Europa/Rusia/ Marzo 2017/Fuente: Prensa Latina
Más de un centenar de cubanos llegó a Rusia en los últimos años para realizar estudios de posgrado y universitarios en centros de educación de varias regiones de esta nación.
Europa/Rusia/ Marzo 2017/Fuente: Prensa Latina
Más de un centenar de cubanos llegó a Rusia en los últimos años para realizar estudios de posgrado y universitarios en centros de educación de varias regiones de esta nación.
Por: Aina Tarabini
No se trata de hacer centros idénticos como si se tratara de una cadena de montaje. No se trata de prohibir a las familias la elección escolar. Se trata de crear un contexto en el que todas las escuelas sean comparables en términos de calidad y equidad.
Marzo es el mes en que habitualmente los centros educativos, públicos y concertados, realizan jornadas de puertas abiertas para las familias que buscan escuela para el próximo curso escolar. Marzo es también el mes en que los miedos, las esperanzas, las ansiedades, las búsquedas de meses atrás (a veces, incluso, años) se plasman en la configuración de una ‘lista de prioridades’ y en la ‘elección’ de un colegio específico para hijos e hijas. Marzo es también el mes en el que a menudo se publican ránkings de colegios y en que numerosos centros educativos despliegan sus estrategias comerciales.
Comerciales, sí. Porque en un contexto de casi-mercado educativo como el que caracteriza el contexto español, el ‘juego’ de oferta, demanda y elección de centro se convierte en una estrategia comercial como cualquier otra. Como aquel que se compra unos zapatos. Ni más ni menos. Los consumidores de zapatos buscan, comparan y compran en función de la oferta disponible (no todo el mundo tiene la misma oferta al alcance), de su capital económico (no todos los zapatos cuestan lo mismo), de sus gustos (no a todo el mundo le gusta el mismo modelo), de sus necesidades específicas (algunos los necesitan planos, otros altos, otros con plantillas) y así sucesivamente. A su vez, los vendedores de zapatos lanzan ofertas, hacen campañas de marketing, bajan precios cuando es necesario y suma y sigue. Así funciona el mercado.
Sorprendentemente el ejemplo de los zapatos funciona perfectamente para entender el proceso de elección escolar. Aunque escoger una escuela no tiene las mismas implicaciones personales ni sociales que comprarse unos zapatos, el marco regulador de la elección escolar en nuestro país parece convertir esta cuestión -fundamental no sólo para el bienestar individual sino también y sobre todo para la cohesión social- en una cuestión mercantil más. Y es que un contexto de mercado conlleva y fomenta procesos de competencia y competición entre familias y escuelas. Las escuelas luchan para mostrarse ‘mejores’ que las otras, para resaltar su valor añadido, sea en términos de proyectos, instalaciones, resultados académicos, adquisición de valores, etc. Y las familias luchan para acceder a aquellas escuelas consideradas ‘mejores’.
El juego de mercado está servido. Porque efectivamente las familias (sobre todo aquellas con más capital cultural) saben que no escogen entre escuelas diferentes sino entre escuelas eminentemente desiguales. Desiguales en oportunidades y condiciones para el aprendizaje y el desarrollo integral de sus hijos e hijas. Y ahí es donde radica la trampa de numerosos discursos públicos y privados en este campo. En tratar como sinónimos ‘diferencia’ y ‘desigualdad’ cuando son conceptos intrínsecamente diferentes, con implicaciones personales y sociales claves. Hablamos de escuelas desiguales porque unas son gratuitas y otras cobran cuotas a pesar de recibir subvenciones públicas; porque unas concentran a toda la matrícula viva que llega durante el curso (es decir, al alumnado que por cuestiones migratorias -sean internas o externas- llega una vez empezado el curso y se tiene que escolarizar), mientras otras tienen el ‘privilegio’ de gozar de un alumnado prácticamente idéntico durante toda la etapa escolar; porque unas tienen pantallas digitales en todas las aulas y otras no tienen ni siquiera una; porque unas tienen un profesorado estable y cohesionado, mientras otras tienen una plantilla docente que no deja de cambiar año tras año. Esta es la realidad de las escuelas de nuestro país. Una realidad que genera fracturas claves entre el sector público y el privado-concertado, pero también dentro del mismo sector público. Una realidad que marca todo el proceso de elección escolar.
