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La importancia del fuera de campo

Por: Juana M. Sancho

Con motivo de la celebración del 150 aniversario del nacimiento de María Montesori, estaba finalizando una columna sobre las implicaciones de “colocar al niño y la niña en el centro”, pero los acontecimientos que vivimos la han relegado al mes que viene. No, no me refiero a los sucesos relacionados con la Covid-19, sino a otros que nos van afectando y nos van a afectar también directamente y a mucho más largo plazo, por larga que se prevea la pandemia.

Estos días estamos siguiendo los intensos, y a veces improductivos y repetitivos, debates sobre la nueva ley de educación (LOMLOE). En este contexto, recuerdo de forma especial las reflexiones de Federico Mayor Zaragoza, en una ponencia impartida en 2002, en el congreso “La educación crea futuro». Decía que, nada más ser nombrado ministro de Educación, pensó en acometer una reforma de la enseñanza secundaria, porque le parecía que debía mejorarse. Comenzó a documentarse sobre la historia de este ciclo educativo y descubrió que en los últimos 150 años este tramo de enseñanza había experimentado treinta reformas. Lo que significaba una cada cinco años. Mayor Zaragoza pensó que no había ningún proceso de cambio sustantivo que pudiera llevarse a cabo en cinco años y que quizás lo que los centros y los docentes necesitaban en aquellos momentos era una cierta tranquilidad para trabajar. Yo añadiría, para reflexionar, repensarse y transformarse porque vivimos en contextos en continuo devenir. En continua transformación.

Pero llevo también mis reflexiones a otro lugar que solemos olvidar y que lo considero de lo más importante. Las leyes de educación, las discusiones en este ámbito, se suelen centrar en un foco extremadamente reducido “la Escuela”, ni siquiera “la Educación” (llevo debatiendo sobre lo que implica este reduccionismo desde hace años). De ahí que no se considere “el fuera de campo”. Algo fundamental en la construcción de la realidad. En el mundo de la imagen se entiende por fuera de campo “la parte de la escena que no está en el encuadre delimitado por el campo óptico de la cámara. Este campo puede ser invariable (plano fijo) o variable (plano panorámico y/o travelling y/o un zoom óptico), en ambos casos el fuera de campo no se graba en la película (https://n9.cl/i8n6c). ¿Qué es lo que no se está grabando en esta película? ¿Qué se deja fuera?

Estas preguntas me llevan a una catarata de otras muchas. ¿Está teniendo en cuenta esta nueva propuesta de ley el mundo que nos rodea? ¿Se ha preguntado por la visión y la experiencia de la sociedad que se están ofreciendo a niños, niñas y jóvenes desde la política, la economía y la tecnología?

La propuesta de ley afirma que las “sociedades actuales conceden gran importancia a la educación que reciben sus jóvenes, en la convicción de que de ella dependen tanto el bienestar individual como el colectivo”. A su vez, el Documento base sobre La Reforma de Currículo de le Marco de la LOMLOE, elaborado por el Ministerio de Educación y Formación Profesional, afirma: “La primera y más importante finalidad de cualquier sistema educativo ha de ser lograr que todos y todas las jóvenes puedan lograr su máximo desarrollo integral”. Y, continua, es “necesario profundizar en una propuesta curricular que […] ayude a nuestros estudiantes a adquirir las competencias que les permitirán desenvolverse con garantías en la sociedad de las próximas décadas”.

¿Estamos seguros de que algo tan imbricado en el tejido económico, tecnológico y social como “el bienestar individual como el colectivo” depende exclusivamente de la educación escolar? Porque como este mismo documento reconoce “quizá el elemento más perturbador del momento en que vivimos es la incertidumbre ante el futuro. Los procesos económicos, sociales, tecnológicos, políticos y culturales derivados de la globalización a escala mundial están produciendo cambios a tal velocidad que resulta imprescindible plantearse, mirando al futuro, qué, para qué y cómo enseñamos y evaluamos”. Para lo que propugnan la adquisición “de ‘competencias transformativas’ –creación de valor, resolución de tensiones y dilemas y asunción de responsabilidades–, que también deben quedar integradas en el currículo, al menos de forma transversal”.

Si tenemos en cuenta el libro Capitalismo 1679-2065 (2020, Editorial Ariel), en el que el profesor Santiago Niño-Becerra argumenta que “la dinámica histórica hoy va contra la ciudadanía”; que la ciudadanía dejará de ser necesaria, que la tecnología hace cada vez más prescindible el factor trabajo; que tener un puesto de trabajo será un privilegio, que la tecnología ha terminado de hundir al factor trabajo y está dejando a millones de personas no en el paro, sino simplemente en excedente. ¿Qué papel tendría que desempeñar el sistema educativo? ¿Puede afrontar solo, sin debatir con todos los entes que representan los papeles más destacados en configurar la sociedad? Y sobre todo ¿qué tipo de sociedad queremos contribuir a crear?

La educación formal sigue siendo un espacio destacado en la vida de los individuos. Puede abrirles oportunidades, mundos, marcos de pensamiento, posibilidades increíbles, pero también encerrarlos, “aburrirlos”, marginarlos, impedirles desarrollar su potencial… Aquí nace la constante necesidad de seguir mejorándola. Pero, cada vez parece más claro que no puede afrontar sola los retos actuales. De ahí la importancia de considerar el “fuera de campo” en los nuevos vientos de reforma de la ley de educación de implicar de forma responsable a los “auténticos” forjadores del tiempo presente y en devenir. Porque, como ya he planteado en otras columnas, en palabras de Rita Mae Brown en Sudden Death, o Albert Einstein (se les atribuye a los dos) “locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/11/23/la-importancia-del-fuera-de-campo/

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Violencias machistas en pandemia, un 25N más necesario que nunca

Por: Mara Nieto

Según la última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer elaborada por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, realizada durante el 2019 sobre una muestra representativa de casi 10.000 mujeres de todo el país, una de cada dos mujeres de dieciséis o más años (en concreto un 57,3%), ha sufrido violencia machista a lo largo de su vida, y una de cada cinco (19,8%), la sufrió en el último año. Por primera vez, esta macroencuesta recoge datos de situaciones de violencia machista que han tenido lugar también fuera del ámbito de la afectividad (acoso sexual, stalking, etc.).

