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Argentina: Arbolar, una propuesta pedagógica que crece y se centra en los niños

Argentina/3o junio 2016/Fuente: AIM Digital

Diez y nueve niños de entre tres y nueve años protagonizan la propuesta pedagógica que realiza Arbolar, en la localidad de Colón, un espacio que se centra, especialmente, en los alumnos, y, antes que en los contenidos, atiende el proceso de aprendizaje de cada uno de ellos, confirmó a AIM la impulsora del proyecto y referente del espacio pedagógico Gisela Righelato.

En rigor, Arbolar plantea pautas de enseñanza y aprendizaje que respetan los procesos de apropiación natural de los conocimientos diferentes en cada niño, atendiendo y respetando la diversidad. En el espacio interactúan chicos de entre dos años y medio y nueve años,  facilitadoras que son docentes pero no maestras tradicionales, espacios físicos para que los niños circulen libremente, y materiales didácticos que se organizan en función de las áreas vida, educación sensorial, lenguaje y matemáticas, todo de acuerdo con los  intereses de los pequeños.

Cómo aprenden los chicos

Un día, Aramis planteó que quería hacer un pan y lo comentó: entonces fueron a la cocina donde estaba el maestro-guia, que les enseñó cuáles eran los ingredientes que lleva para su elaboración y en qué cantidades. “Así, los chicos aprenden no sólo a elaborar su propio pan, que de por si es saludable porque se utilizan ingredientes orgánicos, sino que aprenden matemáticas cocinando”, explicó Righelato.

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La profesora de Educación física y maestra de yoga detalló que, en la actualidad, Arbolar esta desarrollando un informe con profesionales de diferentes áreas, “para generar el primer registro provincial certero en todas las dimensiones de lo que es este proceso de acompañamiento educativo, y los beneficios que genera en los niños que viven a diario esta experiencia”.

La referente del espacio pedagógico explicó que un grupo de profesionales vinculados a niñez y educación desarrolla el protocolo legal. “Se trata del Estudio Jurídico Illia-Vinacur, que elabora el informe de acuerdo a las leyes que sustentan y avalan este tipo de enseñanza, relacionando normas nacionales de educación, y los Derechos del Niño, entre otros aspectos. Además, Ivana López será la referente del área social y trabajará con un equipo interdisciplinario de médicos y psicopedagoga que, en conjunto, se encargarán de efectuar un relevamiento de la evolución y los beneficios de los niños que están transitando esta modalidad de acompañamiento educativo”.

La profesora comentó que la propuesta toma pautas de escuelas libres que surgieron en Brasil y se hacen lecturas de las herramientas de la escuelas Montessori y la pedagogía Waldorf.

En todos los ciclos

Righelato detalló que Arbolar “aborda todas las esferas de desarrollo del ser humano en todos sus ciclos (gestación, niñez, juventud adultez, ancianidad)”, y destacó que “el mundo que queremos que los niños vivan en libertad, respeto y cuidado, debemos experimentarlo primero los adultos. Creemos profundamente que, para generar un cambio, la motivación y el impulso tiene que ser desde dentro hacia afuera, y que aquello que queramos modificar en el ámbito de educación, salud, desarrollo ecológico hay que transitarlo, proponerlo, vivirlo”.

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Por eso, Arbolar, una propuesta pedagógica que crece y se centra en los niños, como por ejemplo, “la medicina preventiva. También desarrollamos acciones para generar la utilización de energías limpias y renovadas, promovemos la construcción natural, instamos a la conservación de flora y fauna, la reforestación autóctona, todo esto como parte integral de la vida, buscando coherencia en las elecciones”. También promueven talleres abiertos a la comunidad en las áreas mencionadas, mostrando que la transformación es posible: “lo único necesario es la intención verdadera y sostenida para que esto se manifieste”, dijo la educadora.

Que vengan todos

Con la intención de promover cambios y generar consciencia en las personas respecto a la educación, la salud, así como en la manera de vincularse con la naturaleza y la sociedad, este año se sumaron al movimiento destacados ingenieros, biólogos, médicos y profesionales de las artes de nuestra provincia, interesados en la construcción y expansión de la propuesta que sigue creciendo.  “En su aspecto pedagógico, Arbolar es referencia primera en la provincia. De transito sostenido, cuenta con un espacio real para compartir desde hace 30 meses, en lo que se refiere a el acompañamiento de los procesos  educativos de los niños con una propuesta libertaria y democrática no directiva, basada en vínculos presentes, amables y respetuosos. Con alegría, hoy podemos afirmar que en la actualidad viven esta experiencia 19 niños entre tres y nueve  años de edad”.

La profesora manifestó que, además, el grupo pedagógico de Arbolar “acompaña los impulsos de otros proyectos que comienzan a gestarse en la provincia y en diferentes puntos del país, compartiendo la experiencia y asesorando a quienes demandan interés por esta forma de transitar la educación de nuestros niños”.

Qué es la Fundación Arbolar espacio vivo

La Fundación Arbolar, que está presidida por Martín Ponce,  acompaña desde la educación y la salud al desarrollo integral del ser humano, en todas sus esferas: mental, emocional, físico y espiritual, en relación de armonía, respeto, defensa y conservación del entorno ambiental y cultural.

Propone un espacio de creación colectiva donde disfrutamos de encontrarnos de manera amable y respetuosa, compartiendo en libertad y aprendiendo en la diversidad.

