Los dos primeros Objetivos de Desarrollo del Milenio son erradicar la pobreza y el hambre y lograr una enseñanza primaria universal. Para lograrlo es fundamental el adecuado desarrollo de los niños y de los que serán sus medios de vida, lo que pasa por darles una educación y nutrición adecuadas.
La FAO sostiene que los huertos escolares son una plataforma de aprendizaje muy útil para mejorar la educación y la nutrición infantil y, a la vez, fomentan la conservación del medio ambiente y el bienestar social, físico y mental de toda la comunidad educativa.
La necesidad de crear huertos escolares y sus objetivos
En los países industrializados, la agricultura intensiva y los actuales hábitos alimentarios tienen cada vez más efectos nocivos para nuestra salud y para el medio ambiente, mientras que muchos países subdesarrollados no poseen los medios y la formación suficiente para conseguir una agricultura capaz de dar de comer a todas las personas de forma suficiente y segura.
Entre todos podemos conseguir que los huertos escolares tengan un papel significativo en la lucha contra estos problemas que amenazan a la sociedad actual: la inseguridad alimentaria y el cambio climático.
Para ello es necesario promover hábitos que mejoren la salud, como una alimentación más saludable, y una educación nutricional, agrícola y ambiental que conciencie a los niños de la necesidad de cambiar las cosas, ya que de ellos dependen las futuras acciones y medidas para erradicar estos problemas.
Los objetivos de los huertos escolares deben estar encaminados a dar respuesta a estos problemas y necesidades. Según la FAO y otros organismos nacionales e internacionales deben ser los siguientes:
Mejorar la calidad de educación mediante una pedagogía más dinámica que incluya planes de estudio multidisciplinares que combinen conocimientos teóricos, prácticos y técnicas de subsistencia.
Afianzar habilidades prácticas en agricultura y en horticultura mediante la creación y mantenimiento de huertos familiares.
Impartir una enseñanza activa vinculando la horticultura tanto al juego y al esparcimiento, como a otras materias como las matemáticas, la biología, la lectura y la escritura.
Impartir enseñanzas prácticas sobre nutrición que fomenten la producción y consumo de alimentos saludables y un estilo de vida sano.
Aumentar el acceso a la educación atrayendo a las familias a escuelas que traten temas que afecten a su vida cotidiana.
Incrementar la calidad nutricional de los alimentos que ingieren los niños y reducir el número de niños malnutridos o con una alimentación inadecuada.
Mejorar la actitud y los conocimientos de los niños respecto a la agricultura y la vida rural.
Educar en la sensibilidad ambiental contribuyendo a la sostenibilidad del planeta mediante la inclusión de una formación medioambiental y ecológica.
Ofrecer a los alumnos un instrumento de supervivencia o apoyo a la economía familiar para épocas de escasez de alimentos o dificultades económicas.
Especialmente en países subdesarrollados, aumentar la asistencia escolar y, en muchos hogares, compensar la ausencia de los padres en cuanto a la transferencia de conocimientos necesarios para el desarrollo vital de niños y jóvenes.
Promover el oportunidades de generación de ingresos.
En las ciudades, mejorar el entorno urbano y la sostenibilidad.
Beneficios de los huertos escolares
Muchos de ellos están relacionados con los objetivos que se pretenden alcanzar, pero otros muchos son beneficios añadidos que surgen como consecuencia del desarrollo de la actividad agraria en las escuelas. Los huertos escolares:
Son beneficiosos para el aprendizaje: “Escucho y olvido, veo y recuerdo, hago y entiendo” (Confucio, 551-479 aC).
Fomentan el conocimiento de variedades de frutas y hortalizas que eran desconocidas para los niños y/o sus familias.
Proporcionan un lugar para adquirir conocimientos relacionados con la naturaleza, la agricultura y la nutrición.
Mejoran la dieta y son una fuente de alimentación sana, natural y variada, importante para el desarrollo físico y mental de los niños.
Ayudan a luchar contra problemas relacionados con la alimentación infantil: obesidad, desnutrición…
Representan un espacio para el disfrute y el esparcimiento dentro de la escuela.
Fomentan aptitudes empresariales.
Mejoran el entorno y la sostenibilidad de las ciudades.
Contribuyen a la regeneración y conservación del medio ambiente y sus recursos.
Favorecen el desarrollo socioeconómico.
Son una importante herramienta social ya que en ellos tiene lugar el trabajo en equipo de los niños y niñas de los grupos de clase, así como su interacción con profesores y familias desarrollando valores éticos de convivencia, participación y colaboración.
Aumenta las relaciones entre el ser humano y la naturaleza.
Refuerzan el conocimieto de materias básicas como la lectura, la escritura, la biología o las matemáticas.
Mejoran la inteligencia de los niños.
Estos son sólo algunos de los beneficios que los huertos escolares pueden representar para la vida de los niños y del resto de la comunidad educativa.
“Los problemas aparecen a través de las instituciones responsables. Voluntad política y capacidades institucionales, frente a las resistencias, las restricciones institucionales y los conflictos: es en esta arena en donde se ponen a prueba las leyes”.
No una, sino diez ocasiones se ha reformado el Artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, de 1917 a 2016. Estas reformas han dado lugar a la estructura y dimensión de la educación obligatoria actual, a partir de cinco hitos fundamentales: 1) la definición de sus principios históricos fundacionales: educación pública, gratuita y laica, así como de su orientación democrática y hacia la convivencia humana; 2) el crecimiento de la escolarización obligatoria que ahora cubre desde la educación preescolar, hasta la media superior; 3) la distribución de la función social educativa, que establece el marco legal de atribuciones entre los diferentes órdenes de gobierno; 4) el reconocimiento del enfoque de derechos que pone mayor énfasis en la atención de los grupos más vulnerables, y 5) la incorporación de una característica más a la educación obligatoria con la reforma de 2013: el ser de “calidad” ―definiéndola como el máximo logro de aprendizaje de los alumnos―,asignando al Estado la obligación de garantizarla.
Las aportaciones constitucionales para hacer de la educación una palanca de inclusión, desarrollo, bienestar e igualdad social, son claras. Sin embargo, los problemas aparecen en el momento de su implementación a través de las instituciones responsables, de las políticas que emanan del Estado y de los gobiernos en turno. Es en esta arena donde se ponen a prueba las leyes, la voluntad política y las capacidades institucionales, frente a las resistencias, las restricciones institucionales y los conflictos, lo que en conjunto marca los espacios de viabilidad y avance entre los fines, y lo que realmente se concreta.
