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Una izquierda brasileña que se resiste a unirse para derrotar al fascismo

Por: Aram Aharonian*

 

En un Brasil jaqueado por el coronavirus, la crisis económica, social y sanitaria, y gobernado por el ultraderechista Jair Bolsonaro y su cohorte de militares y grandes empresarios bendecidos por Washington, el abanico progresista aparece fraccionado de cara a las elecciones municipales del 15 de noviembre, antesala de las presidenciales de 2022.

Las municipales iban a ser en octubre, pero el Congreso aprobó una enmienda constitucional por la pandemia para posponerlas al 15 de noviembre. Para los analistas, los comicios serán una forma de medir hasta dónde llega el declive de una izquierda, que debe enfrentar en sus bastiones tradicionales –como Rio de Janeiro- al discurso social de los poderosos partidos evangélicos, sostén de la ultraderecha.

El escenario político para estas elecciones permanece sombrío y amenazador para las fuerzas progresistas en casi todo Brasil. Una nueva derrota, aun si fuera menor a la de 2016 ocurrida después del golpe parlamentario contra la presidenta Dilma Rousseff, podría ser aún más devastadora para los próximos años.

Pero hay candidatos de sectores progresistas locales que tienen “asegurada” su elección, y no parecen interesados en buscar la unidad en estas instancias municipales.  “No hay unidad en la izquierda. Cada uno va a la suya”, según Carlos Siqueira, presidente del Partido Socialista Brasileño (PSB), sintetizando el  intento frustrado de seis partidos de unificar los discursos en contra de Bolsonaro  en las elecciones municipales. “Tenemos convergencias de pensamientos, pero con relación a la disputa electoral, no conseguimos unirnos”, apuntó Luciana Santos, presidenta del Partido Comunista de Brasil (PCdoB).

El grupo, integrado por los líderes legislativos del Partido de los Trabajadores (PT), del Partido Socialista Brasileño (PSB), del Partido Democrático Laborista (PDT), del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y del partido Red de Sostenibilidad (REDE)  estuvo trabajando unido en el Congreso e intensificó las negociaciones para repartirse los mítines en las 92 mayores ciudades de Brasil, ante la posibilidad de ir a una segunda vuelta.

Los motivos que impiden forjar esa alianza contra Bolsonaro son el desinterés del Partido de los Trabajadores de renunciar a su hegemonía en la oposición, las disputas políticas internas en cada municipio y la preocupación de las formaciones más pequeñas por tener una base de apoyo propia para las legislativas de 2022, cuando aumentará el mínimo de votos necesarios para seguir existiendo como partido.  Sólo recibirán financiación pública y publicidad gratuita aquellos que consigan un 2% de los votos válidos a nivel nacional en un tercio de los Estados, con un mínimo del 1% en cada uno, o consigan al menos 11 diputados distribuidos en nueve Estados.

“El gran problema del PT es su cultura hegemónica. Solo piensa en sus candidatos”, señaló Carlos Lupi, presidente del PDT, apuntando directamente a Luiz Inacio Lula da Silva, quien gobernó por dos períodos y que fue preso –sin prueba alguna-  por el lawfare de una justicia más corrupta que la transnacional Oderbrecht con el solo fin de impedirle participar en las elecciones y dejar el camino libre al neofascista Jair Bolsonaro. Claro, antes se produjo el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff.

Informe preelectoral: elecciones municipales en Brasil — CELAGEn su reciente mensaje a los brasileños. Lula los llamó a encolumnarse detrás: “Sé, ya sabes, que podemos, nuevamente, hacer de Brasil el país de nuestros sueños. Y decir, desde el fondo de mi corazón: estoy aquí. Reconstruyamos Brasil juntos. Aún nos queda un largo camino por recorrer juntos. Manténte firme, porque juntos somos fuertes. Viviremos y ganaremos».

El exgobernador de Paraná, Roberto Requiao fue más allá y, propuso retomar algunos temas esenciales como la nacionalidad y la soberanía, y manifestarse contra la privatización y entrega de las empresas estratégicas, la recolocación del Banco Central al servicio del desarrollo del país y no de la especulación financiera y, sobre todo, la propuesta de un plan de acción mínimo que una a todos los brasileños.

Requião exigió un plan que incluya un referendo revocatorio de todas las medidas antinacionales, antipopulares y antidemocráticas aprobadas desde el golpe de 2016, medidas de emergencia para la creación a corto plazo de millones de empleos, salarios y pensiones dignas, recuperación de los presupuestos para la salud, educación, vivienda popular, saneamiento básico e infraestructura, y una política en defensa de la Amazonia.

El 22 de septiembre, Lula atacó el discurso de Bolsonaro en Naciones Unidas, lanzando un proyecto de reconstrucción del Brasil, en especial en lo referente a la educación, la salud, las relaciones internacionales, comercio exterior, industria y empleo, y cultura.  Pero el PT ha decidido que necesita tener el mayor número posible de candidatos para poder defenderse. “El PT necesita tener voz. Hablar de su legado, de las experiencias que ya ha tenido en las administraciones municipales, para defenderse de los ataques”, afirmó la presidenta del partido Gleisi Hoffmann. “Desde 2013, las fuerzas de derecha han intentado anular al PT. En un frente, es más difícil hacer una defensa individual”, agregó.

