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ESTADOS UNIDOS Las universidades de la Ivy League luchan con los lazos con la esclavitud y el racismo

América del Norte/EEUU/

Varias universidades de la Ivy League están llegando a un acuerdo con sus conexiones con la esclavitud a medida que las protestas de Black Lives Matter barren la nación. 

Instituciones como Penn , Yale y Princeton tienen vínculos profundamente arraigados con la esclavitud y otras prácticas discriminatorias, lo que lleva a los estudiantes a llamar a sus escuelas para abordar y denunciar su pasado.

El sábado por la tarde, la Universidad de Princeton anunció que el nombre del ex presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson será eliminado de su escuela de política pública y de su universidad residencial debido al «pensamiento y políticas racistas» de Wilson. 

Se cree que Wilson, un segregacionista y graduado de Princeton en 1879, apoyó las ideas del Ku Klux Klan, informó The Washington Post . Durante su mandato como presidente, supervisó la reasignación de muchas agencias del gobierno federal, informó Vox . 

WEB Du Bois, quien llegó al Departamento de Sociología de Penn en 1896 para llevar a cabo su investigación innovadora sobre los vecindarios negros en Filadelfia, escribió en una carta abierta de 1913 a Wilson que, «ni un solo acto ni una sola palabra tuya desde la elección le ha dado a nadie razón para inferir que tiene el más mínimo interés en las personas de color o desea aliviar su intolerable posición «. 

Princeton rechazó previamente las demandas de eliminar el nombre de Wilson de la universidad residencial y la escuela de política en 2016, meses después de que casi doscientos estudiantes ocuparon la oficina del presidente de la Universidad Christopher Eisgruber durante una sentada de 33 horas , exigiendo que Princeton mejore las experiencias sociales y académicas de las personas de color ⁠— particularmente los de los estudiantes negros. 

En su declaración, Eisgruber escribió que la Junta de Síndicos de la Universidad de Princeton reconsideró su decisión de mantener el nombre de Wilson debido a la renovada atención a la historia del racismo en los Estados Unidos, provocada por las protestas a nivel nacional por los recientes asesinatos policiales de George Floyd, Breonna Taylor, y muchos otros individuos negros.

La Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales Woodrow Wilson de Princeton y Wilson College pasarán a llamarse Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de Princeton y First College, respectivamente. 

Al igual que las demandas de Princeton, los estudiantes de otras instituciones de la Ivy League han estado pidiendo a sus escuelas que vuelvan a abordar sus lazos históricos con las prácticas racistas, con la esperanza de afectar el cambio actual.    

Después de que Ann Coulter, experta en medios de comunicación de extrema derecha, declarara que el homónimo de Yale, Elihu Yale, era propietario y comerciante de esclavos en un artículo de opinión del 17 de junio , las llamadas a «#CancelYale» se extendieron rápidamente a través de las redes sociales. 

La demanda surgió por primera vez en el sitio web del tablero de anuncios 4chan el 10 de junio como una forma de abaratar la marca de la universidad en gran medida liberal, informó Yale Daily News . Después del artículo de opinión de Coulter, personas de todo el espectro político se unieron para cambiar el nombre de Yale para tomar represalias contra los lazos del homónimo con la esclavitud o para burlarse de los opositores políticos y cancelar la cultura.

El presidente de Yale, Peter Salovey, dijo a Yale Daily News el 25 de junio que la Universidad no está considerando cambiar su nombre.

Al igual que Yale, Penn ha sido criticado por sus conexiones con la esclavitud. 

En 2018, los estudiantes del estudio independiente Penn & Slavery Project , supervisado por la profesora de historia Kathleen Brown, presentaron evidencia que vinculaba a varias de las principales figuras de la Universidad con la participación en el comercio de esclavos, y también mostraron los beneficios financieros que Penn obtuvo del trabajo esclavo

Si bien no hay evidencia de que Penn haya tenido esclavos, a través de los registros de impuestos a la propiedad y la investigación de archivo, el Proyecto proporciona información que sugiere que los miembros del Consejo Directivo del siglo XVIII y los miembros de la facultad de la Universidad poseían personas esclavizadas. 

La presidenta de Penn, Amy Gutmann, escribió en una declaración del 28 de junio de 2018 que 75 ex administradores de la Universidad eran dueños de esclavos, incluido el primer rector de Penn, William Smith. Penn también pagó a un profesor por el trabajo de su esclavo y envió a miembros de la facultad para recaudar dinero para la Universidad de las familias propietarias de esclavos.

El estudiante de último año de Rising College, Dallas Taylor, gerente del proyecto Penn & Slavery Project, dijo que George Whitefield, quien tiene una estatua en el Quad, fue un defensor de la institución de la esclavitud. Taylor cree que la estatua debe ser derribada.

Whitefield hizo campaña por Georgia para permitir la esclavitud dentro de la colonia en la década de 1740 después de darse cuenta de que beneficiaría a su negocio de orfanatos y a la colonia en general, según el Proyecto Penn & Slavery.

«[Whitefield] prácticamente recuperó la esclavitud en el mapa de Georgia», dijo Taylor.