Promueve la permacultura como modalidad de vida y herramienta de transformación social, cuidando el planeta y los seres que lo habitan.

Fuente: http://www.aimdigital.com.ar/2016/06/30/arbolar-una-propuesta-pedagogica-que-crece-y-se-centra-en-los-ninos/

 

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Ustedes, que hablan así …

Creo que con los cuarenta llegan muchos regalos. Cuando los cumplí experimenté una especie de epifanía sobre cómo debía hacer para transmitir lo que quería decir de un modo mucho más claro.
Vi que, en ese momento, se completaba un proceso de reflexión que, habiendo comenzado casi unos diez años antes, encontraba allí una conclusión: cuando el lenguaje que utilizamos no ayuda a andar a quien acompañamos, algo puede hacerse mejor. Así que desde ese momento comencé a hacer de forma consciente algo que ya intentaba aplicar de forma intuitiva: ajustar mis expresiones, mi vocabulario, mi postura corporal y el modo de presentar las ideas en aulas y talleres, a quienes serían receptores de la actividad.
 
Ese rol de la palabra en la vida cotidiana, más allá de la comunicación básica, se fue revelando desde mi incorporación progresiva a distintas formas a labores de enseñanza-aprendizaje. La maternidad, quizás fue la principal, pero no la única. Aprender de mi madre la labor de la repostería y ayudarla a diseñar sus trabajos fue otra. En todas esas tareas antes que todo, me sentí como una aprendiz que acompañaba a otros y otras y, además iba aprendiendo.
 
Quizás una de las experiencias que marcó de un modo significativo mi búsqueda sobre la palabra en el aula, fue la enseñanza en Misión Sucre. Allí trabajé con tres grupos de participantes adultos que cursaban Estudios Jurídicos y que, debo confesar, tenían muchas más expectativas de mi desempeño que yo misma. Según percibí, su principal expectativa venía de mi título y la universidad que lo certificó. Confieso que el ser egresada de la ULA para mi significaba mucho menos, entre otras cosas porque ya llevaba décadas convencida de que la formación profesional, la verdadera, ocurre en el tránsito de la vía de los estudios y también después de la obtención del título, y estaba segura de que el título de politóloga certificaba más la senda que había decidido transitar que mi nivel de conocimiento puntual.
 
Había en esos grupos de Misión Sucre una suerte de carácter combativo por ser también grupos politizados, y también el natural temor a equivocarse que, no puede dudarse, se siente mucho más marcado en adultos. Siendo el habla una de las primeras cosas que nos corrigen según vamos comenzando a articular palabra, era lógico pensar que una de las cosas que causaría un poco más de aprehensión entre los participantes, era escribir o decir algo equivocado ante una profesora a la que tenían en tanta estima porque era egresada de una universidad.
 
Recordé entonces, un temor que había también en mi madre, esa mujer que de un curso de repostería hecho en una escuela de labores en El Vigía, ideó el modo de pintar tortas a mano y las adornaba como si fueran lienzos. Cuando avanzaba mis estudios en la universidad, ella me confesó, disgustada que es como a veces se cuentan las cosas que duelen, que temía que nosotros, que hablábamos de esa forma que aprendíamos en la universidad, nos avergonzáramos de ella. Se refería a mi hermano, casi graduado de médico en esa fecha, y  a mi, que avanzaba en los estudios de ciencias políticas. Sus estudios formales habían llegado hasta tercer grado, aunque luego se desempeñó como secretaria comercial en INDULAC, lugar donde conoció a mi padre. Nunca vi a madres de mis compañeras de estudios leer del modo en que leía mi mamá, o resolver con ingenio cosas cotidianas, pero ella sentía que la palabra dominaba un espacio que ella aspiraba fuera de nosotros, y se negaba para si.
 
Entonces, con estos participantes de Misión Sucre aprendí a hablar de un modo que me permitió habitar sus espacios, con la excusa de aprender de participación ciudadana y política, de proyecto sociointegrador, y con la esperanza de poder resolver algunos problemas cotidianos. Habitaban ellos mi aprendizaje particular sobre los modos en que podíamos hablar de teorías políticas y desarrollo socioeconómico en contextos específicos de comunidades del sector Zumba o Ejido, eran mis maestros formadores y mis primeros tutores en las andanzas de la enseñanza, todo ello mientras la palabra, no sin accidentes, nos ayudaba a construir puntos de encuentro para ese convivir tan particular que es la formación militante para la transformación social.
Imagen destacada tomada de: https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/5b/21/06/5b21069082bae9007517ee7d2c0aa71c.jpg
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Ecuador: Dos millones de estudiantes salen hoy de vacaciones

