el pasado 13 de enero en Lilongwe (Malawi). La iniciativa busca promover el uso de esta nueva tecnología en programas que impactarán de forma positiva en las vidas de niños y jóvenes. «Los servicios humanitarios y para el desarrollo en África y otros lugares pueden beneficiarse significativamente de su aplicación», aseguró Henrietta Fore, directora ejecutiva de Unicef. «La ADDA será fundamental para equipar a los jóvenes con las habilidades que necesitan para utilizarla en beneficio propio y de sus comunidades».

En 2016 se inició el primer corredor humanitario de África lanzado en Malawi para reducir el tiempo que se necesita para comprobar si los bebés que viven en zonas rurales están contagiados del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Y para seguir este impulso, la academia ampliará la experiencia en el uso de aviones no tripulados con fines humanitarios, para el desarrollo y comerciales en todo el continente a través de un curso de 12 semanas. Desde que se pusiera en marcha esta experiencia, esta nueva tecnología se ha utilizado para la entrega de suministros médicos, control de cultivos, mapeo del virus del cólera, así como la integración de drones en la respuesta y monitoreo nacional de desastres.

Los primeros estudiantes y profesores de la Academia Africana de Drones y Datos en la presentación del proyecto en Malawi.
Los primeros estudiantes y profesores de la Academia Africana de Drones y Datos en la presentación del proyecto en Malawi. UNICEF

Alrededor de 150 estudiantes recibirán formación para construir y pilotar drones en 2021, de los que 26 estudiantes de toda África se beneficiarán de una beca para sus estudios gracias a los fondos donados por aliados de Unicef. Una de ellas es Anne Nderitu, licenciada en ingeniería aeronaútica de Kenia. «Quiero trasladar el conocimiento que adquiera en este curso y mi formación en drones a proyectos que están ligados al saneamiento de aguas. Me gustaría empoderar a las comunidades urbanas que sufren inundaciones con las imágenes que se puedan recoger de la zona a través de los drones para así tener más información de las condiciones en las que viven y cómo solucionar sus problemas», explica esta estudiante de 25 años, que también ve muy útil esta nueva tecnología para las comunidades nómadas y su acceso a los medicamentos.

El plan de estudios se ha desarrollado en colaboración con el Instituto Politécnico de Virginia y la Universidad Estatal (Virginia Tech), quienes vienen trabajando con éxito desde 2017 en Malawi, en la implementación de talleres de capacitación de este tipo. El curso combinará metodologías teóricas y prácticas en la fabricación, prueba y vuelo de drones.

Para 2022, está previsto que la Academia lleve a cabo una maestría en esta tecnología sin coste de matrícula, junto con la Universidad de Ciencia y Tecnología de Malawi (DEBE), asi como un Plan de Estudios para desarrollar la capacidad local y un ecosistema favorable para el surgimiento de modelos comerciales sostenibles para el uso de drones para misiones humanitarias y para el desarrollo.

«El ADDA refleja nuestro compromiso continuo con la aplicación innovadora de tecnología y educación de drones en Malawi y la región de África», asegura Kevin Kochersberger, profesor asociado de Virginia Tech, quien dirigirá el proyecto. «Brindará a los graduados las habilidades necesarias para desarrollar su actividad laboral utilizando aplicaciones de drones en ámbitos que van desde la agricultura y la salud hasta la supervisión de los recursos naturales».

La clase inaugural ha incluido a 16 estudiantes de Malawi y 10 de toda África. Más de la mitad de los estudiantes son mujeres con títulos universitarios en ciencias, tecnología o ingeniería. La segunda promoción comenzará su formación a mediados de abril de 2020. La convocatoria de solicitudes estará abierta hasta el 26 de enero.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/01/15/planeta_futuro/1579092782_199996.html

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La escuela digital llega a los refugiados en Líbano y Malaui

Asia/Líbano/05 Enero 2020/compromisorse

En 2019 ProFuturo ha impulsado el trabajo que de forma pionera realiza desde hace tres años en zonas de conflicto para garantizar el acceso a la educación digital de calidad de niñas y niños refugiados. Este curso, el programa impulsado por Fundación Telefónica y ̈la Caixa ̈ ha llevado la escuela digital al campo de refugiados de Dzaleka, ubicado a 30 kilómetros de la capital de Malawi, y consolidado su actuación en Líbano, donde cierra el año habiendo beneficiado a 1.390 refugiados sirios. En 2020 ProFuturo prevé llevar este modelo de intervención educativa a Jordania, donde trabajará con refugiados iraquíes en contextos de educación informal.

