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Nos están matando

Por: Raúl Zibechi

El grito resuena en todo el continente. Se mezcla con el torrente de los ríos, vuela encima de las cordilleras, se interna en los vericuetos de las metrópolis y sigue andando más allá de los poblados. “Nos están matando”, se escucha una y otra vez en la inmensa geografía que va de las calles resistentes de Portland a la villas de Buenos Aires, de las ardientes de Bogotá a las favelas de Rio de Janeiro, pasando por las comunidades de Tila (Chiapas) y del Cauca colombiano. “Nos están matando”.

El brutal asesinato de un abogado en Bogotá, por el delito de violar la cuarentena para comprar alcohol, disparó la rabia contenida de las 55 masacres durante lo que va de 2020, sumadas a la desesperación de semanas de cuarentena, desocupación y hambre. En apenas tres días de revuelta, hubo 11 muertos reconocidos, 72 con heridas de bala y un reguero de balazos disparados por uniformados impunes para contener lo inevitable.

La rabia de jóvenes y jóvenas se llevó alrededor de 70 Comandos de Acción Inmediata (CAI) de la Policía, 47 de ellos quemados y el resto destruidos. No es justicia, que no la habrá, sino rabia, bronca, enojo multiplicado por millones. No la habrá porque los crímenes de los policías pasan a la justicia militar, como sucedió con Dilan Cruz, asesinado en una manifestación pacífica de estudiantes en noviembre pasado.

Qué decir del Cauca, donde este año hubo ya cinco masacres y los paramilitares operan a sus anchas. El 11 de setiembre, Oliverio Conejo Sánchez, coordinador del Programa de Salud del Cabildo Indígena de Totoró, y su hija Emily de 22 años, fueron interceptados en la carretera y asesinados por pertenecer al Consejo Regional Indígena del Cauca, que enarbola el lema “Cuenten con nosotros para la Paz, nunca para la guerra” (https://bit.ly/3kdRI58).

En Chile el Ministerio del Interior informó que entre el 18 de marzo y el 7 de julio Carabineros y la Policía de Investigaciones detuvieron a 51.439 personas, a lo que debe sumarse las detenciones por toque de queda que son otras 43.157. Es casi el doble de todas las detenciones practicadas durante el periodo anterior, comprendido entre el 18 de octubre y el 18 de marzo, que afectaron a 27.432 personas y 2.431 por toque de queda, en plena revuelta con millones de personas en las calles.

Esto indica que aprovechan la pandemia para descerrajar una represión feroz sobre los sectores populares que resisten el modelo neoliberal. La “nueva normalidad” es más represión y violencia que, según los datos de la propia Fiscalía, se verifican mayoritariamente en las zona sur de Santiago, foco de concentración de pobreza, y en la zona centro, escenario de las movilizaciones.

En Argentina la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) viene denunciando una escalada represiva que se ha cobrado alrededor de cien víctimas durante la pandemia, bajo las modalidades de “gatillo fácil”, muertes bajo custodia policial y otras modalidades. Son 6.000 asesinados en “democracia”.

Luego de la asonada policial del 9 de setiembre, cuando los uniformados se manifestaron armas en mano frente a la quinta presidencial y la vivienda del gobernador de Buenos Aires, en una supuesta demanda de aumentos salariales que fue atendida por el gobierno de Alberto Fernández, la represión siguió creciendo en los barrios populares.

El relato de Miguela, pobladora de la villa Ciudad Oculta, que la Policía le mató a su hijo Damián en diciembre de 2019, lo dice todo: “La cosa está muy picante en el barrio, no dejan a la gente ni ir a comprar. El otro día agarraron a unos niños que iban al kiosko, los pararon, los tocaron por todo el cuerpo y les pusieron el arma en la cabeza. Uno de los chicos tenía tres años” (https://bit.ly/35yTr0N).

Un artículo aparecido esta semana en Le Monde Dilomatique, sobre la asonada policial, revela para qué está la policía: “De los 90.000 policías, alrededor de un 75% son suboficiales. Muchos de estos subordinados entienden que el trabajo de sus jefes es “recaudar”; así lo dicen: “un comisario es un recaudador” (https://bit.ly/3ivjSbg). Dicen que la violencia policial se incrementó porque ya no cuentan con los ingresos de la “caja negra”, porque sus negocios los frenó la pandemia. Bronca policial que pagan los pobres.