“No pueden querer que el PT renuncie a esa grandeza que le dio el pueblo a cambio de nada. O tiene un candidato más grande que el PT o no tiene ninguna posibilidad”, dijo, por su parte, el expresidente Lula. En estas elecciones, el PT presentará candidatos en 1.531 de los 5.570 municipios de Brasil que, juntos, representan el 60% de la población. En 2016, las últimas municipales, el PT presentó 993 candidatos.

Los analistas de la izquierda se preguntan si queda tiempo para impedir un nuevo desastre en estos comicios. Forum 21 señala que la sociedad brasileña está siendo empujada a un ciclo de violencia política, que la truculencia en el poder anuncia e incentiva. El empeño liberal de la centroderecha en exagerar moderación en el caos y en la represión, apenas robustece ese riego con una tónica de complicidad, añade.

Aún hoy, el líder más fuerte del progresismo sigue siendo Lula y aunque tenga una imagen negativa alta, no habrá un gran acuerdo sin su aval ni su colaboración. Pareciera que separar a las izquierdas del lulismo es misión imposible. Por eso mismo, parece difícil la constitución de un frente electoral de izquierda en las municipales aunque quizá se logren acuerdos para la segunda vuelta (hay ballotage en los comicios para los alcaldes).

Obviamente, la fragmentación de la izquierda fortalece el proyecto autocrático y neofascista que se viene implantando en Brasil. Revertir la ruta neoliberal y neofascista y repolitizar la agenda del desarrollo económico-social, secuestrada integralmente por la “razón del mercado”, requiere que las ideas progresistas demuestren pertenecer al mundo real a través de la acción, alertó Forum 21.

Cambia, todo cambia. 

KELP.cl | Portal en español sobre graffiti meets design™ desde 2004Los vientos progresistas en Brasil se han convertido en brisas dispersas. Quedaron lejanas las victorias de cuatro elecciones presidenciales consecutivas, de triunfos en gobiernos de las ciudades más importantes como Rio de Janeiro, Sao Paulo o Belo Horizonte.   Lo cierto es que la mayoría de las izquierdas, incluídas las fuerzas  más influyentes, viene subestimando a Bolsonaro desde 2017, pero no se han animado a hacer una autocrítica de la gestión de 13 años de gobierno, partiendo de la desmovilización de los movimientos sociales y la cooptación de sus dirigentes para cargos públicos, abandonando la calle a manos de la derecha.

Aquel poder político del abanico progresista, -desde el centro, pasando por el partido de los Trabajadores hasta las organizaciones más radicales- parece haber quedado en el pasado. Hoy la izquierda –o mejor dicho el progresismo, que no es lo mismo ni es igual- está en la oposición no sólo a nivel federal sino también en los gobiernos de los principales estados y ciudades.

La combinación de varios factores, como la cuestión ética que acompañó el derrumbe del Partido de los Trabajadores (PT) -que gobernó sucesivamente con Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff por cuatro períodos- un sistema electoral centrífugo y un gobierno federal que potencia a los gobernadores, dejan poco margen para un progresismo que está lejos de los principales cargos ejecutivos.

Una de las razones es la nueva ley electoral aprobada en 2017, que impide la formación de coaliciones electorales en elecciones para cargos legislativos municipales, estatales y federales. Esto ha dificultado la coordinación entre los grupos: cada uno quiere imponer su candidato. Es difícil entender la falta de coordinación en un momento en que la Presidencia está ejercida por un político de extrema derecha”, señala el doctor en Ciencia Política y profesor de la Fundación Getulio Vargas, Octavio Amorim Neto.

Otra razón para el fraccionamiento es la disputa por la hegemonía, en un momento en que el PT está en declive, lo que ha acelerado la competencia entre éste y las otras dos grandes fuerzas progresistas: el Partido Democrático Trabalhista (PDT) y el Partido Socialista Brasileiro (PSB).  Hay que añadir la mala relación entre Lula y el líder del PDT, Ciro Gomes (quizá el referente más nítido), desde que el primero rechazó apoyar la candidatura presidencial del segundo. Gomes, exministro, exdiputado y exgobernador de Ceará, dirige un partido personalista, donde todo el poder recae en él y en su hermano.Elecciones brasileñas: Ciro Gomes, férreo opositor a privatizaciones - BNamericas

El otro referente en ascenso de la izquierda es el senador Randolfe Rodrigues (del despoblado estado Amapá) , de la ambientalista Red Sustentabilidade, con escasa proyección nacional y poca estructura fuera de su región.

Los analistas llaman la atención  sobre el futuro de la izquierda en el Partido Socialismo e Liberdade (PSoL), que viene recogiendo a muchos desencantados del PT. Allí surge el liderazgo de Flavio Dino, gobernador de Maranhão y miembro histórico del Partido Comunista. Dino, exjuez que logró echar a la familia Sarney del poder de su estado, insiste en la construcción de una gran coalición de izquierdas.

La pérdida de la calle

Los medios hegemónicos se abstienen de difundir la información de los grupos progresistas: los invisibilizan. Y es que durante tantos años de gobiernos del PT poco se avanzó en la democratización de la comunicación. La izquierda teme hablar de democracia participativa y busca eslogans que puedan calar publicitariamente en la población.

