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La geografía como verbo, no como sustantivo.

Por: Alberto Acosta

 

La geografía debe cumplir un servicio mucho más importante.

Debe enseñarnos, desde nuestra más tierna infancia,

que todos somos hermanos,

cualquiera que sea nuestra nacionalidad

Piotr Kropotkin  

Constituye un gran honor abrir una conferencia de geógrafos y geógrafas en un país como Ecuador, cuyo nombre proviene de una línea imaginaria, producto del trabajo de una comisión científica que tenía que ver con geografía. Cuando en el siglo XVIII se discutía si la Tierra estaba achatada por los polos o por la mitad, se optó por enviar una misión a que midiera la longitud del arco del meridiano en “el ecuador de la Tierra”. El trabajo que realizaron los geodésicos franceses, entre los que se destacó Charles Marie de La Condamine, con el concurso activo de un nativo de estas tierras: Pedro Vicente Maldonado, marcó una época de discusiones científicas en Europa. [3] Ese esfuerzo científico, relacionado con una línea imaginaria, nos dejó de herencia el nombre de esta república andina: Ecuador.

En Francia se había decidido que esta medición estuviera a cargo de dos comisiones científicas: una en estas tierras ecuatoriales y, simultáneamente, otra en las tierras árticas. Se optó por enviar dicha misión a los Andes, en la Real Audiencia de Quito, que formaba parte de la colonia española. Las otras opciones en la línea ecuatorial no eran las mejores: África ecuatorial no estaba explorada, es decir que aún no había sido colonizada; Borneo no se había abierto al mundo; y la Amazonía tenía unas características inadecuadas por la espesura de sus selvas.

Motivado por este antecedente, asumí la tarea, reconociendo que no soy un geógrafo profesional, pero que durante mi vida he sentido una atracción permanente por esta ciencia cuya vivencia rebasa ampliamente los gabinetes de académicos y expertos. Del “cuarto de mapas” al mapa satelital.

Es evidente que los mapas no hacen a la geografía, pero no es menos cierto que estos son instrumentos fundamentales para esta ciencia y sus aplicaciones; y para muchas personas, como fue en mi caso, la puerta de entrada a la geografía se da a través de los mapas. En la década de los cincuenta, durante la escuela, y luego en el siguiente decenio, en el bachillerato, el “cuarto de mapas” ejercía una atracción especial. El maestro extraía de allí unos cartones o unos lienzos, muchas veces llenos de colores, en donde “asomaba” el mundo, el país, la provincia, el barrio… Poco a poco estas mapotecas, de pergaminos apolillados y amarillados por el tiempo, fueron cambiando para incluir mapas en relieve y de colores aún más vistosos, con mapamundis, atlas temáticos… Este esfuerzo de aprendizaje lo completábamos haciendo mapas, ya sea dibujándolos o fabricándolos en relieve con papel maché…

Desde entonces, tres mapas dan todavía vueltas por mi cabeza. El de Juan Gualberto Pérez, un mapa de Quito, impreso en 1888 en París, que presenta “todas las casas” de la ciudad, orientado hacia el occidente, no hacia el norte, en donde está el volcán Pichincha… Con el tiempo entendería que en ese mapa aparecen las casas construidas para determinados segmentos de la sociedad, no necesariamente las viviendas de los constructores, es decir, de los albañiles y peones, sobre todo indígenas, que construyeron Quito. El mapa del geógrafo alemán Teodoro Wolf, impreso en Leipzig, en 1888, resulta por igual inolvidable, con una estructura alargada que recoge y resalta el eje norte-sur de Ecuador, teniendo en su costado izquierdo inferior las islas Galápagos y en su parte inferior derecha toda la Amazonía ecuatoriana que, en ese mapa, llegaba hasta Tabatinga en el Brasil; allí se destaca una leyenda: “Zonas poco conocidas habitadas por indios salvajes”, frase que para mí cobraría vida, con los años, al comprender el trato que ha recibido en esa región ―y en Ecuador entero― el mundo indígena. Y ese enorme país imaginario se plasma por igual en otros mapas que reproducen su supuesta grandeza; en este tercer caso me refiero al mapa de fray Enrique Vacas Galindo, de factura parisina, impreso en 1906, en donde Ecuador por el norte incluye al puerto de Buenaventura, con Pasto, Popayán, Cali, Buga, Champanchica y Guarchicona; por el sur llega hasta el Alto Ucayali, casi lindando con Bolivia, y en el extremo oriental, nuevamente se topa con Brasil . [4]

Recuerdo también que, a más de los mapas, esta materia escolar y colegial demandaba mucha memoria: ríos, montes, lagos, hoyas, cabos, golfos, ciudades, países… había que aprenderlos todos, muchas veces en el orden correspondiente. A pesar de lo poco pedagógico que resultaba este método memorístico, muchas veces impuesto de forma brutal ―sobre todo en el colegio―, no perdí nunca mi afición por la geografía. Para probar nuestra memoria, una de las preguntas recurrentes era saber con precisión en qué cuenca oceánica desembocan los ríos andinos: en el Pacífico o en el Atlántico. Por cierto, pasarían también muchos años para comprender lo importante que es saber por dónde corren y en dónde desembocan los ríos; así, por ejemplo, en estos días, con la pretendida explotación de minerales en el páramo de Quimsacocha, en la provincia ecuatoriana de Azuay, que está siendo detenida por sus comunidades, que están en contra de gobiernos y mineras, afloran las amenazas de esta actividad extractivista para los tres ríos que nacen en ese páramo: el Tarqui, que luego de bañar tierras azuayas fluye por la Amazonía hasta llegar al Atlántico; el Yanuncay, que suministra la tercera parte del líquido vital a Cuenca, y que va también por la vía amazónica; mientras que el tercer curso fluvial, que tiene su origen en la misma región andina, llega al Pacífico regando amplias zonas agrícolas en la costa ecuatoriana…

La geografía me llegó también por otras vías. Los libros de aventura llenaron de vida los mapas y los accidentes geográficos aprendidos de memoria. Julio Verne y Emilio Salgari destaparon mi imaginación y el deseo de conocer otras realidades, otros mundos. Un libro que me regaló mi abuelo, cuando cumplí once años, es decir, hace ya seis décadas, La tierra y sus recursos, de Leví Marrero, impreso en La Habana (1957), me encaminó, sin entenderlo a cabalidad en ese entonces, a una primera lectura de los extractivismos, pues de eso precisamente trata este texto: los recursos de la naturaleza explorados, explotados, mercantilizados en nombre del desarrollo. Recordemos que en 1949, un par de años antes, había empezado la mayor cruzada de la humanidad por alcanzar el desarrollo; varias décadas después entendería que tal desarrollo no es más que un fantasma.

Desde una vertiente menos lúdica que la ofrecida por las aventuras de Verne, me nutrí de los viajes de Alexander von Humboldt, considerado por muchos como el “segundo descubridor de América”. Este científico alemán marcó una época con su viaje por estas tierras entre 1799 y 1804. Fue un personaje que, durante sus travesías, sin que con esto desmerezca sus aportes, muchas veces “descubría” lo que ya se sabía en el mundo indígena; por ejemplo, el sistema fluvial que une el Orinoco con el Amazonas o la misma corriente… de Humboldt.

Eran épocas de rápidos cambios tecnológicos. Del radio a tubos se pasaba al transistor. Aparecían las primeras televisiones a blanco y negro. Comenzaban los viajes al espacio: el soviético Yuri Gagarin, el miércoles 12 de abril de 1961 , sería el primer ser humano en viajar al espacio en la nave Vostok 1; desde allí mandó un mensaje potente de indudable actualidad justo cuando vio la Tierra desde lo alto: “Pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos”, nos dijo. Y con eso se confirmó, una vez más, que el planeta es redondo, como lo habían visualizado Pitágoras, Eratóstenes de Cirene, Nicolás Copérnico… y que, de hecho, había sido comprobado por Cristóbal Colón. Valga señalar en este punto que en nuestro mundo no faltan quienes creen todavía que la Tierra es plana, o que también hay una geografía propia de una Tierra subterránea.

Sin entrar en más detalles, lo cierto es que mi trajinar por el mundo me llevó a estudiar geografía económica en la Universidad de Colonia, Alemania, en los años setenta. Allí, en un curso sobre los recursos naturales, el profesor Hans Michaelis me presentó por primera vez unos mapas satelitales. Entonces también, en un curso sobre movilidad humana, pude estudiar, desde una perspectiva geográfica, los flujos migratorios en la Europa de la posguerra, cuando las oleadas de trabajadores extranjeros que llegaban a Alemania desde diversas regiones del viejo continente configuraban un proceso de círculos concéntricos, que se extendían paulatinamente desde las periferias más cercanas a las más lejanas.

Desde entonces, el salto ha sido cada vez más vertiginoso. Hoy, los mapas de Google o el GPS o la misma tecnología G-5 ya no nos sorprenden. La explosión globalizante de las tecnologías no puede, sin embargo, ocultar la realidad de un mundo dominado por una civilización, la civilización capitalista que globaliza y desglobaliza acelerada y permanentemente… haciendo y deshaciendo los mapas en función de las apetencias del poder, como veremos más adelante.

La locura de un mundo cada vez menos humano

Sin negar cuán importantes son los veloces avances tecnológicos ―tanto los de las últimas décadas como aquellos por venir― es evidente que estos no siempre benefician a toda la humanidad. Por ejemplo, hay segmentos enormes de la población mundial que no acceden por igual a la informática. Aun hoy, en pleno siglo XXI, cientos de millones de personas no han tenido contacto con internet . Y muchos que sí lo tienen son verdaderos analfabetos tecnológicos: son prisioneros de nuevas tecnologías que no conocen ni pueden usar a plenitud, al tiempo que devienen cada vez más en adictos sumisos, pasivos y dominados de ellas y sus empresas.

