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Bienvenidas, bienvenidos, a un nuevo curso penitenciario

Almudena Carrascosa

Las escuelas deben abrir, pese a las advertencias sanitarias, porque las familias vuelven al trabajo, y el colegio debe cumplir con esa función social, guardar al alumnado durante un tiempo. Esta afirmación es dura y difícil de escribir para una docente de vocación que cree en un cambio en la educación a todos los niveles. Pero es cierta. Esta sociedad, y al fin y al cabo nuestra economía, no contemplan una verdadera conciliación familiar, no hay un tiempo para el desarrollo de la infancia. Pero esto es otro tema sobre el que reflexionar.

La cuestión es que, más pronto que tarde, las escuelas y los centros educativos deben abrir pero ¿cómo? ¿en qué condiciones? La solución no es fácil, eso lo sabemos, pero hemos entrado en una lucha: la ciencia contra la ciencia.

El doctor Fernando Simón nos recuerda diariamente que debemos prevenir los contagios y, para ello, no hay mejor  mecanismo que el uso de mascarillas, distancia de seguridad de dos metros e higiene. Por otro lado, la ciencia en el ámbito de la educación defiende que el desarrollo integral del alumnado a nivel cognitivo, físico, afectivo, social y emocional se produce, principalmente, por la interacción con el entorno y con las personas que lo comprenden. ¿Por qué todavía no ha intervenido ningún experto en educación? Así pues, he aquí el quid de la cuestión. ¿Cómo vamos a hacerlo?

Viendo las imágenes de Francia, no puedo evitar pensar en que las escuelas se van a convertir en centros penitenciarios. Aunque, pensándolo mejor, tal vez antes ya lo eran, ¿o no? Timbre de entrada, salida y cambio de clase, horarios marcados, tiempo limitado para el ocio y el esparcimiento del alumnado, filas, silencio, orden… Muchos centros han evolucionado, pero en el fondo, leyendo estas palabras, quien lea esto habrá podido retornado al colegio. Sin embargo, para volver a abrir los centros, daremos un paso más allá. Maestras y maestros guardando las distancias de seguridad entre sí y con el alumnado; niñas y niños separados unos de otros, sin contacto, espacio físico delimitado para jugar solos… ¿esto es posible?

Las personas que hayan respondido sí, hace mucho tiempo que no han visto una escuela de cerca. Una escuela y, sobre todo, la de las edades comprendidas entre 0 a 6, que es la que el gobierno pretendía reabrir en breve para sorpresa de los docentes, está llena de lloros desconsolados que sólo se calman con el abrazo de un maestro/a, mocos que ayudas a quitar o que enseñas cómo sonar; riñas y peleas entre compañeros y compañeras; acompañamiento emocional; besos y abrazos diarios y un largo etcétera. Si dejamos de hacer esto, si dejamos de hacer nuestra labor, estaríamos desatendiendo a nuestro alumnado. Hoy en día, a nadie se le ocurriría decirle a una médica o a un médico, a una enfermera o un enfermero, que no atendiera a sus pacientes; entonces ¿por qué se lo vamos a exigir al profesorado?

Cuando empezó el confinamiento, la sociedad pensó que sería cuestión de unos días. El mundo podía detenerse, se entendía que gran parte de la economía debía parar por el bien común, pero la infancia no. La educación no puede, ¡debe seguir! Cómo se nos ocurre tan siquiera plantearnos esto.

Docentes, familias y Gobierno entramos en una vorágine sin precedentes en la educación. Docentes estresados, familias estresadas y niños y niñas… no se sabe. Nadie les preguntó, total ¿qué sabrán si sólo quieren jugar todo el día?

Desde el colegio hicimos aquello que mejor sabemos hacer: dar una respuesta rápida. Improvisar con los pocos o muchos recursos que cada uno tuviera. La privacidad de los docentes ha quedado expuesta, muchos sin conocimientos han aprendido a marchas forzadas o simplemente, no tenían, al igual que muchas familias, dispositivos y conexion ilimitada a Internet.