En la situación en la que nos encontramos actualmente, podríamos afirmar que estos datos están lejos de haber disminuido, más aún si tenemos en cuenta la situación de confinamiento que tuvo lugar los pasados meses. Durante ese periodo, se han dado una serie de factores muy determinantes para entender la grave realidad que han vivido cientos de mujeres, especialmente aquellas que sufren violencia en sus casas. En primer lugar, hemos vivido una situación de crisis, muy estresante, nueva y frustrante, lo que, como señalan muchos estudios, aumenta el nivel de irascibilidad y agresividad de los maltratadores. En segundo lugar, el aislamiento ha impedido a las mujeres salir de las situaciones de violencia, en muchos casos ni siquiera por pequeños ratos, y tampoco han podido comunicarse con libertad dentro de sus casas. Además, esto ha facilitado las estrategias de control y dominación, así como el abuso sexual, que suponen formas de violencia con graves repercusiones psicológicas en las mujeres y las niñas. Muchas adultas y también muchas menores se han visto encerradas con sus agresores bajo un mismo techo durante semanas, y no podemos obviar las consecuencias que ello puede tener para su desarrollo y su salud mental.

Cada año, la violencia machista acaba con la vida de miles de mujeres en todo el mundo. Los datos oficiales esconden una realidad que no se denuncia por miedo, por falta de medios y apoyos… En realidad, son muchas más las mujeres y niñas que la sufren, y permanecen silenciadas. Y en tiempos convulsos como los que estamos viviendo parece que esta problemática ha perdido importancia.

Durante el confinamiento, el Ministerio de Igualdad impulsó un Plan de contingencia contra la violencia de género ante la crisis de la Covid-19, con varias medidas para prevenir, controlar y minimizar las posibles consecuencias negativas en las vidas de muchas víctimas de violencia de género. A pesar de ello, queda cierta sensación de que las violencias machistas, como otras situaciones de desigualdad, han quedado relegadas a un segundo plano. Es posible que ahora el número de mujeres que no se atreven a denunciar haya aumentado, por miedo, por inseguridad, por dudar de si es un buen momento con la que está cayendo. La situación que muchas menores pueden estar viviendo en sus casas puede ser aún más delicada, teniendo en cuenta que probablemente pasan más tiempo en ellas. Las clases a distancia, el teletrabajo, las dificultades que ello implica para la conciliación, se suman a otras realidades de desigualdad y violencias que no podemos omitir, especialmente, en los centros educativos y en una fecha como el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

Ahora que en los centros escolares parece que el discurso ha quedado monopolizado por las mascarillas y las medidas de seguridad y prevención sanitarias, es importante que demos un espacio para denunciar y trabajar estas desigualdades, y que no queden desatendidas. Claro que el escenario actual es grave y que sus consecuencias son insoslayables, pero no nos puede servir de excusa para no abordar otras cuestiones clave que afectan el presente y el futuro de muchas personas. Podemos seguir ayudando a muchas mujeres y niñas, podemos seguir denunciando la realidad machista que nos rodea y seguir sensibilizando a las y los más jóvenes para frenar la expansión de esta discriminación. Quizás ahora tenga más sentido que nunca. Ahora tenemos la oportunidad de situar los cuidados en el centro de nuestro quehacer educativo.

Los centros escolares son espacios privilegiados donde poner en marcha todo aquello que consideramos necesario para construir una sociedad más justa e igualitaria, también en pandemia. Si partimos de la experiencia más cercana, es más fácil que los chicos y las chicas realicen aprendizajes más significativos. Por ello, puede resultar muy revelador hablar de cómo nos sentimos en esta situación, de nuestras emociones y cómo las gestionamos, analizar cómo tratamos a quienes nos rodean en este contexto de crisis sistémica, pensar qué podemos hacer para poner nuestro granito de arena en la construcción de un mundo sin violencia, cuestionar las propias actitudes machistas y cómo nos atraviesan en nuestro día a día, en casa, en el colegio, en el transporte; y reflexionar conjuntamente sobre las consecuencias que la pandemia y el confinamiento han podido tener o están teniendo para muchas mujeres y niñas en España y en el mundo entero.

Ahora que parece que hemos tomado conciencia de lo importantes que son los servicios y las labores de cuidados en esta sociedad, y de que somos seres interdependientes, que solas no podemos y nos necesitamos para salir adelante, aprovechemos para seguir educando en esta línea.

