Page 940 of 2506
1 938 939 940 941 942 2.506

¿Por qué invertimos tan poco en educación inicial?

Por: Julián De Zubiría.

  • Nelson Mandela decía que podríamos conocer el alma de una sociedad mirando la manera como trataba a sus niños. Según eso, en Colombia tenemos un alma empobrecida. Lo grave es que al tratar así a nuestros niños elevamos la inequidad e impedimos el desarrollo

El impacto de la educación inicial ha sido estudiado a profundidad en las últimas décadas en el mundo. Uno de los estudios más reconocidos al respecto, fue adelantado por James Heckman, quien recibió el Premio Nobel de Economía en el año 2000. También fue evaluado en detalle por la Unesco en América Latina en sus tres Laboratorios llevados a cabo en las últimas décadas y por PISA en sus investigaciones sobre factores asociados al rendimiento escolar en jóvenes. La conclusión es la misma en todos los estudios: la educación inicial de calidad es una de las inversiones más justas e importantes que conozca el ser humano.

Nelson Mandela sostenía una tesis muy similar, aunque la expresaba en términos más poéticos: “No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad, que la forma en la que trata a sus niños”.

Heckman seleccionó aleatoriamente dos poblaciones pobres en EEUU, una de ellas recibió educación inicial de calidad y la otra no, y los siguió a lo largo de la vida. La conclusión fue abrumadora: los que tuvieron educación inicial, reprobaron menos años, alcanzaron mejores resultados académicos, mejor nivel en lectura y, como si fuera poco, fueron más sanos emocionalmente, presentaron menor agresividad y menor riesgo de adicción a las drogas. Una verdadera maestra, sabría por experiencia propia, que los niños que tienen educación inicial de calidad, logran un mayor desarrollo cognitivo, social y emocional. No obstante, esta idea se volvió un principio reconocido científicamente tan solo después de los hallazgos del premio nobel, uno de los cuales fue que, por cada dólar invertido en la educación inicial, se le ahorraría a la sociedad entre 7 y 21 dólares a mediano plazo. En sus términos: “Los remedios que se aplican tardíamente para compensar la desventaja inicial suelen ser costosos e ineficaces”.  Por eso concluye que es una de las inversiones más importantes para la sociedad.

¿Por qué pasa esto? Es relativamente sencillo de explicar: los primeros cinco años son decisivos para la construcción de la arquitectura cerebral, determinar el número de neuronas y, muy especialmente, garantizar las conexiones sinápticas entre ellas. Es el momento de mayor plasticidad del cerebro. Por tanto, también de mayor aprehendizaje. Por esta razón son muy graves el hambre y la ausencia de educación de calidad en los años iniciales pues generan deterioros irreversibles en el cerebro de los menores. Esta dramática conclusión, se ha encontrado mediante el seguimiento a múltiples programas de alimentación con niños en África: cuando el apoyo se brinda después de los 5 años, el daño causado, ya es irreversible. Esta es una noticia especialmente injusta para 821 millones de seres humanos, que aún en pleno siglo XXI, se levantan todos los días con hambre, entre ellos, el 45 por ciento de los niños en África Subsahariana. En América Latina, 63 millones de personas siguen padeciendo hambre. En los niños, esto implica deterioros cognitivos para toda la vida, generados esencialmente por la desigualdad, ya que, no es un problema de falta de alimentos, sino de la inequitativa distribución y de una política pública obsesionada, casi siempre, con garantizar los privilegios para los poderosos.

En Colombia solo el 20 por ciento de los niños menores de cinco años reciben educación inicial, la cual solo se generaliza con el llamado “año cero” o año de ingreso al colegio “grande”; y, como suele pasar en países con Estados débiles, los más perjudicados son los niños de estratos 1 y 2, ya que la educación pública a la que tienen acceso es poca y de muy baja calidad. En sentido estricto los niños más pobres que alcanzan a recibirla, van a un Hogar atendido por “madres comunitarias” y no a un centro de desarrollo infantil. La cobertura a los cuatro años es tan solo del 13 por ciento. Así mismo, el 80 por ciento de la educación inicial en el país es privada. La educación que reciben los hijos de los estratos altos, en términos generales, tiende a ser de muy buena calidad: integral, con buena formación de las maestras y centrada en el desarrollo.