Ecuador/30 junio 2016/ Fuente: El Comercio

Oficialmente, el año lec­tivo 2015- 2016 termi­na hoy, 30 de junio, para los alumnos del régimen Sierra-Amazonía. Los niños y jóvenes que pasaron las materias sin complicaciones disfrutarán de las vacaciones hasta el 5 de septiembre. Los demás deben prepararse para supletorios y exámenes de gracia.
En total, son 1 991 395 estudiantes de planteles públicos y privados. La mayoría cursa la Educación General Básica: 1 421 123 chicos, según el Ministerio del ramo. En Quito, hay 651 732 muchachos que dejan las aulas.
En las últimas semanas de este mes, en los establecimientos se han desarrollado exposiciones y programas de cierre, con la presencia de padres de familia. En la Unidad Educativa Rudolf Steiner, con ayuda de los profesores, los chicos simularon un noticiero de televisión. Hubo entrevistas y reportes en directo.
La exposición, realizada el sábado, fue el proyecto final del Programa de Escuela Primaria, que es parte del diploma de Bachillerato Internacional.
María Gordillo, directora de Estudios de Inicial y Primaria, comentó que la intención fue que los niños conocieran la problemática actual y debatiesen las soluciones. Hoy habrá una ceremonia especial para dar por finalizado el año, como en otros planteles.
Ayer, en la Unidad Jesús de Nazareth, en el sur de Quito, culminaron las clases para los niños de primaria e inicial. María Isabel V., estudiante de segundo de Básica, hizo una tarjeta para su profesora. “Le digo que la quiero y que la voy a extrañar mucho mientras esté en la playa. Me voy de viaje”.
La niña recordó que aprendió a sumar y a restar, este año, gracias a la profesora Cecilia Alomoto, quien coordinó actividades de distracción. Los alumnos de tercero hicieron un muñeco con lana, al que llevarán a las vacaciones y así tener un recuerdo mientras estén fuera de las aulas.
Pero no todo es alegría en esta etapa del año. Algunos padres perdieron sus empleos. Y han tenido problemas para pagar las pensiones mensuales.
Mario F. se quedó sin su trabajo en una agencia de viajes y adeuda los tres últimos meses en la escuela de su hijo, en San Juan de Cumbayá. Llegó a un acuerdo para que no le suban intereses. Buscará extinguir las obligaciones en tres meses.
La rectora del Jesús de Nazareth, Jackeline Estrella, confirmó que este año hubo un aumento, en relación con otros períodos, de padres que tienen complicaciones económicas y no pueden cumplir con el pago. No precisó el número de casos. Ellos ofrecen ayudas financieras, becas por problemas económicos o acuerdos para cancelar en cuotas.
Este apoyo también brindan las autoridades del Colegio Menor San Francisco, en Cumbayá, en caso de que un padre o una madre atraviese una situación económica difícil.
Otros padres que perdieron sus empleos, como José V., cambiarán a sus hijos del sistema particular al fiscal.

El ministro de Educación, Augusto Espinosa, apuntó que por esta causa ningún colegio puede negar la entrega de documentos (registros de notas) a padres que tengan una deuda y que quieren un cambio de institución. Recordó que hay un contrato entre las partes para honrar el pago, sin afectar al alumno.

Fuente: http://www.elcomercio.com/actualidad/estudiantes-vacaciones-educacion-anolectivo.html

 

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El Maestro nuevo y la formación de ciudadanos

Ese día la escuela tenía maestro nuevo quien había sido trasladado de un liceo ubicado en la frontera entre Colombia y Venezuela a una pequeña escuela granja anclada en una montaña de los andes tachirenses. La escuela era una institución pública, con internado para los niños con carencias familiares severas y comedor escolar permanente.

El Director, al inicio de la jornada diaria reunió brevemente a los docentes y presentó al colega que se incorporaba a trabajar como docente y en los proyectos productivos de la escuela. Todos y todas le dieron la bienvenida y se incorporaron a sus labores cotidianas del aula.

Más tarde el Director pasaría por cada uno de los salones presentando ante los niños y niñas al maestro que llegaba. Al entrar a cada salón los estudiantes se levantaban al unísono y decían: –Buenos días señor Director. El Director y el maestro respondían el saludo e indicaban que se podían volver a sentar. Uno que otros cuaderno, lápiz o sacapuntas se caía cuando apresurados los pequeños volvían a sentarse en los pupitres.

Al mediodía, todos, internos y externos, maestros y estudiantes, se reunían en el comedor escolar.  Unas largas mesas eran flanqueadas por banquetas de madera que compartían para sentarse. Era costumbre que uno de los docentes les diera algún breve mensaje de 3 a 5 minutos antes de iniciar la comida. El Director le había pedido al maestro recién llegado que asumiera esa tarea. Los niños estaban comenzando a entrar y el novel maestro tomó una silla, comenzando a bajar los carteles del comedor que decían: “te damos gracias señor por esta comida”,  “señor bendice esta comida que nos das”, “padre nuestra gracias por el pan que nos das”. El Director le comentó a sus colegas: –el maestro nuevo va a cambiar los carteles que ya están viejos por unos nuevos. Al retornar a la mesa el Director le dijo: –Yo ya había pensado en mandar a hacerlos de nuevo, pero qué bueno que usted lo va a hacer. El maestro miró al Director y no contesto nada. La charla del maestro fue sobre los derechos ciudadanos y la alimentación como un derecho constitucional que tenían los niños de la escuela. Les invitó a aprender a conocer sus deberes y derechos como parte de su tarea ciudadana. Al retomar a la mesa que compartía con los demás docentes el silencio fue sepulcral. Luego, una de las maestras procedió a dirigir la oración del Padre Nuestro.

Pasaron tres días sin variaciones; al cuarto día los carteles nuevos con el mismo contenido volvieron a aparecer.  El maestro nuevo los volvió a bajar, esta vez antes de iniciarse las labores del comedor. Esa tarde, el Director pasó una circular convocando a un Consejo de Docentes para el próximo viernes. El punto sexto (6) de la agenda eran los carteles del comedor.