Además, tanto avance tecnológico no es indispensable para resolver los graves problemas sociales que afectan a la humanidad, por ejemplo, el hambre. Producimos alimentos en el planeta que cubrirían las necesidades de 10 u 11 mil millones de personas, más que suficiente para los actuales 7,6 mil millones de humanos; pero bien sabemos que diariamente se van con hambre a su casa ―si es que la tienen― entre 800 millones y mil millones de personas. De hecho, las soluciones frente a la urgencia de asegurar los mínimos nutricionales para todos los habitantes del planeta no pasan por más tecnología alimentaria, ni más productividad. Basta ver cómo cada año alrededor de un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo se desperdician. A más de la inequidad en su distribución, se los produce para saciar el hambre del automóvil o incluso por razones especulativas. Y todo esto devastando la biodiversidad en tanto se priorizan actividades agrícolas rentables para el capital sustentadas en el monocultivo y en el uso destructor de agroquímicos y organismos genéticamente modificados.

Más grave aún es ver cómo los avances tecnológicos recientes han devenido en “ una herramienta capaz de controlar multitudes con la misma eficacia que el control individualizado. Las tecnologías que se han desarrollado en los últimos años, muy en particular la inteligencia artificial, van en esa dirección… se desarrollan prioritariamente aquellas que son más adecuadas para el control de grandes masas ”, explica Raúl Zibechi (2018, párr. 2). Un ejemplo es el monitoreo absoluto chino: el sistema de vigilancia del país más poblado del mundo llegó a la identificación facial ―logro de ciencia-ficción―; ya han instalado 176 millones de cámaras de vigilancia, y hasta el 2020 esperan haber colocado otras 200 millones. Nadie puede dudar que vivimos en una época de dominación tecnológica, que como anota el mismo Zibechi: “ es parte de la brutal concentración de poder y riqueza en los estados, que son controlados por el 1 por ciento más rico ” (2018, párr. 7).

Las redes sociales, que parecían liberalizadoras, incluso democratizadoras (recordar la Primavera Árabe), son cuestionadas. George Soros, [5] el gran especulador global, en el Foro del 1 % más Rico, en enero del año 2018, en Davos, afirmó que mientras petroleras y mineras explotan el medio ambiente, las redes sociales explotan el ambiente: influyen en cómo la gente piensa y actúa, implicando un riesgo para la democracia (volviéndose hasta un problema de salud pública). Facebook, propietaria de Instagram y WhatsApp, registra más de 2130 millones de personas como parte de su comunidad, mientras que 332 millones tienen cuenta de Twitter; estas cifras crecen diariamente. El 67 % de adultos norteamericanos declara informarse vía redes sociales. Estas no necesariamente crean la información, pero sí la priorizan según las necesidades de los negocios involucrados, es decir, de la acumulación de sus capitales.

Esta afirmación obviamente repercute en la economía global, pues las redes sociales y sus desarrollos tecnológicos son monopolizados por pocas grandes transnacionales, que combinan el control de la información con la especulación financiera, en un ejercicio de acumulación global inaudito.

Esos “logros” del progreso provocan violencias múltiples, propias de un sistema que ahoga toda dimensión vital. Productivismo y consumismo, alentados desde el ansia de lucro incesante, el patológico “amor al dinero” (Keynes 1930) [6] y al poder que este representa, [7] crean una “civilización del desperdicio” (Schuldt 2013) destinada al abismo. Sin duda, esta es “la era de la supervivencia” (Giraldo 2014), donde la especie humana se juega su futuro en cada paso. Un acertijo de escasas soluciones, peor si se confirma que “la estupidez es una fuerza cósmica democrática. Nadie está a salvo. Y ya sea en el norte, el sur, el este o el oeste, cometemos las mismas estupideces una y otra vez. Parece existir algo que nos hace inmunes a la experiencia” (Max-Neef 2017).

Tanto avance tecnológico, atado casi siempre a la voracidad de acumulación del capital, ha contribuido a la destrucción ambiental, en la medida que se subordina la naturaleza a las demandas de dicha voracidad. El resultado de la tendencia a la mercantilización de la naturaleza es la continua ruptura del “metabolismo” entre el mundo social y natural; ruptura en donde los límites naturales van siendo superados dramáticamente, poniendo en riesgo tanto a la vida humana como a cualquier forma de vida dentro del planeta. Basta mencionar algunos potenciales efectos de esa tendencia a la mercantilización natural en tiempos capitalistas: la emisión de gases de efecto invernadero y el calentamiento global causado por la actividad humana [8] (que va llegando a temperaturas récord, como en el caso de los océanos); la acelerada pérdida de biodiversidad y procesos de extinciones masivas, lo cual está amenazando seriamente el suministro mundial de alimentos; el incremento de las migraciones forzadas a causa de la mortal combinación de cambio climático y conflictos bélicos; la deforestación de la Amazonía; la exacerbación del extractivismo, el cual trae consigo corrupción, profundización de relaciones racistas y patriarcales, violencia (incluyendo el asesinato de quienes se oponen al extractivismo) y demás efectos socioterritoriales; la latente amenaza generada por un creciente gasto armamentístico, por un lado, y el peligro nuclear por otro… Todo esto como parte de la mencionada “civilización del desperdicio”, como brillantemente lo demostró Schuldt (2013).

Frente a esta indiscutible realidad cabe preguntarnos: ¿cuál es el papel que cumple la geografía?

Los mapas como herramienta del poder

La geografía tiene un enorme potencial político. Eso es indiscutible. Ha servido y sirve para ordenar los territorios, inclusive para organizar y hasta dirigir la sociedad y la producción en el espacio, partiendo muchas veces de la ubicación ―no siempre exacta― de determinados accidentes geográficos o la supuesta existencia de recursos naturales. Se puede afirmar, entonces, que ―para bien o para mal― la geografía tiene que ver con el poder, en términos amplios.

Por esa razón, por mucho tiempo, e inclusive en la actualidad, a la geografía, más específicamente a la cartografía, se le confunde con el Estado. La elaboración de mapas es vista todavía hoy como una atribución estatal; el mejor ejemplo de esta afirmación es la posición aún dominante que tiene el Instituto Geográfico Militar en Ecuador, cuyos mapas fueron cotizados tesoros en otras épocas y que hoy son todavía indispensables para procesos judiciales, por ejemplo. Y si los mapas son o han sido casi un monopolio del poder, la enseñanza de la geografía también aparece inmersa dentro de esas estructuras. En síntesis, la geografía se presenta ―desde esa perspectiva― como una ciencia positivista, íntimamente relacionada con otras ciencias de carácter imperial como la economía (Acosta 2015). En ese sentido, constituye un dispositivo de poder propio inclusive de la cultura oficial de los estados.

Sería largo recordar cuántos conflictos se han desarrollado desde la misma elaboración o interpretación de los mapas. Su manipulación ha estado permanentemente presente. No han faltado mapas que se han relacionado con explicaciones de conflictos bélicos. A modo de ejemplo, bastaría recordar que la geografía y su utilización han sido elementos de la historia limítrofe de América Latina, desde la época colonial. Es decir, han sido componentes de dolorosas disputas territoriales; también han sido y aún son parte de la construcción o destrucción del poder.

En mi caso, incluso sin ser geógrafo profesional, o quizás por no serlo, entendí pronto que el poder controla ―o al menos lo intenta― los mapas, que la geografía puede ser y es muchas veces una herramienta de dominación, y que detrás de los mapas hay inclusive ideología… La pregunta muchas veces no es solo qué enseñan o quieren enseñar los mapas, sino qué es lo que ocultan. En síntesis, un elemento determinante en el análisis de los mapas tiene que ver con los efectos de poder que estos trasmiten. Su publicación es por definición un acto político. Su función es sencilla: consolidar o inclusive cuestionar una determinada estructura de poder.

Uno de los casos recientes, y por cierto sonados, es la manipulación cartográfica en relación con la Iniciativa Yasuní-ITT (Acosta 2014). Ecuador sorprendió al mundo en el año 2007, cuando propuso oficialmente dejar en el subsuelo del Yasuní, en plena Amazonía, un significativo volumen de petróleo. Esta propuesta, que surgió mucho antes desde la sociedad civil, no alcanzó a consolidarse a nivel oficial debido a las inconsistencias y las contradicciones del entonces presidente Rafael Correa. Por cierto, también pesó la insensibilidad de los gobiernos de los países más poderosos, que no quisieron asumir sus responsabilidades. Definitivamente, no es cierto que “la iniciativa se adelantó a los tiempos, y no fue comprendida”, como dijo el primer mandatario ecuatoriano, el 15 de agosto de 2013, al anunciar su finalización; en realidad quien no la comprendió y no estuvo a la altura del reto propuesto por la sociedad ecuatoriana al mundo fue el propio expresidente Correa. Y no solo eso, cuando el exmandatario enterró públicamente la Iniciativa Yasuní-ITT se produjo un cambio de rumbo de 180°. Muchos de los argumentos esgrimidos durante seis años dentro y fuera del país para impulsar esta iniciativa fueron olvidados o simplemente negados. La protección de una biodiversidad extremadamente frágil, de la noche a la mañana pasó a ser algo fácil de asegurar. La emisión de CO2 dejó de ser motivo de preocupación. Los potenciales ingresos que generaría el petróleo exportado, como por arte de magia, más que se duplicaron. Simultáneamente, se ofreció a la sociedad la esperanzadora noticia de que, ahora sí, con el crudo del ITT Ecuador ampliaría sustantivamente su horizonte petrolero y por fin se podría erradicar la pobreza… Pero lo que nos interesa en este punto es destacar la manera más grotesca y burda como los pueblos ocultos o en aislamiento voluntario fueron literalmente desaparecidos… de los mapas. Dichos pueblos aparecían en los mapas oficiales hasta el 22 de abril del 2013, antes de ser borrados desde el 24 de agosto del mismo año.

