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La nueva reorganización del Departamento de Educación.

Por: Aida Diaz.

Durante los últimos años nos hemos enfrentado al escenario donde se plantea una nueva propuesta de reorganización del Departamento de Educación. Esta no es la primera vez que se intenta reconfigurar el sistema público de enseñanza. Hasta ahora, ninguno de los cambios o reformas han sido exitosas. Lo que sí podemos decir de todas las reformas que se han dado, es que en ninguna se ha contemplado la participación activa de los componentes del sistema en la toma de decisiones sobre los cambios a implantar. Tal vez, por eso, el fracaso de las mismas.

Nadie puede negar que algo anda mal en el sistema cuando, a pesar del esfuerzo de los maestros, no logramos mejores resultados. Si vamos a cambiar, ya las lecciones han sido dadas. Para que los proyectos o cambios tengan éxito en cualquier organización es necesario que dichos cambios surjan de las necesidades de la base.  Una vez identificadas esas necesidades, definimos el objetivo de tal reorganización y cómo el mismo convertirá nuestro sistema de educación pública, en uno de los mejores del mundo.

Son múltiples las preguntas que hay que contestar antes de proponer una reorganización. Preguntas tales como: ¿Cuáles son los factores negativos que están afectando nuestro sistema: la politización, la falta de recursos, la desorganización de su estructura administrativa, la comunicación entre sus componentes, los múltiples cambios sin sentido o es la desconfianza hacia todo lo nuevo?

Contestadas estas interrogantes entonces, debemos plantearnos las siguientes: ¿Cómo sacamos la política partidista del sistema público? ¿Cómo eliminamos la burocracia? ¿Cómo recuperamos la confianza entre los componentes del sistema? ¿Cómo logramos que el currículo integre los resultados de la investigación educativa en favor del aprendizaje de los estudiantes? ¿Cómo garantizamos que todas las escuelas tengan los recursos necesarios para brindar el servicio educativo? ¿Cuál es el ciudadano que queremos formar?

Estas y un sinnúmero de otras preguntas, tienen que ser contestadas pensando única y exclusivamente, en el bienestar de los estudiantes y de su recurso primordial, el maestro, sin pasar por alto lo que ordena nuestra Constitución. La Constitución obliga al gobierno a tener un (1) sistema de instrucción pública el cual será gratuito, libre y enteramente no sectario. Además, que la propiedad y los fondos públicos de educación sólo pueden ser utilizados para el sostenimiento de nuestras escuelas públicas.

La emergencia que hoy vivimos ha sacado a flote muchos males, entre éstos, la falta de planificación adecuada para responder con sensibilidad y premura a los problemas surgidos, la falta de liderazgo en las altas esferas gerenciales del sistema educativo.   Estos males no se resuelven con una reorganización si su reclutamiento continúa bajo los mismos criterios que hasta ahora han prevalecido, la política partidista y el amiguismo.  El país necesita personas con liderazgo capaz de transformar las debilidades en fortalezas y las amenazas en oportunidades.

Mientras los distritos escolares y las regiones educativas no entiendan su rol de proveedores de servicios a los directores y los maestros; mientras las estructuras administrativas del sistema no se conciban como puentes en vez de barreras; mientras no entendamos las realidades económicas, sociales y culturales que rodean a nuestros estudiantes, nuestro sistema educativo continuará quedándose corto ante las expectativas trazadas.

A pesar de todo, nuestros maestros continúan siendo los héroes que mantienen dé pie y en alto al Departamento de Educación. Utilicemos el compromiso y la dedicación que los maestros han demostrado con la educación para darles una participación real y verdadera en la transformación de nuestro sistema.

Fuente: https://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/lanuevareorganizaciondeldepartamentodeeducacion-columna-2378898/

Imagen: http://www.citizengo.org/sites/default/files/styles/large/public/images/aula1.jpg?itok=i6OAvm4q

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Reforma educativa en la Ciudad,el papel de la tecnología.

Por: Silvia Uranga.

El proyecto presentado en los últimos días por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires constituye una oportunidad histórica para mejorar y actualizar la educación pública de la Ciudad. A su vez, plantea serios desafíos en materia curricular, tecnológica y social.

En un contexto social, cultural y laboral crecientemente mediado por las tecnologías de la información, creo que se hace necesario un debate acerca del papel que deben cumplir dentro del aula. En ese sentido, el proyecto de la reforma educativa constituye un avance al plantear la introducción de las tecnologías, más allá de la mera instrucción en su uso.

