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El gran negocio de las emociones

Por: Fernando Buen Abad Domínguez

Aunque hoy la agresividad publicitaria se empeña en vendernos su uso del “deep learning” como nueva Biblia de las ventas, se trata de un mecanismo de control tan viejo como la lucha de clases. Hoy se publicita como el milagro de los sensores digitales que, por ejemplo, registran movimientos musculares del rostro para detectar “emociones” que interpreta con algoritmos, es una historia que recorre los sótanos más ignotos de la inteligencia militar -de todos los tiempos- y la inteligencia corporativa del espionaje empresarial y del reino de latifundistas del clero.

Merece una indicación aparte la burrada mercantil que pretende obtener conclusiones lineales de un fenómeno tan completo y diverso como es el espectro emocional en las culturas más diversas. En todo caso es ese el pecado originalrepetitivo, hasta la náusea, en el negocio de publicistas urgidos de igualarlo todo para dar lugar a la uniformidad cuantitativa de las mercancías. O dicho de otro modo, es la lógica del vendedor que necesita muchos compradores enamorados de la misma mercancía repetida, por y para las ganancias, más allá de la Cultura y más allá de los individuos.

Para vender (muy cara) su lógica publicitaria han hecho todo género de experimentos y todo tipo de malabares tecnológicos. Se trata de vender su “gran poder” cognitivo y su destreza mercadológica para imponernos cualquier cosa con el “argumento” de que ellos pueden saber qué piensa y qué siente “la clientela”. Y sin soslayar su cinismo de espionaje (implícito y explícito) hacen de su oferta también una mercancía que es realmente un delito al que se suma el secuestro de información sin consultar y sin autorización de los involucrados. Las leyes brillan por su ausencia porque la única ley que vale es la del mercado.

Quieren que creamos, por ejemplo, que las expresiones humanas tienen comunes denominadores emocionales estándar y legibles en puntos específicos del rostro. Quieren que creamos que una sonrisa tiene iguales o similares cargas emocionales sin explicar dónde ocurre en el espectro de todas las desigualdades económicas, sociales, culturales e históricas. Tendrían que explicar su “muestra”, su marco teórico, sus fundamentos y sus objetivos o intereses de fines y de principios. Y deben hacerlo a la vista de todos porque la información sobre el comportamiento de los “compradores” no les pertenece.

Especialmente el interés de los publicistas por las emociones tiene la frontera del poder adquisitivo. Poco importa qué siente quien no tiene capacidad de compra. Tampoco importa el que no tiene capacidad para decidir sobre el presupuesto familiar. Se diga lo que se diga. Eso deja al universo de los intereses por la emociones de mercado margen reducido de la población mundial y con un descarte de género proclive al machismo. El capitalismo en persona.

No es lo mismo “big data” que “deep learning” y estos no se confunden con otros “paquetes”  en el inventario posmoderno del relato mercantil. Cada uno es sometido por la diversidad de intereses que desemboca en uno solo que es el control de las masas al servicio de su esclavitud feliz, creativa, rentable y hereditaria. Por “sæcula sæculorum”.

Así que no hay razón para creerles ni hay causales para rasgar las vestiduras creyendo que estamos en un Apocalipsis por la dominación mediática de “última generación”. Millones de personas todavía se confiesan en las iglesias y millones van al psicoanálisis que no son menos mercado de emociones que otros muchos. Con sus excepciones valiosas. No se trata aquí de negar a ultranza los logros manipuladores conquistados por el “big data” y todos los sucedáneos con su tecnología espectacular, ni de esconder sus ventas o “prestigio”. Se trata de esclarecer en qué lado de la lucha de clases opera para no llegar al equívoco de que se trata de un aporte noble y “asexuado”

Así pues, algunos venden la “big data” o el “deep learning” como si se tratase de verdades reveladas para seducir anhelos de dominación conductual, ideológica y emocional. Sueño añejo de toda dictadura. Venden la idea de que lo saben todo y de que ese saber es una llave maestra con la que, así nomas, linealmente se puede dominar a las masas. Y han hecho todo tipo de experimentos. Fundamentalmente mercantiles.

Algo similar a los que fue y es el recopilador histórico de información llamado “confesionario”. Algo similar a los métodos de espionaje barrio por barrio, taxi por taxi… La clase dominante lo ha sido también porque ha sabido apropiarse y controlar la información en todas sus escalas cualitativas y cuantitativas mientras los pueblos han sido sometidos a todo género de chantajes, miedos y extorsiones para que provea “datos” sobre lo que son, hacen, sienten, anhelan y sueñan. Desde el confesionario hasta el psicoanálisis.