Pero tampoco es que éstos hayan presentado programas y propuestas que tengan que ver con la vida cotidiana y el futuro de los ciudadanos, como trabajo, educación, salud, vivienda, saneamiento, acceso al agua, apoyo a las minorías, defensa del medio ambiente –la Amazonia y el pantanal, incluídos-, presupuesto participativo, formación de concejos de ciudadanía, entre otras temas.

La crisis social es inmensa. La parte de la población económicamente activa con contratos de trabajo se limita a menos de la mitad: poco más de treinta millones en el sector privado y doce millones en la administración pública. Otros cuarenta millones no podrían ni siquiera sobrevivir sin el apoyo del Estado.

La resolución del Directorio del PSOL sobre las elecciones abre un camino peligroso - Izquierda Web

Quizá, el análisis del liderazgo progresista fue que la combinación de una calamidad humanitaria y una crisis económica dejaría debilitado al gobierno bolsonarista. Con unos 145 mil muertos por el covid-19, decenas de millones de desempleados, una grave crisis social y, por lo tanto, una oportunidad, pensaron. Este pronóstico se confirmó durante los primeros cuatro meses. Pero en el último mes, la situación ha cambiado, y Bolsonaro se ha recuperado.

El desafío es averiguar porqué la mayoría de la clase trabajadora organizada, ancla social del PT desde los años 1980, no se movilizó para defender el gobierno de Dilma Rousseff. Como resultado, la izquierda moderada abrazó la táctica quietista de apostar para derrotar a Bolsonaro en las elecciones de 2022, calculando que se acumularía un desgaste inevitable, señala Valerio Arcary, miembro de la Coordinación Nacional de Resistencia, tendencia del PSOL.

La simple respuesta de la izquierda radical es que Bolsonaro fue, esencialmente, un accidente electoral: las fuerzas de la clase trabajadora estarían intactas, y el derrocamiento de Bolsonaro está aún por construirse, porque falta la disposición de las direcciones más influyentes. Lo preocupante son las dificultades para aceptar que se enfrentan a una fuerza política neofascista de base social.

Con la pandemia, las posiciones de Bolsonaro convirtieron la crisis sanitaria en una crisis política al despreciar la gravedad de la pandemia, mientras aprovechaba para incorporar al gobierno a miles de oficiales de las Fuerzas Armadas; forzar la renuncia del ministro de Justicia Sergio Moro (eventual competidor como candidato presidencial), y favorecer las movilizaciones que propugnaban un autogolpe.

La pandemia también significó la imposibilidad de la izquierda de contar con movilizaciones masivas en las calles mientras se producía la naturalización de la pandemia, especialmente entre los partidarios de Bolsonaro, al menos a un tercio de la población (más hombres que las mujeres, más mayores que jóvenes, más entre los menos educados que los más educados), y más en el sur que en el noreste.

La banalización de la pandemia, manejada por los medios hegemónicos de comunicación, refleja la tendencia a quitarle a los gobiernos la responsabilidad de la calamidad sanitaria, a la par de una presión para reactivar la actividad económica, mucho más intensa entre los propietarios de pequeñas empresas y los trabajadores informales y una fatiga por la cuarentena después de seis meses y ansiedad por volver a una rutina de vida normal.

Éste no es un ensayo

Hay quienes entiendan que el PT insistirá en la polarización contra los bolsonaristas como un ensayo para las elecciones generales de 2022. Para el politólogo Leandro Consentino, “al PT la polarización le va muy bien. Bolsonaro y el PT son mejores amigos cuando se trata de mantener el statu quo”, mientras que Valdir Pucci, de la Universidad de Brasilia, señala que “tanto el PT como Bolsonaro ven en el otro el enemigo capaz de aglutinar a sus huestes”.

Hay otros, como Pedro Ivo Batista, portavoz  de la Red de Sostenibilidad, que sostienen que lo ideal sería que los partidos progresistas se unieran ya en la primera vuelta. “Brasil nunca ha tenido un gobierno neofascista como éste. Lo ideal sería unirse más para evitar este peligro de fuerzas totalitarias”.

Polarização com Bolsonaro explica alta rejeição de Marina, diz porta-voz da RedeQuien no está de acuerdo con la tesis de que este año será un ensayo del 2022, es el presidente del PSOL, Juliano Medeiros, quien prefiere verlo como un termómetro. “El fortalecimiento de la oposición y el debilitamiento electoral del bolsonarismo, por ejemplo, no garantizan la derrota de la extrema derecha en 2022, pero indican un escenario más favorable para las fuerzas populares”, analiza.

Los indígenas

El avance de las invasiones a tierras indígenas, la deforestación, el acoso a organismos públicos como la Fundación Nacional Indígena (Funai) por parte de ruralistas como el secretario de Tierras Nabhan García y la pandemia del covid-19 que los sigue diezmando, son algunos de los escenarios que preocupan a los pueblos originarios .

En un contexto de amenazas y muchas veces desligados y olvidados por el progresismo, los candidatos indígenas comenzaron a movilizarse en todo el país para las elecciones municipales. este año.

La Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil (Apib) reunió virtualmente a cientos de precandidatos indígenas y presentó una plataforma de apoyo a las postulaciones, coordinada por Mídia Ninja. El objetivo es reunir a candidatos indígenas de todos los sectores progresistas y apoyarlos con cursos de capacitación en política, herramientas de comunicación y otras estrategias para ayudar a construir campañas democráticas y diversas.

