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OCDE: la tecnología puede potenciar la labor de los buenos profesores, pero no los va a sustituir

PrensaIE

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) está analizando el impacto que tiene la tecnología sobre los estudiantes y sus resultados educativos ahora que millones de centros educativos han cerrado en más de 140 países para evitar la propagación de la COVID-19, al tiempo que reconoce lo mucho que aportan los docentes al proceso educativo.

Las oportunidades de aprendizaje en línea están en auge en todo el mundo, ya que son muchos los docentes que recurren a la tecnología para comunicarse con sus alumnos. Más de 1500 millones de estudiantes se ven afectados por el cierre de los centros educativos decretado por los Gobiernos y los docentes están intentando usar la tecnología para seguir enseñando y dar continuidad al proceso de aprendizaje.
«El aprendizaje en línea ha pasado de ser una actividad deseable ajena al programa de estudios a ser la salvación de la educación», indica Andreas Schleicher, director de la Dirección de Educación y Competencias de la OCDE.
Condiciones desiguales 
En un informe nuevo, PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) 2018, la OCDE analiza hasta qué punto los centros educativos y los estudiantes están preparados para hacer uso del aprendizaje a distancia.
Los datos indican que la brecha tecnológica es uno de los principales obstáculos en este contexto. En Dinamarca, Eslovenia, Noruega, Polonia, Lituania, Islandia, Austria, Suiza y los Países Bajos, más del 95 % de los estudiantes afirman que tienen un ordenador que pueden usar para estudiar. En Indonesia este porcentaje asciende solo al 34 %. En los Estados Unidos de América, prácticamente todos los jóvenes de 15 años de familias acomodadas afirmaron tener un ordenador con el que trabajar, mientras que casi un 25 % de aquellos procedentes de entornos desfavorecidos indicaban lo contrario. Es probable que estas diferencias se agudicen, ya que, en todas las sociedades, quienes se ven afectados por los despidos y la recesión son las personas más desfavorecidas y sus familias.
Acceso desigual a los recursos 
«La mayoría de sistemas educativos incluidos en la última ronda del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE no están preparados para aprovechar las oportunidades que ofrece el mundo del aprendizaje digital», concluye el informe. Tener acceso a lugares tranquilos para estudiar, a internet e incluso a un ordenador son variables que determinan el éxito del aprendizaje en línea y que difieren enormemente entre países. Entre otros elementos que también influyen está la infraestructura, y muchos centros educativos carecen de un ancho de banda y de programas adecuados. Son muchos los docentes que no tienen la formación requerida en nuevas tecnologías que les permitiría adaptar su forma de enseñar a los métodos en línea en unos pocos días o semanas tal y como requieren las circunstancias actuales. Asimismo, muchos centros educativos carecen de la cantidad necesaria de trabajadores de asistencia técnica cualificados.
La función de los centros educativos 
En el plano social, el estudio determina que los centros educativos son esenciales para crear unas relaciones sociales eficaces entre las familias, los docentes y los estudiantes, «especialmente en el caso de quienes carecen de la resiliencia, las estrategias de aprendizaje o el compromiso para aprender por su propia cuenta». Por lo que respecta a los docentes, el estudio no deja lugar a dudas: «La tecnología puede potenciar la labor de los buenos profesores, pero no los va a sustituir.
Fuente: https://www.ei-ie.org/spa/detail/16717/ocde-la-tecnolog%C3%ADa-puede-potenciar-la-labor-de-los-buenos-profesores-pero-no-los-va-a-sustituir
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A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

Por: Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo

Qué Dios lo proteja; muchas personas se despiden de nosotros con esta frase sin importar nuestras creencias. No me siento ofendido por ello, en lo personal me gusta, aun cuando yo no tengo ni practico este tipo de creencias, porque sé que detrás de este enunciado hay mucha buena vibra y ganas de que a uno las cosas le salgan bien. Cuando un creyente te dice algo como eso, te está deseando el bien y está compartiendo sus buenos deseos, sus ganas de dicha y felicidad.

Por mi parte, creo que me entenderán, no se me ocurriría despedirme diciendo: que la «Revolución te salve hermano»; aun cuando sé que ella ha salvado a millones de personas a lo largo de sus más de 50 años (Cuba), y este sí que es un hecho tácitamente demostrable.