Este acto se enmarca en los procesos históricos de permanente negación de los indígenas o de blanqueamiento de las sociedades. Procesos en los que la cartografía siempre jugó un papel importante para el saqueo y la dominación, como ya anotamos en el caso del mapa de Teodoro Wolf. Ese trajinar comienza con la cartografía hecha por el Papa, cuando dividió Abya Yala entre Portugal y España con el Tratado de Tordesillas (1494); tal cartografía autorizó a los imperios a territorializar y a explotar los recursos naturales y a sus poblaciones… punto de partida de la conquista y colonización, presentes todavía en las actuales épocas republicanas.

¿Qué buscaban los europeos cuando llegaron a América? ¿Qué buscan las transnacionales en la actualidad? ¿Qué pretenden los distintos gobiernos, progresistas o neoliberales?, son algunas preguntas de indudable vigencia.

Cristóbal Colón, con su histórico viaje en 1492, sentó las bases de la dominación colonial, con consecuencias indudablemente presentes hasta nuestros días. Colón buscaba recursos naturales, especialmente especerías, sedas, piedras preciosas y, sobre todo, oro. Él, quien llegó a mencionar 175 veces en su diario de viaje a este metal precioso, consideraba que “el oro es excelentísimo; del oro se hace tesoro, y con él, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo, y llega incluso a llevar las almas al paraíso” (Colón 1986).

Su viaje, en consecuencia, abrió necesariamente la puerta a la conquista y la colonización. Con ellas, en nombre del poder imperial y de la fe, empezó una explotación inmisericorde de recursos naturales. Con la llegada de los europeos a Abya Yala, por efecto, especialmente, del robo y del saqueo, de la sobreexplotación de la mano de obra y del aparecimiento de desconocidas enfermedades en estas tierras, se produjo un masivo genocidio. Esta auténtica hecatombe demográfica se llevó a cabo, en última instancia, en nombre del progreso y de la civilización occidental y cristiana.

Para sostener la producción amenazada por dicho genocidio, se recurrió al violento traslado forzoso de gran cantidad de mano de obra africana esclava. La esclavitud, existente en el mundo desde mucho tiempo atrás, fue un puntal de la colonización europea y permitió el desenvolvimiento global del naciente capitalismo. Fue un importante aporte para el proceso de industrialización al ser una fuerza de trabajo en extremo barata. Esto lo reconocería con claridad Carlos Marx (1846):

Sin esclavitud no habría algodón; sin algodón no habría industria moderna. La esclavitud ha dado su valor a las colonias, las colonias han creado el comercio universal, el comercio universal es la condición necesaria de la gran industria. Por tanto, la esclavitud es una categoría económica de la más alta importancia.

El espíritu inicial de la conquista se plasmó en sucesivos “descubrimientos” de nuevos territorios por su potencial en recursos naturales. Así, el “descubrimiento” económico del Amazonas se cristalizó en 1640, cuando el padre Cristóbal de Acuña, enviado del rey de España, informó a la Corona sobre las riquezas existentes en los territorios “descubiertos” por Francisco de Orellana (1540). Acuña encontró maderas, cacao, azúcar, tabaco, minas, oro… recursos que aún alientan el accionar de los diversos intereses de acumulación nacional y transnacional en la Amazonía.

Desde aquella época arrancó una larga y sostenida carrera tras de El Dorado, que aún no concluye… Oro se buscaba, oro se busca. Cuánta vigencia tiene. La afirmación de Adam Smith (1776): “Cuando estos aventureros arribaban a alguna costa desconocida, preguntaban si en aquellos países había oro, y por los informes que les daban sobre el particular, resolvían o dejar el país, o establecerse en él”.

En la etapa republicana las violencias desatadas por la voracidad de la conquista y la colonización no concluyeron. Aumentaron. Fue el inicio de la cartografía de la dominación.

La maldición de la abundancia

Desde entonces estas economías están, como se ha demostrado a lo largo de la historia, estrechamente vinculadas al mercado mundial. De allí surgen los impulsos para ampliar o no la frontera extractivista y la economía misma. Y cuando las reservas de algún producto declinan o se ven afectadas por cambios tecnológicos, los gobiernos concentran su atención en otros recursos naturales. En todo este empeño conquistador, las geografías dominantes y dominadoras tienen mucho que decir.

La dependencia de los mercados foráneos, aunque paradójico, es aún más marcada en épocas de crisis. Hay una suerte de bloqueo generalizado de aquellas reflexiones inspiradas en la simple lógica. Todos o casi todos los países con economías atadas a la exportación de recursos primarios, caen en la trampa de forzar las tasas de extracción de dichos recursos cuando sus precios caen. Buscan, a como dé lugar, sostener los ingresos provenientes de las exportaciones de bienes primarios. Esta realidad beneficia a los países centrales: un mayor suministro de materias primas ―petróleo, minerales o alimentos―, en épocas de precios deprimidos, ocasiona una sobreoferta, reduciendo aún más sus precios. Todo esto genera un “crecimiento empobrecedor” (Baghwaty 1958).

Cabría pensar también en el vínculo que tienen los precios de los productos primarios de exportación con los grandes ciclos de la economía capitalista mundial identificados, por ejemplo, por Nikolai Kondratieff (1935). Al mismo tiempo, convendría revisar el vínculo de esos ciclos y aquellos que influyen particularmente a las economías extractivistas, que de una u otra manera juegan un papel subordinado en estos procesos de profundas transformaciones tecnológicas, al tiempo que con sus materias primas subvaloradas contribuyen a financiar dichos cambios.

En este tipo de economía extractivista, con una elevada demanda de capital y tecnología, que funciona como un enclave ―sin integrar las actividades primario-exportadoras al resto de la economía y de la sociedad― el aparato productivo en extremo orientado a la economía internacional queda sujeto a las vicisitudes del mercado mundial. En este entorno, la geografía extractivista, la de los recursos naturales como la mencionada por Leví Marrero, juega un papel preponderante.

Estas economías extractivistas quedan aún más vulnerables a la competencia de otros países en similares condiciones, que buscan sostener sus ingresos sin preocuparse mayormente por un manejo más adecuado de los precios. Las posibilidades de integración regional, indispensables para ampliar los mercados domésticos, se frenan si los países vecinos producen similares materias primas, compiten entre sí e incluso deprimen sus precios de exportación en vez de encadenar en un solo bloque sus procesos productivos. Y la integración deviene en un esfuerzo, cartográficamente recogido, de vinculación de las riquezas naturales regionales ―minerales, petróleo, diversidad, agua, etc.― con el mercado mundial. Esta tendencia presenta una perspectiva global y glocal, siempre transnacional, con sus consiguientes enclaves. Los mejores ejemplos los tenemos con la Iniciativa en Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) o Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN): proyectos de integración sustentados en “portafolios de inversiones violentas/sangrientas”.

Eso no es todo. Recurriendo a la simple lógica, es imposible aceptar que todos los países productores de bienes primarios similares ―que son muchos― crezcan esperando que la demanda internacional sea suficiente y sostenida para garantizar un desempeño satisfactorio de sus economías.

Un punto medular. El control real de las exportaciones nacionales depende de los países centrales, aun cuando no siempre se registren importantes inversiones extranjeras en actividades extractivistas. Incluso muchas empresas estatales de economías primario-exportadoras (con la anuencia de los respectivos gobiernos, por cierto) parecerían programadas para reaccionar únicamente a impulsos foráneos. Y no solo eso, pues sus operaciones con frecuencia producen impactos socioambientales tan o más graves que los de las empresas transnacionales; en ocasiones estos entes estatales levantan la bandera del nacionalismo para romper las resistencias de las comunidades que se oponen a la ampliación de la frontera petrolera o minera. Es el accionar de empresas transnacionales y estatales, bajo una misma lógica motivada por la demanda externa, el que influye decididamente en las economías primario-exportadoras.

Casi complementando lo anterior, han sido y son muy limitados (o definitivamente no los hay) los encadenamientos que potencien nuevas líneas productivas, incluso desde las propias actividades extractivistas. Son muy pocos o definitivamente inexistentes los conglomerados productivos para el mercado interno o para ampliar y diversificar la oferta exportable. Tampoco hay una adecuada distribución del ingreso, y a la postre, ni los necesarios ingresos fiscales, porque estos siempre son desbordados por demandas reprimidas o ficticias. Y no solo eso, pues esta modalidad de acumulación (capitalista) orientada en extremo hacia afuera fortalece un esquema cultural dependiente del exterior, que minimiza o definitivamente margina las culturas locales. Asimismo, se consolida un “modo de vida imperial” (Brand y Wissen 2017) en las élites y las clases medias, con un efecto “demostración” incluso en segmentos populares.

Debido a estas condiciones y a las características tecnológicas de las actividades extractivistas, como la petrolera, minera o monocultivos, no hay una masiva generación directa de empleo. El procesamiento de dichas materias primas en los países industrializados es el que demanda una mayor cantidad de mano de obra, no su extracción. Esto explicaría también la contradicción que se da en países que son ricos en materias primas donde, en la práctica, la masa de la población no tiene empleo o cae en el subempleo y, como consecuencia, está empobrecida; mientras que en los países ricos la producción se orienta al consumo de masas, en los que son pobres casi siempre está direccionada al consumo de élites que, encima, consumen una gran cantidad de productos importados.

