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India: Por qué los niños más pobres de la India se están quedando atrás

Por qué los niños más pobres de la India se están quedando atrás

Por Priti Gupta y Ben Morris
Bombay

En la imagen: Laxmi (izquierda) con su madre y su hermana

Es posible que Laxmi, de diez años, nunca regrese a la escuela. Cuando la primera ola de covid-19 llegó a la India, a principios de 2020, su escuela cerró y ahora sus padres ya no pueden permitirse el lujo de enviarla.

Laxmi asistía a una escuela privada cercana a un costo de £ 21 ($ 26) por año, que la familia financió con préstamos de parientes.

Eligieron la escuela, que desde entonces ha reabierto, en parte porque les preocupaba que no estuviera segura viajando a la escuela financiada por el gobierno en el pueblo de al lado.

Sus padres también estaban preocupados por la calidad de la enseñanza y la falta de baños en la escuela pública.

“Tengo tres hijas. Laxmi es la mayor. Habíamos pensado que la vida sería diferente para ella, que para nosotros, después de educarnos.

«Aunque mi esposo y yo casi no ganamos nada, quería que mis hijos no tuvieran la misma vida que yo», dice su madre, Rekha Saroj.

Si bien la pandemia provocó una avalancha de nuevas plataformas de educación en línea destinadas a democratizar la educación para los niños indios, para los hogares más desfavorecidos del país, estos recursos simplemente no han sido accesibles.

«La digitalización de los estudios puede ser buena, pero ¿qué pasa con nosotros? Sin acceso a dinero o a Internet, ¿cómo vamos a tener un futuro mejor?», dice la Sra. Saroj.

Para los niños en las escuelas públicas hay varios esquemas disponibles para promover la educación digital , incluido DIKSHA, un servicio en línea para escuelas que tiene contenido en 32 idiomas.

Aunque bien intencionados, estos esfuerzos parecen haber tenido un impacto mínimo para los niños mientras las escuelas estaban cerradas durante la pandemia. Según el Informe anual sobre el estado de la educación (Aser) de la India, en 2021, solo el 40 % de los niños matriculados había recibido algún tipo de material o actividad de aprendizaje de su escuela durante la semana de la encuesta del informe.

La situación era más aguda para los niños más pequeños, porque tendían a tener menos acceso a la tecnología. El informe dice que casi un tercio de los niños de cinco a ocho años no tienen acceso a un teléfono inteligente para ayudarlos con su aprendizaje en el hogar.

«La proporción de familias que tenían algún contacto con los maestros estaba fuertemente sesgada hacia las familias más acomodadas», señaló el informe.

Aula en la India

Los expertos sugieren que los niños en la India sin teléfonos inteligentes o computadoras en el hogar se han quedado atrás de sus pares más ricos

«El sistema [educativo indio] está diseñado en gran medida para niños privilegiados, los ganadores fáciles en esta carrera desigual», explica Jean Drèze, un economista nacido en Bélgica que se centra en la India.

«Las escuelas estuvieron cerradas durante casi dos años, bajo la presión de padres acomodados que no estaban tan preocupados por la brecha de aprendizaje porque sus hijos estudiaban en línea en casa.

«Los niños sin acceso a la educación en línea fueron más o menos abandonados por el sistema escolar». Él dice que ahora que las escuelas de la India están reabriendo, «se está haciendo muy poco para ayudar a los niños que se han quedado atrás», para compensar la brecha.

Entonces, ¿qué podría hacer la tecnología, en todo caso, para cerrar este abismo cada vez mayor?

Mihir Gupta es cofundador de Teachmint, una plataforma en línea, donde los maestros pueden impartir lecciones, distribuir material y enviar mensajes a los estudiantes.

El servicio llega a diez millones de profesores y estudiantes en 5.000 ciudades y pueblos, según el Sr. Gupta.

Sin embargo, reconoce los desafíos significativos de llegar a los estudiantes en las áreas más pobres donde las conexiones a Internet pueden no ser confiables.

«Nos dimos cuenta desde el principio de que la variación del ancho de banda de Internet en diferentes partes de la India es un desafío para llegar a más y más educadores», dice. En consecuencia, el servicio de Teachmint se optimizó para funcionar con conexiones a Internet más lentas y en dispositivos móviles, en lugar de computadoras portátiles y de escritorio.

Sin embargo, Anjela Taneja, quien dirige la Campaña de Desigualdad para la organización benéfica Oxfam India, dice que se necesita hacer mucho más con urgencia.

«Incluso en familias [con] acceso a herramientas de alta o baja tecnología, los niños tenían dificultades para aprender de forma remota», dice.

A menudo puede faltar un «ambiente propicio» para el aprendizaje en el hogar, agrega, y las niñas en particular sufren, ya que a menudo se encargan de las tareas del hogar además de estudiar, mientras que hay una «preferencia» para darles a los niños aparatos.

El gobierno dice que está ayudando a apoyar a las áreas rurales con BharatNet, un esquema para brindar a las áreas rurales conexiones a Internet más rápidas.

A través del esquema, que se lanzó en 2012, 52.567 escuelas públicas han recibido conexiones de banda ancha, dijo a la BBC un portavoz del Ministerio de Educación de la India.

También dijo que las escuelas que todavía están esperando una conexión pueden usar los servicios de radio y televisión financiados por el gobierno y una serie de otros servicios educativos.

