Chile / 11 de noviembre de 2018 / Autor: Jorge Enkis / Fuente: Periódico Libertario
Chile / 11 de noviembre de 2018 / Autor: Jorge Enkis / Fuente: Periódico Libertario
Uruguay / 11 de noviembre de 2018 / Autor: Eco. Claudio Rama, Dr. ED, Dr. DER / Fuente: República
Los países han establecido mecanismos selectivos de acceso a la educación superior en base al merito, acompañados desde los años 70 por políticas proactivas compensatorias, asociadas a la “justicia con equidad”. Uruguay a diferencia ha permitido el acceso a todos a la educación superior pública sin ningún mecanismo de selección: ni aranceles, ni exámenes evaluativos, ni cupos limitantes, ni mínimos de aprobación de créditos o tiempo de estudio.
Ello derivó en alta cobertura, pero a la vez bajos niveles de aprendizaje, alta deserción estudiantil y altos costos por titulado. Este sistema de acceso libre, sin control incluso de asistencia, refuerza su tendencia estructural a la baja calidad ante la ausencia de mecanismos externos de aseguramiento de la calidad. Sin embargo, parecería estarse modificando –en parte al menos- hacia un sistema selectivo de cupos con acceso por azar, aún más trágico para el país.
En algunas carreras se han establecido cupos, pero que se distribuyen por azar y no por méritos. Se sostiene ahora que por limitaciones de espacio y de calidad, el azar es el mecanismo más democrático para seleccionar el acceso. Es un enfoque de igualitarismo de la suerte, frente a lo que llaman la desigualdad de los méritos como mecanismo de selección. El mérito es visto como herencia de clases y de los padres, y se proclama al azar como un acto democrático, y eje en la construcción de una sociedad de iguales.
Veamos los casos. El ingreso actual en la UDELAR en el área de salud a la Escuela Universitaria de Tecnología Médica (EUTM), en el Instituto Superior de Educación Física (ISEF) y en la Escuela de Diseño de la Facultad de Arquitectura (total casi 25 carreras), se realiza mediante sorteo de cupos predefinidos. Es un acceso por azar y donde los que se prepararon más tienen las mismas chances que los que no se han esforzado ellos o sus familias. Ello va a contramano de la Declaración de los Derechos Humanos que firmó Uruguay que dice que “el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”.
En el Instituto Superior de Educación Física que antes realizaba pruebas prácticas y teóricas para seleccionar a los mejores, desde el 2013, cambio la política de acceso y decidió sustituir la prueba teórica de múltiple opción por el sorteo y mantener la prueba práctica, y desde el 2014 eliminó la instancia práctica, y el azar es la única barrera para acceder tanto en Montevideo como en el interior. Igualmente tiene cupos para el sorteo por departamento y para extranjeros. Se ha llegado a sostener que “no había ningún motivo que pudiera justificar el hecho de seleccionar.
Ni a nivel práctico ni a nivel teórico porque la selección se hace únicamente por la existencia de cupos”. También se planteó que es una cuestión de clase social ya que habían clubes privados que entrenaban a los aspirantes a ingresar al ISEF y que la gente que podía pagar y que había tenido, en su etapa de estudiante escolar, acceso a piscinas iba a tener mayor posibilidad que aquellos que no. Se argumenta que el sorteo es el mecanismo más democrático de selección ante las limitaciones de recursos y la alta demanda de acceso, y que liberar el ingreso a todos implicaría que los estudios tuvieran menor calidad académica.