Pero el discurso tecnológico en su fase digital embriaga a muchos y los convierte en clientes de falacias a granel. Hacen pasar por saberes “avanzados” viejas manías de archivo cuya conquista principal es la facilidad para mover masas se información a gran velocidad. Pero eso no las convierte el irrefutables. Por más seductor que suene un “estudio” que hubiere registrado a gran velocidad movimientos musculares en los rostros de 4 millones de personas, el hecho cuantitativo no es suficiente para obtener de ahí conclusiones verdaderas. Menos si las hermenéuticas están infectadas de origen por la lógica de la mercancía y su plusvalía. Muchos espejitos de vidrio no son la realidad por más que brillen bonito a los ojos de los mercaderes.

El universo emocional de los seres humanos ha sido ambicionado por todo tipo de audacias “controladoras”. El modelo de dominación recurrente ha sido la inducción de miedo en variedades insondables y los éxitos reportan resultados desiguales y combinados. Miedo a lo visible y a lo invisible, miedo a lo subterráneo, lo terrenal y lo extraterrestre. Miedo al mar, al cielo y a los desiertos. Miedo al microcosmos y al macrocosmos. Miedo al yo interior y miedo a todos lo seres humanos. Miedo en todas sus presentaciones y dosificaciones. Miedo pasado, presente o futuro. Miedo, incluso, por las dudas. Miedo ala clase trabajadora consciente y organizada.

Y desde luego las emociones humanas también ofrecen filones mercantiles muy jugosos porque uno de los miedos burgueses -por antonomasia- es no poder controlar lo que piensan y sienten los pueblos. Por eso proliferan los inventos tecnológicos y la saliva para venderlos. Por eso cunden los nuevos mitos del “ultra poder” de la cibernética en la fase en que se nos presenta como el nuevo demiurgo armando con ultra-sensores capaces de saber, a mañana, tarde y noche, dónde estamos, qué hacemos y qué nos place o displace. Eso incluye a los teléfonos “inteligentes”, los ordenadores de nueva generación, los televisores inteligentes y las cámaras de vigilancia.

Para que ese mito mercantil funcione a plenitud publicitaria, y se cobre mucho dinero por eso, ha sido necesario legitimar de facto el espionaje. “Big brother”, cámaras de vigilancia, organismos de inteligencia… y todo género de intromisión en la vida nuestra hasta llegar al punto de una nueva adicción narcótica basada en espiar a todo mundo mientras somos espiados con en buena parte de las redes sociales. Hay que expropiar integralmente toda esa estrategia de recolección y ofensiva con la información; desnudar sus mitos de mercado y producir una Revolución Ética (como proponía Adolfo nchez Vázquez) y a la vista de todos reelaborar sus aportes y sirva como herramienta para conocernos mejor en igualdad de oportunidades y principalmente de condiciones.

La próxima vez que llene usted un formulario de trabajo, de escuelas o de bancos. La próxima vez que responda a encuestas telefónicas breves o largas… la próxima vez que ponga “like” o “emoticones” sonría “lo están filmando” para hacer negocio con toda la información que uno provea. Eso no implica que ya tengan dominada a toda la especie humana. Grandes Revoluciones están en marcha.

Fuente: http://www.telesurtv.net/bloggers/El-gran-negocio-de-las-emociones-20170517-0003.html

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Canadian teachers lack confidence to discuss Indigenous cultures in class, study says

Canada/Agosto de 2017/Fuente: The Globe and Mail

Resumen: Un estudio sugiere que si bien los maestros pueden querer instruir sobre las escuelas residenciales e incluir la cultura indígena en sus aulas, no se sienten suficientemente seguros y están nerviosos por decir lo malo. Emily Milne, profesora asistente de sociología en la Universidad MacEwan de Edmonton, entrevistó a 100 padres y maestros indígenas y no indígenas en el sur de Ontario entre 2012 y 2014. Su informe, publicado en el International Indigenous Policy Journal, recomienda que las escuelas usen «entrenadores indígenas», quienes, según ella, fueron utilizados con éxito como un recurso para los maestros durante un programa de verano de prueba en una escuela de Ontario. «Había educadores que conocí que no sabían acerca de las escuelas residenciales. No sabían acerca de los pueblos indígenas en Canadá, la cultura indígena y el patrimonio y la historia «, dijo Milne durante una entrevista.

A study suggests that while teachers may want to instruct about residential schools and include Indigenous culture in their classrooms, they don’t feel confident enough and are nervous about saying the wrong thing.

Emily Milne, an assistant professor of sociology at MacEwan University in Edmonton, interviewed 100 Indigenous and non-Indigenous parents and teachers in southern Ontario between 2012 and 2014.

Her report, which was published in the International Indigenous Policy Journal, recommends that schools use “Indigenous coaches,” who she says were successfully used as a resource for teachers during a trial summer program at one Ontario school.

“There were educators I met who didn’t know about residential schools. They didn’t know about Indigenous people in Canada, Indigenous culture and heritage and history,” Milne said during an interview.

“Then there were teachers who knew a bit about it but still were unsure how to incorporate it into their classes, and maybe were too uncomfortable, and so didn’t.”