En Tila el Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno denuncian el asesinato de un compañero, “cuando el grupo paramilitar Paz y Justicia junto con personas allegadas al Ayuntamiento municipal, atacaron con armas de grueso calibre a la población de Tila que, por acuerdo de la asamblea general, se dirigía a liberar los bloqueos que estos grupos habían instalado en los accesos a la cabecera del ejido para cercar a nuestro pueblo” (https://bit.ly/2ZDRxIC).

Como señala el periodista Hermann Bellinghausen: “Pueden cambiar los gobiernos, pero la guerra de contrainsurgencia en Chiapas contra los pueblos no termina, y a juzgar por los acontecimientos de los últimos meses en las montañas de los territorios mayas, en 2020 empeoró a una escala hace años no vista” (https://bit.ly/33sAVEM).

Mientras con una mano envían paramilitares contra los pueblos, con la otra, la Cuarta Transformación amenaza centros de derechos humanos, medios de comunicación y organismos civiles que se oponen al Tren Maya y a otros mega proyectos. Sus nombres quedarán grabados a fuego en la memoria popular, al igual que los asesinos de Emiliano Zapata. Los gobiernos duran menos, mucho menos que la memoria de abajo.

“Nos están matando”. Un genocidio recorre todos los rincones de nuestra América. Los pueblos resisten, resistimos. Como sucede en Bogotá, donde el CAI del barrio Suba-La Gaitana fue incendiado y sobre sus ruinas los vecinos crearon una biblioteca popular que bautizaron como “Nuevo Centro Cultural Julieth Ramírez”, el nombre de una joven de 18 años asesinada con disparos de arma de fuego el 9 de septiembre. Luego la policía tapó el rostro de la joven, empezando por sus ojos, todo un símbolo. Más tarde, los vecinos retornaron al lugar y reconstruyeron los daños (https://bit.ly/3hqWquF).

Fuente: https://desinformemonos.org/nos-estan-matando-2/

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Feminismos.

Por: Ernesto Kavi

 

El combate de las mujeres por un mundo diferente ha estado siempre presente en la imaginación. Pero como una advertencia o una fabulación, a veces terrorífica, de lo que podría ocurrir si las mujeres tuviesen poder o se rebelaran. Basta pensar en el mito de las Amazonas, mujeres guerreras que asesinaban a los niños, o les sacaban los ojos y los volvían inválidos para hacerlos sus esclavos. Mucho más tardío, Aristófanes imagina en Lisístrata una huelga sexual para alertar a los hombres del peligro de la guerra y llamarlos a la paz. O, en La asamblea de las mujeres, imagina un gobierno formado sólo por mujeres, un gobierno comunista, en el que todo le pertenece a todos. No debemos olvidar que son comedias, y que Aristófanes las escribió precisamente para hacer reír, pues un mundo donde la mujer tuviese poder sobre la vida pública, sobre la guerra o la paz, era inimaginable.

Hoy, ese mundo que para los antiguos era risible e imposible de acontecer, se ha vuelto necesario. Se ha vuelto necesario simplemente para que podamos seguir llamándonos «seres humanos». Después de la Shoah, comprendimos que la «humanidad» no era un rasgo inherente a nosotros, algo que nos era dado al nacer, sino que era un trabajo diario, una calidad por alcanzar, y que debíamos esforzarnos cada hora en ello, en ser humanos, o nuestra animalidad se volvería de nuevo patente.

Mientras el cuerpo de la mujer siga siendo violentado, no podremos llamarnos «humanos». El cumplimiento pleno de nuestra existencia necesita de la mujer. Sin ella, toda la memoria humana, todas nuestras civilizaciones, todo el arte y toda la ciencia, todo aquello que hemos construido durante siglos, se derrumbará y perderá todo sentido. Seremos sólo simios reclamando cráneos, y sangre, y poder.

Una de las primeras causas de muerte (y en ciertos países es la primera) entre mujeres de catorce y cuarenta y cinco años es la llamada «violencia de género», eufemismo para hablar del asesinato de mujeres por el sólo hecho de serlo. Los feminismos son diversos, y cada uno es necesario en el contexto en el que surge. Pero todos, como principio, combaten por el fin de esa violencia. Otros combaten el poder, o el capitalismo, o la discriminación por pertenecer a una cultura o por tener un determinado color de piel. El feminismo es el combate de todos los que son o han sido oprimidos.