Todos llegaron puntuales al Consejo Docente. Se habló de la organización de los próximos juegos rurales, del fortalecimiento de los proyectos productivos, de las prácticas docentes que realizarían los estudiantes del Pedagógico, entre otros temas. Al llegar al sexto punto el Director comentó que los carteles del comedor habían sido quitados por el maestro nuevo pero que este aún no los había sustituido; más aún la maestra de tercer grado los había vuelto a colocar reelaborados y el maestro los había vuelto a bajar. El Director señaló que se imaginaba que pronto los repondría el maestro. El maestro intervino expresando que “la escuela era una institución pública y no privada, por ende laica. Además la Constitución Nacional y la Ley Orgánica de Educación señalaban que nuestra educación era laica. Entonces –continuó-  cualquier acto de inclinar por una determinada fe no es legal. Apuntó: he hecho una pequeña investigación y de mis estudiantes el 80% son de distintas religiones cristianas pero el restante 20% o son de otras creencias religiosas o no son creyentes. Cerró su intervención interrogando a los asistentes al Consejo Docente: ¿la mayoría tiene el derecho de imponer un ritual religioso a una minoría que no lo comparte? ¿Debemos decirle a nuestros estudiantes de la escuela que la comida cae del cielo y no enseñarles que es una conquista social con rango constitucional? ¿No es una de nuestras tareas la construcción de ciudadanía?  El debate se prolongó por casi una hora. Solo otra maestra se solidarizo con el maestro recién llegado y dos de los docentes no opinaron. El Director comisionó a una de las docentes para que repusiera los carteles.  De vez en cuando estos desaparecían y eran rápidamente vueltos a colocar. Los oficios religiosos, primeras comuniones y charlas de religión a los representantes siempre contaban con un ausente.  Dieciocho años después, cuando el maestro se marchaba de la escuela escuchó a lo lejos la letanía de la oración del Padre Nuestro rezada por los estudiantes bajo la conducción de un docente.

¿Qué piensas tú de este incidente? ¿Consideras que nuestra escuela es laica o confesional?  ¿Crees que es correcta nuestra definición constitucional de la escuela laica? ¿Es compatible la educación para la tolerancia y la hegemonía de una religión? ¿te atreverías a plantear que en una iglesia te permitieran dar clases semanales de evolución del mono en hombre? ¿Para ti la escuela es un espacio teológico o científico? Cada vez que ves un atentado por razones de intolerancia religiosa, ¿Que piensas al respecto sobre tu contribución desde el aula? ¿Tú colocarías los carteles, los bajarías o no tomarías partido?

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UNESCO evaluará en Bolivia calidad de la educación

Bolivia/30 junio 2016/ Fuente: El País

Bolivia se incorporó al Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de Calidad de Educación (LLECE), instancia de la UNESCO que emprenderá procesos de evaluación de la calidad educativa en el país, lo que permitirá visibilizar el estado de situación de la educación en Bolivia.

 En un acto desarrollado en el Ministerio de Educación, con la participación del titular de Educación de nuestro país, Roberto Aguilar Gómez, y el jefe de la sección de evaluación y monitoreo de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC), Atilio Pizarro, se presentó el acuerdo que formaliza la participación de Bolivia en el LLECE para el periodo 2016-2020.

“Este día es muy importante porque a partir de hoy con el equipo técnico de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe (OREALC) de la UNESCO participaremos en la construcción de instrumentos y mecanismos vinculados al desarrollo de la evaluación”, afirmó el Ministro de Educación, Roberto Aguilar Gómez.El LLECE es un referente regional de cooperación en evaluación en educación cuyos objetivos se centran en fomentar políticas educativas basadas en el análisis curricular, elaboración de pruebas de evaluación de aprendizaje, cuestionarios de contexto; diseños muestrales, pruebas piloto, aplicaciones finales y obtención de resultados.

“A partir de hoy iniciamos una gran tarea para poder hacer una evaluación objetiva en lo que ha sido, es y será el modelo educativo, y los resultados que tenga en el contexto de la formación de nuestros estudiantes”, manifestó Aguilar Gómez. “Lo que necesitamos nosotros es evaluar para poder generar imágenes sobre nuestros procesos educativos y con ello mejorar nuestra realidad haciendo que se transforme la educación en beneficio de los estudiantes, de los docentes, de madres y padres de familia, de la sociedad, y a partir de ello ver los aportes significativos para la educación, para la vida”, complementó la autoridad educativa.

Fuente: http://www.elpaisonline.com/index.php/2013-01-15-14-16-26/nacional/item/220614-unesco-evaluara-en-bolivia-calidad-de-la-educacion

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Bullying: sufriendo en familia

Uruguay/Autor: Leonel García

En Uruguay casi uno de cada dos alumnos padece acoso escolar.

«Mejor metelo en el grupo de la tarde. Son menos». Paola, decoradora de interiores, hizo caso y su hijo Ignacio (12) comenzó sexto año en 2015 en el turno vespertino de ese colegio de La Comercial. Pero Ignacio, sensible al punto de conmoverse mirando una película, reacio al fútbol por la violencia que genera, más afín a ver un dibujo animado que jugar al GTA, aniñado, cero agresivo, pese a sus esfuerzos no encajó entre sus pocos compañeros. Y se lo hicieron notar.