Esta modalidad de acumulación no requiere del mercado interno ―lo que se plasma en mapas que demuestran la orientación de las vías de comunicación hacia los centros de exportación― e incluso puede funcionar con salarios decrecientes. No hay una presión social que obligue a reinvertir en mejoras de la productividad ni a respetar la naturaleza. Es más, la renta de la naturaleza, en tanto fuente principal de financiamiento de esas economías, determina la actividad productiva y el resto de relaciones sociales, incluyendo la organización territorial. Para colmo, el extractivismo ―sobre todo petrolero o minero― promueve relaciones sociales muchas veces perversas. Véase, por ejemplo, los perniciosos efectos de las relaciones e inversiones comunitarias de estas empresas que terminan por sustituir al propio Estado en la dotación de servicios sociales, sin que esta sea su función específica.

Hay más… Los Estados rentistas construyen un marco jurídico referencial favorable a las empresas extractivistas, que, en varias ocasiones, aprovechan que los propios funcionarios o intermediarios han estado incrustados en los gobiernos. De hecho, hay todo un aparato de abogados y técnicos que no solo buscan el ingreso al país de las inversiones extranjeras sino, sobre todo, que velan para que las reformas legales les sean ventajosas. Esta intromisión ―alentada por organismos multilaterales― se registra una y otra vez en los sectores petrolero y minero, donde los mismos directivos de las empresas o sus abogados llegan a dirigir las instancias de control estatal o la dirección de la empresas extractivistas: la puerta giratoria está a la orden del día. Otra situación retorcida se da cuando gente sin conocimiento asume el funcionamiento de dichas empresas, que en breve se deterioran creando las condiciones para que las transnacionales devengan en las salvadoras de última instancia.

En todos estos procesos, el vaciamiento de los territorios está a la orden del día. Desde la lógica de esa geografía de los recursos naturales, mencionada al inicio, se camina hacia geografías vacías de comunidades, geografías de tierras baldías, geografías de “desiertos” amazónicos, geografías de páramos sin utilidad productiva… geografías de aquellas “ zonas poco conocidas habitadas por indios salvajes”, como decía en su mapa Teodoro Wolf en 1888. En fin, se transforman dichas regiones en territorios de sacrificio, que son condenadas a la función de suministradoras de recursos naturales, muchas veces de manera brutal, como sucede en las provincias amazónicas de Morona Santiago y Zamora Chinchipe en Ecuador. Y así se construyen otras relaciones territoriales: enclaves, conectores, espacios soporte: hidroeléctricas, puertos… (Gudynas 2015). Se producen nuevos paisajes. Registramos montañas en los Andes del Perú, lagunas o ríos que desaparecen en Bolivia o en Colombia, para mencionar de paso apenas un par de ejemplos.

Es un escenario de múltiples efectos derrame locales o nacionales (Gudynas 2015), más allá de los “derrames” ambientales: normativos a través de flexibilizaciones sociales y ambientales; reacomodo de los derechos ciudadanos; y violación de derechos humanos y de la Naturaleza, incluso simbólicos/subjetivos, como pude apreciar con el paso de “de víctimas a beneficiarios” en Paracatu de Baixo/Mariana, luego del brutal derrame minero en Samarco, Brasil.

Carlos Walter Porto-Gonçalves (2018) es muy claro:

Se trazan carreteras, se instalan represas, se blanquea el territorio, tenemos un territorio blanco, que no tiene nada que ver con los pueblos. Eso tiene que ver con una episteme, con una visión colonial que persiste con la misma visión del colonialismo. Entonces tenemos una crisis de un patrón de saber/poder que nos gobierna desde hace 500 años…

Estas son geografías perversas, geografías extractivistas propias de sociedades impregnadas de un ADN extractivista. Los extractivismos demandan nuevas territorializaciones y cambio de subjetividades en nombre del desarrollo/progreso… Se desacraliza la naturaleza para dominarla, sacrificando las comunidades en nombre del desarrollo/progreso, tal como sucedió en el caso del Territorio Indígena Isiboro Sécure (TIPNIS) en Bolivia (Acosta et al. 2019). A partir de una planificación territorial conquistadora emergen “ciudades del milenio”, o como las definen Japhy Wilson y Manuel Bayón (2017), La Selva de Elefantes Blancos, refiriéndose a los centros poblados “modernos” construidos por el gobierno de Rafael Correa para alentar los megaproyectos extractivistas en la Amazonía ecuatoriana. En nombre del desarrollo/progreso se “devoran territorialidades y ocupan geografías nacionales” (Gudynas 2015), teniendo a la violencia como condición necesaria, no como su consecuencia… En nombre del desarrollo/progreso, se arrasa con todo, dejando verdaderos desiertos a su paso.

Todo eso demanda maniobras y manipulaciones cartográficas que desembocan en nuevos mapas, en geografías en las que no aparecen los conflictos, geografías de mirada plana, en donde no se puede identificar con claridad las distintas incidencias espaciales del Estado. Son “geografías manchadas y fragmentadas” (Gudynas 2015). Lo que empezó hace 500 años se acelera más y más como fruto de una mercantilización desenfrenada. A la postre, en nombre del desarrollo/progreso, tenemos una permanente pérdida de soberanía para seguir persiguiendo un fantasma: el desarrollo (Quijano 2000). Los mapas de la resistencia

Lo que debe quedar definitivamente establecido es que, en realidad, no hay territorios vacíos, no hay espacios geográficos vacíos. Estos están habitados por diversas formas de vida humana y no humana; sobre todo destaco aquellos grupos sociales que los habitan con concepciones propias de esos territorios. Son espacios cargados de vivencias, de relaciones. En definitiva, son espacios construidos socialmente, “con acumulación desigual de tiempos”, al decir de Milton Santos (1978), uno de los mayores representantes de la geografía crítica. Espacios desde donde surgen las resistencias, la construcción de alternativas y, por lo demás, nuevas geografías o nuevas formas de hacer geografía.

A más de los mapas que dibujé o que hice en papel maché en la escuela y luego en el colegio, aprendí, muchos años después, la importancia de hacer mapas desde abajo, con la participación de las personas interesadas y afectadas por el poder. Se trata de una geografía que surge desde los sujetos sociales en sus territorios. Los planes de vida de las comunidades indígenas, por ejemplo, demandan conocer y ordenar el territorio como parte de una pedagogía para vivir en común, compartir un lenguaje común y bienes comunes. Es decir, para hacer realidad el Buen Vivir (Acosta 2013).

Esta forma de ordenamiento tiene mucha historia. La gente intenta construir su propio paraíso a partir de lo que podrían ser consideradas cartografías con enfoque de cuenca, por ejemplo. Esta experiencia fue muy aleccionadora en un proyecto amazónico en el que participé activamente por casi cinco años. Con Carlos Córdoba Martínez y Mauricio Betancourt (2004), en ese proyecto se desarrolló una metodología para la construcción de una geografía y de mapas participativos: TACHIWA: Saberes y Prácticas del Ordenamiento Territorial en la Amazonía.

Esta forma de hacer geografía cambió definitivamente mi forma de entenderla. Fue una manera de apreciar con claridad que inclusive la democracia no depende solo del comportamiento humano, sino del propio entorno, que puede ser alterado por el primero incluso llegando a afectar la convivencia democrática. Algo que sucede brutalmente con los diversos extractivismos; solo tengamos ante nuestros ojos las devastaciones que provoca la minería, si queremos mencionar una actividad cada vez más violenta y siniestra.

Si hay otros mapas, también hay otras formas de hacer geografía. Sin ser geógrafos profesionales, sin tener el saber experto, las comunidades indígenas, con sus conocimientos ancestrales, son geógrafos en tanto entienden y ordenan sus territorios: la chacra, el ojo de agua, el camino, las terrazas… definiciones que constituyen pasos fundamentales para la defensa territorial. Podríamos afirmar, entonces, que una sociedad que transforma y entiende su territorio comprende de geografía, está compuesta por geógrafos/as que asumen la construcción de su futuro en sus manos. Esta forma de entender y hacer la geografía choca con la visión desde el poder.

Cabría preguntarse, ¿con cuál de estos procesos se identifican los geógrafos y las geógrafas profesionales?

La pregunta es más que pertinente. No hay LA GEOGRAFÍA, como una única ciencia de indiscutible estructura y vigencia, eso es evidente. A más de las conocidas geografías física, política, humana, de recursos naturales… hay otras formas de calificarlas. La geografía puede ser pasiva o plana. Hay geografías comprometidas/cómplices con el sistema, aquellas que aúpan el vaciamiento de los territorios por la fuerza o “planificadamente”, con las “ciudades del milenio”, por ejemplo. También podemos encontrarnos con geografías pragmáticas; aquellas que, como sucede en muchas ciencias y profesiones, apenas aspiran a hacer las cosas mejor por la vía de la “gobernanza”.

Pero hay otras geografías que no se quedan en lo descriptivo. Que reniegan de toda forma de manipulación. Que critican y no aceptan ser una proyección sesgada al servicio de la mirada del poder. Que son capaces de mostrar los conflictos, la desigualdad, las asimetrías, las violencias y las destrucciones provocadas. Geografías, como dice Carlos Walter Porto Gonçalves (2003) entendidas como verbo: “geo-grafiar”. Se trata, que no quepa duda alguna, de geo-grafiar desde las resistencias, que son el espacio desde donde surgen las alternativas y las propuestas… Desde abajo… Desde los indígenas y campesinos, desde los feminismos, desde los pobladores, desde una gran diversidad de sujetos sociales en diversas partes del planeta, comprometidos con la construcción del pluriverso (Kothari et al. 2019) en tanto horizonte utópico de futuro, es decir, horizontes poscapitalistas.

Esas geografías ―con las que me identifico― no hacen mapas para los reyes, para el Estado, para los extractivismos, para el poder. Son geografías sintonizadas con aquellas visiones que buscan superar el antropocentrismo y los utilitarismos, recuperando las ricas y diversas valoraciones de las comunidades y sus entornos. Diríamos que se trata de geografías estrechamente vinculadas con los derechos humanos y los derechos de la naturaleza.

