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Columna de Educación: El mito de la educación basada en el cerebro

Autor: Paulo Barraza Rodríguez

Uno de los mayores problemas que enfrenta hoy la educación chilena en términos de calidad, es la proliferación e inserción en la práctica escolar cotidiana, en la academia y en políticas educativas, de técnicas pedagógicas pseudocientíficas basadas supuestamente en el estudio del cerebro.

¿Estoy dispuesto como apoderado a que el dinero que gasto en la educación de mis hijos sirva para financiar una educación basada en creencias pseudocientíficas? ¿Estoy dispuesto como directivo de establecimiento educacional a pagar grandes sumas de dinero por seminarios o talleres que van a desinformar o peor aún mal-informar a mis docentes? ¿Están dispuestas las universidades a contratar académicos que transmitan contenidos sin sustento empírico a futuros profesionales de la educación? ¿Está dispuesto el Ministerio de Educación a que la política pública en educación se base en conjeturas y no en evidencia? Estas preguntas reflejan muy bien uno de los mayores problemas que enfrenta hoy la educación chilena en términos de calidad: la proliferación e inserción en la práctica escolar cotidiana, en la academia y en políticas educativas, de técnicas pedagógicas pseudocientíficas basadas supuestamente en el estudio del cerebro.

Para que se haga una idea de cuál es la situación actualmente, al año son muchos los docentes que asisten a seminarios de “neurociencia y educación” y varios los establecimientos educacionales que pagan mucho dinero por charlas y talleres dictados por personas sin formación alguna en el área, pero que se autodenominan “especialistas en neurociencias”, en los que se promete explicar cómo lograr en simples pasos que los alumnos aprendan “más” o cómo enseñar “mejor” en base a supuestos hallazgos neurocientíficos.

Un ejemplo prototípico del negocio detrás de estos cursos, se refleja en un taller de “neuroeducación” dirigido a docentes que se ofreció hace un tiempo atrás en Santiago, con contenidos que mezclaban psicología popular y pseudociencia, a un valor de 10 UF por asistente (con un promedio de 80 asistentes, calcule Ud.). Súmele a esto el perjuicio educacional que significa mal-informar a profesores que volverán a sus aulas a aplicar estos supuestos conocimientos neuroeducativos con sus alumnos, perdiendo tiempo y recursos valiosos.

Para ser aún más claro, lo que habitualmente se vende como técnicas educativas basadas en hallazgo neurocientífico no son más que una sarta de neuromitos o creencias pseudocientíficas que afectan negativamente el quehacer educacional (Pashler, McDaniel, Rohrer, & Bjork, 2008). De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE, 2002) los neuromitos se definen como un error de interpretación que encuentra su origen en malas citas o un mal entendimiento de hallazgos científicos, los cuales generalmente son aplicados en educación u otros contextos. Ejemplos de neuromitos que actualmente están insertos en nuestros colegios son los “estilos de aprendizaje”, la “gimnasia cerebral” (BrainGym), la idea de que hay estudiantes “cerebro-izquierdo o cerebro-derecho”, el “efecto Mozart”, entre otras excentricidades (Howard-Jones, 2011).

Aunque cueste creer, la penetración de estas creencias pseudocientíficas no solo llega a los colegios, sino también a las universidades. En Chile existen planteles de educación superior que ofrecen Diplomados y Magíster en Neurociencias con aplicación a la Educación. Aunque llamativas, estas ofertas académicas hay que tomarlas con pinzas. Las razones de tal precaución son diversas: la nula formación o trayectoria profesional en neurociencias de algunos docentes de estos programas y la debilidad de sus contenidos. Solo como ejemplo, en uno de estos programas se imparte la asignatura “antroposofía y neurodesarrollo”. De más está decir que el concepto “antroposofía” no tiene nada que ver con el ámbito investigativo de las neurociencias.

Como guinda de la torta, tenemos que los neuromitos en la educación chilena incluso están presentes en decretos ministeriales. Concretamente, los decretos 170 y 83 (Mineduc, 2009; 2015) mencionan los “estilos de aprendizaje” y sugieren adaptar las prácticas educativas a los “estilos” de los estudiantes. Al respecto, la evidencia científica acumulada desde hace más de cinco décadas (Arbuthnott & Krätzig, 2015; Cuevas, 2015) es enfática en demostrar que adaptar las clases según el estilo de aprendizaje de los estudiantes no tiene ningún efecto sobre el rendimiento académico. A pesar de la gran cantidad de evidencia científica existente, cada año cientos de profesores asisten a cursos de capacitación para aprender a detectar diferentes estilos de aprendizajes y conocer las últimas técnicas para hacer clases adaptadas a cada estilo, y así poder dar cumplimiento a los decretos del Mineduc.

