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Colleges and State Laws Are Clamping Down on Fraternities

By Kyle Spencer

Fraternity members at Louisiana State University adhere to age-old rituals, shrouded in secrecy, that dictate how they gather, greet each other and initiate their young pledges.

But when they return to campus in the fall, one ritual will be drastically different: They will face much more severe consequences for dangerous hazing incidents.

In May, eight months after the death of Maxwell Gruver, a freshman pledge at the university’s now banished Phi Delta Theta fraternity chapter, Gov. John Bel Edwards of Louisiana signed into law an anti-hazing bill that would make it a felony for those involved in hazing that resulted in death, serious bodily harm, or life-threatening levels of alcohol. And students found guilty could land in a Louisiana jail for up to five years.

The new law represents an important departure for Louisiana, which once had some of the most lenient anti-hazing laws in the nation. But it also reflects renewed efforts around the country — in state legislatures, inside courthouses and on campuses — to prevent the hazing injuries and deaths that have plagued college campuses for decades.

“Realistically, the answer is regulation and reform,” John Hechinger, the author of “True Gentlemen: The Broken Pledge of America’s Fraternities,” said during a panel on Greek life last week at The New York Times Higher Ed Leaders Forum. “That is really the only possibility.”

There has been at least one school-related hazing death each year in the United States since 1961, according to Hank Nuwer, a Franklin College journalism professor and the author of multiple books on hazing. Most, but not all, have occurred during fraternity initiation events.

But in 2017, four students, including Mr. Gruver at L.S.U., Tim Piazza, a 19-year-old at Pennsylvania State University and Andrew Coffey, a 20-year-old at Florida State University, lost their lives in hazing-relating incidents. Mr. Coffey died on a fraternity house couch after drinking an entire bottle of bourbon during Big Brother Night. In each case, multiple students were charged.

This fall, Penn State President Eric J. Barron, who appeared on the panel with Mr. Hechinger, said that the incident on his campus had been a “horrible tragedy,” but one that had spurred new interest in reform.

This past year, Dr. Barron banned 13 organizations from his campus and instituted 15 reforms, including switching disciplinary oversight of the institutions from a Greek governing council to university administrators, requiring newcomers to take a pledge about their actions inside their organizations and deferring the initiation process for freshmen until later on in the school year, so they can develop new friends and interests before being faced with hazing.

This winter, officials at Florida State University started a hazing education initiative and increased staff members charged with monitoring Greek life. And at Louisiana State, President F. King Alexander proposed 28 reforms, including a requirement that chapters hire house managers.

College administrators are also beginning to look at the problem collectively. At a meeting in Chicago this spring, representatives from 31 colleges and universities explored ways to garner more cooperation from national Greek organizations, which can resist university oversight.

Dr. Barron is pushing an online safety database that will record incidents at chapters around the country, indicate which institutions are doing exemplary work in their communities and which are experiencing alarming trends.

Penn State and many other universities already have, or are instituting, their own report cards.

The high profile nature of the cases is also impacting state capitals. Pennsylvania, like Louisiana, is expected to soon pass an anti-hazing law that would make death by hazing a felony.

New Mexico has also been exploring the idea.

In Tennessee, state representative John DeBerry Jr. floated a bill that would ban fraternities altogether in the state.

Mr. Hechinger says fighting to make fraternities safer is probably a better use of critics’ energy, as it is unlikely that fraternities will be banned on public campuses where they are powerful.

“If we were going to create a higher education system from scratch, would we have organizations that year after year kill a student? Probably not,” he said at the conference. “But they are very ensconced in higher education, and if you try to do some kind of ban, which is often what people are asking, you run the risk of underground behavior.”

Source of the article: https://www.nytimes.com/2018/06/05/education/learning/colleges-fraternities-laws.html

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La diversidad nos une

Por Daniel Sánchez Velásquez

“Todavía nos rehusamos como país a darle un verdadero valor a nuestra diversidad y aún se le niega la posibilidad a muchos peruanos de ser incluidos”.