Hemos improvisado, porque tampoco nos habíamos planteado nunca cómo sería la docencia on-line y, sobre todo, en las edades más tempranas. Pero, tal vez, en algún momento, nos pasamos de frenada. Se han mandado tareas como si todavía estuviéramos en los centros educativos, siguiendo nuestra rutina diaria, incluyendo los 30 minutos para el recreo.

Sin embargo, muchos docentes y profesionales de la educación paramos y reflexionamos; no estábamos llegando a todo nuestro alumnado. La “brecha digital”, por no llamarla “brecha social” directamente, atañe a más de la mitad de nuestro alumnado. Así pues, el problema no es, únicamente como piensa la Administración, que nuestro alumnado no tenga acceso a Internet y necesite una tablet o un ordenador. Si sólo somos capaces de ver esto, estamos siendo muy ignorantes ya que sólo estamos viendo la punta del iceberg. El problema social es mucho más grave, y la escuela on-line y a distancia, no puede compensar esas desigualdades que ya sabíamos que teníamos en nuestras aulas y que debido a la pandemia se han incrementado, si cabe, un poco más.

Por lo tanto, paremos una vez más, busquemos un consenso y no nos dejemos presionar por agentes externos. Dejemos de una vez de utilizar la educación como moneda de cambio en la batalla política. No podemos permitir que el derecho a la educación que toda la infantia tiene, se utilice políticamente. El fin no justifica los medios.

Una escuela no es una guardería. Nosotros y nosotras no guardamos nada. Los docentes y las escuelas deberían ser el lugar de encuentro donde se geste el cambio social que ha de venir, por lo tanto, hay que tratar a las personas que trabajan en los centros y a los niños y niñas con dignidad y respeto. No vale que se abran centros educativos convertidos en centros penitenciarios, no vale que releguemos la educación y la simplifiquemos a “contenidos y aprobados o suspendidos”, no vale pensar que se está perdiendo el tiempo en casa y que las escuelas abran para dejar allí a las niñas y niños para reactivar la economía. Eso no es una escuela. Eso tiene otro nombre.

Si ahora le preguntamos a cualquier miembro del Gobierno si volvería a gestionar la crisis igual que lo ha hecho, su respuesta, seguramente, sería no. Así que la nuestra como docentes debería ser la misma. No.

Necesitamos tiempo para aprender de nuestros errores, trabajar de manera conjunta con la Administración para crear nuevas soluciones a los problemas que hemos encontrado y sentar las bases de una nueva educación. Creemos nuevos espacios y redes de ayuda para atender a las familias que más lo necesiten fuera de la escuela. Ahora es el momento de cerrar esos centros penitenciarios y viejos modelos de educación y repensar el modelo donde el niño y la niña sean, de verdad, el centro de la vida en las escuelas.

Y hasta septiembre ¿qué?

Dejemos que niñas y niños recuperen, poco a poco y con cautela, aquellas libertades que les arrebatamos hace meses.

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Carta a las maestras y maestros por la pandemia

Por: Juan Carlos Yáñez

El reto más trascendente no es concluir el ciclo escolar o agotar los programas de clases. Es más profundo: aprendamos de las circunstancias, trabajemos juntos, aprovechamos los recursos y valoremos el privilegio de la vida.

Cuando preparo las notas para esta colaboración leo que los rectores de las universidades públicas y privadas de México decidieron que el actual ciclo escolar no volverá a las aulas. Acordaron también que cada institución decidirá estrategias para la conclusión y evaluar a los estudiantes, atendiendo a las condiciones diversas en sus posibilidades de acceso a tecnologías y equipos; heterogéneas en un país enorme y asimétrico, con más de la mitad de la población en pobreza y miseria. Recientemente, el gobernador del Estado de Jalisco, uno de las más importantes por demografía, economía y política, decretó el fin del año escolar presencial.

Decirle adiós a las aulas es un acto responsable. Las escuelas son espacios donde explotan las ideas, la inspiración, donde se desarrollan los lenguajes, el pensamiento y la belleza, pero también son focos inigualables de infección en situaciones como las que ahora sufre el mundo.