En el caso de la Escuela Universitaria de Tecnología Médica (EUTM), la selección por azar es a sus 18 carreras del área de tecnología médica en las 3 sedes y no importan los méritos. El sorteo es ordenado y centralizado, y se realiza por Internet con presencia de un escribano público, como parte de una política explícita del Consejo Directivo Central (CDC) de la UDELAR, bajo el actual Rector Markarian. Existe una página web para inscribirse en esos sorteos. https://preinscripciones.udelar.edu.uy/
La Declaración de los Derechos Humanos, que firmó Uruguay, establece una concepción por la cual el mérito es el criterio central para determinar el ingreso a la universidad en condiciones selectivas y que reconoce los esfuerzos de las personas. Ello además se asocia a quienes posteriormente tienen una mayor eficiencia de titulación. Igualmente, también el mérito, por su mayor correlación a los graduados, se conforma con la mejor asignación de los impuestos de las personas, dadas las externalidades positivas para todos de los egresados.
En este cambio “anti- meritocrático” si el mecanismo de acceso estudiantil se constituye en el azar (para quienes han cumplido el mínimo de ser bachiller), también cabría que la selección de los profesores debería ser por azar entre aquellos que cumplan los mínimos niveles. El máximo y la calidad dejan ser el mecanismo de selección social y del rol educativo, para pasarse a igualar por abajo, donde el azar se conforma como el mecanismo más idóneo.
El rechazo al mérito, para algunos se apoya en que crea desigualdades en tanto pone a la competencia y el éxito individual en el centro de los vínculos entre los seres humanos, e instaura una estructura de sectores privilegiados asociado a la educación y a las competencias y habilidades del conocimiento. El azar sería una forma de anular el mérito previo, aunque éste no elimina la desigualdad que crea la propia educación.
Sin embargo, cuando uno analiza las carreras donde no hay selección y hay además gratuidad, los pobres no ingresan a la educación superior. Con la selectividad es posible asignar mejor las becas a los que no tienen ingresos, reducir la deserción y tener mejor calidad. Con el azar no.
Tienen tanta posibilidad de ingresar los mejores como los peores. Es la justicia social del azar contra el esfuerzo. Al final el azar del sorteo es casi igual que el azar de la cuna, ya que no depende de los esfuerzos personales. Es claro que una sociedad justa debe buscar compensar las desigualdades, pero no será justa una sociedad sino recompensa los esfuerzos.
Aquellas desigualdades de las que las personas no son responsables son inmerecidas e injustas, mientras que las que derivan de la responsabilidad individual y el esfuerzo si son merecidas y justas. La sociedad uruguaya estableció la gratuidad en el acceso a la educación superior pero al mismo tiempo reconocía el principio del mérito. Hoy lo está abandonando. Es la misma filosofía del cambio de los abanderados. Pero peor aún, para la educación superior.
Fuente de la Noticia:
https://www.republica.com.uy/el-acceso-a-la-educacion-superior-en-uruguay-azar-o-merito-id672852/
ove/mahv/293788
Colombia / 11 de noviembre de 2018 / Autor: Camila Londoño / Fuente: Elige Educar
Redacción: Colombia Informa
Durante las protestas realizadas en todos el país, miles de estudiantes maestros, maestras y la ciudadanía en general dejó clara su voluntad de exigir soluciones reales a la difícil situación que viven las universidades colombianas.
Medellín
Cientos de lápices aún cuelgan desde el puente de Punto Cero en Medellín. Estudiantes de la Nacional, de la Universidad de Antioquia, del Instituto Tecnológico de Antioquia -ITM- y del Politécnico Jaime Isaza Cadavid protagonizaron un plantón en este punto de la ciudad, durante las protestas estudiantiles en todo el país.
El tráfico fue detenido durante más de dos horas con la ayuda de tambores, bailes y cantos que hacían alusión a la defensa de la educación. Por su parte, el puente estuvo cubierto por un mar de personas que permanecieron allí con malabares, telas y música.
Más tarde, los estudiantes se movilizaron unas cuadras hacia el parque de los deseos, con el fin de presionar a Iván Duque que se encontraba cerca. La protesta fue reprimida por el Esmad con aturdidoras y gases lacrimógenos; en horas de la noche, luego de los disturbios, fueron detenidos irregularmente 15 estudiantes.