Para conocer mejor lo que hay en juego bajo el nombre de «feminismo», y nos ayuden a reflexionar entorno a esa lucha, hemos convocado en este número a profesoras, escritoras, sociólogas, periodistas y activistas, todas implicadas en el combate por un mundo, no feminista, sino simplemente más justo, donde no haya exclusión, ni opresión social ni económica. Un mundo donde, por fin, podamos llamarnos a nosotros mismos, sin vergüenza, sin cinismo, «seres humanos».

Chiara Bottici, profesora en la New School of Social Research, escribe sobre el anarcafeminismo, un término que ella acuña y que representa, quizá, el movimiento actual más radical en la teoría feminista; Anita Botwin, periodista y escritora, critica el feminismo de las élites, que sólo buscan «empoderar » a las mujeres para que ocupen los mismos puestos que los hombres, pero sin cuestionar la estructura social que las oprime; Fàtima Aatar, socióloga, quien nos habla, en un artículo muy polémico, sobre el feminismo como una de las herramientas ideológicas de Europa, una herramienta racista, para oprimir a las mujeres y a los hombres musulmanes; Elsa Dorlin, filósofa, escribe un manifiesto sobre la autodefensa femenina y el cuidado de sí; y, finalmente, Angela Davis, filósofa y célebre activista estadounidense, nos entrega el discurso que leyó en la marcha de las mujeres contra Trump, realizada en Washington en enero de 2018. A pesar de las grandes diferencias de estilo, de trayectoria y de pensamiento, todas nuestras colaboradoras apuntan a un mismo enemigo, el mayor opresor, el más brutal y violento de todos: el Capitalismo. Es una muestra de que el feminismo no es una batalla contra los hombres, como todavía algunos imaginan. Es una batalla por nuestra vida, la de todos, y por nuestra dignidad. Louis Aragon decía que la mujer es el porvenir del hombre. Quizá ahora podamos decir que el feminismo es el porvenir de la humanidad, si queremos aun perseverar en ella.

Fuente e imagen:  http://reportesp.mx/feminismos-ernesto-kavi

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La «América crece» de Trump: nueva forma de neocolonialismo

Por: Hedelberto López Blanch

 

La Alianza para el Progreso impulsada por el ex presidente estadounidense John F. Kennedy a principios de la década de 1960 hasta la nueva “Iniciativa América Crece” lanzada por Donald Trump en 2019 son mecanismos utilizados por Washington para dominar económica y políticamente a las naciones latinoamericanas.

Mediante la Alianza para el Progreso, Estados Unidos pretendía buscar modelos capitalistas de desarrollo en la región para neutralizar el ejemplo que significaba la naciente Revolución cubana.

De esa forma se enviaron especialistas a la América Latina para explorar las riquezas naturales y las posibles fuentes de progreso de cada país, las que en los años siguientes fueron controladas y explotadas por empresas transnacionales, en su mayoría norteamericanas.

Washington brindaba entonces la asesoría económica con empréstitos provenientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), y enviaba grupos denominados “cuerpos de paz” que impulsaban la animadversión contra Cuba y el sistema socialista. Todo desembocó en un rotundo fracaso que llevó más hambre y miseria a los pueblos donde los políticos corruptos de turno los acogieron, a la par que ellos se enriquecían con las abundantes prebendas.

A la tristemente célebre Alianza para el Progreso le siguieron unos tras otros los ensayos estadounidenses para controlar a los países de América Latina en la que en los últimos años ha jugado un pernicioso papel la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID).

Ahora, dentro del enorme esfuerzo que hace la administración Trump para controlar Latinoamérica, a semejanza de la Doctrina Monroe que proclamaba América para los americanos, se ha lanzado la “Iniciativa América Crece” que permite a Washington evadir controles parlamentarios en los países que la acepten y va dirigida a modificar la dependencia económica, financiera, social y política de la región.

Un análisis divulgado por Rusia Today, señala que esa Iniciativa es expedita, escueta, y no requiere de negociación alguna entre instancias gubernamentales. Tampoco precisa de consultas a los Parlamentos y mucho menos involucra a segmentos de la sociedad civil, porque el formato de Memorando de Entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés) así lo permite.

Mediante el MoU, los gobiernos que se acojan al mismo, sellan el compromiso de cumplir la hoja de ruta que trazarán los distintos organismos y agencias norteamericanas, lo que es igual a una nueva forma de neocolonialismo.

La ex diplomática boliviana Maria Luisa Ramos, en entrevista con la publicación panameña Bayano Digital, denunció que la fórmula avanza hacia un reformateo de la dependencia económica, financiera y política de la región, sin requerir de negociación alguna entre instancias gubernamentales, ni consultas a los Parlamentos y mucho menos incluye a segmentos de la sociedad civil.

