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La idea socialista ante la cuarta revolución industrial

Por: Luis Bonilla-Molina.

El capitalismo está obligado a revisar de manera permanente sus dinámicas para mantener su hegemonía y para ello no tienen prejuicios ni reparos en romper sus premisas y explorar nuevos caminos. Cada vez que desde el campo popular y revolucionario se le asesta un golpe a la lógica del capital, éste muta y explora nuevas formas, rutas y dinámicas.

Marx era consciente de ello y por ello trabajó la contradicción como un mecanismo dialéctico de aprendizaje continuo y permanente en la izquierda revolucionaria. Sin embargo, una visión mecánica respecto a la aproximación y mediación con la realidad, expresada en una mirada repetitiva de los ciclos históricos ha anidado en una parte importante de las izquierdas, conspirando en contra de su capacidad real para convertirse en dinamizadoras de la transformación en el siglo XXI. Ciertamente las izquierdas vivimos en el presente, una crisis de interpretación epocal.

La mayoría de los “clásicos” del marxismo fueron escritos en el contexto de la primera y segunda revolución industrial. La tercera revolución industrial y su impacto en el mundo capitalista por lo general ha sido trabajada de manera fragmentada, parcial y muchas veces inconexa con la dicotomía capital-trabajo y respecto a la ideología por parte de importantes sectores de las izquierdas. En muchos casos ello se debe a la preocupación que genera dejar a un lado interpretaciones y formulaciones teóricas que fueron efectivas en el pasado, pero que en el presente se constituyen en narrativas históricas importantes, pero de eficacia política limitada.

La teoría precedente construida al fragor de las dos primeras revoluciones industriales, resulta útil y potente solo si entre líneas somos capaces de develar el método interpretativo que llevó a su formulación en un momento dado, pero es limitada si queremos usarla como patrón para una acción en un nuevo tiempo histórico que no acepta calco ni copia.  Esto resulta especialmente dramático, cuando se trata de definir táctica política en medio de la revolución científica tecnológica que precede a la puesta en marcha de la cuarta revolución industrial.

Tercera Revolución industrial

Imagen relacionadaLa tercera revolución industrial se inicia en la década de los sesenta y tiene varios ciclos. El primero de ellos se nos presentó con la llegada de las computadoras que tenían más tamaño que capacidad de procesamiento, pero que implicaron todo un mundo de posibilidades para la producción industrial, la educación, el consumo, la gobernabilidad, la resemantización de la ideología ylas transformaciones de las relaciones sociales.

Luego vendrían los ciclos de los computadores de escritorio (´70s), las computadoras portátiles (´80s), internet con la World Wide Web (WWW) en los 90s, las redes sociales (primera década del siglo XXI) y la realidad virtual (segunda década del siglo XXI).  Todos ellos ciclos de la tercera revolución industrial.

Paralelamente a ello, el desarrollo de la informática profunda (macrodatos), la micro robótica, el conocimiento de la estructura genética humana, conectividad con lógica fractal y la digitalización de formas de inteligencia no biológica, abrían paso a una nueva revolución industrial.

Esto ocurría en un tiempo histórico tan breve, que buena parte de las izquierdasapenas estaban comenzando a problematizar las implicaciones de la tercera revolución industrial en el devenir de las políticas alternativas, cuando se nos anuncia un nuevo periodo de vínculo del conocimiento científico y la innovación tecnológica con el modo de producción capitalista.

La nueva política 2.0

Resultado de imagen para politica 2.0 En la reciente campaña electoral brasileña vimos que mientras la izquierda en el poder, se concentraba más en denunciar los fake news y el uso masivo de las redes sociales por parte de la extrema derecha y sus equipos, Bolsonaro pasaba personalmente un número importante de horas usándolas como un mecanismo para que sus mensajes llegaran a segmentos importantes de la población.

En medio de la campaña electoral 2018 la extrema derecha brasileña no teorizó sobre el impacto de la quinta generación de la tercera revolución industrial en la política, sino que trabajó en las nuevas dinámicas que ello implicaba.

Recuerdo que estando en Sao Paulo a una semana de las elecciones, pude constatar que eran múltiples las declaraciones reactivas de voceros del PT en todos los medios contra las perversiones de la política digital, en contraste con lo que hacía Jair Bolsonaro quien pasaba por lo menos una hora diaria en YouTube propagando sus mensajes acompañado de sonrientes jóvenes, además de contar con una estudiada y elaborada estrategia de intervención en twitter, Facebook, WhatsApp, Instagram, telegram, entre otras redes sociales.

Esto tiene mucho que ver con la precaria comprensión en las izquierdas sobre el impacto de las innovaciones científico tecnológicas que hemos conocido en el siglo XXI, en la cotidianidad de la acción política contestataria.

En contraposición, está lo ocurrido con la campaña de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), exitosa en el uso del mundo digital y virtual en la ruta a su triunfo. Este hecho, desde mi punto de vista, es más atribuible a la estrategia de un selecto grupo de asesores que a una definición teórico práctica de las izquierdas.

Muchas veces desde los pensamientos contestatarios se alude a limitaciones financieras para poder trabajar en este plano. Lo cierto es que no se trata de un tema de restricciones económicas, sino de la comprensión del fenómeno. De hecho, en la carrera por la silla presidencial mexicana en 2018, Anaya invirtió el 24% de su presupuesto de campaña en los medios digitales en contraposición a un 32% de lo usado por Meade y solo un 4% de AMLO.

La diferencia fue que mientras los dos primeros lo vieron como la extensión de la publicidad en el mundo digital, el tercero entendió que se trataba de nuevos espacios de diálogo e interacción política con los ciudadanos.

Sin embargo, si colocamos el debate en términos de campañas electorales exitosas o fracasadas, estaríamos desestimando el impacto del nuevo ciclo de la revolución industrial en la epistemología y accionar de lo político y, en la precaria reflexión de las izquierdas al respecto.

El problema es más estructural y tiene que ver con una especie de parálisis cognitiva que genera el requerimiento de construir nuevos referentes y producciones teóricas socialistas para actuar en la realidad, con narrativas y construcciones organizativas de nuevo cuño.

Podemos desestimar los procesos que construyen la ruta a la cuarta revolución industrial, pero ello solo puede tener expresiones alternativas y de justicia social si construimos teoría revolucionaria para actuar en esas realidades.

Cuarta Revolución Industrial

En 2011 en Hanover, Alemania se anuncian los preparativos para el desembarco de una nueva revolución industrial. La cuarta revolución industrial es el proceso de diseño y puesta en marcha de una reestructuración sin precedentes del modo de producción capitalista, usandonanotecnología, conectividad 5G, informática biológica basada en el conocimiento del genoma humano, capacidad de uso de la Big Data para el análisis masivo de datos de comportamiento del consumo de millones de usuarios.

Las posibilidades de extraer valor cuali-cuantitativo de la información contenida en estos macrodatos es inmensa y sin precedentes. Imaginemos la potencialidad, no solo empresarial sino en los distintos campos de la lucha social,de desagregar la data contenida en este nuevo desarrollo de la informática,donde se cruzan movimientos del mercado, con tendencias de consumo de masas y migraciones de capitales.

Esto puede ser usado por los gestores del capitalismo del siglo XXI no solo para hacer predicciones teóricas y de producción de mercancías, sino también entre otras muchas posibilidades, para la toma de decisiones en tiempo real sin intervención humana, sobre la producción y para construir un modo de gobernabilidad virtual. Nos estamos refiriendo al uso de inteligencia artificial basada en la valoración de los comportamientos humanos como patrones y singularidades, como continuos y rupturas.  Pero ¿y como pueden usar las izquierdas estas innovaciones para abrirle paso expedito a nuevas conquistas sociales?  Ese es el punto que me preocupa.