El mensaje final es poner fin de una vez por todas al negocio de la pseudociencia en educación. Es crucial que docentes y directivos de colegios denuncien a quienes, aprovechándose del gran interés que despierta la neurociencia en el público general y en la educación en particular, quieran lucrar con sus anhelos ofreciendo recetas mágicas vestidas de cientificismo para aprender y enseñar mejor. Se insta a la cautela y a cultivar una actitud crítica respecto de este tipo de intervenciones fraudulentas que sobre-simplifican un problema muy complejo como es el aprendizaje en contextos escolares. Tal como señala Hyatt (2007), es tiempo de que los educadores y otras entidades formativas en el ámbito educativo –sean universidades u otras entidades– se aseguren de que las prácticas que no estén basadas en evidencia se dejen de usar con niños, con la esperanza de mejorar aprendizajes. Esto último es también una invitación al Mineduc a revisar el sustento empírico de las intervenciones educativas que mandata por decreto, con el objetivo de derribar falsas creencias y construir entre todos una educación de calidad, a escala humana y basada en evidencia.

Fuente: https://www.latercera.com/tendencias/noticia/columna-educacion-mito-la-educacion-basada-cerebro/280421/

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La escolaridad, si no es crítica y liberadora, es domesticación. ¿Para qué sirven los profesionistas?

Autor: Pedro Echeverría V.

1, No confundo educación con escolaridad, aunque en la sociedad capitalista muy poco se valora la educación -que es espontánea- para otorgarle un papel preponderante a la escolaridad que se justifica con papeles, certificados, calificaciones, títulos, todo para demostrar hasta qué grado hemos sido domesticados para tener derecho a formar parte del sistema. Hoy en México hay profesionistas en todos los campos, obedientes de las órdenes de quien manda en el sistema de explotación y opresión. Se propaga que a mayores estudios mayor capacidad de liberación; pero no, al contrario, a mayores títulos más grandes privilegios y mayor subordinación.

2. En México el sistema escolarizado en los años setenta era de un año de preescolar, seis años de primaria, tres de secundaria, tres de preparatoria, cinco de licenciatura, luego vendrían los postgrados. A partir de los años ochenta el proceso de privatización se aceleró. Si en los años sesenta el Estado controlaba casi todo el sistema, 50 años después la escolaridad ha pasado en 35 por ciento bajo el control privado y la orientación tecnológica avanza con enorme rapidez. Con el pesado argumento de que la educación debe estar al servicio de la producción, no sólo se han abierto cientos de escuelas técnicas, sino en las mismas universidades se han eliminado materias sociales para ser sustituidas por las técnicas.

3. Lo visto en más en 50 años es el crecimiento de la escolaridad con millones de estudiantes, decenas de miles de escuelas y maestros, la multiplicación de las clases medias en medio de su pobreza económica; pero también el agigantado crecimiento de una economía que sólo ha beneficiado a un millar de familias propietarias de todo. La sociedad mexicana, en vez de caminar hacia el igualitarismo, producto del enorme crecimiento de la educación escolarizada, ha seguido sufriendo la extrema e injusta desigualdad. La escolaridad para la domesticación, en vez de indignarse y protestar ante esa realidad, ha preferido adaptarse a la clase dominante.

4. Sí, es indudable, para que un pueblo sea libre necesita educación. Espero que López Obrador, su secretario de Educación: Moctezuma, los maestros de la CNTE, el SNTE y seguidores de la Gordillo, entiendan que el “Plan Educativo” no puede consistir en enterrar la vieja reforma peñanietistas o hacerle algunos cambios para que todo siga igual. Se necesita una reforma liberadora, libertaria, que enseñe a los alumnos a investigar y criticar todo, en primer lugar –“con todo respeto”-, todo autoritarismo del maestro, de los padres, del cura, gobierno, patrones, de los textos. Que maestros y estudiantes investiguen antes de adoptar un juicio o una posición.

5. Los estudiantes y sus maestros, aparte de aprender a pensar y planear, tienen que salir de su salón de clases, de sus escuelas, de su comunidad, para estar en contacto con otras personas, otras cosas, con la vida. ¿Para qué carajos sirven a la sociedad estudiantes, profesionistas, que no difunden sus pensamientos, sus experiencias, sus necesidades, sus demandas, creciendo con temores y miedos a la autoridad y el poder? Conozco más de 100 títulos sobre educación y libertad, pero por su sencillez y claridad he recomendado mucho leer a Ivan Illich sobre la escolaridad, a S. Neill sobre la libertad y a Paulo Freire sobre educación y poder.

6. ¿Para qué se requieren más días y más horas de clase a la semana o al mes si se busca solamente adaptar a los estudiantes al sistema autoritario de explotación capitalista? Necesitamos otra educación; no más conocimientos inútiles que no ayuden a pensar, a investigar, analizar. ¿Para qué carajos nos sirve la historia, biología o matemáticas como enseñanzas memorísticas o repetitivas sino es para transformar el mundo? Pienso que de por sí hay personajes pusilánimes, pero hasta estos entran en movimiento y acción cuando se apropian del pensamiento crítico y libertario. ¿Para qué más profesionistas con pensamientos y acciones acomodaticias?