Taylor dijo que el Proyecto Penn & Slavery presionó a la Universidad al descubrir sus asociaciones con la esclavitud, y agregó que las conexiones son «alucinantes». 

En medio de las demandas a nivel nacional para eliminar los símbolos de la supremacía blanca , Police Free Penn ha pedido recientemente a la Universidad que elimine todas las estatuas, retratos, monumentos y nombres de edificios del campus que retraten a las personas que alguna vez estuvieron involucradas o respaldaron la violencia contra negros, indígenas, asiáticos, y personas latinx, decía la declaración pública de Police Free Penn. La declaración también exige la abolición de las fuerzas policiales del campus y la desinversión de la Fundación de la Policía de Filadelfia, entre otros. 

Más de 14,000 personas han firmado una petición , que se creó el 31 de mayo, exigiendo que Penn ponga fin a su relación con las fuerzas policiales locales militarizadas y reformar los aspectos de las medidas policiales de la Universidad en el campus. 

Fuente: https://www.universityworldnews.com/post.php?story=20200704154057976

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Las becas a jóvenes excluidos y el panorama de la Educación Superior

Por Rogelio Javier Alonso Ruiz*

México enfrenta problemas significativos de asistencia escolar, sobre todo en los extremos del trayecto educativo obligatorio. Según el INEE (2018, p. 346) se fueron de la escuela 1,287,875 alumnos, de primaria a bachillerato, durante el ciclo escolar 2016-2017. Considerando que en aquel entonces el calendario escolar constaba de 200 días, cada jornada dejaban de estudiar, en promedio, 6,439 niños y jóvenes. De esa magnitud es el abandono escolar. Fenómenos como éste, en los niveles educativos mencionados, hacen que la asistencia a instituciones de educación superior sea poco probable para la mayoría de los estudiantes mexicanos. Lo anterior se ve concretado en el hecho de que, por cada 100 alumnos que ingresan a primaria, sólo 24 egresen de licenciatura (SEP, 2018. p 12).  Ante esta situación, ha surgido del gobierno federal el programa Jóvenes construyendo el futuro, que se fundamenta en datos como los mencionados. 

Existe un bajo índice de asistencia escolar por parte de los jóvenes de 18 a 24 años. A nivel nacional, este grupo de población, con edad típica para cursar el nivel superior, registra una asistencia de apenas 32.2%. Buena parte de estos jóvenes, aunque quisiera, no tendría la posibilidad de ingresar al nivel superior, al carecer del antecedente para cursarlo (educación media superior). Los cálculos de la OCDE (2019) coinciden en que la mayoría de mexicanos de esa edad se encuentran fuera de la escuela. De hecho, el promedio de asistencia escolar mexicano, de 37.8%, se sitúa muy por debajo de la media de la organización (52.6%) y aún más de países como Holanda o Alemania (65.3% y 62.2%, respectivamente). De acuerdo con los cálculos de la OCDE, del 62.3% de jóvenes mexicanos que no estudiaban, 40.7% se encontraba trabajando, mientras que el 21.6% se encontraba desempleado o inactivo.  A este último grupo se le ha conocido en nuestro país con el término ninis (ni estudian, ni trabajan), mote utilizado frecuentemente con énfasis despectivo. 

El rezago en la atención escolar a jóvenes con edad idónea para la educación superior es considerable. No obstante que de 2012 a 2018 la matrícula de este nivel se incrementó 19%, esto no ha sido suficiente para lograr niveles aceptables de asistencia para una población que, en el mismo lapso, creció apenas 1.8%. Dicho de otra manera, la acelerada oferta educativa no ha logrado alcanzar al ya desacelerado crecimiento demográfico juvenil. Aún hay una larga brecha entre ambos.

Al revisar la estadística oficial (SEP,2018, p. 12), se advierte otro factor riesgoso para la atención educativa de la población juvenil mexicana: la disminución de escuelas. En este sentido, pese a que, como ya se dijo, se incrementó la matrícula en el periodo 2012 a 2018, en ese mismo lapso los planteles de educación superior registraron una reducción de 18.6%. Resulta extraño que, con menor cantidad de escuelas, se haya logrado aumentar la cantidad de estudiantes. ¿Qué significará esta contradicción? ¿Un nivel de ocupación mayor de los planteles de educación superior? ¿Cada vez menos espacios disponibles en estas instituciones?

De acuerdo a las proyecciones de la Comisión Nacional de Población (CONAPO, 2019) apenas en 2017 se alcanzó el nivel máximo de población con edad típica para la educación superior. Esto podría representar un elemento a favor para, en el mediano plazo, el mejoramiento de la tasa de asistencia. Sin embargo, el antecedente de la educación preescolar indica que esto no necesariamente ocurrirá: a pesar de su obligatoriedad a partir del ciclo escolar 2002-2003, los niveles de atención a la población con edad idónea para cursarla se han estancado entre 70.7% y 71.8%, de 2012 a 2018, respectivamente, no obstante que la población infantil de 3 a 5 años se contrae desde hace más de dos décadas. Así pues, la obligatoriedad marcada constitucionalmente (que no es el caso de la educación superior) y la contracción de su población objetivo no son suficientes para lograr niveles de asistencia escolar aceptables. 