Se trata de geografías para hacer otro mundo posible. De eso trata este esfuerzo transformador. Demanda, sobre la marcha, imaginar y construir sociedades inspiradas en principios totalmente opuestos a los de la actual civilización, causantes de crecientes desequilibrios, frustraciones y violencias. Sociedades sustentadas en la relacionalidad en vez de la fragmentación; la reciprocidad en lugar de la competencia desbocada; la solidaridad y la correspondencia en vez del individualismo egoísta. La codicia, rectora del capitalismo, debe reemplazarse por la búsqueda de una vida en armonía. Desaceleración, descentralización y desconcentración, sobre todo de las grandes urbes, deben poner un alto al paroxismo consumista y al desbocado productivismo. Y en todo este empeño, desde lo comunitario, desde territorios concretos, habrá que desarmar, democráticamente, las estructuras jerárquicas patriarcales, racistas, empobrecedoras, destructoras, concentradoras y autoritarias. Con todo esto, y contando con geografías emancipadoras, se podrá dar paso a la construcción del pluriverso: un mundo donde quepan muchos mundos, en donde sea posible la vida digna para todos los seres humanos y no humanos.

Bibliografía

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――. 2013. El Buen Vivir. Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos. Barcelona: Icaria.

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――. 2015. “Las ciencias sociales en el laberinto de la economía”. Polis Revista Latinoamericana 41: 1-18. ‹ https://journals.openedition.org/polis/10917 ›.

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Acosta, Alberto, Shanon Biggs, Fátima Monasterio y Enrique Viale. 2019. “Una consulta inconsulta en Bolivia. El caso del TIPNIS”. Revista Ecuador Debate 106.

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Colón, Cristóbal. 1986. Los cuatro viajes. Testamento. Madrid: Alianza Editorial.

Córdoba Martínez, Carlos, y Mauricio Betancourt. 2004. TACHIWA: Saberes y Prácticas del Ordenamiento Territorial en la Amazonia. Quito: ILDIS.

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Giraldo, Omar Felipe. 2014. Utopías en la era de la supervivencia. Una interpretación del Buen Vivir. México: Editorial Ítaca.

Gudynas, Eduardo. 2015. Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza. Cochabamba: Claes / CEDIB.

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Kondratieff, Nikolai. 1935. “The long waves in economic life”. The Review of Economic Statistics XVII (6): 519-62

Kothari, Ashish, Ariel Shalleh, Arturo Escobar, Federico Demaria y Alberto Acosta (ed.). 2019. Pluriverse: A Post-Development Dictionary. Nueva Dehli.

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Porto Gonçalves, Carlos Walter. “Por una geografía desde abajo”, 21 de Setembro de 2018, http://www.iela.ufsc.br/noticia/por-una-geografia-desde-abajo

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Quijano, Aníbal. 2000. El fantasma del desarrollo en América Latina. En El desarrollo en la globalización. El resto de América Latina, compilado por Alberto Acosta, Nueva Sociedad e ILDIS, Caracas, pp. 11-27.

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Schuldt, Jürgen. 2013. Civilización del desperdicio. Psicoeconomía del consumidor. Lima: Universidad del Pacífico. ‹ http://repositorio.up.edu.pe/bitstream/handle/11354/956/SchuldtJ%C3%BCrgen2013.pdf?sequence=5&isAllowed=y ›.

Sevilla Pérez, Ana Lucía. 2013. El Ecuador en sus mapas: estado y nación desde una perspectiva espacial. Quito: FLACSO, Sede Ecuador.

Smith, Adam.1987 (1776). Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. México: Fondo de Cultura Económico.

Wilson, Jahpy, y Manuel Bayón. 2017. La Selva de Elefantes Blancos. Megaproyectos y extractivismos en la Amazonía ecuatoriana. Quito: Abya-Yala.

Zibechi, Raúl. 2018. El siglo del control de las masas, Diario La Jornada, 16 de febrero, México, https://www.jornada.com.mx/2018/02/16/opinion/019a1pol  

 


Este texto, publicado en el libro DEBATES ACTUALES DE LA GEOGRAFÍA LATINOAMERICANA, publicado por AGEC – PUCE – IGM – GIZ (2019), se inspira, en gran medida, en las notas utilizadas en la conferencia magistral con la que inauguré el XVII Congreso de Geógrafos de América Latina, el día 9 de abril del 2019. Este texto sintetiza varias reflexiones del autor que viene trabajando sobre la materia desde hace varias décadas. Basta recordar el libro Acosta, Alberto; El Buen Vivir Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos, ICARIA, (2013), a partir de una edición preliminar en Abya-Yala Ecuador (2012). (Este libro ha sido editado en ediciones revisadas y ampliadas continuamente, en francés – Utopia 2014, en alemán – Oekom Verlag 2015, en portugués – Editorial Autonomia Literária y Editorial Elefante 2016, en holandés – Uitgeverij Ten Have 2018).

El autor es Economista ecuatoriano. Profesor universitario; sobre todo catedrático de “teorías del desarrollo” en varias universidades del Ecuador y del exterior. Ministro de Energía y Minas (2007), presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008), candidato a la Presidencia de la República (2012-2013). Compañero de luchas de los movimientos sociales dentro y fuera de su país.

Notas:

[3] La novela histórica de Nicolás Cuvi (2012) nos ofrece una forma amena e informativa de aproximación a este viaje.

[4] Para comprender la importancia de los mapas en la historia de Ecuador recomiendo el libro de Ana Sevilla Pérez (2013), El Ecuador en sus mapas: estado y nación desde una perspectiva espacial.

[5] Consultar en https://www.theguardian.com/business/2018/jan/25/george-soros-facebook-and-google-are-a-menace-to-society?utm_source=esp&utm_medium=Email&utm_campaign=GU+Today+main+NEW+H+categories&utm_term=261824&subid=18666060&CMP=EMCNEWEML6619I2

[6] “ El amor al dinero como posesión – a diferencia del amor al dinero como medio para los goces y realidades de la vida – será reconocido por lo que es, una morbosidad más bien repugnante, una de esas propensiones semi-criminales, semi-patológicas de las que se encarga con estremecimiento a los especialistas en enfermedades mentales” (Keynes 1930).

[7] “La inversión y confusión de todas las cualidades humanas y naturales, la conjugación de las imposibilidades; la fuerza divina del dinero radica en su esencia en tanto que esencia genérica extrañada, enajenante y autoenajenante del hombre. Es el poder enajenado de la humanidad” (Marx 1844).

[8] Más allá de las opiniones de los negacionistas del cambio climático, el hecho de que la actividad humana está provocando el reciente calentamiento global es aceptado por la gran mayoría de la comunidad científica.

 

Fuente:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=265227&titular=la-geograf%EDa-como-verbo-no-como-sustantivo-

Imagen: https://pixabay.com/photos/globes-spheres-maps-ball-world-1246245/

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Docentes colombianos anuncian paro de 48 horas

América/Colombia/12/02/2020/Autor y fuente: telesurtv

Los educadores de Colombia denuncian ataques y amenazas. La más reciente víctima fue el expresidente y ejecutivo de la Fecode.

La Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode) convocó este lunes un paro de 48 horas, entre el 20 y 21 de febrero, para denunciar los ataques y amenazas contra los maestros.

La medida anunciada por el sindicato se da luego del atentado contra su expresidente y ejecutivo Carlos Enrique Rivas Segura, perpetrado el sábado en la noche, en el municipio del Guamo, Tomila.

Rivas Segura salió ileso del ataque en su contra, sin embargo, la camioneta en la que se desplazaban sus agentes de seguridad quedó con cuatro proyectiles de arma de fuego.

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El sindicato de educadores colombianos denuncia que el Gobierno de Iván Duque guarda silencio «ante la gravedad de los hechos».
La Fecode asegura que pese a estas agresiones y amenazas seguirán luchando por la paz de Colombia.

«Seguiremos luchando porque nuestras escuelas se conviertan en territorios de paz. No a la barbarie y a la estigmatización orquestada desde sectores que cimentaron su proyecto político en el odio y la guerra», agrega la organización.

Fuente e imagen: https://www.telesurtv.net/news/docentes-colombianos-anuncian-paro-amenazas–20200210-0018.html

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Entrevista a Juan Sasturain: “La intención es buena, pero las arcas están vacías”.

Por: Laura Fernández

Juan Sasturain, nuevo director de la Biblioteca Nacional de Argentina, denuncia “el momento catastrófico” que vive la cultura tras la gestión de Mauricio Macri.

 

Cita Juan Sasturain (Buenos Aires, 73 años), apasionado escritor, periodista, historietista, y hasta, durante un tiempo, televisivo activista de la lectura, a Don Vito Corleone cuando recuerda su reciente nombramiento como director de la Biblioteca Nacional de Argentina. “Ante tan lindo desafío, no podía decir que no”, afirma, y se ríe, recordando al capo de Mario Puzo que Francis Ford Coppola inmortalizó para el cine. “¿Que qué siento? Orgullo, y a la vez, cierta sensación de impostura, responsabilidad y pánico”, confiesa a continuación. Es un día de febrero en Barcelona. Sobre la mesa, El último Hammett (Navona), su más reciente novela, escrita en un lapso de “casi 30 años”, un homenaje al creador de Sam Spade en la que es el propio creador el que toma la palabra para despedirse, de alguna manera, del mundo. El mundo que creó, y también, el mundo que se vio obligado a habitar.

