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Una lectura de ciego de la encíclica ecológica Laudato Si’

Por: Leonardo Boff

 

 


 

  Un ciego capta con las manos o con su bastón las cosas más relevantes que encuentra a su paso. Pues vamos a intentar hacer así una lectura de ciego de la encíclica ecológica del Papa Francisco, Laudato Si’: sobre el cuidado de la Casa Común, cuyos 5 años (24/05/2015) acabamos de celebrar. ¿Cuáles son sus puntos relevantes?

Para empezar, no se trata de una encíclica verde que se restringe al ambiente, predominante en los debates actuales. Propone una ecología integral que abarca lo ambiental, lo social, lo político, lo cultural, lo cotidiano y lo espiritual.

Quiere ser una respuesta a la generalizada crisis ecológica mundial porque nunca hemos maltratado y herido nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos» (nº 53). Hemos hecho de la Casa Común «un inmenso depósito de basura» (nº 21). Más aún: «Las previsiones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía… nuestro estilo de vida, por ser insostenible, solo puede desembocar en catástrofes» (nº 161). La exigencia es «una conversión ecológica global» (nº 5; 216) que implica «nuevos estilos de vida» (lo repite 35 veces) y «cambiar el modelo de desarrollo global» (nº 194).

Hemos llegado a esta emergencia crítica por causa de nuestro exacerbado antropocentrismo, por el cual el ser humano «se constituye como dominador absoluto» (nº 117) de la naturaleza, desgarrado de ella, olvidando que «todo está interligado y que por eso no puede declararse autónomo de la realidad» (nº 117; 120). Ha utilizado la tecnociencia como instrumento para forjar «un crecimiento infinito… lo que supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a estrujarlo hasta el límite y más allá del límite» (nº 106).

En la parte teórica, la encíclica incorpora un dato de la nueva cosmología y la física cuántica: que todo en el universo es una relación. Como en un ritornello insiste en que «todos somos interdependientes, todo está interconectado y todo está relacionado con todo» (cf. nºs 16, 86, 117, 120) lo que da una gran coherencia al texto.

Otra categoría que constituye un verdadero paradigma es la del cuidado. Este es en realidad el verdadero título de la encíclica. El cuidado, por ser la esencia de la vida y del ser humano, según la fábula romana de Higino, tan bien estudiada por Martin Heidegger en Ser y Tiempo, es recurrente a lo largo del texto de la encíclica. Ve en San Francisco «el ejemplo por excelencia del cuidado» (nº 10). «Corazón universal… para él cualquier criatura era una hermana unida a él por lazos de cariño, sintiéndose llamado a cuidar de todo lo que existe» (nº 11).

Es interesante observar que el Papa Francisco une la inteligencia intelectual, apoyado en los datos de la ciencia, a la inteligencia sensible o cordial. Debemos leer con emoción los números y relacionarnos con la naturaleza «con admiración y encanto (nº 11)… prestar atención a la belleza y amarla porque nos ayuda a salir del pragmatismo utilitarista» (nº 215). Es importante «escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres» (nº 49).

Consideremos este texto, cargado de inteligencia. emocional: «Todo está relacionado y todos los seres humanos caminamos juntos, como hermanos y hermanas, en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también con tierno cariño al hermano Sol, a la hermana Luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (nº 92). Es importante «fomentar una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad» (nº 231), ya que de esta manera «podemos hablar de una fraternidad universal» (nº 228).

Por último, a la ecología integral le es esencial la espiritualidad. No se trata de derivarla de ideas, sino «de las motivaciones que dan origen a una espiritualidad para alimentar la pasión por el cuidado del mundo… No es posible comprometerse en grandes cosas sólo con doctrinas sin una mística que nos anime, sin una moción interior que impulse, motive, anime y dé sentido a la acción personal y comunitaria» (nº 216). Nuevamente evoca aquí la espiritualidad cósmica de San Francisco (nº 218).

Para concluir, es importante destacar que con esta encíclica, amplia y detallada, el Papa Francisco se coloca, como lo han reconocido notables ecologistas, a la vanguardia de la discusión ecológica mundial. En muchas entrevistas se ha referido a los peligros que corre nuestra Casa Común, pero su mensaje es de esperanza: «Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza» (nº 244).

Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=989

Imagen: https://pixabay.com/

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Los límites del cientificismo

Por: Leonardo Díaz 

En mi artículo de la semana pasada, “Educación problematizadora”, https://acento.com.do/2020/opinion/8825234-educacion-problematizadora/ critico una concepción cientificista de la educación, la perspectiva según la cual, debemos centrarnos en las denominadas “ciencias duras”, mientras las disciplinas humanísticas deben ocupar un lugar marginal o de adorno curricular.

Si educamos en una perspectiva cientificista es más problable interiorizar una mirada acorde con esa educación al lidiar con las situaciones problemáticas que emergen de la vida, con todas las limitaciones que esa mirada conlleva.

En un artículo titulado “La respuesta comunicativa a la crisis del coronavirus”, https://metode.es/revistas-metode/opinio-revistes/especial-covid-19-es/la-respuesta-comunicativa-a-la-crisis-del-coronavirus.html publicado en el último número de Mètode, revista de divulgación científica de la Universidad de Valencia, Celeste Condit muestra la importancia de trascender esa mirada cientificista ante las situaciones problemáticas.

En el referido artículo, Condit señala que determinadas medidas en materia de decisiones públicas para abordar la actual pandemia de la COVID-19 se encontraron con los escollos prácticos de solo tener en cuenta la perspectiva de la biología, obviando las variables sociales que inciden en la propagación de la enfermedad.

Tahira Vargas, en su artículo titulado “Covid 19 y desigualdad social” , https://acento.com.do/2020/opinion/8799731-covid-19-y-desigualdad-social/ y el autor de este escrito, en el artículo “Estado de excepción y actitud crítica”, https://acento.com.do/2020/opinion/8800585-estado-de-excepcion-y-actitud-critica/  se refieren al problema de las variables sociales y culturales que pueden entorpecer las medidas establecidas por un determinado Estado en el contexto de una crisis.

Cuando tenemos una mirada cientificista de los problemas tendemos a creer que los fenómenos se reducen a una mera explicación biologicista, fisica o, como resulta hoy en boga, cognitiva.

Pero los fenómenos raramente responden a un solo tipo de variable explicativa, mucho menos las pandemias, que además de ser hechos biológicos, constituyen fenómenos sociales. Por consiguiente, para lidiar con una pandemia, además de la perspectiva epidemiológica y virológica, se requiere de la mirada que las disciplinas humanísticas proporcionan para analizar los imaginarios envueltos en los comportamientos de las poblaciones afectadas, los discursos empleados por los gestores de las crisis con sus metáforas políticas  envueltas, la sociología de los colectivos que interactúan en la solución de las crisis, las correlaciones de poder que condicionan las decisiones científicas, entre otros factores.

Mirar el mundo desde una perspectiva cientificista es como aferrarse a mirar la superficie del océano negándose a ver las capas subyacentes que lo constituyen. No solo no tendremos una mirada integral del fenómeno observado, sino que creeremos que lo real se reduce a lo observado desde esa única perspectiva. Entonces, será más difícil abordar situaciones que exigen enfoques y soluciones transdiciplinares.

Fuente: https://acento.com.do/2020/opinion/8827913-los-limites-del-cientificismo/

Imagen: https://pixabay.com/

 

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Esa irresistible compulsión por mentir

Por: Atilio A. Boron

 

Ya nos parecía extraño que Mario Vargas Llosa permaneciera en silencio ante las calamidades de la pandemia. Sobre todo las sufridas en sus dos países, el de origen, Perú, y el de su adopción, España. Allí se refugió después de haber sido repudiado por sus compatriotas  hace hoy exactamente treinta años –un 10 de Junio de 1990- tras su humillante derrota a manos de Alberto Fujimori en la elección presidencial de ese año. Como era previsible aprovechó la ocasión de esta plaga para dar a conocer otra de sus tantas mentiras que parecen verdades -arte maligno del cual es un refinadísimo cultor- para alabar al gobierno de su amigo Luis Lacalle Pou que, según el escritor,  decidió combatir al Covid-19 apelando a “la responsabilidad de los ciudadanos” y declarando  “que nadie que quisiera salir a la calle o seguir trabajando sería impedido de hacerlo, multado o detenido, y que no habría subida de impuestos, porque la empresa privada jugaría un papel central en la recuperación económica del país luego de la catástrofe.”

Quien lea estas líneas comprobará que su indudable talento como escritor es tan grande como su ignorancia en materia de economía y estadística. También que su resentimiento contra la izquierda exacerba este defecto y lo induce a extraer conclusiones que se desmoronan como un castillo de naipes ante la más suave brisa. Aplaude el hecho de que en Uruguay sólo se registren 23 muertos a causa del coronavirus, pero insólitamente le atribuye ese mérito a un presidente que asumió pocos días antes del estallido de la pandemia. Su obcecación lo mueve a desconocer que antes de la presidencia de su amigo Lacalle Pou hubo quince años de gobierno del Frente Amplio (al que descalifica por sus  “equivocaciones notables en política económica” aunque reconoce que se respetó “la libertad de expresión y las elecciones libres”) durante los cuales la salud pública fue una de las prioridades de la gestión del médico Tabaré Vázquez, durante diez años, así como durante el interregno de José “Pepe” Mujica. Fue esto: la fuerte presencia del estado en el terreno de la sanidad y no las palabras huecas e insulsas de Lacalle Pou lo que protegió al pueblo uruguayo de la pandemia.

A contrapelo de las políticas de la izquierda en Uruguay, en sus patrias de nacimiento y adopción el desastre producido por las ideas que Vargas Llosa publicita con tanto fervor es estremecedor. Con 5.738 muertos el Perú figura en el 21º lugar en la lista de 215 estados y territorios compilados por la Organización Mundial de la Salud.  España ocupa el 6º lugar en el ranking  gracias a las 27.136 víctimas del Covid-19 condenadas por las “políticas de austeridad” de los sucesivos gobiernos neoliberales que asolaron a ese país. Otros gobiernos admirados por el escritor: el de Ecuador con sus 3.690 muertos se coloca en el puesto número 17 mientras que el 19º está reservado para el Brasil de Jair Bolsonaro con un saldo luctuoso de 38.701 muertos.

Pero la medición del impacto de la pandemia y la eficacia de las políticas gubernamentales se muestran de modo más nítido si se controla el número de muertos por millón de habitantes. Bélgica, uno de los portaestandartes de la reacción neoliberal, registra 831muertos por millón de habitantes y el Reino Unido de su admirado Boris Johnson tiene un índicede 606/millón y un poco más abajo, en el sexto lugar, encontramos a España, con 580 muertos por millón de habitantes. Ecuador con 209, Brasil con 182 y Perú con 174 continúan en el pelotón de la vanguardia. Como se puede apreciar, todos países con gobiernos fieles a los cánones del neoliberalismo. Mucho más abajo en ese ranking necrológico está el Uruguay, con 7 muertos por millón, una performance notable, sin duda, igual a la que exhibe Japón. Pero mucho más meritorio es que esa misma cifra sea la que tiene Cuba, tan denostada por el hechicero neoliberal. Igual que Uruguay y el Japón pero sin que ninguno de estos dos países sufra la asfixia de un encarnizado bloqueo que se extiende a lo largo de sesenta años, que los maleantes que gobiernan Estados Unidos sólo atinaron a endurecerlo aún más en el medio de la pandemia.

Implacable crítico de Alberto Fernández –“lamentaremos la derrota de Macri”, dijo el escritor poco después de la victoria del candidato del Frente de Todos- y los gobiernos “populistas” de la Argentina Vargas Llosa debería saber que con sus 717 víctimas de la plaga este país exhibe una tasa de letalidad de 16 muertos por millón de habitantes, lejos, muy lejos de los valores que registran España y Perú, inclusive de Estados Unidos con sus 348 por millón.  Y que en el país que gobierna su amigo Sebastián Piñera,  este índice es ocho veces mayor que el de la Argentina. En efecto,  en el más antiguo experimento neoliberal de América Latina y en donde la privatización de la salud ha sido llevada a sus extremos durante casi medio siglo el índice llega a 130 por millón.

Conclusión: la pandemia exige para su control una fuerte presencia del estado para proteger a la población, cosa que no se logra cuando la salud y los medicamentos son onerosas mercancías. La experiencia actual refuta los funestos delirios de los mentores intelectuales de Vargas Llosa: Popper, von Hayek, Berlin, Revel y compañía, responsables indirectos de políticas que sólo en los Estados Unidos produjeron más de 115.000 muertos. Afiebrados delirios que contrastan con los sobrios números de Cuba, Uruguay, China, Vietnam y Venezuela. Sí, la bloqueada república bolivariana que, como el Uruguay, también tuvo apenas 23 muertos por el Covid-19. Sólo que cuando se estandardiza esta medida por millón de habitantes la tasa en ese país no alcanza siquiera al 1 por millón, contra el muy plausible 7 del Uruguay.  Pero todas estas cosas las calla el escritor, y no creo que sea porque desconozca algo tan elemental. Ha dado sobradas pruebas de que ignora las complejidades teóricas de la Economía Política y los fundamentos matemáticos de la Estadística. Pero cálculos tan simples como los que hemos expuesto más arriba están al alcance de cualquier persona que conozca las cuatro operaciones básicas de la aritmética. Me niego a admitir que Vargas Llosa sea incapaz de tan elemental tarea. Pero su fanatismo lo lleva, una y otra vez, a mentir para defender una causa perdida. No parece haber caído en cuenta de que aparte de las cuantiosas pérdidas humanas el Covid-19 hizo algo más: descerrajarle el tiro de gracia al neoliberalismo como fórmula de gobernanza. ¡Game over! Y si no me cree que por favor se dedique a leer los diarios de la mal llamada “comunidad financiera internacional” (en realidad una tropa de truhanes y bandidos de “cuello blanco”) que allí le explicarán con pelos y señales sus planes para el mundo que amanecerá cuando la pandemia haya sido controlada. Y en ese mundo el neoliberalismo se convirtió en una mala palabra que, si se la pronuncia, se lo hace en voz baja y mirando de reojo a los costados.