Digo mera instrucción ya que es importante diferenciar entre el aprendizaje de uso de cualquier tecnología y su incorporación como un hábito de vida. Desde mi perspectiva, es mucho más importante este último punto, ya que implica dotar a los alumnos de la capacidad de incorporar tecnología de una manera holística y multidisciplinaria, lo cual supone en última instancia una comprensión mucho más profunda de las herramientas y su utilización integral en diferentes ámbitos de trabajo.

En un mundo en donde prácticamente no quedará ninguna esfera del ámbito social y laboral que no se vea afectada por la irrupción de las tecnologías, es importante cambiar el abordaje que se les viene dando dentro del aula. Es necesario pasar de un abordaje enfocado en la herramienta como un fin en sí mismo para entenderlas como un medio para concretar los diferentes proyectos que se les irán planteando a los jóvenes a lo largo de la vida.

Dentro de este aspecto, no se debe caer en el simplismo de pretender capacitar a los jóvenes solamente en lenguajes de programación. No porque estos no sean importantes, sino porque simplemente nadie sabe cómo se verá y qué tecnologías primarán en el mercado laboral cuando ellos terminen de cursar la secundaria. Siguiendo esta línea, considero que es crucial aprender a pensar críticamente y a incorporar el hábito de aprender constantemente en cada uno de los proyectos que se les presenten. De esta manera, las herramientas cambiarán, los lenguajes de programación evolucionarán, pero lo que primará es la actitud que tenemos como profesionales hacia el conocimiento.

Sin lugar a dudas, la discusión acerca del papel de las tecnologías de la información no debe circunscribirse solamente a lo que se enseña dentro del aula, también debe atenderse el rol del docente. En ese sentido, resta un profundo trabajo para capacitarlos y facilitarles la incorporación de dinámicas pedagógicas que valoricen y entiendan el importante papel de las tecnologías en el aula y, a su vez, les permitan establecer un rol crítico hacia ellas.

Por último, debe considerarse la manera en que se establecerá la relación entre la escuela y las empresas. No debemos perder de foco que las prácticas en las empresas constituirán el primer acercamiento de los jóvenes al mundo del trabajo y, por ende, la dinámica escuela-empresas debe ser lógica y fluida. En este aspecto, el desarrollo de proyectos multidisciplinarios que involucren a las tecnologías de la información constituye un buen acercamiento para articular ambos mundos. Sólo a través de la implementación de este tipo de estrategias se podrán establecer puentes y dinámicas que beneficien a los actores involucrados y en última instancia preparen a nuestros jóvenes para el desafiante futuro que les espera.

Fuente: https://www.infobae.com/opinion/2017/11/30/reforma-educativa-en-la-ciudad-el-papel-de-la-tecnologia/

Imagen: https://www.infobae.com/new-resizer/k1GTzIvytb717sWSDBAIXlTPpK0=/1200×0/filters:quality(100)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2016/12/12170907/iStock-515276648.jpg

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La excelencia educativa como prioridad.

Por: Myriam Z. Albéniz .

Por suerte tengo edad suficiente para poder establecer una comparativa entre mi época escolar -en la década de los setenta- y la de mis hijos -el más pequeño, terminando el ciclo de ESO-. Con apenas cinco años acudí al colegio por primera vez y a lo largo de trece cursos fui destinataria de un modelo educativo que, además de incidir en la importancia del conocimiento, aspiraba como objetivo principal a inculcarnos una serie de valores imprescindibles para la formación de la persona, como el esfuerzo, la responsabilidad y el respeto. No se puede negar que, en ocasiones, el sistema hacía aguas -la perfección no existe- pero, en términos generales, quienes formamos parte de aquellas generaciones anteriores a la Logse no deberíamos quejarnos demasiado a este respecto.

Recuerdo con claridad que nuestros temarios eran más extensos que los actuales. Nos obligaban a leer libros al completo, en vez de la selección de textos de hoy en día, ideada con la absurda pretensión de no agotar a los alumnos con tan, al parecer, ardua tarea. No existía este actual afán por el localismo, y la cultura general que adquiríamos era justamente eso, general, e incomparablemente más amplia que la actual. Ahora, testigo de primera mano de la evolución académica de los chavales, me llena de perplejidad comprobar cómo las cabezas pensantes de los sucesivos Ministerios de Educación del último cuarto de siglo se siguen empeñando en inventar la pólvora cuando, salvo casos excepcionales, la lógica debería imponerse: si estudias, apruebas y si no estudias, suspendes.

