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Asesinatos laborales: tres muertes evitables en 48 horas

América/Argentina/10/06/2020/Fuente: ANRed.

Víctor Rodríguez murió aplastado por una bolsa de cuarzo de 1500 kilogramos. María Ester Ledesma falleció por Covid-19, tras que se le negase seis veces el pedido de licencia por ser persona de riesgo. Mariano Sosa, al quedar atrapado en una máquina Sin Fin, sufrió graves lesiones que le provocaron la muerte. En el 2019 más de 500 trabajadores fallecieron por causas evitables en un contexto de desidia empresarial y estatal. 

Víctor Rodríguez, de 38 años, trabajaba hacía 10 años en el área de composición de Cristalerías Rigolleau SA, ubicada en Berazategui, Provincia de Buenos Aires. El jueves pasado, mientras cumplía tareas en el depósito, murió aplastado por una bolsa de cuarzo de 1500 kg. Sus compañeros denunciaron que, por un ajuste de la empresa, allí donde antes trabajaban dos operarios, Rodríguez había quedado solo. Motivo por el cual también fue encontrado al menos dos horas después de producirse su fallecimiento.

Roberto Tullo, director de Rigolleau, apuró las pericias para volver rápidamente a producir, mientras que el Sindicato del Vidrio resolvió un paro de 1 hora, entre las 11 y las 12 de ayer.

“Era una gran persona, pero un mejor compañero”, destacaron los operarios de la cristalería.

María Ester Ledesma era enfermera en el Hospital Interzonal General de Agudos Luisa Cravenna de Gandulfo en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires. En el contexto de cuarentena por Coronavirus, solicitó seis veces el pedido de licencia debido a enfermedades que padecía. En las seis oportunidades rechazaron su pedido. Falleció el jueves.

“María Ester no debería haber estado trabajando. Una compañera que el Estado debería haberla cuidado; pero como tenía 50 años no importó que era diabética, hipertensa y tenía problemas de obesidad. Le negaron la licencia por Covid y así fue como la compañera contrajo el virus dentro del hospital. Contagió a su madre que falleció la semana pasada, a su hijo -que aún esta internado-, a su esposo y a su otra hija. Es lamentable que este sistema perverso asesine enfermeras. Esto no fue la pandemia. Esto fue un asesinato de parte del gobierno provincial. Los responsables son los del Estado”, afirmó a ANRed, Aída, enfermera del Gandulfo y secretaria administrativa de ATE Sur.

El lunes a las 11:00 hrs. hubo una jornada de duelo en la puerta del hospital.

El pasado viernes, en Córdoba, perdió la vida Mariano Nicolás Sosa en la planta de Aceitera General Deheza (AGD) ubicada en Alejandro Roca. Sosa, trabajador eventual de 21 años, sufrió graves lesiones que le provocaron la muerte al quedar atrapado en una máquina Sin Fin. Tras el hecho, la empresa cerró las puertas de la planta e impidió el ingreso de los delegados.

Desde la Federación de Aceiteros y Desmotadores aseveraron que Sosa “no había sido debidamente capacitado” y responsabilizaron a AGD por el asesinato laboral: “a la empresa le corresponde la implementación de todas las medidas preventivas y de seguridad que garanticen la vida y la integridad de los trabajadores”.

La Federación ha avanzado en varias plantas en la conformación de Comités Mixtos de Salud y Seguridad; sin embargo, en AGD no se cumple con esta resolución a pesar de dos acuerdos firmados en el 2016 y en el 2018.

Asimismo, desde la Federación, apuntaron a la responsabilidad estatal dado “que no ejerce sus funciones de control de acuerdo al mandato constitucional de garantizar condiciones dignas y equitativas de labor y la salud de las personas que trabajan”.

Estos tres casos se suman a una larga lista de asesinatos laborales. El 21 de mayo, se produjo la cuarta muerte de repartidores y repartidoras de APPs en el contexto de cuarentena. A fines de abril, en La Pampa, un obrero murió aplastado por un chimango en una cerealera de Caleufú. En marzo, un trabajador de Ayko SA, al servicio de Telecom, falleció luego de que se cayera un poste de teléfono.

La Campaña Basta de Asesinatos Laborales (BAL) señaló que en el 2019 murió un trabajador cada 14 horas por “causas evitables durante el ejercicio de sus tareas en condiciones precarizadas, lo que significa 500 decesos por año”.

“Si es evitable, no es accidente”. Un concepto sencillo, que defiende la vida, pero que el empresariado y el Estado siguen desoyendo.

Fuente e imagen: https://www.anred.org/2020/06/06/asesinatos-laborales-tres-muertes-evitables-en-48-horas/

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El coronavirus en las comunidades afro de Brasil

América/Brasil/10/06/2020/Autora: Beatriz Sanz/ Fuente: desinformemonos.org

“Las comunidades quilombolas se vuelven más vulnerables a la covid-19 por las desigualdades raciales y socioeconómicas experimentadas por este grupo de población”.

“Voy a morir”, pensó Cássia Cristina cuando supo que el coronavirus había llegado a la ciudad de Belo Horizonte. Cássia es líder del quilombo Manzo Ngunzo Kaiango, en la zona este de la capital del estado Minas  Gerais.  Hasta la fecha, en las quilombolas hay 300 casos en 10 estados. De estos, 53 personas murieron.

Los datos son de la Coordinación Nacional de Articulación de Comunidades Negras de Quilombolas Rurales (conaq). “Si este virus continúa con toda esta fuerza, se diezmarán quilombos completos”, dice la organización.

Consciente de la situación vulnerable de la comunidad, Cássia Cristina decidió dar un paso drástico: mudar a su madre y a sus hijos a un lugar donde pudieran estar aislados. “Nos pareció la mejor manera de garantizar nuestra continuidad”, dijo.

Los quilombos en Brasil vienen desde el tiempo de la esclavitud. Nacieron como organizaciones formadas por personas esclavizadas que huyeron de la vida cautiva y enfrentaron la opresión.

Con el fin oficial de la esclavitud, en 1888, los quilombos dejaron de ser perseguidos por el Estado.  Según la Fundación Cultural Palmares, del Ministerio de Cultura, en Brasil hay 3.524 quilombos. La Fundación lleva el nombre del mayor líder quilombola brasileño, Zumbi dos Palmares, decapitado por orden de los portugueses el 20 de noviembre de 1695.

Y aunque la mayoría vive en la pobreza, lograron mantener sus territorios y buena parte de las tradiciones y celebraciones que se remontan al patrimonio cultural africano.

La pandemia los puso frente a un nuevo desafío. Para mantener el aislamiento preventivo, la matriarca Efigênia Maria da Conceição y los niños se mudaron al terreiro, el local donde se hacen las actividades religiosas del candomblé, una de las religiones afrobrasileñas.

El terreiro del quilombo Manzo Ngunzo Kaiango está en la ciudad de Santa Luzia, cerca de Belo Horizonte.

Con las actividades religiosas suspendidas debido al coronavirus, doña Efigênia se convirtió en la responsable de enseñar a la próxima generación de quilombolas a “preservar nuestras tradiciones”, dijo Cassia.