Sivani, de Uttar Pradesh

Shiv Kumar trabaja para Oxfam en áreas desfavorecidas de Uttar Pradesh. Su trabajo es intentar que más niños asistan a la escuela con regularidad.

“Es una situación triste en las aldeas indias. Es un desafío convencer a los padres de que envíen a sus hijos a la escuela”, dice.

Muchos de los hogares que visita carecen de conexión a Internet o de un teléfono inteligente en casa.

Para ayudar, ha comenzado algo llamado clase ‘mohalla’. El Sr. Kumar visitará una casa e invitará a los niños a venir y dar lecciones a cualquiera que se presente.

Utiliza su teléfono inteligente para mostrar a los niños el alfabeto hindi, los números y otros materiales didácticos.

Este tipo de educación complementaria se está volviendo más común en las zonas rurales de la India y brinda de dos a tres horas de educación adicional a la semana, pero depende de la ayuda de voluntarios de la comunidad.

«Estamos hablando de digitalizar la educación, pero ¿cómo es eso posible para los padres de aldea que tienen medios de subsistencia limitados?» él pide.

Hay muchos niños que se sienten abandonados. Sivani, de dieciséis años, de Uttar Pradesh, teme que la ventana de oportunidad para ella se haya cerrado. Terminó la escuela a la edad de diez años.

«Quería estudiar pero no tenía los medios para cumplir mi sueño», dice. «Mis padres piensan que trabajar en casa y cuidar de la familia es más importante que educarse.

“No soy la única. Muchas niñas de mi pueblo no estudian… ¿cómo va a cambiar la vida si no estudiamos?”, pregunta.

Fuente de la Información: https://www.bbc.com/news/business-61174482

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Líbano: Cierran colegios en Líbano tras fuerte participación electoral

Cierran colegios en Líbano tras fuerte participación electoral

Alrededor de 3.9 millones de libaneses están convocados a participar en las primeras elecciones parlamentarias desde 2018.

Los colegios electorales cerraron este domingo en Líbano a las 19H00 hora local (16H00 GMT), tras una jornada sin incidentes y con una significativa afluencia de votantes.

Para mañana lunes se anunciarán los resultados definitivos de las elecciones libanesas, tras abrir las puertas al voto a más de 3.9 millones de electores habilitados, más de la mitad de los cuales son mujeres.

Las elecciones parlamentarias en Líbano reportó una buena afluencia de votantes cuando la participación rebasaba el 14 por ciento a media jornada, reportaron autoridades locales.

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El Ministerio del Interior libanés precisó que la participación electoral, en el período de la mañana, ascendió a más del 40 por ciento a las 17H00 horas.

En las elecciones de este año, 103 listas electorales con 718 candidatos se distribuyen en 15 distritos electorales para elegir a 128 legisladores .

El presidente libanés, Michel Aoun, y el primer ministro, Najib Mikati, votaron por separado en sus respectivos colegios, mientras que los votantes libaneses siguen votando

Estos son los primeros comicios desde el estallido en 2019 de una grave crisis económica que ha empujado a casi el 80 % de la población por debajo del umbral de la pobreza y ha hecho caer el valor de la moneda local en más de un 90 %.

Los comicios parlamentarios iniciaron a las 07H00 con la apertura de los centros de votación en 15 distritos electorales.

Alrededor de 3.9 millones de libaneses están llamados a las urnas, que se cerrarán a las 19H00 hora local y cuyos resultados no se esperan hasta el lunes.

Un total de 718 candidatos, de los que 157 son mujeres, se presentan a estas elecciones para ocupar alguno de los 128 escaños del Parlamento.

Las últimas elecciones celebradas en 2018 fueron ganadas por el movimiento chiita Hezbolá en alianza con los partidos del presidente parlamentario Nabih Berri y del presidente del país Michel Aoun.

Además de escoger a los nuevos representantes del Parlamento, los electores libaneses también elegirán al reemplazante del presidente Michel Aoun, cuyo mandato finaliza el 31 de octubre.

Fuente de la Información: https://www.telesurtv.net/news/libano-celebra-elecciones-parlamentarias-20220515-0004.html

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Siria: El número de niños sirios necesitados alcanza un récord

El número de niños sirios necesitados alcanza un récord

Declaración de la Directora Regional de UNICEF para Oriente Medio y Norte de África, Adele Khodr

08 mayo 2022

AMMAN, 8 de mayo de 2022 – “Millones de niños continúan viviendo con miedo, necesidad e incertidumbre dentro de Siria y en los países vecinos.

“Más de 6,5 millones de niños en Siria necesitan asistencia, el número más alto registrado desde el comienzo de la crisis, hace más de 11 años.

“La crisis en Siria está lejos de terminar. Solo en los primeros tres meses de este año, 213 niños resultaron muertos o heridos. Desde el comienzo de la crisis en 2011, más de 13.000 niños han resultado muertos o heridos.

“En los países vecinos de Siria, tensos por la inestabilidad política y la fragilidad, casi 5,8 millones de niños dependen de la asistencia, sus vidas están plagadas de pobreza y penurias.

“Las necesidades de los niños, tanto dentro de Siria como en los países vecinos, están aumentando. Muchas familias luchan para llegar a fin de mes. Los precios de los suministros básicos, incluidos los alimentos, se están disparando, en parte como resultado de la crisis en Ucrania.