De este modo, los discursos que enfatizan las virtudes de la competencia para aumentar la calidad, los que defienden las virtudes de una autonomía escolar que permita reforzar la especificidad y, por tanto, la diferencia entre los centros y los que ensalzan el derecho ilimitado de las familias de escoger el centro educativo que quieren para sus hijos e hijas olvidan al menos una cuestión fundamental: la educación no es sólo un bien privado sino que es fundamentalmente un bien público y, como tal, debe estar al alcance de todos los ciudadanos en las mismas condiciones. Utilizando las palabras de Juan Manuel Escudero, si no queremos que el derecho a la diferencia se convierta en una diferencia de derechos es fundamental equiparar las condiciones de escolarización de los centros educativos (instalaciones, precios, proyectos, profesorado, composición social) para que todo el mundo tenga derecho a una buena educación. Para que la cooperación, y no la competición, sea lo que marca las relaciones entre escuelas y familias en el juego de la elección escolar. No se trata de hacer centros idénticos como si se tratara de una cadena de montaje.
No se trata de prohibir a las familias la elección escolar. Se trata de crear un contexto en que todas las escuelas sean equiparables en términos de calidad y equidad y en el que, por tanto, todas la familias puedan ejercer su derecho a la elección con las mismas condiciones y oportunidades. Un contexto en el que la lucha contra la desigualdad sea la base para garantizar un verdadero derecho a la diferencia que no entre en contradicción con la propia lógica del derecho a la educación, de todos y para todos, centros, familias y sobre todo alumnado.
Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/03/21/de-nuevo-con-la-eleccion-escolar-o-cuando-la-diferencia-se-confunde-con-la-desigualdad/
Por: Mariano Fernández Enguita
La concentración del horario escolar en la mañana suscita el interrogante de su efecto sobre la atención, la fatiga y el rendimiento académico. Tiene otros aspectos, como la compatibilidad con los horarios familiares o las condiciones de trabajo y ocio del profesorado, pero lo esencial siempre ha sido saber si produce beneficios o, al menos, no provoca daños en términos de atención, fatiga y rendimiento. Llevo casi dos decenios topando de modo intermitente con el tema: primero como responsable de un informe para la Comunidad de Madrid en 2000, publicado como libro en 2001, y desde entonces como experto al que se acude cuando se abre el debate. Eso me obligó a una revisión extensiva y detallada de lo que por entonces se sabía y a seguir las aportaciones nuevas. Este post se limita a una cuestión: ¿qué dice la investigación?

Antes de que el debate saltara en España, existía ya cierta tradición en Francia, relacionada con la cronobiología y la psicología, sobre los ritmos circadianos, es decir, sobre la evolución de nuestras funciones y facultades a lo largo del día natural, con independencia de otros factores. El sentido común, que no es gran cosa, tiende a pensar que nuestro estado depende de lo que acabamos de hacer: estamos muy despiertos porque acaba de comenzar el día, somnolientos porque acabamos de comer, etc. Es cierto que todo acto tiene consecuencias, como también los usos sociales, pero lo que hemos aprendido es que, bajo todo eso, hay un sustrato biológico que no se puede ignorar, y es el que se estudia como ritmo circadiano (= de la duración de un día aproximadamente)
La investigación más abundante es la que aborda la atención y la fatiga. La atención se mide por la proporción de errores cometidos en la realización de pequeñas tareas numerosas y sencillas, por ejemplo, identificar, encontrar o completar figuritas sencillas (atención espacial, pero también suele pedirse verbal y numérica). La fatiga se suele medir como fatiga autopercibida, es decir, se pregunta al investigado. Los resultados son siempre muy parecidos: el patrón inicial de los trabajos de François Testu, como en el gráfico al que enlaza la Imagen 1: atención mediana a primera hora de la mañana, máxima a media mañana, fuerte caída al final de esta, mediana de nuevo a primera hora de la tarde– se repite en los trabajos deMontagner o Devolvé. (Las leyendas bajo las imágenes enlazan a gráficos de mayor tamaño y resolución.) Estaún ha medido lo contrario, la fatiga percibida por los escolares a lo largo de la jornada escolar, en este caso aquí y tanto en partida como en continua, y la pauta, como muestra la Imagen 2, es plenamente coherente: la exactamente inversa. El estudio de la atención muestra la falsedad de un tópico enormemente extendido, ese que dice que la primera hora de la mañana es la mejor, que están más atentos (en realidad, están más dormidos), lo que es relevante, primero, porque el paso a la continua entraña adelantar al menos media hora el comienzo de la jornada y, segundo, pero no menos importante, porque muestra la ignorancia generalizada del sentido común sobre el horario (incluido, siento decirlo, el de mi gremio). El estudio tanto de la atención como de la fatiga nos alerta, además, de que pretendidamente salvífica jornada continua sustituiría una hora mediocre, la primera de la tarde, por la peor de todas, la primera de la mañana.