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Bucaramanga
Estudiantes de universidad públicas y privadas, docentes y comunidad en general se tomaron las principales calles de Bucaramanga desde las seis de la tarde. Con antorchas, arengas, tambores y un ambiente de lucha estudiantil pacífica, durante tres horas estudiantes recorrieron las calles para exigirle al Gobierno Nacional cumplimiento de las exigencias que hoy necesita urgentemente la educación pública.
El pasado 16 de octubre, durante la asamblea permanente de la Universidad Industrial de Santander –UIS-, estudiantes junto con docentes, anunciaron un paro indefinido, que se articuló con otras universidades públicas en la misma situación: Universidad Nacional en sus sedes de Amazonía, Medellín, Palmira y Bogotá; la Universidad de Córdoba; Universidad de Antioquia; Universidad del Valle; Universidad del Atlántico y Universidad de Caldas. Se espera que otras participen progresivamente en los ceses de actividades educativas.
Por: Adolfo Zableh Durán
Que marchen los estudiantes y rompan todo. No solo ventanas y fachadas, buses y estaciones de TransMilenio, que rompan el país que hemos creado. Que lo rompan, así no sean estudiantes sino vándalos disfrazados como tal. Que taponen vías y ataquen propiedades es un daño menor comparado con todo el mal que les hemos hecho.
Que rompan la Casa de Nariño y el Congreso, sin asco y a lo ‘maldita sea’. Que se metan y lo destruyan todo. La educación es lo que permite salir adelante, decidir a conciencia, manejar la vida propia, tener oportunidades. Los políticos lo saben, por eso no dan la educación que tanto prometen; ellos necesitan soldados obedientes y votantes alienados. Que borren entonces de sus caras esa sonrisa oportunista, esa pose de redentores, cuando lo que han hecho es hundirnos en la pobreza.
Si no hay plata para la educación, es porque se la roban, porque hay que comprar fincas, vestirse bien y andar con escoltas, siempre delinquiendo con la ley de su lado. El marginado cree entonces que no tiene opciones, y con sus reducidas herramientas escoge la violencia. El que está montado, en cambio, posa de correcto mientras nos desangra; de alguna forma tiene que pagar. Se han robado la educación y la salud, las pensiones y las obras civiles. Nos tienen del cuello, que los rompan entonces.
Que caigamos todos si eso sirve para que haya una sociedad mejor. Que quemen su casa y la mía, que no tenemos la culpa de nada, pero sí. Nos creemos buenos y más bien somos pasivos, convenientes. Por otro lado, a nadie se le puede exigir que sea un activista político o que cambie el establecimiento, pero en esta vida hemos escogido el camino fácil y por algún lado tenemos que pagar, así sea poco. Nadie quiere salir a la calle y que le rompan la cabeza o una ventana solo por estar en el lugar y el momento equivocados, así que, si puede, cuídese para que no lo afecten esas cosas. Pero si le pasa no estará bien ni mal, no será más que la vida haciendo lo suyo, la ley de acción y reacción, de la que no se escapa nadie.
Es fácil hablar de estudiantes desadaptados cuando es más bien la sociedad, salvaje y desigual, la desadaptada. Ellos son solo la consecuencia del sistema que creamos. Cuando hay disturbios salimos como señoras indignadas a decir que son unos vándalos, pero no hacemos mucho para solucionarlo. Pasa en el fútbol: matan un hincha o agreden con piedras el bus de un equipo, y repetimos el discurso de que son unos pocos desadaptados los que empañan la fiesta. Es mentira, no son pocos, es todo el fútbol lo que está mal. Es uno de los negocios más corruptos que existen, y a él nos hemos entregado, felices y ciegos, solo porque nos alegra las tardes. Que el mundo arda y que mueran unos cuantos no nos importa; nosotros solo queremos gritar goles.