Su paso por BCNegra como el ilustre ganador del Hammett de este año, antecede en tan solo unos días su definitiva toma de posesión del cargo que ostentó, en otra época, Jorge Luis Borges, y que hasta su nombramiento ocupaba Horacio González. El próximo lunes por la mañana se sentará por primera vez ante el escritorio de su nuevo despacho en el monumental ente autónomo que, dice, “nació ya viejo”. “Es un edificio monstruoso, y tiene una historia muy argentina. Se empezó a construir en los años 50, pero se inauguró 30 años más tarde, cuando su arquitectura había pasado de moda. Es otra de las pirámides de los egipcios”, bromea, las gafas de lectura colgándole de la nariz. ¿Lo que hará allí? “Seguir los pasos de Horacio. Por el momento, mi gestión va a ser continuista. Quiero una biblioteca de todos para todos, los que no votaron a Alberto [Fernández, el actual presidente] también”, contesta.

El primer problema al que deberá hacer frente es al monetario. “El momento es catastrófico, en lo que respecta a lo cultural también. En eso mi situación difiere de la de Horacio González. Cuando él llegó, hace una década larga, el gobierno tenía con qué respaldarlo. Ahora, la intención del gobierno es buena, pero no tiene con qué respaldarnos. El gesto es el mismo, pero las arcas están vacías”, sentencia. Alaba, sin embargo, la dirección que tan indiscutible coloso cultural tomó en la última década. “Horacio le cambió la cara, el espíritu, la convirtió en un centro cultural, ¡hasta creó una editorial que es el mayor fenómeno que ha producido el estado en décadas! Será un honor continuar lo que empezó”, insiste. Por el momento, lo que su poliédrica y entusiasta figura, siempre del lado del lector omnívoro y popular, sugiere es confianza.

“¡Qué suerte que estás vos!”, oye que le dicen, y él argumenta tales muestras de afecto por la confianza que da una carrera, la suya, en la que, asegura, no ha hecho otra cosa que intentar “desacralizar” el mundo de la cultura, y, en concreto, el de la literatura,. Ofrecer “una visión democrática” de la misma. Prefiere no hablar de lo que ocurrirá a partir del lunes, pero considera que, en cualquier caso, su presencia será casi testimonial. “Trabajan 800 personas allí dentro. Aquello es casi como una ciudad, funciona sola, el director se limita a marcar la tendencia general”, dice. En cualquier caso, “es un lugar soñado”, al que irá a “aprender”. “Se espera de mí que opine, y yo me apoyaré en los que saben, porque es necesario delegar en aquellos que saben más que tú”, considera. El ejemplar de El último Hammett sigue sobre la mesa.

Dashiell Hammett es, dice, uno de los autores que le llevó a la literatura. La novela es a la vez una reflexión sobre la madurez del escritor —que se siente, llegado cierto momento, incapaz de escribir, incapaz de sentir la pasión que una vez sintió por el acto en sí— y un caleidoscópico y crepuscular tributo a una figura que despuntó en un momento “brillante”. “Desde Europa, se estudió y clasificó lo que ocurrió en los Estados Unidos de principios del siglo XX, pero nunca se superó. ¡Cómo de importante es el soporte para cualquier arte! El auge de los cuentistas tuvo que ver con la existencia de todas esas revistas que publicaban sus cuentos, y que les obligaban a ser mejores cada vez. Salinger, Hammett, Flannery O’Connor, ¡Francis Scott Fitzgerald! ¡Qué años aquellos! ¡No se ha visto nada igual!”, asegura. ¿No está viviendo la literatura argentina un auge parecido? “La literatura argentina goza de una muy buena salud, y sí, es precisamente porque se han dado las condiciones materiales para que así sea”, responde.

¿Y cuáles son esas condiciones? “Nunca antes el camino entre escritura y publicación ha sido tan corto como lo es ahora. Antes, de todo lo que se producía, se publicaba muy poco. No había suficientes canales. Es curioso, pero la concentración editorial y el avance tecnológico produjo un fenómeno no previsto ni posible hace 20 años, el de la proliferación de pequeñas editoriales autogestionadas, de manera que todo lo que no puede entrar en la política del conglomerado ya no queda fuera, se expresa de otro modo. Y luego está el imperativo de contar de esta época, que también ha ayudado a que se multipliquen las voces, y a que éstas no necesiten la validación de aquellos que aún no las pueden comprender, pues tienen sus propios medios de validación”, contesta. Lo que perdurará de todo eso, afirma, “es un misterio”, pero “el presente siempre lo es”.

Fuente e imagen:  https://elpais.com/cultura/2020/02/09/actualidad/1581267605_073947.html

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Vídeo: Educar es conectar por Pepe Menéndez Cabrera

Por: TEDx Talks.

 

¿Es capaz la escuela de entender que el conocimiento no está para guardarlo en el congelador de la memoria? ¿Es posible conectarlo con el proyecto de vida de los alumnos? Pepe Menéndez es uno de los impulsores de la primavera pedagógica que está ocurriendo en Catalunia y nos cuenta su visión sobre estas preguntas. Pepe es miembro del equipo directivo de la Fundación Jesuïtes Educació de Catalunya (España) e impulsor del proyecto de transformación educativa «Horitzó 2020». Es profesor de literatura, periodista y experto en Formación Profesional. Dirigó el Centro de Estudios Joan XXIII – Jesuïtes Bellvitge y el Centre de Tecnologías Ituarte (CETEI -Jesuïtes Educació), un centro experimental de innovación tecno-pedagógica. Tuvo mucho que ver con el documento de la ley de educación en Catalunya. Y es catalán, por si no quedó claro. This talk was given at a TEDx event using the TED conference format but independently organized by a local community. Learn more at https://www.ted.com/tedx

Fuente del vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=PPD7b8MMYUc

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Libro: Millennials. La generación emprendedora Millenialls

Por: educared. 

 

En este libro se analizan diversas características de la generación Millennial, desde sus hábitos de consumo de información, su nivel de formación, su actitud ante el desempleo y la nueva forma de trabajar, su capacidad de adaptación, etc. y se presta especial atención a la creciente corriente emprendedora que muestran los miembros de esta generación. Para ello, se analizan los factores del entorno, y se determina si este efecto podía ser coyuntural o si viene influido por un cambio estructural, y también aspectos intrínsecos de la propia generación.Como recurso adicional se incluye una entrevista con Henry Jenkins, que ofrece una perspectiva más internacional de una generación que entra en su madurez y que será de vital importancia para entender la evolución del presente siglo.

Fuente de la reseña: http://educared.fundaciontelefonica.com.pe/wp-content/uploads/2018/04/Millennials_lageneracionemprendedora.pdf

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Educación Ambiental y su importancia en el contexto de la crisis socioambiental en Chile

Por:  .

El 26 de enero de 1975 se celebró en Belgrado (actual capital de la República de Serbia) el Seminario Internacional de Educación Ambiental. En él se establecieron los principios de la educación ambiental en el marco de los programas de las Naciones Unidas, y se publicó la Carta de Belgrado que contiene los objetivos fundamentales de la educación ambiental a nivel mundial. Hoy más que nunca deberíamos mirar esos principios porque, si bien los énfasis han cambiado con el paso de los años ajustándose a las problemáticas ambientales y sociales, mantiene invariable su intención de transformar los valores y conducta que suelen regir la relación entre personas y naturaleza. En conmemoración a este evento, cada 26 de enero se celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental.

 

En muchos países la tendencia de las escuelas es pasar cada vez más horas al aire libre, en la naturaleza, jugando y observando profundamente sus componentes y procesos para vivirla,  sentirla y entenderla de manera integral.

Imaginemos por un momento a un grupo de niños en medio de un bosque, enfrentados a la tarea de  construirse un refugio con los elementos que la naturaleza les ofrece (sin destruirla). Para lograr su cometido no sólo deberán ser capaces de organizarse y trabajar en equipo, o colaborar para resolver los problemas que puedan aparecerles en el camino, sino que también deberán abrir sus ojos –y demás sentidos– para explorar su entorno con otra mirada, buscando ramas, troncos, piedras, hojas, que de otra forma no verían. O bien, tendrán que detenerse un momento a pensar cómo los animales construyen sus refugios usando los mismos materiales que ellos tendrían a disposición, con tal precisión y técnica, que tal vez la mejor opción sea aprender de ellos e imitarlos.

Ahora, imaginemos a un grupo de personas en un humedal costero, sentadas sobre la arena con los ojos vendados. En sus manos alguien pone algún elemento natural propio del lugar, y se les pide adivinar qué es, qué función cumple en el ecosistema y cómo interactúa con otros elementos de éste. Durante el ejercicio cada persona estará activado el pensamiento sistémico y la conciencia sobre la interconexión de todos los elementos naturales, incluidos el mismo ser humano.

Actividades como estas son frecuentes en jardines infantiles y colegios en países como Noruega, Alemania o Canadá, por nombrar algunos, y se realizan tanto en épocas frías como calurosas, porque experimentar un mismo ecosistema en distintas estaciones del año también es esencial para comprender y ser conscientes del funcionamiento de la naturaleza.

¿Qué tiene ver esto con la educación ambiental? Todo que ver.

La educación ambiental aparece formalmente en 1972 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, ocurrida en Estocolmo. Entonces se le definió como un proceso dinámico y participativo que busca despertar en la población una conciencia que le permita identificar y reflexionar sobre las huellas ecológicas que nuestro modelo de desarrollo ha dejado en el medio ambiente, y transformar los valores y conducta que suelen regir la relación entre personas y naturaleza. Todo ello con miras a desarrollar seres humanos capaces de construir un mundo sustentable.  Si bien los énfasis de la definición de educación ambiental han cambiado con el paso de los años ajustándose a las problemáticas ambientales y sociales, ha mantenido invariable su intención de ser un agente de cambio para impulsar una nueva ética en la relación sociedad-naturaleza.