Agregó que mediante ese procedimiento ya no se involucrarán en engorrosas negociaciones de Tratados de Libre Comercio (TLC) para mejorar su balanza comercial, para obtener jugosos contratos estatales, realizar cambios a la legislación y en general adecuar a sus intereses el diseño del esquema de inversiones de los países.

En realidad se trata de un subterfugio mediante el cual Estados Unidos y los gobiernos latinoamericanos hacen un compromiso diplomático de alto nivel para encaminar la agenda trazada por los organismos y agencias norteamericanas con homólogos empresariales de los hasta ahora firmantes en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Honduras, Jamaica y Panamá.

El programa América Crece también sale de la órbita de la Organización Mundial del Comercio ya que la agenda general será delineada y encaminada por los organismos y agencias estadounidenses y sus homólogas entidades empresariales de esos países.

En el amplio panorama del MOU (que lo firma cualquier ministro y no los presidentes de las naciones como ocurre con los Tratados de Libre Comercio) aparecen los intereses del régimen norteamericano y sus compañías para realizar obras de infraestructura en aras de explotar yacimientos petrolíferos, todo tipo de minerales y recursos naturales que sean beneficiosos para sus intereses.

O sea, es un saqueo autorizado de las riquezas de los países en cuestión, que no tiene que contar con las aprobaciones de los diferentes Parlamentos.

Como “sublime artimaña” de este convenio se indica que acelerará el acceso del sector privado a los recursos financieros de Estados Unidos fundamentalmente a través del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La Casa Blanca bajo enormes presiones a los gobiernos latinoamericanos impuso hace unos días, al frente de esa organización bancaria al ultraderechista Mauricio Claver Carone, principal asesor de Trump para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional (CSN).

También en este programa están envueltos los Departamentos de Estado, Tesoro, Comercio y Energía, la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), la Agencia de Comercio y Desarrollo de los Estados Unidos (USTDA) y la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero (OPIC).

En definitiva, América Crece es una forma más moderna de neocolonialismo que busca controlar económica, política y financieramente al continente. Esperemos que los pueblos despierten.

Fuente e imagen: https://rebelion.org/la-america-crece-de-trump-nueva-forma-de-neocolonialismo/

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¿Porqué aún no nos escuchan?

Por:  Paula Albornoz

Para muchas, gracias a la incansable lucha de cientos de mujeres antes que nosotras, no poder ir a la universidad, no poder votar o acceder a bancas políticas y no poder reivindicar nuestros derechos en nuestras casas y en las calles es solo un recuerdo amargo que vemos en películas o encontramos en libros, para no olvidar nunca que sucedió, y que podría volver a suceder. Sin embargo, la lucha está lejos de ser ganada y llegar a su fin. Todavía faltan demasiadas mujeres que incluir para llegar al “para todas…”
Hace muy poco tiempo, viendo la televisión, me encontré con una investigación realizada por Agustina Gradin y Karina Iummato junto al Observatorio Julieta Lanteri de FUNDECO, el Observatorio Electoral de COPPAL y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), donde profundizaron en las violencias ejercidas hacia las mujeres involucradas en la política. Incluye tanto violencia verbal, psicológica, económica, sexual, física y simbólica. ¿Por qué? Por el simple y a la vez complejo hecho de que seamos mujeres y participemos en el ámbito político. Los tiempos cambian, más las rancias mentes conservadoras de una mayoría de hombres que luchan por mantener firmes las bases del patriarcado, no. Estas mujeres son blanco de amenazas, campañas de desprestigio, acoso y, principalmente, violencia verbal basada en su sexo, sus cuerpos, sus vidas sexuales y sus capacidades que, claramente, para los ojos de estar personas, son escasas o inexistentes.
Gorda, puta, inútil, mala madre, mala esposa, fea, vieja, pendeja. ¿Qué tienen que ver cualquiera de esos adjetivos con participar en la política, nos preguntamos? Y más aún, ¿alguna vez los hemos visto siendo usados hacia el género contrario? No hay comentarios acerca de los cuerpos de los hombres, sean políticos o no, porque los hombres tienen permitido envejecer y modificar sus cuerpos sin culpas, con naturalidad, sin que sus canas o sus arrugas se vuelvan razón para descalificar sus ideas. Tampoco oímos nunca que se comenten las vidas sexuales de los hombres; no importa si está con muchas mujeres o si es infiel, de hecho, muchas veces eso es motivo de orgullo. Aunque claro, no sería lo mismo si cambiáramos el “muchas mujeres” por “muchos varones”… Mucho menos se comenta jamás si el hombre que ocupa un puesto político (o un hombre en cualquier ámbito laboral, realmente) es o no buen padre. No importa si está presente y participa en la educación de su descendencia o si tiene hijos e hijas abandonados en cada lugar que visita. Tal cosa es irrelevante y tiene poco que ver con su desempeño laboral, a menos que nos refiramos a una mujer.
Aunque mucho nos guste creer y sentir que hemos avanzado como sociedad, y muchas personas visibles en la política insistan en que la equidad y la igualdad entre géneros ya ha sido alcanzada, toda esa mentira se cae fácilmente con las más ligeras y superficiales observaciones, como las que acabo de hacer.