7. Pienso que el gobierno lópezobradorista debe ser vigilado para que no sea más de lo mismo. La CNTE ha demostrado durante casi 40 años que está muy lejos de cualquier oportunismo, que lo ha combatido de manera radical y consecuente; pero puede caer en el sectarismo al tomar de antemano el rechazo a otras posiciones que podrían romper con el estancamiento tan dañino a casi 4 décadas de lucha permanente. Por allí tiene que trabajar para discutir y analizar propuestas que podrían ayudar a fortalecer las batallas magisteriales. Para alcanzar la libertad, también los maestros sindicalistas debemos batallar contra el autoritarismo externo e interno.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=245230

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8 programas para hacer vídeos didácticos gratuitos

Redacción: Educación 2.0

Si estás buscando la forma de crear vídeos educativos para clase, no te pierdas este listado de programas para hacer vídeos. ¿Los conocías?

Hoy en día no es necesario ser ningún experto para poder crear un vídeo de forma sencilla gracias a Internet y las diferentes plataformas que existen. Hoy vamos a hablar sobre algunos programas para hacer vídeos didácticos y de forma gratuita que te pueden resultar de lo más útiles en la clase.

Programas para hacer vídeos

1 – Powtoon, para crear vídeos animados y presentaciones

 

Powtoon es una herramienta online con la que puedes crear vídeos y presentaciones animadas de forma sencilla con la que puedes hacer que tus clases sean mucho más dinámicas. Se trata de una herramienta online gratuita que ofrece la opción de hacerse premium, lo que puede venir muy bien a las empresas, pero para un blogger como yo, es el modo gratuito es suficiente para crear vídeos que están bastante bien.

2 – Pixorial, un gran editor de vídeos online

programas para hacer vídeos
Fuente: pixorial

Pixorial es un editor de vídeos online con el que puedes subir archivos multimedia desde el propio ordenador, o desde las redes sociales, de modo que luego es posible ordenarlos y añadir diferentes transiciones y luego exportarlos de forma sencilla. Con Pixorial puedes crear trabajos académicos de forma sencilla recopilando fotografías y vídeos que encuentres por la web.

Además, cuenta con un plan que está diseñado específicamente para educadores, de modo que puedes conseguir espacio gratuito para estudiantes, así como precios especiales (con un primer año gratuito) para profesores. Entra en pixorial.com/educators/ para conseguir más información.

3 – Windows Movie Maker

Windows Movie Maker es el programa de Windows con el que puedes importar y editar presentaciones de diapositivas y vídeos de forma sencilla, editar tus películas y elegir un tema, agregar y editar el audio, y compartir los vídeos online, entre otras cosas.

4 – Wevideo, un famoso editor online

programas para hacer vídeos
Fuente: wevideo

Continuamos con nuestra lista de programas para hacer vídeos con Wevideo, un conocido editor online de vídeos con el que puedes agregar fotografías, texto, vídeos y diferentes efectos especiales para poder así realizar vídeos de todo tipo. Además, cuenta con un distintas opciones especiales para utilizar en el aula que permiten también el trabajo colaborativo.

5 – Teachem, una herramienta para utilizar vídeos existentes

https://www.youtube.com/watch?v=XM5FXggGVOQ

 

Aquí tenemos una herramienta algo diferente a los programas para hacer vídeos comentados anteriormente. Se trata de Teachem, una plataforma que, en lugar de ser para crear vídeos, te ayuda a utilizar vídeos ya existentes y organizarlos en lecciones para poder tener agrupados los contenidos que has creado en otros programas o plataformas. En el vídeo anterior puedes ver un poco en qué consiste esta intersante herramienta para organizar tus clases.

6 – Movenote, muy útil para los profesores

 

 

Movenote es una herramienta online que resulta puede ser muy útil para cualquier profesor. Aquí puedes crear tutoriales, lecciones, o diferentes vídeos educativos de forma sencilla para tus clases. La herramienta te permite grabar las explicaciones que quieras sobre un determinado tema y, además, también puedes subir otras cosas como imágenes o enlaces. Está enfocada al nuevo concepto educativo de Flipped Classroom y cuenta con aplicaciones para los dispositivos móviles iOS y Android.

7 – Animoto, ideal para los vídeos educativos

Animoto es una herramienta online muy sencilla con la que puedes crear vídeos educativos online a partir de fotografías u otros materiales multimedia. Se trata de una plataforma muy intuitiva, ya que, al entrar en ella, te indica todos los pasos que debes seguir para crear tus vídeos educativos.