La rutina comenzaba cuando la maestra se daba vuelta para escribir al pizarrón. «Gorda boba». «Gorda puta». «Nos vamos a coger a tu mamá». «¿Así que tenés novia? También le vamos a dar». Cruel dinámica la del bullying: el agresor suele tener bajo sentido de la empatía, pero arrastra tras de sí a otros —testigos, cómplices, a veces coautores— en eso de convertir en un infierno el día a día de la víctima. En este caso, era un líder y tres lugartenientes. Ignacio, sacado, reaccionaba. Y solo eso era lo que veía la maestra. Según una investigación de 2013 de la Universidad de Montevideo (UM), en el 71% de los casos las agresiones ocurren en el salón de clases, lo que aumenta la sensación de indefensión de las víctimas. En casa, Paola sufría. ¿Hay algo peor para un padre que saber que un hijo vive un calvario y nadie parece darse cuenta? ¿Cómo evitar que se enferme toda una familia, con la angustia puesta en un chico que muchas veces pensará que el equivocado es él, que algo hizo, que lo merece? Por algo, de acuerdo a datos internacionales, solo dos de cada diez víctimas de acoso escolar cuentan lo que les pasa, dice la psicóloga Silvana Giachero, especializada en bullying y mobbing. Es una violencia que crece en el miedo y la invisibilidad, añade.

«Soy separada. El padre vive en el exterior. Quizá la no presencia de la imagen masculina no le dio eso más agresivo que tienen los niños para defenderse y que lo dejen en paz…», piensa hoy Paola. Su nombre real y el de su hijo, así como el de todas las madres y niños de esta nota, fueron alterados para no ser identificados y victimizados una vez más. «Yo lo veía triste, ojeroso, con dolor de cabeza. Venía llorando. Primero me decía que los otros niños no querían jugar con él. Y eso que yo había organizado algunas pijamadas, para integrarlo». Un día, Ignacio vino, entre culposo y afligido, con un planteo alarmante: «Mamá, creo que estoy en un problema. Partí un palo. Pasa que me lo querían meter…».

Demasiado. El intento de agresión y que el chico sintiera que, de alguna forma, él era responsable, por tranquilo, por aniñado, por distinto. Según ese mismo estudio de la UM, más allá de que un chico tímido, tranquilo, buen alumno, pequeño, nuevo en el liceo, con un algún trastorno del espectro autista (TEA) o alguna característica física peculiar (cualquiera) suele ser más pasible de estar en la mira, el 50% de los bullies no sabe por qué elige a su víctima. No hay derecho a hostigar a nadie. Paola se quejó en el colegio, cuya respuesta apuntó a Ignacio. Que era hiperactivo. Que precisaba ir al psiquiatra. Que había que darle ritalina. Que esas cosas no pasaban. Que eran cosas de niños. Que no molestara más. «Al final, la que quedaba por loca era yo».

Paola fue a plantear su situación al Consejo de Primaria. Una inspectora del área de Privados fue tajante: «Sacalo, en ese colegio hay problemas crónicos de bullying». «Pero… ¡pierde el año!» «¿Y qué importa? ¿Cuál es tu prioridad? ¿Que te lo hagan mierda?». Así hizo. Al poco tiempo, recibió una llamada de la mamá de un compañerito. «No sabés lo bien que hiciste. Los cuatro venían a casa y planificaban cómo torturarlo». Paola agradeció, entendió que esa madre tenía terror que a su hijo —que no era parte de esa barrita— le pasara lo mismo que a Ignacio… y pensó lo bien que le hubiera venido una aliada que en su momento no apareció.

Primaria le permitió dar un examen libre y no perder el año, por lo que Ignacio comenzó el liceo en otra institución. Con ayuda psicológica, ya es otro. «Recuperó la confianza. Es un niño alegre, feliz de vivir de vuelta. Me dijeron de hacerle un juicio, un agujero al colegio, pero solo quiero una entrevista para que le pidan disculpas… ¡y que me paguen el psicólogo! Y no lo quieren recibir. Yo, que pasé lo que pasé, le diría a los padres de chicos que sufren bullying que escuchen a su hijo, que no tomen como normal algo que no es normal. Si a mi hijo no lo rescataba, capaz que se suicidaba…».

Giachero, quien desde 2013 organiza congresos internacionales anuales sobre acoso escolar y laboral, realizados en el país, Argentina, Costa Rica y —este año— México, afirma que el bullying está detrás de uno de cada cinco suicidios adolescentes en Uruguay; en concreto, el 19%.

Golpe al alma.

Por bullying se entiende al acoso sistemático, repetitivo y prolongado durante un cierto período de tiempo (que algunos autores cifran en seis meses) que sufre un alumno a manos de un compañero o grupo de compañeros. Si bien no hay estadísticas sistematizadas, un estudio de la Unesco de 2011 señala que 30% de los alumnos uruguayos de sexto de Primaria sufre maltratos verbales constantes por sus pares. Esto pone al país en el cuarto lugar de América Latina, luego de Argentina, Perú y Costa Rica.

No hay distinción entre clases sociales: en el ya citado estudio de la UM, realizado en 536 alumnos de segundo de liceo de Carrasco, Unión, Prado y la zona Oeste, se indicaba que 45% de los estudiantes de contextos socioeconómico medio-alto y 42% del bajo habían sido objeto de acoso. Puede ocurrir en cualquier etapa educativa, aunque el pico se encuentra entre los 11 y los 14 años, fines de Primaria e inicios de la Secundaria. «Si bien se puede llegar a la violencia física, este acoso tiene su núcleo en la agresión psicológica. La herida es psicológica: les están pegando en su alma», dice Giachero. Y es imposible que en la familia no repercuta.