Pasando al plano laboral, son considerables las adversidades a las que, según el INEE (2019, p. 469) se enfrentan los jóvenes de 15 a 29 años que no concluyeron el nivel superior: los egresados de estudios superiores logran una tasa de ocupación de 72.9%, muy superior a los que tienen escolaridad de educación básica (43.7%) o media superior (52.7%). En relación al salario, quienes concluyeron la educación superior tienen ingresos de casi el doble (89% más) que los de escolaridad básica y 61% más que los de media superior. Así pues, la inasistencia al nivel superior afecta ampliamente las posibilidades de encontrar un trabajo o percibir buenos ingresos. Se cumple así un supuesto que goza de amplia aceptación social: a mayor escolaridad, mejores condiciones laborales.  ¿Pero qué tan justa es tal idea? ¿El desempleo y los malos pagos son un castigo adecuado para aquellos que no fueron a la escuela? Sin duda, la aseveración se relativiza sobre todo al considerar, como es bien sabido, que las posibilidades escolares no dependen únicamente de la voluntad del estudiante. 

La realidad descrita en los párrafos anteriores parece no pasar inadvertida para el gobierno federal, que a través del programa Jóvenes construyendo el futuro, busca, según los lineamientos del mismo, “aumentar la empleabilidad y la inclusión en el mercado laboral para los jóvenes entre 18 y 29 años que no estudian y que no trabajan, a través de capacitaciones en el trabajo”. Entre los beneficios para los participantes, destaca la capacitación en un centro de trabajo, que podrá tener un periodo máximo de doce meses e incluirá, sin costo, los materiales e insumos necesarios para dicha actividad. Además, los jóvenes recibirán una beca de $3,600.00 mensuales y seguro médico. 

La meta sexenal es beneficiar a 2.3 millones de jóvenes. De acuerdo a estimaciones de la CONAPO (2019), se espera que para 2024 exista una población de 25.8 millones de habitantes de 18 a 29 años.  Si se toma el porcentaje estimado por la OCDE en relación a los jóvenes que no estudian ni trabajan (21.6%, aunque cabe decir que considera el rango de 18 a 24 años), se podría decir, de manera aproximada, que existirán en México alrededor de 5 o 6 millones de posibles aspirantes al programa.  Entonces, la meta del mismo se enfoca en la atención de poco menos de la mitad de la población objetivo.

Para 2020, el presupuesto asignado al programa fue de 25 mil millones de pesos. Para ponerlo en perspectiva, sirve decir que los recursos asignados son 10 veces mayores que los destinados al proyecto de construcción del Tren Maya. Una cantidad similar se destinó a las becas para el nivel medio superior, 28 mil millones, mientras que para el nivel superior se programaron 7 mil millones (Barriguete, 2019). Llama la atención que el abundante presupuesto se dé a la par de la reducción en partidas para áreas específicas que parecieran situarse en la raíz del problema que da origen al programa: por ejemplo, la reducción de recursos a las Escuelas Normales y al programa Prepa en línea, el cual, por cierto, quedó al borde de la desaparición (sus recursos se redujeron 98%). 

Sobra decir que el programa no ataca a la raíz del problema que afecta a los beneficiarios, sin embargo, debe ser pensado como una medida temporal mientras se consolidan a mediano o largo plazos otros factores de mayor trascendencia como la ampliación de la oferta educativa y el mejoramiento de las condiciones sociales y económicas. Alcanzar que al menos la mitad de la población juvenil asista a la escuela y, por consiguiente, pueda integrarse en mejores condiciones al mercado laboral, es una meta que seguramente se sitúa a varios años. Mientras tanto, parece sensato el hecho de buscar una alternativa para esa considerable proporción de jóvenes que difícilmente regresarán a las aulas. En un contexto como el mexicano, no es descabellado pensar en esa población juvenil desempleada y sin acceso a la escuela como un caldo de cultivo para la migración ilegal, la actividad económica informal e incluso la delincuencia. 

Desde luego que el análisis del panorama de la vida educativa y laboral de los jóvenes, si bien justifica la existencia del programa, no es suficiente para una valoración integral. Recientemente, una auditoría de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social descubrió anomalías en 55% de empresas que se prestan como capacitadoras (Reforma, 2020). Las irregularidades apuntan sobre todo a fallas en el registro de los centros de trabajo, dando la impresión, en algunos casos, de una posible simulación. Se sabe también de empresarios que han aprovechado las becas para ahorrarse el salario de sus trabajadores. Es evidente pues la falta de mecanismos de vigilancia más estrictos que impidan que situaciones corruptas como éstas desvirtúen las intenciones del programa.