El punto de mi análisis es el siguiente: a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Por qué digo esto:

Cuando una persona, aprovechando las redes y sus enormes posibilidades me envía una invitación a rezar para que nos salvemos del virus me incomoda y me preocupa su postura. Saturan las redes con imágenes de santitos que disparan luces y de vírgenes salvadoras como quien está desarrollando una titánica labor de salvación. Me incomoda, porque no le he dado el derecho de pedirme que haga algo que está en contra de mis convicciones y creo que el respeto a las creencias o no creencias es fundamental. Y me preocupa, mucho, porque si nos ponemos a rezar sin tomar las medidas necesarias el virus nos arrastrará a todos a una muerte segura; y luego al paraíso, al infierno o a la Pachamama (eso es discutible).

Es importante que todos, creyentes o no, valoremos que una cosa es Jesús actuado en contra de la opresión y la ambición Romana; y otra sería verlo esperando a que un poder que llegue del más allá (su padre) haga lo que a él le corresponde: porque, si somos congruentes, en cuanto a creencias, el padre de Jesús tenía todas las posibilidades de resolver la crisis humanitaria y espiritual que los hombres crearon en esa época histórica sin necesidad de mandar a su hijo a sacrificarse. Quiero entender que, pedagógica y políticamente hablando, lo que se quería con la praxis de Jesús era enseñar a los hombres cómo, a través de la organización, la conciencia y la defensa de valores perecederos por los que valía la pena morir, se podría cambiar el mundo. Jesús nos dio una lección pedagógica, política y sociológica: que debemos luchar o este mundo no tendrá ninguna posibilidad de salvación porque: en náhuatl antiguo para que se entienda: “nos lo estamos llevando a la chingada.”

Jesús mostró un camino, oculto a los fanáticos de esa época: el camino de la organización y de la conciencia y acción consecuente. Dejó claro que, sin una organización, sin el trabajo sistemático con la conciencia y sin otra propuesta de valores no habría solución ninguna a aquella situación. No por gusto Marx lo llamó el primer revolucionario de la historia y a las comunidades cristianas de base el primer partido político de la historia. Creo, además, que debe considerarse que lo que hizo el nazareno fue de principio a fin un acto político de toma de partido a favor de los pobres. El fanatismo existente en la época en que Jesús vivió hacía que aquellos seres oprimidos y empobrecidos por Roma se arrodillara a rezar y a entregar sus ofrendas esperando la ansiada salvación; sin comprender, que frente a su situación el camino era otro y que, además, ese camino implicaba no solo sacrificios sino la entrega de la vida mima si fuese necesario.

Esa, así lo veo yo, desde mi ignorancia sobre el tema; es una de las más perecederas lecciones del maestro (como le llama mi hermano Marcel a Jesús): Aun cuando pudo escapar para salvar la vida decidió quedarse y asumir los resultados de sus actos para enseñarle a los discípulos que el camino de la salvación colectiva podría ser el camino de la muerte personal si se es congruente hasta las últimas consecuencias: Qué sino, le deparó a la vida a Tupac Amaru, Martí, El Che, Camilo Torres y tantos otros: la entrega de la vida por la praxis emancipadora y descolonizadora.

Frente estas enseñanzas que nos dejó Jesús debemos valorar muy bien lo que significa actuar para salvarnos ahora frente a rezar para salvarnos más tarde; porque, por ejemplo, hoy vi en Oaxaca personas sin naso-buco y al inquirir a la señora, ya grande, por cierto, me respondió – a mí, Dios me protege. Si no entendemos que estas formas de fanatismo suelen ser suicidas estaremos agravando la crisis actual.

Desearle a una persona que Dios lo proteja es un acto de bondad y sensibilidad humana que respeto mucho; pero pedirle que se arrodille y rece frente a una situación real de peligro pudiera ser un acto irresponsable y de un fanatismo peligroso. Salir a la calle sin ninguna protección creyendo que él te protege es una locura.  No olvidemos que entre la peste y la gripe española fallecieron 90 millones de seres humanos, en no pocos casos por ignorancia: como aquellos que iban flagelándose por los pueblos y pidiendo a Dios, mientras los seguían las ratas que portaban a la pulga causante de la pandemia.