La gente bien, que no hay tal cosa, usa a esos desadaptados igual que como usa a los pobres. A los primeros, para poder quejarse; a los segundos, para sentir que está haciendo una buena obra. Es más sencillo alzar la voz de protesta, recaudar fondos y organizar obras de beneficencia que arreglar los problemas del mundo. Si fuéramos una sociedad con oportunidades, ahí sí podríamos hablar de desadaptados, pero en un país como Colombia se trata de personas que hemos dejado atrás, sin oportunidades y sin voz, que reaccionan de manera incendiaria a la primera oportunidad.
Que marchen los estudiantes y los vándalos, todos mezclados; que no se sepa quién es quién, a ver si matamos dos pájaros de un tiro. Que causen destrucción y estragos y, si quieren, limpien y reparen después, como hicieron muchos en las marchas del último miércoles, pero que hagan algo drástico. Que lo rompan todo para que volvamos a empezar.
Fuente: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/adolfo-zableh-duran/que-rompan-todo-adolfo-zableh-duran-280780
Redacción: Universia
La tarea de un profesor contemporáneo implica todo tipo de tareas, que en definitiva restan tiempo a la enseñanza e implican una dedicación horaria que excede los tiempos de trabajo habituales.
Si pensamos en un profesor, la idea de un aula repleta de estudiantes se asocia casi al instante. En la imagen tradicional o más habitual de estos, el docente se encuentra frente a los alumnos, transmitiendo su lección de manera oral o con presentaciones de diapositivas.
Sin embargo, esto no es lo único que hacen los docentes en su tiempo de trabajo. Además de presentar una lección, estos planifican las clases, realizan tareas administrativas, pasan lista, evalúan trabajos, realizan presentaciones, repasan el progreso de sus estudiantes, charlan con sus alumnos, buscan material de interés para el grupo, se reúnen con otros docentes y autoridades del curso, etc.
La tarea de un profesor contemporáneo implica todo tipo de tareas, que en definitiva restan tiempo a la enseñanza e implican una dedicación horaria que excede los tiempos de trabajo habituales. Por lo general, las planificaciones, correcciones, búsquedas de información y otras tantas tareas se realizan en el hogar.
Por ello, la gestión del tiempo se vuelve esencial para este tipo de profesionales. Tanto así, que puede cambiar la forma en que se sienten respecto a su trabajo.
¿Es tu caso? ¿Sos profesor y pasás más tiempo con tareas administrativas que de enseñanza? Estas son las 6 estrategias y tips que van a ayudarte a cambiarlo de manera definitiva:
1) Automatizá la lista
Gracias a la transformación digital que enfrentan los centros de estudio, es cada vez más sencillo incorporar tecnología al aula. Un ejemplo efectivo y que ahorra tiempo son las apps para el control de lista, que quitan esta tarea de las manos de los docentes.
2) Cambiá los exámenes
Existen exámenes autocorregibles que pueden crearse incluso con elementos tan simples como los formularios de Google. Usarlos puede ahorrarte horas de tiempo que normalmente usarías en corregirlos.
3) Blog
Con un blog de la clase, será más sencillo tener en un solo lugar los debates, entregas de trabajos e intercambios de opiniones.
4) Formación de pares
Creá actividades que permitan el intercambio entre pares, permitiendo que los propios alumnos se enseñen las temáticas.
5) Invertí
La clase invertida ahorra tiempo y mejora la comunicación con los alumnos, por lo que no serás el único que gane empleando este modelo pedagógico.
6) Simplificá
Cambiar los exámenes de desarrollo por los de múltiple opción, las lecciones teóricas por películas sobre una temática concreta… Existen tantos formatos y sistemas, que no aprovecharlos resulta una pérdida de tiempo.
Por último, es necesario que te preguntes qué vas a hacer con el tiempo que estás ganando. Este puede ser de utilidad para conciliar de mejor forma vida laboral y personal, o para expandir tus actividades, optando por ejemplo por realizar una investigación o estudio de posgrado.