Los pueblos indígenas de Brasil encabezan la protesta mundial del “Enero Rojo” - Survival InternationalEn las elecciones municipales de 2016, el número de candidatos indígenas correspondió al 0,35% del total, según el balance del Tribunal Superior Electoral . De los 496,900 candidatos para las elecciones de ese año, solo 1,700 eran indígenas. Con la preparación de las precandidaturas, Apib espera que este número de candidatos a concejales, alcaldes y vicealcaldes sea mucho mayor en las elecciones municipales de 2020.

 De cara al 2022

La expectativa de los representantes de la izquierda es que la frustrada unificación en la primera vuelta ocurra en la segunda etapa de las elecciones. Queda por ver quiénes quedarán cuando llegue ese momento.

De cara a 2022, podría haber una coalición electoral en caso que el PT perciba que corre riesgo de no llegar a la segunda vuelta, como lo ha hecho siempre desde 1989, y que Bolsonaro tenga gran posibilidad de ser reelegido.

Quizá el PT apoye a un candidato de otro partido, para – incluso perdiendo la elección – seguir siendo un actor relevante de la política. Pero para eso el PT deberá renovarse y sustituir a Lula (que ya tiene 74 años) por alguien más joven y moderno.

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.

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Argentina: Cuatro décadas de tomas de tierras

Por: Raúl Zibechi

Las tomas organizadas de tierras urbanas o periurbanas comenzaron bajo la dictadura militar, como respuesta a la ofensiva para expulsar a las familias villeras de Buenas Aires, para abrir amplios terrenos céntricos a la especulación. El sacerdote Raúl Berardo, impulsor de las primeras tomas, me relató al calor del levantamiento de diciembre de 2001, cómo fue aquel proceso.

Las primeras tomas de tierras se produjeron en Quilmes y Almirante Brown, entre setiembre y noviembre de 1981, dando origen a la formación de seis barrios: La Paz, Santa Rosa de Lima, Santa Lucía, El Tala, San Martín y Monte de los Curas. En esas tomas participaron unas 4.500 familias y 20.000 personas, ocupando un espacio de 211 hectáreas. «En ese momento le llamamos ‘asentamientos’, como recuerdo del pueblo judío que saliendo de la esclavitud del faraón, se ‘asentaron’ en el desierto al cruzar el Mar Rojo, para luego marchar a la Tierra Prometida», sostuvo el padre Berardo en una larga conversación en su casa en el invierno de 2002.

A diferencia de lo que sucedía en las villas, estas ocupaciones son masivas, organizadas y planificadas, se buscan terrenos fiscales y se suele ocupar de noche para disminuir la intensidad del conflicto y resistir mejor la presión y la represión. Cada familia se asienta en un lote, se realiza el trazado de las calles (dándole continuidad al trazado urbano) y se dejan libres los espacios para el equipamiento comunitario.

Esta forma de lucha pudo consolidarse no sólo por el trabajo previo, sino también por el momento en que se lanzaron las ocupaciones. En 1981 el régimen militar estaba en retirada y debilitado, cuestionado internacionalmente por las violaciones a los derechos humanos y contestado también en el país por las Madres de Plaza de Mayo, que contaban cada vez con mayor apoyo popular. La represión ya no se manifestaba con la brutalidad de años atrás, los espacios para la acción colectiva eran mayores.

Antes de llegar a la ocupación, se realizaban talleres de debate y formación, se hablaba de la “tierra prometida”, en el mismo sentido que lo hacían en ese momento las comunidades de base en Brasil (donde se realizaban las primeras ocupaciones de lo que más tarde sería el movimiento sin tierra, impulsadas por la Pastoral de la Tierra), en las que participó Berardo meses antes de llegar al conurbano.

En el invierno de 1981 el régimen prohibió la Marcha del Hambre convocada por las comunidades de base y la CGT de Quilmes (donde sectores críticos eran mayoritarios), registró un dramático empeoramiento de las condiciones de vida de los más pobres. El obispo Novak expresó que toda la zona era “una verdadera ciudad sitiada por el hambre”, como recoge el libro Las tomas de tierras en el sur del Gran Buenos Aires, de Inés Izaguirre y Zulema Aristizábal.

El cerco policial, el hostigamiento, las enfermedades, en suma, los enormes sufrimientos, los convierten por un tiempo en una “comunidad de destino”, fuertemente cohesionada en un momento en el que no había ningún dispositivo de cooptación por parte del Estado ni de los partidos políticos, perseguidos por la dictadura.

Los vecinos estuvieron sitiados por militares y policías unos seis meses. Vivían en carpas y no se les permitía acarrear agua, comida. El cerco policial se levantó cuando terminó la guerra de Malvinas y eso llevó a que el barrio se bautizara como 2 de abril, día en que se convocó una asamblea de las quinientas familias para definir el nombre.

Ese primer asentamiento de miles de personas, en plena dictadura militar, tuvo un profundo impacto en los sectores populares. Esta acción masiva fue pronto imitada y se extendió en forma explosiva. Militantes sociales de La Matanza, por ejemplo, llevaron a los ocupantes de Quilmes para que relataran sus experiencias y facilitaran la organización.

Ya en 1990, menos de una década después, había en todo el conurbano 109 asentamientos, habitados por unas 173.000 personas, de los cuales el 71% estaban en el conurbano Sur.

A partir de esta apretada síntesis, quisiera hacer algunas consideraciones vinculando aquellas tomas iniciales con la oleada actual.