Lo anterior significa que en primero de primaria ya existe una acentuada inequidad en la sociedad colombiana entre los que tuvieron buena educación inicial y los que no la recibieron, a pesar de que tenían derecho. Además, como la educación pública básica es de tan baja calidad, esta inequidad se va agravando con los años y llegamos a una triste y muy paradójica conclusión: en Colombia el sistema educativo no disminuye, sino que agrava las inequidades, es decir, ¡cumple un papel esencialmente contrario al que se le asignó cuando fue creado!

La Ley General de educación de 1994 estableció que todo niño tenía derecho a tres años de educación inicial. Hoy, 25 años después, esto sigue siendo letra muerta para millones de niños. El Estado incumple lo establecido en la ley. En términos de Mandela, diríamos que tenemos un Estado que ha revelado que tiene un alma empobrecida.

En Colombia dedicamos muy pocos recursos a la educación inicial. Hasta el momento, tan solo invertimos por niño el 14 por ciento del promedio de los países de la Ocde; en la universidad, por el contrario, la situación mejora de manera importante al garantizar al menos el 60 por ciento de lo que invierten ellos por estudiante.

¿Por qué pasa esto? También es sencillo de explicar: los menores de cinco años no salen a protestar a las calles y no votan en las elecciones, por eso no se respetan sus derechos. Los jóvenes, como si lo hacen, logran revertir las políticas públicas. Como muchos otros, hoy quiero marchar por los menores de edad en Colombia, para que el lugar al que lleguen en la sociedad, no dependa de la cuna en la que nacieron.

El próximo 27 de octubre tenemos una excelente oportunidad para elegir candidatos que de tiempo atrás hayan estado comprometidos con la educación, y muy especialmente, con la inicial. Es por ello, que quiero compartir un mensaje que escribimos conjuntamente con Jesús Abad, el periodista gráfico que, con imágenes, le mostró al país hasta conmoverlo, los horrores de la guerra y, a pesar de esto, nos renueva la esperanza cada vez que lo volvemos a escuchar. Su exposición ‘El Testigo‘, es la más visitada en la historia colombiana y, para fortuna de todos, seguirá abierta al público. Vale la pena visitarla para escuchar la voz de las víctimas, casi siempre silenciadas. El mensaje conjunto, que también lo podrían firmar miles de colombianos, es el siguiente:

Sabemos que el voto es secreto. Sin embargo, no son secretas las intenciones de algunos de hacer trizas la paz, los bosques y la calidad educativa.

Por eso, los invitamos a votar este 27 de octubre por candidatos que defiendan la paz, la educación y la naturaleza.

Un abrazo,

Jesús y Julián

¿Usted lo firmaría?

Comparte este contenido:

Desafío chileno

Por: El País. 

 

Los gravísimos incidentes que se están produciendo en Chile —y que han causado al menos 11 muertos— están poniendo a prueba a las instituciones del país, que están obligadas a reaccionar dentro de los márgenes de la ley, con proporcionalidad y serenamente, transmitiendo a la ciudadanía el mensaje real de que Chile es una democracia asentada con capacidad legal y efectiva para hacer frente a este tipo de situaciones.

Es innegable que los hechos que se viven en Chile son de una extremada gravedad. Además de la pérdida de vidas humanas se han producido imágenes —la destrucción de una buena parte de la red de metro de Santiago, el saqueo de decenas de supermercados, locales de alimentación y otros negocios, y el incendio de vehículos tanto públicos como privados— imposibles de justificar en un país que no solo es una de las economías más prósperas del continente americano, sino un ejemplo para la región de estabilidad con un impecable ejemplo de ejercicio democrático desde que se restaurara la democracia tras la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Pero también es necesario analizar las causas de esta explosión de auténtica rabia social. La subida del precio del transporte en metro no ha sido más que la chispa que ha hecho estallar un conjunto de situaciones que durante años han hecho acumular un sentimiento de frustración de una proporción importante de la población que se siente al margen de la senda de desarrollo en la que se encuentra el país. Los escándalos de corrupción, las pensiones manifiestamente insuficientes, salarios precarios, un sistema educativo que necesita mejoras urgentes aplazadas de manera sistemática o el aumento de la inseguridad ciudadana son factores que el Gobierno chileno tiene que abordar con urgencia. Chile es uno de los países de Latinoamérica en los que su economía genera más riqueza, pero donde peor se distribuye. Nada de ello justificaría la violencia, pero igualmente sería errado ignorarla y considerar que lo que ocurre no tiene su trasfondo en un gran descontento. La desigualdad es exponencial; los perdedores son muchos.