Este trabajo se ha dado a conocer esta semana en Ginebra, donde se celebra el primer Foro Mundial Sobre Refugiados con el objetivo de lograr nuevos enfoques y compromisos a largo plazo por parte de gobiernos, instituciones internacionales, organizaciones del ámbito del desarrollo, empresas y sociedad civil para ayudar a las personas refugiadas y a las comunidades que las acogen.

La educación ha sido uno de los focos de los debates de alto nivel que están teniendo lugar en la capital suiza. De acuerdo a datos de la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que organiza el foro junto a Suiza, Alemania, Costa Rica, Etiopía, Pakistán y Turquía, de los 25,9 millones de personas refugiadas en el mundo, más de la mitad tiene menos de 18 años y 3,7 millones no van a la escuela.

ProFuturo forma parte de un grupo de países e instituciones que impulsan la movilización de recursos y donaciones para promover la inclusión de los refugiados en los sistemas nacionales de educación y ayudar a las comunidades de acogida. En este contexto, ha presentado el trabajo que está realizando en Líbano y Malaui y su contribución para el próximo año a estos proyectos, a los que se sumará Jordania. A finales de 2020, el programa de educación digital de Fundación Telefónica y ̈la Caixa ̈ habrá beneficiado a un total de 3.500 niñas y niños refugiados.

̈El sector privado tiene cada vez más relevancia en las respuestas humanitarias y de desarrollo ̈, ha explicado en Ginebra la directora de Relaciones Internacionales de Fundación Telefónica, Sofía Fernández de Mesa, quien ha recordado que la única manera de crear soluciones educativas sostenibles a largo plazo es a través de medidas colectivas.

Garantizar educación en cualquier contexto

Por eso en 2017 ProFuturo, en colaboración con la Fundación Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), empezó a adaptar su programa de educación digital a contextos de refugiados con un enfoque integral alineado con los principios de la Red Internacional de Educación en Emergencias (INEE). Este nuevo modelo de intervención educativa busca garantizar, tanto en contextos de educación formal e informal, tres pilares fundamentales: el acceso a la educación, la calidad educativa y la resiliencia de los niños y niñas refugiados.

Partimos de la premisa de que, incluso en situaciones de crisis humanitaria, donde lo más urgente es atender las necesidades inmediatas básicas como la alimentación o tener un lugar donde encontrarse seguro, la educación no puede esperar ̈, explica la directora general de ProFuturo Magdalena Brier.

Apoyo educativo a refugiados sirios en Líbano

El modelo se implementó por primera vez con un proyecto piloto en Líbano, donde ProFuturo ha llevado educación digital de calidad a 1.390 niños refugiados sirios. La actividad empezó en un centro de refuerzo escolar ubicado en Bourj Hammoud, un barrio a las afueras de Beirut. Gestionado por el Servicio Jesuita al Refugiado (JRS), el centro atiende a refugiados sirios que ya están inscritos en el sistema educativo público libanés, en el que el idioma y currículo es distinto al de sus países de origen. En horario extra escolar ProFuturo ofrece a los alumnos refuerzo pedagógico, principalmente de idiomas (francés e inglés), y apoyo con los deberes.

En 2018, ProFuturo comenzó a trabajar también en el Valle de la Bekaa, ubicado a pocos kilómetros de la frontera con Siria y donde se han instalado la mayoría de los asentamientos informales de refugiados sirios. En colaboración con la Fundación Kayany y la Universidad Americana de Beirut (AUB), ProFuturo ha implementado su programa en 13 centros de aprendizaje gestionados por varias ONGs para cubrir las necesidades educativas de niños y niñas que no tienen acceso a la formación reglada.