Decirle adiós a las aulas es un gesto aplaudible cuando todavía siguen creciendo los infectados y las muertes se acumulan dramáticamente. Pero tenemos que seguir aprendiendo. Los maestros debemos procurar las estrategias, contenidos y actividades relevantes (subrayo, relevantes) para que los estudiantes consigan aprendizajes. Pero solos no pueden; el trabajo docente es siempre en equipo, hoy está más claro que nunca.

Los retos son colosales: México perdió décadas con experimentos fallidos en distintos gobiernos federales. La inversión millonaria tendría que haberse reflejado en mejores resultados. Si así hubiera sido, la pandemia nos habría tomado un poco menos desprovistos. Pero no hay tiempo para lamentos ni reproches, no ahora; solo nos queda intentar un esfuerzo inusitado para que los niños y jóvenes individualmente, y las instituciones y sistemas educativos aprendamos de la contingencia. La oportunidad de aprendizajes es extraordinaria.

Es posible educar en cuarentena, nos contaban en un seminario web hace algunas semanas dos expertos: Mariano Narodowski desde Argentina, y Mariano Fernández Enguita, desde España.

Un peligro que nos acecha es tratar de trasladar la rutina del aula a la casa. La casa no es el aula, y la experiencia del aprendizaje en casa no puede equipararse a la rutina de la escolarización. Educar en contingencia sanitaria es un desafío pedagógico inédito.

El primero de los retos que tenemos enfrente es el del acceso al mundo digital. El baile de cifras respecto al equipamiento tecnológico revela las disparidades entre niños, familias y escuelas. Si no todos tienen acceso a computadoras e internet, ¿cómo circularán las tareas, los contenidos, los programas de la casa de las maestras y maestros a la de los niños? Pero también entre los maestros hay desiguales accesos y usos.

Entonces se vuelven importantes dos tecnologías que en México se habían olvidado de la buena educación, en general; la radio y la televisión. Televisión y radio pueden jugar un papel crucial, que no sustituirá al mundo dominante de las otras tecnologías, pero podría ser un puente para que unos niños no se queden varados en la otra orilla.

El gran reto, para mí el más importante, es pedagógico. El proyecto educativo. La Secretaría de Educación Pública lanzó una estrategia nacional de educación a distancia sin probarse previamente, montada sobre dos gigantes del mundo tecnológico: Google y YouTube. ¡Quién diría que serían los vehículos sobre los que oficialmente se acercaría la instrucción a los niños mexicanos que tengan esa posibilidad!

Seguramente la experiencia tendrá buenos resultados en algunas escuelas; en otras, menos buenos, y en algunas, inevitablemente, malos o desastrosos. Dependerá de distintos factores. A la tecnología y al proyecto debemos sumar dos ingredientes: la actitud y preparación de los maestros, así como la voluntad y posibilidades en el hogar.

La pandemia es campo para aprendizajes de otra naturaleza, esos que llamaríamos “para la vida”, que es así como tendría que ser toda la educación. Porque la educación siempre tendría que prepararnos para la vida, porque las matemáticas, la historia, la literatura, la educación física o las ciencias tienen ese sentido final.

Cambio de tema para soñar un poco.

Quisiera pensar que cuando pase la cuarentena el campo pedagógico no quedará como las playas después del tsunami; o las casas, luego del terremoto.

Quiero imaginar que la pandemia desafió lo mejor de las maestras y maestros; que no lo vieron como más trabajo, sino como oportunidad para aprender enseñando, y mientras enseñaban, dándose cuenta de su ignorancia, trataron de remediarla.

Deseo que las maestras y maestros que habían perdido la ilusión que los llevó a una escuela por primera vez, la recuperen ante la necesidad de lograr que sus estudiantes, lejos, en otro lugar, sin muchos recursos, puedan aprender de forma significativa.

Me gustaría que los maestros en la secundaria o el bachillerato descubrieran que estudiar biología, química o ciencias puede despertar más interés ahora, para entender el funcionamiento del cuerpo humano, de las enfermedades, de las vacunas, del trabajo científico.