En mi época no se progresaba adecuadamente ni se necesitaba mejorar. Los profesores se limitaban a valorar del 1 al 10, con lo que facilitaban tanto a alumnos como a padres la comprensión del mensaje recibido. De este modo, se ponían de manifiesto las mejores capacidades o las mayores habilidades de cada alumno para enfrentarse a determinadas materias y, con datos objetivos, era posible decidirse por un futuro científico, humanístico, laboral o de otra índole. De más está decir que las malas notas no eran motivo suficiente para acudir a la consulta de un psicoterapeuta infantil. La temida bronca casera se revelaba como la más eficaz de las terapias. Los adultos apenas frecuentaban los colegios y no existía la costumbre de las reuniones de principio de curso, ni de las entregas de notas en mano, ni de las horas de tutoría obligatoria. En compensación, los maestros se alzaban como referentes cuya autoridad nadie discutía.

Sin embargo, a día de hoy, el de los docentes es uno de los colectivos profesionales con un incremento superior de bajas por enfermedad laboral y un considerable número de sus integrantes ha perdido la ilusión por el desempeño de una profesión eminentemente vocacional, sintiéndose inermes a la hora de enfrentarse, por un lado, al aumento de faltas de respeto de niños y adolescentes y, por otro, a reclamaciones paternas a menudo extemporáneas y carentes de fundamento. Es muy decepcionante comprobar cómo los cerebros de estas políticas educativas de nuevo cuño han decidido que las jóvenes generaciones se igualen por lo bajo, de tal manera que quienes se esfuerzan, poseen talento y ganas de aprender se ven sin apenas alicientes cuando comprueban que sus compañeros de pupitre, gracias a los progresistas criterios de calificación de los centros escolares (actitud del alumno, observación en el aula, exposiciones orales y escritas, pruebas de evaluación continua?), obtienen unos réditos muy similares a los suyos con una mínima dedicación al estudio. En España, aspirar a la excelencia se contempla, en el mejor de los casos, como una utopía y, en el peor, como la pretensión de cuatro pedantes pasados de moda. Personalmente, no puedo entender que el alarmante puesto que en este ámbito ocupa nuestro país en relación al resto de los estados europeos no conlleve de una vez por todas a la urgente firma de un Pacto de Estado por la Educación serio, riguroso y libre de manipulaciones políticas. Porque quienes están llamados a sucedernos no merecen menos.

Fuente: http://www.laopinion.es/opinion/2017/12/01/excelencia-educativa-prioridad/830561.html

Imagen: https://compartirpalabramaestra.org/sites/default/files/field/image/santander-comprometido-con-la-ruta-de-la-excelencia-educativa.jpg

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Dios y la Educación

Por: Pedro Tejivano

Antes o después tendremos que plantearnos el problema del último porqué y de la existencia o no de un sentido final.

Ante la problemática que nos plantea la educación laicista, en la que Dios no cuenta para nada, podemos preguntarnos si es adecuada una educación en la que Dios no esté. Es indiscutible que antes de optar por Dios o contra Él, ateos y creyentes podemos encontrarnos colaborando juntos en defensa de la dignidad humana y en la tarea de transformar el mundo. Pero antes o después tendremos que plantearnos el problema del último porqué y de la existencia o no de un sentido final. Quien no acepta a Dios y la existencia de una verdad universal tiene que escoger como valores supremos realidades como el dinero, el placer, el poder, valores que en modo alguno pueden identificarse con Dios, cosa que no sucede con aquellos que escogen como meta de su vida a Dios, la Verdad, la Justicia o el Amor, que son valores supremos que sí pueden identificarse con Dios.

En 1937, en su Encíclica Mit brennender Sorge contra el nazismo, Pío XI escribía: “Sobre la fe en Dios, genuina y pura, se funda la moralidad del género humano. Todos los intentos de separar la doctrina del orden moral de la base granítica de la fe, para reconstruirla sobre la arena movediza de normas humanas, conducen, pronto o tarde, a los individuos y a las naciones a la decadencia moral. El necio que dice en su corazón: ‘No hay Dios’ se encamina a la corrupción moral (Sal 13[14],1). Y estos necios, que presumen separar la moral de la religión, constituyen hoy legión. No se percatan, o no quieren percatarse, de que, el desterrar de las escuelas y de la educación la enseñanza confesional, o sea, la noción clara y precisa del cristianismo, impidiéndola contribuir a la formación de la sociedad y de la vida pública, es caminar al empobrecimiento y decadencia moral. Ningún poder coercitivo del Estado, ningún ideal puramente terreno, por grande y noble que en sí sea, podrá sustituir por mucho tiempo a los estímulos tan profundos y decisivos que provienen de la fe en Dios y en Jesucristo” (n. 34).