“The problem is that when you have people that are uncomfortable and intimidated, the result is that we have educators that may not be doing it at all.”

The Truth and Reconciliation Commission’s report into residential schools made several recommendations aimed at incorporating Indigenous history and culture into curricula for all students, including age-appropriate instruction about the schools.

Some of the recommendations have been endorsed by provincial governments, which control education, and teachers’ unions have posted articles on their websites with examples of ways educators can include Indigenous culture in everything from social studies to science.

The British Columbia Teachers’ Federation in June launched a guide for teaching about residential schools. It includes the short life and tragic death of Gladys Chapman, a child from the Spuzzum Nation, who died of tuberculosis at age 12 in Kamloops Indian Residential School.

But Milne said it’s hard to take something from a document or a book and implement it confidently.

Indigenous parents who were interviewed for Milne’s study were open to non-Indigenous teachers talking about Aboriginal culture, but said teachers sometimes misappropriate or incorrectly present information, sometimes lump groups together or make generalizing statements.

Melissa Purcell, supervisor of First Nation, Metis and Inuit education with the Edmonton Public School Board, said schools within that district have consultants to provide support on how to build relationships with elders, knowledge keepers and cultural advisers.

Some of the work involves helping teachers with culturally respectful terminology. The office also provides assistance with how to teach about residential schools.

“Some of our staff are in the very beginning stages where they’re just becoming aware of the importance and significance of why we do this work, and then some are becoming more aware and are keen to find innovative ways to weave it into their classrooms and school environments,” Purcell said.

Fred Hines, principal at an Edmonton school with mostly Indigenous students but a number of non-Indigenous teachers, said professional development, along with support, is key.

“It’s a transition. It’s not like a real ‘right or wrong,’ but if there’s anything that’s really culturally sensitive, that’s where you bring in your experts,” he said.

Fuente: https://www.theglobeandmail.com/news/national/education/canadian-teachers-lack-confidence-to-discuss-indigenous-cultures-in-class-study-says/article36038597/

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Estados Unidos: Riverside Unified’s first black teacher, Hazel Hawkins Russell, dies at 93

Estados Unidos/Agosto de 2017/Fuente: The Press Enterprise

Resumen:  Hazel Hawkins Russell, el primer maestro afroamericano en Riverside Unified, murió el viernes. Tenía 93 años. A partir de 1947, siete años antes de que la Corte Suprema decidiera que las escuelas tenían que ser desagregadas, Russell enseñó a generaciones de estudiantes en la escuela primaria, secundaria, Cal State Fullerton y Riverside Community College. Ella también enseñó a la comunidad, dijo Woodie Rucker-Hughes, presidente de la rama Riverside de la NAACP y una educadora de larga data. «Sin ella, muchos de nosotros probablemente no estaríamos donde estamos», dijo Rucker-Hughes. «Cuando llegué en 1969, había muchos afroamericanos en su lugar, la gente simplemente te aceptaba en base a tu profesionalismo y experiencia. Así que le doy las gracias por preparar el camino.Cuando llegó de su lugar de nacimiento de Texas y durante gran parte de su carrera, Russell enseñó en la Casa Blanca School en el barrio predominantemente latino de Riverside.Romper la barrera de color significaba que a menudo enfrentaba resistencia, pero siempre la manejaba con gracia, según Rucker-Hughes.

Hazel Hawkins Russell, the first African American teacher in Riverside Unified, died Friday. She was 93.

Starting in 1947 — seven years before the Supreme Court would rule that schools had to be desegregated — Russell taught generations of students in elementary school, junior high, Cal State Fullerton and Riverside Community College.

She also taught the community, said Woodie Rucker-Hughes, president of the Riverside branch of the NAACP and a longtime educator herself.

“Without her, many of us probably wouldn’t be where we are,” Rucker-Hughes said. “By the time I came in ’69, there were many African Americans in place —people just accepted you based on your professionalism and experience. So I thank her for paving the way.”

When she arrived from her Texas birthplace and for much of her career, Russell taught at Casa Blanca School in Riverside’s predominantly Latino neighborhood.

Breaking the color barrier meant she often faced resistance, but she always handled it with grace, according to Rucker-Hughes.

“She was courageous and she didn’t back down for no one,” Rucker-Hughes said. “She could also work within the confines of a situation, so she wasn’t so combative where she was constantly (fighting) — she didn’t need to be. People appreciated her intellect and her ability to move forward without conflict.”

For instance, things were tough when Russell started at Casa Blanca, Rucker-Hughes has heard.

“When she went to the first meeting of the staff, people were looking at her like she was something alien and started moving their seats,” she said. “She stayed right there and held her head high, and by the time she (retired from the school) she was friends with everyone.”

Russell kept teaching into her 80s for one reason, said her daughter Vickie Russell: She loved her students.

“She just loved the children,” she said. “(She had a) strong work ethic. Especially in college, they became her friends. She would give them insight into life.”