“Mientras tanto, la financiación para las operaciones humanitarias está disminuyendo rápidamente. Antes de la sexta Conferencia de Bruselas sobre Siria y la región el 10 de mayo, UNICEF ha recibido menos de la mitad de sus necesidades de financiación para este año. De nuestros requisitos para llegar a los niños y las familias afectados por la crisis en Siria, necesitamos con urgencia casi 20 millones de dólares para operaciones transfronterizas, el único sustento para casi 1 millón de niños en el noroeste de Siria.

“Las inversiones también son imprescindibles para restaurar los sistemas para brindar servicios básicos esenciales, como educación, agua y saneamiento, salud, nutrición y protección social, sin dejar a ningún niño sirio atrás.

“UNICEF renueva su llamamiento a todas las partes del conflicto ya quienes tienen influencia sobre ellas para alcanzar una solución política a la crisis por el bien de los niños de Siria y su futuro. En ausencia de tal solución, se debe seguir apoyando la respuesta humanitaria dentro de Siria y los países vecinos.

«Todos los días cuentan. Los niños de Siria han sufrido durante demasiado tiempo y no deberían sufrir más”. 

Fuente de la Información: https://www.unicef.org/press-releases/number-syrian-children-need-hits-record-high

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Afganistán: El Talibán ordena a las mujeres cubrirse y no salir de casa, la ONU expresa gran preocupación

Las autoridades afganas de facto advierten que, de no obedecer, castigarán a los hombres de sus familias. La Misión de la ONU señala que la medida contradice las declaraciones de los talibanes garantizando el respeto de los derechos humanos de las mujeres y de todos los afganos.

La Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán (UNAMA) expresó profunda preocupación este sábado tras el anuncio del Talibán, la autoridad de facto de ese país, de que las mujeres deben cubrirse el rostro en público y quedarse en sus casas, saliendo únicamente en casos de necesidad.

La disposición también señala que si las mujeres contravienen la ordenanza, los hombres de sus familias serán castigados.

De acuerdo con la información recibida por la UNAMA, la medida no es una recomendación sino una directiva formal.

La UNAMA señaló que la decisión contradice las repetidas declaraciones de los talibanes garantizando que respetarían y protegerían los derechos humanos de todos los afganos, incluidas las mujeres y las niñas.

Dichas afirmaciones fueron hechas durante las discusiones y negociaciones que la comunidad internacional sostuvo con representantes del Talibán en los últimos diez años.

Cuando los talibanes tomaron el poder en agosto de 2021, aseguraron una vez más que todas las mujeres gozarían de sus derechos en el ámbito laboral, educativo y social.

Atropellos a los derechos de las mujeres

Los despachos de prensa sobre la nueva normativa reportan que las mujeres deberán usar burkas que las cubran desde la cabeza hasta los pies, mostrando sólo los ojos, como tuvieron que hacerlo en el periodo en que los talibanes gobernaron el país, de 1996 a 2001.

El nuevo atropello contra las mujeres se suma al de no permitir que las niñas asistan a la escuela secundaria, en vigor desde septiembre pasado, poco después de que los talibanes tomaran el control del país.

Con ese mandato, también se prohibió que las maestras regresaran a sus trabajos.

Esas medidas recibieron una amplia condena en todo el mundo y socavaron las promesas de los talibanes en el sentido de que seguirían estándares internacionales para establecer relaciones positivas en el plano global.

Dos mujeres afganas caminan cerca de una mezquita en la provincia de Herat.
UNAMA
Dos mujeres afganas caminan cerca de una mezquita en la provincia de Herat.

La UNAMA buscará aclaraciones

La Misión de la ONU informó que “solicitará reuniones de inmediato con las autoridades de facto talibanes para buscar aclaraciones sobre esta decisión”.

Además, señaló que llevará a cabo consultas con miembros de la comunidad internacional para determinar las implicaciones de esta orden.

Desde que los talibanes tomaron el poder, los donantes recortaron la asistencia al desarrollo e impusieron sanciones al sistema bancario del país, colocando la economía afgana en situación de colapso.

El 30 de agosto de 2021, el Consejo de Seguridad adoptó una resolución pidiendo a los talibanes que permitieran el tránsito seguro para todas las personas que decidieran salir del país.

Crisis humanitaria

Luego, en septiembre, se realizó una reunión de alto nivel en Ginebra, en la que la comunidad internacional prometió más de 1200 millones de dólares en ayuda humanitaria para el pueblo afgano.

Con casi 23 millones de personas en situación de hambre, Afganistán va rumbo a convertirse en la mayor crisis humanitaria del mundo, con necesidades superiores a las de Yemen, Etiopía, Siria o Sudán del Sur.

Frente a este escenario, la ONU y sus socios humanitarios hicieron en enero un llamamiento a reunir más de 5.000 millones de dólares para Afganistán para reactivar los servicios básicos en el país.

La ONU ha manifestado repetidamente el compromiso de mantenerse en el terreno entregando ayuda humanitaria para salvar las vidas de los afganos.