Fuente e imagen:  https://atilioboron.com.ar/esa-irresistible-compulsion-por-mentir/

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Verano divertido

Por: Carlos Ornelas

 

Este lunes comenzó el nuevo dispositivo de la Secretaría de Educación Pública para lidiar con la pandemia y el encierro, todavía necesario. No pienso que sea la panacea, pero tampoco que sea un mero paliativo, satisface una necesidad. No obstante, al igual que como Aprende en Casa, amplía la brecha digital entre los vástagos de clase media y niños pobres, aunque para el Verano Divertido (VD) no se requiere de computadora, una ventaja.

Si entendí bien el mensaje del secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, las cápsulas del nuevo programa son libres, no están ligadas a planes de estudio, aunque si se estratifican por niveles de acuerdo con los grados escolares. “A diferencia de los contenidos del programa Aprende en Casa, que tenían una contraparte de trabajo o tarea en el hogar, Verano Divertido tendrá una programación solamente para divertirse aprendiendo, sin generar obligación alguna para alumnos, maestros, madres y padres de familia” (boletín 148 de la SEP, 07/06/2020).

El VD consiste en 101 cápsulas que, con juegos y acertijos, induce a los niños a adquirir conocimientos y, de ser posible, a desarrollar habilidades analíticas.

Esta opción no se acopla con lo que los educadores llaman método lúdico. Éste se desenvuelve en la formalidad escolar, con el fin de crear ambientes armónicos en las aulas. Persigue reforzar el aprendizaje con juegos, la colaboración entre pares y bajo la guía del docente; por lo regular incluye temas del currículo.

Se difundirá por televisión abierta (con apoyo de Televisa), Televisión Educativa de la SEP y las plataformas de YouTube y Facebook. Cavilo que por no ser obligatorio y no implicar a maestros para revisar tareas, el VD tendrá más aceptación entre los infantes. Acaso pueda proporcionar ideas a los padres para entretener a los críos, incluso, sin apuro de supervisión.

No he revisado ninguna de las cápsulas, no puedo hacer juicios sobre su calidad, pero sospecho que valen la pena; esta vez no se elaboraron con la misma prisa que las lecciones para Aprende en Casa. También espero que la SEP haya diseñado artefactos para medir la recepción y eficacia de las cápsulas.

El año escolar fue un caos, la pandemia echó a perder lo que el gobierno consideraba un logro trascendente: ni un día de huelga magisterial, aunque desestimó las tomas de vías férreas en Michoacán y Puebla, así como bloqueos de casetas de peaje por militantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Es probable que el 10 de agosto la emergencia siga vigente; existen muchas dudas de que la curva se aplane o que esté domada. Sin embargo, esperemos que todo marche bien. El covid-19 y sus secuelas en la economía y la sociedad, agregadas a las atrocidades de la violencia criminal, lastiman al país, a la educación en especial.

El regreso a la escuela no será normal, no habrá una nueva normalidad, al menos no en corto plazo. Tomará más tiempo retomar la regularidad, acaso varios meses. Tal vez las escuelas no estén equipadas para proteger a los educandos y educadores. ¿Se habrá alguien puesto a pensar cuánto costará tener espacios limpios y salubres, agua potable, papel para el baño y otros insumos?, ¿de dónde saldrán los fondos en tiempos de austeridad franciscana?

¡Qué bueno que la SEP instituye el Verano Divertido!, será útil. Pero qué mal que eche campanas al aire por un calendario que está sostenido con alfileres.

RETAZOS

Tal y como se había previsto, los estudiantes de educación básica y media acreditarán el curso 2019-2020 y en lo posible seguirán con el mismo maestro en el siguiente ciclo escolar. No es la solución ideal, pero es la menos perjudicial, pienso.

Quizá las consecuencias del coronavirus en la educación nacional serán más profundas de lo que podemos estimar hoy.

Sospecho que habrá más brotes de “federalismo”. Varios gobernadores modularán el calendario escolar de acuerdo con la situación de sus estados; no con el semáforo del gobierno central. Lo veremos en agosto.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/verano-divertido/

Imagen: https://pixabay.com/

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Alumnicidio II o de la dialéctica del desaparecido a la dialéctica del alumnicidio

Por: Miguel Andrés Brenner

 

Al maestro mexicano:

Este trabajo fue escrito originalmente en el año 2013. Tiene que ver con la dictadura genocida en Argentina, entre los años 1976 y 1983, y los textos prohibidos en el marco de la misma. Es obvio que el dramatismo de aquella época no es el mismo que el actual, pero dramatismo al fin.

Luego de su lectura, más abajo, invito a repensarlo desde el hoy mexicano.

MÁS QUE ABSTRACT, DISPARADOR

La categoría alumnicidio supone la del genocidio, y de ahí una especie de contrapunto que hago en este texto entre aquélla y los desaparecidos. Ciertamente, no puede homologarse el período de la última dictadura genocida a la escuela situada en nuestro hoy, sin embargo, la pregunta que sobrevuela constantemente es si hay o no una ruptura total entre ambas épocas.

Como entiendo la didáctica como práctica política, el planteo por el cual discurro tiene que ver con esa práctica, sin dejar de lado marcos teóricos, pues teoría y práctica conforman una unidad, en el decir de Paulo Freire, decir que asumo como tal.

Muy cruda es la crítica que presento pero, más que nada, subyace una propuesta a partir de la pedagogía intercultural liberadora.

DE LA DIALÉCTICA DEL DESAPARECIDO A LA DIALÉCTICA DEL ALUMNICIDIO

Miguel Andrés Brenner. Agosto de 2013

“Lo que cambia a los hombres no son las ideas,

no basta conocer la causa de una pasión para suprimirla,

hay que vivirla, hay que oponerle otras pasiones,

hay que combatirla con tenacidad, hay que trabajarse.”[1]

¿Y por qué no una insurgencia pedagógica,

una pedagogía otra?

 

A MODO DE INICIO

¿Cómo nace el presente texto? En el marco de una experiencia personal. El lunes 8 de julio de 2013 asistí a la defensa de la tesis doctoral de Celeste Perosino en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Mientras escuchaba la ponencia de la entonces aún doctoranda, algunas vagas intuiciones circulaban por mi mente.

También hay un antecedente significativo, mi texto “Alumnicidio o de la destrucción pedagógica de la infancia”, al que pretendo, de alguna manera, darle continuidad.

Vayamos, pues. Mano a la obra.

 

DE LA DIALÉCTICA DEL DESAPARECIDO …

Para comprender qué son los “desaparecidos” hay que comprender qué son los “aparecidos”, pues dialécticamente la realidad y su explicación se encuentran en la relación, relación contradictoria y, en tanto ello, se requiere de un movimiento histórico en los que se supere la relación “aparecidos-desaparecidos”, posible solamente dentro de una dinámica comunitaria con fuerza ético política.

Veamos.

Desaparecido, acción pasada. La acción pasada no forzosamente es guardada en la memoria, interesa mayoritariamente a determinados sectores directa o indirectamente afectados. A su vez, valga señalar el siguiente interrogante: cuando algún sector político,  dentro de la democracia formal de la partidocracia, se interesa por la cuestión de los desaparecidos, ¿hasta qué punto el interés es genuino o mas bien funcional a los intereses partidarios?

Ahora bien. Si se habla de “desaparecido”, el otro polo del binomio sería “aparecido”. En tal caso, no habría dialéctica alguna. Aparecido: ¿en qué sentido? Es que el aparecido se entiende desde el desaparecido. De otra manera, la desaparición es condición de posibilidad de la aparición. La lógica del entendimiento, en sentido hegeliano, segmenta. Si apelamos a la lógica binaria o simbólica, existen dos polos, uno u otro, verdadero o falso, no ambos a la vez. En lógica digital sería “1 ó 0”. El problema radica en que la desaparición tiene una lógica, aunque macabra, pero lógica al fin. Es que el invisibilizar supone el visibilizar, o uno u otro, ambos son sesgados, y se oculta su implicación. Si se visibiliza es porque se invisibiliza, y viceversa, si se invisibiliza es porque se visibiliza.

La dictadura militar se consideraba a sí misma “reserva moral de la nación”[2]. Bajo la égida de la civilización occidental y cristiana se situaba en el entramado de la guerra fría entonces aún vigente: libertades civiles o cortina de hierro[3]. Era el sistema liderado por los Estados Unidos de América o el marxismo-leninismo-trotskismo[4]. La confrontación se daba entre el “mundo libre” y el “comunismo”[5].  Así, Jorge Rafael Videla afirmaba:

“La Argentina es un país occidental y cristiano, no porque esté escrito así en el aeropuerto de Ezeiza; la Argentina es occidental y cristiana porque viene de su historia. Es por defender esa condición como estilo de vida que se planteó esta lucha contra quienes no aceptaron ese sistema de vida y quisieron imponer otro distinto […] 
[…] consideramos que es un delito grave atentar contra el estilo de vida occidental y cristiano queriéndolo cambiar por otro que nos es ajeno, y en este tipo de lucha no solamente es considerado como agresor el que agrede a través de la bomba, del disparo o del secuestro, sino también aquél que en el plano de las ideas quiera cambiar nuestro sistema de vida a través de ideas que son justamente subversivas; es decir subvierten valores […]
El terrorista no sólo es considerado tal por matar con un arma o colocar una bomba, sino también por activar, a través de ideas contrarias a nuestra civilización, a otras personas.”[6]

Pues bien, seguimos con la dialéctica propuesta poniendo, además, hincapié en las ideas subversivas que ameritarían la desaparición por su cualidad de terrorista, en el decir de Jorge Rafael Videla, con su particular caracterización de la persona humana como bomba que se puede “activar”[7] mediante ideas subversivas. Y conste que la importancia del texto del dictador no radica, meramente, en el dictador mismo[8], empero es representativo de los sectores políticos y económicos del establishment, sean locales o extranjeros.

En términos paulinos, “si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe”[9], la muerte es condición de posibilidad de la vida. En la dinámica de la dialéctica del amo y del esclavo, el pasaje de la muerte a la vida requiere de lucha por el reconocimiento.

Dialécticamente, en la lucha por el reconocimiento de la memoria, diferencio entre “desaparecido” y “desapareciendo”:

  • Desaparecido es un adjetivo de un sustantivo o un nombre, señala cualidad que se imprime en un sujeto ausente por acción ajena. Gramaticalmente, el sujeto padece, no hay acción, hay pasión.
  • Desapareciendo es un verbo transitivo (de acción de desaparecer), señala acción de un sujeto que se está llevando a cabo, implicándose en la pragmática de la comunicación.

La memoria desde una perspectiva ético política no es un dato, es consecuencia de la lucha. Y si tal, señala desaparición en tanto negada en un momento superador[10]. El problema radica en considerar la memoria como un depósito de información. Ésta acontece en la pragmática[11] de la lucha y de la comunicación. La lucha es el contexto que hace a la situación comunicativa.

Puede decirse “desaparición”. Sin embargo, no es lo mismo ese decir en quien tiene un compromiso de lucha por la memoria y la justicia, en quien tiene un compromiso político partidario con la autoreferencialidad de la tradicional partidocracia o en quien tiene un compromiso económico con los anunciantes de un medio masivo de comunicación.

Dentro de esta problemática, Celeste Perosino apela a la figura del cadáver en tanto depositario de los Derechos Humanos a la identidad, a la integridad y a la libre disposición de sí (propiedad), “pues forma parte de una comunidad de leyes, normas e instituciones que le da sentido y tiene un estatuto especial en ella”.[12] Y, considerando que los “derechos humanos” significan una praxis aún no realizada, la deuda es vigente, y la dialéctica un imperativo ético político.

Se habla del “derecho humano a la alimentación” cuando múltiples comunidades adolecen de su ausencia. Todavía no se habla del “derecho humano a la respiración”. Si múltiples comunidades adolecieran de su ausencia ante un contexto de aire con perfil de contaminación mortal y no pudiesen comprar en el mercado “garrafas con aire sano”, habría quienes reclamaran por el derecho humano a la respiración. Si Perosino alude a los derechos humanos del cadáver, es porque aún los desaparecidos siguen desapareciendo. Y la referencia no vale solamente para el caso argentino, sino para todo tipo de genocidio, reconocido políticamente o no reconocido como tal.

De ahí la importancia de la memoria. Perosino[13] afirma: “En una sociedad que tiende a invisibilizar la muerte, hacer públicamente manifiestas las identificaciones redunda en un ejercicio público de la memoria colectiva. Estas formas de visibilización varían en un amplio espectro… desde una nota en un medio televisivo o gráfico o actos y homenajes convenidos comunitariamente, hasta la exhibición de fotos periciales en la vía pública.” Cabe señalar, al respecto, que la autoreferencialidad de la partidocracia y los intereses de las corporaciones económicas inciden en la constitución de agujeros negros en la memoria. Así como, según Benedict Anderson, la “nación” es una “comunidad imaginada”[14], valga expresión similar para la memoria, “memoria colectiva como memoria imaginada”. El problema que avizoro a partir de la definición de Anderson es el ocultamiento de las diferencias, como acaeció en la historia reciente de los últimos siglos hasta la década del sesenta del siglo veinte. Cuando decimos “memoria colectiva”, también es “memoria imaginada”, es un “desideratum”, deseo legítimo de ciertos sectores comprometidos en la lucha por la justicia, que la partidocracia y las corporaciones económicas tienden a boicotear, y si no lo hacen es  “por la presión de los de abajo”. Deseo de difícil cumplimiento en los avatares de la lucha por el poder dentro de la democracia formal y la acumulación de dinero en el actual capitalismo.