 

Somos un país diverso. Esa es una realidad. Hay 55 pueblos indígenas, población afroperuana, contamos con 48 lenguas originarias habladas por cerca de 5 millones de personas, al año tienen lugar casi 7 mil festividades y más de 250 expresiones culturales son patrimonio inmaterial de la nación. Si bien esto no es un hecho reciente –tenemos más de 11 mil puntos arqueológicos que nos recuerdan que por siglos la diversidad ha sido un aspecto característico del Perú –, en los últimos años ha habido un importante trabajo de reconocimiento de nuestras diversas manifestaciones culturales. Las danzas, los textiles, la música, la cerámica y, sobre todo, la gastronomía se han convertido, merecidamente, en símbolos de orgullo nacional.

Sin embargo, este reconocimiento se ha centrado, muchas veces, en la manifestación cultural y no en los hombres y mujeres que la hacen posible. Así, nos sentimos orgullosos de nuestras 3.800 variedades de papa, pero no valoramos, en la misma medida, a los campesinos y campesinas que juegan un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad y la visibilidad de los conocimientos tradicionales en nuestro país. Celebramos y disfrutamos el festejo con el corazón hinchado por la huella memorable de nuestra herencia africana, no obstante, sobrevive la discriminación que sufren los afroperuanos para hacer efectivo el goce de sus derechos.

De igual forma, cada año miles de turistas visitan Puno para participar de la Fiesta de la Candelaria, una de las más grandes manifestaciones culturales del país. Miles de fotografías de los danzantes –con sus coloridos trajes– circulan por redes sociales y los medios de comunicación, incluso internacionales. Pero poco se reconoce a los artesanos y artesanas que se dedican durante todo el año a confeccionar la indumentaria que los bailarines utilizarán, usando técnicas y conocimientos antiguos que han pasado a través de las generaciones.

Todo ello se suma al hecho de que, aún hoy, como nos indican los datos de la reciente Encuesta Nacional sobre Percepciones y Actitudes sobre Diversidad Cultural y Discriminación Étnico Racial, uno de cada dos peruanos considera que se discrimina principalmente por el color de piel o los rasgos físicos de las personas, más del 40% cree que todos deberíamos hablar la misma lengua y casi la mitad de los encuestados piensa que sería mejor si tuviésemos las mismas costumbres. Esto evidencia que todavía nos rehusamos como país a darle un verdadero valor a nuestra diversidad y aún se le niega la posibilidad a muchos peruanos de ser incluidos en la construcción de nuestro proyecto de nación y reconocerla como un activo de nuestro desarrollo humano.

Es por ello que, en el marco de dos eventos fundamentales como la Semana de la Diversidad Cultural y Lingüística y el Mes de la Cultura Afroperuana, el Ministerio de Cultura realiza diferentes actividades orientadas a reflexionar sobre los retos de una sociedad diversa como la nuestra, la principal, el reconocimiento de sus protagonistas. Diferentes grupos étnicos y culturales han contribuido mucho en nuestra historia, pero todavía no han recibido la gratitud que merecen. Por eso, hace unos días, hemos rendido homenaje a Catalina Buendía de Pecho, mujer afroperuana, quien hace 135 años entregó su vida para salvar a su pueblo, San José de los Molinos (Ica), de una invasión extranjera, pero que todavía en los libros de historia no aparece como heroína. Revertir estas omisiones permitirá reivindicarlos como parte constitutiva de nuestra nación.

Con este espíritu también se ha aprobado, recientemente, para su prepublicación, la propuesta de estrategia para la salvaguardia y revalorización de los conocimientos, saberes y prácticas tradicionales y ancestrales de los pueblos indígenas, en el marco de la comisión multisectorial que lidera el Ministerio de Cultura con diversos sectores del Estado y los representantes de estos pueblos. En unos días se iniciará un proceso participativo orientado a recibir los aportes que permitan que los conocimientos sobre riego y transporte de agua, las técnicas de teñido con plantas tintóreas, la medicina indígena, la decisión de plantar y cosechar basada en la aparición de determinados animales o el apareamiento de otros, el sistema tradicional de jueces de agua, entre otros saberes valiosos, no se pierdan o sean tomados por terceros sin generar beneficios para las comunidades.

