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Crisis educativa: un reto social

Por: Pedro Flores

Las tres crisis que enfrentamos (sanitaria, educativa y económica) están íntimamente ligadas. Ésta puede ser una conclusión al leer los resultados de la Encuesta para la Medición del Impacto Covid 19 en la Educación, (Ecovid-Ed 2020), que publicó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el pasado martes 23.

La encuesta tuvo como propósitos conocer bajo qué condiciones los estudiantes concluyeron el ciclo escolar pasado (2019-2020), con qué medios cuentan en éste (2020-2021) y qué apoyos tuvieron al trasladar la escuela a la casa a partir del confinamiento por la pandemia. Tristemente, un poco más de 738 mil estudiantes no concluyeron el ciclo escolar pasado y de éstos, 435 mil (59%) declararon un motivo relacionado con Covid. Según Inegi, 29 por ciento de éstos perdió contacto con sus maestros o no pudo hacer la tareas. ¿Quién asumirá la responsabilidad de esto? ¿Debe el Estado asumir la acreditación de todos los excluidos del Sistema Educativo Nacional?

En tiempos en donde los gobiernos con entusiasmo declaran la obligatoriedad para cursar la escuela o la universidad, ahora sabemos —gracias al Inegi—, que 5.2 millones de personas de 3 a 29 años no se inscribieron al actual ciclo escolar por razones atribuidas al Covid y a la falta de recursos (2.3 y 2.9 millones, respectivamente). Si a esto le agregamos los 3.6 millones que no se registraron por “tener que trabajar”, pues en México tenemos un nivel de exclusión escolar del tamaño de Austria (8.8 millones).

¿Cómo utilizará el pueblo “bueno y sabio” esta información para exigirle al gobierno mexicano que cumpla con el “principio” de “no dejar a nadie atrás” ni a “nadie afuera”, como estableció su Programa Sectorial de Educación 2020-2024? ¿Ya está en marcha algún plan para enfrentar de manera efectiva el desequilibrio causado por la exclusión?

Eso esperamos. La Secretaría de Educación Pública podría revisar los datos que con rigor técnico recabó el Inegi en 5,472 viviendas y que son representativos para la población de 3 a 29 años (54.3 millones). Pero más allá del número o de las proporciones está el razonamiento humano. Del total de los 2.3 millones que no se inscribieron al ciclo escolar por Covid, 615 mil personas (26%) reconocieron que las clases eran “poco funcionales” para el aprendizaje. ¿O sea que uno puede elegir salirse del sistema educativo al no verle utilidad bajo ciertas condiciones? Si ya había evidencia —gracias a la investigación educativa— de que la vida escolar podía aburrir por ser poco pertinente para los sujetos, imagínense estar todo el tiempo en casa y sentados frente a una pantalla. La mala pedagogía también genera exclusión y para esto no sirve ni el dinero repartido en becas ni el otorgado a las empresas de medios.

Ante la nueva crisis educativa, centrémonos en las necesidades reales de las personas. Una vez dotando a todos de las condiciones y recursos necesarios, reconozcamos que el aprendizaje –no el certificado ni el puntaje– está en el centro de la preocupación social. De ahí que las madres hayan apoyado en gran medida el trabajo escolar de sus hijos en casa y también haya “mucha disponibilidad” en más de la mitad de la población por asistir a clases presenciales cuando el gobierno lo determine. Vaya reto social.

Investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro (FCPyS).

 

Fuente:  http://www.educacionfutura.org/crisis-educativa-un-reto-social/

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¿Regresar a la escuela como si nada?

Por: Rogelio Javier Alonso Ruiz* 

Pareciera que regresar a clases presenciales es tan fácil como abrir los portones de las escuelas. Se mencionan plazos para reactivar las labores educativas presenciales sin que, de por medio, se den a conocer planes específicos para un reto tan grande como el que se viene. Sin afán de desestimarla, se alude a la vacunación del personal educativo como la llave para el regreso a la “normalidad” de las escuelas, eclipsando a muchas otras aristas de la reanudación presencial de las actividades escolares. ¿No habrá que planear algo más que la implementación, sin duda importante, de medidas sanitarias? Da la impresión de que bastaría que el alumno llegue a su butaca y reanude, como si nada, las actividades escolares presenciales que dejó pausadas desde el año pasado.