Fuente: https://news.un.org/es/story/2022/05/1508292

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El rostro de la esclavitud moderna en el Líbano

Rahim Teshome llegó a Beirut cuando tenía 15 años por medio de una ‘kafala’, un sistema de patrocinio por el que empresas y familias importan mano de obra barata. Nunca le pagaron, le confiscaron su pasaporte etíope y la violaron. Su historia es la de miles de trabajadoras domésticas

Rahim Teshome habla de Etiopía como si no fuese el país que la vio nacer. No siente nostalgia ni apego por sus raíces. A sus 26 años recuerda su infancia con mucha distancia pues, desde muy temprana edad, supo que su futuro no estaba Adís Abeba. Con tan solo seis años quedó a cargo de sus hermanas mayores tras la muerte de sus padres. “Era muy pequeña, la vida era difícil, iba a escuela, no teníamos comida y por ello decidí salir”, recapitula. En 2012 tenía 15 años y una vecina le recomendó marcharse al Líbano, como había hecho su hija, bajo el sistema de la kafala.

Kafala en árabe significa protección y, en origen, era la fórmula prevista en el derecho islámico para la acogida de huérfanos. Sin embargo, en las últimas décadas se ha convertido en el medio usado por las empresas y particulares para importar mano de obra barata a los países del Golfo y Oriente Próximo, principalmente en sectores como el de las labores domésticas o la construcción.

“Me dijeron que iba a trabajar con una familia, que me arreglaría los papeles y que cobraría un sueldo para ayudar a mis hermanas”, asegura sonriendo mientras rememora lo que iba a ser el plan perfecto de una niña que soñaba con salir de la pobreza. Embarcó con otras 150 menores de edad etíopes; ninguna sabía ubicar el Líbano en el mapa, pero estaban convencidas de que, desde su nuevo destino, iban a poder ayudar a sus familias. “El viaje fue muy largo. Estuvimos varios días en un aeropuerto de Yemen sin comida y durmiendo en el suelo”, dice Teshome.

Rahim Teshome mira hacia el exterior a través de una ventana de la sede del Anti-Racism Movement (ARM), en Beirut. Llegó al Líbano cuando tenía 15 años, le confiscaron el pasaporte y la violaron. Su historia se repite entre los miles de trabajadoras domésticas extranjeras.
Rahim Teshome mira hacia el exterior a través de una ventana de la sede del Anti-Racism Movement (ARM), en Beirut. Llegó al Líbano cuando tenía 15 años, le confiscaron el pasaporte y la violaron. Su historia se repite entre los miles de trabajadoras domésticas extranjeras.BRAIS LORENZO

“Me duele mucho recordar las condiciones en las que llegué. Tenía mucha hambre y estaba agotada”, añade. Fue a buscarla la madame, título con el que se refiere a su empleadora, la señora que la acogió como empleada doméstica y que desde entonces se convirtió en su dueña. Así lo establecen las normas de extranjería, que otorgan a los empleadores un control absoluto sobre “sus patrocinados”.

Fara Baba, portavoz del Anti-Racism Movement (ARM), lo explica: “En determinados sectores, no están amparados por el Código del Trabajo libanés. El Código de la kafala le da el poder al que da empleo y no protege a las trabajadoras como en este caso. Por eso lo llamamos una esclavitud moderna”. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) denuncia que se trata de un círculo vicioso de salarios bajos y falta de protección social. “El sistema vigente va en contra del reconocimiento del servicio doméstico como un empleo decente. Algo que afecta tanto a migrantes como a nacionales que pudieran estar interesadas en formar parte de este sector”, detalla Zeina Mezher, portavoz de Migración Laboral de la OIT para el Líbano.

Según datos oficiales, hay unas 250.000 mujeres migrantes, procedentes de África y del sudeste asiático, que son trabajadoras domésticas en un país de seis millones de habitantes. “Por nuestra experiencia sobre el terreno sabemos que este número es mucho mayor. El propio cónsul de Etiopía afirmó el año pasado que había alrededor de 450.000 ciudadanos etíopes aquí. Esto significa que el número total es mucho mayor”, aclara Baba.

El problema no era el trabajo. El problema no era mi agotamiento físico y mental. Mi problema es que me violaban el hijo y el padre de la familia

Teshome no tardó en darse cuenta del peso que caía sobre su espalda: “Me vi con 15 años gestionando una casa. Todo, absolutamente todo, lo tenía que hacer yo. Cuidaba desde los más pequeños hasta a los más mayores. Trabajaba las 24 horas del día, los siete días de la semana; y nunca me pagaban”, denuncia la joven llena de indignación. “Para comer o beber agua tenía que esperar a que la madame se marchara”, relata sobre las condiciones en las que vivía.

Cada vez habla más atropellada, como si necesitara contarlo todo, antes de que la sorprendan. Los gestos y la mirada la delatan, pese al esfuerzo que hace por disimular la angustia al recordar las atrocidades vividas. Se interrumpe y busca el aire que parece escapársele sin remedio; se frota las manos sobre las rodillas como quien busca el modo de coger impulso y enfrentarse a una realidad que no consigue dejar atrás. “El problema no era el trabajo. El problema no era mi agotamiento físico y mental”. Vuelve a hacer una pausa. “Mi problema es que me violaban el hijo y el padre de la familia”. De nuevo, el silencio.

“Ahora quiero denunciarlo y no me importa decirlo. Muchas chicas se suicidan tras sufrir abuso sexual”, anuncia con decisión. Además, insiste en que vienen de “sociedades muy conservadoras” en las que, si pierden la virginidad, son repudiadas. “Aunque hayamos sido violadas, nos consideran culpables”. La experiencia de su joven vida la ha llevado a entender que la violencia que se ejerce sobre las mujeres por el mero hecho de serlo, es estructural. Este tipo de abuso es más probable que suceda cuando las que trabajan a “puerta cerrada y con poca interacción con el mundo exterior”, recalca la portavoz de la OIT para Líbano. “Se hace aún más posible en un ambiente de trabajo desprotegido y donde el sistema priva a estos empleados del derecho a vivir y hacer su labor con dignidad”.