Matemáticas e inglés en Malaui

Ante el dramático aumento del número de personas refugiadas en las últimas dos décadas como consecuencia de conflictos abiertos en el mundo, en 2019 ProFuturo ha ampliado su acción educativa en estos contextos. En septiembre, el programa de Fundación Telefónica y ̈la Caixa ̈ empezó a trabajar en Malaui, donde ha empezado a implementar su propuesta educativa en el campo de refugiados de Dzaleka, que acoge a unas 40.000 personas, en su mayoría procedentes de la vecina República Democrática del Congo.

En colaboración con JRS, el programa se implementa en el único colegio de educación primaria que hay en el campo de refugiados, donde estudian unos 4.000 alumnos. ProFuturo provee equipamiento tecnológico y, a través de capacitación docente y metodologías de enseñanza innovadoras, trabaja para reforzar los conocimientos de matemáticas e inglés de los alumnos de tercero y quinto de primaria durante las horas lectivas. Además, en dos salas contiguas a la escuela, construidas recientemente por la ONG Manos Unidas, ha puesto a disposición de los alumnos contenido digital y materiales interactivos para que puedan reforzar su experiencia de aprendizaje cuando no estén en el aula. En este espacio, también se atiende a personas adultas y a niños y niñas que no acceden a la educación formal. En menos de tres meses ProFuturo ya ha beneficiado a 1.616 niños y niñas en Malaui.

El coordinador del proyecto en terreno, Mwaiwathu Phiri, destaca la importancia de que los refugiados puedan tener acceso a educación digital y a la tecnología que usan niños en otras partes del mundo. ̈Les hace sentirse importantes y les motiva a ir a la escuela. Están deseando tocar las tablets y aprender nuevas habilidades ̈, añade.

Fuente: https://www.compromisorse.com/rse/2020/01/02/la-escuela-digital-llega-a-los-refugiados-en-libano-y-malaui/

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El deporte femenino que arrasa en el África austral

África/Malawi/03 Octubre 2019/El país

En Malawi, el ‘netball’ trasciende a la actividad física y sirve para crear espacios de convivencia y relaciones entre mujeres de distintas edades y comunidades

Al hablar de deporte femenino se tiende a pensar en una actividad minoritaria que, salvo el fútbol, cuenta con poca repercusión social. Sin embargo, hay uno que arrasa en el África austral: el netball. En Malawi es el más practicado entre las mujeres, y la selección nacional femenina, llamada The Queens, es una institución dentro y fuera del país. En un contexto en el que una mujer tiene una media de cinco hijos y donde el 25% de los nacimientos son de madres adolescentes, practicar este deporte implica una forma de relacionarse entre ellas y de generar espacios donde pueden empoderarse y hablar de temas que en otros contextos serían tabú.

El netball es un deporte similar al baloncesto muy extendido entre los países de la Commonwealth. Con equipos de siete jugadoras que tienen que ir pasándose el balón, sin poder botar en el suelo, hasta que las tiradoras puedan colarlo en la canasta del equipo contrario, situada en un extremo del campo. Es eminentemente femenino, y aunque en los últimos años se han ido creando equipos masculinos o mixtos, lo practican sobre todo mujeres y la media de las jugadoras de la selección nacional es de 31 años. En el último campeonato mundial, celebrado en julio en Liverpool, Malawi quedó en sexta posición. Según datos de la ONU, Malawi es el sexto país más pobre del mundo, con más de la mitad de la población bajo el umbral de la pobreza.

A lo largo del país es muy frecuente encontrar campos de netball en las escuelas y aldeas, y a grupos de mujeres o niñas jugando un partido improvisado sobre la tierra roja y polvorienta. Lo practican jóvenes y mayores, desde monjas a estudiantes o madres de familia, y es de los pocos momentos en que cambian el tradicional vestido chitenje por un pantalón.