Fuente: https://www.rosario3.com/noticias/Gestion-del-tiempo-6-estrategias-para-que-los-profesores-optimicen-recursos-20181107-0040.html
Redacción: Montevideo Portal
Narrado en primera persona, el relato procura llamar la atención sobre la responsabilidad colectiva en los casos de feminicidio.
Brasil es un país sumamente castigado por el flagelo del feminicidio, lacra que en nuestro país también campa a sus anchas.
Conmovido por esas muertes cotidianas -trece al día, según las estadísticas- el historiador brasileño Cadu de Castro escribió y compartió en Facebook una conmovedora crónica.
En su breve relato, el autor deja claro que un feminicidio no se produce sólo en el instante en el que un hombre le arrebata la vida a una mujer. Comienza mucho antes, y con la involuntaria y anónima complicidad de todos.
Publicado hace menos de un mes, el relato de Castro fue compartido más de cincuenta mil veces y reproducido en varios medios de prensa brasileños.
A continuación, ofrecemos el texto traducido al español.
Soy machista. Fui criado así. Crecí, me casé y tuve una hija. Siempre sometí a mi mujer, algo que me parecía completamente natural. Al fin y al cabo, el machismo es tan estructural que se naturaliza. Usaba adjetivos como incompetente, idiota, estúpida, para criticar muchas de sus palabras y posturas, y así disminuirla, empequeñecerla. Nunca la agredí físicamente, pero ejercía violencia psicológica. Mi hija fue criada en ese ambiente.
Me reía de los chistes que humillan o descalifican a las mujeres, y los reproducía. Cuando alguna se ofendía y protestaba le preguntaba si no tenía sentido del humor, era sólo un chiste, una broma. Aparte de eso, siempre fui muy moralista, especialmente cuando veía mujeres con ropas muy cortas. Muchas veces dije que estaban pidiendo ser violadas. Recuerdo que una vez me contaron sobre un caso de violación de una chica «modernosa» del barrio donde vivo, y cuestioné si se trataba realmente de una violación. Al fin y al cabo, ella abusaba, lo pedía ¿no? Mi hija escuchaba todo eso.
Defendía que hombres y mujeres son muy diferentes y por eso sus derechos no podían ser iguales. Reproducía las falacias de que el hombre es más racional y la mujer más sentimental, que tener muchas mujeres en un mismo lugar de trabajo no da resultado, que la mujer habla demasiado, que le gustan los chismes, que los hombres son más competentes para gerenciar negocios, que hay mujeres a las que les gusta que les peguen, que los niños mal educados lo son por culpa de la madre, etc. Mi hija aprendió todo eso.
Una vez, un vecino agredió físicamente a su mujer. Mi esposa y mi hija hablaron de llamar a la policía, pero lo impedí. Dije que «en pelea de marido y mujer no se mete cuchara». ¿Quién sabe lo que ella hizo para hacerle perder a él la cabeza? Mi hija incorporó esa idea.
Deshumanizaba la figura femenina. A las mujeres más independientes y despegadas de esas reglas morales que yo defendía, las llamaba vacas, yeguas, cerdas. Decía que el feminismo era cosa de mujeres «mal atendidas», feas, desequilibradas, desubicadas. Me ofendía cuando alguien me llamaba machista, y decía, «ni machismo ni feminismo, nada de ismos». Mi hija llegó a reproducir algunas de mis expresiones.
Recuerdo cuando ella me lo presentó. Estaban empezando a salir. Una vez la oí conversando con una amiga y le contaba que a veces era un poco grosero, pero los hombres son así, ¿verdad? Yo era su referencia.
En otra ocasión hablaba con una prima sobre cómo lo encontró con otra, pero él se disculpó y dijo que era sólo un desliz, que la amaba. Recordó que unos años antes, su madre había descubierto algunas aventuras mías, y que eso era, al fin y al cabo, cosa de hombres.
Él me caía bien. Era un muchacho simpático y trabajador. Reía mucho de los chistes sobre mujeres que le contaba, y hasta aportó algunos nuevos que ampliaron mi repertorio.