Más allá de la interesante investigación planteada anteriormente, quise saber qué sentían y cómo vivían esta realidad las mujeres que me rodean, las que hacen política día a día sin ser presidentas, diputadas o senadoras; las militantes, las feministas, las que forman parte de alguna agrupación social o partido político. Decidí hacer dos simples encuestas en la red social Instagram, que podían ser respondidas por “sí” o por “no”. La primera rezaba “¿alguna vez las violentaron o menospreciaron por su ideología política?”, a la cual un abrumador 92% de las casi trescientas mujeres participantes contestó que sí. La segunda pregunta era: “¿alguna vez sufriste de violencia machista en las redes?”, a lo que un 90% también respondió que sí.
Las redes son el lugar ideal para la descalificación y el acoso; ocultos en el anonimato, en la distancia y en el poder de abandonar la conversación o borrarla en cualquier momento, muchos se creen impunes y omnipotentes para decir absolutamente cualquier cosa, casi siempre sin el menor sustento, sabiendo que seguro aparecerá una horda de machitos igual que ellos dispuesto a apoyarlos en su ataque. Durante siglos, la política fue cosa de hombres. Debe molestar y mucho a varios que ahora las mujeres nos hayamos ganado el lugar de hablar, exponer, debatir, votar y gobernar. La mujer con poder les molesta casi tanto como les asusta. Hay una frase muy famosa que creo que puede ilustrar la relación de los hombres con las mujeres políticas: tienen miedo de que les hagamos lo que ellos nos hicieron a nosotras.
Entonces, ¿por qué aún no nos escuchan? No es una pregunta tan difícil de
responder, al fin y al cabo. No nos escuchan porque no les conviene. Sí, podemos ocupar puestos cada vez más altos en la jerarquía e incluso llegar a ser presidentas, pero mientras sigamos viviendo en un sistema capitalista y patriarcal, jamás lograremos que el conjunto de la población, tanto machistas como alienadas, nos vean como lo que somos: motores para el cambio, idealistas, intelectuales, poderosas. No nos escuchan porque aún no somos del todo libres. No nos escuchan porque no les importamos. No nos escuchan porque no nos ven como iguales. No nos escuchan porque no están interesados en darnos el lugar.
La mujer con ideas, molesta. Vuelven a querer imponernos aquella mentalidad arcaica que coaccionó y encerró a tantas mujeres durante siglos: no quieras pensar ni aprender, porque la mujer que estudia y se mete en “asuntos de hombres” es gorda, puta, fea, inútil, vieja, pendeja, mala madre, mala esposa. Ninguna mujer debería querer ser todo eso, ¿no? Ninguna mujer debería desear que un hombre la vea o la califique de semejante forma, ¿verdad? ¿Y qué pasa si no nos importa cómo nos ven y cómo nos llaman? Pasa el feminismo.
La mujer con ideas, molesta. Por eso, no dejemos de pensar. No dejemos de
hacer política.

Fuente e imagen: https://nuevarevolucion.es/porque-aun-no-nos-escuchan/

 

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Adhesiones internacionales al pedido de recomposición salarial y aumento de presupuesto CONICET, Argentina

Septiembre de 2020
Presidente de la Nación Argentina, Dr. Alberto Fernández
Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Dr. Roberto Salvarezza