Evidentemente quedan muchas preguntas en el aire: ¿cómo garantizar una ordenada dispersión de los recursos económicos de este programa? ¿es razonable el presupuesto que se le asigna? ¿cómo verificar los resultados y así determinar su continuidad? ¿cómo promover mecanismos de auditoría más eficaces tratándose de una población objetivo tan amplia? ¿cómo evitar que el programa se convierta en un mecanismo político electoral? ¿cómo disminuir el riesgo de ser aprovechado por empresarios que buscan ahorrarse algunos pesos en el pago del salario de sus trabajadores? El gobierno federal está obligado a tratar de responder, en la práctica, a estos cuestionamientos.

Desafortunadamente, después de las elecciones de 2018, pareciera que en la sociedad hay un proceso de polarización cada vez más agudo. Esta dinámica, que en ocasiones raya en el fanatismo tanto de adeptos como de opositores, ha impedido en muchos casos analizar de manera objetiva el acontecer diario: o es lo mejor o es lo peor, no caben matices.  Pocas cosas tan dañinas para la vida democrática como una opinión pública cegada por el rencor o por la idolatría. Si bien sería inadecuado ocultar áreas de mejora, tampoco es aceptable la difusión de mensajes distorsionados que reducen el programa a un mero mecanismo de entrega de dinero a holgazanes. Considerar a la población juvenil que no estudia ni trabaja como simples ociosos es ignorar los adversos contextos educativos y sociales que millones de jóvenes enfrentan cotidianamente. Se podrá debatir en otros momentos sobre posibles tintes político electorales de este programa, malas prácticas o incluso sobre sus resultados, pero al menos desde el panorama de la educación superior mexicana y la integración de los jóvenes al mercado laboral, esta acción gubernamental parece estar bien justificada.

 *Rogelio Javier Alonso Ruiz. Profesor colimense. Director de educación primaria (Esc. Prim. Adolfo López Mateos T.M.) y docente de educación superior (Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima). Licenciado en Educación Primaria y Maestro en Pedagogía. 

Twitter: @proferoger85

Facebook: El Profe Rogelio

Blog: proferogelio.blogspot.com

Fuente: http://www.educacionfutura.org/las-becas-a-jovenes-excluidos-y-el-panorama-de-la-educacion-superior/

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ESTADOS UNIDOS Universidades y gigantes tecnológicos respaldan nuevo proyecto de computación en la nube

América del Norte/EEUU/

Las universidades líderes y las principales empresas tecnológicas de los Estados Unidos acordaron el martes 30 de junio respaldar un nuevo proyecto destinado a dar acceso a académicos y otros científicos a los recursos informáticos ahora disponibles principalmente para unos pocos gigantes tecnológicos, escribe Steve Lohr para The New York Times .

La iniciativa, la Nube Nacional de Investigación, ha recibido apoyo bipartidista tanto en la Cámara como en el Senado. Los legisladores en ambas cámaras han propuesto proyectos de ley que crearían un grupo de trabajo de líderes científicos gubernamentales, académicos y representantes de la industria para delinear un plan para crear y financiar una nube de investigación nacional. Este programa daría a los científicos académicos acceso a los centros de datos en la nube de los gigantes tecnológicos y a conjuntos de datos públicos para la investigación.

Varias universidades, incluidas Stanford, Carnegie Mellon y Ohio State, y compañías tecnológicas como Google, Amazon e IBM también respaldaron la idea el martes. Las organizaciones declararon su apoyo a la creación de una nube de investigación y su disposición a participar en el proyecto. La nube de investigación, aunque es un plan conceptual en esta etapa, es otra señal de la campaña en gran parte efectiva por parte de universidades y compañías tecnológicas para persuadir al gobierno estadounidense de aumentar el respaldo del gobierno para la investigación de inteligencia artificial.
Informe completo en el sitio del New York Times

Fuente: https://www.universityworldnews.com/post.php?story=20200704154522244

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Estados Unidos: Maestros y padres critican presiones de Trump para reabrir escuelas

América del norte/Estados Unidos/09 Julio 2020/prensa-latina.cu

Organizaciones que representan a millones de maestros y padres en Estados Unidos critican hoy las presiones del presidente Donald Trump para que las escuelas reabran en el otoño, pese a la pandemia de la Covid-19.
‘Vamos a presionar mucho a los gobernadores y las escuelas para que vuelvan a abrir’, expresó este martes el mandatario republicano en un encuentro en la Casa Blanca, en el cual la secretaria de Educación, Betsy DeVos, y otros funcionarios, también se pronunciaron a favor de dar ese paso.

Trump, quien ha minimizado el impacto de la pandemia en una nación donde ya murieron más de 133 mil personas, y otros miembros de su administración argumentaron que los costos sociales, psicológicos y educativos de mantener a los niños en casa por más tiempo serían peores que el coronavirus SARS-CoV-2 en sí.

Sin embargo, varias organizaciones advirtieron en un comunicado que ‘sin un plan integral que incluya recursos federales para garantizar la seguridad de nuestros estudiantes y educadores con fondos para equipos de protección personal, instrucción socialmente distanciada y abordar la desigualdad racial, podríamos poner a estudiantes, sus familias y educadores en peligro’.

El texto está firmado por la Asociación Nacional de Educación (NEA), la Asociación Nacional de Padres y Maestros, la Federación Estadounidense de Maestros, el Consejo de Administradores de Educación Especial, la Asociación Nacional de Directores de Escuelas Secundarias y la Asociación Nacional de Directores Estatales de Educación Especial.