En otro momento, cuando le reclamé a un compañero de izquierda que me sugería rezar y compartir con otros su rezo e invitar al mundo a rezar a la misma hora, me respondió: -Dios existe para todos. Esto, en mi opinión, le dije, es irrespetuoso de tu parte. Debes entender que mucha gente cree en un Dios diferente al tuyo, y otros, no creen en ninguno; ello te obliga a dejar los fanatismos para el espacio privado de tu existencia personal y familiar. Dios no existe para todos: existe para los que creen en él; los demás alimentan su espiritualidad por otros caminos en nada censurables, por cierto. Incluso, creo profundamente que la espiritualidad es un lugar común en el que todos los hombres podremos encontrarnos con independencia de las creencias y cosmovisiones que le den sentido a nuestras existencias personales.

No me mal interpreten: rezar es muy bueno para los que tienen fe pues cumple una fundamental función psicológica; pero, en estos momentos, mejor aún sería cumplir las medidas sanitarias. Responsabilizarse con la conducta personal y familiar para no convertirnos en un problema para la colectividad. Las irresponsabilidades pueden crear crisis y frente a ellas todos tenemos que actuar.

Creo que además debemos (porque honrar honra, como nos dijera Martí) reconocer el trabajo abnegado y de enorme sacrifico de todos aquellos que en medio de la crisis actual tienen la tarea inmediata de salvarnos a todos; incluso de nosotros mismos y aún, a riesgo de su propia vida.

Reconozco y aplaudo el esfuerzo del presidente de este país que, en medio de la pandemia, no abandona el timón; como no lo haría un capitán en medio de la terrible tormenta. Críticas llueven, de los descreídos, de los ineptos y de los corruptos a los que se les termino la fiesta del despojo. Yo solo digo una cosa: imaginen que no contáramos con ese fundamental espacio de información. Imaginen por un momento que dejemos que la gente sea informada por Facebook. Es fácil comprender que podríamos caer en una neurosis colectiva de dimensiones desproporcionadas y generar problemas aún mayores. La tarea de un presidente es esa y no debe renunciar a ella bajo ningún concepto. Él, como dice Dussel, debe mandar obedeciendo y el mandato que tiene hoy es el de salvar a la mayor cantidad de vidas humanas posible.

Las enseñanzas de Jesús están para todos, creyentes o no y este presidente y los profesionales de la salud y todos los otros no están haciendo otra cosa que continuando su ejemplo. Amar al prójimo es actuar a favor de la vida, es afirmar la vida. Si usted, persona creyente, amparada en sus creencias, sale a la calle irresponsablemente está atentando contra la vida y no debería utilizar a Jesús como argumento para sus necedades.

Afirmar la vida hoy es unirnos en torno a una ética de la salvación, a una ética médica y científica que no sale del capricho de nadie sino de la necesidad de salvar para salvarnos. Sin la vida humana no habrá ética que discutir, sin la vida humana no habrá cultura que salvar, sin la vida humana no habrá comunalidad, ni gobierno, ni economía.

Todas las creencias deben, en este momento grave para la existencia humana, llevarnos a ser responsables frente a la otredad y frente a mi persona. Defiendo la idea de que el respeto por la vida de Jesús implica más compromiso y praxis con la existencia de la vida en el planeta, que fanatismo y creencia en una salvación futura desapegada de mi actuar presente. Si usted no actúa para salvar en este momento de peligro, usted está traicionando a Jesús, y además, complicando la situación de los pocos hospitales que los rateros de la historia le dejaron a este México tan amado y a este presidente tan trabajador.

Ni las buenas intenciones de AMLO ni todo el dinero del mundo nos salvará si no nos unimos en la responsabilidad y la praxis consecuente frente a este peligro microscópico. Este asesino fue irresponsablemente creado por los hombres y si no atajamos la irresponsabilidad en todos los niveles los estragos que haga serán inconmensurables.