(Entre paréntesis cabe señalar que, antes que la jornada continua para primaria que tanto debate suscita ahora, se impuso la misma para secundaria sin consulta ni debate alguno. Los alumnos se bachillerato y formación profesional, primero, y los de la ESO, después, fueron sometidos a ella por consideraciones aparentemente pragmáticas, los primeros, y sin consideración alguna los segundos –sin mencionarlo siquiera, la LOGSE pasó a los adolescentes de 12-14 años de partida a continua. Hoy sabemos con absoluta certidumbre, a partir de la investigación de Carskadon y otros, que, contra otra aparente evidencia del sentido común, a esa edad se retrasa el reloj biológico de los adolescentes y necesitan acostarse y levantarse más tarde que sus hermanos menores. Con la consecuencia de que, si no les dejamos hacerlo, no los obligamos a dormir antes sino a dormir menos… pero ¿a quién le importa?)
La tradición francesa no se ha detenido nunca en el efecto sobre el logro académico, pero otros países sí que han comenzado a hacerlo. Estudios recientes de Klein y otros muestran que las mismas asignaturas, cursadas en distintos bloques horarios, desembocan en distintos resultados; es decir, que la hora cuenta. Y aparece la misma pauta (Imagen 3) que en los estudios de fatiga y atención: la última hora de la mañana es la peor, peor que cualquier otra, incluso que la primera de la tarde. Desde que avanza de sur a norte (que nunca ha sido el sentido del progreso) la jornada continua, hace ya veinte años, se han investigado muy poco sus efectos sobre el logro, pero algo se ha hecho. El primero fue un estudio en Galicia, dirigido porJ.A. Caride para el ICE de la USC. Caride comparó en 1987 y 1990 as calificaciones de dos muestras de alumnos de EGB, con resultados nítidos, mucho peores en jornada continua: 12 a 14% más “insuficientes” (suspensos), etc. (Imagen 4).

Otras bases de datos no distinguen centros con jornada continua y partida, pero sí comunidades autónomas en las que domina una u otra. Es el caso de las cifras sobre fracaso escolar (no graduación en la ESO: Imagen 7), la Evaluación General de Diagnóstico 2010 (Imagen 8) o la prueba PISA 2015 (Imagen 9El segundo fue un informe de trabajo deRidao y Gil sobre alumnos de primaria en tres provincias andaluzas, comparando el número de materias suspendidas (“necesita mejorar”) por los alumnos según la jornada, con un 8% menos de aprobados en todo en la continua y con más materias suspendidas por alumno suspendido (Imagen 5). Muy poca investigación para algo tan relevante, lo cual tan solo indica que es un tema tabú, pero, como ya menudean las pruebas de carácter general, ha sido inevitable que saliera a la luz alguna comparativas: de los nueve centros que implantaron la jornada en el curso 2011-13 en la Comunidad Valenciana, 8 cayeron 37 puntos en la evaluación diagnóstica de 2014 (Imagen 6).
¿Hay resultados que indiquen lo contrario? Desde que inicié el informe de 2000 me visto persiguiendo investigaciones y expertos que presuntamente apoyaban los beneficios académicos de la jornada continua. He aquí el listado:). En general puede verse que, tomando como unidad de comparación las CCAA, aquellas en las que impera la jornada continua tiene en general un peor desempeño, se mida lo que se mida (excepto la C. Valenciana, que ya lo tenía sin JC, lo que no significa que no pueda empeorarlo).
En la pugna por la JC en Canarias se aducía un informe “de la UNESCO” favorable a la JC. Tras mucho buscar resultó ser un texto policopiado, Pre-informe. Análisis, diagnóstico y recomendacionespara políticas y acción del sistema de educación de Canarias, hoy inencontrable, encargado a un improbable Eduardo Miranda Salas, más bien especialista en pensiones. Sobre el mismo escribí entonces que “leído en perspectiva, dudosamente pasaría un filtro académico, pero que, por un par de comentarios marginales y finales sobre la apertura de la escuela a la sociedad, la complementariedad de los aprendizajes, etc. se convirtió en un argumento a favor de la jornada continuada.”