1.- La dictadura había expulsado violentamente a los habitantes de las villas de la Capital Federal hacia el conurbano, para facilitar el control estratégico de los sectores populares, dispersarlos y romper sus redes de sobrevivencia. Los sectores dominantes intentaron modificar una relación de fuerzas que les resultaba desfavorable, como quedó demostrado en las luchas sociales desde el 17 de octubre de 1945.

En la actualidad, esa acción de dispersión y control la hacen, a dos manos, el mercado y el Estado. El primero encareciendo el precio del suelo, acaparando espacios para barrios privados y especulando con la tierra. El Estado tiene dos manos: con una reprime, amenaza, desparece, viola y violenta. Con la otra ofrece planes sociales que “ablandan” a los más pobres, los disuaden de organizarse para otra cosa que no sea depender de esos planes (y de los punteros que los gestionan) y busca cooptar todo lo organizado que no controla. Con respecto a la dictadura, la “democracia“ está mostrando mucha más eficiencia y la misma indiferencia respecto a la vida.

2.- Por lo menos en la diócesis de Quilmes, desde 1976 los sectores populares encontraron posibilidades de organizarse. La forma fue la comunidad eclesial de base (CEB). La primera comunidad la creó el sacerdote Berardo, de la parroquia de San Juan Bautista, en San Francisco Solano, en octubre de 1976; en menos de un año ya eran 20 las comunidades y en 1980 llegaban a 60. Eran pequeños grupos de entre 10 y 30 personas, tenían un coordinador elegido por la asamblea, se reunían semanalmente en la parroquia o en casas particulares.

Las organizaciones actualmente existentes, me refiero a la inmensa mayoría de las territoriales, son mucho menos democráticas que las CEBs (aunque quien esto escribe no comulga, ni va a misa). Me refiero a que lazos como la confianza mutua y la camaradería, han descendido varios peldaños en el mundo de las organizaciones populares.

3.- La necesidad es la misma que en la década de 1980. Un informe del Registro Nacional de Barrios Populares, asegura que existen 4.416 “barrios populares” en los que viven cuatro millones de personas, casi el 10% de la población, que han sido mapeados hasta diciembre de 2016. La mitad están en la provincia de Buenos Aires, que sigue siendo el epicentro de las tomas, pero la modalidad se ha extendido a todo el país.

Lo que ha cambiado, aunque no nos guste reconocerlo, es la cultura política y la experiencia vivida por los sectores populares. En cuatro décadas pasaron por la dictadura y la democracia, por gobiernos peronistas, progresistas, radicales y de la derecha. Siguen en el mismo lugar, aunque cada vez más lejos del centro de la ciudad, como lo demuestra la toma de Guernica. En el primer cinturón se agotó la tierra disponible, por el aumento de la población y de los barrios privados.

Cada vez hay más planes sociales, que llegan a más gente, como el IFE. Cada vez hay más pobreza estructural. Cada vez hay más extractivismo y más neoliberalismo, más monocultivos y más minería. Por este camino, no hay arreglo.

Las clases medias altas y altas, la derecha y afines, son cada vez más reaccionarias, más antipopulares y están dispuestas a matar para seguir disfrutando la enorme desigualdad que han generado. Ellos saben lo que quieren.

No es un panorama agradable. Pero es necesario mirar la realidad de frente para saber por dónde caminar. Y con quienes.

Fuente: https://zur.uy/cuatro-decadas-de-tomas-de-tierras/

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La Plata: el servicio de higiene hospitalaria exige respuestas

La semana pasada, trabajadores del servicio de higiene del H.I.G.A “San Martín” manifestaron su profundo rechazo y preocupación mediante una carta abierta a la comunidad, ante la medida “anti sanitaria” de levantar los cohores por parte de la dirección y el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires para el lunes 21 de septiembre.  Sin embargo, pese a las promesas de mejores condiciones laborales y protocolos estrictos, nada cambió. Foto Nicolás Braicovich (Pulso Noticias). Por Lucas Lenz para ANRed


“Tenemos un baño para 137 personas, no tenemos agua potable, tampoco papel higiénico y nos hablan de medidas sanitarias” declaró una trabajadora del servicio, quien prefirió mantener su nombre bajo reserva. Además, añadió: “En algunos turnos hay por lo menos más de 15 personas en la oficina de higiene, cuando en realidad no debería haber nadie por orden de dirección, pero los encargados hacen lo que quieren y rompen los protocolos todo el tiempo”.

Los trabajadores mantuvieron una reunión con la dirección de dicho nosocomio a través de una mesa de voceros, con uno o dos trabajadores por turno y en la cual también participaron representantes gremiales. En dicho encuentro, la dirección dio por cerrado el tema de los “cohortes” sin discusión alguna y sin la intervención de los gremios, además de que los trabajadores regresen a trabajar con la misma cantidad de francos que había antes de la pandemia, entendiendo que hoy hay mayor sobrecarga de tareas y son escasos los nuevos ingresos de personal.

Según difundieron en un comunicado las y los trabajadores se encuentran en asamblea permanente bajo un proceso de plan de lucha, que consiste en retenciones de tareas de una hora o dos horas dependiendo del turno.