Estos problemas de implementación reflejan, en el fondo, la tensión con la que nació el artículo tercero constitucional en el marco del arquetipo originario del liberalismo social que fue la gran pértiga para afianzar la estabilidad social y la gobernabilidad política del país. En la realidad de la política educativa, esta tensión se manifestó en una lógica pendular: a veces más liberal alineada a los ideales de progreso de la sociedad de mercado y a veces más social, con mayor cercanía a los anhelos populares de justicia y democracia.
Las reacciones ante cada extremo de esta contradicción, asociadas a la puesta en marcha de la ley, distintos espacios de encuentro en esta arena, a partir de lo que algunos analistas denominan la “trayectoria de dependencia”. El resultado ha sido un diseño organizativo basado en tres patrones de dependencia institucional que amalgamados al sistema educativo mexicano y que aparecen, invariablemente, en los procesos de implementación: la centralización político-administrativa, que se caracteriza por la estructura de decisiones altamente concentrada y anclada en el poder federal sobre el funcionamiento de los servicios educativos locales; la mediación política-corporativa, es decir, este sistema de representación de intereses que sirve de puente de comunicación y procesamiento de conflictos entre las élites gubernamentales y los diferentes actores involucrados en el funcionamiento del sistema educativo; y el regulacionismo pedagógico y curricular, que alude a la trayectoria institucional basada en la definición centralizante de las grandes orientaciones educativas y de los contenidos y los procesos de gestión en la escuela para definir qué se enseña y cómo.
Conviene tomar en cuenta esto cuando la reforma de 2013 y el nuevo modelo educativo mexicano que se deriva de ella, plantea sustituir la centralización político-administrativa por un nuevo modelo de gobernanza institucional; la mediación política corporativa por un sistema de mérito y de evaluación; y la regulación pedagógica centralizada por la autonomía curricular para las escuelas.
Una hipótesis que explica estos patrones de dependencia es que la matriz del liberalismo social no ha podido cristalizarse en nuestro sistema educativo, entre otras razones, por la desigualdad social, la falta de transformaciones democráticas, la ausencia de innovación de las instituciones del Estado y un déficit de ciudadanía plena.
Mientras esto no se resuelva, será muy difícil crear un escenario político, social y cultural que permita nuevos arreglos institucionales para definir y ejecutar las políticas educativas de la reforma. En tanto los mandatos de las reformas constitucionales no se reflejen en nuevas trayectorias de acción y sentido para la sociedad y la política, es decir, pasar de la gobernabilidad a la gobernanza del sistema educativo a efecto de replantear los patrones de dependencia, concretar el derecho a una educación de calidad para todos seguirá siendo, para México y para todos nosotros, un descomunal y lacerante desafío.
* Estudioso e interesado en los temas de política educativa, juventud, educación media superior y migración, autor de numerosos ensayos y libros en el tema. Es doctor en Ciencias Sociales por el Colegio de México y miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel II, premio de la Academia Mexicana de Ciencias en Sociología en 1999. Ha sido profesor-investigador en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México, consultor de la Organización de las Naciones Unidas, coordinador general de la Reforma de Educación Secundaria en México y representante del país ante la Unión Europea para el Proyecto Alfa-Tuning para América Latina. Hoy es titular de la Unidad de Normatividad y Política Educativa en el INEE.
It’s time to think dangerously again. In part, this means learning how to hold power accountable, search for the truth, embrace thoughtfulness, and recognize that no society ever reaches the limits of justice. Such thinking should be capable of both understanding and engaging the major upheavals people face and be able to connect such problems to both historical memory and larger political, structural, and economic issues. Such thinking nurtures the imagination and envisions a future in which the impossible becomes possible once again. Hannah Arendt has argued that all thinking is dangerous; this appears particularly true in the age of Trump.
What happens to democracy when the President of the United States labels critical media outlets “enemies of the people» and derides the search for truth by disparaging such efforts with the blanket use of the term, fake news? What happens to a society when thinking becomes an object of contempt and is disdained in favor of raw emotion? What happens when political discourse functions as a bunker rather than a bridge? What happens when the spheres of morality and spirituality give way to the naked instrumentalism of a savage market rationality? What happens when time becomes a burden for most people and surviving becomes more crucial than trying to lead a life with dignity? What happens to a social order ruled by an “economics of contempt” that blames the poor for their condition and wallows in a culture of shaming? What happens to a polity when it retreats into private silos and is no longer able to connect personal suffering with larger social issues? What happens to a social order when it treats millions of illegal immigrants as disposable and potential terrorists and criminals? What happens to thinking when a society is addicted to speed and over-stimulation? What happens to a country when the presiding principles of a society are violence and ignorance? What happens is that democracy will wither and die as both an ideal and a reality.
The need to think dangerously becomes particularly important in a society that appears increasingly amnesiac – a country in which forms of historical, political, and moral forgetting are not only willfully practiced but celebrated. The United States has tipped over into a social order that is awash in public stupidity and views critical thought as both a liability and a threat. Not only is this obvious in the presence of a celebrity culture that embraces the banal and idiotic, but also in the prevailing discourses and policies of a range of politicians and anti-public intellectuals who believe that the legacy of the Enlightenment needs to be reversed.
Thinking dangerously is inseparable from the notion of critical reading and reading critical books. It is about how knowledge, desire, and values become invaluable tools in the service of economic and political justice, how language provides the framework for dealing with power and what it means to develop a sense of compassion for others and the planet. Reading critical books is no longer an option but a necessity in the fight against manufactured ignorance. Such reading is the foundation for thinking dangerous and acting courageously. Critical reads are the basis for a formative and educational culture of questioning and politics that takes seriously how the imagination can become central to the practice of freedom, justice, and democratic change.
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In February, we began soliciting reading lists and recommendations from booksellers, authors, and friends of the store that, in some way, highlight the critical nature of the very act of reading. On our blog and across our social media platforms, we posted the following:
Reading is critical, in both senses of the word. Crucial, of course, insofar as it is a cornerstone of communication, a primary means by which we receive information. But it is also an active form of resistance, a tactic in the struggle against ignorance, misinformation, and manipulation. To read is to become knowledgeable; to become knowledgeable is to become powerful.