Que es un buen momento para entender la geografía, la historia de China y universal, o las disparidades delirantes en el país más poderoso del mundo, cuyo centro financiero, Nueva York, se derrumba por un bicho invisible.

Es un buen momento, también, para estudiar con las palabras generadoras de Paulo Freire, a partir de las cuales se analice una realidad y se aprenda uniendo textos y contextos; palabras como virus, solidaridad, globalización, transmisión, tecnologías, salud, cambio climático, humanidad.

Es el momento más apremiante que nos tocó a las generaciones de hoy. Un momento que nos exhibe en nuestra vulnerabilidad y que hace tener más claro que nunca, que los pueblos de la tierra, por encima de banderas y fronteras, nos necesitamos para la sobrevivencia.

Que es el mejor momento para desarrollar las emociones y valores de la solidaridad, la generosidad, el cuidado del otro, la responsabilidad por lo colectivo, la alegría, la resiliencia, el amor.

El reto más trascendente no es concluir el ciclo escolar o agotar los programas de clases. Es más profundo: aprendamos de las circunstancias, trabajemos juntos, aprovechamos los recursos y valoremos el privilegio de la vida.

La cuarentena no debe ser pretexto para que profesores y directores llenen reportes y evidencias para informes institucionales inútiles. O para recargar de tareas y tareas y tareas a los estudiantes.

Hoy más que nunca resuenan potentes aquellas palabras del maestro Paulo Freire: la educación tienen que ser una aventura, un desafío, no una canción de cuna, ni la tortura que perjudicará a los que menos tienen y más necesitan.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/05/21/carta-a-las-maestras-y-maestros-por-la-pandemia/

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Después de la pandemia

Por: Miguel Guerrero

Antes de la situación en la que el mundo  se encuentra por el COVID-19, se escuchaban quejas sobre la situación económica del país, en el sentido de que estábamos en crisis. La percepción era evidencia de un pesimismo en ciertos sectores influyentes de nuestra vida económica, cuya valoración del quehacer nacional se basa muchas veces en la marcha de sus propios negocios. A mi modo de ver, no vivíamos una crisis económica, pues cada día se abrían nuevas operaciones industriales, el turismo estaba en auge y la actividad comercial a todas luces se expandía con la apertura de nuevos y gigantescos  centros comerciales.

Nuestro problema no era de esa índole ni el país estuvo nunca bajo amenaza de una recesión. La verdadera crisis era, y ahora lo será mucho más, de carácter social, con tasas de desigualdad preocupantes dentro de un proceso de concentración de recursos reducido a círculos de pequeñas élites económicas muy creativas con un control creciente de la riqueza nacional. Buena parte de los nuevos y florecientes negocios  de las últimas dos o tres décadas provienen de esos grupos, sin que se hayan generado cambios importantes en la estructura social, debido a los bajos salarios y a un sistema de seguridad social que no los promueve.

Será a partir de esta pandemia que tendremos la amenaza de una crisis económica verdadera, por lo que será necesario estimular el consumo y la inversión interna tanto pública como privada para evitarla, reduciendo los niveles angustiantes de pobreza y marginalidad. La continuidad de las políticas económicas adoptadas antes y durante la pandemia será esencial al mantenimiento de nuestra estabilidad económica y financiera.

Los cambios radicales en esos planes y políticas ahuyentarían la inversión y destruirían la indispensable confianza en la solidez de nuestro potencial que ha sido el sostén de nuestro crecimiento.

Fuente: https://acento.com.do/2020/opinion/8813088-despues-de-la-pandemia/

Imagen: https://pixabay.com/illustrations/dollar-exchange-rate-world-economy-544949/

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Incertidumbre y religiosidad

Por: Leonardo Díaz

En una obra clásica de la reflexión antropológica, Magia, Ciencia y religión (1954), Bronislaw Malinowski relacionó la creencia mágica y religiosa en los habitantes de las islas Trobriand con los niveles de peligro, incertidumbre y azar a que eran expuestos por la naturaleza. En otras palabras, allí donde los lugareños se encontraban en medio de una situación amenazante que escapaba al control tecnológico, o que se caracterizaba por el azar y la incertidumbre, aumentaban los comportamientos religiosos (rituales y oraciones). Cuando la situaciones permitían un mayor nivel de control humano, esos mismos comportamientos se reducían.