Recientemente, el Banco Mundial publicó el documento “Actuemos ya para proteger el capital humano de nuestros niños: los costos y las respuestas ante el impacto de la pandemia de COVID-19 en el sector educativo de América Latina y el Caribe”. No es que sea tan necesario voltear a ver el informe de un organismo internacional para advertir los inminentes estragos educativos que dejará a su paso la pandemia. No debería ser lo señalado en el texto motivo para adoptar acciones de entornos ajenos al mexicano, ni mucho menos para exigir el regreso a clases sin la mínima mesura. Sin embargo, el conjunto de experiencias y recomendaciones referidas en el texto llevan a preguntarse si en nuestro país se ha preparado suficientemente el regreso a clases, cuando sea que éste se vaya a dar.

El debate sobre el regreso a clases se ha centrado, sobre todo, en temas como la vacunación del personal educativo o la infraestructura escolar; nadie podría regatear su importancia, pero acaparan la atención en detrimento de otros asuntos igualmente relevantes. Desde luego que no es deseable que las decisiones para el retorno escolar sean enteramente centralizadas, pero hay medidas importantes que sin duda corresponden a la autoridad federal y, hasta el momento, no hay mayores detalles sobre ellas.  Otras decisiones, concernientes a los gobiernos locales o incluso a las autoridades educativas y escolares, parece que no han sido suficientemente discutidas.

Poco o nada se ha dicho, por ejemplo, de la necesaria simplificación del currículo, que ya en otros países, como Chile, se enfoca fundamentalmente en ciertas áreas prioritarias: si se ha de salvar algo, que sea lo más importante. No hay claridad sobre mecanismos de apoyo adicionales para aquellos alumnos con mayores afectaciones de aprendizaje durante la pandemia: en Reino Unido se optó por reincorporar voluntariamente a docentes retirados para actuar en programas de remediación. Tampoco se ha explicado suficientemente cómo va a funcionar el modelo híbrido ni sobre qué referente se aplicará la evaluación diagnóstica que, en la reapertura, deberán realizar los docentes. Si bien debe considerarse la autonomía de gestión de cada centro escolar, ¿asuntos como los mencionados quedarán sujetos sólo a las posibilidades de cada escuela? ¿Seguiremos apelando al compromiso y esfuerzo particulares de docentes y escuelas para sortear el reto que se viene?

Es pues necesario enriquecer el debate sobre el regreso a clases: no sólo poner el acento en el cuándo, sino también en el cómo y en el para qué. No sólo escuchar a los políticos, académicos y líderes de opinión, sino también a los maestros, padres de familia y alumnos. Debemos evitar una discusión que se esfuerce por señalar los riesgos del trabajo educativo a distancia, pero soslaye simultáneamente las condiciones actuales de las escuelas.  No debemos regresar a las aulas como si nada, creyendo que un cubrebocas es suficiente para reanudar y recuperar lo que hace un año se detuvo. Sería una desgracia que, cuando se llegue el momento, fingiéramos volver a una escuela, como esa que está en la mente de la Secretaría de Educación Pública, en la que nueve de cada 10 alumnos aprendieron en casa.

*Rogelio Javier Alonso Ruiz. Profesor colimense. Director de educación primaria (Esc. Prim. Adolfo López Mateos T.M.) y docente de educación superior (Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima). Licenciado en Educación Primaria y Maestro en Pedagogía.  

 

Fuente: http://www.educacionfutura.org/regresar-a-la-escuela-como-si-nada/

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México: Alumnos, dispuestos a regresar a clases presenciales pero condiciones no son favorables

Por: Irvin Tapia

De acuerdo con los datos obtenidos en la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación (ECOVID-ED), realizada por el Instituto Nacional del Estadística y Geografía (INEGI) en el periodo del 23 de noviembre al 18 de diciembre, se identificó que existe una importante disponibilidad por parte de los estudiantes en México, para regresar a clases presenciales en el presente ciclo escolar si el gobierno, así lo permite.

De acuerdo con el INEGI, la encuesta tuvo una cobertura nacional e incluyó la opinión de 11,080 personas de una muestra de 54,3 millones de personas de entre 3 y 29 años de edad. De acuerdo con los datos recabados vía telefónica, el 70.3% de los estudiantes de entre 3 y 5 años muestran disponibilidad por regresar a clases presenciales. En el caso de los estudiantes de 6 a 12 años corresponde a un 78.7% en el nivel de disponibilidad. Los estudiantes de entre 13 a 18 años representó el segmento mayor de disponibilidad con un total de 79.5%, y finalmente en el caso de los estudiantes situados en el rango de entre 19 a 29 años correspondió a un 72%.