El Estado monstruo, Leviatán[15], que atemoriza, lo hemos vivido durante la última dictadura genocida. Ahora bien, ¿a quién o a quiénes pretende atemorizar hoy? No al pueblo, no a las comunidades. Precisamente, la intencionalidad radica en fragmentar todo sujeto colectivo, se atemoriza a los individuos, a cada individuo separado uno de otro, de manera tal que cada uno, sólo,  busque protección en ese monstruo olvidándose del otro, de la responsabilidad por el otro. Acaecida la fragmentación, ese Leviatán puede persistir en el imaginario de esos individuos, reclamando que, entonces, de alguna manera resucite. Y es aquello que se presenta en la actualidad bajo el significado de  “más seguridad”, “más policías”, “más control” sea a nivel local, regional o global. Ese monstruo es la negación de la memoria colectiva y la pervivencia del terror bajo formas más sutiles o diferentes.

La invisibilización de la muerte en términos de “desaparición” tiene como objeto latente invisibilizar la prepotencia del pensamiento único y la pretensión de mercantilizar hasta la vida humana, la sangre humana, economía política de la presente globalización neoliberal. Quizá esto último suene demasiado fuerte. Sin embargo, apelemos, ejemplo mediante, a lo cotidiano de los denominados noticieros de la televisión abierta privada, que hacen de la sangre, consecuencia de delitos contra las personas, un show. La constante exposición al drama ajeno establece las condiciones de posibilidad de la insensibilidad ante el dolor del otro. Así, podemos estar cenando y mirando “en vivo y en directo” ese drama, saboreando la comida que engullimos sin inmutarnos demasiado, salvo que seamos familiares directos y/o amigos de los sufrientes. Aquellas imágenes penetran en nosotros, de alguna manera nos “violan” (violare, en lengua latina significa “forzar”), pues nos compelen a la insolidaridad, a la pérdida de comunidad, a la fragmentación social. Es una “puesta en escena” donde no se pagan a actores, a escenógrafos, a iluminadores, etc., etc. Ingresa dentro de los parámetros de la eficiencia y la eficacia, “con los menores costos y esfuerzos, el mejor resultado”, el rinde económico, en este caso por el rating y la publicidad que conlleva. El Leviatán sigue acosándonos y tiende a crear “representaciones sociales”[16].

Considerando el campo de fuerzas llamado escuela, también la invisibilización del “alumno situado” en términos de alumnicidio tiene como objeto latente invisibilizar la prepotencia del pensamiento único y la pretensión de mercantilizar hasta la vida humana, la sangre humana, economía política de la presente globalización neoliberal con sus procesos de exclusión. De ahí, la dialéctica del alumnicidio.

… A LA DIALÉCTICA DEL ALUMNICIDIO

Parte I

¿Será que Nietzsche se equivocó?: pareciera que Dios no ha muerto.

A partir de aquí se presentan dos textos.

A)

Maestros y profesores recomiendan textos a sus alumnos, con indicación de autor y editorial discriminados por área o asignatura, año y división, o bien recomiendan fotocopias en múltiples oportunidades sin indicación de autor ni editorial ni título de la obra, que resultan una especie de desaparecidos textuales. Es responsabilidad directa de la editorial o de los contenidos mínimos curriculares el control del contenido de los textos. Éstos no deberán apartarse de los consensuados implícitamente en el marco del bloque hegemónico, consensuados implícitamente, por cuanto no existen discusiones previas, no hay debate público entre los actores educacionales implicados, por lo que, en vez de tales, se constituyen más que nada en espectadores pasivos. Las líneas establecidas en bloque hegemónico evitan todo tratamiento en que el pensamiento dialéctico entre en juego y suscite disputas, evitan manifestar las contradicciones existentes que puedan redundar en reclamos y/o problemas con las autoridades educativas[17], con las familias, con el orden establecido en general. Valga a manera de ejemplificación un duro rechazo, en sendos talleres destinados a docentes, a la propuesta pedagógica de mi texto “Alumnicidio o de la destrucción pedagógica de la infancia” bajo el argumento “los padres se nos van a venir encima”. En realidad, la materia de rechazo no radicaba específicamente en la propuesta de una didáctica como práctica política, sino en el “temor” y en la “soledad” frente a la misma. El docente se siente mero individuo, abandonado a su suerte. Se disuelve cualquier comunidad imaginada en la presencia del control ideológico de los contenidos que se enseñan.

  1. B)

“El Señor Director enviará a Inspección General de Unidades Escolares…. la nómina de textos que los señores profesores recomiendan a sus alumnos, con indicación de autor y editorial discriminados por asignatura, año y división. En consecuencia, será responsabilidad directa del Director e Inspectores el control del contenido de los textos que se recomiendan a los alumnos y que constituirán la bibliografía para el presente año lectivo. El contenido de los mismos no deberá apartarse de los principios que determinan nuestro estilo de vida cristiano y democrático.”[18]

“Será responsabilidad absoluta del personal directivo y docente controlar y prevenir toda actividad de tipo ideológico o subversivo que trate de apartarnos de nuestro tradicional estilo de vida democrático y cristiano. Toda actividad sospechosa o hechos que configuren los delitos mencionados, serán denunciados por el señor Director a la autoridad policial o militar según corresponda, sin perjuicio de que con posterioridad se informe a la superioridad.”[19]

Invito, a continuación, a realizar una especie de parangón entre ambos textos, (A) y (B). Generalmente, cuando alguien escribe, ofrece un universo significativo a descubrir tal cual es, o a reinterpretarlo, o bien a realizar una hermenéutica crítica, o bien a reinventarlo. Aquí, en este caso, me alejo de las posibilidades recién presentadas. Simplemente, invito a que Ud. lector compare, como recién señalé, ambos textos, trate de ver cuáles similitudes y cuáles disimilitudes tienen.

Continuando.

Pensemos que aquella memoria colectiva, a la que referimos más arriba, resulta negada en la escuela. ¿Cuándo resulta negada?, cuando desde el pretexto del conocimiento científico cuya “bajada didáctica” corresponde al aula escolar y en su efectividad “se abriría”  una línea de fuga[20] hacia el progreso, se niegan las experiencias de nuestros alumnos, cuestión que acuñé bajo la categoría “alumnicidio”.

Dijimos lo siguiente: La invisibilización de la muerte en términos de “desaparición” tiene como objeto latente invisibilizar la prepotencia del pensamiento único y la pretensión de mercantilizar hasta la vida humana, la sangre humana, economía política de la presente globalización neoliberal. Dicho espíritu atraviesa el sentido de inclusión escolar, inclusión física en el edificio escuela que produce exclusión humana, a saber: a) evita el pensamiento crítico, aunque aparezca reafirmado formalmente como “escritura” en documentos, en proyectos curriculares, entre otros, y b) forma a los excluidos de los “beneficios” de la especulación económica, de los “beneficios” del mercado,  sea por la corrupción política y económica, sea por el narcotráfico y el tráfico ilegal de armas[21] (ilegales ambos pero no clandestinos), sea por la distribución regresiva del ingreso nacional. Resumiendo, acontece la formación de los semianalfabetos del siglo XXI.

 

… A LA DIALÉCTICA DEL ALUMNICIDIO

Parte II

Las Fuerzas Armadas como “reserva moral”[22] de la Nación.

Otros dos textos.

A)

“Decreto nº 1831- Buenos Aires, 24/6/77. … El Presidente de la Nación Argentina Decreta: Artículo 1º. Prohíbese la distribución, venta y circulación en todo el territorio nacional, del libro “Cuentos para chicos traviesos” de Jacques Prévert, de “Ediciones Librerías Fausto” con domicilio en Santa Fe 1715 e impreso en Gráfica Patricios, domiciliada en José C. Paz 3114, ambos de Capital Federal y secuéstrense los ejemplares correspondientes. Artículo 2º. La Policía Federal dará inmediato cumplimiento a las medidas dispuestas.” Firmado Jorge Rafael Videla. [23]

B)

“Decreto nº 3155-Buenos Aires, 13/10/77. Visto las facultades conferidas al Poder Ejecutivo por el artículo 23 de la Constitución Nacional, durante la vigencia del estado de sitio, y Considerando: que uno de los objetivos básicos fijado por la Junta Militar en el Acta del 24 de marzo de 1976, es el de restablecer la vigencia de los valores de la moral cristiana, de la tradición nacional y de la dignidad del ser argentino… Que del análisis de las publicaciones tituladas “Un Elefante Ocupa Mucho Espacio” de Elsa Isabel Bornemann, y “El Nacimiento, Los Niños y El amor” de Agnés Rosenstiehl, ambos de “Ediciones Librerías Fausto”, surge una posición que agravia a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone. Que en ambos casos, se trata de cuentos destinados al público infantil, con una finalidad de adoctrinamiento, que resulta preparatoria  la tarea de captación ideológica del accionar subversivo. … Que actitudes como ésta constituyen una agresión directa a la sociedad argentina… lo que corrobora la existencia de formas cooperantes de disgregación social, tanto o más disolvente que los violentos. Que una de las causas que sustentaron la declaración del estado de sitio fue la necesidad de garantizar a la familia argentina su derecho natural y sagrado a vivir con nuestras tradiciones y arraigadas costumbres. …  Por ello, el Presidente de la Nación Argentina decreta: Artículo 1º. Prohíbese la distribución, venta y circulación, en todo el territorio nacional, de los libros “Un Elefante Ocupa Mucho Espacio” de Elsa Isabel Bornemann y “El Nacimiento, Los Niños y El Amor” de Agnés Rosenstiehl, ambos de “Ediciones Librerías Fausto” y secuéstrense los ejemplares correspondientes. Art. 2º. Dispónese la clausura, por el término de diez días de “Ediciones Librerías Fausto” con domicilio en Santa Fe 1715, Capital Federal. Artículo 4º. La Policía Federal dará inmediato cumplimiento a lo dispuesto en el presente decreto.” Firmado Jorge Rafael Videla.[24]

En referencia al libro de Jacques Prévert, Cuentos para chicos traviesos[25].

En el cuento “Escena de la vida de los antílopes”, se narra lo siguiente: “Los habitantes de África son los hombres negros, pero también hay hombres blancos que van para hacer negocios y necesitan que los negros los ayuden, pero a los negros les gusta más bailar que construir caminos y ferrocarriles […], pero es un trabajo muy duro que a menudo los hace morir […] los negros se ven obligados a hacer el ferrocarril […] y los blancos los llaman ‘trabajadores voluntarios’ […], a menudo los negros están muy mal alimentados”. El cuento también utiliza términos como “camaradas” para referirse a los animales, ya que la historia está narrada desde la visión de los antílopes.

En referencia al libro de Elsa Bornemann, Un elefante ocupa mucho espacio [26].

Víctor, un elefante de circo, decide declarar una huelga general en el circo del que formaba parte por considerar que, junto al resto de los animales, “trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero”. Luego de convencer al resto y oficiar de delegado se declaró  “Circo tomado por sus trabajadores. Huelga general de animales”. Los animales doblegaron a los hombres y los hicieron hacer piruetas, hasta que los humanos se dieron por vencidos. Como resultado de la contienda, los curiosos huelguistas regresaron a la selva en libertad. Todos viajaron en un avión, menos Víctor que ocupó uno él solo porque “todos sabemos un elefante ocupa mucho, mucho espacio”.

En referencia al libro de Agnes Rosenstiehl,  El nacimiento, los niños y el amor. [27]

Comentado de manera muy breve, se cuestiona la forma en que se explica a los niños como llegan los bebés al mundo. A menudo, las personas mayores sienten la tentación de responder a las preguntas de los niños con discursos. Pero aquí no hay discurso, no hay clase magistral, se trata de un diálogo padres-hijos, muy simple, muy verdadero acompañado de un intercambio de impresiones entre dos chicos, un futuro hombre y una futura mujer, igualmente interesados y en la forma más natural del mundo. No hay ilustraciones en color, ningún adorno.[28]

Disculpe Ud. lector, ahora le doy una “tarea para el hogar” considerando los siguientes ítems:

  1. Juguemos con la mera hipótesis, más allá de su pertinencia, de un Consejo Federal de Educación que aprueba hoy libros de Prévert y Bornemann y los considera obligatorios en los curriculares de toda la nación.[29]
  2. Juguemos con la hipótesis que, a través del Ministerio de Educación de la Nación, una resolución establece la norma pertinente.
  3. ¿Qué dirían los medios de comunicación del establishment? ¿Qué diría un segmento importante de la sociedad, no en términos de cantidad, sino de ejercicio del poder?
  4. ¿Qué dirían los mismos maestros en el ejercicio de su función?

 Pensemos:

¿Acaso la explotación del hombre por el hombre y las huelgas no forman parte de las experiencias de vida de nuestros alumnos? ¿Vale negar en los curriculares aquellos aspectos en los que no hay acuerdos y que suponen la existencia de contradicciones políticas, económicas, sociales y culturales en la actualidad? ¿Es lícito que en la escuela no se consideren, dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, las contradicciones del presente histórico que los alumnos viven, experiencian, como si éstos se encontraran en un mundo ajeno[30] al que viven?  ¿Habría que signar ese presente como “no apto para niños, niñas y adolescentes”?  Perdón por la ironía, pero es lo que acontece en la escuela. Ah, no quiero olvidarme: ¿y cómo habría que trabajar en el aula con los nenes el nacimiento de los nenes?[31] La propuesta no es trabajar únicamente con los alumnos temas otros “sueltos”, empero sistemáticamente establecidos[32]. Ciertamente, un intento de superación implicaría la necesidad de considerar otro tipo de escuela y, de entrada, habrían múltiples conflictos, al respecto, en el entramado social: unos enmarcados en la cultura del bloque hegemónico, otros ocasionados por ciertos sectores denominados “progresistas” o ciertos de “izquierda” que aprovecharían la circunstancia para una “bajada de línea” sin procesos políticos interculturales, según la significación otorgada por Raúl Fornet Betancourt, por Boaventura de Sousa Santos.