Estamos viviendo un curso escolar extraño, anómalo y muy complicado; no dejemos que este contexto de crisis nos haga olvidar la importancia de conmemorar un día como el 25 de noviembre. No nos olvidemos de nombrar las violencias machistas, de tener presentes a todas las mujeres que han fallecido por ello y a seguir luchando por ellas, por todas nosotras, por quienes nos cuidan, por aquellas a quienes cuidamos, por quienes están creciendo y están luchando por construir un mundo sin machismo. No dejemos a un lado la lucha y el trabajo que venimos realizando año tras año, y sigamos denunciando todas y cada una de las violencias machistas que sufrimos las mujeres cada día, también en pandemia.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/11/24/violencias-machistas-en-pandemia-un-25n-mas-necesario-que-nunca/

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Três turnos por dia

Por: Ilka Oliva Corado

Tradução do Beatriz Cannabrava, Revista Diálogos do Sul

Tento abrir a porta da padaria e o vento que está contra o faz mais difícil, mas além disso é uma porta antiga, com dobradiças antigas sem manutenção que tornam a porta uma fortaleza; quando finalmente consigo me bate nas costas, saio revirada para a frente e mal consigo manter o equilíbrio. A moça que está no caixa sorri e também o senhor mestre padeiro, um senhor de uns 75 anos de idade. Cale-se que a bandida me pegou nas costas, digo como forma de responder à saudação.

Busco pão francês, quero comer feijões coados com pão francês, mas o pão francês, francês da Guatemala, eu só encontro indo ao centro, digamos; nos arredores só encontro padarias mexicana, russas, polonesas e indianas, no supermercado compro baguete francesa, mas o pão francês da Guatemala só que se aprenda a fazê-lo e assim estou há vários anos que quero aprender a fazer pão e nada, a preguiça não me deixa.

Nessa padaria fazem pão mexicano e guatemalteco, mas o guatemalteco é só imitação porque tem a forma, mas a farinha e sua preparação são de estilo mexicano e o pão tem o sabor de pão doce mexicano. Os donos são árabes que encontraram nesse setor operário sua mina de ouro, têm várias padaria de pão mexicano com trabalhadores mexicanos, que as pessoas pensam que é na realidade uma padaria de seus paisanos. Vende até piñatas. Os donos mal aparecem para que os pessoas não os vejam, os que dão a cara são os trabalhadores mexicanos.

A tarde está fria, logo começará a nevar; os dias amanhecem nublados com capas de gelo fino sobre a grama e escarcha nas janelas dos carros. É outono e escurece na metade da tarde. Pego minha cesta e busco os pães franceses, pirujos, que os mexicanos chamam de bolillos; enquanto vou pegando um por um com a pinça é inevitável escutar o mestre padeiro tentando ter uma conversa com a jovem no caixa, que terá não mais de 20 anos, é uma menina, mal presta atenção; terá seus pensamentos em outro lugar, além de estar atarefada desinfetando o balcão, as pinças e as cestas onde os compradores põem os pães.

O padeiro insiste com grande necessidade, é como se tivesse sede e pedisse água. Já com o pão na minha cesta passo pelo caixa e enquanto a jovem faz a conta eu pergunto a ele: desculpe que me meta onde não sou chamada, mas foi inevitável escutar sua conversa; onde é que diz que quer ir passar suas férias quando for embora daqui? o mestre padeiro se compõe, ajeita a postura e torna a pôr o cotovelo sobre o balcão, imagino que está em seu tempo de descanso, porque está de uniforme com todas as medidas de higiene estabelecidas pelo estado em tempos de vírus.

Ele tem o cabelo grisalho, é magro, tão magro que seu aspecto não é saudável, se mata de trabalhar. Se nota o cansaço, na voz, no rosto, em seu corpo. Olhe, me diz, quando for embora daqui vou passear nas praias do México, em todas, vou deitar na areia para me bronzear, vou andar de lá para cá, de norte a sul, de oriente a ocidente e vou conhecer meu país, que não conheci porque vim diretamente do rancho para cá.

Quanto tempo faz que está aqui neste país? 25 anos e 23 nesta padaria. Aqui trabalho na parte da tarde e saio às 11:30 da noite e vou ao outro trabalho no hotel que está aqui perto, passando a rua vira à esquerda, conhece? Não. Bem, aí há um hotel e aí trabalho também das 12 às 6 de manhã e às 8 entro num restaurante para lavar pratos e saio às 12. Mas agora mesmo por causa do vírus não tenho tido trabalho no hotel nem no restaurante, apenas uma quantas horas.

Olhe que trabalhava dormido e por pouco me dava diabetes porque tomava desses sucos energéticos, desses, olhe e mostra umas bebidas que estão em uma geladeira, mas me descobriram o açúcar a tempo e deixei de tomá-los; tenho economizados seis mil dólares. Já criei meus filhos e com esse dinheiro vou regressar a meu México, para morrer por lá, mas antes quero ir às praias comer mariscos. Vou me dar a grande vida no México. Não imagina o que me custou economizar esse dinheirinho. Sim, sim, eu imagino. E de que lugar você é? De Jalisco, de um rancho na periferia, era puro mato no meu tempo, mas já está asfaltado agora e a gente chega mais rápido. Dizem que há até autopistas.

Meu pacote de pão espera, já paguei à caixa e está entrando mais gente na padaria que não tem muito espaço e com isso da distância social, o mais recomendável é que saia para que eles possam comprar à vontade. Me despeço da jovem e do mestre padeiro, desejando-lhe sorte em seu retorno ao México, que não sei quando será e se será, porque isso de regressar á a ilusão e a esperança de tantas pessoas indocumentadas que ao assomar a alba do novo dia, é o primeiro em que pensam para conseguir escapar momentaneamente da realidade do aqui e agora.

E como não, com 3 turnos por dia!

Fuente e imagen: https://cronicasdeunainquilina.com/2020/11/20/tres-turnos-por-dia/

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Posverdad, democracia y filosofía

Por: Leonardo Díaz

Hoy, tercer jueves de noviembre, Día Mundial de la Filosofía, deseo recalcar la imperiosa necesidad de promover la actividad filosófica entendida como actitud crítica y dialógica ante la vida, como advertencia ante las implicaciones de la posverdad y de los fundamentalismos.