Así mismo, la encuesta arrojó que en el periodo escolar 2020-2021 se inscribieron un total de 32.9 millones de estudiantes. Sin embargo, 5.2 millones de niños y jóvenes quedaron fuera de las aulas virtuales en el presente ciclo escolar. Las causas identificadas se asocian a que los estudiantes consideran que las clases a distancia son poco funcionales para el aprendizaje, o bien, por escasez de recursos económicos y problemas ocasionados por la COVID-19.

Por otra parte, la economía de las familias en el país tiene un impacto en la disponibilidad de recursos tecnológicos para acceder a clases virtuales. En este sentido, la encuesta demuestra que el 65.7% de los estudiantes utilizó un teléfono inteligente para tomar clases a distancia, el 18.2 % lo hizo a través de una computadora portátil, el 7.2% mediante una computadora de escritorio, el 5.3 con una televisión digital y el 3.6% con una tablet.

Los datos arrojados por la encuesta ECOVID-ED, reflejan que la conjugación de las carencias de acceso a recursos tecnológicos por dificultades en la economía familiar, el desenganche con la educación virtual y el nulo aprendizaje en la percepción de los estudiantes durante este periodo de contingencia sanitaria, ha impactado la opinión de los estudiantes del sistema educativo nacional para el regreso a clases presenciales.

Es importante recordar que actualmente, tres estados se encuentran en semáforo verde, 21 en amarillo, 8 en naranja y ninguno en rojo. Ante este panorama, podría visualizarse un pronto regreso a clases, sin embargo, las autoridades educativas han reiterado que el regreso a clases presenciales se realizará, cuando los estados del país se encuentren en semáforo verde.

Fuente e imagen: http://www.educacionfutura.org/alumnos-dispuestos-a-regresar-a-clases-presenciales-pero-condiciones-no-son-favorables/

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¿Chelas sí, pupitres no?

Por: Manuel Gil Antón 

¿Cómo es posible que estén abiertas las cantinas y las escuelas no? ¿Es la prioridad que tiene el gobierno? ¿No importa más la educación que las cubas y el cubilete?

Expresiones semejantes circulan en los medios de comunicación. El contraste, así expuesto, es un escándalo. No hay quien, en su sano juicio, esté de acuerdo en abstracto con esta preferencia, pero la comparación no es válida.

La preocupación por el aprendizaje y la estabilidad emocional de los “parroquianos” de los espacios educativos es incuestionable. El efecto del confinamiento en casa, cuando ha sido posible, es múltiple y negativo. La complejidad del retorno a las aulas merece un análisis menos superficial: si es necesario hay que hacerlo bien.

Se suele partir de un supuesto falso: los niños brotan en las escuelas. Ahí están como si no hubieran ido de su domicilio a la escuela. La movilidad asociada al arribo y salida de los planteles se pasa por alto. Es enorme: 35 millones de estudiantes de todos los grados se trasladan diario a clases, más 2 millones de docentes y personal administrativo. Equivale al 30% de la población. Si añadimos a 12 millones de personas que acompañan a quienes lo requieren por su edad o condición, son casi 40% del total. ¿Cuál es el impacto, en la movilidad y su consecuente carga en los medios de transporte, así como en la reducción de la sana distancia que esto acarrea? Gigantesca. Incomparable a la que se produce en el traslado a fondas, restaurantes o antros.

El cierre de las escuelas en México, y en todo el mundo, no derivó de que en ellas hubiese una tasa de contagio mayor que en otras actividades. No. La razón es que era, y es, el mecanismo más eficaz para reducir de manera significativa la movilidad y, eso sí, cortaba en buena medida la contigüidad que favorecía la transmisión del virus.

En consecuencia, y dada la persistencia hoy de altas tasas de contagio, los ejes elementales de la planeación y proceso de retorno paulatino a las aulas son, creo: los diferentes índices de aumento en la movilidad dada la diversidad del país, las condiciones adecuadas en los planteles en cuanto a espacio, recursos de higiene y ventilación, y la protección de las y los docentes y empleados, sobre todos los mayores, con la vacuna, y la misma con respecto a quienes rebasan los 60 en el entorno familiar de quienes asistan.