Fuente e imagen: https://www.anred.org/2020/09/28/la-plata-el-servicio-de-higiene-hospitalaria-exige-respuestas/

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La odisea de volver a clase o el espejismo de la educación en Venezuela

Por: El País

Crumilka Curvelo saca unos muñecos artesanales, varias carpetas con afiches didácticos, folletos de Romeo y Julieta y Un tranvía llamado deseo dramatizados por sus alumnos y una colección de cartas de restaurant hechas con materiales de desecho. Los muestra con orgullo. La maestra, de 52 años, usaba estos recursos para mantener la atención de sus alumnos en una escuela pública en el barrio 23 de Enero, en el centro de Caracas. Eran sus armas en la difícil batalla por retener a los estudiantes en el aula en un país que atraviesa una profunda crisis humanitaria y donde la falta de comida, agua, electricidad, transporte o gasolina son razones frecuentes para faltar a clases.

Un nuevo año escolar comenzó esta semana a distancia en Venezuela y uno de los principales temores se ha confirmado. La pandemia se ha convertido en un colador por el que escapan alumnos y también maestros, que además se han declarado en conflicto en reclamo por mejores salarios. Crumilka tiene razones para protestar. Varios días en la semana tiene la nevera vacía. Logra comer cuando alguien le regala un kilo de arroz o de harina. El teléfono con el que puede comunicarse se lo regaló un exalumno que emigró del país. En el colegio en el que trabaja, de 39 profesores del bachillerato solo se han reincorporado cinco. En la primara ha faltado la mitad. Al menos 55 alumnos se han retirado, una parte de ellos para seguir sumando al goteo migratorio de venezolanos, en medio del agravamiento de la crisis económica por la pandemia.

La profesora de inglés Crumilka Curvelo.
La profesora de inglés Crumilka Curvelo.ANDREA HERNÁNDEZ

La maestra tiene a cargo más de 300 alumnos de diez secciones de bachillerato a los que enseña inglés. Su sueldo no supera los 2 dólares mensuales, el salario mínimo en Venezuela. “Ahora haré una suplencia en Química porque el profesor consiguió trabajo en una tienda en la que le pagan 8 dólares al mes y se retiró”, dice. En los primeros meses de la cuarentena también perdió a uno de sus alumnos porque se fue a trabajar con el papá en un mercado de la ciudad. “Les pagaban con restos de verdura o pescado”, cuenta Crumilka.

Los tres meses que transcurrieron entre marzo y junio las clases fueron a distancia, con todas las dificultades que eso significa para un país que ostenta la Internet más lenta de la región y en el que solo cuatro de cada 10 venezolanos tiene una línea de teléfono móvil activa, según las estadísticas oficiales de 2019. Crumilka recuerda que un día pasó 16 horas intentando revisar un correo con tareas adjuntas de sus alumnos. “Es demasiado frustrante”, dice, sobre todo porque su chistera de trucos educativos debe quedarse guardada. Las condiciones no mejoraron durante el receso de agosto. Se enseñará a través de guías que los padres deben recoger cada 15 días y algunos mensajes de WhatSapp que llegan a destiempo.

Para los sindicatos, que agrupan a 430.000 docentes de la educación pública en el país, no hay condiciones para volver a clases. Pidieron aplazar el inicio a clases, pero no fueron escuchados por el gobierno de Nicolás Maduro. En un sondeo que hizo la Fundación para el Desarrollo Integral Docente sobre el impacto del coronavirus en Venezuela se recoge que solo 10% de los alumnos reporta tener una conexión estable, 67% no dispone de recursos materiales para el trabajo en casa y 94% de los docentes opina que la mayoría no tienen buen servicio de electricidad, ni capacitación digital para cumplir con el programa educativo.

El conflicto sindical de calle se ha trasladado al mundo virtual. Solo los colegios privados, que representan solo 15% de la matrícula escolar, han comenzado clases en línea con los vaivenes de la luz y el internet. El resto acumula días sin recibir educación y la brecha de la desigualdad crece. Aunque es un año atípico para la educación en casi todo el mundo, en las fragilidades de Venezuela la pandemia supone un enorme retroceso.

El aula en casa

Iris Pellicer dice que muchos de los niños del barrio José Félix Ribas, en el populoso Petare, al este de Caracas, no volvieron a recibir clases después de que se decretó la cuarentena por la covid-19 en marzo pasado. Por eso decidió abrir una especie de escuela en su casa, donde recibe a los alumnos del vecindario en grupos de cinco. “Eso de tener tanto tiempo a los niños sin hacer nada me preocupa”, dice, “¿Qué va a ser de Venezuela en cinco años si esta es la educación que vamos a tener?”

Pellicer solo tiene una tablet, un móvil con el que tiene que pescar señal y los libros que dejaron sus hijos. Pero eso es mucho más de lo que tienen algunos de los alumnos que recibe, que ya han pasado seis meses sin estudiar. La escuelita, como la llama, es un paliativo a sus angustias. “Imagínate a un muchacho que le envíen unos polinomios por WhatsApp. Acá tienen un profesor al que le pueden preguntar”, dice la mujer de 56 años, que también intenta culminar la carrera de Derecho de forma online.