With her own children, Russell loved to travel: Israel, Egypt, Kenya, Russia, Spain and England are some of the memorable trips, according to Vickie.

What she remembers most is her mom’s hard work and the lesson she passed to her family: “Be true to yourself.”

Russell wasn’t always recognized as a pioneer, and didn’t refer to herself as one, according to Rucker-Hughes.

“She didn’t make a big deal out of being a pioneer or a number one,” she said. “But she was a trailblazer and a fine example of good and truth and education.”

Rep. Ken Calvert, R-Corona, honored Hawkins on the floor of the House of Representatives in 1997.

“She is an outstanding advocate for increasing educational opportunities for minorities and those with special needs,” Calvert said, according to the Congressional record. “… Her enthusiasm and positive spirit served as an inspiration, and every student left Dr. Hawkins Russell’s class with a little piece of her in their hearts.”

She leaves behind two daughters, Beverly Russell and Vickie Russell, both of whom still live in Riverside. Her husband, James Russell, died in 1988.

Russell died at Kindred Hospital Ontario.

Funeral arrangements have not yet been made.

Fuente: http://www.pe.com/2017/08/19/riverside-unifieds-first-black-teacher-hazel-hawkins-russell-dies-at-93/

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México: Maestros que no fueron evaluados, trabajan «bajo el cobijo de la Secretaría de Educación», acusa sindicato

México/Agosto de 2017/Autor: José de Aquino/Fuente: Xeu

Acusan que maestros que no fueron evaluados siguen laborando bajo el cobijo de la Secretaría de Educación en Veracruz, según refirió el secretario general del Sindicato Independiente de Trabajadores de la Educación de México, Gerónimo Gabriel Polo Navarro.

«Hoy mismo podemos señalar que en preescolar y en secundaria hay gente que ni siquiera se evaluó ni se va a evaluar porque ellos siguen bajo el cobijo de la Secretaría».

Abordado en el Primer Congreso Ordinario del sindicato, comentó que los maestros que no fueron evaluados ocupan un lugar que no les corresponde.

«Hay gente que está nombrada de manera arbitraria usurpando puestos que compañeros de base se ganaron con sus esfuerzo y su tenecidad en la evaluación».

En ese tenor comentó que debido al problema existe un rezago en materia educativa además de que no se ha invertido lo suficiente en educación, sobre todo en zonas marginales.

Fuente: http://www.xeu.com.mx/nota.cfm?id=919856

 

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México: Impulsa Unicach formación de divulgadores de la ciencia

América del Norte/México/20 Agosto 2017/Fuente: Diario de Chiapas/Autor:M de R/ 

Por segunda ocasión se realiza en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), el curso de Divulgación de la Ciencia a través de la radio, en el cual participan 26 comunicadores de diversas instituciones educativas, quienes serán capacitados por la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica, A.C. (Somedicyt).

La secretaria académica de la Universidad, Flor Marina Bermúdez Urbina, inauguró las actividades de este curso organizado por la Radio Unicach 102.5 FM, adscrita a la Dirección de Extensión Universitaria, en colaboración con la Somedicyt.

En este contexto, destacó la importancia de que la Unicach cuenta con una estación de radio universitaria, no solo para posicionar las actividades de esta casa de estudios, sino para generar vínculos con las radios universitarias del resto del país.

El director de Radio Unicach, Diego Gámez Espinosa detalló que por segunda ocasión, Christopher Escamilla, productor radiofónico de la Universidad Autónoma de México (UNAM) capacita a los comunicadores chiapanecos.
Recordó que como resultado del primer curso, realizado en noviembre del 2016, se realizaron cápsulas radiofónicas sobre la prevención de cáncer de mama, utilización de estufas solares y los recursos energéticos naturales, las cuales se tradujeron al tsotsil y zoque, y se transmitieron en Radio Unicach 102.5 FM, en radios indigenistas a través de la Comisión de Derechos Indígenas (CDI) y el Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía.

Explicó que darán continuidad al trabajo de divulgación de la ciencia iniciado en el 2016, el cual conjunto las habilidades de los comunicadores, productores e investigadores, dando como resultado cápsulas radiofónicas que fueron seleccionadas para ser presentadas en días próximos en el 15° Congreso de la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología de América Latina y el Caribe, conocida como RedPOP, en Argentina.

Gámez Espinosa dijo que al finalizar la capacitación producirán nuevos contenidos, los cuales se traducirán el chol, tsetsal y chontal. Además de que esta capacitación conjunto que ofrece la Somedicyt y Radio UNICACH 102.5 FM, se impartirá en Oaxaca.

Con este proyecto buscan que el proceso de divulgación científica este presente en las comunidades indígenas, en donde se hablan lenguas originarias.