The response to this #readingiscritical project has been so overwhelmingly positive that we’ve decided to continue it indefinitely. Please continue to follow along, and join the conversation by tagging us on social media and/or using the hashtag #readingiscritical.
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Español:
Crítica de Henry Giroux Lee y un pensamiento peligrosamente en una era de Trump
Es hora de pensar peligrosamente de nuevo. En parte, esto significa aprender a rendir cuentas de energía, la búsqueda de la verdad, abrazar consideración, y reconoce que ninguna sociedad de que llegue a los límites de la justicia. Esa forma de pensar debe ser capaz tanto de la comprensión y la participación de los principales trastornos que enfrentan las personas y ser capaz de conectarse a este tipo de problemas tanto de la memoria histórica y las cuestiones políticas, estructurales y económicas más grandes. Tal pensamiento nutre la imaginación y la visión de un futuro en el que el imposible se hace posible una vez más. Hannah Arendt ha argumentado que todo pensamiento es peligroso; Esto parece particularmente cierto en la era de Trump.
¿Qué ocurre con la democracia cuando el Presidente de los Estados Unidos denominan medios críticos «enemigos del pueblo» y se burla de la búsqueda de la verdad por menospreciar esos esfuerzos con el uso general del término, noticias falsas? ¿Qué pasa con una sociedad cuando el pensamiento se vuelve un objeto de desprecio y se despreció a favor de la emoción en estado puro? ¿Qué ocurre cuando las funciones del discurso político como un búnker en lugar de un puente? ¿Qué pasa cuando las esferas de la moral y la espiritualidad dan paso al instrumentalismo desnudo de una racionalidad del mercado salvaje? lo que sucede cuando el tiempo se convierte en una carga para la mayoría de la gente y sobrevivir se convierte en más importante que tratar de llevar una vida con dignidad? ¿Qué le sucede a un orden social gobernado por una «economía de menosprecio» que culpa a los pobres por su condición y se revuelca en una cultura de avergonzar ? ¿Qué pasa con un sistema de gobierno cuando se retira en silos privados y ya no es capaz de conectarse sufrimiento personal con problemas sociales más grandes? ¿Qué le sucede a un orden social cuando se trata a millones de inmigrantes ilegales como terroristas y criminales desechables y potenciales? ¿Qué ocurre con el pensamiento cuando una sociedad es adicta a la velocidad y la sobre-estimulación? Lo que le sucede a un país cuando los principios que presiden una sociedad son la violencia y la ignorancia? Lo que pasa es que la democracia se marchitan y mueren como tanto un ideal y una realidad.
La necesidad de pensar peligrosamente se vuelve particularmente importante en una sociedad que parece cada vez más amnésico – un país en el que las formas de olvido histórico, político y moral no sólo se practican intencionalmente, pero celebran. Los Estados Unidos han volcado en un orden social que está inundado de la estupidez pública y considera que el pensamiento crítico como de pasivo y de una amenaza. Esto no sólo es evidente en la presencia de una cultura de la celebridad que abarca lo banal e idiota, sino también en los discursos y políticas de una serie de políticos e intelectuales anti-públicas que creen que el legado de la Ilustración debe ser invertida imperantes.
Pensando peligrosamente es inseparable de la noción de lectura crítica y la lectura de libros críticos. Se trata de cómo el conocimiento, el deseo, y los valores se convierten en herramientas muy valiosas en el servicio de la justicia económica y política, cómo el lenguaje proporciona el marco para tratar con el poder y lo que significa para desarrollar un sentido de compasión por los demás y el planeta. La lectura de libros críticos ya no es una opción sino una necesidad en la lucha contra la ignorancia fabricado. Tal lectura es la base para pensar y actuar con coraje peligroso. Crítico lecturas son la base de una cultura formativa y educativa de cuestionamiento y de la política que toma en serio cómo la imaginación puede llegar a ser fundamental para la práctica de la libertad, la justicia y el cambio democrático.
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En febrero, comenzó a solicitar listas y recomendaciones de lectura de los libreros, autores y amigos de la tienda que, de alguna manera, resaltar la naturaleza crítica del mismo acto de la lectura. En nuestro blog de ya través de nuestras plataformas de medios sociales, hemos publicado los siguientes:
La lectura es fundamental, en ambos sentidos de la palabra. Fundamental, por supuesto, en la medida en que es una piedra angular de la comunicación, el medio principal por el cual recibimos la información. Pero también es una forma activa de la resistencia, una táctica en la lucha contra la ignorancia, la desinformación y la manipulación. Para leer es llegar a ser informado; para adquirir conocimientos es llegar a ser de gran alcance.
La respuesta a este proyecto #readingiscritical ha sido tan abrumadoramente positiva que hemos decidido continuar indefinidamente. Por favor continúe seguir a lo largo, y unirse a la conversación etiquetado en las redes sociales y / o usando el hashtag#readingiscritical .
e desató la polémica y el lunes comenzarán las clases en el Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA) pero sin los cambios históricos anunciados por sus autoridades a fines de febrero, que buscaban introducir una reforma en el modo de organizar a los alumnos en las aulas y remover parte de los característicos pupitres de madera del colegio. El objetivo era aumentar en un 15 por ciento el cupo para 2018 y mejorar las prácticas pedagógicas en clase.
La reorganización quedó suspendida por el momento ante los cuestionamientos que apuntan sobre todo a la falta de análisis y debate de la propuesta de reorganización planteada por el rector del colegio, Gustavo Zorzoli, entre los claustros de docentes, graduados y alumnos representados en el Consejo de Escuela Resolutivo (CER), el órgano que cogobierna la vida del colegio junto al rector. Zorzoli había alcanzado su decisión sin antes analizarla ni consultarla con el CER ni con el Consejo Académico (CA).
«Esta rectoría rediseñará el proyecto original y lo pondrá a consideración del Consejo Académico y del CER de forma conjunta, posponiendo su implementación». Así se refirió Zorzoli, en relación a la marcha atrás de la reorganización de las aulas, en una comunicación vía email a docentes, padres y alumnos del colegio el miércoles por la noche.
El objetivo de los cambios era aumentar el cupo. Foto: Archivo / Fernando Massobrio
CER o no CER
Ese día Zorzoli había acudido al Rectorado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de la que depende en última instancia la marcha del CNBA, en un intento por encontrar una definición acerca del alcance de la autoridad del rector del Buenos Aires para decidir de manera unilateral el tipo de reorganización propuesta, sin necesidad de contar con el consenso del claustro de profesores, estudiantes y ex alumnos en el CER. Con la decisión de Zorzoli se desató un conflicto de interpretaciones acerca del rol del CER en la gestión del colegio y su proyecto pedagógico institucional.