«Fue muy doloroso, hasta el día de hoy estoy afectada. Es horrible saber que tu hijo es humillado y que nadie le tira un salvavidas en el centro educativo en el que vos depositaste tu confianza», dice Susana, una trabajadora de la salud al recordar por lo que pasó Sebastián (16) en un colegio de La Blanqueada donde asistió por nueve años. En su caso ya hubo alertas tempranas de discriminación: «En la escuela no lo invitaban a determinados cumpleaños. Repartían tarjetas delante de él y a él no le daban. Pero eran casos aislados». En segundo de liceo aparecieron conductas inesperadas en casa: contestaciones violentas, puñetazos a las paredes, dificultades para dormir. En un inicio lo asociaron a los cambios hormonales de la adolescencia y a su diagnóstico de chico hiperactivo, pero pronto se supo la realidad: había un compañero de clase, al que conocía desde hacía años, lo que lo hacía más difícil de entender, que lo vivía hostigando y amenazando. Susana se guarda lo que le decían a su hijo más chico — «Me duele mucho»— pero no la respuesta del colegio: «Me dijeron que era algo difícil de controlar, que el otro era buen alumno, que lo mejor era que me llevara a Sebastián a otro lado». La víctima de bullying era la que debía irse.

Esta situación llevó a que Susana estuviera dos meses y medio ausente de su trabajo por certificación médica, que sufriera insomnio y sostuviera innumerables discusiones con su marido. Al igual que el caso anterior, tratamiento psicológico y cambio de institución mediante, Sebastián dejó esa pesadilla atrás y disfruta la seguidilla de cumpleaños de quince de su edad. «Hoy veo que el padre fue el que llevó mejor la situación, alguien tenía que mantenerse frío. Yo… todavía tengo tristeza en el alma. Hasta el día de hoy quiero ir a romper algo en el colegio». A diferencia de Paola, ella sí llevó su caso a la Justicia.

Sin respuesta.

Silvana Giachero ha tratado a numerosas víctimas de bullying a través de una técnica terapéutica conocida como EMDR, basada en el reprocesamiento de traumas psicológicos. «Lo que tienen estos niños son síndromes de estrés postraumático, una lastimadura en el aparato psíquico». Y si bien recomienda hacer la denuncia de lo que ocurre en la institución educativa —y llegar a la instancia penal de ser necesario—, admite que es raro que estas situaciones sean contempladas. «¿Es lo más adecuado sacarlos a ellos de su escuela? No, pero no podés tener a tu hijo en un lugar donde lo torturan. Muy pocos colegios reaccionan de manera correcta, se cuentan con los dedos de una mano. Por lo general, miran de costado, niegan lo que pasa y, llegado el caso, culpan más a las víctimas. En las instituciones públicas, ocurre que por más que quieran hacer algo, no tienen cómo. Por ahí encontramos que quieren hacer más y no pueden».

La familia de Mariana (16) sufrió dos veces la inacción de dos instituciones, ambas privadas y católicas. En la primera, en Sayago, su madre Leonor era maestra y conocía a las hostigadoras. Mariana era tímida, de lentes, menudita, bien hablada y respetuosa con los docentes (¡era hija de una!). Y ellas eran las «populares» que siempre encontraban una excusa para molestarla y tratarla de alcahueta. Todos los estereotipos hechos carne. En sexto, Leonor intervino: habló con la directora (su jefa), la madre de la chica más acosadora (conocida desde hacía años) y con la maestra (su compañera de trabajo). «No tuve eco. En el centro me dijeron que no tenía importancia, que ella iba a tener que saber lidiar con estas cosas a futuro, que siempre pasaron, que iba a tener que ser fuerte». Al llevarla a otro liceo, por la falta de respuesta, ella también debió buscarse otro trabajo.

En un liceo del Prado, en primero, la historia se repitió. Mariana era, además, la recién llegada. «La dejaba llorando y me iba yo llorando. Además de las burlas, sufrió el vacío. Se ve que la imagen de fragilidad despertaba algo… le hacían de todo, no la invitaban a ningún grupo, no le permitían integrarse, si se enfermaba nadie le quería pasar los apuntes. Como familia teníamos que estar muy bien parados porque… es muy difícil que tu hija te pregunte: ¿Qué tengo yo?», cuenta Leonor. La respuesta institucional no fue la esperada: «Si ella no se adapta, se va a tener que ir», le dijeron. Y se fue. Hoy está mejor, con amigos, en un lugar donde la escuchan. Pero el dolor prosigue: «Cuando uno va a un colegio a hablar de bullying, lo primero que hacen es negarlo. No existe un protocolo ni nada. En el liceo donde va mi hija, en quinto, hay un caso parecido y ofrecí ayuda. ¡Te imaginarás que me hice experta en el tema! Pero me dijeron que no, que ellos ya tienen la teoría suficiente», asegura la madre y docente.

Giachero subraya que no hay una política oficial en torno al bullying (ver nota aparte) y sostiene que las acciones de prevención deben apuntar a sensibilizar a los testigos, terceros actores además de la víctima y el victimario, para que dejen de ser funcionales a la dinámica, ya sea por miedo a sufrir lo mismo, indiferencia, por prenderse al «contagio social» de seguir al más fuerte o «por no ser buchón».