Todavía en la actualidad los procesos de homogeneización en la educación son vigentes. A pesar del cambio de época, a pesar de las “teorías” pos estructuralistas, mientras se discursea acerca del valor de las diferencias en el reino celestial de la pedagogía, en el reino terrenal[33] de los alumnos situados acontecen múltiples tipos de discriminación negativa, siendo la misma pobreza[34] un tipo fundamental de discriminación negativa, aún negada como discriminación por cuanto no cabe en los discursos bajo la categoría de “diferencia”, al menos tendencialmente.

Veamos, a modo de ejemplo, un modernoso “caballito de batalla” en los discursos educativos de la diferencia. La pedagogía de la diferencia tiene un hito visibilizado en la denominada educación especial, por cuanto hipotéticamente la educación de los niños “denominados” normales no sería especial. Aunque la cosa se torna más dramática aún, pues cuando se discursea acerca de la integración de los niños/alumnos especiales a la camada de niños/alumnos normales, simplemente, “se mete” (elegantemente se dice “incluye”) a aquéllos en las escuelas “comunes”, pero no existe un proceso a la inversa, es decir, que los niños “comunes o normales” se integren a los otros. Así, el otro se convierte en subalterno de lo uno, y en la pedagogía bajo el barniz de la diferencia continúa sólidamente la narrativa del pensamiento homogeneizador, unidimensional. Por ende, “el gran relato no ha muerto”.  Y en contra de Gianni Vattimo señalo que, básicamente, el pensamiento no es ni fuerte ni débil, hay praxis hegemónicas o contrahegemónicas, dominadoras o liberadoras, que originan el pensar.

Actualmente no es la categoría “reserva moral” la que se establece discursivamente. Mas bien, se impone en la cotidianeidad del lenguaje la expresión “cada uno tiene su verdad”[35], por lo que si cada uno, nos encontraríamos todos en el infinito, es decir, nunca, el diálogo sería, por ende, un acto fallido. Pero sí es la cultura del bloque hegemónico mediante sus tecnologías de poder la que favorece la biopolítica (M. Foucault), que redunda en un tánatopoder [36](R. Espósito). En nuestro caso, la administración de las vidas de los cuerpos de niños y adolescentes y la producción de muerte en tanto la escuela genere semianalfabetos.

No por nada el “cansancio de la pedagogía”[37], no tanto en quienes hacen de esa pedagogía su profesión, sino en múltiples camadas de estudiantes de carreras de profesorados ajenos a dichos específicos encuadres, como a profesores de escuelas secundarias.

 

… A LA DIALÉCTICA DEL ALUMNICIDIO

Parte III

¿Reserva moral de la nación?

Las expresiones que se consignan más abajo[38] tienen que ver con reflexiones escritas por alumnos, entre 16 y 17 años[39], de una escuela pública del Distrito de Almirante Brown. Con el profesor de la materia Sociología[40] ven la película “El Polaquito”, quien recibe una amonestación verbal por parte de la dirección de la institución  por el lenguaje “obsceno” y porque lo único que se percibiría es “pulsión de muerte”. El filme tiene que ver con una historia real, documentada por periódicos y publicaciones de Argentina.[41]

Un chico de la calle (13 años) se gana la vida cantando tangos en los trenes de una estación terminal de la Ciudad de Buenos Aires. Imita a un cantante de tangos argentinos (“Polaco” Goyeneche), por lo que la gente le conoce como “El Polaquito”.  “El Polaquito” conoce a “Pelu”, joven prostituta que también trabaja en la estación, de la cual queda inmediatamente enamorado y a quien intenta rescatar de la mafia que la explota. Este comportamiento de “El Polaquito” lo enfrenta con “Rengo” (Cojo), líder de esta mafia que, en connivencia con la policía de la estación, comienza a hostigarlo tratando de quitarle esa idea de la cabeza e intentando interrumpir esa relación con “Pelu”. Pese a ello, “El Polaquito” acomete una denodada lucha contra la mafia, sin medir riesgos ni consecuencias, procurando emprender, definitivamente, el camino de amor que ha trazado junto a “Pelu”.

En varios comentarios, de diferentes trabajos del grupo de los veintiséis alumnos de la escuela secundaria donde se planteó la dinámica pedagógica en juego, se manifiesta sorpresa por cuanto el filme presenta hechos que usualmente son invisibilizados e ignorados, en consecuencia, por ellos.  Sin embargo, y como hipótesis, hago una segunda lectura. Dichos estudiantes pertenecen a sectores populares, difícilmente ignoren, más allá de los detalles e independientemente de las experiencias vividas de primera mano, la corrupción policial, la violencia en los márgenes, etc. Considero que la sorpresa radica en que esa problemática sea materia de estudio en una escuela, sea materia de análisis crítico, sea materia educativa, pues en la escuela “de eso no se habla”.

Cabe señalar que todos los alumnos identificaron el aire esperanzador del argumento de la película, a pesar de la trágica muerte de su protagonista, el Polaquito, asesinado a mansalva por manos policiales.

Si “…la sociedad les da vuelta la cara…”, ¿hasta  qué punto la escuela también les da vuelta la cara?, donde se enseñan, generalmente, conocimientos “constituidos”, “legitimados”, “instituidos” sin contradicción alguna. Pareciera la pretensión de niños y adolescentes navegando dentro del mundo de las ideas de la ciencia, sin aprender a sortear los escollos de las propias experiencias de vida. El cuerpo vivo, los cuerpos vivientes sumergidos en múltiples contradicciones consecuencia de las injusticias humanas sería ausente del curricular práctico. En términos platónicos, la realidad sensible no sería la verdadera realidad. La sociedad les da vuelta la cara: esa sociedad son las instituciones establecidas, los incluidos. ¿A quiénes les da vuelta la cara?: a esos otros, los excluidos, los que no formarían parte de la sociedad.

Y, ¿hasta qué punto la escuela les da vuelta la cara a los desaparecidos? Conversando con un colega docente en escuelas secundarias del distrito de Almirante Brown, se plantea el interrogante: ¿“los desaparecidos” es generalmente un tema más, porque es un “tema que baja”, o sea, hay que cumplir con la formalidad, o los estudiantes se sienten movilizados por el mismo a partir de su tratamiento educativo, pulsionando la constitución de una memoria viva como memoria colectiva?

Van aquí algunas de las reflexiones, recién señaladas, pertenecientes a estudiantes de sectores populares del conurbano bonaerense,  Distrito de Almirante Brown, cuyas edades oscilan entre 16 y 17 años:

  • “Lo que más nos impactó de la película fué cuando el policia viola a el Polakito y, como estaba comprometida delincuencialmente la policia en la prostitución y la explotación de niños, y como encubrieron su muerte caratulando la causa como ‘suicidio’.”
  • “…la película nos mostro la realidad de lo conflictivo, lo duro, que estos chicos viven, que en muchos casos se los ignoran.”
  • “…y en toda la película la sociedad le dio la espalda.”
  • “…a pesar de que no tenia los recursos para salir de la situación de explotación en la que vivia, él tenia un proyecto de vida diferente y queria tener una mejor calidad de vida.” “…él queria a Pelu, y queria sacarla de esta situación.”
  • “La enseñanza que nos dejo la pelicula fue que nos mostro una realidad que no conociamos…”
  • “…y que la sociedad les da vuelta la cara…”

 

¿PODEMOS CONCLUIR?

¿Cuándo la escuela pública a la que concurren sectores populares será realmente popular? Vale la pena una pedagogía insurgente.

PROPUESTA PARA UNA REFLEXIÓN DESDE EL ESTAR DEL PUEBLO MEXICANO

En algunos trabajos prácticos que promoví en el nivel superior para la formación de maestros surgió un problema: algunos de los textos reprimidos por el poder político de la entonces dictadura genocida, en la actualidad, serían de difícil enseñanza, aunque supuestamente nos encontremos en un período democrático.

Desde aquí, valga el siguiente interrogante: ¿cuáles textos, que hacen a la realidad de México hoy, serían de difícil enseñanza?

[1] Sartre, Jean Paul. Crítica de la Razón Dialéctica. Tomo I. Editorial Losada. Buenos Aires. 1963. Pg. 22

[2] Ejemplos de la materialidad práctica de esa “reserva moral” en la Parte II de la Dialéctica del Alumnicidio, a saber: Decreto nº 1831- 24/6/77 y Decreto nº 3155 – 13/10/77,  ambos con la firma de Jorge Rafael Videla.

[3] Países que se convierten en cárceles donde faltan libertades civiles. La expresión “cortina de hierro” fue propuesta por Winston Churchill en una conferencia en el Westminster College, Fulton, Missouri, el 5 de marzo de 1946. http://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=%22cortina%20de%20hierro%22%20churchill&source=web&cd=9&cad=rja&ved=0CFYQFjAI&url=http%3A%2F%2Fwww.derecho.unlz.edu.ar%2Falumnos%2FPLANNUEVO%2F05%2520galderisi%2Farchivos%2FDiscurso%2520de%2520Churchill%2520(La%2520cortina%2520de%2520hierro)%2520-%252016%2520B.doc&ei=yjncUa7XPOTuigLu84GADA&usg=AFQjCNH0DmRlsbTJ5q3PSS-0JZ9Opuvsrg  (consulta: 9/07/2013)

[4] En aquella época para el establishment era lo mismo decir marxismo o leninismo o trotskismo, todos apelativos de lo subversivo, situado en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y más cercanamente en la República de Cuba.

[5] La sola mención del término comunista era desechable y revulsivo valorativamente.

[6] Diario La Prensa, 18 de diciembre de 1977. Citado en http://servicios2.abc.gov.ar/docentes/efemerides/24marzo/htmls/control/educacion.html    (consulta: 9/07/2013)

[7] Por lo que entonces, en época de dictadura, habría que “desactivar” bombas humanas. Las múltiples definiciones filosóficas existentes acerca del ser humano son reemplazadas, considerando al hombre como explosivo, activado o desactivado.

[8] El problema acaece cuando se sitúa la interpretación a partir de una persona (Jorge Rafael Videla, quien emite el discurso), o a partir de las Fuerzas Armadas, cuando, en realidad, responde a todo el bloque hegemónico de aquel entonces.

[9] I Carta de San Pablo a los Corintios 15,14.

[10] Aufhebung: el sentido en la dialéctica es suprimir, conservar y elevar a la vez.

[11] La pragmática se aboca al estudio del uso del lenguaje en función de la relación que se establece entre enunciado-contexto-interlocutores. Es decir, le importa analizar cómo los hablantes producen e interpretan enunciados en contexto, por lo que se consideran los factores extralingüísticos que determinan el uso del lenguaje. http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/pragmatica.htm (consulta: 10 de julio de 2013)

[12] Perosino, María Celeste. “Umbral. Praxis, ética y derechos humanos en torno al cuerpo muerto.” Tesis doctoral defendida en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires el 8 de julio de 2013, meritando la máxima calificación.

[13] Perosino, C. Ib. Cap. 10.

[14]  “Así pues, con un espíritu antropológico propongo la definición siguiente de la nación: una comunidad política como inherentemente limitada y soberana. Es imaginada porque aún los miembros de la nación más pequeña no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas, no los verán ni oirán siquiera hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión.”  Anderson, Benedict. “Comunidades imaginadas”. Edición del Fondo de Cultura Económica. México. 1993. Pg. 23.

[15] “Fuera del estado civil hay siempre guerra de cada uno contra todos. Con todo ello es manifiesto que durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común que los atemorice a todos, se hallan en la condición o estado que se denomina guerra; una guerra tal que es la de todos contra todos. Porque la GUERRA no consiste solamente en batallar, en el acto de luchar, sino que se da durante el lapso de tiempo en que la voluntad de luchar se manifiesta de modo suficiente.”   “…la naturaleza de la guerra consiste no ya en la lucha actual, sino en la disposición manifiesta a ella durante todo el tiempo en que no hay seguridad de lo contrario.”  Hobbes, Thomas. “Leviatán.” http://eltalondeaquiles.pucp.edu.pe/sites/eltalondeaquiles.pucp.edu.pe/files/Hobbes_-_Leviatan.pdf      Versión digital, pg. 52.

[16] Para Emilio Durkheim, el Estado crea representaciones sociales.

[17] Recientemente, un colega docente fue llamado al orden por haber pasado a sus alumnos (edad promedio entre 16 y 17 años) en clase la película “El polaquito” en virtud de una supuesta manifiesta “pulsión de muerte”, amén que asustaba el lenguaje tumbero. Dicho filme, año 2003, obtuvo dos premios Cóndor de Plata año 2004 y siete nominaciones, además en el año 2003 ameritó el Grand Prix of Jury/best actress/ Montreal Film Festival. Ver “… A la dialéctica del alumnicidio. Parte III.”  del presente trabajo.

[18] Ministerio de Cultura y Educación. Consejo Nacional de Educación Técnica. “Boletín del CONET”. Nº 528, 20 de abril de 1976. Pg.303.

[19] Ministerio de Cultura y Educación. Consejo Nacional de Educación Técnica. “Boletín del CONET”. Nº 531, 3 de mayo de 1976. Pg. 531.

[20] Línea de fuga hacia el progreso: en nuestro presente histórico, desde un occidente globalizado, la noción de progreso se encuentra en crisis, así mismo, es un término equívoco por la multivocidad de sus significaciones que, al no aclararse, redunda en ambigüedades, con lo que progreso o progresismo son categorías que pueden hallarse en un nicho de pensamiento unidimensional, no crítico, nada productivo en función de una política liberadora.

[21] Cuando refiero al narcotráfico y al tráfico ilegal de armas lo hago a nivel global, es decir, en este caso, más allá que involucre o no a la Argentina. También consideremos que existe un tráfico de armas legal que deja enormes ganancias, precisamente, es el negocio de la guerra.

[22] Reserva moral de la Nación: término frecuentemente utilizado en los discursos oficiales en la época de la última dictadura genocida.

[23] Ministerio de Cultura y Educación. Consejo Nacional de Educación Técnica. “Boletín del CONET”. Nº 601, 26 de septiembre de 1977. Pg. 862.

[24] Ministerio de Cultura y Educación. Consejo Nacional de Educación Técnica. “Boletín del CONET”. Nº 615, 19 de diciembre de 1977. Pg. 1175.