Uno de los problemas más acuciantes de nuestro tiempo es lograr que los proyectos democráticos no sean lesionados por la posverdad.

En la medida que la ciudadanía se hace más indiferente a las evidencias y al pensamiento racional, reforzada sus opiniones partidarias y sus prejuicios a partir del filtro burbuja generado por las redes sociales, el socavamiento del diálogo democrático es cada vez más profundo.

El politólogo David Held considera que las sociedades democráticas se caracterizan por ser un espacio para el debate justo de los valores y por su capacidad para la negoción de conflictos.

Entonces, una sociedad democrática se configura a partir de espacios para la discusión crítica y racional sobre nuestras formas de vida, los principios en que se sustentan y los procedimientos que permiten concretizar esos supuestos.

¿Cómo llevar a cabo ese debate si existe una inconmensurabilad de mundos entre los ciudadanos? ¿Si no existen unos referentes comunes para llevar a cabo una conversación?

Este es el grave daño que la posverdad realiza a la democracia. Si se acrecienta el número de personas que da la espalda a las evidencias en función de sus deseos y creencias, si no se comparte un conjunto mínimo de referentes, no es posible iniciar una conversación ni arribar a ciertos acuerdos mínimos necesarios para la coexistencia pacífica y sostenible.

Hoy, tercer jueves de noviembre, Día Mundial de la Filosofía, deseo recalcar la imperiosa necesidad de promover la actividad filosófica entendida como actitud crítica y dialógica ante la vida, como advertencia ante las implicaciones de la posverdad y de los fundamentalismos.

En un momento donde las redes sociales se han convertido en fuente de insumo para la charlatanería y las fake news, donde la radicalización política promovida oficialmente por líderes autoritarios irresponsables obnubila la atmósfera intelectual dificultando la comprensión de los problemas y fenómenos sociales, se hace más necesario la exposición de nuestros niños a la reflexión filosófica.

Porque, si bien la discriminación de la información está mediatizada por nuestras emociones, podemos educarlas a través de un ejercicio temprano y constante que nos permita desarrollar hábitos de pensamiento crítico. Son estos hábitos los que hacen viable el proyecto inacabado de la democracia.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/posverdad-democracia-y-filosofia-8884571.html

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El nuevo capataz

Por: Raúl Zibechi


¿Quién ocupaba la Casa Blanca el 15 de abril de 1961, cuando Estados Unidos intentó invadir Cuba?

¿Quién comandó “la más importante de las operaciones secretas de toda la historia de Estados Unidos”, como la califica Cuba Debate?

¿Quién alentó a la CIA a poner en marcha “una fuerza mercenaria organizada, financiada y armada por el gobierno de los Estados Unidos, proveniente de Guatemala y de la Florida”?

“La verdad es que ningún otro presidente le dio tanta importancia a la CIA como Kennedy constatarúa el ex director de la CIA William Colby en sus Memorias” (https://bit.ly/2JShRtp).

Fracasada la invasión en los combates en las arenas de Playa Girón, gracias al compromiso y la sangre de miles de cubanos, el clan Kennedy se dedicó a preparar nuevas invasiones a la isla revolucionaria, estableciendo en Miami la estación de la CIA más grande e importante del mundo.

Podríamos seguir hablando de John Kennedy a propósito, por ejemplo de la “crisis de los misiles” soviéticos en Cuba, o de la escalada en la presencia militar estadounidense en Vietnam. En los casi tres años que ocupó la presidencia, se registró un aumento exponencial de EEUU en el país asiático, pasando de varios centenares a 16 mil efectivos, lanzando una guerra que años después tocaría su apogeo. Kennedy también fue el creador del Cuerpo de Paz para acoger voluntarios dispuestos a “ayudar” a los países del tercer mundo.

John Kennedy pasaba por ser un hombre moderno, joven, un ícono de las aspiraciones de la juventud estadounidense de la época, pero también de la minoría negra. Era demócrata y ese partido siempre fue identificado como progresista, al lado claro de los republicanos.

Lo anterior, para colocar al futuro presidente Joe Biden en su justo lugar.

Recomiendo la lectura de un informe de la revista digital Rampant, de izquierda socialista, que comienza recordando que “Joe Biden no es solo un leal soldado del neoliberalismo, ha sido el arquitecto de gran parte del panorama político infernal de hoy” (https://bit.ly/2IjrtwR).

En la década de 1970, Biden “lideró la lucha contra la eliminación de la segregación en las escuelas”, siendo “el único miembro del Comité Judicial del Senado que bloqueó a dos personas negras designadas para el Departamento de Justicia”.
Según la publicación, “Biden votó en contra de la abolición del anacrónico y antidemocrático Colegio Electoral, una reliquia de la esclavitud, que instaló de manera antidemocrática tanto a Bush como a Trump”.

En la década de 1980, Biden se destacó por sus campañas contra el derecho al aborto y fue “uno de los arquitectos originales de la desastrosa Guerra contra las Drogas”. Defendió a los segregacionistas y supremacistas blancos, apoyó las reformas impositivas retrógradas de Reagan para favorecer a los ricos, mientras “abogó por recortes en la seguridad social”

En la década de 1990, Biden “se opuso a la igualdad de derechos para la comunidad LGBTQ”, fue diseñador del Plan Colombia, apoyó la desregulación del sistema financiero que facilitó la brutal concentración de riqueza y, según varios medios, realizó acoso a mujeres.

En los 2000 votó a favor de la Ley Patriota, apoyó la guerra en Irak, apoyó el apartheid y la limpieza étnica en Palestina. Se opone al servicio de salud Medicare para todos los estadounidenses, a la legalización de la marihuana y apoya las sanciones de Venezuela.