Magdalena Robaina, otra psicóloga especializada en el tema, califica al bullying como «un arte con público»: «El hostigador precisa un refuerzo social. La institución tiene que estar alineada contra esta problemática, de lo contrario se agrava el problema». Ella ha sido invitada a dar varias charlas a colegios. «Te llaman cuando hay casos puntuales y la reacción suele ser positiva. Si en un colegio te dicen acá no hay bullying, ponele la firma que hay».

Vínculos.

Cansada de que a su único hijo, Fabián (11), lo hostigaran los «bandidos» que siempre le encontraban para caerle encima —que es retraído, que es estudioso, que es chico, que le gustan los caballos, que no le gusta el fútbol— Isabel, empleada de un frigorífico, decidió cambiarlo de escuela, en Las Piedras. Eso fue el año pasado, en quinto, y fue para peor; tanto que ella y su marido fueron más de una vez a espiar al patio para evitar que lo agredieran en patota.

«Yo el año pasado falté mucho al trabajo porque lo veía muy mal. Pedí licencia». En su caso, cuenta con dolor, veía una repetición de su propia historia. «Yo llegué a repetir un año porque la gente no me aceptaba. Yo era diferente… tengo labio leporino. Pero él no tiene nada a la vista. Solo porque no le guste jugar al fútbol o prefiera estudiar… no hay derecho a que pase mal».

Este año, Fabián volvió a hacer sexto en su anterior escuela, donde lo habían corrido sus hostigadores. Algo había cambiado y para mejor. «Llamaron a un psicólogo y tocaron el tema del bullying. Lo recibieron bien, de un modo que él no esperaba», dice Isabel contenta. En la del año pasado el caso de Fabián marcó un precedente. «Eso me lo contó una maestra, fue un psicólogo a hablar y los alumnos reconocieron que estuvieron mal, que mi hijo se fue por culpa de ellos. Le mandaron una carta pidiéndole disculpas». Para él, fue tarde.

El «acá no pasa» no corre en el bullying ni sabe de contextos socioeconómicos. En centros de población más vulnerable, afirma Giachero, sí se da que el paso de la violencia psicológica a la física suele ser más rápido. Por duro que suene, un moretón puede ser «preferible» a un golpe al alma. «Si hay violencia directa, ahí es más fácil ver y frenar la situación. Cuando más invisible y sutil sea, es más complicado», dice la psicóloga. La mejor prevención, siempre, es tener el mejor vínculo padre-hijo. Estar presentes en la vida de ellos es fundamental para una detección lo más temprana posible.

Bien lo sabe Leonor, maestra y madre de una chica víctima de bullying que salió adelante, experta a la fuerza en estos temas: «Lo primero es tener mucha comunicación y un vínculo fluido. Porque muchas veces los hijos no hablan, y cuando lo hacen no se sienten apoyados. Lo otro es buscar que no se aíslen. Y tú tenés que apelar al diálogo (con la institución) siempre, aunque estés llena de rabia, aunque estén tocando a tu hijo. Es difícil, pero tenés que mostrar que con prepotencia no llegás a ningún lado».

NO HAY PERFIL; SÍ REVICTIMIZACIÓN

«Hay un falso mito del perfil de la víctima. Muchas veces de su propio entorno le dicen algo habrás hecho, sos un debilucho o defendete, hacete respetar. Eso revictimiza al chico, lo hace sentir culpable y que cuente menos», afirma la psicóloga Silvana Giachero. «La víctima piensa que es un estorbo, porque los padres se pelean y los otros hermanos son desatendidos. El bullying es una bacteria que crece y contamina, a la psiquis y a la familia. Esto puede terminar en divorcios o suicidios».

De hecho, el estudio del bullying —que existió toda la vida— comenzó a difundirse desde la década de 1970 por el suicidio de tres adolescentes en Noruega.

SIN DATOS NI PROTOCOLO A NIVEL OFICIAL

Según Martín Prats, director de Derechos Humanos del Consejo Directivo Central (Codicen), no existen en el sistema educativo algo así como un protocolo específico para actuar en casos de bullying, datos estadísticos sistematizados ni registro de casos denunciados. Lo que sí hay son programas —como Convivencia o Mediadores— que incluyen el tema de la violencia. Lo que se busca es una sensibilización del problema. «El acoso es una preocupación pero en un abordaje integral, no en establecer las cargas sobre un adolescente», afirma. Las actuaciones, agrega, dependerán de la realidad —socioeconómica o institucional— de cada centro educativo. Los colegios privados tienen una autonomía bastante amplia: «Cada uno tiene su propia política al respecto».

A QUÉ SEÑALES DE ALERTA Y CAMBIOS HAY QUE ESTAR ATENTOS

Hay varias señales de alerta que pueden indicar que un niño o niña es víctima de bullying.

— En niños chicos, cuando lloran constantemente para no ir a la escuela; en adolescentes, en un ausentismo injustificado a clases.

Somatizaciones diversas: problemas para comer y dormir. Pesadillas recurrentes. Malestares que comienzan a presentarse los domingos de noche o que obligan a los padres a ir a buscarlos al instituto. También puede presentarse un aumento en cantidad de horas de sueño, a causa de la depresión.

— Conducta irascible, hipersensible e hipervigilante en casa, como si estuvieran siempre a la defensiva, esperando un ataque. La autoestima se ve afectada.

Descenso en el rendimiento escolar. Su concentración y atención se ven afectados.

— Aislamiento notorio en la escuela o liceo: busca la cercanía de los adultos o permanece en el aula.