Con síntomas

Zica Pires, líder del quilombo de Santa Rosa dos Pretos, ubicado en Itapecuru Mirim, Maranhão, comenzó a mostrar síntomas de covid-19 el 27 de abril.

Una enfermera de São Luís que aconseja a quienes no sienten la necesidad o no pueden ir a un hospital, le explicó las recetas para bajar la fiebre y aliviar sus síntomas. La profesional también pidió que se pusiera en cuarentena a Zica durante dos semanas.

“Al duodécimo día tuve dolor en el pecho y un poco de dificultad para respirar, y la enfermera me sugirió que fuera al médico para una radiografía”, dice Zica.

La prueba diagnosticó neumonía leve. “Me recetaron azitromicina e ivermectina y el médico me dio una referencia para hacer la prueba de covid”, recuerda.

La prueba se hizo en una clínica de salud de la ciudad y la joven de 25 años tuvo que dejar su número de teléfono para recibir el resultado.

“Hasta hoy, una semana después, no me llamaron. Terminé la cuarentena, terminé de tomar el medicamento y me siento mejor. Todavía no he recuperado el olfato ”, dice.

El quilombo donde vive Zica, hogar de más de 2,000 personas, tiene al menos 20 casos sospechosos, todos con síntomas leves,  ninguno diagnosticado.

Acceso precario a la salud

La vulnerabilidad a enfrentar el coronavirus identificado por Cassia y las dificultades para acceder al diagnóstico y al tratamiento experimentado por Zica son recurrentes en otros territorios de quilombolas.

“Las comunidades quilombolas se vuelven más vulnerables a la covid-19 por las desigualdades raciales y socioeconómicas experimentadas por este grupo de población”, explica Lucelia Luiz Pereira, doctora en Ciencias de la Salud de la Universidad de Brasilia (UnB) y la especialista en salud de quilombola.

Pereira señala que “uno de los principales problemas en las comunidades se refiere a los problemas higiénico-sanitarios relacionados con las dificultades para acceder al agua tratada, la red de alcantarillado, la recolección de basura”.

El escenario pintado por Pereira es similar a lo que vivían los negros liberados en el momento de la gripe española, según el profesor e historiador de la UERJ (Universidad Estadual de Río de Janeiro), Maurício Barros de Castro.

“Ciertamente fue una epidemia devastadora porque la condición que las personas recién liberadas vivieron en Brasil era insalubre y las condiciones de higiene muy precarias”, dice el especialista en artes y culturas de la diáspora africana.

Otra similitud entre las dos pandemias es la falta de datos nacionales sobre la muerte de los negros. El Tribunal Federal de Río de Janeiro ha obligado a los gobiernos a informar a las víctimas sobre su color y raza, pero ese aún no es el caso.

En el hospital, racismo

Anacleta Pires ha enseñado durante 30 años en el quilombo Santa Rosa dos Preto. Aun así, cuando necesitó ayuda en el hospital, un empleado le preguntó a Adélia Matos Fonseca si sabía cómo escribir su propio nombre.

Wendel Marcelino, del quilombo Buriti do Meio, se une al coro. “Es racismo [porque] los pacientes que llegan a la unidad de emergencia no son tratados de la manera correcta”, dice.

Lucelia Pereira explica que esto se debe a que “el racismo es uno de los determinantes de los procesos de salud y enfermedad, lo que hace que las comunidades de quilombolas sean más vulnerables”.

Además, pocos quilombos tienen atención médica básica.

Según Pereira, quien es miembro de la Asociación Brasileña de Salud Colectiva (Abrasco), “existe un acceso desigual al SUS” y debido a esto, las poblaciones de quilombolas, especialmente aquellas en contextos rurales, “sufren más intensamente con la falta de atención y disponibilidad de redes de atención primaria”.

La situación es confirmada por el concejal de Ouro Verde, Mauro Alves. En el quilombo de Santa Cruz, donde tiene un papel de liderazgo, no hay una Unidad Básica de Salud (USB) para servir a la comunidad.

La realidad es un poco diferente en Buriti do Meio, en la ciudad de São Francisco (MG), donde se instaló la unidad de salud.

Wendel Marcelino, líder del quilombo, considera que UBS es un avance, pero recuerda que la comunidad es la única en la región norte de Minas Gerais que tiene esta estructura.

El impacto económico

Al igual que todo el país, los quilombos también se ven afectados económicamente por la pandemia de coronavirus.

Los ingresos de Manzo Ngunzo Kaiango, en Belo Horizonte, por ejemplo, se basan en las actividades culturales desarrolladas y el trabajo doméstico realizado por las mujeres en la comunidad.

Con la prohibición de la aglomeración y las limitaciones de movilidad necesarias para evitar la propagación del coronavirus, los ingresos del quilombo se vieron comprometidos.

En Santa Rosa dos Pretos, las quilombolas solían vender fruta en las carreteras a camioneros y viajeros y no pueden continuar con la práctica para evitar el contagio.

En el quilombo de Buriti do Meio, el trueque es una práctica común. Sin embargo, las personas también evitan ir a la ciudad y no pueden intercambiar alimentos producidos en la comunidad por otros artículos que los necesiten.

La solución adoptada fue registrar a las familias que tenían el perfil en el programa de asistencia de emergencia del gobierno de Brasil. Las familias que más necesitan reciben R$ 600 (cerca de 7.527 pesos argentinos) por tres meses.

Como esto no es adecuado para todos, los quilombos también están recurriendo a las donaciones. En el norte de Minas, Wendel Marcelino articuló a 39 quilombos de 10 ciudades de la región y creó el SOS Quilombos do Norte, que recolecta y distribuye alimentos, máscaras, jabones y otros artículos de primera necesidad para la población de quilombolas.

Los encuentros de las comunidades y la celebración anual del fin de la esclavitud, el 13 de mayo, no pudieron hacerse por la pandemia.

Aún así, los quilombos resisten con la organización. Zica, la mujer que tenía síntomas de covid-19, planea establecer una pequeña farmacia comunitaria que pueda atender a otros residentes.

Esta nota se produjo en el marco de la Beca Cosecha Roja

Fuente: http://cosecharoja.org/el-coronavirus-en-las-comunidades-afro-de-brasil/?fbclid=IwAR0lPYPGQ88psLjDlgYOHTMV_hcTMJ7aRZwpl8UT6ZzT3qPJHThjegV9hZY

Imagen: Santa Rosa dos Pretos, en el estado de Maranhão

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Entrevista a Lena Lavinas: Brasil: pandemia, guerra cultural y precariedad

Por: Pablo Stefanoni

En estos años, Brasil experimentó profundos cambios políticos e ideológicos. De un ciclo de centroizquierda que había atraído simpatías más allá de sus fronteras y que fue considerado socialmente exitoso, pasó a un gobierno ubicado en la extrema derecha que sumó al negacionismo climático un negacionismo sobre la gravedad del covid-19 y que dio la espalda a las recomendaciones internacionales. ¿Qué explica este giro, qué cambios está provocando y cómo se ubica la oposición para enfrentarlo? Al mismo tiempo, la pandemia pone sobre la mesa la necesidad de repensar la política social y discutir formas universales y desmercantilizadas de protección social.En esta entrevista, Lena Lavinas dialogó con Nueva Sociedad sobre la situación de Brasil, pero también sobre los efectos de la financiarización de la protección social y sobre cómo reponer respuestas de tipo universalista por sobre la fragmentación actual. Lena Lavinas es profesora en el Instituto de Economía de la Universidad Federal de Río de Janeiro y miembro de la Escuela de Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton y del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (ciepp) de Argentina.