8 – Videolean, una forma sencilla de crear vídeos

Terminamos este listado de programas para hacer vídeos con la plataforma online Videolean, que está dirigida a la creación de vídeos profesionales, pero también te puede resultar muy útil a la hora de crear tu vídeo educativo de forma sencilla. La herramienta cuenta con una gran variedad de plantillas en función del objetivo de tu vídeo, que además puedes personalizar a tu antojo, ya que te permite cambiar los textos, las imágenes y la música de forma sencilla. Una vez que terminas con tu vídeo, puedes previsualizarlo en un vídeo de baja resolución. Por otra parte, para poder acceder a una versión HD y compartirla en diferentes canales, sería necesario hacer un plan de pago.

Como ves, tienes a tu disposición una gran cantidad de programas para hacer vídeos educativos y didácticos de forma gratuita y sin necesidad de ser un experto en la materia. Esto es así porque se trata de herramientas que son muy sencillas de utilizar y cuentan con muchos recursos a los que puedes sacar partido. Si estás interesado también en la creación de presentaciones, no te puedes perder los 11 programas para hacer las mejores presentaciones, que compartimos recientemente. ¿Qué te parecen todos estos interesantes programas para hacer vídeos educativos? ¿Con cual te quedas? ¿Conocías alguno de ellos?

Fuente de la Reseña:

https://educacion2.com/programas-para-hacer-videos-didacticos/?utm_source=ReviveOldPost&utm_medium=social&utm_campaign=ReviveOldPost

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¿Cultura de webbots o artesanos?: reflexiones críticas sobre la cultura libre.

BY DIGITAL RIGHTS LAC ON SEPTEMBER 19, 2013

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Un retuit, reblog, “me gusta” entre otros vienen como bálsamo para la generación de la gratificación inmediata donde un contenido más, sea libre o no, es un elemento para la colección.

Por Luis Fernando Medina*

En el siguiente texto busco explorar de una manera muy intuitiva y breve, y basado en mi experiencia como académico, investigador y activista, algunas consideraciones críticas de los modelos abiertos y la llamada cultura libre. Indudablemente, como ocurre con las iniciativas de este talante, el propósito no será dar una respuesta única y absoluta, sino tal vez procurar lanzar algunas preguntas esperando que estas sean las adecuadas. Sin embargo, tampoco es mi intención acudir a ésta fórmula como pretexto para eludir conclusiones, por lo cual procuraré esbozar alguna recomendación útil, en la medida en que la retórica escapista y relativista de nuestros tiempos lo permita. Para lograr el objetivo, quiero presentar dos componentes que se me hacen claves en la cultura libre y son la cultura del software la fanática. Luego, a partir de una enunciación de algunos puntos problemáticos que observo en la cultura libre, mostraré cómo la cultura libre se ha acercado más al paradigma del software y qué consecuencias trae eso. Finalmente mencionando lo que considero algunas inexactitudes en el discurso imperante de la cultura libre avanzaré al plácido campo de la especulación con, espero, algún fruto minúsculo pero valioso.

Quiero iniciar con una anécdota para ilustrar quizá una contradicción que creo es común. El año pasado participé, en Cali, en la mesa de cultura libre del evento ComunLAB, donde se encontraban varios artistas, activistas, comunicadores, entre otros. Recuerdo que en la discusión, uno de los asistentes con bastante trayectoria en el tema de arte y lo “libre” dijo algo así como que la única manera en que concebía compartir –la única manera verdaderamente libre- era el dominio público. Curiosamente y de manera casi inmediata, otro de los asistentes se levantó y manifestó, con la firmeza de quien no domina un tema por lo que no tiene nada que perder,  que no estaba de acuerdo, porque él quería poder cobrar por sus cosas. Esto alborotó un poco al auditorio, pero es mi percepción que las fuerzas se inclinaban más por la segunda intervención. ¿Qué me recordó esto?

En primer lugar, los dogmatismos que siempre han aquejado a la comunidad del software libre. Por otro lado, que el discurso de la ética hacker – el cual comparto y defiendo – a veces, sacado fuera de contexto, puede llevar a contradecir el sentido común. Y finalmente y de manera categórica; que el dinero, desestimado en ocasiones bajo el discurso de las utopías digitales, es un factor inevitable en una sociedad capitalista.

A partir de esta anécdota puede recordarse la enorme influencia de la cultura del software en la cultura libre. Indudablemente esto no es accidental, si se sigue la línea que observa que las prácticas de compartir código estuvieron siempre vinculadas con el desarrollo de software, desde los inicios de la computación y décadas antes de la invención misma del término software libre.  Algo similar puede decirse de los orígenes de Internet. De manera tragicómica la tendencia fue subvertida por el software comercial el cual surgió – revolución traicionada – de las postrimerías del sueño hippie digitalizado en lo que es conocido como la filosofía californiana: computadores para liberar pero millones en la bolsa. La conexión con el software libre puede notarse también con la misma enunciación de licencias como creative commons, las cuales recuerdan directamente las libertades del software libre. Esto corresponde, como ha sido notado decenas de veces, al intento de transportar un modelo que funciona en el software, a la producción cultural con resultados más bien mixtos.