Todas estas acciones constituyen el primer paso para desarrollar una visión colectiva sobre las prácticas tradicionales y valorar a las personas que con su sabiduría, experiencia, aptitudes y prácticas mantienen y transmiten de generación en generación su identidad cultural y espiritual para beneficio de todos los peruanos y peruanas. Ello reafirma una vez más que, rumbo al bicentenario, uno debe ser nuestro objetivo: que la diversidad nos una.

Fuente del artículo: https://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/diversidad-interculturalidad-une-daniel-sanchez-velasquez-noticia-526580

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A 100 años del Manifiesto Preliminar de Córdoba

Por  Andrés Quishpe

Este 21 de junio se cumplen 100 años del Manifiesto Preliminar de Córdoba. Documento que mantiene plena vigencia, su trascendencia es histórica y su contenido sigue inspirando varias luchas. En Córdoba los estudiantes se alzaron y llamaron a las cosas por su nombre, enfrentando a un régimen universitario autoritario, vertical y tradicional, que no permitía el desarrollo científico y académico. La lucha por la reforma consiguió importantes logros para la universidad, como el cogobierno estudiantil, la eliminación de los dogmas, la libertad y la periodicidad de las cátedras y de asistencia, el ingreso a los sectores populares, elección democrática de autoridades, etc. Pero sobre todo la revuelta de Córdoba afirmó que la lucha por la reforma universitaria no puede ser comprendida como simples parches a modelo educativo alguno, debe ser todo un movimiento de ruptura, de cuestionamiento a la estructura académica, política de la universidad, es decir, cuestionar a las estructuras económicas y sociales que dominan a la universidad.

Al cumplirse un centenario del Manifiesto de Córdoba es menester reflexionar cómo en nuestro país varios de sus logros y postulados durante la década del correísmo fueron descontextualizados bajo conceptos como autonomía “responsable”, que sirvió para ubicar a la educación superior a los objetivos y planificación de Alianza PAIS, con organismos de dirección estructurados por el régimen y no por las instituciones de educación superior. La calidad educativa se redujo a simples datos; se obligó a que los principales esfuerzos de los docentes se orienten al cumplimiento de trámites administrativos y no pedagógicos; se confundió altas notas con inteligencia y, lo que es peor, la homogeneización de la educación se impuso para atender la diversidad cultural de pueblos y nacionalidades del Ecuador.

La década correísta concibió a la universidad como un objeto inerte, sin palabra, pensamiento y decisión, donde un grupo privilegiado de tecnócratas determinó lo que suponía era lo más conveniente en materia educativa; la categorización fue utilizada como arma psicológica porque buscó desmoralizar, mecanizar la razón y obligar a la comunidad universitaria a que acepte para sí su propio fracaso. Camuflándose en un discurso de izquierda se recortaron derechos como la elección de decanos y directores de carrera mediante el voto universal de los actores universitarios; se negó el acceso a miles de jóvenes de sectores populares; se recortaron y limitaron las acciones del cogobierno y su composición.

La realidad expresa que la mejor forma de revivir el Manifiesto Preliminar de Córdoba es cambiar esta realidad. Las reformas realizadas a la LOES son un primer paso. Pero la universidad ecuatoriana demanda recuperar derechos de fondo y no solo de forma; demanda analizar y transformar su modelo educativo y concepción que dejó el correísmo. Necesitamos una universidad que fomente una formación intelectual, democrática y de calidad, nutrida de contenidos del acervo cultural de nuestros pueblos, apegada al desarrollo de la ciencia y tecnología, así como del dominio de las herramientas para adquirirlos y fomentarlos. Una universidad con contenidos críticos, emancipadores como base necesaria para comprender el mundo en el que vivimos y participar en su mejora. (O)

Fuente del artículo: https://www.clarin.com/opinion/leandro-cahn-500-nuevos-casos-vih-ano-sabemos-prevenirlo-fallando_0_HJ0mJdpem.html

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Un debate educativo más allá de la Selectividad

Por Hugo Gutiérrez

La discusión sobre las pruebas de acceso a la Universidad es una constante en España

Fuente del artículo: https://politica.elpais.com/politica/2018/06/17/actualidad/1529255805_738792.html

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Almelina, no es una fábula

Por: Heriberto Rivera.