¿Se puede? Sí, de manera diferenciada de acuerdo al contexto de la escuela y las modalidades del arribo y retiro de alumnos y personal. ¿Qué se requiere? Modificar el nivel de observación de esas condiciones (no tener como referencia el semáforo estatal, sino la situación de regiones específicas que rebasan los límites entre entidades), propiciar el intercambio de pareceres entre el personal docente, directivos y los padres de familia, para diseñar distintas formas adecuadas, seguras y paulatinas de retorno a los patios e instalaciones escolares, o a otros lugares abiertos que permitan el reencuentro y la continuidad del lazo social y pedagógico que la educación implica.

¿Cómo? Dar la palabra, y la iniciativa apoyada por las autoridades de salud, a quienes conocen las condiciones y contextos de sus escuelas. Los regresos serían variables, con modalidades diferentes. Sí. Pero más seguros, inteligentes y atentos a lo posible, que los derivados por las autoridades desde su escritorio. De nuevo: escuchar la voz de los que saben, en lugar de imponer soluciones equivocadas, quizás, esas sí, acordadas por los funcionarios en la mesa de un bar.

 

Profesor del CES de El Colegio de México.
mgil@colmex.mx
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USICAMM: Fracaso digital y sobredosis de estrés para el maestro

Maestra Erica Franco Lavín

  Una travesía maratónica ha representado el acceder a las plataformas digitales de la SEP vinculadas a la promoción horizontal y Vertical que plantea la USICAMM, este burocratismo digital ha sometido a los docentes a un estrés y desgaste físico y emocional, el derecho legítimo que todo maestro tiene para buscar que sus condiciones salariales mejoren y con ello garanticen un nivel digno de vida, se ve diluido por las fallas en los procesos que las autoridades diseñaron.

El problema de raíz radica en las contradicciones del discurso, la normatividad y la operatividad. El discurso se ha centrado en una revalorización que solo queda en abstracción, los titulares de la SEP usan la retórica para convencernos de que hoy nuestra labor es reconocida por parte de las autoridades, padres y madres de familia y la sociedad en general, pero esto no se traduce en el reconocimiento de la precariedad de los salarios de docentes o en los miles de maestros que se encuentran sin pago, y no menos importante,  el trato indigno a jubilados y pensionados que se ha dado.

 Cuando  el discurso se agota, viene la falacia de la ley y normatividad, porque aunque se estipula  en la Ley General del Sistema para la carrera de maestros y maestras, artículo 1, apartado III, que al pie dice “Revalorizar a los maestros y maestras como profesionales de la educación con pleno respeto a sus derechos”, justamente en esta travesía llamada Admisión, Promoción Horizontal y Vertical, es donde los derechos de los maestros siguen siendo pisoteados, pues aun teniendo una  trayectoria impecable y de un gran compromiso como docentes,  reuniendo todos los documentos académicos y laborales que lo respaldan, su derecho a participar en el proceso se ve truncado por las fallas técnicas de una plataforma digital,  caracterizada por trámites  impersonales y que ante cualquier  problema, error,  u omisión, nadie responde.

 La operatividad de la USICAMM y la plataforma Venus han sido el dolor de cabeza para millones de docentes en las últimas semanas, día a día miles de quejas se replican en redes sociales y en las charlas de los maestros; dudas que  ninguna autoridad educativa responde, problemas que nadie soluciona. Entre la ineficacia, ineptitud y deficiencia, entre silencios y evadiendo las responsabilidades, de manera escurridiza intentan esconderse los responsables y titulares de estas instituciones; es inconcebible que un docente tenga que dedicar horas, días o semanas completas intentando acceder a una plataforma donde parece ser la suerte la que determina poder ingresar, registrarse como usuario,  pre-registrarse para la promoción,  agendar cita, validar documentación, generar sus comprobantes  y de esta manera conservar la esperanza de pasar a una siguiente fase para continuar con el proceso y  lograr el incentivo.

Ante este mar de incertidumbres, son los mismos maestros los que se escuchan y se responden, son ellos  los que  intentan guiar a otros y darles soluciones de acuerdo a su experiencia, es la empatía la que prevalece y se traduce en solidaridad; en un principio los mensajes entre compañeros era “intenta  y no te desesperes, hasta que la plataforma te deje acceder”, se daban ánimos para que no se quedaran en el camino o abandonaran la tarea, pero al paso de los días los problemas se hicieron mayores, se entrelazaron tres procesos, Admisión,  promoción Vertical y Horizontal, todos con fallas de dimensiones ya insostenibles.