La reflexión de Malinowski ha tenido continuidad hasta nuestros días. Por ejemplo, en el año 2012, un libro de Nigel Barber titulado Wy Ateism Will Replace Religion:The triumph of earthly pleasures over pie en the sky (Por qué el ateísmo substituirá la religión: El triunfo de los placeres terrenales sobre el pastel en el cielo) vincula la creencia religiosa con la inseguridad generada por la precariedad de la vida.

Estudios de percepción religiosa como el comentado en mi artículo del año 2019, “El declive de la religión”,  apoya las referidas afirmaciones. Los datos muestran una reducción de la religiosidad en aquellas zonas del planeta donde existen altos niveles de vida, mientras muestran altos niveles de creencia religiosa en zonas caracterizadas por altos índices de precariedad.

La lectura de esos datos no debe leerse en el sentido superficial de que a mayor riqueza hay menos religiosidad, mientras que a menor riqueza hay mayor religiosidad. La riqueza material es solo una parte de los bienes que proporcionan sensación de certidumbre. Estos bienes tienen que combinarse con bienes menos tangibles, como la sensación de autonomía y de seguridad. Las sociedades con altos índices de desarrollo humano no solo solo tienden a ser más ricas, sino también, tienden a disponer de mejores sistemas de salud, redes institucionales más eficientes de protección social, reglas de juego claras y mas igualitarias, en otras palabras, mayores posibilidades de control tecnológico sobre la vida cotidiana y de generar un entorno de bienestar psicológico.

Por su parte, en las sociedades con bajo índice de desarrollo humano, el espacio y el tiempo del Mundo de la Vida está estructurado por la precariedad y la incertidumbre, porque fallan todas las instituciones llamadas a proporcionar sensaciones de seguridad en la ciudadanía. Esto crea las condiciones para que los movimientos religiosos reemplacen la ineficacia estatal y las injusticias de los modelos económicos excluyentes con redes de solidaridad, mientras constituyen comunidades que proporcionan amor, esperanza, consuelo y seguridad a sus integrantes.

En el desarrollo de esas prácticas esas comunidades también gestionan la formación que, en muchos casos, terminan construyendo una imagen del mundo consecuente con las precariedades de la vida cotidiana, con sus fobias y esperanzas.

Por tanto, con frecuencia, la forma de vida religiosa de estas comunidades no constituye un modo de realización psicológica adulta, libre y consciente; sino un mecanismo psicológico infantil de búsqueda por la dádiva, la protección y el cuidado.

El referido mecanismo psicológico se activa en situaciones de incertidumbre, como la que vivimos en la actualidad, angustiados por un virus desconocido que puede afectarnos en cualquier lugar y en cualquier momento.

Es comprensible, dado lo que hemos expresado, que estos momentos sean de manifestaciones espontáneas de fervor religioso por parte de la gente común y que vive en situaciones de precariedad. Lo inaceptable es la promoción, la manipulación religiosa y política que hacen, de ese fervor, el oportunismo político y el fariseísmo religioso.

Fuente: https://acento.com.do/2020/opinion/8817172-incertidumbre-y-religiosidad/

Imagen: https://pixabay.com/photos/tea-lights-candles-light-prayer-2223898/

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Libro (PDF): La crisis de la pubertad y sus consecuencias pedagógicas

Reseña: CLACSO

La crisis de la pubertad y sus consecuencias pedagógicas constituye uno de unos primeros textos argentinos donde se problematiza la adolescencia y se la convierte en una cuestión social y de estudio. Para Víctor Mercante, la pubertad es un retroceso en el desarrollo evolutivo, un momento de «pereza intelectual» con oscuras amenazas que deben ser encauzadas por el currículo y la pedagogía. Publicada originalmente en 1918, esta obra integró el corpus del movimiento que defendía la reforma educativa impulsada por el entonces ministro Carlos Saavedra Lamas. Dentro de ese movimiento, Mercante muestra una posición a la vez conservadora y cientificista.