Fuente de la noticia: http://www.diariodechiapas.com/landing/impulsa-unicach-formacion-de-divulgadores-de-la-ciencia/
Fuente de la imagen: https://i1.wp.com/www.diariodechiapas.com/landing/wp-content/uploads/2017/08/DIRE_29-2-2.jpg?w=800
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México: Imparte UAT cursos a profesores de educación básica

América del Norte/México/20 Agosto 2017/Fuente: metronoticias/Autor:metronoticias

En el marco de la vinculación institucional, la Unidad Académica Multidisciplinaria de Ciencias, Educación y Humanidades (UAMCEH) de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), llevó a cabo un amplio programa de capacitación y actualización para profesores y directivos de educación básica de Tamaulipas.

El Director de la UAMCEH, Obidio Sánchez López, informó que en base a las acciones de vinculación que impulsa el Rector Enrique Etienne Pérez del Río, el programa se llevó a cabo en acuerdo con autoridades de la Secretaría de Educación en Tamaulipas (SET).

En este marco, comentó que se dieron un total de 11 cursos de capacitación a 31 grupos donde se concentran 1121 Docentes y Técnicos docentes de Educación Básica (Preescolar, Primaria y Secundaria), Supervisores Escolares y Directores de Escuela de diversos municipios de la Entidad.

Destacó que en los cursos se abordaron los temas: Evaluación del aprendizaje, enseñanza y evaluación del inglés; La investigación de campo y la práctica docente; Estrategias didácticas, enseñanza y evaluación de las matemáticas; Gestión y liderazgo para la función directiva; estrategias para la comprensión de textos; autorregulación de las conductas y emociones; La inclusión educativa y los objetos de aprendizaje, entre otros.

Añadió que los cursos se impartieron en la modalidad en línea y fueron diseñados por profesores de la UAMCEH a solicitud expresa de la Dirección de Formación Continua y Actualización Docente de la Secretaría de Educación de Tamaulipas (SET), que responden al perfil, parámetros e indicadores para Educación Básica y a los lineamientos para la operación de la Estrategia Nacional 2017.

Fuente de la noticia: http://www.metronoticias.com.mx/nota.cgi?id=307717

Fuente de la imagen: http://www.metronoticias.com.mx/fotos/uat-tam-36741.jpg

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Investigación: Alternativas para la evaluación del trabajo académico

Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico

Investigadores: Angélica Buendía, Susana García Salord, Rocío Grediaga, Monique Landesman, Roberto Rodríguez-Gómez, Norma Rondero, Mario Rueda y Héctor Vera.

Una de las políticas públicas de mayor impacto y continuidad para orientar, regular e incentivar el desempeño del personal académico de tiempo completo en las universidades públicas del país está sustentada en los programas de estímulos a la productividad, los cuales surgieron con el propósito de mejorar la calidad de la educación superior universitaria. El supuesto básico de estas políticas asoció los incentivos económicos con el impulso al personal académico para obtener posgrados, atender las tareas involucradas en la formación docente y participar en los programas institucionales de investigación y difusión.

En los programas de estímulos subyace un efecto de agregación: si la mayor parte de la planta académica de tiempo completo cumple con los requisitos establecidos, el resultado deberá ser la mejoría en la calidad esperada. En esencia, están orientados a premiar, mediante cuotas de sobresueldo, la productividad académica expresada básicamente en el número y la calidad de los productos de investigación, así como la actividad docente, medida por el número de asignaturas, tutorías y tesis dirigidas. Estos programas de estímulos representan, así, una fórmula de pago por méritos.

Aunque los múltiples programas de estímulos coinciden en ciertos rasgos, difieren en aspectos como el monto del sobresueldo asignado, los requisitos a cumplir y los procedimientos de evaluación correspondientes. En su origen, cumplían principalmente una función compensatoria del deterioro salarial ocurrido en la década de los ochenta y su intención era retener en las universidades al personal de mayor calificación. En la actualidad operan como un segundo régimen y tabulador que gobierna la actividad académica en las instituciones. Aunque conservan su carácter voluntario para los profesores e investigadores, es un hecho que por su implicación en el ingreso económico, la mayor parte del personal académico de tiempo completo –a gusto o disgusto– acude a su convocatoria.

Como la asignación de las categorías es por periodos determinados, previa evaluación, , los aspirantes pueden ascender, conservar la categoría, o descender. Esta condición se traduce en una presión continua para enfocar la actividad individual a la acumulación de tareas y productos contemplados en los protocolos y reglas operativas. De esta manera, los estímulos se han consolidado e institucionalizado como rutas de la trayectoria académica y profesional del personal académico generando un orden donde son prioridad el trabajo individual, el enfoque de competitividad de tareas y resultados, la producción documentable, y el uso del tiempo de trabajo en las actividades que acreditan la satisfacción de requisitos.