Las fábricas 4.0 emergen como el paradigma de este modelo capitalista en construcción que para Klaus Schwab, uno de los principales fundadores del Foro de Davos, implicaría que solo su desembarco dejaría a siete millones de trabajadores y obreros fabriles en condición de desempleados, en los quince países más industrializados del planeta. Ello ya de por sí debería estar generando no solo debates políticos en las izquierdas y la necesaria articulación de resistencias al respecto, sino también nuevas formulaciones teórico prácticas para continuar construyendo el socialismo en los nuevos contextResultado de imagen para fabricas 4.0os.  Pero esto está ocurriendo de forma marginal en las izquierdas.

No contamos con datos que nos permitan transpolar las predicciones que se hacen al respecto, parael mundo del trabajo de América Latina y el Caribe. Si bien no tenemos elementos para saber qué pasará con el empleo en nuestramérica, lo que sí es un hecho es qué en el camino que allana la llegada de la cuarta revolución industrial en la región, se ha generado una reestructuración del flujo de capitales y en la mirada empresarial global que está convirtiendo a este territorio, en el “áfrica del siglo XXI”.

Así como el siglo XX fue testigo de inversiones capitalistas importantes en ALC para el montaje de fábricas de ensamblaje de piezas y algunas industrias de procesamientos de materias primas, mientras África era visto como la meca de las materias primas baratas y sin muchas trabas legales para su exportación, en el siglo XXI los papeles pareciera que se están invirtiendo en esa relación.

El énfasis de la inversión capitalista para América Latina y el Caribe es ahora en materia de extractivismoy ha sido tan brutal en estas dos décadas,que su impacto es solo comparable y contrastable con el debilitamiento de la capacidad industrial instalada en este territorio. Si en el tiempo se continúa con esta tendencia, no es atrevido señalar que lo que estaría ocurriendo es que el capital está valorando a la región como lo hiciera en el siglo precedente con el continente de Mandela.

Cuarta revolución industrial e izquierdasResultado de imagen para cuarta revolución industrial y la izquierda

 La cuarta revolución industrial, implicaría una restructuración del modo de producción capitalista que colocaría a la clase obrera fabril en un segundo plano, pulverizando buena parte de la narrativa que hemos sostenido en los últimos siglos. El impacto de las innovaciones científico tecnológicas en el modo de producción capitalista, se nos presenta amenazante, con intenciones de diluir o por lo menos disminuir el papel del considerado sujeto histórico de las revoluciones.

Este proceso se podrá observar con mayor nitidez precisamente en los países industrializados.  Esto no significa el apocalipsis del pensamiento socialista, sino que este proceso nos obligará a repensar las expresiones y manifestaciones de la lucha de clases en el siglo XXI, tal y como en su momento las abordó Marx, a quien le correspondió analizar el impacto del desembarco de la primera y segunda revolución industrial en el capitalismo de ese momento.

Una reflexión sobre cuarta revolución industrial y socialismo no tendría sentido incluirla en el marco de un conjunto de ensayos sobre la izquierda en América Latina y el Caribe en el siglo XXI, a no ser por el precario estado de los debates que al respecto vienen dando las izquierdas en la región.

El cambio estructural en curso en nuestras sociedades capitalistas a finales de la década de los veinte del siglo XXI, demanda una nueva generación de teoría revolucionaria como en su momento la formularon Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Plejanov, James Cannon, Ludovico Silva, Ernest Mandel o Daniel Bensaid, para solo citar un pequeño puñado de socialistas revolucionarios. Insisto en el hecho que o bien la generación de rebeldes del presente asume la tarea o estaremos condenados a la marginalidad que le es propia a los grupos de propaganda o a la soledad que es inmanente a los arqueólogos de la idea socialista.

Fuente del  artículo: http://questiondigital.com/la-idea-socialista-ante-la-cuarta-revolucion-industrial/

 

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«Levanta tu voz con Malala: Una guía para emprender acciones por la educación de las niñas»

Por: CLADE.

Malala Fund da a conocer «Levanta tu voz con Malala: Una guía para emprender acciones por la educación de las niñas». Con historias reales de niñas que utilizaron tácticas exitosas para garantizar su derecho a la educación, la guía ofrece información y herramientas para que niñas de entre 13 y 18 años puedan actuar, expresarse y promover cambios.

Fuente del documento: Puedes solicitar la guía en español a través de este enlace: https://action.malala.org/girl-advocate-guide-spanish

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Francia: Los chalecos amarillos y las «lecciones de la historia»

Por: Gérard Noiriel.

El movimiento de los chalecos amarillos sitúa a los sindicatos y partidos de izquierda frente a sus responsabilidades

En un artículo de opinión publicado por el diario Le Monde (el 20 de noviembre de 2018) el sociólogo Pierre Merle escribe que “el movimiento de los «chalecos amarillos» recuerda a las jacqueries (1) del Antiguo Régimen y de los periodos revolucionarios”. Y se pregunta: “¿se pueden comprender todavía las lecciones de la historia?”.

Yo también estoy convencido de que poner en perspectiva este movimiento social nos puede ayudar a comprender. Es la razón por la que no me parece pertinente el término “jacquerie” (utilizado por otros comentaristas y sobre todo por Eric Zemmour, el historiador de Le Figaro recientemente consagrado por [la emisora de radio pública francesa] France Culture en el programa de Alain Finkielkraut que ilustra perfectamente el título de su libro sobre “la derrota del pensamiento”). En mi libro Histoire populaire de la France señalé que todos los movimientos sociales desde la Edad Media habían sido objeto de una intensa lucha entre los dominantes y los dominados a propósito de la definición y la representación del pueblo en lucha. La palabra “jacquerie” sirvió para designar los levantamientos de esos campesinos a quienes las élites apodaban “jacques”, término despectivo que volvemos a encontrar en la expresión [francesa] “faire le jacques” (comportarse como un campesino bruto y estúpido).

El primer gran movimiento social calificado de “jacquerie” tuvo lugar a mediados del siglo XIV, cuando los campesinos de la Isla de Francia se levantaron contra sus señores. La fuente principal que durante siglos alimentó la mirada peyorativa sobre los levantamientos campesinos de esta época es el relato de Jean Froissart, el historiador de los poderosos de su tiempo, escrito a lo largo de la década de 1360 y publicado en sus famosas Crónicas. Así es cómo Froissart presenta la lucha de estos campesinos: “Entonces se reunieron y se marcharon, sin otro consejo y sin armadura alguna aparte de barras de hierro y cuchillos, a casa de un caballero de vivía cerca de ahí. Destrozaron la casa y mataron al caballero, a la dama, a los niños, grandes y pequeños, y prendieron fuego a la casa […]. Estas malas gentes reunidas sin jefe y sin armaduras robaban y quemaban todo, y mataban sin piedad y sin compasión, como perros rabiosos. Y habían hecho a uno de ellos rey, como se dice de Clermont a Beauvoisis, y eligieron al peor de los malos; llamaba a este rey Jacques Bonhomme [palurdo]”.

Este desprecio de clase que presentaba al jefe de los jacques como “el peor de los malos” queda invalidado por los archivos que demuestran que los campesinos en lucha eligieron como portavoz principal a Guillaume Carle “que tenía conocimientos y hablaba bien”. En la misma época un tejedor, Pierre de Coninck, dirigió la lucha de los artesanos de Flandres. Se le describe así en Les Annales de Gand : “Pequeño de cuerpo y de pobre linaje, tenía tantas palabras y sabía hablar tan bien que era una maravilla. Y por eso los tejedores, los batanes y los esquiladores le creían y querían tanto que no podía decir o mandar algo que no hicieran”.

Se trata de una constante en la historia de los movimientos populares. Para que su lucha no fuera estigmatizada los rebeldes siempre eligieron unos líderes “respetables” y capaces de decir en voz bien alta lo que el pueblo piensa en voz baja. Otros ejemplos más tardíos confirman la importancia del lenguaje en la interpretación de las luchas populares. Por ejemplo, las élites llamaron al levantamiento que agitó todo el Périgord a principios del siglo XVI el levantamiento de los “croquants” [palurdos], término que los campesinos y artesanos rechazaron presentándose a sí mismos como personas de lo “común, del pueblo”. Este fue uno de los puntos de partida de los usos populares del término “commune” que fue retomado en 1870-71 en París por los “Communards” (2).