Pío XI desde luego tenía razón. La decadencia moral de que hablaba se ha concretado en los genocidios marxista y nazi, así como el genocidio actual del aborto y el que quieren aprobar de la eutanasia. No conformes con ello, y como consecuencia directa y querida del laicismo y de la ideología de género, pretenden también destruir el matrimonio, la familia y corromper a los educandos con la promiscuidad sexual, en la que algunos incluyen hasta la pederastia.

Afirmamos, aunque algunos piensen otra cosa, que no existen ni una enseñanza ni una educación neutra, pues siempre hay en juego una serie de valores explícitos o implícitos, que eso sí, pueden ser positivos o negativos. Mucho me temo que unos padres o educadores que pasan de Dios, sólo pueden educar a sus educandos en valores puramente materiales. La educación debe estar al servicio de la verdad, enseñando ante todo qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, y tiene como objetivo un proceso de maduración o de crecimiento y construcción de la personalidad, y como lo que da sentido a la vida es el amor, educar es transmitir lo mejor que uno ha adquirido a lo largo de la vida, lo que supone fundamentalmente enseñar a amar.

Educar es, ya desde la infancia, sembrar ideales, formar criterios y fortalecer la voluntad, pues todo aprender supone un esfuerzo. La educación ha de ser integral, es decir, afecta a todas las dimensiones humanas, como lo racional y afectivo, lo intelectual, lo religioso y moral, lo temporal y lo trascendente. La función de la educación no es sólo instruir o transmitir unos conocimientos, sino formar el carácter capacitando para el sacrificio, así como enseñar los valores y comportamientos, inculcando el sentido del deber, del honor, del respeto, convenciendo y persuadiendo gracias a un diálogo abierto y permanente, mejor que imponiendo. “La educación consiste en que el hombre llegue a ser cada vez más hombre, que pueda ser más y no sólo que pueda tener más” (San Juan Pablo II, Discurso en la Unesco, 1980). Educar es tener una idea precisa del modelo de persona que se persigue, es decir, enseñar el significado de la vida, el porqué y para qué vivir, lo que propicia el desarrollo de la persona.

La pregunta que podemos por tanto hacernos es: ¿qué papel juega Dios en nuestra educación? Ante todo recordemos que, como nos dice San Juan: “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8 y 16), siendo la más importante manifestación del amor de Dios hacia nosotros la venida de Jesucristo al mundo para redimirnos y salvarnos. La fe nos enseña no sólo que la vida tiene sentido, sino cuál es ese sentido.

Nuestra educación en la fe ha de partir de la vida, de modo que podamos participar plenamente en la comunidad eclesial y sepamos asumir consciente y cristianamente nuestro compromiso temporal. Necesitamos una visión de la vida llena de significado, en la que la fe, el amor y la entrega a los demás son los que la llenan de sentido. El objetivo de la educación cristiana no es sólo formar individuos útiles a la sociedad, sino educar personas que puedan transformarla. El proyecto de vida cristiano supone ante todo el convencimiento de que lo que Dios quiere y pretende de nosotros es nuestra propia realización y perfección humana, que es además el paso necesario para iniciar una transformación positiva del mundo. Ello se consigue por la apertura a la generosidad y a la trascendencia y como la gracia se edifica sobre la naturaleza, y desde luego no aceptamos la afirmación de Zapatero que la ley natural es una reliquia ideológica y un vestigio del pasado: si nos sabemos queridos por Dios, respondemos también con nuestro cariño y oración a esa llamada de Dios, sabiendo aceptarnos a nosotros mismos pese a nuestras limitaciones, fallos e incluso pecados, llegando así a la autoestima, confianza y seguridad personal.

Fuente: https://www.religionenlibertad.com/dios-educacion-60928.htm

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La educación como herramienta para una mejor ciudad

Por: ARMANDO AHUED

De forma contundente me he pronunciado por la inclusión de la materia de salud en el sistema educativo del país. Lo considero un eje estratégico del nuevo modelo de salud CDMX, se trata de proveer de herramientas a los que participan para transformar una realidad social, es un llamado a la corresponsabilidad en la que los ciudadanos, las instituciones educativas y los sistemas de salud existentes nos tenemos que sumar. Hay que cruzar estrategias y trabajar en conjunto para revertir las tendencias en los problemas de salud que hoy nos ocupan.