De otro lado, cabe recordar que en entornos no mediados por el software, la cultura fanática es un referente de las redes de intercambio y de formas de creación en circuitos periféricos. Dejando de lado, por no caer en la disgresión, las conocidas vanguardias artísticas que experimentaron con formas de creación y distribución, la cultura fanática que florecía alrededor de contenidos culturales, se constituía en sí misma en generación de artefactos culturales. Los fanzines, de tradición de ciencia ficción pero de explosión masiva por el fenómeno del punk y la fotocopiadora, el graffiti y sus propuestas artísticas autogestionadas (al menos en sus orígenes) o el recientemente cincuentón benemérito formato del casete, el cual ayudó a crear toda una red de distribución e intercambio para fanáticos y creadores, constituyen ejemplos paradigmáticos.

Es evidente que el compartir no está exclusivamente ligado a las tecnologías digitales y específicamente a la cultura del software ¿por qué entonces esta comparación? Más allá del breve relato histórico considero que si bien la cultura libre está también muy emparentada con la cultura fanática, es su ADN de la época digital la que la lanza al terreno donde confiar en el determinismo tecnológico puede ser un error. El software cuenta con una dualidad: puede ser compartido pero a la vez es un medio para compartir, lo cual genera algo de ruido en el momento de trasponer su paradigma hacia la cultura libre. Esto mezclado con algunos discursos absolutistas de las tecnoutopías digitales arrojan sombras sobre el rumbo del movimiento. Siguiendo con la comparación con la cultura del software libre, éste último lleva 20 años intentando encontrar un modelo de negocio efectivo, el cuál se ha dado en solo unos pocos casos. ¿Podría ocurrir lo mismo con la cultura libre y los licenciamientos abiertos? A continuación menciono aspectos que son utilizados como sustento de la cultura libre y que creo prudente desmitificar:

Lo digital es una economía de la abundancia. Esto es cierto y sirve para explicar que el costo de copiar algo es mínimo. Sin embargo, al parecer, la abundancia de bienes culturales digitales circulando puede tener doble filo. He oído a muchos artistas quejarse en voz baja (hacerlo en público sería el suicidio) de que su video, producto de mucho trabajo, palidezca en visitas en Internet, comparado con, por decir algo, el gorila revolcándose en sus heces. Que no se me malentienda, no se puede volver a los tiempos de acceso privilegiado a los medios, más la abundancia de bienes culturales circulando podría también llevar a una “inflación digital” donde el valor real de cada creación disminuye porque hay mucho de donde escoger, o simplemente la intoxicación de información es tal, que debe acudirse a agregadores, editores, curadores, con lo cual la celebrada horizontalidad del sistema sería un espejismo. Aunque estas inquietudes han sido abordadas por discursos como el de la “cola larga” y los mercados de nicho, aún los casos fehacientes de un modelo de negocio son esquivos, por lo menos a mi memoria. La más bien reciente tendencia de empezar a utilizar licencias de creative commons de “atribución” y “compartir igual” ignorando el antes casi que obvio “no comercial” implica ignorar también, de alguna manera, que los grandes medios no iban a caer como aves de rapiña sobre los contenidos abiertos y que algo estaba fallando en la generación de riqueza a partir de este modelo.

Para finalizar quiero señalar que, en ocasiones, la misma abundancia parece vencer la utopía del creador/consumidor por una cultura del capitalismo simbólico más puro e inmediato: no se trata de qué tanta información se digiera y analice si no cuánta se acumule y se le haga saber a los otros que se tiene. Un retuit, reblog, “me gusta” entre otros vienen como bálsamo para la generación de la gratificación inmediata donde un contenido más, sea libre o no, es un elemento para la colección. La misma configuración de los ISP donde la velocidad de descarga supera la de carga, o la insistencia  de algunos activistas a las descargas libres más que a la educación en medios para crear, acercan a la red a ese televisor de 1000 canales de donde es difícil escoger.

¿Qué hacer? Exactamente no sé, pero considero que mientras encontramos la interfaz más adecuada para una coordinación cada vez mejor de la cultura libre dentro de un modelo capitalista, podemos reivindicar la figura del artesano digital, que se toma el tiempo en generar sus contenidos, que es un fanático que lo hace por amor al arte, dispuesto al intercambio, al trueque y los bancos de tiempo como alternativas de generación de riqueza. Así, y reinvindicando otra metáfora del software libre, aspiraremos más al pequeño bazar donde se armen pequeños círculos de creadores, y no al gran mercado donde la máscara más admirada es la del webbot cultural.