De nuestra mayor consideración:
Como integrantes de la comunidad científica internacional deseamos expresar nuestra profunda preocupación ante la crítica situación salarial que atraviesa el personal del CONICET.
Manifestamos nuestra sorpresa y consternación por el hecho de que las categorías iniciales de la Carrera del Investigador están cobrando salarios que rondan los 400 dólares mensuales, un monto que resulta a todas luces insuficiente, inclusive para solventar los costos que demanda la profesión y que, a menudo, en Argentina son cubiertos por esos salarios (inscripciones a congresos internacionales, suscripciones de revistas, membresías, etc.). Estos sueldos, que se encuentran cerca del borde de la línea de pobreza en Argentina (1), no se corresponden en absoluto con el nivel de las exigentes evaluaciones que rigen el desempeño de colegas con tanto reconocimiento. Consideramos que tales profesionales merecen remuneraciones acordes con la trayectoria, la excelencia, la antigüedad y las responsabilidades que asumen a lo largo de su carrera.
Tenemos conocimiento de que tanto los miembros de la Carrera del Investigador como el resto del personal han visto reducidos sus salarios de manera drástica, debido a las sucesivas devaluaciones de la moneda local y la inflación interna de los últimos años. Por ello, alcanzaron una pérdida del salario real que, desde octubre de 2015 a septiembre de 2020 llegó al 49% (2), y acumula un 75% desde 2012. Es decir, como mínimo se necesitaría duplicar el salario para volver a tener el poder adquisitivo del 2015, así como arbitrar a futuro los mecanismos necesarios para que este deterioro no siga produciéndose.
Sabemos, también, de los valiosos aportes que cientistas del CONICET realizan a su país para paliar los dramáticos efectos de la pandemia que hoy nos tiene en vilo en todo el mundo. A pesar de sus magras remuneraciones, el personal altamente capacitado del CONICET realiza ingentes esfuerzos para que no se vea afectado el funcionamiento del sistema científico argentino y sus necesarias contribuciones a la sociedad. Incluso en contextos económicamente críticos, los recursos humanos de esta institución han sabido mantener los más elevados estándares de competencia y calidad de sus producciones en todas las áreas. Y, gracias a dichas producciones, la institución goza de un amplio prestigio internacional. Paradójicamente, mientras que a nivel internacional el CONICET ostenta los mejores resultados de la región en cuanto a productividad y acaba de ser nuevamente destacado como la mejor institución gubernamental científica de Latinoamérica (3), exhibe las más bajas retribuciones cuando se las compara con países vecinos, algo reconocido incluso por las propias autoridades (4).
Por todos estos motivos, queremos expresar nuestra solidaridad con el pedido de recomposición salarial y aumento del presupuesto para CONICET que llevan adelante colegas de Argentina. Tenemos la esperanza de que las autoridades actúen a tiempo para que el CONICET continúe siendo una institución representativa de excelencia. Un aspecto indispensable para ello es jerarquizar la remuneración de sus recursos humanos, sin quienes este sistema no podría sostenerse. Confiamos en que, así como el gobierno ha sabido dar respuesta al reclamo de otros sectores del Estado (5), considere también prioritario resolver el problema que atraviesa el personal del principal organismo científico argentino, que merece la más alta estima social y cuenta con todo nuestro reconocimiento.

(1) https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/canasta_09_20441EFD2654.pdf
(2) https://twitter.com/MarianoAB80/status/1301507039483572227
(3) https://www.conicet.gov.ar/el-conicet-vuelve-a-ser-la-mejor-institucion-gubernamental-de-ciencia-de-latinoamerica/
(4) https://www.lacapitalmdp.com/ana-franchi-hay-que-revertir-cuatro-anos-de-desprestigio-y-desfinanciamiento/
(5) https://www.lavanguardia.com/internacional/20200914/483454599728/argentina-covid-coronavirus-pandemia-tension-buenos-aires-policia-fernandez-kicillof.html

Descarga aquí el formulario de adhesión:  https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdLuALiaWY8tiiewKR0Ds7JSGKIOB9NrUEdeEDFneb7J7zJDA/viewform

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Cada acontecimiento nos obliga a recolocar la mirada y a redefinir lo que es “luchar”

Por: Amador Fernández Savater

 

Aquí algunas dificultades que he encontrado, en mí mismo o en mi entorno “de izquierdas”, para encontrar potencias en la situación que vivimos, para no verla o vivirla como una situación cerrada, de dominación total:

-pensar que el confinamiento es lo que más quería el Estado, cuando todos los Estados han tratado más bien de minimizar lo que estaba pasando para no tener que suspender la producción y el consumo (lo que más quieren evitar).

-pensar que aceptar la mascarilla o la distancia física es un signo de sumisión o de interiorizacion del control y la paranoia, cuando puede verse más bien como conciencia cuidadosa de una situación común de la que se forma parte.