El cine sigue siendo una poderosa herramienta para colocar en claro la realidad de los pueblos, sus luchas, sus anhelos, sus frustraciones y sus esperanzas; es una instrumento de la comunicación que tiene entre sus  fines mantener viva la memoria   colectiva para no olvidar momentos transcendentales en la existencia del hombre.

El docudrama, así llamado por sus creadores, Almelina,  es una combinación de la realidad y la ficción, de la captura de la realidad a través de los hechos y eventos que se  producen en la cotidianidad y que le dan sentido a la existencia, que logran generar gran impacto en el espectador que lo es por partida doble ya que refleja la vida de cada uno de nosotros.

Actualmente Venezuela viene siendo sometida a una guerra fratricida, a una guerra de sexta generación donde los escenarios de la violencia ya no son las montañas  ni la extensa llanura, ni las mesetas y valles topográficos, no son ya como se  conoce a  los espacios naturales de una guerra convencional.

Es una guerra, en cual todos sus habitantes están sometidos y son actores de primera línea, son protagonistas que sufren y padecen los rigores de una confrontación  sin cuartel, una guerra que ocurre a nivel del cerebro, donde las llamadas redes sociales inducen el odio hasta  hacerlo viral, donde se satisfacen los deseos sanguinarios de quienes ocultos bajo la tecnología puesta al servicio del crimen generan la caotización de la sociedad, creando desasosiego y situaciones de inestabilidad emocional para hacerla presa fácil del crimen, de la violación de las normas más elementales de convivencia.

Para que esta estrategia imperialista de la Guerra de sexta generación logre resultados positivos es necesario contar con lo que  llaman “Alienado Programado” (AP) o “individuo‐masa”, sujeto manipulado que responde a la realidad virtual que reflejan los medios y que actúa en consecuencia con lo que ve, sin meditar, o cuestionar la falsedad o realidad de lo que recibe. Echar un vistazo a la TV o mi Facebook, luego existo. Veo mi twitter, luego existo. Miro mi WhatsApp luego vivo. Así los medios  cercenan la capacidad de pensamiento, en  esto no hay posibilidad para el pensar reflexivo.

Esa guerra, que lamentablemente se debe reconocer que esta bien diseñada dentro de las imperfecciones del ser humano utiliza las  redes sociales para estimular la activación del cerebro reptiliano, de la parte irracional del “CPU” humano que lo induce a tomar decisiones que escapan del control de sus emociones y sentimientos.

Las redes sociales incentivan la violencia verbal lo cual tal vez sea menos perceptible que la violencia física, pero con efectos más graves y nocivos trasmiten la cultura necrófila, que  en manos de psicópatas pueden llegar a transformarlas en armas de  destrucción masiva.

El lenguaje va más allá, pues su contenido cargado de violencia es  expresado y  “retituar” sin meditar tiene un poder de penetración en el inconsciente, es tanto reflejo de la mente humana como  canal de trasmisión de pensamiento y emociones las palabras tienen efectos en la vida diaria. Las palabras tienen efectos en la vida diaria, con ellas podemos construir pero también destruir, edificar o derrumbar, levantar o aplastar, y declarar o finalizar una contienda. Todo depende del uso que le demos.

Esta guerra tiene a los medios de comunicación y sus instrumentos como su mejor apéndice y juegan un papel fundamental  por su alcance,  siendo utilizados por  la lógica de la violencia establecida como mercado que domina sobre la solidaridad en la información.

En ese contexto transcurre Almelina, la película que actualmente se exhibe en los escenarios públicos  donde se refleja el ambiente de la  barbarie belicosa de la manipulación mediática   al cual esta sometida la población.