Desde el Movimiento Antirracista libanés resaltan que muchas de las muertes de trabajadoras domésticas son consideradas suicidio por las autoridades libanesas. “Para evitar abrir una investigación sobre las acusaciones de abuso y homicidio por parte de los empleadores”, explica su portavoz. Aseguran que es habitual que estos aleguen que “su protegida” tenía problemas de salud mental con el fin de presentar su muerte como autoinfligida y, por lo tanto, desentenderse de cualquier responsabilidad, pese a la existencia de denuncias por abusos. “Las Fuerzas de Seguridad Interna (ISF) calculan que, entre 2008 y 2018, 1.366 mujeres se habían quitado la vida en el Líbano, de las que el 13,4% eran inmigrantes etíopes”, añade Baba.

“Hace unos días, una joven etíope embarazada por violación fue expulsada del país por la familia que la empleaba. Volvió a Etiopía a criar al bebé y es que abortar no está bien visto”, denuncia. En el caso de Teshome, el hijo de la familia donde trabajaba comenzó el acoso, primero sutilmente, luego exigiéndole que le enseñara su ropa interior, después se desnudaba delante de ella y, finalmente, aprovechando los momentos en los que su madre no estaba, pasó a violarla. “Cuando le dije a la madame que su hijo me pedía cosas extrañas, me exigió que le obedeciera, que era mi hermano”, asevera. “Al cabo de un tiempo, su marido también empezó a violarme”.

Finalmente, Teshome, después de que el hijo la agrediese sexualmente por la mañana y el padre por la tarde, decidió jugársela y escapar. “Me tiré por el balcón de un segundo piso. Tenía que elegir entre la vida o la muerte”, zanja. Se salvó, pero había huido con lo puesto y sin su pasaporte, en poder de la madame. Se levantó del suelo magullada, se escondió en un callejón hasta recuperarse y tomar una decisión. Al poco, ya había puesto rumbo a Beirut, la capital.

Rahim Teshome habla con Fara Baba, portavoz del Anti-Racism Movement (ARM). Según datos oficiales, hay unas 250.000 mujeres migrantes, procedentes de África y del sudeste asiático, que son trabajadoras domésticas, pero las ONG estiman que son muchas más.
Rahim Teshome habla con Fara Baba, portavoz del Anti-Racism Movement (ARM). Según datos oficiales, hay unas 250.000 mujeres migrantes, procedentes de África y del sudeste asiático, que son trabajadoras domésticas, pero las ONG estiman que son muchas más.BRAIS LORENZO

“Me quedé deambulando en las calles y con mucho miedo a la policía porque era una persona ilegal”, relata. En la capital se juntó con otras jóvenes etíopes que también se habían escapado y desde entonces ha hecho todo tipo de trabajos para salir adelante. “He limpiado muchos bares, casas y almacenes. He trabajado en cocinas y en hoteles. A veces me pagaban, pero muchas otras me decían que, como era ilegal, no podía cobrar”, concluye.

Según Baba, la crisis en el Líbano, agudizada por la pandemia, ha creado más conciencia sobre las terribles condiciones de las mujeres migrantes bajo el sistema de la kafala. Muchos empleadores, con el desplome de la libra libanesa, ya no podían pagar los salarios. En lugar de repatriar a las empleadas con el depósito que abonaron cuando las contrataron, las mantienen sin sueldo y abusando de ellas; otros prefieren abandonarlas en las puertas de sus respectivos consulados, “sin haberles pagado y sin devolverles sus pasaportes”, asegura Baba.

En 2020, un grupo técnico coordinado por la OIT trasladó al Ministerio de Trabajo un plan de acción para desmantelar la kafala que permitiría rescindir los contratos por parte de los empleados domésticos migrantes. En segundo lugar, este aborda todos los componentes del trabajo forzoso, “como la confiscación de pasaporte, el retraso en el pago de estipendios o el abuso horario”, asegura Mezher. Sin embargo, subraya que erradicar está práctica es un camino complicado: “El reconocimiento oficial de que es un sistema abusivo que pone en riesgo vidas humanas es un punto de partida crucial”.

Hay trabajadoras domésticas que deciden volver a sus países, aunque no es fácil por temas burocráticos. “Cuando hablaba con mis hermanas, me decían que tenían a un hombre dispuesto a casarse conmigo. Era mayor, pero les daría una buena dote”. Para Teshome, regresar no estaba en sus planes, pues “habría sido transitar de una cárcel a otra”.

Lo he perdido todo, incluso mi libertad y mi dignidad. Me he ahogado tantas veces en el país de los cedros, que no me da miedo el mar

Líbano atraviesa una de las crisis económicas más graves de su historia moderna y, según la OIT, esto ha hecho bajar la demanda de empleadas domésticas. Denuncian que las agencias de contratación todavía están tratando de identificar nuevos mercados en el intento de motivar a mujeres a trabajar en el país árabe. “Existe un alto riesgo en tales tendencias, ya que las inmigrantes no cuentan con conocimientos suficientes sobre el contexto laboral y carecen de vías de buscar ayuda si es necesario”, asegura Mezher.