El tema de la educación es pilar en el desarrollo de cualquier capital y de cualquier país, es necesario transformar los objetivos a las nuevas necesidades. Las poblaciones crecen, los presupuestos nunca son suficientes, las necesidades son mayúsculas. El desarrollo social es la base del cambio, la educación es el motor transformador. La salud es la herramienta para poder lograr cualquier acción.

Apostarle a la educación es un camino transitado por distintas capitales en el globo  terráqueo. Los resultados son a mediano plazo y ya se cosechan resultados. En la Ciudad de México desde hace más de diez años nos dimos a la tarea de generar libros para distribuir de forma masiva. Los temas impresos, son los que en salud visualizábamos serían un problema a futuro. Nuestra apuesta fue acertada y hoy continuamos poniendo el dedo en el renglón. La educación en materia de salud la vamos a intensificar, la seguiremos llevando a las escuelas, a los centros de trabajo, a las plazas, a una nueva plataforma digital para que toda la población de la Ciudad de México y del país, si así lo desean, pueda consultar y descargar materiales para cambiar hábitos y estilos de vida más saludables, poner al alcance investigaciones certificadas y poder compartir conocimiento con sus hijos, sus alumnos, sus vecinos, con todos y todas.

La educación debe ser eje en todas las acciones y políticas públicas de nuestra CDMX. En igualdad, en equidad, en transparencia y, por supuesto, en salud. En nuestra área de promoción de la salud seguiremos haciendo un llamado a la activación física, es un factor para la recuperación del espacio público y una forma de aportar como peatones al modelo de movilidad, es también una acción responsable para nuestro medio ambiente.

La educación vial aporta de igual manera a reducir las muertes por hechos de tránsito, un tema directamente vinculado a la salud. En seguridad, la educación es fundamental, desde fomentar la denuncia hasta apostarle a la educación como elemento del modelo de reinserción.

La educación como instrumento de prevención en materia de drogas es trascendente; apostarle a generar herramientas educativas para todas las generaciones nos dará un resultado positivo con el tiempo. En materia ambiental, la educación es fundamental. El correcto manejo de residuos, la conciencia en el uso de recursos naturales y todas las prácticas que ayuden a mejorar la calidad del aire, de las aguas y el cuidado de la tierra van a impactar de forma directa en nuestra salud. Si hay salud, hay bienestar; si hay bienestar, hay desarrollo y crecimiento.

La educación es el eje. En salud lo tenemos claro y lo estamos implementando. Hoy podemos hacer mucho por los nuestros. Vamos a compartir conocimiento y buenas practicas. Cuidar nuestra salud es el camino. Con la filosofía del nuevo modelo de salud, sigamos el llamado a seguir creando e implementando políticas públicas donde la educación sea eje para generar conciencia y lograr una mejor CDMX, una ciudadanía participativa y una sociedad generadora del cambio que ya hemos iniciado.

Fuente del Artículo:

http://www.excelsior.com.mx/opinion/armando-ahued/2017/11/26/1203622

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El grito de la Pachamama: ser mujer y defensora del medio ambiente

Por: Azul Crudo

En América Latina, la lucha de los pueblos en defensa de las tierras, bosques y agua contra las pretensiones extractivas de trasnacionales de transformarlos en industria, tiene también una reacción machista. Las defensoras de la vida y la naturaleza, por ser mujeres sufren una persecución particular, cuyas principales características son la estigmatización, la violencia sexual y psicológica y hasta la muerte.

 