Almelina, la película nace en una realidad violenta que describe y narra de forma extraordinaria-con  formato bien logrado, excelente fotografía, guion y parlamento, excelente plano actoral- los momentos por los cuales atraviesa las ciudades  y pueblos de Venezuela,  que se viene convirtiendo en ese movilizador de la memoria colectiva donde en cada cine-foro se pone de manifiesto la expresión y la gallardía de la madurez y el compromiso de la gente en este momento  tan crucial para la revolución Bolivariana.

El docudrama Almelina, refleja con claridad pero a la vez plantea interrogantes sobre la lucha de clases que se adelanta en Venezuela, donde se viene aplicando libretos  y guiones que hasta ahora-y se espera que no se logre su objetivo-han cumplido la meta de acabar con gobiernos y proyectos legitimados por la voluntad popular. Socavando las bases de la sociedad.

Si bien, el docudrama, si acaso lo llegasen  a ver los de la otra orilla, no ejercerá ninguna influencia pues esa gente esta programada para el odio y el desprecio hacia  los humildes; en el caso de la orilla irreductible, sirve pa reafirmar su compromiso, su lealtad y fe en el porvenir que se  construye en el presente, que si pasa por momento de  violencia inducida  en lo económico, social y política, llegara el momento para la paz; Almelina tiene esa fortaleza, partiendo de un momento de violencia seguramente que es un catalizador a futuro para encontrar la paz.

hriverat1@hotmail.com

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Declaración de la III Conferencia Regional de la Educación Superior

Declaración de la III Conferencia Regional de la Educación Superior

 

  1. Preámbulo

Mujeres y hombres de nuestra América, los vertiginosos cambios que se producen en la región y en el mundo en crisis nos convocan, a luchar por un cambio radical por una sociedad más justa, democrática, igualitaria y sustentable.

Hace un siglo, los estudiantes reformistas proclamaron que “los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan” y no podemos olvidarlo, porque aún quedan y son muchos, porque aún no se apagan en la región la pobreza, la desigualdad, la marginación, la injusticia y la violencia social.

Los universitarios de hoy, como los de hace un siglo, nos pronunciamos a favor de la ciencia desde el humanismo y la tecnología con justicia, por el bien común y los derechos para todas y todos.

La III Conferencia Regional de Educación Superior de América Latina y el Caribe, refrenda los acuerdos alcanzados en las Declaraciones de la Reunión de la Habana (Cuba) de 1996, la Conferencia Mundial de Educación Superior de París (Francia) de 1998, y de la Conferencia Regional de Educación Superior celebrada en Cartagena de Indias (Colombia) en 2008, y reafirma el postulado de la Educación Superior como un bien público social, un derecho humano y universal y un deber de los Estados. Estos principios se fundan en la convicción profunda de que el acceso, uso y democratización del conocimiento es un bien social, colectivo y estratégico esencial para poder garantizar los derechos humanos básicos e imprescindibles para el buen vivir de nuestros pueblos, la construcción de una ciudadanía plena, la emancipación social y la integración regional solidaria latinoamericana y caribeña.

Reivindicamos la autonomía que permite a la universidad ejercer su papel crítico y propositivo frente a la sociedad sin que existan límites impuestos por los gobiernos de turno, creencias religiosas,  el mercado o  intereses particulares. La defensa de la autonomía universitaria es una responsabilidad ineludible y de gran actualidad en América Latina y el Caribe y es, al mismo tiempo, una defensa del compromiso social de la universidad.

La educación, la ciencia, la tecnología y las artes deben ser así un medio para la libertad y la igualdad, garantizándolas  sin distinción social, género, etnia, religión ni edad.

Pensar que las tecnologías y las ciencias resolverán los problemas acuciantes de la humanidad es importante pero no suficiente. El diálogo de saberes para ser universal ha de ser plural e igualitario, para posibilitar el diálogo de las culturas.