Los datos están ahí, y cada quien es libre de aceptarlos o rechazarlos, aunque creo que no admiten discusión.

Pensar que Biden es mejor que el fascista de Trump, es siempre una opción que, además, nos ayuda a sentirnos mejor. Algo tal vez necesario en estos momentos de pandemia y militarización crecientes.

Pero es una opción totalmente alejada de la realidad. De Barack Obama se dijo algo similar a lo que se decía de Kennedy, por el simple hecho de que en vez de ladrar, como Trump, sonríe, y es afrodescendiente. Bajo la presidencia de Obama se pergeñaron los golpes contra Fernando Lugo en Paraguay y Manuel Zelaya en Honduras, se dinamitó la “primavera árabe”, se produjeron los bombardeos israelíes sobre la franja de Gaza con más de 400 niños muertos y 2.400 heridos y EEUU apoyó activamente el derrocamiento del presidente Mohamed Morsi, el primer jefe de Estado egipcio surgido de elecciones. Faltan Libia, Siria y la brutal guerra en Yemen, entre otras agresiones.

Me sorprende lo fácil que es engañarnos ante la acumulación de evidencias. Si calificamos a Trump como fascista, ¿qué diríamos de Biden? ¿Y de Obama?

Mientras sigamos creyendo que alcanza con cambiar de mandones, seguiremos siendo prisioneros de los finqueros, que esos no cambian a menos que los expulsemos, recuperando la hacienda.

Fuente e imagen:  https://desinformemonos.org/el-nuevo-capataz/

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El voto masivo como arma de lucha social

Por: Pietro Ameglio

En estas semanas recientes hemos asistido a tres grandes movilizaciones masivas de lucha social en América (además de las de Bielorrusia), del extremo sur al extremo norte, del estrecho de Magallanes hasta Alaska. ¡No es poca cosa! Los pueblos de Bolivia (18 octubre), Chile (25 octubre) y Estados Unidos (3 de noviembre), nos han dado un gran ejemplo de organización, toma de conciencia y determinación material y moral. Un antecedente continental en la misma línea de lucha lo tuvimos también en México, en la elección presidencial del 2018 con más de 30 millones de votos a López Obrador, con un 64% de participación. ¡Cómo no emocionarse con masas de esa envergadura, pasión, radicalidad, toma de conciencia y determinación ‘metiendo el cuerpo’ en las calles y las urnas desafiando a gobiernos tan represivos y peligrosos! Claro que para los verdaderos cambios de fondo se necesitarán tiempos mucho más largos, más actores sociales y movilizaciones, pero nada quita el valor de estas batallas claves e indispensables ganadas con tanta fuerza. Amigos luchadores sociales norteamericanos de toda la vida están felices de veras, porque tienen perfectamente clara la ingenuidad de decir que Trump y Biden son lo mismo o es “más de lo mismo”, aunque saben perfectamente que la desilusión y la lucha llegarán pronto de nuevo, pero ¡en un contexto totalmente diferente! No es poca cosa y esto lo saben bien quienes luchan o han luchado de veras.

En la elección presidencial boliviana ganó Luis Arce, del Movimiento al Socialismo (MAS) con el 55% de los votos (3 millones 394 mil), en una votación masiva donde acudieron a las urnas el 87% de los inscritos (6 millones 484 mil), quien sacó más votos que toda la oposición unida. Personalmente, creía que esta iba a ser la elección más difícil de las tres, por el alto grado militarista y represivo del gobierno de facto boliviano desde octubre del año pasado, por el miserable apoyo de la OEA y los peores gobiernos continentales. Lo que hicieron el pueblo boliviano, sus organizaciones y el MAS fue realmente grandioso y ejemplar. Me equivoqué al medir mal la magnitud y el grado de determinación y movilización electoral de ese pueblo, así como me equivoqué al medir el grado de desinformación, fundamentalismo y fascismo existente en una gran parte de la población norteamericana. Las dos primeras votaciones boliviana y chilena -al igual que la mexicana- se decidieron por una enorme diferencia, mientras que la norteamericana se decidió por décimas de fracción porcentual. En todas el voto masivo fue la clave.

En Chile, por su parte, hubo un plebiscito nacional para determinar si la ciudadanía acordaba iniciar un proceso constituyente para redactar una nueva constitución, derogando la de 1980 promulgada durante la dictadura militar de Pinochet. Votaron el 51% de los habilitados (7 millones 562 mil) y la “Aprobación” de una nueva constitución alcanzó el 78% de los votos (5 millones 886 mil), bajo la modalidad de una convención con 155 ciudadanos escogidos por el voto popular.

A su vez, en Estados Unidos votó el 67% de la población habilitada (34% lo hizo por correo): 160 millones votaron ahora frente a los 137 millones del 2016, que en ese año representaron un 54% del total.

La votación en Estados Unidos fue decidida por márgenes porcentuales mínimos -inferiores al 1%- en los estados claves en disputa para el colegio electoral, lo que también presagia numerosos nuevos conteos que son legales si la diferencia es inferior al 1%. Estas diferencias de pocas décimas a favor de Biden y los demócratas significaron la ansiada derrota de Trump -motivo principal del voto de muchísimos-, y mostraron un país profundamente dividido y polarizado (¡muy peligroso socialmente en ese nivel de confrontación en las calles y población armada!) entre valores básicos democráticos liberales de tolerancia y respeto a los derechos humanos, y posturas -a veces incluso extremistas y supremacistas- bastante afines al fascismo. El hecho que Trump haya sacado aproximadamente 71 millones de votos (48% del total), 8 más que en 2016, y Biden casi 76 millones (51%), 5 millones de votos más que Trump (Hillary Clinton había sacado 3 millones de votos más que Trump en 2016, con 66 millones), se explica mucho por California, que es una gran isla democrática y progresista en ese país. Allí Biden sacó justamente 4 millones de votos más. En el resto del país son casi mitad y mitad exactas.