Los comentaristas que han utilizado la palabra “jacquerie” para hablar del movimiento de los “chalecos amarillos” han querido destacar un hecho indiscutible: el carácter espontáneo y no organizado de este conflicto social. Aunque la palabra sea inapropiada, es cierto que a pesar de todo existen puntos en común entre todas las grandes revueltas populares que se han sucedido a lo largo del tiempo. Basándome en los múltiples reportajes difundidos por los medios sobre los chalecos amarillos he constatado varios elementos que ilustran esta permanencia.

El principal concierne al objetivo inicial de las reivindicaciones: el rechazo de los nuevos impuestos sobre el carburante. Las luchas antifiscales han desempeñado un papel extremadamente importante en la historia popular de Francia. Incluso pienso que el pueblo francés se ha construido gracias al impuesto y contra él. Por consiguiente, el hecho de que el movimiento de los chalecos amarillos haya estado motivado por el rechazo de los nuevos impuestos sobre el carburante no tiene nada de sorprendente. Este tipo de luchas antifiscales siempre ha llegado a su paroxismo cuando el pueblo ha tenido la sensación de que debía pagar sin obtener nada a cambio. Bajo el Antiguo Régimen el rechazo del diezmo estuvo unido frecuentemente al descrédito que tenían los curas que ya no cumplían su misión religiosa y cuando los señores ya no garantizaban la protección de los campesinos a menudo estos se negaron a pagar nuevas cargas. No es casual, por lo tanto, que el movimiento de los chalecos amarillos se haya seguido particularmente en aquellas regiones en las que es más manifiesta la disminución de los servicios públicos. La sensación, muy compartida, de que el impuesto sirve para enriquecer a la pequeña casta de los superricos alimenta en las clases populares un profundo sentimiento de injusticia.

Por consiguiente, es cierto que estos factores económicos constituyen una de las causas esenciales del movimiento. Con todo, hay que evitar reducir las aspiraciones del pueblo a unas reivindicaciones únicamente materiales. Una de las desigualdades más importantes que penalizan a las clases populares concierne a su relación con el lenguaje público. Las élites dedican su tiempo a interpretar en su propio lenguaje lo que dicen los dominados haciendo como si siempre se tratara de una formulación directa y transparente de su experiencia vivida. Pero la realidad es más compleja. Basándome en los análisis de Pierre Bourdieu he demostrado en mi libro que la Reforma protestante había proporcionado a las clases populares un nuevo lenguaje religioso para nombrar unos sufrimientos que eran multiformes.

Los campesinos y artesanos del siglo XVI decían “me duele la fe en vez de decir me duele todo”. Hoy los chalecos amarillos gritan “me duele el impuesto en vez de decir me duele todo”. Evidentemente, no se trata de negar el hecho de que las cuestiones económicas son absolutamente esenciales porque desempeñan un papel determinante en la vida cotidiana de las clases dominadas. Sin embargo, basta con escuchar los testimonios de los chalecos amarillos para constatar la frecuencia de las declaraciones que expresan un malestar general. En uno de los reportajes difundidos por [el canal de televisión francés que emite noticias 24 horas al día] BFM-TV el 17 de noviembre el periodista quería a toda costa hacer decir a la persona a la que estaba entrevistando que luchaba contra los impuestos, pero este militante repetía sin cesar “Estamos hartos, hartos, hartos, hartos de todo”.

Que te “duela todo” también significa sufrir en la dignidad y por eso la denuncia del desprecio de los poderosos vuelve a aparecer casi siempre en las grandes luchas populares y la de los chalecos amarillos no hace sino confirmar la regla. Se han oído muchas declaraciones que expresaban un sentimiento de humillación, el cual alimenta el enorme resentimiento popular respecto a Emmanuel Macron. “Para él no somos más que mierda”. El presidente de la República ve así volver en bumerán el etnocentrismo de clase que analicé en mi libro.

No obstante, estas similitudes entre unas luchas sociales de diferentes épocas ocultan profundas diferencias. Me voy a detener un momento en ellas porque permiten comprender qué es lo específico del movimiento de los chalecos amarillos. La primera diferencia con las “jacqueries” medievales radica en el hecho de que la gran mayoría de las personas que participaron en los bloqueos del sábado pasado [17 de noviembre de 2018] no pertenecen a los medios más desfavorecidos de la sociedad. Provienen de medios modestos y de la pequeña clase media que posee al menos un coche, mientras que “la gran jacquerie” de 1358 fue un arrebato desesperado de los mendigos que estaban a punto de morir de hambre en un contexto marcado por la Guerra de los Cien Años y la peste negra.

La segunda diferencia y, en mi opinión, la más importante concierne a la coordinación de la acción. ¿Cómo logran unos individuos relacionarse entre sí para participar en una lucha colectiva? Es una pregunta trivial, sin duda demasiado banal como para que los comentaristas la tomen en serio. Y, sin embargo, es fundamental. Que yo sepa, nadie ha insistido en lo que es verdaderamente novedoso de los chalecos amarillos, a saber, la dimensión desde el primer momento nacional de un movimiento espontáneo. En efecto, se trata de una protesta que se desarrolló simultáneamente en todo el territorio francés (incluidos las provincias y territorios franceses de ultramar), aunque con una representación local muy débil. El día de acción reunió en total a menos de 300.000 personas, una cifra modesta comparada con las grandes manifestaciones populares. Pero este total es la suma de miles de acciones grupusculares repartidas en todo el territorio.

Esta característica del movimiento está estrechamente relacionada con los medios utilizados para coordinar la acción de los actores de la lucha. No son las organizaciones políticas y sindicales quienes lo garantizaron con sus propios medios, sino las “redes sociales”. Así, las nuevas tecnologías permiten volver a entroncar con las antiguas formas de “acción directa”, pero a una escala mucho más vasta puesto que relacionan a individuos que no se conocen. Facebook, twitter y los smartphones difunden mensajes inmediatos (SMS) sustituyendo así la correspondencia escrita, sobre todo los panfletos y la prensa militante que hasta ahora eran los principales medios de los que disponían las organizaciones para coordinar la acción colectiva; la naturaleza instantánea de los intercambios restituye en parte la espontaneidad de las interacciones cara a cara de antes.

Con todo, las redes sociales por sí solas nunca habrían podido proporcionar semejante magnitud al movimiento de los chalecos amarillos. Los periodistas destacan constantemente estas “redes sociales” para ocultar el papel que ellos mismos desempeñan en la construcción de la acción pública. Más precisamente, lo que ha dado a este movimiento su dimensión de inmediato nacional ha sido la complementariedad entre las redes sociales y las cadenas de información continua. Su popularización es en gran parte producto de la intensa “propaganda” orquestada por los grandes medios los días previos. Los grandes medios se hicieron cargo inmediatamente de este acontecimiento (que había partido de la base, primero en el seno de pequeñas redes vía facebook) y anunciaron su importancia antes incluso de que se produjera.

Las cadenas de información continua siguieron desde que comenzó el día de acción del 17 de noviembre, minuto a minuto, “en directo” (término que se ha convertido ahora en sinónimo de comunicación a distancia de acontecimientos que se están produciendo). Los periodistas que hoy en día encarnan el grado sumo del populismo (en el verdadero sentido del término), como Eric Brunet que hace estragos a la vez en BFM-TV y en [la emisora de radio privada franco-monegasca] RMC, no dudaron en lucir públicamente un chaleco amarillo transformándose así en portavoz autodesignado del pueblo en lucha. Esa es la razón por la que la cadena presentó este conflicto social como “un movimiento inédito de la mayoría silenciosa”.

Sería muy instructivo un estudio que comparara cómo trataron los medios de comunicación la lucha de los ferroviarios la pasada primavera y la de los chalecos amarillo. No se siguió de forma continua ninguna de las jornadas de acción de los ferroviarios y se acribilló a los telespectadores con testimonios de usuarios indignados con los huelguistas, mientras que se ha oído muy poco a conductores indignados con quienes bloqueaban las carreteras.