Es por ello que debemos dejar que Dios haga su trabajo y ocuparnos nosotros del virus y la salvación en este momento histórico.  Dejemos a Dios, que tiene mucho que hacer y pongámonos todos, creyentes o no creyentes a ayudarlos con nuestro trabajo, nuestra organización, con la defensa de la verdad y la denuncia de la mentira y la manipulación; con la praxis.

Dios no es médico; Dios es amor; seamos congruentes; ¡por Dios!

Junto a ello debemos meditar la necesidad de salvar al planeta al que estamos asesinando. Pero eso es tema de otra reflexión.

Fuente: El autor escribe para OVE

Imagen: https://pixabay.com/photos/ash-candlelight-candle-christmas-2179184/

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CNTE ¡SALUD, PAN Y TRABAJO!

América del norte/México/09 Abril 2020/CNTE

LA NUEVA CENTRAL DE TRABAJADORES
LA COORDINADORA NACIONAL DE TRABAJADORES DE LA
EDUCACIÓN
LA COORDINADORA NACIONAL DE SINDICATOS
UNIVERSITARIOS, LA EDUCACIÓN SUPERIOR, INVESTIGACIÓN
Y CULTURA
LA EMERGENCIA DEL COVID-19

• La crisis económica y de salud no debe pagarla el pueblo trabajador

Vivimos tiempos dramáticos. En sólo tres meses, el mundo entero entró de lleno en una grave situación que conjuga la expansión de una perniciosa pandemia de efectos devastadores y la ya anunciada crisis económica global. Lo predecible y lo impredecible se conjugan global y sincronizadamente para determinar un conjunto de críticas condiciones económicas y sanitarias que ahora tenemos que enfrentar de manera urgente.

Leer documento completo en: NCT-CNTE-CNSUESIC ante el Covid-19 mx

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Estados Unidos podría perder para siempre su posición de superpotencia mundial

Por: Patrick Cockburn

Estados Unidos podría estar alcanzando su “momento Chernobyl” al ser incapaz de liderar el combate contra la epidemia de coronavirus. Como ocurrió en 1986 con el accidente nuclear de la Unión Soviética, un cataclismo está sacando a la luz los fallos sistémicos que ya han debilitado la hegemonía mundial estadounidense. Sea cual sea el resultado de la pandemia, hoy en día nadie está mirando a Washington para buscar soluciones a la crisis.

La pérdida de influencia de Estados Unidos fue perceptible esta semana en la reunión virtual de líderes mundiales donde Estados Unidos se dedicó a intentar convencer a los demás de que firmaran una declaración que hacía referencia al “virus de Wuhan”, como parte de una campaña para culpar a China de la epidemia de coronavirus. Uno de los rasgos principales de las tácticas políticas del presidente Trump es demonizar a los demás para desviar la atención de sus propias limitaciones. El senador republicano por Arkansas Tom Cotton redundó en el tema afirmando que “China desencadenó esta plaga mundial y hay que exigirle responsabilidades”.

El fracaso de Estados Unidos va mucho más allá del estilo político tóxico de Trump: La supremacía mundial estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial ha estado basada en su capacidad única para conseguir sus objetivos mediante la persuasión, la amenaza o el uso de la fuerza. Pero la incapacidad de Washington de responder de forma adecuada ante el coronavirus demuestra que las cosas han cambiado y cristaliza la percepción de que la competencia de EE.UU. está desvaneciéndose. Este cambio de actitud es importante porque las superpotencias, como el Imperio Británico, la Unión Soviética en el pasado reciente o Estados Unidos en la actualidad, dependen para el mantenimiento de su supremacía de cierto grado de fanfarronería. No pueden permitir que su imagen todopoderosa se cuestione demasiado a menudo porque no pueden permitirse el lujo de fracasar: la crisis del Canal de Suez de 1956 hizo pedazos la exagerada imagen de fortaleza del Imperio Británico, y lo mismo ocurrió con la Unión Soviética tras la guerra en Afganistán en la década de los 80.

La crisis del coronavirus es el equivalente de Suez y Afganistán para los Estados Unidos de Trump. En realidad, esas crisis se empequeñecen cuando se las compara con la pandemia del Covid-19, que tendrá un impacto mucho mayor porque cualquier persona del planeta es una víctima potencial y se siente amenazada. Enfrentada a una megacrisis de este volumen, la incapacidad de la administración Trump de responder y asumir el liderazgo de manera responsable está resultando extremadamente destructiva para la posición de EE.UU. en el mundo.