El toque de queda decretado quizá sea una medida necesaria, pero es una excepcionalidad que debe ser revocada lo antes posible. Recuerda malos tiempos. La democracia chilena tiene recursos necesarios para restablecer la normalidad en las calles y abordar luego las causas de un malestar que está poniendo a prueba a sus instituciones. Esta será la clave para que Chile encare su futuro inmediato en el clima de entendimiento y prosperidad que presidió la transición a la democracia.

Fuente de la noticia: https://elpais.com/elpais/2019/10/21/opinion/1571673838_445503.html

Comparte este contenido:

Baja nota para los candidatos en educación

Por: Ricardo Braginsky.

 

El formato del debate no permite ahondar en propuestas profundas. Pero llama la atención la ausencia de los temas claves.

Si teníamos algunas dudas con respecto a la importancia que tiene la educación para los candidatos a presidentes -y sus equipos-, el debate del domingo pasado terminó de despejarlas. Ahora ya sabemos quepara ellos el tema no es relevante, definitivamente. A lo sumo la educación es una buena oportunidad para chicanear al contrario, para los eslóganes fáciles, para sacar el pecho en defensa de la “educación pública”. ¿Acaso alguien va a decir lo contrario?

Es cierto que el formato encorsetado del debate televisivo no permite ahondar en propuestas profundas. Pero en el tema de educación, simplemente no hubo ni una sola propuesta nueva. Como si entraran al túnel del tiempo, se habló de cosas como limitar por ley el derecho a huelga, volver a arancelar y limitar el ingreso a la universidad pública, volver a nacionalizar el sistema. Volver, volver y muy poco más. Y hasta hubo candidatos -como Lavagna y Gómez Centurión- a los que les sobraron largos segundos para hablar. ¿Es que no hay nada más para comentar?

Al contrario de lo que se suele decir, y de lo que ocurrió en años anteriores, el tema educación sí estuvo presente esta vez en la campaña electoral. Hubo acciones de ONG y universidades que lo impulsaron y, entonces, algunos candidatos tuvieron que apurar o improvisar algunas definiciones. Ahora lo que preocupa es la calidad de estas presentaciones.

Preocupa la ausencia de temas claves como los cambios que necesita la escuela secundaria para que no siga “expulsando” a los adolescentes o que los que la terminan puedan ingresar bien a la universidad o al mundo del trabajo; tampoco se habló sobre la posibilidad de pensar en un fondo contracíclico para garantizar en serio el financiamiento del sistema educativo; no hubo metas y plazos concretos para cumplir con la jornada extendida para el 30% de los alumnos de escuelas públicas primarias y universalizar el jardín de infantes como establece la ley; ni pasos para cumplir -como corresponde y se necesita- con la Educación Sexual Integral en todas las escuelas; o el diseño de una nueva carrera docente que estimule a la capacitación y al buen desempeño en el aula; sólo por citar algunos temas de los que no se habló.

Estimados, gracias por la participación, y por tomar el tema. Pero háganle al favor a los chicos y sus familias y, para la próxima,tómenlo con la seriedad que se merece.

Fuente del artículo: https://www.clarin.com/opinion/baja-nota-candidatos-educacion_0_XPczd0b_.html

Comparte este contenido:

Ser niño, niña o adolescente y padecer desnutrición

Por: Olga Isaza.

 

Hay tres estudios que se difundieron en las últimas dos semanas y que alertan sobre una de las problemáticas centrales que afecta a los niños, las niñas y adolescentes en Argentina: la malnutrición. El primero, es la medición de la pobreza que el INDEC actualiza cada seis meses. El segundo, la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS) que evalúa -entre otras cosas- los hábitos alimentarios de la población argentina, la ingesta de nutrientes y la lactancia materna. El tercero, El Estado Mundial de la Infancia 2019, un documento global que UNICEF publica todos los años y que, en esta edición, alerta específicamente sobre nutrición, malnutrición y hambre en el mundo.