El giro ideológico de Brasil fue muy profundo, de la centroizquierda a la extrema derecha. ¿Qué cambió en la política y también en la sociedad en este casi año y medio de gobierno de Jair Bolsonaro?

Querría hacer una contextualización de cómo ocurrió una radicalización de estas dimensiones. Puede ser difícil de entender una polarización política y social de la envergadura que vive Brasil. Hay que retroceder al gobierno de Dilma Rousseff, cuya presidencia coincidió con el fin del ciclo de los commodities. El país conoció cambios importantes durante las presidencias de [Luiz Inácio] Lula da Silva, como un mayor consumo de masas, un crecimiento de los ingresos de las familias; todo el mundo parecía feliz, inclusive los empresarios. No hay que olvidar que Lula fue elegido tanto por las clases populares como por las clases medias. Pero en la gestión de Dilma muchas cosas empezaron a cambiar. Con la organización de la Copa del Mundo de 2014 y de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016 se impulsó una serie de inversiones para poder llevar a cabo los dos megaeventos. Fue un momento de inflexión en el apoyo de las clases medias y las clases populares al Partido de los Trabajadores (pt). En 2013, en las llamadas Jornadas de Junio, miles de personas salieron espontáneamente a las calles, principalmente con reclamos por las tarifas del transporte, pero sobre todo en demanda de un mejor transporte público y también de salud y educación pública de calidad. Existió malestar porque se comparaban las inversiones para el Mundial con la insuficiente inversión social. El problema es que, tras un momento de acercamiento a los sectores que protestaban, la presidenta se acercó a los sectores conservadores e impulsó una ley antiterrorista; incluso el proyecto fue presentado por un diputado del pt, lo que era una contradicción profunda. Los movimientos progresistas abandonaron las calles y el espacio fue ocupado por los grupos de derecha, que se organizaron rápidamente contra el gobierno. Fue como si la protesta en el campo democrático hubiera sido secuestrada por las fuerzas conservadoras que fueron ganando músculo desde entonces.

Comienza a verse que una vez pasados el ciclo de los commodities y el aumento del consumo, emergen a la superficie una insatisfacción profunda y una ruptura de las bases de apoyo del gobierno petista. Ese aumento del consumo se basó en importaciones baratas, muchas de ellas provenientes de China, gracias a un real entonces sobrevaluado, mientras la estructura productiva brasileña se desindustrializaba todavía más. Y a esto se agregó, durante el gobierno de Dilma, el aumento de la inflación y del endeudamiento de las familias, sobre todo de los sectores populares. Al deterioro económico se sumaron las primeras denuncias de corrupción en el marco de la megacausa del Lava Jato, que muestra que existe una red de corrupción conformada por partidos políticos, empresarios y empresas estatales, que consistía en el cobro de 1% a 3% de comisiones sobre los contratos de obras públicas. Ese dinero era luego redistribuido entre los diferentes partidos. No se limitaba al pt. Solo que esto afectó más al pt en el marco del empeoramiento económico. Entre tanto, la derecha se fue apropiando de las protestas callejeras que, en un comienzo, tenían un público amplio, que incluía también a votantes del pt.

En este marco se producen las elecciones de 2014, que Dilma consigue ganar pero enfrentada a una derecha con una capacidad de movilización y de acción mucho más grande. Incluso el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (psdb, centroderecha) impulsa un proceso para investigar si las elecciones habían sido limpias. En 2015 la caída del pib fue de 3,8% y ahí es cuando Dilma nombra un ministro de Economía ortodoxo, Joaquim Levy, que llegó para implementar una política de austeridad fiscal aún más profunda. Las protestas anticorrupción siguen en las calles y, como sabemos, esta conjunción de factores derivó en el proceso de impeachment contra ella. En Brasil, las crisis económicas siempre llevaron a cambios en las mayorías políticas.

El movimiento de protesta alimentó una dinámica antipetista que se transformó en una narrativa antisistema. Entre 2015 y 2016, la caída llegó a 7,4%, la peor recesión que Brasil conoció en 100 años. Dilma perdió el respaldo de sectores productivos que habían apoyado al pt, la izquierda estaba dividida y desmovilizada –una parte exigía una autocrítica que nunca llegó– y la derecha se escudó detrás de un discurso moralista contra la corrupción. La grave crisis económica fue rápidamente aprovechada por la derecha, como consecuencia directa de la corrupción. Pero cuando esta derecha hablaba de acabar con todo lo que estaba mal, se refería a acabar con una izquierda que había tomado el poder y que tendría valores antifamilia, antirreligiosos, etc. Este tipo de discurso antisistema iba en la misma dirección que había tomado en Turquía, en Hungría y en Estados Unidos. Se abrió el proceso de impeachment contra Dilma Roussef y ahí surge Jair Bolsonaro como un outsider –pese a haber estado casi tres décadas como diputado irrelevante y menospreciado por la clase política–. Dilma fue destituida en agosto de 2016 y poco después Lula fue detenido en el marco de la operación Lava Jato con pruebas muy cuestionadas. Estos dos hechos constituyeron dos golpes durísimos para la izquierda, que fue incapaz de organizarse para apoyar a un candidato democrático en las elecciones presidenciales de 2018. El pt intentó mantener a Lula como candidato desde la prisión, pero asociar la lucha contra la extrema derecha con la liberación de Lula fue un error, porque nadie quiere votar a un candidato preso y Fernando Haddad fue postulado demasiado tarde. Finalmente, Bolsonaro fue elegido con más de 57 millones de votos válidos contra 47 millones de Haddad y 31 millones de votos en blanco, nulos y abstenciones.

Apenas gana, Bolsonaro lanza una verdadera guerra cultural contra el marxismo, contra el comunismo. Tras su ventaja en la primera vuelta, Bolsonaro dijo que los «rojos van a ser expulsados de Brasil» y que Lula iba a «pudrirse en la cárcel»…1 Su gobierno viene poniendo en jaque una serie de principios democráticos y de derechos reconocidos en la propia Constitución. Tiene un fuerte apoyo entre los grupos evangélicos –los evangélicos son más de 30% de la población y hay proyecciones de que podrían llegar a ser mayoritarios en 2030–, y estos han ido radicalizándose en estos años (hay que recordar que muchos de ellos apoyaron en su momento a Lula y a Dilma). Un cambio adicional que trajo el triunfo de Bolsonaro fue la vuelta de los militares al Poder Ejecutivo. De los 22 ministros, nueve son militares. Y hay más de 2.100 en el gobierno federal, tanto activos como retirados. Al mismo tiempo, Bolsonaro entregó el Ministerio de Economía al ultraliberal Paulo Guedes, quien trabajó con los Chicago boys del gobierno de Augusto Pinochet en la década de 1970 y que lo único que dice es que hay que reducir al mínimo el Estado para acabar con la corrupción y con los «privilegios» de los empleados públicos. El giro ideológico es muy profundo y comenzó antes del triunfo de Bolsonaro.