*Luis Fernando Medina Cardona,  es Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia y miembro del colectivo Trueque Digital. http://about.me/luscus9

Fuente: https://www.digitalrightslac.net/es/cultura-de-webbots-o-artesanos-reflexiones-criticas-sobre-la-cultura-libre/

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Un llamado a la contracultura en tiempos y espacios inciertos

Diana Carolina Leguizamón Martínez/Psicóloga Pontificia Universidad Javeriana(Colombia)

Eduardo Sandoval Obando/Psicólogo; Magíster en Educación, Políticas y Gestión Educativa (Chile)

La historia de la humanidad está llena de ejemplos complejos y maravillosos que son el fiel retrato de la idea de que “toda victoria de luz, fue una batalla de sombras”. Los movimientos de contracultura de los años 60s, por ejemplo, nos recuerdan la potencia de las luchas por los derechos civiles con un activismo y una coherencia política tal, que no hay lugar en el mundo que no haya sido tocado por la ola emancipatoria de aquellos tiempos. Muhammad Ali, por ejemplo, subía al ring transmitiendo con su práctica el orgullo por su raza; cuando lo van a mandar a Vietnam él dice: “primero, a mí ningún Viet Cong me ha llamado negro” -pues con esa palabra los discriminaban-, “y segundo, esta es una guerra en la que los blancos mandan a los negros a matar amarillos para quedarse con la tierra que les robaron a los rojos”.

En la actualidad, eventos como las medidas de Trump frente a la migración y los asuntos sociales, las grandes oleadas de refugiados en Europa y una creciente y silenciosa derecha que se opone; los crecientes desplazamientos y muertes de personas en el oriente medio, el desplazamiento interno y violencia política en países latinoamericanos como Colombia, Venezuela o Nicaragua, las profundas desigualdades provocadas por las reformas escolares imperantes, nos llevan a preguntarnos: ¿Hemos retrocedido en todo lo que consiguieron los movimientos de lucha por los Derechos Civiles y Antiguerra en décadas anteriores?

La respuesta es: No. En 1815, cuando derrotan a Napoleón, se hace la Santa Alianza. Todo lo que tiene que ver con la Revolución Francesa, con la autodeterminación de los pueblos, con los derechos del hombre y la ilustración parecen quedar esfumados. En 1815 pareciera que todo estaba perdido y resulta que esa generación es la que posibilitaría la emergencia del Romanticismo, uno de los más importantes y liberadores de Europa. Después de la Segunda Guerra Mundial se perdió todo el discurso de Occidente y fue necesario hacer reivindicaciones: hacer la declaración universal de los derechos humanos y repensar las dinámicas relacionales que organizaban la sociedad, al quedar todo pisoteado por el nazismo. Entonces los derechos son un ideal vuelto práctica, que hay que defender permanentemente. Enfrentamos una época en la que resulta prioritario recordar, resignificar y aprender de los errores cometidos.

Cuando se nace en una generación en donde se piensa que todo retrocedió, esa es la generación que comienza los cambios; por eso Sartre decía: “nunca fuimos más libres que durante la dominación alemana, porque solo bajo los nazis entendimos el verdadero valor de la libertad”. Fue de las frases más polémicas que lanzó, pero lo que decía era que, como humanidad, teníamos que pasar una prueba como esa para entender que la libertad era indispensable.

Ante las actuales crisis sociales, políticas, ambientales, económicas, de legitimidad de estado y de soberanía en Occidente, se ponen a prueba todos nuestros valores una vez más. Cuando los mínimos vitales para la convivencia y vida se encuentran amenazados, es necesario recordar las grandes movilizaciones que nos llevaron a ver hoy con ‘ojos de sentido común’ que los derechos que nos permiten vivir en libertad y dignidad se lograron a través de movilizaciones increíbles. Tales acciones y movimientos ciudadanos, sólo son posibles de reconocer a través de una apreciación crítica y reflexiva de nuestra historia. ¿Cómo vamos a repetir, qué podemos hacer? Todo esto hay que saberlo para no volver a incurrir en las mismas prácticas que fueron el tormento de muchos. Y si ocurre, tenemos que estar preparados para decir: eso ya pasó y no lleva a ningún lugar constructivo para la sociedad.

Nada se acaba y nada se impone definitivamente. Las utopías nacen en los días más oscuros. Estamos hablando de los espíritus de la libertad del hombre, que siempre están amenazados y siempre vuelven a surgir. La contracultura es la narración colectiva del espíritu de la libertad, y eso no depende de una época, es parte de la naturaleza humana, encontrándonos tal vez con un momento histórico para la educación y su enorme influencia sobre los procesos de transformación social tan anhelados, avanzando decididamente en una mayor justicia social para todos y todas.