La medición del INDEC confirmó la agudización en los últimos meses de la caída de los ingresos laborales, el desempleo y el aumento del costo de la canasta básica de alimentos. Según estadísticas oficiales, la pobreza afecta a más de la mitad de los 13.1 millones de niños, niñas y adolescentes del país. La pobreza en Argentina es un problema estructural (en 30 años no se ha podido perforar el piso del 30% de pobreza por ingresos en la niñez) y es la mayor deuda que la sociedad argentina tiene con la población de 0 a 18 años. #LaDeudaEsConLaNiñez es el hashtag de la campaña que impulsamos desde UNICEF, en el marco de las elecciones presidenciales, para que los candidatos prioricen en sus plataformas electorales propuestas de políticas públicas para “pagar” esta deuda con más educación, más salud, más protección frente a la violencia, más inclusión social, más derechos humanos. Es importante que los ciudadanos y ciudadanas tengan en cuenta estos criterios a la hora de decidir.

La pobreza es, para UNICEF y el Sistema de Naciones Unidas, mucho más que el nivel de ingresos que se percibe en un hogar. La pobreza es multidimensional: es la falta de oportunidades para que los chicos y las chicas acceden a la educación y aprendan, para que accedan a servicios de salud. Es la exposición que tienen a la violencia, son los entornos en los que viven (casas con pisos de tierra, barrios signados por la contaminación, falta de servicios cloacales). Todo eso es pobreza y también lo es que una niña, niño o adolescente sufra malnutrición, una epidemia silenciosa que se expande y afecta el presente y el futuro de las generaciones más jóvenes.

En Argentina aproximadamente 1,5 millones de niñas, niños y adolescentes residen en hogares cuyos ingresos no cubren una canasta básica alimentaria, lo cual implica serias restricciones en el acceso a alimentos básicos. La evidencia generada por UNICEF y organizaciones sociales indica que en los últimos meses aumentó la demanda en los merenderos y comedores comunitarios que, a su vez, sufren restricciones en materia presupuestaria que afectan tanto la cantidad como la calidad de las comidas suministradas. Es decir, los alimentos que reciben los chicos y chicas en los diferentes contextos donde transcurre su cotidianeidad no constituyen una dieta equilibrada y generan problemas de malnutrición: en un extremo de la balanza, niños y niñas con desnutrición y trastornos del crecimiento; en el otro, niños y niñas con sobrepeso y obesidad.

La segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (un estudio que en buena hora se hizo, después de 14 años) y el Estado Mundial de la Infancia 2019 convalidan esta tendencia epidémica en Argentina y en el mundo: el exceso de peso en la infancia y la adolescencia es un factor de riesgo que crece y es determinante de enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares y respiratorias. La ENNyS subraya que en Argentina hay más casos de sobrepeso y obesidad que de bajo peso y emaciación, y que la pobreza condiciona la calidad de los alimentos que se consumen. A modo de ejemplo, dice la ENNyS que sólo el 32,5% de la población de 2 años y más refirió haber consumido frutas al menos una vez por día durante los últimos tres meses: los encuestados del quintil más alto reportaron casi el doble de consumo de frutas que el quintil más bajo (45,3% vs. 22,8% respectivamente).

La malnutrición es -sin dudas- uno de los desafíos que enfrentará la próxima gestión presidencial en materia de salud pública. Saldar la deuda con la infancia y la adolescencia también es garantizar la seguridad alimentaria incluyendo la mejora de la cobertura y suficiencia de las prestaciones de protección social, para asegurar que las familias tengan acceso estable a alimentos frescos y de alta calidad. Dada la alta prevalencia de sobrepeso y obesidad, resulta clave -además- implementar medidas preventivas, como un sistema de etiquetado frontal de alimentos y bebidas que advierta con claridad aquellos que tienen exceso de sodio, azúcares libres y grasas. ¿Cuántos candidatos hablan de estos temas en sus plataformas electorales? ¿Cuántos electores se los demandan? ¿Estamos preparados para pagar #LaDeuda?

Fuente del artículo:https://www.clarin.com/opinion/nino–nina-adolescente-padecer-desnutricion_0_XLVhci2U.html

Comparte este contenido:

Educación de calidad: la llave de las oportunidades

Por: Jorge Eduardo Torres.

La educación es el camino para cumplir los sueños y proyectos de vida. Es el motor de la movilidad social para que las familias mejoren sus condiciones económicas hacia el progreso y la igualdad. La buena educación nos transforma como ciudadanos hacia el diálogo, la consecución de acuerdos y la expresión de genuina solidaridad. La educación es la llave de las oportunidades en una ciudad en la que Todos Podemos Ganar.