¿Qué cambios está introduciendo la pandemia? Bolsonaro parece uno de los últimos negacionistas e incluso activa a sus bases contra el confinamiento social.

Como Donald Trump, Bolsonaro está en contra del multilateralismo. En la Organización de las Naciones Unidas (onu) ha alineado a Brasil con eeuu y países como Arabia Saudita, y contribuyó a debilitar del todo el sistema multilateral, inclusive votando contra las políticas de género y de reconocimiento de los derechos reproductivos. La bandera antiaborto y antiderechos reproductivos y de los grupos lgbti+ es central en la estrategia de movilización bolsonarista. La pandemia de covid-19 surge en un momento en el que la polarización política ya era extremadamente alta. Después de dos años de recesión (2015 y 2016), vinieron tres años de estancamiento, y eso daba pie a pensar que algo podía pasar. No hay que olvidar que en 2019, en su primer año de gobierno, Bolsonaro solo consiguió aprobar la reforma previsional, menos radical de lo que se había propuesto. Para eso utilizó el discurso del «fin de los privilegios». Cuando llegó el coronavirus, el gobierno estaba en un impasse y con un discurso en favor de más reformas liberales. Quería profundizar aún más las dos reformas laborales aprobadas en 2017, que ya habían flexibilizado y desregulado ampliamente el mercado de trabajo. Cuando llega la crisis sanitaria, tenemos un crecimiento mediocre de 1,1%, 12 millones de desempleados y unos 49 millones de trabajadores en la informalidad –una informalidad que crece en una curva vertiginosa– y 50 millones de personas bajo la línea de pobreza, según datos del Banco Mundial. El ingreso per cápita del 20% más pobre cayó entre 2015 y 2019 11,5% y el 20% más rico tuvo un aumento de 6% en términos reales. Es una situación explosiva. De los 12 millones de desempleados, solo 500.000 eran beneficiarios del seguro de desempleo, lo que muestra que el sistema de protección social ya no era capaz de atender a esa población. Los criterios de acceso son cada vez más restrictivos. Lo mismo ocurre con la pobreza. En un momento de crisis, Bolsonaro comenzó a reducir la cobertura del programa Bolsa Família, con el argumento de que había mucha gente haciendo fraude en un programa que paga en promedio a cada familia 200 reales por mes (unos 35 dólares al valor actual).

Entonces, cuando llegó la pandemia, ¿qué dijo Bolsonaro? Que todo el mundo tiene que trabajar, porque si la pandemia va a costar vidas, también va a costar muertes de empresas. Pero además dice que si la gente cree en Dios va a estar protegida, nuestra fe va a protegernos. Cuando la Organización Mundial de la Salud (oms) declaró el covid-19 como pandemia y aconsejó observar una serie de criterios como el distanciamiento social, él fue en sentido contrario, diciendo que era un absurdo, que no hay evidencia científica, que las cuarentenas van a arruinar el país.

En los comienzos de la pandemia había dicho que el coronavirus era una gripezinha y llegó a afirmar que los brasileños «no se contagian», pues son capaces de «bucear en una alcantarilla sin que les pase nada». Su lema es «Dios encima de todos». Hoy Brasil tiene más de 16.000 muertos por covid-19. Si bien la mayoría de las muertes son de mayores de 60 años, las cifras muestran que en Brasil se «rejuveneció» el coronavirus, producto de su estructura demográfica y de la falta de distanciamiento social. Más de 60% de los casos confirmados afectan a personas de entre 20 y 49 años, y Brasil tiene un récord mundial de muertes por debajo de 50 años.

La realidad es que en Brasil, como en otros países de la región, el confinamiento no es un derecho para gran parte de la población que vive hacinada en viviendas precarias. Hay aproximadamente 15 millones de personas que viven en favelas, 25 millones no tienen acceso a agua potable, 40 millones no tienen acceso a saneamiento adecuado. Estas son también fallas de los 14 años de gobierno del pt, que en lugar de invertir en una red de protección real, en la mejora de la infraestructura urbana, en políticas habitacionales de calidad y en mejorar los servicios públicos, puso el acento en políticas como el acceso al crédito, el consumo de masas, el programa Bolsa Família, etc. Entonces hay gente que se torna presa fácil de este gobierno negacionista que manipula necesidades sociales en favor de una radicalización conservadora. A esto se suma que el gobierno aprobó un ingreso de 600 reales (algo más de 100 dólares) mensuales, durante tres meses, para los trabajadores informales y personas que se encuentran por debajo de la línea de la pobreza. Hubo más de 50 millones de inscriptos. Pero un número significativo de personas hasta ahora no han recibido el beneficio. Ni siquiera la primera entrega. Esto ha llevado a que miles de trabajadores pobres hagan cola diariamente en las puertas de los bancos en un intento de recibir el beneficio temporal. Una situación que vuelve a agravar las medidas de distanciamiento social y favorece la propagación del virus.

Bolsonaro viene boicoteando las políticas de distanciamiento de los gobernadores, lo que creó una nueva crisis política. La lógica de Bolsonaro es una lógica de reproducción de la crisis y de enfrentamiento continuo; él busca una radicalización permanente porque eso es lo que moviliza a sus bases. Quiso prohibir a los estados y municipios que legislaran en favor del distanciamiento social. Algunos gobernadores están aplicando incluso la cuarentena. Fue necesario que el Supremo Tribunal Federal (stf) señalara que la Constitución brasileña reconoce la autonomía de estados y municipios y que tienen la potestad para adoptar ese tipo de medidas.