La decadencia de Estados Unidos suele contemplarse como la otra cara de la moneda del ascenso de China –y China, de momento al menos, ha logrado controlar su propia epidemia. Son los chinos quienes están enviando respiradores y equipos médicos a Italia y mascarillas a África. Los italianos se han dado cuenta de que los otros estados de la Unión Europea han ignorado su petición desesperada de equipo médico y solo China ha respondido. Una organización de beneficencia china envió 300.000 mascarillas a Bélgica en un contenedor que llevaba escrito el lema: “La unión hace la fuerza”, en francés, flamenco y chino.

Es posible que estos ejercicios de “poder blando” tengan una influencia limitada una vez se pase la crisis, aunque probablemente aún falte mucho para eso. Pero, mientras tanto, el mensaje que se percibe es que China puede proporcionar equipo y expertos médicos esenciales en un momento crítico y Estados Unidos no. Estos cambios en la percepción no van a desaparecer de la noche a la mañana.

Desde que Estados Unidos destacó como superpotencia mundial tras la Segunda Guerra Mundial ha habido a montones de profecías anunciando su declive. Sin embargo, la proclamada caída del Imperio Americano ha ido posponiéndose o ha sido testigo de otras decadencias más rápidas, especialmente la de la Unión Soviética. Los críticos de la hipótesis de la “decadencia estadounidense” explican que, aunque Estados Unidos ya no domine la economía mundial tanto como anteriormente, todavía mantiene 800 bases en todo el mundo y un presupuesto militar de 748.000 millones dólares.

Sin embargo, la incapacidad de Estados Unidos de ganar las guerras en Somalia, Afganistán e Irak a pesar de su destreza técnica muestra lo poco que ha conseguido a pesar del descomunal gasto.

A pesar de su retórica belicosa, Trump no ha comenzado ninguna nueva guerra, pero ha utilizado el poder del Tesoro de Estados Unidos en lugar del Pentágono. Al imponer duras sanciones económicas a Irán y Venezuela y amenazar a otros países con la guerra, ha demostrado hasta qué punto Estados Unidos controla el sistema financiero mundial.

Pero estos argumentos sobre el ascenso o declive de Estados Unidos como potencia económica y militar olvidan un punto fundamental que debería ser obvio. Su auténtico declive como superpotencia tiene menos que ver con las armas y el dinero (como muchos piensan) y mucho más con el propio Trump, que representa tanto el síntoma como la causa de dicho declive.

Dicho de forma sencilla, Estados Unidos ya no es un país al que el resto del mundo quiera emular o, en todo caso, quienes lo desean suelen ser demagogos o déspotas autoritarios y nativistas (xenófobos –N. d. T.). Su admiración es por tanto bien recibida: y si no, fíjense en el caluroso abrazo que dedicó Trump al primer ministro nacionalista indio Narendra Modi y su relación con la nueva generación de tiranos como Kim Jong-il de Corea del Norte o el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman.

Los gobernantes demócratas y los despóticos saldrán reforzados de la pandemia, al menos en una primera instancia, pues en épocas de crisis agudas las personas quieren confiar en sus gobiernos, pensar que van a salvarles porque saben lo que están haciendo.

Pero los demagogos como Trump y sus equivalentes en todo el mundo no suelen ser muy buenos resolviendo verdaderas crisis, porque han accedido al poder explotando odios étnicos y sectarios, usando a sus adversarios como chivos expiatorios y dando bombo a sus supuestos logros míticos.

Un ejemplo de ello es el presidente de extrema derecha brasileño, Jair Bolsonaro, quien acusa a sus oponentes y a los medios de comunicación de “engañar” a los brasileños sobre los peligros del coronavirus. Es tal la laxitud del gobierno a la hora de forzar algún tipo de confinamiento en Río de Janeiro que, al menos en tres favelas, los narcotraficantes locales han intervenido para declarar un toque de queda a partir de las 8 de la noche que ellos mismos se encargan de hacer cumplir.