Se trata de una racionalidad meritocrática que tiende a desplazar a otras lógicas académicas, principalmente aquellas relacionadas con la simple satisfacción de contribuir, desde la vocación, la responsabilidad y el compromiso compartido, a los ejes centrales de la misión universitaria: formar estudiantes, generar bienes de conocimiento y cultura, y participar en su difusión social. La tensión entre ambas racionalidades –académica e instrumental– explica la aparente paradoja entre el éxito de la política asociada con los programas de estímulos (su permanencia, su progresiva extensión en el ámbito de la educación superior pública y su amplia capacidad de convocatoria) y las críticas que diversos actores, como especialistas, responsables de la instrumentación e incluso los propios académicos, han repetido prácticamente desde sus inicios.

Estos programas se desarrollaron a mediados de la década de los ochenta; su origen se fundamentó en el pago por mérito asociado a la evaluación, visto como la única vía para mejorar las deterioradas condiciones de los académicos de carrera —es decir— se dirigen únicamente a un sector de la profesión académica (aproximadamente a un 30 por ciento del total). El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) es el programa más visible de estas políticas pero actualmente la mayoría de las instituciones de educación superior cuentan con un programa de este tipo. Además, en paralelo al SNI, la Secretaría de Educación Pública, en colaboración con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), puso en marcha programas basados en fondos extraordinarios concursables para las universidades públicas, que implicaban también procesos de evaluación individual. Este fue el caso del Programa Nacional de Superación del Personal Académico (Supera), el Programa de Mejoramiento del Profesorado (Promep, hoy Prodep) y el Programa de Estímulos al Personal Docente.

Efectos del actual sistema de evaluación

Aunque las políticas buscaban instaurar una cultura de la evaluación, lo que los distintos programas de evaluación generaron fue un aparato burocrático dedicado al recuento curricular. Aunque no exento de algunas virtudes, ese resultado no instituyó prácticas que les permitieran a los evaluados contar con guías y retroalimentación para mejorar su quehacer profesional; lejos de ello, los académicos se toparon con pesados aparatos administrativos que los empujaban a producir más, sin que hubiera modelos que especificaran el sentido y los estándares de calidad de sus actividades docentes y de investigación. En resumen, se implementó, un sistema de recompensas para quienes entregaran cierto tipo de productos y no una evaluación que los orientara para ser mejores académicos.

Los programas en curso, más que hacer una evaluación académica, han institucionalizado el recuento curricular pues no cumplen con la función de valorar integralmente el aporte de los resultados a la acumulación de conocimientos, la calidad en la formación de recursos humanos ni la retroalimentan a los evaluados para que los resultados les permitan mejorar su desempeño. Los programas miden lo que se puede medir, no lo que se requiere sistematizar para promover la calidad de las actividades académicas. Es más fácil contar las publicaciones que evaluar los resultados de las labores docentes, por lo que éstas se han menospreciado entre los indicadores, minimizando el esfuerzo que los académicos destinan a ellas. La evaluación actual ha llegado a confundir el indicador con el trabajo que “cuenta”, pero no valora, reconoce o retroalimenta, más bien segmenta y etiqueta desempeños individuales, disociándolos de los objetivos de desarrollo institucional. Esta condición genera, a su vez, que los programas sobrevaloren ciertas actividades sobre otras —por ejemplo, la investigación por encima de la docencia, la difusión de la cultura y la vinculación social— sin analizar los aportes y su calidad en el marco de los campos de conocimiento o institucionales, el tipo de resultados, las tradiciones disciplinarias y la etapa de la trayectoria de los sujetos evaluados.

Por otro lado, los programas actuales, más que instancias que busquen mejorar los resultados de académicos e instituciones, parecen mecanismos de supervisión y control, basados en la desconfianza mutua entre gobierno e instituciones, y entre las instituciones y sus académicos.

Dada la multiplicación de programas, la frecuencia de las evaluaciones, la diversidad de formatos, el tipo de requisitos y el incesante incremento del número de instituciones, programas y académicos a evaluar, los académicos —especialmente los más reconocidos— cuando fungen como evaluadores destinan una parte importante de su tiempo, concentración y energía a procesos rutinarios. De igual forma, los evaluados consumen también una gran cantidad tiempo para cubrir los requisitos y proporcionar las evidencias solicitadas.

La periodicidad y cantidad de los programas de evaluación desalienta los trabajos de investigación de largo plazo, que frecuentemente son desplazados por proyectos de corto alcance. Esto ha conducido a la institucionalización de vicios y simulaciones, promoviendo un productivismo sin impacto organizacional ni disciplinario que se asocia directamente con la búsqueda de recursos económicos adicionales.

La evaluación del trabajo académicoafecta más directamente a una minoría selecta de instituciones y académicos. Los graves problemas de los profesores de tiempo parcial se han atendido poco, porque en general se hace énfasis en la investigación y en la diversidad de actividades y funciones que sólo realizan los académicos de tiempo completo. En la mayoría de las instituciones de educación superior la desatención a la evaluación del trabajo académico de un extenso grupo de profesores de tiempo parcial que sostienen la docencia en un alto porcentaje —sobre todo a nivel de licenciatura— ha ampliado la brecha en las condiciones laborales y los ingresos entre los profesores de tiempo completo y los de tiempo parcial. Además, las repercusiones de los premios, “estrellas” y “medallitas” de los distintos programas son inequitativos y estratifican a los académicos, quienes compiten en desigualdad de condiciones para alcanzar los indicadores, debido a las diferencias en términos contractuales, en contextos formativos y en apoyo institucional.