Correspondencia a: leguizamond@hotmail.com / Correspondencia a: Eduardo.sandoval.o@gmail.com

Artículo enviado por sus autores a la redacción de OVE

Imagen tomada de: https://static.wixstatic.com/media/3520ba_fbf969da64f649fc9dc47a824ff5db59~mv2.png/v1/fill/w_630,h_364,al_c,usm_0.66_1.00_0.01/3520ba_fbf969da64f649fc9dc47a824ff5db59~mv2.png

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Los Facundos que llenan nuestras aulas

Reproducimos nota de opinión de Mercedes Lizondo, profesora de Filosofía en escuelas secundarias de Tucumán, y referente de la Agrupación Marrón Docente.

Mercedes Lizondo/Agrupación Marrón Docente – Pan y Rosas

“Preceptor, no voy porque no tengo zapatillas”. Así, Sergio le hacía saber a mi compañero Marcelo, que es preceptor en la escuela en la que trabajamos, que la causa de que su nombre en el registro escolar marque varios ausentes es que no tiene zapatillas para ir a la escuela. No es una historia particular, los docentes tenemos las aulas llenas de ausencias.

Sergio tiene trece años. Vive en La Banda del Río Salí. Cuando los diarios y las redes sociales se inundaron con la muerte de Facundo en las manos de la policía de Manzur, me acordé de Sergio.

Hacer paralelismos de historias de vida es un tanto reduccionista, porque vacía la reflexión de los sueños y deseos subjetivos de cada pibe. Pero lo que se puede generalizar, son las condiciones de vida que atraviesan a los miles de nuestros niños y jóvenes que crecen entre la eterna exclusión de un sistema rancio, que nada tiene para ofrecerles más que la distribución de la miseria. Unos pocos mancillan los sueños de millones de explotados. ¿Absurdo no?

Camino entre los diarios, recorro las redes. Veo construir el enemigo, brindar por su muerte, saltear el dolor de las tripas reclamando el pan de cada día, el deseo muerto de los juguetes que se anhelan en las vidrieras. Pero también veo que se empiezan a cuestionar las raíces del entramado perverso en el que se define la vida (y la muerte) de millones de personas. Raíces que van tejiendo cada uno de los gobiernos de turno, mientras que las flores crecen sólo para unos pocos.

Sí, existe el enemigo. No es Facundo, no es el que construyen los medios masivos de comunicación ni la rabia vomitada en las redes sociales. Hay responsables, con estómagos entrenados con criterios gourmet, con cuentas que terminarían con el llanto de todas las mamás y papás que veo a diario por falta de laburo, por sus pibes muertos por la droga o en manos del estado y su policía.

No hace falta construir el enemigo, hace falta desnudarlo.

Te lloro Facundo. En estas líneas te doy mi palabra de dedicar cada día de mi vida a luchar para que todos nuestros Facundos tengan, finalmente, un mundo libre de miserias, lleno de colores y pelotas de caucho de las más lindas para que griten los goles más grandes del mundo.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/Los-Facundos-que-llenan-nuestras-aulas

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El precio de los SaberES

Marco Fidel Gómez Londoño

La obsesión por los resultados en las pruebas estandarizadas ha mutado el ADN de la escuela que solía mostrar interés en los aspectos relacionados a la formación humana de los sujetos. La estructura del ADN contemporáneo se evidencia en la manera como se piensan los tiempos y procesos del estudiantado y profesorado: incremento de sus ocupaciones para mejores resultados; se afirma en las voces de los gobiernos que subrayan un resultado presionado por las políticas educativas actuales, orientadas, a su vez, por organismos económicos de amplio espectro global (OCDE); y se replica desde un lenguaje híbrido que apela a conceptos de una pedagogía “moderna” para formalizar sus fines empresariales.

La configuración de esta escuela, en su valoración desmedida por el producto de las pruebas estandarizadas, crea un caldo de cultivo apropiado para el enriquecimiento de grandes corporaciones que, alejadas de una preocupación genuina por la calidad de la educación ─como bien podría pensarse─, se interesan por las grandes cifras que mueven los organismos gubernamentales en su afán de alcanzar puestos honrosos en las listas de la “excelencia”.

Es el profesor Enrique Diez quien señala que “las multinacionales del mundo editorial y relacionadas con la educación privada están desembarcando en este suculento negocio que comporta muchos millones de beneficios” . Pone el ejemplo de la editorial británica Pearson que tiene un contrato bastante importante, financiado con dineros públicos, para la redacción, corrección y análisis de los exámenes de las pruebas PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes). La estructura del ADN de la educación actual, insisto, permite que estas grandes corporaciones asientan y direccionen procesos, a la vez que, con sus discursos altruistas y “vanguardistas”, refuerzan dicha estructura. Es un proceso en doble vía.