Estoy convencido de que el tratamiento mediático dado al movimiento de los chalecos amarillos ilustra una de las facetas de la nueva forma de democracia en la que hemos entrado y que Bernard Manin denomina la “democracia del público” (cf su libro Principe du gouvernement représentatif, 1995). Igual que los electores se pronuncian en función de la oferta política del momento (y cada vez menos por fidelidad a un partido político), los movimientos sociales estallan hoy en función de una coyuntura y de una actualidad precisas. Puede que con la perspectiva que nos ofrece el paso del tiempo nos demos cuenta de que la era de los partidos políticos y de los sindicatos correspondió a un periodo limitado de nuestra historia, la época en la que las relaciones a distancia se materializaban por medio de la comunicación escrita. Antes de la Revolución Francesa estalló una cantidad increíble de revueltas populares en el reino de Francia, pero siempre eran localizadas porque la forma de relación que permitía coordinar la acción de los individuos en lucha se basaba en relaciones directas: la palabra, el conocimiento mutuo, etc. El Estado real siempre lograba reprimir estos levantamientos porque controlaba los medios de acción a distancia. La comunicación escrita, monopolizada por los “agentes del rey”, permitía desplazar a las tropas de un lugar a otro para masacrar a los sublevados.

En esa perspectiva se puede considerar la Revolución Francesa un momento absolutamente particular ya que la antigua tradición de las revueltas locales se pudo combinar entonces con la nueva práctica de contestación transmitida y coordinada por la escritura (véase los cuadernos de quejas) (3).

La integración de las clases populares en el seno del Estado republicano y el nacimiento del movimiento obrero industrial hicieron disminuir las revueltas locales y violentas, aunque nunca hayan desaparecido totalmente (véase el levantamiento del “Midi Rojo” en 1907) (4). La politización de las resistencias populares permitió una dirección, una disciplina, una educación de los militantes, pero la contrapartida fue la delegación del poder a beneficio de los líderes de los partidos y los sindicatos. Los movimientos sociales que se sucedieron entre las décadas de 1880 y 1980 abandonaron la esperanza de una toma de poder por la fuerza, pero a menudo lograron que los dominantes cedieran gracias a unas huelgas con ocupación de las fábricas y gracias grandes manifestaciones que culminaron durante unas “marchas sobre París” (“de la Bastilla a Nation”).

Una de las preguntas que nadie ha planteado aún a propósito de los chalecos amarillos es por qué unas cadenas privadas, cuyo capital pertenece a un puñado de millonarios, fomentan hoy este tipo de movimiento popular. La comparación con los siglos precedentes lleva a una conclusión evidente. Vivimos en un mundo mucho más pacífico que antes. Aunque la jornada de los chalecos amarillos provocara víctimas, estas no fueron fusiladas por las fuerzas del orden. Son el resultado de los accidentes provocados por los conflictos que opusieron al pueblo bloqueador y al pueblo bloqueado.

Esta pacificación de las relaciones de poder permite a los medios dominantes utilizar sin riesgos el registro de la violencia para movilizar las emociones de su público porque la razón principal de su apoyo al movimiento no es político sino económico: generar audiencia mostrando un espectáculo. Desde primeras horas de la mañana BFM-TV señaló unos “incidentes”, después repitió machaconamente el drama de esta mujer atropellada por una conductora que se negaba a ser bloqueada. Una ventaja añadida para estas cadenas a las que se suele reprochar su obsesión por los sucesos, los crímenes y los escándalos sexuales: apoyando al movimiento de los chalecos amarillos han querido demostrar que no descuidaban en absoluto las cuestiones “sociales”.

Más allá de estos retos económicos, evidentemente a la clase dominante le interesa privilegiar un movimiento que se presenta como hostil a los sindicatos y los partidos. Es cierto que entre los chalecos amarillos existe este rechazo. Aunque sin duda no fue intencionado, la elección del color amarillo (en vez del rojo) y de la Marsellesa (en vez de la Internacional) recuerda desafortunadamente la traición de los “amarillos”, término que durante mucho tiempo designó a los sindicatos a sueldo de la patronal. No obstante, este rechazo de la “recuperación” política también se puede inscribir en la prolongación de las luchas que las clases populares llevaron a cabo desde la Revolución Francesa para defender una concepción de la ciudadanía basada en la acción directa. Los chalecos amarillos que bloquean las carreteras rechazando toda forma de recuperación de los partidos políticos asumen así confusamente la tradición de los sans-culottes (5) en 1792-93, de los ciudadanos-combatientes de febrero de 1948, de los Communards de 1870-71 y de los anarcosindicalistas de la Belle Epoque.

La utilización de esta ciudadanía popular siempre ha sido lo que ha permitido la irrupción en el espacio público de portavoces que estaban destinados socialmente a permanecer en el sombra. El movimiento de los chalecos amarillos ha hecho surgir gran cantidad de portavoces de este tipo. Lo que sorprende es la diversidad de sus perfiles y, sobre todo, la gran cantidad de mujeres, mientras que antes lo más frecuente era que la función de portavoz estuviera reservada a los hombres. La facilidad con la que estos líderes populares se expresan hoy ante las cámaras es una consecuencia de una doble democratización: el aumento del nivel escolar y la penetración de las técnicas de comunicación audiovisual en todas las capas de la sociedad. Hoy las élites niegan completamente este competencia, lo que refuerza la sensación de “desprecio” en el seno del pueblo. Aunque los obreros todavía representan el 20 % de la población activa, ninguno de ellos está hoy presente en la Cámara de los Diputados. Hay que tener en mente esta discriminación generalizada para comprender la magnitud del rechazo popular de la política politiquera.

Pero este tipo de análisis ni siquiera se les pasa por la cabeza a los “profesionales de la palabra pública” que son los periodistas de las cadenas de información continua. Al difundir de forma continua las palabras de los manifestantes que afirman su negativa a ser “recuperados” por los sindicatos y los partidos, prosiguen su propia lucha para apartar los cuerpos intermedios y para instalarse ellos mismos como portavoces legítimos de los movimientos populares. En este sentido avalan la política liberal de Emmanuel Macron cuyo objetivo es también desacreditar las estructuras colectivas de las que se han dotado las clases populares a lo largo del tiempo.

Dado el papel crucial que desempeñan actualmente los grandes medios en la popularización de un conflicto social, quienes los dirigen saben bien que podrán decretar el fin del recreo en cuanto lo consideren necesario, es decir, en cuanto la audiencia les exija que cambien de caballo para seguir estando en la vanguardia de la “actualidad”. En efecto, este movimiento está abocado al fracaso porque quienes lo animan están privados de toda tradición de lucha autónoma, de toda experiencia militante. Si el movimiento gana fuerza, chocará cada vez más con la oposición del pueblo que no quiere ser bloqueado y estos conflictos estarán presentes de forma continua en todas las pantallas, lo que permitirá al gobierno reprimir los abusos con el apoyo de la “opinión pública”. La ausencia de un marco político capaz de definir una estrategia colectiva y de nombrar el descontento popular en el lenguaje de la lucha de clases es otro signo de debilidad porque deja la puerta abierta a todas las derivas. A pesar de los historiadores (o de los sociólogos) que idealizan la “cultura popular”, el pueblo siempre está atravesado por unas tendencias contradictorias y unos juegos internos de dominación. Durante esta jornada de los chalecos amarillos se oyeron palabras xenófobas, racistas, sexistas y homófobas. Es cierto que eran muy minoritarias, pero basta que los medios se apropien de ellas (como hicieron desde el día siguiente) para que todo el movimiento esté desacreditado.

Sin embargo, la historia demuestra que una lucha popular nunca es completamente vana, ni siquiera cuando es reprimida. El movimiento de los chalecos amarillos sitúa a los sindicatos y partidos de izquierda frente a sus responsabilidades. ¿Cómo adaptarse a la nueva realidad que constituye la “democracia del público” para procurar que este tipo de conflicto social (que es de prever que se reproducirá frecuentemente) se integre en una lucha más vasta contra las desigualdades y la explotación? Esta es una de las grandes preguntas a la que tendrán que responder.