Nadie quiere que los estudiantes regresen de manera segura a las aulas más que los padres, educadores y administradores, expresó la declaración, la cual agregó que eso debe hacerse ‘de la manera más segura posible, no de la manera más conveniente políticamente’.

A lo largo de esta pandemia la administración no ha abordado las necesidades de los estudiantes, especialmente aquellos que necesitan más apoyo. No han escuchado a las familias y a los educadores de las escuelas públicas que han estado en primera línea al servicio de sus comunidades, añadió el comunicado.

La realidad es que nadie debería escuchar a Donald Trump o a Betsy DeVos cuando se trata de lo que es mejor para los estudiantes. Trump no ha demostrado ser creíble, compasivo o reflexivo en lo concerniente a esta pandemia, manifestó en una declaración separada la presidenta de la NEA, Lily Eskelsen García.

Él ignora descaradamente a los médicos y enfermeras sobre cómo abordar el virus. Ignora a los líderes locales sobre la reapertura segura de la economía. Ignora a los educadores sobre lo que se necesitará para reabrir escuelas y colegios de manera segura, añadió.

Fuente: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=380154&SEO=maestros-y-padres-critican-presiones-de-trump-para-reabrir-escuelas
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Estados Unidos: Trump amenaza con dejar sin fondos a escuelas que no reabran

América del norte/Estados Unidos/chicagotribune.com

El presidente Donald Trump amenazó el miércoles con privar de fondos públicos a las escuelas que no reabran este otoño y fustigó a funcionarios de su propio gobierno por emitir directrices para la reapertura escolar que según él son excesivas.

Por medio de Twitter, Trump argumentó que países como Alemania, Dinamarca y Noruega han reanudado clases “sin ningún problema” y denunció que los demócratas quieren mantener cerrados los planteles puramente por razones políticas.

“Los demócratas creen que será malo para ellos políticamente si las escuelas en Estados Unidos reabren antes de las elecciones de noviembre”, tuiteó el mandatario. “Pero es importante para los niños y las familias ¡Bien podría yo cortar el financiamiento si no reabren!”, agregó.

No aclaró cuáles fondos cortaría ni bajo qué autoridad.

Fuente: https://www.chicagotribune.com/espanol/sns-es-coronavirus-trump-amenaza-dejar-sin-fondos-escuelas-no-reabran-20200708-elugzywy4bez5gmfjyr66g6rym-story.html

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El impacto del COVID-19 en la generación Z y su visión del futuro de la educación

Por: Paulette Delgado

Un estudio revela el punto de vista de la Generación Z sobre cómo el COVID-19 afecta su educación y por qué buscarán seguir su propio camino educativo.

 

Con el fin de descubrir si los estudiantes de la generación Z estaban interesados en seguir una educación universitaria tradicional al terminar el bachillerato, la Corporación de Gestión de Crédito Educativo (ECMC por sus siglas en inglés) y VICE Media lanzaron “Question The Quo». Esta encuesta involucró a más de 2200 alumnos estadounidenses entre 14 a 18 años, es decir, jóvenes que están en el bachillerato o lo van terminando. Lo interesante es que la investigación comenzó a finales de febrero del 2020, justo cuando empezaba la pandemia y terminó a mediados de mayo, cuando los alumnos llevaban más de un mes en cuarentena.

Tradicionalmente, se estudian cuatro años de educación superior para obtener el título pero ahora, menos del 23 % lo ven como el único camino para obtener un buen trabajo o una exitosa carrera profesional. Por el contrario, el 70 % de los encuestados están dispuestos a seguir su propio camino de aprendizaje, aunque este no incluya ir a la universidad.

Cuestionando el statu quo

Los resultados de este estudio demuestran que las nuevas generaciones comprenden la necesidad del aprendizaje a lo largo de la vida y capacitación continua en habilidades, factores que Jeremy Wheaton, presidente y CEO del Grupo ECMC, considera esenciales para el éxito ahora y en el futuro. Más de la mitad de los encuestados (61 %) aseguraron que el mejor lugar para aprender es el trabajo, pero menos de la mitad (46 %) creen que las empresas brindan oportunidades de educación formal para ayudarlos a desarrollar sus habilidades.

Entre los factores que influyen la decisión de alejarse de una educación tradicional por rutas alternas, el 64 % de los jóvenes comentaron que les preocupa cómo pagar la educación superior. Un 59 % espera que el gobierno lance algún bono o programa adicional para ayudarlos a pagar sus deudas estudiantiles. Otro 46 % está esperando que las empresas empiecen a brindar educación formal con el fin de mejorar las habilidades que necesitarán en el futuro del trabajo.

Por otro lado, un 80 % de las mejores carreras que los encuestados quieren estudiar se ofrecen a través de programas de formación profesional y técnica, por lo que para esta generación, considerar una alternativa a la universidad es viable. Además, 65 % de los encuestados comentaron que consideran una educación alternativa porque confían en su futuro personal, inclusive el 84 % considera que sus perspectivas laborales son iguales o mejores que las de sus padres.