 

Autor/a:  Dussel, Inés – Otra  Mercante, Víctor   

Editorial/Editor: UNIPE

Año de publicación: 2014

País (es): Argentina

Idioma: Español.

ISBN :   978-987-27761-8-3

 

Descarga:   La crisis de la pubertad y sus consecuencias pedagógicas

Fuente  e Imagen:   http://biblioteca.clacso.edu.ar/colecciones/saladelectura/index.php?novedad=si&c=ar-050&d=13520

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Los excluidos del sistema educativo en México

Por: Gerardo Ariel Ceja González[*]

 

Desgraciadamente los gobiernos neoliberales que antecedieron al actual en lugar de realizar verdaderas propuestas para mejorar la educación pública optaron por construir un dispositivo costosísimo de medición estandarizada para niños, niñas, jóvenes, docentes y escuelas; argumentando que se trataba de evaluar para mejorar.

Se gastaron grandes cantidades de dinero y se creó una jugosa industria de la medición en manos de particulares. El objetivo de esta medición tenía un propósito claro, responder a los intereses de los tecnócratas neoliberales de organismos internacionales y muy poco a la urgente necesidad de mejorar la educación, entre ella la especial.

Los gobiernos del PRI y el PAN impulsaron la creación de instrumentos de evaluación eminentemente privado y ajeno a las necesidades del sistema educativo nacional. Hoy somos testigos que la evaluación que se utilizó en el pasado no consiguió ninguna mejora en la educación.

La experiencia de los diferentes profesionales de la educación especial y de expertos en esta materia no fue un asunto de interés para las autoridades educativas de aquel entonces y el magisterio democrático quedó fuera de cualquier debate educativo y tuvo que mantener una férrea resistencia durante todo el sexenio peñista con un alto costo en vidas, despidos injustificados y encarcelamientos.

Así pues, la administración actual asumió un sistema educativo en franca decadencia, con grandes dilemas educativos y en plena crisis pandémica, obligando a las autoridades a suspender las actividades escolares hasta nuevo aviso.

Con el propósito de poner fin al presente ciclo escolar (2019-2020) la Secretaría de Educación Pública (SEP) a través de su secretario Esteban Moctezuma Barragán y demás autoridades implementaron un dispositivo educativo digital a distancia por medio de clases virtuales y por televisión para aprender en casa. Sin embargo, y como frecuentemente sucede en educación, los niños, niñas y jóvenes que acuden a recibir educación especial por presentar alguna discapacidad o múltiples, así como aquellos con alguna condición específica, estudiantes indígenas y de comunidades rurales fueron excluidos una vez más de una propuesta educativa real y contextualizada que responda a las necesidades y características de cada uno de ellos; considerando además, que muchos no cuentan con internet, dispositivos móviles, computadoras, televisores o incluso corriente eléctrica.

Ante ciertas poblaciones como las ya mencionadas se genera una desigualdad y una brecha que provoca una muy sutil exclusión de las personas que requieren de otras estrategias de implementación educativa que responda a sus condiciones. Consideremos que un estudiante que presenta alguna discapacidad requiere de apoyos adicionales y equipo especializado para facilitarles su aprendizaje; por ejemplo, un estudiante que presenta ceguera, debilidad visual o sordoceguera requiere de los elementos tiflotecnológicos que le permitan el aprovechamiento práctico de los conocimientos como traductores del sistema braille a voz. Las personas que presentan discapacidad auditiva requieren de un especialista en el manejo de la Lengua de Señas Mexicana (LSM), y así, cada discapacidad o condición requiere de otros apoyos diferentes a los convencionales.

Ante esta complejidad la reflexión nos debe llevar al tema de la exclusión y no precisamente al de inclusión que con frecuencia se aborda meramente como un discurso político sin mayor trascendencia. La pregunta central no es si la condición de discapacidad genera exclusión, sino a la inversa, es decir, los mecanismos excluyentes producen discapacidad en todos los estudiantes más allá de su condición, incluso con los alumnos regulares.