En mis entrevistas con los partidarios de la JC en el Noroeste de Madrid me hablaron una y otra vez de “un seminario” en la Universidad de Alcalá y un “experto” de la Universidad de Zaragoza que abogaban por la jornada. Pude cerciorarme plenamente de que tal seminario nunca había tenido lugar y pude localizar al experto, que negó de forma taxativa haber hablado públicamente de la jornada y, con mayor razón, haber defendido la JC. Hoy parece perder el tiempo con habladurías, pero estas leyendas urbanas estaban en boca de todos los interesados.
En la prensa de los STEs, uno de los sindicatos más beligerantes al respecto, en 1996, se decía del antes mencionado trabajo de Caride: “El ICE de esta Universidad [Santiago de Compostela] hizo un informe favorable de la experiencia [en Galicia] en el año 1992, constatando que no existían diferencias significativas en cuanto a los tipos de jornada desde las perspectivas psico-pedagógica, médicosanitaria y pedagógico-organizativa.” (Pissarra 81) Es difícil adivinar qué querían decir con una perspectiva tan multilateral, pero salta a la vista el esfuerzo por ignorar lo obvio: la fuerte caída de los resultados académicos.
Hace ahora tres años vi por última vez mencionar una fuente precisa a favor de la jornada: “La influencia del azúcar en sangre para estudiar. Una doctora en Bioquímica y Biología Molecular apunta ventajas físicas para los niños con jornada continua”, rezaba un titular del diario Información en Alicante. Fuente: “la representante de la Plataforma de Familias de la Comunidad por la Jornada Continua se presenta con un estudio bajo el brazo, obra de la doctora en Bioquímica y Biología Molecular, Elisa Herrero.” Al final resultó que tal informe no existía, que la doctora lo era pero su única obra eran los seis ejemplares su tesis doctoral, treinta años antes y sin relación alguna con el asunto, y que las afirmaciones sobre el azúcar y el estudio eran disparatadas y contrarias a todo lo que enseña la investigación (lo traté en detalle aquí). Sencillamente una madre aportando su opinión, derecho que todo el mundo tiene, e inventando sus propios hechos, derecho que nadie tiene, menos si se pretende científico.

¿Qué demuestra o deja de demostrar todo esto? Yo no habría puesto la palabra cienciaen el título de esta entrada si no fuera como un señuelo. Personalmente prefiero aludir a algo más modesto, los resultados de la investigación, que siempre son discutibles (pero no de cualquier manera) y provisionales (pero no inexistentes). Todo lo que tenemos apunta en una misma dirección y permite explicaciones plausibles, pero mostrar asociación no es demostrar causación. En el campo las familias tienen más hijos y se ven más cigüeñas, pero eso no prueba que estas tengan ahí, además de residencia, su empleo tradicional. La asociación entre jornada continua y peores resultados aparece una y otra vez en las muestras de centros de Galicia, Andalucía y C. Valenciana, pero ¿quiere decir eso que descienden por la jornada? Por lo que sabemos, es más probable que lo contrario o que no haya relación alguna, pero también puede suceder que las familias peor equipadas para apoyar el progreso escolar de sus hijos sean, por eso mismo, las más vulnerables a los cantos de sirena y las presiones poco disimuladas del profesorado. Cuando comparamos comunidades autónomas ya no podemos pensar tanto en las diferencias familiares, pues, aunque la composición agregada sea distinta, en cualquier comunidad hay todo tipo de familias, pero cabe otra hipótesis: la JC llega antes a unas CCAA que a otras porque el profesorado tiene más fuerza, y tal vez una actitud más corporativa, en ellas, lo que le habría permitido no solo obtener la JC sino otras conquistas de dudoso efecto para el público.A esto hay que añadir siempre, por supuesto, la valoración dominante en el profesorado: adonde llega la JC, todo mejora. Parece más bien un caso de espiral del silencio que merecería la atención de la sociología y la psicología social. Nadie aporta datos que lo apoyen, los datos objetivos existentes lo contradicen, pero eso no impide que el runrún de los claustros y legiones de evangelizadores de “nuestra experiencia” repitan urbi et orbi que el nivel sube, la fatiga cae, el rendimiento mejora, o al menos no empeora, y ellos, como toda su “comunidad educativa”, están muy satisfechos.