-pensar que la crítica y la transformación pasa siempre por la acción, la palabra y la movilización, cuando puede haber crítica y transformación en el silencio, la pasividad, la interrupción…

-dificultad de pensar otros modos de estar juntos donde quepan la distancia y las soledades, otros modos de “poner el cuerpo” aunque no haya contacto físico. No dejo de querer a los míos porque no les pueda tocar.

-dificultad para pensar la política sin calle…

-dificultad de pensar que la libertad no es siempre “lo voluntario”, sino a veces también lo que nace o puede nacer a partir de la aceptación de una situación que no elegimos…

Fuente:  https://www.filosofiapirata.net/cada-acontecimiento-nos-obliga-a-recolocar-la-mirada-y-a-redefinir-lo-que-es-luchar/

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Los “provida” no son promujeres.

Por: Diana Cariboni

 

Las condiciones en que dan a luz las mujeres se deterioran durante la pandemia, violando derechos básicos. Los grupos que se autodenominan “provida” guardan silencio.

Si visitan sitios web y redes sociales de grupos religiosos o ultraconservadores que se proclaman ‘provida’ en América Latina, verán una profusión de imágenes de familias, bebés, niñas y niños, escarpines, cunas y mujeres embarazadas.

Leerán mensajes exaltados en favor de la maternidad y las familias numerosas y en contra de la planificación familiar, los anticonceptivos y —por supuesto— del aborto.

Muchos llevan en sus nombres y eslóganes las palabras “vida” y “familia”.

Por tanto, podríamos suponer que estarían en primera línea defendiendo el derecho de las mujeres a vivir embarazos y partos positivos y felices y denunciando maltratos en el sistema de salud, tipificados incluso en algunas leyes como “violencia obstétrica”. Pero no.

Desde que se declaró en marzo la pandemia de COVID-19, en openDemocracy venimos investigando las condiciones en que las mujeres dan a luz en un mundo con cuarentenas, toques de queda, reorganización hospitalaria y recursos médicos restringidos.

Nuestra investigación comprobó que las cosas están ahora peor para las embarazadas, que ya soportaban riesgos inaceptables y violaciones a sus derechos antes del COVID-19.

En al menos 45 países, las mujeres debieron pasar por situaciones que violan pautas internacionales o leyes nacionales sobre atención de partos. Y las denuncias continúan llegando.

Varios hospitales de América Latina decidieron imponer cesáreas de rutina a todas las mujeres. También se generalizó la prohibición de acompañantes, y recibimos múltiples denuncias de maltrato y falta de información, así como de negación de asistencia a parturientas o a mujeres con emergencias obstétricas que se debatían entre la vida y la muerte.

Las entrevistadas dijeron sentirse “abandonadas”, con una mezcla de “dolor y angustia”, regañadas como niñas, sometidas a procedimientos de los que ni siquiera las informaban o simplemente dejadas sin atención.

Los toques de queda y las restricciones al transporte llevaron a que muchas mujeres perdieran controles de embarazo, tuvieran que caminar largas distancias para llegar a un hospital o incluso se vieran obligadas a partos en casa, no planificados y riesgosos.

“Eso reafirma lo que hemos visto en otros momentos de crisis sanitaria o humanitaria: la salud sexual y reproductiva de las mujeres resulta desatendida por el sistema de salud”, me dijo la ginecóloga ecuatoriana Tatiana Ortiz, que trabaja en hospitales de la ciudad de Guayaquil.

¿Qué han hecho ante esto los “provida”?

Lanzaron una campaña de descrédito contra la Organización Mundial de la Salud (OMS), acusándola de “abortista”, justo cuando Donald Trump decidía desfinanciar al organismo en medio de la pandemia.

La OMS incluyó en los servicios de salud esenciales que no pueden suspenderse en la pandemia “el aborto en todo el alcance que permita la ley”, la provisión de anticonceptivos y la prevención y tratamiento de enfermedades de transmisión sexual, como el VIH.

Pero la OMS también emitió pautas específicas de atención al parto: las mujeres deben ser tratadas con respeto, contar con una compañía de su elección, recibir apoyo para amamantar y tener contacto piel con piel con los recién nacidos, incluso si contrajeron COVID-19.

En cambio, los sectores que se autodenominan “provida” reclamaron y celebraron que se cerraran o suspendieran servicios de salud sexual y reproductiva.


En Perú, cuna de la campaña ultraconservadora “Con mis hijos no te metas” (CMHNTM), los medios reportaron reiterados casos de embarazadas rechazadas en hospitales, pariendo en salas de espera o incluso en sus casas.