Hace poco ella llegó a casa con un hematoma en un ojo, el rostro hinchado y marcas en los brazos. Le pregunté sobre eso y contestó que se había caído por las escaleras, pero que estaba bien, que no hacía falta que me preocupara. Le pregunté si todo iba bien con su marido y me dijo que sí, que él la amaba.
Ayer recibí una llamada de la policía. Supe que mi hija estaba muerta. Su compañero la había tirado del balcón desde un décimo piso. O la había apuñalado, o baleado, o estrangulado, o golpeado hasta la muerte durante una pelea conyugal.
Los vecinos oyeron sus gritos pidiendo socorro, pero nadie intervino ni llamó a la policía. Al fin y al cabo, en pelea de marido y mujer no se mete cuchara.
Yo caí, o fui apuñalado, o baleado o estrangulado junto con mi hija. Ahora yazgo en este suelo frío, La caída, o el tiro, o el estrangulamiento, o los golpes, o la puñalada que destrozó mi alma, agudizó mis sentidos. Puedo ver, oír. Veo ahora con una claridad y lucidez que me lastiman: el machismo, que siempre naturalicé y reproduje, oprime, hiere, mata. Oigo el grito de los feminismos. Es un grito de dolor. Es un grito ancestral. Es un grito por igualdad de derechos y oportunidades. Es un grito por respeto. Es un grito por la vida. Es el grito de mi hija. Es el grito de tu hija.
Es tarde para mí. Es tarde para ella. Maté a mi hija. En cada acto machista maté a mi hija. Maté también otras hijas, hermanas, madres. Defender y reproducir el machismo es mancharse las manos con sangre. Tú puedes aún salvar a tu hija, hermana, madre y tantas otras mujeres. Actúa antes de que sea tarde.
Debes estar preguntándote si esta historia es verídica. Respondo: sí y no. Sí porque ocurre todos los días, en muchos lugares y a muchas familias. Criamos una serie de feminicidas, y algunos feminicidas en serie. Brasil está entre los países con mayor tasa de feminicidios: ocupa la quinta posición en un ranking de 83 naciones. Mueren 13 mujeres al día en casos de feminicidio, y casi el 80% de ellas a manos de sus parejas.
Y no, no es verídica porque no me ocurrió a mí.
Simplemente escribí esta crónica porque me sentí tocado por un grave problema social: el machismo, al que tenemos que exponer, revelar y combatir todos los días y en todas partes.
Tengo la dicha de estar rodeado de mujeres feministas. Esposa, hija, sobrina, nuera, primas y amigas
Crié una hija feminista. Desde pequeña le enseñé a aceptar un NO sólo si tenía una justificación coherente, proviniera de quien proviniera, incluido yo.
Cuando surgieron expectativas sobre hacerla estudiar ballet, la apoyé para que entrenara taekwondo como ella quería. Ahora es cinturón negro segundo dan. Fue campeona brasileña combatiendo con hombres (en aquella época no había otras mujeres) y campeona panamericana. Está casada con un tipo maravilloso. Y ahora esperamos a Mel, su hija y mi primera nieta, y sólo de pensarlo me lleno de amor y ternura.
Necesito luchar por un mundo mejor para ella. Por un mundo mejor para todas las mujeres. Quiero un mundo mejor para todas las personas.
Y para eso, nosotros, los hombres, tenemos que empeñarnos en una férrea lucha que comienza dentro de cada uno de nosotros, contra el machismo nuestro de cada día. Tenemos que desaprender lo que somos.
¡Sólo los feminismos salvan! Esa lucha es de todos nosotros. Le enseño eso a mi hijo, que es un tipo maravilloso.
Fuente: https://www.montevideo.com.uy/Mujer/-Como-mate-a-mi-hija-la-removedora-cronica-de-un-padre-conquista-las-redes-uc694135