Sobre las pruebas a favor de la JC continua no hay mucho que decir: hoy por hoy se reducen a cero. Si nos limitamos a investigadores y expertos que hayan trabajado sobre el tema (no a expertos en otras cosas, o a titulados superiores que, como la bióloga, pasaban por ahí), llama la atención que no haya todavía ni uno solo a favor. Al fin y al cabo, asuntos de mayor gravedad y con un abrumador bagaje científico en un sentido, como el Holocausto, el calentamiento global o la evolución de las especies, tienen sus negacionistas entre los propios investigadores. En lo relativo a la JC, donde habría que llamarlos afirmacionistas, haberlos, haylos, pero no entre la comunidad investigadora: hay que ir a buscarlos al profesorado, preferiblemente a su ariete laboral, y sobre todo a los sindicatos más corporativos. Y lo más preocupante es que toda esta incapacidad de distinguir hechos y datos de opiniones e intereses reine precisamente entre quienes deberían educar en ello a las generaciones que llaman a la puerta.
*Fuente: http://blog.enguita.info/2017/03/la-ciencia-que-sustenta-la-jornada_19.html
Por: Andrew Griffin. La Jornada. 24/03/2017
Las personas están alegremente dispuestas a aplicar toques eléctricos fatales a otras, descubrió un nuevo estudio, el cual mostró que persiste una horripilante obediencia a la autoridad, aun cuando se piense que lo que se hace es algo muy malo.
Hace unos 50 años, científicos entre los que figuraba Stanley Milgram realizaron un experimento para probar hasta dónde las personas estaban dispuestas a aplicar toques eléctricos a otras si se les animaba a hacerlo*. Aunque en realidad no se aplicaba ninguna corriente eléctrica, a los sujetos se les dijo que sí, y escuchaban gritar a las supuestas víctimas cuando creían estar aplicándoles descargas potencialmente mortales.
El llamado experimento Miligram se convertiría en una demostración definitiva de la disposición de los humanos a llegar a extremos si son dirigidos por una autoridad, ejecutando órdenes aun cuando causen daño o incluso la muerte.
Ahora, Psicólogos sociales han recreado esos experimentos y encontraron que la gente obedecía de modo similar. “Al enterarse de las pruebas de Milgram, la gran mayoría de personas afirman: ‘Yo nunca me comportaría de esa forma’”, señala Tomasz Grzyb, psicólogo social que participó en la investigación. Nuestro estudio ha vuelto a ilustrar el tremendo poder de la situación con la que se confronta a los sujetos, y con qué facilidad pueden aceptar acciones que les parecen desagradables.
La investigación fue llevada a cabo por psicólogos de la Universidad SWPS de Ciencias Sociales y Humanidades, en Polonia, y publicada en la revista Social Psychological and Personality Science. Los científicos explican que les interesaba ver cuáles serían los resultados si la prueba se aplicaba en Europa Central.
Nuestro objetivo era examinar qué nivel de obediencia encontraríamos entre residentes de Polonia, escribieron los autores.
Debe enfatizarse que nunca se habían realizado pruebas del paradigma Milgram en Europa Central. La singular historia de los países de la región hacía que el tema de la obediencia a la autoridad nos pareciera excepcionalmente interesante.
Los científicos no recrearon el experimento original en su totalidad, en parte por restricciones éticas que les impedían emprender algunas partes horrorizantes del trabajo anterior. Pero crearon un ambiente similar, sencillamente usando niveles más bajos de descargas para probar la obediencia de los participantes. Reclutaron 80 voluntarios, con igual número de hombres y mujeres, de entre 18 y 69 años de edad. Se les dieron hasta 10 botones para presionar, y se les dijo que cada uno correspondía a un nivel mayor de descarga.
El nivel de obediencia de los participantes fue muy similar al de los estudios originales. Alrededor de 90 por ciento de los participantes estuvieron dispuestos a llegar hasta la máxima intensidad de descarga, aunque hubo cierto límite cuando se pensaba que quien las recibía era una mujer. Sin embargo, los investigadores aclaran que el tamaño de la muestra era muy pequeño para concluir esto último en definitiva.
Los investigadores dijeron que los hallazgos documentan que la sociedad no parece haber cambiado mucho, pese a que el estudio original ocurrió a la sombra de la Alemania nazi y la Segunda Guerra Mundial. Medio siglo después de la investigación original de Milgram sobre la obediencia y la autoridad, una impactante mayoría de sujetos aún están dispuestos a electrocutar a un individuo indefenso, expresó Grzyb.
*Los toques eléctricos eran supuestos castigos por respuestas incorrectas a un cuestionario. Los examinados eran en realidad actores que fingían dolor creciente (N. del T.).
Traducción: Jorge Anaya
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/03/21/ciencias/a03n1cie
Fotografía: Información por la Verdad
Europa/España/DEIA.com
La organización de apoyo a la infancia Save the Children ha afirmado que «ahora mismo» la Educación en Euskadi «no está siendo capaz de amortiguar las desigualdades de origen» de las que parten muchos alumnos de familias con dificultades económicas.