Finalmente, el rector optó por dar lugar a la búsqueda de «consenso necesario de toda la comunidad, dadas las evidentes diferencias entre las representaciones políticas (CER) y académicas (CA)», según lo expresó en el último comunicado oficial.
Según Zorzoli, el 1 de marzo, con la decisión ya tomada, el proyecto había logrado el aval del CA que preside el rector y está integrado por los jefes de departamentos pedagógicos del CNBA y por seis profesores eméritos o regulares, especialistas destacados de diversas áreas, entre ellos la reconocida experta en didáctica, Alicia Camilloni.
Sin embargo, por su parte, el CER no dio su apoyo y el último lunes los ocho representantes del claustro de docentes y los dos de graduados votaron por la suspensión temporaria de la puesta en marcha de la reforma. Además exigieron a Zorzoli la presentanción del proyecto «por escrito» para su evaluación. Los cuatro representantes de los estudiantes prefirieron abstenerse hasta tanto la asamblea de alumnos del Buenos Aires debata y vote el tema, una vez iniciadas las clases.
«Tengo el apoyo de los jefes de departamento pero no cuento con el aval político», le dijo Zorzoli a LANACION. El rector se refería a la falta de apoyo de los representantes de los graduados y también de los docentes, tanto de la mayoría por la lista «Nuestro colegio» como de la minoría, de la lista «Colectivo docente». En 2016, la lista de docentes más cercanos a Zorzoli perdió las elecciones y hoy sus posiciones no cuentan con representantes en el CER.
El proyecto de Zorzoli contemplaba una reorganización con fuerte impacto en la vida de una institución de 153 años, con rutinas marcadas a fuego en la conciencia colectiva de alumnos y profesores:
La distribución de aulas según materias y no según los años y divisiones
La asignación de los clásicos claustros del edificio del CNBA a las materias en lugar de a los alumnos de cada año respectivo
El traslado continuo de alumnos a lo largo del día de clase, sin aulas fijas
El reemplazo de parte de los bancos de madera sujetos al suelo por mesas y sillas movibles
El cambio del rol de los preceptores, que ya no tendría una relación exclusiva con las divisiones a su cargo, sino con múltiples divisiones y gran cantidad y variedad de alumnos a lo largo de la jornada.
Acuerdo y desacuerdos
Cuando el 20 de febrero Zorzoli hizo pública la decisión, la noticia tomó a la mayoría de los docentes, ex alumnos, alumnos y padres, por sorpresa. Hasta ese día, la propuesta no había sido expuesta ni ante el CA ni ante el CER, aunque sí ante los jefes de departamentos pedagógicos.
A partir de ese momento, se disparó el debate en la comunidad del Buenos Aires por los canales institucionales del colegio pero también por twitter, donde el rector del CNBA es muy activo. La discusión fue de fondo pero también de forma.
«No estamos necesariamente en contra del proyecto porque no lo conocemos -explicó el profesor de matemática Néstor Di Melia, alineado dentro de la agrupación «Colectivo docente»-. Sí creemos que para emitir cualquier valoración es necesario conocer los detalles pero este fue un proyecto inconsulto del que no hay nada por escrito».
«Los expertos no fueron consultados, ni los docentes ni los preceptores»
«Los docentes son los expertos, los que estamos en el aula, y los expertos no fueron consultados, ni los docentes ni los preceptores», le dijo a LANACION la representante de los docentes en el CER por la lista «Nuestro colegio», la profesora de castellano y literatura María Elina Denes cuando se conoció la noticia de la reorganización.
Denes reconoce la necesidad de mejorar prácticas pedagógicas en la secundaria y prefiere ser prudente a la hora de evaluar el contenido de la reforma. «No digo que no pueda funcionar. Pero una reforma de tamaña naturaleza merece una consulta amplia y quizás una implementación en etapas», sostuvo.
El debate de profesores, estudiantes, ex alumnos y padres muestra algunos acuerdos. Hay consenso acerca de la necesidad de innovar en la escuela secundaria y acerca del «carácter experimental» del Buenos Aires en lo pedagógico y las ventajas de introducir cambios en didáctica. Hay acuerdo en torno a la ampliación del cupo, que la reorganización permitiría.
Del lado de los interrogantes y temores, está la inquietud por el impacto en la autonomía de los chicos y su capacidad de organización, sin aulas ni preceptores ni tutores fijos, sobre todo en el caso de los ingresantes. También hay dudas acerca del modo en que la falta de un claustro asignado para cada año impactará en el sentimiento de pertenencia y en la socialización con los pares. También se discute la profundidad pedagógica de la reorganización planteada por Zorzoli.
«Hay que analizar si es un cambio profundo o no. ¿Es un cambio meramente logístico? ¿Es un cambio pedagógico? ¿O se trata simplemente de un cambio cosmético», planteó Denes.
También hay debates que hacen más al folklore propio del Buenos Aires: la resistencia a dejar ir los pupitres de madera estuvo entre los temas que se discutieron en la redes sociales. Para algunos ex alumnos, es parte de la memoria histórica y deberían ser resguardados como parte del monumento histórico que es el edificio del colegio.
Nos movilizamos por el fin de la violencia de género en los espacios educativos
En alianza con ALER, REPEM y Pressenza, la CLADE invita a 15 días de movilización y sensibilización por el fin de la violencia de género en la educación.
Según informe de la UNESCO sobre la discriminación y la violencia por identidad de género y orientación sexual en la educación, pocos países en el mundo han desarrollado políticas para prevenir y combatir este tipo de violencia en las escuelas. Esta expresión de discriminación puede manifestarse por acoso y de manera física, sexual o psicológica, ocurriendo tanto en las clases, como en los patios, los baños, en el entorno escolar y a través de Internet. Según el documento, la forma más frecuente de violencia reportada en América Latina y el Caribe es la verbal, seguida de la física, perpetrada por otras/os estudiantes y profesionales de la educación en escuelas públicas y privadas.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos hizo un alerta en 2016 sobre los impactos de la violencia contra niñas y niños en los centros educativos de nuestra región, destacando que las niñas y adolescentes son las principales víctimas de la violencia de carácter sexual, existiendo alarmantes índices de esta forma de abuso, pero con bajos niveles de denuncia y elevado grado de impunidad.