[25] http://www.razonyrevolucion.org/ryr/index.php?option=com_content&view=article&id=1870:elefantes-socialistas-la-prohibicion-de-libros-para-ninos-durante-la-dictadura&catid=237:el-aromo-nd-65-qihay-piqueq&Itemid=110  (Consulta: 14 de julio  2013)

[26] http://www.razonyrevolucion.org/ryr/index.php?option=com_content&view=article&id=1870:elefantes-socialistas-la-prohibicion-de-libros-para-ninos-durante-la-dictadura&catid=237:el-aromo-nd-65-qihay-piqueq&Itemid=110  (Consulta: 14 de julio  2013)

[27] http://www.ffyh.unc.edu.ar/alfilo/libros-prohibidos/wp-content/uploads/2012/03/texto-maria-de-los-angeles-rondine.pdf   (Consulta: 14 de julio de 2013)

[28] http://www.elaleph.com/libro-usado/El-nacimiento-Los-ninos-y-el-amor-de-Agnes-Rosenstiehl/9803644/  (Consulta: 16 de julio de 2013)

[29] En nuestro presente histórico no existen normas que prohíban la lectura de determinados libros en el aula escolar…

[30] Desde el pensamiento marxiano podríamos cualificar esta problemática desde la categoría “alienación”.

[31] En tal sentido, convocar siempre a especialistas es descurricularizar de hecho el tema en cuestión.

[32] Igualmente, ya sería un avance que se enseñen esos temas otros de manera “suelta”.

[33] Parafraseo muy libremente un concepto de “La cuestión judía” de Carlos Marx.

[34] Ver al respecto, Brenner, Miguel Andrés. La escuela como práctica política. Ediciones AGMER. Paraná, Entre Ríos. 2011. Cap. 16.

[35] Tampoco es la verdad de cada uno en la medida en que se haya seleccionado, valga la metáfora, como una mercancía en estanterías de un hipermercado. En ese lugar, hay mercaderías más a la vista, otras no -el tipo de lugar tiene un precio como espacio de publicidad-; hay mercaderías que están, otras de las que puede ni saberse de su existencia.

[36] En lengua griega, tánatos significa “muerte”.  Θάνατος, Thánatos.

[37] Discursos pedagógicos que deben estudiarse o mencionarse o escribirse, pero no son significativos para las prácticas reales de enseñanza en el aula. Quizá, en vez del “cansancio de la pedagogía” podría decirse “cansancio hacia la pedagogía”.

[38] La redacción,  sintaxis y ortografía, que se transcribe, es de la producción textual escrita de los alumnos.

[39] Conste que según la Ley de Responsabilidad Penal Juvenil de la Provincia de Buenos Aires nº 13.634/07 los adolescentes de 16 y 17 años son imputables frente al delito ocasionado por ellos y a nivel nacional tienen la opción de elegir a las autoridades en los comicios que a tal efecto se consustancien según la Ley de Ciudadanía Argentina 26.774/12, pero les sería vedada una película en el ámbito escolar.

[40] Pertenecen al 5º año. El día de la actividad de reflexión se hallan 26 alumnos presentes y trabajan en equipos de 4 alumnos cada uno de ellos, aproximadamente.

[41] http://www.lahiguera.net/cinemania/pelicula/1637/sinopsis.php ;  http://www.filmaffinity.com/es/film288635.html  ;   http://www.unicef.org/argentina/spanish/Proponer_y_Dialogar1.pdf

 

Fuente e imagen: https://insurgenciamagisterial.com/alumnicidio-ii-o-de-la-dialectica-del-desaparecido-a-la-dialectica-del-alumnicidio/

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Post pandemia: ¿Volverán las protestas?

Por: Marcelo Colussi

 

Disolvieron todas las protestas del mundo sin un solo policía. ¡Brillante!”.

Camilo Jiménez

En estas últimas décadas el campo popular sufrió no solo un gran empobrecimiento sino su desarticulación para las luchas. Las opciones de izquierda (organizaciones partidarias, movimientos de acción armada, sindicatos combativos, expresiones populares clasistas varias) fueron duramente reprimidas por las fuerzas de seguridad de los Estados, siempre bajo la mirada vigilante de Estados Unidos. De esa suerte, por años las protestas sociales estuvieron silenciadas. O, en todo caso, se dio un despertar de nuevos movimientos sociales que, sin tener un proyecto de transformación radical, generaron nuevas dinámicas.

En América Latina, con la llegada de gobiernos de centro-izquierda en buena cantidad de países al inicio del presente siglo, se dieron políticas redistributivas que ayudaron a paliar, en parte, la situación de agobio de las grandes masas populares. Pero los planes neoliberales no terminaron. Se siguieron pagando puntualmente las deudas externas, y los esquemas económicos de base no variaron. Luego de algunos años, muchos de esos procesos de “capitalismo moderado” desaparecieron, volviendo a las presidencias de los Estados planteos abiertamente de derecha, antipopulares. Como las orientaciones fondomonetaristas no variaron nunca en lo sustancial, y en estos últimos años de derechización se profundizaron más aún, las poblaciones explotaron casi al unísono en buena parte de la región latinoamericana, así como también en otras latitudes. Eso sucedió hacia fines de 2019.

Como dato sumamente importante para entender las formas en que se dieron y las ulterioridades de esas puebladas, debe destacarse que las fuerzas de izquierda, en cualquiera de las versiones posibles, ya no existían, o estaban tan diezmadas/desacreditadas que no pudieron conducir políticamente esas rebeliones espontáneas. De ahí que el generalizado descontento popular tuvo las características de rebeliones con mucho de visceral, de explosiones populares que no llevaban claramente una orientación política revolucionaria, de transformación estructural. Era, en todo caso, la expresión de un descontento profundo contenido durante años. Los nuevos movimientos sociales contribuyeron al clima de rebelión que se vivió.

¿Por qué se dieron estos estallidos? Porque la pobreza que causó el neoliberalismo, donde no hubo el preconizado “derrame”, era ya insoportable. El subcontinente latinoamericano, terriblemente rico en recursos naturales (tierras fértiles, abundante agua dulce, petróleo, gas, innumerables recursos minerales, enormes litorales oceánicos, impresionante biodiversidad) presenta índices de desigualdad socioeconómica realmente alarmantes. Con economías prósperas en términos macro (crecimiento del PBI, inflación bajo control, paridad cambiaria estable), ocho de los diez países más desiguales del planeta están en esta región: Haití, Honduras, Colombia, Brasil, Panamá, Chile, Costa Rica y México. Los problemas sociales se multiplican en forma continua, con desempleo, falta de perspectivas, violencia callejera, salarios de hambre, un agro tradicional que se empobrece y desertifica producto de la explotación inmisericorde de las grandes propiedades y su uso de pesticidas y agroquímicos, poblaciones originarias reprimidas y olvidadas, una cultura patriarcal que sigue dominando la cotidianeidad, jóvenes sin futuro y, junto a ello, gobiernos corruptos que se ríen en la cara de tanta desgracia, todo ello constituye una poderosa bomba de tiempo. Si no estalló masivamente antes es porque la represión y el miedo histórico de las décadas pasadas (guerras sucias que ensangrentaron todos los países, con 400.000 muertos, 80,000 desaparecidos y un millón de presos políticos, más cantidades monumentales de exiliados) siguieron obrando como una fuerte “pedagogía del terror”.

Mucho de la protesta popular de estos últimos años se dio no en la forma organizativa de antaño, a través de estructuras partidarias de izquierda, sino por medio de movimientos sociales. Quizá sin una propuesta clasista, revolucionaria en sentido estricto (al menos como la concibió el marxismo clásico, como han levantado los partidos comunistas tradicionales a través de los años en el siglo XX), los nuevos movimientos sociales constituyen una alternativa antisistémica (movimientos por reivindicaciones de género, étnicas, de diversidad sexual, contra la catástrofe medioambiental). Muchos de ellos son movimientos campesinos y de reivindicación de territorios ancestrales propios; de hecho, constituyen una clara afrenta a los intereses del gran capital transnacional y a los sectores hegemónicos locales, más aún en este momento de expansión de un voraz capitalismo extractivista. En ese sentido, funcionan como un nuevo camino, una llama que se sigue levantando, y arde, y que eventualmente puede crecer y encender más llamas.

Lo cierto es que, hastiados del neoliberalismo, los pueblos se levantaron hacia los últimos meses del 2019. Los resultados fueron distintos en cada país, pero hubo un hilo conductor común. Analicemos algunos casos (Chile, Colombia y Bolivia) a modo de ejemplo, para luego sacar conclusiones.

Chile

En los países del llamado Tercer Mundo, contrario a lo que ocurrió en el Norte próspero (Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón), las políticas neoliberales que se impusieron estas últimas décadas, pudieron ser implementadas solo a partir de regímenes dictatoriales. La dictadura del general Pinochet fue icónica en ese sentido.

El 11 de septiembre de 1973 en Chile tuvo un lugar un evento que serviría como símbolo de un importante cambio en la historia política del país. Se daba allí el golpe de Estado del ejército chileno, comandado por el general Augusto Pinochet, contra el presidente democráticamente electo Salvador Allende. La asonada militar, nada nueva ni en la historia de Chile ni en la de Latinoamérica y el Caribe, tuvo un carácter especial: dio pie a la instalación de las primeras políticas neoliberales por parte de un gobierno nacional. Las peores calamidades de los planes de achicamiento del Estado, privatización de todo lo privatizable, contención de la protesta social por todos los medios posibles y la represión militar, tuvieron lugar en Chile. De hecho, Milton Friedman en persona, eje central de la Escuela de Chicago impulsora de las políticas neoliberales fondomonetaristas, estuvo en Chile en dos ocasiones, en 1975 y en 1981, bendiciendo y evaluando las medidas.

El derrocado presidente chileno propiciaba el paso al socialismo por la vía democrática. Propuesta difícil, que la historia se ha encargado de rebatir infinidad de veces (la institucionalidad democrática dentro de los marcos del capitalismo no permite la construcción de alternativas socialistas reales; es decir: la socialización de los medios de producción y la democracia popular de base). Experiencias similares de procesos revolucionarios abortados sobran en el contexto latinoamericano (Haití, República Dominicana, Bolivia, Guatemala, entre otros). Lo importante de lo acaecido en Chile en aquel 1973 fue la puesta en marcha de ese laboratorio social y económico con las iniciativas de ajuste neoliberal.

Con los años, fueron instalados similares planes neoliberales a ultranza no solo en Latinoamérica y el Caribe sino en, prácticamente, el mundo entero. Chile comenzó a ser exhibido por cierta academia, varios políticos, por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y por la corporación mediática capitalista global como el ejemplo más exitoso de estas políticas. De hecho, comenzó a circularse la idea que ya había ingresado al privado club del “Primer Mundo”. La propaganda, repetida hasta el cansancio tanto dentro como fuera del país, fue transformando a la nación trasandina en un “modelo de éxito”. Ello se debió en muy buena medida a la necesidad de la ideología neoliberal dominante en el mundo de tener una joya que mostrar. Al lado del pretendido “fracaso” de los modelos socialistas, o más aún, de los capitalismos con Estados parasitarios -o, al menos, de lo que la prensa dominante intentaba mostrar como tal-, Chile fue elegida la presea perfecta, el arquetipo de éxito con las privatizaciones. El tiempo vino a demostrar que las cosas no eran precisamente como se planteaban. Lo cual demuestra, igualmente, que la población es perpetuamente engañada por los medios de comunicación.: puras y viles mentiras.

La feroz dictadura del general Pinochet terminó en 1990. Para ese entonces, Washington estaba cambiando su estrategia de dominio de su patio trasero latinoamericano reemplazando las sangrientas dictaduras militares por la modalidad de “democracias vigiladas”. Con los planes de ajuste estructural encaminados, ya no era necesaria la “mano dura” de los militares; las democracias -entendidas solo como el ejercicio de votar y elegir mandatarios cada cierto tiempo- alcanzaban. Así, todo el subcontinente fue abriéndose a esos nuevos tiempos “democráticos”. Tuvieron lugar varias elecciones, y diversos candidatos civiles se sucedieron en la presidencia: Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet en dos oportunidades intercaladas, y Sebastián Piñera, también en dos ocasiones intercaladas, quien se encuentra en el poder actualmente. Ningún mandatario modificó un ápice las políticas impuestas por la banca internacional (FMI y BM) ni la Constitución política de 1980, herencia de la dictadura pinochetista. El supuesto “milagro” económico chileno siguió ofreciéndose como el producto exitoso derivado de esas iniciativas.

Pero algo sucedió rompiendo esa supuesta tranquilidad y armonía social. En la segunda presidencia de Sebastián Piñera, iniciada en marzo de 2018, el aumento del boleto del metro propuesto a mediados de octubre del 2019 desató enormes protestas, iniciadas por el movimiento estudiantil en principio, al que se le sumó luego masivamente la población, las cuales hicieron retroceder al mandatario. El aumento del pasaje, en sí mismo, no fue especialmente significativo. Su valor en hora pico subiría de 800 a 830 pesos, equivalente a 0,042 dólares. Pero ello, en realidad, acentuó un descontento latente y creciente en la población, y dejó ver otra realidad que la presentada oficialmente como de éxito económico. Evidentemente, la cólera de la población expresó algo que no se decía oficialmente: la pobreza generalizada extendiéndose, las brechas entre las clases sociales acentuándose, la exclusión de grandes sectores de la sociedad expandiéndose, y la discriminación étnica y cultural exacerbándose principalmente por el neoliberalismo en Chile.

La primera reacción del Ejecutivo fue la abierta represión bajo el concepto de seguridad nacional y terrorismo. La misma se prolongó por espacio de varios meses, resultas de la cual se registraron 31 muertos, de acuerdo con lo informado por la OEA. Según calcula el informe preliminar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de esa institución, luego de su visita entre el 25 y el 31 de enero del 2020, entre octubre de 2019 y enero de 2020 se registraron 400 heridos. “Chile vive grave crisis en derechos humanos”, manifestó la comisionada Esmeralda Arosemena de Troitiño, citada por el diario La Tercera. Por su parte, Joel Hernández, relator para Chile de dicha Comisión, manifestó que “las protestas registraron en varios casos abusos, detenciones y uso desproporcionado de la fuerza” debido a “falta de alineamiento de los estándares internacionales en la gestión de las protestas”.