Las diferencias económicas, tecnológicas y sociales entre el norte y el sur y las brechas internas entre los Estados no han desaparecido sino que han aumentado. El sistema internacional promueve el libre intercambio de mercancías, pero aplica excluyentes regulaciones migratorias. La alta migración de la población latinoamericana y caribeña muestra otra cara de la falta de oportunidades y la desigualdad que afecta, sobre todo, a las poblaciones más jóvenes. La desigualdad de género se manifiesta en la brecha salarial, la discriminación en el mercado laboral y en el acceso a cargos de decisión en el Estado o en las empresas. Las mujeres de poblaciones originarias y afrodescendientes son las que muestran los peores indicadores de pobreza y marginación.

La ciencia, las artes y la tecnología deben constituirse en pilares de una cooperación para el desarrollo equitativo y solidario de la región, basadas en procesos de consolidación de un bloque económicamente independiente y políticamente soberano.

Las débiles regulaciones de la oferta extranjera han profundizado los procesos de transnacionalización y la visión mercantilizada de la educación superior, impidiendo cuando no cercenando, en muchos casos, el efectivo derecho social a la educación. Es fundamental revertir esta tendencia e instamos a los Estados de América Latina y el Caribe a establecer rigurosos sistemas de regulación de la educación superior y de otros niveles del sistema educativo.

Frente a las presiones por hacer de la Educación Superior una actividad lucrativa es imprescindible que los Estados asuman el compromiso irrenunciable de regular a las instituciones públicas y privadas, cualquiera sea su modalidad y promoviendo la diversidad institucional, para hacer efectivo el acceso universal, la permanencia y la titulación de la educación superior, atendiendo a una formación de calidad con inclusión, diversidad y pertinencia local y regional.

De manera similar al año 1918, actualmente “la rebeldía estalla” en América Latina y el Caribe, y en un mundo donde el sistema financiero internacional concentran a las minorías poderosas, y empuja a las grandes mayorías a los márgenes de la exclusión, la precariedad social y laboral.

Con todo y los enormes logros que se han alcanzado en el desarrollo de los conocimientos, la investigación y los saberes de las universidades y de los pueblos, un sector importante de la población latinoamericana, caribeña y mundial, se encuentra sin acceso a los derechos sociales básicos, al empleo, a la salud, al agua potable o a la educación. En pleno siglo XXI millones de niños, jóvenes, adultos y ancianos, están excluidos del actual progreso social, cultural, económico y tecnológico. Aún más, la desigualdad regional y mundial es tan pronunciada, que en muchas situaciones y contextos existen comunidades que no tienen acceso a la educación superior, porque ésta aún sigue siendo un privilegio y no un derecho, como anhelaron los jóvenes en 1918.

En el Centenario de la Reforma, no somos ajenos al sufrimiento humano ni al mandato de la historia. No podemos seguir indiferentes al devenir del orden colectivo, a la lucha por la verdad heroica y al anhelo trascendente de la libertad humana. La Educación Superior debe constituirse desde los liderazgos locales, estatales, nacionales e internacionales, tal y como ahora están aquí representados plenamente.

Desde estos posicionamientos, será posible llevar a cabo una nueva e histórica transformación de la educación superior desde el compromiso y responsabilidad social, para garantizar el pleno ejercicio al derecho a la educación superior pública, gratuita y de amplio acceso.

En consonancia con el cuarto Objetivo de Desarrollo Sustentable (ODS) de la Agenda de Desarrollo adoptada por la UNESCO (2030), instamos a los Estados a promover una vigorosa política de ampliación de la oferta de educación superior, la revisión en profundidad de los procedimientos de acceso al sistema, la generación de políticas de acción afirmativas —con base en género, etnia, clase y capacidades diferentes— para lograr el acceso universal, la permanencia y la titulación.

En este contexto, los sistemas de educación superior deben pintarse de muchos colores, reconociendo la interculturalidad de nuestros países y comunidades, para que la educación superior sea un medio de igualación y de ascenso social y no un ámbito de reproducción de privilegios. No podemos callarnos frente a las carencias y dolores del hombre y de la mujer, como sostuvo Mario Benedetti con vehemencia, “hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”.