Presentar frecuentemente señales de agresión física (moretones, túnica o uniforme roto) o le faltan materiales, plata u otros útiles.

Aislarse socialmente, no ir a bailes, reuniones ni invitar compañeros de clase a casa.

La psicóloga Magdalena Robaina puntualiza que los «cambios en la conducta» son señales de alerta. «Si el niño dejó de socializar hay que estar atento. Pero si nunca fue a bailar o nunca iba cumpleaños, no tiene por qué ser bullying«. El ciberbullying, o acoso realizado a través de redes sociales, complicó —como si fuera necesario— la detección. «Las señales de alarma son las mismas, solo que… menos visibles», añade esta profesional. Menos visibles que una túnica rota, sin duda.

Fuente: http://www.elpais.com.uy/domingo/bullying-sufriendo-familia.html

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Una tomografía de la Educación Argentina

Argentina/30 junio 2016/ Fuente: Diario Norte

Una década se cumple de la Ley de Educación Nacional, que se sancionó el 14 de diciembre de 2006 y que en su artículo 16 estableció la obligatoriedad de la secundaria.

Si bien en estos últimos 10 años se avanzó en su cumplimiento, la tasa neta de asistencia al nivel medio es 86,6%, es decir que aún no acceden a la escuela más de uno de cada 10 adolescentes de entre 12 y 17 años, según datos de IIPE-Unesco.

Las mujeres son las que tienen una tasa de escolarización secundaria más alta (88%) que los varones (85%), diferencias que se profundizan a partir de los 15 años.

En cuanto al acceso al nivel medio viene creciendo de manera sostenida: aumentó 12 puntos en la década de 1990 (de 59,4% en 1991 pasó a 71,5% en 2001), y otros 13 puntos durante los años 2000, hasta llegar al 86,6% en 2014, última cifra disponible.

El 13,4% de los adolescentes que aún falta escolarizar pertenece a un “núcleo duro” difícil de alcanzar: los más pobres de las zonas urbanas y los que viven en parajes rurales aislados.

El investigador de la Unsam y ex ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, afirma que los que no acceden a la secundaria pertenecen a sectores sociales con muchas carencias. Tampoco sus familias tienen acceso a empleos decentes, viviendas dignas y servicios de salud adecuados. Una parte de ellos habita en poblaciones rurales aisladas y otros lo hacen en zonas urbano-marginales, mientras algunos pertenecen a pueblos originarios o son migrantes pobres.

Guillermina Tiramonti, investigadora de Flacso y la UNLP, asegura, asimismo, que los adolescentes que no van a la escuela pertenecen a grupos sociales que viven en la búsqueda diaria de alternativas de sobrevivencia, de modo que su estrategia de vida no incluye un plan de largo plazo como el que propone la escolarización.

Además, aunque estuvieran dispuestos a concurrir a la escuela, la oferta del Estado no es suficiente ni satisfactoria en lo edilicio, lo organizacional y lo pedagógico, sostiene.

Tiramonti aclara que se les ofrece las peores escuelas a los chicos más pobres y que la organización académica carece de la flexibilidad que se requiere para atender a estos sectores con un régimen de vida más fluctuante e inestable que el de los chicos de clase media.

Finalmente, la especialista insiste en que “el modelo pedagógico de la escuela secundaria fue pensado para seleccionar a unos pocos‘, y por lo tanto discrimina a estos grupos.

Para lograr incluir a los adolescentes que aún no han pasado por la secundaria, sería necesario tener un mapa lo más preciso posible de la distribución de esa población y adoptar un enfoque integral donde la respuesta educativa se asocie con políticas de empleo, vivienda y salud.

Por otra parte, retener a los adolescentes que sí logran acceder a la educación exige trabajar en la formación continua con revisión de las pedagogías de los docentes, armar equipos con dedicación plena en cada escuela, promover la continuidad de directivos y profesores, asegurar horas para planificar proyectos interdisciplinarios y revisar el formato rígido de horarios y materias.

La Ley de Educación Nacional introdujo el concepto de “emergencia educativa” para aplicarlo a aquellas zonas donde no se logra garantizar el derecho a la educación para todos.

Tedesco asegura que “la emergencia permitiría aplicar recursos extraordinarios, con planes de urgencia e intervención activa del Estado nacional, a fin de resolver el problema. Lamentablemente, pese a los diez años de vigencia que tiene la ley, este recurso nunca fue utilizado”.

En los parajes rurales aislados, la tecnología es un aliado clave para garantizar el acceso a la secundaria.

El modelo de secundarias rurales mediadas por tecnología, ejecutado por Unicef con los gobiernos de Salta, Jujuy, de Misiones y del Chaco, permite que los adolescentes de zonas rurales dispersas (esos que forman parte del núcleo duro más difícil de escolarizar) estudien con las netbooks y el celular.

Cabe esperar, a diez años de la promulgación de la ley, que este proceso de debate inédito en la historia de la educación argentina, que permitió un alto grado de consenso en la aprobación social y parlamentaria, pueda seguir profundizándose.

Sólo así será posible mantener una evaluación crítica de los importantes avances logrados y de las asignaturas pendientes que aún tenemos en materia de educación.

Fuente noticia: http://www.diarionorte.com/article/139248/una-tomografia-de-la-educacion-argentina.

Fuente imagen: http://www.e-historia.cl/wp-content/uploads/2015/11/Un-Nuevo-Enfoque-Educativo-De-las-TIC-a-las-TAC-3copia.jpg

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