Pero Bolsonaro no se quedó ahí. Convocó una reunión en Brasilia con los representantes de alrededor del 46% del pib industrial de Brasil, unos 20 empresarios, para discutir medidas económicas de salida de la crisis y, una vez en Brasilia, cambió la agenda y los invitó a marchar juntos al tribunal para pedir cambios en las reglas constitucionales; una escena dantesca y vergonzosa2. Fue una invasión a un poder independiente. Tuvieron que abrir las puertas para escuchar las presiones y la falta de respeto liderada por el presidente, que viene diciendo en la calle «No aguanto más», «Yo soy la Constitución». Parece un hombre completamente desequilibrado, insano, tratando de impedir el lockdown. Hasta ahora no tuvo una frase para las miles de familias que perdieron a sus seres queridos. «Qué quieren que haga», respondió en una ocasión. «No soy sepulturero para saber cuántas personas murieron», dijo. El ministro de Salud Nelson Teich se dedicaba más al negocio de la salud que a su actividad como médico. Poco después de asumir el cargo, el nuevo ministro despidió a funcionarios de carrera y nombró a siete oficiales militares para puestos estratégicos en la cartera. Ese mismo ministro se enteró en una conferencia de prensa de que el presidente había firmado un decreto, sin consultarlo, haciendo esenciales no solo las actividades industriales y de construcción, sino también las de barbería, peluquería y gimnasio. En otras palabras, el ministro no administraba la pandemia. Teich duró menos de un mes en el cargo. Hay actualmente 12 militares en funciones en el Ministerio de Salud y está previsto nombrar a otros ocho; el general Eduardo Pazuello, un militar sin experiencia en el área, asumió como ministro interino. Bolsonaro moviliza a sus falanges para boicotear las políticas de los gobernadores, con el argumento de que Brasil «tiene que crecer», interviene en las redes sociales, cada día organiza sus mítines, la mayoría de las veces sin mascarilla y sin respetar el distanciamiento social, insulta a la prensa y les grita a los periodistas que se callen la boca. Hay un proceso de desestabilización constante de la institucionalidad democrática en el país. Nunca se había visto tanta vulgaridad, grosería y agresividad.

Al mismo tiempo, Bolsonaro se alejó del partido que lo llevó al Planalto, el Partido Social Liberal, e intenta terminar de organizar un nuevo partido. Como no tiene mayoría propia en el Congreso, se alió a los sectores más corruptos del denominado centrão, que son la gente que él siempre denunció como el sector más «podrido» del Legislativo brasileño. Ahora negocia cargos con políticos que estaban presos hasta hace poco tiempo. Pero él puede hacer eso en la medida en que Sérgio Moro dejó el gobierno en abril de este año. La renuncia del ex-juez del Lava Jato llevó a una investigación a Bolsonaro realizada por el stf: Moro dice que el presidente cambió al jefe de la Policía Federal para poder acceder a casos que involucran a su entorno. Ahora el futuro de Bolsonaro está en manos del Poder Judicial y del Legislativo, por lo que posiblemente vamos a ver una polarización de Bolsonaro con estos dos poderes. Todos los días, en Brasilia, falanges bolsonaristas organizan pequeñas manifestaciones, que aumentan los domingos, pidiendo el cierre del Congreso y la Corte Suprema.

¿Cómo ve a la izquierda brasileña? Lula da Silva está libre provisoriamente, no emergieron nuevos liderazgos…

La izquierda está muy dividida ya desde hace mucho tiempo. Incluso podríamos decir que el campo democrático está dividido. Eso se manifestó en la segunda vuelta, cuando Bolsonaro enfrentó a Haddad. Varios candidatos que no lograron llegar, como Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista [pdt, por sus siglas en portugués], que no apoyó a Haddad. O Fernando Henrique Cardoso. Desde ese momento, la izquierda no consigue encontrar un camino. Están los partidos ubicados más a la izquierda, como el Partido Socialismo y Libertad (psol), que tiene una muy buena actuación parlamentaria, y también el Partido Socialista Brasileño, que se está reorganizando a escala nacional. Entre los mejores diputados hoy están Marcelo Freixo, del psol, que combate las milicias en Río de Janeiro3, y Alessandro Molon, que abandonó el pt por su falta de autocrítica. La izquierda sigue muy dividida. Por ejemplo, hoy existen 36 pedidos de impeachment contra Bolsonaro por crímenes de responsabilidad y obstrucción de justicia; ninguno de ellos fue presentado por el pt. Al mismo tiempo es verdad, como dicen muchos analistas y parlamentarios, que hoy no existen condiciones para apartar del poder a Bolsonaro. No obstante, la salida de Moro y sus denuncias contra el presidente favorecen un pedido de impeachment que podría tener progresivamente más apoyo. Dicho esto, hoy Brasil tiene una división en tres tercios: un tercio que es bolsonarista, un tercio que es lulista y un tercio que no se identifica con ninguno de los dos de manera estable. Lula, en este momento, debe ser precavido con sus declaraciones, pero es claro que no está apoyando la unidad de la izquierda. Recientemente, salió a decir que Bolsonaro «no está calificado como ser humano para presidir un país», aunque antes había tenido una declaración poco feliz diciendo que tenía derecho a cambiar al jefe de Policía e interferir en la Policía, que eso es una prerrogativa constitucional del presidente de la República.

¿Cómo queda Bolsonaro en medio de la crisis por la renuncia de Sérgio Moro?

Bolsonaro se desgastó con la salida de Moro. Perdió el apoyo de los sectores más educados y acomodados. Dicho esto, conserva un electorado totalmente fiel de 20% a 25%, dispuesto a salir a la calle a defenderlo «contra el comunismo». Y además, hay que recordar el apoyo de las Fuerzas Armadas. En estas semanas, Bolsonaro salió varias veces a la calle diciendo que «hay que cerrar el Congreso», que hay que «cerrar el stf», «las Fuerzas Armadas nos apoyan», «están con el pueblo», etc. En la primera semana de mayo, el ministro de Defensa publicó una nota diciendo que «las Fuerzas Armadas defienden el Estado de derecho y la Constitución». Pero en la medida en que los militares forman parte del gobierno, o en algún momento dejan el gobierno o comienzan a defenderlo. A pesar de las múltiples propuestas de impeachment, Bolsonaro continúa teniendo una base sólida en los medios populares y entre los miembros de bajo rango de las Fuerzas Armadas y de seguridad. Una gran parte de la base de estas fuerzas son evangélicos. En febrero de este año hubo un amotinamiento policial en el estado de Ceará y los bolsonaristas apoyaron la huelga policial. Eso enciende una luz de alerta sobre el papel de las bases del Ejército y la Policía en caso de que el presidente se radicalice.

Hoy hay varios escenarios posibles: que avance el juicio político; que Bolsonaro termine diciendo que es perseguido por el sistema y trate de radicalizarse, y ahí no sabemos cómo pueden actuar diferentes grupos armados; que se debilite y sea sucedido por el vicepresidente y general Hamilton Mourão. Hoy hay muchas protestas fragmentadas: ex-ministros de Medio Ambiente contra las políticas ambientales negacionistas del cambio climático; ex-ministros de Relaciones Exteriores contra la posición antimultilateralista y los alineamientos internacionales; ex-ministros de Educación contra las vergonzosas políticas educativas; pero no hay una estrategia unitaria contra Bolsonaro. Hay muchas posturas vehementemente críticas contra las acciones del gobierno de Bolsonaro, pero nada de esto ha llevado hasta ahora a la formación de un frente sólido y efectivo en favor de la democracia.

¿Qué nos dice la pandemia sobre el futuro de la protección social?