Desde la lógica dicotómica-binaria-maniquea de Trump de ganadores y perdedores, amigos y enemigos, todo o nada, podría decirse que el ganador fueron Biden y los demócratas, pero desde la mirada sociológica no hay un solo ganador, sino que el trumpismo-fascismo-supremacismo-ignorancia también ganaron, al aumentar su aceptación social con tantos millones en sólo 4 años y habiendo todos presenciado tamañas barbaridades probadas en su gobierno. Lo que no podrán -¡por suerte!- es ejercer un poder político en la magnitud de estos 4 años pasados, pero en el poder social y económico estarán ahí. Y surge una pregunta de fondo, sobre la construcción de las identidades sociales -empezando por la propia- acerca de ¿cómo puede alguien tener ese nivel creciente de “obediencia ciega” a un discurso sin “principio de realidad” con lo que lo rodea, y ante el riesgo de la muerte con una pandemia que cada día ha aumentado 100 mil contagios en EU? ¿Qué mecanismos intelectuales, epistémicos y morales se activan para ello? Me parece que no es una respuesta rápida, simplista ni fácil, ni tiene que ver con ser más o menos inteligente, o estar o no informado.

Aunque cabe agregar otra mirada al respecto, como nos comentan también compañeros norteamericanos, que “el hecho que Arizona y Georgia fueron para Biden marca una trayectoria de cambio demográfico, de organización y de movilización impresionantes por las fuerzas progresistas, sobre todo latinas y afroamericanas. Señal de esperanza”.

TOMA DE CONCIENCIA DEL PROPIO PODER DESDE ABAJO

Decimos que en estos tres países se dieron grandes “luchas sociales” y no sólo luchas electorales, porque la votación fue sólo el punto culminante -periférico- de largos procesos de movilización, protesta, organización y toma de conciencia masiva ciudadana; ni por asomo hemos promovido en nuestra vida la lucha electoral como la principal, pero hay coyunturas históricas -como estas- en que la situación social las eleva a alturas inimaginables de esperanza, cambio y ruptura ciudadana.

Consideramos como un factor clave en esas luchas también la pandemia, porque es un fenómeno mundial determinante y original en esta magnitud y alcance –toca a todos los cuerpos del mundo-, que ha acelerado y trastocado muchas situaciones sociales, económicas, culturales y políticas. No cabe duda tampoco, que aún después de las grandes movilizaciones sociales, un pésimo manejo de la pandemia ha sido un factor determinante para la pérdida acelerada de consenso y control social de estos gobiernos autoritarios y represores, que han quedado poderosamente expuestos públicamente en su ineptitud, ignorancia, clasismo y corrupción.

Como nos comparten otros amigos activistas sociales de EU, las verdaderas heroínas y héroes de esta historia de lucha, son los “ordinary americans que fueron a votar, los trabajadores electorales y las muchas coaliciones (DC Peace Team, Frontline Defenders, Nonviolent Peaceforce, Protect the Results, Choose Democracy, Black Lives Matter…) que pusieron en marcha sistemas para evitar y responder a las malas prácticas electorales y/o a la violencia”.

“Esta es una muestra de que cuando salimos a votar ganamos…Hemos demostrado que podemos tomar el poder y cambiar las cosas si el pueblo se levanta y sale a votar” (Beatríz Topete, codirectora de Viviendo Unidos por el Cambio en Arizona, El Universal, 5-11-20). Ha sido decisiva la acción de votar, pero, nos parece, que lo importante es entenderla no como la acción o movilización contundente y “periférica” de un preciso día, sino como un proceso constituyente que se originó en múltiples formas de organización social y política de años y meses atrás, de construcción de alianzas y suma de población de todo tipo a la causa, de construcción de “rupturas” en la ciudadanía en medio de condiciones muy adversas, con gobiernos tan autoritarios y represivos, apoyados por sus medios. Y aunado a esto la variable de lo “masivo” como la vuelta de tuerza decisiva; parafraseando a un libro clásico de Elías Canetti (“Masa y poder”) podríamos decir que “masa fue poder”.

En este caso la forma externa de ejercer ese poder, en su “acción final” en esta etapa del proceso de lucha social, fue votar, que si miramos más a fondo y complejamente significa “meter el cuerpo” en la lucha, sea por correo o en medio de la pandemia. No es para nada mecánico ni fácil construir una identidad, cuya determinación o indignación, sean capaces de meter el cuerpo en forma abierta y masiva en un “mismo momento” sincrónico de la historia. Lo masivo, siguiendo a Canetti, ayuda a que la (auto)represión o castigo por esa acción se diluya en la masa, y entonces algo que es privado se convierte también en público con la toma de las calles y espacios, aunque a primera vista parezca un ejercicio anónimo y privado.

Justamente esta acción masiva fue una forma directa de ejercer el propio poder ciudadano, cuya conciencia se fue construyendo por mucho tiempo antes, que está declarado en toda constitución pero si no se hace efectivo no opera realmente en el cambio social. Es la base de la co-operación en el ejercicio del poder desde los movimientos sociales y el pueblo de base, como lo sostenían Gandhi (“La verdad radica en que el poder está en la gente…la desobediencia civil es el depósito del poder”), Lenin (“El poder no se enuncia, se ejerce) y el zapatismo (“el poder está abajo y a la izquierda»).