Un desafío de esa envergadura no puede enfrentarse sin la vinculación cognitiva y emocional con la naturaleza; sin identificar y valorar las relaciones de interacción e interdependencia que se dan en los sistemas naturales, y entre éstos y la sociedad. Y ello sólo ocurre estando en la naturaleza; ocurre educando en la naturaleza. Es ahí, además, que se da el escenario ideal para desarrollar habilidades consideradas claves en la formación de ciudadanos del presente y del futuro, y que hoy –dada la contingencia social y crisis climática- merecen toda nuestra atención. Nos referimos a la capacidad de trabajar colaborativamente y generar comunidad; de desarrollar un pensamiento sistémico y crítico; y de fortalecer el respeto y valoración por la diversidad en todos sus ámbitos.

Por si fuera poco, son muchos los estudios que en los últimos años han comprobado que la educación al aire libre, en la naturaleza, aporta significativamente al proceso de aprendizaje de los alumnos y mejora el rendimiento académico. La investigación The Impact of Outdoor Learning on attainment and behaviour in schools (2016) perteneciente a la serie de publicaciones ‘Research into Action’ de la Universidad de Edimburgo, recopiló la evidencia demostrada por varios estudios, señalando que la educación al aire libre (en los terrenos del colegio, alrededor de él o en áreas naturales más alejadas), apoya el aprendizaje en todas las áreas del currículo escolar, desde los 3 a los 18 años.

En línea con lo anterior, en Chile se define la educación ambiental como “un proceso permanente de carácter interdisciplinario, destinado a la formación de una ciudadanía que forme valores, aclare conceptos y desarrolle las habilidades y las actitudes necesarias para una convivencia armónica entre los seres humanos, su cultura y su medio biofísico circundante […]”. (Ley Nº 19.300 de Bases Generales del Medio Ambiente, Art 6°). Tal definición, y la intención que le subyace, ha llevado al Estado a implementar diversos programas e iniciativas de educación ambiental, principalmente a través del Ministerio de Medio Ambiente -y de la anterior CONAMA-, y a suscribir compromisos internaciones en esa materia, como fue el Decenio de la Educación para el Desarrollo Sostenible 2005-2014 (DEDS), promulgado por la Naciones Unidas a través de la UNESCO. En el marco de ese compromiso se elaboró la Política Nacional de Educación para el Desarrollo Sustentable que, en términos simples, busca integrar en todos los aspectos de la educación y del aprendizaje, los principios, valores y prácticas que conduzcan a la sociedad hacia el desarrollo sustentable. Y estos valores y principios, como dijimos, se desarrollan y potencian mejor al estar en conexión y entendimiento con la naturaleza.

Con todo lo anterior, para cumplir con los objetivos y desarrollar los principios de la educación ambiental, debiese fomentarse enérgicamente el ejercicio de la educación en la naturaleza, partiendo por impulsar a los establecimientos educativos a pasar más horas fuera de la sala de clases, previa elaboración de guías pedagógicas y capacitación de profesores. Es fundamental que las instituciones de educación y su profesorado comprendan que al educar en la naturaleza no están perdiendo el tiempo en relación a sus metas curriculares, sino –al contrario-  están potenciando aún más el proceso de aprendizaje y rendimiento en matemáticas, lenguaje, ciencias, física, etc, y favoreciendo la formación de sus estudiantes.

Si la educación ambiental promueve el desarrollo de conocimientos, competencias, actitudes y valores necesarios para forjar un futuro sostenible en armonía con el medio ambiente, la naturaleza debe tener un rol fundamental como plataforma para la educación: en ella está todo lo que necesitamos aprender para transitar hacia ese objetivo.

Fuente del artículo: https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2020/01/26/educacion-ambiental-y-su-importancia-en-el-contexto-de-la-crisis-socioambiental-en-chile/

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“Sex Education” en Argentina: cuando la implementación de la ESI no se acerca a la ficción

Por: a24.

La serie inglesa Sex Education fue una de las más elegidas en Netflix por el público argentino y abrió el debate sobre qué tanto conocen los adolescentes acerca de la educación sexual y cómo es el abordaje que se le da en nuestro país.

Sex Education narra la historia de Otis, un joven británico de 16 años que transita el pleno despertar de su sexualidad en medio de interrogantes y dudas que, por momentos, decide compartir con su madre, una terapeuta especialista en sexualidad.

Dentro de los conflictos que atraviesan los adolescentes en la Argentina está la implementación de educación sexual en las escuelas. En 2006 se sancionó la ley de Educación Sexual Integral (Nº 26.150) y desde allí, su puesta en marcha no ha sido inmediata, sino que recorrió un camino sinuoso y polémico.

Ficción vs. realidad

Otis creció junto a su madre -la Dra. Jean Milburn- y en su casa siempre hubo dialogo constante acerca de sexualidad. Con el tiempo, él mismo fue aprendiendo mucho desde la parte «teórica», pero encontró ciertas dificultades al trasladarlo a la práctica.

Sus conocimientos le dieron, por casualidad, la oportunidad de juntarse con Maeve, una joven inteligente y rebelde que despertó un mundo de sensaciones dentro de él. Juntos, llevaron a cabo una «clínica sexual» para ayudar a los compañeros que tenían dudas y problemas.

La situación con referencia a la Educación Sexual marca ciertos puntos de preocupación. Las diferencias concretas entre la ficción de Netflix y la realidad nacional son extensas.

En los resultados de las Pruebas Aprender publicados el año pasado, sólo se afirmó que en un 3% de las escuelas no se abordaron temáticas referidas a ESI, pero su implementación no puede leerse estrictamente con ese resultado.

Cuando los estudiantes fueron consultados sobre qué contenidos abordaron en clase, los resultados plantean interrogantes sobre cómo se aplica y las prioridades que debiera tener la ESI.

Los contenidos que tuvieron mayor abordaje según los estudiantes fueron:

  • El cuidado del cuerpo y la salud
  • La importancia del buen trato en la Escuela
  • Los derechos de niños, niñas y adolescentes

En tanto los que ocuparon los últimos lugares fueron:

  • Cómo evitar el abuso sexual
  • Métodos de prevención del embarazo y enfermedades de trasmisión sexual
  • El embarazo

“Eso no es educación sexual” sentenció la Mg. en Educación y especialista en desarrollo de ESI y feminismo, Dora Barrancos, al analizar estos resultados; “si solo vieron eso, cuidados del cuerpo, no son contenidos de educación sexual, los hicieron pasar como tales, pero es un maquillaje”.

Otra de las especialistas consultadas fue la Doctora en Educación Graciela Morgade quien, a partir de la nueva gestión, se desempeña al frente de la Subsecretaria de Participación y Democratización Educativa.

Morgade enfatizó, al igual que Barrancos, que mucho de lo relacionado con la falta de una correcta aplicación de contenidos referidos a la ESI están relacionados con la desinversión: “En los últimos 4 años la educación estuvo desfinanciada, en algunas provincias se hizo un programa de ESI y en otras no”.

“No me extraña que los chicos hayan respondido de esa manera y que reclamen mayor tratamiento de temas como prevención del embarazo. Tiene que ver con un concepto de sexualidad. También desean que se toquen temas referidos al abuso” reflexionó Morgade acerca de estos resultados.

La manera en la cual se toman los datos y el carácter “censal” de las Pruebas Aprender es otro de los puntos que también necesita tenerse en cuenta para analizar estos resultados. Barrancos no duda en afirmar: “Le tengo mucha desconfianza a esa prueba. No tiene datos centrales. Lo cierto es que casi no hay desarrollo de la ESI en Argentina”.

En tanto, la Subsecretaria, en esa misma línea, se encargó de analizar las diferencias que existen dentro del país. “Encontramos como persistente una mirada sobre la ESI que está bastante centrada en la cuestión de prevención del embarazo y contagio de infecciones, pero en realidad es una mirada compleja que tiene que ver con la perspectiva de género, poder y derechos”.

Los tabúes no son ficción

¿Lubricantes para sexo anal? ¿Es común fingir un orgasmo? ¿Por qué no nos conocemos primero antes de querer complacer al otro? Los tabúes son otros de los temas que se tratan en Sex Education. En la ficción, los alumnos están abiertos a desafiarlos y están predispuestos hasta a comentarlos sin tapujos con sus compañeros.

En la Argentina están muy arraigados, al punto que se genera el preconcepto de que la ESI refiere estrictamente a métodos anticonceptivos, cuando en realidad, abarca un abanico de situaciones estudiadas que son fundamentales para el conocimiento de los propios adolescentes.

Otis y Maeve, protagonistas de Sex Education

Otis y Maeve, protagonistas de Sex Education

Para Morgade se trata de una cuestión que necesita repensarse: “No tiene que ver tanto con ese concepto, sino más con lo que genera hablar de abuso, que es hablar de poder y muchas veces en relaciones intrafamiliares que tiene una complejidad”.

A veces los docentes que no tienen un acompañamiento de capacitación, también eluden temáticas que después las dejan con el conocimiento de un problema y sin herramientas para responder” profundizó en su reflexión la ex Decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Si Otis fuera argentino

Otis asiste a una Escuela Secundaria, presumiblemente pública y allí cuenta con un poco eficiente programa de Educación Sexual hasta que su madre, especialista en la materia, toma ese lugar en la segunda temporada.

Otis sufriría un problema similar en la Argentina ya que la aplicación de la ESI no es total ni eficiente. Barrancos afirma que “muchas veces” la implementación de estos programas de estudio se “dan a voluntad, de cometimiento por parte de docentes y alumnado, porque tienen vocación para hacerlo”.

Al mismo tiempo, la Mg. en Educación advierte que en el sector privado hubo casos de censura ante la iniciativa de algunos docentes: “Ha habido casos que han separado del cargo a docentes que incluyeron temas de ESI en el sector privado”.