Hace un siglo los estudiantes Reformistas denunciaron con firmeza que en una Córdoba y en un mundo injusto y tiránico, las universidades se habían convertido en el “fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil”. Ha pasado el tiempo y ese mensaje cargado de futuro nos interpela y nos atraviesa como una flecha ética, para cuestionar nuestras prácticas. ¿Qué aportamos para la edificación de un orden justo, la igualdad social, la armonía entre las Naciones y la impostergable emancipación humana?; ¿Cómo contribuimos a la superación del atraso científico y tecnológico de las estructuras productivas?; ¿Cuál es nuestro aporte a la forja de la identidad de los pueblos, a la integridad humana, a la igualdad de género y al libre debate de las ideas para garantizar la fortaleza de nuestras culturas locales, nacionales y regionales?

Es por eso que creemos fehacientemente que nuestras instituciones deben comprometerse activamente con la transformación social, cultural, política, artística, económica y tecnológica que es hoy imperiosa e indispensable. Debemos educar a los dirigentes del mañana con conciencia social y con vocación de hermandad latinoamericana. Forjemos comunidades de trabajo donde el anhelo de aprender y la construcción dialógica y crítica del saber entre docentes y estudiantes sea la norma. Construyamos ambientes democráticos de aprendizaje, donde se desenvuelvan las manifestaciones vitales de la personalidad y se expresen sin límites las creaciones artísticas, científicas y tecnológicas.

La educación superior a construir debe ejercer su vocación cultural y ética con la más plena autonomía y libertad, contribuyendo a generar definiciones políticas y prácticas que influyan en los necesarios y anhelados cambios de nuestras comunidades. La educación superior debe ser la institución emblemática de la conciencia crítica nacional de nuestra América.

Las instituciones de educación superior están llamadas a ocupar un un papel preponderante en la promoción y fortalecimiento de las democracias latinoamericanas, rechazando las dictaduras y atropellos a las libertades públicas, a los derechos humanos y a toda forma de autoritarismo en la región. Expresamos nuestra solidaridad con las juventudes, de nuestra América y del mundo, cuya vida celebramos, y reconocemos, en sus luchas y anhelos, nuestras propias aspiraciones a favor de la transformación social, política y cultural.

La tarea no es simple, pero es grande la causa e ilumina el resplandor de su verdad. Se trata, como profetizó el Manifiesto Liminar, de mantener alto el “sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad”.

Mujeres y hombres del continente, miremos hacia el futuro y trabajemos sin pausa en la reforma educacional permanente, en el renacer de la cultura y de la vida de nuestras sociedades y pueblos.

Presentada en la asamblea de la III Conferencia Regional de Educación Superior celebrada en la Universidad Nacional de Córdoba, a los 14 días del mes de junio de 2018.

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UNICEF: Una oportunidad para cada niño

Todos y cada uno de los niños tienen derecho a la salud, la educación y la protección, y todas las sociedades salen ganando si fomentan que los niños y niñas tengan una oportunidad en sus vidas. Sin embargo, en todo el mundo, millones de niños no pueden disfrutar de una oportunidad justa debido únicamente al país, el género o las circunstancias en que han nacido. El Estado Mundial de la Infancia 2016 sostiene que el progreso para los niños más desfavorecidos no sólo es un imperativo moral, sino también estratégico. La decisión que tienen que tomar las partes interesadas es clara: invertir en un progreso acelerado para los niños que han quedado atrás, o enfrentarse a las consecuencias de un mundo mucho más dividido en 2030. En el momento en que se pone en marcha un nuevo programa para el desarrollo, el informe concluye con un conjunto de recomendaciones para contribuir a marcar el rumbo hacia un mundo más equitativo.

Información general
Autor: UNICEF Precio: Gratuito Número de páginas: 180Fecha de publicación:Junio 2016 Editor: UNICEF
Versiones disponibles en otros idiomas
Formatos disponibles
Para obtener más información
Sírvase contactar: pubdoc@unicef.org

DESCARGAR AQUÍ:  UNICEF_SOWC_2016_Spanish

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