Christian Rosas, vocero de CMHNTM, se dedicó a reclamar que se reabrieran los templos evangélicos durante la pandemia, pues “la verdadera tragedia es morir sin Cristo… El cristiano no teme morir, no ve con pánico la muerte porque para nosotros morir es ir al cielo”. Perú está entre los nueve países con más cantidad de muertes (más de 27.000).

Rosas, defensor de que niñas de 6 u 8 años den a luz, tampoco alzó la voz sobre la ausencia de atención oportuna y digna para las mujeres en los nacimientos que él y su grupo tanto reclaman.

En México, el Frente Nacional por la Vida y la Familia se dedicó a hacer campaña contra un fallo que podría haber obligado al estado de Veracruz a legalizar el aborto.

Pero guardó silencio sobre miles de mexicanas que se quedaron sin controles prenatales e incluso sin lugar donde parir en medio de la reorganización hospitalaria por el coronavirus.

México es el segundo país de la región con más muertes maternas por COVID-19 después de Brasil. Desde mediados de julio, el coronavirus es la principal causa de mortalidad materna entre las mujeres mexicanas. Para el 17 de agosto constituía el 20,6%, con 112 decesos, según cifras oficiales.

Antes de la pandemia, dos mujeres por día morían en México por causas prevenibles en el embarazo, parto o posparto, según el Informe de GIRE Justicia Reproductiva publicado en 2018. Mientras, más de 33% de las mujeres embarazadas denunciaban violencia obstétrica, según una encuesta nacional.

Brasil concentra 77% de las muertes maternas por coronavirus en todo el mundo, según los casos registrados desde inicios de la pandemia hasta el 18 de junio, indicó un estudio publicado en el International Journal of Gynecology and Obstetrics.

Pero en Brasil, los grupos “provida” están afanosamente luchando por otras “causas”.

Por ejemplo, obstaculizar el aborto legal de una niña de 10 años, violada desde los 6 por su tío.

La antiabortista Sara Giromini, que se cambió el nombre a Sara Winter en homenaje a una agente nazi y está presa por su papel en una red de desinformación y por presuntamente liderar una milicia armada, divulgó en Instagram, Twitter y YouTube el nombre de la niña y los datos del hospital donde se llevó a cabo el procedimiento el 16 de agosto.

También convocó a un grupo de fanáticos que intentaron asaltar el lugar para impedir el aborto.

La ministra de la Mujer, Damares Alves, envió un equipo a la casa de la niña para convencer a la familia de que no abortara. A inicios de julio, Alves anunció en la Cámara de Representantes que estaba organizando un frente parlamentario latinoamericano “por la vida” y para combatir el aborto.

Ni la ministra ni Sara Winter ni los muchos grupos antiabortistas de Brasil se pronunciaron sobre los problemas que enfrentan las parturientas en el segundo país con más casos de coronavirus en el mundo y que hace varias semanas sobrepasó los 100.000 muertos.

Con la pandemia, en Venezuela se agravó el fenómeno del “ruleteo” (que un paciente grave recorra hospital tras hospital sin lograr atención hasta que muere).

“El médico me revisó la barriga y me dijo ‘tu bebé está muerto; aquí no te podemos atender’”, le contó a nuestra reportera una mujer rechazada en la emergencia de una maternidad de Caracas que no tenía banco de sangre ni agua corriente y casi ninguna sala quirúrgica operativa.

La mujer con 31 semanas de embarazo debió esperar casi medio día, buena parte sentada en una silla de plástico a la entrada del hospital, hasta que fue transferida a otro centro donde su bebé nació muerto, le practicaron una histerectomía sin su consentimiento.

Decenas de grupos de derechos humanos, médicos y personalidades venezolanas e internacionales expresaron el 19 de agosto “nuestro más contundente rechazo y preocupación extrema por reportes de distintas fuentes que señalan casos de mujeres embarazadas bajo sospecha de la COVID19 a quienes se les ha negado atención oportuna, o que han sido sometidas a situaciones irregulares que comprometen su salud y sus vidas”.

Nada de esto parece conmover a los sectores que promueven la maternidad como fachada de una agenda que busca recortar derechos duramente ganados por las mujeres.

Ser provida implica defender que las mujeres podamos parir con felicidad, cuándo y cómo queramos. No es lo que ellos defienden.

Fuente e imagen: https://contrahegemoniaweb.com.ar/2020/09/03/los-provida-no-son-promujeres/

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