Estigmatización, acoso permanente, manoseo durante detenciones ilegales, violaciones y hasta asesinatos son algunos de los vejámenes que sufren las mujeres que militan en defensa del medioambiente en América Latina. En la lucha por defender la tierra y la naturaleza, muchas veces las que resisten, acampan, hacen plantones, enfrentan en la primera línea a ejércitos, policías o retroexcavadoras, son mujeres. En algunos casos esta resistencia las ha transformado incluso en víctimas de asesinatos.
El caso más emblemático es el de la líder indígena hondureña Berta Cáceres (véase nota en página 17). Pero entre las ambientalistas que siguen vivas se destaca la peruana Máxima Acuña, agricultora que sigue siendo blanco de persecución por vivir en un terreno cerca de donde la minera Yanacocha quiere llevar adelante su emprendimiento extractivista. Hasta el día de hoy, funcionarios de la empresa continúan ingresando a su vivienda y rompiendo sus cultivos.
En sus cuerpos las defensoras del medioambiente encarnan a la Pachamama. Defender los territorios que habitan desde tiempos ancestrales, por pertenecer a comunidades indígenas y campesinas, es defender la vida. A quienes tienen el poder hegemónico, androcéntrico y masculinizante, por supuesto que les molesta que sus adversarias sean unas mujeres que se corren del rol tradicional de servidumbre y entrega para encabezar las luchas por la defensa del agua, del alimento, de lo comunal. Y por eso los métodos para intimidarlas son diferentes a los que se aplican contra los hombres.
La socióloga Jessenia Cassani, de la organización feminista peruana Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Demus), señaló recientemente –a fines de octubre, en una de las sesiones públicas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Montevideo– que las militantes mujeres en conflictos socioambientales son acosadas y atacadas de manera diferente por ser mujeres, y que esta persecución se manifiesta en violencia física, psicológica y sexual, de la que son víctimas “de manera permanente y cotidiana”.
“La violencia sexual es un mecanismo que han utilizado los agresores para neutralizar la labor de defensa de estas mujeres”, agregó la activista. Los agresores suelen ser empleados de las trasnacionales, el propio Estado a través de sus fuerzas de seguridad, e integrantes del sistema judicial, haciendo un uso arbitrario del sistema penal.
 
Manoseo
La violencia sexual contra las mujeres es común en los contextos de protesta, explicó Cassani: “Los ataques represivos van dirigidos (con golpes) a sus senos y nalgas para neutralizarlas en ese momento de lucha y en el ejercicio de su derecho a la protesta. En las detenciones se producen amenazas de violación, inspecciones de genitales y pechos y exhibición de ropa interior”, agregó. Emperatriz Bolaños –de Defensores de Lagunas de Conga, en Perú– lo vivió en carne propia cuando el personal de la minera Yanacocha amenazó con violarla. También le mataron a sus dos perros, y las autoridades no le tomaron la denuncia. Bolaños denunció en la misma audiencia de la Cidh otras prácticas intimidatorias comunes: “Nos quieren reubicar, y en nuestra comunidad hay ancianos, hay discapacitados, gente que no está acostumbrada a la ciudad.
El gobierno no hace nada por nosotros, al contrario: manda a la policía a que nos reprima, manda a la policía a que mate, a que nos saquen, y eso no es justo”. Según Cassani, “el despojo, desalojo y desarraigo de sus tierras es otro impacto de género”, las mujeres son desplazadas “muchas veces a zonas urbanas donde están en mayor indefensión por las desigualdades económicas, el racismo y el machismo existentes en nuestras sociedades, sumado a la cultura de violación imperante en nuestro país”. Mientras no existan estadísticas oficiales sobre los múltiples ataques que sufren las mujeres, estas violencias seguirán invisibilizadas y no será posible generar “un diagnóstico claro y normativas y políticas públicas eficientes que puedan garantizar el derecho a una vida libre de violencia”, insistió.
Para la abogada peruana Mirtha Vásquez, que defiende a Máxima Acuña y participó en la misma audiencia, es un problema cuando estas agresiones no son juzgadas como actos de violencia basada en género. Aunque en Perú exista la ley 30.364 “para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres e integrantes del grupo familiar”, el Ministerio Público suele definir la violencia contra las mujeres sólo como “aquella que se comete en el marco de las relaciones familiares, y que sólo se produce en el cuerpo de las mujeres, desconociendo los contextos y las características de las violencias”, afirmó la abogada. En las salas de audiencias de los tribunales, por ejemplo, a las mujeres que están brindando su testimonio no las dejan amamantar a sus bebés.
 