Trump siempre se ha destacado por saber explotar y acentuar las divisiones de la sociedad estadounidense y por proponer soluciones simplonas para crisis ficticias, como la construcción del famoso muro para detener la entrada de inmigrantes centroamericanos en el país. Pero ahora que debe afrontar una verdadera crisis, está apostando a que será de corta duración y menos grave de lo que la mayoría de los expertos predicen. Las encuestas afirman que su popularidad ha aumentado, probablemente porque las personas asustadas prefieren oír buenas noticias antes que malas. Hasta ahora, los peores brotes de la epidemia se han producido en Nueva York, Boston y otras ciudades en las que Trump nunca gozó de mucho apoyo. Si se propaga con la misma intensidad a Texas y a Florida, incluso la lealtad de sus más fervientes seguidores podría evaporarse.

Estados Unidos se ha debilitado como país porque está dividido, y esa división se profundizará mientras Trump esté al mando. Hasta la fecha ha evitado provocar crisis graves y su mala gestión de la epidemia de coronavirus demuestra que hacía bien en evitarlas. Está polarizando un país ya bastante dividido, y esa es la verdadera razón por la que Estados Unidos está en decadencia.

Patrick Cockburn es un periodista irlandés galardonado con numerosos premios internacionales (entre otros el premio Orwell en 2009, al Reportero del Año 201 de, Gran Bretaña). Ha escrito tres libros sobre Irak, el último de ellos The Rise of Islamic State.

Fuente: https://rebelion.org/estados-unidos-podria-perder-para-siempre-su-posicion-de-superpotencia-mundial/

Fuente Original: https://www.counterpunch.org/2020/03/31/trumps-chernobyl-moment-the-us-may-lose-its-status-as-world-superpower-and-not-recover/

Ilustración: Nathaniel St. Clair.

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Foto: Camiones de refrigeración que se utilizan como depósito temporal de cadáveres quedaron estacionados ayer afuera del hospital Bellevue, en Nueva York.Foto Afp

Pandemia neoliberal

Por: David Brooks 

Ya sabemos que no tenía que ser así, que este desastre no tenía que tener estas dimensiones, que la ciudad de todos en el mundo, Nueva York, no tenía que estar sobre las rodillas gravemente herida, con lágrimas y llanto en sus más de 200 idiomas, que todo Estados Unidos no tenía que estar bajo sitio, con los más pobres y desprotegidos sufriendo las peores consecuencias, como siempre. No tenía que ser así.

Trump tiene sangre en sus manos, concluyó el Boston Globe en su editorial la semana pasada, argumentando –al igual que un coro cada vez más amplio de expertos, investigadores, doctores y líderes sociales– que gran parte del impacto de la pandemia en este país era prevenible y que vale recordar que el alcance del virus aquí no es atribuible a un acto de Dios o una invasión extranjera, sino un fracaso colosal de liderazgo. (https://www.bostonglobe.com/2020/ 03/30/opinion/president-unfit-pandemic/).

Pero la culpa no es sólo de Trump. Se sabía en lo más alto desde hace años que este y otros países estaban en riesgo de exactamente algo así (las agencias de salud pública desde la previa amenaza de un coronavirus en 2004, el Pentágono había pronosticado precisamente algo así desde 2017, entre otras) y no se hizo lo necesario. El fracaso es bipartidista; no son sólo los Reagan y los Bush, sino los Clinton y los Obama quienes prepararon el camino para llegar a esto hoy día.

Y aunque se contaba desde hace años con el conocimiento y los pronósticos científicos sobre lo que ahora está sucediendo, la patología del orden socioeconómico contemporáneo impidió que se hiciera algo, por la sencilla razón de que no hay ganancias en prevenir una catástrofe en el futuro, comentó Noam Chomsky hace unos días. En entrevista con Truthout subrayó que para superar esta crisis primero se tiene que entender que Trump llegó al poder en una sociedad enferma, afligida por 40 años de neoliberalismo, el cual incluye un sistema de salud privatizado.