El reto para la autoridad educativa consiste en pensar la discapacidad como un término complejo escasamente abordado en educación y que ha ocasionado relaciones sociales de desigualdad social. En la cotidianidad el término discapacidad es estigmatizante y provoca exclusión y etiquetas alrededor de las personas que viven con una o varias de las llamadas discapacidades. El desafío es muy claro, intentar desmontar la idea de que la discapacidad no tiene que ver con la dimensión biológica de cuerpos y mentes de los denominados normales, sino más bien, con una dimensión social y cultural en donde muchas cosas se construyen como diferentes (diversidad).

En consecuencia, las autoridades educativas deben generar prácticas que sean capaces de atender al conjunto de los estudiantes con sus singularidades. De esta manera, la diversidad se convierte en un concepto que nos permite entender las diferencias en los distintos modos de ser, pensar y aprender, en la profusión de lo distinto y no en la dimensión biológica.

Por ahora hay que esperar a que los estudiantes regresen a la escuela y encuentren en ella un espacio que los sostenga, un lugar de encuentro con el otro, un sitio que permita que circule la palabra, el juego y no el encargo del cumplimiento burocrático de cargas administrativas y del acato de la conclusión de los planes y programas para dar fin al ciclo escolar.

Después de un confinamiento obligado en casa por medidas sanitarias en donde seguramente muchos niños y niñas están en riesgo bajo ambientes violentos, de ansiedad, angustia, estrés, incertidumbre y de los problemas propios de cualquier hogar, es momento de replantear un modelo educativo que contemple imprevistos como desastres naturales, epidemias, pandemias y le dé un lugar preponderante al manejo de las emociones. Hoy es imperativo del sistema educativo rescatar a las infancias y no el cumplimiento obligado de los planes y programas, y si es posible, sacrificar el ciclo escolar.

Es muy probable que los estudiantes de educación básica puedan presentar o estén presentando regresiones como la enuresis (orinarse en la cama), fobias, trastornos en la calidad del sueño, las llamadas pesadillas y síntomas característicos del trastorno de estrés postraumático. De la misma manera, no se deben descuidar las afectaciones que pudieran presentar padres, madres de familia, personal docente y de apoyo a la educación. Por esta razón, es plausible que el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, el epidemiólogo Hugo López-Gatell, haya abierto un espacio el día del niño y la niña en su conferencia para escucharlos y resolver sus dudas.

No olvidemos que en este momento la carga de trabajo y responsabilidad para cumplir con las actividades en casa por parte de los padres, madres de familia y/o tutores provoca un estrés que puede salir de control, considerando que no tienen por qué contar con las herramientas pedagógicas para abordar las actividades en casa.

[*] Maestro de Educación Especial en el Centro de Atención Múltiple # 33 en la Ciudad de México. Integrante de la Sección 9 Democrática, SNTE-CNTE.

Fuente: El autor escribe para OVE

Imagen: pixabay.com

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Fuerzas armadas y seguridad pública

Por: Carlos Fazio

El 11 de mayo de 2020 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo por el que se dispone de la fuerza armada permanente (sic) para llevar a cabo tareas de seguridad pública de manera extraordinaria, regularizada, fiscalizada, subordinada y complementaria, con vigencia hasta el 27 de marzo de 2024. Ese día, en un pronunciamiento, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos recordó que, conforme a lo que ha determinado la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la seguridad pública corresponde a las autoridades civiles en los tres órdenes de gobierno, aunque es posible el uso de las fuerzas armadas (FFAA) para atender problemas de seguridad ciudadana, siempre y cuando siga una lógica de última razón y se encuentre limitada dentro de parámetros específicos.

Según la CNDH, el acuerdo gubernamental es insuficiente respecto a la determinación del contenido de los términos: extraordinariafiscalizadasubordinada y complementaria, por lo que se falta al principio de certeza jurídica, pues no se tiene claridad sobre los supuestos en los cuales cabría la actuación de las FFAA, lo que podría configurar una indefinición jurídica con graves riesgos para el respeto y la garantía de los derechos humanos. En su carácter de organismo constitucional autónomo, la CNDH insistió en que la participación de las fuerzas castrenses en la seguridad pública debe ser extraordinaria, de manera que toda intervención resulte excepcional, temporal y restringida a lo estrictamente necesario ante las circunstancias que justifiquen dicha intervención. Y según el organismo, el acuerdo no brinda elementos para respetar y garantizar dicha condición.