Es importante entender lo que fue el desmantelamiento de los sistemas de protección social en América Latina, ya incompletos e inadecuados. Nunca se logró implantar un sistema único de salud que comprenda a los trabajadores informales. Al generalizarse las políticas de austeridad fiscal, ha empeorado la falta de financiación de los servicios públicos, lo que ha dado lugar a un deterioro de su cobertura y calidad. En los últimos años hubo una convergencia entre órganos multilaterales –desde el Fondo Monetario Internacional (fmi), la Organización Internacional del Trabajo (oit) y el sistema de las Naciones Unidas hasta el Banco Mundial–, además de figuras como la ex-presidenta de Chile Michelle Bachelet, en señalar que lo importante son los «pisos de protección social». Pero estos son un retroceso en países como Argentina, Costa Rica, incluso Brasil, que consiguieron avanzar en un sistema de protección social, todavía segmentado y que muchas veces deja un sector público de baja calidad para los pobres, pero con vocación universal. Los «pisos de protección social» consisten sobre todo en transferencias de renta de poco valor para los grupos vulnerables y lo que es provisión pública desmercantilizada se reduce a un mínimo: educación básica y algunos servicios de salud destinados a proteger a las madres y los niños pequeños, como programas de vacunación. Quienes deseen más que eso deben buscar cobertura en el sector privado, a través de préstamos o la compra de seguros, cuya cobertura depende de la capacidad de pago. Hoy el sistema financiero domina el sistema de protección social a escala global (jubilaciones, sistema de salud, educación). Es dramático. En el caso de Brasil, la política social sirvió para consolidar el modelo de consumo socialdesarrollista, que consistió en promover la transición hacia una sociedad de consumo de masas, a través del acceso al sistema financiero. La novedad del modelo socialdesarrollista es la de haber instituido la lógica de la financiarización en todo el sistema de protección social, ya sea mediante el acceso al mercado de crédito, ya sea vía la expansión de los planes de salud privada, crédito educativo, etc. Fueron años de promoción de una agresiva estrategia de inclusión financiera. Asistimos de este modo a un proceso de financiarización acelerada, que se sirve del sistema de protección social para vencer la barrera de la «heterogeneidad estructural», que frenaba en América Latina la expansión de la sociedad de mercado. Lo que nos enseña la pandemia es que no se debería seguir aceptando la fragmentación y la segmentación por ingreso en el acceso a la salud, la educación y la seguridad pública de acuerdo con los ingresos. Hay que reinventar mecanismos de financiamiento de sistemas universales sufragados por los más ricos y por el sistema financiero, que siguen teniendo enormes beneficios incluso en periodos de crisis. Ahora mismo, mientras el virus mata, las empresas privadas de salud prácticamente recuperaron desde mediados de abril lo que habían perdido al inicio de la pandemia, en marzo, en la Bolsa de Valores. Se intentó centralizar y redistribuir las camas de hospital, pero el sector privado se opuso y eso seguramente contribuyó a mejorar su posición en las bolsas. Sus acciones recuperaron 60% o 70% de su valor, en un momento en que hay miles de muertos.

Esta pandemia nos enseña que no hay futuro sin derechos universales. El covid-19 enterró de una vez por todas la idea de que podemos vivir indiferentes a lo que les pasa a nuestros vecinos. Demostró que no se puede seguir posponiendo una solución digna para proporcionar una vivienda decente a los millones de trabajadores de todo el mundo que viven en condiciones infrahumanas. Esto implica repensar nuestras prioridades ante la plena evidencia de que somos interdependientes a escala mundial. Hay algo que nos une más allá de la banda ancha de internet. Por el momento, las medidas de emergencia adoptadas en numerosos países para garantizar la liquidez del sistema capitalista están demostrando ser bastante generosas. Pero la reanudación será difícil, larga y dolorosa. Con la crisis sanitaria temporalmente bajo control, y con el fin de las prestaciones que a menudo se han aplicado fuera de los sistemas de protección social, de manera ad hoc, ¿qué se espera? ¿El regreso a un pasado que ya no nos sirve y solo reproduce el sufrimiento, la exclusión y la discriminación? Tenemos una certeza: queremos más lo público. Repensemos y reformemos la esfera pública, el espacio colectivo que alberga y acoge porque se basa en valores universales. Fortalezcamos la democracia participativa, la creencia en la ciencia y la necesidad urgente de redefinir nuestros modelos de desarrollo, enfrentando con posibilidades de éxito a mediano y largo plazo la crisis ambiental. Debemos reinventar la izquierda y construir un discurso que articule y cree nuevas identidades políticas que tanto necesitamos. Ha llegado el momento de construir utopías para superar la distopía. El camino será tortuoso, atravesado por escollos y trampas. Y será largo. Requerirá tiempo, energía y soluciones a escala mundial. Por ahora, la única certeza que nos puede acercar es la conciencia de la dirección a tomar. Ya es un comienzo que conlleva promesas transformadoras.

Fuente e imagen:  https://nuso.org/articulo/brasil-pandemia-guerra-cultural-y-precariedad/

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Brasil: Réquiem por la democracia

Por:  Boaventura de Sousa Santos

 

Una vez más, después de tantas otras, las élites brasileñas prefirieron correr el riesgo de caer en la dictadura (si es que no la deseaban desde el principio) cada vez que las clases populares manifiestan su aspiración de ser incluidas en la nación, que las élites siempre han concebido como su propiedad privada. La lectura de la transcripción de la reunión del Consejo de Ministros de Brasil del pasado 22 de abril es una experiencia dolorosa, aterradora e indignante. El hecho de que este video se haya hecho público y transcrito es una señal elocuente de que la democracia aún sobrevive.

Ocurrió a raíz de la denuncia del exministro Sérgio Moro de que el presidente había intentado interferir en las investigaciones en curso en la Policía Federal de Río de Janeiro contra uno de sus hijos bajo sospecha de conducta criminal grave. Al ordenar la difusión del video, el ministro del Supremo Tribunal Federal (STF), Celso de Mello, inscribió su nombre en el libro dorado de la breve y tormentosa historia de la democracia brasileña. Esperemos que la señal de esperanza que nos ha dado sea el detonante del despertar de las fuerzas democráticas de izquierda y de derecha, el despertar de un sueño profundo e inquietante, hecho de ignorancia histórica y vanidad miope, un sueño que les permite soñar con cálculos electorales sin darse cuenta de la frivolidad de tales intentos cuando la democracia misma pende de un hilo.

Los fascistas ni siquiera esconden sus intenciones. El presidente hizo un llamamiento directo e inequívoco a la lucha armada. Más que una apelación, informó que está dispuesto a liderar el armamento de civiles al margen de las Fuerzas Armadas. ¡Y lo hizo flanqueado por generales! Está confesando un delito de responsabilidad y un crimen contra la seguridad nacional. Y no pasa nada. Junto al vicepresidente, se sienta impasible y silencioso el entonces ministro de Justicia, Sérgio Moro, quien fue el gran responsable de la destrucción de la institucionalidad democrática, para lo que siempre contó con la complicidad de las élites y sus medios de comunicación. El anuncio del presidente no solo es recibido con las sonrisas complacientes de quienes lo escuchan, sino que varios ministros están empeñados en abrir por su cuenta las cloacas de odio y de prejuicio, por no hablar de otras alevosías.