A diferencia de muchas otras veces en las luchas sociales, la no-cooperación esta vez fue salir a votar, y no el voto ausente, en blanco o nulo. No haberlo hecho era una forma precisa de co-operar que siguieran el gobierno golpista boliviano, la constitución de la dictadura pinochetista o Trump.

PD: Nos solidarizamos totalmente con el reciente comunicado de la Junta de Buen Gobierno “Nuevo amanecer en resistencia y rebeldía por la vida y la humanidad” (10-11-20), en su denuncia de secuestro y tortura de una base de apoyo por parte de los paramilitares de la ORCAO: “A unos cuantos metros de donde antes quemaron y saquearon nuestra tienda cooperativa de Cuxuljá, como se pudo ver en su momento y que hasta la fecha el mal gobierno no ha hecho nada, este 8 de noviembre del 2020, alrededor de las 15:30 hrs., 20 paramilitares de la ORCAO, secuestraron y golpearon a nuestro compañero bese de apoyo Félix López Hernández. Los orcaistas se lo llevaron con rumbo desconocido y lo mantienen amarrado, encerrado, sin agua y sin alimentos”. Y a continuación se dan los nombres de algunos de los responsables, pertenecientes al poblado vecino de San Antonio: Andrés Santis López, Nicolás Santis López, Santiago Sánchez López y Óscar Santis López.

¿Qué mas información necesitan las autoridades cómplices, de todos los niveles de gobierno, para arrestar a estos criminales, liberar a Félix López Hernández y hacer en este conflicto a la comunidad de Moisés Gandhi?

Como decíamos en nuestro artículo del pasado 11 de noviembre (“Moisés Gandhi: zapatismo y paz”), dábamos testimonio directo de muchos años en cuanto a la calidad moral, coherencia y trabajo colectivo por el bien de todas y todos, de la comunidad de Moisés Gandhi, que en algo nos cambió y humanizó la vida. Por eso ¡exigimos ya verdad, justicia y reparación!

Fuente: https://desinformemonos.org/el-voto-masivo-como-arma-de-lucha-social/

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La extraviada Reforma Educativa de la 4T

Por: Juan Carlos Miranda Arroyo

El próximo 12 de diciembre, se cumplirán dos años de que el presidente López Obrador envió la iniciativa de reforma al texto constitucional en materia educativa, específicamente de los artículos 3, 31 y 73 de la Carta Magna, con la finalidad de cancelar y modificar los términos, contenidos y leyes secundarias que formaban parte de la anterior reforma educativa del período 2012-2018. Con ese acto de 2018, oficialmente, se inició el proceso de la “Reforma Educativa de la 4T”.

Independientemente de los factores asociados durante el presente año, como son la crisis sanitaria y la crisis económica, la Reforma Educativa de la “4T” se encuentra extraviada. A dos años de su lanzamiento, como iniciativa de cambio gradual, moderado, y planteada desde las nuevas élites gobernantes, dicha iniciativa e impulso reformistas se han tornado desangelados, sin fuerza, cada día más debilitados a la vista de las evidencias.

El mismo Esteban Moctezuma, secretario de educación pública federal, con frecuencia omite hablar o escribir acerca de la “Reforma Educativa del 2018-2019”, como tal, sino que más bien se refiere, en su lugar, al Acuerdo Educativo Nacional o a la creación de la “Nueva Escuela Mexicana” (esta última, inspirada en los proyectos de la “Fundación Azteca”, donde él trabajó y manejó el concepto de “excelencia musical”, entre otros términos y valores empresariales). Me pregunto ¿Acuerdo con quién, cómo, para qué?

Si uno busca las fuentes documentales de la nueva “Reforma Educativa de la 4T”, no se encuentra ningún texto unificado. El gobierno del presidente López Obrador, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP), no ha elaborado un documento integrador en ese sentido. La Cámara de Diputados federal, donde el partido Morena y aliados son mayoría, ni el organismo creado en lugar del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), esto es, la Comisión para la “Mejora Continua” de la Educación, nadie ha elaborado un documento que dé sustento, precisión y consistencia al más reciente proceso reformista. Y no sólo eso, tampoco se percibe una solidez discursiva por parte de las autoridades, sino más bien un abandono del lenguaje “reformista” en los registros y en el accionar de las políticas públicas educativas aplicadas durante los dos años recientes.

Algunas preguntas generadoras para motivar el análisis

¿Cuáles son los contenidos de la Reforma Educativa (RE) impulsada por el gobierno de la «4T»? ¿Qué cambios o transformaciones se han proyectado durante este sexenio de la “4T” en el campo educativo? Hasta ahora, ¿qué se ha logrado? Tiempo, por cierto, del cual ya ha trascurrido el primer tercio ¿Qué cambios de fondo se han producido o se proyectan en aprendizajes escolares (y su evaluación formativa); en las prácticas docentes (y su evaluación formativa, no punitiva ni para controlar)?

¿Qué hay en cuanto a cambios al currículo escolar; en nuevos métodos y enfoques de enseñanza; en nuevos modelos de gestión educativa y escolar? ¿Qué en la atención integral e institucional a la inequidad educativa como parte de la inequidad social? ¿Qué se ha hecho en cobertura; en organización escolar (con la intención de que sea menos burocratizada); en materiales didácticos (para fomentar la lectura, más allá de las TIC); en formación continua para docentes y directivos escolares en servicio; en procesos de formación Inicial y preparación profesional para las y los estudiantes de las escuelas normales, los CAM y la UPN? ¿Qué cambios sustantivos en infraestructura educativa? ¿Qué hay con respecto al financiamiento público hacia la educación? ¿Qué avances se puede anotar el gobierno de la “4T” para abatir el rezago educativo?