Para Teshome, la vida en las calles de Beirut también fue igualmente traumática. “Te ven una mujer negra y se creen que pueden hacer contigo lo que quieran”. Finalmente, se casó con un sudanés. “Necesitaba tener un apoyo y seguridad”, se justifica. “Esta es una sociedad machista. Es mejor casarme a que me violen. Nadie tiene por qué acosarme en la calle o en las casas”.

Rahim Teshome ayuda a su hijo, de seis años, a realizar las actividades escolares en el interior de su casa. “Tengo mucho miedo por él, pero debo garantizarle un lugar seguro. Si aquí el Estado no se hace cargo por el sistema de la kafala implantado, tendremos que buscar alguna solución”.
Rahim Teshome ayuda a su hijo, de seis años, a realizar las actividades escolares en el interior de su casa. “Tengo mucho miedo por él, pero debo garantizarle un lugar seguro. Si aquí el Estado no se hace cargo por el sistema de la kafala implantado, tendremos que buscar alguna solución”.BRAIS LORENZO

Pese a todo, su vida no ha cambiado demasiado, puesto que aún vive con el temor a ser detenida; lo que ha hecho puede ser motivo de cárcel o deportación. Además, no tiene papeles y sabe que jamás los tendrá y, aunque ahora tiene un hijo nacido en el Líbano, este también está en situación irregular. “La madame me dijo que mientras ella viviera, yo nunca tendría mi permiso de residencia”. La preocupación de Teshome ahora es su niño de seis años; cuando cumpla los diez, sin el permiso de residencia, no podrá ir al colegio. Su vida está limitada al trayecto de la escuela a casa. “No puedo dejarle jugar por si le pasa algo; sin documentación, pueden quitármelo”.

Ahora, su único objetivo es tener papeles. Pero lo sabe inalcanzable, ya que necesita el visto bueno de la madame y cree que ella no dará su brazo a torcer. Ahora, Teshome está preparándose para volver a emigrar. “Tengo mucho miedo por mi hijo, pero tengo que garantizarle un lugar seguro. Si aquí el Estado no se hace cargo por el sistema de la kafala implantado, tendremos que buscar alguna solución”. No tiene una fecha marcada en el calendario, pero su intención es marcharse a Turquía y de ahí intentar llegar a Europa cruzando el Mediterráneo. “Lo he perdido todo, incluso mi libertad y mi dignidad. Me he ahogado tantas veces en el país de los cedros, que no me da miedo el mar”.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/2022-05-03/el-rostro-de-la-esclavitud-moderna-en-el-libano.html

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Nadia Ghulam: «Las mujeres en Afganistán son un objeto de intercambio, no tienen voz y para tenerla necesitan acceso a educación»

La activista y escritora da una conferencia en la UV y pide agilizar la burocracia para garantizar la enseñanza a todas las personas refugiadas con el fin de ser un «puente para el desarrollo de la paz en el país de origen»

Nadia Ghulam (Kabul, Afganistán, 1985), activista y escritora afgana refugiada en Cataluña, cumplirá pronto los 37 años y todavía se pone tiritas en la cara a diario para aliviar el picor de las quemaduras que sufrió tras el ataque de una bomba a su casa cuando apenas tenía ocho años. Son cicatrices físicas de una guerra que no se van. Las del interior tampoco.

Ha venido a València a dar una conferencia en la Facultad de Derecho de la Universitat de València (UV), (que impulsa una red para acoger a alumnas y profesoras afganas) y contar su historia vital, aunque duela recordarla. Una historia que empieza en Kabul y continúa en Barcelona, donde vive desde hace quince años como refugiada.

Durante diez años, Nadia Ghulam se hizo pasar por su difunto hermano para poder trabajar y mantener a su familia

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Charla con Levante-EMV sobre su llegada, su adaptación, la crisis humanitaria mundial y la necesidad de proporcionar un acceso a la educación real a todas las personas refugiadas por igual para que puedan construir puentes y establecer la paz en su país de origen. Nadia Ghulam no fue Nadia durante diez años. Tras aquella bomba de la que salió con vida, perdió a su hermano y su padre se encontraba muy débil de salud.

Era 1991 y los talibanes tomaron el país. Nadia se hizo pasar por su hermano difunto para poder trabajar y llevar un trozo de pan a casa para su familia. Dice que no fue una decisión consciente. «Era una niña, tenía diez años, pensaba que eso sería un día, que mañana volvería a ser Nadia, pero ese día se convirtió en diez años». Lo cuenta en su libro El secreto de mi turbante, escrito junto a Agnès Rotger.

«Todas las personas de mi país tienen un sueño: que llegue la paz. Lo sueñan, lo piden, lo imaginan; pero nunca lo viven»

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¿Cuándo empezó la guerra para ti? Le pregunta este periódico. «Nací en guerra, crecí en guerra y hasta que no llegué a España no supe lo que era la paz. No soy la única. Todas las personas de mi país tienen un sueño: que llegue la paz. Lo sueñan, lo piden, lo imaginan pero nunca lo viven«, dice la escritora. La guerra no dura un día o un mes, señala. «Un día de guerra son diez años de traumas, la mayoría de personas nunca recuperan su vida anterior o su capacidad psicológica de estar tranquilas. Viven con miedo, preocupación, violencia. Siempre en alerta», relata.