Así se observa que la discriminación de género es objeto de reiterados actos de violencia y violación de derechos en el ámbito educativo. Sin embargo, el género y la orientación sexual son aspectos esenciales de la vida de una persona y están bajo la protección de distintos instrumentos de derechos humanos. Entre ellos, cabe mencionar los Principios de Yogyakarta (2006), que recomiendan que los Estados garanticen el trato igualitario dentro del sistema educativo, sin discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género, y la resolución de la UNESCO “Aprender sin miedo” (2015), que alienta a la adopción de políticas y planes de acción para la superación de la violencia de género en la educación [sepa más].
La propia Agenda de Educación 2030 presenta como enfoque estratégico la equidad, la inclusión y la igualdad de género, y establece que los Estados deberán “de aquí a 2030, eliminar las disparidades de género en la educación y asegurar el acceso igualitario a todos los niveles de la enseñanza”.
Ante este escenario, la CLADE, en alianza con REPEM, ALER y Pressenza impulsa la iniciativa de comunicación y sensibilización “Educación con Diversidad e Igualdad: por el fin de la violencia de género en los espacios educativos”. Con ella, quiere incidir por la eliminación de esta forma de discriminación en los centros educativos y sus entornos, subrayando que este es un elemento fundamental para promover un ambiente de aprendizaje seguro e igualitario para todas las personas. “Consideramos que esta lucha se hace urgente en todo el mundo, y específicamente en América Latina y el Caribe, donde hoy se observan tendencias de descalificación a la inclusión de la perspectiva de la igualdad de género y el respeto a las diversidades en los centros educativos”, afirman las redes que impulsan la iniciativa [lea aquí su posicionamiento público].
En este marco, te invitamos a 15 días de movilización por el fin de la violencia de género en la educación. Del 1º al 15 de marzo de 2017, compartiremos entrevistas, noticias, estudios, videos, memes para redes sociales y audios promocionales, con miras a difundir mensajes contra la violencia de género en la educación y denunciar casos de esta forma de discriminación en centros y entornos educativos de distintos países de América Latina y el Caribe. También divulgaremos información sobre los marcos de derechos humanos y prácticas inspiradoras que tienen por objeto atender y prevenir la discriminación y la violencia de género en los contextos educativos.
¡Súmate a esta iniciativa!
Para obtener más informaciones y saber cómo participar, acceda a nuestra página:
El sistema educativo en su forma reglamentada ha excluido sistemáticamente la diversidad de género, saberes, sentires y pensares. Los niños transgénero han abierto la discusión sobre la concepción binariaria del género (distinción entre hombre y mujer) que desafían a las comunidades educativas a avanzar en el desarrollo de la escuela.
Ubicado en la comuna de Maipú, a pocas calles de la estación Santiago Bueras, se encuentra el colegio El Trigal. Como la mayoría de los establecimientos en nuestro país, está viviendo el inicio del año escolar, una nueva experiencia para los estudiantes, profesores, apoderados y directivos.
“Es súper complejo el primer día de clases, hay niños nuevos, hay apoderados nuevos, todo comienza de nuevo”, dice Evelyn Silva, quien tiene a sus dos hijas en este colegio desde el año 2015. “Son pocos los establecimientos que tienen esta capacidad de autoconstruirse, que es lo que hemos encontrado aquí”, asegura.
Virginia, la sostenedora de El Trigal relata que cuando Evelyn llegó buscando matrícula a su colegio para sus hijas “venía con dos niñas a dar examen. Una chica que se integraría a séptimo y otra a primero básico. Cuando ella empezó a entregar todos sus papeles le informó a la persona encargada de admisión, con mucho temor, que la niña más chiquitita era transgénero. Que ella había ido a preguntar a muchos colegios y en todas partes le habían negado la matrícula”.
“Evelyn planteó que su hija tenía un nombre legal y uno social, por lo que pidió que fuera tratada como Selenna. Frente a la petición dijimos que para nosotros no es problema, porque muchas veces nos hemos encontrado con estudiantes pequeñitos cuyos padres están en proceso adopción o están con un cambio de apellido. Por lo tanto, el nombre que van a adquirir estos estudiantes es diferente al que aparece en el certificado”, dijo Virginia.
Evelyn recuerda sonriendo esos primeros días. “Virginia fue muy clara desde el primer día, me dijo que no conocía el camino para delante, pero que lo íbamos a recorrer”, dijo. “En otros colegios las toman como niño o niña y los padres quedan tranquilos, porque le respetaron la ropa y el baño. Pero eso no es todo, qué pasa con la emocionalidad del niño, qué pasa con lo que el niño vive, cómo lo piensa, cómo lo siente”.
“Yo estuve dos años destruida, estaba muy sola. Entonces fue muy difícil, pero hice un clic cuando llegué aquí. Cuando mi hija empezó a encontrar un espacio no era todo tan malo, ya que hasta ese minuto no tenía colegio para la Selenna, fui a todos los colegios de Maipú y cuando entró aquí yo dije tengo que hacer algo, no puede ser que todos tengan que pasarlo como lo pasé yo. Es para ayudar a los padres a hacer un tránsito menos doloroso para ellos, porque los niños lo tiene claro, los que sufren sin poder entender son los adultos”.
Así nació Fundación Transitar, institución dirigida por Evelyn y Niki Raveau, mujer trans y profesora de enseñanza media, quienes partieron con la atención de cuatro familias, las que luego de un año y medio suman sesenta.
El binario de género y la exclusión de la diversidad
El abordar el género es un desafío social, ya que en nuestra historia como país se ha normado profundamente esta comprensión. Las primeras que rompieron con estas cadenas hegemónicas fueron las feministas, quienes luchando por sus derechos lograron generar cambios profundos en los abusos que por años se han cometido contra contra las mujeres o quienes no se ajustan a un heteropatriarcado en su conjunto.
Lo mismo sucede con lo transgénero. Según plantea Sylvia Contreras, académica del Departamento de Educación de la Universidad de Santiago, para hablar de ello aún se cae en discusiones burdas, ya que “para que sea más comprensible a un público general, se vuelven a reproducir conceptos que son limitantes. Por ejemplo, cuando se habla de cambio de género, se reafirma que el género es solo una construcción cultural, que ese es solo el problema, la limitante. Seguimos en la lógica binaria (mujer y hombre), donde el cambio de género es el cambio de hombre a mujer, por el contrario a la subjetividad del cómo tú vivencias y experimentas tu cuerpo, que puede ser mucho más diversa que esos dos conceptos que nos ha dado la cultura en la que vivimos”.