Así describía, en 2019, EMB los puntos contenidos en la Reforma Educativa de la “4T”: “Queda abrogado el texto constitucional previo. Con la aprobación de la iniciativa, se eliminarían también la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y la Ley del Servicio Profesional Docente. No habrá evaluaciones punitivas ni obligatorias. Los maestros tendrán derecho a un sistema de formación y actualización gratuito. No existirá ninguna relación entre evaluación y permanencia en la plaza de los educadores. Se reinstalarán a los profesores que fueron cesados a raíz de la aplicación de la reforma educativa (de 2013) y se eliminarán las sanciones contrarias a los derechos laborales. En la iniciativa se establece que la enseñanza es el centro del sistema educativo, por lo que se suprimirán las cargas administrativas. La promoción de los maestros estará asociada con sus conocimientos, aptitudes y experiencia y no a exámenes estandarizados. En la iniciativa, los derechos laborales del magisterio quedan debidamente protegidos. En búsqueda de una educación de excelencia, se propone el mejoramiento integral para lograr el máximo aprendizaje en el aula. Por primera vez, el concepto ‘joven’ aparece junto con el de niños, niñas y adolescentes como el centro de la educación. El curso del nivel de educación superior es obligatorio y se recupera la educación inicial. Se fomentará un nuevo pensamiento crítico y valores. El civismo regresa como materia. Se promueve el Sistema Nacional de Mejora Continua de la Educación, pero tendrá un énfasis en las autoridades educativas. Por primera vez las familias se vuelven corresponsables de la educación, porque se requiere también la participación de los padres. La educación se define como equitativa. Por ello se impulsarán acciones que reviertan carencias alimentarias, de infraestructura y su mantenimiento en zonas de alta marginación. También se considera como inclusiva, multicultural y plurilingüe, con respeto a los derechos de todos. Se fortalece en la educación la convivencia y el cuidado del medio ambiente. Se habla de una educación para las diferentes realidades de México. Por ello, se invitarán a actores sociales para las tareas, para que cada región tenga expresada su cultura. Los adultos mayores contarán con acceso y garantías al sistema educativo. Los planes y programas de estudio van a tener perspectiva de género. Además, tendrán como materias: ciencias y humanidades, historia, geografía, filosofía, civismo, lenguas indígenas y extranjeras, artes, tecnología, deporte, promoción de estilos de vida saludables, cuidado del medio ambiente y cultura de paz. Habrá un énfasis en los derechos humanos, para que todas las personas sepan defenderlos. Se garantiza la educación especial para personas con discapacidad. El respeto y la promoción de la autonomía universitaria. Más oportunidades de acceso a la educación superior hasta lograr el cero por ciento de rechazo.” (1)

Hasta el momento, (ubico al período 2018-2020), no ha habido tal “transformación”. Este intento de “Reforma” se ha quedado corto. En la búsqueda de nuevos consensos políticos durante la gestión legislativa, el gobierno de la “4T” sólo ha “descafeinado” los términos de la reforma educativa prometida en campaña electoral (que sería supuesta y paradójicamente “radical”). El decreto (2), por ejemplo, que se publicó el 15 de mayo de 2019, donde se concentran los productos de las negociaciones legislativas en torno a la iniciativa del presidente López Obrador, muestra más continuismo discursivo y de conceptos educativos y pedagógicos, que ruptura con respecto a la reforma educativa pasada (la palabra “reforma” sólo aparece ahí cuatro veces y se refiere al cambio del texto constitucional, no a un proyecto educativo de largo alcance).

Por otra parte, aprecio que la actual reforma educativa (de la “4T”) es «reactiva», porque se inspiró en la abrogación de las leyes secundarias que derivaron de los cambios al texto constitucional de 2013, pero en sí misma, la actual, no es una reforma que haya surgido ni se haya desarrollado de una matriz original, ni de un auténtico proyecto educativo nacional alternativo. La modificación inmediata y precipitada (recordemos el “detalle” de la autonomía universitaria, eliminada en borrador) del texto constitucional, en la iniciativa de diciembre de 2018, pareció ser más un acto reformista reflejo que un resultado tangible de un movimiento nacional (“desde abajo”) que abanderara a la reforma en sentido progresista, a partir de las demandas sociales y de la voz del magisterio. Y aunque a las y los docentes se les invitó a participar en consultas públicas, entre julio y noviembre de 2018, el resultado de las modificaciones constitucionales de 2019, y la operación gubernamental que se ha dado desde entonces, están lejos de empatarse con lo manifestado por López Obrador durante la campaña de ese mismo año, cuando habló de un “cambio de raíz”.

Al caracterizar al reformismo educativo en México, como una especie de afiliación obsesiva por emprender “reformas educativas” en automático, que ha intentado pasar del reformismo conservador-tecnocrático (2013) al reformismo progresista, moderado (2018-2019), ni siquiera ve reflejados dichos impulsos “gradualistas”; mucho menos se podría hablar de un “reformismo educativo radical», lo cual, en sí mismo y por sentido lógico, sería una contradicción.

¿Cuál transformación de la cosa pública en materia de educación hemos tenido? La RE, hoy, es retórica, es discurso vacío, es demagogia, es contradicción sin proyecto propio. Por todas estas razones y cuestionamientos, me parece más bien que estamos frente al umbral de una crisis del reformismo educativo en México.

Fuentes consultadas:

(1) “Esteban Moctezuma explica, punto por punto, la iniciativa para la reforma educativa”, El Financiero, 21 de marzo, 2019.

(2) Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de los artículos 3o., 31 y 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia educativa. DOF, 15 de mayo, 2019.

Fuente e imagen: https://www.sdpnoticias.com/amp/columnas/la-extraviada-reforma-educativa-de-la-4t.html?__twitter_impression=true

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