Nuestra mayor preocupación son los 411.000 jóvenes que no estudian ni trabajan, -los NINIS-, pues su situación los acerca a la ilegalidad y la delincuencia. En promedio, 1 de cada 2 estudiantes de colegios públicos y privados se quedan sin ingresar a la educación superior, agregando así 44 mil jóvenes cada año a la lista de los NINIS. A ellos se suman estudiantes que desertan, el 17,7 % de quienes ingresan a carreras universitarias, tecnológicas y técnicas.

Una parte de la solución consiste en fortalecer la jornada única en la matrícula oficial. Mientras los colegios privados cuentan con dicha jornada, sólo el 17 % de los estudiantes matriculados en colegios distritales gozan de ella. Y a menos horas de educación, menor rendimiento en las pruebas SABER. De hecho, apenas el 26 % de los estudiantes oficiales se ubicaron en los niveles superiores A y A+ en la prueba realizada en 2018, y están rezagados especialmente en áreas como Inglés y, en menor grado, Matemáticas, frente a los colegios privados.

La clave para alcanzar al 100 % jornada única y cerrar la brecha entre educación pública y privada es la construcción de nuevos colegios. Debemos resolver el déficit actual de cupos en localidades como Bosa, Suba y Kennedy, sino que debemos dar un salto cuantitativo en el total de colegios: 120 colegios nuevos son necesarios, lo que requiere una gestión rigurosa y transparente del suelo y la construcción.

Además de la infraestructura nueva debemos contar con suficientes maestros de calidad para lograr una jornada única de calidad. En Bogotá sólo el 37 % cuenta con formación en educación superior y el 4 % participa de la jornada única. El cuello de botella está en la vinculación de más maestros mejor formados en una jornada que alarga sus horas de trabajo oficial.

La otra cara de la moneda está en el hecho de que Bogotá se convirtió en La Meca de la Educación Superior del país, con más de 800 mil estudiantes matriculados, una tendencia creciente que contrasta con la tendencia a la baja de la matrícula en el resto del país. Sin embargo, el 83 % de IES pertenecen al sector privado, y acoge aproximadamente el 70 % de la matrícula, que sólo en una baja proporción pertenece propiamente a universidades, mientras que el resto hace parte de Instituciones Universitarias o Escuelas tecnológicas.

La apuesta clave consiste entonces en darle un impulso importante a la educación superior pública, y en Bogotá ello se traduce en la inversión decidida en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Además, es necesario invertir más en becas de educación superior que apoyen financieramente las aspiraciones de nuestros jóvenes más pilos en las mejores universidades. En esa dirección, se dio un paso muy importante: fue aprobada la Nueva Estampilla Universidad Distrital, que no sólo salvó a esa institución de perder su principal fuente de financiación, sino que está inyectando $ 2,3 billones durante 30 años, como tal, a la Universidad Distrital (70 %) y a la sede Bogotá de la Universidad Nacional (30 %).

El siguiente reto que debemos abordar es el empleo de los jóvenes. Entre 2016 y 2017, el desempleo juvenil pasó de 15,1 % a 17,3 %, lo que en este último año representaba casi 235 mil jóvenes desocupados. Resulta frustrante para muchos que, tras largos años de formación, en su mayoría con un costo muy alto, el mercado laboral los reciba con tanta rudeza.

La educación técnica y tecnológica, y en general todas las Instituciones de Educación Superior –IES-, deben ampliar su oferta de cupos y permanecer conectadas a los nuevos retos del mundo empresarial, industrial y comercial. En este sentido, el papel del distrito consiste en orientar a los estudiantes en su tránsito escolar –desde la educación media- hacia la formación superior y el inicio del mundo laboral.

Por último, no siendo educación un privilegio, sino un derecho que nos debe abrir oportunidades a todos, también debemos apostar por los niños y jóvenes que por sus difíciles condiciones de vida se vieron expulsados del sistema educativo. Por esa razón, es necesario ampliar y fortalecer en este mismo sentido los modelos flexibles de educación para Extra-edad y la Escuela Pedagógica Integral del Instituto para la Protección de la Niñez y la Juventud –Idiprón-.

En conclusión, el mundo y las expectativas de las nuevas generaciones están en constante transformación, lo que nos exige repensar la educación bajo una visión que integre la realidad del mundo laboral y los sueños de todos. Pero, al mismo tiempo, la educación mantiene su valor por conducir a innumerables destinos en la vida gracias a que responde a una aspiración intrínseca a la humanidad, como lo es la búsqueda del conocimiento en la Ciencia, la Tecnología, la Ética y la Estética; en otras palabras, al desarrollo humano. Ese valor es el que debemos rescatar de la educación, con miras a no volver a ver a los jóvenes en la calle sin rumbo, con las manos en los bolsillos.