La académica plantea que más que caer solo en la discusión de si es hombre o mujer, es fundamental comprender que todos los seres tenemos una subjetividad y por tanto una identidad que es móvil, es decir, cambia en base, el sujeto se enfrenta a diferentes posiciones en su vida. Con otras palabras “cuando nos experimentamos a sí mismos, cuando yo me pregunto por mí mismo, esa pregunta va modificándose a medida que vas deviniendo, a medida que vas siendo. La pregunta no es quién eres o quién soy, es quién estoy siendo o qué estoy siendo. Es decir, el ser está en un constante movimiento”.
Por su parte, Lelya Troncoso, psicóloga de la Universidad de Chile critica que “la psicología ha sido tremendamente conservadora en lo que refiere al género, sin embargo existen en la actualidad psicólogos/as y psiquiatras/os que están dispuestos a posicionarse desde otros paradigmas que no patologicen lo trans”.
En este sentido, la académica de la Universidad de Chile plantea que en los establecimientos educacionales hoy hay muchas “infancias y juventudes que no se ajustan al binario de género, que no se sienten cómodos y que sufren mucho al ser obligados a calzar dentro de los parámetros heteronormativos. En Chile tienes que usar uniforme de hombre o mujer, el sistema educacional es súper violento en este sentido. Cómo se siente un niño que se siente niña, obligado a usar uniforme de niño o ponerse en una cierta fila para formarse todas las mañanas, o que tenga que usar el baño de los hombres”.
Niki Raveau, directora de la Fundación Transitar explica que dentro de las experiencias que ha visto en la institución que dirige “hay historias muy diversas que no se pueden encasillar en una definición de los niños trans. En la fundación hay niños que desde los 3 o 4 años comienzan a manifestar, de manera muy patente, su no conformidad con el género que se le asignó al nacer y, otros, que comienzan en la adolescencia o también en la edad adulta. El tránsito no siempre es desde un polo del espectro al otro, sino que también existe una amplia gama de identidades trans que combinan nociones de lo masculino y de lo femenino, o bien, que se desentienden de tales nociones. Así, conocemos identidades trans no binarias desde la misma infancia”.
La psicóloga Lelya Troncoso agrega que “hay personas que transitan a los 40 o 50 años, después de estar casadas, tener hijos y haber criado. Todo eso existe. Hay poco registro sobre la infancia trans, porque parece ser que recién ahora hay un contexto que permite que emerja un cuestionamiento mayor sobre las nociones tradicionales de género”.
La psicóloga de la Universidad de Chile y Niki se adjudicaron un Fondo Alquimia para elaborar una Guía de educación sexual y de género basada en las experiencias de los/as niños/as y jóvenes de la fundación. “Con este proyecto queremos difundir todas estas experiencias, desarrollar un material educativo y de trabajo, que sea útil para profesores y funcionarios de la salud pública.
“Es necesario abrir el diálogo y el debate con el escaso corpus teórico a disposición. La mayoría de las miradas provienen desde el ámbito de la salud mental, en desmedro del relato de experiencias social comunitarias, las que además de incidir en dirección hacia lo institucional (educación, salud y legislación), también desarrollan actividades autónomas ligadas a la cultura, el arte y la educación popular. Transitar cuenta, por ejemplo, con talleres de teatro, artes, visitas a exposiciones y grupos de autoformación didáctica”, afirmó Raveau.
La normatividad de la escuela
En promedio, un niño pasa cerca de 8 horas en la escuela, espacio en el que los padres, en general, confían en que ese lugar los preparará para enfrentar una vida dentro de esta sociedad.
La profesora Sylvia Contreras, quien lleva más 16 años en la escuela, en diferentes modalidades y siempre trabajando con la diferencia, considera que la escuela tal como está no debería existir. “Yo pienso que es un mal, deshumaniza al ser humano, lo está convirtiendo en algo que no quisiera ser”.
Esto lo plantea porque “la escuela disciplina los cuerpos, disciplina subjetividades, los sentires y los pensares. Te dice cómo tienes que pensar, qué pensar y cómo pensarlo. Entonces la escuela como está estructurada y como siempre ha estado estructurada, desde el origen, es de una forma muy instrumental que debe formar sujetos para trabajar en la industria, para la producción masiva”.
La experta dice que la discusión de la diversidad siempre se centra en lo afectivo sexual, pero cuando se reflexiona sobre los saberes “cada ser humano tiene la posibilidad de auto interpretar su existencia, de dar cuenta de lo que le pasa y eso es un saber que no es trasmitido por un otro.
El problema es que la escuela se ha trasformado en el único centro donde se pueden recrear u transmitir saberes o conocimientos para la vida y eso ya es una debilidad, esto en desmedro de otros espacios educativos. Por ejemplo, los procesos de crianza en la familia, el barrio, los padres, los amigos. Hay todas otras interacciones donde se van construyendo otros saberes, otras prácticas que son ajenas a las escuela, pero esos espacios son muy mínimos y la sociedad solo invierte recursos en el sistema educativo formal, siendo que la posibilidad podría ser invertir en otros espacios educativos”.
La infancia en este sentido ha sido limitada a un espacio de manejo desde la adultez en que según plantea la profesora Contreras “no se confía en los niños. Quienes están en las escuelas son sujetos, no son agentes, a ellos no se les reconoce su capacidad de poder testimoniar su existencia, ellos no pueden dar testimonio de lo que les pasa, porque no manejan el vocabulario que se espera que tengan y porque no lo hace en el momento más apropiado, no son legitimados. Entonces difícilmente le vamos a dar espacio, y si se les entrega, va a ser mediado por las cosmovisiones y la concepción que tenga el adulto sobre el niño. Entonces, cómo buscamos el equilibrio entre cuidarlo y además darle la autoría de trasformar”.
Es por esta razón, que la académica asegura que se vuelve tan complejo el escenario para los niños trans que se incorporan al sistema educativo formal, ya que “no pueden comprender que salir de esta matriz que limita a que un cuerpo, por tener ciertos genitales, tiene ciertas características. Ellos siguen pensando que es la naturaleza y no logran comprender que es una construcción cultural en la que nosotros hemos hecho esas representaciones, esas categorías, esas definiciones, que le hemos asignado cierto significado.