Además, esa participación debe ser subordinada y complementaria a las labores civiles de seguridad pública, y estar regulada mediante mecanismos legales y protocolos de uso de la fuerza conforme a estrictos criterios de excepcionalidad, proporcionalidad y absoluta necesidad.

A la luz de los abusos, las violaciones flagrantes y la impunidad de miembros de las FFAA por actos de desaparición forzada de personas, asesinatos y ejecuciones extrajudiciales, violaciones físicas, sicológicas y sexuales, detenciones ilegales y tortura, el acuerdo adolece de elementos concretos que garanticen el indispensable uso de la fuerza conforme al respeto y garantía de los derechos humanos. Por lo que resulta indispensable asegurar una estricta fiscalización de la intervención castrense en tareas de seguridad pública por el Congreso de la Unión y la sociedad mexicana, incluida la propia CNDH como órgano civil competente y autónomo.

La Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, coincidió en que la participación de las FFAA en seguridad pública debe ajustarse a criterios de estricta excepcionalidad y ser el último recurso. Y añadió que la sola mención al carácter extraordinario de la participación de las fuerzas militares sin la información sobre las condiciones, modalidades y análisis que permita concluir que se cumple con un principio de estricta necesidad y excepcionalidad de la medida, es insuficiente. Destacó, asimismo, que contrario a la obligación de que el papel de las FFAA se supedite a las autoridades civiles, el acuerdo establece una relación de coordinación entre las autoridades civiles y militares.

La Oficina del Alto Comisionado recordó la sentencia del caso Alvarado de la CIDH (2018), que estableció que la supervisión de la participación de las FFAA en seguridad deberá realizarse por órganos civiles independientes, competentes y técnicamente capaces; sin embargo, adujo, el acuerdo fija que esa supervisión será realizada por el órgano interno de control de la dependencia de la fuerza armada que corresponda (Ejército o Marina), lo que resulta insuficiente (además de situarse fuera del marco fijado por la CIDH); contradice los elementos de control civil de la seguridad pública establecidos en la reforma constitucional que creó la Guardia Nacional y no honra los principios de transparencia y rendición de cuentas que debe regir el actuar de todas las corporaciones de seguridad, incluidas las FFAA.

Bajo asesoría del Pentágono, a partir del régimen de Ernesto Zedillo −responsable de la matanza de Acteal, en Chiapas, con participación directa de Ejército− la militarización de la seguridad pública resultó cada vez más contraria a las atribuciones constitucionales de las FFAA: la defensa de la integración territorial, la independencia y la soberanía del país, derivó en crímenes de Estado que podrían tipificarse de lesa humanidad.

Con Felipe Calderón, de la mano de la Iniciativa Mérida manufacturada en Washington, como primera autoridad en llegar al lugar de los hechos (primeros respondientes), el Ejército y otras autoridades federales manipularon la escena del crimen e inventaron verdades históricas en casos como el de los niños Almanza y los estudiantes del Tec de Monterrey; Tlatlaya; Iguala/Ayotzinapa, Tanhuato…

Esos son los riesgos que derivan de la aprobación por unanimidad en el Congreso de la Unión, a comienzos de 2019, de las reformas constitucionales impulsadas por el Ejecutivo federal, mediante las cuales se creó la Guardia Nacional y se refrendó el uso de las FFAA en tareas de seguridad pública, ajenas a su formación y profesionalización, que es la guerra contra un enemigo. Riesgos que podrían potenciarse a corto o mediano plazos, en las áreas de los dos megaproyectos del sexenio: el Tren Maya y el Corredor Transístmico.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/05/18/opinion/019a2pol

Imagen: https://pixabay.com/photos/police-italy-order-blue-uniform-3409448/

 

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