Lo que puede leerse es tan torpe que es mejor leer para creer:

Presidente: “Están fastidiando todo el tiempo para atacarme, metiéndose con mi familia. Ya intenté cambiar oficialmente a la gente de nuestra seguridad en Río de Janeiro y no pude. Se acabó. No voy a esperar a que jodan a toda mi familia, o a mis amigos, porque no puedo cambiar a alguien de seguridad de última línea, que pertenece a nuestra estructura. Lo voy a cambiar. Si no puedo, cambio a su jefe; si no puedo cambiar al jefe, cambio al ministro. Y punto final. Aquí no estamos para jueguitos (…) Quiero, ministro de Justicia y ministro de Defensa, que el pueblo se arme. ¡Es la garantía de que no aparecerá un hijo de puta para imponer una dictadura! ¡Qué fácil es imponer una dictadura! ¡Es muy fácil! Un maldito alcalde hace un maldito decreto y deja a todo el mundo confinado. Si estuviera armado, saldría a la calle. ¿Y si yo fuese un dictador? Querría desarmar a la población, como todo el mundo hizo en el pasado antes de imponer su dictadura. ¡Les pido a Fernando (de Azevedo) y a Moro que por favor firmen hoy este decreto [para facilitar el porte de armas] para mandarle un puto mensaje a estos mierdas [gobernadores y alcaldes]! ¡El pueblo armado jamás será esclavizado! ¿Por qué estoy armando a la gente? ¡Porque no quiero una dictadura! Ya no podemos aguantar más”.

Ministro de Educación (extrema derecha): “Si por mí fuera, enviaba a todos esos vagabundos a la cárcel, comenzando por los jueces del Supremo Tribunal Federal. Y eso es lo que me sorprende (…) Estamos hablando de con quién teníamos que luchar. No estamos siendo lo suficientemente duros contra los privilegios, con el tamaño del Estado (…) Odio al partido comunista, que está tratando de convertirnos en una colonia. Este país no es (…) Odio el término ‘pueblos indígenas’, odio ese término. Lo odio. El pueblo gitano es un pueblo brasileño, solo hay un pueblo».

Ministro de Medio Ambiente (momento maquiavélico): “Porque todo lo que hacemos aquí recibe un varapalo en el poder judicial, al día siguiente. Necesitamos tener un esfuerzo nuestro mientras estamos en este momento de tranquilidad en la cobertura de la prensa porque sólo se habla de la covid-19 y es hora de cambiar todos los reglamentos, simplificar normas (…) Ahora es hora de unir esfuerzos para hacer la simplificación regulatoria que necesitamos”.

Ministra de la Mujer, de la Familia y de los Derechos Humanos (evangelismo reaccionario): “En este momento de pandemia estamos viendo la payasada del Supremo Tribunal Federal para colocar la cuestión del aborto de nuevo en la agenda, y allí estaba la cuestión de las mujeres que son víctimas del zika virus, van a abortar (…) ¿Van a querer que todos los que tuvieron coronavirus puedan abortar en Brasil? ¿Legalizarán el aborto en general? (dirigiéndose al ministro de Salud). Su ministerio, ministro, está lleno de feministas que tienen una agenda única, que es la legalización del aborto… Porque recibimos la noticia de que habría contaminación criminal en Roraima y el Amazonas, premeditada, en indios, para diezmar aldeas y pueblos enteros a fin de cargar el bulto al presidente”.

Ministro de Economía (feria de vanidad): “Conozco profundamente, en detalle, no de oídas. Es de leer ocho libros sobre cada reconstrucción de esas (Alemania, Chile). Entonces, leí a Keynes (…), tres veces en el original, antes de llegar a Chicago. Entonces para mí no hay música, ni dogma, ni bla, bla, bla”.

Nada de esto es nuevo. Con respecto a lo que dijo el presidente Bolsonaro, basta mencionar que, después de las elecciones federales de Alemania de 1932, así se expresó Hitler, invocando la necesidad de que la dictadura se defienda de la dictadura… de la democracia. La frase de Bolsonaro sobre la necesidad de armar a civiles es idéntica a la frase de Mussolini: “Solo el pueblo armado será libre”. La reunión del Consejo de Ministros tuvo lugar el día en que Brasil se acercaba a los 3 mil muertos por el coronavirus (hoy ya son más de 30 mil). Este, sin embargo, fue un tema ausente. O peor, con mayor perversión, la intención era utilizar la preocupación de los medios por la pandemia para avanzar en la pérdida de derechos, los casinos, la privatización, la deforestación en la Amazonía y la eliminación de las restricciones ambientales. El sistema democrático brasileño está en un desequilibrio tal que está experimentando un momento de bifurcación. Cualquier acción u omisión política puede rescatarlo o hundirlo de una vez por todas.

* Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

Fuente e imagen: https://www.pagina12.com.ar/270265-brasil-requiem-por-la-democracia

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Venezuela: Este 30 de junio culmina el año escolar 2019-2020

América del Sur/ Venezuela/ 09.06.2020/ Fuente: www.vtv.gob.ve.

El ministro del Poder Popular para la Educación, Aristóbulo Istúriz, presentó el cronograma de actividades para la culminación del año escolar 2019-2020 en todos los niveles educativos, donde anunció la fecha de culminación para el 30 de junio; la evaluación se está haciendo semanal y quincenal a través de la entrega del portafolio, donde se archivan los trabajos.

En su intervención en el Foro Online MaduroGuerraLive, conducido por el constituyente Nicolás Maduro Guerra, el vicepresidente sectorial de Desarrollo Social y Territorial, informó  que el 07 de junio, Día de la Instrucción Pública se debe estar cerrando el Congreso Pedagógico, donde el tema fundamental es la educación a distancia.

Asimismo, agregó que el cierre de procesos de evaluación de la Educación Inicial, será del 01 al 10 de junio, mientras que en la Educación General y Media Técnica, fue del 01 al 05 de junio.

Aseguró, que el cierre de actividades Sociolaborales (Pasantías) debe culminar el 30 de junio; el cierre de actividades Sociocomunitarias (Trabajo comunitario) debe culminar el 30 de junio.

En cuanto al proceso de reparación, indicó que se llevará a cabo del 01 al 10 de julio, la entrega de boletines será del 13 al 24 julio, la entrega de Títulos de Bachiller el 31 de julio y el Registro Nacional de ingreso se debe cerrar el 30 de julio.

Por otra parte, Aristóbulo Istúriz recalcó que en la educación, el Estado juega un papel fundamental como órgano rector, que la orienta y supervisa como la doctrina del estado docente.

Explicó que el estado docente es el elemento fundamental de confrontación ideológica en materia educativa. “Nosotros hablamos de una educación democrática, popular, obligatoria, científica, laica, es un derecho social. Cuando hablamos de una educación democrática, estamos hablando no solo del derecho de acceder a la educación,  también tenemos derecho a participar en la toma de decisiones de la educación”, dijo.

De igual manera, detalló que cuando se decidió implementar la educación a distancia, se le consultó al pueblo a través del Sistema Patria.