Educando en la diversidad
El proyecto El Trigal nace como una escuela de arte en la comuna de Maipú. En sus inicios, Virginia y sus amigos participaban de una dirigida por Elena Varela, autora del documental Newen Mapuche, para luego desarrollar un espacio donde se trabajan las habilidades artísticas.
“Nosotros comenzamos en una pequeña casa con 34 alumnos y hoy tenemos 377. Siempre fuimos muy críticos frente a lo que estaba pasando en la educación en este país, sobre todo con el exitismo que no tiene ninguna relación con la educación. Eso significa que tú vas a competir con el que está al lado, y en educación se trata que entre todos nos desarrollamos y aprendemos los unos de los otros porque así nos vamos potenciando.
El proyecto educativo parte de la base de que nosotros creemos que cada persona es diferente a otra y que cada persona tiene un alma y esa alma no se repite en ninguna parte. Por lo tanto, esa persona tiene que ser desarrollada y tiene que ser protegida, entonces nuestra labor como docente es proteger y desarrollar todas las habilidades”.
Frente a los sistemas de medición estandarizados a los que se deben someter los diferentes colegios, Virginia explica que “participamos del Simce y preparamos a los niños para la PSU, pero ese no es el foco. Nosotros no somos academicistas. Nosotros potenciamos el conocimiento de las diferentes materias y el desarrollo cognitivo, pero también pensamos que los niños tienen que desarrollar otra cantidad de habilidades que los van a hacer mejores personas, que los van a ayudar a incorporarse a la sociedad y a la vez hacer cambios. Es decir, nuestro proyecto educativo dice que nosotros necesitamos estudiantes con un pensamiento socio crítico y divergente. Nosotros necesitamos que nuestros estudiantes sean los que cambien el mundo”.
La sostenedora cuenta que cuando Selenna entró al colegio, conversó su ingreso con los profesores y luego con los apoderados y de ningún grupo recibió resistencia. “A los padres los abordamos con una charla en la que participó el equipo de diversidad de la municipalidad, con quienes comenzamos a trabajar desde el primer minuto, además de Evelyn, su madre, quien les contó a los demás apoderados todo el tránsito que había vivido junto a su hija hasta ese momento. Además, los formó en lo que significa ser transgénero y la lucha que hay que dar en este país donde todo está hecho para que esto no exista”.
La postura de los otros padres fue clara “nosotros apoyamos y queremos a la Selenna, la Selenna va a estar con nosotros y nunca será discriminada. Virginia comenta que “muchos apoderados se acercaban y decían yo les agradezco que me den la oportunidad de pertenecer a este colegio, porque es la sociedad que queremos construir, más amable más fraterna y sin discriminación”.
“No buscamos crear una “escuelita trans”, buscamos transformar la educación. Darle preponderancia a la convivencia antes que a la inclusión, convivencia con la diferencia. El ingreso de infancia trans al sistema escolar, lo que generará es un vuelco del sistema educativo que permitirá comprender que las actividades desligadas de roles sexistas vienen a aportar más creatividad y enriquecimiento para toda la sociedad, “trans y “no trans”, profundiza Niki.
“Cuando uno sobrepasa las comprensiones sociales y solo se observa al ser, entiendes que otro ser es subjetivo y que todos somos diversos, no existe un parámetro que se pueda exigir para que tu seas. La escolarización tradicional remarca las categorías y no la comprensión de la diversidad del ser. Por lo mismo, la realidad trans nos viene a cuestionar el vivir en comunidad, lo rígido del sistema educativo y cómo nos planteamos frente al otro”, finaliza Virginia.
¿Qué se aprende en las aulas? Tres jóvenes que ya egresaron de la secundaria comparten sus testimonios.
Caren pensaba que su vida siempre sería igual a la de su mamá: quedar embarazada siendo una adolescente y que su esposo le pegue. Las clases de educación sexual integral le mostraron otro horizonte. Yamila conoció por primera vez el mar con sus compañeros de quinto año. Y dice que se sintió alguien cuando sus profesores la acompañaron en el velorio de dos sobrinos asesinados. Anabela habla del orgullo que sintió su mamá cuando se graduó: es la primera generación en su familia en terminar el secundario. En otro año escolar, tres testimonios que resaltan el valor de la escuela como espacio de pertenencia y construcción de afectos.
Caren Luna tiene 22 años, está casada y es la mamá de Paloma, una beba bellísima de seis meses. Prepara sándwiches triples, un poco «para hacer otra cosa», otro como un ingreso al hogar. Terminó la educación obligatoria en 2012. Yamila Carballo tiene 19 años, se graduó el año pasado y pronto comenzará a cursar el profesorado de educación primaria. Anabela Romero, de 20 años, vive en pareja, trabaja y proyecta para el próximo año comenzar la carrera de enfermería. Todas hicieron su secundario en la Escuela Secundaria Nº 551 Sonia Beatriz González, de barrio Tablada.
Ninguna ahorra palabras, definiciones, imágenes a la charla que transcurre en una mañana que trata de decidirse entre el sol y la lluvia. Los ejemplos que citan van dando forma a una escuela contenedora, que integra, que no hace distinciones y que «funciona como una familia, con la diferencia que aquí hay que estudiar» . Tal como lo describen con sus relatos, el trabajo docente es clave: orienta, acompaña, escucha, muestra que hay otras formas de convivir y pensar el futuro.
La escuela es también un lugar de igualdad de oportunidades, más cuando tiene como proyecto que los aprendizajes no pasen por la rutina de un salón de clases. Las salidas, los paseos y los viajes definen otras formas de conocer y disfrutar. Una a una repasan los viajes a Santa Fe, a Buenos Aires, a Victoria, o por la misma ciudad de Rosario, siempre con un fin educativo. La excusa legítima para abrirse a otros espacios. «Los viajes te incentivan mucho. Yo viajé en avión con una profesora al Parlamento Juvenil que se hizo en Buenos Aires en 2012», rescata Caren cuando le tocó representar a su escuela y contar que se llama «Sonia Beatriz González» en homenaje a una militante desaparecida en la dictadura cívico militar. Un paseo que había financiado el Ministerio de Educación de la Nación.