GASTEIZ. Los responsables de Save the Children en Euskadi Eva Silván e Iñaki Alonso han comparecido hoy en el Parlamento Vasco a petición de EH Bildu para presentar el estudio «Necesita Mejorar. Por un sistema educativo que no deje a nadie atrás».
Este informe fue hecho público el pasado año y en él se analiza el sistema de becas, la etapa de cero a tres años, la segregación escolar y su influencia en el fracaso escolar de los niños pertenecientes a familias con menos recursos.
El estudio tiene un apartado dedicado al País Vasco, tal y como ha recordado Silván, quien ha insistido en que el Ejecutivo no está siendo capaz de «limar» con los recursos que se aportan esas desigualdades.
Ha subrayado que la crisis se ha «cebado» en Euskadi con las familias con hijos a su cargo y especialmente con las que estaban en una situación más débil y ha afirmado que el sistema de protección social en la Comunidad Autónoma Vasca «no es efectivo» con este colectivo.
«Queremos un sistema educativo que no deje a nadie atrás y ponga recursos extras en los niños con más dificultades económicas», ha enfatizado Silván, quien ha explicado que el informe constata que ha habido un recorte real de la financiación y que, aunque en los últimos dos años ha aumentado el dinero destinado a la educación, no se han recuperado los niveles anteriores a 2008.
Así se constata que entre 2007 y 2012 la inversión pública por niño ha bajado en 888 euros.
Entre las recomendaciones del informe, se emplaza al Ejecutivo a recuperar la inversión anterior a la crisis, y sobre todo en el ámbito de las becas, y se proponen excepciones del pago del comedor y el transporte en función de las rentas, además de la gratuidad de la educación de 0 a 3 años.
Alonso ha pedido adelantar el abono de las becas al comienzo del curso para facilitar la situación a las familias y ha destacado que la Educación debe ser un ámbito «libre de recortes», porque cualquier descenso en los recursos «genera desigualdad».
También se ha referido a la importancia de la inversión «en clave de equidad educativa» y de plantearse si hay que financiar por igual a los centros.
Otro de los retos que afronta la escuela vasca es la concentración de alumnos de origen socioeconómico vulnerable en determinados centros, especialmente en la red pública, un colectivo donde la población inmigrante tiene un peso importante.
«Es fundamental un equilibrio, la heterogeneidad produce riqueza pero la homogeneidad por abajo no», ha resumido Alonso, quien ha indicado que los alumnos inmigrantes en Euskadi suponen un 8 % del conjunto de la población estudiantil vasca y más del 72 % está concentrado en la red pública.
Silván ha incidido en que un niño que crece en una familia pobre tiene muchas posibilidades de heredar esa situación, ha subrayado que la educación es la «única herramienta» que existe para salir de ella y ha apelado a los partidos a trabajar para que ésta sea la legislatura que piense en la infancia.
Fuente; http://www.deia.com/2017/03/22/sociedad/euskadi/save-the-children-la-educacion-en-euskadi-no-esta-amortiguando-la-desigualdad
Por: V. Pavés, S/C de Tenerife
Javier Urra, 53 años, fue psicólogo forense en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y Juzgados de Menores durante 30 años y actualmente preside la Sociedad para el Estudio de la Violencia Filioparental. Ayer presentó en el colegio Nuryana de Tenerife su nuevo libro, “Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes”, que quiere servir como guía para que los padres aprender a diagnosticar y actuar ante las problemáticas de sus hijos.
¿Son diferentes los adolescentes de ahora que los de hace 50 años?
Sí, sin duda. Creo que cada generación varía en algo. Las nuevas tecnologías, los procesos de separación y los tipos de familias han cambiado. Los adolescentes captan las cosas desde otros puntos de vista. Hoy, el adolescente escucha al padre, al profesor, al medio de comunicación, pero también la red, lo que lo conforma de otra manera.
¿Cuáles es el comportamiento más preocupante de niños y adolescentes?
Sin duda, el suicidio. Lo que preocupa es que se quiten la vida. Los niños se suicidan para cambiar de vida y lo hacen porque se desesperanzan. El hecho es que la causa principal de mortalidad en niñas de 15 a 19 años no son los accidentes de tráfico, los infartos, ni el cáncer, sino el suicidio. Por eso tenemos que empezar a explicar a la ciudadanía cuáles son las conductas que nos pueden hacer prevenir un hecho como este.