Pero no nos vayamos tan lejos. Aquí, en la ciudad innovadora, también suceden cosas. En el último informe Medellín Cómo Vamos (2016) aparece una mención del subsecretario de Educación de Medellín, Jorge Iván Ríos, quien, a la pregunta “sí tuviera que apostarle a una sola iniciativa que tenga el mayor impacto en los resultados de los estudiantes en pruebas de logro a cuál le apostaría la administración municipal” (sic), responde que “sería el fortalecimiento de la estrategia SaberEs, la cual requiere de altos niveles de inversión”.

Luego, reconoce que “es una experiencia que se ha tomado de algunos colegios privados de Medellín, se contrata con dos empresas que la han aplicado en ciudades como Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga y Cúcuta, con muy buenos resultados”. Conviene saber que la estrategia SaberEs, hace parte del plan de Desarrollo de Medellín 2016-2019 que, como bien se indica en la página de la Secretaría de Educación de Medellín, está enfocada en aumentar los resultados de las pruebas estandarizadas y en el “aprovechamiento” de los beneficios y oportunidades a partir de los mismos.

Es decir, desde un modelo de gestión que considera la competencia entre las instituciones educativas como favorecedora de la eficiencia en la educación, se plantea la posibilidad del acceso a los bonos o vouchers educativos que el gobierno provee a una parte reducida del estudiantado.

Ahora, para esta expedición “educativa”, y en concordancia con las palabras del subsecretario de Educación de Medellín, se ha seleccionado como guía a la empresa ─con dilatada experiencia─: Los Tres Editores S.A.S. Esta semana se inició con un proceso de capacitación a los profesores de las áreas relacionadas a las pruebas, siendo el modesto Hotel Dann Carlton la sede del encuentro.

 

Esta empresa, en su página web, y siendo leal a su interés “altruista” por la educación, afirma que: “Somos una empresa comprometida con el apoyo a la educación con calidad, cumpliendo con el objetivo de producir conocimiento teórico, práctico y de investigación que aporte a la calidad de la educación en los niveles de preescolar, básica, media y superior”.

Es pertinente recordar que este “apoyo a la calidad de la educación” se evidencia, por ejemplo, en sendos contratos celebrados en el año 2011 con el municipio de Sucre (Sucre), el primero de ellos por $229.992.000 pesos para la dotación de textos escolares a estudiantes de las instituciones educativas oficiales del municipio, y el segundo contrato por $499.980.000 pesos en material de apoyo para el desarrollo de las competencias de los estudiantes, también pertenecientes a las instituciones educativas oficiales; o en otro contrato, del mismo año, celebrado esta vez con la gobernación de Sucre por 499.928.000 pesos, para la dotación de textos escolares a estudiantes de nueve instituciones académicas del departamento (Ver Link); o en el contrato por 1.500 millones de pesos, también para dotación de textos escolares, realizado con la misma gobernación, (contrato por el cual la contraloría, en el año 2013, le abrió investigación al gobernador de Sucre, Julio César Guerra, por detrimento patrimonial debido a irregularidades relacionados con el costo de los libros).

Según las cosas, en Colombia, Los Tres Editores S.A.S es la versión criolla de la Pearson europea que aprovecha la obsesión ya manifestada por el gobierno local para hacer crecer su negocio. Esta editorial ha llegado con las buenas intenciones en hacer de Medellín una ciudad más que innovadora, educada; por lo menos la administración municipal así lo cree.

La inyección de dinero para tal propósito es bastante cuantiosa, y en ese sentido, hay que estar atentos y ejercer control ciudadano. Hablo no solo de las entidades de control, sino también del profesorado, estudiantado y padres de familia para que desde una posición crítica revisen las guías, las pruebas y las capacitaciones en las que participen.

La academia parece no equivocarse, entonces, cuando encuentra en estas pruebas estandarizadas un asunto que trasciende lo meramente educativo. Definitivamente detrás de los SaberEs hay otros saberes, con más cercanía a los bolsillos que a las personas.

Habría que decir con insistencia que el ADN de la escuela hace que estas editoriales se lucren; nuevamente los dineros públicos engordan las empresas privadas.

Habría que decirle a la administración que en vez de despilfarrar los dineros en meras guías y repetidas capacitaciones, que poco o nada aportan a la calidad de la educación, mejor giren la mirada hacia las universidades y a sus mismas escuelas en las que puede encontrar propuestas con mayor fundamento pedagógico.

Confundir educación con entrenamiento pervierte los fines de la educación, reduce, además, la complejidad del proceso educativo en la simplicidad de un examen. Como bien diría Pablo Gentili: estas pruebas que parecen más un concurso de belleza, equivocan el camino y conducen a un verdadero desastre en el que las editoriales aparecen como redentoras de la educación. A Medellín ha llegado, al parecer, la suya.

Fuente: https://laorejaroja.com/el-precio-de-los-saberes/

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