«La semilla de la paz es la educación»

Nadia dice que ha aprendido a vivir con dolor. Y que transforma su depresión en acción para cambiar las cosas a través de la asociación que fundó, Ponts per la Pau, una entidad «muy pequeña pero con objetivos muy grandes» que ayuda a niños y niñas afganas para proporcionarles «la semilla de la paz, la educación«. Dice que aspira a ser la nueva Organización de Naciones Unidas (ONU) para tender puentes por la paz, pues esta organización «ha fracasado«.

«Parar la venta de armas, concienciar o educar en valores son algunas de las soluciones para crear un proyecto de paz mundial»

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«Lleva desde los años cuarenta diciendo que quiere acabar con las guerras. Estamos en 2022 y sigue muriendo mucha gente en conflictos armados. No solo se trata de firmar un documento, sino de pasar a la acción«. ¿Cómo? «Parando la venta de armas, concienciando a la población, proporcionando educación en valores. Todo esto haría que se erradicaran las guerras y las personas trabajaran por un proyecto de la paz de verdad», dice Nadia Ghulam. Aunque apunta que la gente la llama utópica, «desde todo mi corazón y mi mente estoy convencida, y después de salir de debajo de una bomba, de que la paz es posible».

«Nos hablan de derechos como en mi país hablan de Dios. Allí justifican la violencia con Dios, aquí si no se puede convalidar estudios o acceder a enseñanza superior, es por las leyes y la burocracia»

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Pide a las instituciones que agilicen los trámites burocráticos para las personas refugiadas y recuerda su llegada a España. «No sabía ni lo que era una refugiada o si tenía algún derecho. No conocía los derechos porque no tenía. No supe que tenía el derecho a pedir asilo y las personas de la administración tampoco lo sabían ni les importaba. Al inicio no me trataron como refugiada y estuve cinco años sin permiso de trabajo y sin poder estudiar«. Por eso, en su labor como educadora social, ejerce una misión clave. La sensibilización. «Una de las cosas que hago ahora es insistir a las personas que trabajan en organizaciones o en migración que no nos traten como números, sino como seres humanos», dice la escritora.

«No quiero certificados ni títulos, quiero conocimientos»

«Nos hablan de derechos como en mi país hablan de Dios. Allí justifican la violencia con Dios, aquí si no se puede convalidar estudios o acceder a enseñanza superior, es por las leyes y la burocracia«, denunciaY recuerda que su país «que no tiene interés en la educación, no envió el título para convalidar sus estudios y poder continuarlos en España» y por ende, no podían aceptarla en la universidad. Un error. Un obstáculo para la paz, añade. «Como inmigrante no quiero certificado. Quiero conocimiento. Tengo hambre de conocimiento, quiero que abran las puertas de universidades a las personas refugiadas para poder estudiar», sentencia.

«Si nos cierran la puerta de la enseñanza prefiero morir, porque si las mujeres de mi pueblo no tienen posibilidad de recibir una educación, yo no puedo vivir tranquila»

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«Las instituciones tienen que garantizar un acceso fácil a la educación a los refugiados. Eso es lo que hace que nosotros podamos ser un puente para el desarrollo de nuestro país de origen«. Tener un futuro mejor a través de la educación es, señala, «la única esperanza que tenemos». «Si nos cierran esta puerta prefiero morir, porque si la gente, las mujeres de mi pueblo no tienen posibilidad de recibir una educación, yo no puedo vivir tranquila«.

Diez meses en pausa

Nadia Ghulam se rompe cuando relata las trabas burocráticas que ponen en pausa la vida de las personas refugiadas. Su hermana está en un centro de refugiados en Salamanca y no puede irse con ella a Barcelona hasta que no se resuelva su condición como tal. Algo dolorosísimo para la activista y escritora. «Mi sobrino me dice que estaba triste porque llegaron los talibanes y no podía celebrar su cumple, yo le dije que no se preocupara que lo celebraríamos y él me preguntó si en mi casa. Ojalá que sí». Además, relata cómo una chica joven recién llegada como refugiada estudiaba su tercer curso de periodismo en Afganistán y ahora ve su vida parada. «Me dice, ‘aquí no soy nadie, no puedo hacer nada'». «Ella pensaba que en diez meses habría acabado la carrera, habría empezado a trabajar. Es doloroso para mí que una persona que quiere estudiar no tenga la posibilidad». Tenga, al fin y al cabo, la vida en pausa.

A pesar de que Afganistán ya no ocupa el foco mediático, la vida allí sigue bajo el régimen talibán desde que el pasado agosto las tropas americanas abandonaran el país. «La violencia va aumentando mucho. La comunidad internacional mira hacia otro lado, la ayuda no llega, no hay comida, ni medicamentos, las mujeres están encerradas en sus casas sin salario y toda esta situación hace que la violencia aumente», dice Nadia Ghulam.

«La gente está muriendo de hambre, las familias venden a sus hijas para mantener al resto o las matan para tener una boca menos que alimentar, incluso hay familias enteras vendiendo sus órganos para sobrevivir». La situación, sentencia, es de desesperación absoluta. Y en ese contexto, las mujeres no existen. No tienen voz. No tienen voto. Viven en la sombra.