La pequeña contención que hace Pellicer en su barrio no altera los tristes indicadores que mostraba Venezuela previo a la pandemia. La Encuesta de Condiciones de Vida del Venezolano, realizada por tres universidades del país, reveló que entre 2019 y 2020 se reportaron 1,7 millón menos alumnos en todo el sistema escolar, desde la educación inicial hasta el nivel universitario. También aumentó el rezago. Casi un 20% de los estudiantes entre 12 y 17 años tiene dos años de atraso y un 18% va retrasado un año. La cobertura educativa en Venezuela tocó techo y retrocedió, de acuerdo al informe. El año pasado, un 40% de los alumnos faltaba con con frecuencia a clases.

Niños en una clase en la escuela improvisada por Iris Pellicer.
Niños en una clase en la escuela improvisada por Iris Pellicer.ANDREA HERNÁNDEZ

Fausto Romeo representa a una asociación de colegios privados en Venezuela. En algunos de estas instituciones han grabado clases en video, usan plataformas digitales y han intentado cumplir con un horario y actividades escolares desde casa. “No es solo el tema educativo, es también la psicoafectividad que proporciona la escuela. Los alumnos necesitan ver a sus maestros y a sus compañeros. Mi mayor preocupación es que con esto estaremos perdiendo muchachos”, dice.

En los colegios privados un maestro puede ganar entre 80 y 100 dólares al mes. Es una diferencia enorme con respecto a las tablas salariales del sector público, pero tampoco es suficiente. Luis Martínez Vera, de 63 años, es profesor de ciencias sociales en los dos sectores. Está en la bisagra de la desigualdad. Con los alumnos del colegio privado interactúa a través de una plataforma digital, con los del público solo intercambia correos electrónicos. Pese a los dos ingresos salariales, el docente, que tiene dos carreras universitarias y maestrías, trabaja como jardinero cerca de su casa para poder hacer ahorros. También siembra tomates, pimentones o papayas en su casa en Caracas, para poder comer «lo que es prohibitivo comprar en un supermercado.

https://elpais.com/internacional/2020-09-27/la-odisea-de-volver-a-clase-o-el-espejismo-de-la-educacion-en-venezuela.html

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Argentina: Arrancó El Paro Nacional De La Docencia Universitaria Y Preuniversitaria

La CONADU Histórica inició hoy un paro nacional de 24 horas frente al deterioro salarial y ante la falta de reconocimiento de gastos por la virtualidad.  La medida -que fue definida en Congreso Extraordinario- abarca apagón virtual, desconexión y actividades de visibilización.

La docencia universitaria y preuniversitaria reclama una urgente recomposición salarial, el reconocimiento de gastos ocasionados por la enseñanza virtual desde los hogares, la estabilidad de las y los docentes interinos y contratados, en defensa de las obras sociales universitarias y por mayor presupuesto para las Universidades Públicas.

Desde el inicio de la pandemia en marzo, hace ya más de 6 meses, la docencia cargó sobre sus hombros la continuidad de la enseñanza a más de un millón setecientos mil estudiantes, desde sus  casas, con sus familias en aislamiento y con sus propias herramientas tecnológicas y recursos económicos, mientras las universidades se mantienen cerradas desde entonces.

Hoy, ya en el segundo cuatrimestre y habiendo tomado exámenes de manera virtual, continúa enseñando con un enorme esfuerzo, que implica la sobrecarga de trabajo que se produce en la enseñanza virtual o remota, y un aumento de gastos en conectividad y herramientas, que no es suficientemente reconocido ni por las autoridades universitarias ni por el Ministerio de Educación de la Nación.

La paritaria salarial venció a fin de junio de este año, y pasados ya casi tres meses se agrava el deterioro de los salarios por la inflación. Reclamamos en forma urgente una recomposición de los salarios por lo menos para compensar la pérdida del poder adquisitivo ante el avance inflacionario.

Reclamamos al Consejo de Rectorxs el pago en reconocimiento de gastos que ya se aprobó en las Universidades de Patagonia Austral y Luján para todas las universidades nacionales, como así también la estabilidad laboral con el ingreso a carrera docente de los docentes interinos y contratados y el pago de salarios a docentes ah honorem y adscriptos.

  • Urgente recomposición salarial
  • Reconocimiento de gastos ocasionados por la enseñanza virtual desde los hogares
  • La estabilidad de las y los docentes interinos y contratados
  • En defensa de las obras sociales universitarias
  • Por mayor presupuesto para las universidades

Fuente:    CONADU Histórica

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Argentina: Las «fake news» como pandemia

Las «fake news» como pandemia

Atilio A. Boron

Los publicistas y opinólogos de la BNC (Bullshit News Corporation) siguen diciendo (hoy 24 de septiembre de 2020) que Argentina está en el 10º lugar por el número de casos de COVID-19. Es falso.

Como ya expliqué varias veces el número de casos es un dato muy poco confiable, porque depende, entre otras cosas, del número de tests realizados y la calidad de sus resultados. El dato “duro”, irrefutable, es el NÚMERO DE MUERTOS POR MILLÓN DE HABITANTES, y en este caso Argentina ocupa el puesto número 23º. Sería preferible que estuviéramos como Cuba, en el puesto 147º, Nicaragua o Venezuela, ambos en el puesto 120º, Uruguay en el 139º, China en el 174º o Vietnam en el 188. Pero, podríamos estar peor, como varios de nuestros vecinos. Vean la tabla que informa quiénes ocupan los primeros 25 puestos y la tasa de muertos por millón y saquen sus propias conclusiones acerca del talante moral de quienes dicen que “informan” a la población.