Resulta igualmente pertinente mencionar dos situaciones económicas vinculadas con las evaluaciones: los salarios y la jubilación. En el primer caso, se ha desatendido la discusión del tema central de los salarios dignos, pretendiendo que con la incorporación de remuneraciones no salariales se resuelve el problema de recuperar los ingresos y se logra estabilidad para garantizar la autonomía necesaria para producir conocimiento y formar los recursos que se requieren para el desarrollo social. Al no encarar la discusión en los salarios base, se desvía la atención hacia medidas parciales en vez de concentrarse en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo para los miembros de la profesión académica. Por otra parte, los programas de recompensas han contribuido a obstaculizar el retiro de los académicos. Esto en la medida en que los estímulos representan un alto porcentaje del ingreso, pero no repercuten en el monto de la jubilación ni en otras prestaciones. La planta académica ha envejecido, lo que, sumado a las restricciones presupuestales para la creación de nuevas plazas, dificulta la renovación de la planta académica y propicia el desempleo de los egresados de los programas de posgrado, que por su expansión son un número cada vez mayor. Por consiguiente, los procedimientos de evaluación en curso han afectado el relevo generacional.

Una propuesta para transformar la evaluación del trabajo académico

Podemos afirmar que las evaluaciones que hoy se realizan en el marco de los diferentes programas de incentivos no cumplen con varios de los requisitos esenciales en cualquier proceso de evaluación académica:

– que la evaluación tenga la finalidad de promover el desarrollo de los evaluados y no la de premiar o castigar;

– que los evaluadores emitan recomendaciones que aporten a mejorar los resultados y a propiciar la confluencia entre los objetivos de las trayectorias personales y las metas de las instituciones en que se participa;

– que los criterios de evaluación respondan a las particularidades de lo que se evalúa y que consideren las múltiples dimensiones del trabajo académico;

– que las reglas y los procedimientos sean explícitos y claros para todos los participantes (por ejemplo, las reglas para subir o bajar de nivel en un programa de estímulos o escalafón);

– que los resultados sean transparentes;

– que existan recursos de revisión.

Nuestra propuesta para mejorar las evaluaciones del trabajo académico es establecer a la evaluación como una estrategia institucional de valoración sistemática del trabajo global que realiza cada académico en pro del cumplimiento de los objetivos institucionales y del desarrollo del conocimiento en su campo de especialización. Se trata de abrirle paso a la función diagnóstica y formativa, propia de la evaluación académica, cuyo propósito central es la mejora sistemática de los procesos de trabajo, la superación continua de las personas, los grupos y las instituciones encargadas de llevarlos a cabo.

Para esto proponemos reemplazar el recuento curricular por una evaluación académica concebida como una evaluación diagnóstica, no centrada exclusivamente en los productos sino en el análisis integral de los procesos de trabajo, con la intención de identificar: los objetos de trabajo y los propósitos que cada académico se planteó; los retos y las dificultades que encontró y las formas de resolverlos; los recursos de que dispuso y el tiempo que invirtió; los avances y aportes que logró en distintos ámbitos; los puntos vulnerables y los pendientes que restan por encarar; los intereses y preocupaciones que surgieron y pretende trabajar y sus necesidades de superación académica.

La evaluación diagnóstica será una evaluación formativa en la medida en que se lleve a cabo como un ejercicio de reflexión colegiada, de retroalimentación y de intercambio informado entre colegas que asumen el papel de interlocutores y no de jueces. Y, ciertamente, dicho potencial será una realidad en la medida en que el proceso de evaluación cuente con la participación activa y comprometida de evaluados y evaluadores.

Proponemos, pues, propiciar el tránsito hacia la evaluación diagnóstica y formativa. Se pueden introducir cambios significativos en la medida en que el recuento curricular periódico de los productos se inscriba en la evaluación y autoevaluación de los procesos, entendidas como apreciaciones integrales del trabajo en las que se toma en cuenta el proyecto institucional, las condiciones objetivas en las que se realiza el trabajo, el tipo de nombramiento de cada académico, la disciplina de referencia, el momento de la trayectoria individual, la edad y el género.

Este tipo de evaluación tendría lugar en los grupos, equipos o unidades de adscripción más próximos, donde el académico realiza su trabajo cotidiano. Sus instrumentos serían el plan de trabajo y el informe de actividades anuales, y todo el proceso de evaluación estaría a cargo de los mismos involucrados. Los resultados de la evaluación se presentarían en el cuerpo colegiado de la institución encargado de dictaminar los planes e informes anuales de todos los académicos.