¿Qué preocupa a la Gen Z?

El cambio climático y la deuda estudiantil son dos de los temas que más preocupan y provoca ansiedad en los jóvenes de la generación Z. Según el estudio, el 51 % considera el cambio climático como el tema más preocupante, seguido por la deuda estudiantil (48 %) y las expectativas de los demás (41 %).

Por otro lado, la encuesta preguntó a los encuestados qué era lo que les daba más esperanza sobre el futuro, y el 60 % confirmaron que su familia. Le sigue con un 55 % las metas y esperanzas que planean cumplir, junto con su habilidad de poder ganarse la vida. Lo que más desconfianza y desaliento les da  es la deuda estudiantil, ya que no creen que se pueda evitar.

La generación Z se ha caracterizado por padecer altos niveles de estrés y burnout, esto se debe, en parte, a las altas expectativas que se tienen sobre las y los integrantes de esta generación. Las expectativas que tienen sobre ellos es el tercer tema que más preocupa a esta generación.

Pero, ¿cómo define la Gen Z el “éxito”? Se les preguntó cuánto estaban de acuerdo con las siguientes afirmaciones y 87 % está de acuerdo con que “éxito” es obtener un trabajo que los apasione en los primeros cinco años de su vida laboral. Otro 67 % creen que es centrarse en lo que aman, sin importar el dinero, y un 30 % creen que lo económico es lo que define el éxito.

La pandemia los ha hecho replantear sus planes a futuro

Debido a las fechas en las que se llevaron a cabo las encuestas, está claro que el tema del COVID-19 afecta a estos resultados. Al 37 % de los jóvenes encuestados les preocupa cómo la pandemia pueda afectar su futuro, especialmente por el impacto económico que la pandemia tendrá. Se estima que los estragos del COVID-19 se sentirán hasta una década después, afectando especialmente a las generaciones que ingresarán al mercado laboral en un mundo pospandemia.

Estos factores han influido en las decisiones de carrera de esta generación. El 25 % de los encuestados está considerando cambiar sus planes sobre qué hacer después de graduarse, el 24 % retrasará sus planes de estudiar una carrera universitaria y 21 % señala que es probable que asista a una escuela técnica, en lugar de asistir a la universidad. Además, el 35 % contestó que es probable que no busquen un título de posgrado.

Para quienes siguen con sus planes de continuar sus estudios, el 74 % de los encuestados cree que una educación basada en habilidades STEM o comerciales hacen sentido y son relevantes en el mundo actual. Mientras que el 59 % considera el aprendizaje a lo largo de la vida y la capacitación continua como un tema esencial.

Clases en línea vs. presenciales

La generación Z prefiere la enseñanza presencial. Más de la mitad (58 %) de los encuestados creen que la educación sufre durante los cierres de las instituciones educativas. Mientras que al elegir entre clases presenciales, híbridas o totalmente en línea, el 36 % considera que, como están las cosas actualmente, las clases son mucho mejor presenciales, seguido muy de cerca (34 %) por la creencia que la mejor opción son las clases híbridas y el 30 % se inclina más por las clases en línea.

Estos resultados cambian cuando se les pregunta lo mismo pero considerando un escenario donde ya se haya desarrollado una vacuna; en este escenario, el 56 % considera que prefiere tener clases presenciales, seguido por un 37 % híbridas y sólo un 7 % prefiere las clases exclusivamente en línea. Pero aunque la mayoría de los encuestados se incline por las clases presenciales, ¿cómo se imaginan un regreso a las aulas pospandemia? El 39 % está de acuerdo que, de regresar a las aulas, los escritorios deberán estar apartados uno del otro y un 36 % considera que se deberían reducir los espacios sociales.

Al preguntarles qué tan de acuerdo estaban con la dificultad y desventajas de la educación en línea, el 39 % está de acuerdo que el material en línea es menos desafiante, mientras que un 34 %  acordaron lo opuesto, señalan que las clases online son más difíciles y sólo el 20 % afirmó consideran que es lo mismo.

Por último, el 43 % creen que debido a la pandemia, aumentará la insistencia en la educación en el hogar posibilidad que esta generación no ve con buenos ojos ya que el 50 % cree que la cuarentena sólo ha aumentado a la desigualdad ya que no todos los alumnos tienen el mismo acceso a las tecnologías necesarias para aprender a distancia.

Está claro que la pandemia ha afectado a la generación Z y los ha llevado a replantear sus planes sobre qué hacer al graduarse de preparatoria. Además, temas como el costo de la universidad y la incertidumbre, siguen empujando a los alumnos a considerar entrar a trabajar o estudiar una carrera técnica o entrar a algún programa de formación profesional. Aún así, la encuesta se realizó durante la cuarentena por lo que sería interesante ver si cambian de opinión una vez que vuelvan a abrir las universidades.