La integración social en las comunidades

Con esta idea presente, cuando las mujeres de las comunidades tradicionales de Kachere y Kaphuka, en el distrito de Dezda, intentan organizar una actividad en común, todas coinciden en que quieren tener un espacio de ocio y jugar al netball. Mujeres de pequeñas aldeas, que viven de la agricultura, y prácticamente todas madres de familia, se reúnen durante varias semanas para establecer unas reglas comunes de juego y fijar un día para un campeonato, pensando también en poder organizar una liguilla a lo largo del año. Para ellas es un aliciente para tener un espacio propio, una excusa para juntarse con otras mujeres. Algunas juegan mejor, otras son más altas o más jóvenes y tienen más energía, pero da igual. Lo que les interesa aquí es la relación que se va creando entre comunidades, que trasciende más allá del equipo y sirve para atajar posibles conflictos.

El público salta al campo para celebrar un tanto marcado por el equipo de Mlinga, en Malawi.ampliar foto
El público salta al campo para celebrar un tanto marcado por el equipo de Mlinga, en Malawi. R. PERIAGO

En el campo de la escuela de primaria de Mtendere se reúnen unas 200 jugadoras procedentes de Mlinga, Mkantho, Nthulo, Mgundadzuma, Mtande, Ntakati y Mtendere, las siete comunidades que se van a ir enfrentando en diferentes partidos a lo largo de toda la jornada. Faltan las de Nthulo, que no han podido asistir porque les coincide con un funeral en la aldea ese día. Todas vienen andando desde sus pueblos, cargando a la espalda los bebés y sobre la cabeza los útiles para cocinar, esterillas y lo que van a necesitar durante la jornada. El campo de césped y tierra enseguida se va llenando de gente que se acomoda en el suelo, en los soportales de la escuela y a la sombra de un gran árbol.

Con el apoyo logístico de una ONG española, mujeres de diferentes edades, con numerosos bebés y niños pequeños, se juntan para jugar, pero también para animar a los equipos, cocinar y pasar un día en común con otras de aldeas cercanas, con las que van creando vínculos. Jennifer y Mele son de las jugadoras más jóvenes. Tienen 20 años y ambas son de Mlinga. “Estoy muy feliz con esta experiencia”, cuenta Jennifer mientras da de mamar a uno de sus hijos. “El netball hace que mi cuerpo esté más fuerte”.

La salud es el argumento principal que esgrimen cuando se les pregunta por este deporte. En un contexto donde la medicina tradicional convive con los hospitales y donde por cada mil habitantes hay 0,02 médicos, cuidar el cuerpo no es solo por razones de estética, sino para evitar enfermedades. Según datos del Banco Mundial, un 4,4% de las mujeres entre 15 y 24 años en Malawi son portadoras de VIH, una dolencia que, pese a que el Estado financia antirretrovirales, sigue causando unas 13.000 muertes al año, aunque la incidencia ha ido bajando. También justifican el practicar deporte porque así se mantienen ocupadas. “Jugamos para evitar estar bebiendo cerveza y otros vicios”, señala Esintha, de 32 años, con cuatro hijos y de Nkantho.

Cánticos y gritos en lengua chichewa animan a los equipos en un ambiente latente de rivalidad entre pueblos vecinos, porque a nadie le gusta perder. Emilda Khulungira tiene 37 años y es la entrenadora del equipo de Mgundadzuwa. Ha ido anotando en un cuaderno todos los tantos marcados y los fallos cometidos durante los partidos: “Intento enseñarles las reglas del netball, cómo jugar, cómo tocar la pelota y hacer jugadas mejores”, se justifica. “Estoy un poco triste porque hemos perdido, pero llevamos entrenando solo dos meses”, señala.

Después de más de tres horas de partido, al que apenas unos pocos hombres se han acercado curiosos, se las nota cansadas tras una eliminatoria amenizada por los bailes y cantos del público. Durante la competición, algunas dejan la camiseta para amamantar a sus bebés y luego vuelven a ponérsela para retornar al campo. Todas animan a sus compañeras, varias cocinan, y más tarde, recogen las cosas para regresar caminando a sus casas. Sin embargo, no se van con las manos vacías: aunque el balón se lo quedan las jugadoras del equipo anfitrión para los próximos partidos, todas han conseguido crear por unas horas un espacio de convivencia y entretenimiento.

Fuente e imagen: https://elpais.com/elpais/2019/09/24/planeta_futuro/1569334038_227402.html

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