Para realizar una valoración integral de los expedientes proponemos que –al margen de que se trate de un programa de incentivos, de becas o de una evaluación colegiada del trabajo individual, en el interior de un grupo o de un equipo– el resultado de la evaluación sea una apreciación global del trabajo de cada académico, en la que consten en breve dos cuestiones: 1) un balance general que valore la calidad del trabajo realizado en función de la trayectoria del académico, las condiciones institucionales y personales de trabajo, apoyado en los productos reportados; 2) sugerencias que, a modo de retroalimentación, le permitan al académico hacer los ajustes necesarios para reorientar su plan de trabajo hacia el logro de un mejor desempeño.

De la misma manera, independientemente de la modalidad de evaluación de que se trate, siempre deberá garantizarse el derecho al recurso de revisión y a solicitar, según el caso, una nueva evaluación a cargo de evaluadores distintos de los que emitieron el primer resultado.

Cabe mencionar aquí otra ausencia notoria en las modalidades de evaluación vigentes: la evaluación de la evaluación, que incluya tanto el trabajo de los evaluadores como el funcionamiento y resultados de la aplicación de los programas mismos. Para ello, es conveniente establecer criterios y procedimientos claros. Se podrían tomar en cuenta, entre otras cosas, las horas que requiere; la cantidad de expedientes a cargo de cada evaluador; la dinámica de trabajo de las comisiones dictaminadoras; el tipo de dificultades más frecuentes; los índices de aprobación y rechazo; el contenido y el número de las solicitudes de revisión; las valoraciones de los académicos sobre el proceso y el grado de avance en los objetivos planteados. A partir de esto se harían los ajustes que se consideren necesarios para las siguientes evaluaciones.

Dada la gran cantidad de expedientes que típicamente hay que atender, haría falta estimar con mayor seriedad el número necesario de evaluadores en función del tiempo real que exige la evaluación rigurosa de cada expediente. No es recomendable recargar a los evaluadores con un número excesivo de expedientes, como sucede en la actualidad. Es deseable que los evaluadores sean elegidos por los profesores de las unidades académicas de una lista de sus pares, y que éstos no sean las autoridades de la institución. Finalmente, cabe recordar que el nivel alcanzado en los programas de estímulos —sean del SNI o de algún otro—, no representa un criterio que garantice ser un(a) buen(a) evaluador(a).

Conclusión

Cualquier intento por mejorar sustancialmente los procesos de evaluación del trabajo académico tendrá que afrontar el problema medular de que hoy la evaluación está unida a la administración de los ingresos económicos de los académicos en forma de estímulos y sobresueldos. Esto hace que sea urgente poner sobre la mesa de discusión la necesidad de un salario base digno y suficiente para todos los académicos.

La presente propuesta representa un acercamiento para atender las limitaciones y los efectos de los actuales programas de estímulos y pretende ofrecer a las instituciones de educación superior un nuevo horizonte de referencia para la transformación de la evaluación de sus académicos. Se trata de transitar del recuento curricular a la evaluación diagnóstica y formativa, introduciendo nuevos fundamentos y criterios en los programas vigentes. Las virtudes de nuestra propuesta son la construcción de un sistema real de evaluación que sea equitativo y transparente, que fomente la participación de los académicos en el proceso, que esté articulado a un proyecto institucional, que permita mejorar la calidad de las prácticas académicas y que respete la heterogeneidad de las instituciones, sus posibilidades reales de cambio, la diversidad de disciplinas y trayectorias. También pretende simplificar la maquinaria burocrática que participa en las evaluaciones, evitar las contradicciones entre los distintos mecanismos vigentes, contribuir a la autonomía de las instituciones y reducir el costo en trabajo y dinero de los procesos. Nuestro objetivo, en última instancia, es presentar sugerencias, criterios y cuestiones de carácter operativo para avanzar en la implementación de la propuesta general, que cada institución adaptaría a sus características específicas.

Angélica Buendía es profesora investigadora del Departamento de Producción Económica de la UAM-Xochimilco.

Susana García Salord es investigadora del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas de la UNAM.

Rocío Grediaga es profesora investigadora del Departamento de Sociología de la UAM-Atzcapotzalco.

Monique Landesman es profesora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM.

Roberto Rodríguez-Gómez es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

Norma Rondero es profesora investigadora del Departamento de Sociología de la UAM-Atzcapotzalco.

Mario Rueda es investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM.

Héctor Vera es investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM.


1 El presente documento nació con el interés de propiciar una discusión colectiva para mejorar los sistemas de evaluación del trabajo académico en las instituciones de educación superior en México. Nuestra intención es que las ideas aquí vertidas circulen y se debatan entre el mayor número posible de académicos. Este texto es una versión resumida de un escrito más extenso que puede consultarse aquí. Además nos interesa escuchar los comentarios y reacciones de todos los interesados en este tema.

Fuente reseña de investigación: http://educacion.nexos.com.mx/?p=588

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