 

Fuente e imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/impacto-covid19-gen-z

 

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Un centenar de intelectuales alertan sobre la intolerancia en Estados Unidos

América/Estados Unidos/08/07/2020/Fuente: desinformemonos.org/

Más de un centenar de escritores, intelectuales, periodistas, educadores, activistas e historiadores publicaron «Una carta sobre justicia y debate abierto», en la que señalan el el debilitamiento de «las normas de debate abierto y la tolerancia de las diferencias a favor de la conformidad ideológica»

Noam Chomsky , Margaret Atwood, Martin Amis, Steven Pinker, J.K. Rowling y Salman Rushdie, son sólo algunos de los firmantes.

Una carta sobre justicia y debate abierto

Nuestras instituciones culturales se enfrentan a un momento de prueba. Las poderosas protestas por la justicia racial y social están llevando a demandas atrasadas de una reforma policial, junto con llamamientos más amplios para una mayor igualdad e inclusión en nuestra sociedad, especialmente en la educación superior, el periodismo, la filantropía y las artes. Pero este cálculo necesario también ha intensificado un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras normas de debate abierto y la tolerancia de las diferencias a favor de la conformidad ideológica.

Mientras aplaudimos el primer desarrollo, también levantamos nuestras voces contra el segundo. Las fuerzas del liberalismo (rasgos autoritarios en ciertas democracias con excesiva concentración de poder en el Ejecutivo)  están ganando fuerza en todo el mundo y tienen un poderoso aliado en Donald Trump, que representa una amenaza real para la democracia. Pero no se debe permitir que la resistencia se endurezca en su propio tipo de dogma o coerción, que los demagogos de derecha ya están explotando. La inclusión democrática que queremos se puede lograr solo si hablamos en contra del clima intolerante que se ha establecido en todos los lados.

El libre intercambio de información e ideas, el alma de una sociedad liberal, se está volviendo cada vez más restringido. Si bien hemos llegado a esperar esto en la derecha radical, la censura también se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia de puntos de vista opuestos, una moda para la vergüenza pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una ceguera moral cegadora.

Mantenemos el valor de la contra-voz robusta e incluso cáustica de todos los sectores. Pero ahora es demasiado común escuchar llamados a represalias rápidas y severas en respuesta a las transgresiones percibidas del habla y el pensamiento. Más preocupante aún, los líderes institucionales, en un espíritu de control de daños en pánico, están aplicando castigos apresurados y desproporcionados en lugar de reformas consideradas. Los editores son despedidos por dirigir piezas controvertidas; los libros son retirados por presunta falta de autenticidad; los periodistas tienen prohibido escribir sobre ciertos temas; los profesores son investigados por citar trabajos de literatura en clase; un investigador es despedido por distribuir un estudio académico revisado por pares; y los jefes de las organizaciones son expulsados por lo que a veces son simples errores torpes.

Cualesquiera que sean los argumentos en torno a cada incidente en particular, el resultado ha sido estrechar constantemente los límites de lo que se puede decir sin la amenaza de represalias. Ya estamos pagando el precio con mayor aversión al riesgo entre escritores, artistas y periodistas que temen por su sustento si se apartan del consenso, o incluso carecen de suficiente celo en el acuerdo.

Esta atmósfera sofocante dañará en última instancia las causas más vitales de nuestro tiempo. La restricción del debate, ya sea por parte de un gobierno represivo o una sociedad intolerante, invariablemente perjudica a quienes carecen de poder y hace que todos sean menos capaces de participar democráticamente. La forma de derrotar las malas ideas es mediante la exposición, la discusión y la persuasión, no tratando de silenciarlas o desearlas. Rechazamos cualquier elección falsa entre justicia y libertad, que no puede existir la una sin la otra. Como escritores, necesitamos una cultura que nos deje espacio para la experimentación, la toma de riesgos e incluso los errores.

Necesitamos preservar la posibilidad de desacuerdos de buena fe sin consecuencias profesionales nefastas. Si no defendemos exactamente de lo que depende nuestro trabajo, no deberíamos esperar que el público o el estado lo defiendan por nosotros.

Los firmantes:

Elliot Ackerman; Saladin Ambar, Universidad de Rutgers; Martin Amis; Anne Applebaum; Marie Arana, autora; Margaret Atwood; John Banville; Mia Bay, historiadora; Louis Begley, escritor; Roger Berkowitz, Colegio Bardo; Paul Berman, escritor; Sheri Berman, Colegio Barnard; Reginald Dwayne Betts, poeta; Neil Blair, agente; David W. Blight, Universidad de Yale; Jennifer Finney Boylan, autora; David Bromwich; David Brooks, columnista; Ian Buruma, Colegio Bardo; Lea Carpenter; Noam Chomsky, MIT (emérito); Nicholas A. Christakis, Universidad de Yale; Roger Cohen, escritor; Embajadora Frances D. Cook, ret.; Drucilla Cornell, fundadora, uBuntu Project; Kamel Daoud; Meghan Daum, escritora; Gerald Early, Universidad de Washington-St. Louis; Jeffrey Eugenides, escritor; Dexter Filkins; Federico Finchelstein, Tne New School; Caitlin Flanagan; Richard T. Ford, Facultad de Derecho de Stanford; Kmele Foster; David Frum, periodista; Francis Fukuyama, Universidad de Stanford; Atul Gawande, Universidad de Harvard; Todd Gitlin, Universidad de Columbia; Kim Ghattas; Malcolm Gladwell; Michelle Goldberg, columnista; Rebecca Goldstein, escritora; Anthony Grafton, Universidad de Princeton; David Greenberg, Universidad de Rutgers; Linda Greenhouse; Kerri Greenidge, historiador; Rinne B. Groff, dramaturgo; Sarah Haider, activista; Jonathan Haidt, NYU-Stern; Roya Hakakian, escritor; Shadi Hamid, Brookings Institution; Jeet Heer, The Nation; Katie Herzog, presentadora de podcast; Susannah Heschel, Dartmouth College; Adam Hochschild, autor; Arlie Russell Hochschild, autor; Eva Hoffman, escritora; Coleman Hughes, escritor / Manhattan Institute; Hussein Ibish, Instituto de los Estados del Golfo Árabe; Michael Ignatieff; Zaid Jilani, periodista; Bill T. Jones, Nueva York Live Arts; Wendy Kaminer, escritora; Matthew Karp, Universidad de Princeton; Garry Kasparov, Iniciativa Renovar la Democracia; Daniel Kehlmann, escritor; Randall Kennedy; Khaled Khalifa, escritor; Parag Khanna, autor; Laura Kipnis, Universidad del Noroeste; Frances Kissling, Centro de Salud, Ética, Política Social; Enrique Krauze, historiador; Anthony Kronman, Universidad de Yale; Joy Ladin, Universidad Yeshiva; Nicholas Lemann, Universidad de Columbia; Mark Lilla, Universidad de Columbia; Susie Linfield, Universidad de Nueva York; Damon Linker, escritor; Dalia Lithwick, Slate; Steven Lukes, Universidad de Nueva York; John R. MacArthur, editor, escritor; Susan Madrak, escritora; Phoebe Maltz Bovy, escritora; Greil Marcus; Wynton Marsalis, Jazz at Lincoln Center; Kati Marton, autora; Debra Maschek, erudita; Deirdre McCloskey, Universidad de Illinois en Chicago; John McWhorter, Universidad de Columbia; Uday Mehta, City University of New York; Andrew Moravcsik, Universidad de Princeton; Yascha Mounk, Persuasion; Samuel Moyn, Universidad de Yale; Meera Nanda, escritora y profesora; Cary Nelson, Universidad de Illinois en Urbana-Champaign; Olivia Nuzzi, New York Magazine; Mark Oppenheimer, Universidad de Yale; Dael Orlandersmith, escritor / intérprete; George Packer; Nell Irvin Pintor, Universidad de Princeton (emérita); Greg Pardlo, Universidad de Rutgers – Camden; Orlando Patterson, Universidad de Harvard; Steven Pinker, Universidad de Harvard; Letty Cottin Pogrebin; Katha Pollitt, escritora; Claire Bond Potter, The New School; Taufiq Rahim, Fundación Nueva América; Zia Haider Rahman, escritora; Jennifer Ratner-Rosenhagen, Universidad de Wisconsin; Jonathan Rauch, Brookings Institution / El Atlántico; Neil Roberts, teórico político; Melvin Rogers, Universidad de Brown; Kat Rosenfield, escritora; Loretta J. Ross, Smith College; J.K. Rowling; Salman Rushdie, Universidad de Nueva York; Karim Sadjadpour, Carnegie Endowment; Daryl Michael Scott, Universidad de Howard; Diana Senechal, profesora y escritora; Jennifer Senior, columnista; Judith Shulevitz, escritora; Jesse Singal, periodista; Anne-Marie Slaughter; Andrew Solomon, escritor; Deborah Solomon, crítica y biógrafa; Allison Stanger, Middlebury College; Paul Starr, American Prospect / Universidad de Princeton; Wendell Steavenson, escritor; Gloria Steinem, escritora y activista; Nadine Strossen, Facultad de Derecho de Nueva York; Ronald S. Sullivan Jr., Facultad de Derecho de Harvard; Kian Tajbakhsh, Universidad de Columbia; Zephyr Teachout, Universidad de Fordham; Cynthia Tucker, Universidad del Sur de Alabama; Adaner Usmani, Universidad de Harvard; Chloe Valdary; Lucía Martínez Valdivia, Reed College; Helen Vendler, Universidad de Harvard; Judy B. Walzer; Michael Walzer; Eric K. Washington, historiador; Caroline Weber, historiadora; Randi Weingarten, Federación Americana de Maestros; Bari Weiss; Sean Wilentz, Universidad de Princeton; Garry Wills; Thomas Chatterton Williams, escritor; Robert F. Worth, periodista y autor; Molly Worthen, Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill; Matthew Yglesias; Emily Yoffe, periodista, Cathy Young, periodista y Zakaria Fareed.

Fuente e imagen: https://desinformemonos.org/un-centenar-de-intelectuales-alertan-sobre-la-intolerancia-en-estados-unidos/

Publicada originalmente en Harpers Magazine

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