Notas de la traductora:

(1) Las jacqueries es el nombre con el que se conocen los levantamientos de los campesinos franceses contra sus señores en 1358, de donde pasó a designar los levantamientos campesinos en general. Como explica más adelante el autor, el nombre proviene del nombre de pila “Jacques” (Santiago, en castellano) con el que los nobles llamaban desdeñosamente a todos los campesinos. (N. de la t.).

(2) El término “commun” en francés tiene el sentido de lo que en nuestra lengua sería “pueblo”. El término “commune”, a su vez, tiene el sentido de “conjunto del pueblo”. Proviene de la palabra latina communia, “ reunión de personas que tiene una vida en común”. Es el nombre que adoptó la llamada Comuna de París (“Commune de Paris”) en 1870-71, cuyos miembros se llamaban “Communards” .

(3) Los Cuadernos de Quejas (“cahiers de doléances”) eran los registros en los que las asambleas que elegían a los diputados para los Estados Generales franceses escribían sus deseos y quejas. Su uso se remonta al siglo XIV. Los más conocidos son los de 1789.

(4) Se refiere a l levantamiento de los viticultores de Languedoc y los Pirineos Orientales (el “ Midi ” francés)en 1907 motivad o por una grave crisis vitícola en esta zona que se arrastraba desde principios de siglo . El movimiento fue reprimido por el gobierno de Clemenceau. Destacó la fraternización del 17 Destacamento de Infantería con los manifestantes en Béziers. La revuelta cesó el 29 de junio de 1907 tras la aprobación de la ley que regula la elaboración de los vinos franceses, todavía en vigor .

(5) Se llamaba así a los revolucionarios del inicio de la Revolución Francesa. La expresión hace referencia a que en vez de llevar el culotte , el pantalón corto que vestían los aristócratas, llevaban los pantalones largos que solía usar la gente del pueblo y los artesanos. Los sans-culottes formaron la mayor parte del ejército revolucionario durante la Revolución Francesa.

Fuente del artículo: https://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/francia-los-chalecos-amarillos-y

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Multiculturalidad en Japón: apoyar a los jóvenes con raíces internacionales

Por: Tanaka Iki.

Cada vez hay más niños en Japón que no hablan el japonés como lengua materna y necesitan recursos educativos especiales para aprenderlo. Sin embargo, la ayuda a estos menores se deja en manos de los Gobiernos locales, por lo que surgen diferencias abismales de servicios disponibles entre regiones. Garantizar a esa minoría infantil una educación adecuada a sus necesidades es el primer paso para que la sociedad japonesa sea capaz de integrar a la inmigración.

Trabajo para YSC Global School, una escuela gestionada desde 2010 por la organización sin ánimo de lucro Youth Support Center, que ofrece apoyo educativo especializado a niños y jóvenes con raíces internacionales. Los menores a los que asistimos presentan perfiles muy diversos, pero quisiera ilustrar la situación tomando como ejemplo a Mayuka (nombre ficticio), una niña nipoperuana de tercera generación que se trasladó a Japón con su madre cuando tenía 5 años. La pequeña ingresó en una guardería pública tras llegar al país y luego pasó a estudiar en la escuela primaria. En casa hablaba español, su lengua materna, mientras que fuera utilizaba siempre el japonés.

Como en su escuela no existían recursos especiales para aprender japonés, Mayuka no recibió ningún apoyo especial. Hablando se defendía hasta cierto punto, pero le costaba leer y escribir al nivel requerido para los estudios, y pronto empezó a quedar rezagada respecto al resto de sus compañeros. En los cursos superiores de primaria no entendía la mitad de las lecciones y empezó a desvincularse de la escuela. Como usaba menos el japonés en el día a día, su nivel oral se resintió y cada vez le costaba más asistir a clase.

“Yo diferente. Ayer, no sé”. Cuando conocí a Mayuka, terminaba de ingresar en la escuela secundaria y hablaba un japonés tan defectuoso que nadie hubiera dicho que llevaba seis años escolarizada en Japón. En ocasiones su expresión, una concatenación de palabras cortas pronunciadas con poca fluidez, resultaba tan caótica que era imposible saber qué pretendía decir. Había desarrollado una capacidad mucho mayor de expresarse en español, lengua que usaba en casa con su madre, pero aun así tampoco presentaba un dominio equiparable al de una niña de su edad en Perú, y prácticamente no sabía leerlo ni escribirlo.

Las personas como Mayuka, que no dominan ni el japonés ni el idioma materno al nivel que corresponde a su edad, no se consideran bilingües sino doblemente limitadas. No son capaces de expresarse con un nivel elevado de abstracción y experimentan dificultades para comunicarse.

Entrada en la difícil edad de la adolescencia, Mayuka sufrió una crisis de identidad y el estrés que no podía exteriorizar verbalmente la llevó a frecuentar las zonas de ocio y a terminar la escuela secundaria sin haber asistido casi a clase. Más tarde su familia se trasladó repentinamente, y solo podía seguir sus pasos a través de las redes sociales. Por esa vía me enteré de que había tenido un hijo. Después dejó de escribir en las redes sociales, y ahora no tengo forma de saber de ella.

Diferencias de recursos entre regiones

En el año 2016, los centros públicos de primaria, secundaria y bachillerato de todo Japón tenían más de 43.000 alumnos que necesitaban refuerzo docente de japonés para poder seguir las clases. El número de estos menores ha aumentado más del 60 % en los últimos diez años. No todos son de nacionalidad extranjera; también los hay que poseen nacionalidad japonesa pero se criaron en casa de familiares de otro país o que no tienen el japonés como idioma materno. Diez mil de ellos no cuentan con ningún tipo de ayuda en la escuela y se hallan en riesgo de convertirse en personas doblemente limitadas, como le sucedió a Mayuka.

Actualmente la atención a niños con uno o ambos padres de raíces internacionales se deja en manos de los Gobiernos locales. Mientras que en algunas regiones la Administración ofrece cursos de japonés u otros tipos de ayuda colaborando con entidades sin ánimo de lucro, en otras solo tienen uno o dos niños con necesidades lingüísticas por colegio o bien no cuentan con el presupuesto ni el personal necesarios para suministrar los servicios. Más de la mitad de los menores que necesitan ayuda viven en este segundo tipo de regiones, donde escasea la población extranjera.

En las regiones con pocos extranjeros, además de faltar presupuesto y personal para atender a las necesidades de dicho grupo, la ayuda de las entidades sociales y las ONG ajenas a los centros educativos es también insuficiente. La mayor parte de la ayuda externa a los centros educativos recae sobre el voluntariado. La carencia de fondos para llevar a cabo las actividades y la ausencia de relevo joven en cuerpos de voluntarios cada vez más envejecidos hace que los servicios mermen y desaparezcan paulatinamente. La brecha regional en la existencia, la calidad y la cantidad de servicios de ayuda constituye un problema que Japón lleva muchos años arrastrando.

Un entorno inclusivo para hacer amigos

Impartiendo una clase en la escuela YSC Global School.

En la YSC Global School, que gestionamos en Fussa (prefectura de Tokio), ayudamos cada año a más de cien niños y jóvenes a aprender japonés, buscar trabajo o acceder al siguiente nivel académico. Hasta ahora hemos tenido alumnos de más de treinta nacionalidades distintas, incluidas la filipina, la china, la peruana y la nepalí.

Los alumnos acuden a recibir apoyo especializado desde toda la prefectura Tokio, las colindantes de Saitama y Kanagawa e incluso desde Chiba, realizando desplazamientos de hasta más de dos horas en tren. La amplia afluencia desde zonas tan alejadas demuestra hasta qué punto son escasas las entidades que atienden las necesidades de niños y jóvenes con raíces internacionales.