Yamila pudo conocer por primera vez el mar a los 18 años, cuando viajó a Mar del Plata con sus compañeros de 5º año. No oculta la alegría que le provoca acordarse de ese momento: «Es hermoso, me lo imaginaba así como en las películas. El agua estaba fría pero nos metimos igual!» Reconoce que «el profesor Gabriel (San Sebastián) hizo de todo para que pudiéramos conocer el mar»: consiguió los pasajes gratis a través de un programa de radio, y el gremio de La Bancaria les brindó solidariamente el alojamiento.
Espacio de pertenencia
El valor de la escuela que rescatan estos testimonios no tiene que ver con los aprendizajes propios de lengua, matemática o ciencias o a la preparación para asegurar un lugar en el mundo del trabajo. «Se trata de la escuela como institucionalidad, como continente personal y afectivo. Un espacio de pertenencia, de constitución de subjetividad, de identidad y de construcción de afectos», opina el doctor en psicología Roberto Follari, al ser consultado por LaCapital.
Además de las historias colectivas, cada una tiene algo propio que las marcó en su paso por la escuela, y que de alguna manera les cambió la vida. Un patrimonio que quieren compartir.
Decidida, mientras acuna a Paloma en sus brazos, Caren pone el acento en la importancia de la educación sexual integral, en especial para derrumbar las violencias naturalizadas. «Al ver cómo fue mi familia y la vida dura que llevé, yo pensaba que a los 15 ó 16 años iba a quedar embarazada. Mi mamá me tuvo a los 14 años. Pensé que iba a repetir una historia con la droga, la delincuencia y la violencia, porque mi papá le pegaba mucho a mi mamá. Siempre salíamos corriendo con mis hermanos para la casa de mis tíos. Para mí eso era una vida natural. Siempre le recriminé a mi mamá por qué no lo dejaba a mi papá, mientras muchos decían que no debía dejarlo por qué no teníamos a dónde ir a parar con mis hermanos, que por lo menos «teníamos un techo». Mi papá le pegaba a mi mamá hasta cuando estaba embarazada, era drogadicto. Yo pensaba que mi vida iba a terminar así. Y sin embargo en la escuela me abrieron la mente, aprendí que no tenía por qué correr el mismo riesgo que mi mamá; nos enseñaron a usar la pastilla anticonceptiva, el preservativo a los varones, a valorarnos como mujer; que el dolor del golpe también pueden ser las palabras. Que un hombre te tiene que tratar con respeto y que podés decidir con quién formar tu familia. Todas esas cosas que en las familias no se hablan muchas veces por miedo a la violencia».
Caren es la mayor de cuatro hermanos varones. Es la primera en terminar la secundaria. Su papá falleció cuando estaba en tercer año, y sus hermanos en la primaria. Dice que la escuela fue un sostén en esos momentos tan duros. Cuando se graduó su mamá le pagó un curso, trabajó de moza hasta el año pasado que tuvo a su hijita. «Gracias a Dios mi esposo tiene un buen trabajo. A mí me gustaría que Paloma termine sí o sí también la secundaria y después que elija si quiere ir a la Universidad o no. En todo momento, siempre la voy a apoyar».
Entre la alegría y el dolor
Yamila cuenta orgullosa que ella le enseñó a leer y a escribir a su mamá. «Aprendió conmigo», subraya y se lamenta no haberla podido convencer todavía para que asista a una escuela para adultos. El dato familiar que comparte en la charla es ilustrativo de por qué para ella fue tan determinante concluir el secundario.
Ahora quiere ir por más: se anotó para cursar el profesorado de educación primaria: «Quiero ser maestra para que otros chicos no vivan lo que viví yo. Para que vayan a la escuela a conocer sus derechos y a aprender». Las emociones más intensas de alegría y de dolor conviven en la vida de Yamila, casi sin respiro. «A mitad de noviembre del año pasado perdí a dos sobrinos. Los mataron (en el mismo día, con pocas horas de diferencia). No sabía qué hacer, avisé a la escuela, y los profesores y la directora estuvieron ahí, en el velorio. La verdad es que no lo esperaba porque la escuela es un lugar donde voy a estudiar, a aprender. Y ellos se tomaron parte de su tiempo para ir al velorio de mis parientes que ni conocían. Me sentí acompañada, querida, que por fin a alguien le importaba algo de mí. Me sentí alguien. Todo pasó cuando volví de viaje de estudio. Estás feliz y a los días se te cae el mundo. Pero la escuela siempre estuvo conmigo». El relato de la joven es demoledor, llega sin pausas entre lágrimas de impotencia y una infinita tristeza.
Valores y derechos
En 2015, Anabela también fue la primera en su familia en lograr el título secundario. «Mi mamá lloró un montón, nunca la había visto así», trae a la charla la imagen del acto de graduación. El año pasado comenzó a estudiar el profesorado de educación primaria pero la falta de recursos económicos la dejó afuera de carrera: «No me alcanzó la plata para poder estudiar, tenía que tener todos los días plata para fotocopias, los libros, la tarjeta de colectivo. Encima no hay becas, nada y no pude seguir».
En el mientras tanto, hizo un curso de ayudante de pastelero, para poder afrontar el mundo laboral. Ahora se organiza para seguir la carrera de enfermería el año que viene.
Elige las palabras valores y derechos para hablar de la escuela. Unos y otros aprendidos juntos. En ese momento, Caren la interrumpe para recordar que cuando trabajaba de moza peleó para que le dieran los 15 minutos que les corresponden para comer algo y permanecer sentada, más en jornadas de trabajo que se extendían por doce horas.
Anabela también se refiere, entre otros, a esos derechos en el trabajo, y sobre todo se detiene en el derecho a una buena educación: «No se trata de que los profesores te digan «Ya aprobaste», que lo hagan porque sí. Ellos te tienen que enseñar, y no aprobar por aprobar».
Para la joven la contención, la participación, las oportunidades, el apoyo son dimensiones esenciales para transitar por el secundario. También ofrecer lo que otras instituciones no dan: «Siempre se dice que la educación primero viene de la casa, pero hay veces que en la casa no está esa educación que uno tendría que saber, entonces es la escuela la que te compensa y te motiva a seguir».
A esta altura de la charla, Paloma pasea de brazo en brazo, pero elige siempre los de su mamá para dormirse un ratito y espiar de qué se trata tanta conversación. El día se decidió por el sol y mucho calor. Casualmente en pocos horas más comenzará la Marcha y Paro Mundial de Mujeres que pelean por sus derechos. Las historias de Yamila, Anabela y Caren seguro están presentes.
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