Como ya expliqué varias veces el número de casos es un dato muy poco confiable, porque depende, entre otras cosas, del número de tests realizados y la calidad de sus resultados. El dato “duro”, irrefutable, es el NÚMERO DE MUERTOS POR MILLÓN DE HABITANTES, y en este caso Argentina ocupa el puesto número 23º. Sería preferible que estuviéramos como Cuba, en el puesto 147º, Nicaragua o Venezuela, ambos en el puesto 120º, Uruguay en el 139º, China en el 174º o Vietnam en el 188. Pero, podríamos estar peor, como varios de nuestros vecinos. Vean la tabla que informa quiénes ocupan los primeros 25 puestos y la tasa de muertos por millón y saquen sus propias conclusiones acerca del talante moral de quienes dicen que “informan” a la población.

 

1. San Marino 1,237

2. Perú 964

3. Bélgica 858

4. Andorra 686

5. España 665

6. Bolivia 660

7. Brasil 653

8. Chile 651

9. Ecuador 631

10. EEUU 625

11. Reino Unido 616

12. Italia 592

13. Suecia 581

14. México 580

15. Panamá 529

16. Saint Marteen 489

17. Colombia 485

18. Francia 482

19. Países Bajos 368

20. Irlanda 363

21. Macedonia del Norte 342

22. Armenia 319

23. Argentina 317

24. Moldavia 311

25. Irán 297

Sería estúpido congratularse por estar en el 23º lugar en medio de una tragedia como esta, pero no es un dato menor que pese al aluvión de críticas que ha despertado la política sanitaria del actual gobierno y la mentira de decir que estamos entre los diez peores del mundo en cuanto a combate al Covid-19 los datos duros muestran que estamos mejor que nueve países de la región y varios de los más avanzados de Europa y el propio Estados Unidos, objetos permanente de admiración por parte de los empleados de la BNC.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/294430-las-fake-news-como-pandemia

Fuente de la Información: https://rebelion.org/las-fake-news-como-pandemia/

 

 

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Venezuela: Barco iraní con gasolina ya navega en aguas venezolanas

Barco iraní con gasolina ya navega en aguas venezolanas

El último reporte del transpondedor, a las 8:00 pm del domingo 27 de septiembre, ubica al Forest muy cerca de las costas del estado Sucre. Los otros dos tanqueros tienen varios días sin hacer reportes de ubicación

El Forest, uno de los tres tanqueros iraníes que navegan con gasolina para Venezuela, ya se encuentra en aguas venezolanas, según los reportes de MarineTraffic.com y TanrkerTrackers.com.

El último reporte del transpondedor, a las 8:00 pm del domingo 27 de septiembre, lo ubicaba muy cerca de las costas del estado Sucre, en la posición 11° 25 ‘5.412 N, 61° 38’ 15.576″ W. 

Buque Forest

El barco partió de Bandar Abbas el 9 de agosto y navega 14,2 nudos con dirección oeste. Es un buque petrolero construido en 2004 y navega bajo bandera de Irán.

Su capacidad de carga es de 35.124 toneladas de peso muerto y su calado actual es de 10 metros. Su longitud es de 176 metros y su ancho es de 31 metros, según los datos de MarineTraffic.com.

El Forest, el Faxon y el Fortune transportan un total de 832.000 BLS de gasolina. Se espera que descarguen en las terminales El Palito y el Complejo Refinador Paraguaná.

El Forest, el Faxon y el Fortune transportan un total de 832.000 BLS de gasolina. Se espera que descarguen en las terminales El Palito y el Complejo Refinador Paraguaná.

gasolina, Forest

Imagen

Se espera que la gasolina iraní llegue durante las próximas dos semanas. FOREST: 29 de septiembre marinetraffic.com/en/ais/details FORTUNE: 1 de octubre marinetraffic.com/en/ais/details FAXON: 4 de octubre marinetraffic.com/en/ais/details

Imagen

Los otros tanqueros con gasolina

Los otros dos barcos con gasolina, el Faxon, que partió el 13 de agosto de Lavan, y el Fortune, que salió de Khor Fakkan el 28 de agosto, se encuentran en costas del Océano Atlántico. Sus últimos reportes de ubicación son del 22 de septiembre y del 18 de septiembre respectivamente.

El Faxon es un petrolero que fue construido en 2004 (hace 16 años ) y navega bajo la bandera de Irán. Su capacidad de carga es de 35.155 toneladas de carga muerta y su calado actual es de 10 metros. Su longitud total es de 175,95 metros y su ancho es de 31 metros.

El Fortune es asimismo un petrolero que fue construido en 2004 (hace 16 años ) y navega bajo la bandera de Irán. Su capacidad de carga es de 35.155 toneladas de carga muerta y se informa que su calado actual es de 10,1 metros. Su longitud total es de 175,93 metros y su ancho es de 31 metros.

Crisis

Venezuela vive una crisis de combustible, como resultado ha tenido la necesidad de importar gasolina. Irán ha sido el abastecedor, a pesar de las sanciones de Estados Unidos.

En conclusión, en mayo pasado, Irán envió cinco buques con 1,5 millones de barriles de gasolina al régimen de Nicolás Maduro en un claro desafío a las sanciones estadounidenses.

Fuente de la Información: https://www.elnacional.com/economia/barco-irani-con-gasolina-ya-navega-en-aguas-venezolanas/

 

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