“Femicidio político”
La lucha que dio Berta Cáceres era a la vez anticapitalista, antirracista y antipatriarcal, señala Laura Zúñiga Cáceres, una de sus hijas, en diálogo con Brecha. Al asesinato de su madre lo califica como un “femicidio político”. “El asesinato de mi mami fue con saña, dirigida a ella porque lo que más generaba ruido era que fuera una mujer la que los desafiaba. En un contexto tan machista como el de Honduras, el papel de la mujer siempre está relegado a lo privado y a la servidumbre. Cuando alguien se rebela ante ese papel eso genera más odio”, señala Laura Zúñiga. A su madre “la describían como ‘bruja, puta, loca’”, recuerda. Y luego de muerta su condición de mujer también incidió en la caracterización del crimen que hicieron tanto las autoridades como la empresa: “A pesar de que su trabajo era peligroso, de que había tenido 33 amenazas de muerte entre 2013 y 2016, la primera hipótesis que presentó el Ministerio de Seguridad fue que había ocurrido un ‘crimen pasional’”.
Además, subraya, la empresa Desa –que estaba detrás del proyecto hidroeléctrico contra el que luchó Berta Cáceres– intentó deslindarse del asesinato argumentando públicamente que se trataba de un crimen “de faldas”. “Siendo ella defensora, lo primero que hay que buscar en estos hechos son las causas relacionadas con su trabajo, con la persecución que ha sufrido. A través de una lucha muy fuerte de organismos internacionales se logró desmontar esa intencionalidad de vincular (el asesinato) a su intimidad, de investigar a su ex pareja y deslegitimar su lucha por ser mujer. Por eso decimos que es un femicidio político: porque el crimen ha tenido motivaciones de odio por ser mujer”, asevera.
Zúñiga dice que su madre “fomentaba y demostraba que las mujeres podemos liderar y que los hombres pueden ser liderados por una mujer. Hizo que las comunidades comenzaran a pensar en la posibilidad de tener un liderazgo femenino”. Es precisamente el caso de Elvia Dagua, referente ecuatoriana en lucha contra la instalación del proyecto Mirador, de minería a cielo abierto, que se desarrolla en la zona sur de la Cordillera del Cóndor, en Ecuador. En 2015 el gobierno ecuatoriano le dio a la minera china Ecuacorriente SA (Ecsa) una concesión por 30 años.
Y en diciembre de 2016 la empresa logró desplazar a la comunidad shuar Nakints para imponer su proyecto de extracción de cobre, contando con el aval del gobierno. Con la mano represiva del Ejército destruyó casas, expulsó a más de 500 indígenas a la selva, los dejó sin alimentación ni escuelas y alambró el terreno para montar el campamento minero. Tras semanas en la selva y luego de la muerte de una bebé de tres meses por enfermedad, las mujeres y niños shuar se refugiaron en un pueblo vecino que, el 22 de octubre pasado, fue militarizado como forma de presionar y detener a quienes resistían. Los hombres permanecen clandestinos y pasan hambre.
La representante de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonia Ecuatoriana (Confeniae) no duda en responsabilizar al gobierno de Rafael Correa: “Hacia el exterior él habla del buen vivir, pero a las comunidades indígenas nos dividió y sólo produjo el mal vivir. Para hacer negociados con empresas mineras y petroleras él trataba de comprar la conciencia de los líderes más débiles de las comunidades indígenas, y nosotros, desde las bases, somos la mayoría, y nos opusimos al Estado ecuatoriano porque los territorios son nuestros”, dijo a Brecha.
Hostigamiento
Las amenazas y campañas de difamación en las redes sociales, medios de comunicación y en las comunidades son otra forma de violencia machista que sufren militantes como Máxima Acuña, a quien suelen calificar como “Máxima Farsa” o “Máxima Estafa”. Acuña es objeto de insultos y difamación, de incitaciones al odio y de amenazas de atentados contra su vida, por ejemplo con mensajes como “Minera Yanacocha. La bala cuesta un sol. Muerto el perro se acabó la rabia”.
La activista, quien lucha desde 2011, ha sido declarada inocente de los delitos por los que la minera la había acusado, como la usurpación del terreno en el que ella vivió toda su vida. Hace 15 días la justicia civil peruana declaró improcedente la medida cautelar que la empresa había solicitado para impedir que trabajara en su tierra. Sin embargo, relató su abogada, “está agotada en su esfuerzo” contra el proyecto minero. Según Vásquez, Acuña le expresó: “La vida se me está yendo en defender esto y ya ni la justicia nos defiende”, porque no actúa ante las denuncias que ha presentado por hostigamiento constante en su finca.
“Además de haber sido atacada físicamente años atrás, Máxima no puede volver a vender sus productos porque la propia gente de la comunidad la ataca, como consecuencia de las campañas de desprestigio de las que es objeto”, comentó a Brecha su abogada. Y sin embargo, relató recientemente Vásquez en una carta pública en NoticiasSer.pe, cuando le ha preguntado si quiere dejarlo todo y bajar los brazos después de haber sufrido tanto y logrado mucho, la activista le respondió: “No importa ya el terreno ni el daño que me siguen haciendo; a ellos se les sigue yendo el alma por quitarme Tragadero, tal vez lo logren alguna vez. Recibir dinero a cambio de dejarlo, a cambio de mis derechos, para olvidar mi sufrimiento, eso jamás.
Tal vez decida irme cuando mi cuerpo ya no aguante. Yo he ganado, yo demostré que las lagunas, que la tierra, que la dignidad del pobre no tienen precio, su oro no ha podido comprarme”. Para Laura Zúñiga “el sistema capitalista sigue necesitando energía y avanza sobre (…) los territorios indígenas preservados. La batalla de estos pueblos es por la vida, y vemos formas repetidas de criminalización en su contra, campañas de desprestigio, asesinatos”. En este contexto, dice, el desafío es “definir en conjunto cómo vamos a enfrentar estos ataques”.
Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=234876
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Hacia una nueva narrativa de la reforma educativa