Entre los jóvenes que acuden a la escuela, hay desde los que tienen un historial académico sobresaliente en sus países de origen y dominan varios idiomas —su lengua materna y el inglés, por ejemplo—, hasta los que casi no estuvieron escolarizados antes de llegar a Japón o los que incluso necesitan aprender a permanecer sentados en su escritorio durante las clases. Son grupos de necesidades heterogéneas, pero en los que todos se hacen amigos, respetando y superando los factores que los diferencian (edad, nacionalidad, religión, etc.). Los contactos y los vínculos que logran en la escuela les suponen un importante apoyo a la hora de integrarse en la sociedad japonesa.

Rechazados por falta de sistemas de ayuda

El idioma y la cultura no son los únicos obstáculos con que se topan los niños con raíces internacionales en la sociedad japonesa; aunque hayan nacido y se hayan criado en Japón, sin salir jamás de las fronteras niponas ni hablar otro idioma que el japonés, su color de piel, su nombre y el origen extranjero de sus padres los condenan a sufrir abusos y discriminación en la vida escolar. La mayoría de estos niños han sido objeto de insultos discriminatorios en el colegio (“qué tonto eres”, por cometer un pequeño error en japonés; “vuelve a tu país”, al expresar alguna insatisfacción; “tienes un color sucio y contagioso”, en referencia a su piel) y experimentan dolorosas crisis de identidad al llegar a la adolescencia.

La escuela YSC Global School reúne a esos niños que son minoría en la sociedad japonesa y les ofrece el único espacio donde pueden sentirse seguros y conocer compañeros con circunstancias y experiencias similares. “En el colegio no tenía ni un amigo. Aquí me siento cómodo porque todos somos iguales”, declara un alumno. Sin embargo, son pocos los niños que gozan de acceso a entidades de apoyo como nuestra escuela. En las regiones con pocos extranjeros que mencionábamos antes, donde ni las escuelas ni las administraciones suministran ayuda, abundan los menores que dejan de asistir a clase para quedarse encerrados en casa. Por otro lado, también hay chicos que no tienen más remedio que quedarse en casa porque los centros educativos de su zona les exigen saber japonés para matricularse, alegando la falta de sistemas de ayuda escolares y gubernamentales.

En noviembre de 2016, la YSC Global School lanzó un proyecto de clases de lengua japonesa por internet, destinado a atender a los niños con necesidades educativas lingüísticas que viven en regiones sin recursos y se hallan aislados y sin modo de aprender el idioma. La iniciativa hace llegar las clases que se imparten en la YSC Global School, en Fussa (Tokio), a niños de todo el archipiélago. Veinte niños procedentes de regiones con pocos extranjeros, de las prefecturas de Ibaraki, Gunma, Chiba, Shiga, Yamaguchi y otras, han recibido este servicio en línea, con el que se les ayuda a aprender japonés, a preparar el ingreso en bachillerato y a conectar con otros compañeros.

YSC Global School lleva a cabo un proyecto para que los niños de regiones con pocos recursos de ayuda accedan en línea a las clases de japonés que se imparten en Fussa.

La llegada de la inmigración: aprender de los extranjeros que ya viven en Japón

El paquete de políticas básicas de gestión y reformas financieras y económicas que el Gabinete aprobó, en junio de 2018, como medida para afrontar el envejecimiento demográfico conlleva un cambio de las condiciones de los trabajadores extranjeros en Japón que marca un punto de inflexión en la sociedad japonesa. La primera reunión interministerial sobre la acogida y la integración de trabajadores de otros países tuvo lugar en julio; la agenda política avanza a un ritmo más ágil de lo previsto.

No cabe duda de que Japón va a necesitar más mano de obra extranjera en el futuro, pero debemos recordar que aquellos que llegarán de otros países son, antes que trabajadores, personas que también formarán parte de la sociedad japonesa. Hay que ofrecerles un entorno que garantice a los niños una educación adecuada y acceso a la sanidad y las prestaciones sociales, y que permita a los adultos criar a los hijos y desarrollar su vida cotidiana con tranquilidad. De lo contrario, Japón perderá en la carrera internacional por atraer mano de obra y no logrará convertirse en un país de destino para los trabajadores extranjeros.

Japón tiene trabajo pendiente antes de acoger la inevitable llegada de futuras olas migratorias: servirse de la experiencia de los más de 2,5 millones de extranjeros y los jóvenes con raíces internacionales que ya llevan tiempo viviendo aquí para crear las infraestructuras y el tejido social adecuados para lograr una sociedad más integradora.

Fuente del artículo: https://www.nippon.com/es/currents/d00430/

 

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La educación saudí en el odio

Por: Félix Flores.

El número de yihadistas dispersos por el mundo es casi tres veces mayor que en el 2001, cuando se cometieron los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, mientras que conceptos ideológicos fanáticos y de odio que alimentan el yihadismo siguen apareciendo en los libros de texto de Arabia Saudí, que no solo se utilizan en este país sino que se exportan o llegan a la mayoría de países existen comunidades musulmanas, sean mayoritarias o minoritarias.

Dos informes estadounidenses han venido a coincidir estos días en un momento en que el asesinato del periodista Jamal Khashoggi ha puesto el foco en el reino saudí. El primero, del Center for Strategic and International Studies (CSIS), analiza “La evolución de la amenaza salafista-yihadista” después de la aparente derrota del Estado Islámico y señala que actualmente existen 67 grupos yihadistas, con un total de entre 125.000 y 230.000 miembros (un margen quizá demasiado grande).

Actualmente existen 67 grupos yihadistas, con un total de entre 125.000 y 230.000 miembros

El segundo informe se fija en los libros de texto saudíes de enseñanza primaria y secundaria para el curso actual. En ellos se dicen cosas como estas:

-“La cristiandad en su estado actual es una religión pervertida y no válida”.

-“Entre los más prominentes efectos del sionismo en el mundo están la difusión de drogas y enfermedades sexuales y otras en muchos países musulmanes”.

-“Los pueblos que son originalmente infieles, como los judíos, los cristianos y los paganos (…) Llamar a estos pueblos infieles es una obligación, porque aquel que no les llame infieles o dude de su carácter infiel es él mismo un infiel”.

Delegados saudíes en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, bajo el techo pintado por Barceló, el pasado 5 de noviembre
Delegados saudíes en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, bajo el techo pintado por Barceló, el pasado 5 de noviembre (Fabric Coffrini / AFP)
 

Los extractos pertenecen a Teaching Hate and Violence: Problematic Passages from Saudi State Textbooks for the 2018–19 School Year (Enseñando odio y violencia: pasajes problemáticos de los libros de texto saudíes para el año escolar 2018-19), que ha sido publicado por la Liga Antidifamación, un poderoso lobby judío estadounidense, y su autor es David Andrew Weinberg, un hombre que lleva años dedicado a los libros de texto saudíes, antes como miembro de la neocon Foundation for the Defense of Democracies.

En este empeño, Weinberg declaró en el 2016 ante el Congreso de EE.UU., pidiendo que interviniera ante Arabia Saudí. Decía entonces lo siguiente: “En el 2014 expuse en una monografía que el Departamento de Estado había destinado medio millón de dólares de los contribuyentes a un estudio de los libros de texto saudíes destinado a ser publicado, pero en lugar de esto fue congelado para evitar comprometer a los saudíes o la administración de EE.UU. Sus hallazgos, muy detallados, fueron ocultados durante años y solo fueron expuestos ante los saudíes de alto nivel después de que los libros que habían sido evaluados ya estaban obsoletos”.

El Estado Islámico utilizó libros saudíes para su adoctrinamiento hasta que editó los suyos propios

El problema con los libros saudíes es que alcanzan todo el orbe. Las autoridades y fundaciones religiosas y benéficas saudíes hacen proselitismo por todo el mundo del wahabismo, su propia versión del salafismo suní, que ha sido repetidamente calificada de oscurantista y radical. Desde el siglo XVIII, los wahabíes han sido aliados de la familia Al Saud y un pilar del régimen a partir de la fundación del estado saudí en 1932. El hecho de ser país custodio de La Meca y Medina y el recurso del petróleo ha permitido a los saudíes construir miles de mezquitas, escuelas coránicas y centros islámicos desde el norte de África hasta el sudeste asiático, pasando asimismo por Europa. Con todo ello van los libros y su propia versión del Corán.