«Los grandes platos de cocina no se obtienen en un microondas, la educación tampoco”
En su libro da pautas sobre las conductas que deben alarmar a un padre, pero, una vez que lo percibe, ¿qué es lo principal que le recomienda hacer?
Le recomiendo pararse, tomar un tiempo de latencia y pensar en qué está pasando. Luego buscar apoyo fuera, porque a veces la relación se ha enquistado y , sobre todo, cumplir lo que te diga el especialista, que a veces no es fácil. Hay que tener claro que educar conlleva tiempo y constancia. Los grandes platos de cocina no se obtienen en un microondas, la educación tampoco.
En su libro argumenta que el niño se tiene que autolimitar en el tema de las adicciones, pero muchos padres lo que hacen es limitarles ellos, ¿podría generar esa restricción más ansiedad en el niño cuando ya no tenga límites para acceder a ese recurso?
El ser humano debe aprender a tener un freno de mano que es autolimitarse en las conductas. Aquí hay dos factores, o te limita la parte exógena, la ley o la norma, o lo hace tu autolimitación personal que es moral o ética. Me parece que el ser humano tiene mucha capacidad de limitación. He trabajado en la fiscalía 30 años, y cuando le preguntas a un violador qué pasaría si le hicieras lo mismo a su pareja, te dice que te mataría. Luego sabe lo que está bien y lo que está mal.
Como presidente de la Sociedad para el Estudio de la Violencia Filioparental, ¿por qué cree que se generan este tipo de agresiones de hijos a padres?
La relación, el vínculo y el afecto entre padres e hijos se hace complicado, porque tiene que ver mucho la fantasía. Por tanto, no es fácil de explicar, ya que vemos circunstancias muy complejas. Lo que he aprendido después de 1.600 casos que he llevado estos seis años, es que son hijos que quieren a sus padres y padres quieren a sus hijos, sin embargo, una gran bronca, una gran lucha, a veces rencor, odio, pero siempre por cosas no dicha o mal interpretadas, que no les deja demostrarlo. Nosotros llamamos a todo esto la patología del amor.
«El programa sobre acoso escolar que se emite en Cuatro no conculca la ley”
¿Qué le parecen programas de televisión como “Proyecto Bullying” que emite Cuatro?
A mi me llamó Javier Huete, uno de los fiscales de Sala de la Fiscalía General del Estado, porque Mediaset iba a sacar un programa de acoso escolar donde los niños llevaban unas cámaras ocultas y el programa lo iba a presentar Jesús Vázquez. Esto lo vimos mal bastantes fiscales y lo prohibimos. Mediaset finalmente lo ha emitido en Cuatro de una manera más suave. Yo no lo he visto, por lo que me han contado no conculca la ley. Creo que hay temas que hay tocar con mucho cuidado, a los que hay que abordar desde un punto de vista profesional, y de los que no hay que hacer espectáculo.
Ha hablado alguna vez de la salud mental como la “cenicienta” de la sanidad pública, ¿qué le haría falta para cambiar?
En principio, contar mayores presupuestos. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que, aunque antes los niños padecían muchas enfermedades físicas, y sigue habiéndolos, hoy predominan las enfermedades psicológicas. Por poner un ejemplo, el 60 por ciento de la depresión infanto-juvenil no está tratada. Esto ocurre debido a que este tipo de patología cursa de una manera muy paradójica en niños. En esta línea, un adulto con depresión resulta más fácil de percibir, ya sea porque tiene una respuesta sensorial escasa o respuestas melancólicas. Sin embargo, un adolescente puede estar corriendo y que su patología sea la depresión.
Fuente; http://eldia.es/sociedad/2017-03-21/2–preocupa-es-suicido-adolescentes.htm
Europa/ReinoUnido/
El investigador británico George Monbiot es otro que considera que el debate entre Estado y mercado es estéril, y que ambos modelos están contribuyendo al malestar y degradación de las sociedades en el mundo.
“El mercado por sí mismo no puede satisfacer nuestras necesidades, y tampoco el Estado. Ambos alimentan la alienación, la ira y la anomia (degradación o eliminación de reglas sociales), que generan extremismos. A lo largo de los últimos 200 años un elemento ha sido el principal ausente de las ideologías dominantes, algo que no es ni el mercado ni el Estado: lo Común”, afirma.
Lo común (también llamado el acervo común, o lo comunal, etc.), es un activo o conjunto de activos sobre los cuales una comunidad tiene derechos compartidos e iguales. Esto, en principio, puede incluir a recursos como el agua, la tierra, los minerales, el conocimiento, la investigación científica y el software.