Otis y Adam en la "clínica sexual"

Otis y Adam en la «clínica sexual»

“Creo que hay un déficit de aplicación de la ley y donde se aplican los contenidos son limitados. Son bordeando la significancia sustantiva. De todo no se habla. Cuando se consultan experiencias empíricas de sexualidad, ahí se frenan. La sexualidad como experiencia tiene un freno” afirma Barrancos.

Además Morgade asegura que se da distinta educación sexual según el distrito. “La ley en ESI es muy dispar según las provincias y muy dispar en las provincias dentro de las ciudades. Es muy desparejo por tradiciones históricas. También porque no hubo en los últimos 4 años una política nacional para ESI en todas las escuelas”.

La Subsecretaria toma estos resultados como un desafío: “El propósito del gobierno actual es volver a tener a la ESI como política de estado nacional. Trabajando con provincias, con el estado presente y compensando la disparidad”.

La incorporación de los contenidos más abordados forman parte de los que deben tratarse dentro de la ESI, pero los resultados de que la inclusión de temáticas vinculadas a embarazos no deseados, abusos sexuales y métodos anticonceptivos fueran tan escasos es un llamado de atención al modo en el cuál se está informando a los niños y adolescentes.

En nuestro país ¿Otis hablaría con su madre sobre sexo?

Como todo adolescente, Otis tiene momentos en los cuales confía en compartir sus dudas con su madre, más allá de su especialización en temáticas sexuales, mientras que también pone en foco los conflictos que pueden surgir cuando la información surge de diversas fuentes que no son profesionales competentes. El riesgo de los mitos o del boca a boca cuando se trata de estos temas.

En la Escuela de la serie, el radio pasillo corrió rápidamente despertando la alarma de un supuesto brote de clamidia. Entre escenas bizarras e información inconstante, los alumnos comenzaron a llevar barbijos a clases. Milburn es quien debe aclararles que se trataba de una infección de transmisión sexual y no se contagiaba por el aire, como creían.

En el mismo estudio del Ministerio de Educación, los interlocutores con los cuales los niños prefieren dialogar sus dudas sobre sexualidad varían de acuerdo al género.

  • Las niñas en un 55% prefieren comentarlo con familiares mujeres, mientras que solo en un 9% optan por un familiar varón. En tanto, en un 43% la persona elegida es un compañero de clase o amigo.
  • Por su parte, los niños prefieren hablar sobre sexo con un compañero o amigo en un 41%, mientras que el dato preocupante está en que los varones en un 24% prefieren no charlarlo con nadie.
Otis junto a su madre, la Dra. Jean Milburn

Otis junto a su madre, la Dra. Jean Milburn

En este análisis, la postura de Morgade es clara: existe una visión patriarcal que desencadena una cultura del comportamiento de los varones. “El patriarcado es así. Entre sus mandatos marca que para la masculinidad todas las cuestiones que tienen que ver con la duda, incertidumbre, con el miedo son vergüenza como hombre. El mandato de la masculinidad indica que no se habla de cuestiones personales con otro”.

Barrancos destaca la confianza que las niñas y niños generan entre ellos mismos como pares para el dialogo de estas cuestiones: Es posible que un docente tenga un abordaje empático, pero me parece que si los adolescentes pudieran conversar entre ellos mismos los temas de la sexualidad, generan una situación un poco más cómoda entre ellos”.

En tanto, afirma que para que “haya un clima de confortarte confianza, debería haber una metodología grupal” encarada por el docente.

Con referencia al alto porcentaje de niños que decide directamente no hablar de temas de sexo, ambas coincidieron en que no les sorprenden los resultados.

Respecto a cómo las niñas prefieren dialogar con un familiar de su mismo género, Barrancos reflexionó: “Las comunicaciones madre-niña no son siempre facilitadoras. Hay una larga psicología que estudia estas dificultades. No es fácil la comunicación en esa edad”.

¿Otis encontraría un buen contexto para el diálogo?

En la ficcional Escuela Secundaria Moordale, la Superior a cargo le exige al director que incluya a la madre de Otis para que haga una consultoría con los alumnos debido a su conocimiento y estudio del tema.

En la Argentina cuando los docentes fueron consultados acerca de si recibieron didácticas específicas para poder trabajar, los resultados fueron bajos: en gestión estatal el 52% respondieron afirmativamente, mientras que baja a 48% en el sector privado.

Al comentar estos resultados, Barrancos fue tajante en la responsabilidad política que conlleva: “Los años de Macri no hubo ningún estimulo a ESI. Hubo un apagón. Pude participar de muchas reuniones y el reclamo era que no estaba activa la ESI. La masa docente proactiva en la problemática era la única que la sacaba adelante”.

Cabe aclarar que si bien la ley de Educación Sexual se aprobó en 2006, su incorporación ha sido progresiva. Un estudio de UNICEF llamado «Escuelas que enseñan ESI», el año pasado afirmó que se ha avanzado, pero que no se ha federalizado su implementación y que resta trabajo para que así seaEl 75% de los adolescentes de los dos últimos años de la secundaria afirman que la escuela no les ofrece temas que son de su interés.

Otis, de Sex Education

Otis, de Sex Education

En cuanto a las capacitaciones docentes, Morgade plantea que “uno de los pasos que tiene que dar la ESI para profundizar su presencia es entrar en la vida cotidiana de las clases de todas las materias”. De ese modo, afirma, se incluiría la didáctica específica de cada una de las disciplinas.

En esa misma interpretación, Barrancos asegura que los docentes “tienen que estar capacitados y que no lo estén es la prueba del apagón en el cual estuvo el programa”.

Además agrega: “Tienen que tener plasticidad para la inquietud, el imprevisto, salir de lo normativo. Tiene que estar capacitado, inclusive para la situación que se ha dado de adolescentes que a partir de la ESI se animaron a denunciar lo que les pasa en materia de abuso sexual en sus casas”.

¿Los adolescentes conocen los métodos anticonceptivos?

La ficción plantea de manera solapada que los adolescentes tienen conocimiento completo sobre los métodos anticonceptivos existentes. No establecen grandes dudas con referencia a estos temas, mientras que la narrativa corre por otros caminos no menos interesantes.

Los alumnos en Moordale reciben una clase básica de Educación Sexual donde se les enseñan cómo se colocan los preservativos y otros métodos anticonceptivos. Otis, hundido en sus nerviosismo, no logra poder abrir el profilactico, por lo que Maeve se lo quita de las manos. Ya en la segunda temporada, uno de los alumnos le consulta sobre sexo anal y placer homosexual a lo que el docente no tiene respuestas y se quedó callado.

Otis junto a Maeve en una clase de Educación Sexual

Otis junto a Maeve en una clase de Educación Sexual

En términos concretos y no ficcionales, el conocimiento real que tienen los adolescentes sobre los métodos anticonceptivos no es completo. Es más, los resultados de las Pruebas Aprender así lo demuestran. Los contenidos referentes a prevención de enfermedades de transmisión sexual, embarazos y métodos anticonceptivos ocupó solo un 27% de lo enseñado.

Esta “batalla” se debe a varias problemáticas al momento de la inclusión de la ESI. Barrancos define estas comunidades como lugares donde existen “imperativos confesionales fuertes”. Se tratan de atmósferas conservadoras en los que “hay combates a sortear para que la masa docente pueda incluir los métodos anticonceptivos”.

Por otra parte, muchas comunidades no están bien informadas acerca de lo que implica la ESI. Estos conflictos se viven a lo largo del año, en todo el país. Barrancos comentó acerca de una situación vivida en el Partido de La Matanza: “Hay padres contrariados con la ESI. Sectores docentes que a veces tiene que sortear, no con el poder eclesiástico, sino con los padres. Es una circunstancia que ocurre seguido y es necesario una correcta ilustración a ellos”.

Morgade, ya como parte del Ministerio de Educación de esta nueva gestión encabezada por Nicolás Trotta, asegura que “el enorme desafío del gobierno actual es tomar este piso y proponerse avanzar. Más allá de la política de ESI, el proceso de transformación de la escuela es lento porque los lugares de formación docente recién están haciendo eso”.

En tanto, afirma que tener en consideración la ESI es “una demanda social y política por lo que hay que profundizar la capacitación y proyectos”.

Redes sociales y el cuidado de la privacidad

Una de las dudas más comunes que se plantean en la serie es la inseguridad que tienen muchos adolescentes con respecto a su cuerpo. Y sobre las apariencias en un mundo donde las redes sociales elevaron considerablemente los niveles de exposición. En este punto, hay un hueco en los contenidos considerados para la ESI.

La inclusión de cuestiones relativas al manejo del contenido adolescente en internet, grooming, sextortion o los límites que se deben marcar en cuanto a la privacidad de cada uno de los niños son puntos que Morgade afirma que se van agregando al programa nacional para su actualización.

Otis y Eric, los mejores amigos

Otis y Eric, los mejores amigos

Eric, el mejor amigo de Otis, es gay y encuentra grandes dificultades en su familia. La relación con su padre muestra una evolución a lo largo de la serie. Una noche, después de algunos tragos, le enseña a un grupo de chicas cómo hacer sexo oral correctamente y es filmado por varios chicos. El video, luego, sería viralizado en la Escuela.

El desafío que tiene la ESI según Barrancos es profundizar y universalizar contenidos: “Lo que pasa sino es que en un lado damos alemán y en otro japonés”.

La serie de Netflix pone en evidencia, de manera ficcional y por momentos hasta poco plausible, una temática que involucra de lleno a los jóvenes. Su exposición puede tener fines informativos, pero en un contexto que se enmarque correctamente lo que se desea comunicar.

Sex Education no es Educación Sexual Integral, pero puede acercar a nuestra vida cotidiana problemas que los adolescentes viven todos los días y pueden llegar a no ser considerados concretamente por los adultos.

Fuente de la reseña: https://www.a24.com/actualidad/sex-education-argentina-implementacion-esi-acerca-ficcion-02102020_rJar2k9fL

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