Algo es más que evidente, los  maestros   no merecen un trato así, es necesario que exista una verdadera congruencia entre el discurso y las leyes que se emiten; si en  la Ley General del Sistema para la carrera de maestros y maestras se plasmó que sus disposiciones eran con el fin de garantizar un salario profesional digno que permitiera a los maestros del Estado alcanzar un nivel decoroso para ellos y su familia, que disfrutaran una vivienda digna y así también dispusieran del tiempo necesario para la preparación de las clases que impartan y realicen actividades destinadas a su desarrollo personal  y profesional, hoy el USICAMM no parece estar a la altura de lo que ahí se plantea.

  Hasta ahora los procesos tienen un sello común, son excluyentes, ineficaces, generan burocratismo digital, siguen siendo unilaterales, sin ningún mediador que garantice que los derechos de los maestros y maestras serán defendidos ante cualquier anomalía u omisión por parte de la autoridad o las fallas de las plataformas digitales. La experiencia dentro del proceso resulta agobiante, extenuante, con una sobredosis de estrés, los docentes son considerados  entes pasivos y sin oportunidad de aclaración o réplica, efectivamente se ha quitado lo punitivo de la ley, pero todavía queda mucho camino por andar para lograr que los maestros y maestras de México puedan hacer valer su derecho a una retribución salarial digna por la  gran labor educativa que realizan.

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Libro: «Cartas a las madres», homenaje a las colectivas de madres de desaparecidas y víctimas de feminicidio

Reseña: UNAM

 

Cartas a las madres es un libro de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial, la Cátedra Nelson Mandela de Derechos Humanos en las Artes y la Cátedra Rosario Castellanos de Arte y Género. La coordinación estuvo a cargo de Julia Antivilo; la ilustración, de las artistas de Producciones y Milagros Agrupación Feminista, y el diseño, de Fernanda Zendejas, del Laboratorio Curatorial Feminista (LCF). Cartas a las madres se integra por los textos finalistas del concurso “Cartas a las madres de hijas desaparecidas y víctimas de feminicidio”, que fue convocado en mayo de 2020 por la artista Mónica Mayer, el LCF, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), la Cátedra Nelson Mandela y la Cátedra Rosario Castellanos. Cabe mencionar que este certamen está inspirado en la pieza de Mayer “Carta a mi madre” (1987), cuyo espíritu sigue vigente.

A lo largo de las siete misivas contenidas en el breve pero significativo volumen, “se les hace saber a las colectivas de madres de hijas desaparecidas y asesinadas que son nuestras ídolas, que admiramos su valentía y su insistencia infranqueable, y que las acompañamos en su lucha”. Entre las autoras se encuentran Andrea Casas Herrera, Francesca Gargallo Celentani, Gabriela Huerta Tamayo, Iliana Hernández, Margarita Robles, Natalia Stengel Peña, Vanessa Hernández Reyes y Esmeralda González Aquino.

Todas ellas se valen de la epístola para construir un discurso íntimo, sensible y respetuoso en torno a un tema que nos lastima a todas y a todos: las desapariciones y feminicidios de mujeres y niñas mexicanas. Así, la comunidad lectora encontrará en este libro un homenaje a la labor de las madres cuya pugna tenaz y amor inconmensurable las han convertido en “investigadoras, casi peritos”, en buscadoras incansables de justicia en un contexto de impunidad.

Cartas a las madres no se comercializará, al contrario: la distribución de ejemplares impresos, así como el acceso a la versión digital, será gratuita. Por ello, esta poderosa obra se encuentra hoy en acceso abierto a través del siguiente enlace de Libros UNAM Open Access: http://www.librosoa.unam.mx/handle/123456789/3179

A causa de las condiciones sanitarias, las entidades organizadoras llevarán a cabo una performance titulada Apapacho estético, que será realizada por la artista Mónica Mayer y la Brigada de Belleza Itinerante, y consistirá en entregar los volúmenes a las colectivas de madres, razón de este proyecto y destinatarias de las palabras impresas. Adicionalmente, la publicación acompaña una iniciativa paralela del CCUT: Árbol de Correspondencias

https://tlatelolcounam.mx/arbolccut, que aspira a la reflexión y la comprensión a través de cartas en distintos formatos.

Fuente: UNAM Global

Foto: ZonaDocs

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