Recordó que el comandante Hugo Chávez rescató la etapa completa de la Educación Inicial que va de 0 a 6 años, la cual se estructura en dos fases: maternal y preescolar, es decir, el Simoncito como introducción, luego la Escuela Básica Bolivariana, el Liceo Bolivariano, la Universidad Bolivariana y luego el Sistema de Misiones educativas, lo  que viene a conformar la estructura del Sistema Educativo Bolivariano.

Hizo hincapié en que la Revolución Bolivariana logró en dos años, alfabetizar a millón y medio de personas y declarar a Venezuela territorio libre de analfabetismo, “esto se logra a través de las Misiones Sociales”, añadió.

Ante la pandemia de la Covid-19 que azota al país y al mundo entero, puntualizó que Venezuela tiene la obligación de mantener la educación a distancia, es decir, “seguir fortaleciendo el sistema público, porque quien tiene sistema público, tiene ventaja para enfrentar una pandemia”.

En otro orden de ideas, el Ministro para la Educación, señaló que Venezuela está siendo víctima de una ofensiva imperialista implacable, caracterizada por una guerra económica brutal y por un bloqueo criminal, que trata de impedir los alimentos y medicamentos de manera que el pueblo se rinda ante el imperialismo.

Ante esto, resaltó que el pueblo venezolano ha venido resistiendo con el presidente Nicolás Maduro al frente, dando un ejemplo al mundo de dignidad.

Fuente de la noticia: https://www.vtv.gob.ve/este-30-junio-culmina-ano-escolar-2019-2020/

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Los libros más leídos de CLACSO en acceso abierto

Por: CLACSO. 

 

La política de CLACSO de publicar libros y que los mismos estén en acceso abierto, tiene una gran repercusión. Son más de 1.300 las obras sobre diversas problemáticas de las ciencias sociales y las humanidades que están disponibles en nuestra web.

Para conocimiento de todos, mes a mes publicamos el Ranking de las 10 mayores descargas de los libros de CLACSO.

Esta segunda entrega abarca los 4 últimos meses: de febrero a mayo 2020.


1. David Harvey. Razones para ser anticapitalistas

Página 1 / 70

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2. Boaventura de Sousa Santos. La cruel pedagogía del virus

Página 1 / 88

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3. Franklin Ramírez Gallegos (ed.). Octubre y el derecho a la resistencia. Revuelta popular y neoliberalismo autoritario en Ecuador

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4. Gabriela Merlinsky (comp.). Cartografías del conflicto ambiental en Argentina III

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5.Carlos Pástor, Liisa North, Blanca Rubio y Alberto Acosta (eds.). Concentración económica y poder político en América Latina

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6. Walter Omar Kohan. Paulo Freire más que nunca. Una biografía filosófica

Página 1 / 248

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7. Jesús González Pazos. Medios de comunicación. ¿Al servicio de quién?

Página 1 / 143

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8. Esteban Torres (ed.). Hacia la renovación de la teoría social latinoamericana

Página 1 / 304

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9. Jairo Estrada Álvarez, Carolina Jiménez Martín y José Francisco Puello-Socarrás (eds.). Contra Nuestra América. Estrategias de la derecha en el siglo XXI

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10. Julio César Neffa y Enrique de la Garza Toledo (coords.). Trabajo y crisis de los modelos productivos en América Latina

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Fuente de la reseña: https://www.clacso.org/los-libros-mas-leidos-de-clacso-en-acceso-abierto-2/

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Bolivia: Magisterio no ve condiciones para la educación virtual y pide reunión con el Ministro de Educación

América del Sur/ Bolivia/ 09.06.2020/ Fuente: correodelsur.com.

 

La implementación de la educación virtual es la disyuntiva del magisterio boliviano en tiempos de confinamiento por el nuevo coronavirus. Hoy, 6 de junio, recuerdan su día en la incertidumbre, lejos de las aulas y de sus estudiantes a falta de un plan de contingencia que permita continuar con la gestión escolar.

A través de sus representantes, maestros rurales y urbanos de Chuquisaca, manifestaron su rechazo a la imposición de la educación virtual por parte del Ministerio de Educación que no se acomoda a la realidad económica y social de los padres de familia y los estudiantes; plantean una reunión con la autoridad de Educación para trabajar en el currículo de contingencia para continuar con el trabajo de enseñanza y aprendizaje.

«Creemos que retornar a clases en este momento es muy mentiroso, solo estaríamos creando focos de infección para que la pandemia se siga expandiendo, pero tampoco estamos de acuerdo con que se imponga las clases virtuales de forma vertical como está haciendo el Ministerio, porque eso lo único que va a hacer es alentar una educación discriminadora y elitista, porque las condiciones materiales en Bolivia no dan para aplicar esa educación virtual», señaló el dirigente de los maestros urbanos, Rodrigo Echalar.

En esa misma línea, el representante del magisterio rural, William Mendoza, argumentó que la posición del Gobierno es «salida de la realidad».

«Nuestros estudiantes no cuentan con un celular, una computadora y los padres de familia de las provincias son de recursos económicos bastante bajos, eso imposibilita llegar a plenitud a los estudiantes. Por esa razón, nosotros, haciendo un análisis, estamos rechazando las clases virtuales», dijo.

A decir de sus dirigentes, los profesores no se quedaron de manos cruzadas durante la cuarentena, por lo que exigen una reunión con la autoridad de educación para plantear sus propuestas. Por ejemplo, Echalar detalla una malla curricular de contingencia, seleccionando contenidos de importancia, desterrando temas que no son útiles para el educando y priorizando temas científicos.

«Esta propuesta no está pensada para desarrollarse en mucho tiempo, si no se puede adecuar tranquilamente a la posibilidad y el tiempo que nos permita la pandemia; esto para continuar con los principios básicos de la educación única, es decir que todos los bolivianos reciban la misma educación de forma simultánea y no como ahora, que algunos colegios avanzan y otros no», explicó.

A su turno, Mendoza también plantea una propuesta para llegar a los alumnos del área descentralizada. La misma se haría efectiva con el apoyo de autoridades municipales y el compromiso de los directores distritales. «La propuesta es una educación modular con la realización de cartillas. El maestro elabora el material, lo va a dejar y hace un seguimiento de un tiempo determinado, de tal forma que se puede avanzar algo», detalló.

Echalar y Mendoza lamentan que desde el Ministerio de Educación no haya una convocatoria para sostener reuniones de coordinación con el magisterio y ambos coinciden en que la educación virtual nunca podrá sustituir a la presencial, ni tampoco le permitirá a la comunidad estudiantil desarrollar sus capacidades como lo hace en aula, por lo que señalan que la opción a distancia sea un complemento que deba implementarse cumpliendo ciertos requisitos y capacitando a los maestros, padres de familia y al alumnado.

Con ese panorama, el magisterio boliviano afirma que no tiene mucho que celebrar este 6 de Junio y desafía a las autoridades a sentarse y debatir en la mesa una baraja de propuestas por el bien de la educación de los bolivianos.

Fuente de la noticia: https://correodelsur.com/local/20200606_magisterio-no-ve-condiciones-para-la-educacion-virtual-y-pide-reunion-con-el-ministro-de-educacion.html

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