La realidad del país no era, definitivamente, la preconizada abiertamente por la prensa nacional y global (“Chile = Primer Mundo”, según ese engañoso mensaje); las rebeliones populares pusieron al descubierto una desigualdad monstruosa (octavo país del mundo en asimetrías socioeconómicas igual que Ruanda en el África, por ejemplo), siendo el país latinoamericano que ha escenificado las protestas más grandes hacia fines del año 2019. La población, hastiada de las medidas de privatización, falta de acceso a los beneficios reales de un supuesto desarrollo, patéticamente endeudada con los bancos, reaccionó visceralmente ante el alza del pasaje de metro, lo que motivó por parte del Ejecutivo (siguiendo la sugerencia de asesores estadounidenses) la declaración de estado de sitio y toque de queda.

Sin dudas, la población del país trasandino (junto a la de Haití en el Caribe), es la que más fuertemente ha alzado la voz en toda esta ola de protestas que se dieron a fines del año pasado, lo cual llevó a un brutal endurecimiento del gobierno, con el ejército controlando las calles. “América del Sur se nos puede embrollar de modo incontrolable si no tenemos siempre a la mano un líder militar, y en el caso de Chile, esto reclama un jefe de la calidad solidaria del general Augusto Pinochet”, pudo decir sin la más mínima vergüenza Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos, en una Comisión de Urgencia de la Cámara de Representantes de su país, ante “la preocupante situación de Chile”. Ello deja ver que Latinoamérica y el Caribe siguen siendo con muy pocas excepciones, tristemente, el patio trasero de la potencia del Norte, y lo que en esta zona sucede se decide en Washington.

Luego de la inicial salvaje represión y la incesante y creciente ola de protestas, el presidente Piñera se vio forzado a pedir perdón, comprometiéndose a implementar medidas de protección social, reconociendo la precariedad de muy buena parte de la población chilena, más allá del preconizado “milagro económico” del país que fuera primer laboratorio de ensayo de las políticas neoliberales.

Como resultado de la movilización popular, el gobierno se vio forzado, además de dejar de lado el aumento inicial, a dar alguna respuesta que satisficiera a la población. De ahí que se llegó a la idea de un plebiscito para ver si se continúa con la Constitución vigente, o se va hacia una nueva. El plebiscito, “ejercicio democrático” provocado por las protestas, presenta dos preguntas que deben ser respondidas por la población: 1) ¿Apruebo o Rechazo una nueva Constitución? 2) ¿Qué órgano es el indicado para redactar la eventual nueva carta magna: una Convención Constituyente (100% de sus integrantes elegidos por voto popular) o Convención Mixta Constituyente (50% de sus integrantes elegidos por voto popular y 50% miembros del actual Congreso?).

Para cierta visión de los hechos, el plebiscito es un triunfo popular derivado de las movilizaciones del año pasado, porque permitirá dejar atrás el lastre neoliberal y fascista de la dictadura pinochetista, aún presente en la institucionalidad del Estado chileno. Para otra lectura, esto es una jugada distractora del gobierno, una forma de ganar tiempo, una maniobra para que no cambie nada, en definitiva. Originalmente se había fijado para el 26 de abril, pero la aparición de la pandemia de coronavirus vino a alterar los planes. De momento quedó establecido para el 25 de octubre. Habrá que ver cómo se lleva a cabo la consulta, cuáles son los cambios que genera y si sigue la lucha para consolidar dichos cambios.

Colombia

En Colombia se vive un clima de violencia generalizada desde hace muy largas décadas. Un entrecruzamiento de causas explica esa dinámica; por un lado, la pobreza crónica y estructural (19.6% de la población, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística -Dane-, 2019), que excluye a amplios sectores, fundamentalmente rurales, lo que crea un clima de inestabilidad permanente. A ello se suma la presencia de una importante narcoactividad (2% del PBI, según datos de la Unidad de Información y Análisis Financiero -UIAF-), también en áreas rurales, donde igualmente se da la presencia histórica de movimientos revolucionarios de acción armada (llegó a haber tres para los años 90 del pasado siglo), perseguidos ferozmente por las estrategias contrainsurgentes del Estado. De hecho, Colombia presenta la guerra civil más prolongada de todo el continente, cuyos orígenes se remontan a la década del 50 del pasado siglo. Las consecuencias de todo esto fueron fatales; además de las cuantiosas pérdidas materiales, ese prolongado conflicto ocasionó cerca de un cuarto de millón de muertos, incalculables heridos, 70,000 desaparecidos, numerosas violaciones sexuales de mujeres y más de cinco millones de desplazados internos (primer país en el mundo en cantidad de esos desplazamientos por causas bélicas, según datos del ACNUR), sin contar con las secuelas psicológicas y sociológicas de ese clima de violencia perpetuo, y la apología de la misma como prácticamente único modo de relacionamiento entre grupos diversos.

¿Por qué se ha prolongado tanto este conflicto? ¿Qué hace que, mientras en otras latitudes las guerras pasan, se encuentran salidas negociadas, se ponen en marcha procesos de pacificación, en Colombia pareciera perpetuarse indefinidamente sin dar miras de poder entablarse negociaciones firmes que terminen de una vez el problema? Evidentemente, hay poderosos intereses en juego para que todo ello se perpetúe. El negocio de la violencia es muy redituable para ciertos grupos. Si bien ha habido numerosos intentos de pacificar el país en estos últimos años con numerosos compromisos contraídos, luego no cumplidos, y recientemente se firmaron importantes acuerdos entre el gobierno y el principal grupo revolucionario alzado en armas, la paz no termina de llegar nunca.

El clima bélico en que se ha venido moviendo la sociedad colombiana durante tan largos años es sumamente complejo por presentar numerosos y tan diversos componentes: movimientos revolucionarios de vía armada, carteles de la droga y narcoactividad, grupos paramilitares, Estado armado hasta los dientes, presencia de fuerzas armadas, de inteligencia y contrainsurgencia extranjeras directamente comprometidas en esa “guerra sucia” de mediana y baja intensidad selectiva (como es la estrategia de Washington), incluso con varios destacamentos fijos y dotados de alta tecnología militar. Son siete las bases estadounidenses en territorio colombiano, por lo que más de algún analista compara la situación del país caribeño con el papel que juega Israel, aliado de la política de la Casa Blanca, en el Medio Oriente. Es decir: el gendarme super armado de la región. No olvidar que Colombia tiene una posición estratégica al lado de Venezuela, que atesora las reservas de petróleo más grandes del mundo, más otros importantes recursos minerales (oro, hierro, coltán, tierras raras), todo lo cual es codiciado por la geoestrategia de Washington.

El enfrentamiento bélico se ha dado, básicamente, entre el Estado, la presencia militar estadounidense, y en algunos casos los paramilitares como sus aliados, contra los movimientos revolucionarios (de los tres que llegó a haber años atrás, queda operativo hoy solo uno). De igual modo, el Estado colombiano, con la colaboración de Washington, ataca la narcoactividad, en buena media destruyendo sembradíos en zonas rurales por medio de fumigaciones aéreas. Lo curioso es que ese “combate al narcotráfico” nunca termina de dar resultados, y la producción de cocaína no cesa. No está de más recordar que a Estados Unidos llega una tonelada y media de drogas ilegales cada día, en buena medida cocaína colombiana. Ese supuesto “combate” que se da en tierra sudamericana, por lo tanto, abre suspicacias. ¿Realmente se lo combate?

El “Plan para la Paz y el Fortalecimiento del Estado”, más conocido como “Plan Colombia”, luego rebautizado “Plan Patriota” y finalmente “Plan Consolidación”, destinado a combatir la narcoactividad, pero con la agenda oculta de atacar a las guerrillas revolucionarias, implicó una erogación de USD. 20,000 millones por parte del erario colombiano, cobrado por las empresas que suministraron todo el equipo bélico y capacitación militar, todas de origen estadounidense. Lo curioso es que, pese a esa monumental inversión y despliegue de fuerzas militares, supuestamente para combatir la narcoactividad, la producción de hoja de coca no bajó y la fabricación de cocaína y otras drogas se mantuvo o se movió a otros países de Latinoamérica y el Caribe. Definitivamente hay ahí una sumatoria de elementos complejos e interrelacionados que hacen de Colombia una mezcla explosiva y que, según algunas estimaciones, lo colocan como el país más violento de Latinoamérica y uno de los más violentos del mundo donde pareciera que nadie desea terminar la guerra (porque para ciertos sectores trae cuantiosos réditos).

De hecho, a través de los últimos años ha habido numerosas negociaciones en búsqueda de la paz, y muchos de los actores involucrados en esa violencia han ido modificando posiciones. Por lo pronto, dos de los grupos guerrilleros históricos involucrados en esa larga contienda silenciaron sus armas: el Movimiento 19 de Abril -M 19-, desmovilizado en marzo de 1990, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, desmovilizadas según Acuerdos de Paz con el gobierno en el 2016. Pero pese a ello, la violencia no se extingue -continuó la muerte de desmovilizados de las FARC-, lo que llevó a que grupos puntuales de esta organización guerrillera se alzaran en armas nuevamente en el transcurso del 2019, quizá sin constituir una real amenaza militar, pero con hondo significado político, distanciándose de sus cúpulas de dirección nacional a las que acusan de “traidoras”.

Se podría decir también que el movimiento paramilitar -de ultraderecha, participante también en la guerra interna- sumamente activo años atrás, agrupado en la Autodefensas Unidas de Colombia, se sumó a la desmovilización en el año 2003. E igualmente poderosos carteles del narcotráfico fueron diezmados por las fuerzas gubernamentales en operaciones conjuntas con la DEA, CIA y tropas especiales de Estados Unidos, a lo largo de los últimos años. De todos modos, pese a esas diversas operaciones de pacificación, de desmovilización de fuerzas combatientes y de grupos armados de acción violenta, Colombia nunca ha vivido en paz.

Al mismo tiempo, no puede dejarse de mencionar como elemento sumamente explosivo, la gran polarización económico-social que se da en el país, la cual se extendió aún más desde los 1980s. con las políticas neoliberales, y particularmente desde 1991 con las reformas constitucionales que permitieron profundizar las mismas. Según datos de Naciones Unidas, Colombia presenta una enorme disparidad en ese ámbito -uno de los países más desiguales del mundo- con un acaparamiento de tierras enorme en manos de una ínfima oligarquía terrateniente, y una gran masa de campesinos empobrecidos. Según el Informe de Oxfam “Radiografía de la Desigualdad”, 2020, basado en datos del Censo Nacional Agropecuario, el 1% de propietarios posee el 81% de las tierras. Mujeres solo presentan el 26% de la titularidad. De acuerdo con referido documento “Un millón de hogares campesinos vive en menos espacio del que tiene una vaca para pastar.”

Esa masa campesina encontró en el cultivo de plantas de coca -comprada por los carteles del narcotráfico para la elaboración de cocaína, en buena medida con destino a Estados Unidos- una forma de sobrevivencia que la aleja de la pobreza extrema, pero sujetándola a circuitos que le terminan creando más problemas, en definitiva. Para cierta visión punitiva del combate a las drogas -que es la que impulsan los distintos gobiernos del país en consonancia con lo estipulado por el gobierno federal de Estados Unidos-, el eslabón del pequeño productor de la materia prima es el más golpeado. De ahí la continua quema, fumigación de sembradíos, criminalización y castigo por actividades ilegales, que terminan arruinando, separando y estigmatizando a esas familias campesinas, que nunca salen de pobres pese a participar en este acaudalado negocio.

Esa histórica polarización económica se vio acrecentada desde fines de los años 80 del pasado siglo con la implementación de las políticas neoliberales que dominaron todo el panorama latinoamericano y caribeño. Todos los mandatarios colombianos, fieles a los dictados de los organismos crediticios de Bretton Woods (FMI y BM), siguieron implementando a la letra las recetas de ajuste estructural, lo cual empobreció más a los sectores históricamente empobrecidos, concentrando la riqueza en una oligarquía hiper rica. En el medio de la fiebre antineoliberal que barrió Latinoamérica hacia fines del año pasado, también la población colombiana reaccionó. Fue así que se asistió al despertar de espontáneas protestas populares. El presidente Iván Duque, de derecha, acérrimo defensor de los planes neoliberales y estrecho aliado del gobierno de Donald Trump, ha sido duramente cuestionado. En realidad, el actual presidente, sin con esto quitarle la más mínima responsabilidad, no hizo sino continuar las prácticas privatistas que vienen dándose desde los 90 del siglo pasado, forzadas por la banca internacional, en detrimento de las grandes mayorías. En otros términos: se continuó, igual que todos los presidentes anteriores, con las privatizaciones en el sector energético (petróleo y minería), en las comunicaciones y en los servicios financieros. Al mismo tiempo, continuaron las políticas de impuestos regresivos, beneficiando así a los grandes propietarios colombianos, y se profundizó la reducción de la inversión pública en áreas básicas (salud y educación). Todo ello aumentó la histórica pobreza urbana y profundizó la rural provocando un descontento creciente que estaba a punto de estallar en cualquier momento.

Y finalmente, estalló. Entre fines de octubre e inicios de noviembre del año pasado, más de un millón de personas se movilizaron en las principales ciudades del país (Bogotá, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cúcuta) exigiendo el fin de las medidas neoliberales. La respuesta del gobierno fue, al igual que en los otros países de la región, la vigilancia, la confrontación y represión. De ese modo, se registraron tres muertos, 250 heridos y cientos de arrestos.