Fuente del artículo: https://www.kienyke.com/kien-escribe/educacion-de-calidad-la-llave-de-las-oportunidades-opinion-jorge-torres

Comparte este contenido:

Necesaria vuelta de tuerca a la educación

Por: Rafael Monje.

Solemos escuchar de manera generalizada que la base de una sociedad de progreso se basa en la educación –y así es-, pero, lamentablemente, con la educación se hace política partidista y no se acaba profundizando en el modelo que requiere una sociedad competitiva y transformadora. Cada vez tiene menos sentido relacionar la obtención de un título universitario con éxito profesional, ni mucho menos con la felicidad laboral y la buena remuneración económica. El sistema educativo adolece aún de una correcta planificación y de la imprescindible conexión entre el ámbito académico y el mundo empresarial. España cuenta con 82 universidades en total (50 públicas y 32 privadas) y la planificación de grados dista mucho todavía de ser la mejor vía para acceder al mercado de trabajo en condiciones dignas. La atomizada oferta docente mantiene facultades incluso con solo cinco o seis alumnos, sin tener en cuenta la adaptación que exige la veloz y cambiante demanda del mercado.

Conviene recordar que Castilla y León es la cuarta comunidad en número de universidades, por detrás de Madrid, Cataluña y Andalucía. Las cuatro universidades públicas y las cinco privadas ofrecen una abigarrada oferta de enseñanzas con cerca de 90.000 alumnos. Del total de jóvenes de entre 18 y 24 años que viven en Castilla y León, el 38 por ciento aproximadamente estudia en los centros universitarios de la Comunidad, lo que supone la segunda tasa más alta de España, cuya media roza el 30 por ciento. A ello hay que añadir que las universidades públicas cuentan con unos 6.200 profesores, mientras que otros 1.500 ejercen su actividad docente en las instituciones universitarias de carácter privado. Ni tampoco debemos olvidar que en las públicas trabajan otras 3.000 personas dentro de los llamados departamentos de administración y servicios. Todos estos datos no son otra cosa que la constatación de que el ámbito de la universidad en general, cuyas competencias están transferidas a las comunidades autónomas, requieren una vuelta de tuerca racional y real para que los centros de enseñanza superior no sean fábricas expendedoras de desempleados de larga duración.

No se trata de poner en tela de juicio la misión esencial de las universidades: ofrecer a los estudiantes una docencia de calidad que les capacite para asumir una vida profesional de éxito, sin menospreciar la misión científica e investigadora y la transferencia de conocimiento inherentes a estos centros. Como tampoco se trata de dudar sobre el legítimo liderazgo social que ejercen, ni menospreciar su labor a favor de la vertebración de un territorio tan extenso como el nuestro. Pero convendrán conmigo en que la endogamia y el inmovilismo no son precisamente los mejores aliados para estrechar la brecha entre oferta académica y acceso al mercado laboral.

Sin duda, lo sensato sería reforzar aquellos grados que den respuesta a las exigencias del mercado, generen empleabilidad y luchen contra la deslocalización del talento.

Y junto a lo anterior, el país en general y Castilla y León, en particular, tienen el desafío de potenciar otros niveles educativos tan excelentes como los estudios universitarios y con mayor capacidad de inserción en el mercado de trabajo. La formación profesional dual supone el mejor antídoto no sólo ya contra la falta de oportunidades laborales, sino contra el propio fracaso escolar. Bien haría la Junta de Castilla y León en promover un auténtico plan al respecto como lo tiene el País Vasco, sin que las iniciativas en este sentido deban pasar por el consenso de hasta cuatro consejerías diferentes (Educación, Industria, Empleo y Agricultura). Así, la eficiencia y la capacidad ejecutiva pueden quedar diluidas mientras las empresas de la región demandan determinados conocimientos para desempeñar nuevos puestos de trabajo imposibles de cubrir con la actual oferta educativa.

Fuente de artículo: https://www.laopiniondezamora.es/opinion/2019/10/19/necesaria-vuelta-tuerca-educacion/1198056.html

Comparte este contenido:
Page 940 of 2506
1 938 939 940 941 942 2.506