Por: Miguel Ángel Pérez

Uno de las grandes elementos que demostró el pasado Congreso Nacional de Investigación Educativa (SLP, 2017), es que el discurso de la reforma educativa y su pieza central el modelo educativo, son discursos gastados, sin congruencia ni pertinencia para la realidad del país, que no tiene nada de estructural y que no cumple con los fines que anunciaba desde su origen (mejorar la calidad educativa) y cuyos ejes de desarrollo están centrados en la evaluación (como obsesión), en la reconfiguración del tratamiento de los docentes al ser profesionales de la educación y convertirlos ahora en empleados o trabajadores de segunda sin derecho a la voz y restringidos de sus derechos laborales y al alineamiento de las políticas educativas con las sugerencias e imposiciones emanadas de los llamados organismos internacionales con la OCDE a la cabeza.

De esta manera la reforma educativa mexicana (2013-2017) no sólo es fácilmente predecible en su fracaso, sino también ausente de creatividad e innovación para llevar a nuestro país a un mejor estadio educativo.

Es por ello que requerimos de una nueva narrativa pedagógica que nos lleve a mirar la puesta en marcha de una reforma educativa (en construcción), llena de frescura y de ideas surgidas desde abajo o desde el corazón mismo de la experiencia de los y las educadores y que recupere lo valioso del pasado de la educación en nuestro país.

Se criticaba en San Luis Potosí que los artífices (los brillantes autores del modelo educativo), habían recurrido mayoritariamente a autores y referencias extranjeras y en otros idiomas con la supuesta intención de prestigiar el modelo, los autores mexicanos aun los especialistas y los que realmente saben del campo quedaron fuera de las referencias, de esta manera no sólo se ningunea la intelectualidad nacional, (pobre o rica pero producto de nuestras prácticas y tradiciones académicas locales) y se cree (erróneamente) que el prestigio y la solidez tienen que venir forzosamente desde afuera.

La nueva narrativa que de origen y curso de trabajo al diseño de un nueva reforma educativa, inicia con darle la voz a todos los actores que hasta ahora han sido silenciados, (docentes, intelectuales, investigadores, políticos, amas de casa, profesionistas de otros campos), el asunto de la educación pública en México es asunto del público en general, es decir la sociedad en su conjunto tiene algo que decir al respecto, ahí se teje el presente y el futuro de la educación de nuestros niños, niñas y jóvenes.

La nueva narrativa deberá pensarse a partir de reglas inéditas que hasta hoy no hayan sido prácticas en nuestro entorno, por ejemplo, permitiendo que las escuelas experimenten el tipo de modelo que quisieran practicar, respetando la autoridad profesional y académica de los y las docentes, teniendo a la evaluación como un componente periférico y no (como sucede ahora) que viene siendo la columna vertebral de la reforma. El punto central de la nuera narrativa de la reforma educativa por diseñarse pasa por responder a la siguiente pregunta: ¿cuál es el perfil, la identidad, los rasgos sociales bajo los cuales deseamos formar a los niños, niñas y jóvenes que actualmente asisten a las escuelas públicas y privadas de nuestro país, con la intención de formarlos como ciudadanos y ciudadanas que respondan positivamente a partir del fomento del pensamiento crítico a los retos de un sociedad en movimiento y que sean capaces de vivir armónicamente en la sociedad del siglo XXI?

Me parece que las respuestas a dicha pregunta servirán para darle cuerpo a un modelo educativo que hoy en día no tenemos pero que demanda la sociedad y el sistema educativo nacional.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/hacia-una-nueva-narrativa-de-la-reforma-educativa/

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