«Una mujer es un objeto de intercambio ahora mismo. Se la puede comprar, vender o hacer lo que quieran con ella»

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«Una mujer es un objeto de intercambio ahora mismo. Se la puede comprar, vender o hacer lo que quieran con ella. La mujer no tiene voz y para que la tenga es necesario acceder a la educación y la vida pública«. Critica que Estados Unidos entró en el país para «ayudar a las mujeres y niñas» y ahora se ha ido. «¿Ahora ya no hay mujeres o qué?», se pregunta. Sigue habiendo pero viven atemorizadas.

Además, señala al error de poner a Kabul como ejemplo de todo el país. «Afganistán es muy grande, si te vas a otro pueblo es como si te fueras a otro país» y lamenta que a las provincias no llegaron ni las escuelas ni los hospitales, pero sí la guerra. Lo que ha hecho que la población de los municipios haya sufrido muchísimo durante todos estos años. «Ahora estos jóvenes que vivieron la guerra de niños son talibanes personas que han crecido en la violencia, que tienen armas (que no se cultivan en la tierra, alguien se las ha dado)».

«Los afganos sufren de la misma forma que sufren los ucranianos»

«Solo porque no tenemos el mismo color de piel ni la misma religión, no se trata igual a los refugiados ucranianos que a los que vienen de otros países en guerra», dice Nadia. Eso le duele. Primero aclara una cosa: la ayuda a Ucrania «es una verdadera maravilla». Una que «querríamos de manera igualitaria para todas las personas refugiadas». Comenta que en las fronteras de Polonia y países limítrofes con Ucrania hay «miles de personas de Afganistán, Siria o partes de África a las que «no se les está dejando pasar». Aboga por una atención y ayuda humanitaria igualitaria. Sin discriminar por el color de piel, la religión, el origen. «Los afganos sufren de la misma forma que sufren los ucranianos», sentencia.

Ghulam lamenta que la tierra afgana está quemada. Literal y metafóricamente. Ya no cultiva verduras, hortalizas, alimentos. Las bombas y los productos químicos de guerra han destrozado todo. El país es una cicatriz enorme de una quemadura que no se acaba de curar. Y lo peor es que no se da valor a la educación.

«El valor de la educación solo lo saben los que la han recibido. Los niños de la guerra le dan valor a las armas pero no a los bolígrafos, sencillamente porque no saben usarlos»

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Nadia Ghulam comparte con este periódico un refrán que dicen en Afganistán: «El valor de una joya solo lo sabe el joyero«. «El valor de la educación solo lo saben los que la han recibido. Los niños talibanes le dan valor a las armas pero no a los bolígrafos, sencillamente porque no saben usarlos».

Por eso, Ghulam lanza un mensaje. «Dar la posibilidad a las personas refugiadas afganas en las fronteras de aprender, de formarse en valores, de ser atendidas por psicólogas. Todo eso revertirá en hacer puentes de desarrollo con nuestro país«. «Vamos a construir nuestro país con la paz. Con todo lo aprendido. No las hagamos desgraciadas en el exilio. Eduquémoslas para construir un mundo mejor», concluye. Nadia Ghulam sueña con volver a su país. Y para eso trabaja. Por ella, por su pueblo. Y también sueña con algo que muchas personas afganas nunca han conocido: la paz.

Fuente: https://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2022/04/27/nadia-ghulam-mujeres-afganistan-son-65396539.html
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Estudio: Unos 10.000 menores extranjeros en Japón no asisten a la escuela

Un estudio del Ministerio de Educación de Japón revela que aproximadamente 10.000 de los 133.310 menores extranjeros que residen en Japón en edad de recibir la enseñanza obligatoria no asisten a la escuela. Aunque esta cifra se ha reducido a la mitad desde 2019, las oportunidades de escolarización para los menores no japoneses parecen aún insuficientes.

En mayo de 2021, el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología de Japón realizó una encuesta entre los consejos educativos de 1.741 municipios de todo el país. El objetivo de este estudio era conocer el nivel de asistencia a la escuela de los menores de nacionalidad extranjera.

El número de menores no japoneses en edad de recibir la enseñanza obligatoria alcanzó los 133.310, con 93.474 en edad de asistir a la escuela primaria y 39.836 en edad de asistir a la escuela secundaria. Se confirmó que 120.070 de esos menores asistían a la escuela primaria, secundaria o a centros de enseñanza internacionales. En cuanto al resto de los niños, 649 de ellos “no asistían” a la escuela y otros 8.597 “no pudieron ser contactados para confirmar su asistencia”. Asimismo, no se confirmó la asistencia de 800, lo que sugiere que 10.046 menores podrían estar viéndose privados de la enseñanza básica. Aunque esta cifra se ha reducido a la mitad desde que la primera encuesta nacional se llevase a cabo en 2019, las condiciones de escolarización aún no pueden ser consideradas como satisfactorias para garantizar que los menores extranjeros tienen oportunidades para acceder a una educación.

Aunque la educación no es obligatoria para los menores no japoneses, el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología pide a cada consejo educativo local que garantice que estos cuentan con oportunidades para asistir a la escuela en virtud de los acuerdos internacionales sobre derechos humanos. Desde la encuesta de 2019, muchas autoridades locales han creado registros de menores en edad escolar y han enviado información sobre cómo matricularlos en las escuelas, lo que ha facilitado que se conozca mejor la situación actual sobre la asistencia.

Fuente: https://www.nippon.com/es/japan-data/h01296/

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