Las protestas se prolongaron hasta el inicio del 2020. Como consecuencia de esa movilización popular, se conformó un Comité de Paro, integrado por distintas organizaciones sociales, que nuclea una pluralidad de sectores del campo popular, el cual entregó a fines del año pasado una lista de demandas al gobierno del presidente Duque. El pliego de peticiones incluye un amplio listado que toca puntos sobre la política económica y social llevadas adelante por el gobierno, el cumplimiento de acuerdos suscritos con los movimientos estudiantil, campesino y sindical, con los pueblos indígenas y afrocolombianos en medio de las movilizaciones, la revisión de la política de seguridad vigente, de derechos humanos y lo concerniente a los asesinatos sistemáticos de lideresas y líderes sociales así como de excombatientes de las FARC, temáticas ligadas a la reforma política y electoral, normas y medidas para luchar contra la corrupción y el pedido de profundizar el diálogo de paz con la única fuerza guerrillera ahora vigente, el Ejército de Liberación Nacional -ELN-.

Para el año 2020, dándole seguimiento a ese pedido, se tenían previstas distintas manifestaciones exigiendo el cumplimiento de lo solicitado, con diversas convocatorias para el transcurso de los primeros meses del año (abril y mayo). La aparición de la pandemia de coronavirus vino a alterar todo ello. Pero es evidente que el clima de protesta, descontento y agitación no ha culminado.

Bolivia

La situación en el Estado Plurinacional de Bolivia es distinta. Aquí no se han dado similares protestas populares contra las políticas neoliberales dominantes como en otros países de la región. No se dieron, por la sencilla razón que en estos últimos años no se han estado implementando. Por el contrario, desde el año 2005 Bolivia estuvo gobernada por el partido político de izquierda y de base social mayoritaria indígena Movimiento al Socialismo -MAS-con el liderazgo del dirigente indígena aimara Evo Morales, quien ganó por mayoría tres elecciones y ha gozado de amplio apoyo de la población.

En esos años el país experimentó importantísimos cambios, todos en función del mejoramiento de la calidad de vida de su población, básicamente pobre y de raíz indígena. De esas transformaciones los medios de comunicación masiva no dicen una palabra. Debe mencionarse también, como algo de importancia capital para entender el proceso boliviano, que durante esos años la derecha nacional -en buena medida asentada en la ciudad de Santa Cruz, profundamente racista y siempre mirando hacia Washington- funcionó como el principal elemento conspirativo, intentado sacar del poder al presidente Morales con distintos métodos. Las elecciones de octubre del 2019, cuestionadas por la participación de Evo Morales nuevamente para tratar de reelegirse por un cuarto período, fueron la ocasión propicia.

Durante sus tres mandatos consecutivos, el producto interno bruto, que creció 327% llegando a USD 44.885 millones en 2018, iba a cerrar el 2019 con un crecimiento de casi el 5% interanual (junto con Panamá, el crecimiento más alto de Latinoamérica y el Caribe). Según datos del Banco Mundial, Bolivia dejó el grupo de los países de ingresos bajos y pasó a pertenecer a la categoría de los países de ingresos medios (62% de su población los tiene). Los recursos mineros (gas, litio, minerales varios) se nacionalizaron, y en algunos casos se establecieron explotaciones público-privadas, en las cuales el Estado boliviano captaba una importante cuota, lo que le permitió implementar profundos programas sociales.

Se dieron infinidad de logros. La pobreza se redujo del 60 al 34%. La esperanza de vida subió de 64 a 71 años. El salario mínimo pasó de 57 dólares mensuales a 298. En el área de salud, las mejoras fueron ostensibles, con una población que se empezó a alimentar mejor y recibir asistencia adecuada. Durante la gestión de Evo Morales se construyeron 34 hospitales de segundo nivel de atención y más de 1,000 clínicas populares de primer nivel de atención. Con los métodos educativos cubanos “Yo Sí Puedo” y “Yo Sí Puedo Seguir” se trabajó fuertemente la alfabetización al nivel nacional, al punto que Bolivia fue declarada por la UNESCO país libre de analfabetismo después de su segundo período de gobierno. Durante el gobierno del MAS se construyeron casi 17,000 escuelas, de modo que Bolivia pasó a ser uno de los países latinoamericanos y caribeños con mayor porcentaje de cobertura en educación primaria.

Entre otro de los importantes avances de la sociedad boliviana conseguidas durante el gobierno socialista de Evo Morales, puede mencionarse el trabajo en pro de la equidad de género. Como un símbolo de ello, antes del gobierno del MAS solo había un 18% de mujeres en el Parlamento, mientras que hacia el 2019, ese porcentaje había pasado al 51%. La sociedad boliviana, sin dudas, cambió mucho en estos últimos años, siendo de los pocos países que no se ciñeron a políticas neoliberales. Como expresiones de esos cambios pueden indicarse 5,000 nuevos kilómetros de carreteras que forjaron desarrollo para las áreas más olvidadas, pero más aún, el lugar que pasaron a ocupar los pueblos originarios intentando superar el histórico racismo que caracterizó a Bolivia (mayoría indígena, pero siempre gobernada por una oligarquía criolla de espalda a esos pueblos). Es por ese motivo, porque el país se comenzó a liberar del yugo imperial de Estados Unidos empezando a construir una alternativa no capitalista, que los grandes poderes lo vivieron atacando estos últimos años; algo similar con lo que sucedió con Venezuela y su Revolución Bolivariana.

En ambos casos, con las diferencias respectivas de acuerdo con sus historias y estilos políticos, culturas y dinámicas particulares, las dos naciones fijaron una autonomía en el manejo de su política y de los recursos propios que hizo sentir a Washington que perdía hegemonía en su “patio trasero”. Ambos estuvieron en la mira de la Casa Blanca por años, pero siguieron procesos distintos. En Venezuela aún sigue en pie -cada vez menos- el gobierno bolivariano; en Bolivia el imperio y la oligarquía local parecen haber logrado ya lo que anhelaban.

Dato nada desdeñable para entender lo sucedido en el país del Altiplano: Bolivia cuenta con aproximadamente el 75% de las reservas mundiales de litio, el “oro blanco”, apreciado especialmente por industrias de tecnología de punta como telecomunicaciones, automovilística, armamentista y aeroespacial entre otras. El litio puede llegar a ser un reemplazo del petróleo en el futuro. Esas reservas (salares de Uyuni), definitivamente, están en la mira de las grandes corporaciones capitalistas occidentales, que verían perderse un fabuloso negocio si aquellas fueran administradas por el Estado boliviano. Por lo pronto, habiendo firmado contratos con la República Popular China para la explotación de tal mineral, en octubre, un poco antes de las elecciones, Bolivia presentó su automóvil alimentado con litio, el “Quantum”. El vehículo, concebido en dos tipos de modelos, es de bajo costo, siendo su precio más económico de 5,400 dólares. Sin dudas, una cachetada, una amenaza real para la industria automotriz y petrolera capitalista.

Todos esos logros sociales representaban una afrenta para el capitalismo global, que ha visto en Bolivia un “mal ejemplo”. Pero a ello se sumó algo muy importante: Evo Morales decidió presentarse por cuarta vez consecutiva a las elecciones, con lo que la “dulzura” del cargo presidencial pareció obnubilarlo, después que contrario a una consulta general, la mayoría de la población boliviana le había dicho que ya no participara en las elecciones presidenciales. Asimismo, contrario a recomendaciones emanadas de su propio partido, participó una vez más en la justa electoral. Ahí comenzó la debacle. En una confusa situación donde ambas fuerzas -el MAS, con la candidatura de Morales, y el opositor partido Comunidad Ciudadana, con el presidenciable derechista Carlos Meza- se disputaron el triunfo de las elecciones. Las acusaciones que recibió el dirigente indígena fueron de fraude, por la tardanza en el conteo de los votos, por la interrupción total en la tabulación de las boletas y por las supuestas irregularidades encontradas en el empacado y transportación de las cajas con los votos emitidos.

Se abrió entonces un momento de convulsión social. Sin dudas, hubo movilizaciones contra Evo Morales; pero las mismas no tuvieron el sello de las otras protestas que aquí analizamos. No termina de quedar claro hasta dónde fueron manifestaciones masivas espontáneas contra su perpetuación en la presidencia, o hasta dónde fueron manipuladas por una oligarquía anticomunista y racista visceral. La derecha, local e internacional, esgrimió el argumento de su larga permanencia. Argumento, por cierto, muy discutible, pues otros dirigentes no socialistas permanecieron igual o mayor período, y nunca se dijo nada en su contra: Angela Merkel en Alemania: 20 años; Benjamín Netanyahu en Israel: 25 años; Yoweri Museveni en Uganda: 31 años (como es de derecha y Uganda no cuenta en el concierto internacional, nadie dice una palabra); Vladimir Putin en Rusia, 20 años (¿nadie se atrever a meter ahora con la fortalecida potencia rusa?); la Reina Isabel II, Gran Bretaña: 66 años (¿y esta aberración anacrónica, medieval? ¿Quién la eligió: Dios? ¿Y nosotros seguimos manteniendo esa parásita?)

Así como se dieron manifestaciones anti-Evo, también hubo -en mucho mayor grado- manifestaciones masivas en su apoyo, fundamentalmente de los pueblos indígenas, los que sentían que el cambio de gobierno les resultaría sumamente desfavorable, o más bien siniestro. De hecho, se terminó consumando un golpe de Estado (uno más en ese país, el que mayor número de rompimientos constitucionales presenta en Latinoamérica y el Caribe: 160). La población boliviana se manifestó en las calles en repudio a esa maniobra antipopular y racista, apoyada desde Washington. Los militares golpistas dispararon a matar, por lo que hubo decenas de manifestantes asesinados y centenares de heridos. Muchas mujeres indígenas fueron torturadas por los golpistas: se les cortaba las trenzas, las humillaron, manosearon, golpearon. Hubo centenares de personas detenidas. Se dio también una feroz persecución de las fuerzas militares contra otros miembros del gobierno de Morales a los niveles altos y medios y también amenazas y encierro a periodistas y clausura de radios comunitarias.

A través del golpe de Estado -técnico y de facto disimulado- en una situación confusa, Jeanine Áñez, un personaje de segunda línea de la política boliviana en el Congreso asumió interinamente la presidencia. Ella es una fundamentalista evangélica que asumió Biblia en mano firmando un decreto para eximir de responsabilidad a los militares por las muertes y violaciones cometidas, aunque el pueblo siguió luchando contra el golpe de Estado, sabiendo que si no se le revierte -cosa que finalmente no sucedió- podrían venir décadas de terror, saqueo capitalista brutal y empobrecimiento, desandándose todo lo que consiguió el gobierno del MAS. “Sueño con una Bolivia libre de ritos satánicos indígenas; la ciudad no es para los indios. Que se vayan al Altiplano o al Chaco”, dijo la presidenta ilegal.

La situación política que se abrió luego de las elecciones, en el momento en que se hacía el recuento de votos, fue confusa. Ambos contendientes se cruzaron acusaciones mutuas de fraude, y grupos de derecha movilizaron a parte de la población para reclamar la salida de Evo Morales. Policía y ejército, en apariencia leales al gobierno del MAS, terminaron apoyando el golpe, “sugiriendo” al presidente su alejamiento y reprimiendo ferozmente en las calles las protestas populares. Nunca quedó claro qué pasó realmente con la cantidad de sufragios emitidos; lo cierto es que, recordando aquello de “a río revuelto, ganancia de pescadores”, Estados Unidos y la oligarquía boliviana, santacruceña en lo fundamental, encontraron en la ocasión el momento preciso para desplazar a Morales de la presidencia.

La Organización de Estados Americanos -OEA-, fiel a su histórica genuflexión ante los dictados de la Casa Blanca, constató por medio de una investigación que sí, efectivamente, hubo fraude en las elecciones, y con su silencio cómplice terminó avalando el golpe. De los muertos, heridos, torturados y mujeres vejadas no dijo una palabra. Un estudio realizado posteriormente por los especialistas en integridad electoral Jack Williams y John Curiel, del Massachusetts Institute of Technology -MIT- Election Data and Science Lab, concluyó que “no hay ninguna evidencia estadística de fraude” en las elecciones presidenciales de octubre del 2019. Pero consumada la retirada del presidente indígena, la situación no se modificó y el golpe de Estado -con mucha sangre en las calles, por cierto- se consustanció.

Evo Morales y su equipo salieron al exilio, primero hacia México, terminando luego en Argentina. La presidente de facto, Jeanine Áñez, en esa confusa situación, se terminó asentando en el poder con el guiño del empresariado local y del gobierno estadounidense, y para mayo del 2020 llamó a nuevas elecciones. El MAS informó de su participación en esa justa electoral con nuevos candidatos presidenciales, con Evo Morales en el exilio y vetado de participar por el actual gobierno interino, pero igualmente involucrado en la dinámica interna de Bolivia. La situación de la pandemia de coronavirus las dejó suspendidas de momento.

A modo de conclusión

¿Qué sigue ahora después de esas reacciones populares? No puede decirse que el neoliberalismo esté muerto, porque después de esos estallidos siguió direccionando las políticas impuestas por los grandes poderes (capitales globales que manejan el mundo), políticas que, definitivamente, no han cambiado. De todos modos, estos capitales no son ciegos, y ven que Latinoamérica arde. Ahí están las citadas declaraciones de Mike Pompeo, un operador político de esos capitales, y su precaución ante lo que puede venir: “Hay que tener siempre a la mano un líder militar”.

La inesperada pandemia de coronavirus que ha llegado a todos los países abre interrogantes. Más allá de los vericuetos ligados directamente a esa crisis sanitaria, la situación económica de base no muestra un cambio sustancial en el mundo, al menos de momento. Está claro que el sistema capitalista no resuelve (ni quiere ni puede) los acuciantes problemas de la Humanidad. Sin dudas, la pandemia contribuye a la crisis económica generalizada. De todos modos, no hay que perder de vista que la crisis sistémica (comparable a la Gran Depresión de 1930) es anterior a la aparición de la enfermedad. Tal vez se pueda usar a esta última como excusa, pero no olvidar que el capitalismo global, ya desde fines de 2019 y claramente a inicios del presente año, entró en una fase recesiva mayor a la del 2008. Las burbujas financieras y el capital financiero-especulativo explotaron. E igualmente el sector productivo entró en crisis, debido a la superproducción habida (se produjo mucho más de lo que el mercado puede absorber). De momento no se puede predecir qué pasará en unos meses; que esto traiga un cambio de paradigma y los capitales se tornen “solidarios”, no pasa de una ilusión casi infantil. “El capitalismo no caerá si no existen las fuerzas sociales y políticas que lo hagan caer”, decía con exactitud el dirigente de la Revolución Rusa Vladimir Lenin.