Este influjo ha ido imponiendo una única manera de ver las cosas en países de cultura islámica diversa, y ha fomentado, indiscutiblemente, el radicalismo. La prueba más evidente es que el Estado Islámico estuvo utilizando libros saudíes para su adoctrinamiento hasta que empezó a editar los suyos propios, y aun así continuó basándose en las ideas wahabíes.

Animan a la violencia contra judíos, cristianos, musulmanes chiíes y sufíes, mujeres, personas que practican el sexo anal…”

Washington ha sido siempre consciente del influjo destructivo del wahabismo, pero, que se sepa, no abordó la cuestión con los saudíes hasta casi diez años de los atentados del 11-S, 15 de cuyos 19 autores eran de esa nacionalidad. Con los años, y siguiendo el relato del propio David Weinberg, el gobierno saudí ha ido anunciando “reformas”, pequeños cambios de vez en cuando…

Según Weinberg, los textos que rigen en el curso académico saudí actual –y que afectan a la enseñanza primaria pero sobre todo a la secundaria– son algo menos intolerantes que en el curso 2010-2011, en que se decía que dios convirtió a los judíos en monos y cerdos y daba por auténticos los llamados Protocolos de los sabios de Sión, un clásico histórico del libelo antisemita, publicado en Rusia en 1902 y que ha sobrevivido durante décadas (de forma notoria, en la Europa del este tras la caída del muro de Berlín).

Sin embargo, señala el autor, esos libros “aún contienen pasajes que animan al fanatismo o a la violencia contra numerosas categorías de personas, incluidos judíos, cristianos, musulmanes chiíes y sufíes, mujeres, personas que practican el sexo anal y cualquiera que se mofe o se aparte del islam”.

Jóvenes saudíes ante una imagen de Mohamed bin Salman en un acto de la Fundación Misk, destinada por el príncipe heredero a la formación de nuevos cuadros
Jóvenes saudíes ante una imagen de Mohamed bin Salman en un acto de la Fundación Misk, destinada por el príncipe heredero a la formación de nuevos cuadros (Fayez Nureldine / AFP)
 

Más ejemplos:

-”Pegar a las mujeres está permitido cuando es necesario”.

-”Uno de los casos más serios de imitación de los infieles: unirse a los infieles en sus celebraciones, ya que esta es una de las mayores en términos de daño y perjuicio y la más extendida entre los musulmanes, y esta participación está prohibida por lo que contiene en términos de aceptación hacia ellos con algo que no es de nuestra propia religión”.

En otros términos: nada de dejarse invitar a compartir fiestas religiosas, ninguna convivencia con el vecino… Este mensaje –dado que no hay otra religión que el islam en el país– está obviamente orientado a la separación de la mayoría suní de la minoría chií. Fuera de Arabia Saudí, da argumentos a políticas como las que aplicó el Estado Islámico en la ciudad iraquí de Mosul, donde siempre habían convivido suníes, chiíes, kurdos, cristianos, judíos y otras confesiones minoritarias.

Velada musical en Mosul, donde los yihadistas del Estado Islámico destruyeron auditorios e instrumentos
Velada musical en Mosul, donde los yihadistas del Estado Islámico destruyeron auditorios e instrumentos (Zaid Al-obeidi / AFP)

Si nos fijamos ahora en el estudio del Center for Strategic and International Studies de Washington sobre el estado actual del yihadismo, resulta que este think tank muy ligado al poder señala que la marginación de los suníes en Irak nutrió las filas del Estado Islámico, pero no reconoce que lo facilitó el apoyo estadounidense a un gobierno sectario chií.También atribuye el resurgimiento de Al Qaeda y la aparición del Estado Islámico a la retirada de las tropas norteamericanas y occidentales.

El CSIS admite al menos “un componente importante –quizás el más importante– de la política occidental debería ser ayudar a los regímenes que afrontan el terrorismo a mejorar su gobernanza y a resolver de manera más efectiva los agravios –en lo económico, lo sectario…– que han sido manipulados por los grupos salafistas yihadistas”.

Fuente del artículo: https://www.lavanguardia.com/internacional/20181123/453091260858/arabia-saudi-educacion-odio-yihadismo-jamal-khashoggi.html

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Para combatir la deserción: Habrá una cédula escolar que registrará la historia de cada alumno en todo el país

Por: Ricardo Braginski

Fue aprobado casi por unanimidad en la Cámara de Diputados. Una base de datos permitirá saber si están yendo a la escuela. Y si no van, el Estado saldrá a buscarlos. 

La educación argentina tiene unos cuantos desafíos. Pero sin dudas, uno de los más urgentes es resolver la alta tasa de deserción: aquellos chicos que, en algún momento y por diversos motivos, abandonan las aulas.

Las cifras lastiman: apenas el 45% de los chicos termina la secundaria en tiempo y en forma. Son mil adolescentes por día los que dejan la escuela media en el país. Y si bien el abandono en la secundaria es crítico, no es el único problema. En 2010, año del último censo, eran cerca de 80 mil los chicos de entre 5 y 17 años que nunca habían ido a una escuela.

El problema no es nuevo, y por eso tampoco son nuevas las soluciones. Hasta ahora, se habían implementado diversos programas –nacionales y distritales- con el objetivo de identificar a los chicos que no van o nunca fueron a la escuela, para así contactar a las familias y revertir la situación. Algunos avanzaron más que otros. La mayoría se enfocaron en la escuela secundaria.

Pero ahora, con la ley de “cédula nacional escolar” que avanza en el Congreso, todos los esfuerzos deberán coordinarse a través de un único registro nacional, que identificará y registrará la historia de cada chico del país, desde que deben ir a la sala de 4 hasta el último año de la secundaria.

El proyecto venía con media sanción y se aprobó este jueves con amplio consenso en Diputados: 193 votos a favor, 4 en contra y una abstención. Como hubo dos modificaciones, vuelve al Senado, que lo convertirá en ley, probablemente en la próxima sesión, dentro de este período extraordinario.

El principal objetivo es identificar a los que están fuera del sistema educativo, generar un alerta temprana y, a través de la intervención de un equipo interdisciplinario, lograr que vuelvan a la escuela. También se registrará si han completado el plan de vacunación obligatorio.

La ley establece la creación del “Programa Cédula Escolar Nacional” que estará en el ámbito del Consejo Federal de Educación. Este programa deberá crear el “Libro Blanco de la Cédula Escolar”, una base de datos en la que se irá actualizando, año tras año, los datos estadísticos de cada chico y adolescente.

El Ministerio de Educación deberá presentar anualmente en el Congreso los resultados del programa, que estará a disposición del público a través de una página web.

Entre las iniciativas similares que ya existen a nivel nacional, la más relevante es el Sistema Integral de Información Digital Educativa (Sinide) que, por reglamentación oficial, debiera estar funcionando desde 2014, pero por ahora solo tres provincias lo implementaron: Buenos Aires, Santiago del Estero y Jujuy. Este sistema tiene por objetivo seguir la trayectoria “nominalizada” de los alumnos,esto es, la trayectoria de cada uno de los chicos por nombre y apellido. Ahora debe hacerse esto por ley.

También existen, a nivel nacional y distrital, iniciativas que salen en la búsqueda de los chicos que abandonaron la escuela. El más ambicioso es el programa Asistiré, del gobierno nacional, que implementó un software específico para esta tarea, con la utilización de tablets por parte de docentes y preceptores. En Santa Fe está el plan “Vuelvo a Estudiar” y también hay un plan similar en el municipio de San Martín.

“Incorporamos en el proyecto al Sinide y le daremos así rango de ley, lo que va a permitir que se acelere. La Cédula Escolar también dialoga con Asistiré. Permitirá que escale a nivel nacional”, le dijo a Clarín Brenda Austin, diputada del radicalismo y principal impulsora de la ley en Diputados.