Pero el investigador advierte que actualmente la mayoría de éstos están cerrados: “atrapados por intereses estatales o privados, y tratados como cualquier otra forma de capital. A través de este encierro hemos sido despojados de nuestra riqueza común”.
Algunos activos o bienes comunes todavía existen. Varían desde por ejemplo bosques comunales en Nepal y Rumania, pesquerías de langosta en Maine (EEUU), pastizales en el Este de África y en Suiza, el Internet, Wikipedia, Linux.
Otros ejemplos interesantes son la Biblioteca Pública de Ciencia (PLOS por su sigla en inglés, ver www.plos.org), y el Banco de Tiempo en Helsinki (Finlandia). PLOS es una biblioteca de acceso abierto, que implica no solo gratuidad sino también acceso irrestricto, libre y transparente, fundada ya en 2001.
En el Banco de Tiempo de Helsinki, sus miembros intercambian una diversidad de servicios por tiempo. Un Tovi (la moneda del banco) equivale a una hora de trabajo. El principio que guía el banco es que el tiempo, el trabajo y las necesidades de todos tienen el mismo valor. El banco es abierto a todos y cualquiera puede aplicar para ser miembro. Su objetivo es apoyar la colaboración mutua entre la gente y a través de ello fortalecer la cultura comunal. Claro que todas estas son excepciones a la regla general: la propiedad exclusiva.
Lo Común
El exfinancista, investigador y escritor Martin Adams, argumenta que al principio, la tierra pertenecía a todos y a nadie, pero que fue adquirida por una minoría que excluye a otros de disfrutar de ésta. Adams propone que quienes utilizan la tierra de manera exclusiva paguen una “contribución a la tierra comunitaria” como compensación.
Esto, afirma, podría parcialmente reemplazar a los impuestos sobre el ingreso y las ventas, prevenir el acaparamiento de tierras y reducir los precios de las tierras. Las recaudaciones podrían ayudar a financiar un salario básico universal. Y eventualmente su idea es avanzar hacia un sistema en el que la tierra sea propiedad de la comunidad local, la que la arrienda a quienes la utilizan.
A su vez, Monbiot piensa que se podrían utilizar principios similares para la energía. El derecho a producir carbono mediante la quema de combustibles fósiles podría ser subastado. Cada empresa que quiera emitir carbono deberá comprar en subastas estos permisos, y los ingresos generados por estas ventas financiarían servicios públicos y energías limpias. Esto hará que “la demanda por combustibles fósiles caiga, por lo que año tras año se emitirán cada vez menos permisos”.
También observa que “en vez de permitir que las corporaciones utilicen los derechos de propiedad intelectual para crear una escasez artificial del conocimiento, o que capturen el valor generado por otras personas (como Google y Facebook), podríamos movernos hacia una ‘economía del conocimiento social’, similar a lo que promueve el gobierno de Ecuador”.
La propuesta mencionada se basa en lo que ha estado trabajando el Proyecto FLOK (Conocimiento Abierto Libre) -compuesto por un equipo internacional de investigadores- junto al gobierno ecuatoriano, en los últimos años.
El resultado ha sido un extenso y original documento (titulado “Plan de transición hacia una sociedad basada en el procomún”) enfocado en transformar la matriz productiva de Ecuador, desde una que es “dependiente del capital extranjero y de la extracción de petróleo” hacia la “construcción de un modelo económico basado en los valores de lo común, la cooperación, y el acceso libre y abierto al conocimiento”.
Urgente restauración de lo común
“La restauración de lo común tiene gran potencial no sólo para distribuir riqueza sino también para cambiar la sociedad”, afirma Monbiot. Y es que lo común no se refiere sólo a recursos (como la tierra, bosques o software); también incluye a la comunidad de personas que gestionan, manejan y protegen estos recursos.
En este esquema, una gran ventaja es que “los miembros de lo común desarrollan conexiones mucho más profundas entre sí y con sus bienes que nosotros como consumidores pasivos de productos corporativos”.
Gestionar y manejar recursos comunes implica desarrollar reglas, valores y tradiciones: “Significa, en algunos casos, volver a incrustarnos en los lugares donde vivimos. Significa darle una nueva forma al gobierno para que satisfaga las necesidades de las comunidades, no de las corporaciones. En otras palabras, revivir lo común puede funcionar como un contrapeso frente a las fuerzas atomizantes y alienantes que actualmente generan mil formas de reacciones tóxicas”, concluye el experto.