Las explosiones populares del año pasado, tanto las latinoamericanas y caribeñas como las que se registraron en otras latitudes (“chalecos amarillos” en Francia, protestas masivas en Egipto, o en El Líbano, o en Irak, por ejemplo, todas con un profundo contenido anti-neoliberal) no parecen destinadas ni a terminar con las políticas neoliberales, y muchos menos a acabar con el sistema capitalista. Cantar victoria y decir que el campo popular triunfó, que el neoliberalismo está fracasado y se firmó su acta de defunción, es un exitismo quizá peligroso. De momento los planes del capitalismo global no han cambiado, aún con pandemia de coronavirus. Ver lo que sucede en Cuba, donde persiste el cruel bloqueo que intenta asfixiar la triunfante revolución socialista, o en Venezuela, donde se sigue bloqueando inhumanamente la economía del país con las acusaciones de narco-dictadura a la presidencia de Nicolás Maduro y la posibilidad siempre abierta de una intervención militar, muestra que quienes mandan en este “patio trasero” no están en retirada. En Bolivia, no olvidar, ya no se encuentran en el poder ni el MAS ni Evo Morales; y el litio sigue estando allí, a la espera de ser explotado. Los capitales globales (estadounidenses en su mayoría, pero también europeos y asiáticos, todos fundidos en esta oligarquía planetaria que opera desde paraísos fiscales) no parecen derrotados. Si la actual crisis sanitaria trae reacomodos (Estados Unidos pierde la supremacía y la República Popular China, tal vez en alianza con Rusia, queda liderando, por ejemplo), está por verse; pero es seguro que quien seguirá sufriendo y pagando los platos rotos de todas las crisis es el campo popular, la gran masa de trabajadores (urbanos, rurales, mujeres amas de casa, subocupados, desempleados).

Queda el interrogante de qué podrá pasar con los nuevos movimientos sociales arriba mencionados (luchas de género, étnicas, por la diversidad sexual, medioambientales, etc.), en tanto fermento cuestionador. Habrá que ver si el sistema sigue asimilándolos, en tanto no toquen las estructuras económicas de base, si va contra ellos o si se constituyen en una chispa para pueda abrir y profundizar nuevas luchas. No puede dejar de mencionarse que el sistema capitalista en su conjunto, al menos hasta ahora, pudo “digerir” estos nuevos movimientos -como pasó en un pasado con el movimiento hippie- porque no ponen en serio riesgo el equilibrio general. El “proletariado urbano industrial” era su gran preocupación, su “fantasma” (que recorría Europa a mediados del siglo XIX, cuando aparece el Manifiesto Comunista en 1848). Hoy no. ¿No hay más proletariado, o se supo detener su lucha? La llamada “deslocalización”, los grandes centros fabriles en países del Tercer Mundo con sueldos miserables y condiciones paupérrimas pero que son una “salida” para poblaciones tremendamente pobres, los sindicatos plegados a las patronales, parecen otras tantas formas de neutralizar las luchas de los trabajadores. Podría pensarse que los nuevos movimientos sociales vienen a ser el elemento de protesta que puede “permitir” el sistema.

Para el siglo en curso, el sistema tiene detectados otros peligros. Según el informe “Tendencias Globales 2020 – Cartografía del futuro global”, del consejo Nacional de Información de los Estados Unidos, dedicado a estudiar los escenarios futuros de amenaza a la seguridad nacional de ese país, puede leerse “A comienzos del siglo XXI, hay grupos indígenas radicales en la mayoría de los países latinoamericanos, que en 2020 podrán haber crecido exponencialmente y obtenido la adhesión de la mayoría de los pueblos indígenas (…) Esos grupos podrán establecer relaciones con grupos terroristas internacionales y grupos antiglobalización (…) que podrán poner en causa las políticas económicas de los liderazgos latinoamericanos de origen europeo. (…) Las tensiones se manifestarán en un área desde México a través de la región del Amazonas”.

Se abre la pregunta si este confinamiento generalizado que hoy se vive como producto de la pandemia no es una prueba, un ensayo para lo que vendrá: hiper control poblacional, teletrabajo, distanciamiento social. Se podría pensar que el sistema “está domesticando” la protesta. El epígrafe de Camilo Jiménez puede ser esclarecedor en tal sentido.

¿Seguirá o aumentará la represión contra los pueblos en protesta próximamente, terminada la pandemia? ¿O, por el contrario, volverán esas luchas? En Chile fueron asesores militares de Estados Unidos, viendo que la policía estaba sobrepasada, quienes recomendaron el uso de la fuerza bruta del ejército (violaciones, desapariciones, crear terror en la población, disparar balas de goma a los ojos, toque de queda) para calmar los ánimos. Qué hará el capitalismo rapaz (léase Estados Unidos y sus secuaces: Unión Europea y gobiernos de derecha instalados por doquier): ¿negociará y dará algunas válvulas de escape? Los gobiernos de centro-izquierda que pasaron años atrás no lograron cambiar el curso de las iniciativas neoliberales surgidas de Bretton Woods. O más precisamente: surgidas de los grandes bancos privados, quienes le fijan las líneas al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Los planes redistributivos que se dieron estos años no cambiaron de raíz la propiedad privada de los medios de producción; fueron importantes paños de agua fría para poblaciones históricamente olvidadas, pero no constituyeron alternativas de cambio sostenibles, profundas. Todo indica que dentro de las democracias representativas no hay posibilidad de cambios estructurales reales. Además, sin caer en exitismos e ilusionarnos grandemente con las puebladas del 2019, recordemos que Piñera sigue gobernando en Chile, Lenín Moreno en Ecuador, Iván Duque en Colombia, Juan Antonio Fernández en Honduras, Jovenel Moïse en Haití y Jeanine Áñez en Bolivia (así como Emmanuel Macron en Francia, Abdelfatá al Sisi en Egipto o Saad Hariri en El Líbano). Y las deudas externas, aún con pandemia, siguen siendo cobradas puntualmente por los bancos acreedores.

Con estas explosiones populares espontáneas con que pareció arder Latinoamérica y otros puntos del planeta, ¿vamos hacia la revolución socialista? Podría agregarse incluso con las protestas actuales contra la represión racial en Estados Unidos, aún con la pandemia: el país está ardiendo, y hay toque de queda por toda su geografía; ¿preanuncio de cambio sistémico? No pareciera, porque en ninguna de estas protestas hay dirección revolucionaria, no hay proyecto de transformación que en este momento esté a la altura de los acontecimientos y pueda dirigir el descontento hacia una nueva sociedad. La idea de “comunismo” sigue profundamente anatematizada, vilipendiada. Por eso en las pasadas elecciones de la región pudieron ganar personajes de extrema derecha como Bolsonaro en Brasil, o Duque en Colombia, Piñera en Chile, Giammattei en Guatemala, o Bukele en El Salvador. Quizá es útil recordar una pintada callejera anónima aparecida durante la Guerra Civil Española, que magistralmente describe la situación: “Los pueblos no son revolucionarios, pero a veces se ponen revolucionarios”.

Los acontecimientos vividos hace algunos meses abren preguntas (similares a las que abrieron los “chalecos amarillos” meses atrás en Francia, o la Primavera Árabe en su momento en Medio Oriente): ¿dónde llevan estas explosiones populares?, ¿por qué la izquierda con un planteo de transformación radical no puede conducir estas luchas?, ¿pueden ser un factor de conducción política con proyecto transformador los nuevos movimientos sociales?, ¿el enemigo a vencer es el neoliberalismo o se puede ir más allá? Como sea, lo sucedido a fines del año pasado, ahora suspendido por la pandemia de COVID-19, significa un momento de intensidad sociopolítica que puede deparar sorpresas. ¿Dejó sin fuerzas para la lucha este confinamiento y el futuro distanciamiento social impuesto? ¿Volverán las protestas? Porque, evidentemente, motivos para seguir protestando sobran

Fuente: https://www.tercerainformacion.es/opinion/opinion/2020/06/13/post-pandemia-volveran-las-protestas

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Corporaciones, Big Data y la educación que viene

Por:  Mauro Jarquín Ramírez*

 

Esteban Moctezuma concluyó su mensaje al Consejo Técnico Escolar del mes de junio afirmando que un millón de maestros habían sido capacitados por Google para Educación en el uso de su plataforma G Suite, tal como había sido adelantado en el boletín número 101 de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Esto fue producto de una alianza público-privada entre el gobierno federal y la empresa tecnológica que planteó originalmente desarrollar una estrategia auxiliar de educación a distancia ante el generalizado cierre de escuelas. Sin embargo, más que una estrategia auxiliar, la relación entre la SEP y una corporación central del oligopolio mundial del conocimiento será un elemento constitutivo de la educación nacional post-pandemia.

Según el secretario de Educación, México ha dado un paso gigante en la adopción –no desarrollo– de tecnología educativa. La página web de la Estrategia de Educación a Distancia afirma que se busca establecer las bases de un sistema de educación a distancia sustentable y escalable, y contribuir a que los estudiantes refuercen las habilidades digitales para los trabajos del futuro. En la práctica, la SEP ha dado un paso sin precedente en la incorporación de grandes corporaciones tecnológicas a la política educativa oficial. Algo que sin lugar a dudas debe ser motivo de un gran debate público, partiendo de la experiencia internacional sobre el uso de dichas herramientas y sobre el papel que tales empresas han tenido en el debate educativo.

La incorporación de tecnología digital se potenció en todo el mundo como efecto de la pandemia. De esta forma, también se ha visto el incremento en el uso de tecnología Big Data (capaz de almacenar y analizar enormes cantidades de datos recopilados a partir de los patrones de búsqueda e intercambio virtual de los usuarios, con miras a generar diagnósticos o brindar soluciones). Tal incorporación tecnológica en las escuelas ha sido justificada con la enunciación de una serie de ventajas que, a juicio de proveedores de servicios tecnológicos y burócratas educativos, conlleva para el aprendizaje de los estudiantes. Entre estas se encuentran: a) la posibilidad de concentrar y analizar grandes volúmenes de datos con el fin de mejorar los procesos de toma de decisiones; b) desarrollar programas de aprendizaje personalizado para los estudiantes y c) incrementar la productividad del trabajo docente. De fondo persiste una visión atomizada respecto a los protagonistas del sistema educativo, objeto de análisis, medición, evaluación y predicción computarizada.

Pese a las ventajas anunciadas de la modernización de los sistemas educativos y el uso de Big Data, no son pocos los riesgos que podrían cuando menos generar escepticismo respecto al rumbo de este proyecto: a) espionaje y manejo lucrativo de los datos obtenidos por las plataformas, que se ha evidenciado con los distintos procedimientos que ha enfrentado Google por hacer uso indebido de los datos de usuarios; b) afectaciones en los procesos de socialización educativa de los estudiantes, debido a los cambios en la interacción docente-estudiante y estudiante-estudiante; c) consolidación del desplazamiento del espacio de toma de decisiones sobre educación, de las comunidades educativas a las empresas contratistas del gobierno, lo cual podría impulsar una gobernanza corporativa de la educación, orientada ahora por criterios técnicos; d) mayor control centralizado del trabajo docente y e) transferencias de recursos del sector público al sector privado, como efecto de contratación de servicios de software y hardware.

Es importante también considerar que los efectos buscados del uso tecnológico en educación responden en gran medida a proyectos políticos. Al parecer, dichos proyectos impulsados por las corporaciones ahora aliadas de la Nueva Escuela Mexicana, no han sido reflexionados. En la página oficial del programa Aprende en Casa, es posible encontrar una sección de Agradecimientos especiales a organizaciones que de distintas formas colaboraron con su desarrollo. Entre algo que parece un catálogo de empresas y fundaciones, aparecen Microsoft y Facebook.

La historia de Microsoft y la fundación Bill & Melinda Gates (que se reconoce independiente pero mantiene una agenda de trabajo vinculada a los negocios de la empresa) en el debate educativo es bien conocida. Han sido soporte de procesos de privatización educativa en el contexto estadunidense, ya sea con el impulso de escuelas chárter, el pago por mérito al trabajo docente o el apoyo para la realización del documental Waiting for Superman, inspiración de la película De Panzazo. Por su parte, Facebook ha sido también señalado por el uso indebido de datos, ejemplo de ello fue el escándalo de Cambridge Analytica. Al igual que con Microsoft, su incursión en la escuela pública ha sido apoyada por el filantrocapitalismo, ahora de Mark Zuckerberg y la polémica Chan Zuckerberg Initiative, que ha generado programas de aprendizaje personalizado criticados por su excesivo enfoque hacia el aprendizaje digital. En la práctica, Google, Microsoft y Facebook no son necesariamente elementos aislados, dada la posibilidad de su integración.

El gran paso hacia la tecnología educativa se realiza en un sistema educativo desigual. La revalorización del trabajo docente –cliché del discurso oficial– podría iniciar por atender las necesidades básicas de las escuelas e impulsar una formación tecnológica sólida en el magisterio, apoyada quizás en las instituciones públicas de educación superior a lo largo del país y el fortalecimiento del software libre. Pero ha optado por facilitar la mina de oro de datos de maestros y estudiantes.

Ante el riesgo de una mercantilización educativa generalizada en el plano de lo intangible, la reorganización (lucha) magisterial y de las comunidades educativas resulta impostergable.

*Politólogo

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/06/13/opinion/013a1pol

Imagen: https://pixabay.com/

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