El proyecto original había sido presentado hace dos años por el senador Julio Cobos y tuvo cambios. Si no se aprobaba este jueves, corría riesgo de perder estado parlamentario.

La ley fue acompañada por todos los bloques, excepto la izquierda. El Frente para la Victoria pidió dos modificaciones, que fueron aceptadas: que el programa esté bajo al órbita del Consejo Federal de Educación en lugar del Ministerio de Educación; y que quede expresado, de modo taxativo y claro, que se respetará la privacidad de los datos de los chicos.

La voz de los especialistas

Clarín consultó con especialistas en educación que, en líneas generales, destacan la importancia de esta nueva herramienta.

“Es una iniciativa importante y necesaria para concientizar sobre la problemática del abandono escolar, y para tener más información personalizada sobre la trayectoria educativa de los alumnos, que puede ser de utilidad para las políticas y para las escuelas. Para que tengan no solo la imagen general de las estadísticas sino el nombre y apellido, y las historias personales de los sujetos que es lo que realmente permite entender por qué dejan la escuela y en qué condiciones”, dijo a Clarín Axel Rivas, director de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés.

Agregó que “la visión de la escuela como un derecho para todos los jóvenes es integral. Hay que repensar la escuela secundaria a fondo y contar con el financiamiento y los recursos adecuados para acompañar esos procesos de transformación que en estos momentos es muy difícil de garantizar y está en riesgo, por la disminución del presupuesto educativo de este año y del año que viene, que pone en riesgo las políticas de inclusión educativa”.

Belén Sánchez, coordinadora del programa de Educación de CIPPEC, afirma que “para asegurar una implementación exitosa de la cédula escolar es central que desde el nivel nacional se avance en la implementación del Sinide. La Argentina contará así con un sistema de estadísticas educativas basado en el registro nominal de alumnos, algo que facilita el seguimiento de las trayectorias escolares y que muchos otros países de América Latina ya tienen en funcionamiento hace varios años”.

“Además, en un escenario en el que coexisten políticas educativas nacionales y provinciales abordando problemáticas comunes, es crucial prever mecanismos de articulación que eviten la duplicación de esfuerzos y la sobrecarga de trabajo administrativo en las escuelas”, agregó Sánchez.

«Contar con un sistema que a nivel nacional permita el seguimiento personalizado de la trayectoria de los estudiantes es una cuenta pendiente. En el 2012 el Ministerio de Educación Nacional dispuso la creación del Sinide. La cédula nacional escolar debería enmarcarse en este esfuerzo. En todo caso, sería bueno que a fines de 2019 el sistema nominal nacional sea una realidad», dijo a Clarín Ignacio Ibarzábal, director ejecutivo del Observatorio Argentinos por la Educación.

Desde el Ministerio de Educación nacional, el jefe de Gabinete Manuel Vidal dijo que esa cartera está “trabajando en equipo con las provincias porque queremos fortalecer las iniciativas de cada gobierno provincial e impulsar aquellas que no poseen ningún desarrollo propio. A su vez, ya estamos activos en la detección de los alumnos y las alumnas que tienen riesgo de abandonar la escuela en el marco del programa Asistiré. Consideramos que es fundamental contar con información confiable del sistema educativo para poder mejorar la calidad de las políticas educativas”.

Fuente del artículo: https://www.clarin.com/sociedad/crearan-cedula-escolar-registrara-historia-chico-pais_0_DjprE0kB7.html

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I’m a Democrat and a Feminist. And I Support Betsy DeVos’s Title IX Reforms.

By: Lara Bazelon.

There is an uncomfortable truth in the current system. No one wants to talk about it.

Education Secretary Betsy DeVos’s proposed regulations overhauling how colleges handle sexual assault, which may become law in January, are far from perfect. But there is a big reason to support them: I’m a feminist and a Democrat, and as a lawyer I have seen the troubling racial dynamics at play under the current Title IX system and the lack of due process for the accused. Ms. DeVos’s proposals take important steps to fix these problems.

Consider this scenario: A young black man enrolls at a state university in California on an athletic scholarship. He’s the first person in his family to go to college. His teammate’s white ex-girlfriend matches with him on Tinder, comes to his apartment, has sex with him and, they both agree, returns three days later to have consensual sex.

Weeks later, the young woman, who has reconciled with her boyfriend, claims the Tinder match raped her during the first sexual encounter. The Tinder Match adamantly denies this. Her boyfriend, who is also black, says she is lying. There is no hearing, no chance for the accused to ask her questions.

But the Title IX investigator concludes that he committed sexual assault by finding her more credible than him under the preponderance-of-the-evidence standard, under which the accuser must prove there is a greater than 50 percent chance her claim is true. He’s one of a few black students on campus and worries he may get killed after word spreads.

This happened in early 2018 to a client in the pro bono clinic I direct with my law students. We represent low-income students of color in California who face expulsion based on allegations of sexual assault.

We see what the Harvard Law School professor Janet Halley described in a 2015 law review article: “The general social disadvantage that black men continue to carry in our culture can make it easier for everyone in the adjudicative process to put the blame on them.” That’s why the DeVos regulations are a step forward.

Here is how they would work. Cross-examination would be conducted by an adviser for the accused (not, as some coverage has erroneously said, by the accused.) The accuser may sit in a separate room or participate via videoconference. The right to cross-examine goes both ways: The accused must also answer questions posed by the accuser’s adviser.

The changes would also do away with the problematic “single investigator system” where the person who interviews the witnesses and gathers the facts also serves as the judge and jury — a method the California State University System uses for its 485,000 students across 23 campuses.

The revisions are in line with court decisions that have characterized the current system as unfair. In August, the Court of Appeals for the Sixth Circuit, ruling in a case from Michigan, declared that if a public university adjudicates what is essentially a “he said, she said” case, “the university must give the accused student or his agent an opportunity to cross-examine the accuser and adverse witnesses in the presence of a neutral fact-finder.” This year, two California appellate courts have overturned university decisions to suspend students for committing sexual assault because their procedures were so lacking in basic due process.

Meanwhile, my client has been barred from campus for more than nine months. (His suspension was based on this allegation and a second allegation by another accuser, which was found to be unsubstantiated by the evidence; that accuser is appealing.) The DeVos regulations and the two California appellate rulings are most likely his only hope of avoiding an expulsion that would tar him as a campus sex offender and most likely prevent him from getting into another school.

The current system of adjudicating sexual assault complaints is broken. Under the rules set up by the Obama administration, hundreds of colleges, including many in California, were placed under federal investigation and threatened with the loss of funding for failing to adequately investigate sexual assault complaints. The definition of what constituted an assault was vastly expanded. Nonpunitive resolutions such as mediation were forbidden, even if that is what both sides wanted.

The Obama rules were written to address a real problem: a tendency by colleges to sweep sexual assault allegations under the rug. But it also gave risk-averse schools incentives to expel the accused without any reliable fact-finding process.

The Office of Civil Rights does not collect data on race in Title IX cases, but the little we know is disturbing: An analysis of assault accusations at Colgate, for example, found that while only 4.2 percent of the college’s students were black in the 2012-13 school year, 50 percent of the sexual-violation accusations reported to the school were against black students, and blacks made up 40 percent of the students who went through the formal disciplinary process.

We have long over-sexualized, over-criminalized and disproportionately punished black men. It should come as no surprise that, in a setting in which protections for the accused are greatly diminished, this shameful legacy persists.

“I’ve assisted multiple men of color, a Dreamer, a homeless man and two trans students,” Professor Halley told me. “How can the left care about these people when the frame is mass incarceration, immigration or trans-positivity and actively reject fairness protections for them under Title IX?”

We can fix this. The DeVos reforms are in their public comment period, which gives people on all sides of this debate a chance to weigh in. That is a good thing. I know my allies on the left will criticize my position, but we cannot allow our political divisions to blind us to the fact that we are taking away students’ ability to get an education without a semblance of due process. What kind of lesson is that?

Source of the article: https://www.nytimes.com/2018/12/04/opinion/-title-ix-devos-democrat-feminist.html

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