Ahora todos estamos amenazados, con amigos y familiares enfermos o que han fallecido, con colegas en el sector de salud agotados y devastados por lo que están viviendo bajo condiciones injustificables en el país más rico del mundo, resultado del desmantelamiento del sistema de salud y su subordinación al libre mercado. Ni hablar de la clausura de la economía más grande del mundo con millones de desempleados y la anulación de la vida cotidiana, incluyendo escuelas y centros de trabajo, toda la cultura y el deporte. Y no tenía que ser así.

Con las consecuencias del Covid-19 queda claro que lo que existe no es sustentable, casi de la misma manera en que con el cambio climático. Guste o no, como resultado de esta pandemia empezó un cambio, tal vez estructural. Qué tipo de cambio será depende, como siempre, de una lucha entre los que desean regresar a otra versión de más de lo mismo y los que argumentan que ya no se debe restablecer lo que antes se definía como normal, porque ese normal era justo el problema.

Es un virus, pero al mismo tiempo es una enfermedad que podría llamarse la pandemia neoliberal. Además de su feroz y temible expresión física de salud, tal vez esta crisis social, económica y política también está produciendo los anticuerpos requeridos para salvarnos de la infección neoliberal.

“Los habitantes, finalmente liberados, nunca olvidarán el periodo difícil que los hizo enfrentar lo absurdo de su existencia y la precariedad de la condición humana… Lo que es verdad de todos los males del mundo es también verdad de la peste. Ayuda a los hombres elevarse sobre sí mismos”, escribió Albert Camus. En su obra La peste, el protagonista, el Dr. Rieux, comenta que podría parecer una idea ridícula, pero la única manera de luchar contra la peste es con la decencia.

Es un virus, pero al mismo tiempo, es una pandemia neoliberal. Además de su expresión como tragedia de salud, tal vez la crisis social, económica y política que está desatando producirá los anticuerpos requeridos para poder hacer lo más decente: salvarnos a todos de la infección neoliberal.

Fuente e imagen: https://www.jornada.com.mx/2020/04/06/opinion/028o1mun

 

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Washington ha convertido la Covid-19 en un arma contra Irán, Venezuela y Cuba, asegura Oliver Stone

América/Estados Unidos/08/04/2020/Autor: Internacional VTV/Fuente: tercerainformacion.es

El reconocido cineasta norteamericano, Oliver Stone, acusó a su país natal, Estados Unidos, de convertir el nuevo coronavirus en un arma contra Irán, Venezuela, Cuba y Nicaragua, países sobre quienes ha impuesto medidas coercitivas y unilaterales, reseña un artículo publicado por el periódico New York Daily News citado por Hispan TV.

En dicho artículo,  el director de cine estadounidense Oliver Stone y el profesor de derechos humanos internacionales en la Facultad de Derecho de la Universidad de Pittsburgh, Pennsylvania, Daniel Kovalik, exigen el fin de las “sanciones terriblemente crueles” de la administración de Donald Trump contra los referidos países en medio de la pandemia del Covid-19.

En cuanto a Venezuela, Stone y Kovalik repudian que las sanciones obstaculicen la adquisición de medicamentos y suministros necesarios para combatir el virus, e incluso Trump está intensificándolas, bajo la falacia de que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, está traficando drogas.

“Pero los propios datos del Gobierno de Estados Unidos desmienten esta afirmación. Aun así, el sufrimiento que causará el aumento de las sanciones de Trump será muy real”, alertan.

Asimismo, lamentan que Washington haya actuado así mientras muchos otros países representan una solidaridad internacional y muestran la humanidad que el mundo necesita en este momento.

Fuente e imagen: https://www.tercerainformacion.es/articulo/internacional/2020/04/06/washington-ha-convertido-la-covid-19-en-un-arma-contra-iran-venezuela-y-cuba-asegura-oliver-stone

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«La educación en el capitalismo cognitivo, informático y digital»

América/México/08/04/2020/Autor: Formación Política Orientación Ideológica/Fuente: web.facebook.com

Sigue en línea y en vivo la conferencia del Dr. Lev Moujahid Velázquez Barriga «La educación en el capitalismo informático, cognitivo y digital». Hoy miércoles 8 de abril, 17:00 hrs.

 

 

Fuente e imagen: https://web.facebook.com/100049330924068/posts/118117406509290/?_rdc=1&_rdr

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